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MATÉ A UN TIPO

de Daniel Dalmaroni

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

MATÉ A UN TIPO

 

 de Daniel Dalmaroni

 danieldalmaroni@gmail.com

 

Personajes:

Ernesto

Marta

Julieta

Frikman

 

 

La escena:

Comedor de una casa de clase media.

 

ESCENA I

 

(Ernesto y Marta sentados a la mesa, comiendo. Hace rato que lo vienen haciendo. Ernesto está visiblemente angustiado)

 

 

MARTA.- Imaginate la pobre Leticia, enterarse de una cosa así después de veinte años de casada. ¿Vos me estás escuchando? (Ernesto no contesta) Ernesto, ¿me estás escuchando o hablo para las paredes?

 

ERNESTO.- (Distraído, como en otra cosa) No, sí, te escucho.

 

MARTA.- Bueno, la pobre Leticia, se entera porque el muy turro se lo dice de frente. Le agarró como un ataque. En realidad parece que el tipo volvió a dudar de su sexualidad después de cómo treinta años y se lo dijo de una a la Leti. Un balde de agua fría, para la pobre. Primero no lo podía creer. Cuando me lo contó a mí, creí que me estaba cargando. Venir a decirme que el marido nació mujer, a los veinte años se operó en Chile para hacerse hombre y que ahora, a los cincuenta se le ocurre que quiere volver a ser mujer otra vez. Una locura. Dice que el tipo, el marido… ¿me seguís, Ernesto? El marido fue una mujer hasta los veinte. Pero desde chiquito que insistía en que era un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer. Bueno, cuando llega a la mayoría de edad, el tipo, se opera en Chile. Le ponen un pene y simulan los testículos. Una operación impresionante. Imaginate, Ernesto. Resulta que conoce a Leticia como tres años después. Viste que la Leti nunca pudo quedar embarazada. Bueno, Ernesto, era él. Claro, le pusieron todo, pero espermatozoides, no. Ernesto, ¿me estás escuchando? Ey, Ernesto. ¿Dónde estás?

 

ERNESTO.- Sí, sí, sí. Decime.

 

MARTA.- ¿Cómo “decime”? Hace media hora que te estoy contando.

 

ERNESTO.- ¿Qué cosa?

 

MARTA.- ¿Cómo “qué cosa”? Lo del marido de la Leti, que era mujer, después fue hombre y ahora quiere volver a ser mujer. ¿Sabés, la pobrecita, descubrir que ahora en lugar de un marido, tiene una esposa? Va a ser como una relación homosexual, ahora. Dos mujeres. Imaginate, ahora se dio cuenta de que ella, en realidad, es lesbiana. “Toda mi vida fui lesbiana y no lo sabía”, me dijo la infeliz.

 

ERNESTO.- Marta.

 

MARTA.- El tipo está dispuesto a volver a operarse y que le saquen el pito…

 

ERNESTO.- Marta.

 

MARTA.- Bah, el pito, los testículos, todo. Y que le hagan una vagina nueva.

 

ERNESTO.- Marta, ¿me escuchás?

 

MARTA.- Mirá, de sólo pensarlo, me da impresión.

 

ERNESTO.- Marta.

 

MARTA.- Sí, ¿qué pasa?

 

ERNESTO.- Maté a un tipo.

 

MARTA.- No te entiendo.

 

ERNESTO.- Marta, maté a un tipo.

 

MARTA.- Sí, eso ya lo escuché, pero te digo que no te entiendo. ¿Qué querés decir?

 

ERNESTO.- Eso, que maté a un tipo. Esta tarde.

 

MARTA.- ¿Cómo que mataste a un tipo? ¿Le pegaste? ¿Te peleaste con alguien?

 

ERNESTO.- No, Marta. Bah, sí, le pegué, pero lo que te digo es que lo maté.

 

MARTA.- Ay, Ernesto, ¿a dónde querés ir con esto?

 

ERNESTO.- A ningún lado. Maté a un tipo.

MARTA.- No te entiendo.

 

ERNESTO.- ¿Qué parte de “maté a un tipo” no entendés?

 

MARTA.- Sí, ya te escuché, pero… ¿qué querés decir con eso?

 

ERNESTO.- ¿Cómo “qué quiero decir”? Que maté a un tipo, Marta. Nosotros no somos como las mujeres. Cuando decimos algo, queremos decir eso, no otra cosa.

 

MARTA.- A ver, ¿a quién mataste?

 

ERNESTO.- No sé.

 

MARTA.- ¿Vos me querés volver loca a mí? ¿Qué pavadas estás diciendo?

 

ERNESTO.- Ninguna pavada. Maté a un tipo, pero no sé quién es.

 

MARTA.- Pará, pará. ¿Vos estás hablando en serio? ¿Cómo que mataste a un tipo?

 

ERNESTO.- (Muy angustiado) Con las manos. Fue un desastre.

 

MARTA.- Bueno, dejate de joder, Ernesto, Basta. ¿Cuál es el chiste?

 

ERNESTO.- No hay chiste. Maté a un tipo. Si querés te cuento, para que entiendas.

 

MARTA.- Por favor, porque la verdad es que no entiendo cuál es la gracia.

 

ERNESTO.- Hoy fui al Banco. A sacar plata.

 

MARTA.- Me dijiste. Me dijiste que ibas a ir.

 

ERNESTO.- Llego al Banco y había una cola bárbara en las cajas. Entonces, me doy cuenta de que el cajero automático de afuera está vacío. Le digo al tipo que está delante de mí, que me guarde el lugar, que voy a ver si el cajero de afuera funciona.

 

MARTA.- (Impaciente) ¿Y?

 

ERNESTO.- Voy y verifico que el cajero anda lo más bien. Pero, como un boludo, en lugar de sacar plata ahí mismo, me vuelvo para el Banco, voy a la cola y le digo al tipo que “muchas gracias por cuidarme el lugar” y le explico que me voy a sacar la plata del cajero.

 

MARTA.- ¿Intentaron robarte?

 

ERNESTO.- No, nada que ver. El tipo me dice que él también va a sacar la plata del cajero, que mejor no hacer la cola y salimos los dos para afuera. Resulta que el tipo entra primero que yo al cajero y se pone a sacar la plata. Me indignó. Yo había sido el de la idea, Marta. No sé qué me pasó, pero me indignó y lo agarré de la cabeza y se la partí contra el cajero automático. (Hace gestos mostrando cómo lo mató, que evidencia la torpeza del asesinato) El tipo empezó a gritar, yo le dije que se calle, que no haga un escándalo. Que no sea papelonero. Pero el tipo seguía. Sangre. Empezó a salir sangre por todos lados. De la frente del tipo. ¿Viste que la frente sangra mucho?

 

MARTA.- ¿Qué decís? ¿Me estás jodiendo?

 

ERNESTO.- Ahí me doy cuenta de que había machado todo el teclado del cajero. Ya no podía sacar la plata. Qué bronca me dio, Marta. No sabés. Lo agarré del cuello y empecé a apretar. Fuerte. El tipo se resistía. Se movía para todos lados. En un momento se calmó, se aflojó. Se le aflojó todo el cuerpo. Entonces, lo solté. Yo temblaba, no sabés. Pero, de repente, el muy turro empieza a toser, a moverse. Ahí lo agarré de nuevo del cuello y mientras apretaba, le saqué la tarjeta que tenía en la mano y como si fuera una cuchilla, le corte el cogote con el filo de la tarjeta. Empezó a salir sangre para todos lados, pero el tipo no se movió más.

 

MARTA.- Estás loco. ¿Qué decís?

 

ERNESTO.- Que maté a un tipo, Marta.

 

MARTA.- Pero, ¿por qué? ¿Qué te había hecho el pobre hombre?

 

ERNESTO.- Nada. Nada. Me había robado el turno en el cajero.

 

MARTA.- Pero por eso no se mata a un tipo, Ernesto.

 

ERNESTO.- Ya lo sé. ¿Creés que a mí me hace gracia? ¿Creés que me siento feliz?

 

MARTA.- Más te vale que no, pero… ¿Cómo que mataste a un tipo, Ernesto? Es una locura.

 

ERNESTO.- Ya lo sé.

 

MARTA.- Y ahora, ¿qué vamos a hacer?

 

ERNESTO.- No me vio nadie.

 

MARTA.- ¿Y eso?

 

ERNESTO.- Que no me vio nadie, podemos dejarlo ahí. Tal vez crean que fue un robo. Yo por las dudas, le saqué la plata que el tipo había retirado del cajero.

 

MARTA.- Estás loco.

 

ERNESTO.- Por favor, Marta. Ayudame.

 

MARTA.- Ernesto, mataste a alguien. No me estás diciendo que te querés ir a pescar con tus amigos y me pedís que llame a tu trabajo para decir que estás enfermo. Me estás pidiendo que haga como si nada, cuando asesinaste a un tipo.

 

ERNESTO.- No lo asesiné. Lo maté, pero no soy un asesino. Hagamos como que no pasó nada.

 

MARTA.-  Y si es así, ¿para qué me lo contaste?

 

ERNESTO.- Tenía que decírselo a alguien. Lo tenía como atragantado, atravesado en la tráquea.

 

MARTA.- No sé. Hubiera preferido que no me lo contaras. Si no pensabas entregarte a la policía, hubiera preferido que me lo ocultaras.

 

APAGÓN

 

ESCENA II

 

(Marta y Julieta)

 

 

JULIETA.- (Entrando) Ya está, mamá.

 

MARTA.- Lo tiraste lejos.

 

JULIETA.- Por la Facultad, por Caballito.

 

MARTA.- ¿Dónde lo tiraste?

 

JULIETA.- En un contenedor.

 

MARTA.- ¿En un contenedor? ¿Pero sos tarada vos?

 

JULIETA.- ¿Por?

 

MARTA.- ¿No sabés que la gente vive revolviendo contenedores?

 

JULIETA.- Para el caso, la gente también revuelve la basura.

 

MARTA.- No es lo mismo.

 

JULIETA.- Además, te dije que lo dejé por la Facultad. Es lejos. Nunca podrían asociar esa ropa a papá.

 

MARTA.- Me parece que subestimás a la policía.

 

JULIETA.- Bueno, lo hubieras hecho vos. Bastante conque me hicieron cómplice.

 

MARTA.- (Se emociona) Perdoná. Tenés razón. (Pausa) Tu papá es un buen hombre, Juli. Tuvo un momento de locura, de furia. Pero es un buen hombre y un buen padre. Vos sabés que es un buen padre, ¿no?

 

JULIETA.- ¿Tengo que contestar?

 

(Ingresa Ernesto. Julieta lo ve y se va)

 

ERNESTO.- Julieta, vení para acá. Julieta. Juli.

 

MARTA.- Dejala. Viene de llevar la ropa. Está conmocionada.

 

ERNESTO.- ¿Conmocionada? Esta chica es una caradura.

 

MARTA.- ¿Por qué decís eso?

 

ERNESTO.- No sé cómo crié una hija así.

 

MARTA.- ¿Qué decís?

 

ERNESTO.- Ah, todavía no te enteraste.

 

MARTA.- ¿De qué? ¿Qué cosa?

 

ERNESTO.- Me extorsiona.

 

MARTA.- ¿Cómo?

 

ERNESTO.- Lo que escuchaste. Me extorsiona, la muy turra.

 

MARTA.- ¿Cómo que te extorsiona?

 

ERNESTO.- Me pide plata para no contarle todo a la policía.

 

MARTA.- Dejala.

 

ERNESTO.- ¿Que la deje?

 

MARTA.- Es tonta, la pobre. Si a esta altura ella es cómplice. Si dice algo, va tan presa como vos y yo. Unos años menos, pero va presa. Dejala. Dale la plata y dejala. Ya se le va a pasar. Además, no hay forma de que descubran nada. Nadie te vio, no hay pruebas, nada. Nada, Ernesto.

 

ERNESTO.- Puede ser. Puede ser.

 

APAGÓN

 

ESCENA III

 

(Ernesto y Marta sentados a la mesa, comiendo. Hace rato que lo vienen haciendo. Ernesto está visiblemente angustiado)

 

 

MARTA.- Parece que es la única solución. A mí me parece una locura.

 

ERNESTO.- Marta.

 

MARTA.- Pero ella dice que está dispuesta. Dice que lo último que quiere en la vida es una relación homosexual. Te soy sincera, a mí no me gustaba mucho eso de tener una amiga lesbiana. ¿Qué sé yo? Los homosexuales son raros. No soy discriminadora, pero no me digas que los homosexuales no son raros.

 

ERNESTO.- Marta.

 

MARTA.-  Les sale como veinte mil pesos. Diez mil por operación y eso que le hacen precio por los dos. Como un combo. A él lo vuelven a hacer mujer y a ella la hacen hombre. Yo le pregunté a Leticia, si ya que le tienen que sacar las tetas, no me las podía pasar a mí, pero averiguó y es imposible. Dicen que puedo tener rechazo. Yo le dije que eso lo dicen los médicos porque no saben lo amigas que somos, lo que nos queremos. Aparte, sería como sellar una amistad, tener algo de ella. (Risueña) A vos te encantaría. Siempre te gustaron las tetas de Leticia.

 

ERNESTO.- Marta. Escuchame.

 

MARTA.- No, no me digas que no. Si se las vivís mirando. (Risueña) Bueno, ahora se las vas a tener que mirar al marido.

 

ERNESTO.- Martita.

 

MARTA.- Someterse a semejante operación por conservar al marido, me parece una locura. Bah, que digo “al marido”, a la esposa, en realidad. Y cambiar los nombres. Eso, parece que lo van a hacer sencillo. Él se va a llamar Leticia y ella Mariano. Lo mismo con la ropa. Se la cambian y listo. Dice que él le pidió a los médicos, el mismo talle de corpiños y caderas que tiene ella. Y… con tanto gasto, está bien que piensen en todo. Vamos a tener que acostumbrarnos.

 

ERNESTO.- (Angustiado) Marta.

 

MARTA.- ¿Qué?

 

ERNESTO.- Maté a una tipa.

 

MARTA.- A un tipo. Pero te estaba contando otra cosa.

 

ERNESTO.- Marta, te digo que maté a una tipa.

 

MARTA.- Y yo te digo que fue a un tipo y que te estoy contando algo importante de mi mejor amiga, que por si no te diste cuenta, va ser mi mejor amigo.

 

ERNESTO.- No, maté a una tipa.

 

MARTA.- ¿Insistís? ¿Ahora era una tipa? Me dijiste que era un tipo. Desde hace dos semanas que es un tipo.

 

ERNESTO.- No. Es otra.

 

MARTA.- ¿Otra qué?

 

ERNESTO.- Maté a una tipa.

 

MARTA.- ¿Insistís? Además, ¿qué te agarró, una regresión? Ya sé que mataste un tipo, pero quedamos en no hablar más del tema. No revolver la cosa. No meter el dedo en la llaga.

 

ERNESTO.- No entendés nada.

 

MARTA.- No, la verdad que no.

 

ERNESTO.- Hace dos semanas maté a un tipo. En el cajero, maté a un tipo.

 

MARTA.- De eso hablaba.

 

ERNESTO.- ¿Me dejás hablar?

 

MARTA.- Dale.

 

ERNESTO.- Hace dos semanas maté a un tipo en el cajero. Y esta tarde, maté a una tipa.

 

MARTA.- ¿Me estás jodiendo?

 

ERNESTO.- (Angustiado, conmocionado) No, te juro que no. Esta tarde maté a una tipa.

 

MARTA.- (Indignada) ¿Cómo que mataste a una tipa? ¿Estás loco? Estás totalmente loco. Explicame, ¿cómo, cuándo, por qué?

 

ERNESTO.- Yo volvía de la oficina y en la Autopista veo un auto en la banquina. Aminoro la marcha y veo que hay una mujer tratando de cambiar la cubierta del auto. Me detengo. Digo, esta mujer no sabe cambiar una rueda. Además, me pregunto ¿no sabe que puede llamar al servicio de la Autopista?

 

MARTA.- Apurate, porque me ponés nerviosa.

 

ERNESTO.- Me acerco y le digo a la mina que puede llamar al servicio mecánico de la Autopista. La mina, una resentida, una hija de puta que debía odiar a los hombres, porque no va que me dice que me meta mi consejo en el culo.

 

MARTA.- ¿Y? ¿La mataste por eso? ¿Te cruzaste con una histérica lesbiana y la mataste por eso?

 

ERNESTO.- No sé, Marta. No sé. Me di vuelta para volver a mi auto, pero algo me detuvo. Volví hacia la mina, le saqué la llave cruz que tenía en la mano y le dije: “¿A ver si tenés la cabeza hueca como me parece?” y le descargué todo el peso de la llave cruz en la nuca. Tanta sangre, Marta. ¿Cómo puede salir tanta sangre de la cabeza de una boluda como esa?

 

MARTA.- La mataste de un solo golpe.

 

ERNESTO.- No. Cuando me estaba volviendo al auto, veo que la tipa mueve una pierna. Así, mueve la patita, la muy puta. Entonces, volví y le dí con la llave cruz en la cara. (Hace gestos mostrando cómo la mató, que evidencia la torpeza del asesinato) La tipa se movía, se resistía, pataleaba. Le di como diez golpes, con fuerza.

 

MARTA.- Vos no estás bien.

 

ERNESTO.- Te juro que no sé lo que me pasó, Martita.

 

MARTA.- Vos no estás bien, Ernesto.

 

ERNESTO.- Puede ser. ¿No estaré loco, Marta?

 

MARTA.- ¿Cómo vas a matar a una mujer porque se negó a seguir tu consejo? ¿Quién te creés que sos? La vida la da Dios y sólo él puede quitarla.

 

ERNESTO.- Vos sos atea.

 

MARTA.- Eso no importa. Bueno, ponele que no es Dios. Ponele hache, pero seguro que no sos vos el dueño de la vida de la gente, Ernesto.

 

ERNESTO.- No sé qué me pasó.

 

MARTA.- Te pasó que estás loco. No podés andar así por la vida matando al primero que se te cruza en el camino. Mirá si yo matara a todos los que me caen mal. Dejaría al barrio sin gente, Ernesto. ¿Qué tendría que hacer Leticia con su marido que en realidad es su esposa? Qué tendría que hacer con ese pervertido que tiene como marido, si pensara como vos?

 

ERNESTO.- Es que yo no pienso. En esos momentos, no pienso.

 

MARTA.- Bueno, yo voy a pensar por vos.

 

ERNESTO.- Eso. Hay que deshacerse de mis pantalones que están todos manchados.

 

MARTA.- Callate. Yo voy a pensar por vos.

 

ERNESTO.- Dale.

 

MARTA.- Tenés que entregarte.

 

ERNESTO.- Estás loca.

 

MARTA.- No, vos estás loco. Acá, el único loco sos vos, que andás matando gente porque sí.

 

ERNESTO.- No me puedo entregar.

 

MARTA.- Buscamos un buen abogado y te sacan por insania.

 

ERNESTO.- ¿Cómo insania?

 

MARTA.- ¿No coincidimos en que estás loco?

 

ERNESTO.- Es una forma de decir.

 

MARTA.- ¿Mataste a un tipo porque te robó el turno en el cajero, mataste a una mina porque no quiso llamar al servicio mecánico de la Autopista y me decís que pensar que estás loco es una forma de decir?

 

ERNESTO.- Me van a mandar al Borda.

 

MARTA.- ¿Y?

 

ERNESTO.- En el Borda no duro ni una semana, Martita. Por favor, ayudame.

 

MARTA.- ¿Ayudarte? Más, todavía.

 

ERNESTO.- Sos mi esposa.

 

MARTA.- Y con eso qué. Te hago la comida, te lavo y te plancho la ropa, te hago el mate a la mañana. Eso es lo que hace una esposa, no encubrir los crímenes de su marido.

 

ERNESTO.- No hables así. No soy un criminal.

 

MARTA.- ¿Que no hable así? ¿Que no sos un criminal? ¿A, no? ¿Y qué sos? ¿Un justiciero? ¿Qué sos?

 

ERNESTO.- Marta, por favor.

 

APAGÓN

 

 

ESCENA IV

 

(Marta y Julieta)

 

 

MARTA.- No lo habrás tirado al mismo contenedor que la otra vez, ¿no?

 

JULIETA.- No. Metí todo en una bolsa y lo tiré al costado de la vía. Lejos de la estación. No me vio nadie.

 

MARTA.- ¿Cómo que metiste “todo” en la bolsa? ¿Qué es “todo”? Eran unos pantalones, nada más.

 

JULIETA.- No. Unos pantalones y una camisa.

 

MARTA.- No, la camisa no estaba manchada.

 

JULIETA.- Es lo mismo. La metí igual.

 

MARTA.- Era una camisa nueva. Yo la lavaba con el quitamanchas y listo. Apenas unas gotitas de sangre en la manga, tenía.

 

JULIETA.- Bueno, ya está, mamá.

 

MARTA.- Como se ve que no sos vos la que tiene que salir a trabajar.

 

JULIETA.- Vos tampoco trabajás.

 

MARTA.- Bueno, tu padre.

 

JULIETA.- El killer, el asesino.

 

MARTA.- Más respeto, che. Es tu padre. Será un criminal, pero es tu padre.

 

JULIETA.- Entonces no me jodas con una camisa de mierda.

 

MARTA.- La boca, che. Está bien. Yo veo qué le digo a tu padre cuando pregunte por la camisa.

 

JULIETA.- ¿Fue al psicólogo?

 

MARTA.- Sí. Al final, sí.

 

JULIETA.- Menos mal.

 

MARTA.- Sí, pero no es fácil.

 

JULIETA.- ¿Qué querés decir?

 

MARTA.- Y… una terapia así, es limitada.

 

JULIETA.- ¿Porque el tipo no sabe nada?

 

MARTA.- Claro. Parece que hablan de la ira, de la violencia, pero el tipo no sabe que papi mata gente.

 

JULIETA.- Es que se lo tiene que decir.

 

MARTA.- Ahora, la que está loca sos vos, nena.

 

JULIETA.- Se lo tiene que decir, mamá.

 

MARTA.- ¿Cómo le va a decir al psicólogo que anda matando gente, Juli? Decís cada cosa. (Se siente un grito de Ernesto desde el interior de la casa) ¿Qué pasa? ¿Qué te pasa?

 

JULIETA.- ¿Papá? (Ernesto entra)

 

ERNESTO.- (Demudado) Perdonen. No fue nada.

 

MARTA.- ¿Qué pasó?

 

JULIETA.- Eso, ¿qué pasó? Gritabas como loco.

 

ERNESTO.- Un pollo.

 

MARTA.- ¿Qué?

 

JULIETA.- Está loco.

 

MARTA.- ¿Qué decís?

 

ERNESTO.- En la heladera. Hay un pollo.

 

MARTA.- ¿Un pollo en la heladera? Sí, hay un pollo en la heladera.

 

ERNESTO.- Me da impresión.

 

MARTA.- ¿Qué decís?

 

ERNESTO.- Es un pollo, pero no deja de ser un cadáver. Me da impresión.

 

(Pausa)

 

MARTA.- Esto no da para más. No podemos seguir así, Ernesto.

 

ERNESTO.- No, pero… ¿viste que andaba bien, últimamente? ¿Hace cuánto que no mato a nadie? Decime, ¿hace cuánto?

 

MARTA.- Callate.

 

JULIETA.- Eso, callate.

 

ERNESTO.- No, en serio. ¿Hace cuánto que no me boleteo a nadie? Lo estoy superando. Creo que lo estoy superando. No sé, me siento más tranquilo. No me crucé con nadie que me irrite en el último tiempo. En serio, Marta, Juli, ¿hace cuánto que no les traigo un disgusto? ¿Hace cuánto que no mato a nadie? ¿Una semana? Ya debo llevar una semana de abstinencia.

 

MARTA.- (Imperativa) ¿Hace cuánto que no matás a nadie? ¿Hace cuánto? ¿Después del tipo del cajero, después de la mina de la Autopista, después del peón de la Estación de Servicios, de la mucama de Leticia, del kiosquero de al lado de lo de tu mamá, del pibe que limpiaba parabrisas en el semáforo, después del tipo que te hizo dedo en la ruta? ¿Vos decís, hace cuánto que no matás a nadie después de las últimas catorce personas que hiciste boleta en los últimos dos meses? (Grita) ¿A eso te referís, idiota?

 

ERNESTO.- ¡Qué injusta que sos!

 

MARTA.- ¿Injusta?

 

ERNESTO.- El tipo que me hizo dedo en la ruta era un chorro. Me quería robar y tal vez matar. Él empezó primero. No podés comparar. No es como los otros. Ese no cuenta. Así que son trece, no catorce. Y estoy cambiando.

 

JULIETA.- ¿Cambiando?

 

ERNESTO.- Marta, decile a esta chica que se calle. Sí, me planteo el día a día. “Sólo por hoy”, me digo. “Sólo por hoy, no voy a matar a nadie” Y funciona. ¿No te digo que ya llevo una semana?

 

 MARTA.- ¡Estás loco!

 

APAGÓN

 

ESCENA V

 

(Marta y Ernesto comiendo)

 

MARTA.- (Tensionada, temerosa de hablar) ¿Qué tal el día?

 

ERNESTO.- ¿A qué te referís?

 

MARTA.- El trabajo, por ejemplo. ¿Bien?

 

ERNESTO.- Bien. Los kilombos de siempre, pero bien.

 

MARTA.- ¿Qué kilombos?

 

ERNESTO.- Nada. Cosas del trabajo.

 

MARTA.- Pero… Todo bien. Ninguna complicación.

 

ERNESTO.- ¿Qué querés preguntarme?

 

MARTA.- Eso. Si todo anduvo bien.

 

ERNESTO.- Andá al grano.

 

MARTA.- ¿Qué grano?

 

ERNESTO.- Dale, que te conozco como si te hubiera parido.

 

MARTA.- No sé de qué hablás.

 

ERNESTO.- Dale preguntá. Das vueltas. Me preguntás por el trabajo, si tuve problemas… Preguntá con todas las letras.

 

MARTA.- No, si te fue bien, si no tenés novedades para contarme, no tengo nada que preguntarte.

 

ERNESTO.- Dale, Martita, preguntá directamente y listo.

 

MARTA.- (Harta, resuelta, imperativa) Bueno, está bien. ¿Mataste a alguien hoy?

 

ERNESTO.- (Divertido) Viste que tenía razón. ¿No es más fácil así, preguntar directamente, en lugar de andar con rodeos?

 

MARTA.- ¿Y? ¿Mataste a alguien?

 

ERNESTO.- (Divertido) Más o menos.

 

MARTA.- ¿Cómo que más o menos?

 

ERNESTO.- Eso.

 

MARTA.- Me ponés nerviosa. ¿Mataste a alguien o no mataste a alguien?

 

ERNESTO.- Más o menos.

 

MARTA.- ¿A quién? Vos me querés volver loca a mí.

 

ERNESTO.- A mi jefe.

 

MARTA.- ¿A tu jefe?

 

ERNESTO.- Lo maté con la indiferencia.

 

MARTA.- Te hablo en serio, tarado.

 

ERNESTO.- No, no maté a nadie. Me estoy recuperando. Desde que formé la asociación de Asesinos Seriales Anónimos que me siento como nuevo.

 

MARTA.- Sos boludo, realmente. No jodás con el tema. Qué Asesinos Seriales ni asesinos seriales. ¿Vos te creés que para mí es fácil esperarte todas las noches, pensando que me vas a venir con un nuevo cadáver a la casa?

 

ERNESTO.- Nunca los traje a la casa.

 

MARTA.- Es una manera de decir, Ernesto. Siempre corrigiéndome.

 

ERNESTO.- Fijate cómo hablás.

 

MARTA.- Yo hablaré mal, pero por lo menos no ando matando gente por ahí.

 

ERNESTO.- Yo no ando matando gente por ahí. Maté a unas personas.

 

MARTA.- Treintitrés.

 

ERNESTO.- Está bien. Maté a unas treintitrés personas en los últimos tiempos…

 

MARTA.- En los últimos tres meses. Más de diez personas por mes. Una cada tres días, Ernesto.

 

ERNESTO.- ¿Te dedicás a las estadísticas, ahora? (Pausa breve) Basta con estas cosas, Marta. No hablemos más del tema. Tenemos que pensar en cualquier cosa, menos en eso. No sea cosa que se te vaya a escapar delante del tipo.

 

MARTA.- Me preocupa la nena.

 

ERNESTO.- Ya hablé con ella. Está todo bien.

 

MARTA.- No, es que me preocupa que se le escape. Juli es tonta, Ernesto. Hay que asumirlo, es tonta. Tengo miedo de que se le escape.

 

ERNESTO.- ¿Tan tonta? (Llama) Juli, Juli.

 

MARTA.- Es tonta.

 

(Entra Julieta)

 

JULIETA.- ¿Ya llegó?

 

MARTA.- No, todavía, no.

 

ERNESTO.- Pero en cualquier momento.

 

JULIETA.- Bueno, cuando llegue me llaman.

 

MARTA.- Pará, pará.

 

ERNESTO.- Tu mamá está preocupada. Tiene miedo de que se te escape.

 

JULIETA.- ¿Creen que soy tonta? (Marta mira a Ernesto)

 

ERNESTO.- No, ¿cómo vamos a creer que sos tonta si vas a la Facultad? No, no es eso.

 

MARTA.- (Por lo bajo a Ernesto) Te recuerdo que estudia Letras.

 

ERNESTO.- (Por lo bajo a Marta) Bueno, pero es la Facultad al fin y al cabo.

 

JULIETA.- ¿Qué dicen?

 

ERNESTO.- No, bueno. Queremos que recuerdes que hay que estar atentos. Nunca se sabe las preguntas que hacen estos tipos.

 

MARTA.- A veces, no saben qué preguntar y preguntan al voleo, cualquier cosa.

 

ERNESTO.- Que no nos haga pisar el palito.

 

JULIETA.- Es que así, la terapia no te va a ayudar para nada, papá.

 

ERNESTO.- Es lo que podemos hacer, Juli. ¿O querés ver a tu papá preso?

 

JULIETA.- ¿Tengo que contestar?

 

MARTA.- Juli, no seas maleducada.

 

JULIETA.- Está bien. Por mí, no se preocupen. Y avisen cuando llegue el tipo.

 

APAGÓN

 

ESCENA VI

 

(Ernesto, Marta, Julieta y Frikman. Todos sentados en torno a Frikman. Se ve que hace un buen rato que ha comenzado la sesión)

 

 

FRIKMAN.- A ver, Ernesto, cuéntenos… ¿Qué hace después de cada episodio de violencia que protagoniza?

 

ERNESTO.- ¿Lo primero que hago?

 

FRIKMAN.- Claro. Rompe algún objeto. Grita. Se deprime. Llora. ¿Qué es lo primero que hace?

 

ERNESTO.- Me cambio de ropa.

 

MARTA.- (Nerviosa. Mira a Ernesto inquisitiva) ¿Es importante eso?

 

FRIKMAN.- ¿Se cambia la ropa? Se cambia la ropa. Qué interesante. ¿Y por qué cree que hace esto?

 

MARTA.- (Nerviosa) En realidad siempre se cambia de ropa cuando llega a casa. ¿No sé por qué decís esto, Ernesto?

 

ERNESTO.- Soy limpio. Me gusta la limpieza.

 

JULIETA.- Sí, te gusta limpiar, a vos.

 

(Marta y Ernesto miran inquisitivamente a Julieta)

 

FRIKMAN.- Que interesante. Le gusta la limpieza o quiere limpiar su cuerpo de esa otra parte suya que es un hombre irritable. Como la oruga y la mariposa. Tal vez, usted, cuando es violento es la oruga y luego quiere pasar a ser crisálida, quitar la cubierta de seda, su vestimenta, para convertirse, finalmente, en mariposa. Es su intento por ser mariposa.

 

MARTA.- Perdone, doctor, pero mi marido es buen hombre y nunca estuvo en duda su sexualidad. Tal vez, él le habló de los vecinos y usted se confunde. La Leti y Mariano, los vecinos. Él era mujer y se hizo hombre y ahora es de nuevo mujer y la Leti, que siempre fue mujer, ahora es hombre. Unos degenerados. Bah, un degenerado él, porque Leticia es un hombre amoroso. ¿Me sigue? La Leti, mi mejor amigo, que vive acá al lado. ¿Me entiende?

 

FRIKMAN.- Cuesta.

 

ERNESTO.- Me cambio la ropa, pero me pongo ropa mía, doctor. Ropa de hombre. Así, como estoy ahora.

 

FRIKMAN.- Yo me refería a otra cosa. Quería decir que Ernesto, tal vez, quiera sacarse de encima al hombre irascible que tiene adentro.

 

MARTA.- Está bien, pero invertido no es.

 

FRIKMAN.- (A Julieta) ¿Y usted, Julieta, hasta dónde cree que su padre es un hombre violento?

 

JULIETA.- ¿Tengo que contestar?

 

FRIKMAN.- No, si no quiere, no.

 

JULIETA.- No, no, sí, quiero.

 

FRIKMAN.- ¿Entonces?

 

JULIETA.- Más o menos.

 

FRIKMAN.- Más o menos… (Como esperando que Julieta complete la frase)

 

JULIETA.- Más o menos… violento. (Marta la patea) Poco. No sé. No me doy cuenta.

 

MARTA.- (A Frikman, por lo bajo) Es medio tonta.

 

ERNESTO.- Doctor, ¿volvemos a lo mío?

 

FRIKMAN.- Nunca nos fuimos de lo suyo… Esta sesión familiar, en su propia casa, es justamente, para conocer al hombre Ernesto en su circunstancia,

 

MARTA.- ¿Usted cree que está loco, doctor?

 

FRIKMAN.- No hablamos en esos términos, señora. (A Julieta) Usted dice que no se da cuenta si su padre es violento.

 

ERNESTO.- (A Marta) ¿Viste, vos, que decís que estoy loco?

 

MARTA.- (A Ernesto, por lo bajo) No seas boludo. El nabo éste dice eso porque no sabe nada de nada.

 

FRIKMAN.- (A Julieta) Si prefiere quedarse callada, está muy bien. (Se queda observándola. Julieta no dice nada)

 

ERNESTO.- (A Marta, por lo bajo) Vos me lo conseguiste.

 

MARTA.- (A Ernesto, por lo bajo) Digo que no sabe nada de nada de lo que vos y yo sabemos que andás haciendo. No me tomes por boluda, Ernesto. Además, se llama Frikman. Es judío.

 

FRIKMAN.- (Que no ha escuchado la conversación entre Ernesto y Marta) No dialoguen, por favor.

 

ERNESTO.- (A Marta, por lo bajo) ¿Y con eso qué?

 

MARTA.- (A Ernesto, por lo bajo) No quiero ser discriminadora, pero los judíos son raros. No me digas que los judíos no son raros, Ernesto.

 

ERNESTO.- Pero se llama “Cristián” Frikman.

 

MARTA.- Peor. Es un renegado.

 

FRIKMAN.- No dialoguen. Volvamos. Ernesto. ¿Cómo ha sido su relación posterior a los episodios de violencia, con aquellas personas que usted agredió o trató mal?

 

ERNESTO.- ¿Posterior?

 

FRIKMAN.- Sí, posterior.

 

JULIETA.- Sí, posterior, dijo.

 

MARTA.- Ojo con lo que vas a decir.

 

FRIKMAN.- ¿Qué quiere decir, Marta?

 

MARTA.- No, digo, que no mienta. Que diga la verdad, para eso estamos acá, ¿no?

 

ERNESTO.- Y… ¿usted dice… después de que… discuto con la gente?

 

FRIKMAN.- Claro. O al otro día. ¿Les pide disculpas, habla con ellos?

 

ERNESTO.- No, la verdad que me sería imposible.

 

FRIKMAN.- ¿Se siente como imposibilitado de encarar la situación?

 

ERNESTO.- Cualquiera se sentiría imposibilitado, doctor.

 

FRIKMAN.- Hable por usted. Cuente lo que le pasa a usted. No suponga lo que le parecería a los demás.

 

JULIETA.- Je, claro.

 

FRIKMAN.- ¿No habla más con ellos?

 

ERNESTO.- No, la verdad que no. No puedo hablar con ellos.

 

FRIKMAN.- Vamos a tener que trabajar este tema. Usted tiene que poder pedir disculpas, aclarar las situaciones…

 

ERNESTO.- Además, no los conozco.

 

FRIKMAN.- Esto es interesante.

 

MARTA.- (Paranoica) ¿Qué cosa?

 

FRIKMAN.- Digo, que jamás se violenta con seres cercanos, queridos. Siempre con extraños. ¿Qué le sugiere esto?

 

ERNESTO.- ¿Sugerirme?

 

MARTA.- ¿Usted cree que debería quedarse en casa, encerrado con sus seres queridos?

 

JULIETA.- No, por favor. Todo el día en casa, no.

 

FRIKMAN.- A ver… acá apareció algo interesante… Usted, Julieta, ¿se siente amenazada por su padre? ¿Teme que él esté en casa todo el día?

 

JULIETA.- No. Amenazada, no. Pero ¿quién va a trabajar en esta familia?

 

MARTA.- Eso es importante, Doctor. Lo que dice la nena es importante.

 

FRIKMAN.- La seguridad, la estabilidad.

 

MARTA.- La plata, doctor, la plata.

 

FRIKMAN.- A ver. Vamos a hacer una dramatización de una simple situación familiar.

 

MARTA.- ¿Le parece, doctor?

 

FRIKMAN.- Pero vamos a cambiar los roles. Usted, Julieta, va a hacer de su padre.

 

MARTA.- No me parece.

 

FRIKMAN.- Usted, Ernesto, va a hacer de Marta y usted, Marta, va a hacer de su hija, Julieta. ¿Se entiende?

 

ERNESTO.- Más o menos.

 

FRIKMAN.- Vamos a tomar la siguiente situación: (Acá señala a cada personaje según el rol que acaba de darles. Señala a Julieta) Ernesto llega a casa inmediatamente después de vivir una situación violenta con alguien. Se lo cuenta a Marta (Señala a Ernesto) y luego entra Julieta (Señala a Marta). A ver. Plateemos la situación.

 

MARTA.- Sinceramente, doctor…

 

FRIKMAN.- Hágame caso, va a ver cómo salen cosas afuera…

 

MARTA.- Justamente.

 

FRIKMAN.- (A Julieta) Vamos, usted, Ernesto y entra a contarle a su esposa (Señala a Ernesto) la situación que acaba de vivir.

 

(Ernesto, como Marta, se sienta a la mesa. Julieta hace como que entra de la calle, en el papel de Ernesto)

 

MARTA.- (A Ernesto) Esto no fue buena idea.

 

ERNESTO.-  (A Marta) Vos insististe con traer a este tipo.

 

MARTA.- Fue el único que aceptó venir a domicilio.

 

JULIETA.- Vamos, ¿ están listos?

 

MARTA.- (A Ernesto) ¿Qué le pasa a ésta que está tan entusiasmada?

 

ERNESTO.- Yo estoy listo.

 

MARTA.- Pará, yo no me siento así. No me ridiculices.

 

FRIKMAN.- Silencio, Marta. Usted a su lugar.

 

JULIETA.- Vamos. ¿Empezamos?

 

FRIKMAN.- Cuando quiera.

 

JULIETA.- (En situación de dramatización. Imita a su padre. A Ernesto) Marta.

 

ERNESTO.- (Tentado) ¿Qué pasa, Ernesto?

 

JULIETA.- Así no es. No te podés reír.

 

ERNESTO.- Bueno, perdón, me tenté.

 

FRIKMAN.- Sigamos.

 

MARTA.- (A Ernesto, por lo bajo) No sé de qué te reís.

 

FRIKMAN.- Vamos. Adelante.

 

JULIETA.- (Vuelve a imitar a su padre. Se dirige a Ernesto) Marta, Maté a un tipo.

 

MARTA.- Basta. Esto no tiene sentido.

 

FRIKMAN.- Continúen. Marta, no interrumpa, por favor.

 

ERNESTO.- (Como Marta) Yo no dije nada.

 

FRIKMAN.- Me refiero a su esposa.

 

ERNESTO.- Ah.

 

FRIKMAN.- Continúen.

 

JULIETA.- (En el papel de Ernesto) Maté a un tipo.

 

ERNESTO.- (En el papel de Marta) Estás loco. ¿Qué pavadas decís? (A Marta, por lo bajo) Hacé algo, Martita.

 

JULIETA.- Tengo que sacarme esta ropa manchada de sangre.

 

MARTA.- (Como Julieta, hace que entra de la calle) Hola.

 

JULIETA.- (A Marta) Julieta, Maté a un tipo.

 

MARTA.- (A Ernesto, imitando a Julieta) Ay, este papá, siempre diciendo pavadas. (A Julieta) ¿Seguís con esos sueños raros, papi?

 

JULIETA.- (Como Ernesto) No son pavadas. Ni son sueños. Maté a un tipo.

 

ERNESTO.- (Como Marta) Ay, Ernesto, cómo vas a matar un tipo en el cajero automático, si sos más bueno que el pan.

 

FRIKMAN.- ¿Qué cajero automático?

 

JULIETA.- (Como Ernesto) Sí, en el cajero, lo maté.

 

MARTA.- (Imitando a Julieta) Papá, cortala, querés. ¿Ya nos contaste esos sueños, esas pesadillas? ¡Qué terribles que son!

 

JULIETA.- (Como Ernesto)  Muchos tipos maté. Y tipas.

 

FRIKMAN.- A ver. Dejemos acá.

 

MARTA.- (Por lo bajo a Julieta) ¿Vos sos tarada?

 

ERNESTO.- (A Marta) Esta chica se volvió loca.

 

FRIKMAN.- Es interesante lo que pasó. A ver, ¿qué nos quiere decir Julieta con esto de que su padre mata gente?

 

JULIETA.- (Como Ernesto) No me dejó terminar. Faltaba la parte en que yo le encargaba a Julieta (señala a Marta) que tire la ropa por ahí.

 

MARTA.- ¿Qué decís?

 

FRIKMAN.- ¿Tira la ropa?

 

ERNESTO.- No, ¿cómo vamos a tirar la ropa?

 

MARTA.- La ropa vieja la damos a los pobres. Al Ejército de Salvación.

 

FRIKMAN.- No entiendo.

 

JULIETA.- (Señalando a Marta) La tira ella a la basura. Bueno, yo la tiro a la basura.

 

FRIKMAN.- Esperen. Cada uno vuelve a ser quien era, si no, no nos vamos a entender. (Señala a cada uno) Usted es Marta de nuevo, usted Ernesto y usted, querida, vuelva a ser Julieta porque si no me van a volver loco a mí. ¿Cómo es eso de que tiran la ropa?

 

JULIETA.- Porque está llena de sangre. Manchada.

 

MARTA.- ¿Qué pavadas decís, nena? Me parece doctor que la que necesita atención es ella.

 

ERNESTO.- Esta chica es tonta.

 

FRIKMAN.- ¿De qué sangre habla?

 

JULIETA.- (Señalando a Ernesto) De la gente que mata éste.

 

FRIKMAN.- Este elemento nuevo que usted introduce…

 

MARTA.- No confundas al doctor, Juli.

 

ERNESTO.- Andá a tu cuarto.

 

FRIKMAN.- (Mira el rejoj) No, no esperen. (Se quedó detenido en el reloj) Ah, pero, qué pena. Vamos a terminar porque ya es hora.

 

MARTA.- Eso. Ya es hora. (A Julieta, por lo bajo) Casi arruinás todo.

 

ERNESTO.- Cierto. ¡Qué tarde que es! (Por lo bajo a Julieta) Imbécil.

 

FRIKMAN.- Bueno, los dejo. (Pausa Breve) Son cien.

 

JULIETA.- (A Frikman, totalmente alterada) ¿No escuchó? Mi papá mata gente. Mucha gente. Las mata.

 

MARTA.- (A Frikman) ¿Qué me dice, ahora? ¿No necesita atención?

 

ERNESTO.- (A Julieta) Callate, idiota.

 

FRIKMAN.- No le entiendo, Julieta.

 

JULIETA.- Que mata gente. Asesina gente.

 

FRIKMAN.- Algo nos está queriendo decir con esto. Creo que hay que prestarle atención.

 

MARTA.- El doctor ya se va, Juli. No tiene tiempo, ahora, de atenderte a vos. Cualquier cosa, pedís un turno para la semana.

 

JULIETA.- Es un asesino. Mata gente. De verdad.

 

FRIKMAN.- (Aparentemente tenso) Espere. ¿Usted dice que su padre mata gente, que es un asesino?

 

JULIETA.- ¿Yo que dije?

 

FRIKMAN.- (Tranquilo) Julieta, no importa lo que su padre es, sino qué hacemos con lo que su padre es. ¿No le parece?

 

JULIETA.- (A Ernesto y Marta) ¿Después la tonta soy yo? (A Frikman) Mi padre es un asesino. ¿No entiende eso?

 

FRIKMAN.- Veo que usted está canalizando algún rencor hacia su padre y utiliza la metáfora del asesino para…

 

JULIETA.- ¿Qué metáfora?

 

MARTA.- El doctor se va.

 

ERNESTO.- Le doy su dinero, doctor.

 

FRIKMAN.- (No llega a tomar el dinero) Esperen…

 

JULIETA.- Es un asesino, doctor. Un asesino. (Cae en llanto sostenido)

 

ERNESTO.- (A Frikman) Lo acompaño hasta la puerta.

 

FRIKMAN.- (Toma distancia de Ernesto y Marta, los mira detenidamente) No, espere…

 

ERNESTO.- Dele, doctor, que me estoy poniendo nervioso… No joda, que me estoy poniendo nervioso.

 

MARTA.- Si ya se iba, doctor. No complique las cosas. Y vos, calmate, Ernesto, calmate. Van los dos juntitos hasta la puerta, se despiden como buenos amigos y listo, ¿eh? Y acá no ha pasado nada. Sean buenitos los dos.

 

ERNESTO.- Ya es tarde, se avivó.

 

(Ernesto toma a Frikman del cuello, éste trata de zafarse. Por momentos lo logra, pero Ernesto lo vuelve a tomar por el cuello, por los brazos. Caen al piso. Ernesto lo golpea con violencia.)

 

MARTA.- Ernesto, Erny…

 

FRIKMAN.- (En medio de la lucha) Pare, pare. Dejeme.

 

JULIETA.- (Llora) Papá, pará, por favor. Mamá, hacé algo.

 

MARTA.- Ernesto, ¿podés parar, que le vas a hacer mal?

 

ERNESTO.- (En medio de la lucha) ¡Sos graciosa, eh!

 

(Ernesto sigue peleando con Frikman. Si bien Frikman se resiste, nunca logra doblegar a Ernesto. La pelea dura mucho tiempo. Ernesto es torpe, muy torpe. Es una pelea “desprolija”, con muchas caídas, torpezas.)

 

MARTA.- Erny, pará, ¿querés?

 

FRIKMAN.- (En medio de la lucha, agotado, vencido, tosiendo) Paré, por favor.

 

JULIETA.- (Sigue llorando) Por favor, dejalo.

 

ERNESTO.- (En medio de la lucha) Dejá de resistirte, ¿querés?

 

(Siguen peleando. Finalmente, Frikman cae tendido en el piso. Ernesto se aleja.)

 

ERNESTO.- (A Julieta) Mirá lo que lograste. (Julieta llora) (A Frikman) Y vos, boludo, tanta pregunta, tanta pregunta. Mirá lo que te pasa por andar preguntando pavadas. ¿No te bastaba con escuchar y listo, como hace la mayoría? (Desafiante) Y encima, no te pagué la sesión. Nabo.

 

MARTA.- Yo me rindo. Ya no sé qué hacer, Ernesto.

 

(Frikman tose. Mueve una mano)

 

ERNESTO.- (Observa a Frikman) ¿Pero, será posible? (Le patea la cara y luego lo estrangula) Tomá, tomá. ¿Respirás ahora? A ver, tosé, ahora. A ver, movete, dale, a ver si podés.

 

MARTA.- (Perpleja, pero tranquila) ¿Vos matás así?

 

ERNESTO.- ¿Qué querés decir?

 

MARTA.- ¿A los demás, vos, siempre los mataste así?

 

ERNESTO.- No sé qué querés decir, Martita.

 

MARTA.- Nada, miraba y no podía creer que fueras tan torpe para matar a alguien. No sé cómo hasta ahora la sacaste tan barata.

 

ERNESTO.- Es que no soy un asesino, Marta. Lo sabés muy bien.

 

JULIETA.- (Sigue llorando) Están locos los dos.

 

ERNESTO.- ¿Y a esta chica, qué le pasa, ahora? Mirá lo que conseguiste con tus boludeces.

 

MARTA.- ¿Qué decís, nena? La loca sos vos que andás diciendo estupideces.

 

JULIETA.- (Desencajada, llora) Los dos. Los dos están locos. Antes matabas gente por ahí, ahora ya lo hacés en casa. Estás fuera de control. (Sale para el interior de la casa)

 

MARTA.- Ya se le va a pasar. Yo después hablo con ella y vas a ver que se le va a pasar.

 

ERNESTO.- (Mira hacia donde se fue Julieta) No creo. (Breve pausa) Tenés razón vos, es tonta, muy tonta esa chica. (Con violencia, nuevamente, a Frikman, mientras lo patea un poco) Y vos, dale, preguntá pavadas, ahora, preguntá, Dale.

 

MARTA.- Pará, Ernesto. No te escucha.

 

ERNESTO.- Ya sé. (Pausa breve) Tenés que ayudarme, Marta (Mira hacia donde se fue Julieta)

 

MARTA.- ¿Más? ¿Más, querés que te ayude? ¿Vos sos consciente de todo lo que yo hago por vos?

 

ERNESTO.- Por favor, Marta.

 

(Pausa)

 

MARTA.- Está bien. Calmate y veamos qué hacemos con el cuerpo.

 

ERNESTO.- Gracias. (Mira hacia el interior. Se dirige hacia donde se fue Julieta)

 

MARTA.- (Mira el cuerpo de Frikman, piensa) ¿Vas al baño? Pasá por la cocina y traete el cuchillito eléctrico y las bolsas de residuos, las de consorcio, las grandes, negras. ¿En cuántas partes lo cortarías, Erny?

 

ERNESTO.- (Reconcentrado, como en otra cosa) No sé. ¿En ocho, como un pollo, te parece? (Sale)

 

MARTA.- Eso si partís las pechugas en dos y separás las patas del muslo. Si no, son cuatro partes.

 

ERNESTO.- (Desde el interior) Pero, nosotros siempre lo cortamos en ocho. Al pollo, digo.

 

MARTA.- Tenés razón. Traé las cosas.

 

ERNESTO.- (Desde el interior) Bueno. 

 

MARTA.- (Queda sola. Mira a Frikman. Hace gestos, planificando por dónde cortar el cuerpo. Lo acomoda como para facilitar la tarea) Me parece que vamos a tener que cortarlo en más partes, Ernesto. Si no, no va a entrar en las bolsas. (Se sienten ruidos desde el interior) ¿Te dije que a la Leti le dieron las tetas que le sacaron para que hiciera con ellas lo que quisiera? No sabía si tirarlas a la basura o guardarlas de recuerdo. En formol. (Sigue con el cuerpo de Frikman) A ver… dejame pensar. Los brazos en tres partes. Las piernas, en dos. La cabeza por un lado. (Pausa) Me preocupa el tronco. (Se sienten ruidos del interior) ¿Qué pasa, Ernesto?

 

ERNESTO.- (Desde el interior) Marta.

 

MARTA.- ¿Qué?

 

ERNESTO.- (Siguen los ruidos desde el interior. Desde el interior) Marta.

 

MARTA.- No revuelvas todo. Están en el último cajón, al fondo. Las bolsas. El cuchillo eléctrico, con los electrodomésticos, en la segunda puerta.

 

ERNESTO.- (Desde el interior) Marta.

 

MARTA.- (Sigue mirando el cuerpo de Frikman) ¿Qué?

 

ERNESTO.- (Entra, arrastrando el cuerpo de Julieta, muerta. La trae de los cabellos) Marta, maté a una chica.

 

MARTA.- (Que no ve a Ernesto porque sigue mirando el cuerpo de Frikman) Estás loco. (Pausa) ¿Y las bolsas? Traé más, entonces.

 

APAGÓN FINAL

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