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MUJERES DE ARENA

dramaturgia de Humberto Robles

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

MUJERES DE ARENA

- Testimonios de mujeres en Ciudad Juárez -

 

Teatro-documental con textos de Antonio Cerezo Contreras, Marisela Ortiz, Denise Dresser, Malú García Andrade, María Hope,

Eugenia Muñoz y Juan Ríos Cantú

 

Dramaturgia: Humberto Robles

 

humberto.robles@gmail.com

 

Esta obra está dedicada a la memoria de Pável González,

asesinado el 23 de abril de 2004. ¡Contra el olvido y la impunidad!

 

ESCENA 1: CIUDAD JUÁREZ

 

Cuatro actrices y un actor-músico, en sendos bancos. Cinco velas encendidas. Entre escena y escena debe haber acompañamiento musical con una guitarra. Antes de comenzar la obra se debe decir, ya sea por uno de los actores o al micrófono: Esta obra está dedicada a la memoria del joven estudiante de 21 años Pável González, asesinado el 23 de abril de 2004. ¡Contra el olvido y la impunidad!

 

INVITADO: Desde 1993, según los datos reportados, ya son más de 470 mujeres las que han sido asesinadas y más de 600 las desaparecidas en Ciudad Juárez, Chihuahua[1]. El clima de violencia e impunidad sigue creciendo sin que hasta el momento se hayan tomado acciones concretas para terminar con este femicidio. Han sido mujeres jóvenes, empleadas de maquiladoras, migrantes. Las muertas de Juárez son más que una estadística. Tienen nombres, caras e historias que muchas veces no son tomadas en cuenta...

 

MUJER 1: El que no ha estado en el desierto no sabe lo que es la “nada”.

MUJER 2: “Nada” es voltear a los cuatro puntos cardinales y encontrar precisamente eso: Nada.

MUJER 3: El desierto es un mar inmenso de arena, de arena y polvo.

MUJER 4: Y hay un silencio que no se rompe con nada.

MUJER 1: El desierto sigue siendo desierto.

MUJER 2: Por aquí miles llegan y miles se van.

MUJER 3: Cruzan diariamente el letrero inmenso que sobre sus cabezas indica que han llegado a la tierra prometida:

MUJER 4: “Ciudad Juárez… La mejor frontera de México”.

INVITADO: La "Ciudad del Futuro" se ha convertido en una tumba.

 

MUJER 1: ¿Y si su hija o su madre o su hermana desaparecieran un día cualquiera? ¿Y si pasaran semanas y meses sin saber de ellas?

MUJER 2: ¿Y si colocara fotos, descripciones y peticiones de ayuda en lugares públicos?

MUJER 3: ¿Y si después encontraran su cuerpo tirado en un lote baldío?

MUJER 4: ¿Y si fuera evidente que ha sido violada, mordida hasta arrancarle partes de su cuerpo, estrangulada y mutilada?

MUJER 1: ¿Y si la hubieran acuchillado 20 veces? ¿Y si le entregaran sus restos en una bolsa de plástico?

MUJER 2: ¿Y si las autoridades no le prestaran atención?

MUJER 3: ¿Y si el gobierno le dijera que no puede intervenir porque "es un asunto estatal?"

MUJER 4: ¿Y si, aunque usted contara su caso cientos de veces, prevaleciera el silencio?

MUJER 1: Muchas preguntas, pocas respuestas. Muchas muertes, pocos culpables.

INVITADO: En Ciudad Juárez, desde hace más de 10 años, quienes buscan a mujeres desaparecidas encuentran huesos en el desierto. Allí, desde hace 12 años, ser mujer y trabajar en una maquiladora significa estar en peligro de muerte. Allí, desde hace 12 años, los gobiernos panistas y priístas cierran los ojos y se lavan las manos. En Ciudad Juárez nadie sabe y nadie supo. Nadie tiene la voluntad política para resolver los crímenes ni la capacidad para prevenirlos. En Ciudad Juárez las mujeres tienen miedo. [2]

 

ESCENA 2: NATALIA

 

MUJER 1: Así era ella, igualita que en el retrato: sus ojos negros, negros, igual que su cabello: negro, negro. Natalia era mi única hija y la más chica de todos. Será por eso que me duele más que ya no esté aquí. Salía bien temprano a la escuela, porque ella quería estudiar.

MUJER 4: Si trabajo muy duro, llegaré a ser alguien, mamá.

MUJER 1: Así me decía a cada rato, por eso estudiaba tanto. De la escuela se venía a la casa, apenas se almorzaba algo y se iba otra vez de vuelta al centro, porque trabajaba en una zapatería, allá en el centro. Todo lo que ganaba allí me lo daba. Los domingos me pedía dinero para irse a dar la vuelta y comprarse una soda o un elote en vaso nomás. A veces le gustaba ir a fiestas o los bailes, como a todas las muchachas de su edad: divertirse pues. También le gustaba poner las canciones de Selena en su grabadora y allí estaba ella, cante y cante esas canciones. Me acuerdo qué triste se puso cuando vio en las noticias que habían matado a Selena. Natalia regresaba diario a las ocho de la noche. El día que se perdió, el día que ya no regresó a la casa, cuando dieron las diez, le dije a mi esposo que ya estaba preocupada por m’hija, porque ella nunca se dilataba tanto. Ya más tarde me entró la angustia, una desesperación enorme. ¿Qué le habrá pasado, Dios mío? ¿Dónde andará? Fuimos a la policía, pero nos dijeron que, para levantar una denuncia por desaparición, tienen que haber pasado 48 horas. Así que luego luego nos pusimos a buscarla por todas partes, su papá, sus hermanos y yo. Fuimos a la zapatería para preguntarle a la gente que trabajaba allí si sabían algo de Natalia. Pos nada. Fuimos a los hospitales, a la Cruz Roja; y nada. Con sus amigas de la escuela, con los maestros, y nada. Nadie había visto nada; nadie sabía nada. Nada de nada. Hasta organizamos caminatas por el desierto para buscar su cuerpo. Y nada. Yo no podía dormir nomás pensando dónde andaría m’hija, si estaría enferma, si se la habrían llevado, qué le habría pasado, por qué no me llamaba aunque fuera. Todo terminó un día a finales de octubre, cuando encontraron varios cadáveres en el Lote Bravo. Estaba allí, en el anfiteatro. Cuando la vi, la verdad no supe si era mi hija o no. Ahí estaba su ropa: sus pantalones de mezclilla, su blusa blanca, sus zapatos… pero no era su cara, no era ella. Los que la reconocieron fueron mi esposo y mi hijo, el más grande. “Es Natalia, mamá.”

MUJER 3: Tuvo suerte; figúrese que no han logrado identificar a por lo menos 70 cadáveres, entre los más de 400 homicidios de mujeres que se han cometido en los últimos diez años.

MUJER 1: Después de todo esto se me acabaron las ganas, se me terminaron las fuerzas; ya no quería vivir. Le había agarrado coraje a Natalia. ¿Por qué me dejaste, m’hija?, le reclamaba viendo su retrato. ¿Qué no ves que no puedo vivir así? ¿Por qué te fuiste? Pasó el tiempo y vino gente a preguntarme por ella. Unos periodistas, que decían que el caso de Natalia era como el de las otras muertas de Juárez. Y yo me enojé, porque la gente decía que esas muchachas que habían matado eran drogadictas, malvivientes, prostitutas.

MUJER 2: Ellas se lo buscaron. Vivían una doble vida. Comerciaban con su cuerpo. Llevaban minifaldas, ¿qué otra cosa iban a esperarse?

MUJER 3: Las muertas de Ciudad Juárez son muchachas que frecuentan antros de mala muerte, cantineras que salen de sus casas a buscar el peligro.

MUJER 1: ¡Adió, mi hija no era de esas, qué va, ni Dios lo mande! Pero los periodistas me dijeron que no, que la mayoría de las muchachas asesinadas eran trabajadoras de la maquila, jovencitas, hasta niñas de 5 años. Y cuando vi las fotos de esas muchachitas supe que era cierto. En la cara de cada una de ellas, vi la cara de mi hija. Los ojos negros, negros… el cabello negro, negro… Era como si todas tuvieran un pedacito de Natalia. Entonces sí, les dije, mi hija es un caso más de las muertas de Juárez. Así me cayó la verdad, de golpe, de repente. Por eso estoy aquí, para darle eco a la voz de Natalia, a otras voces que fueron calladas por el silencio, a la fuerza. A veces me arrimo al retrato de m’hija y me pongo a verla. Y así me quedo horas, viendo sus ojos negros, negros, y su cabello: negro, negro.

 

Soy una madre sin su hija.

Soy una madre despojada de mi hija.

Soy una madre con una hija arrancada del jardín de mi corazón.

Mi hija en florecida primavera: colorida, bonita, llena de ilusiones-pétalos, fragante, suave, amorosa, llena de risas, gracia y encantos.

Soy una madre llena de tristezas, lágrimas y oscuridades sin mi hija, mi amiga, mi compañía, mi esperanza, mi orgullo, mi luz, mi amor.

Soy una madre con labios mudos para llamar a mi hija, con oídos sordos para oír la música de sus palabras, con ojos ciegos para ver las chispas de vida en sus ojos.

Soy una madre vaciada, mutilada, naufragada en el dolor de vivir sin mi hija brutalmente, violentamente arrancada del jardín de mi corazón. [3]

 

ESCENA 2: RECOMENDACIONES

 

INVITADO: Las grandes empresas y los dueños de las maquiladoras deberían preocuparse por la seguridad de sus trabajadoras, pero no lo hacen. En México, las maquiladoras ni siquiera pagan impuestos. Por otro lado, el gobierno y las autoridades deberían hacer algo, pero no hacen absolutamente nada. Son cómplices, por omisión y por negligencia, de estos crímenes. Las siguientes recomendaciones pertenecen a la Campaña de prevención lanzada por la Dirección General de Policía del Municipio de Juárez, en 1998:

MUJER 3: Si sales de noche, procura hacerlo acompañada de una o más personas.

MUJER 4: Si sales sola: Evita calles oscuras o desoladas.

MUJER 1: No hables con extraños.

MUJER 2: No vistas provocativamente.

MUJER 3: Lleva un silbato.

MUJER 4: No aceptes bebidas de extraños.

MUJER 1: Si sufrieras un ataque, grita “Fuego” así más gente hará caso a tu llamado.

MUJER 2: Lleva las llaves de tu auto o casa listas.

MUJER 3: Si te atacan sexualmente, provócate el vómito, lo más posible es que el agresor sienta asco y huya.

INVITADO: Los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez son los más crueles de México. En esta ciudad fronteriza a las mujeres se les considera peor que basura. La violencia y la impunidad de las autoridades las convierte en objetos de tiro al blanco. Por ejemplo, el Código penal de Chihuahua determina que el violador de una mujer "recibirá una pena de tres a nueve años de prisión". En cambio, para los ladrones de ganado, el Código Penal prevé una pena de seis a cuarenta años de cárcel.

 

ESCENA 3: MICAELA

 

MUJER 3: Me acuerdo de ti, Micaela, cada vez que despierto, cada vez que me duermo. A todas horas te recuerdo. Porque a ti te gustaba todo: el amanecer, mirar las estrellas, el olor de las flores, la música del radio, las ferias, los pajaritos que tenías en tu jaula. Así eras, Micaela; todo te gustaba, a todo le encontrabas el chiste, por eso todo lo que me rodea me recuerda a ti. A donde mire, te veo. Yo siempre he dicho: “aprendan a mi prima Quela, que le gusta todo, por eso es feliz”. Una vez leímos en el periódico que habían encontrado el cuerpo de una muchacha en Granjas Santa Elena. Era una de las tantas asesinadas. Su familia la había estado buscando durante meses.

MUJER 4: El cuerpo sin vida de Gladys Yaneth Fierro Vargas, de 12 años, ha sido encontrado en un sembradío de algodón, a la altura del kilómetro 4 del bulevar Gómez Morín. Fue estrangulada y violada. Se la llevaron por la fuerza un día antes, cuando salía de un ensayo escolar.

MUJER 3: Las dos habíamos dicho que era rete feo no volver a saber de alguien, que desapareciera así, como si el desierto se lo hubiera tragado a uno y luego aparecer muerta tanto tiempo después. Por eso yo estoy segura que tú no te fuiste, Micaela, que a ti te llevaron, a plena luz del día, a la una de la tarde. Eso es lo peor, que todas pensamos que es de noche cuando hay más peligro, pero no, también de día. Tú lo sabes Micaela.

MUJER 2: Te buscamos siempre. Repartimos volantes con tu foto, en los camiones, en las calles, en las tiendas, en todas partes. Se busca.

MUJER 3: Tus papás fueron a levantar la denuncia a la policía y yo fui con ellos. Y ahí, cuando estuvimos con los agentes, me di cuenta que la policía no le daba importancia, que no iban a hacer nada. No investigaron, no nos dieron ninguna pista, no. Al contrario, los expedientes están mal hechos, son una porquería. Inventan cosas, puras mentiras. Se contradecían a cada rato: según ellos que eras de lo peor. Eso pusieron en los expedientes: que eras drogadicta, que salías con muchos muchachos, que ibas a salones de baile. Y entonces yo pensé, “Bueno, ¿y si sí? Supongamos que tú hubieras sido así, ¿qué tendría de malo? Tanto vale la vida de una mujer así como la tuya, como la de cualquiera”.

INVITADO: Se cree que las mujeres son ejecutadas para hacer videos en los que graban sus muertes, el llamado cine snuff. Según algunas fuentes, se sabe que estos videos se venden entre 70 mil y 100 mil dólares. A esto se le ha calificado de “demencial y macabro” por lo que es alarmante que el gobierno no actúe ni tome cartas en el asunto.

MUJER 3: Y los investigadores, de investigar lo que deben de investigar: nada, pero de saber la vida y milagros de uno sí: que a qué horas esto y lo otro, cómo vive, qué piensa, con quién sale. Se les afigura que, porque somos personas de pocos recursos, somos tontas, que no tenemos ambiciones, deseos de superarnos. Ellos dicen “son de la periferia, mujeres pobres, de escasos recursos”. Sí, pobres sí, pero no taradas. Ha pasado tanto tiempo que ya nadie te busca, Micaela, sólo nosotros. Un día oí a dos diputados en la tele diciendo que se estaba exagerando la cifra de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, que sólo eran como 69. Yo me pregunto: ¿cuántas les gustará para frenar los asesinatos? ¿Cuántas muertas son muchas, señores? Al paso que vamos, yo creo que los asesinos nunca serán detenidos; lo único que nos queda es exigirle al gobierno que detenga la ola de crímenes.

MUJER 1: Que se muera el papá, la mamá, que se muera el esposo, jamás va a ser lo mismo que perder algo, algo de una, una parte de uno. Un hijo es una parte de mí, y nunca voy a comparar la pérdida de mis otras gentes, con la de mi hija.

MUJER 3: En los últimos años han habido muchas Micaelas en Ciudad Juárez. O Sagrarios, o como se llamen de acuerdo con los nuevos nombres que van apareciendo en los diarios locales. Cada historia parece ser la misma historia, multiplicada 100, 200, 300 veces o más.

MUJER 2: La larga lista de nombres de las asesinadas han ido apareciendo en las cruces: Lilia Alejandra, Berenice, Airis Estrella, Alma Mireya, Elizabeth, Gloria, Leticia, Perla... (Todos repiten los nombres ad libitum) Todas son nuestras hijas, todas son nuestras muertas.

MUJER 3: Desde que te fuiste hacemos volantes y pancartas para pedirle al gobierno que haga justicia, porque esto no se puede quedar así, hay que hacer algo. Porque no han sido una, ni diez, ni cincuenta… son más de 400 las que han terminado como Micaela, ¡y cuántas las que están todavía desparecidas! Nunca dejaré de hablar de ella. No puedo parar hasta que termine la violencia.

INVITADO: Sólo así será posible cambiar a una sociedad ciega, sorda y sexista. Sólo así será posible lograr que no haya una muerta más, ni una mujer faltante. Sólo  así se cobrará conciencia de que los derechos de las mujeres no son diferentes ni de segunda clase. Para que las mujeres en Ciudad Juárez y en el resto del país vivan sin miedo. Para que las mujeres no tengan que marchar vestidas de luto, vestidas de negro. [4]

MUJER 4: No pedimos mucho: sólo queremos justicia. Que se aclaren todas las muertes y que el gobierno haga algo para que no haya más. Que nos dejen vivir y trabajar tranquilas. Que podamos salir a la calle sin temor. Que no vivamos mortificadas pensando que cualquiera de nosotras, a lo mejor, no regresemos un día. Que alguien voltee sus ojos a Juárez y diga “¡Basta! Alto a la impunidad, un una muerta más”. ¿Es mucho pedir?

MUJER 3: A veces me asomo a la ventana a ver la calle. Miro a todas partes buscándote, Micaela, tratando de reconocerte en otros rostros. Yo sé que volverás, saludándome con tu mano, diciéndome “mira, prima, qué bonito día”, o vendrás corriendo a decirme “hay que hacernos unos burritos y ahí en el tejabán vamos a ver la lluvia”. Como ya ha pasado tanto tiempo desde que te fuiste y no te han encontrado, yo espero aún que regreses a la casa. Por eso me asomo a la ventana, a esperarte, porque sé que un día regresarás, un día volverás, para contarnos nuestras cosas, para cantar, para que nos des un poco de tu risa y de tu alegría, Micaela. Yo sé que volverás... Yo sé que volverás.

 

ESCENA 4: POEMA DE ANTONIO CEREZO CONTRERAS

 

INVITADO: El siguiente es un poema de Antonio Cerezo Contreras, Preso de Conciencia en un penal de alta seguridad, rehén del gobierno al igual que su hermano Héctor Cerezo Contreras, luchadores sociales a los que el gobierno mantiene en campos de exterminio bajo cargos de “terrorismo y delincuencia”. Ellos también son víctimas de la impunidad que impera en nuestro país.

MUJER 3: Como si no fuese suficiente

Despojarte de la vida

Frente a las frías máquinas

MUJER 1: Como si el desierto

Exigiera tu sangre

Lluvia en verano

Para ver flores en sus cactus

MUJER 4: Como si tus lamento

Fuesen el viento necesario

Que arrastra la arena

Para cubrir los labios

MUJER 2: Como si tu piel morena

De manera inevitable

Fuese tambor que llama

A los impunes

MUJER 3: Como si sólo tu carne

Fuese el alimento predilecto

De buitres y perros

MUJER 1: Que sean tus pezones cercenados

Los ojos con los que miren

A su madre

MUJER 4: Que sean tus gritos

Que funden tímpanos sus cantos

cuando busquen, miserables, consuelo

MUJER 2: Que sean el color de tu carne golpeada

El tono del maquillaje

De sus días felices

MUJER 3: Que sea tu aromático cabello trenzado

La soga en que cuelguen a diario

Todos y cada uno

De sus sueños

MUJER 1: Que sea tu tormento

Su desayuno, comida y cena

Y tu cruz

Leña verde ardiendo en el centro de su pecho. [5]

 

ESCENA 5: LILIA ALEJANDRA

 

INVITADO: Entre otras cosas sorprendentes, aunque se ha detenido y encarcelado a gente por los asesinatos, normalmente con pruebas inventadas y confesiones obtenidas mediante torturas, no se ha resuelto ni uno solo, no ya de los 100 casos de asesinato en serie, sino de las más de 460 asesinadas en Ciudad Juárez desde 1993. Ni uno. Y ahora se ha vuelto habitual que el gobierno estatal y los empresarios locales acusen a quienes piden justicia de “vende-patrias” y de “ensuciar el buen nombre de Ciudad Juárez”. Este es un fragmento de una carta escrita por Malú García Andrade, hermana de Lilia Alejandra, desaparecida el 14 de febrero y cuyo cuerpo fue encontrado sin vida el 21 de febrero del 2001.

MUJER 2: Quisiera que imagines a tu hija, o hermana, a tu prima, a tu novia, o a tu esposa. Imagina que sale de su casa para dirigirse a su trabajo o escuela. Puedes imaginar lo linda que se ve al caminar, con un rostro inocente. Refleja el deseo a la vida con un brillo en sus ojos que demuestra su felicidad. Imagina que de regreso a casa un auto le cierra el camino, se bajan tres hombres. Uno de ellos la toma del cabello, el otro de sus pies y la meten adentro del auto para secuestrarla. Imagina que llegan a una casa y entran a una de las habitaciones. Ahí la tiran al suelo mientras los tres hombres miran el rostro de ella que ahora refleja terror. Imagina que uno de los hombres se acerca a ella, la ata de las manos y la recuesta en una mesa. Ella trata de defenderse; él levanta su brazo, cierra el puño y le da un golpe en la nariz. Después extiende nuevamente su brazo para darle otro golpe en la boca, para que así ella no siga diciendo:

MUJER 4: ¡Ya basta, por favor! Mamá, papá: ¡Ayúdenme! ¡Auxilio! ¡Alguien que me ayude! ¡Dios, ¿por qué mí?! Por favor ¡Ya no! ¡No, no, no!

MUJER 2: Imagina a esta joven diciendo estas frases mientras esta siendo golpeada y violada, diciéndolas con la voz quebrada y con lágrimas que recorren su rostro. En ese momento él termina de violarla; al acabar aún no termina el martirio de la joven, pues en la habitación hay dos hombres más... Se acerca otro de ellos; está fumando y apaga el cigarro en uno de los brazos de ella. Él empieza a morder sus senos, empieza a violarla, y así los tres hombres la torturan. Al terminar la tiran a el suelo y la empiezan a patear para después retirarse y dejarla en el suelo bañada en sangre, violada y ultrajada con la mas profunda saña y crueldad. Ella sigue sufriendo por un día, dos días, tres días, hasta que sus atacantes se dan cuenta que ella no resiste más y deciden matarla. Imagina que uno de ellos se acerca, pone sus manos alrededor de su cuello para estrangularla. Ella, a pesar de estar golpeada, trata de defenderse pero no puede y él cumple con su objetivo: matarla. Pero a los otros dos no les parece suficiente, así que otro de ellos, la toma de la cara para girarla bruscamente y desnucarla. Ahí esta su cuerpo sin vida, con la nariz fracturada, los labios reventados, los ojos golpeados, los brazos con quemaduras de cigarros, las piernas con cicatrices, y que las muñecas muestran huellas de ataduras y sus senos carcomidos. Ellos envuelven el cuerpo en una cobija la suben a el auto, se dirigen a un terreno baldío para dejar su cuerpo ahí. Pero el martirio y el dolor aún no terminan pues falta que la familia se entere de lo que acaba de sufrir la joven... Imagina lo que sigue… No, no venimos a buscar el consuelo, ni las falsas promesas por parte del gobierno. No queremos estadísticas, ni números que no reflejan la verdadera realidad de la mujer en Ciudad. Juárez. La sociedad civil y las ONG's exhortamos al Estado Mexicano a que frene la impunidad en torno a los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez y que cese el hostigamiento que sufrimos familiares de las víctimas y defensores de derechos humanos. Pedimos respeto y sobre todo les exigimos que nos dejen vivir. [6]

 

ESCENA 6: ORACIÓN POR LAS MUERTAS DE JUÁREZ

 

INVITADO: Durante una de las sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, el relator especial rindió un informe sobre los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez. Al relator le sorprendió la absoluta ineficacia, incompetencia, indiferencia, insensibilidad y negligencia de la policía que había llevado hasta entonces las indagaciones. Para el relator especial resulta evidente que estos asesinatos no se investigaron de forma eficaz ni exhaustiva, si es que hubo algún tipo de investigación.Los asesinatos de mujeres jóvenes y pobres comenzaron a documentarse en Ciudad Juárez en 1993... En 2001 se extiende el terror a la ciudad de Chihuahua... Este feminicidio, esta guerra de baja intensidad, ¿dónde y cuándo terminará...?” [7]

 

MUJER 1: Oración por las muertas de Juárez.

MUJER 4: Madre:

tú que habitas cielo,

viento, mar y tierra,

cárceles  y burdeles,

fábricas y juzgados,

basureros hediondos,

chozas, vecindades,

mansiones,

hospitales,

guaridas de ladrones

y casas ministeriales,

MUJER 3 Y 4: ¡trae a nosotras tu reino!

MUJER 3: No perdones

a quienes nos violan,

no perdones

a quienes nos matan,

no perdones

a quienes entierran nuestros huesos

bajo las arenas del desierto.

Que no se haga más su voluntad.

MUJER 3 Y 2: Acude a nuestra súplica y escucha:

MUJER 2: Ellos arrancan nuestros pezones a mordidas.

Encienden con cerillo y gasolina nuestros cuerpos.

Cambian nuestras ropas de un cadáver a otro

para que nuestras madres y nuestros padres

se confundan.

Siembran nuestros ojos

y riegan con nuestras lágrimas su odio,

y luego se esconden.

MUJER 1: No sabemos cómo visten.

No sabemos de dónde sacan su dinero.

No sabemos si tienen aparte otros modos de divertirse.

Si tienen hijas

ni si sus hijas son también pobres y obreras

o estudian por las tardes

y caminan solas por las calles oscuras de regreso a casa.

MUJER 4: Nada de ellos sabemos

sino que quieren un mundo sin nosotras,

las mujeres de Juárez,

las de cabellos largos

y senos despuntando,

cuerpos morenos donde danzan los sueños,

donde la vida hace fiesta.

MUJER 3: Mujeres, Madre, como tú,

como nosotras,

las desterradas hijas de Eva,

las que aquí seguimos suplicantes.

Acude a nuestro llanto, escucha:

Ellos tienen cómplices,

no actúan solos.

En la maquila,

en la policía,

en el gobierno,

en el narco,

allí en el paraíso como en el infierno

ellos tienen cómplices,

pero nadie sabe quiénes son.

MUJER 2: Por eso venimos hoy a implorarte,

atiende nuestras plegarias,

no desoigas nuestros ruegos:

Que no se oculten más los criminales,

que no queden impunes nuestras muertes,

que la sangre nuestra,

la de nuestras hermanas,

fecunde el corazón de la tierra donde yacen

y nos dé aliento, fuerza.

MUJER 1: No protejas a nuestros asesinos

ni escudes bajo tu manto sus ofensas.

Líbranos del miedo,

del silencio,

de la mansedumbre.

Permítenos la rabia

y no nos dejes caer en la tentación

de la desesperanza.[8]

 

ESCENA 7: ¿CUÁNTAS MUERTAS SON MUCHAS?

 

INVITADO: Al presidente de México… al gobernador del Estado… al Procurador de Justicia… A las autoridades competentes les preguntamos:

MUJER 4: ¿Cuántas muertas son muchas?

INVITADO: Cuando las autoridades califican de “normal” la tasa de homicidios de mujeres en Ciudad Juárez, habría que preguntarse de qué tipo de crímenes están hablando.

MUJER 1: ¿Cuántos muertas son muchas?

INVITADO: Si se refieren a las más de 400 mujeres, entre los 5 y los 25 años, de características físicas y sociales similares, cuya forma de morir ha llevado a expertos de talla internacional a reconocer el posible trabajo de uno o varios asesinos en serie, están equivocados.

MUJER 2: ¿Cuántas muertas son muchas?

INVITADO: El gobierno dice que a las víctimas de Ciudad Juárez las mató la falta de valores, las mató el salir a la calle de noche, las mató el ir a bailar a los antros del centro, el llevar una doble vida, el vestir de forma provocativa...

MUJER 3: ¿Cuántos muertas son muchas?

INVITADO: Este discurso se torna injurioso, casi inmoral, al analizar con más detalle quiénes son las muertas de Ciudad Juárez, pues nadie busca ser penetrado con un tubo de pvc, ni perder un pezón a mordidas, ni morir desangrado en el desierto…

MUJER 1: Menos que nadie, una niña de 13 años que se dirige a la secundaria…

MUJER 4: ¿Cuántas muertas son muchas?

MUJER 2: Menos que nadie una joven de 16 que está ahorrando para ir a la universidad…

MUJER 1: ¿Cuántos muertas son muchas?

MUJER 3: Menos que nadie una obrera que se levanta a las 4 de la mañana en invierno para tratar de mejorar su situación y la de su familia.

MUJER 2: ¿Cuántas muertas son muchas?

INVITADO: La barbarie no conoce límites, rebasando toda lógica y toda razón: las niñas Brenda Berenice Delgado Rodríguez de 5 años, Airis Estrella Enríquez de 7 años y Anahí Orozco de 10 años fueron atacadas sexualmente, torturadas y asesinadas.

TODOS: ¡¿Cuántas muertas son muchas?!

 

ESCENA 8: ERÉNDIRA

 

MUJER 4: “Querido diario: Escucho música por todas partes. Siempre la traigo en la cabeza. Cuando platico, lavo los trastes o estoy en el trabajo, mis pies se mueven casi sin que me de cuenta, siguiendo un ritmo que sale dentro de mi y que sólo yo escucho. ¡Cómo me gustaría ser artista! Hasta grabé un casete con una canción para que todos me puedan escuchar cuando yo no esté cerca. A veces me sueño en un escenario, recibiendo un gran aplauso del público y me emociono. Te prometo que seré una gran estrella.”

MUJER 1: La pesadilla comenzó el martes 18 de agosto de 1998. Eréndira se había ido al trabajo y no regresó. Nos mortificamos mucho. Nunca se iba por allí, menos sin avisar, y jamás había faltado a la casa. Me acuerdo del día en que se fue. “Que Dios te bendiga”, le dije antes de irme al trabajo. Me fijé en algo: sus ojos brillaban de una manera especial ese día.

MUJER 4: “Querido diario: Tengo tantos planes para el futuro que hasta me duele la cabeza de estarles dando vueltas y vueltas. Me gusta mucho escribir pero también cantar. A veces agarro una escoba y me pongo a brincotear por toda la casa. Creo que no me iré de aquí hasta que me case. Al menos eso espero.”

MUJER 2: Después de unas horas, decidimos ir a Previas. Todavía no alcanzo a entender cómo nadie se compadece del dolor de una madre al saber a su hija desaparecida. Ahí la lluvia de preguntas: Que si tenía novio, que si había problemas, que si usaba drogas, que hay que esperar a ver que pasa…

MUER 1: Me cansé de repetirlo en cada declaración: nosotros no somos de aquí, somos de fuera, de Zacatecas. Vinimos a Ciudad Juárez buscando una vida mejor.

MUJER 2: Parecía que no entendían que mi hermana estaba perdida y que estábamos volviéndonos locos por no encontrarla.

MUJER 4: “Querido diario: Se me ha olvidado algo muy importante: no me he presentado. Mi nombre completo es Eréndira Ivonne Ponce Hernández. Nací el 24 de enero de 1981. Mi color original es café oscuro pero me lo tiño castaño, borgoña cobrizo; mis ojos son café oscuro pero normalmente uso pupilentes color violeta. Tengo la piel morena y 17 años bien cumplidos bajo el signo de acuario. Las canciones que más me gustan son: Igual que ayer, de los Enanitos Verdes; El mañana nunca muere, Cuando un hombre ama a una mujer y Quién diría, de Ricardo Arjona. Tengo 8 hermanos, 5 mujeres y 3 hombres. Cuatro ya están casados y tengo tres sobrinos. A mis padres María Rosario Hernández  y Federico Ponce, los amo con todo el amor del mundo.”

MUJER 3: ¡Cómo no! Teníamos la esperanza de que apareciera por la puerta de la cocina, sonriendo y nos dijera que había sido una broma. Que se había quedado con una amiga, que estaba enojada con alguien de nosotros… Pero Eréndira nunca más regresó. Pretendientes tenía algunos —en últimas fechas sólo uno—, pero siempre tenía el sentimiento de que todavía no le llegaba el amor de su vida.

MUJER 4: “Querido diario: Soy muy romántica y sueño con encontrar el amor de mi vida. La clave para saber con quien me voy a casar estará en la persona que me regale una rosa y con la que baile la canción “Cuando un hombre ama a una mujer”. Mi sueño es casarme, vivir en una casa cómoda, tener un esposo con el que salga a pasear y un pedazo de carne que me llame mamá. Mi hombre ideal es de cabello largo y ondulado, los ojos azules, la piel blanca, que mida de 1.80 a 1.90, que tenga un cuerpo no muy musculoso, que esté simpático, que tenga carro y una cuenta en el banco de más de 100 mil pesos. No te creas, es una broma, yo lo único que deseo es que sea un hombre bueno que me quiera y con el que pueda formar una familia feliz.

MUJER 1: Recuerdo los peores días de nuestra vida. Pasados doce días de angustia, de insomnio, por fin tuvimos noticias de ella. Es horrible sentir cómo todos te miran con caras misteriosas que te dicen que hay algo más, que no te han dicho todo. Cuando llegamos a la delegación me enseñaron una foto en la que se veía el vestido, pero tenía unas partes tapadas… yo me di cuenta de que había más que tela… que era un cuerpo el que acompañaba el vestido.

MUJER 2: Entonces me di cuenta de repente. Eréndira había muerto. Quise verla. Quería reconocerla, estar segura de que se trataba de ella, pero no tenía ya nada que se pudiera reconocer. Tenía su rostro tapado pero yo lo destapé. Lo único que le reconocí fueron los dientes, las uñas de sus manos, sus pies y su cabello. Era ella. Eréndira estaba ahí, muerta.

MUJER 3: Femenino, no identificado, 60/98. 18:00 horas del 16 de septiembre de 1998. Robusta, morena, mestiza, 1.50 metros, de 45 a 55 días de muerta. El cuerpo fue encontrado boca abajo, con las manos atadas a la espalda con el cordón de su bolsa. No dejaron ninguna huella o alguna pista. Aunque la mayoría de sus cosas fueron encontradas, sus zapatos y su bolsa desaparecieron.

MUJER 1: A veces te entregan un costal de huesos. “Ahí ‘stá su hija”, te dicen. “¿Pero cómo en dos meses ya son puros huesos? Un cuerpo tarda mucho más en volverse nada”. “Pos si no lo quiere, déjelo”. Hay quienes han pedido pruebas de ADN para comprobar la identidad de la víctima. “Uy, eso sale rete caro y se lleva harto tiempo”. Total, sólo queda resignarse a querer creer que ese costal de huesos son los de tu hija. Parece absurdo, pero de veras creí que la policía y el gobierno estaban con nosotros.

MUJER 2: Ahora, me aferro al diario de Eréndira. Es lo único que me puede seguir hablando una y otra vez de ella. Lo leo para escuchar su voz muda. Es ahí donde mi hermana plasmó sus últimas ideas, sus gustos por la comida, por la ropa, por los muchachos. En donde expresó el inmenso cariño que tenía por sus padres y por sus hermanos. Un cuaderno donde plasmó sus sentimientos dos días antes de morir.

MUJER 4: Querido diario: No sé qué me pasa. Tengo miedo. Hoy desperté con la necesidad inmensa de escribir todo lo que pueda en estas hojas. Así que no te sorprendas si encuentras cosas locas como  la lista de los lonches, la soda y la fruta que me comí hoy o la ropa que necesito comprar para poder vestirme bien. Sólo sé que necesito escribir, escribir y escribir para seguir viviendo. O para que alguien viva a través de lo que yo escribo. Pensándolo bien, no es miedo lo que siento. Es un presentimiento. Un presentimiento de que voy a descubrir algo. Un secreto. El secreto más grande del mundo.

 

ESCENA 9: ¿HAY UN DIOS CERCA DE JUÁREZ?

 

INVITADO: Las madres de las mujeres asesinadas o desaparecidas en Ciudad Juárez y Chihuahua se levantan todos los días para hacer el quehacer, las labores del hogar, ir a trabajar y para proseguir con su demanda de justicia. Para ellas, los festejos del Día de las Madres han quedado reducidos a los recuerdos de sus hijas masacradas. Han debido asumir brutal y forzosamente de nuevo la maternidad, pues ahora son ellas las responsables de las hijas e hijos de las víctimas. En Ciudad Juárez se mata mujeres por ser mujeres. Ser mujer, joven, bonita y pobre es convertirse en una víctima de los asesinos. Cuerpo de mujer: peligro de muerte.

TODAS: ¿Hay un dios cerca de Juárez?

INVITADO: Un animal.

Un ser vivo, salvaje.

Un monstruo inconsciente, no pensante.

Uno de la manada que no respeta a sus iguales:

Se llama a sí mismo el hombre.

Mal haría en llamarle un animal

Esa palabra proviene de ánima: movimiento, alma.

Más bien hombre sin alma el hombre que mata

y se mata a sí mismo dando muerte.

MUJER 1: Llévate la muerte en la memoria

Que tu culpa silente te corrompa

Que tu conciencia despierte y no descanse

Asesino del sueño (de otro sueño, del tuyo propio)

¿Cómo podrás dormir? ¿Y cómo es que despiertas?

¿Cómo es que vuelves y vuelves al lugar del crimen

Y ningún dios te ha visto?

MUJER 2: Juárez femenino está siendo ultrajado

Mutilado del sexo y de la lengua

Puesto lejos de su libertad.

Dios, dale voz y viento que la lleve,

Dios de Dios dale unas alas no para que huya:

Para que se quede

En su lugar la mujer.

Un lugar, pues.

Dios de Dios de Dios

No te está pidiendo el cielo, te pide la tierra, su tierra.

Carajo,

¿Hay un Dios cerca de Juárez?

MUJER 3: Juárez de la inversión extranjera:

Las manos maquiladoras de tus hijas dicen adiós

Con los puños cerrados y a veces sin puños que cerrar.

INVITADO: Gritos en ninguna parte.

MUJER 4: Ella traía una falda muy corta, esta apareció sin ropa…

MUJER 2: Esta con ropa de otra, esta quemada, esta sin dientes…

MUJER 1: Esta sin pechos, esta sin ella.

MUJER 3: - ¿Ya leíste el periódico local?

INVITADO: Va la nota de gente en gente.

MUJER 3: Y el informativo le dedica una hora a un incidente de tránsito,

Al partido del domingo o la boda de alguna figura pública

Y en un programa de opinión se hace un cuestionamiento para la nación entera

Para darle “voz y voto”

Usted decide.

¿Que le parece que hayan liberado a Gloria Trevi?

Justo. Injusto. Más o menos justo. Un poquito injusto.

Marque 1 900 número, número, número

¿A usted qué opción le apetece?

Justo. Injusto.

INVITADO: ¿Alguien sabe en México que es justo?

MUJER 4: Juárez, frontera de la realidad

Un río bravo rojo sangre se desborda

y nos inunda el coraje.

Sal de mi pecho, odio, lárgate.

Qué no mate a mi paz quien no entiende de paz

Qué no se manche mi corazón de su inmundicia

Quiero seguir creyendo en otra posibilidad de mundo

- Enciendo una vela -

En el que la religión del hombre sea amar al Dios de Dios:

¿El hombre?

INVITADO: Juárez madre, preocupada por tus hijas

Asomada a la ventana

Esperando que llegue ella y no la mala noticia

Juárez hombre, con los ojos abiertos a la noche

Con más preguntas que estrellas

Con el discurso agotado. No te canses.

Hija, niña, mujer Juárez. No te calles.

MUJER 1: Juárez, grito ancestral

¿De dónde viene tu nombre?

¿Quién ha hablado de paz y de derecho y de respeto?

¿Para que instituir frases célebres que se nos repiten huecas?

MUJER 2: Una fábrica vieja de héroes y falacias nos hereda el gobierno:

Hacer patria, dicen.

No. Hacer mundo. Hacer Juárez: un lugar.

Para vivir.

MUJER 3: Juárez, alza tu voz hasta curarle a la justicia la sordera.

Qué se alce también tu razón y tu cordura,

Que te regrese la calma.

Juárez, mi más sentido pésame.

MUJER 4: Si mis manos no hacen nada, que lo haga mi palabra.

Qué regrese la hija, la hermana y la madre

Del trabajo a la casa cuando caiga la tarde. [9]

 

Al final, todas apagan sus velas, menos el Invitado:

 

INVITADO: Mientras exista una luz, quedará la esperanza de que vuelvan nuestras mujeres, nuestras hermanas, nuestras hijas de regreso a casa.

 

El Invitado deja su vela encendida.

 

- FIN -

 

Copyleft: se otorga la libertad de copiar, distribuir y llevar a escena (sin fines de lucro) esta obra de teatro siempre y cuando el texto se conserve íntegramente y se dé crédito a todos los autores en todos los impresos y en todo tipo de difusión.

 

Por esta obra NO se cobran derechos de autor.

 

Para mayor información: hrobles@hotmail.com

 

http://mujeresdearenateatro.blogspot.com


 


[1] Este libreto fue revisado en julio de 2008. Debido a que los crímenes de mujeres y niñas continúan, se les pide verificar las cifras de las asesinadas y desaparecidas en la web de Nuestras Hijas de Regreso a Casa www.mujeresdejuarez.org que se actualiza frecuentemente.

[2] Denise Dresser

[3] Eugenia Muñoz

[4] Denise Dresser

[5] Antonio Cerezo Contreras

[6] Malú García Andrade

[7] Marisela Ortiz

[8] María Hope

[9] Juan Ríos Cantú

 

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