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LAS MONJITAS SE VAN A LAS MISIONES

de Rogelio San Luis

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

“LAS MONJITAS SE VAN A LAS MISIONES”

 

Farsa de humor en dos actos, original de

 

Rogelio San Luis

 rogeliosanluis@yahoo.es

PERSONAJES

(Por orden de aparición)

MADRE JOSEFA

SOR SAGRARIO

SOR GLORIA

JAVIER

RAMIRO

ALBERTO

 ______________________

La acción, en una gran ciudad.

Época, actual.

Lados, los del espectador.

______________________

ESCENARIO

Lujosa y moderna cafetería.

En el foro izquierdo, inicio de una escalera que dobla y se pierde a la derecha.

En el foro central, una puerta que da acceso al servicio de señoras.

En el foro derecho, otra puerta que permite acudir al servicio de caballeros.

En el primero derecho, puerta de entrada al establecimiento.

Paralelo al lateral izquierdo, gran barra americana con espacio para entrar cercano a las escaleras. Al fondo, espejos y estanterías de cristal con muchas botellas. Encima de la barra, unas bandejas. Debajo de este mostrador, y sin verse, vasos y complementos para la atención de los clientes.

En el centro y en la derecha del segundo término, una mesa. Dos sillas, una frente a la otra y de espaldas a cada lateral, en ambas.

Demás cosas que exija la acción.

 

ACTO PRIMERO

(Se apagan las luces de la sala mientras se comienzan a escuchar débiles las voces de un coro que interpreta “Salve, Regina, Mater misericordia...”. Se va alzando lentamente el telón al unísono que crecen las voces hasta oírse fuertemente. Oscuridad un instante. Luz sólo sobre MADRE JOSEFA en el centro, SOR SAGRARIO a su izquierda y SOR GLORIA a su derecha. Visten un hábito negro de monjas y toca. Se encuentran extasiadas y de rodillas, en el centro del primer término y con las manos entrelazadas, mirando al frente. UN MOMENTO. MADRE JOSEFA cuarenta años, morena, estatura normal y algo gruesa, amable y segura, femenina y relativamente atractiva. SOR SAGRARIO treinta años, morena, alta y esbelta, graciosa e infantil, ridículamente recatada y muy sexy. SOR GLORIA veinte años, rubia, delgada y baja, dulce y grata, soñadora y encantadoramente bella. Van bajando paulatinamente las voces hasta dejar de escucharlas al mismo tiempo que las lámparas del local nos va mostrando, poco a poco, la totalidad del escenario. Anochecer de primavera. Las monjas dejan caer sus manos, se levantan y santiguan.)

MADRE JOSEFA.-¡Alabado sea Dios! ¡Ha llegado el día del estreno!

SOR SAGRARIO.-Sí, Madre Josefa. ¡El Señor ha premiado nuestra congénita castidad!

SOR GLORIA.-¡Tiene razón, Sor Sagrario! Sólo el milagro del Altísimo, que en gloría esté, nos ha guiado hasta culminar la excelsa obra.

(PAUSA. Pasean felices por la cafetería)

MADRE JOSEFA.-¡Una cafetería diseñada por los ángeles custodios!

SOR GLORIA.-¡El sublime sueño hecho realidad en hostelería!

SOR SAGRARIO.-¡El local celestial para clientes bienaventurados!

(Se paran.)

MADRE JOSEFA.-¿Qué han aportado hasta ahora las monjas? ¿Eh? ¡Decidme!

SOR SAGRARIO.-Pues... Rezar. ¡Es el único abecedario que aprendimos!

SOR GLORIA.-Ir a las misiones a convertir chinitos. ¡Les pagaban la excursión!

MADRE JOSEFA.-Se han acabado las becas de nuestros mecenas, Sor Gloria. Los infieles ya no comen religiosas a la cazuela. ¡La humanidad ha dejado de creer!

SOR SAGRARIO.-Han muerto las vocaciones. ¡Las inmobiliarias adquieren iglesias y conventos!

SOR GLORIA.-¡Prevalecemos nosotras!  Somos las únicas que quedamos para que no se extinga la especie.

(Se sienta encima de la mesa derecha.)

MADRE JOSEFA.-El Todopoderoso me llamó muy pronto. ¡Con deciros que no escuché su voz...! Cuando me di cuenta de que existía, ya me encontraba vestida de monja en el convento. ¡Yo creo que me amamantó el ama de cría que teníamos para bebés abandonados!

SOR GLORIA.-¡Maravilloso! ¡Su vocación brotó en los primeros meses de embarazo!

MADRE JOSEFA.-Jugaba con un Niño Jesús al que le hacía trajecitos. Militar, banquero, carterista... ¡Una vez lo vestí de príncipe azul!

(Suspiran.)

SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-¡¡Ah...!!

MADRE JOSEFA.-Los Reyes Magos me traían rosarios de colores, cilicios, devocionarios... ¡Cuánta opulencia!

SOR SAGRARIO.-¡Una privilegiada! Las niñas pobres sólo tienen una muñeca sin brazos.

MADRE JOSEFA.-Después... Crecí, sin que me enseñaran, y ya no tuve necesidad de profesar mis votos. Me conmutaron todas las asignaturas. ¡Nací en el convento y en él aterrizará el avión que me lleve al cielo!

(Se sienta encima de la barra.)

SOR SAGRARIO.-Está mal que lo diga... Gustaba mucho, era muy agraciada. ¡Qué cantidad de selectos pretendientes! Tuve que darles una papeleta a cada uno y sortearlos para elegir novio. ¡Sentía una atracción por el afortunado...! Me acariciaba, besaba. ¡Cómo me ponía! ¿Ustedes lo han experimentado?

(Muy sorprendidas.)

MADRE JOSEFA y SOR GLORIA.-¿¿Eh??

SOR SAGRARIO.-Siempre sin prisas... Lento, muy lento... Mi carne era un piano que vibraba la más apasionante música al ser pulsada por sus teclas... No debería...

MADRE JOSEFA.-¡Cuenta, cuenta...! No te reprimas.

SOR SAGRARIO.-¡Pretendía lo mismo que todos! Una simple aventura y después dejarme en el olvido. Entonces, en aquel instante... ¡Escuché la llamada de Dios!

SOR GLORIA.-¡Qué inoportuno! Venir a aguarle la fiesta...

SOR SAGRARIO.-¡Todo lo contrario! ¡He encontrado la felicidad que nunca muere entre mis hábitos! Me convertiré en una santa. Ay, ya me veo en los altares acosada por una mano por aquí y otra mano por allá.

(Se sienta encima de la mesa del centro.)

SOR GLORIA.-Vivía en el último piso de un rascacielos. Un chico, que no podía salir de casa por hallarse enfermo, se asomaba a la ventana de enfrente. Descubrimos que éramos vecinos. Sacó su corazón de su sitio y me habló con él en la mano. Después lo volvió a guardar. ¡Se casaría conmigo cuando sanase!

(Entusiasmadas.)

MADRE JOSEFA y SOR SAGRARIO.-¡¡Ay...!!

SOR GLORIA.-Me recitaba poemas, nos echábamos besos. Y nuestro amor crecía, se hacía grande, estallaba en nuestros pechos, incendiaba todos los árboles del mundo. De noche... nos desnudábamos. ¡Practicábamos el sexo de ventana a ventana!

MADRE JOSEFA.-El enfermito... ¡No era raquítico! Protestarían los transeúntes...

SOR GLORIA.-¡Actuaba la imaginación! Nos decíamos cada cosa... Una vez pretendía acariciarme. Comenzó a estornudar, murió y sus manos quedaron colgadas en la ventana. ¡¡Un muerto!! ¡¡Un muerto!! Despertaron sus padres y lo llevaron: ¡¡Muchas gracias!! ¡¡Es nocivo resfriarse!! Me vestí de novia y... ¡me tiré por la ventana!

SOR SAGRARIO.-¡Se suicidó un poco!

SOR GLORIA.-Que ahora aterrizo... ¡Ja, ja, ja! Que voy a estrellarme. Estaba equivocada. Un anciano me cogió en sus brazos. ¡Era Dios! Me dijo dulcemente: Yo soy tu auténtico amor. Y el tío desapareció. ¡Lo localicé en el convento!

(Se miran. PAUSA. Dejan de estar sentadas en la barra y mesas y se incorporan.)

MADRE JOSEFA.-Desde hoy perderemos la fama de pedigüeñas.

SOR GLORIA.-¡Seremos distintas!

SOR SAGRARIO.-¡¡Unas beatíficas monjas salen de sus celdas!!

(PAUSA. Suena el teléfono. Se miran. SOR GLORIA va detrás de la barra y lo coge.)

SOR GLORIA.-¿Diga...? ¿Qué desea...? ¿Quién es usted...?

(Voz normal.)

MADRE JOSEFA.-¿Con quién hablas?

(Tapa el micro.)

SOR GLORIA.-Es... un hombre.

SOR SAGRARIO.-Pregúntele el motivo.

(Al teléfono.)

SOR GLORIA.-¿Por qué llama?

(Muy sorprendida.)

¿¿Cómo??

(Van lentas y extrañadas hasta la barra. Voz baja.)

MADRE JOSEFA.-¿Qué... te... dice...?

(Tapa confusa el micro.)

SOR GLORIA.-No... le... entiendo...

SOR SAGRARIO.-Debe... explicarse.

(Al teléfono.)

SOR GLORIA.-Si no se expresa mejor...

(Voz baja.)

SOR SAGRARIO.-Muy bien.

SOR GLORIA.-¿Me quiere usted comer...?

(Voz baja.)

MADRE JOSEFA.-¿Qué...?

(Tapa el micro.)

SOR GLORIA.-Un... extraño... caníbal...

SOR SAGRARIO.-¿Una... oreja...?

(Al teléfono.)

SOR GLORIA.-¿Algo determinado...?

(Voz baja.)

MADRE JOSEFA.-Estos hombres...

(Asombrada.)

SOR GLORIA.-¿¿Y a las demás monjas también??

(Voces bajas.)

MADRE JOSEFA y SOR SAGRARIO.-¿¿Pero...??

(Tapa el micro.)

SOR GLORIA.-¡¡Este caballero nos come a todas!! Y emplea un vocabulario tan ininteligible...

(Coge el teléfono.)

MADRE JOSEFA.-¿Lo de comer...?

(Coge el teléfono.)

SOR SAGRARIO.-¿Se refiere...?

(Coge el teléfono.)

SOR GLORIA.-¿Si pudiese concretar...?

(Las tres ponen el teléfono próximo a sus oídos.)

MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-¡¡No!!

(Cuelgan asustadas y van lentas al centro del escenario. Se miran. SILENCIO.)

SOR GLORIA.-¡Lo que una tiene que oír! Como vamos a inaugurar esta cafetería, los hombres piensan que somos mujeres como las demás. ¡Y este es un local decente!

(PAUSA.)

SOR SAGRARIO.-Tanto como decente...

(Bajan sus cabezas.)

MADRE JOSEFA.-Es un club de alterne.

(SILENCIO. Alzan sus cabezas.)

SOR GLORIA.-¡Difiere de esos antros!

SOR SAGRARIO.-Por ahora... aún somos inmaculadas.

MADRE JOSEFA.-¡Y lo seguiremos siendo! Ejerceremos así la carrera para hacer apostolado con los clientes y las ganancias volarán a las misiones para bautizar paganos.

(PAUSA. Miedosas.)

SOR SAGRARIO.-Los hombres acudirán con sus sucios deseos.

SOR GLORIA.-Tendremos que beber una copa con cada uno... ¡Me veo con delírium trémens!

MADRE JOSEFA.-Nuestras botellas contendrán refrescos. Simularemos estar ilusionadas. ¡Que nos inviten! ¡Obtendremos un pingüe beneficio!

(Se muestran contentas. PAUSA.)

SOR GLORIA.-Sin embargo, fumar...

MADRE JOSEFA.-Con tal de no tragar el humo...

SOR SAGRARIO.-O engatusar...

MADRE JOSEFA.-¡Lo importante es excitarlos!

(Muy asombradas.)

SOR SAGRARIO.-¿¿Excitarlos??

SOR GLORIA.-¿¿Para llevarlos a las camas del piso de arriba??

MADRE JOSEFA.-Sólo es acostarse sanamente con ellos. ¡No creo que sea tan difícil!

(PAUSA.)

SOR GLORIA.-Se desnudarán...

MADRE JOSEFA.-Fingiremos resistirnos cuando nos quiten los hábitos...

SOR SAGRARIO.-¡Jesús! ¡Lo que hay que hacer por convertir un chinito!

(Se miran. PAUSA.)

SOR GLORIA.-Los dos... sin nada puesto.

SOR SAGRARIO.-Y... ¿después...?

MADRE JOSEFA.-¡Les enseñaremos Teología!

(Entrelazan sus manos.)

SOR GLORIA.-Cúmplase la voluntad del Señor.

SOR SAGRARIO.-Vivamos en su santa gracia.

(Las sueltan.)

MADRE JOSEFA.-Vamos a hacer la última limpieza antes de empezar.

(Van detrás de la barra y cogen debajo tres escobas.)

SOR SAGRARIO.-Que vean, al entrar, una mano femenina.

SOR GLORIA.-Eso los acelera...

(Comienzan a barrer. SOR GLORIA detrás de la barra y el mostrador. SOR SAGRARIO los servicios con las puertas abiertas, que al final cerrará,  y las escaleras visibles. MADRE JOSEFA el local para el público, mesas y sillas. Hacen rápidas el trabajo mientras cantan alegres.)

MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-“Fumando espero/ al hombre que yo quiero...”.

(Se paran asustadas.)

SOR SAGRARIO.-¡¡No!!

SOR GLORIA.-¡¡Cantar eso, nunca!!

MADRE JOSEFA.-¡¡Es una frivolidad!!

(Siguen barriendo y cantando felices.)

MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-“Vamos, niñas, al sagrario/ que Jesús llorando está, / pero viendo tantas niñas/ muy contento se pondrá”.

(Van dejando las escobas, en la parte baja, detrás de la barra.)

SOR SAGRARIO.-¡Reluciente!

SOR GLORIA.-¡Como una patena!

MADRE JOSEFA.-¡Dios está también en los clubes de alterne y goza de buena reputación!

(Salen de detrás de la barra y van al centro del local. Se miran serias. SILENCIO.)

SOR GLORIA.-Vuelvo a mi celda.

(Se dirigen a la puerta derecha.)

SOR SAGRARIO.-Caer como las demás...

(Se pone delante de ellas.)

MADRE JOSEFA.-¿¿Acaso me estáis llamando...??

(Se arrodillan ante ella, al mismo tiempo, y con las manos juntas.)

SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-Absuelva nuestra torpe desobediencia, Madre Josefa.

(Las bendice solemne.)

MADRE JOSEFA.-¡Iniciemos la misión evangelizadora! Es de noche y primavera. ¡La estación en la que los deseos parten por los raíles de la pasión!

(Se levantan, al mismo tiempo, y bajan las manos. Extasiadas.)

SOR GLORIA.-¡¡Ay...!!

SOR SAGRARIO.-¡¡Oh...!!

(Va hasta la puerta derecha y acciona.)

MADRE JOSEFA.-Encenderemos el anuncio luminoso del local.

(Se perciben fuera los destellos de colores del anuncio.)

SOR GLORIA.-¡Qué bonito! ¡Parecen fuegos artificiales!

SOR SAGRARIO.-¡“Club El Paraíso”! ¡Como la estrella que anuncia el camino a Belén!

(Se aproximan a MADRE JOSEFA.)

MADRE JOSEFA.-Tocaremos la campana para llamar a los feligreses.

(Tiran las tres de una cuerda, próxima a la puerta derecha, y se escucha un fuerte repicar de una campana. Dichosas y con música de “La vaca lechera”.)

MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-¡¡Tolón!! ¡¡Tolón!! ¡¡Tolón!! ¡¡Tolón!!

(Dejan de tirar de la cuerda y cesa el repicar de la campana. Va hasta la puerta y la acciona.)

MADRE JOSEFA.-Abriré recatada la puerta...

(Dando palmas.)

SOR SAGRARIO.-¡Falta menos!

SOR GLORIA.-¡Cuánto me tarda!

(Vuelven contentas al centro. Se miran. PAUSA. MADRE JOSEFA se santigua y las demás la imitan.)

MADRE JOSEFA.-Señor, Tú que creaste todo lo bello y placentero: Haz que este clube de alterne sea un éxito por los siglos de los siglos.

SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-¡Amén!

(SOR SAGRARIO hace mutis por la escalera. SOR GLORIA, cerrando la puerta, hace mutis por el servicio de señoras. MADRE JOSEFA se sitúa detrás de la barra, se agacha y no se ve. UN MOMENTO. Por la puerta derecha entra decidido JAVIER. Treinta años. Alto, elegante, soñador. Viste moderno.)

JAVIER.-¡Qué lugar tan acogedor!

(Por la puerta de servicios de señoras, cerrándola, entra SOR GLORIA. Las manos juntas y extasiada.)

SOR GLORIA.-Ave María Purísima.

(Muy confuso.)

JAVIER.-Pero... ¡Disculpe!

(Mutis corriendo por la puerta derecha. Tiembla.)

SOR GLORIA.-Yo... ¡No valgo para esto!

(Mutis rápido, cerrándola, por la puerta del servicio de señoras. UN MOMENTO. Por la puerta derecha entra decidido RAMIRO. Cuarenta años. Estatura normal, abandonado, vividor. Viste deportivo.)

RAMIRO.-¡El establecimiento está muy bien!

(Por la escalera, y con las manos juntas, entra SOR SAGRARIO.)

SOR SAGRARIO.-Que la paz del Señor sea contigo.

(Muy confuso.)

RAMIRO.-Usted... ¡Dispense!

(Mutis corriendo por la puerta derecha. Tiembla.)

SOR SAGRARIO.-Una... ¡He equivocado la vocación!

(Mutis rápido por la escalera. UN MOMENTO. Por la puerta derecha entra decidido ALBERTO. Cincuenta años. Estatura normal, seguro, gran experiencia. Viste clásico. Se sitúa ante la barra.)

ALBERTO.-¡Ideal! ¡Vamos a inaugurarlo!

(MADRE JOSEFA, y con las manos juntas, se incorpora detrás de la barra.)

MADRE JOSEFA.-¡Dios es dulzura!

(Muy confuso.)

ALBERTO.-¿Estoy...? ¡No!

(Mutis corriendo por la puerta derecha. Tiembla.)

MADRE JOSEFA.-A mis años... ¡Qué vergüenza!

(Se agacha rápida detrás de la barra y deja de verse. UN MOMENTO. Por la puerta de los servicios, cerrándola, entra SOR GLORIA. Al mismo tiempo que por la escalera entra SOR SAGRARIO y sale de la barra MADRE JOSEFA. Están muy nerviosas y no juntan las manos. Se miran. SILENCIO.)

SOR GLORIA.-Me encuentro como indispuesta.

SOR SAGRARIO.-¡Un sacrificio!

MADRE JOSEFA.-¡¡Imposible!!

(Van corriendo al servicio de señoras y, cerrando la puerta, hacen mutis por este término. UN MOMENTO. Por la puerta derecha, sigilosos y de puntillas sin conocerse, entran nerviosos JAVIER, RAMIRO y ALBERTO. Van al centro del local. Se paran cohibidos. PAUSA. Se miran. PAUSA)

JAVIER.-Os vais a reír de mí, comentaréis que estoy loco. Pero al estar en este local... ¡Es que no me atrevo...! Coincidí con una mujer... ¡vestida de monja!

RAMIRO.-¡Qué alivio! Me encontraba preocupado, ya había pedido cita con el psiquiatra. ¡Yo vi otra monja!

ALBERTO.-¡Y yo! Al principio dudaba, es natural. Pero no... ¡Era una monja!

(PAUSA. Presentaciones y se dan la mano.)

RAMIRO.-Chicos, me llamo Ramiro.

ALBERTO.-Encantado. Y yo Alberto.

JAVIER.-Mucho gusto. Mi nombre es Javier. Un amigo para toda la vida.

(Se tornan muy nerviosos. PAUSA. )

ALBERTO.-¡Qué tiempos vivimos! A mí el susto me ha dejado...

JAVIER.-¡Cómo han cambiado los conventos!

RAMIRO.-¡¡Son aterradores!!

(Van corriendo al servicio de caballeros y, cerrando la puerta, hacen mutis por este término. UN MOMENTO. Se abre la puerta del servicio de señoras, que cerrarán, y entran contentas e ilusionadas MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA. Van al centro de la escena.)

MADRE JOSEFA.-¿Os dais cuenta? No ha sucedido nada extraño. ¡La vida comienza hoy!

(Van detrás de la barra y, con MADRE JOSEFA en el medio, aguardan juntas y entusiasmadas.)

SOR GLORIA.-¡Pronto! ¡Muy pronto llegarán!

(Entrelazan las manos y aguardan extasiadas. UN MOMENTO. Van comenzando a impacientarse. UN MOMENTO. Sueltan las manos.)

SOR SAGRARIO.-¡¡No vendemos una escoba!!

(Van hasta delante de la puerta derecha y accionan a imaginarios transeúntes al mismo tiempo que se abre la puerta del servicio de caballeros, que cerrarán, y entran contentos JAVIER, RAMIRO y ALBERTO. Se dirigen al centro de la escena sin fijarse en las monjas ni ellas en ellos.)

MADRE JOSEFA.-¡Adelante! ¡Con confianza, chicos! No vais a encontrar aquí a las que presumen de honestas. ¡Qué degeneradas!

JAVIER.-Os juro que nunca he tenido relaciones con una religiosa, pero me parece apasionante.

SOR SAGRARIO.-Pasa, mi vida, que estás para ponerte un piso.

RAMIRO.-A mí me producen un morbo...

SOR GLORIA.-¡Los hemos pescado a la puerta del local!

(Se vuelven extasiadas y con las manos juntas.)

ALBERTO.-¡Ya están aquí!

MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-Dios bendiga cada rincón de esta casa.

JAVIER, RAMIRO y ALBERTO.-Así sea.

(Las monjas sueltan sus manos. MADRE JOSEFA va, por detrás, al centro de la barra. SOR SAGRARIO se sitúa, delante de la barra, en el extremo próximo a la escalera. SOR GLORIA se coloca, delante de la barra, en el extremo cercano al primer término. En el centro de la barra y a MADRE JOSEFA.)

 ALBERTO.-Un whisky para Alberto, tía buena.

(Se lo ofrece.)

MADRE JOSEFA.-Toma, Alberto. Me llamo Madre Josefa para todo lo que tú quieras.

(Va bebiendo lento. Se sienta en la silla derecha de la mesa derecha.)

JAVIER.-Soy Javier. ¡Un cubalibre, Madre Josefa!

MADRE JOSEFA.-¡Sírveselo, Sor Gloria!

(Lo pone en una bandeja. Se sienta en la silla derecha de la mesa del centro.)

RAMIRO.-Madre Josefa, encanto. ¡El gin-tonic de Ramiro!

MADRE JOSEFA.-¡Llévaselo, Sor Sagrario!

(Lo pone en una bandeja. Se lo ofrece y deja la bandeja en la mesa.)

SOR GLORIA.-Aquí tienes, Javier.

JAVIER.-Gracias, Sor Gloria. Por ti me hago sacerdote.

SOR GLORIA.-No seas tan lascivo, amor.

(Va bebiendo lento. Se lo ofrece y deja la bandeja en la mesa.)

SOR SAGRARIO.-Hay que animarse, Ramiro.

RAMIRO.-Sor Sagrario, por ti pierdo la cabeza en un patíbulo.

SOR SAGRARIO.-Me encantan los decapitados.

(Va bebiendo lento. UN MOMENTO.)

MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-¿Invitáis a una copa?

ALBERTO, JAVIER y RAMIRO.-Ya somos mayorcitos.

(Las monjas, al unísono, les dan la espalda a sus parejas. Se tornan molestos. SILENCIO. Contentos.)

¡No os privéis del descorche!

(Las monjas vuelven, rápidas y felices, sus cabezas hacia sus parejas. Llena una copa.)

MADRE JOSEFA.-¡Mi benedictino!

SOR GLORIA.-¡Otra de benedictino!

(Se sienta en la silla izquierda de la mesa derecha.)

SOR SAGRARIO.-¡Una más de benedictino!

(Se sienta en la silla izquierda de la mesa del centro. MADRE JOSEFA llena dos copas y las sirve en una bandeja.)

MADRE JOSEFA.-Tu consumición, Sor Sagrario. La tuya, Sor Gloria.

(Coge las bandejas de las dos mesas, las deja sobre el mostrador y vuelve al centro de detrás de la barra. Beben todos.)

JAVIER.-¡Esto se anima!

RAMIRO.-¡La noche es larga!

ALBERTO.-¡Me fascina este ambiente!

(JAVIER saca un cigarrillo y lo enciende.)

SOR GLORIA.-Que yo también fumo, Javier.

(Se lo pone en la boca y se lo enciende.)

JAVIER.-Perdona, Sor Gloria.

(Fuma sensual.)

MADRE JOSEFA.-¡Dame un cigarrillo, Alberto!

(Le da uno y él coge otro.)

ALBERTO.-¡Cómo no, Madre Josefa!

(MADRE JOSEFA le da fuego y después enciende el suyo. Fuma sensual. Le ofrece un cigarrillo.)

RAMIRO.-¿Fumas, Sor Sagrario?

(Se lo coge rápida.)

SOR SAGRARIO.-¡Hasta en misa!

(Coge otro cigarrillo, le da fuego y después enciende el suyo. Ella fuma sensual. Continúan bebiendo y fumando mientras va creciendo un gran ambiente. PAUSA LARGA. Intenta cogerle una mano.)

ALBERTO.-Lo vamos a pasar juntos, Madre Josefa...

(Se la aparta.)

MADRE JOSEFA.-¡Por los clavos de Cristo!

(Intenta besarla.)

JAVIER.-¡Qué labios tan sensuales, Sor Gloria!

(Lo rechaza.)

SOR GLORIA.-¡Nos podemos condenar!

(Intenta llevar la mano por debajo del hábito.)

RAMIRO.-Debes de tener unos muslos riquísimos, Sor Sagrario.

(Lo rechaza.)

SOR SAGRARIO.-¡No seas víctima de la lujuria!

(ALBERTO, muy molesto como los otros, se aparta al mismo tiempo que JAVIER y RAMIRO se levantan.)

ALBERTO.-Procede pagar y marcharse.

JAVIER.-¡Que se rían de nosotros cobrándonos las consumiciones...!

RAMIRO.-Carecen de vocación..

MADRE JOSEFA.-¿Habéis oído, chicas? ¡Ja, ja, ja! Creen que no sabemos.

SOR GLORIA.-Y dominamos todas las asignaturas. ¡Ja, ja, ja!

SOR SAGRARIO.-¡Ja, ja, ja! Nos tienen por unas reprimidas. ¡Eso es una difamación!

(ALBERTO vuelve a la barra al mismo tiempo que JAVIER y RAMIRO se sientan.)

ALBERTO.-Perdonad que os hayamos tomado por unas virtuosas.

JAVIER.-¡Resulta ofensivo!

RAMIRO.-Cuánta injusticia. ¡El vicio os ensalza!

(Beben y fumarán más cigarrillos. Cada pareja se mira atraída. Las monjas les cogen las manos. Crece la intensidad del momento. PAUSA.)

MADRE JOSEFA.-Alberto, amor, cuéntame algo de tu vida. Me parece tan apasionante...

ALBERTO.-No he nacido para ser esclavo de ninguna mujer y verla viva a diario, Madre Josefa. ¡Quiero ser libre! Cuando necesito alguna, busco una profesional como tú.

SOR GLORIA.-Mi adorado Javier... A tu edad desconocéis que existimos. ¿Por qué has venido?

JAVIER.-Ella era muy joven, Sor Gloria. Nos enamoramos locamente. Murió sin decirme nada. ¡Una falta de seriedad! He dejado de creer en la formalidad de todas.

SOR SAGRARIO.-Ramiro, encanto, dime algo. ¿Tienes adicción al sexo o prefieres ducharte?

RAMIRO.-Sor Sagrario... Me casé, me separé a los siete días y no tuvimos hijos. Era muy apasionado y, de noche, ponía el despertador a cada hora. ¡Cómo reaccionaba! A la mañana me mostraba la factura.

(Las monjas dejan de cogerles las manos. Las parejas se miran contentas. PAUSA. Alzan los vasos.)

MADRE JOSEFA.-¡Este encuentro hay que celebrarlo y repetirlo con frecuencia!

ALBERTO.-Me siento como en casa de mi madre.

SOR GLORIA.-¡Por este instante!

JAVIER.-¡Para que nunca se acabe!

SOR SAGRARIO.-¡Se eternizará!

RAMIRO.-¡Sin despertador para los sueños!

(Brinda cada pareja, beben de un trago y dejan los vasos donde estaban. SOR GLORIA y SOR SAGRARIO se levantan. Echando whisky en el vaso de ALBERTO.)

MADRE JOSEFA.-¡¡Alegría!! ¡¡Alegría!!

(SOR GLORIA y SOR SAGRARIO cogen sus vasos y los de sus parejas y van detrás de la barra. MADRE JOSEFA echa benedictino en el suyo.)

ALBERTO.-¡¡Levantemos los corazones!!

(SOR GLORIA prepara un cubalibre en el vaso de su pareja y SOR SAGRARIO un gin-tonic en el vaso de la suya.)

SOR GLORIA.-¡¡La vida es bella!!

JAVIER.-¡¡Maravillosa!!

(SOR SAGRARIO echa un benedictino en su vaso.)

SOR SAGRARIO.-¡¡Es para vivirla intensamente!!

(SOR GLORIA, después de cogerle la botella, echa un benedictino en su vaso.)

RAMIRO.-¡¡Y no parar en la estación del tiempo!!

(SOR GLORIA y SOR SAGRARIO llevan sus vasos y los de sus parejas a sus mesas. Se sientan como antes y beben rápidos y entusiasmados. Los hombres se van animando.)

MADRE JOSEFA.-¡¡Qué noche!!

ALBERTO.-¡¡La mejor de mi vida!!

SOR GLORIA.-¡¡Un auténtico deleite!!

JAVIER.-¡¡Me excita!!

SOR SAGRARIO.-¡¡El cuerpo, en ella,  estalla de deseo!!

RAMIRO.-¡¡Es afrodisíaca!!

(Beben de un trago, vacían los vasos y los dejan donde estaban. Crece la excitación en los hombres. MADRE JOSEFA se dispone a llenar la copa de ALBERTO mientras SOR GLORIA y SOR SAGRARIO se levantan.)

MADRE JOSEFA.-¡¡Alegría!! ¡¡Alegría!!

(ALBERTO aparta su copa, MADRE JOSEFA deja la botella, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO se sientan. Se observan. Los hombres se muestras ansiosos ante sus parejas. UN MOMENTO. Los hombres agarran a sus chicas que se irán separando un poco.)

ALBERTO.-¡¡Ven a mí, Madre Josefa!!

MADRE JOSEFA.-¡¡Domínate!!

JAVIER.-¡¡Vas a saber lo que es un hombre y no un capuchino, Sor Gloria!!

SOR GLORIA.-¡¡Repórtate!!

RAMIRO.-¡¡Te gusta más que rezar, Sor Sagrario!!

SOR SAGRARIO.-¡¡Soy doncella!!

(Cada pareja se mira seria. PAUSA. Reprendiéndolos.)

MADRE JOSEFA.-¡No debes seguir por este camino de perdición!

ALBERTO.-¿Qué dices?

SOR GLORIA.-¡Tienes un alma que salvar!

JAVIER.-¡No la veo!

SOR SAGRARIO.-¡Aquí es el sitio ideal para encontrar a Dios

RAMIRO.-¡Me sorprendes! Ignoraba que frecuentase estos lugares.

(PAUSA. Se transforman y llevan apasionadas sus brazos a los cuellos de ellos.)

MADRE JOSEFA.-¡Te quiero, Alberto! Pasaremos un gran momento feliz.

ALBERTO.-¡No resisto más!

SOR GLORIA.-Javier, amor mío, estaremos unidos en el placer.

JAVIER.-¡Imposible contenerme!

SOR SAGRARIO.-¡No puedo vivir sin ti, Ramiro! Seremos dos cuerpos en uno.

RAMIRO.-¡Es urgente!

(Las monjas, ahora, les cogen melosas las manos. PAUSA.)

MADRE JOSEFA.-Vamos a alcanzar juntos la cumbre del éxtasis.

SOR GLORIA.-Nos embriagaremos en la más sublime de las sensaciones.

SOR SAGRARIO.-Viviremos tú y yo la intensidad del goce.

(Les sueltan las manos.)

ALBERTO.-¿¿Cuándo??

JAVIER.-¿¿Dónde??

RAMIRO.-¿¿Cómo??

MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-Así...

(Saca cada una un rosario y se disponen a rezarlo. Entusiasmados.)

ALBERTO, JAVIER y RAMIRO.-¡¡Oh!!

(PAUSA.)

MADRE JOSEFA.-Lo vamos a pasar, chico...

ALBERTO.-¡Cuánto erotismo!

SOR GLORIA.-Te veo tan animado...

JAVIER.-Me hallo en un edén...

SOR SAGRARIO.-Comenzamos, cariño...

RAMIRO.-¡¡Ahora mismo!!

MADRE JOSEFA, SOR GLORIA Y SOR SAGRARIO.-Qué ansiosos...

ALBERTO, JAVIER y RAMIRO.-¡Por los fieles difuntos!

MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-Dios te salve María , llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre: ¡Jesús!

(Extasiados.)

ALBERTO, JAVIER y RAMIRO.-Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

(Las monjas se santiguan con los rosarios y los guardan.)

MADRE JOSEFA.-En un principio Dios creó el cielo y la tierra.

ALBERTO.-¡¡Sigue!!

SOR GLORIA.-Cristo murió por nosotros en la cruz.

JAVIER.-¡¡Continúa!!

SOR SAGRARIO.-Bienaventurados los que practican la pureza porque ellos alternarán con los santos.

RAMIRO.-¡¡Más!!

MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-¡Abrazad la fe!

(Muy extasiados.)

ALBERTO, JAVIER y RAMIRO.-¡¡Ayyyyyyyyyyyyyy...!!

(SILENCIO. ALBERTO se aparta. JAVIER y RAMIRO se levantan y van hacia él. Al mismo tiempo que SOR GLORIA y SOR SAGRARIO se levantan y van hasta detrás de la barra a los lados de MADRE JOSEFA. Hablan entre ellas.)

RAMIRO.-¡Lo he pasado...!

ALBERTO.-¡Una orgía!

JAVIER.-¡Qué relajo!

SOR GLORIA.-Tenéis que venir todos los días.

SOR SAGRARIO.-Pero antes... ¡Nuestros honorarios de hoy!

(Ellos llevan las manos a sus bolsillos.)

MADRE JOSEFA.-Después... ¡La fiesta no ha terminado!

(Ellos retiran las manos de sus bolsillos.)

RAMIRO.-Nos pervierten.

ALBERTO.-Son incombustibles.

JAVIER.-¡Su repertorio es muy diverso!

SOR SAGRARIO.-¿Qué pretende, Madre Josefa?

SOR GLORIA.-Si hay que disfrutar más...

MADRE JOSEFA.-Dios es amor. ¿Os dais cuenta? ¡Dios es amor! ¿Es que vamos a asesinar la existencia sin disfrutar de la fruta absurdamente prohibida de la vida? ¡Me resulta mortificador! Yo cuando estoy con un hombre, me pongo...       

SOR GLORIA.-No me lo explique, Madre Josefa. A mí me sucede lo mismo.

SOR SAGRARIO.-¡Y a mí! Una siente que revienta. ¡Palabra de Dios!

JAVIER.-No podemos abandonarlas con estos síntomas tan pronunciados...

ALBERTO.-Pueden morirse y la sociedad... nos acusará de asesinos.

RAMIRO.-Qué cargo de conciencia. ¡Nos juzgarán! ¡Tendremos que confesarnos!

MADRE JOSEFA.-¿Os apetece tomar una copa?

(Ellos se miran. PAUSA.)

JAVIER.-Ahora...

RAMIRO.-Es perjudicial.

ALBERTO.-Otro día.

SOR GLORIA.-¿Nos invitáis?

(Las miran serios. PAUSA.)

SOR SAGRARIO.-La necesitamos para no inhibirnos.

ALBERTO.-Tomadla.

JAVIER.-Os sentará bien.

RAMIRO.-Actuaréis más seguras.

(Ellas cogen un vaso cada una y lo llenan con la bebida que tomaron antes.)

MADRE JOSEFA.-¡¡Alegría!! ¡¡Alegría!!

SOR GLORIA.-¡¡Al rico benedictino!!

SOR SAGRARIO.-¡¡No hay que abstenerse de nada!!

(Beben de un trago y vuelven a llenar las copas. Voces bajas.)

RAMIRO.-¿Otra?

ALBERTO.-Son demasiadas.

JAVIER.-Por una más...

MADRE JOSEFA.-¡¡Diversión!! ¡¡Diversión!!

SOR GLORIA.-¡¡Bebamos!! ¡¡Disfrutemos!!

SOR SAGRARIO.-¡¡Qué placentera es la llamada del Señor!!

(Beben de un trago y vuelven a llenar sus copas. Se les nota los efectos de la bebida. Voces bajas.)

JAVIER.-Algún día pararán.

RAMIRO.-Nos costará...

ALBERTO.-¡No van a estar así toda la noche!

(Muy eufóricas.)

MADRE JOSEFA.-¡¡A comerse el mundo!! ¡¡A devorar su belleza!!

SOR GLORIA.-¡¡Todo para nosotras!!

SOR SAGRARIO.-¡¡Es el premio a nuestra brillante carrera!!

(Se disponen a beber de un trago y dejan mareadas sus vasos en la barra. Voces bajas.)

RAMIRO.-¿Observáis...?

ALBERTO.-Vergonzoso.

JAVIER.-¡Qué escándalo!

(Entre ellas. Voces bajas.)

MADRE JOSEFA.-Siento...

SOR GLORIA.-La cabeza...

SOR SAGRARIO.-Un tiovivo.

(Las monjas salen de la barra, completamente borrachas, moviéndose inseguras por el centro de la escena y tropezando con las cosas. Voces exageradamente apropiadas. Ellos las miran confusos.)

MADRE JOSEFA.-¡Y pensarán que estamos borrachas! ¡Ja, ja, ja! ¿Es que una monja no puede beber? ¡Eh! ¡Contestadme! ¿Hemos hecho el voto de abstemias? ¿Acaso vamos a estar rezando a cada rato? Si Dios, después de escuchar siempre las misma plegarias, nos dice molesto: ¡A ver si me dejáis en paz!

SOR GLORIA.-Por unas copitas inofensivas... ¡Riquísimas! Rosarios, oraciones, misas... ¡Qué gran atraso! Rezar... ¿A quién vamos a rezar? ¿A Dios? ¡Ja, ja, ja! Qué absurdo. Es que Dios, en el caso de no haya solicitado la excedencia, ¿precisa que lo adoremos para creerse importante?

SOR SAGRARIO.-¡Ja, ja, ja! ¡Toda la bebida del mundo en el estómago para animar el espíritu. Olvidarte de los días, semanas, meses, años que tienes que estar prisionera en el convento. ¡Qué crueldad! Si sólo falta que Dios, ese ser invisible de cuatro letras como nosotras, lleve la silla eléctrica a nuestra celda.

(Ellas, ajenas a todo, continúan moviéndose ebrias por la escena y tropezando con las cosas.)

JAVIER.-Estas ven dos camas y creen que la pareja está en la otra.

ALBERTO.-Así... no pueden realizarse. ¡Olvidémoslas!

RAMIRO.-¡¡Ni hablar!! Yo no me marcho de aquí sin quitarle el hábito a Sor Sagrario.

(Ellas continúan igual.)

MADRE JOSEFA.-¿Os apetece, chicas, despojarnos de nuestros hábitos? ¡Hacer un strip-tease de monjas!

 (Ellos se sitúan delante de la barra y ellas próximas.)

Exhibir nuestros deseosos cuerpos desnudos. ¡Mostrarnos como Dios nos trajo al mundo!

SOR GLORIA.-¡Me atrae muchísimo! Ya está bien de ser siempre unas ridículas. Mañana iré a la piscina y me pondré en topless. Y si pasa un obispo... ¡que mire! No tengo nada que ocultar.

SOR SAGRARIO.-¡Pienso ir a una playa nudista! ¡Liberarme de una vez! No voy a estar allí con el hábito... Me acusarían de prejuicios. Seré como todas y no me tendrán por una religiosa.

(Se paran y quedan frente al público.)

MADRE JOSEFA.-¡¡Strip-tease!!

SOR GLORIA.-¡¡Hagamos strip-tease!!

SOR SAGRARIO.-¡¡Un strip-tease integral!!

(Se disponen, como unas artistas consumadas, a quitarse los hábitos. Exaltados.)

JAVIER.-¡¡Más!!

ALBERTO.-¡¡Mucho más!!

RAMIRO.-¡¡Todo!!

(Ellas se encuentran mal y retiran sus manos.)

MADRE JOSEFA.-¡Ay...!

SOR GLORIA.-Yo...

SOR SAGRARIO.-Mi tumba...

(Las tres caen inconscientes al suelo. PAUSA. Sorprendidos.)

ALBERTO.-Si han ascendido al cielo...

JAVIER.-¿Qué... hacemos?

RAMIRO.-¡Comprobar si les late el corazón!

(Van sigilosos y de puntillas hasta las religiosas. Se sienten miedosos y se paran. Se miran. PAUSA. Las monjas, poco a poco y ante la sorpresa de ellos, se van levantando serenas. Les ha pasado la embriaguez. que estaban interpretando. Se escucha baja la canción “Sombras nada más entre tu boca y la mía...” mientras ellos se tornan ilusionados como si no hubiera ocurrido nada. Se aproximan decididos a ellas.)

JAVIER.-¿Bailas, Sor Gloria?

SOR GLORIA.-¡Encantada, Javier!

RAMIRO.-¿Te va esta pieza, Sor Sagrario?

SOR SAGRARIO.-¡Me chifla!

ALBERTO.-¿Un baile, Madre Josefa?

MADRE JOSEFA.-¡Con mucho gusto!

(Bailan separados y prudentes por toda la escena.)

JAVIER.-Bailas muy bien.

SOR GLORIA.-No tanto como tú.

RAMIRO.-Me entusiasma esta música.

SOR SAGRARIO.-Es divina.

ALBERTO.-Déjate llevar.

MADRE JOSEFA.-Hasta el fin del mundo.

(Ellos se aproximan un poco.)

JAVIER.-Me gustas, Sor Gloria.

SOR GLORIA.-Tú a mí también, Javier.

RAMIRO.-Me encuentro dichoso a tu lado, Sor Sagrario.

SOR SAGRARIO.-Siento una gran atracción hacia ti, Ramiro.

ALBERTO.-Nunca he conocido una mujer tan apasionada, Madre Josefa.

MADRE JOSEFA.-Eres tú la que me haces reaccionar así, Alberto.

(Las parejas, que siguen bailando, se unen totalmente y juntan sus caras. Baja la música. UN MOMENTO. Vuelve a escucharse como antes.)

JAVIER.-¿Cobras por acostarte conmigo, Sor Gloria?

SOR GLORIA.-Consumiciones incluidas...

RAMIRO.-¿Cuáles son tus honorarios en la cama, Sor Sagrario?

SOR SAGRARIO.-Sólo por un rato...

ALBERTO.-¿Debo pagar por hacer el amor contigo, Madre Josefa...?

MADRE JOSEFA.-Con la cama aparte...

(Ellas los sueltan.)

SOR SAGRARIO.-Pues...

MADRE JOSEFA.-La verdad...

SOR GLORIA.-Por ser para vosotros...

(Las monjas van detrás de la barra.)

JAVIER.-¡¡Decid!!

RAMIRO.-¿¿Cuánto??

ALBERTO.-¡¡Sin pedir el libro de reclamaciones!!

(Las monjas salen de detrás de la barra y les muestran un cepillo a cada pareja.)

MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-¡Seiscientos euros!

(Ellos sacan el dinero de sus bolsillos y lo van echando en el cepillo de cada pareja.)

ALBERTO.-Por las ánimas del purgatorio.

MADRE JOSEFA.-El Señor te lo pagará.

RAMIRO.-Para el bautismo de los infieles.

SOR SAGRARIO.-Qué gran inversión.

JAVIER.-Por la conversión de los pecadores.

SOR GLORIA.-Dios te entregará el ciento por uno.

(Quedan con los cepillos en sus manos derechas. Cada hombre les ofrecerá el brazo derecho y ellas lo irán cogiendo.)

ALBERTO.-Madre Josefa...

MADRE JOSEFA.-¡Alberto, mío!

JAVIER.-Sor Gloria....

SOR GLORIA.-¡Mi querido Javier!

RAMIRO.-Sor Sagrario...

SOR SAGRARIO.-¡Te quiero, Ramiro!

(Crece la música. La parejas, y por este orden, van haciendo así mutis por la escalera. La canción se escucha muy fuerte. UN MOMENTO. SILENCIO LARGO. Por la escalera baja extasiado JAVIER.)

JAVIER.-¡Ah...!

(Por la escalera baja ensimismado RAMIRO.)

RAMIRO.-¡Oh...!

(Por la escalera baja abstraído ALBERTO.)

ALBERTO.-¡Ideal!

(Se juntan en el centro de la escena y entrelazan beatíficos las manos.)

JAVIER, RAMIRO y ALBERTO.-¡Ha brotado en nosotros la verdad eterna!

(Sueltan las manos. Mutis de los tres por la puerta derecha. SILENCIO LARGO. Por la escalera, sin los cepillos, bajan MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO. Han quitado los hábitos y visten muy sexys y provocativas. Todas muy escotadas y melenas sueltas. MADRE JOSEFA traje rojo, abierto, sin mangas y con la espalda al aire. SOR GLORIA blusa juvenil y minifalda. SOR SAGRARIO blusa de colores y pantalones muy ceñidos. Están excesivamente pintadas y se percibe, sin esforzarse, su inequívoca profesión.)

MADRE JOSEFA.-¡Al fin me he encontrado!

SOR GLORIA.-¡Me parece imposible!

SOR SAGRARIO.-¡El tiempo que hemos perdido inútilmente!

(MADRE JOSEFA en el centro, SOR SAGRARIO a su izquierda y SOR GLORIA a su derecha van avanzando lentas hasta el centro del primer término.)

MADRE JOSEFA.-Los días transcurren, Sor Sagrario y Sor Gloria.

SOR GLORIA.-Sí, Madre Josefa. Mientras continuamos dichosas con nuestro trabajo.

SOR SAGRARIO.-¡La más hermosa carrera que puede cursar una mujer, Madre Josefa y Sor Gloria!

(La luz deja de iluminar todo excepto a los tres personajes que entrelazan piadosas sus manos. Se arrodillan al unísono y miran soñadoras al frente. Se comienzan a escuchar débiles las voces de un coro que interpreta “Salve, Regina, Mater misericordia...”. Van creciendo paulatinamente las voces hasta oírlas fuertemente.

Rápidamente cae el

TELÓN

ACTO SEGUNDO

(Se apagan las luces de la sala mientras se comienzan a escuchar débiles las voces de un coro que interpreta “Salve, Regina, Mater misericordia...”. Se va alzando lentamente el telón al unísono que crecen las voces hasta oírse fuertemente. Oscuridad un instante. Luz sólo sobre MADRE JOSEFA en el centro, SOR SAGRARIO a su izquierda y SOR GLORIA a su derecha. Visten como al final del primer acto. Se encuentran extasiadas y de rodillas, en el centro del primer término y con las manos entrelazadas, mirando al frente. UN MOMENTO. Van bajando paulatinamente las voces hasta dejar de escucharlas al mismo tiempo que las lámparas del local nos va mostrando, poco a poco, la totalidad del escenario. Mismo decorado. El anuncio luminoso está apagado. Anochecer de verano. Los personajes dejan caer sus manos, se levantan y santiguan.)

MADRE JOSEFA.-Sor Gloria, Sor Sagrario, qué alegría seguir juntas las tres.

SOR SAGRARIO.-Sí, Madre Josefa. Comenzamos nuestra empresa la primavera pasada y ya nos hemos consagrado en un par de meses. ¡Una precocidad!

SOR GLORIA.-¡Me siento muy estresada! Nos merecemos unas vacaciones. ¡Es mucho trabajo!

(PAUSA. Pasean felices por la cafetería)

MADRE JOSEFA.-Se ha puesto la oferta de los hombres... ¿Dónde vamos a encontrar un trabajo tan lucrativo? ¡Es el negocio del siglo!

SOR GLORIA.-Lo malo es que nos matan a impuestos, Madre Josefa. ¡Hacienda vive gracias a nosotras!

SOR SAGRARIO.-¡Una injusticia social! Si no fuese por la vocación..., ¡me metería monja!

(Se paran.)

MADRE JOSEFA.-¿Acaso no lo seguimos siendo? ¡Los espejos dan siempre la respuesta a la ilusión!

(Van lentas y desconfiadas ante la barra. Se paran y se apaga y enciende rápida la luz. En el espejo figuran las fotos de las tres vestidas de monjas.)

SOR SAGRARIO.-¿Se dan cuenta? ? ¡Hemos abandonado el convento para evangelizar el mundo!

(Se apaga y enciende rápida la luz. Han desaparecido sus fotos y se ven en el espejo tal como están vestidas.)

SOR GLORIA.-En lo que nos hemos convertido. ¡Unas profesionales del oficio más antiguo del mundo!

(Van lentas y decepcionadas al centro de la escena.)

MADRE JOSEFA.-Hace tiempo que no entra nadie.

SOR SAGRARIO.-¡Es imposible subsistir así sin poder pagar el alquiler!

(Bajan derrotadas, lentas y al unísono, sus cabezas.)

SOR GLORIA.-¡¡Réquiem por los clubes de alterne!!

(Alzan lentas sus cabezas. PAUSA. Se sienta encima de la mesa derecha, cruza las piernas y enciende un cigarrillo.)

MADRE JOSEFA.-Nací, como en el hospicio, en un lugar de estos. Tenía muchas madres. Me llevaban todas las noches al club hasta que lo cerraban. Me presentaban a los clientes que me compraban chocolatinas. ¡Cómo las querían! Les daban muchísimo dinero. ¡Presumía de mamás acaudaladas! 

SOR GLORIA.-Usted se crió como una niña rica. ¡Sería la envidia de las de su edad!

MADRE JOSEFA.-Cuando la de turno invitaba, en su apartamento, a cenar a un cliente, él me cantaba una nana y me quedaba dormida. Después me despertaban y retornábamos al club. ¡Divertidísimo!

(Suspiran.)

SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-¡Ay, qué vida tan edificante!

MADRE JOSEFA.-Los Reyes Magos me traían infinidad de muñecas pintadas y desnudas. Yo les quitaba las estridentes pinturas y las vestía de monjas. ¡Podrían ocupar todos los conventos!

SOR SAGRARIO.-¡Jamás estuvieron tan solicitados!

MADRE JOSEFA.-Así que fui jovencita, y como había recibido una educación tan esmerada, seguí el ejemplo de ellas: ¡Inicié la profesión para ser útil a la sociedad!

(Se sienta encima de la barra, cruza las piernas y enciende un cigarrillo.)

SOR SAGRARIO.-Tenía mucho éxito con los chicos... Aparecían por tierra, mar y aire. Eran tan agradables, tan atractivos... ¡Me gustaban bastante, tal vez demasiado! No es que supiesen mucho, pero habían aprendido un juego tan gracioso... Puede que se lo enseñaran en algún circo. ¿Ustedes lo conocen?

(Muy sorprendidas.)

MADRE JOSEFA y SOR GLORIA.-¿¿Vamos a poseer tan buena memoria??

SOR SAGRARIO.-Conocí a mi hombre ideal. ¡Nos enamoramos! Era celoso y sólo debería jugar con él. ¡Qué retrógrado! Nos hicimos novios, me propuso casarme. Llegué tan ilusionada al altar... ¡Maldito día!

MADRE JOSEFA.-¡Explícate, hija! ¿Qué te sucedió?

SOR SAGRARIO.-¡Se había olvidado de jugar! Me separé. ¡La pareja que no juega entierra el amor! Precisaba vivir del juego, ser ludópata. Me doctoré, con becas, en la Facultad de Prostitución. El título no abría puertas.

SOR GLORIA.-Cuando gobierna la derecha , privatizan todos los establecimientos.

SOR SAGRARIO.-Me hice amiga de un ministro de comunión diaria. Me recomendó y gané la oposición a un club. ¡El funcionariado que ofrecen! Trabajar para el poder. Escapé y llegué aquí. La reconversión del sector...

(Se sienta encima de la mesa del centro, cruza las piernas y enciende un cigarrillo.)

SOR GLORIA.-Era el último piso de un rascacielos. Sus padres asomaban a su hijo impedido en la ventana de enfrente. Una mañana le di los buenos días y me desnudé. ¡Hacía el amor...! Nuestras familias felices, los demás vecinos nos animaban, los guardias contrataron una orquesta, los transeúntes... ¡bailaban y aplaudían!   

(Aplauden entusiasmadas.)

MADRE JOSEFA y SOR SAGRARIO.-¡Bravo! ¡Muy bien!

SOR GLORIA.-Los padres de él, una noche, pidieron la mano a mis padres. ¡Qué regocijo de los vecinos, transeúntes y familias! ¡Tracas! ¡Cohetes! ¡Globos de colores! ¡Fuegos artificiales! ¡Quemaron una falla con una chica y un chico frente a frente y asomados a una ventana! ¡Nos besamos  fuerte y desfilaron los militares!

MADRE JOSEFA.-¡Oh! ¡Un beso de amor puede dar la vuelta al mundo!

SOR GLORIA.-Llegó el día de la boda. Era por la tarde. Me esperaba vestido de etiqueta. Aparecí con mi traje de novia y ramo de azahar. Se escuchaba una Marcha nupcial.¡El corrió a abrazarme! Era inevitable... ¡Se estrelló contra el asfalto! Los transeúntes desaparecieron decepcionados. Los vecinos se retiraron tristes. Los padres de él me acusaban y señalaban con el dedo. ¡Mis padres me tiraron indignados por la ventana!

SOR SAGRARIO.-¿No se murió algo?

SOR GLORIA.-Tuve la suerte de caer, como un salvavidas, sobre su cadáver. ¡Salí ilesa! Para que digan que los muertos no sirven para nada. En casa, qué equivocados, no me admitían por conducta dudosa. ¿Qué iba a hacer? ¡La calle! Trabajar donde me arrojaron. Pronto me empleé en otros clubes hasta que terminé en éste.

(Se miran. PAUSA. Dejan de estar sentadas en la barra y mesas y se incorporan.)

MADRE JOSEFA.-¡Somos cadáveres maquillados de otra época! Si adoptásemos un niño para pedir...

SOR GLORIA.-¡Los marginarían por ser nuestros hijos! Dios nos ayudará y lloverán clientes. ¡Tengamos fe!

SOR SAGRARIO.-Mientras nosotras, las cabecitas locas, nos vamos... ¡a las misiones imposibles!

(PAUSA. Suena el teléfono. Se miran. SOR GLORIA va detrás de la barra y lo coge.)

SOR GLORIA.-Sor Gloria al aparato. ¿Sección de caprichos...? ¿Nos conocemos?

(Voz normal.)

MADRE JOSEFA.-¿Quién llama?

(Tapa el micro.)

SOR GLORIA.-Un... mamífero.

SOR SAGRARIO.-Dígale que desea.

(Al teléfono.)

SOR GLORIA.-¿Se pueden saber tus intenciones?

(Muy sorprendida.)

¿¿Cómo??

(Van lentas y extrañadas hasta la barra. Voz baja.)

MADRE JOSEFA.-¿De... qué... habla...?

(Tapa confusa el micro.)

SOR GLORIA.-Es... tan... extraño...

SOR SAGRARIO.-Como no se defina...

(Al teléfono.)

SOR GLORIA.-Me gustaría... entenderte.

(Voz baja.)

SOR SAGRARIO.-Unas fantasías...

SOR GLORIA.-¿Estás muy frío...?

(Voz baja.)

MADRE JOSEFA.-¿Mucho...?

(Tapa el micro.)

SOR GLORIA.-Busca... entrar... en calor...

SOR SAGRARIO.-¿Entonces... quiere...?

(Al teléfono.)

SOR GLORIA.-¿Dispuesto a salir del frigorífico...?

(Voz baja.)

MADRE JOSEFA.-Cuando se congelan...

(Asombrada.)

SOR GLORIA.-¿¿Con todas simultáneamente??

(Voces bajas.)

MADRE JOSEFA y SOR SAGRARIO.-¿¿Sin orden...??

(Tapa el micro.)

SOR GLORIA.-¡¡Servicio a domicilio!! Y su voz resulta tan débil...

(Coge el teléfono.)

MADRE JOSEFA.-¿Dónde vives...?

(Coge el teléfono.)

SOR SAGRARIO.-¿En el cementerio...?

(Coge el teléfono.)

SOR GLORIA.-¿Esconderse si pasa un entierro...?

(Las tres ponen el teléfono próximo a sus oídos.)

MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-¡¡Descanse, señor difunto!!

(Cuelgan asustadas y van lentas al centro del escenario. Se miran. SILENCIO.)

SOR GLORIA.-¡Qué cómodo el finado! Desear que actuemos delante de su lápida... ¡Puede acercarse hasta aquí con los de su gremio! Abres un club de alterne y te asocian con una indecente.

(PAUSA.)

SOR SAGRARIO.-Llamar obscena a esta santa casa...

(Bajan sus cabezas.)

MADRE JOSEFA.-Parece un convento de clausura.

(SILENCIO. Alzan sus cabezas.)

SOR GLORIA.-Idónea para ejercicios espirituales.

SOR SAGRARIO.-¡Esto es un hobby que nos cuesta dinero!

MADRE JOSEFA.-Sólo esperamos, en este fuego que nos consume, que aparezca algún bombero caritativo para aplacar nuestras necesidades fisiológicas.

(PAUSA. Miedosas.)

SOR SAGRARIO.-Temo la pasión de los hombres. Es posible que nos origine un trauma.

SOR GLORIA.-Beberemos, con ellos, para relajarnos. ¡Una cosa tan dolorosa...!

MADRE JOSEFA.-Dejemos de mortificarnos. No creo que produzca sufrimiento. ¡Brindaremos en esta fiesta! ¡Pasaremos un momento inolvidable!

(Se muestran contentas. PAUSA.)

SOR GLORIA.-Fumaremos...

MADRE JOSEFA.-Con lo que estimula el tabaco...

SOR SAGRARIO.-Los conquistaremos...

MADRE JOSEFA.-¡Debemos usarlos!

(Muy asombradas.)

SOR SAGRARIO.-¿¿Usarlos??

SOR GLORIA.-¿¿Utilizar las camas que se pudren arriba??

MADRE JOSEFA.-Es lo procedente. ¡No vamos a convertir el local en una pensión!

(PAUSA.)

SOR GLORIA.-Nos desvestirán...

MADRE JOSEFA.-¡Ja, ja, ja! ¡No insistas! ¡Me da vergüenza! ¡Puedo resfriarme!

SOR SAGRARIO.-¡Madre Josefa! ¡Qué difícil es llevar una vida sexual sana!

(Se miran. PAUSA.)

SOR GLORIA.-Sin ropa el uno frente al otro...

SOR SAGRARIO.-Para... ¿terminar...?

MADRE JOSEFA.-¡En la más fascinante de las aventuras!

(Junta sus manos.)

SOR GLORIA.-Pidamos al Señor que no nos olvidemos.

SOR SAGRARIO.-Qué hermoso será volver a recordarlo.

(Las sueltan.)

MADRE JOSEFA.-Limpiemos nuestro templo por si hoy viene alguno a orar con nosotras.

(Van detrás de la barra y cogen debajo tres escobas.)

SOR SAGRARIO.-Cada hogar es el espejo de una mujer.

SOR GLORIA.-Les incitará nuestro buen gusto...

(Comienzan a barrer. SOR GLORIA detrás de la barra y el mostrador. SOR SAGRARIO los servicios con las puertas abiertas, que al final cerrará,  y las escaleras visibles. MADRE JOSEFA el local para el público, mesas y sillas. Hacen rápidas el trabajo mientras cantan alegres.)

MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-“Vamos, niñas, al sagrario/ que Jesús llorando está, / pero viendo tantas niñas/ muy contento se pondrá”.

(Se paran molestas.)

SOR SAGRARIO.-¡¡Cantemos otra cosa!!

SOR GLORIA.-¡¡Nos tomarán por místicas!!

MADRE JOSEFA.-¡¡Somos vendedoras de deleites!!

(Siguen barriendo y cantando felices.)

MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-“Fumando espero/ al hombre que yo quiero...”.

(Van dejando las escobas, en la parte baja, detrás de la barra.)

SOR SAGRARIO.-¡Lujurioso!

SOR GLORIA.-¡Un lugar de perdición!

MADRE JOSEFA.-¡Entra El diablo y se sonroja con tanta lascivia!

(Salen de detrás de la barra y van al centro del local. Se miran contentas. SILENCIO.)

SOR GLORIA.-Haré una novena si me acompaña la suerte.

(Se dirigen a la puerta derecha.)

SOR SAGRARIO.-Prometo confesarme después.

(Se pone delante de ellas.)

MADRE JOSEFA.-¿¿Pensáis que esto es pecado??

(La besan, al mismo tiempo, en cada mejilla.)

SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-Disculpe nuestro desconocimiento de la verdad, Madre Josefa.

(Las acaricia amable.)

MADRE JOSEFA.-¡Triunfaremos en nuestro impulso vocacional! Vivamos intensamente esta noche estrellada de verano. ¡La estación en la que las apasionadas alcanzamos la cima de los termómetros!

(Muy extasiadas.)

SOR GLORIA.-¡¡Ardo...!!

SOR SAGRARIO.-¡¡Deliro...!!

(Va hasta la puerta derecha y acciona.)

MADRE JOSEFA.-El faro que los conducirá a nosotras es este anuncio luminoso del local.

(Se perciben fuera los destellos de colores del anuncio.)

SOR GLORIA.-¡Totalmente celestial! ¡Igual que fuegos fatuos!

SOR SAGRARIO.-¡Nuestro “Club El Paraíso”! ¡La estrella que orienta a los tres Reyes Magos!

(Se aproximan a MADRE JOSEFA.)

MADRE JOSEFA.-Los toques de la campana despertarán en sus tumbas a los admiradores amnésicos.

(Tiran las tres de una cuerda, próxima a la puerta derecha, y se escucha el triste tañido de una campana tocando a muerto. Desoladas.)

MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-¡¡Estamos tocando a muerto!!

(Dejan de tirar de la cuerda y cesa el tañido de la campana. Va hasta la puerta y la acciona.)

MADRE JOSEFA.-La puerta se abre como se alza el telón con ilusiones nuevas.

(Dando palmas.)

SOR SAGRARIO.-¡Enseguida harán cola!

SOR GLORIA.-¡Pondremos el cartel de no hay billetes!

(Vuelven contentas al centro. Se miran. PAUSA. MADRE JOSEFA se torna soñadora.)

MADRE JOSEFA.-Me viene a la memoria en la pasada primavera... ¿Os acordáis de que entraron tres chicos y tuvimos que fingir estar mareadas? ¡Qué noche voluptuosa! No nos han visitado más.

SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-¡Volverán!

(SOR SAGRARIO hace mutis por la escalera. SOR GLORIA, cerrando la puerta, hace mutis por el servicio de señoras. MADRE JOSEFA se sitúa detrás de la barra, se agacha y no se ve. UN MOMENTO. Por la puerta derecha entra decidido JAVIER. Viste de sacerdote. Sotana y teja.)

JAVIER.-¡Era aquí!

(Por la puerta del servicio de señoras, cerrándola, entra SOR GLORIA. Sorprendida.)

SOR GLORIA.-¡Javier!

(Muy confuso.)

JAVIER.-Usted... ¡Perdone!

(Mutis corriendo por la puerta derecha. Extrañada.)

SOR GLORIA.-El... ¡Trabaja de cura!

(Mutis lento, cerrándola, por la puerta del servicio de señoras. UN MOMENTO. Por la puerta derecha entra decidido RAMIRO. Viste de sacerdote. Sotana y teja.)

RAMIRO.-¡Parece que fue ayer!

(Por la escalera entra SOR SAGRARIO. Sorprendida.)

SOR SAGRARIO.-¡Ramiro!

(Muy confuso.)

RAMIRO.-Hermana... ¡Me he confundido!

(Mutis corriendo por la puerta derecha. Extrañada.)

SOR SAGRARIO.-Antes... ¡Era seminarista!

(Mutis lento por la escalera. UN MOMENTO. Por la puerta derecha entra decidido ALBERTO. Viste de sacerdote. Sotana y teja Se sitúa ante la barra.)

ALBERTO.-¡La misma barra! Si siguiese en este local...

(MADRE JOSEFA se incorpora detrás de la barra. Sorprendida.)

MADRE JOSEFA.-¡Alberto!

(Muy confuso.)

ALBERTO.-Madre... ¡No piense...!

(Mutis corriendo por la puerta derecha. Extrañada.)

MADRE JOSEFA.-Qué costumbres... ¡Cómo está el clero!

(Se agacha lenta detrás de la barra y deja de verse. UN MOMENTO. Por la puerta del servicio de señoras, cerrándola, entra SOR GLORIA. Al mismo tiempo que por la escalera entra SOR SAGRARIO y sale de la barra MADRE JOSEFA. Están aturdidas. Se miran. SILENCIO.)

SOR GLORIA.-Ha venido y... vestía de sacerdote.

SOR SAGRARIO.-El mío... usaba sotana y teja.

MADRE JOSEFA.-Lo vi... uniformado de cura. ¡No es una alucinación colectiva!

(Van corriendo al servicio de señoras y, cerrando la puerta, hacen mutis por este término. UN MOMENTO. Por la puerta derecha, sigilosos y de puntillas sin conocerse, entran nerviosos JAVIER, RAMIRO y ALBERTO. Van al centro del local. Se paran cohibidos. PAUSA. Se miran. PAUSA)

JAVIER.-¡Qué casualidad! Los tres trabajamos en la misma fábrica. Me parece esta cafetería un poco extraña. Un ambiente distinto... Antes entré, ¡Dios me lo perdone!, y vi una chica con una minifalda...

RAMIRO.-¿¿Sí?? ¡Abandonemos sitios pecaminosos! Una joven lucía unos pantalones tan ceñidos...

ALBERTO.-¿¿Mucho?? Huyamos de lugares impúdicos porque  una mujer exhibía un trajecito abierto...

(PAUSA. Presentaciones y se dan la mano.)

RAMIRO.-Soy, por la gracia del Señor, el Padre Ramiro.

ALBERTO.-Encantado. Y yo, por intercesión de María Santísima, el Padre Alberto.

JAVIER.-El gusto es mío. Jesús, ya han oído hablar de El, me ha transformado en el Padre Javier.

(Se tornan muy nerviosos. PAUSA. )

ALBERTO.-Hace una semana que soy sacerdote. Lo mío, cosas de las alturas, fue una vocación tardía.

JAVIER.-¡También cumplo siete días de casado con la Iglesia y por la Iglesia hasta que la muerte nos separe!

RAMIRO.-Nos descubre aquí en plena luna de miel..., ¡qué adulterio! ¡La Iglesia queda viuda y muere de pena!

(Van corriendo al servicio de caballeros y, cerrando la puerta, hacen mutis por este término. UN MOMENTO. Se abre la puerta del servicio de señoras, que cerrarán, y entran contentas e ilusionadas MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA. Van al centro de la escena.)

MADRE JOSEFA.-¡Qué bromista es la mente! No ha venido ningún cura. ¡El futuro es nuestro!

(Van detrás de la barra y, con MADRE JOSEFA en el medio, aguardan juntas y entusiasmadas.)

SOR GLORIA.-Cuánto optimismo. ¡Nos impondrán la medalla del Trabajo!

(Cruzan los brazos y esperan serias. UN MOMENTO. Van comenzando a impacientarse. UN MOMENTO. Dejan caer las manos.)

SOR SAGRARIO.-¡¡Imitaremos a las grandes damas inaugurando aquí una tómbola benéfica!!

(Van hasta delante de la puerta derecha y accionan a imaginarios transeúntes al mismo tiempo que se abre la puerta del servicio de caballeros, que cerrarán, y entran contentos JAVIER, RAMIRO y ALBERTO. Se dirigen al centro de la escena sin fijarse en las chicas ni ellas en ellos.)

MADRE JOSEFA.-¡Pasen, señores, pasen! ¡Olvida un día a tu mujer y diviértete conmigo! ¡La pobre sólo sabe la enseñanza primaria!

JAVIER.-¡Es un club de alterne, Padres! Sor Gloria me convirtió. Sólo vengo a visitarla.

SOR SAGRARIO.-¡Déjese querer, señor obispo! ¡Doy facilidades de pago!

RAMIRO.-También vi la verdadera luz con Sor Sagrario. ¡Es un ángel!

SOR GLORIA.-¡Han caído en nuestras redes de la calle!

ALBERTO.-La Madre Josefa hizo que descubriera mi camino. ¡Le estoy tan agradecido...!

(Se vuelven contentas y ellos juntan sus manos.)

MADRE JOSEFA, SOR SAGRARIO y SOR GLORIA.-¡¡Los curas!!

JAVIER, RAMIRO y ALBERTO.-¡Visten como aquella noche!

(Abrazan al mismo tiempo, rápidas y apasionadas, a sus parejas de antes.)

MADRE JOSEFA.-¡¡Alberto, cielo!!

SOR SAGRARIO.-¡¡Ramiro, amor!!

SOR GLORIA.-¡¡Javier, cariño!!

(Se separan rápidos y dejan caer sus manos.)

ALBERTO.-¡Madre Josefa! Soy el Padre Alberto.

RAMIRO.-¡Por favor, Sor Sagrario! Ahora me llamo el Padre Ramiro.

JAVIER.-¿Qué hace, Sor Gloria? Piense que habla con el Padre Javier.

(Sorprendidas.)

SOR GLORIA.-A veces... entra alguno. ¡Pero tres al mismo tiempo...!

MADRE JOSEFA.-¡Qué promoción!

SOR SAGRARIO.-Eran los únicos que teníamos y... ¡los ordenan sacerdotes!

(MADRE JOSEFA va, por detrás, al centro de la barra. SOR SAGRARIO se sitúa, delante de la barra, en el extremo próximo a la escalera. SOR GLORIA se coloca, delante de la barra, en el extremo cercano al primer término. En el centro de la barra y a MADRE JOSEFA.)

ALBERTO.-Por favor, Madre Josefa, una limonada.

(Se la ofrece.)

MADRE JOSEFA.-Está riquísima, Padre Alberto. Puede repetir.

(Va bebiendo lento. Se sienta en la silla derecha de la mesa derecha.)

JAVIER.-¡Un té, Madre Josefa!

MADRE JOSEFA.-¡Que lo disfrute, Sor Gloria!

(Lo pone en una bandeja. Se sienta en la silla derecha de la mesa del centro.)

RAMIRO.-¡Un café con leche, Madre Josefa!

MADRE JOSEFA.-¡Debe saborearlo, Sor Sagrario!

(Lo pone en una bandeja. Se lo ofrece y deja la bandeja en la mesa.)

SOR GLORIA.-Su deseo, Padre Javier.

JAVIER.-Muy amable, Sor Gloria. Dios se lo pagará.

SOR GLORIA.-Prefiero que sea usted.

(Va bebiendo lento. Se lo ofrece y deja la bandeja en la mesa.)

SOR SAGRARIO.-Lo que ha pedido, Padre Ramiro.

RAMIRO.-Muchas gracias, Sor Sagrario. ¿Cómo será la cafetería del cielo?

SOR SAGRARIO.-Más o menos... como ésta.

(Va bebiendo lento. UN MOMENTO.)

MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-Padres... ¿Nos invitan a una copa?

ALBERTO, JAVIER y RAMIRO.-Pueden alcoholizarse.

(Las monjas, al unísono, les dan la espalda a sus parejas. Se tornan molestos. SILENCIO. Contentos.)

¡Beban con moderación!

(Las monjas vuelven, rápidas y felices, sus cabezas hacia sus parejas. Llena una copa.)

MADRE JOSEFA.-¡Al milagroso benedictino!

SOR GLORIA.-¡Otro benedictino!

(Se sienta en la silla izquierda de la mesa derecha.)

SOR SAGRARIO.-¡Un benedictino para mí!

(Se sienta en la silla izquierda de la mesa del centro. MADRE JOSEFA llena dos copas y las sirve en una bandeja.)

MADRE JOSEFA.-Tu copa, Sor Sagrario. No me olvido de la tuya, Sor Gloria.

(Coge las bandejas de las dos mesas, las deja sobre el mostrador y vuelve al centro de detrás de la barra. Beben todos sus consumiciones.)

JAVIER.-¡Cuánta tranquilidad!

RAMIRO.-¡Una noche de paz!

ALBERTO.-¡Qué ambiente tan sano!

(Saca un cigarrillo.)

SOR GLORIA.-Abra la boca, Padre Javier.

(La abre, se lo pone en la boca y enciende el de él y el suyo.)

JAVIER.-Gracias, Sor Gloria. Es tan pobre la carrera de cura...

(Ella fuma sensual. Se lo ofrece.)

MADRE JOSEFA.-Este cigarrillo está bautizado, Padre Alberto.

(Le da uno y ella coge otro. MADRE JOSEFA le da fuego y después enciende el suyo.)

ALBERTO.-¡Madre Josefa, estas señales de humo son oraciones que llegan a Dios!

(Ella fuma sensual. Se lo ofrece.)

SOR SAGRARIO.-¿Fuma, Padre Ramiro?

(Lo coge cohibido.)

RAMIRO.-No... me... atrevo, Sor Sagrario. En la eternidad está prohibido hacerlo para seguir siendo inmortal.

(Coge otro cigarrillo, le da fuego y después enciende el suyo. Ella fuma sensual. Continúan bebiendo y fumando mientras va creciendo un clima animado. PAUSA LARGA. Intenta cogerle una mano.)

MADRE JOSEFA.-Padre Alberto..., me atrae tanto probarlo...

(Se la aparta.)

ALBERTO.-¡No arruine mi castidad, Madre Josefa!

(Intenta besarlo.)

SOR GLORIA.-¡Quiero perderme en sus labios, Padre Javier!

(La rechaza.)

JAVIER.-¡Sor Gloria, el beso es una agencia de viajes al averno!

(Intenta llevar la mano por debajo de la sotana.)

SOR SAGRARIO.-Le voy a bajar los pantalones, Padre Ramiro.

(La rechaza.)

RAMIRO.-¡Sor Sagrario! ¡Puedo coger la gripe!

(MADRE JOSEFA se aparta al mismo tiempo que SOR GLORIA y SOR SAGRARIO se levantan.)

MADRE JOSEFA.-¡Qué curas decadentes! ¡Resultan una ofensa para los actuales!

SOR GLORIA.-¡Jamás llevarían a una mujer del brazo a bailar en una procesión!

SOR SAGRARIO.-¿Son aptos para hacerles la prueba de paternidad? ¡Procreadores los de antes!

ALBERTO.-¡Padres...! ¡Ja, ja, ja! Piensan que hemos alcanzado la fecha de caducidad.

JAVIER.-¡Lo que aprendimos de las señoras que confesamos...! ¡Ja, ja, ja!

RAMIRO.-¡Ja, ja, ja! ¡Es para denunciarlas! ¡Las monjas nos arrojan sus hábitos!

(MADRE JOSEFA retorna a su sitio al mismo tiempo que SOR GLORIA y SOR SAGRARIO se sientan.)

MADRE JOSEFA.-Disculpen, Padres, que los viéramos como seres morales.

SOR GLORIA.-Me arrepiento de haberlos considerado honestos.

SOR SAGRARIO.-Dennos su absolución por dudar de sus facultades viriles.

(Terminan las consumiciones y fumarán más cigarrillos. Cada pareja se mira atraída y transportada. SILENCIO LARGO. Los curas les cogen las manos. Crece el embeleso. PAUSA.)

ALBERTO.-Estábamos los dos en este mismo sitio. ¿Recuerda, Madre Josefa?

MADRE JOSEFA.-Sí, Padre Alberto, como si aconteciese ahora. Parece que se ha detenido el tiempo. Fue todo tan maravilloso... Un momento que equivale a una vida. ¡Alcanzamos la cúspide de la felicidad!

JAVIER.-No hace mucho, Sor Gloria, también nos encontrábamos juntos. ¿Acaso lo ha olvidado?

SOR GLORIA.-Imposible que aquella noche huyese de mi memoria como latidos de relojes que se pierden en el azul del aire. ¡Oh, Padre Javier! Es tan varonil...¡No se puede imaginar lo que gocé con su compañía!

RAMIRO.-Sor Sagrario... Nos conocimos, hace poco, en este local. ¡Qué gran sueño vivimos!

SOR SAGRARIO.-¿Protagonizamos antes la realidad, Padre Ramiro, o la ficción enseña el rostro en este instante? Siempre es el mismo sueño, no lo dude, que nos muestra la luz de vivir lo sublime entre las horas.

(Las sueltan. Cada pareja, ajena a todo, se miran muy enamorados. PAUSA LARGA.)

SOR GLORIA.-Padre Javier...

JAVIER.-Sor Gloria...

MADRE JOSEFA.-Padre Alberto...

ALBERTO.-Madre Josefa...

SOR GLORIA.-Padre Ramiro...

RAMIRO.-Sor Sagrario...

(PAUSA. Crece considerablemente la luz. Alborozo en todos.)

ALBERTO.-¡¡Alegría!! ¡¡Alegría!!

(SOR GLORIA y SOR SAGRARIO cogen sus vasos y los servicios de sus parejas y van detrás de la barra. Lo echa en un vaso y se lo ofrece.)

MADRE JOSEFA.-Su whisky, Padre Alberto.

(SOR GLORIA prepara un cubalibre en un vaso y SOR SAGRARIO un gin-tonic en otro. ALBERTO va bebiendo rápido y feliz.)

JAVIER.-¡¡Ese cubalibre, Sor Gloria!!

SOR GLORIA.-¡¡Ahora mismo, Padre Javier!!

(Echa un benedictino en su vaso.)

RAMIRO.-¡¡Me tarda el gin-tonic, Sor Gloria!!

(Le coge la botella y echa un benedictino en su vaso.)

SOR SAGRARIO.-¡¡En el acto!! Perdone... ¡¡En este instante, Padre Ramiro!!

(SOR GLORIA y SOR SAGRARIO, en una bandeja, llevan sus vasos y los de sus parejas a sus mesas. Se sientan como antes. Retorna la luz. Beben rápidos y entusiasmados. Los sacerdotes se van animando.)

(Alzan los vasos.)

ALBERTO.-¡Se impone un brindis!

MADRE JOSEFA.-¡Por la magia de esta noche!

JAVIER.-¡Para que la luz no la extinga!

SOR GLORIA.-¡Y desconozcamos el final!

RAMIRO.-¡El deseo llama a la puerta de sus sombras!

SOR SAGRARIO.-¡No pondremos esposas a los sueños!

(Brindan, beben de un trago y dejan los vasos donde estaban.)

ALBERTO.-¡¡Alegría!! ¡¡Alegría!!

 (SOR GLORIA y SOR SAGRARIO cogen sus vasos y los de sus parejas y van detrás de la barra. Echa whisky en el vaso de ALBERTO.)

MADRE JOSEFA.-¡¡Padre Alberto, la bebida concede indulgencia plenaria!!

(SOR GLORIA prepara un cubalibre en el vaso de su pareja y SOR SAGRARIO un gin-tonic en el vaso de la suya. ALBERTO bebe y se va estimulando. MADRE JOSEFA se sirve un benedictino y bebe dichosa.)

JAVIER.-¡¡El mejor manjar del Paraíso son las manzanas prohibidas!!

(SOR GLORIA echa un benedictino en su vaso.)

SOR GLORIA.-¡¡En éste están al alcance de su mano, Padre Javier!!

RAMIRO.-¡¡Olvidémonos hoy de que somos curas!!

(SOR SAGRARIO, después de cogerle la botella, echa un benedictino en su vaso.)

SOR SAGRARIO.-¡¡La amnesia es una virtud teologal, Padre Ramiro!!

(SOR GLORIA y SOR SAGRARIO llevan sus vasos y los de sus parejas a sus mesas. Se sientan como antes y beben rápidos y entusiasmados. Crece la animación en los sacerdotes.)

MADRE JOSEFA.-¡¡Acérquese a esta mujer liberada, Padre Alberto!!

ALBERTO.-¡¡El Señor me haría un expediente, Madre Josefa!!

SOR GLORIA.-¡¡Le gusta más que misar, Padre Javier!!

JAVIER.-¡¡Caer en la tentación es como una droga, Sor Gloria!!

SOR SAGRARIO.-¡¡Por una vez Dios se hace el sueco, Padre Ramiro!!

RAMIRO.-¡¡Apiádese de este casto sacerdote, Sor Sagrario!!

(Cada pareja se mira seria. PAUSA. Reprendiéndolas.)

ALBERTO.-¡Sus consejos cambiaron mi vida y necesita que corresponda!

MADRE JOSEFA.-Por favor, no se moleste.

JAVIER.-¡Debe volver a ser la religiosa de antes!

SOR GLORIA.-Sólo quiero divertirme unos años.

RAMIRO.-¡Vengo a hacer apostolado con usted!

MADRE SEGRARIO.-Sería víctima de una depresión.

(PAUSA. Se transforman y llevan apasionados sus brazos a los cuellos de ellas.)

ALBERTO.-¡La amo, Madre Josefa! Viviremos juntos la pasión.

MADRE JOSEFA.-¡Apure, Padre Alberto!

JAVIER.-Sor Gloria, querida mía, disfrutaremos usted y yo del inmenso deleite.

MADRE GLORIA.-¡Padre Javier, el tiempo es oro!

RAMIRO.-¡Necesito estar siempre a su lado, Sor Sagrario! Unidos como los siameses.

SOR SAGRARIO.-¡No se demore, Padre Ramiro!

(Los curas, ahora, les cogen cariñosos las manos. PAUSA.)

ALBERTO.-Ascenderemos los dos al monte del orgasmo.

JAVIER.-Construiremos ambos momentos placenteros más allá de los astros.

RAMIRO.-Experimentaremos, sin separarnos,  lo que los dioses crearon para sus apetencias.

(Les sueltan las manos.)

MADRE JOSEFA.-¿¿Pronto??

SOR GLORIA.-¿¿Inmediatamente??

SOR SAGRARIO.-¿¿Ipso facto??

ALBERTO, JAVIER y RAMIRO.-¡Ha llegado el momento!

(Saca cada uno un devocionario y lo abre piadoso. Entusiasmadas.)

MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-¡¡Incitante!!

(PAUSA.)

ALBERTO.-Son tan eróticos sus consejos...

MADRE JOSEFA.-¡Qué gozosas Escrituras!

JAVIER.-Pregonan la dicha entre sus páginas.

SOR GLORIA.-¡Ya se estudia en las aulas!

RAMIRO.-Iniciemos anhelantes esta gran aventura...

SOR SAGRARIO.-¡¡Si tardo más podría morirme!!

ALBERTO, JAVIER y RAMIRO.-Tienen ustedes un ejemplar apetito...

MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-¡Por los pobres pecadores!

ALBERTO, JAVIER y RAMIRO.-Bendita sea tu pureza/ y eternamente lo sea, /pues todo Dios se recrea/ en tan graciosa belleza.

(Extasiadas.)

MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-A ti celestial princesa,/ Virgen sagrada María,/ yo te ofrezco en este día:/ alma, vida y corazón./ Mírame con compasión./ ¡No me dejes Madre mía!

(Los sacerdotes se santiguan con los devocionarios y los guardan.)

ALBERTO.-El arcángel San Gabriel, que era ginecólogo, le dijo a María que estaba embarazada.

MADRE JOSEFA.-¡¡Apure!!

JAVIER.-Jesús, por ser Navidad, nació en un portal de Belén.

SOR GLORIA.-¡¡No se distraiga!!

RAMIRO.-De mayor resucitaba a los muertos que lo solicitaban.

SOR SAGRARIO.-¡¡Un último esfuerzo!!

ALBERTO, JAVIER y RAMIRO.-¡Alcancen la gracia!

(Muy extasiadas.)

MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO.-¡¡Ahhhhhhhhhhhhhh...!!

(SILENCIO. MADRE JOSEFA se aparta. SOR GLORIA y SOR SAGRARIO se levantan y van hasta detrás de la barra a los lados de ella. Al mismo tiempo que JAVIER y RAMIRO se levantan y van  hacia ALBERTO. Hablan entre ellos.)

SOR SAGRARIO.-¡Me he transportado...!

MADRE JOSEFA.-¡Aún me acordaba!

SOR GLORIA.-¡Soy tan ninfómana...!

JAVIER.-Acudiremos a verlas todos sus días laborables.

RAMIRO.-Como buenos clientes..., ¡les suplicamos un descuento por los gastos de ahora!

(JAVIER y RAMIRO llevan las manos a sus bolsillos.)

ALBERTO.-Reverendos Padres... ¿Qué se disponen a hacer...? ¡Vivamos una noche inolvidable!

(Los dos retiran las manos de sus bolsillos.)

SOR SAGRARIO.-Lo estoy deseando.

MADRE JOSEFA.-Tengo tanta necesidad...

SOR GLORIA.-¡Me lo pide el cuerpo!

RAMIRO.-¿Cuál es su plan, Padre Alberto?

JAVIER.-¡Algo que pase a los anales del vicio!

ALBERTO.-Nos enseñaron a amar. ¿Se han olvidado? ¡La naturaleza, que Dios inventó, nos lo recuerda a cada instante! ¿Pretenden convertir la vida en un cadáver y no disfrutarla porque nos engañaron con temores? Yo cuando veo una mujer como éstas, siento...

JAVIER.-¿Lo va a describir? Uno también enferma con esos deliciosos síntomas.

RAMIRO.-¡Pues lo mío...! Me dan ganas de gritar en el púlpito. ¡Lo juro por la inexistente salvación!

SOR GLORIA.-Es una obra de misericordia auxiliarlos en pleno ataque.

MADRE JOSEFA.-Los pobres están tan desesperados...

SOR SAGRARIO.-¡Sería horrible que se suicidasen de sotana!

ALBERTO.-¿Aceptan que las invitemos a una copa?

(Ellas se miran. PAUSA.)

SOR GLORIA.-Preferiría...

SOR SAGRARIO.-Me gusta más...

MADRE JOSEFA.-Tal vez después...

JAVIER.-¿Por qué la rechazan?

RAMIRO.-¡El alcohol enardece!

(Ellas se miran. PAUSA. Cogen un vaso cada una y lo llenan con la bebida que tomaron antes.)

MADRE JOSEFA.-No se la vamos a despreciar a ustedes.

SOR GLORIA.-¡Nos gustan los curas espléndidos!

(Ellas llenan vasos para ellos con las mismas bebidas que tomaron antes.)

SOR SAGRARIO.-Es un honor que nos acompañen tan dignos eclesiásticos.

(Todos cogen sus vasos.)

ALBERTO.-¡¡Alegría!! ¡¡Alegría!!

JAVIER.-¡¡Esta es la medicina más sabrosa!!

RAMIRO.-¡¡Cura al desahuciado por la tristeza!!

(Beben de un trago y ellas vuelven a llenar todas las copas. Voces bajas.)

SOR SAGRARIO.-Les va a sentar mal.

MADRE JOSEFA.-Sólo es un pequeño aperitivo antes del banquete.

SOR GLORIA.-¡Ja, ja, ja! Crearán que nos comen consagradas.

ALBERTO.-¡¡Juerga!! ¡Juerga sin descanso!!

JAVIER.-¡¡La vida son dos días!! ¡¡Y dos días no es nada!!

RAMIRO.-¡¡Los sacerdotes también se pudren en sus tumbas!!

(Beben de un trago y vuelven a llenar sus copas. A ellos se les nota los efectos de la bebida. Voces bajas.)

SOR GLORIA.-Van a enfermar. Acabaremos acostándolos.

SOR SAGRARIO.-Después llamaremos a un médico.

MADRE JOSEFA.-¡Delante del doctor, no!

(Muy eufóricos.)

ALBERTO.-¡¡El mundo es nuestro!! ¡¡Figura en el Registro de la propiedad!!

JAVIER.-¡¡Somos sus únicos reyes de la creación!!

RAMIRO.-¡¡La vida eterna la estamos inventando ahora!!

(Se disponen a beber de un trago y dejan mareados sus vasos en la barra. Voces bajas.)

SOR SAGRARIO.-¡Qué ejemplo!

MADRE JOSEFA.-Me ruborizo.

SOR GLORIA.-¡Se han acabado las buenas costumbres!

(Dejan serenas sus vasos. Entre ellos. Voces bajas.)

ALBERTO.-Es una sensación...

JAVIER.-Me mareo.

RAMIRO.-Todo me da vueltas.

(Las monjas se tornan preocupadas. Los sacerdotes, completamente borrachos, se mueven inseguros por el centro de la escena y van tropezando con las cosas. Voces exageradamente apropiadas. Ellas los miran confusas.)

ALBERTO.-Apenas he bebido... ¡Ja, ja, ja! Luego... ¡visitaré a un moribundo! Hay que confesarlo, apretarle la nariz para que comulgue, un poco de extremaunción, leerle una carta imaginaria del Papa dándole su bendición... ¡Iluso! Cuando me llegue la hora... Nada de llamar a un cura. ¡Volveré nuevamente aquí!

JAVIER.-Para dos copas que he saboreado... Mañana abriré la tienda. ¡Ja, ja, ja! El confesionario. ¡Pasen, beatos, pasen! He robado tanto... Dámelo para devolvérselo al propietario en secreto de confesión. ¡Y me fugo con todo el dinero! Qué ilusión... ¡Hacer un buen desfalco en nuestra empresa, no es pecado!

RAMIRO.-¡Ja, ja, ja! Que no estoy beodo... Debo casar a dos enamorados. ¡Un gasto inútil! ¿Es que tú y ella...? Nunca, lo dejamos para después de la boda. ¿Quieres por esposo a este atrasado mental? ¿Deseas por esposa a esta cretina? Lo que os espera así que muera el amor... ¡Por eso la Iglesia defiende el celibato!

(Ellos, ajenos a todo, continúan moviéndose ebrios por la escena y tropezando con las cosas.)

MADRE JOSEFA.-Procede que paguen y se vayan.

SOR GLORIA.-En estas condiciones... Es imposible aprobarles para el ejercicio del amor.

SOR SAGRARIO.-¡¡Discrepo!! He decidido quitarle la sotana al Padre Ramiro.

(Ellos continúan igual.)

ALBERTO.-¿Les apetece, Padres, desprendernos de nuestras sotanas? ¡Hagamos un strip-tease de sacerdotes!

(Ellas se sitúan delante de la barra y ellos próximos.)

Mostremos nuestros atractivos cuerpos cubiertos por su piel. ¡Igual que nos envolvieron en la gran fábrica!

JAVIER.-¡Me gusta la idea! No soporto más esta sotana. Van a pensar que soy cura. Pienso quitarla cuando vaya a un baile para conquistar una chica y después la pongo. Y si me caso con ella... ¡lo hago de sotana!

RAMIRO.-¡Los sacerdotes viviremos desnudos! Enterraremos a los muertos como nacieron. Es absurdo disfrazarse con ornamentos para una bendición sin futuro. ¡No encarcelan a un mendigo por estar sin ropa!

(Se paran y quedan frente al público.)

ALBERTO.- ¡¡Ahora...!! ¡¡Strip-tease!!

JAVIER.-¡¡La mejor interpretación de strip-tease!!

RAMIRO.-¡¡Un strip-tease para las religiosas más exigentes!!

(Se disponen, como unos artistas consumados, a hacerlo. Se quitan lentos, y al unísono, sus tejas. Exaltadas.)

SOR GLORIA.-¡¡Qué bello espectáculo!!

MADRE JOSEFA.-¡¡Ya están sin teja!!

(Colocan, al unísono y al mismo ritmo sensual , sus tejas sobre sus vientres.)

SOR SAGRARIO.-¡¡Fuera el cilicio!!

(Ellos se encuentran mal y ponen sus tejas.)

ALBERTO.-¡Eh...!

JAVIER.-Pero...

RAMIRO.-Fallezco...

(Los tres caen inconscientes al suelo. PAUSA. Sorprendidas.)

MADRE JOSEFA.-Ya no despertarán...

SOR GLORIA.-¿Y... si aún están vivos?

SOR SAGRARIO.-¡Les haremos la respiración boca a boca!

(Van sigilosas y de puntillas hasta los sacerdotes. Se sienten miedosas y se paran. Se miran. PAUSA. Los curas, ante la sorpresa de ellas, se levantan rápidos y algo más lúcidos. Se escucha baja la canción “Sombras nada más entre tu boca y la mía...” mientras ellas se tornan ilusionadas como si hubiera sido un mal sueño. Se aproximan decididas a ellos.)

SOR GLORIA.-¿Bailamos, Padre Javier?

JAVIER.-¡Es un gran honor, Sor Gloria!

SOR SAGRARIO.-¿Movemos el esqueleto, Padre Ramiro?

RAMIRO.-¡Me siento muy halagado, Sor Sagrario!

MADRE JOSEFA.-¿Me concede esta pieza, Padre Alberto?

ALBERTO.-¡Todas las que usted desee, Madre Josefa!

(Bailan separados y prudentes por toda la escena.)

SOR GLORIA.-Cómo domina la elegante danza.

JAVIER.-Usted parece una bailarina profesional.

SOR SAGRARIO.-Esta música me hace volar libre como un pájaro.

RAMIRO.-Invita a soñar entre sus notas.

MADRE JOSEFA.-Siga siempre mis pasos.

ALBERTO.-Iré tras ellos como un detective.

(Ellas se aproximan un poco.)

SOR GLORIA.-No se imagina lo que me excita, Padre Javier.

JAVIER.-Me es imposible vivir sin usted, Sor Gloria.

SOR SAGRARIO.-Está para comerlo con bechamel, Padre Ramiro.

RAMIRO.-A ninguna he deseado tanto, Sor Sagrario.

MADRE JOSEFA.-Soy toda alta tensión a su lado, Padre Alberto.

ALBERTO.-Ardo al sentir su cuerpo, Madre Josefa.

(Las parejas, que siguen bailando, se unen totalmente y juntan sus caras. Baja la música. Se besan fuertemente. UN MOMENTO. Vuelve a escucharse la música como antes. Se separan algo.)

SOR GLORIA.-No le pasaré la factura por llevarlo a la cama, Padre Javier.

JAVIER.-Olvídese también de estas insignificantes consumiciones.

SOR SAGRARIO.-Me acostaré desinteresadamente con usted, Padre Ramiro.

RAMIRO.-Piensa muy razonablemente porque su atractivo no tiene precio.

MADRE JOSEFA.-¿Voy a cobrarle por hacer el amor conmigo, Padre Alberto...?

ALBERTO.-Qué va... Y después me regala el dormitorio.

(Ellas los sueltan. PAUSA. Cada mujer les ofrecerá el brazo derecho y ellos lo irán cogiendo.)

MADRE JOSEFA.-Deseado Padre Alberto...

ALBERTO.-¡Inmaculada Madre Josefa!

SOR GLORIA.-Ansiado Padre Javier....

JAVIER.-¡Encantadora Sor Gloria!

SOR SAGRARIO.-Amado Padre Ramiro...

RAMIRO.-¡Está para devorarla, Sor Sagrario!

(Crece la música. La parejas, y por este orden, van haciendo así mutis por la escalera. La canción se escucha muy fuerte. UN MOMENTO. SILENCIO LARGO. Por la escalera baja extasiado JAVIER. Está sereno y viste un elegante traje oscuro.)

JAVIER.-¡Emocionante...!

(Por la escalera baja ensimismado RAMIRO. Está sereno y viste un elegante traje oscuro.)

RAMIRO.-¡Angelical...!

(Por la escalera baja abstraído ALBERTO. Está sereno y viste un elegante traje oscuro)

ALBERTO.-¡Sublime!

(Se juntan en el centro de la escena, ajeno cada uno de los otros, y aprietan felices las manos.)

JAVIER, RAMIRO y ALBERTO.-¡Ha nacido una ilusión en nuestras vidas!

(Sueltan las manos.)

JAVIER.-Es probable que no hayamos venido a un club de alterne.

RAMIRO.-Ni que nunca fuéramos sacerdotes.

ALBERTO.-La única realidad... ¡Es que somos hombres!

(Se tornan nerviosos.)

JAVIER.-Voy... a esperarla.

RAMIRO.-Sé que... vendrá.

ALBERTO.-La... aguardaré impaciente.

JAVIER, RAMIRO y ALBERTO.-¡Cuánto... tardan!

(Les crece el nerviosismo. Mutis rápido de los tres por la puerta derecha. SILENCIO LARGO. Por la escalera, pintadas sin exageración, bajan lentas MADRE JOSEFA, SOR GLORIA y SOR SAGRARIO. Visten de novias y aprietan serenas su ramo de azahar. Están ensimismadas y ajena cada una de las otras. Van así al centro de la escena. PAUSA.)

MADRE JOSEFA.-¡Ha llegado el gran día!

SOR GLORIA.-¡El tiempo se detiene en este instante!

SOR SAGRARIO.-¡Y damos cuerda a los relojes del ensueño!

MADRE JOSEFA.-Sueño que Alberto me espera a la puerta de una iglesia.

SOR GLORIA.-La realidad es que Javier me aguarda impaciente para que hoy nos casemos.

SOR SAGRARIO.-Dudo si será ficción el que Ramiro me lleve hasta el altar como su esposa.

(MADRE JOSEFA en el centro, SOR SAGRARIO a su izquierda y SOR GLORIA a su derecha van avanzando lentas hasta el centro del primer término.)

MADRE JOSEFA.-Ignoramos si fuimos monjas o profesionales en algún club de alterne.

SOR GLORIA.-Tampoco sabemos si ellos actuaban como clientes, sacerdotes o el príncipe que anhelábamos.

SOR SAGRARIO.-¡Oh, misterio de nuestro interior que la imaginación convierte en personaje al modelar su máscara! ¿Nos vamos a casar con Dios, con nuestro amante, o somos un disfraz del fango en que nos vamos sumergiendo?

MADRE JOSEFA.-Nosotras, por siglos marginadas, solamente vivimos el presente.

SOR GLORIA.-Somos conscientes de que el futuro nos va a redimir y abre sus puertas.

SOR SAGRARIO.-¡Mientras nos convertimos, con la mente y el cuerpo, en mujeres que empiezan a ser libres!

(La luz deja de iluminar todo excepto a los tres personajes que aprietan ilusionadas sus ramos. Se arrodillan al unísono y miran soñadoras al frente. Se comienzan a escuchar débiles las voces de un coro que interpreta “Salve, Regina, Mater misericordia...”. Van creciendo paulatinamente las voces hasta oírlas fuertemente.

Lentamente cae el

TELÓN

La Coruña, 31 de octubre de 2.004

FINAL DE “LAS MONJITAS SE VAN A LAS MISIONES”

 

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