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¡BIENVENIDO MR. MORGAN!

de Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

¡BIENVENIDO MR. MORGAN!

 

Sainete

 

Original de: Raimundo Francés

 

bea45azul@yahoo.com

 

Duración aproximada: 30 minutos

 

Sainete corto en un acto para cinco personajes. Mr. Morgan, un archimillonario americano que viene a invertir en un gran proyecto en la ciudad. Su embajador, que hace de introductor y a veces de traductor. El alcalde, D. Roberto Pajarini, y su secretaria, Mercedita. La “Relaciones Públicas” del Ayuntamiento, Sta. Clara, hace breves apariciones.

 

El escenario es sencillo.  Una mesa redonda, donde a la invitación de la Relaciones Públicas, se sentarán  los cuatro personajes principales, de manera que la parte frontal que da al público quede libre. Morgan y el embajador, al frente. A la derecha del embajador, el alcalde, y a la izquierda de Morgan, la secretaria, de tal manera que el americano pueda echar vistazos disimulados y esporádicos al escote y las piernas de la secretaria.

 

Es obvio que ambos ‘’norteamericanos’’ deben simular un acento apropiado a las circunstancias, si bien, el embajador habla con fluidez y el rico Morgan hablará lento y con frases sueltas y desordenadas.  

 

CLARA -  Bien, señores, hechas ya las presentaciones, no queda más que sentarse, y cuando ustedes gusten, pueden presentar su proyecto al señor alcalde, don Roberto Pajarini, para que él se digne aceptarlo o no, en función de las posibilidades.

 

La señorita Mercedes, nuestra taquígrafa, se encargará de tomar nota de todo lo tratado aquí, y de levantar la sesión cuando se llegue a un acuerdo, que es de desear sea del agrado de ambas partes.

 

Yo, me quedaré aquí, detrás del señor alcalde, por si necesitan de mis servicios.

 

MORGAN -     Sí. Yo querer uno güisqui, no hielo.

 

ALCALDE - ¿A qué espera, Clara? ¿Es que está sorda?

 

CLARA -  Señor, alcalde, es que… a estas horas…

 

ALCALDE – Pero, ¿a usted qué le importa la hora, mujer? ¿Es que se lo va a tomar usted?  Vaya al despacho del concejal de urbanismo que en el cajón de la izquierda guarda una botella de Johny Walker y traiga dos vasos. ¡Venga, mujer! ¡Corra! ¡Que a Mr. Morgan se le va a pasar la sed!

 

Bien. Caballeros. Perdón. Señor Morgan, señor embajador, señorita Mercedes. Sepan, que en mi ciudad, ustedes son bienvenidos. Y todo lo que sea traer progreso a mi ciudad, también es bienvenido.

 

MERCEDITA -  ¿Tomo nota señor alcalde?

 

ALCALDE -  ¡Espera, Mercedita, que todavía no hemos empezado!

 

EMBAJADOR – En nombre del señor Richard Morgan, que como usted sabe es un magnate de las finanzas y del mundo de la construcción en mi país, los Estados Unidos, doy las gracias al señor alcalde por su recibimiento personal, y por su simpática acogida ayer, en restaurante, con langostinos, cigalas, y todos esos ‘’animales’’ del mar, y en nombre de mi país, le traigo al señor alcalde una placa de recuerdo de esta visita a su bonita ciudad.

 

MERCEDITA - ¿Tomo nota, señor alcalde?

 

ALCALDE -  ¡Espera, mujer, que nos está entregando un recuerdo!

 

MORGAN - ¡Dejar ya protocolo! ¡Yo, cansar protocolo! ¡Siempre protocolo! ¡Ir grano! ¿Por qué no ir directo grano?

 

EMBAJADOR – Bien. Pues…

 

                          (Entra Clara con el vaso de güisqui)

 

CLARA -  (Poniendo el vaso con güisqui delante del magnate, con una sonrisa) Y, usted, señor alcalde, ¿no va a tomar nada?

 

ALCALDE - ¡Hombre! Ya que lo dice, yo me tomaría un tintito con unas tortillitas de camarones, pero… ¡No! Mejor, lo dejamos para más tarde.

 

EMBAJADOR – Pues, como decía, el motivo de nuestra visita, es el de proponer al señor alcalde una inversión en esta ciudad de mil millones de dólares americanos para la construcción de un complejo urbanístico en la zona de la playa, con toda clase de servicios.

 

ALCALDE - ¿Un complejo urbanístico?  Yo había pensando en una fábrica de papas fritas.

 

MORGAN – (Mirando al embajador) ¿Qué ser papas fritas?

 

                    (El embajador, simula que habla al oído a Mr. Morgan, explicándole en inglés lo que son las patatas fritas)

 

MORGAN – Yo creer que usted, señor alcalde, ser un poco “gilipolias”, ¡bloody silly! (Para los neófitos en inglés, se pronuncia blady sili = maldito imbécil))

 

EMBAJADOR – Y, ¿puedo preguntar señor alcalde, por qué usted quiere allí una fábrica de papas fritas?

 

ALCALDE – Verán. Es que cuando yo era pequeño, recuerdo que mi padre vendía papas fritas en la playa. Mi padre, se ganaba la vida así, y a veces, en casa no teníamos para comer, pero siempre había papas fritas.

 

Y eso, lo llevo grabado en mi mente, y en mi corazón. ¿Comprenden? Así, que mi sueño siempre ha sido montar allí una fábrica de papas fritas para hacer homenaje a mi padre, que se lo merece.

 

MORGAN – Yo pensar que alcalde ser papa frita.

 

MERCEDITA – Señor alcalde, ¿voy tomando nota?

 

ALCALDE - ¡Espere, Mercedita! ¡No escriba tanto, que luego, lo escrito, escrito queda! (Inclinándose un poco para hablarle con disimulo) Pero, si quiere, vaya abriéndose un poquito el escote, aunque sea un botoncito.

 

EMBAJADOR - Yo comprendo, señor alcalde, que la playa esa, para usted, sea un símbolo, un recuerdo familiar, algo sentimental, entrañable, pero el señor Morgan, hablar de apartamentos, hoteles, campos de golf, grandes centros comerciales, restaurantes…

 

ALCALDE – Sí, pero, luego, en esos restaurantes solo sirven a la carta, y no quieren vender papas fritas. Una pena. ¿Comprende?

 

MORGAN – Yo, pensar que alcalde ‘’papa frita’’ no tener idea negocios. Alcalde, ser “fucking stupid” (Se pronuncia fakin stiupid = jodido idiota)

 

EMBAJADOR – Verá, señor alcalde, le estamos hablando de una gran inversión. Son muchos dólares. Se trata de crear mucha riqueza, empleo, y además, usted podrá salir muy bien parado con esta operación.

 

ALCALDE – Bueno, y ¿por qué no hacen ustedes un pequeño complejo urbanístico, y al lado, una gran fábrica de papas fritas?

 

MORGAN – Yo creer que alcalde “papa frita” no querer negocio, no riqueza, no empleo, no beneficio. 

 

MERCEDITA - ¿Empiezo a tomar nota, señor alcalde?

 

ALCALDE – ¡Que no, Mercedita, que no! Todavía, no. Por cierto, ¿no le dije que se pusiera hoy la mini-falda esa tan cortita que lleva usted todos los días? ¿Es que usted no me puede hacer caso, alguna vez?

 

MERCEDITA – Perdone, señor alcalde. Es que hoy, aquí…

 

ALCALDE - ¡Calle, calle! Bueno, ande. Súbase un poco la falda que apenas se le ven las rodillas. ¡Ande, haga algo, que no sé para que ha venido usted!

 

EMBAJADOR – Debería usted considerar nuestra oferta, señor alcalde. Piense usted en la transformación que sufrirá su ciudad. Turismo internacional, millonarios que juegan al golf, yates con los árabes del petróleo, y todo eso.

 

En vez de ser esto un pueblo asqueroso… ¡Perdón! Quiero decir, una ciudad humilde, de pocos recursos, pasaría a ser un lugar de turismo mundial. No debería pensárselo mucho.

 

ALCALDE – No, si yo no me lo pienso. Lo que pasa es que…

 

MORGAN – Que usted querer papa fritas.

 

ALCADE - ¡Pro, si la papa frita es un gran negocio! Poca inversión, pocos empleados, pocas máquinas… Solo mucho aceite de girasol barato y mucha papa.

 

 Además, la papa frita se vende en todo el país. Todo el mundo come papa fritas. En la calle, en los paseos marítimos, en los parques, viendo un partido de fútbol, en una boda, en un velatorio… ¡En todas partes! ¡Es un negocio redondo!

 

MORGAN – Sí. Papa frita ser redonda. Negocio, no.  Mí, querer complejo. No papa frita.

 

MERCEDITA - ¿Puedo escribir ya, señor alcalde?

 

ALCALDE - ¡Pero… mira que esta mujer! ¡Qué manía, con escribirlo todo! ¡Bueno!  Pues, escriba. Escriba la fecha de hoy. Pero nada más que la fecha.

 

ALCALDE – Bien. ¿Por donde íbamos?

 

EMBAJADOR - ¡Por la playa!

 

ALCALDE - ¡Ah, sí! Por la playa. ¡Y qué playa tenemos! ¿La han visto ustedes, ya?

 

MORGAN – Yo ver desde avión mío. Ser buena playa para complejo. No buena para papa frita.

 

ALCALDE – No, hombre. Pero, yo decía que…

 

EMBAJADOR – Señor Alcalde: ¿Está usted despreciando una inversión de mil millones? ¿Sabe usted cuantas ciudades, de cuantos países, nos recibirían al señor Morgan y a mí, con banda de música?

 

ALCALDE - ¡Ah, es verdad! ¡Como en la película de Mr. Marshall!   Pero, eso no es problema. Por música, que no quede. A ver, señorita Clara. Traiga el radio-transistor que tengo en mi despacho.

 

MORGAN – (Mirando hacia otro lado) Este alcalde, ser ”gilipolias”, papa frita.  Yo, marchar.

 

ALCALDE - ¡No, mister Morgan! ¡No se marche todavía, por favor, que aún no hemos terminado!

 

MORGAN - ¿Puedo ir tomando acta, señor alcalde?

 

ALCALDE – (Con cara de angustia) ¡Desde luego, que…! ¡Mercedes! ¿Usted por qué no se metió a escritora? ¿No le gusta tanto escribir? Se debe escribir solo lo que es relevante. Solo aquello que nos interesa. ¿Comprende? ¿Cómo se lo tendré que decir!

 

EMBAJADOR – Bien, señor alcalde, ¿tiene usted chalet?

 

ALCALDE – Pues… La verdad es que no. Es que, llevo poco tiempo… ¿Sabe?

 

EMBAJADOR – Ya. Espere un momento. (habla al oído al magnate, quien asiente varias veces con la cabeza)

 

 Mire. Creo que si usted firma el contrato del complejo, la constructora, con el material que vaya  sobrando de la obra, puede hacer un chalet que la empresa podría venderle a usted por el módico precio de… ¡diez dólares con cincuenta centavos! ¡Vamos! ¡Más barato, ni en el mercadillo!

 

          (Morgan, le dice algo al embajador, al oído)

 

EMBAJADOR - ¡Ah! ¡Y el sótano del chalet, se lo llenaríamos de papas fritas!

 

ALCALDE - ¿Lo ve, usted? Ya, esa idea me está gustando más. No por lo del chalet, porque yo no soy ningún aprovechado ¿sabe? Es por lo de las papas fritas.

 

MERCEDITA – Señor alcalde, ¿ya puedo escribir?

 

ALCALDE - ¡Mire, Mercedita, haga el favor de dejar ya el bolígrafo tranquilo, que me está poniendo nervioso! ¡Qué manía! ¿No sería mejor que se fuese quitando otro botoncito? ¿No ve que aquí hace muchísimo calor?

 

MERCEDITA – Pero… ¡Si está funcionando muy bien el aire acondicionado!

 

ALCALDE – Pues, aún así, ¡Hace calor! ¡Que se lo digo yo, que soy el alcalde!  ¡Coño!  (Arreglándose el nudo de la corbata) Bien. ¿Por dónde íbamos?

 

EMBAJADOR – Por el chalet.

 

ALCALDE - ¡Ah, sí! Pues, no está mal. Lo que pasa, es que ustedes saben que mantener un chalet en la playa, eso, debe de ser muy costoso. Habrá que poner un jardinero, un par de criadas, un vigilante… ¡Vamos, lo normal!  Y yo, con mi modesto sueldito de primer edil, no creo que…  

 

MORGAN – Y yo suponer, que alcalde también querer una barbacoa gigante para mucha papa frita.

 

ALCALDE - ¡Eso mismo!

 

EMBAJADOR -  ¡Ya! ¡Claro! Pero, eso no es problema. Si usted firma el contrato del complejo, la empresa del señor Morgan, tendrá que contratar una plantilla de mantenimiento para el complejo, y parte de ese personal lo tendría usted en su chalet todo el día, a su disposición.

 

ALCALDE – ¡Eso, es una idea magnífica! ¡No se me había ocurrido!

 

MORGAN – Embajador anotar que no olvidar enviar negro de NBA para abanicar señor alcalde. ¿No querer alcalde ‘’papa frita’’ pista helicóptero particular dentro de chalet?

 

ALCALDE – No, gracias. Además, eso de volar, a mí, particularmente, no me gusta mucho.

 

MORGAN – Ser raro, porque usted ser un poco pájaro.

 

ALCALDE - ¿Lo dice usted por mi nombre? No. Verá. Es que mi abuelo, era italiano. ¿Sabe? Llegó en un barco, le gustó esto, y se quedó aquí.

 

MORGAN - ¿Su abuelo también vender papa frita en playa?

 

ALCALDE – No. Mi abuelo era sepulturero. Enterraba a los muertos. ¿Me entiende?

 

MORGAN - ¡Ya!  Familia de alcalde ser familia mucho intelectual.

 

EMBAJADOR – Bien. ¿Podemos hablar de negocios?

 

ALCALDE - ¡Claro! Yo, estoy abierto a cualquier proyecto que sea interesante para mi ciudad.

 

EMBAJADOR - ¡Como una fábrica de papas fritas!

 

ALCALDE – Bueno… a decir verdad, es que una fábrica de papas fritas tiene sus inconvenientes ¿verdad? La chimenea, echando humo todo el día, oliendo a aceite requemado, la grasa, los ruidos, los camiones, entrando y saliendo. ¡Debe de ser un auténtico coñazo!

 

EMBAJADOR - ¿Verdad que un complejo turístico es mucho mejor?

 

ALCALDE - ¡Claro! Además, los apartamentos en la playa quedan preciosos. Mi mujer, siempre soñó con un apartamentito en la playa. La pobre, vive de ilusiones.

 

EMBAJADOR - ¡Eso, no es problema! La empresa del señor Morgan, como piensa construir 220 apartamentos de 40 metros cuadrados, podría hacer 210 de 40 metros, 9 de 30 metros, y uno de 90 metros, para su esposa. Así, serían los mismos apartamentos en el mismo suelo, y todo perfecto.

 

La empresa se lo vendería a su esposa por el módico precio de… cincuenta dólares… más IVA. Porque hay que ser respetuosos con los impuestos.

 

ALCALDE - ¿Lo ve, usted, señor embajador? Ya decía yo, que ese complejo iba a ser un gran complejo. Algo, me decía a mí, que ese proyecto de mister Morgan estaba muy bien pensado.

 

MERCEDITA – Señor alcalde…

 

ALCALDE - ¡Que no, coño! ¡Que no escriba usted nada, jolines! ¡Guarde usted ya esa libretita! ¡O, mejor, tírela a la papelera! Bueno… no la tire, de momento.

 

Pues, como iba diciendo, ¿usted cree, que mi hijo, que llegó a estudiar el primer año de Turismo, y está trabajando como un negro en una agencia de viajes, podría entregarle su currículum? Porque, allí, se crearán algunos puestos de categoría ¿no?

 

EMBAJADOR - ¡Hombre! Pero ¿qué hace su hijo trabajando en una mierda de agencia de viajes? ¡Por Dios! ¿No le gustaría a su hijo ser el gerente de todo el complejo? ¡Seguro que haría un buen papel!

 

ALCALDE – Yo creo que sí. Presiento que no le importaría… ¡digo yo!  

        (A esto, Morgan habla al oído al embajador)

 

EMBAJADOR – Dice el señor Morgan, que si usted tiene una hija, joven y guapa, podría ser la Relaciones Públicas.

 

ALCALDE - ¡Perfecto! Es que, en un complejo de esa envergadura, hay que poner personal  competente y de categoría ¿verdad?   

 

MORGAN – Mejor que uno pajarini, dos pajarinis… o dos pajarinis ¡Y una pajarina!

 

ALCALDE - ¡Claro! Además, así, ella, mi hija, que no tiene un buen coche, aprovecharía para desplazarse a su trabajo con su hermano, que tiene un utilitario, pero más nuevito.

 

EMBAJADOR – No es problema. El gerente y la Relaciones Públicas deben tener un gran coche cada uno, y lo mejor es que tengan su chofer particular. La empresa del señor Morgan, se encargará de todo eso, porque es importante para la imagen de su compañía, y del complejo ‘’Morgan’’.

 

MERCEDITA – Señor alcalde… ¿Puedo?

 

ALCALDE – Pero, ¿no le he dicho que no escriba? ¿Es que es usted tonta, o qué?

 

MERCEDITA – No. Si le iba a preguntar si me puedo quitar el botón de abajo, porque hace tanto calor… Además, para un botoncito que me queda, ya…

 

ALCALDE - ¡Vale! Mejor, se quita usted la blusa, y se queda con su ‘’wonderbra” solamente. Al fin y al cabo, estos señores, americanos, están acostumbrados a estas cosas.

 

Bien. ¿Por donde íbamos?

 

EMBAJADOR – Pues, estábamos hablando de ‘’Mercedes’’.

 

ALCALDE – No. Si ya, Mercedes se va a quitar la blusa, porque la pobre está pasando un calor aquí…

 

EMBAJADOR – No. Digo, que hablábamos de los dos ‘’Mercedes’’ de lujo que tendrán sus hijos, para dar buena imagen de la compañía.

 

ALCALDE - ¡Ah, sí, claro! Bueno, pues, la verdad, es que ese proyecto del complejo me está gustando bastante. Aunque, yo pensaba en la fabriquita de papas fritas, porque, siempre, en las buenas fábricas, hay accionistas… Usted sabe. Yo, había pensado en unas pequeñas acciones, pensando en el día de mañana ¿comprende?

 

EMBAJADOR – Sí. Comprendo. No hay problema. Si usted firma, la empresa del señor Morgan le reservará un paquete del diez por ciento de las acciones. Es natural.

 

MORGAN - ¿No gustaría más a este alcalde ‘’papa frita’’ que empresa llamar ‘’Morgan y Pajarini, S.L.”?

 

ALCALDE - ¡No! ¡Por favor! Yo agradezco mucho a mister Morgan esa deferencia, pero prefiero que mi nombre, el nombre de mi familia, no aparezca en ningún sitio.

 

MERCEDITA – Señor alcalde. Supongo que en la lápida del cementerio, deberá figurar su distinguido nombre, ¿no?

¡Digo yo…!

 

ALCALDE – ¡Pero… Mercedes! ¿Cómo se le ocurre hablar de esas cosas, aquí, y ahora? ¡Sea usted más discreta, por favor! ¡Y enseñe un poco más las tetas, joder!

 

EMBAJADOR – Bien. Entonces, ¿firmamos el contrato?

 

ALCALDE – Por mí, ahora mismo. Yo, ya, cuando huelo a papas fritas, siento como ganas de vomitar. Mejor es, olvidarse de las papas fritas, que sientan mal al estómago, y no son buenas para el colesterol.

 

EMBAJADOR – Sí. Estamos todos de acuerdo.

 

MORGAN – No más papas fritas. Solo, pajarinis fritis.

 

ALCALDE – Bien. Pues solo falta firmar todos estos papeles. Nos vamos a comer, con champán francés, y ya tienen ustedes la licencia para empezar el complejo, mañana mismo, si quieren.

 

 De la contrata, de los trabajadores, no tienen que preocuparse, porque ya me encargo yo. ¡Ea! ¡Mercedes! ¿Qué hace usted que no escribe?

 

MERCEDES - ¡Ah! ¿Ya puedo, señor alcalde?

 

ALCALDE - ¡Pues, claro, tontaina! ¿Ya anotó usted la fecha de hoy?

Pues ahora, solo tiene que poner, debajo de la fecha: Son las doce y treinta, y se levanta la sesión. Y ya está.

 

 Y ahora, se va usted ahora mismo a sacarle veinte fotocopias, para el pleno del lunes. ¿Ve, usted? Lo mejor, es escribir poquito; ¡vamos!, lo suficiente, para que los concejales no se duerman en el pleno, y para que los antipáticos de la oposición no nos agobien con tantas preguntas. Además, ahí está todo lo que se ha hablado, y bien clarito. ¿O no?  

 

MORGAN – Este alcalde ‘’papa frita” empezar a caerme mucho bien. ¡Vamos, que chofer mío esperar en puerta! Hoy, invitar yo.  

 

   (A esto, suena el móvil del alcalde, mientras los demás, van saliendo por el foro) 

 

ALCALDE - ¡Dime, cariño! No, cariño. Hoy no puedo. Tengo aquí a unos señores de la embajada norteamericana y seguramente tendré que ir con ellos. El protocolo… ¡tú sabes!

 

Además, seguro que en casa hoy tenemos de segundo plato algo con papas fritas ¿A que sí? ¡Bueno! ¡Pues las papas fritas, te las comes tú con tu puñetera  madre! ¡Y como de aquí en adelante me vuelvas a poner papas fritas, te pido el divorcio!

¡Adiós!

 

El alcalde se guarda su móvil y sale del escenario frotándose las manos con gesto de buen  “pájaro” que para eso se llama “Pajarini”.

 

SE CORRE EL TELÓN.

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