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¿SOY MILLONARIO?

de  Adrián Di Stefano

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica. Para leer las obras y, en su caso, guardar o imprimir, pulsa en el TÍTULO.

 

“¿SOY MILLONARIO?”

 de Adrián Di Stefano

 adriandistefano@gmail.com

 

Personajes, por orden aparición:

Juan

Filomena, su ex esposa

Eulalia, su madre

Marcelo, su mejor amigo

Victoria, su mujer

Mariana, su hija

Roberto, su padre

 

La acción transcurre en el living de la casa de Juan. Muebles sencillos pero a tono. Una mesa que pareciera ser un antiguo módulo de estudio. Un sillón que imagina un sofá cama. Mesita ratona y sillas haciendo juego. Lámpara de pie y un mueble que nos muestra distintas colecciones de libros; televisor sobre una cómoda y aparato de música y mesita de teléfono. Perchero y espejo grande y adornos afines a un gusto sobrio pero a la vez despreocupado y desinteresado. Un gran cuadro de una mujer solo nos muestra algo de acercamiento espiritual con algún elemento escénico.

La puerta de entrada está ubicada en primer plano sobre izquierda y distintas salidas a derecha e izquierda nos identifican la comunicación del ámbito con la cocina, el baño, el dormitorio y una habitación de servicio.

Al comenzar la acción y en penumbras suena un teléfono hasta agotarse. Se oyen ruidos de llaves, se enciende la luz y entra Juan, hombre común de alrededor de cuarenta años, con valija y abrigo. Su aspecto es descuidado aunque nos muestra la formalidad de un empleado de banca. Se lo ve cansado y malhumorado. Deja su maletín y el abrigo sobre la mesita y silla y sale por cocina. Se oyen ruidos como si vinieran del piso superior, luego risas y una música fuerte. Entra con una botella bebiendo mientras mira hacia arriba fastidiado. Sale por baño y entra con un secador de mano. Se sube a una silla, luego sobre uno de los muebles y golpea el techo. Cesa la música pero se escuchan risas. Baja y sale por baño y vuelve a entrar sin el secador. Enciende la televisión, se sienta en el sillón pero es evidente que no tiene señal, ya que intenta cambiar de canal sin suerte. Vuelve a escucharse la música exterior, a lo que responde encendiendo su propio equipo de música más fuerte. Mientras sube el sonido de la música exterior hace lo propio con su equipo, hasta que cansado apaga su equipo y sale con la clara intención de hablar con sus vecinos. Al quedar la escena vacía suena el teléfono nuevamente. Cesa la música, deja de sonar el teléfono y entra Juan. Comienza a desvestirse, ingresa al baño y se escucha el ruido de la ducha. Suena el teléfono. Ingresa a medio vestir para atender pero no contesta nadie.

JUAN.- ¡Hola!... ¡Hola!... (Suena el celular, que había quedado sobre la mesita. Atiende) ¡Hola!... ¡Hola!... (Tira el celular sobre el sillón) Maldita costumbre de no contestar. (Toma el teléfono de línea y busca el número de la última llamada del celular. Marca) Vamos a ver quién es. (No contesta nadie a su llamado) era de esperar. (Deja los teléfonos y sale nuevamente por el baño. Suena el timbre de la calle. Ingresa ahora solo con un toallón como prenda de vestir y sale por la puerta de entrada. Se lo escucha en off: “gracias

Manolo”. Ingresa con un sobre. Se sienta en el apoyabrazos del sillón y abre el sobre. Toma la hoja y lo lee) ¿Y ahora qué hacemos? (Se queda pensativo con la mirada perdida) Por lo

pronto cerrar el agua. Me baño después. (Sale por baño. Se silencia la ducha e ingresa nuevamente, vistiéndose) Si no lo llamo ahora se va a ir de la oficina. (Toma el teléfono,

pero suena el timbre de calle) Más noticias. ¡Basta por hoy! (Sale, suena el teléfono y cuando ingresa para atender, lo sigue Filomena, una mujer muy elegante, joven de aspecto arrogante, sensual y atrevido) ¡Hola!... ¡Hola!... No paran de sonar los teléfonos y no contesta nadie… Te estaba por llamar…

FILOMENA.- Me imaginé. ¿Tenés algo fresco? JUAN.- Si, ya te traigo. ¿No preferís un café?

FILOMENA.- No, vine corriendo y estoy acalorada. (Sale Juan. Ella toma el sobre que había quedado sobre el sillón y lo lee. Entra Juan y ve que ella está leyendo la carta)

JUAN.- Por eso te llamé. (Le da el vaso)

FILOMENA.- Perdón por leerlo. Me sentí intrigada y no pude evitarlo.

JUAN.- No hay problema. Por eso estás acá.

FILOMENA.- ¿Y qué pensás hacer?

JUAN.- No tengo opción. No me están consultando. No me preguntan si me parece bien. Yo sabía que el color de la corbata no les gustaba.

FILOMENA.- ¿Para cuántos meses te alcanza con lo que te dan?

JUAN.- Pocos. Yo solo me arreglaría bastante más tiempo, pero… (Suena el timbre de la calle)

FILOMENA.- ¿Esperás a alguien?

JUAN.- ¡No! (Sale y cuando ingresa lo hace con Eulalia, su madre. Mujer de avanzada edad, madura, mandona y enérgica) Mamá, ¿qué pasó?

EULALIA.- Pasa que a tu padre no lo aguanto más. Así de sencillo. Te lo traés acá o lo mandás a un geriátrico, pero ya no puedo más.

JUAN.- Mamá, no seas tan dura.

EULALIA.- ¿dura? Te quisiera ver a vos. ¿Cómo andás Juana?

FILOMENA.- Bien Eulalia. El que no anda bien es su hijo.

EULALIA.- ¿qué te pasa?... ¿Sabés lo que me hizo recién tu padre? Fue al baño y no apretó el botón, desparramó yerba por toda la cocina. Me sacó la ropa del tender sin lavarse las manos y dejó la puerta de calle abierta y se me escapó el gato, que por suerte me lo trajo la vecina.

JUAN.- ¡Papá es tremendo!

FILOMENA.- Te dejo con tu madre. Ella te va a escuchar. Y seguramente te va a aconsejar muy bien. Escuchala por favor. Avisame después qué querés hacer. Llamame al celular. Hoy estoy todo el día afuera. Si no atiendo déjame un mensaje. (Sale)

EULALIA.- ¿No tenés algo caliente? Té, café…

JUAN.- ¿No querés algo fresco?

EULALIA.- ¡No! Chupé frio al salir desabrigada.

JUAN.- Mamá, te miraste al espejo. Tenés dos pulóveres. (Suena el timbre de calle, al tiempo que Juan sale por cocina. En off dice: “Fijate quién es”.

EULALIA.- ¿Esperás a alguien?

JUAN.- (En off) ¡No! (Eulalia toma la carta y la lee)

EULALIA.- ¡Juan! (Entra Juan con una taza)

JUAN.- ¡Mamá! ¿Qué haces leyendo esa carta? ¿Fuiste a ver quién era?

EULALIA.- ¿Quién era quién? ¿Y ahora qué pensás hacer?

 

JUAN.- Mamá, te pedí que fueras a ver quién era que había tocado el timbre.

EULALIA.- Pero esto es más importante para mí, que saber quién toco el timbre de la calle. ¿Qué voy a hacer ahora?

JUAN.- ¡Será posible! (Sale y vuelva a ingresar seguido de Marcelo, su mejor amigo. Su aspecto es bonachón, pero torpe y descontrolado)

MARCELO.- ¡Me tenés que salvar!

JUAN.- Saludá a mi madre.

MARCELO.- ¿Qué tal, Doña Eulalia?

EULALIA.- ¿Cómo estás Marcelo? No es buen momento para que accedas a Juan.

MARCELO.- ¿Qué te pasó?... ¿Te llamó Coca? Le dije que te llamara a vos, porque yo no lo puedo resolver.

EULALIA.- Te dejo con tu amigo. Después decime lo que pensás hacer. En todo caso pedile un consejo a Marcelo que seguro te va a prestar atención. (Sale.

MARCELO.- Estoy terriblemente angustiado Juan. Me tenés que ayudar.

JUAN.- Bueno; si te calmás y me contás qué te pasa en una de esas… ¿Querés tomar algo? Ahí quedó el té que le hice a mi madre y no lo tomó.

MARCELO.- Lo que tengo es un hambre bárbaro. ¿No tenés algo para picar?

JUAN.- Algo debe haber en la heladera. Te hago un sándwich de jamón y queso.

MARCELO.- Si tenés salame mejor y ponele mostaza y si es posible con el pan tostado. (Juan sale no mirándolo de una manera muy particular) yo le dije a Coca que si alguien tenía una respuesta eras vos. (Toma la carta que todos van dejando sobre el sillón y la lee)

JUAN.- (En off) Marcelo; coca no me va a llamar y lo sabés.

MARCELO.- (Llamando) ¡Juan!...

JUAN.- (Entrando) ¿Vos también lo leíste?

MARCELO.- ¿No me pediste que lo lea? Esto es fatal. ¿Y ahora qué hago?

JUAN.- ¿Qué haces vos? Bueno, mirá yo en tu lugar…

MARCELO.- Si vas a hacer un chiste malo no es el mejor momento.

JUAN.- Tenés razón. ¿Cómo se me ocurre?

MARCELO.- Juan, no me podés hacer esto y justo ahora.

JUAN.- ¿Qué no te puedo hacer qué?

MARCELO.- ¡Esto! (Mostrándole la carta)

JUAN.- Decíselo a quien me lo mandó. Te juro que yo no tengo nada que ver con esa decisión. Muy por el contrario; antes de perjudicarte a vos, como me reclamás, te aseguro que me afecta a mí. Y no sabés cuánto. Antes que vos, estuvo acá, mi ex, mi mamá y en un rato va a… (Suena el timbre)

MARCELO.- ¿Esperás a alguien?

JUAN.- Faltan algunos de la lista. Por lo visto hoy se combinaron en venir todos juntos. Andá y hacelo pasar que ya me imagino quién es. Perdón, ¿te ibas no?

MARCELO.- Echame cuando quieras.

JUAN.- No Marcelo, es una broma.

MARCELO.- Pero no te olvidés de mí. Mirá que estoy en tus manos. No me falles (Sale)

JUAN.- ¡No me falles! Hasta ahora no falló ninguno. No hay nada mejor que sentirse comprendido, apoyado y acompañado. Pero todavía falta lo mejor. (Entra Victoria, mujer atractiva y muy avasalladora)

VICTORIA.- ¡Juan! Para hoy elegí un lugar muy especial. Y no podés decir que no.

JUAN.- ¡Victoria!

VICTORIA.- ¡No! No quiero excusas. Estuve todo el día buscando lo mejor para hoy.

 

JUAN.- Victoria, podemos dejarlo…

VICTORIA.- ¡Ni loca! Un festejo como el de hoy no lo vamos a celebrar así nomás. Ya hice la reserva y no puedo quedar mal. ¡Vamos o vamos!

JUAN.- Victoria, no es un buen día para festejar nada.

VICTORIA.- Para vos nunca es un buen día para festejar nada. Siempre lo mismo. ¿Qué vas a inventar ahora? Que te rajaron del laburo, que te sentís mal, que tu madre, que tu… que tu… Me voy a cambiar y te vengo a buscar. Y no me hagas esperar. Te doy media hora y nada más… (Juan sigue en silencio todos los movimientos de Victoria que termina saliendo)

JUAN.- Lo único que falta es que… (Suena nuevamente la música como viniendo del piso superior. Se saca un zapato y lo revolea hacia arriba. Hace lo mismo con el otro. Mira hacia todos lados como buscando algún proyectil y repara en el equipo de música) Qué buena oportunidad para irme deshaciendo de cosas (lo toma pero se arrepiente) ¡No! Después voy a tener que juntar todo y si después viene… (Suena el timbre de la calle) ¿Será ella?... Se va a quedar sin su música (va a salir pero entra Mariana, su hija. Chica veinteañera desenfrenada)

MARIANA.- Dejaste abierto. Así que aproveché y entré. ¿Esa música no será tuya, no? Andá a decirles que la bajen. (Va hacia el centro musical y pone una música más fuerte. Luego entra en la cocina y vuelve con una bebida. Va hacia un mueble y revisa dentro) ¿Dónde tenés la billetera? Necesito plata…

JUAN.- ¡Buen día hija!

MARIANA.- No es un buen día.

JUAN.- ¡Decímelo a mí!

MARIANA.- ¿Te pasó algo?

JUAN.- ¿Te cuento?

MARIANA.- ¡No! ¿Estuvo mamá?

JUAN.- Sí.

MARIANA.- Seguro me ganó de mano. ¿Dónde está?

JUAN.- ¿Dónde está qué?

MARIANA.- La billetera.

JUAN.- No uso.

MARIANA.- (estirando la mano) dale… que estoy apurada.

JUAN.- ¿En serio, no querés que te cuente?

MARIANA.- Otro día. Llego tarde y me mantienen el precio hasta hoy.

JUAN.- ¿Cuánto necesitás?

MARIANA.- todo lo que tengas a mano.

JUAN.- ¿No querés que vaya a buscar más?

MARIANA.- No hago a tiempo. ¿Cuánto de los grandes tenés?

JUAN.- ¿Grandes? Cada vez son más pequeños. (Le da un fajo de billetes, en realidad pocos) Contalo vos y déjame algo.

MARIANA.- (Luego de contarlos) Son pocos. Te dejo algo (Lo hace) Después te llamo y te cuento (Sale. Vuelve a entrar) Y después me contás qué te pasó… (Vuelve a salir. Juan se dirige a apagar su aparato. Percibe que también cesa la música exterior. Busca sus zapatos y los encuentra y se los calza)

JUAN.- Bueno, al menos algo de silencio. (Se sienta en el sillón) Vinieron todos… (suena el timbre de calle) ¡No todos!... Si ya vinieron todos, ¿quién puede ser? Hoy el radiador funcionó a pleno. No quedó ningún bicho sin venir. Los atraigo con mi insuperable suerte. 

 

¿Pero quién puede ser? (Entra Roberto, su padre. Hombre abstraído, distraído y confuso. Se notará que es sordo)

ROBERTO.- ¿Desde cuándo dejan la puerta abierta? Pudo haber entrado cualquier extraño. Hasta tu madre.

JUAN.- Hoy todos los que vienen dejan la puerta de calle abierta para facilitarle el trabajo a los que vienen detrás. Cómo vos ahora. ¿Qué haces acá, Papa?

ROBERTO.- No paro nada. Que la corte tu madre. No me deja hacer nada. Ahora ni puedo prender la televisión.

JUAN.- Si en tu casa no hay televisión. ¿Qué quisiste prender?

ROBERTO.- Yo no quise encender nada. Solo quise tocar el botón del encendido y con el control remoto cambiar el canal.

JUAN.- Papá; habrás encendido el aire acondicionado y hace precisamente calor.

ROBERTO.- ¡Qué color, si es blanco y negro! Después quise encender el tocadiscos…

JUAN.- ¿Qué tocadiscos?

ROBERTO.- Mordisco, no. Solo la pellizqué. Como te decía: quise poner el tema que me gusta y de pronto empezó a salir espuma por todos lados.

JUAN.- Papá, habrás prendido el lavarropas.

ROBERTO.- No me deja tampoco.

JUAN.- ¿qué no te deja?

ROBERTO.- ¡Cómo para que no tenga quejas! No me deja lavar las copas. Así que me vine para acá para respirar un poco de aire puro.

JUAN.- Vení viejo, sentate.

ROBERTO.- Ya me desperté.

JUAN.- No, vení. (Hace señas para que se siente) Sos el único que me puede escuchar. (Se sientan ambos) estoy cansado. Hoy hubo un desfile acá. Y justo hoy. Y sabés; les quise explicar a todos lo que me estaba pasando y nadie me oyó. Todos estaban muy preocupados en que lo que me pasaba no les afectara demasiado. ¿Me entendés? Y no puedo más. Así de sencillo. Pasó lo que nadie pensó que podía pasar y ahora todo va a cambiar. Ya no voy a ser más la columna vertebral de todos lo que me necesitan. Así que, sabés, estoy preocupado pero a la vez aliviado. Voy a descansar por fin y voy a poder comprobar cuántos permanecerán a mi lado. ¿Me entendés?

ROBERTO.- (Que siguió todo el relato como ausente) claro que tengo.

JUAN.- ¿Qué tenés, qué?

ROBERTO.- De lo que me pidas. Años coleccionando los long play que salían. Pedime el que quieras y lo tengo. No me acuerdo dónde están porque la bruja me los esconde, pero por vos revoluciono toda la casa y los encuentro y te los traigo.

JUAN.- ¡Qué suerte viejo que vos me escuchás! Me siento muy feliz de tenerte a mi lado. Sos el único que me entiende. (Se dirige al aparador. Toma algo y se lo ofrece al Padre) Tomá viejo. Tu jugada semanal. Creo que es la última semana que te lo juego. Total, nunca arrimaste más que dos números pero de boletas distintas. Como todas las cosas en este país. Están arregladas para que algún conocido se lleve todo el toco y después por supuesto lo reparta a discreción. Esta vez llegó a los quinientos millones. Mirá si hay para repartir. ¿Te imaginás viejo la de cosas que se podrían hacer?

ROBERTO.- ¿Qué es eso?

JUAN.- La jugada que te vengo haciendo.

ROBERTO.- (Lo toma. Lo mira en silencio y se lo devuelve) No entiendo nada de esto. Te lo regalo. 

 

JUAN.- Llevátelo como el recuerdo de la última jugada. Después de hoy no puedo tirar más siquiera lo que sale este simple papelito.

ROBERTO.- No soy loquito. Te dije que te lo regalaba y no podés ni despreciar ni negar un regalo. Te lo quedás. Es tuyo y se acabó. ¿Dónde querés que te lo firme?

JUAN.- Papá, no es la escritura de una casa. Es una simple boleta de un juego millonario, pero que no tiene ningún valor.

ROBERTO.- Sí, es cierto tengo calor, porque vine corriendo y no me ofreciste nada para tomar. Ese papel te lo guardás y lo cuidás porque tiene mucho valor y me traés algo para beber.

JUAN.- (Sale Juan. Roberto, toma el papel de la carta del comienzo que estaba sobre el sillón y lo lee. Juan entra con un vaso que le ofrece al padre) No leas papá… leelo, si total…

ROBERTO.- ¿Quién te escribió esta carta de amor? ¡Saliste a mí! (Toma el vaso) ¿Y la bombilla?

JUAN.- ¿Qué bombilla? No es un mate.

ROBERTO.- ¡Ocupate! Vos ocúpate y tráeme la bombilla… (Juan sale y él sigue leyendo. Vuelve a entrar Juan con una bombilla. Se la pone al vaso y Roberto bebe) Ahora sí…

JUAN.- Papá, andá a casa. Mamá se va a preocupar con tu ausencia.

ROBERTO.- ¿Que tenga clemencia? ¿Con tu madre? Con mi demencia alcanza. (Le devuelve el vaso) Otra vez calentá el agua. Y no tiré mi regalo. Guárdalo de recuerdo. Me costó mucho desprender de él, pero está en buenas manos.

JUAN.- ¡Gracias Papá! ¿Sabés cuánto hace que nadie se acuerda de mí?

ROBERTO.- Porque estaban flojas.

JUAN.- ¿Flojas?

ROBERTO.- Las cuerdas de la guitarra. Cuando las ajustes van a estar afinadas. (Sale. Vuelve a entrar) Y vas a tocar la mejor melodía. (Juan queda solo, pensativo. Se sienta, se levanta)

JUAN.- ¿Dónde quedaron los zapatos? (Se da cuenta que los tiene puestos) Qué lástima que mi viejo… (Toma el billete) No le iba a despreciar su regalo. ¡Podre! Yo pensé que de tanto insistir con los mismos números, algo iba a lograr. (Hace un bollo y lo tira al tacho de basura. Saca la bolsa que aparenta estar llena y se dirige como para salir. Lo hace y vuelve a entrar) Mejor lo saco a la noche. No sea cosa que encima me hagan la boleta por sacar la basura fuera de hora. (Sale por cocina. Vuelva a entrar sin la bolsa. Entra por puerta de calle Filomena bastante alterada)

FILOMENA.- ¿Y? ¿Qué resolviste?

JUAN.- ¿Podrías llamar antes de entrar, no? Yo no me aparezco de golpe en tu casa. ¿Y si estaba con alguien?

FILOMENA.- ¿Con quién vas a estar? ¿Necesito me confirmes que hago?

JUAN.- ¿Y yo qué tengo que ver?

FILOMENA.- Mucho. Porque si no resolvés tu situación no me voy a embarcar en nada nuevo. Paso un minuto al baño. (Sale por baño)

JUAN.- Hacé nomás… (entra Victoria como un torbellino)

VICTORIA.- ¿No estás listo todavía?

JUAN.- ¡Ahora sí que estoy listo! Pero nadie cierra la puerta…

VICTORIA.- ¿Quién estuvo? Me imagino que no será…

JUAN.- ¡Oíme!... 

 

VICTORIA.- ¡Andá a cambiarte de una vez! Se hace tarde (Juan se queda mirando hacia el baño) ¿Qué mirás?

JUAN.- ¡Espero!

VICTORIA.- Dejá de esperar. ¿qué pantalón te vas a poner? Me gusta el blanco con el saco negro. Pero no te pongas la remera de la otra vez. Te hace gordo. ¿Tenés algo fresco? (Sale por cocina)

JUAN.- ¡Qué raro! Pensé que… (Entra filomena) FILOMENA.- ¡Vos pensando! Estás tirando mal el botón del baño. Oí voces. ¿Otra vez hablan a los gritos los de arriba?

JUAN.- ¡Casi!...

FILOMENA.- No, ¿qué casi?

JUAN.- Que casi… Pero ahora va a ser…

FILOMENA.- ¿Y qué esperás para resolverlo? No te ocupás de nada. No entiendo cómo lo aguantás. ¿No dejé acá mi secador de pelo? (Sale por habitación de servicio. Entra Victoria con un manchón de agua en el vestido)

VICTORIA.- Mirá por tu culpa cómo me mojé. Menos mal que es agua…

JUAN.- Y conste que yo no hice nada por evitarlo hasta ahora.

VICTORIA.- Claro que no hiciste nada. Y yo por apurarme cuando no lo hacés vos, m irá cómo quedé. ¿Hacé algo?

JUAN.- ¿Y qué querés qué haga?

VICTORIA.- ¿No tenés un secador de pelo?

JUAN.- No es mío. Está en… (le indica la habitación de servicio, pero se arrepiente. Le indica el baño) el baño.

VICTORIA.- Claro, no va a estar en la habitación de servicio. Ya está hablando fuerte otra vez los de arriba. Y como de costumbre a las mujeres se las escucha más. (Sale por baño)

JUAN.- ¡Ahora sí hice algo! (Entra filomena con el secador de pelo)

FILOMENA.- ¿Qué hiciste? Yo sigo escuchando voces. Si lo hiciste, lo hiciste ml. ¿Querés ver cómo se callan? Ahora voy yo. (Sale por _entrada de la casa, dejando el secador de pelo sobre el sillón)

VICTORIA.- (Entrando) No lo encontré. (Lo ve en sillón) ¿Qué hace ahí?

JUAN.- Estaba en la habitación de servicio y vino caminando. Pero no anda.

VICTORIA.- Nada anda en tu casa. Y ese secador no tiene pies. Hoy estás muy gracioso. Me voy sola. Si querés venir ya sabés la dirección. Pero me podías haber avisado que no ibas a venir. Hubiera ido con alguien. ¿Tenés una idea de lo que sale una reserva parea dos en esa casa?

JUAN.- Llamalo a esteban. Él te puede acompañar.

VICTORIA.- Ahora lo llamo (Sale)

JUAN.- No puedo creer que no se hayan cruzado. ¿Estará cambiando mi suerte? (Entra Filomena)

FILOMENA.- ¿qué te dije? Ni un murmullo. Salvo que ahora hablás solo. Y me vienen a decir que no emitieron sonido porque estaban estudiando.

JUAN.- ¿Te vas a llevar el secador?

FILOMENA.- ¿Me estás echando?

JUAN.- Ahora no hace falta. Solo que tengo la sensación que va a venir mi madre.

FILOMENA.- Ella no me molesta que venga. No sabés lo que me gustaría encontrarme ya sabés con quien…

JUAN.- algún día va a pasar… 

 

FILOMENA.- Y cuando pase me va a escuchar.

JUAN.- Casi te escucha… ¿qué tiene que escucharte?

FILOMENA.- ¡Me voy! Todavía no me dijiste qué vas a hacer. Llamame cuando te decidas y si viene la nena decile que no sé por dónde anda. Saludos a tu…

JUAN.- ¡Madre! Se los daré. (Ella sale) No puedo creer lo que acaba de pasar… (Entran discutiendo Eulalia y Mariana)

MARIANA.- Nona, yo lo necesito primero.

EULALIA.- Respete a su abuela. Lo mío es más importante. Vos tenés mucho tiempo por delante y a mí se me acaba el tiempo.

MARIANA.- No, abuela. Lo mío lo tengo que resolver hoy mismo o pierdo esta oportunidad.

EULALIA.- A tu edad tenés oportunidades todos los días. Lo que no conseguís hoy lo conseguís mañana. Yo no puedo esperar y él lo sabe.

MARIANA.- ¿Qué decís vos?

JUAN.- ¿Y qué puedo decir yo? ¿Mi opinión vale?

MARIANA.- Si estás de acuerdo conmigo sí.

EULALIA.- Si estás de acuerdo con ella no. (Lo dicen al mismo tiempo. Lo mismo las frases que siguen)

MARIANA.- Si estás de acuerdo con ella no.

EULALIA.- Si estás de acuerdo conmigo sí.

MARIANA.- No le hagas caso.

EULALIA.- No le hagas caso. (Se miran)

JUAN.- ¿A quién?

MARIANA.- ¡A ella!

EULALIA.- ¡A ella!

MARIANA.- ¡Cortala, nona!

EULALIA.- (Imitándola) ¡Cortala, nena!

MARIANA.- ¡Pa, decile que la corte!

EULALIA.- ¡Hi, decile que la corte!

JUAN.- ¿Puedo hablar?

MARIANA.- Sí.

EULALIA.- No.

JUAN.- (Sorprendido) ¿Me dejás hablar, hija? (A su madre) –Vos podrías al menos no ser sincera.

EULALIA.- Bueno, hablá.

JUAN.- Lo que quiero decirles es que…

MARIANA.- ¡Dale!

JUAN.- Ya me parecía.

MARIANA.- Es que me estás haciendo perder tiempo.

EULALIA.- Está apurada la señorita

MARIANA.- Si, señora mayor. ¡Muy mayor!

EULALIA.- ¡Tu abuela!

MARIANA.- Que sos vos.

JUAN.- ¡Madre!... ¡Hija!... Pueden detener un instante esta deliciosa charla y hacer el terrible, impresionante silencio y dejarme hablar… (Pausa) Me están haciendo caso… No, si evidentemente me está cambiando la suerte… (Entra Marcelo, en forma repentina y violenta)

 

MARCELO.- Sara no quiere venir; ¿qué le hiciste?

JUAN.- Te dije que no iba a querer venir a hablar conmigo.

MARCELO.- Perdón; ¿llego en mal momento?

JUAN.- No, el ideal. Porque yo les iba a contar algo a ellas y entonces aprovecho y te sumo a la platea de oyentes.

MARIANA.- Papa; te pedí que cuando hables conmigo lo hagas solo conmigo. Hablá con ellos y yo te espero en la habitación. Me llevo tu aparato.

EULALIA.- ¿No estaba apurada la señorita?

MARIANA.- No creo que le divierta mucho hablar con ustedes… (Sale)

JUAN.- (Hablando hacia afuera) No lo pongas fuerte que vas a despertar a los vecinos. Y ya que se calmaron es bueno que sigan así.

EULALIA.- Yo te espero en la cocina, así que hablá con él. Pero despachalo en seguida, aunque igual tengo tiempo como dice tu hija. De paso te uso la cocina, porque lo que te venía a contar, es que el energúmeno de tu padre se empeñó en cocinar él y entonces…

JUAN.- Mamá, ¿no te ibas?

EULALIA.- ¡Claro!... (Sale y vuelve a entrar) ¡Ah!...Y me dijo que te iba a traer un poco porque tenías que festejar no sé qué. Una locura de tu trastornado padre seguramente, y que no podía faltar un plato especial en tu mesa… (Sale y vuelve a entrar) Y prepárate, porque como sabrás, para él es lo mismo la sal que el azúcar, ¡por el color, no! La yerba con la pimienta y el limón con el huevo duro…

JUAN.- Mama, ¿qué tiene que ver un limón con un huevo duro?

EULALIA.- ¡Si lo exprimís te cuento! (Sale)

MARCELO.- ¡Madre hay una sola!

JUAN.- Y ésta me tocó a mí.

MARCELO.- Te decía que Sara no quiere saber nada y todo está en tus manos… (Entra Roberto con un balde con su aparente comida que se lo da a Juan en cuanto entra)

ROBERTO.- Dejame prender la televisión. (Prende el ventilador)

JUAN.- Papá, no hace calor para que prendas el ventilador. ¿Y qué hay en este balde?

ROBERTO.- ¿No es el televisor? Te vas a relamer los dedos. ¿Dónde está el televisor?

JUAN.- Dejá que lo prendo yo. ¿Qué canal?

ROBERTO.- ¿Qué está mal? (Mirando el ventilador y el televisor)

JUAN.- ¿Qué canal te pongo?

ROBERTO.- Yo no dispongo de nada en casa de tu madre. Por eso vine acá; pero en este televisor no sé en dónde está el programa en donde pasan las recetas de donde me inspiré para prepararte esta comida bien especial.

JUAN.- Papá, no estoy de humor para comidas especiales ni recetas magistrales. Todo lo que pueda comer hoy me va a caer mal. ¿Me entendés?

ROBERTO.- Claro que lo quiero encender. Pero no encuentro el control remoto. (Juan saca su celular del bolsillo a tiempo que Roberto se lo saca) ¿Y desde cuando te metés el control en el bolsillo? (Quiere cambiar de canal pero ni siquiera está prendido)

JUAN.- Dame papa, que yo lo hago.

ROBERTO.- ¡Me acordé!

JUAN.- ¿De qué te acordaste?

ROBERTO.- En qué canal pasaban mi receta. En Crónica. Ponelo nene.

JUAN.- Papá, ¿en Crónica una receta? Eso era en Utilísima y ya no está más.

ROBERTO.- Te digo que era en Crónica. Ponelo, por favor.

 

JUAN.- (Enciende el televisor y se escucha la programación del canal) ¿Estás conforme? ¿A qué hora dan tu receta?

ROBERTO.- En cualquier momento. Ayudame a prestar atención. Sentate conmigo. ¿Te di a vos la receta? Traeme una lapicera y un lápiz. Apurate que quiero comprobar si no me equivoqué con las proporciones.

JUAN.- No. Solo me diste un balde. Acercate al televisor porque voy a bajar el volumen (Lo hace) Marcelo, como te darás cuenta no es un buen día para…

ROBERTO.- (Prestando atención al televisor) Ahí está…Si no fuera por la bruja de tu madre no tendría que venirte a molestar a vos…

JUAN.- ¡Ah!... Mirá que ahí dentro está tu querida esposa.

ROBERTO.- Te pedí una lapicera no una rosa.

JUAN.- Después no me reproches que no te avisé. (Sale)

MARCELO.- Don Roberto, su hijo está muy extraño hoy.

ROBERTO.- No me engaño. Y no pude haberme equivocado.

MARCELO. A quien le vengo a hablar…

ROBERTO.- Se me va a dar, se lo aseguro hijo. Esta vez la torta va a estar bien rellena.

MARCELO.- ¿De qué está hablando?

ROBERTO.- No me estoy burlando. (Acercándose al televisor) Ayudeme a recordar las cantidades hasta que venga mi hijo con el papel y el lápiz… ¡Silencio! (Repitiendo lo que se supone escucha en el televisor, remarcando las cantidades de cada cosa) Tres quilos de harina… cinco huevos… dos cucharadas de dulce de leche… (Entra Juan) Seis medidas de azúcar impalpable… dos vasos chicos de esencia de naranja… y una porción de crema chantillí…

JUAN.- ¿Qué proporción es esa? ¿Qué hiciste?

ROBERTO.- No estoy haciendo ninguna ecuación. Ni te imaginás lo que cociné. Hasta ahora no me salía nunca. Pero hoy te vas a chupar los dedos.

JUAN.- Papá, En Crónica no dan ninguna receta. Solo se ocupan de…Marcelo, repetime las primeras proporciones de cada cosa.

MARCELO.- No me acuerdo. No presté atención.

ROBERTO.- Tres kilos de harina, cinco huevos, dos cucharadas de dulce de leche… ¿Vas a cocinar vos también?

JUAN.- ¡No! Solo quiero chequear de dónde sacaste esas proporciones.

ROBERTO.- Por supuesto que te vas a comer todas las porciones que quieras.

JUAN.- Repetime las cantidades de cada cosa.

ROBERTO.- Tres kilos de harina…

JUAN.- Solo las cantidades…

ROBERTO.- Tres, cinco, dos, seis, dos y uno.

JUAN.- ¿Dónde lo escuchaste?

ROBERTO.- En Crónica.

JUAN.- (Sorprendido por su respuesta) ¡Papá! (Corre a ver el televisor) Pero si están transmitiendo una carrera de caballos.

ROBERTO.- Llegaste tarde. Ahora es el turno del programa de política.

JUAN.- ¡Tenés razón papá! ¿Pero no recordás si el cocinero se llamaba Loto, Quini o algo así?

ROBERTO.- Chino o japonés era, porque tenía los ojos chiquitos.

JUAN.- Marcelo, ¿Vos viste lo que él estaba viendo?

 

MARCELO.- No Juan, no te digo que no presté atención. ¿Por qué no me escuchás un minuto?

JUAN.- ¡La compu!... (Sale por habitación de servicio. Quedan el padre y Marcelo mirándose)

ROBERTO.- Si gana ese caballo hizo fraude. ¡Y mirá por cuántos votos!

MARCELO.- ¡Qué dice don Roberto! (Entran Eulalia y Mariana de sus respectivos lugares al mismo tiempo)

EULALIA.- ¡Vos acá!

MARIANA.- ¿Abuelo, dónde está mi viejo?

ROBERTO.- Me parece que se descompuso…

EULALIA.- ¡Andá para casa!

ROBERTO.- ¡No son pura raza! Son políticos de quinta. (Se oye en off la voz de Juan)

JUAN.- (en off) ¿Pero por qué no tengo internet?

MARIANA.- ¿Pero qué le pasa a este? ¿Desde cuándo se preocupa por no tener internet?

EULALIA.- Se habrá olvidado de pagar. (Entra Juan y se dirige al teléfono)

JUAN.- No me pueden hacer esto… (Marca un número que evidentemente es equivocado) ¡No…, perdón… no es a usted a quien quiero llamar…!

EULALIA.- Juan, decile a tu padre que vaya para casa.

JUAN.- Ahora no, mamá.

MARIANA.- Papá, ¿me vas a dar una respuesta?

JUAN.- Ahora no, hija.

ROBERTO.- Hijo, en la vida hay que insistir hasta el cansancio…

JUAN.- Ahora no… (Se corta por lo que escuchó)

MARCELO.- Juan, te necesito…

JUAN.- Ahora no, Marcelo… ¡Hola! Si, por favor, ¿Me pueden decir por qué no tengo conexión a internet?... ¿Cómo?... Pero si yo…

EULALIA.- ¡No dije! Se olvidó de pagar.

JUAN.- Callate, mamá.

ROBERTO.- ¡Callate, mamá!

EULALIA.- ¡Viejo ridículo!

JUAN.- ¡Gracias! (Cuelga. Se queda pensativo) ¡La agencia! (Sale por calle)

MARCELO.- ¿Qué le pasa a Juan?

MARIANA.- No sé pero podría seguirlo porque está muy descontrolado y desquiciado.

ROBERTO.- No, no es ningún desgraciado. Puede ser que esté emocionado, y es mejor dejarlo solo.

EULALIA.- Habló la voz de la experiencia. No le hagan caso que ni sabe lo que dice. (A Mariana) ¿Dónde está tu madre?

MARIANA.- Si yo lo supiera…

EULALIA.- Y llamala…

MARIANA.- ¿Y por qué no la llamás vos? Soy bastante grandecita para que me digas lo que tengo que hacer.

ROBERTO.- Ahora me está gustando más.

EULALIA.- ¡Callate, engendro de caracol!

MARCELO.- ¿Por qué dijo algo de una agencia?

ROBERTO.- Bueno, es algo así como una herencia.

EULALIA.- Ni un mísero peso le vas a dejar de herencia. Así que ni tiene sentido que dejes de respirar. Aunque la verdad creo que es lo único sensato que podrías hacer. 

 

FILOMENA.- (Entrando) ¿A qué se debe esta reunión de consorcio? ¿Nena, dónde está tu padre?

MARIANA.- ¿Pero me vieron cara de oficina de informes? ¿Por qué no averiguan ustedes?

FILOMENA.- ¡Bajá un poquito esos humos!

ROBERTO.- ¡Esto se está poniendo más lindo!...

EULALIA.- Te dije que vayas para casa.

MARCELO.- Dijo algo de una agencia y salió corriendo.

FILOMENA.- ¿Agencia? ¿Agencia de qué?

EULALIA.- Tu marido debe estar jugando a las carreras.

FILOMENA.- ¡Ex!... Y nunca le interesaron los burros.

ROBERTO.- ¡Los burros se interesaron por él!

EULALIA.- ¡Mirá quién habla!...Hablando de burros.

ROBERTO.- No me gustan los churros. Las churras sí, y si están rellanas con dulce de leche más.

EULALIA.- Viejo baboso. (Entra Juan seguido por Victoria)

VICTORIA.- Te digo que me escuches…

JUAN.- No es el momento…

FILOMENA.- ¡Ah, bueno! Llegó la mosquita muerta.

VICTORIA.- ¡¿Perdón?! ¿Te estás refiriendo a mí?

JUAN.- ¿Dónde lo puse? (Todos lo miran sin entender)

MARCELO.- ¿Pero…

FILOMENA.- Dónde…

EULALIA.- Pusiste…

MARIANA.- Qué?...

ROBERTO.- ¡Goool!... (Todos miran a Roberto)

JUAN.- ¡Papá! ¿Dónde lo puse?

ROBERTO.- A mí no me lo diste.

EULALIA.- ¿Qué te dio qué?

ROBERTO.- Y qué se yo…

FILOMENA.- ¿Me podés explicar qué está pasando?

VICTORIA.- Y a mí también ya que estás…

JUAN.- ¡No me puede estar pasando esto! ¡Decime que no! (Sale por cocina)

MARCELO.- ¿Alguien entiende algo?

ROBERTO.- En la cocina… no creo… (Entra Juan y sale por habitación de servicio)

EULALIA.- (A Mariana) ¿Qué le pasa a tu padre?

MARIANA.- Es tu hijo, así que tiene a quién salir.

JUAN.- (Entrando) ¿Dónde lo puse?... (Sale por habitación)

VICTORIA.- ¡Cómo para que no se vuelva loco!

FILOMENA.- Desde hace un tiempo se volvió loco.

JUAN.- (Entrando) Papá, ¿seguro que no te lo dí?

ROBERTO.- Hijo, yo perdí la memoria. Vos no. Si me lo diste me olvidé y cómo no tengo más lugares encima que estos bolsillos, ahora que me acuerdo y los busco… no los encuentro. ¿Pero qué es lo que estoy buscando a pesar de no tener nada encima?

JUAN.- Dejá papá. No me ayudes más.

ROBERTO.- Seguro que lo tiraste…

JUAN.- ¡La basura! (Se acerca al padre y le besa la frente) ¡Gracias, viejo; sos un genio! (Sale por calle corriendo)

 

MARCELO.- ¿Pero…

EULALIA.- Qué…

FILOMENA.- Tiró…

MARIANA.- Qué?

ROBERTO.- ¡Y yo que sé!

VICTORIA.- ¿Y ahora dónde fue?

MARCELO.- Dijo algo de tirar a la basura.

EULALIA.- A este lo tendrían que…

MARIANA.- Abuela, cortala que hoy “este” como le decís, parece el único coherente.

ROBERTO.- (Se le acerca a Mariana y le da un beso) Hija, cuando yo me muera, a vos te voy a dejar… no sé qué te puedo dejar… pero algo te voy a dejar.

EULALIA.- Sí, la dentadura postiza.

FILOMENA.- No seas desagradable.

EULALIA.- Tenés razón, le podés dejar algo más agradable que tu dentadura.

VICTORIA.- No puedo creer lo que estoy viendo.

FILOMENA.- ¿Por qué? (Entra Juan con su ropa toda sucia y desprolija. Todos lo miran. Al sentirse observado trata de disimular. Solo Roberto atina a preguntarle algo)

ROBERTO.- ¿Algo?

JUAN.- ¡Nada!... ¿Por qué me miran?

VICTORIA.- ¿Y a vos qué te parece?

JUAN.- Me parece que me están mirando todos a mí. (Lo observa a su padre sorprendido por la pregunta anterior)

MARIANA.- ¿Papá, te viste?

JUAN.- ¿Qué tengo?

FILOMENA.- ¡Qué no tenés!

EULALIA.- ¿Te caíste, hijo?

MARIANA.- ¿O te pasó un camión por encima?

ROBERTO.- ¿Revolviste bien?... (Tratando de disimular) No, claro… cómo vas a revolver si la comida la dejaste aquí…

JUAN.- (Confundido y tratando de entender, tal vez un doble sentido en la frase de su padre) ¿Dónde la dejé?

EULALIA.- En ese balde.

JUAN.- Mamá, ahí no puede estar.

EULALIA.- ¿Y dónde te crees que traje este desquiciado su preparado?

ROBERTO.- ¡No soy ningún tarado!

MARIANA.- Se pueden dejare de pelear.

VICTORIA.- Cuando puedas, me llamás.

FILOMENA.- Cuando te decidas, me avisás.

MARCELO.- Juan, ¿qué hago?

ROBERTO.- Yo seguiría buscando… (Todos menos Juan lo miran) la solución a los problemas… de todos…

JUAN.- ¡No!... (Como en un doble sentido) ¡O sí!... pero no…

EULALIA.- ¡Hijo! Si le seguís dando corte al orangután, te vas a convertir en un cangrejo.

JUAN.- ¿Qué decís, mamá?

EULALIA.- Si vas y venís y primero decís que no y después que sí.

JUAN.- Digo que no y ustedes dos (Por Victoria y Filomena) no se vayan. Quiero aprovechar que están todos juntos y hablar de una vez y para todos por igual. 

 

VICTORIA.- Lo que tengas que hablar conmigo lo hablamos en privado.

FILOMENA.- Bueno, al menos dijo algo coherente y que nos compete a todos.

MARIANA.- Eso te lo pedí mil veces .

MARCELO.- en mi caso da lo mismo con lo jugado que estoy.

JUAN.- Vos mamá no digas nada. Que sos un ventilador a turbina.

ROBERTO.- Yo seguiría buscando.

JUAN.- Es inútil, papá. Es evidente que no podía ser. ¿Me entendés?

ROBERTO.- No se da cada dos por tres pero sí una vez.

JUAN.- ¡Ni media vez! Por un momento pensé que… ¡Pero no!... Si hasta me imaginé que vos…

EULALIA.- Nene, hablá de una vez y vos déjalo hablar (Por Roberto)

JUAN.- Lo que les quiero decir es que… (Se corta la luz) Justo ahora…

ROBERTO.- Yo no toqué nada.

EULALIA.- ¿Pagaste la luz?

JUAN.- Si, claro que la pagué. Pero no hace falta no pagar para que te corten la luz. Marcelo, ¿te acordás donde estaban los tapones?

FILOMENA.- ¿No tenés una luz de emergencia?

JUAN.- Si, en la cocina. Ya vengo (Sale por cocina)

VICTORIA.- Don Roberto, le dice a su hijo que después me llame.

FILOMENA.- El boquete es muy grande y entró mucho agua. Y cuando el barco se hunde…

VICTORIA.- No te contesto porque acá no hubo un boquete; hubo sobrepeso. (Sale)

FILOMENA.- ¡Gorda será tu abuela!... ¿Dónde me vio gorda? (Entra Juan con una luz de emergencia)

JUAN.- Marcelo, fíjate si saltó el disyuntor. (Le da la luz de emergencia)

EULALIA.- ¿No tenés otra luz?

JUAN.- No, gracias que tengo una. (Enciende de a ratos su celular, como lo hacen Filomena y Mariana)

ROBERTO.- Esta chica dijo que después… bueno, que algo te iba a hacer después… o decir… Bueno, que después no me acuerdo… (Suena el celular de Juan y este se asusta)

JUAN.- ¡Hola!... ¡Cómo te va!... Si, ya sé… ¿Y cómo querés que esté?... ¿Te quisiera ver a vos en mi lugar?... ¿Hablaste con alguien?... No, es que se cortó la luz… Si, ¿imagínate lo feliz que estoy?... Después te llamo… Claro, que me voy a acordar de voz… (Cuelga y vuelve Marcelo con la luz de emergencia)

MARCELO.- Es un corte general. Esta toda la cuadra de esta vereda sin luz.

MARIANA.- Papa, cuando vuelvas a la civilización y estés de buen humor me avisás. No sabés lo que me hiciste perder.

JUAN.- Y no te imaginás lo que perdí yo.

MARIANA.- Siempre haciéndote la víctima. (Sale)

FILOMENA.- Si no te es molesto, me avisás cuando te vuelva la luz.

JUAN.- Estoy preparado para la oscuridad total. No te vendría mal irte acostumbrando.

FILOMENA.- No puedo ni dormir en la oscuridad. Hay tiempo de sobra para que me llegue, si te estás refiriendo a eso… Y prefiero no pensar. (Por la luz de emergencia) Ponelo en menor intensidad para que te dure más… (Sale)

JUAN.- (A Marcelo) ¿Qué me habrá querido decir?

MARCELO.- Que no gastes toda la batería. Voy a ver si en mi casa la cortaron también.

JUAN.- Si tenés luz, me traes otra luz como esta si tenés por las dudas… 

 

MARCELO.- ¿Y si se me corta a mí después?…(Sale)

JUAN.- (Mirando a Roberto) ¿Alcanzás a comprender algo?

ROBERTO.- No te conviene prender velas.

EULALIA.- ¿Para qué le preguntás algo si encima sordo te va a responder cualquier verdura.

ROBERTO.- Por eso le dije que no prendiera velas, porque no duran.

JUAN.- Andá papá. Ya por hoy fue bastante.

ROBERTO.- Nunca dejes de ir para adelante. Y tampoco te des por vencido. Mientras quede una pequeña luz en la batería, si prendés una vela, que sea cuando se esté por apagar. Si encontraste la luz de emergencia, tenés que encontrar las velas. Pero cuando las encuentres no las enciendas. Mantenelas apagadas hasta último momento. Y prendé de una a la vez y llevalas con vos a cada lugar que vayas. No dejes velas encendidas en donde no estés.

EULALIA.- ¡Basta de delirios! Vamos para casa con luz o sin luz que la que te tiene que aguantar soy yo.

JUAN.- Mamá, llévate el balde.

ROBERTO.- No, no me desprecies la combinación de mi preparado.

EULALIA.- Ni se te ocurra comerlo. (Salen. Queda solo Juan con su luz de emergencia. Se sienta y queda reflexivo)

JUAN.- ¡El viejo!... No sabía que esto tenía otra intensidad. (Baja la misma) ¿Hasta cuándo durará el corte de luz? Cómo me hubiera gustado vivir en la época de la colonia. Sin tener que preocuparme por nada… Después de todo, es mejor así. Te imaginás si… es evidente que las cosas están escritas y era imposible que… (Lentamente se va quedando dormido. Se apaga la luz de emergencia. Quedando la escena totalmente a oscuras. Una música de fondo identifica el paso de un tiempo prudencial)

(Cuando vuelve la luz, Juan está dormido en la misma posición anterior, pero sin la luz de emergencia, ni el balde. Suena el teléfono que lo despierta sobresaltado. Va a atender) ¡Hola!... No, equivocado… (Cuelga) ¿Decime que fue una pesadilla? (Habla consigo mismo) ¿La luz de emergencia? ¿Dónde la puse? Pero si la tenía conmigo (Sale y vuelve a entrar) Pero si está colgada entonces lo soñé. Pero fue muy real. ¡El balde! ¿Dónde lo dejó? (No lo encuentra) No está tampoco… entonces, no pasó. Peto entonces, tampoco… (No encuentra la carta que tenía al comienzo de la acción) ¡Qué alivio!... aunque si duraba un poco más tal vez encontraba la boleta y no hubiera estado mal. Saber qué se siente al ser millonario. ¡Millonario! Adiós problemas, adiós preocupaciones. Bueno, no tanto. Porque la primera preocupación es saber que te van a descontar un disparate de plata de impuesto. Te dicen una cifra y después cobrás un poco más de la mitad. Y te ilusionás con más y te bajan de un hondazo. Después apurarte a tomar una decisión para no perder plata ante la duda. Perdés un montón de dinero si sube o baja antes o después de invertir en algo. Y cuando eso pasa con poca plata no te molesta, pero cuando es mucho lo que está en juego, en un minuto perdés o ganás mucho. Y no lo cobrás en seguida; así que cada día que pasa se te hace eterno. Y ¿dónde la llevo? ¿Qué hago? ¿Cómo hacés para vivir con esa angustia? Uno quiere ver con sus propios ojos, tantos billetes juntos. Una montaña en donde te podés sentir como aquel famoso Rico Mc Pato, tío del Pato Donald, revolcándose en un colchón de dinero. Ponerlo todo junto sobre la mesa o el suelo si no alcanza. Sacarle una foto para ver que es real y publicarla… No, eso no. ¿A quién le puedo contar? ¿Quién me acompaña a llevarla?... ¿A dónde? ¿Y si lo deposito y después no me la quieren devolver? El dólar 

 

puede subir o bajar. El plazo fijo da menos que lo que pierdo en un año y de valores, de la bolsa o inversiones rasa no entiendo nada. ¿Y quién me va a aconsejar? Y voy a tener menos plata que cuando lo cobré. ¿Qué hago? Compro paredes, coches, viajes, lo gasto y listo. ¿Y todos los que depende de mí? ¡Cuando se enteren! No les digo nada. Que nadie se entere. ¿Y cómo justifico lo que hago? Me voy, me rajo y no me ven más el pelo ¡El viejo!... En su locura me va a dar el mejor consejo… (Va hacia el teléfono y marca) ¡Hola!... No, mamá; dame con el viejo… Ya lo sé pero dame igual… ¡Hola! Oime… si vos… (Se da cuenta de lo que está haciendo) ¡Olvidate! ¿Cómo andás?... está bien… (Cuelga. Vuelve a tomar el teléfono) ¡Hola!... Cortó. Me pareció que me quería decir algo. ¡Juan, algo no anda bien en tu cabeza! (Entra Filomena)

FILOMENA.- ¡Juan, me ascendieron! ¿Y te quedás callado? Felicitame al menos. No te pido que me abraces ni me beses. Pero me imaginé que te ibas a alegrar.

JUAN.- ¿Y cómo no me voy a alegrar? ¡Qué bien! Te felicito, de veras (Se acerca y le da un beso) ¿Y cuánto va a ser tu sueldo ahora?

FILOMENA.- No es solamente por el aumento de sueldo. Es por el reconocimiento de tanto trabajo. A vos te consta. ¿Y sabés quién hizo más fuerza para que me ascendieran? ¡Victoria! No sabés lo agradecida que le estoy. ¿No vino todavía?

JUAN.- No, sos la primera.

FILOMENA.- ¿La primera? No entiendo.

JUAN.- No me hagas caso. Quise decir que sos la primera persona que viene hoy.

FILOMENA.- No tenés costumbre de recibir a nadie. Y justamente hoy no van a venir todos a verte.

JUAN.- No, claro. ¿Y por qué iban a venir? (Se oye la voz de Eulalia en off)

EULALIA.- (En off) Nene, no sabés lo feliz que estoy… (Entra) dame un beso. ¡Fili! Que suerte que estás. Ya te iba a llamar.

FILOMENA.- ¿Cómo hace para estar cada día más joven?

EULALIA.- El dermatólogo que me recomendaste además de ser un bombonazo es un genio. Y el neurólogo del viejo dio en la tecla.

FILOMENA.- ¡Qué bien, Eulalia! ¡Cuánto me alegro!

EULALIA.- Y vos; que esperas para cambiar esa cara de zombie. Tu padre está hecho un toro.

FILOMENA.- ¡Eulalia!

EULALIA.- También es parte del tratamiento de belleza y rejuvenecimiento. Te lo recomiendo.

FILOMENA.- ¡Eulalia!

EULALIA.- Tenés razón. Pero no dejes de ejercer. Aunque hayas cambiado de escuela.

JUAN.- ¡Mamá!

FILOMENA.- Lo dejo con su hijo y a ver si le levanta el ánimo.

EULALIA.- A este ya no se le levanta ni una uña. (Sale Filomena por calle)

JUAN.- ¡Gracias mamá! ¿Puedo hacer algo por vos?

EULALIA.- Si, alegrarte por mis nuevas buenas y rezar para que se mantenga todo levantado… el espíritu… ¡a tu padre! (Entra Marcelo)

MARCELO.- ¡Eulalia! ¿Porque no me esperó? Si tardaba unos años más en nacer, no se me escapaba…

EULALIA.- ¡Qué loco! Voy a buscar tus pantalones para cocerle el dobladillo. (Sale por habitación)

 

MARCELO.- ¡Juan! ¡Venga un abrazo! Se me dio. Sarita te va a llamar para contártelo ella misma, y de una nomás… ¿Qué? ¿No te alegra? Y traje tu vino preferido para brindar. Y como me tenté, también algo para picar. Preparo todo y le damos al diente y al paladar (Sale y vuelve a entrar) ¿Te dejé mudo?...

JUAN.- No, Marcelo. Me sorprendió, nada más. Pero sabés lo que me alegra.

MARCELO.- Ya vengo. (Sale por cocina)

JUAN.- No dejo de sorprenderme, nomás… (Entra Victoria)

VICTORIA.- ¡Permiso!

JUAN.- ¿Permiso?

VICTORIA.- Podría haber alguien de tu familia. ¿Te contó Filo que la ascendieron? No sabés cómo me alegra. ¿Tenés ganas de ir al cine? Si no querés lo dejamos para otro día. Yo también estoy cansada y me conformo con estar juntos.

JUAN.- Está Marcelo en la cocina.

VICTORIA.- ¿No me digas que se le dio?

JUAN.- Parece que sí, por lo que dijo y trajo algo para festejar.

VICTORIA.- ¡Ay! No sabés lo feliz que me hace. Tanto que insistió, al final tuvo su premio. Voy a saludarlo y de paso lo ayudo a traer lo que está preparando. (Sale por cocina y entra Mariana)

MARIANA.- ¡Pa!... Me tenés que acompañar. Quiero entrar del brazo con vos. Me eligieron y la primera persona que se está enterando sos vos. Y te lo debo. Así es para vos también.

JUAN.- ¡Mariana! ¡Qué bien! Pero entonces…

MARIANA.- Entonces ya es un hecho. Y si tengo este mérito es por vos. Así que aunque te dé vergüenza, abrí los brazos y me vas a dar un beso. ¡Te quiero, pa!

JUAN.- ¡Yo también te quiero, hija! Y estoy muy contento con tu triunfo.

MARIANA.- Si no tenés otro compromiso, te quiero invitar a cenar.

JUAN.- Están Marcelo y Victoria en la cocina y tu abuela en el dormitorio. Tu madre hace un rato que se fue, al igual que tu abuela y solo falta que venga el nono. Día completo, como verás.

MARIANA.- Me sumo al festejo y de paso te la cuido (Sale por cocina)

JUAN.- ¡Me la cuida! (Se oye la voz de Roberto)

ROBERTO.- (en off) ¡Juan!

JUAN.- ¡Cartón lleno!

ROBERTO.- (entrando) ¿Estamos solos?

JUAN.- Sí, papa. Acá al menos. Hay gente por todos los otros rincones de la casa.

ROBERTO.- Vení, sentate a mi lado. (Ambos se sientan) No grites ni hagas escándalo. Y prométeme varias cosas. Primero que a vas a guardar el secreto de lo que te voy a decir. Segundo que cuando te diga lo que decidí, lo vas a aceptar sin condiciones. Y no me obligues a hacerte firmar un documento. Tercero, que jamás le vas a contar a nadie lo que hice ni te vas arrepentir de habérmelo prometido y aceptado.

JUAN.- ¡Papá! ¿A qué viene tanto preparativo? Tanto lío porque te funcionó una vez más…

ROBERTO.- Ya estuvo tu madre contándote. No puede guardar en silencio nuestra intimidad. Ni se te ocurra poner Crónica porque seguro lo anuncian. ¿No lo estuviste mirando no?

JUAN.- ¿A quién?

ROBERTO.- ¡Crónica! ¿Prendiste tu televisor hoy? 

 

JUAN.- ¡No!... ¡O si!... Ahora no sé si lo prendí o soñé hacerlo.

ROBERTO.- ¿Estás despierto?

JUAN.- Creo que sí. Nunca se sabe del todo. Y algunos sueños son tan convincentes que nunca sabés sin parte de alguna otra realidad.

ROBERTO.- Bueno, prestá atención. Viste que nosotros estuvimos compartiendo cosas que nadie nunca lo supo.

JUAN.- ¿A dónde querés llegar? (Lo mira sorprendido)

ROBERTO.- ¿Puede ser que no me interrumpas hasta que termine?

JUAN.- Bueno, pero hacela corta. Porque si no te van a interrumpir igual y no voy a ser yo.

ROBERTO.- Desde hace muchos años…

JUAN.- ¡No, papá! Otra vez no. Ya me ilusioné una vez…

ROBERTO.- No pudiste haberte ilusionado nunca. Sin vos saberlo yo siempre tuve la intención de cederte… (Ante un gesto de fastidio de Juan) ¿Qué te fastidia? ¿Lo que te podés estar imaginando que quiero cederte?

JUAN.- Primero aclárame una cosa. Desde que llegaste, me oíste todo; no confundiste nada. ¿Desde cuándo dejaste de ser sordo?

ROBERTO.- ¡Nunca lo fui!

JUAN.- ¿Cómo que nunca?

ROBERTO.- ¡No!

JUAN.- ¿Y tu memoria?

ROBERTO.- No me acuerdo.

JUAN.- Ahora sí, seguí…

ROBERTO.- ¿Qué siga qué?

JUAN.- Lo que me ibas a decir.

ROBERTO.- La verdad, no sé de qué te estaba hablando, pero como me imaginé que si vos me interrumpías no iba a poder seguir, debo haber escrito esta carta para vos, porque el sobre dice: “para Juan” y como Juan sos vos: ¡tomá! (Le da una carta igual a la que tenía al comienzo de la acción, la que busca por todos lados y no encuentra)

JUAN.- ¡Pero, es igual!

ROBERTO.- ¿Igual a cuál?

JUAN.- A una que me dieron cuando… De veras, ¿la escribiste vos?

ROBERTO.- Si, fíjate la letra. Y me voy a casa. Se me va a enojar la patrona si sabe que vine acá y no quiero que me corte los víveres.

EULALIA.- (Entrando) ¡Ya te escuché, zorro viejo! Esperá que vamos juntos. No quiero que te me pierdas. (Por la carta) ¿Qué es eso?

JUAN.- (Absorto con la carta que no atina a abrirla, disimula) Una carta que me escribió Victoria.

EULALIA.- ¿Y no podés?...

JUAN.- ¡Mamá! Hacé de cuenta que el viejo te escribió y no se te va a ocurrir…ç

ROBERTO.- ¡Si llega a mostrar las cartas que yo le mandaba!...

EULALIA.- ¡Callate atrevido!

ROBERTO.- ¡Con la segunda carta naciste vos!

JUAN.- ¿Cada cuánto le escribías?

ROBERTO.- ¿Y vos te crees que uno nace cuando nace?

EULALIA.- ¡Me vas a hacer poner del tomate!

ROBERTO.- ¡Cómo un tomate te dejé y mirá la bestia que se engendró! 

 

EULALIA.- ¡Andá para casa! Cuidate, hijo. Y cuidala a Victoria ahora que se lleva tan bien con tu hija. Y te acomodé un poco el dormitorio. Sacá la bolsa del tacho de basura del baño tuyo. Esa misma costumbre que tiene tu padre de dejar que rebalsen los tachos.

ROBERTO.- En algo tiene que salir a mí. La primera condición que me exigió tu madre para casarse conmigo fue que yo sacara la basura, entre otras muchas cosas. ¿Querés que la saque yo ahora?

JUAN.- ¡Vayan! Yo después la saco. Hay que respetar el horario. No sea cosa que… Esto me parece haberlo vivido antes… Pero con el tacho de la cocina.

EULALIA.- Seguro está lleno también.

JUAN.- No me hagan caso. ¡Vayan! (Sale Eulalia)

ROBERTO.- Revisá los papeles antes de tirarlos. Ésta pudo aprovechar a tirar cosas que encontró en el camino.

JUAN.- Igual en el tacho del baño de mi dormitorio no hay papeles. (Lo mira al padre) Lo tiré en el tacho de la cocina. Y, ¿ella no fue a la cocina, no?

ROBERTO.- Cuando yo llegué ya estaba.

JUAN.- Ya estoy pensando idioteces. Andá viejo. (Roberto sale) Ah! Y mirá que…Me olvidé de decirle que… Bueno, después lo llamo. (Entran Marcelo, Victoria y Mariana riendo)

MARCELO.- ¿Y?... Ya está todo preparado. Por lo que veo hay más de un motivo para festejar. Menos mal que traje de sobra, imaginando que ibas a tener mucha hambre.

VICTORIA.- ¡Llamá a Filo!

MARIANA.- No, tenía un compromiso ahora. En todo caso combinamos para este fin de semana para encontrarnos y de paso le avisamos a los nonos.

JUAN.- Pero traigan todo para acá que vamos a estar más cómodos.

MARCELO. No, ya arreglamos todo en tu cocina que es amplia y somos nosotros solos. Si fuera en mi cocina, picamos de a uno, ya que tengo que entrar de costado porque de frente me choco con las paredes.

MARIANA.- Lo único Pa, sacá la basura porque está lleno el tacho y tiene feo olor. Yo voy al baño y en seguida voy. (Sale por baño)

VICTORIA.- Yo voy al baño del dormitorio mientras. (Sale por dormitorio).

MARCELO.- Yo le pongo una ficha más al parquímetro del estacionamiento y vengo. No empieces a picar hasta que estemos todos. (Sale por calle)

JUAN.- (Queda solo pensativo. Mira la carta y la abre. Comienza a leerla) “Querido hijo: quiero que sepas que he decido…” (Sigue leyendo en silencio. Sin darse cuenta enciende el televisor y se escucha la programación del canal Crónico. Sale por cocina y vuelve a entrar) ¿Por qué prendí el televisor? (Sigue leyendo) “Si prendiste el televisor, te vas a dar cuenta…” ¿Cómo sabía que lo iba a prender?... (Sale por cocina y vuelve a entrar con la bolsa de la basura mientras sigue leyendo en silencio. Se detiene delante de la puerta de calle por donde iba a salir, mientras tiempo que termina de leer la carta) “Te quiero. Tu padre”. (Se queda pensativo, a tiempo que se escuchan unos números desde el televisor: “Tres… cinco…” Sale y vuelve a entrar prestando ahora atención al televisor. “dos…”) ¡¿Qué?!... (Se escucha más números: “seis… dos…”) ¡Uno más!... ¡Uno más!... (Se apaga la luz) ¡Ahora no!... ¡Ahora no!... No me puede estar pasando esto… (Se oyen ruidos como si estuviera revolviendo cosas en la oscuridad) ¿Dónde lo puse?... ¡La basura!... ¿Dónde dejé la luz de emergencia?... ¡En la cocina!... (Se supone sale por cocina y se lo escucha en off: “Pero por qué no tiene batería si no la usé”. Se lo ve en penumbra entrando iluminado

 

con el celular en la mano) Es demasiada coincidencia. (Entran Victoria, Marcelo y Mariana, por donde habían salido)

MARIANA.- Pa, se cortó la luz…

VICTORIA.- Un festejo más romántico…

MARCELO.- ¿Qué haces ahí en el piso a oscuras?… (Vuelve la luz y los tres se quedan asombrados al verlo en el centro de la escena con toda la basura desparramada y Juan sentado en el piso)

JUAN.- No lo encontré.

MARIANA.- ¿Pero qué estás buscando en la basura? ¿Tiraste algo importante?

JUAN.- Un…

MARCELO.- Billete de lotería con un premio importante…

VICTORIA.- Dejá de jugar, juntá todo y andá a lavarte que te esperamos en la cocina.

JUAN.- Pasó que justo estaba saliendo con la basura y se cortó la luz y me tropecé y caí y se desparramó todo. Junto esto y voy.

MARIANA.- Dale, apurate.

MARCELO.- Y si encontrás el billete compartilo. ¿Te lo imaginás al Juancito millonario? ¿Quién lo aguanta?

JUAN.- Marcelo, nunca Saqué nada. Ni en la lotería de cartón…

MARCELO.- No llores que tu lotería son las mujeres que te acompañan. Mirá que dos bellezas.

MARIANA.- Mamá también lo es…

MARCELO.- Tenés razón. Pero reaccionó a tiempo. Victoria todavía no lo conoce bien.

JUAN.- No me ayudes más Marcelo.

VICTORIA.- A Juan solo le falta ser millonario para ser perfecto. Pero si lo fuera andá a saber si no me cambia él.

JUAN.- Dejen de imaginar cosas que no son ni pueden ser. Vayan que ya voy. (Salen Victoria, Marcelo y Mariana por cocina. Queda solo juntando la basura y queda un solo papel en el piso. Se vuelve y lo levanta. Hace un bollo y lo va a tirar pero se arrepiente y se lo guarda en el bolsillo. Entran Roberto y Eulalia) ¿Qué hacen ustedes acá?

EULALIA.- Tu hija que es más atenta que vos nos pidió que viniéramos. Parece que había motivos para festejar.

ROBERTO.- Y esto no es nada. (Entra Filomena)

FILOMENA.- Y no iba a faltar yo. ¿Dónde están todos?

JUAN.- En la cocina, pero díganle que vengan para acá, que vamos a estar más cómodos. (Sale por calle. Van saliendo por cocina, Filomena y Eulalia y antes de salir Roberto enciende nuevamente el televisor. Se escucha la voz del locutor diciendo: “Un solo ganador en el juego de hoy. Y se lleva el pozo más importante de los últimos tiempos”… a tiempo que entra Juan y lo escucha. Suena el teléfono. Va a atender mientras entra de cocina Roberto y se queda mirándolo)

JUAN.- ¡Hola!... (Se queda escuchando. Mira a su padre y se provoca un

APAGÓN FINAL)

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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