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Nómada en el tiempo

de  Ana A. Millás Mascarós

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

Nómada en el tiempo

(Comedia fantástica en dos actos y un epílogo)

 

Ana A. Millás Mascarós

 

anamillas@hotmail.com  

 

PERSONAJES

CLEOPATRA

MARCO ANTONIO

JULIO

ESCLAVO

PISCOLABIS

BISABIS

TONI

KLEO

AGENTE

ROSI

JOHN

 Acto I

ESCENA I

 

   El espacio escénico está dividido en dos ambientes totalmente diferentes. La zona situada a la derecha de los actores está amueblada conforme a una alcoba del antiguo Egipto, pero no cualquier alcoba, sino la del dormitorio del palacio de la mujer más poderosa que ha habido sobre la tierra de los grandes faraones allá por el siglo I a.d.J.C. Naturalmente ésta no es otra que la reina Cleopatra. Por lo tanto, la estancia debe estar decorada con refinamiento y lujo. En un lateral, concretamente el derecho y en primer término, para que no estorbe el movimiento de escena, hay un tocador surtido con profusión de tarros diversos. Delante de él un pequeño taburete. A su lado, en segundo término, una puerta vestida con ricos cortinajes. En el fondo de la escena, un gran ventanal practicable, tras el que puede verse un paisaje desértico, iluminado según la hora del día. Al lado del ventanal, tras un biombo, se oculta otra puerta más pequeña que conduce al baño. Delante del mismo, y dejando sitio para poder pasar con holgura, está situada la cama real, un gran canapé tapizado en brocado. Diseminados por la escena algunos candelabros, taburetes, una mesa auxiliar y cualquier otro objeto que contribuya a hacer que el conjunto resulte armonioso y acorde al dormitorio de la mujer más poderosa de Egipto.

         La parte correspondiente a la izquierda del escenario representa un salón del siglo XXI. Los elementos que lo conforman se describen al principio del segundo acto.

 

CLEO        - (Al levantarse el telón, Cleopatra, muy enfadada y en una postura sugerente, está reclinada sobre el lecho. Marco Antonio, vestido con una túnica corta está a su lado, medio envuelto con uno de los lienzos que cubren la cama. De pie, junto a ellos, un esclavo provisto de un gran abanico cumple su cometido, que no es otro que “refrescar” a la pareja que ocupa el lecho real. ) Me gustaría saber porqué últimamente estás tan frío conmigo... ¿Acaso ya no me encuentras atractiva?

MARCO    - (Con cara de cansancio.) ¡No sé de qué te quejas! Antes, cuando estábamos en plena faena, me suplicabas que te dejara que ya tenías bastante... (Aparte.) Y cualquiera tendría bastante, después de haber encajado tres faenas...

CLEO        - ¡Eso lo dije a consecuencia del “clímax”! En ese momento se dicen muchas cosas... (Poniéndose melosa.) No hace tanto que nos pasábamos la noche entera haciendo el amor... Entonces no te quejabas, tenías cuerda para rato... Pero ahora, ahora estás muy desmejorado... (Pausa breve.) Mira, si quieres, para subirte la lívido puedo ejecutar uno de esos exóticos bailes que a ti te ponen al límite...

MARCO    - (Muy seco.) ¡Para bailes estoy yo! ¡Si no puedo ni con mi alma!...

CLEO        - (Cambia de tono y se muestra de nuevo enojada.) No acierto a explicarme qué te ocurre... Tu falta de pasión, no puede tener más que una explicación... (Recriminándole.) Seguro que todo el tiempo que has estado de conquista, te lo has pasado de bacanal en bacanal...

MARCO    - Pero, tú te crees que después de soportar una campaña que ha durado cerca de dos meses, a un hombre le quedan ganas de hacer animaladas como la que acabas de sugerir... Venga mujer, contigo ya tengo bastante... Eres lo más parecido a una esponja...

CLEO        - ¡Por Isis! Si esa no es la causa... ¿Qué otra explicación puede tener tu bajada de potencia? (Pausa.) Creo que harías bien en consultar con mi médico real, para que te haga un chequeo a fondo y, de paso, para que te recete un afrodisíaco...

MARCO    - ¿Cómo crees que he soportado tres faenas?

CLEO        - ¿De modo que ni aún así? (Niega con la cabeza, al mismo tiempo que habla en plan de ultimátum.) Pues tú verás qué haces para recuperar tu vigor cuanto antes... De lo contrario... “Lo nuestro... pasará a la historia”...

MARCO    - (Muy ofendido.) ¡Ya está bien!... Cualquiera que te escuchase pensaría que soy un “eunuco”...

CLEO        - (Sarcástica.) Tiempo al tiempo... Aparte de haber perdido la capacidad sexual, también debes de haber perdido algo de memoria... ¿Qué se ha hecho de Antoninus “el súper-macho”, el Dioniso redivivo, que se jactaba de batir todos los records amatorios? ¿Ya no recuerdas haber dicho que eras capaz de hacer el amor sin interrupción, las veces que fuese preciso?

MARCO    - (Impotente para rebatir todo lo que ella le está tirando en cara.) ¡Deja de pincharme, bastante tengo con sufrir la caída en picado de muchas de mis facultades! Si estás tan acalorada, hazle señas al del abanico... (Señalándolo.) …para que te refresque con un poco de aire...

CLEO        - ¡No es aire, lo que yo necesito!

MARCO    - ¡Mujer, ya estoy harto de escuchar tus recriminaciones! Estás resultando ser peor que la famosa meretriz Julia, quien siempre necesitaba tener más de un hombre en su lecho y no precisamente para dormir...

CLEO        - ¿Qué falta de respeto es ésta? ¿Cómo osas compararme con esa vil cortesana romana? Te prohíbo que me equipares con ella... Yo soy la reina de Egipto y tú no eres quién para juzgar mi proceder, sólo mi padre Ra puede hacerlo... Ni tengo por qué darte explicaciones, ni tampoco tengo que rogar a nadie... Tan sólo he de hacer una señal con mi divina mano y, al instante, tengo postrado a mis pies a cualquier hombre...

MARCO    - (En tono de burla.) Sí, pero para continuar a tu lado después de conocerte, tendrían que atarlo de pies y manos...

CLEO        - (Furiosa.) No te tolero que me hables de ese modo... ¿Con qué derecho lo haces?

MARCO    - Con el derecho de estar de ti hasta... la corona de laurel... Me tienes harto con tus excentricidades... El día que más ganas tengo yo de “fiesta” es el que tú, curiosamente, tienes el capricho de pasarte a remojo un buen rato dentro de esa apestosa leche de burra que haces que te pongan en el baño... Si te he de ser sincero, a mí me pone de muy mala leche la “idem” esa, porque cuando por fin se te antoja salir de la bañera estás más pringosa que un pastel de “boniato” y, además, emanas un tufo a leche agria que no hay quien resista estar a tu lado...

CLEO        - ¡Eso lo dices ahora! Cuando me conociste no pensabas de ese modo... Entonces bien que te gustaba mi original manera de bañarme... Incluso, en más de una ocasión, no tuviste ningún reparo en sumergirte conmigo.

MARCO    - Así es, pero todo cansa y tú te repites más que el sumo sacerdote cuando recita la larga lista de todas las cualidades que te adornan... (Cansado.) ¡Y basta ya de rollos! Necesito echar un sueño y, como veo que no estás por la labor de dejarme descansar... (Se levanta de la cama, si todavía está en ella.) ...Cojo mis trastos... (Esto lo dice por la coraza, el casco y la espada que están en un rincón de la estancia.) …y me voy lo más lejos posible que pueda de tu lado. (Recoge los objetos nombrados anteriormente.) ¡Aquí te quedas, Vesubio en llamas! (Mutis rápido por la puerta de la derecha.)

CLEO        - (Está que muerde. Todavía no acaba de creerse que su amante la haya dejado compuesta y sin plan a estas horas de la noche.) ¡Vete a pasear tú y todos tus trastos! Total, para lo que aprovechan... (Se sienta sobre en el lecho.) Esta situación es intolerable... Ha tenido la desvergüenza de negar que tiene alguna amante y si no es así, no acierto a explicarme a qué viene este cambio tan radical... Apenas es una sombra del hombre que conocí y del que me enamoré perdidamente... No hace tanto que no podía quitármelo de encima... (Soñadora, habla evocando tiempos pasados) Recuerdo que le encantaban toda clase de juegos placenteros, sobretodo uno que él se inventó y al que bautizó con el nombre de “medicus”. En él, yo era su paciente... (Al comenzar su relato, y según éste evolucione, el esclavo portador del abanico y que desde el principio ha estado de pie junto a la cabecera del lecho, pondrá cara de consecuencias, demostrando de ese modo que está pasándolo fatal al sentir la descripción del pasaje que Cleopatra evoca, y que cada vez va subiendo más de tono. El pobre hombre llega hasta hacerse aire él mismo.) ...Cuando llegaba a su sala de consulta, es decir, su estancia, me ordenaba tumbarme sobre su lecho... Así... (Representa aquello que dice, tumbándose de forma provocadora sobre la cama.) ...Entonces él se acercaba a mí lenta y pensativamente, como sopesando de que manera iba a tratar mi enfermedad... Después, y para practicarme un reconocimiento táctico, como él acostumbraba a decir, me desnudaba despacio, muy despacio... (Hace ademán de quitarse alguna pieza de ropa, pero sin pasarse. Al hacerlo se apercibe que el esclavo no se ha perdido ni palabra de lo que ella ha comentado en voz alta. Está sofocado y a punto del colapso nervioso.) ¿Pero, qué te pasa? ¿Acaso no eres ni ciego, ni sordo, como todos los esclavos que me sirven en la intimidad? (El esclavo no responde, trata de hacerse el loco. Ella, para salir de dudas, se acerca a él y se muestra delante de sus narices cada vez más sugerente. También recurre a hacerle escuchas al oído, que nadie más que él oye, pero que todos suponen con facilidad. El pobre hombre hace todo lo humanamente posible por no ver ni escuchar nada de nada, cosa del todo imposible, porque el guión manda que ha de ponerse nervioso.)

ESCLAVO - (Al límite de su aguante como hombre, cae arrodillado a los pies de la reina.) ¡Imploro tu perdón, magnánima reina del Nilo! Tan sólo trataba de ayudar a un sobrino de mi mujer que, quería tener la noche libre... y para que nadie lo echase en falta, me ofrecí para hacerle la sustitución...

CLEO        - (Estupefacta.) ¡Ya no se puede fiar una ni de los esclavos que te sirven! (Se acerca junto a la puerta de la derecha.) ¡A mí la guardia del palacio!

ESCLAVO - (De rodillas, ha acudido a los pies de ella.) ¡Piedad, piedad luz de Egipto!... Te juro por Apis, que jamás contaré nada de lo que he visto y oído...

CLEO        - ¡Seguro que no lo harás, porque vas a pasar a mejor vida! El desgraciado de tu sobrino te ha hecho una buena faena... Tu recompensa por meterte donde nunca debías haber estado, será hacerle compañía a tus antepasados... No creas que no me duele castigarte por tu noble proceder...

ESCLAU   - ¡Amada reina Cleopatra! Juro por Isis, que desde este mismo momento soy sordo y mudo para el resto de mi vida...

CLEO        - No te costará mucho cumplir tu juramento, inmediatamente se ejecutará mi sentencia... Convendrás conmigo que no puedo dejarte sin castigo... Si no me mostrase inflexible esto sería un “pitorreo”, todo el mundo me tomaría la peluca...

PISCOLABIS- (Procedentes de la puerta de la derecha entran en la estancia dos guardias egipcios. Van pertrechados con lanza y espada) ¿Has llamado? ¡Oh, diosa celestial!

CLEO        - (Enojada.) ¡Ya hace un rato que lo hice!

PISCOLABIS- ¡Oh, magnánima reina de los egipcios! Imploro tu perdón por la tardanza... El caso es que...

CLEO        - (Cortándolo, aunque sin espada, pero muy sarcástica.) ¡Por Maat! ¿No estaréis haciendo, también vosotros, una sustitución?

BISABIS- ¡No, no es eso, excelsa Cleopatra! Con tu permiso te lo explicaré todo... El caso es que hoy, bueno mejor dicho esta noche, celebramos la despedida de un compañero...

CLEO        - ¡La despedida! No entiendo nada... (Con gesto de aburrimiento se reclina sobre el lecho, eso sí muy realmente y en una postura que resalte más el modelo que luce.)

BISABIS- Verás, ¡Oh, diosa de Egipto! Uno de nuestros amigos, que forma parte de tu guardia real, contrae nupcias mañana... y para celebrarlo hemos organizado una fiesta con unas cuantas “pu...” (El otro guardia le propina un codazo para evitar que acabe de decir lo que pensaba.) ¡Puñetas! ¿Qué quieres?

PISCOLABIS- (Aparte.) ¡Que te calles! Si descubre que pensábamos dejar el palacio sin guardia, la fastidiamos... (Respetuosamente, es él el que prosigue hablando con la reina, quien como está más aburrida que la una y no hace más que darle vueltas a su drama personal, no se ha percatado del comentario del guardián.) ¡Oh, faro de Egipto! Humildemente pido tu condescendencia... Mi compañero ha bebido tanto hidromiel durante la cena que está algo “tocado del ala”... Trataba de explicarte que el motivo de nuestro retraso ha sido debido a que, cuando llamaste, estábamos organizando los turnos de guardia...

CLEO        - (Bostezando, pero con delicadeza que para eso es quien es.) ¡Ya! ¿Y por esa menudencia habéis hecho esperar a vuestra reina, exponiéndola a cualquier peligro?... Si en lugar de haberse colado en mi estancia ese desgraciado... (Señalándole.) ...lo hace un violador o, peor aún, un sádico asesino... A estas horas me encontráis hecha polvo...

ESCLAVO - (A parte.) ¡Eso quisiera ella, que se le metiese en el lecho un violador y... que le quitase el “polvo”!

CLEO        - (Dirigiéndose al esclavo pero sin levantarse de la cama, donde está muy bien) No sé muy bien lo que has dicho... Pero aprovéchate que ya te queda poco para darle gusto a la lengua, ni a cualquier otra cosa...

ESCLAVO - (Postrándose a los pies del lecho.) ¡Perdón, perdón diosa de dioses! Tan sólo decía que yo... que yo te hubiese defendido con mi vida...

CLEO        - (Levantándose del lecho) Lo que acabas de decir habla mucho en tu favor, pero no te librará del castigo... ¡Guardias, prended a este esclavo y cortadle la cabeza! (Los dos guardias acatan la orden y, casi a rastras, le conducen hacia la puerta por donde entraron.) Un momento, pensándolo mejor seré clemente contigo... (El esclavo suspira aliviado.) Acabo de decidir que, en lugar de la cabeza, sólo pierdas un trozo de tu cuerpo... (El esclavo asustado empieza a temblar temiendo perder algo muy apreciado para cualquier hombre.) ¡Lleváoslo y que le corten la... (Duda antes de decidirse.) ...la lengua!

ESCLAVO - (Intentando hacer reverencias, cosa casi imposible pues está sujeto por los guardias.) ¡Gracias, gracias magnánima Cleopatra!... (Mientras los dos guardias le arrastran hacia la puerta, él continúa refrendando sus alabanzas.) ¡Reina de reinas! ¡Resplandor de Alejandría!... (Mutis de los tres)

CLEO        - ¡Estos esclavos están mal de la cabeza! Los castigas y además de darte las gracias, te colman de alabanzas... (Pausa breve, en la que se muestra desinquieta.) ¡Estoy desesperada! Todavía no puedo explicarme como la gran, la magnífica, la todopoderosa Cleopatra de la dinastía de los Lágidas puede estar a estas horas más sola que la una... ¡No hay derecho a que la reina de medio mundo tenga que pasar la velada sin compañía!... Y todo porque ese “puñetero romano” está de capa caída... ¡Y tan caída!... ¿Dónde encuentro yo a estas alturas un amante que sea y esté a mi nivel? No resultaría nada digno que la omnipotente Cleopatra se acostase con cualquier hombre... Ni tampoco estaría bien visto que me viesen deambular a estas horas por la ciudad en busca de “fiesta”... Hace un buen rato que miré la “clepsidra” y pasaba de la media noche... Estas cosas conviene hacerlas con mucho tacto. De lo contrario, después las murmuraciones te hacen la “pascua”... (Suspira evocando el pasado.) Como cuando me encapriché de aquel esclavo que me trajeron procedente de la Tracia... (Suspira de nuevo.) ¡Querido Acerves, cuánto te extraño!... Para conseguir “enrollarme” con él, silencié las lenguas viperinas, nombrándole capitán de mi nave preferida “El Thalameyos”. De ese modo, nadie pudo decir ni media... Le di un alto cargo y, a cambio, obtuve un magnífico amante... (Pausa.) La pena fue que nuestra historia pasional no duró todo lo que me hubiese gustado... ¡Ay, qué remedio!... Me tuve que deshacer de él al poco de establecer relaciones con César... (Otro suspiro.) ¡Como era tan celoso, muy a mi pesar, tuve que dejar de verme con Acerves!... Y como más tarde le regalé la nave a César, pues aproveché la ocasión para engrosar el presente, agregándole a mi dulce amante... Así, de ese modo, me quitaba la tentación de encima, nunca mejor dicho... (Se encoge de hombros al mismo tiempo que, con desgana, se deja caer en el lecho.) Por muy reina que una sea, a veces se han de cumplir las reglas. (Resignada.) Por otra parte, mi categoría y alcurnia no me permiten hacer otra cosa que dormir. (Con gesto de fastidio y ante la imposibilidad de encontrar alguna solución que le permita disfrutar de compañía, tras apagar los candelabros se acuesta.)

 

ESCENA II

 

MUTACIÓN - Las luces de escena bajan de intensidad. Para ello, el técnico de iluminación debe dejar la habitación en una grata y sugerente penumbra. Cuando ya Cleopatra esté en el lecho, y antes de que se duerma del todo, la luz de un potente rayo reluce a través del ventanal, haciendo que la escena se ilumine de forma fantasmagórica. Acto seguido, el rugir atronador de un potente trueno invade la estancia.

 

CLEO        - (Asustada, se incorpora en el lecho.) ¡Por Apis! ¿De dónde sale esa luz? ¿Qué ha sido ese ruido infernal? (Con cautela se levanta de la cama y se dirige hasta el ventanal, por donde se asoma.) ¡Por Osiris! ¿Qué es eso? (Aterrada y frotándose los ojos, al mismo tiempo que niega con la cabeza, se retira del balcón. Presurosa se acerca hasta una mesilla llena de papiros. Los revuelve hasta encontrar una daga escondida entre ellos. La empuña y, temerosa, se esconde tras el biombo, donde permanece quieta y casi sin respirar.)

TONI         - (Comienza a hablar antes de aparecer en escena.) ¡Joder, vaya un trompazo! (Titubeando, entra en la estancia por la puerta de la derecha. Da la impresión de estar mareado. El personaje resulta de lo más extraño, sobre todo si comparamos su indumentaria con la decoración de la habitación real y el atuendo de la época. Viste cazadora de cuero, pantalones vaqueros, camisa de manga corta y, en la cabeza, lleva un casco de motorista. Al hombro lleva colgada una mochila. Se quita el casco y con una mano se refriega la cabeza.) ¡Lo peor es que la moto se ha quedado hecha trizas!... (Deja caer la mochila en la cama y a continuación se sienta en ella.) ¿Por qué está todo a oscuras? (A palpas revuelve entre las sábanas.) ¡Venga, mujer!... ¿Se puede saber dónde te escondes? (Mira bajo la cama.) ¡Va, Kleo, guapa, que ya estoy aquí!... ¡Te he traído un regalo!

CLEO        - (Al oír su nombre, bueno el diminutivo de su nombre, sale de su escondrijo, pero no abandona ni la daga ni  la cara de estupor. Despacio y con mucha precaución se acerca hasta él.) ¡Mi nombre es Cleopatra!

TONI         - ¡Claro mujer, ya lo sé! Pero para hacerlo más corto siempre te llamo Kleo... ¡Por lo visto hoy tienes ganas de guasa!... (Se levanta de donde está y empieza a buscar el interruptor de la luz.) Oye, ¿qué pasa con la luz? ¡No consigo dar con la llave!

CLEO        - (Muy sorprendida.) ¡No sé de qué me hablas!... Además, no te conozco de nada... ¿Y cómo te atreves a dirigirte a mí en ese tono?... ¿Quién eres?

TONI         - ¡Quién voy a ser! ¡Toni, tu Toni...! (Harto de buscar el interruptor y de no encontrarlo, se muestra sarcástico.) ¡La verdad es que no sé para qué narices busco la luz! Total no nos va a hacer falta... (Convencido de que la que tiene delante es su novia que tiene ganas de broma, se lanza a perseguirla por la habitación.) ¡Chica, para ya que no estamos corriendo ni la vuelta a pie, ni la maratón!... (Por fin, y como pasa en todas las persecuciones de este tipo, Toni da alcance a su pieza particular. Lo hace cerca de la cama, donde la tumba. Ella deja caer el puñal. Él se sitúa a su lado o encima de ella, según convenga al actor.) ¡Qué rara estás hoy!... Parece que el golpe que me he dado te haya hecho efecto a ti... ¡Por cierto! ¿Desde cuándo hay un muro en tu jardín?

CLEO        - (Intenta rehuirlo, pero sin ningún entusiasmo.) Ya te he dicho que no sé quién eres... Y, te prevengo de que como no me sueltes lo pagarás muy caro...

TONI         - Eso tiene mucha gracia... De manera que me llamas por teléfono a casa, rogándome que venga corriendo porque no quieres pasar la noche sola y, después de ponerme la miel en la boca, ahora no dejas de tomarme el pelo... (Pausa.) En esta historia hay algo que no encaja... (Mosqueado rebusca dentro de su mochila hasta encontrar una linterna. La enciende y, sin dudar, la enfoca hacia la cara de quien cree su novia.) ¡Joder! ¿Qué pasa aquí? (Confundido al descubrir que no es quien él creía, se queda sin saber qué hacer.)

CLEO        - (Harta de aquella situación, y de la luz que tiene delante de la cara, reacciona gritando y empujando con todas sus fuerzas al hombre, que con su peso, la mantenía tumbada sobre el lecho.) ¡Socorro!... ¡Favor! ¡A mí la guardia del palacio! ¡Hay un violador en mi estancia!

TONI         - (Completamente confundido e incapaz de comprender el lío en el que se ha metido. Mientras con rapidez recoge su mochila y su casco, balbucea una burda disculpa y, reculando, se encamina hacia la puerta por donde entró con el fin de desaparecer de allí antes de que todo se complique.) ¡Perdón, señorita!... No... No sé cómo ha podido suceder... La... lamento de verdad haberme confundido... (A punto de alcanzar su objetivo, tropieza con un taburete, de los que hay diseminados por la escena y cae al suelo. Lo hace en el mismo instante en el que los guardias aparecen por la puerta por donde él pensaba “darse el piro”. El casco y la mochila ruedan por el suelo.)

PISCOLABIS- ¿Has llamado, Divina Cleopatra?

TONI          - (Continúa en el suelo y al verlos no puede evitar una sonrisa. Cleopatra, recoge la daga que después deja en su sitio y enciende los candelabros, dando más luz a la escena.) ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué van estos “tíos” vestidos de “mamarrachos”? ¿Celebráis una fiesta de disfraces?

CLEO        - ¡Silencio! Aquí las preguntas acostumbro a hacerlas yo... ¡Guardias, arrestad a este impertinente!

TONI          - (Intenta levantarse del suelo al mismo tiempo que los dos guardias se lanzan sobre él.) ¿Qué clase de broma es ésta?

BISABIS- ¡Oye Piscolabis! ¿Qué significa “mamarracho”?

PISCOLABIS- Ni idea Bisabis, pero pagará caro haber insultado a la guardia real... Porque seguro que debe ser un insulto...

TONI          - (Por los pelos ha conseguido escapar de los guardias y se ha plantado en el centro de la escena en actitud defensiva, imitando a Bruce Lee.) Os aviso que soy cinturón negro de “kárate”... Dejaos de juegos, que no estoy para bromas...

CLEO        - (Con creciente nerviosismo y expectación.) ¡Guardias, apresadlo! ¡Pero no le lastiméis! (Aparte.) No quiero que resulte herido...

PISCOLABIS- ¡Por Set, dios de los muertos! ¿Te quieres estar quieto? Sólo queremos apresarte y regresar de nuevo a nuestra fiesta...

BISABIS- ¡Eso, que cuando llamó nuestra excelsa “divinidad”, estaba en un tris de ganar, jugando a los “chinos”, una noche de desenfreno con Tetis!...

TONI         - (Confundido por lo que está sucediendo intenta intimidar a los guardias, lanzando patadas y golpes sin más consecuencia, porque la verdad es que mucho fardar pero, no tiene ni idea de artes marciales.) ¡Estoy harto de este numerito! Como broma ya ha llegado demasiado lejos...

BISABIS- (Aparte a su compañero.) ¡Oye Piscolabis, este “tío” tiene razón! Dejémonos de bobadas y a la de Osiris lo reducimos...

PISCOLABIS- Vale... (Se sitúan delante y detrás de Toni.) ¿Preparado? ¡Por Isis... por Apis y por Osiris!... ¡Ya! (Sin más dilación se lanzan contra él y, a punta de espada, lo reducen. No hay nada como hacer uso del abuso de poder)

CLEO        - (Con tono de guasa.) ¡Por Horus, ya era hora! Últimamente estáis algo desentrenados. La paz con Roma no os sienta nada bien... Habrá que enviar de maniobras a la guardia de palacio...

TONI         - (Prisionero de los dos guardias, yace arrodillado y maniatado ante Cleopatra.) ¿Alguien podría explicarme dónde estoy? ¡No entiendo nada de lo que pasa! (Duda un segundo antes de proseguir.) ¡Ya está claro! Debo de haberme confundido al desviarme en la pista de Ademuz y, en vez de dirigirme hacia casa de Kleo, lo he hecho hacia los estudios de “Canal Nou”...

CLEO        - (Hace el clásico gesto que se suele utilizar para decir que alguien está tarado.) ¡Por Sekmet! ¡Qué lástima, qué desperdicio de hombre!...

TONI         - (Harto de aquel juego.) ¡Vale, vale ya está bien!... ¡Corten, corten!... ¡Señor director, ordene detener el rodaje!...

CLEO        - (Extrañada.) ¿Rodaje? ¿Qué rodaje? Lo único que va a rodar aquí es tu cabeza...

TONI         - (Chillando, porque no se le ocurre otra cosa que hacer.) ¡Basta, ya os he descubierto! Seguro que todo esto lo han organizado los de la cámara oculta... (Habla dirigiéndose a los guardias.) ¡Basta de juegos, y liberadme!... (Intenta incorporarse, pero uno de los guardias, amenazándole a punta de espada, le obliga a desistir de su intención.)

PISCOLABIS- (En tono amenazador.) No te muevas, o de lo contrario le doy gusto a la espada...

TONI         - ¡Ay, mierda! ¡Cómo pincha! ¿Acaso para darle más realismo utilizáis espadas de verdad?

BISABIS- (Aparte al otro guardia.) ¡Sin duda está peor que tu pobre primo Locabis!

PISCOLABIS- ¡Claro que es de verdad! Es de hierro de la mejor calidad y, con un buen mandoble, es capaz de partir en dos a un hombre...

CLEO        - ¡Ya está bien! Yo soy la única que manda aquí... ¡Levántate! (Pausa.) Y ahora, ya que pareces tener dudas sobre dónde te encuentras y quién soy yo, cosa que me parece del todo inaceptable, pues todo el mundo conocido sabe quién es la magnífica Cleopatra, reina de Egipto...

TONI         - (Interrumpiéndola con rapidez.) ¿Del Egipto de las pirámides y de los grandes faraones?

CLEO        - ¡Evidentemente!

TONI         - Disculpa, no es que dude de tu palabra pero, no puedo creerte...

CLEO        - (Ofendida.) ¡Estúpido insolente!

PISCOLABIS- ¡Luz de Egipto! ¿Quieres que le cortemos algo por faltarte al respeto?

CLEO        - (Enérgica.) ¡De momento, no!

BISABIS- (Aparte.) Piscolabis, me parece que aquí estamos de sobra... ¿Qué te juegas?

PISCOLABIS- ¿De verdad crees que?...

BISABIS- ¡Espera y verás! Se nota a la legua que a la reina le gusta este tipo tan raro... Nos iremos con las manos vacías...

CLEO        - ¡Si no os dejáis de escuchitas, ordenaré que os corten la lengua! (Los dos guardias, alarmados, se cuadran ante Cleopatra.) Estoy hasta el moño de los chismes que circulan sin cesar por todo el palacio... De los que muchas veces tenéis la culpa vosotros, los guardias... En vez de soldados parecéis un puñado de viejas chismosas... (A Toni.) En cuanto a ti, explícame de inmediato ¿quién eres y qué quieres?

TONI         - ¿Y no sería mejor que, para hablar civilizadamente, ordenases que esos brutos me desataran?

CLEO        - Mientras no me digas lo que quiero saber, ni pensarlo... No me puedo fiar de quien tiene pinta de loco peligroso. Tengo muchos enemigos que estarían encantados de que me fuese a ocupar mi lugar en la Necrópolis...

TONI         - ¿Pero qué dices? ¡Yo, loco! ¡Los únicos que estáis, aquí para atar, sois vosotros!... Hace un momento me dijiste que estábamos en el antiguo Egipto, y que tú eras, ni más ni menos, que la gran reina Cleopatra... Si mal no recuerdo, por la poca historia que aprendí en el colegio, ella reinó allá por el año cincuenta y pico antes de Jesucristo, o sea en el siglo I...

CLEO        - ¡Nunca he oído hablar de ese tal Jesucristo! ¿Quién es?

TONI         - (Riéndose) ¡Eres una actriz genial! Tengo que reconocer que interpretas a la perfección tu papel de reina...

CLEO        - (Furiosa.) ¡Cómo que interpreto! Yo no soy una vulgar actriz... Soy la reina de Egipto, la gran, la todopoderosa Cleopatra... ¡No interpreto ningún papel! Ya estoy harta de perder el tiempo con tus bobadas... (Autoritaria.) ¡Guardias, llevaos de inmediato a este gusano impertinente a la mazmorra!

TONI         - ¡Oiga señora, sin insultar!

PISCOLABIS- (Obedientes a la orden, se acercan al extranjero y le sujetan cogiéndole por los brazos.) ¡Andando guapo, vas a hacer una visita turística camino de los cocodrilos sagrados! (Aparte al otro guardia.) ¡Has perdido, Bisabis!

BISABIS- (A Toni.) Por tu culpa he perdido la apuesta, así que te has ganado una sesión doble de tortura...

TONI         - (Intenta resistirse con todas sus fuerzas a que los guardias lo saquen del salón. Comienza a tener la certeza de que la situación que está viviendo es algo... “real”.) ¡Tranquilos muchachos! (Desesperado, logra deshacerse de ellos, y se arroja suplicante ante los pies Cleopatra.) ¡Suplico humildemente tu perdón, Cleopatra! No sé cómo he podido ni siquiera por un momento dudar de que tú seas la genuina reina de Egipto... Lo lamento profundamente, y suplico tu favor...

CLEO        - (Enérgica.) Has dudado de mi divinidad, y eso tiene un precio que has de pagar con tu vida... (Con un majestuoso ademán ordena a los guardias que lo apresen.) ¡Fuera, quitadle de mi vista! (Los guardias de un estirón le levantan del suelo y, a la fuerza, le arrastran hasta la puerta por donde ellos entraron. Cleopatra en un aparte se lamenta.) ¡Por Ra, que lástima de hombre!... (Antes de completar el mutis se escucha el impertinente sonido de un teléfono. Todos, excepto Toni, se muestran sorprendidos y asustados.)

TONI         - (Desesperado.) ¡Deprisa, soltadme! ¡Es mi móvil! ¡Tengo que cogerlo!

CLEO        - (Sorprendida por el sonido, el cual desconoce y no sabe de dónde procede.) ¿Tu... qué?

TONI         - Mi teléfono... Es un aparato que está dentro de mi mochila… la bolsa, que está ahí en el suelo...

CLEO        - (Mientras el teléfono sigue sonando, ella se acerca hasta donde se encuentra la mochila. Con cautela la coge y mira dentro de ella.) ¡Por Isis!... ¡El sonido procede de aquí dentro!...

TONI         - (Histérico.) ¡Deprisa, cógelo, o colgarán!

CLEO        - (Asustada deja caer la bolsa sobre la cama.) ¡Guardia, cógelo  tú!

PISCOLABIS- (Aterrorizado.) ¿Quién... yo?

CLEO        - ¡Sí, tú!... Es una orden... (Con muestras de tener mucho miedo, el guardia mete la mano en la mochila y saca el aparato.)

TONI         - (Desesperado.) ¡Deprisa, liberadme, o van a colgar...!

CLEO        - (Confundida) ¡Liberadle!... (El guardia que lo mantiene retenido corta con rapidez la cuerda.)

TONI         - (Una vez libre corre a atender la llamada.) ¡Sí, sí!... ¿Quién es? (Suspira aliviado al recibir respuesta.) ¡Kleo, preciosa, qué gusto escuchar tu voz! ¿Que, dónde estoy? (Mira a su alrededor, negando con la cabeza, antes de responder.) Debería de estar en tu casa... (Consulta su reloj.) Hace poco más de tres cuartos de hora, cogí la moto y salí en dirección hacia ahí... Pero la verdad es que, aunque te resulte increíble, estoy en Egipto... ¡Sí, sí, ese Egipto, pero... en tiempos de la reina Cleopatra!... ¡No, no, ni estoy de guasa ni he bebido! (Pausa.) ¡No, tampoco me he vuelto loco! (Habla ahora en tono de súplica.) Kleo, por favor, tienes que creer lo que te estoy diciendo. Es la verdad... ¡Yo... yo estoy muy confundido! Te juro que no te estoy tomando el pelo... ¡No tía, no me estoy montando una película! ¡Ojalá fuera así! Esto es real, muy real... No sé cómo ha ocurrido... Todo empezó cuando ya estaba muy cerca de tu casa, justo en el cruce de la autovía, en el carril que hay para desviarse hacia Burjasot y Canal 9... Pues bien, hacia allí enfilé la moto... De repente, y al mismo tiempo que me inundaba una luz cegadora oí el sonido de un potentísimo trueno. Te juro que el cielo se ilumino de tal forma que consiguió deslumbrarme y acabé estampándome contra un muro que apareció en mitad del camino... ¡No, no Kleo, no me cuelgues!... Escúchame, por favor, no me estoy inventando nada, es la verdad... ¡La verdad! (Gritando.) ¡¡¡Kleo!!!

CLEO        - ¿Con quién hablas? ¡Yo no veo a nadie!

PISCOLABIS- ¡No le hagas ni caso, poderosísima Cleopatra! Está como un cencerro, lo único que pretende es ganar tiempo y reírse a tu costa...

TONI         - (A Kleo) ¡Espera sólo un momento, vas a tener la oportunidad de hablar con tu homónima real! (Se separa de la oreja el teléfono, e invita a Cleopatra a que escuche a quien habla desde el otro lado.)

CLEO        - (Asustada, pero  a la vez muerta de curiosidad, se acerca hasta que el aparato le llegue a su real oreja. Apenas lo haya hecho se retira de inmediato, como si hubiera recibido una descarga eléctrica.) ¡Por Isis! ¡Por mi padre Ra! ¿Qué es esto? ¿Qué magia tan poderosa es ésta? (Mira intrigada el aparato.) Quien habla desde ahí dentro ha de ser un ser diminuto... ¿Cómo has conseguido que este ahí dentro?... (Imperativa, ordena a los guardias.) ¡Arrodillaos de inmediato ante mago tan prodigioso! (Ella, por su parte, corre hasta su tocador. Se sienta en el taburete que está situado delante de él y, con satisfacción, se retoca el maquillaje y el peinado.) ¡Extranjero, sin duda eres casi un dios, como yo!

PISCOLABIS- Lo que faltaba para el duro, ahora en vez de un dios vivo vamos a tener dos... ¿Quién da más?

BISABIS- ¡Ya lo decía mi madre: “Sirviendo en la guardia personal de la reina, harás carrera”! Lo que está claro es que nos vamos a perder la fiesta, y además sin ningún fuste...

TONI         - (Continúa hablando por el móvil.) Sí, sí, ya sé que todo esto es increíble... Lo es incluso para mí que lo estoy viviendo... ¡Te lo juro! Te aseguro que estoy en donde te he dicho… No acierto a explicarme cómo ha sucedido el hecho... Sólo sé que estoy aquí y que debo salir cuanto antes de este sitio... No, no pasa nada. De momento estoy bien, pero en esta época no tengo ni idea de cómo pueden desarrollarse los acontecimientos... Por favor, te suplico que le pidas ayuda a mi amigo Julio... ¡Sí, ese que tiene pinta de científico despistado!... Le apasionan los viajes en el tiempo, y tiene sus propias teorías al respecto... Cuéntale todo lo que te he dicho... ¿De acuerdo?... ¡Gracias! (Guarda el teléfono dentro de la mochila.)

CLEO        - (Va hacia donde está él. A los guardias, que continúan arrodillados.) ¿Qué hacéis todavía aquí, con cara de “panolis”? (Ellos se levantan y se cuadran ante la reina.) ¡Retiraos!... Y que bajo ningún motivo me moleste nadie hasta mañana... ¡Fuera!

PISCOLABIS- Tu manda y nosotros obedecemos... que para eso estamos… ¡Oh diosa de Egipto! ¡Gentil flor del Nilo!

BISABIS- (Dándole un codazo a su compañero.) Deja ya de decir bobadas, o de lo contrario, acabaremos mal...

CLEO        -¿Ha quedado claro? Que nadie ose perturbarme... Y, si por casualidad, regresa Marco Antonio, no le dejéis pasar a mis aposentos u os juro que lo pagaréis caro... (Hace un gesto que indica con claridad a qué se refiere, y que no es otro que el empleado para cortar la cabeza a alguien.)

PISCOLABIS- (Tragando saliva) ¡Está nítido! ¡Oh diosa celestial! ¡Luz de luces!...

BISABIS- (Empujando a su compañero hacia la puerta, por donde ambos hacen mutis.) ¡Calla de una vez romancero!...

TONI         - Con tu permiso, yo también me retiro... (Cleopatra, muy insinuante se acerca más a él que, por su parte, intenta eludir la situación que se le viene encima, reculando hasta el ventanal.) Iré a comprobar si mi moto está muy averiada...

CLEO        - (Extrañada y melosa.) ¿Qué es una moto?

TONI         - Se... se trata de una buena amiga que se ha quedado ahí fuera...

CLEO        - (Desilusionada.) Entonces ¿no has venido solo?

TONI         - ¡Claro que no! Cuando viajo ella siempre me acompaña... La he dejado en el jardín, bajo esa palmera... (Señala a través del ventanal.) ¿La ves?

CLEO        - (Mira hacia donde él le indica.) ¿Ella? Lo único que veo ahí fuera bajo las palmeras es un extraño objeto...

TONI         - A él me refiero... Pero, no es sólo un objeto, es una máquina fabulosa... Cuando yo quiero viajar ella me lleva a cualquier sitio... Es como un caballo, pero de metal...

CLEO        - No entiendo nada de lo que dices y jamás había visto algo semejante... Eres muy raro, extranjero... Antes creí que estabas refiriéndote a otro ser como tú. Has hablado de ella como si fuera una buena amiga...

TONI         - Para mí es mejor que muchas personas, por eso la trato con delicadeza...

CLEO        - (Con el campo libre, de nuevo, regresa al ataque.) Yo no soy una “máquina”, pero también me gusta que me traten con dulzura...

TONI         - (Empieza a sentirse acalorado.) Creo que será mejor que salga al jardín, allí el aire debe de ser mucho más fresco...

CLEO        - (Insinuándose descaradamente.) ¿Acaso tienes calor? ¡Claro, no me extraña! Con toda esa ropa tan rara que llevas, y que además te cubre todo el cuerpo, lo más normal es que tengas calor y estés sofocado... ¿Por qué no te la quitas?

TONI         - (Cohibido.) ¡No, no creo que sea correcto que me desnude delante de la reina de Egipto!

CLEO        - (Pícara.) Te aseguro que a mí no me importa lo más mínimo...

TONI         - (Soplando, porque ella está tan cerca que él siente el calor de su cuerpo,  con mucho tacto la rehúye e intenta escabullirse hacia la puerta.) Me... me... mejor cuando vuelva... ¿Vale?

CLEO        - (Lo retiene, cogiéndole del brazo.) De verdad que a mí no me importa. Estoy acostumbrada a ver a los hombres más desnudos que vestidos. Nuestro clima es muy propicio y la ropa nos estorba (Mimosa.) Sobre todo a la hora de acostarnos...

TONI         - ¡Pues por mí no lo hagas! Si tu intención era irte a dormir, con más motivo te dejo a solas... Así podrás descansar más tranquilamente...

CLEO        - (Mostrándose más sugerente.) No pareces querer entenderme... Lo que yo quiero no es dormir, y mucho menos descansar...

TONI         - (Haciéndose el loco, porque considera muy peligroso para la salud  liarse con la mujer más poderosa del mundo.) ¡Ah, no es eso! Entonces, ¿qué me estás proponiendo? ¿Ir de fiesta?

CLEO        - (Colgándose de su cuello, más concretamente del cuello de su camisa, y entreteniéndose en jugar con los botones de la misma.) ¡Sí! Sí así es como llamáis a “hacer el amor” de donde tú vienes...

TONI         - (Aguantando el tipo) Hacer el amor tiene el mismo significado en cualquier lugar y época...

CLEO        - ¡Ves, después de todo no somos tan diferentes! (Muy intrigada.) Oye, estas cosas redondas y menudas que llevas en la ropa... ¿Qué son? ¿Para qué sirven? (Antes de que él pueda responderle, ella sola da con la respuesta, ya que jugueteando con uno de los botones éste se ha desabrochado.) ¡Uy! ¡Qué gracia, ya lo he descubierto!... Sirven para cerrar la pieza de ropa... (Entusiasmada continúa desabotonando el resto.) …y para abrirla...

TONI         - (Con delicadeza, intenta deshacerse de aquella mujer que no deja de avasallarle.) Se... será mejor que lo dejemos para otra ocasión... ¿Quieres? Hoy no estoy en muy buena forma...

CLEO        - (Se hace la “sueca”, y continúa insistiendo dispuesta a salirse con la suya.) No, seas tan reticente... Un hombre que es capaz de dominar a una máquina tan formidable como esa que has dejado ahí fuera, y que además tiene la mágica facultad de hablar con alguien que está metido dentro de una cajita, que hace un extraño ruido cuando quiere que la cojas, no debe ser tan modesto... Nuestro encuentro amoroso hará que, al fundirse nuestros cuerpos, se unan también tu magia i mi divinidad... (Suspirando.) ¡Será grandioso!...

TONI         - (Aparte.) Esta mujer es un auténtico volcán en erupción...

CLEO        - Estoy pensando en la forma más adecuada para conseguir caldear el ambiente, y que así todo llame al amor...

TONI         - (Al límite de su capacidad para rehuir a la tentación hecha mujer.) No, si no hace falta que todavía llame más... No soy de piedra...

CLEO        - (A la suya.) Si te parece, empezaremos por tomar un baño templado...

TONI         - (Aparte.) ¡Helado me iría mejor! (A ella.) Por mí de acuerdo... Pero ve… ve tu delante, después cuando me llames, acudiré...

CLEO        - ¡Así me gusta verte! Esa sí que es una postura de buena disposición... Te aseguro que no te arrepentirás... Muchos mortales darían hasta su vida por pasar una sola noche en mi compañía… (Contoneándose se retira del salón, por detrás del biombo.)

TONI         - (Solo en escena.) Eso espero, no tener que lamentarme después... Y para no tener que hacerlo más tarde, aprovecharé esta ocasión para darme el “piro”… (Se asoma al ventanal.) Por aquí no pudo saltar. Ahí abajo, muy cerca de la moto, hay un centinela que seguro no me dejará ni aproximarme a ella... ¡Pues vaya cara de bruto que tiene!... ¡En fin, lo intentaré por la puerta! Me esconderé en el jardín y esperaré el momento más apropiado... (Recoge su mochila y su casco y se dispone a poner en práctica su plan. Hace mutis tras la cortina de la derecha. Al momento regresa, empujado por el mismo esclavo a quien Cleopatra ordenó que se le cortase la lengua. Este le hace señas indicándole que de ninguna manera puede irse.)

CLEO        - (Al mismo tiempo reaparece en el salón para coger un frasco de perfume de encima del tocador. Al verla, Toni intenta disimular escondiendo el casco y la mochila tras él.) No tardes extranjero, el baño está casi listo y sería una pena que la leche se quedase helada... (Vuelve a desaparecer tras el biombo.)

TONI         - (Al esclavo.) ¿Qué leche?

CLEO        - (Regresando sobre sus pasos.) La de mi baño...

TONI         - ¿Entonces, es verdad que te bañas en leche de burra? ¡Alucinante!...

CLEO        - Pronto podrás comprobarlo por ti mismo. No te demores... (Mutis.)

TONI         - ¡Joder, esto es increíble! ¿Qué hago, me voy o me quedo?.... (Duda un momento antes de proseguir hablando.) ¡Tranquilo Toni, tranquilo!... Lo mejor para la “salud”, aunque me cueste resistirme a la tentación, es salir del palacio cuando más pronto mejor... No te hacen falta líos tan peligrosos como éste... (Decidido, se dirige hacia la puerta. El esclavo se planta delante de él con los brazos en cruz y negando con vehemencia, eso sí, sin decir palabra.) ¡Haz el favor de dejarme pasar! Este no es el lugar más apropiado para quedarse demasiado tiempo, sobre todo si estimas la piel, y yo aprecio mucho mi vida...

ESCLAVO - (Continúa, por medio de señas impidiéndole, el paso. Le indica que aguarde un momento. Con precaución, se acerca hasta el biombo y mira tras él. Después regresa donde se encuentra el extranjero.) ¡Escucha compañero!

TONI         - ¿Hablas?... Con tantas señas comenzaba a creer que eras mudo.

ESCLAVO - Para la reina sí. Ella ordenó que me cortaran la lengua, pero he tenido la suerte de cara y me he podido escapar del castigo... El verdugo de turno era, ni más ni menos, que un sobrino de mi mujer... Así que, como todo cae en familia, he llegado a un acuerdo con él, pero a todos los efectos soy más mudo que la pared... Has de tener cuidado, y transigir con las exigencias de la reina, porque te aseguro que tú no tendrás tanta suerte como yo... Si no cumples “sexualmente” con Cleopatra, dejándola satisfecha, ni siquiera el gran “Osiris” te podrá librar de ir directo al verdugo...

TONI         - ¿Estás tratando de decirme, que si no acepto compartir el “catre” con ella me cortarán la cabeza?

ESCLAVO - (Escondiendo una risita.) Si te cortan la cabeza serás afortunado, pues no volverás a sentir nada más... Pero lo más probable es que acabes convertido en un eunuco. De ese modo, servirás de ejemplo y escarmiento para aquellos que osen desobedecer la sagrada voluntad de nuestra divina reina...

TONI         - ¿Tengo que entender que mandará que me corten la... la parte más preciada de mi cuerpo? ¿Mi...?

ESCLAVO - ¡Sí hombre, sí! Eso que estás pensando y que aprovecha para otras cosas además de orinar...

TONI         - (En un gesto instintivo, se protege las partes nobles.) ¡Joder, con la reina!

ESCLAVO - ¡Eso es precisamente lo que ella quiere! Y, si aceptas un consejo, lo mejor que puedes hacer es dejarte llevar por el destino y acceder a dejarla satisfecha. Al fin y al cabo no es un sacrificio tan grande... ¿No te parece?

TONI         - ¡No, no, si no resulta un sacrificio!... (Aparte.) Ya quisieran muchos en mi época ligar con tanta facilidad...

ESCLAVO - La reina es una mujer que sabe muy bien lo que quiere, y cómo conseguirlo. Nunca pierde el tiempo en conversaciones superfluas, sino que va directamente al grano...

TONI         - Ya lo he comprobado…

CLEO        - (Habla desde el interior del baño, en tono sugestivo.) ¡Ven pronto extranjero, la leche está para chuparse los dedos!

ESCLAVO - No la hagas esperar, es muy impaciente... (Presuroso va hacia la mesa velador, donde hay una jarra. La coge y, además de añadir unas gotas de un frasquito que extrae de entre su ropa,  escancia en una copa del contenido de la misma.) ¡Ten, bébete esto antes de ir con ella! (Ofreciéndole la  copa.)

TONI         - (Rehusándola.) ¡Muchas gracias, pero no tengo sed!

ESCLAVO - (Insistiendo.) Bébete el contenido de esta copa hasta la última gota... Hazme caso, es un vino macerado con unas hierbas especiales al que he añadido una poción milagrosa... (En confidencia) En realidad, se trata de un poderoso afrodisíaco...

TONI         - ¡Oye, tú! ¿Acaso tengo cara de que me haga falta algún estimulante?

CLEO        - (Llamándole desde el baño.) ¡Por Isis! ¿Vienes, o qué?

TONI         - ¡Ya voy, ya voy!... (Antes de hacer mutis, mira una vez más hacia la copa que le tiende el esclavo.)

ESCLAVO - ¡No lo dudes más, bébetela!... Créeme, te hará falta...

TONI         - (Sin más preámbulos coge la copa y la apura hasta el final. Inmediatamente hace gestos como si se quemara por dentro. Al volver a hablar, lo hace a media voz.) ¡Ostia! ¿Esto es un afrodisíaco, o la bomba atómica?

ESCLAVO - ¡No tengo ni idea de lo que es una bomba!... Pero te aseguro que este brebaje te proporcionará cuerda para un buen rato...

TONI         - (Notando ya los efectos del potingue que ha ingerido, se muestra más nervioso y excitado.) ¡Uy, uy, uy, qué sensación! Esto hace más efecto que las películas “X”... ¡Me ha puesto como una “moto”!... (Al esclavo.) Recuerda darme la fórmula, es una auténtica revolución en el mundo del sexo... (Eufórico.) ¡Cleopatra, sujétate bien la peluca, que voy como un rayo!... (Mutis rápido por detrás del biombo, haciendo los sonidos propios de una moto de gran cilindrada.)

ESCLAVO - Este extranjero habla de una forma muy rara, pero me cae simpático... Y yo, por simple precaución haré la del humo no sea que alguien se vaya de la lengua i al final aun pierda la mía… (Mientras hace mutis por donde entró, las luces reducen su intensidad hasta dejar la escena a oscuras.)

Fin del acto I.

 

Acto II

ESCENA I

 

Durante la casi totalidad de este acto, la acción se desarrolla en el lateral izquierdo, el cual está amueblado conforme corresponde a un moderno salón de un chalet del siglo XXI. En él, un sofá, una mesa baja y un teléfono inalámbrico sobre ella, algunas sillas repartidas por el salón, y todo aquello que el decorador crea conveniente, para contribuir a crear un ambiente de modernidad y buen gusto. Las puertas, todas ellas practicables, están situadas de la siguiente manera: una en el foro, de acceso al resto de las habitaciones de la casa y otra, situada en la pared de la izquierda, que da acceso a la vivienda desde el recibidor. Toda la iluminación ha de incidir sobre esta zona, dejando la otra parte del escenario, la cámara real, a obscuras o en semipenumbra.

 

KLEO        - (Está sentada en el sofá marcando un número de teléfono. Viste un sugestivo camisón corto.) ¿Dani? ¡Hola soy Kleo!... ¿Está Toni todavía contigo?... ¿No?... (Pausa.) ¡Hace más de una hora que salió de ahí!... ¿Te dijo si venía a mi casa? ¡Sí!... (Duda un momento.) Haz el favor de decirme el número de Julio. Sí, sí, ese mismo... ¡No, no pasa nada!... Al menos, nada grave... Sí, tomo nota... (Anota en un bloc el número que le refiere su interlocutor.)  ¡Gracias!... ¡Ah! Una última cosa... Si, por casualidad, Toni se pone en contacto contigo, haz el favor de avisarme ¿vale? ¡Hasta luego!... (Cuelga el aparato, dubitativa.) ¡No es posible!... Al fin resultará ser cierta toda esa locura que pretendía que creyera cuando hablé con él... Parecía asustado y, aunque es muy amigo de las bromas, jamás acostumbra a gastarlas de semejante calibre... Intentaré salir de dudas hablando con Julio... (De nuevo vuelve a coger el auricular y, después de marcar el número correspondiente, espera contestación.) ¿Julio? ¿Eres tú? Hola, soy Kleo, la novia de Toni... ¿Te acuerdas de mí? Sí, sí, esa misma... Lamento molestarte, pero tenemos que hablar urgentemente... Tengo un grave problema... Bueno la verdad es que no sé bien cómo calificarlo. Se trata de una situación un tanto particular... ¿Cómo dices? ¿Algún lío de Toni? No sé qué decirte... Creo que lo mejor sería que te acercases por mi casa... Al estar cara a cara espero que me resulte más fácil explicarte la extraña situación que me ha relatado Toni... ¡No tardes, por favor! (No ha hecho más que colgar el teléfono, cuando entra en escena Rosi, la compañera de Kleo.)

ROSI         - ¿Se puede saber qué sucede? Menudo trajín te llevas con el inalámbrico... A este paso conseguirás hacer músculo en la lengua con tanto ejercicio... Aunque después dirás que la factura telefónica se dispara y, como de costumbre, me tirarás las culpas a mí...

KLEO        - (Cogiéndose la cabeza con las manos.) ¡Quieres parar de una! Me duele la cabeza...

ROSI         - ¡Pues tómate una aspirina! A lo mejor así consigues animarte, antes de que llegue Toni, porque estás de un mustio...

KLEO        - No me nombres a Toni...

ROSI         - ¿Qué os pasa ahora? ¿Te has vuelto a pelear con él, como hacéis todos los fines de semana? (Pausa) O acaso... ¿Te ha dejado plantada como un “ninot” de falla?

KLEO        - (De mal talante.) ¿Cuál de todas las preguntas quieres que te conteste primero?

ROSI         - ¡Uy, chica! Estás de un desagradable...

KLEO        - ¡Y tú, de un inaguantable!...

ROSI         - Me lo tengo merecido, esto me pasa por preocuparme por ti...

KLEO        - Mira Rosi, bonita, una cosa es que te preocupes, y otra que te metas donde no te llaman...

ROSI         - ¡Alto! No hace falta que digas nada más, yo sé muy bien cuando estoy estorbando... Así que no pases pena, que te voy a dejar a solas con tus “movidas”...

KLEO        - ¿Quieres no ser tan susceptible?

ROSI         - Yo seré “ceptible”, como tú has dicho, pero me duele que no tengas confianza en mí...

KLEO        - No se trata de eso... En este momento necesito pensar, y para poder hacerlo he de estar tranquila...

ROSI         - ¡Ves como tengo razón! Nada más falta que me digas... ¡Fuera, a la calle!...

KLEO        - No saques las cosas de quicio...

ROSI         - ¡Tranquila! Lo único que voy a sacar de esta casa es mi mochila... (Rápida, hace mutis por la puerta del foro.)

KLEO        - ¡Pero, Rosi! (Se levanta del sofá para ir tras ella, pero antes de desaparecer por la misma puerta, regresa Rosi, cargada con una mochila de viaje.)

ROSI         - (Saliendo a todo gas, y casi chocando con Kleo.) No hace ninguna falta que gastes más saliva en decirme que me vaya, de todas formas pensaba hacerlo...

KLEO        - ¿Por qué no me has dicho nada?

ROSI         - ¿Por qué va a ser? Desde que has llegado a casa no has tenido tiempo más que para charlar por teléfono... Además, si tú tampoco me cuentas todo lo que te pasa, yo tampoco tengo ninguna obligación de hacerlo...

KLEO        - ¡Bueno, ya está bien! No te puedo contar aquello que no sé.

ROSI         - ¡Chica, cada vez eres más rarita! ¿No ibas a pasar la noche con Toni? Él es uno de los motivos por los que me voy… ¿No querrás que me quede aquí para que me hagáis los dientes largos?

KLEO        - ¡Ese era el plan! Pero, me parece que se ha ido al traste...

ROSI         - ¡Lo que yo decía! Te ha dejado plantada...

KLEO        - ¡Ya empiezas de nuevo!

ROSI         - Mira que eres cabezota. Si él no viene esta noche es porque...

KLEO         - (Negando con la cabeza y, dejando el tema por imposible.) Ya lo sé... ¡Porque me ha dejado plantada!

ROSI         - ¡Muy bien, así me gusta!... A las cosas hay que llamarlas por su nombre... Y ahora, que ya pareces más tranquila... ¡Me voy! De lo contrario perderé el tren.

KLEO         - Pero... ¿A dónde te vas?

ROSI         - ¡Ay, es verdad! ¡Que tú no sabes nada de mi plan! El otro motivo por el que me marcho es un viaje a Peñíscola, en compañía de un chico inglés...

KLEO         - ¿Con un chico inglés? Pero Rosi, si tú no conoces nada de idioma ¿Cómo vas a entenderte con él?

ROSI         - No me hace falta saber hablar inglés... Al fin y al cabo, él tampoco lo habla...

KLEO         - ¿Te estás quedando conmigo?

ROSI         - ¡Claro que no! Él no lo habla porque es sordomudo... Lo conocí en la última ONG, donde he estado prestando servicios sociales...

KLEO         - ¡Ya!... En fin, que tengáis buen viaje.

ROSI         - ¡Ya tienes otra vez prisa porque me largue!

KLEO         - (Soplando.) Yo no tengo ninguna prisa... Eres tú la que acabas de decir que llegarás tarde, y perderás el tren...

ROSI         - (Consultando su reloj.) ¡Es verdad! (Coge su mochila, y cargada con ella, se dispone a hacer mutis por la puerta del lateral izquierdo, la que da a la calle.) ¿Estás segura de que te puedes quedar a solas? Si te encuentras hecha polvo, porque Toni no va a venir, le explico a mi amigo lo que ocurre y, nos quedamos aquí haciéndote compañía...

KLEO         - (Apresurándose a responder y a conducirla hacia la puerta de la calle.) ¡No, no! No hace falta que te sacrifiques por mí... Estoy bien, muy bien... Vete tranquila. (Empujándola fuera de escena. Rosi, hace mutis.) Menos mal que se ha ido, de lo contrario hoy cometo una barbaridad... (Apenas un segundo después, suena con insistencia el timbre de la puerta. Nerviosa, hace mutis por la puerta que conduce al recibidor.) ¡Seguro que se ha dejado olvidada... la cabeza! (Al momento reaparece acompañada por Julio.)

JULIO        - (Va vestido de una forma estrafalaria. Su apariencia general es la de un científico loco. Sobre la ropa lleva una bata blanca, la lleva mal abotonada y manchada de azul. Del mismo tono lleva teñido el cabello. Lleva una bolsa de bandolera, por la que se asoma el cable de un ordenador portátil.) A ver, explícame... ¿Qué clase de fenómeno extraño has de contarme?

KLEO        - (Su cara denota sorpresa e intenta esconder una sonrisa, y es que la pinta del amigo de Toni no es para menos.) Pero... ¿Qué te ha pasado? ¡Vienes en tecnicolor!

JULIO       - ¡Déjate de chuflas! Y haz el favor de darte prisa con la exposición... Me he dejado un experimento a medias... Bueno, más que a medias, lo he dejado para volver a empezar... Estaba en el punto más crítico del mismo... Ya tenía la mixtura hirviendo en la redoma y, con la máxima precaución, me disponía a añadir una gota de glicerina... Cuando, de súbito, el timbre del teléfono me sobresaltó, haciéndome pegar un bote de campeonato... Al hacerlo, con el antebrazo volqué el contenido de la redoma… Una parte del líquido se derramó en el suelo explotando por efecto del explosivo... y la otra me cayó encima… Y como la mixtura incluía un tinte azul entre sus ingredientes, el resultado es el que ahora puedes contemplar…

KLEO        - Lo siento de verdad... No te hubiera llamado de no ser necesario... Verás, la cuestión es la siguiente... Parece ser que a Toni le ha surgido un extraño contratiempo...

JULIO       - ¿Y qué le ha ocurrido esta vez a ese metomentodo?

KLEO        - Si he de serte sincera, todavía no tengo nada claro qué es lo que le ha sucedido... Hace un rato le llamé por teléfono y me contó una historia poco menos que alucinante…

JULIO       - ¡Todo lo que a él le ocurre es alucinante!

KLEO        - Estoy de acuerdo contigo, pero te aseguro que nada tiene parecido con esto de ahora... Ven, siéntate y escucha, porque la cosa tiene su miga. (Los dos toman asiento en el sofá.)

JULIO       - ¡Habla ya!...

KLEO        - Está en Egipto...

JULIO       - (Extrañado.) ¿Y qué hace allí?

KLEO        - Eso no es lo más raro. Según me ha dicho él, el Egipto en el cual se encuentra no es otro que el de la Antigüedad... A lo largo de nuestra conversación ha intentado hacerme creer que estaba en presencia de la mismísima reina Cleopatra...

JULIO       - ¿Estás tomándome el pelo?

KLEO        - Sinceramente, no lo sé... Parecía estar muy asustado... Incluso me dijo que iba a tener el honor de hablar con mi ilustre homónima... Y aunque no llegué a cruzar, ni tan sólo una palabra con ella, creo que en ese momento flotaba en el ambiente algo que me es difícil de describir por resultar extraño...

JULIO       - Aquí lo único extraño, es que no se trate de alguna de sus muchas bromas... Con las historias que es capaz de inventarse se podrían escribirse cientos de novelas...

KLEO        - No estoy segura de nada, pero si está intentando quedarse conmigo, esta vez el relato parece de ciencia ficción...

JULIO       - ¡Y tanto! Habrá visto alguna película de ese género y ahora se ha erigido en el protagonista de su propia producción... Si quieres mi sincera opinión, te la ha dado con queso... Ahora estará riéndose de su ocurrencia, rodeado de sus amigotes de correrías... Además, acabas de decir que hablaste con él por teléfono... Seamos sensatos. ¿Crees que, si hubiera atravesado los límites de la dimensión temporal, funcionaría esa vía de comunicación? Hazme caso, y déjalo correr… Seguro que se le ha presentado otro plan más apetitoso, y te ha endilgado una de sus tantas gracias...

KLEO        - ¡Vaya, tú también con esas! ¿Acaso no te parezco un buen plan?

JULIO       - No ha sido mi intención ofenderte. Para mí eres de lo mejor... Pero, Toni siempre ha estado acosado por muchas féminas, y la verdad...

KLEO        - (Furiosa) Ya está bien de “cachondeo”... ¡Habla claro!

JULIO       - ¡No puedo decirlo de otra forma! Soy un buen amigo de Toni, y no quiero meterlo en ningún lío... (Ella se muestra crispada.) Está bien,  como quieras. El caso es que, antes de conocerte y de empezar a salir contigo, su vida amorosa... digamos que era bastante agitada...

KLEO        - Ya sospechaba yo que, ese “pajarito”, había ido de oca en oca... (Furiosa, coge el auricular del teléfono y marca el número de Toni.)

JULIO       - (Tratando de limar asperezas.) ¡Oye, que eso fue antes!... Cuando os liasteis, abandonó todas sus amistades femeninas, e incluso rompió la agenda que tenía de sus conquistas...

KLEO        - ¿Y tú, cómo lo sabes?

JULIO       - Mujer, soy uno de sus mejores amigos y, aunque él no acostumbra a hacerme partícipe de muchas confidencias, esa sí que me la confesó...

KLEO        - (Con el auricular en la mano y sin recibir respuesta.) ¡Nada, ni señal!

JULIO       - Lo habrá desconectado.

KLEO        - Otra posibilidad sería que estuviese fuera de cobertura...

JULIO       - O que se le haya acabado la batería…

KLEO        - Entonces, ¿de verdad crees que el que se encuentre en cualquier otra época es imposible, y que todo se trata de una burla suya?... Él me pidió, mejor dicho me suplicó, que hablará contigo... Dijo que eras el único que podía ayudarle...

JULIO       - Todo lo referente a los viajes a través del tiempo resulta muy excitante... Pero, puedo asegurarte que llegar a hacerlos realidad es. Hoy por hoy, es algo fuera de nuestro alcance... En las películas todo parece muy sencillo, ventanas y bucles dimensionales, túneles vertiginosos, etc. etc. pero en la vida real es bastante más complicado...

KLEO        - Quieres decir... ¿Qué no existe ni la más remota posibilidad de que Toni hablase en serio?

JULIO       - (Dudando.) Tampoco puedo asegurarlo con tanta rotundidad... Es un tema que siempre me ha obsesionado... Y, en algunas ocasiones, lo hizo con tanta persistencia que una vez, recién acabada la carrera, intenté hacer una prueba... Toni me ayudó y...

KLEO        - (Muy asombrada.) ¿Intentaste viajar en el tiempo?

JULIO       - Es una forma de describirlo... En realidad, todo fue un burdo intento, y para mi desánimo personal un estrepitoso fracaso... (Conforme avanza en su descripción se muestra más y más apasionado) Como te he dicho antes, viajar en el tiempo, no resulta tan sencillo como nos lo presentan en las películas... Si bien es cierto que reconocemos que, dentro del plano astral, pueden existir otras dimensiones paralelas a las nuestras, tener la oportunidad de poseer la certeza de ello y además conseguir acceder a cualquiera de esas estaciones espacio-temporales resulta tan lejana y remota, que incluso podrían transcurrir miles de eones...

KLEO        - (Perdida) Lo siento Julio. No entiendo nada de lo que dices...

JULIO       - No puedo ser más explícito, es muy complicado... (Duda antes de continuar hablando.) ¡Un momento! Acabo de recordar, que todavía guardo en un directorio del ordenador algunas de las notas de aquel trabajo... (Abre el ordenador portátil y, con rapidez, comienza a teclear en busca de la información.) Cuando, tras mi fracaso, abandoné las investigaciones, creí que sería una buena idea guardar toda la información que recopile, por si se presentaba la oportunidad de utilizarla en un futuro... ¡Eureka, aquí está! Proyecto: “Nómada en el tiempo”...

KLEO        - Pues, para no estar muy seguro de la viabilidad del proyecto, lo bautizaste y te tomaste muchas molestias... (Con extrañeza mira hacia la pantalla del ordenador.) ¿Esto? Pero, si sólo son series interminables de números y jeroglíficos incomprensibles. ¡Eso no hay mortal que pueda entenderlo!...

JULIO       - Todas estas notas que ves son fórmulas y cálculos aplicados en miles de combinaciones tratando de considerar todas las variables posibles, para tratar de averiguar la energía necesaria que permita a un hombre, o a una nave, desplazarse hacia el tiempo pasado o futuro. Según mis cálculos, la cantidad de energía que haría falta para conseguirlo es de tal magnitud, que el problema más grave nacería después... En el supuesto de que llegáramos a generarla, la cuestión principal sería la de cómo controlarla para conseguir nuestros propósitos, sin producir daños irreparables en el sujeto/objeto transportado... Lo que trato de explicarte es que desconozco la respuesta al problema planteado. Viajar a través del tiempo es, en la actualidad, tan sólo una utopía... Un argumento más para enriquecer a los productores, directores y actores de las películas de ciencia ficción. (Decepcionado desconecta su ordenador.)

KLEO        - (Abrumada por la perorata de Julio) De todas formas, gracias por haber venido… Lamento haberte molestado para nada... Cuando me tire a la cara a Toni, te aseguro que le va a penar burlarse de mí...

JULIO       - No seas demasiado dura con él. Es un buen chico, pero le gusta mucho hacer el “tarambana”... (Cuando todavía suenan las últimas palabras, se escucha un sonido atronador.) ¡Qué extraño! ¡Parece que se está preparando una buena tormenta!... La meteorología es en muchas ocasiones una ciencia muy poco exacta... (Dispuesto a hacer mutis se dirige hacia la puerta de salida del chalet.) Nos vemos...

KLEO        - (Antes de que Julio traspase el lindar de la puerta, se escucha, con toda claridad, el relinchar de un caballo.) ¿Qué ha sido eso? (No hay tiempo para conjeturas. Por la puerta por donde se disponía a salir Julio, entra en el salón Marco Antonio, jurando y alzando la voz.)

MARCO    - (Va vestido con túnica corta al estilo de un legionario romano, incluyendo además capa, casco y espada.) ¡Por Júpiter! Los dioses deben estar en mi contra... (Al entrar en el salón no repara en lo extraño que resulta aquel lugar, ni tampoco advierte la presencia de los otros dos personajes que, por su parte, quedan tan sorprendidos que sólo aciertan a retroceder hacia el fondo del mismo.) Primero, esa endemoniada Cleopatra pone en duda mi virilidad y me hace salir de su estancia con el rabo entre las piernas, y después mi caballo se amotina y me lanza por los aires... ¡Por Baco, que estoy hasta la espada de este dichoso país, lleno de arena y de egipcios! (Se quita el caso y se deja caer sobre el sofá, del que se levanta al instante, como si le hubiesen pinchado en salva sea la parte.) ¡Por Diana Cazadora! ¿Dónde estoy? ¡Esto no es el palacio de Cleopatra!... (Con cara de estupefacción pasea la mirada por el salón hasta que descubre a Kleo y a Julio.) Sin duda, “bebetum sum”... Ese vino de Antioquía que tomé durante la cena cada vez me sienta peor... ¿Quiénes sois vosotros? ¿Acaso es esto un sueño y no sois sino volátiles servidores de Morfeo? ¿O es esto un maleficio y vosotros, viles demonios enviados por esa pérfida de Cleopatra para confundirme?

KLEO        - ¡Eh, un momento, y sin insultar!... Yo sé muy bien quien soy... Pero no tengo ni idea de quién eres tú, ni por qué vas vestido de... centurión romano...

MARCO    - ¡Así es como normalmente acostumbro a hacerlo!... Vosotros sois quienes lleváis unas raras vestiduras...

KLEO        - ¡Sí hombre! Será lo normal para rodar una película del tiempo de Julio César...

MARCO    - (Extrañado.) ¿Qué es una película?

KLEO        - “Tío”... ¿Se puede saber de qué vas? ¿Acaso te quieres quedar conmigo?

MARCO    - (A la suya. Habla dirigiéndose a Julio) ¿Conocisteis a Julio César?

JULIO       - Todo el mundo le conoce, fue un gran estratega...

MARCO    - Es cierto, nunca tuvo rival... (Realiza un saludo de legionario romano, el cual consiste en cruzar el brazo derecho, con el puño cerrado, golpear sobre el pecho y, a continuación, extender el brazo hacia el frente con la mano abierta.) ¡Ave Caesar! Iré al templo del todopoderoso Júpiter y le ofreceré un sacrificio. De este modo, aprovecharé para congratularme con los dioses... La convivencia con Cleopatra no marcha bien, y eso es un mal “augurium”... (Mutis rápido por la puerta por donde entró.)

KLEO        - ¿Qué ha querido decir? ¡Este “tío” está mal de la cabeza!...

JULIO       - Se ha referido a Cleopatra... Resulta muy extraña su forma de expresarse. Lo hace como si realmente fuera un legionario romano...

MARCO    - (Irrumpe de nuevo en la escena. Con la mano señala desconcertado hacia la calle.) ¡Por todos los dioses de Roma! ¿Qué es esa gran serpiente negra y llena de luces que repta hacia el horizonte? ¿Y esos “currus” tan raros? ¡Los “aurigas” van sentados! ¡No llevan caballos y, sin embargo, se mueven!...

KLEO        - ¡Basta ya de hacer el número! Por la pinta que llevas debes de haberte escapado de algún psiquiátrico... ¡Julio, llama a los loqueros!

MARCO    - ¡Por Minerva, no entiendo nada! Debo de estar “demens-dementi”...

KLEO        - ¿Qué está diciendo?

JULIO       - (Coge el auricular como le ha sugerido Kleo, y se dispone a marcar el número de los de la camisa de fuerza.) A veces habla en latín... Ha dicho, que debe de estar volviéndose loco...

MARCO    - (Sintiéndose amenazado, saca su espada para intimidar a los que tiene delante.) No puedo entender nada de lo que sucede aquí... Todo es muy extraño... Sin duda debéis de  ser unos poderosos brujos, que me habéis hechizado... (Decidido, se planta delante de Julio, espada en mano.) ¡Por Marte! Quítame el “maleficium”, o te juro que probarás mi espada...

JULIO       - (Asustado por la reacción del romano, cuelga el teléfono e implora.) ¡Kleo, por favor, haz algo!

MARCO    - (Fijándose en ella.) ¡Cleo! ¿Tú eres Cleopatra? ¿Mi Cleo? ¿También tú has sido embrujada? ¿Pero qué locura es ésta?

KLEO        - Aquí, el único loco que hay, eres tú... ¡Yo soy Kleopatra, sí, y esta es mi casa!

MARCO    - (Se aproxima más a ella.) Has cambiado mucho... (Suplicante.) Pero, sigues tan bella como siempre... ¡El oír tu voz es para mí como una bebida embriagadora, oh mejorama de mi corazón! ¿No me reconoces mi dulce, Cleopatra?... Soy Marcus Antoninus, tu amante...

KLEO        - (Sorprendida.) ¿Mi amante?

MARCO    - Sí, reina mía... (Con el corazón en la mano) Por ti dejé Roma, abandonando todo aquello que me ligaba a ella... Fui incapaz de arrancarte de mi mente desde que te vi por primera vez... En aquel tiempo sólo eras una jovencita, pero tu recuerdo me persiguió atormentándome, todos los días, desde aquella jornada que pasamos juntos en el lago Mareotis...

KLEO        - (El verle en aquella actitud, le hace mostrarse más condescendiente. Dirigiéndose a Julio.) Tranquilízate un momento... ¿Todo eso que acaba de decirme es cierto? (Julio asiente moviendo la cabeza.)

MARCO    - (Apesadumbrado.) ¡”Veritat est”! Puedo ser muchas cosas, un pendenciero, un vividor... Pero, Marcus Antoninus, no acostumbra a ser un mentiroso...

JULIO       - (Reflexionando.) Esta situación es muy extraña... Estoy empezando a creer que este hombre es quien dice ser... Y en tal caso sólo puede significar una cosa... (Consulta su ordenador, mientras sigue dialogando.) Ha aparecido inmediatamente después de ese atronador e infernal trueno que antes nos sobresaltó... Quizás podría ser que... (Continúa tecleando sin parar.) ¡Parece increíble, pero!...

MARCO    - (Completamente abatido, y escondiendo el rostro entre sus manos se deja caer en el sofá.) ¡Suplicium dei!

KLEO        - ¿Qué dice ahora?

JULIO        - (Mientras continúa con su trabajo) Cree que lo que ha ocurrido es un castigo de los dioses... ¡Sí, sí, aquí está!... ¡¡Por todos los chips!! ¿Cómo pude pasar esto por alto? (Excitado por el descubrimiento) Es más que probable que la magnitud inusual de ese mega-trueno, haya abierto una puerta inter-dimensional...

KLEO         - ¿Estás diciendo que lo de Toni no es una inocentada?

JULIO        - Cuesta de creer, pero si tenemos en cuenta que, ante nosotros, tenemos al que parece ser el gran Marco Antonio... No es tan descabellado que nuestro amigo esté donde dijo...

CLEO        - Entonces tan sólo cabe esperar a que se produzca otro de esos fenómenos, para que Toni regrese al siglo XXI...

JULIO        - No es tan fácil...  Ese tueno, lo debió generar un rayo de una potencia nada habitual… La energía contenida en él es in indudable que superaba en miles o millones de giga vatios a cualquiera de los que normalmente se prodigan durante cualquier tormenta natural... Además, para más “inri”, no formaba parte de ningún fenómeno atmosférico previsto ni previsible… Acabo de conectarme con el ordenador del centro meteorológico y no se ha registrado ningún rastro de tormenta. Ha sido un hecho aislado...

KLEO         - (Preocupada.) En ese caso... ¿Qué podemos hacer?

JULIO        - Por el momento, lamento no poder darte muchas esperanzas. Estoy desorientado. Antes de aventurar ninguna teoría necesito centrarme para constatar y recabar más datos, cosa que haré mejor desde mi laboratorio.

KLEO         - ¿Quiere eso decir que piensas dejarme a solas con “ése”?

JULIO        - (En un tono sarcástico.) ¡Ése, no es cualquiera! Vas a tener el honor de disfrutar de una velada junto a uno de los hombres más irresistibles de la historia antigua...

KLEO         - ¡Vaya un consuelo!

MARCO     - (Con gesto de desesperación se alza del sofá y furioso se dirige a Julio) ¿Qué clase de conjuro me has hecho? (Amenazando nuevamente a Julio.) “Mia patientia limitum est”.

JULIO        - ¡Tranquilo! Todo ha sido una gran confusión, pronto tendré el poder de transmutar de nuevo las cosas... (Señalando su ordenador.) Los dioses me han hablado a través de este libro sagrado y, con su ayuda, desharé el encantamiento...

KLEO         - (Aparte y desconcertada por la actitud del científico.) ¿Por qué le estás haciendo creer que eres un hechicero?

JULIO        - ¿Tienes alguna idea mejor? Creo que es mucho más sencillo que me considere un poderoso brujo, que hacerle asimilar que ha dado un salto en el tiempo, del siglo I a. d. J. C. al siglo XXI después de Jesucristo.

KLEO         - ¡Ya!

JULI           - (A punto de hacer mutis por la puerta que conduce a la calle.) No te preocupes por nada. Te juro que en cuanto lo tenga claro, te llamo...

KLEO         - (Junto a la puerta por donde él ha hecho mutis.) ¡Date prisa! Recuerda, que éste cree que soy su “Cleo”.

MARCO     - (Recuperado de su abatimiento se acerca hasta donde está ella y la mira de arriba a abajo, con una mezcla de curiosidad y satisfacción.) Ese hechicero debe de ser sumamente poderoso... Te ha cambiado por completo, y ahora resultas mucho más atractiva que antes del cambio... Y esa ropa tan extraña que llevas cubriéndote el “corpus-corpori” te proporciona un aire muy excitante...

KLEO         - (Aparte.) Este Marco Antonio es un sátiro con toda la barba... (A él.) ¿De verdad te gusta? Es nuevo...

MARCO     - ¿Que si me gusta? Si antes, cuando nos peleamos, me hubieses incitado con esa ropa, ten por seguro que de nuevo hubiese presentado “pilum en altus”... (El actor debe apoyarse en los gestos para demostrar lo que quiere decir, y que no es  otra cosa que el estar dispuesto a retomar de nuevo el acto amoroso.)

KLEO         - (Aparte.) Me parece que he entendido a la perfección lo que ha dicho en latín. Si no me equivoco acaba de hacerme proposiciones indecentes... ¡Caramba con los romanos!

MARCO     - ¿Qué te parece si continuamos donde lo dejamos? Te voy a mostrar el “Ars Amandi” de pe a pa... (Asustada al verlo tan lanzado, intenta esconderse por la escena. Él la persigue.) En eso no has cambiado nada, siempre te ha gustado los juegos... ¡Va Cleo que te pillo...! ¡A que te pillo...! Ven, ven gatita mía con tu “amans lascivus”.

KLEO         - (Aparte.) Y tan lascivo. Si no me ando con ojo, éste me lleva rápidamente al huerto... (A él.) Escucha, Marco Antonio... ¿Por qué no jugamos a?...

MARCO     - (Pícaro.) Esa es mi intención, jugar... Antes, cuando estábamos en tu cámara, me recriminaste que hacía mucho tiempo que no nos entreteníamos jugando a los  “medicus”...

KLEO         - (Aparte.) No me atrevo a preguntar, pero me parece que lo que dice tiene el mismo significado que en la actualidad... (A él.) Me refería a un juego nuevo... (Va hacia el mueble del salón y saca de él un cubilete y unos dados.) Se juega con unos dados.

MARCO     - (Decepcionado.) ¡Eso no es “novus”! Ese juego es muy popular entre los legionarios romanos...

KLEO         - (Aparte.) ¡Vaya una plancha! (A él.) Puede que el juego sea viejo, pero yo conozco una nueva manera de jugarlo... (Pícara.) El que pierda, se quita una pieza de ropa y...

MARCO     - (Entusiasmado.) ¡Me place esa versión! ¿”Cum comencemus”? (Empieza a desanudarse el cordón de la capa.)

KLEO         - No seas tan impaciente, y no te quites nada de encima que después te hará falta.

MARCO     - (Envalentonado.) Soy el “maximus” jugando a los dados, no hay quien me gane... Además llevo ventaja, tengo más prendas que tú... (Deja la capa a un lado.)

CLEO        Haz lo que te dé la gana, yo ya te he advertido... (Coge un cojín y toma asiento en el suelo, al lado de la mesilla del salón, a la vez que invita al romano a hacer lo propio, tirándole otro cojín.) Cógelo, y siéntate frente a mí...

MARCO     - (Sentándose) Date por desnudada...

KLEO         - (Aparte.) Esto es un hombre seguro de sí mismo... (A él.) Bueno, como ya sabes jugar, no hace falta que te explique las reglas… (Agita el cubilete y acto seguido lanza los dados.) ¡No está mal, dos ases y tres reinas!

MARCO     - (Con cara de estupefacción.) ¿Qué juego es éste? No conozco los grafismos.

KLEO         - ¿Qué te sucede? (Con tono de burla.)¿No decías que eras el “summum” jugando a esto?

MARCO     - (Sin dar su brazo a torcer.) ¡Claro que sí! Los dados son diferentes, pero no hay ningún problema... (Coge el cubilete que ella le ofrece y lanza los dados.) ¡Por Júpiter, no hay dos iguales!

KLEO         - ¡Eso quiere decir que has perdido! Tienes que pagar prenda…

MARCO     - ¡En fin!... Me quitaré las “caligae”... (Lo que ha dicho que va a quitarse no es otra cosa que las sandalias. Mientras lo hace continúa interpretando.) En el campamento jugamos con dados, y los tiramos con la mano y no con un recipiente...

KLEO         - ¡No seas romancero! Recuerda que el juego es idea mía, y por lo tanto las normas las dicto yo.

MARCO     - Está bien, pero ahora lanzo primero yo, y con la mano...

KLEO         - Como prefieras.

MARCO     - (Vuelve a repetir la operación, pero esta vez a su manera.) ¡Por Mercurio, esto ya es otra cosa!

KLEO         - ¡Muy bien! Te ha salido lo mismo que a mí la vez anterior…

MARCO     - Quieres decir que... ¿he ganado?

KLEO         - Primero tengo que jugar yo... (Lanza una vez más.) ¡Yupi! ¡Vaya suerte! Cuatro reyes... Gano de nuevo.

MARCO     - (Fastidiado.) ¿No estarás haciéndome trampas?

KLEO         - (Divertida.) No tengas mal perder y paga lo que debes.

MARCO     - Bien, fuera el “sunccingulum”... (Se pone de pie para quitarse el cinturón.)

KLEO         - ¿Te apetece beber alguna cosa?

MARCO     - (Peleándose con el cinturón.) Sí, sírveme una copa de “vinum album”.

KLEO         - (“In albis”, fuera de juego.) Me parece que no queda... Pero déjalo a mi elección, te pondré otra cosa... (Le sirve una copa de orujo.)

MARCO     - (Ya liberado del cinturón, coge la copa que ella le tiende y la apura de un sólo trago sin inmutarse.) ¡”Multus bonus”! ¿Qué es?

KLEO         - Es orujo casero... (Tendiéndole la botella.) Como veo que te gusta... Ten, sírvete más tu mismo, no te cortes...

MARCO     - (Con la botella en una mano, y en la otra la copa, de nuevo toma asiento junto a la mesa.) ¡Por Baco “excellent est”! (Continúan jugando a los dados, a la vez que Marco bebe ya directamente de la botella.)

KLEO         - ¡He vuelto a ganar!

MARCO     - (Acusando ya los efectos del alcohol.) ¡”Per secula seculorum, Julius Caesar, imperator est!

KLEO         - (Aparte.) Dentro de breves instantes, el “Gran Marco Antonio” caerá en brazos de Morfeo... (Se acerca a él mostrándose muy insinuante.) Creo que lo mejor que podemos hacer, es ir a mi dormitorio... Allí, en la intimidad, acabaremos mejor con nuestro  “juego”... ¿no crees?

MARCO     - (Eufórico, se levanta raudo sin apenas perder el equilibrio.) ¡Vamos Cleopatra, reina mía! “Illo consummatio”... (Bebe un último trago directamente de la botella, que después abandona en el suelo, y se limpia la boca con el antebrazo.)

KLEO         - (Lo enlaza por la cintura y pasa un brazo de él por encima de sus hombros.) Seguro que en el lecho estarás mucho más cómodo... (Dirigiéndose hacia la puerta de la habitación.)

MARCO     - “Commodum est”... (Con segundas) Ves, no te has quitado ni una sola prenda pero, el ganador soy yo... (Ante el lindar de la puerta del dormitorio él retoma nuevas fuerzas y, en una hábil maniobra alza a Kleo entre sus brazos y cargado con ella traspasa el umbral.) ¡“Alea jacta est”! (Aparte, con gesto de satisfacción) ¡La estrategia de la bebida no falla nunca!… (Mutis rápido. Al mismo tiempo que ellos desaparecen de la escena, una música sensual y sugerente inunda la sala y acompaña la rápida carencia del fluido eléctrico, que al desaparecer deja la escena en completa oscuridad.)

 

ESCENA II

 

 

- MUTACION - Tras una  breve pausa, durante la que la música sirve de fondo, las luces de escena vuelven a recaer sobre la zona izquierda del escenario, el salón de Kleo en la actualidad. Es al día siguiente.

 

MARCO    - (A través de la puerta de la habitación, entra en el salón. Va a medio vestir. Lleva el pelo revuelto y la túnica descolocada.) ¡Por Minerva, vaya un número que me ha montado esta mujer! Se ha comportado como una auténtica desconocida. Lo cierto es que el encantamiento que le hizo ese brujo, le ha sentado de maravilla. Bueno, eso y la extraña y excitante música que salía desde dentro de una misteriosa caja negra. (Se dirige hacia el mueble bar, de donde ella sacó la botella de licor, mira en su interior y, al no encontrar ninguna botella parecida, coge una al azar. Le quita el tapón y olfatea el contenido.) ¡Por todos los dioses! ¿Qué clase de brebaje será éste? Su olor es capaz de revivir a un muerto... (Acto seguido, bebe un buen trago directamente de la botella.) ¡Uauuu!... ¡Qué fuerte! En verdad es digno de Baco... (Bebe otro trago.) ¡Cómo pasa, cómo pasa!... Deja el estómago a punto para el almuerzo... “Men sana in corpore sano”... (Se calza las sandalias.) Antes de pensar en la comida, hay que ganársela... “Cursu cursim” me acercaré hasta el puerto y aprovecharé para pasar revista a mis tropas... (Sin más dilaciones y, con paso decidido, sale de la escena por la puerta que conduce a la calle.)

KLEO         - (Llamándole desde dentro del dormitorio.) ¡Antonio, Antonio!... (Sobresaltada por no recibir respuesta sale al salón.) ¡Antonio!... ¿Dónde se habrá metido este hombre? Menuda noche he pasado... Creí que el alcohol acabaría con él pero lo único que consiguió fue enardecerlo aun más... No había manera de quitármelo de encima... Tiene más brazos que un pulpo, y sus modales dejan bastante que desear... Más que un hombre en la cama lo que parecía era un caballo de batalla.... Es un bruto desenfrenado... La fama de conquistador que acompaña a su nombre, casi se queda corta... (Suspira profundamente.) Hace el amor como una apisonadora, pero jamás me había sentido tan pletórica y feliz... Cuando, por fin se quedó dormido, parecía un angelito, pero poco antes se había comportado como un auténtico demonio... (Vuelve a suspirar.) Es un hombre de los que deja huella... (Suena el teléfono. Ella se apresura a cogerlo.) ¡Dígame!... ¡Julio, por fin! ¿Y tus investigaciones?... ¿Que cómo estoy yo? ¡Hombre, pues según se mire!... Me has dejado el trabajo más pesado, pero estoy bien... ¿Que el tuyo no es fácil? Pues no sé qué quieres que te diga, tampoco es moco de pavo tratar con Antonio... ¡Qué gracioso! Claro, como no eres tú el que tiene que quitárselo de encima... Jamás creí que el peso de la historia fuese tan asfixiante... Casi no he pegado ojo intentando salvaguardarme de ese “sátiro”... ¿Que no sea cursi? Escucha, “listo”, ya está bien de pitorreo y date prisa en encontrar una solución, Toni puede estar en grave peligro... ¿Me oyes? Hasta ahora. (Corta la comunicación y, a continuación, marca una vez más el número del móvil de Toni.) Nada, el móvil de Toni está muerto… No hay forma de contactar con él...  (Cuelga el aparato.) ¡Qué rollo de móviles! Cuando más los necesitas, peor funcionan... (Rápidamente desaparece camino del baño.)

ROSI         - (Entra por la puerta de la calle.) ¡Kleo!... ¿Dónde estás? Hemos tenido que volver... No te puedes ni imaginar lo que nos ha sucedido...

JOHN        - (Ha entrado tras ella. Es un hombre joven, con pinta de “guiri”. Su papel, recordemos que es sordomudo, se basa sobre todo en la mímica, aunque el actor puede ayudarse, de sonidos onomatopéyicos y/o guturales. Mediante ellos indica a Rosi su intención de marcharse.)

ROSI         - (Cuando hable con John, le mira directamente a los ojos, a la vez que también se ayuda de los gestos para comunicarse.) ¡No, John, tranquilo! Mi amiga Kleo no se come a nadie...

JOHN        - (Se encoge de hombros y, acto seguido, deja la mochila en un rincón. Mediante gestos le pregunta dónde está el baño.)

ROSI         - ¿Cómo dices? ¿El baño? ¡Claro! Está por ahí... (Sus gestos son muy exagerados) Entras por esa puerta y es la primera a la izquierda... (Él desaparece por donde Rosi le ha indicado, mientras que ella deja también su equipaje a un lado. Súbitamente se escucha un grito de mujer, que proviene de la garganta de Cleo, y que procede del lugar por donde ha hecho mutis John. Al grito de espanto, le sucede otro de agudo dolor, éste de hombre.)

KLEO        - (Irrumpe en la escena, a medio vestir, asustada y sumamente acalorada.) ¿De dónde demonios ha salido ese sátiro? (Al ver en el salón a su amiga, empieza a comprender la presencia del extraño con el que se ha tropezado.) ¿Rosi qué haces aquí? (Señalando a la puerta por donde ha salido) ¿Y… ése debe de ser?... ¡No, no me digas nada! ¡Ese es el inglés con el que te has liado!

ROSI         - ¡Sí, es él! ¿Qué le has hecho?

KLEO        - Lo menos posible, y lo primero que se me pasó por la cabeza, después del susto que él me ha dado... Estaba en el baño vistiéndome... De repente se abre la puerta y veo en el lindar a un “tío” que irrumpe en el baño tirándose mano a la bragueta...

ROSI         - ¡El pobre John, no podía aguantarse más! Iba a orinar...

KLEO        - ¿Y cómo querías que yo lo supiese? Lo único que vi fue a un hombre desconocido que iba con el aparato en la mano y...

JOHN        - (Regresa al salón por donde se fue. Anda encogido, con las rodillas juntas y dando pequeños pasos, como si acabase de recibir un golpe en sus partes nobles, que es precisamente lo que le ha sucedido. Su gesto es de dolor y respira entrecortadamente tratando de recobrar el aliento. Nada más ver a Kleo, instintivamente se protege e intenta la retirada hacia la puerta de la calle.)

ROSI         - (Corre a su encuentro, impidiéndole de ese modo que se vaya, que es lo que él pretende.) ¡John!... ¿Qué te pasa? (A Kleo.) ¿Pero, qué le has hecho mujer?...

KLEO        - ¿Pregúntaselo a él? A mí me duele mucho la cabeza... (Desganada, se deja caer en el sofá.)

ROSI         - (Vocalizando en extremo) ¿Te encuentras bien? ¿Qué ha pasado en el baño?

JOHN        - Recuperándose poco a poco. El actor ha de interpretar, mediante mímica, todo el periplo acontecido en el baño, y que resumido es el siguiente: Al límite de su aguante iba desesperado al mingitorio, con el ánimo de aliviar su vejiga. Al entrar se encontró con una mujer a medio vestir, que después de gritar como una loca le propinó una patada de kárate en el bajo vientre, a consecuencia de la cual cayó rodando en el suelo bufando y aullando de dolor.)

ROSI         - (A Kleo con tono de reprobación.) ¿Te has vuelto loca?

KLEO        - Lo lamento, ha sido un acto reflejo...

ROSI         - Pues menos mal que no tenías una pistola a mano, si no seguro que disparas primero y preguntas más tarde... (Acompaña a John a sentarse en una de las sillas y le sirve un coñac.)

KLEO        - Vale Rosi, no seas tan melodramática... ¡Cómo iba yo a imaginar que habías vuelto, y mucho menos que lo hubieses hecho acompañada del lord del silencio!...

ROSI         - (Ofendida) ¡No le insultes!

KLEO        - No lo he hecho... le he llamado lord, como podía haber dicho maromo...

ROSI         - ¡Ah! En ese caso, vale...

KLEO        - ¿Y qué hacéis aquí? No ibais a pasar el fin de semana en...

ROSI         - ¡Sí, pero todo se complicó!

KLEO        - ¡No me digas! ¿Por casualidad descarriló el tren?

ROSI         - Al menos no mientras estábamos en él... (Pausa) El caso fue que, cuando el revisor nos pidió los billetes, descubrimos que no los teníamos... Así que nos hizo bajar en la primera estación... Pasamos el reto de la noche en un pajar, porque entre los dos apenas llevábamos ni veinte euros...

KLEO        - ¡Eres un caso! ¿Cómo pretendías viajar sin dinero?

ROSI         - No soy tan tonta como crees... El dinero estaba junto con los pasajes, dentro de una de esas bolsitas que se anudan a la cintura, en previsión de que alguien nos quisiera robar...

KLEO        - ¡Basta! No digas más… No os la podían robar, pero no porque la llevarás a buen recaudo, si no porque la has perdido... ¡Eres un auténtico desastre!...

ROSI         - ¡Sí, la he perdido!... Y no me chilles, ¿quieres?

JOHN        - (Se ha bebido el contenido de la copa y le hace gestos a Rosi de su decisión de irse.)

ROSI         - ¡No, no, John quédate por favor!

KLEO        - ¿Aquí? Pues eso faltaba...

ROSI         - En plan reivindicativo) Oye Kleo, si tu puedes traerte a casa a tus “ligues”, yo también tengo todo el derecho a hacerlo con los míos... Eso no me lo puedes rebatir...

KLEO        - Tienes razón, no puedo... pero...

ROSI         - ¡Ah, claro! Olvidaba que Toni estaba aquí... Es por eso ¿no? (Se dirige gritando hacia la habitación.) ¡Toni!...  ¡Toni!...

KLEO        - ¡Quieres callar, Rosi...! ¡No está!

ROSI         - (Con segundas) ¿No está? ¿O no ha venido?

KLEO        - No ha venido...

ROSI         - (Divertida) De modo que yo tenía razón... Te ha dado plantón...

KLEO        - ¡Quieres callar, Rosi! No estoy para chuflas... De todas formas no he estado sola...

ROSI         - (Extrañada.) ¿Eso quiere decir, lo que creo que quiere decir?... ¿Te has “enrollado” con otro “tío”?

KLEO        - El término no es del todo exacto...

ROSI         - ¡Claro! Para ti seguro que tiene otro nombre... (Dudando.) Probablemente lo llamarías “intimar”, o tal vez dirías “conocerse mejor”... Total para tener el mismo significado, “pasar por el catre”...

KLEO        - (Furiosa.) ¡Ya está bien, Rosi! Ya te he dicho antes que no tengo ganas de broma...

ROSI         - (Divertida, la mira directamente a los ojos.) ¡Es cierto!... Tienes una cara que parece un libro abierto... (Con sorna) La noche debe de haber sido bastante movida. Tienes unas ojeras que te llegan hasta el ombligo...

KLEO        - ¡Basta, no digas nada más, o te arrepentirás!

ROSI         - ¡Uy, qué miedo! (Desafiante) ¿Acaso piensas dejarme sin comer, o encerrarme en mi cuarto hasta el lunes próximo, para no oírme más?...

KLEO        - No tientes a la suerte... Pues no me parece una idea tan descabellada... Total sólo para decir bobadas, mejor que no tuvieses voz... ¡Como ese! (Señalando a John que instintivamente retrocede.)

ROSI         - (Ofendida.) ¡Muy bien! Por fin lo has conseguido... No nos oirás más en todo lo que resta de día... (Con dignidad, tras recoger su equipaje, va hacia John y le invita a acompañarla a su dormitorio. Él coge su mochila y va tras ella. Mutis de los dos.)

CLEO        - (Arrepentida, va tras ellos y desaparece por el mismo sitio.) Rosi, chica... Escúchame… lo siento... (El salón permanece unos segundos desierto.)

 

ESCENA III

MARCO    - (Entra en el salón, haciendo ejercicios gimnásticos, por la puerta que comunica con la calle.) Nada mejor para tonificar el “corpore” que unas cuantas flexiones... (Las hace.)

KLEO        - (Nada más oír la voz de Antonio sale al salón.) ¿Se puede saber en dónde has estado?

MARCO    - (Se cuadra ante ella.) ¡Ave divina Cleopatra, reina de mi corazón! Estuve haciendo ejercicio, para estar en plena forma... La noche pasada fue sublime, digna de Eros...

KLEO        - Lo siento Antonio, hoy no es uno de mis mejores días, me duele el cuello, la cabeza... (Toma asiento en el sofá.)

MARCO    - No digas nada más, flor del Nilo... Yo haré que desaparezca ese malestar... (Se sitúa a su lado y, después de invitarla a que se tumbe en el sofá, desliza sus manos por la espalda femenina, dándole un suave masaje.) ¿Cómo te sientes ahora?

KLEO        - ¡Bien, muy bien...! Eres un experto masajista...

MARCO    - (Sin modestia) Soy experto en todo... Y me encuentro de primera. Hacía tiempo que no me sentía tan activo y con tantas ganas de gozar del amor y de todos sus juegos... (Poco a poco el masaje se ha ido transformado en caricias.)

KLEO        - (Levantando la voz)  ¡Alto! Que te veo venir... (Sin ánimo) ¡Déjame!...

MARCO    - (Sin prestar atención a sus palabras la ha cogido entre sus brazos y, cargado con ella, marcha en dirección hacia el dormitorio.) Tu ardor al tratar de esquivarme, enaltece todavía más mi deseo...

KLEO        - (Resistiéndose, pero sin mucho entusiasmo.) Antonio, por favor... déjame en el suelo... ¿quieres?

ROSI         - (Alarmada por las voces de la pareja en el salón, sale a escena.) ¿Pero qué sucede... aquí? (Sorprendida ante la vestimenta de Antonio.) No me digas que este legionario es tu... tu...

KLEO        - (Poniendo los pies en tierra.) Ni se te ocurra decir una palabra más, Rosi... por favor.

ROSI         - (Incapaz de desaprovechar la ocasión de mortificar a Kleo.) Vaya, nunca hubiese imaginado que pudiesen gustar los numeritos eróticos con disfraces... (Miran do al hombre de arriba a abajo.) ¡Tiene buena planta!... Mucho mejor que Toni, más marcial.

KLEO        - Escúchame, Rosi… Consideraría como un favor personal que tuvieses la amabilidad de volverte a tu habitación con ese de la mochila...

MARCO    - (En tono de amenaza) Si es tu deseo, divina Cleopatra, no tienes más que ordenarlo que rápidamente la sacaré fuera de aquí…

ROSI         - (Divertida.) ¡Ostras, qué ímpetu! Y te ha llamado divina... (Se ríe.) Tú, divina...

KLEO        - (Mediando entre ella y él.) ¡Tranquilo, Marco Antonio!...

ROSI         - ¡Marco Antonio! Tiene el mismo nombre que aquel antiguo romano... ¡Mira qué bien! La apareja perfecta: Marco Antonio y Cleopatra...

KLEO        - (Intentando contenerse.) Esta vez te estás pasando de largo, Rosi... ¡Ya está bien!

ROSI         - Pero, le has mirado bien... ¿De dónde le has sacado? ¿De una película de romanos?... ¡Está auténtico!

MARCO    - (Mosqueado.) ¿Qué dice está loca? Soy el único, el genuino Marco Antonio, cónsul de Roma en Egipto, y triunviro junto a Octavio y Lépido...

ROSI         - (Aparte a Kleo.) Conocía tu afición por los chicos raros, pero éste sin duda, se lleva el premio de la academia...

KLEO        - Puedes pensar lo que te venga en gana... No creo que seas tú la más indicada para censurar lo que yo haga o deje de hacer, y con quien... Sobre todo después de haberte liado con la versión masculina de Belinda…

ROSI         - (Ofendida ¡Vale, de acuerdo!... Bien mirado, a mí, ni fu ni fa... (Mutis rápido por donde entró.)

MARCO    - ¿Quién es esa esclava? ¿Cómo le permites que te hable de ese modo?

KLEO        - No es una esclava, es una buena amiga que sólo me proporciona unos excelentes dolores de cabeza...

MARCO    - Mi mejor amigo, Julio César, siempre estaba inmerso en líos y problemas, a los que yo me veía arrastrado...  (Trascendente.) Cuando él estaba contigo, yo no podía ni siquiera imaginar entrometerme entre ambos... Además del César, era sobretodo un buen amigo...

KLEO        - Lo que acabas de decir es... muy bonito.

MARCO    - A menudo me resulta muy difícil expresar con palabras mis sentimientos. Nunca he sido un buen orador, ni tampoco tengo el refinamiento de Julio. Lo mío siempre ha sido el ejército, y mis modales quizás resultan demasiado bruscos...

KLEO        - No has de pedir disculpas por ser como eres. Los grandes hombres no han de hacerlo...

MARCO    - Estoy abrumado. Todo ha cambiado demasiado rápido y me encuentro perdido... Antes quise ir hasta el puerto, y lo único que apareció ante mis ojos fue un gigantesco obelisco de color gris en el que cerca de la cima sobresalía un gran signo de color rojo...

KLEO        - (Con resolución) No le des importancia... Tan sólo se trata de un espejismo, una fantasía creada por el mismo brujo que nos ha hechizado...

MARCO    - Pues para ser una ilusión, tiene un aspecto demasiado real... Pero tienes razón, la magia de ese brujo es a todas luces inconmensurable… Gracias, a que permaneces conmigo… (Animado por las palabras de Kleo) Y ya que los dos nos encontramos atrapados dentro de este mundo fantástico propongo dedicarnos a hacer… “carpe-diem”...

KLEO        - (Extrañada.) ¿Es muy complicado?

MARCO    - (La rodea con sus brazos y la atrae hacia el dormitorio.) ¿Qué te parece si te lo explico sobre la marcha?

KLEO        - (Evasiva.) Créeme si te digo que me encantaría tener tiempo para practicar contigo ese “carpe-diem” que me has propuesto, pero tendrá que ser en otro momento, espero una visita.

MARCO    - Vaya, como siempre, tus aburridas audiencias son las que consiguen alejarte de mi lado…

KLEO        - (Siguiéndole la corriente.) Lo lamento de verdad, ya sabes que gobernar tiene sus inconvenientes...

MARCO    - Aguardaré impaciente que concluyas tu cometido. Y para hacer más llevadera la espera ofréceme más vino de ese que me serviste anoche.

KLEO        - No queda más, y no era vino si no orujo gallego... Ahora que, si quieres, puedes beber cerveza.

MARCO    - (Resignado.) Está bien, la cerveza no está mal para empezar el día.

KLEO        - (Desaparece por la puerta de la cocina y regresa con una lata de cerveza en la mano. Se la da y toma asiento en el sofá.) Ten.

MARCO    - (Extrañado.) ¿Qué es esto?

KLEO        - ¡Oh, perdóname! Ahí dentro de la lata está la bebida.

MARCO    - ¿Dentro de este extraño recipiente? ¡Qué curioso!... (Hace girar la lata y la agita.) ¿Cómo se puede beber?

KLEO        - Sólo tienes que tirar de la anilla… ¡No, no la agites!...

MARCO    - (Al mismo tiempo que habla tira de la anilla produciéndose la efervescencia del contenido.) ¿De aquí? ¡Por Júpiter! Nunca vi semejante prodigio... (Bebe y se limpia la boca con el antebrazo. Después se acerca hasta donde ella está.) Y ahora, reina de Egipto… ¿por dónde íbamos?

KLEO        - Tranquilo hombre, relájate y tómate la cerveza. Este no es el momento más adecuado para que te suba la “tensión”... Me debo a mi pueblo. (Él la mira extrañado.) ¡Las audiencias! ¿Recuerdas?

MARCO    -. ¡Lástima! (Eufórico.) Me encuentro mejor que nunca. Tanto que, si me lo pidieses, ahora mismo partiría a la conquista de Persia para depositar a tus, diosa mía, todos sus fabulosos tesoros.

KLEO        - (Aparte.) No está nada mal ser reina. (A él.) No hace falta que partas inmediatamente. Tiempo habrá para conquistar todo aquello que te propongas.

MARCO    - (Enardecido, deja la lata sobre la mesilla del salón.) Ven entre mis brazos, Isis reencarnada “vivitum est”... (Con delicadeza la tumba sobre el sofá y se sitúa a su lado.) Me enloqueces y estoy impaciente por demostrarte como crece mi pasión por ti... (Se inclina sobre ella con la intención de besarla, y apenas sus labios han rozado los de ella, con insistencia, se escucha sonar el timbre de la puerta. Kleo, bajo el cuerpo de Marco Antonio, intenta, sin conseguirlo, desembarazarse de él.)

ROSI         - (Entra en el salón y se apercibe del panorama) ¡Vaya escándalo! Podíais ser más discretos y montaros la fiesta en tu habitación... (Al mismo tiempo que ella cruza la escena y desaparece tras la puerta de acceso al recibidor, se escucha la sirena de un coche de la policía.)

MARCO    - (Parando atención) ¡Por Júpiter!... ¿qué es ese estridente sonido?

KLEO        - Algo grave debe haber sucedido…

MARCO    - Déjalo, mi reina ya se encargarán de ello los esclavos...

KLEO        - (Empujando a Antonio con más fuerza, consigue incorporarse en el sofá.) Perdona un momento Antonio… Dejemos para más tardes estos placenteros juegos…

ROSI         - (Entrando en el salón.) Ahí fuera en la calle está la policía... (Mutis de nuevo por la puerta del recibidor.)

MARCO    - (Contrariado) ¡Por Diana cazadora! Esta inoportunidad me ha dejado en “interruptus”.

KLEO        -. Lo siento… Reclaman mi presencia… (Va hacia la puerta de acceso al recibidor, pero no llega a hacer mutis.)

ROSI         - (Regresa al salón seguida de un agente.) ¡Kleo, este policía quiere hablar contigo!

KLEO        - (Sorprendida.) ¿Qué sucede agente?

AGENTE  - Eso tratamos de averiguar, señorita. Soy el sargento Octavio… ¿Es usted la dueña de esta propiedad?

MARCO    - (Avanzando hacia el grupo con los brazos abiertos.) ¡Octavio, amigo! ¿Tú también aquí?

AGENTE  - (Extrañado.) ¿Quién es este hombre?

KLEO        - (Intercediendo) No le haga caso sargento... ¿En qué puedo ayudarle?

MARCO    - (Saludándole.) “Ave Octavio” Por fin te has decidido a venir a Egipto.

AGENTE  - ¿Qué está diciendo?

KLEO        - ¡Calla ya, Marco Antonio, por favor! (Al agente.) Sargento, le ruego perdone a mi amigo, está ensayando una escena de la obra de teatro en la que trabaja de protagonista…

MARCO    - (Ofendido) No interpreto nada, yo soy...

KLEO        - (Tapándole la boca con la mano. Momento que Antonio aprovecha para coger su mano entre las suyas y besarle todo el brazo hasta llegar al cuello.) Por favor, contente, no es éste el momento adecuado para actuaciones... (Al agente intentando disimular el comportamiento de Antonio.) Pronto será el estreno y está muy nervioso... No puede dejar de ensayar ni un segundo… Y bien... ¿qué sucede?

AGENTE  - (Desentendiéndose respecto a la actuación de Antonio) Estamos buscando al propietario de un precioso caballo blanco que hemos encontrado deambulando por la zona... Sin duda el jinete no debe andar muy lejos…

KLEO        - Un momento... (A Antonio.) ¿Tu caballo es blanco?

MARCO    - ¡Claro! Me lo regalaste tú.

KLEO        - (Ofreciéndole la mano para que continúe entretenido y no meta baza en la conversación.) ¿Podríamos verlo?

AGENTE  - Está ahí fuera en su jardín... (El policía, acompañado por Kleo y Antonio hacen mutis por la puerta de entrada.)

ROSI         - (Sola en escena.) No entiendo nada. Estaban hablando de un caballo... Sin duda, en algún momento, me he debido perder parte de la historia.

AGENTE  - (Los tres regresan al salón.) ¿Entonces… el caballo es suyo?

KLEO        - Sí agente. Ayer por la noche lo trajo mi amigo Antonio... Mejor dicho, vino cabalgándolo. También forma parte del espectáculo… Naturalmente lo dejó atado en el jardín, pero el animal debió de soltarse... y…

AGENTE  - (Alucinado.) ¿Pero, qué clase de obra de teatro es esa en la que sale a escena hasta un caballo?

KLEO        - (Improvisando.) Se trata de una obra del teatro clásico: Antonio y Cleopatra, que se representará próximamente en el teatro de Sagunto.

AGENTE  - ¡Ah ya! En el teatro romano de Sagunto.

KLEO        - ¡Eso es! Él interpreta al gran Marco Antonio y se ha visto obligado, por exigencias del guión, a ensayar con caballo incluido.

AGENTE  - Bien… ¡Todo aclarado!... No se hable más. (Condescendiente) Por esta vez no les multaré… Los cómicos, ya se sabe, no nadan precisamente en la abundancia. Tan sólo me resta aconsejarles que vigilen a ese animal, la ley no permite que vaya suelto, por seguridad asegúrense de que este atado…

KLEO        - No se preocupe agente, no volverá a repetirse el incidente...

AGENTE  - (A Antonio en tono jocoso) Usted, joven romano, venga conmigo para hacerse cargo de su caballo… (Saludando.) ¡Buenos días, señoritas! (Mutis acompañado de Antonio.)

ROSI         - Escucha Kleo, ese nuevo amigo tuyo ¿está bien de la cabeza?

KLEO        - Rosi, por favor, no empieces de nuevo. ¿No acabas de escuchar lo que le he dicho al policía?

ROSI         - Sí, por eso mismo, el teatro romano de Sagunto todavía no tiene hecha la programación.

KLEO        - ¿Y qué? Él se ha quedado convencido ¿no? Pues mutis, y ya está bien de rollos.

ROSI         - Está bien chica. Últimamente estás insoportable,

MARCO    - (Regresando al salón.) Ese “extraño” Octavio me ha deseado “mucha mierda” para el día del estreno... ¿Qué ha querido decir?

KLEO        - Nada, no quiere decir nada… (Cogiendo a Antonio de la mano.) Ven conmigo, dejaremos tu caballo en el garaje para evitar que vuelva a escaparse. (Mutis de ambos por el recibidor.)

ROSI         - ¿Estoy soñando, o el mundo se ha vuelto loco de repente? (OSCURO Y TELÓN.)

Fin del segundo acto

Epílogo

 

El escenario está sumido en una grata penumbra. En el centro del proscenio, simulando el jardín de la casa de Kleo, se sitúan ella y Julio. Sentados en dos sillas plegables alrededor de una mesa, igualmente convertible, e iluminados por una lámpara de camping. Julio, mientras dialoga, se halla concentrado ante su ordenador portátil. Tumbados en el lecho de la cámara real, en el lateral derecho de la escena y bajo el amparo de las sombras que proporcionan la luz de algún candelabro, se aprecian los cuerpos de Cleopatra y Toni.

 

JULIO        - Ha sido un arduo trabajo, pero al fin he descubierto el origen de esta anómala situación… Ayer se produjo lo que en términos científicos se conoce por un bucle espacio-temporal de doble dirección que impelió a Toni hasta el Egipto antiguo y, casi simultáneamente y en contraposición, hizo lo propio con Marco Antonio trasladándole de esta forma hasta nuestros días...

KLEO         - Perdóname, pero no me estoy enterando de nada. Soportar repetidamente el peso de la historia encarnada en Marco Antonio no ha sido una tarea sencilla, estoy completamente extenuada.

JULIO        - ¿Y dónde has dejado al “angelito”?

KLEO         - Durmiendo… Y el caballo atado en el garaje.

JULIO        - Eso está bien… (Continúa tecleando información en su ordenador.) Y esto también… Lo más sorprendente ha sido  descubrir que la antena situada en lo alto de la torre del edificio de la televisión, puede servirme para utilizarla a modo de catalizador para la energía que creo será necesaria para habilitar un corredor inter-dimensional, que me permita hacer posible la proyección en el tiempo...

KLEO         - (Mareada por el bombardeo dialéctico) No quiero parecer impaciente pero, ¿crees que todo funcionará tal y como has dicho?

JULIO        - Esa es mi esperanza. Ahora nada más hemos de esperar que todos mis cálculos sean exactos.

KLEO         - ¿Existe algún riesgo?

JULIO        - Todos los experimentos entrañan peligros, y con éste en concreto no tengo forma de saber cuál va ser el resultado...

CLEO        - Me estás asustando.

JULIO        - No es esa mi intención… Tú me has preguntado y yo me he limitado a decirte que no tengo respuesta concluyente… ¿Has tenido suerte y has podido comunicarte de nuevo con Toni?

KLEO         - No. Lo he intentado en varias ocasiones, pero sin ningún éxito.

JULIO        - En ese caso, confiemos que él se dé cuenta a tiempo de que la puerta dimensional que abriremos, durante unos pocos minutos, es la única posibilidad que tendrá para regresar de nuevo a casa... (Su rostro cambia de expresión al mirar una vez más la pantalla) Deprisa, ve a buscar a Antonio. La energía que he logrado acumular, saboteando los ordenadores de diferentes centrales eléctricas, y que provocará un gran apagón en la mayor parte de la ciudad, estará lista para su utilización en pocos minutos. En ese momento por medio de la antena parabólica que antes actúo como receptora la catalizare y... ¡De prisa, no hay tiempo que perder!... El proceso no se puede retardar y sólo dispondremos de una oportunidad... (Kleo desaparece entre bastidores por el lateral izquierdo. Al momento regresa precediendo a Antonio.)

KLEO         - Vamos Antonio, de prisa… Dentro de unos momentos todo recuperará la normalidad y una vez más nuestro mundo volverá a ser como siempre…

MARCO     - (Dudando) No sé si quiero, estoy acostumbrándome a todo esto.....

KLEO         - ¿Cómo no vas a querer? Todavía has de conquistar Persia... Debes realizar todo aquello por lo que después te recordará la historia... Y para eso todo a regresar a ser como antes…

MARCO     - ¿Estarás conmigo?

KLEO         - ¿Cómo puedes dudarlo?

JULIO        - (Se ha levantado y ha retirado las sillas, la mesa y la lámpara de camping hacia un lado. Él se ha colocado en un lateral, arropado por la semi oscuridad que reina en el resto del espacio escénico.) Kleo, date prisa... Antonio ha de colocarse en el mismo lugar en donde antes estábamos nosotros...

KLEO         - (De la mano, acompaña a Antonio hasta el centro del proscenio, donde queda iluminado por un cenital.) Has de situarte aquí y, por favor, no te muevas... El encantamiento apenas durará unos segundos más...

MARCO     - ¿Y tú?

KLEO         - No temas nada... Nos veremos en palacio, querido Antonio... (Después de besarle, lentamente se separa de él.) Te juro que te seguiré hasta las puertas de la muerte...

JULIO        - (Alarmado) Rápido, Kleo empuja el caballo hacia Antonio y ven aquí, junto a mí… (OSCURO. Se escucha relinchar al caballo)

 

- MUTACIÓN - Intensos i continuos flashes de luces se suceden  durante varios segundos e inundan todo el escenario. Simultáneamente, en la cámara real, a la derecha del escenario, Toni se incorpora sobresaltado e hipnotizado, observa a través del ventanal cómo cruza el cielo un relámpago tras otro. Una fuerte ráfaga de viento apaga los candelabros. Toni reacciona en el último segundo y, a toda prisa, recoge su mochila y su casco y salta por encima del alféizar del ventanal. Las luces de escena desaparecen dejando el espacio escénico sumido en la más absoluta y total oscuridad. Mientras, con lentitud, se va cerrando el telón; se escucha el sonido atronador de un potentísimo trueno seguido de un oneroso e inquietante silencio.)

 

KLEO         - ¿Julio, qué has hecho? ¿Has perdido la cabeza?

JULIO        -¡Toni no lo conseguirá!... Ya es… ¡¡¡Demasiado tarde!!!... (Tras las últimas palabras de Julio la sala se llena de los sones de la Marsellesa, entremezclado con otro sonido, inequívoco y metálico el que produce la guillotina al realizar su mortal cometido. Al mismo tiempo, el casco de motorista de Toni rueda desde el fondo del escenario hacia el proscenio, iluminado en todo su recorrido por un cañón de luz. El telón prosigue su inexorable carrera hacia el cierre total y de esta forma se pone punto y final a la presente comedia.)

 

“FINIS”

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