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MI MANO EXTRAÑA

de  Adrián Di Stefano

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica. Para leer las obras y, en su caso, guardar o imprimir, pulsa en el TÍTULO.

 

“MI MANO EXTRAÑA”

de Adrián Di Stefano

 adriandistefano@gmail.com

 

Personajes:

Alberto

Ernestina, su pareja.

Manuel, el conserje.

Beatriz, una veraneante.

Filiberto, un veraneante.

Sebastián, un corresponsal.

Mercedes, su esposa.

 

ESCENA I:

 

LA ACCIÓN TRANSCURRE EN EL HALL DE UN HOTEL. LA ENTRADA AL MISMO LA VEMOS EN PRIMER PLANO A IZQUIERDA Y LATERALES QUE CONDUCEN A INTERIORES. UN MOSTRADOR DEL CONSERJE Y ESCALERA QUE ELEVA A UN PRIMER PISO. SILLONES Y SILLAS, UNA MESA CON REVISTAS Y PERIÓDICOS, UN DISPENSER DE AGUA, UN RINCÓN CON PANTALLA Y TECLADO Y DECORACIÓN AFIN.

VEMOS EN FORMA ESTÁTICA A DISTINTAS PERSONAS. SENTADO FRENTE A LA PANTALLA ESTA FILIBERTO, DETRÁS DEL MOSTRADOR MANUEL CON UN TELÉFONO EN MANO. BAJANDO LA ESCALERA, BEATRIZ EN ROPA DE BAÑO. ENTRANDO POR LATERAL, CON VALIJAS, SEBASTIÁN Y MERCEDES. Y SENTADO EN EL SILLÓN, LEYENDO UN PERIÓDICO, ESTA ERNESTINA, TAMBIÉN CON MALLA Y SOLERO.

EN EL CENTRO DE LA ESCENA, ALBERTO IDENTIFICADO CON UN HAZ DE LUZ, ES EL ÚNICO QUE HABLA CONSIGO MISMO, COMO UNA ACCIÓN ABSTRAÍDA DEL RESTO, MIENTRAS LOS DEMÁS PERMANECEN INMÓVILES.

 

ALBERTO.- ¿Pero qué te pasa tarado? Te salvaste porque estaba lleno de gente. ¿Cómo se te ocurre tocarla a esa mina? Y el escándalo que armó. Algunos me miraron a mí pero por suerte el trastornado que estaba a mi lado tenía una pinta de zaparrastroso y se imaginaron que había sido él. ¡Qué papelón! ¿Qué tengo en la cabeza? Y lo peor es que no tomé consciencia de lo que hacía. Si Ernestina se entera me mata. Qué le digo: “No me dí cuenta, mi amor” ¡Trompada! “Te juro que fue sin querer” Me agacho y boleo de puntín… esta mano parece que no fuera mía. (SE QUEDA MIRANDOLA. CAMBIA LA LUZ Y TODOS ACCIONAN CON NORMALIDAD, EN LA MEDIDA QUE ÉL TAMBIEN SE INTEGRA A LA ACCIÓN, CADA UNO CON SUS COSAS. LOS SIGUIENTES DIÁLOGOS SON CASI SIMULTÁNEOS)

ERNESTINA.- Alberto, ¿Te enteraste del escándalo que hubo ayer en la estación? Un imbécil quiso violar a una chica.

ALBERTO.- ¿Violar? ¿En la estación? ¿A la vista de todos?

ERNESTINA.- Acá no dice dónde fue. Cuando te digo que a algunos habría que cortársela.

ALBERTO.- Mujer, seguro que los medios exageran. Andá a saber qué paso.

(SEBASTIÁN QUE ESTABA ENTRANDO AL HOTEL CON MERCEDES, TRAE CONSIGO UN ATACHE MIENTRAS ELLA ESTA CARGADA CON VARIAS VALIJAS)

MERCEDES.- No te vayas a herniar. Tomate muy en serio la recomendación de tu amigo el médico.

SEBASTIÁN.- Mercedes, no seas así. Sabés que me lo dijo en serio. Nada de fuerza, descanso, verde y silencio.

MERCEDES.- Eso último es un agregado tuyo y me involucra a mí.

SEBASTIÁN.- Tranquilidad mi amor. Y sólo te pido que me ayudes.

MERCEDES.- Y mientras tanto, ¿qué te parece si me ayudás con alguna cosita?

BEATRÍZ.- Manuel, el aire no funciona a pleno. ¿Lo puede mandar a revisar?

MANUEL.- Ya lo hicimos, señora. Y anda a pleno. La cambio de habitación.

BEATRÍZ.- No Manuel, ya estoy instalada y siempre vengo a la misma habitación. Hoy el desayuno no incluyó mi jugo y las medialunas no eran de hoy.

MANUEL.- Beatriz, por favor. Las medialunas son del día y en lo posible no diga esas cosas en voz alta. Ya sabemos de su exigente intención pero los clientes nuevos pueden pensar mal.

FILIBERTO.- ¡No!

MANUEL.- Sí, lo hacen.

FILIBERTO.- Esto es imposible.  ¿Quién inventó este juego? ¡Jamás voy a pasar de nivel! Está arreglado para que nadie gane y eso es trampa. Lo intento una vez más y cuelgo los botines. No me agarran más con esto. (BEATRÍZ SE DETIENE JUNTO AL MOSTRADOR A TIEMPO QUE SE ACERCAN SEBASTIÁN Y MERCEDES. DETRÁS DE ELLA SE HUBICA ALBERTO QUE SIN DARSE CUENTA PARECIERA QUE LA ROZA CON SU MANO IZQUIERDA MIENTRAS MERCEDES LE SONRÍE COMPLACIENTE. ESTO OCURRE MIENTRAS SE DESARROLLA EL SIGUIENTE DIÁLOGO)

ERNESTINA.- Manuel, ¿hay problemas con el aire?

MANUEL.- No, señora. Es sólo en la habitación de la señora Beatriz, pero ya fue solucionado. Y en verdad fue solo la impresión de ella, ya que no dejó de funcionar bien.

FILIBERTO.- (EXCLAMA ABSORTO EN SU COMPUTADORA) ¡Sí! Hay que protestar y todo se arregla. Ahora sí.

MANUEL.- No se arregló porque haya protestado, siempre funcionó bien.

FILIBERTO.- No, nunca lo pude lograr de una. Al cuarto o quinto intento se resuelve el problema.

MANUEL.- En cuanto la señora lo reclamó la asistimos en seguida. (SUENA EL CELULAR DE SEBASTIÁN Y SE RETIRA PARA HABLAR EN PRIVADO)

SEBASTIÁN.- ¡Hola! Si… ¿Estás seguro? Pero. ¿Hasta cuándo?... No, no puedo hablar mucho…

MERCEDES.- (DIRIGIÉNDOSE A ALBERTO) No cambia más. ¿Querés pasar?

ALBERTO.- No, ya estoy acá desde ayer.

MERCEDES.- Soy Mercedes. Que mano más expresiva que tenés.

ALBERTO.- Sí. Trabajo con las manos.

MERCEDES.- ¿Tu nombre?

ALBERTO.- Alberto. (SE DAN LA MANO, A TIEMPO QUE ALBERTO SE MIRA LA OTRA MANO)

ERNESTINA.- Alberto, ¿me traés de la cartera una de mis pastillas y un vaso de agua?

ALBERTO.- (A MERCEDES) ¡Mi señora! (SALE POR ESCALERA)

MERCEDES.- Marcación de terreno.

MANUEL.- ¿Vio Beatriz?

BEATRÍZ.- Tranquilo Manuel, que la cordialidad suya todo lo subsana y yo no paro de recomendarlo. (POR FILIBERTO) ¿Tendrá para mucho?

MANUEL.- (DIRIGIÉNDOSE HACIE ÉL) Le tengo dicho que no se pegue a la máquina. Todo el santo día igual. Filiberto, la señora necesita ver unos correos.

FILIBERTO.- Ahora no, un minuto que si interrumpo pierdo el nivel.

MANUEL.- Esa máquina no es para jugar.

FILIBERTO.- Esto es muy serio. (RESIGNADO MANUEL VUELVE AL MOSTRADOR, NO SIN ANTES AYUDAR CON LAS VALIJAS A MERCEDES)

MERCEDES.- Gracias Manuel. Bueno, como lo nombraron ya sé su nombre. El mío es Mercedes y ese que está hablando es mi marido Sebastián.

BEATRÍZ.- (PRESENTÁNDOSE) Yo soy Beatriz; mucho gusto. La van a pasar de maravillas. De todos los lugares que visité me quedo con este. Manuel es un encanto.

MANUEL.- Me lo voy a terminar creyendo.

FILIBERTO.- ¡Basta!

MANUEL.- Basta ¿por qué?

FILIBERTO.- No puede ser. ¡Imposible! (SE LEVANTA Y SALE POR CALLE EN SILENCIO)

BEATRÍZ.- (SENTÁNDOSE A LA COMPUTADORA) Es mi oportunidad. Si no aprovecho ahora está todo el día ocupada.

MANUEL.- (A MERCEDES) ¿Se van a quedar varios días?

MERCEDES.- Bueno, siempre estoy dependiendo de él.

ALBERTO.- (BAJANDO LA ESCALERA) Ernestina, no las encuentro…

ERNESTINA.- Las tenía conmigo.

BEATRÍZ.- ¡Típico!

MANUEL.- Sí, es un lugar tradicional, algo clásico y con toques típicos.

ALBERTO.- Voy por el agua. (SE DIRIGE AL DISPENSER. SIN DARSE CUENTA SIRVE AGUA Y CON LA MANO IZQUIERDA VUELCA EL CONTENIDO. LE LLEVA EL VASO VACÍO)

ERNESTINA.- Alberto, te agradezco que me traigas el vaso, pero qué te parece si lo llenás con agua.

ALBERTO.- Pero si yo lo llené. (VUELVE A HACER LA MISMA ACCIÓN)

ERNESTINA.- Alberto, de gracioso no tiene nada. Si no querías traerme agua me lo decías e iba yo a servirme (ELLA LO HACE Y ÉL SE QUEDA OBSERVANDO LA ACCIÓN)

MERCEDES.- ¡Simpático! (LO DICE POR ALBERTO Y MANUEL LO TOMA POR ÉL)

MANUEL.- Bueno, gracias. Trato de agradar en lo posible. Y más con las damas, por supuesto. (ALBERTO TOMA LA CARTERA DE SU ESPOSA CON LA MANO IZQUIERDA Y SALE POR ESCALERA. CUANDO ERNESTINA VUELVE BUSCA SU CARTERA Y NO LA ENCUENTRA)

ERNESTINA.- Manuel, ¿no vio dónde puse mi cartera? No vi que haya entrado nadie más que ellos así que no la pueden haber sacado.

MERCEDES.- Su marido se la llevó para arriba.

ERNESTINA.- Es tan gracioso. Y lo peor es que se lo cree. (MARCA UN NÚMERO EN SU CELULAR. ENTRA SEBASTIÁN.)

SEBASTIÁN.- ¿Ya arreglaste todo?

MERCEDES.- ¿Y vos?

SEBASTIÁN.- No, no sé hasta cuándo me voy a poder quedar.

MERCEDES.- Vos andá y yo te espero.

SEBASTIÁN.- Pero esta vez quería que fuera distinto.

MERCEDES.- Relajate y disfrutá el tiempo que sea. Hoy estás y mañana ya veremos.

SEBASTIÁN.- Es muy fácil decirlo.

ERNESTINA.- (HABLANDO A SU CELULAR) Alberto, ¿me podés traer la cartera?... Sí, te vieron subirla. Buscá por ahí… No, Alberto, yo no fui. Vos la subiste. (SE VUELVE A SENTAR EN EL SILLÓN.)

MANUEL.- Listo señora Mercedes, señor Sebastián

SEBASTIÁN.- Sabía que era famoso pero no para tanto. No puedo lograr pasar desapercibido.

MERCEDES.- (CON SORNA) El señor te reconoció, tu destino es así y es tu cruz.

MANUEL.- Firme aquí señor Sebastián.

SEBASTIÁN.- Tendría que haber elegido una firma más corta. Cuando hay muchos para firmar se me acalambra la mano.

MERCEDES.- Pero es la mano derecha, si fuera la izquierda habría que preocuparse (ALBERTO BAJA LA ESCALERA MIRÁNDOSE LA MANO IZQUIERDA)

ALBERTO.-  No, no es que me preocupa pero por momentos… Perdón, creí que me estaban hablando a mí.

SEBASTIÁN.- ¿Es en el primer piso, no? Te espero arriba Mercedes. (SUBE Y SALE)

MANUEL.- Yo la ayudo con las valijas.

ALBERTO.- No, deje Manuel; yo la ayudo.

ERNESTINA.- Alberto, ¿y mi cartera?

ALBERTO.- La traía conmigo. Ahora subo y te la traigo.

MERCEDES.- Gracias Alberto. Sos muy amable. (ALBERTO TOMA CADA VALIJA CON UNA MANO)

MANUEL.- Es la habitación ciento treinta y dos. Arriba la esperan con la llave.

BEATRÍZ.- Manuel, ¿hay conexión?

MANUEL.- Imagino que sí Beatriz.

BEATRÍZ.- ¿Puede venir un momento?

ERNESTINA.- Apurate Alberto.

ALBERTO.- Si, mujer. (SUBE LA ESCALERA CON MERCEDES A TIEMPO QUE LA VALIJA QUE TIENE CON LA MANO IZQUIERDA LA DEJA EN UN ESCALON SIN DARSE CUENTA. SALEN POR ARRIBA. ENTRA FILIBERTO CON UN SANDWICH Y UNA BEBIDA Y SE PARA CERCA DE LA COMPUTADORA COMO ESPERANDO)

ERNESTINA.- ¡Siempre tengo que pedirle varias veces las cosas!

MANUEL.- ¿Qué problema tiene Beatriz?

BEATRÍZ.- No sé, se me cuelga esta cosa (FILIBERTO SIGUE ESTA SECUENCIA DE DIÁLOGO MIENTRAS BEBE Y COME)

MANUEL.- Apriete acá Beatriz.

BESTRÍZ.- Y eso ¿qué es?

MANUEL.- ¡Magia Beatriz! Me llaman dedos brujos. (VUELVE AL MOSTRADOR Y LUEGO SALE AL INTERIOR)

ERNESTINA.- Voy a tener que ir yo a buscarlo.

SEBASTIÁN.- (BAJANDO MIENTRAS ERNESTINA SUBE) A su marido lo vi entrar y salir varias veces de su habitación. (ELLA SALE POR ARRIBA) ¡Querida! (DIRIGIÉNDOSE A SU ESPOSA QUE NO ESTÁ EN ESCENA) La valija está acá. Vení a buscarla. (MARCA SU CELULAR Y QUEDA EN LA PUERTA ESPERANDO. APARECE POR ARRIBA MERCEDES.)

MERCEDES.- No te vayas a poner nervioso (APARECE ALBERTO POR ARRIBA)

ALBERTO.- Perdón, Mercedes. Fue una torpeza mía. Ya se la llevo. Sólo bajo un instante que mi mujer se olvidó un chal ahí abajo (BAJA, TOMA EL CHAL CON LA MANO DERECHA PERO LO VUELVE A DEJAR CON LA IZQUIERDA)

MERCEDES.- (DIRIGIÉNDOSE A SEBASTIÁN) ¿A quién estás llamando?

ALBERTO.- A nadie… Perdón, creí que me hablaba a mí. (ESTÁ CERCA DE FILIBERTO A QUIEN, SIN DARSE CUENTA, LE SACA EL SANDWICH MIENTRAS ÉL BEBE, Y COME UN TROZO)

FILIBERTO.- Se me cayó el sándwich…

ALBERTO.- No, lo tengo yo. (LO TOMA CON LA OTRA MANO Y SE LO DEVULVE, ALGO REDUCIDO. FILIBERTO LO MIRA Y SE SORPRENDE)

SEBASTIÁN.- No tengo señal. (ENTRA MANUEL Y LE HABLA A ÉL) ¿Puede ser que no haya señal?

MANUEL.- Imposible. Pero vaya ahí fuera a ver si no es su línea.

ALBERTO.- (SUBIENDO SIN EL CHAL QUE VOLVIO A TOMARLO Y DEJARLO NUEVAMENTE) Tarea completa. (TOMA LA VALIJA) No vamos a dejar por la mitad las cosas, ¿no?

MERCEDES.- No, por supuesto que no. (SALEN POR ARRIBA)

FILIBERTO.- (MIENTRAS BEATRÍZ ESCRIBE MUY DESPACIO) Señora, ¿no quiere dictarme? Voy a escribirle algo más rápido.

BEATRÍZ.- Quiero asegurarme de escribir bien, me molestan las faltas de ortografía.

FILIBERTO.- Pero la máquina le avisa cuando las hay.

BEATRÍZ.- ¡Lo único que falta! ¡Que esto me hable!

FILIBERTO.- Se lo pone en rojo.

BEATRÍZ.- Casi todas las palabras están escritas en negro y rojo.

ERNESTINA.- (BAJANDO SEGUIDA DE ALBERTO) No sé por qué hoy estás tan distraído. Te pedí las pastillas, el chal. No deberías empezar a tomar esa pastillita para la memoria, en lugar de las que tomás por las dudas.

ALBERTO.- Por las dudas lo único que tomo es una aspirineta y además: porque me gustan.

ERNESTINA.- Y abrochate esa camisa que no me gusta que estés todo despechugado.

ALBERTO.- Pero si me la abroché (LA TIENE COMPLETAMENTE DESABROCHADA. COMIENZA A ABROCHARSE CON LA DERECHA Y DESABROCHARSE CON LA IZQUIERDA)

ERNESTINA.- Voy hasta la farmacia y vengo. No hagas nada de lo que te puedas arrepentir.

ALBERTO.- ¿A qué te referís?

ERNESTINA.- No sé, tirar las flores del florero, sacar los papeles del tacho de basura. Hacer avioncitos con las hojas del diario… (CUANDO ESTÁ POR SALIR, ENTRA SEBASTIÁN DE LA PUERTA DE CALLE, MERCEDES POR ARRIBA Y MANUEL DE INTERIOR. ALBERTO QUEDA DENTRO DEL HAZ DE LUZ DEL PRINCIPIO Y ES EL ÚNICO QUE ACCIONA MIENTRAS EL RESTO QUEDA INMÓVIL)

ALBERTO.- (MIRÁNDOSE LA MANO IZQUIERDA Y COMO HABLÁNDOLE) Ya descubrí tu juego. ¿Qué te pasa? ¿Qué te proponés? No me estás dando bola y estás constantemente metiéndome en problemas. Lo de ayer fue, evidentemente, un anuncio pero ahora te descubrí. ¡Contestame! Alberto, vos no estás bien. Le estás hablando a una mano. Pero es que no me responde. No parece mía. Tengo la sensación que mi cuerpo, de este lado, termina en la muñeca. Esa mano no es mía. A ver: ráscame la nuca, mostrame las uñas… ¿no ves? No me da bola. (LA MANO IZQUIERDA LE PEGA UN CACHETAZO) ¡¿Qué haces?! (SE GOLPEA LA MANO CON LA MANO DERECHA) Pará un cacho. Se te está yendo la mano.  ¡Y claro! Obvio. A mí, se me va la mano. En cualquier comento sale caminando con los dedos y me quedo manco. (SE RASCA LA SENTADERA CON LA MANO IZQUIERDA) ¡¿Qué hacés?! Si no me pica. Ésta me va a hacer pasar un papelón en público. La única solución es atarla. La voy a enganchar con el cinturón y la dejo en el bolsillo (LO HACE) Seguro que en unos días se me pasa. (CAMBIA LA LUZ Y TODOS VUELVEN A LA NORMALIDAD. MANUEL ABSORTO EN SUS COSAS DETRÁS DEL MOSTRADOR. ERNESTINA SALE. BEATRÍZ DEJA LA COMPUTADORA Y SALE POR CALLE, SEBASTIÁN SUBE Y SALE. MERCEDES SE ACERCA A ALBERTO Y FILIBERTO SE SIENTA EN LA COMPUTADORA.)

MERCEDES.- ¿Tenés hora, Alberto?

ALBERTO.- (INSTITIVAMENTE QUIERE VER LA HORA EN SU RELOJ, PERO AL TENER TRABADO EL BRAZO NO PUEDE HACERLO) Si… Eh! No… Es mejor no estar pendiente de la hora. El verdadero descanso empieza al quitarse el reloj y dejarse llevar por el instinto.

MERCEDES.- No está nada mal el consejo. Lo voy a poner en práctica. Y el instinto me dice que vamos a ser buenos amigos.

ALBERTO.- Me di cuenta de entrada.

MERCEDES.- (AL NOTAR SU MANO EN EL BOLSILLO) ¿La tenés en penitencia?

ALBERTO.- Si… no. Es que me doblé la muñeca y la única forma de tenerla inmovilizada es trabándola y colgada con un pañuelo es incómodo. Pero bueno, tampoco tiene que estar siempre así (LIBERA SU MANO) Por un rato le permito moverse.

MERCEDES.- Tus manos son muy expresivas y dicen mucho por vos. Tengo algo de práctica en quiromancia. ¿Querés que te lea las manos?

ALBERTO.- Sí. (LE DA SU MANO DERECHA)

MERCEDES.- No. Necesito tu mano izquierda.

ALBERTO.- ¿Y no es lo mismo con la derecha?

MERCEDES.- Las líneas que marcan tu destino están en la mano izquierda.

ALBERTO.- Entonces te doy la mano izquierda (MANUEL SALE DE ESCENA PARA NO VER ESTA ESCENA).

MERCEDES.- (OBSERVANDO ATENTAMENTE LA MANO DE ALBERTO) Uhm! Muy interesante. (ALBERTO QUE ESTABA MIRANDO SU MANO LEVANTA LA VISTA PARA VERLA A ELLA Y CUANDO LO HACE SU MANO PELLIZCA LA MANO DE MERCEDES QUE LEVANTA LA VISTA Y SE CRUZA CON LA MIRADA DE ÉL) Esa mano es algo pícara.

ALBERTO.- Lo vengo notando… No, por favor. Fue solo un chiste. ¿Te hizo algo?

MERCEDES.- Me pellizcó.

ALBERTO.- ¿Ella?

MERCEDES.- No, vos. (SE QUEDAN MIRÁNDOSE) Si, claro… yo. ¡Perdón! (AHORA LA MANO IZQUIERDA LA ACARICIA. ELLA MIRAS LAS MANOS, CUANDO LO HACE ÉL SE PEGA A SI MISMO) No fui yo quien te pegó. Fue ella misma.

ALBERTO.- Yo tendría que haberle pegado a ella y vos también.

MERCEDES.- ¿No será que ella no quiere que le vea su destino? O vos. Bueno, ya no sé a quién hablarle. No deja de ser tu mano y este juego me parece de lo más atractivo.

ALBERTO.- Bueno, las manos también tienen derecho a hacer lo que quieran.

MERCEDES.- Puede ser algo peligroso. Hasta ahora me pellizcó, me acarició y te pegó. ¿Vos tenés injerencia en alguna de sus reacciones? (EN TODO ESTE DIÁLOGO ELLA LO TOMA COMO UN JUEGO DE SEDUCCIÓN).

ALBERTO.- En ninguna…Menos en la primera y la tercera.

MERCEDES.- ¿Y en la segunda?

ALBERTO.- Se me fue la mano. Por eso en la tercera lo hice por vos.

MERCEDES.- No hacía falta. Solo que nos entretuvimos y no pude ver tu futuro. Lo que vi a primera vista me impactó.

ALBERTO.- En mi cara. Digo, el tortazo.

MERCEDES.- Lo tendremos que dejar para dentro de un rato. (SE ESTAN MIRANDO. LA MANO IZQUIERDA DE ÉL TOMA LA MANO DE ELLA, QUIEN TRATA DE DISIMULAR) Tengo que irme.

ALBERTO.- Y está bien.

MERCEDES.- Necesito que me sueltes.

ALBERTO.- (LO HACE) Perdón. Estaba muy relajado con la conversación.

MERCEDES.- Si, yo también. Pero la seguimos más tarde. Quiero revisar bien esa mano.

ALBERTO.- Ojalá descubra qué le pasa… (GESTO DE ELLA) digo, que siempre me interesó saber sobre su futuro… mi futuro. (ELLA SALE POR CALLE A TIEMPO QUE ENTRA ERNESTINA Y SE UBICA FRENTE A ALBERTO. ENTRA MANUEL QUE LOS OBSERVA)

MANUEL.- Pero… No entiendo nada. (QUEDA DETRÁS DEL MOSTRADOR. FILIBERTO SE LEVANTA)

FILIBERTO.- Manuel, ¿puedo dejarlo abierto? Necesito ir al baño.

MANUEL.- Alguien la puede necesitar. Cerrá y volvé a abrir. (FILIBERTO LO HACE)

FILIBERTO.- ¿Quién inventó las ganas de ir al baño?

MANUEL.- El que inventó los inodoros.

ERNESTINA.- ¿Pensás quedarte mucho tiempo parado ahí?

ALBERTO.- Estoy esperando saber qué vas a hacer.

ERNESTINA.- ¿Hiciste algo indebido?

ALBERTO.- Si; pellizqué, acaricié a una mujer y me castigué.

ERNESTINA.- ¡Qué gracioso! (SUBE Y SALE)

ALBERTO.- No logro que me crea cuando le digo la verdad. (ENTRAN BEATRIZ,  MUY DIVERTIDA CON SEBASTIÁN DETRÁS.

BEATRIZ.-  ¡Ja, Ja! Muy ocurrente. No se me había ocurrido.

SEBASTIÁN.- Y eso no es nada. Si te contara como sigue…

BEATRIZ.- Ay, no… que me suben los calores.

SEBASTIÁN.- Eso es natural en verano.

BEATRIZ.- Pero después protesto porque el aire no enfría bien.

MANUEL.- Beatriz, ¿otra vez con el aire?                                                     

BEATRIZ.- No, Manuel, aún no subí. Después le confirmo. Es que vengo acalorada. Después me seguir contando (POR SEBASTIÁN. SUBE Y SALE)

SEBASTIÁN.- ¿Puedo ocupar la computadora?

MANUEL.- Apúrese a sentarse. (SEBASTIÁN LO HACE) ¡Alberto! (LO LLAMA. ESTE SE ACERCA AL MOSTRADOR) Perdón, la indiscreción. ¿Pero usted estaba hablando con Mercedes o con su esposa?

ALBERTO.- Con Mercedes, ¿por qué?

MANUEL.- Soy una tumba. Pero como lo vi tomarle la mano y después la vi a su esposa, no sabía si lo había imaginado o era así.

ALBERTO.- Mi mano tomó su mano, yo no.

MANUEL.- ¡Ah! Claro… ¿Y, no es lo mismo?

ALBERTO.- No, o sí. Pero a veces no me hago cargo de lo que hace. (SUBE Y SALE) MANUEL SE QUEDA MIRÁNDOLO)

MANUEL.-  ¡Qué buena idea me dio! A ver vos, che. (DIRIGIÉNDOSE A SU MANO DERECHA) Te doy permiso para hacer lo que quieras. ¡Pero elegí bien, eh! (SE PONE LA MANO EN EL TRASERO) Usted disculpe, señora, pero yo no tengo nada que ver. Ella solita se depositó ahí. (ENTRA MERCEDES Y SE QUEDA OBSERVÁNDOLO SIN SER VISTA POR ÉL) Es una atrevida y se lo tengo dicho, pero no puedo controlarla. Es la época alocada que nos toca vivir. En un ratito se cansa y la deja tranquila… (SE DA CUENTA QUE MERCEDES LO ESTA OBSERVANDO)  Mi gatita. Que siempre le come la comida a la gata de la vecina. Es un problema entre gatos, no hay que hacerse malasangre. Se me trabó el reloj, justo cuando quería sacar el pañuelo de mi bolsillo trasero.

MERCEDES.- ¿Lo ayudo?

MANUEL.- No, ya está. (SACA SU MANO Y VE QUE NO TIENE RELOJ. SE TAPA LA MUÑECA) Me quedó doliendo la muñeca. No vaya a creer que es por doblar la muñeca. (HACE GESTO AFEMINADO Y SE RIE DE SU PROPIO CHISTE MIENTRAS MERCEDES PERMANECE SERIA).

MERCEDES.- Manuel, si doblara la muñeca no sería un motivo de risa. Algo normal en los tiempos que corren.

MANUEL.- Pero, ¡qué va a ser normal!... No, si, tiene razón. Los anormales somos nosotros los normales.

MERCEDES- Déjelo ahí, Manuel. No quiera arreglarlo. ¿No vio a mi marido?

SEBASTIÁN.- (DESDE LA COMPUTADORA) ¡Aquí estoy!... ¿Lo conseguiste?

MERCEDES.- Sí. ¿Y vos? ¿Qué novedad tenés?

SEBASTIÁN.- Ninguna. Probé con la mujer que nos cruzamos contarle la historia y le causó mucha gracia y eso que no avancé demasiado.

MERCEDES.- Hacés mal en divulgarlo.

SEBASTIÁN.- Sólo una punta. Me va a insistir en que siga, me lo imagino, pero no lo voy a hacer. A vos, ¿cómo te está yendo?

MERCEDES.- ¡Bien! Dame más tiempo. (ALBERTO BAJA SEGUIDO POR ERNESTINA)

ALBERTO.- No, mujer. Yo no tiré nada.

ERNESTINA.- Estaban todas mis pastillas en el inodoro. (ALBERTO AL PASAR POR EL MOSTRADOR TIRA CON LA MANO IZQUIERDA LOS PAPELES QUE ESTÁN ENCIMA)

ERNESTINA.- Tené cuidado. (VE LOS PAPELES EN EL SUELO)

ALBERTO.- Yo no los tiré. (MANUEL SE ADELANTA Y VA A LEVANTARLOS)

MANUEL.- No es nada, señora. (AL AGACHARSE, LA MANO IZQUIERDA DE ALBERTO LO ROZA) ¡Ehhh!... (SE LEVANTA DE GOLPE)

MERCEDES.- (QUE VIÓ LA SECUENCIA) ¿Le ocurre algo Manuel?

MANUEL.- No, sólo que me pareció…

ERNESTINA.- No le pareció Manuel, lo hizo a propósito.

MANUEL.- Alberto, no se confunda.

ALBERTO.- Yo no estoy confundido, estoy seguro.

MERCEDES.- ¿Vio Manuel?

MANUEL.- Yo no vi nada. ¿Usted qué vio?

ERNESTINA.- Lo que vimos todos, Manuel.

MANUEL.- Ya vuelvo. (SALE POR INTERIOR)

ERNESTINA.- ¿Te das cuenta lo que hiciste?

ALBERTO.- ¿Y yo que hice ahora?

MERCEDES.- No le hagas caso. Vos no tenés nada que ver. Todo es cuestión de asumir ciertas cosas y nada más. (ALBERTO SE MIRA SU MANO. APARECE BEATRÍZ VESTIDA MAS ATREVIDA. MERCEDES SE MIRA CON SEBASTIÁN. ERNESTINA SUBE, A TIEMPO QUE ENTRAN FILIBERTO Y MANUEL Y QUEDAN TODOS ESTÁTICOS MIENTRAS ALBERTO DE UBICA DEBAJO DEL HAZ DE LUZ Y ACCIONA SOLO)

ALBERTO.- ¿Pero qué te pasa? (LA MANO IZQUIERDA LE PEGA UNAS CUANTAS BOFETADAS) ¿Terminaste? (LE VUELVE A PEGAR) ¡Dale, total es gratis! (NUEVAMENTE LE PEGA. ALBERTO LA AGARRA CON LA OTRA MANO PARA QUE SE DETENGA) Oíme bien, mano imbécil, te voy a cortar, ¿me entendés? (LA MANO INTANTA COMO ALEJARSE) No. Te quedás quieta y me oís. Me estás haciendo quedar mal. Mercedes me parece que se dio cuenta de algo y… ¿qué le voy a decir?...” esta mano es ajena. Yo no soy…” Pará Alberto. Te estás trastornando. Le estás hablando a la mano. ¿Y si le consulto? Ella dijo que era psicóloga y sabía de quiromancia. En una de esas me puede explicar qué me pasa con esta mano. ¿Tendré un principio de Alzheimer manual o esquizofrenia reprimida? (LA MANO SE PONE A HACER MOVIMIENTOS SUAVES Y AFEMINADOS) ¿Qué hace? ¡Pará loca, que si llegan a ver me van a confundir a mí! Lo único que me falta. (LA MANO SE RASCA LA CABEZA. ABRE EL BRAZO, LO CRUZA, VA HACIA ADELANTE Y LA OTRA MANO TRATA DE ATRAPARLO. EL ÚLTIMO MOVIMIENTO ES SOBRE SUS GENITALES, CUANDO CON UN GOLPE, LA OTRA MANO LO DETIENE GOLPEÁNDOSE MUY FUERTE) ¡Ay! (CON ESTE GRITO VUELVEN TODOS A LA ACCION MIRANDO TODOS A ALBERTO QUE SE ENCUENTRA EN UNA POSTURA INCÓMODA. PAUSA. ÉL SE ESTABILIZA Y DISIMULA SU ACTITUD A TIEMPO QUE BEATRÍZ VA A SERVIRSE AGUA Y SE PARA AL LADO DE SEBASTIÁN. A SU LADO SE PARA FILIBERTO COMO ESPERANDO SU TURNO PARA LA COMPUTADORA A TIEMPO QUE ERNESTINA SALE POR ARRIBA Y MANUEL, QUE HABÍA ENTRADO CON UNA FOTO DE SU ESPOSA, LA COLOCA EN EL MOSTRADOR. MERCEDES, QUE ESTABA PARADA CERCA, LO MIRA EXTRAÑADA A TIEMPO QUE MANUEL EXCLAMA)

MANUEL.- ¡Mi señora!

MERCEDES.- ¡Ahh! claro. (A ALBERTO) Es la esposa.

ALBERTO.- Sí, la conocí. Pobre, murió hace unos años.

MANUEL.- Pero le sigo siendo fiel.

MERCEDES.- Por su bien Manuel, guarde la foto y en la mesita de luz ubíquela de espalda.

MANUEL.- ¿Sabe cómo me llamaba?

MERCEDES.- No.

MANUEL.- “Rompeportone”. Yo le pedí que saque la “s”. ¡Rompeportone!

MERCERDES.- Sin, “s”.

MANUEL.- Ese, digo sí.

MERCEDES.- Qué notable. Estoy admirada por el cambio que experimentó.

MANUEL.- Yo no cambié.

MERCEDES.- Pero, Manuel, si le sigue siendo fiel, él, bueno usted, ya no rompe más portone… sin “s”. (EN TODO ESTE DIÁLOGO QUE MERCEDES SEGUIRÁ CON UNA ATENCIÓN DIVIDIDA ENTRE MANUEL Y ALBERTO, ÉSTE ÚLTIMO SE TOMARÁ LA MANO IZQUIERDA CON LA MANO DERECHA VARIAS VECES, HASTA QUE SIN DARSE CUENTA, EN SU LUGAR TOMARÁ LA MANO DE MERCEDES Y ASÍ QUEDARÁ) ¿No, Alberto?

ALBERTO.- ¡Eh!... ¡Ah, sí!... (SE MIRAN A LOS OJOS Y CUANDO SE DAN CUENTA QUE ESTAN TOMADOS DE LA MANO SE SUELTAN)  La quise proteger, por si Manuel se decidía a seguir rompiendo portone…”s” (AMBOS LO REPITEN ÉL CON “S” Y ELLA SIN “S”)

SEBASTIÁN.- (MOSTRÁNDOLE LA PANTALLA A BEATRIZ) ¿Ves lo que te digo? Mirá… (BEATRIZ LO HACE)

BEATRIZ.- ¡Atrevido! (FINGIDAMENTE SE RUBORIZA A TIEMPO QUE ESTO LLAMA LA ATENCIÓN DE FILIBERTO QUE INTENTA VER MIENRAS ELLA SE LO IMPIDE) Pero esto no es para que lo vea cualquiera (LO DICE CON DOBLE INTENCIÓN)

SEBASTIÁN.- Por supuesto Beatriz. Solo te lo muestro a vos. A pesar del poco tiempo que te conozco algo me dice que vamos a ser muy buenos amigos.

BEATRIZ.- Más que amigos… (ANTE LA MIRADA DE ÉL) ¡Como hermanos! ¡Ay, me entró una basurita en el ojo! Ay, me molesta… (SEBASTIÁN SE LEVANTA PARA SOPLARLE EL OJO MUY CERCA DE ELLA Y FILIBERTO SE SIENTA A LA COMPUTADORA PONIENDO CARA DE ASOMBRO POR LO QUE VE. SACA UN CHICLE Y LO MASTICA MUY MARCADAMENTE)

SEBASTIÁN.- Dejame ver. Ay, está muy adentro. No va a salir soplándola. Tal vez con la punta del pañuelo, muy despacio. ¿Te animás a que la saque?

BEATRIZ.- ¡Sacala por favor! (QUEDAN MUY CONCENTRADOS EN ESA ACCIÓN)

MERCEDES.- (A ALBERTO) Metela, la “s”. Sino suena mal.

ALBERTO.- Claro, la tengo que meter.

ERNESTINA.- (BAJANDO) ¿Dónde metiste mis auriculares?

ALBERTO.- Pero, ¿por qué lo tuve que meter yo en algún lado? ¿Todo lo que te falte lo tuve que haber tocado, tirado o escondido yo?

ERNESTINA.- Es que últimamente estas más distraído que nunca y estas cometiendo muchas torpezas juntas. (GESTUALIDAD DE MERCEDES A ALBERTO COMO DICIENDO: “NO LE HAGAS CASO”)

ALBERTO.- Ernestina, la última vez que los vi, estaban en la cama.

ERNESTINA.- Pues no están en la cama. Fijate si no los tenés encima.

ALBERTO.- (ALBERTO SE TOCA EL BOLSILLO CON LA MANO DERECHA. AL VER QUE LA OTRA MANO SE QUEDA QUIETA, DISIMULADAMENTE ACOMPAÑA EL MOVIMIENTO DE ESTA MANO CON LA OTRA) No tengo nada mujer.

ERNESTINA.- Manuel, ¿no tiene un auricular para prestarme? (ALBERTO SIN SER VISTO POR ERNESTINA CON SU MANO DERECHA SACA DE SU BOLSILLO OPUESTO EL AURICULAR Y LO COLOCA EN SU  OTRO BOLSILLO, MERCEDES LO NOTA)

MERCEDES.- Yo tengo uno en mi habitación y no lo uso. Yo te lo presto. Alberto, ¿le decís a mi esposo que lo espero en el cuarto? (DISIMULADAMENTE LE SACA EL AURICULAR DEL BOLSILLO) Vení conmigo Ernestina (SUBEN Y SALEN)

ALBERTO.- (LLEVÁNDOSE LA MANO DERECHA AL BOLSILLO) Me querés decir… (NOTA QUE NO ESTÁ EL AURICULAR) Pero, yo lo puse aquí… Pero qué me pasa que no sé dónde la meto.

MANUEL.- (SE SORPRENDE POR LO QUE OYE) Eso es peligroso Alberto. Yo también te vengo notando algo distraído y si reconocés que no sabes dónde la estas metiendo, te sugiero…

ALBERTO.- No, Manuel, me refiero a… que solo la puse con la mano…

MANUEL.- Hombre a tu edad…

ALBERTO.- Dejalo ahí, Manuel. (SE ACERCA A SEBASTIÁN) Sebastián, dijo tu mujer que te espera en la habitación (AL DECIRLE ESTO, SEBASTIÁN FINGIDAMENTE SE ASUSTA Y QUEDA COMO ABRAZADO CON BEATRIZ)

SEBASTIÁN.- Ahí está… salió… Mirá que estaba metida adentro. Por suerte la pude sacar. (MANUEL QUE SE HABÍA AGACHADO COMO ACULTO DETRÁS DEL MOSTRADOR EMERGE, CON CARA DE ASOMBRO)

BEATRIZ.- ¡Ah! Gracias Sebastián. No sabés lo aliviada que me siento.

FILIBERTO.- ¡Si, lo logré! ¡Cómo me excita todo esto!

SEBASTIÁN.- Ya vuelvo. (SUBE Y SALE)

BEATRIZ.- Manuel, si preguntan por mí, que me aguarden. Llego al momento (SALE POR CALLE)

MANUEL.- No estás cansado Filiberto. Es hora de dejar un poco esa máquina.

FILIBERTO.- Justo ahora que pasé de nivel…

MANUEL.- Ya te dije que eso no es para jugar.

ALBERTO.- (FILIBERTO SALE POR INTERIOR. ALBERTO SE ACERCA AL MOSTRADOR) Manuel, ¿te puedo hacer una pregunta?

MANUEL.- Si, por supuesto.

ALBERTO.- Dame tu mano. (MANUEL LO MIRA CON DESCONFIANZA PERO SE DAN LA MANO DERECHA) Ahora dame la otra (MANUEL DUDA PERO SE DAN LA MANO IZQUIERDA. MERCEDES QUE ENTRA POR ARRIBA, SE QUEDA OBSERVADO ESTA ESCENA) ¿Notás alguna diferencia?

MANUEL.- No, es decir sí. Tu mano izquierda la siento como más callosa, como con dureza. La otra no.

ALBERTO.- ¿Es solo una sensación o verdaderamente la sentís así?

MANUEL.- A ver, dejame concentrar. (AL HABERSE SOLTADO ALBERTO LE MUESTRA LA MANO DERECHA Y CON ESFUERZO Y VERGÜENZA LA MANO IZQUIERDA) Ves, a simple vista son iguales. Pero esa mano (POR LA IZQUIERDA) la noté fría, como distante, como si no fuera tuya. La apreté y como si nada. Dámela de nuevo… la mano. (SE DAN LA MANO Y AHORA LA MANO IZQUIERDA APRIETA LA MANO DE MANUEL) ¡Ay! No he dicho nada de malo.

ALBERTO.- ¿Qué te hizo?

MANUEL.- Vos me hiciste. Me apretaste la mano.

ALBERTO.- Yo no te apreté nada… No, si…Tenés razón. Quería comprobar si apretándola sentías la mano.

MANUEL.- Bueno, hombre. Si me ibas a apretar me avisabas antes y me relajaba. Quiero decir, que no oponía resistencia… como ese dicho… (QUIERE HACER UNA BROMA PERO SE RECOMPONE AL NO SER CORRESPONDIDO POR ALBERTO. MERCEDES BAJA OSTENSIBLEMENTE)

MERCEDES.- Es lo que yo digo… Alberto, ahora vuelvo y quiero preguntarte algo. Tranquilo Manuel, que es lo más normal del mundo (SE LO DICE CON INTENCIÓN. SALE POR CALLE)

ALBERTO.- Dejalo así, Manuel.

MANUEL.- Hoy no es mi día (SALE POR INTERIOR. ALBERTO SE QUEDA SOLO. SE SIENTA EN LA COMPUTADORA Y ESCRIBE ALGO A TIEMPO QUE ALGO PASA) Uy, ¿qué toqué? Que no le haya pasado nada. (SE LEVANTA Y SE DIRIGE AL BEBEDERO DE AGUA Y SE SIRVE CON LA MANO IZQUIERDA. NO SALE AGUA) Pero, ¿por qué no sale agua? Yo no le hice nada. (SE ACERCA AL MOSTRADOR Y LLAMA A MANUEL) ¡Manuel…Manuel!... (TOMA EL TELEFONO) El teléfono no tiene tono… (NO APARECE NADIE.TOMA SU CELULAR. INTENTA HACER UNA LLAMADA Y COMIENZA A GOLPEAR SU CELULAR) Pero, ¿qué le pasa? Se colgó… (SE ASOMA A INTERIOR, SUVBE Y SALE, PERO VUELVE A ENTRAR DE GOLPE) Parece como si se hubieran ido todos. (SE ACERCA A LA CALLE. SALE Y ENTRA) Pero, ¿qué pasa? (SE MIRA LA MANO) Dale, aprovechá que estamos solos. ¿Con qué te la vas a agarrar ahora? ¿Tenés previsto estrangular a alguien? No, claro. Eso es imposible porque necesitarías la complicidad de la otra mano. Pero, ¿sabés qué? No te pienso ayudar. Así que si querés, agarrá un cuchillo… No, ni se te ocurra. No jugués con cosas peligrosas. Rompé todo lo que quieras pero no pases de la raya. Voy a hablar con Mercedes. No aguanto más esta locura… (SE PRODUCE UN APAGÓN. HABLA EN OSCURO) ¿Y ahora esto? Pero no, no puede estar pasando. Seguro que en un rato, en el peor momento me despierto, y todo es parte de una pesadilla. Cuántas veces te pasó que soñabas que te robaban el coche, estabas con alguien en el mejor momento y de golpe abrías los ojos. En un caso te aliviaba y en el otro cerrabas los ojos para ver si podías retomar el sueño. ¡Volvé luz! Pero que… ¿me dejaron solo? ¿Y ni una mísera luz de emergencia a mano? Voy a hacer el reclamo. Un fósforo, un encendedor… ¡el celular! Con eso puedo ver algo. (LO ABRE CON LA MANO DERECHA Y LO CIERRA CON LA IZQUIERDA. REPITE) ¿Pero por qué se apaga? ¡Ah, sos vos! Si encontrara una soga te ato al cuerpo. (VUELVE A ABRIR EL MOVIL Y ALEJA LA MANO DERECHA DE LA OTRA. BUSCA POR TODOS LADOS) ¿Pero dónde se metieron todos? Esto no es real. Este chico salió por acá. (SALE POR INTERIOR Y VUELVE) No lo veo. Y Manuel por acá. (SALE Y ENTRA) Tampoco. Esta señora se fue a la calle… no, no salgo, no sea cosa que no vea a nadie en la calle y me hayan tele transportado a un lugar igual en Marte. ¿Es de un libro de Bradbury? Algo de Crónicas Marcianas en donde te parece estar pero no estás. ¡Qué actor Rod Hudson! ¡Tamaña facha y era…! ¡Pero qué me importa ahora! Solo quiero saber qué me está pasando. ¡Volvé luz! A ver vos… (LE HABLA A SU MANO IZQUIERDA) Hacé algo ya que no me hacés caso. (VUELVE LA LUZ. ESTA EN EL CENTRO DE LA ESCENA CON LA MANO IZQUIERDA LEVANTADA. MIRA SU MANO A TIEMPO QUE ENTRAN TODOS POR DONDE SALIERON. SE QUEDAN MIRÁNDOLO. TODOS MIRAN SU MANO, QUE ÉL BAJA CON LA OTRA. CADA UNO SIGUE SU ACCIÓN. FILIBERTO VA A SENTARSE A LA COMPUTADORA, MANUEL SE UBICA DETRÁS DEL MOSTRADOR, BEATRÍZ ENTRA POR CALLE Y SUBE, ERNESTINA, MERCEDES Y SEBASTIÁN BAJAN. ESTE ÚLTIMO CRUZA MIRADA CON BEATRÍZ)

FILIBERTO.-Manuel, no funciona la computadora.

ERNESTINA.- (QUE SE DIRIGIÓ A SERVIRSE AGUA DEL BEBEDERO) Manuel, no anda el bebedero.

BEATRÍZ.- (ASOMÁNDOSE POR ARRIBA) Manuel, el aire no anda. (MERCEDES SE ACERCA A ALBERTO Y LE DICE ALGO POR LO BAJO A TIEMPO QUE SEBASTIÁN LE HACE UNA SEÑA A BEATRÍZ) MERCEDES.- Manuel ¿alguien prendió la calefacción?

SEBASTIÁN.- Algo le ocurre a la intensidad de la luz (TODOS MIRAN A ALBERTO)

ALBERTO.- ¿Pasa algo?

ERNESTINA.- ¿Qué hiciste Alberto?

ALBERTO.- Yo no hice nada. Mi mano tampoco.

ERNESTINA.- ¿Qué mano?

ALBERTO.- La… mi… ehh… ¿hace calor, no?

SEBASTIÁN.- Prenda la televisión a ver si dicen algo. (MANUEL LO HACE)

MANUEL.- No anda.

MERCEDES.- (MIRANDO SU CELULAR) Y mi celular se colgó.

ALBERTO.- ¡Atrapado y sin salida!

ERNESTINA.- ¿Qué dijiste? (LA MANO IZQUIERDA DE ALBERTO EMPIEZA A HACER MOVIMIENTOS COMO DE PEDIDO DE ATENCIÓN) ¿Qué hacés?

ALBERTO.- No, es que quiero ir al baño.

MANUEL.- ¡Y vaya hombre! ¿Desde cuándo tiene que pedir permiso? Le vino la regresión de la época escolar (AFINANDO LA VOZ) “Seño, ¿puedo ir al baño? (ANTE LA MIRADA DE MERCEDES AGRUESA LA VOZ) ¡Bueno pibe, andá! (ALBERTO SALE POR INTERIOR) Alguien engualichó el hotel. No puede romperse todo de golpe.

FILIBERTO.- Yo lo único que necesito es que funcione esto (LO DICE POR LA COMPUTADORA)

SEBASTIÁN.- Y el celular no tiene nada que ver con el hotel y el mío ni engancha la señal. (MERCEDES OBSERVA TODO CON SATISFECHA ATENCIÓN)

BEATRÍZ.- Manuel, haga algo porque me voy a desmayar si no funciona el aire acondicionado.

ERNESTINA.- Y yo necesito tomar mi pastilla y no tomé la precaución de conseguir un agua mineral.

MANUEL.- Vaya al baño y saque de la canilla (ENTRA ALBERTO)

ALBERTO.- Imposible, no hay agua. (Manuel sale por interior con la intención de corroborarlo)

ERNESTINA.- ¿Cómo que no hay agua?

ALBERTO.- Abriendo la canilla y viendo que no sale nada. Y la abrí con la mano derecha.

ERNESTINA.- Alberto, ¿qué diferencia hay si abrís la canilla con una mano o la otra?

ALBERTO.- No claro, solo que al usar la mano que manejás tenés la certeza de usarla bien. Con la otra, en una de esas, querés hacer una cosa y hacés otra, ¿no? (VUELVE MANUEL)

MANUEL.- No hay agua, no hay electricidad, no hay señal…

MERCEDES.- Electricidad hay, porque si no estaríamos a oscuras.

MANUEL.- Pero no funciona nada.

ALBERTO.- (A PARTIR DE AHORA COMIENZA UNA ACCION COMO SI ESTUVIERA FUERA DE TIEMPO. HABLÁNDOLE A SU MANO IZQUIERDA) En esto vos tenés algo que ver.

MANUEL.- (CREYENDO QUE LE HABLA A ÉL) ¡Yo no tengo nada que ver! Solo hice una conexión como me dijeron para pagar menos de luz.

ALBERTO.- (SIGUE CON EL MISMO JUEGO SIN DARSE CUENTA) Yo sabía que te ibas a calentar y hacer algún desastre.

BEATRÍZ.- No sea atrevido, ¡qué grosería!... solo me entusiasmé un poco. (CREYENDO QUE ES POR ELLA. TODOS REPETIRÁN EL MISMO JUEGO)

ALBERTO.- Y dale, ahora mostrate en púbico. Desenmascarate.

SEBASTIÁN.- ¿Cómo me reconoció?... Digo, no se confunda.

ALBERTO.- Dale, que nadie te ve. Fingí una cosa y hacé otra.

FILIBERTO.- Yo solo juego. No miro ninguna pornografía.

ALBERTO.- ¡Vamos! Hacete la mosquita muerta. Ya te descubrí y no quiero saber más nada de vos.

ERNESTINA.- Te estás confundiendo. Sólo es un amigo. (CAMBIA LA LUZ Y SOLO QUEDA ACCIONANDO ALBERTO. EL RESTO QUEDA INMOVIL)

ALBERTO.- ¿Por qué no obrás como ella? ¿Para qué querés destacarte? Naciste así y por más que quieras siempre ella va a ser más hábil. Pero no por eso sos inferior. Cada uno tiene el destino que le corresponde. Ella es a la que busco siempre pero también te necesito a vos. Aprendé de ella que me hace caso, es dócil cuando quiero, agresiva cuando se debe. Pero tiene disciplina aunque también autoridad para indicar, parar y apretar. No está contra la autoridad, y porque sí. Y busca una cara para acariciar, pero si la ayudaras sería mejor. Y busca tu palma cuando se entusiasma y algo le gusta, o te refriega si tiene frio y te busca y no te rechaza. Te ayuda y no se siente superior. Y no le dí nunca más importancia que a vos. Solo que así fue y no te tocó en mí tener la responsabilidad de ella…

MERCEDES.- (SE LE ACERCA) ¿Te puedo ayudar en algo?

ALBERTO.- En mucho. No sé qué me pasa.

MERCEDES.- ¿A vos o a tu mano?

ALBERTO.- ¿Cómo sabés?

MERCEDES.- Lo vengo notando desde que llegué. Desde que ella me buscó.

ALBERTO.- ¿Ella te hizo…?

MERCVEDES.- ¿Y vos no te diste cuenta?

ALBERTO.- Hubiera sido en lo único que habríamos estado de acuerdo. Pero, no entiendo. Hasta hace un rato me encontraba solo reflexionando conmigo mismo y teniendo la sensación que el alrededor se detenía. Todos estaban ajenos a mi pensamiento. Y ahora vos estás incluido en él. Es muy extraño. Como si por momentos mi mano no fuera tan ajena y…

MERCEDES.- ¡Gracias!

ALBERTO.- ¿Gracias por qué?

MERCEDES.- Porque… No me hagas caso. Es una teoría que estoy experimentando en vos y no me está saliendo del todo mal.

ALBERTO.- Cada vez entiendo menos. ¿Qué tiene que ver mi mano con tu teoría?
MERCEDES.- Tu mano no. Ella solo potenció la posibilidad de poder descubrir algo de las reacciones humanas. Obramos por impulsos, sentimos estímulos, percibimos sensaciones y actuamos movilizados por sentimientos muchas veces contradictorios y creemos poder con todo. Y no podemos con nada o con casi nada si lo comparamos con la inmensidad de lo que nos rodea.

ALBERTO.- (A SU MANO) ¿Tenés algo que decir? ¡Vamos! Hacete el vivo con ella., tocala, pegale, acariciala. ¡Hace algo!... No puede… O no puedo…Si lo hiciera no tengo control ni poder, pero…

MARCEDES.- Nadie lo tiene. Todos tenemos pensamientos ajenos como si fuera parte de un sueño que no podemos controlar. Ni cuando aparece o desaparece. O si forma parte de nuestra realidad o la de una ajena. Pero podés sentirte dichoso.

ALBERTO.- ¿Te parece?

MERCEDES.- ¡Claro! ¿Esperabas conocerme? Fue gracias a ella. Solo resta que se lo agradezcas o recrimines.

ALBERTO.- ¡Tu marido!...

MERCEDES.- ¡Como tu esposa! Nada es lo que parece. Recién lo comprobaste. Y fue tu mano quien lo descubrió. A tu mano que no es tuya, le debés más de una…

ALBERTO.- Pero si no es mía; ¿de quién es? Está en mi cuerpo…

MERCEDES.- Acariciame con ella. Con la izquierda, no… (EL LO INTENTA PERO NO PUEDE)

ALBERTO.- Y te juro que quiero.

MERCEDES.- Yo también que lo hagas, pero ni vos ni yo manejamos ningún destino. Ni tan siquiera un mínimo movimiento de un destino que no tiene injerencia en otros que desconocemos.

ALBERTO.- (LA ACARICIA CON LA MANO DERECHA) Podemos torcer el destino. Mi libre albedrío me permitió hacer lo que mi voluntad quiere. No sé si torciendo o cambiando o alterando tu destino. Pero lo que no pudo una mano, lo pudo la otra… (INTENTA BESARLA PERO LA MANO IZQUIERDA DETIENE EL ACERCAMIENTO DE LOS CUERPOS) ¡Salí!... (HABLÁNDOLE A SU MANO) ¡No te metas!... (ELLA LE SONRÍE) ¡Te juro que te corto!... (PELEA CON SU MANO HASTA QUE LOGRA APARTARLA Y LA BESA. ELLA NO OPONE RESISTENCIA PERO NO ACICIONA. SU PROPIA MANO LE RASCA SU CABEZA QUE ÉL INTERACCIONA Y LUEGO SU PROPIO TRASERO. ÉL SE APARTA DE ELLA) ¿Fuiste vos?

MERCEDES.- ¿Qué te hizo?

ALBERTO.- Me rascó…

MERCEDES.- (GESTO DE NEGACIÓN) Tal vez ella hizo lo que hubiera querido hacer yo, pero no lo hice, tal vez esperando que ella lo haga.

ALBERTO.- Pero entonces; ¿por qué… no lo hiciste?

MERCEDES.- Porque las dos no hubiéramos podido y hubieras creído que alguien se entrometía. Ella lo hizo por mí.

ALBERTO.- Ahora entiendo todo. Se equivocó de cuerpo. ¿No tendrás vos mi mano y yo tengo ésta que es tuya? Sería muy gracioso… (ÉL SE RIE LO QUE ELLA NO ACOMPAÑA. DE A POCO ÉL SE VA PONIENDO SERIO)

MERCEDES.- Y quien te dice… (ELLA DESDE EL INICIO DE LA ACCIÓN SIEMPRE ACCIONÓ CON SU MANO DERECHA, OCULTANDO Y DISIMULANDO SU MANO IZQUIERDA. SE LA MUESTRA) ¿Te dice algo? (ÉL SACA SU MANO IZQUIERDA Y MIRA A AMBAS. LOS DOS ESTÁN CON SUS MANOS IZQUIERDAS COMO ENFRENTADAS. CAMBIA LA LUZ Y TODOS VUELVEN A MOVERSE NORMALMENTE. SUENA EL CELULAR DE SEBASTIÁN QUE ÉSTE ATIENDE)

SEBASTIÁN.- ¡Hola! ¿Cómo que no...? Pero si ya estaba aceptado… está bien, pero con una condición… (SALE POR PUERTA DE ENTRADA. MANUEL TOMA EL TELÉFONO)
MANUEL.- ¡Hay tono! (FILIBERTO ACCIONA LA COMPUTADORA)

FILIBERTO.- ¡Funciona! (ERNESTINA SE ACERCA AL BEBEDERO Y SE SIRVE UN VASO DE AGUA)

ERNESTINA.- Bien, por fin…

BEATRIZ.- (SUBIENDO LA ESCALERA Y SALIENDO) Me vuelve el alma al cuerpo si el aire está funcionando…

ERNESTINA.- Alberto, me voy a recostar un poco. No me dejes dormir hasta tarde. Me vienen a buscar y quiero estar bien atenta. A vos te dejo todo preparado (SALE POR ARRIBA)

MANUEL.- (DIRIGIÉNDOSE A FILIBERTO) ¿No te parece que ya por hoy es suficiente?

FILIBERTO.- Pero si no molesto a nadie acá. (MANUEL SE QUEDA MIRANDO LA PANTALLA) ¿De dónde sacaste eso? (FILIBERTO SE SORPRENDE PERO ACEPTA AL FIN COMPARTIR LA IMAGEN)

MERCEDES.- Nada es lo que parece…

ALBERTO.- O nada sigue siendo eternamente. Todo tiene un fin. Por más que no se quiere… (MERCEDES INTENTA TOMAR CON SU MANO IZQUIERDA LA MISMA DE ÉL)

MERCEDES.- Dame tu mano izquierda. Vas a ver lo que provoca… (SE TOMAN DE LA MANO. A PARTIR DE ESTE MOMENTO TODAS LAS ESCENAS SON CASI SIMULTÁNEAS)

BEATRIZ.- (BAJANDO) El aire enfría bien y a pesar de eso no puedo bajar la temperatura de mi cuerpo. Estoy muy excitada…

ERNESTINA.- (TAMBIÉN BAJANDO) Alberto, te pedí que no me dejaras dormir. Me va a llamar mi amante y no le gusta que no lo atienda en seguida…

FILIBERTO.- (A MANUEL) ¿Alguna vez viste una potra igual? Prestá atención ahora que se da vuelta…

MANUEL.- Que tonto sos Fili. Esperá que me de vuelta yo y vas a ver lo que es bueno. Esa ni me iguala…

SEBASTIÁN.- (ENTRANDO) Ya sé que es fuerte esa escena, pero me lo pidieron ellos.  Y no puedo negarme. ¿Tenés idea de la que me espera si les digo que no? Acá hay una que agarraría viaje…

MERCEDES.- (A ALBERTO) ¿Te suelto?

ALBERTO.- No, ahora no. Esto se está poniendo divertido.

MERCEDES.- Pero tu esposa…

ALBERTO.- ¿Y el tuyo? Nada es lo que parece. Ahora de Manuel no me lo hubiera imaginado.

MANUEL.- (INTENTA TOCARLE LA PIERNA A FILIBERTO) Dale, déjame un cachito…

FILIBERTO.- No, Manuel. No insistas. (BEATRIZ SE PARA AL LADO DE SEBASTIÁN, Y MIENTRAS ÉSTE HABLA, LO RELOJEA DE ARRIBA ABAJO. LE LEVANTA LA REMERA COMO PARA VERLE EL CUERPO. ÉL SE DEJA HACER. FILIBERTO LO NOTA Y TRATA DE APARTAR A MANUEL) Manuel, correte, déjame ver…

ERNESTINA.- (A ALBERTO) Alberto, ¿me escuchaste lo que te dije? Prestame tu celular que con el mío no tengo señal. (ÉL LO HACE CON SU MANO DERECHA) Si me llamó y no le contesté… (MARCA Y ESPERA QUE ATIENDAN)
SEBASTIÁN.- Si, está a mi lado. Está recaliente y no va a oponer resistencia (BEATRIZ LE SIGUE OBSERVANDO SU CUERPO. INTENTA DESABROCHARLE EL CINTURÓN. ÉL SE OPONE Y FORCEJEAN)

MANUEL.- Bueno, si vas a mirar por ahí, déjame cambiar de imagen para que yo pueda ver por aquí…

FILIBERTO.- (ENTUSIASMADO CON LA ACCIÓN DE BEATRIZ Y SEBASTIÁN) Dale, no te resistas…

ERNESTINA.- ¡Hola!... No, no puedo todavía. Él esta acá… En un rato. Si… yo te llamo. Yo también quiero…

MERCEDES.- ¿Seguimos?

ALBERTO.- ¡Ni se te ocurra soltarte ahora!...

BEATRIZ.- No me vas a ganar… (SIGUEN FORCEJEANDO Y LE LOGRA SACAR LA CAMISA. ÉL EN SU ARREBATO LE SACA TAMBIÉN LA CAMISA A ELLA)

SEBASTIÁN.- ¿Qué?... No… estoy agitado porque me están dejando en bolas… Y si… yo también hago lo que puedo…

FILIBERTO.- Mirá lo que me perdía por estar ante esa porquería. Esto es en vivo y en directo…

MANUEL.- Esto es otra cosa (POR LA IMAGEN QUE ESTA VIENDO EN LA COMPUTADORA)

ERNESTINA.- Es el teléfono de él… ¿Y qué querés que haga si el mío no tiene señal?

SEBASTIÁN.- (EN MEDIO DEL FORCEJEO) ¡Pará!... (ELLA SE DETIENE) No, te digo que no… Bueno dale seguí… (ELLA AVANZA Y LOGRA BAJARLE LOS PANTALONES. ÉL EN EL FORCEJEO LE BAJA LA POLLERA) Claro, total al que agarran en bolas es a mí…

BEATRIZ.- Y a mí…

ALBERTO.- ¿Paramos?

MERCEDES.- Yo seguiría, pero…

ERNESTINA.- Pará…

FILIBERTO.- No, seguí…

MANUEL.- Ahora no, que no se me corte… (ALBERTO Y MERCEDES SUELTAN SUS MANO. QUEDAN TODOS ESPECTANTES SALVO MERCEDES Y ALBERTO QUE OBSERVAN A TODOS)

ALBERTO.- ¿A quién llamaste con mi celular?

MERCEDES.- (DIRIDIÉNDOSE A SEBASTIÁN) Te vas a resfriar. El aire está muy fuerte. (BEATRIZ Y SEBASTIÁN SE VISTEN)

FILIBERTO.- (VOLVIENDO A LA COMPUTADORA) Manuel, ¿qué estás viendo?

MANUEL.- ¡Un virus!

ERNESTINA.- ¿Yo?... ¿A quién llamé?:..

SEBASTIÁN.- Me dio escalofrío…

ALBERTO.- No te preocupes, tengo llamadas ilimitadas.

MERCEDES.- Abrigate un poco. Sabés que sos sensible a enfermarte.

BEATRIZ.- Manuel, puede bajar el aire. Un poco. Me bajó la temperatura de golpe.

MANUEL.- A mí también.

FILIBERTO.- Cierto. Salvo este asiento, todo está muy frío.

SEBASTIÁN.- (SE DA CUENTA QUE ESTABA HABLANDO POR EL CELULAR) ¡Hola!... No, es que la temperatura acá es muy inestable… (ESTA VEZ SIN QUE SE DEN CUENTA MERCEDES Y ALBERTO, SUS MANOS IZQUIERDAS SE BUSCAN Y AGARRAN Y CAMBIA LA ACTITUD DEL RESTO LO QUE ASOMBRA EN PRINCIPIO A AMBOS, HASTA QUE SE DAN CUENTA QUE ESTÁN TOMADOS DE LA MANO)

BEATRIZ.- (QUE HABÍA EMPEZADO A SUBIR LA ESCALERA, BAJA RAPIDAMENTE Y LE SACA EL CELULAR A SEBASTIÁN) Dejá eso y vamos a seguirla.

SEBASTIÁN.- (QUERIENDO HABLAR IGUAL POR EL CELULAR QUE BEATRIZ MANTIENE ALEJADO) Tratá de hablar con ellos. Esa escena es muy fuerte y ésta loca la va a querer hacer conmigo si se lo propongo…

BEATRIZ.- (FORCEJEANDO MIENTRES VUELVE A INTENTAR SACARLE LA ROPA LO QUE TAMBIÉN HACE ÉL EN LA TORPEZA DE LOS MOVIMIENTOS) Hago lo que quieras…

FILIBERTO.- Empezaron de nuevo (SE LEVANTA Y SE ACERCA A ELLOS) Que siga el baile…

MANUEL.- Fili, no seas malo…

FILIBERTO.- Salí Manuel.

MANUEL.- Bueno, a falta de pan me conformo con migajas…(VUELVE A LA PC)

ERNESTINA.- (POR EL CELULAR) ¿No habrás cortado, no? Si se enoja te arreglás vos con él (LE SACA EL CELULAR. ALBERTO MIRA ABSORTO A MERCEDES)

ALBERTO.- ¿Y solamente por tomarnos las manos pasa esto?

MERCEDES.- ¿Te imaginás si…?

ALBERTO.- ¿Y si probamos…? ¿Todo esto es en serio o lo estamos soñando?

MERCEDES.- ¿Los dos al mismo tiempo…? Lo dudo…

BEATRIZ.- No te resistas…

SEBASTIÁN.- Me quiere violar… No, no tengo acá la cámara…

FILIBERTO.- Yo la traigo… (SALE CORRIENDO Y EN UN TIEMPO BREVE VUELVE CON LA CÁMARA Y EMPIEZA A FILMAR)

ERNESTINA.- (AL TERLÉFONO) No puedo ahora… No, no vengas a buscarme… ¿Qué le digo?

MANUEL.- ¡Lo que puede la imaginación! Lo que me perdía por disimular… (GIRA SU CUERPO PARA MIRAR DE UN LADO Y DEL OTRO) ¿Y esto como se mira? (TODOS QUEDAN INMÓVILES. EN EL AZ DE LUZ DEL COMIENZO ALBERTO TOMA CON SU MANO DERECHA LA MANO IZQUIERDA DE ELLA. LA MIRA Y COMO DÁNDOLE UNA ORDEN MERCEDES ACARICIA SU PROPIO ROSTRO)

ALBERTO.- ¡Me hizo caso! (ELLA INTENTA EL MISMO JUEGO)

MERCEDES.- ¡A mí también!...

ALBERTO.- Pero entonces… las manos encontraron su propio cuerpo.

MERCEDES.- Lo intuí desde un primer momento. Como si hubiera sido un amor a primera vista.

ALBERTO.- Pero, ¿es posible que mi mano esté en tu cuerpo y la tuya en el mío?

MERCEDES.- Es lo único que explica que dos almas se sientan gemelas, se acepten y se rechacen. Se busquen y tal vez no se encuentren. Pero si lo hacen, todo sale a la luz. Se acaban las mentiras y no hay más engaños. Te voy a contar un secreto. Estuve trabajando e investigando mucho en esta teoría. ¿Querés escucharla?

ALBERTO.- No pienso interrumpirte.

MERCEDES.- Hay un mundo que conocemos y otro que no. Una realidad que es tal y otra que solo vive en nuestro pensamiento. Lo que es real, lo que forjamos con nuestras palabras nos relaciona y motiva y nos favorece o perjudica. Lo que solo existe en nuestra mente es individual y no tiene sustento real, pero está y va acompañando a la otra en soledad y nos favorece o perjudica mucho más. Porque se consume en sí misma y explota por dentro y se transforma en enfermedad o interrupciones abruptas tal vez fuera de tiempo o decisiones extremas. Y como la mayoría de las veces no salen a la luz, se mueven en las sombras y asombran cuando afloran. ¿Me vas siguiendo?

ALBERTO.- ¡Asombrado!  Y tratando de pensar al mismo tiempo. Porque hasta con vos hubo siempre un pensamiento paralelo.

MERCEDES.- También a mí me pasó. Pero leía tus ojos y ellos no mentían.

ALBERTO.- En eso no te pude imitar. Tal vez por estar muy ensimismado en perder el control de mi mano cuando en realidad el control lo tenías vos sin darme yo cuenta.

MERCEDES.- Como vos tenías parte del mío. Con la única diferencia que yo sí lo percibía. Cuando me buscó y cuando yo debía haber reaccionado mal y no lo hice y me gustó y cuando no cabe duda que me encontró. ¿Cuántas veces tu mente ante una decisión te dice: hacelo y no lo hagas?

ALBERTO.- ¡Siempre!

MERCEDES.- Y tomás una decisión. Que la mayoría de la gente no sabe que fue el producto de una lucha interior en donde hubo un vencedor y un vencido, un poco más o un poco menos. ¿Cuántas veces te arrepentiste de la decisión tomada?

ALBERTO.- Varias; no sé si muchas o pocas, pero también otras varias veces me pregunté qué hubiera pasado si tomaba la otra decisión.

MERCEDES.- Lo que sobrevive tu pensamiento que si lo dejaras podría desarrollar toda una vida paralela. Pero se trunca por muchos motivos que en tiempo y espacio son razonables.

ALBERTO.- Pero, lo que no entiendo, es qué tiene que ver todo esto con “mi mano ajena”. O con la tuya.

MERCEDES.- O las vidas ajenas que vivimos sin darnos cuenta. Detrás de una ventana, mirando una imagen, ocultando una verdad, o viviendo vidas soñadas sin control ni identidad.

ALBERTO.- Nada es lo que parece. Lo dijimos antes. Nos reímos de nosotros mismos al vernos reflejados en una caricatura y nos burlamos de una caída, o disfrutamos del mal ajeno sin darnos cuenta que nada nos pertenece por mucho tiempo.

MERCEDES.- Y cuando llega el fin, no es más que el comienzo. En una rueda sin fin. Si me das mi mano, te doy la tuya.

ALBERTO.- Pero si nos damos la mano ellos…

MERCEDES.- ¿Y no te parece que pueden llegar a ser un poco más felices?

ALBERTO.- No están preparados.

MERCEDES.- Es un riesgo como la vida misma. Y una vez más, lo hacemos o no lo hacemos. Cuando mi mano en tu cuerpo hizo cosas, no estuviste preparado y reaccionaste por las consecuencias que te podría traer. Y te asustó. Pero no te preocupes que no se van a dar cuenta.

ALBERTO.- Hay algo en que no pensaste. Y es que se puede alterar el curso de todas las cosas. Como la historia de la mariposa.

MERCEDES.- ¿Y no te parece que estamos necesitando esa alteración?

ALBERTO.- Pero siempre se puede estar un poco peor.

MERCEDES.- Y también algo mejor. (LE TIENDE LA MANO QUE ÉL DUDA EN TOMAR)

ALBERTO.- Mirá el desastre que se armó cuando tu género nos tentó con una manzana.

MERCEDES.- Tan mal no la pasaron.

ALBERTO.- Pero después pagaron las consecuencias.

MERCEDES.- La fuerza no les dio la razón.

ALBERTO.- Además cada vez que nos soltemos el pensamiento va a cambiar lo que digan y hagan y no vamos a poder estar siempre tomados de la mano.

MERCEDES.- Pero si la mantenemos por un rato prolongado, tal vez logramos que algo cambie y si cambia algo, eso va a potenciar otros muchos cambios más.

ALBERTO.- ¿No te parece muy fantasioso que la suerte del universo dependa de nuestras manos? ¿Qué porque dos manos equivocaron sus cuerpos y se encontraron, salpiquen a todo el mundo?

MERCEDES.- ¿Y no te parece mejor pensar que si cada uno se diera cuenta de la inmensidad que tiene en su cuerpo y mente, algo muy chiquito podría sumar a los algo muy chiquito de otros tantos muchos que en cadena sumados sumarían muchísimos más? De un grito de dolor nace una vida; de tocar fondo salís con el envión a la superficie; cuando sufrís anhelas la felicidad y si… (SIN QUE ÉL REACCIONE CON SU MANO IZQUIERDA TOMA LA MANO IZQUIERDA DE ÉL. VUELVA LA LUZ NORMAL Y TODOS ACCIONAN AL MISMO TIEMPO)

MANUEL.- (CORRIÉNDOLO A FILIBERTO) No te escapes Fili…

FILIBERTO.- Salí Manuel, que no te bañaste…

BEATRIZ.- (VOLVIENDO A FORCEJEAR CON SEBASTIÁN) Te voy a arrancar los pantalones con los dientes…

SEBASTIÁN.- (SACÁNDOLE EL CELULAR A ERNESTINA) El mío se quedó sin batería. Prestame el tuyo…

ERNESTINA.- No, que tengo que llamar a mi amante (FORCEJEAN ENTRE LOS TRES)

MANUEL.- No te cobro la estadía…

FILIBERTO.- (AÚN ESCAPÁNDOLE) Manuel, mi cuerpo no tiene precio…

BEATRIZ.- Salí del medio bruja… (POR ERNESTINA)

SEBASTIÁN.- (AL TELÉFONO) Oíme, deciles a los gordos que me corro del negocio… ya lo sé; pero prefiero correr el riesgo… No, no quiero más… sacá la mano… (POR BEATRIZ EN EL FORCEJEO) Ya corto… (A ERNESTINA)

ERNESTINA.- Dámela…

BEATRIZ.- Qué te metés…

ALBERTO.- ¿Y esto es mejor?

MERCEDES.- Bueno, en algún momento se van a cansar y tal vez…

MANUEL.- Te voy a agarrar cansado y vas a saber lo que es bueno.

FILIBERTO.- Me estás cansado Manolo.

MANUEL.- ¡Ay! Cuánto hace que no me decían Manolo; no sabés lo que me excitaba…

ERNESTINA.- Me estás cansando, dame mi celular…

ALBERTO.- Es el mío.

MERCEDES.- Nada es de quien parece. Va de mano en mano.

BEATRIZ.- Bueno, dale; sumate si querés pero cortala con ese aparatito y ayúdame a sacarle todo.

SEBASTIÁN.- Pará que no terminé de…

BEATRIZ.- Y me parece muy bien, no termines.

ERNESTINA.- ¡Terminala!

BEATRIZ.- ¡Ni loca! Con lo que tardó en llegar (LOS TRES ESTÁN AHORA EN ROPA INTERIOR) Manuel, el aire, que estoy sofocada…

ERNESTINA.- Estás recaliente y a tu edad…

BEATRIZ.- Pero mirá la mosquita muerta. ¿Vos me venís a hablar de edad a mí? Si ya te cuelgan…

ERNESTINA.- Sacate la peluca de una vez…

BEATRIZ.- Es mi pelo, para que lo sepas (SEBASTIÁN LOGRA ESCABULLIRSE UN POCO PARA SEGUIR HABLANDO)

SEBASTIÁN.- ¿Me oíste? Quiero dejar el negocio… Me voy al África a Transilvania (PASA CERCA FILIBERTO Y LE ARREBATA EL CELULAR)

FILIBERTO.- Dejame llamar al novecientos once…

MANUEL.- Pedime lo que quieras…

SEBASTIÁN.- ¡Dámelo!

MANUEL.- ¡Eh! ¿Qué te lo dé o la dé?

SEBASTIÁN.- ¡Sí!...

FILIBERTO.- No, lo necesito…

MANUEL.- (QUE EMPIEZA A VER A SEBASTIÁN CON OTROS OJOS) Y bueno, yo siempre listo… (COMIENZAN A FORCEJEAR LOS TRES CADA UNO POR UN MOTIVO DISTINTO)

ERNESTINA.- (TRATANDO DE TOMARLA DE LOS PELOS) ¿Ves que no es tuyo?...

BEATRIZ.- ¡Ay! No tirés que es mío… (FORCEJEAN ENTRE ELLAS)

ALBERTO.- Bueno, algo cambió. Antes era violencia de géneros. Ahora es violencia entre géneros-

MERCEDES.- Es un poco más equilibrado.

ALBERTO.- (LE SUELTA LA MANO) No me gusta la violencia de “de” ni “entre” géneros. Dejemos que todo siga igual. (EL RESTO QUE QUEDARON EXHAUSTOS, ALGUNOS RECOSTADOS EN EL SUELO, OTROS SENTADOS, ESTAN CONFUNDIDOS Y ESPECTANTES) ¿Y si le preguntamos a ellos, qué prefieren?

MERCEDES.- No van a saber qué responder ni el porqué de la pregunta.

ALBERTO.- ¿Pero no recuerdan nada? ¿Nada en su cuerpo le da una señal de lo que vivieron?

MERCEDES.- No ahora…

ALBERTO.- (ENCARANDO A SU ESPOSA) Ernestina, decile a tu amante que te venga a buscar…

ERNESTINA.- ¿Qué?...

MERCEDES.- (ENTUSIASMADA CON EL JUEGO. A SU MARIDO) Si salís, sos boleta. Si no salís también.

SEBASTIÁN.- ¡No entiendo!...

ALBERTO.- (POR FILIBERTO) Animate a vivir la vida. Pero la tuya, no la de los demás.

FILIBERTO.- ¿A mí me hablás?...

MERCEDES.- Manuel, nadie te va a señalar ni criticar. Sacate la careta y sé feliz.

MANUEL.- Es fea. Pero es la única que tengo… (MERCEDES Y ALBERTO SE ACERCAN. PARECIERA QUE SE VAN A DAR LA MANO IZQUIERDA. TODOS ESTÁN MUY ATENTOS A LO QUE OCURRA, AUNQUE LOS MIRAN SIN ENTENDER DEL TODO. ELLOS GESTICULAN COMO PREGUNTÁNDOSE “QUÉ HACER” Y LAS MANOS SE VAN ACERCANDO HASTA QUE EL RESTO EMPIEZA A REACCIONAR ANTE LA SORPRESA DE AMBOS)

FILIBERTO.- ¡Dale!...

BEATRIZ.- ¡Sí!...

SEBASTIÁN.- ¡Vamos!...

ERNESTINA.- ¡Más cerca!...,

MANUEL.- ¡Quiero!... (TODOS COMIENZAN A ACERCARSE Y DECIR AL MISMO TIEMPO: “SÍ”, “DALE”, “VAMOS”, “QUIERO”, EN UN CORO CADA VEZ MÁS EXULTANTE. A TIEMPO QUE LAS MANOS SE ACERCAN CADA VEZ MÁS HASTA QUE CUANDO PARECIERA QUE SE VAN A TOCAR, ELLOS SE MIRAN Y SE PRODUCE EL…

APAGÓN.

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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