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NUNCA ME OLVIDES

de  Francisco Romero Romero

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica.

 

NUNCA ME OLVIDES

De Francisco Romero Romero

franciscoromeroromero@hotmail.com

 Crecí de niña a mujer,

Lo contrario no es natural.

PRÓLOGO

Con esta obra teatral que he escrito con todo mi corazón quiero rendir un pequeño homenaje a todas esas personas abnegadas que dedican todo su tiempo a cuidar a los enfermos de Alzheimer.

Normalmente estas personas suelen ser hijos, hijas, esposos, esposas que en muchas ocasiones sus vidas se ven trastocadas por una dedicación plena al cuidado de sus mayores.

El proceso natural de la vida es nacer, crecer y cuando llegamos a viejos, morir. Cuando una enfermedad como el Alzheimer nos visita, ése proceso natural se altera y vemos que el enfermo retrocede desde una edad mental madura hasta una edad mental ya vivida en tiempos atrás hasta llegar a enajenarse mentalmente. No estamos preparados para ello, por eso la figura del cuidador se ve sometido a traumas que tiene que ir asimilando lentamente. El proceso normal se altera.

La figura del cuidador del enfermo de Alzheimer es la que he querido tratar en esta obra y en lugar de centrarme en el propio enfermo he querido acordarme de esas personas que sufren al tiempo que el enfermo, pero en silencio.

Estas personas, los cuidadores, que siguen necesitando vivir, se van separando lentamente de la sociedad, no tienen un segundo de descanso y la carga emocional que recae sobre ellas termina, muchas veces pasándoles una factura en modo de frustración al ver que su ser querido se está apagando sin que puedan hacer nada y suelen terminar en no pocas ocasiones en cuadros depresivos.

A todas estas personas les dedico esta ficción que es muy real.

Francisco Romero

 

La familia la componen el padre, la madre y dos hijos. El mayor de los hijos tiene  veinte años, la hija tiene 17 años. El padre de cuarenta y ocho años y la madre tiene cuarenta años. Son una familia humilde que se mantienen del sueldo del padre que trabaja como operario en una cadena de montaje.

El hijo es un joven que decidió no seguir estudiando ni quiere trabajar.

La hija está estudiando y quiere conseguir un futuro que ya lo tiene planificado.

Compone la familia la madre de la madre, una mujer con ochenta años que padece de la enfermedad de Alzheimer.

La casa es una casa humilde con tres dormitorios. Uno para cada hijo y otro para el matrimonio. El dormitorio del hijo está desordenado.

La abuela vive en el mismo edificio pero en una vivienda individual.

Personajes: 

El Padre: 53 años

La Madre: 48 años

El Hijo:   20 años

La Hija: 17 años

La Abuela: 83 años

Hermano de la madre: Voz en off

Neurólogo: Cualquier perfil

 

ACTO PRIMERO

 

Escena uno

Madre: Venga, vamos arriba ya está bien. Mira la hora que es, las doce y tú todavía en la cama. No te da vergüenza. Levántate y arregla tu habitación. Abre esa ventana  y que se airee el cuarto.

(Alejándose) No sé cómo no te asfixias con este ambiente que tienes aquí concentrado.

Hijo: (Tapándose la cabeza con la manta) Mamá por favor, quieres apagar la luz y no hablar tan fuerte. Qué más te da decírmelo de otra forma. Mañana voy a entrar yo en vuestro cuarto dando voces haber qué tal os sienta.

(La madre enciende la radio y se dispone a escuchar las noticias mientras empieza a preparar la comida).

España vuelve a encabezar una lista con la que poco puede presumir ya que es el primer país de Europa en términos de fracaso escolar y de mala inserción laboral de sus jóvenes, según los datos recogidos por la Unesco en la edición de  2019

Los datos estadísticos lo ratifican. Uno de cada tres jóvenes españoles de entre 15 y 24 años dejó sus estudios antes de acabar la enseñanza secundaria, frente a la media europea, que habla de uno de cada cinco.

 

Para los responsables del informe, las cifras de abandono escolar en España son «preocupantes» habida cuenta de que se trata de un país «duramente golpeado» por la crisis y donde el paro juvenil superó el 50 % en marzo de este año.

 

La falta de competencias profesionales de los jóvenes europeos «les aboca a desaprovechar su potencial, les hace perder oportunidades de empleo y les impide ayudar a sus respectivos países a volver a la prosperidad», señala el estudio, donde se asevera que, en tiempos de crisis, dotarles de herramientas es «más esencial que nunca».

 

Asimismo, los autores del informe constataron que entre 2017 y 2018, las tasas de paro entre los jóvenes europeos que no habían completado sus estudios aumentaron «de forma amplia», a excepción de Alemania; mientras que España fue sin duda «la peor afectada» de todos los países de la Unión.

 

El estudio recupera además la expresión «ninis» (ni estudian ni trabajan), al señalar que «al menos un cuarto de los jóvenes españoles que dejaron sus estudios al acabar el primer ciclo de enseñanza secundaria, y un quinto de los que la abandonaron después del bachillerato, en la actualidad tampoco buscan empleo.

 

Madre: (Que está preparando la comida) Es increíble, las noticias, la televisión, los periódicos, todos dicen lo mismo. Es mejor no enterarse de nada, pero claro si la situación es la que es. ¡Dios mío! ¡Qué situación!

 

¿Te has levantado ya? si ya me vale, yo no queriendo escuchar las noticias y resulta que la tengo aquí en mi casa. (Continúa haciendo la comida)  ¿A qué hora te acostaste anoche? No te oí llegar.

 

Claro, si es normal si te acuestas tarde no te puedes levantar temprano ¡Es incompatible!

 

Si al menos tuvieras una ilusión con algo.

 

Hijo: ¿Con qué mamá? ¿Ya vas a empezar a sermonearme otra vez?

 

Madre: No, no voy a sermonearte, aunque más te valdría hacerme caso. Hijo, estoy cansada de repetírtelo. Ya tienes veinte años y dime qué es lo que tienes. No tienes trabajo, comprendo que la situación no es fácil pero se te antojó dejar los estudios. No terminaste ni la ESO. Me puedes decir qué futuro es el que quieres. No es normal, son las doce y estás todavía en la cama.

 

(Elevando la voz) Al menos podías levantarte, no te parece.

 

Hijo: (aparece con paso corto y lento) ¿Qué te pasa otra vez? Estás siempre con la misma cantinela. Para ya. Siempre lo mismo. ¡No te cansas! Al menos podías cambiar de tema. Sólo de vez en cuando.

 

(Se dispone a prepararse el desayuno).

 

Madre: Ya no son horas de desayunar. La comida estará enseguida.

 

Hijo: Bueno, pero tengo hambre ¿puedo tomarme algo? vamos, si no te importa.

 

Madre: ¿a qué hora llegaste anoche? No te escuchamos. Me preocupa que no estés en casa a una hora normal.

 

Hijo: No lo sé. Serían las cuatro y media o cinco. Yo que sé. Ya os he dicho a papá y a ti que no os preocupéis ¡qué manía! Si estoy fuera a esa hora será porque me apetece estar fuera. ¿No te parece? Ya no soy ningún niño y me molesta que andéis detrás de mí como cuando tenía diez años.

 

Madre: (se acerca hacia él y trata de acariciarle el pelo) A esas horas no se puede hacer nada bueno en la calle. Sólo queremos estar tranquilos. Eso es todo.

 

Hijo: (se levanta pareciendo estar incomodo por la cercanía de la madre). Mamá vale ya. Con tus caricias me haces sentir incomodo. Te vuelvo a repetir que no soy ningún niño para que me hagas carantoñas y me quieras convencer de esa manera tan infantil.

 

Madre: Hijo qué malos modales tienes. Sólo quiero que no te me pierdas. La calle está muy mal y a esas horas no se hace nada bueno en ella.

 

Hijo: La calle es la misma de siempre. Sus aceras, sus baches, sus parques, es la misma.

 

Madre: No hijo. Sabes a lo que me refiero y no me refiero al aspecto de la calle. No me des largas ni emplees la ironía conmigo. Me refiero al ambiente. A esas horas no hay… (piensa qué palabra escoger) no son las mejoras horas para un chico de veinte años.

 

Hijo: Vamos mamá que no soy un niño. Y para ya. Me acabo de levantar y ya me estás rayando.

 

Madre: Para mí lo eres. Y no emplees ese tono conmigo. Soy tu madre.

 

(El hijo se levanta y  deja a su madre con la palabra en la boca)

  

Madre: ¿Dónde vas? Escucha lo que te digo.

 

(Suena el teléfono)

 

Madre: Ah, hola eres tú.

 

(Pausa)

 

¿A quién iba a esperar, a nadie? Lo que ocurre es que ya me tiene de los nervios. Se acaba de levantar y es que no hay forma de poder hablar con él. Encima se tiene una que callar. Manda narices. De verdad te digo que cualquier día voy a perder los nervios y le voy a decir un montón de cosas que no quisiera decirle.

 

(Pausa)

 

Cómo que mantenga la calma. Llega a la hora que le da la gana. Se levanta cuando quiere. No hace ni el huevo. De verdad es difícil mantener la calma. Tú no eres precisamente un ejemplo de templanza.

 

(Pausa)

 

Si, es verdad estoy un poco nerviosa y lo estoy pagando contigo sin tener porqué.

 

(Pausa)

 

Bueno, de acuerdo pero a ver qué le dices tú cuando vengas porque a mí la verdad es que ya mes está comiendo un poco la moral. Esta situación se está convirtiendo cada vez más inaguantable.

 

(Pausa)

 

Si trataré de no apagar el fuego con gasolina pero de verdad, cuesta mucho trabajo. Es difícil no perder la calma.

 

(Pausa)

 

Es que es injusto, no lo podré entender nunca. Aquí en la casa no puede haber nada de lo que pueda huir. Dime, ¿qué

 

mal ejemplo ha podido ver aquí? Ninguno. La educación que se le ha dado es la normal, el respeto a los valores, el esfuerzo, el sacrificio.

 

(Pausa)

 

Si es verdad, a ti no te tengo que convencer de nada. Perdona. ¿A qué hora llegarás?

 

(Pausa)

 

Bueno, hasta luego.

 

(Cuelga el teléfono)

 

(El hijo está de espaldas en su cuarto con los auriculares puestos escuchando música)

 

(La madre se acerca  al cuarto y con disimulo mira hacia su hijo. El no la ve)

 

(Llaman a la puerta y abre la madre)

 

Abuela: Hola cariño (entra en la casa)

 

¿Cómo estás? Pasaba por aquí y me dije que por qué no le hacía una visita a mí pequeña.

 

Madre: Mamá, no seas papelera. No tienes más que bajar la planta y estás en tu casa. Lo haces todos los días.

 

Madre: ¿Qué tal la noche? ¿Ha ido bien?

 

Abuela: Bien, Yo estoy bien. Bueno tú sabes, los achaques de la edad, pero hija con los avances de hoy si te duele algo, pastillita al canto. Que no puedes dormir, otra pastillita. Estamos empastillados todo el día pero ¡bendita ciencia! La memoria, eso sí que cada día lo llevo peor, nunca he estado tan despistada como ahora, se me olvida todo, no sé si he desayunado, si he comido, de verdad que muchas veces estoy hecha un lío. Tendré que ir al médico que me recete unas vitaminas.

 

A este paso vamos a resultar deficitarios para la Seguridad Social a pesar de las pensiones que nos pagan.

 

 

Madre: Qué cosas dices. Afortunados vosotros que podéis disfrutar de un sistema que cuida de sus mayores. Que necesitáis un médico, al momento lo tenéis. Buena alimentación, buenos tratamientos. ¿Qué más queréis?

 

Abuela: No hija si yo no me quejo, al contrario, todos los días agradezco al señor por dejarme ver otro día más. La vida es muy bonita y sería injusto que me quejara.

 

A propósito, estoy pensando en marcharme unos días al balneario. Allí está una a cuerpo de rey. Que si los baños por la mañana, que si el paseo por la tarde, que si el baile por la noche. Y al día siguiente: pues igual. ¿Qué quieres que te diga? aprovecharse mientras una pueda y que luego me quiten lo “bailao”. Que tan pronto está una bien como que deja de estarlo.

 

Madre: Muy bien que haces. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo que tú. Pero ya ves, tú ya no tienes más obligaciones que mirar por ti y hacer lo que te venga en gana pero yo no tengo esa libertad. Nosotros todavía tenemos obligaciones, la casa, el trabajo, los hijos. En fin todas estas pequeñas menudencias que un día sí y otro también nos impiden disfrutar de la vida.

 

A propósito ¿te has dado cuenta que vienes con las zapatillas?

 

Abuela (mirándose los pies): Huy, que despistada que estoy. Ni me he dado cuenta. Últimamente no sé lo que me está pasando.

 

Madre: (Llamando al hijo) Hijo, tu abuela está aquí.

 

Abuela: ¡Ah¡ con que está aquí mi pequeño. Dónde estás, ven y dame un beso. Alegra la vida de tu abuela.

 

Nieto: Enseguida salgo abuela. Estoy terminando de arreglarme.

 

Abuela: Hija cómo pasa el tiempo. Hace nada eras tú como ahora es él y fíjate ya tienes tres.

 

Madre: Mamá ¿qué dices? ¿Cómo que tengo tres? Quien tiene tres es mi hermano, tú sabes que yo tengo sólo dos.

 

Abuela: Qué tonterías digo, claro que tienes dos. No sé cómo me he podido equivocar.

 

Madre: Y bueno exactamente como él no es que fuera. Los de nuestra generación estábamos menos influenciados por todo lo que hoy la juventud da una importancia excesiva.

 

Abuela: Tonterías. Siempre ha habido influencias externas de un tipo u otro o qué te crees tú que nosotros aceptábamos de buena gana todas las tonterías que teníais. Por que las teníais. Vosotros no erais tan diferentes a ellos.

 

Madre: Mamá, no digas eso. Con mi edad teníamos más respeto hacia los demás. No sé, los valores eran otros. Hoy sólo existen los caprichos y tener todo lo de la última moda.

 

Abuela: Anda, anda. Los valores son los mismos que antes sólo que bueno, han cambiado un poco el orden, pero no te creas que ellos son tan diferentes a vosotros. No te voy a decir que a nosotros, porque evidentemente sí son diferentes a lo que nosotros fuimos, pero hija los tiempos son los tiempos.

 

Madre: (llamando a su hijo) ¿Quieres venir a saludar  a tu abuela?

 

Hijo: Sí mamá. Ahora salgo. He dicho antes que me estaba terminando de arreglar.

 

Abuela: ¿De qué estábamos hablando?

 

Madre: De esta juventud mamá que no sienten las responsabilidades.

 

Abuela: Pues como te decía, es cuestión de que los valores que antes estaban en un  punto hoy lo están en otro y no hay más.

 

Madre: Cómo que no hay más. Te parece poco. Nuestros hijos reciben y aceptan más las influencias del exterior que nuestros propios consejos y comprenderás que eso sea

 

 

difícil de digerir.  No sé si este ha sido un motivo  de preocupación generacional pero esto no va por buen rumbo.

 

Abuela: Los hijos no son tan diferentes a los padres pero  hay que saber entenderlos. Hija, yo no es que sea una experta en la juventud pero mira a la calle, prácticamente se les ha excluido del mercado laboral, no todos pueden servir para estudiar y cuando dejan los estudios se dan de cara con el problema del trabajo. Algunos vuelven a estudiar. Otros, los que no encuentran esa motivación, pues están ahí a verlas venir, porque eso sí ya nos hemos encargado antes de quitarles el sentido de sobrevivir y saber buscarse la vida.

 

(Sale el nieto)


Hijo: Hola abuela (
le da un beso) ¿Cómo estás?

 

Abuela: Pues ya ves, un día mejor y otro peor pero ahí vamos tirando.

 

Hijo: Estás mejor que yo, abuela.

 

Abuela: No te creas que cada vez me cuesta más trabajo todo.

 

Madre: No te quejes anda, que ya me gustaría a mí con tu edad estar como tú estás.

 

Abuela: No, si no es que esté mal, quizás ya me quejo de vicio pero es tu padre quien viene tan tarde del trabajo que ya no aguanto más y termino acostándome.

 

Hijo: Abuela, si el abuelo murió ya hace mucho tiempo.

 

(la abuela se queda pensativa)

 

Abuela: ¡Huy¡ no sé ni cómo estoy ¿Y tú hija por qué no vienes a verme más a menudo ya no sé ni cuánto tiempo hace que no te veía.

 

Madre: Mamá si nos vemos todos los días.

 

Hijo: Voy a darme una vuelta a ver que es lo que se hay por ahí.

 

Madre: Pero si ya mismo está la comida, ¿adónde vas a ir ahora? Tu padre y tu hermana llegarán pronto No te vayas que vamos a almorzar enseguida.

 

Abuela: Hijo escucha a tu madre. Dónde vas a ir ahora.

 

Hijo: Vuelvo enseguida. Adiós abuela.

 

Madre: No importa lo que se le diga. Dice de irse y se va.

 

Abuela: Adiós, adiós.

 

¡Qué juventud! actúan según les viene en gana, libres como el viento, hoy aquí y mañana allí. Son las ventajas de no tener obligaciones, pero este chico ya va siendo hora de que vaya comprometiéndose con algo ¿no crees hija? ¿qué te voy a contar a ti que tú no sepas? Perdona hija mía. Sé que lo sufres y quisieras que fuera de otra forma de ser. Es muy fácil dar consejos y otra bien distinta es encontrarse con un problema así, de frente y no saber qué hacer.

 

Madre: Están todos igual. Pero ¡qué mundo les estamos dejando! no existen las obligaciones, impera la desgana, la desilusión. Entra en su cuarto. ¿De qué me sirve decirle día tras día que lo recoja? De nada. Parece una leonera. Sabe que al final entro y lo recojo. Sí, es cierto que cierro la puerta y no quiero saber nada de cómo lo tiene pero al final termino entrando y lo ordeno. Sé que no debería hacerlo pero no puedo, es superior a mí. Me tiene tomada la medida y lo que es más importante, ya casi no puedo llamarle la atención por nada. No vengas tarde, haz algo provechoso, levántate temprano. Siempre estoy igual con él. Ya lo has visto, la comida casi preparada y coge y se va. Ya no vendrá hasta que le parezca. Le dejo la comida guardada y la mayoría de los días la tengo que tirar. ¿Qué come? ¿Dónde come? ¿Qué amigos tiene?

 

Esta situación me ha superado.

 

Cuando algunos días se queda más tiempo del que habitualmente permanece en la casa parezco como estar más animada.

 

 

 

Digo, mira hoy no va a salir. Aunque esté sentado viendo la televisión, ésa caja tonta es capaz de entretenerles con los programas más inverosímiles que hasta te hacen dudar de su realidad.

 

Pero sí, son reales como la vida misma. Y ellos mismos se ven en ése espejo y creen que todo funciona así.

 

¡Ay Dios mío! Me da lástima verlo ahí, malgastando su vida, sin hacer nada de nada.

 

Abuela: ¿De quién hablas hija?

 

Madre: Mama…mi hijo… tu nieto. Se acaba de levantar y se ha ido a la calle…déjalo, no te preocupes.

 

(La hija llega del Instituto)

 

Hija: Hola, (suelta la mochila en el suelo)

 

Hola abuela, hola mamá. Vengo cansadísima y con un hambre que me comería un elefante.

 

Madre: Ya está la comida. Lávate las manos y venga a comer. Mamá ¿te quedas a comer?

 

Abuela: Como quieras hija. Bueno dime qué tal te ha ido hoy en el colegio.

 

Nieta: Pues al principio bien pero luego así, así.  A primera hora teníamos matemáticas. Ya sabes que a mí las matemáticas se me dan muy bien pero luego nos tocó un examen de Historia y no sé cómo se pueden rebuscar tanto las preguntas ¡Odio la historia!

 

Madre: Hay que estudiar de todo y no conformarse con lo que a una le resulta más fácil. No sirve de nada saberse muy bien una asignatura y no aprobar otras.

 

Hija: Mamá no estoy diciendo que la vaya a suspender, sino que me cuesta mucha más trabajo. Las matemáticas las entiendo porque las entiendo y la historia, la literatura y esas asignaturas que son de codos requieren mucha memoria.

 

 

 

Madre: O dedicarle un poco más de tiempo y no conformarse con hacer lo justito y ya está.

 

Hija: Mamá ya hemos hablado de esto muchas veces y sabes que le dedico tiempo y hago las tareas que nos mandan pero tengo más facilidad para las matemáticas, la química. Me gustan más.

 

Qué me importa a mí saber quiénes fueron los Borbones, ni si los Reyes Católicos casaron a sus hijas con éste o aquél. Yo no voy a ser ni historiadora ni siquiera maestra.

 

Abuela: Y ¿dónde te hacen esas preguntas tan raras?

 

Nieta. ¡Abuela…!

 

(La abuela permanece a partir de este momento en un segundo plano)

 

Hija: Si. Ya lo sé mamá. Pero los que no vamos a estudiar ninguna carrera de humanidades no deberíamos estudiar estas asignaturas.

 

Madre: Hay que conocer de todo para luego estudiar lo que más te guste.

 

Hija: ¿Para qué quiero estudiar historia si voy a ser médico o matemáticas si quiero ser abogado?

 

Madre: La vida está llena de situaciones que pueden parecer ilógicas pero que tienen todo su sentido.

 

Hija: Pues lo considero una pérdida de tiempo.

 

Madre: Bueno, la comida ya casi está. Ayúdame a poner la mesa. Saca el mantel y pon los cubiertos.

 

Abuela: En qué te puedo ayudar, déjame que haga algo.

 

Madre: Bueno pon tú los cubiertos, hija pon los platos y los vasos. Voy a terminar esta ensalada y nos sentamos a comer. 

 

Abuela: ¿Dónde están los cubiertos?

 

 

 

Madre: Mamá donde siempre, en ése cajón. 

 

Hija: ¿Dónde está mi hermano, pongo un plato para él?

 

Madre: No hija, tu hermano se acaba de ir. No sé dónde habrá ido pero no le pongas ningún plato que no creo que venga a comer.

 

Hija: Bueno, si viene que se lo ponga él (se retira un momento)

 

Madre: No me gusta nada esta situación, pasa de nosotros y no sabemos nada de él. Mamá  ¿qué haces ahí parada?

 

Abuela: ¿Cuántos somos?

 

Madre: Déjame que yo termine de poner la mesa. Mi hija me ayudará (llama a la hija) ¿Hija, te queda mucho? Ya nos vamos a sentar.

 

Hija: Ya voy mamá estoy terminando de ordenar los apuntes. No tardo ni un segundo.

 

Madre: Pues venga que te estamos esperando.

 

Hija: Aquí estoy, uhmm qué bueno. Tengo un hambre que me lo comería todo.

 

Madre: Espera que aparte un plato para papá y otro para tu hermano no vaya a ser que luego les falte, aunque creo que el de tu hermano se lo guardaré para nada, pero bueno ahí lo tiene.

 

Venga apartaos lo que queráis. Mamá ¿no te apartas?

 

Abuela: No te creas hija, que no tengo mucha hambre.

 

Madre: ¿Qué es lo que cenas tú sola por la noche?

 

Abuela: Lo que haya, lo que sobre del mediodía o lo que encuentre en la nevera.

 

Madre: Pero si ya hace tiempo que no me pides que te compre nada del supermercado. No debes de tener muchas cosas en la nevera.

 

 

Abuela: No te creas, al mediodía hago lo suficiente para que me sobre para la noche y luego caliento lo que sea en el microondas.

 

Madre: Mamá tu microondas no funciona desde hace tiempo y no has querido comprar uno nuevo.

 

Abuela: Bueno si no lo caliento en el microondas lo caliento en la vitro pero no te creas que al final siempre como algo.

 

Madre: Me disgusta que tengas que vivir sola. Quisiera que vivieras con nosotros pero no tenemos sitio. El piso no es muy grande y no podemos sacar más de donde no hay.

 

Abuela: ¡Qué dices hija¡ Yo estoy muy bien viviendo donde vivo. Es mi casa de siempre ¿por qué iba a cambiarme?

 

Madre: Mamá, ya tienes una edad que no es bueno vivir sola. Imagínate que te pasa algo de noche, te caes ¿qué haces? Es muy fácil que pueda ocurrir ¿y quién te socorrería? Nosotros vivimos al lado pero comprende mi preocupación. Hay unos transmisores, no sé qué alcance tienen pero mañana voy a preguntar. No estoy tranquila.

 

Abuela: No te preocupes por mí. Sé arreglármelas sola y si me ocurriese cualquier algo te llamaría. No estás tan lejos.

 

Hija: Abuela, mi madre tiene razón. Es lógico que se preocupe.

 

Abuela: Ya lo sé pero no me va a pasar nada

 

Madre: No te lo tomes así pero comprende que esté preocupada. Quisiera controlar todo lo que me rodea pero no alcanzo a todo. Veras…he pedido cita con el especialista, si te soy sincera observo cosas y me gustaría conocer la opinión de un médico, no es por nada pero sólo para estar tranquila.

 

Abuela: ¿Qué cosas dices? ¿A qué te refieres? Mi vida es completamente normal. Llevo una vida ordenada, vivo sola y hasta ahora me voy defendiendo bastante bien en todo lo que hago ¿Qué cosas estás viendo?

 

 

 

Madre: Verás…Hay ciertas conductas que no me parecen muy lógicas. Por dios, no quisiera que te lo tomaras a mal pero no sé… no me cuadran algunas cosas que te veo. Te vengo observando y tus despistes son cada vez más.

 

Comprenderás que me preocupe, vamos es lo normal, digo yo.

 

Abuela: Me encuentro perfectamente y no voy a ir a ningún matasanos que me atiborre de pastillas y me tenga dormida todo el día.

 

Madre: No es eso mamá, sólo que ya te digo, quisiera conocer la opinión de algún especialista, no es más que eso.

 

Abuela: ¿Y qué especialista crees tú que me tiene que ver?

 

Madre: Un neurólogo

 

Abuela: ¿Un neurólogo? Ése es el de los locos ¿verdad?

 

Madre: No mamá, no es el de los locos. Ya no hay locos como tú dices, el neurólogo trata unos males propios de la edad, males que cuando llegan hay que controlar. Por ti y por nosotros.

 

Abuela: Bueno, ya está bien. La comida estaba buenísima pero me tengo que ir.

 

Madre: No te lo tomes así, tampoco es para tanto. ¿No me puedo preocupar por ti?

 

Abuela: No te preocupes tanto que no hace falta. Cuando yo crea que tenga que ir al médico yo te lo diré y si tú no puedes llamaré a tu hermano.

 

Madre: Pero ¿por qué te pones así conmigo? ¿qué te he dicho para que te enfades?

 

Abuela: Me voy, dame mis zapatos que me marcho.

 

Madre: Mamá, has venido en zapatillas.

 

 

 

 

Abuela: ¿Qué yo he venido en zapatillas? No me tomes por tonta que yo sé muy bien lo que hago. No me los das pues adiós.

 

Madre: Mamá no te vayas, escúchame

 

Abuela: Que he dicho que me voy. Me das los zapatos o me voy así.

 

Madre: Hija acompaña a la abuela a su casa y muéstrale los zapatos.

 

Hija: Espera abuela que te acompaño.

 

 

Escena dos

 

 

(Entra el padre que regresa del trabajo) (El mismo escenario que antes)

 

Padre: Hola. ¿No hay nadie en esta casa?

 

Madre: Hola, estoy en la cocina, recogiendo los platos

 

Padre: ¿Y los niños, dónde están?

 

Madre: La niña ha ido a acompañar a mi madre a su casa. Ha comido aquí y ya se ha ido. El niño no tengo ni idea, se levantó como siempre y se fue a la calle. Esto es un hotel y aquí no hay obligaciones, sólo diversión. Tenemos que hablar muy seriamente con él. Esto no puede ser.

 

Padre: Siempre lo mismo. Ya empiezo a estar harto de escuchar siempre lo mismo.

 

(Se sienta a comer, pone las noticias y habla con su esposa al tiempo que escucha las noticias y come)

 

(Comenta una noticia): Estos sí que lo están pasando mal, fíjate en este barco que nadie quiere recibir y que está lleno de inmigrantes, llevan ya quince días en el mar sin poder pisar tierra. Parecen apestados y lo que hacen es huir de la miseria. Madre mía que mundo más insolidario. Pero claro, estos del Open…no sé qué, también se las traen. Averigua tú quién lleva razón.

 

Madre: Pero ¿me quieres prestar atención? Algo tendremos que hacer, digo yo. Me preocupa mucho esta situación. Llega a la hora que le da la gana, se levanta cuando le parece y mucho cuidado con lo que le dices porque encima se cabrea. ¿Qué sabemos de él? ¿Con quién sale? ¿Dónde va? ¿Por qué llega tan tarde? Esta situación me está poniendo ya de los nervios y cualquier día vamos a tener un disgusto. Y para colmo, mi madre.

 

Padre: ¿Qué pasa con tu madre?

 

Madre: Ha venido esta mañana, ha comido aquí y ya te vengo comentando que le observo cosas muy raras.

 

Padre: Sí ¿y qué?

 

Madre: Pues que cada vez la veo más rara. Dice cosas que no tienen ninguna lógica y ya no son despistes, es algo más que simples despistes. La veo cada vez más ausente, me pregunta treinta veces por lo mismo y esos lapsus de memoria ya no creo que sean normales. Son detalles, tú verás… pero algo falla.

 

No sabe poner la mesa y cuando le he comentado que quisiera que la viera un neurólogo, me dice que no va a ir. Yo creo en el fondo, que ella sabe que algo le pasa y tiene miedo de que un médico le plasme la realidad por delante.

 

Padre: Las personas mayores tienen despistes. Es lógico, después de una vida entera con obligaciones y descargarse de todas ellas, el cerebro se acostumbra a no trabajar y vienen estos despistes. No te preocupes, vive aquí al lado y seguro que para lo que necesite estás ahí rápidamente.

 

Madre: De todas formas quiero que la vea un neurólogo. Me quedaría más tranquila. Quién sabe…el fuego de la cocina, el agua. Me da pánico sólo pensarlo.

 

Padre: Bueno, si con eso te quedas más tranquila pide cita para una consulta.

 

Y sí, desde luego que tenemos que hablar con él. Esto no puede ser. Si no quiso seguir estudiando que se ponga a

 

 

trabajar pero no puede ser que se levante a las tantas, coja y se vaya como si esto fuera un hotel, cama, comida, ropa. Tiene que hacer algo pero es verdad que esto no es plan.

 

Madre: Cuando venga no hay que dejar pasar la ocasión y hablaremos con él.

 

Padre: Está bien. Pero yo tengo otra noticia aunque no sé si debería comentarlo ya que según veo la cosa está completita.

 

Madre: ¿Qué ocurre?

 

Padre: Pues lo que nos temíamos que se habla de un recorte en la plantilla. La empresa dice que no puede asumir los costes de tanto personal y se comenta que van a hacer un ERE. Ya ves tú con la edad que tengo ni para adelante ni para detrás. Ni soy joven como para iniciar otra actividad ni viejo como para que me puedan jubilar. Los sindicatos quieren convocar unas jornadas de huelga para presionar a la empresa pero me da a mí que…

 

Madre: Lo que faltaba ¿y para cuándo está previsto que empiecen los despidos?

 

Padre: De aquí a tres o cuatro meses. Cuando terminen las negociaciones con los sindicatos.

 

Madre: ¿Y tú qué crees que harán contigo?

 

Padre: Yo que sé. Hay razones para pensar que me pueden despedir y otras para pensar que puedo seguir trabajando. Yo no sé, yo tengo antigüedad en la empresa y les cuesto mucho dinero pero por otro lado pienso que tendrán en cuenta la edad que tenemos y que a lo mejor nos mantendrán, pero no, aquí no hay corazón, lo que prima es el dinero.

 

Madre: Pues me tendré que poner a trabajar.

 

Padre: ¿A trabajar, de qué?

 

Madre: Pues yo qué sé, tendré que ponerme a limpiar. Es lo único que sé hacer. No se me van a caer los anillos por ponerme a limpiar.

 

 

 

Padre: Madre mía, qué situación se nos presenta. De verdad que hay días que hubiese preferido no levantarme.

 

(Comenta otra noticia) Que Alemania cree que puede entrar en recesión. Pues como Alemania entre en recesión de esta no nos salva nadie. Si el motor de Europa no gira, sus engranajes que somos los demás nos encallamos. Esto nos coge a todos con el paso cambiado ya verás.

 

Madre: Y qué vamos a hacer con la hipoteca, ¿de qué vamos a vivir?

 

Padre: Eh, eh que tan sólo es algo que se ha escuchado. Del dicho al hecho hay mucho trecho.

 

Madre: Pero cuando empiezan los comentarios seguro que algo hay. Por dios, ¿por qué tiene que venir todo junto? Vivimos casi al día, no tenemos ahorros y tenemos que seguir viviendo, pagando nuestra hipoteca, la luz, el agua, comer, vestir. ¿Si te despiden qué haremos?

 

Padre: No lo sé, en principio el desempleo pero con lo que pagan…lo justo para comer y poco más.

 

Madre: Y por si fuera poco el tema de mi madre. No me lo quito de la cabeza. Ojalá me equivoque pero no sé… ¿principio de Alzheimer quizás? Tendremos más gastos, médicos, pruebas…

 

Padre: Pero tu hermano tendrá que colaborar, no vas a cargar tú con todos los gastos ¿digo yo?

 

Madre: Claro que sí pero el tampoco está muy boyante que digamos, mi hermano también tiene a su mujer  en el paro y además está pagando la residencia y los estudios de su hijo. No me atrevo ni a comentárselo.

 

Padre: Pues tendrás que hacerlo. No sé cuánto tiempo estaré trabajando pero me imagino que no mucho más y aunque aguante un tiempo siempre tendremos ésa espada de Damocles encima por lo que tenemos que contenernos en el gasto desde ya.

 

Madre: Sí. A ver cómo afrontamos este tema. Me parece que…bueno ya veremos.

 

(Comenta otra noticia) La falta de gobierno, eso es lo que hace falta en España un gobierno, sea del color que sea pero que se gobierne ya. El dinero, eso es lo que mueve un país y si no hay gobierno dime tú quién puede invertir aquí. Así nos va. Claro que si por otro lado Inglaterra se va de Europa, gasolina para apagar el fuego. ¡Qué momentos estamos viviendo!

 

Madre: ¡Qué me importa a mí lo que ocurra por ahí! Aquí, en esta casa es donde tenemos ahora los problemas. Qué me importará a mí si hay o no hay gobierno, si Inglaterra se va o se queda o si sube o baja la extrema derecha en el mundo. Todo esto es una mierda.

 

Hija: Hola papá, vengo de dejar a la abuela en su casa.

 

Madre: ¿Qué te ha dicho? ¿Estaban sus zapatos allí?

 

Hija: Claro que estaban allí, guardados en su sitio. Ni siquiera los había buscado.

 

Madre: ¿Y qué te ha dicho?

 

Hija: Nada en particular, estaba muy seria pero no ha hecho ningún comentario. Por cierto que la casa de la abuela necesita un poco de limpieza, huele ya a rancio y en la nevera, ella dirá que come pero no había absolutamente nada, un par de yogures y ya está.

 

Madre: Lo que faltaba. Mañana mismo pido cita con un neurólogo.

 

Padre: Pero tendrás que ir primero al médico de familia.

 

Madre: Si es preciso la llevaré a un especialista de pago, por los cauces normales de la Seguridad Social tardan una barbaridad en llamarla y si podemos tener un diagnóstico temprano mejor que tarde.

 

Padre: Pero ya hemos hablado…

 

Madre: Hablaré con mi hermano y tendremos que costearlo entre los dos.

 

Hija: ¿Pero qué le pasa a la abuela?

 

Padre: Nada hija, que mamá se está preocupando demasiado y a lo mejor luego resulta que no es nada. Le mandan unas vitaminas y todo arreglado.

 

Madre: Ya. Pero cuanto antes lo sepamos mejor.

 

Hija: Me voy a hacer los deberes, hoy he sacado un nueve y medio en el examen de matemáticas y mañana tengo otro examen de inglés.

 

Padre: Muy bien hija. Esfuérzate que mañana tendrás tu recompensa. El mundo es de los que se esfuerzan. El sacrificio de hoy será lo que te haga vivir mejor o peor el día de mañana.

 

Hija: Mamá me haría falta que me sacaras unas fotocopias de estas hojas que las tengo que presentar rellenas esta semana.

 

(La madre habla por teléfono con su hermano)

 

Madre: Hola ¿qué tal estás?

 

Hermano: (en off)  Hola ¿qué tal? ¿Ocurre algo?

 

Madre: No nada, sino que…verás se trata de mamá. Hoy ha estado aquí, en mi casa, almorzando y la veo un poco rara.

 

Hermano: (en off) ¿Rara? ¿a qué te refieres?

 

Madre: La veo un poco desorientada, despistada. Me dice cosas y me las vuelve a repetir al cabo de un rato. Tú ¿cuándo vas a venir?

 

Hermano: (en off) Pues no lo sé la verdad. Tendremos que coger un par de días de fiesta o algún puente largo. Ya hace bastante que ni voy, estamos tan liados que nunca encuentro el momento de ir a verla y por otro lado como sé que tú estás al lado pues me he despreocupado un poco pero sabiendo lo

 

 

que me estás diciendo tendremos que ir en la primera ocasión que podamos.

 

Madre: No se trata de eso. No te he llamado para decirte si vienes o no vienes. Te llamo porque estoy muy preocupada. No quisiera tener boca de cabra pero sabiendo los antecedentes familiares que tenemos por parte de la hermana de su madre creo que deberíamos llevarla a que la viera un neurólogo. Estas cosas cuanto antes se sepan mejor. Si es Alzheimer y ojalá me equivoque, cuanto antes se empiece un tratamiento antes se retrasa el avance de la enfermedad.

 

Hoy día hay pastillas que si se diagnostica la enfermedad con tiempo se retrasan los efectos.

 

Hermano: (en off) No me extrañaría que así fuese. Son males hereditarios y si la hermana de su madre lo tuvo es muy posible que ahora se le esté manifestando a mamá. Pero ¿por qué llevarla a un neurólogo de pago? La Seguridad Social la puede tratar y no nos costaría nada, sólo sería que el médico de medicina familiar la derivase al especialista.

 

Madre: Si, ya he pensado en eso pero cuánto tiempo pasará desde que la deriven hasta que la llamen. Sería un tiempo precioso el que estaríamos  perdiendo y en estas cosas ya te digo cuanto antes se diagnostique mejor.

 

Hermano: (en off) Pero un médico de pago nos costaría un dineral, visitas médicas, pruebas carísimas, tratamiento. Sinceramente creo que es mejor seguir los cauces normales de la Seguridad Social. Las pruebas que suelen mandar son muy caras y la verdad, nosotros no estamos ahora en condiciones de hacer muchos gastos. Mi mujer está en el desempleo y las estamos pasando muy apuradas.

 

Madre: Pero se trata de la salud de mamá. Si compartimos los gastos entre los dos casi no nos enteraremos.

 

Hermano: (en off) Mamá tendrá algunos ahorros y a lo mejor podemos echar mano de ellos. Su pensión de viudedad no es que sea para lanzar cohetes pero ella gastará menos y algo puede que tenga.

 

 

Madre: No me atrevo a pedirle que vaya al médico y que se pague ella los gastos. Cuando esta mañana le he dicho que fuéramos, casi ha montado en cólera y se ha ido ¿cómo le vamos a decir encima que se lo pague ella?

 

Hermano: (en off) Entiendo, pero de verdad que ahora me coges en un momento en que no puedo distraer un solo céntimo para gastos que no sean de la casa.

 

Madre: De acuerdo, ya buscaremos una solución. (Cuelga)

 

Padre: ¿Qué te ha dicho? Que nada, ¿verdad?

 

Madre: Así es, que no pueden tener más gastos. Que lo entiende pero ya ves, que vayamos a la Seguridad Social, pero neurólogo de pago nada de nada.

 

El tema es como si no fuera con él. Jamás me imaginaría que en una situación como esta no respondiera ni su propio hijo.

 

Padre: Entiéndelo mujer, cada uno sabe de sus cuentas y no puedes censurarlo porque no quiera cooperar en esto. También es lógico lo que dice, la Seguridad Social la puede tratar. Nosotros, indudablemente tampoco podemos costearlo todo así que habrá que ir al médico de familia y que la derive al especialista.

 

 

 

Escena tres

 

 

(Llega el hijo)

 

Hijo: Buenas tardes papá, buenas tardes mamá.

 

Padre: ¿De dónde vienes? Ya hace un buen rato que hemos terminado de comer.

 

Madre: No te preocupes, esto es lo más parecido a un  hotel y sea la hora que sea siempre habrá buffet libre pero esto se va a acabar, te lo prometo.

 

Hijo: ¿Ya estás mamá? ¿Otra vez? ¿Es que no puedo volver un día a mi casa y estar tranquilo sin que empieces a rayarme? ¿No te das cuenta que si no vengo antes es por no escucharte siempre lo mismo?

 

Padre: Eh, eh, para. Respeta a tu madre que no te ha dicho nada para que tú le contestes de ésa forma.

 

Hijo: ¿Qué le he dicho yo? ¿Me lo quieres decir?

 

Padre: Tu madre se merece un respeto y tú como hijo se lo debes.

 

Hijo: ¿Qué yo se lo debo? ¿Cuándo le he faltado yo al respeto? Lo que pasa es que estoy harto de escuchar siempre las mismas monsergas. ¿Que si dónde has estado, que por qué no te levantas, que por qué no haces nada de provecho? Ya está bien.

 

Padre: Oye que si algo tienes es porque te lo damos aquí. Porque esta es tu casa y vivimos todos y todos nos merecemos un respeto y lo menos que podías hacer es tener un poco de consideración. ¿No ves cómo estoy yo trabajando? ¿No ves cómo tu hermana hace lo que tiene que hacer, estudiar? ¿No ves cómo mamá se encarga de que en esta casa todo funcione? Comida, casa. Aquí cada uno tiene su misión y la tuya es que colabores como puedas. Y por cierto no estaría de más que te buscaras un trabajo. No has querido seguir estudiando, pues trabaja. La vida no es tan fácil como tú te imaginas, aquí todo el mundo te pedirá algo a cambio y eso se llama so-cia-li-za-ción. Entérate ya que pareces saberlo todo y no sabes de nada, que en el futuro tendrás una pareja, una familia y te pedirán que te esfuerces para mantener a los tuyos. No te creas que van a venir tus amigos a salvarte, no. Tendrás que ser tú mismo suficiente para mantener a tu familia y si no eres capaz lo pasarás mal porque en la vida ocupamos el papel que ocupamos.

 

Es muy fácil ahora vivir de la sopa boba por que tus padres te lo solucionan todo pero más vale que despabiles o será tarde. El tren sólo pasa una vez y las oportunidades se escapan.

  

Hijo: ¿Has terminado ya? Porque no veo que tú hayas conseguido mucho. Trabajas para una empresa sin escrúpulos, de operario en una cadena de montaje, con horarios infames que te permiten ganar un sueldo con el que casi no te llega hasta final de mes. Con turnos de mañana, tarde, noche, te explotan y tú…(la madre lo corta)

 

Madre: No te consiento que le hables así a tu padre, te enteras. El no tuvo las posibilidades que tienes tú y aun así ha conseguido mantener una familia y cumplir con todas sus obligaciones pero yo sé en lo que hemos fallado. Hemos querido dároslo todo y os hemos quitado el espíritu de  sacrificio que no es más que luchar por conseguir metas. Sí señor, que querías esto, tómalo, que querías lo otro, tómalo también y nos hemos olvidado que una gran parte de lo que pretendemos nos lo tenemos que ganar. Dime ¿cuáles son tus logros? ¿por qué objetivos estás tú luchando? Yo te lo diré: por nada. Crees que las cosas vienen llovidas del cielo y que te las mereces porque eres tú, porque mi hijo que llega a la casa cuando le da la gana, que se levanta cuando le parece y se va a la calle y no respeta los horarios de esta casa cree que se lo merece todo. Si, nosotros también tenemos nuestra culpa pero si eres honesto contigo mismo, si realmente crees que no es verdad lo que te estamos diciendo mete la mano en tu pecho y confiésalo.

 

No tienes derecho a hablarle a tu padre con el desprecio que le has hablado. El no habrá sido un eminente licenciado ni siquiera llegó a terminar el bachiller pero deberías haber aprendido de él la responsabilidad y el espíritu de sacrificio que tú nunca has tenido.

 

Padre. Déjalo, yo sé que realmente no piensa lo que está diciendo pero espero que si tienes un gramo de dignidad pienses en lo que has dicho y recapacites y aprendas a tomar a la vida por los cuernos y te decidas a hacer algo provechoso. En esta familia no se te pide más sino que seas honesto contigo mismo y te convenzas que no todo te va a ser tan fácil en el futuro como te está resultando ahora.

 

Hijo: ¿Quién te ha dicho que todo me está resultando fácil? Vosotros sólo estáis metidos en vuestro mundo y no sois capaces de ver los problemas que yo puedo tener.

 

 

 

Madre: ¿Qué problemas tienes? Cuéntalo, porque me parece que tus amigos sí sabrán más de tus problemas que nosotros.

 

Hijo: Nada mamá. No tengo ningún problema y si acaso puedo tenerlo ya los solucionaré.

 

Padre: Hijo ¿es que no te das cuenta que vives completamente al margen de esta familia? Vives tu vida, no participas en nada. No haces caso de normas. Voy a ignorar todo lo que me has dicho porque sé que no lo dices con el corazón y que todo es fruto de un mal momento que no has sabido controlar pero quiero que sepas que siempre soñé para ti y para tu hermana un futuro mejor. Pero ese futuro te lo tienes que ganar tú mismo. Operario en una cadena de montaje ¿qué malo hay en ello? ¿Sabes lo que ha conseguido este humilde operario? Si miramos el lado económico no mucho, la verdad,  aún así hemos conseguido comprar este pisito que aunque no es muy grande sí ha sido suficiente para que vivamos felizmente hasta ahora pero en el lado moral o espiritual, como quieras verlo, este humilde operario de “una cadena de montaje” ha conseguido junto con tu madre, poneros a tu hermana y a ti como sois ahora. Si tú hubieses querido podías haber seguido estudiando. Pero no, nosotros os podemos facilitar ciertas cosas. Lo demás ya depende de vosotros.

 

Hijo: Muy bien papá. Lo que tú digas. Aquí los que siempre llevan razón sois vosotros. (Se retira)

 

Padre: Esto es sólo una batalla. No creas que la guerra está ganada. Mañana seguirá igual porque se le habrá olvidado la charla de hoy pero este es el sino, luchar a diario hasta que me imagino que un día, de pronto, habrá madurado y dirás ¡qué raro que ya ni discutimos!

 

Madre: Pero hasta que llegue ese día te confieso que me quitará de en medio. Esto es una operación derribo y mañana volveremos otra vez a las andadas.

 

Padre: Pero por ahora lo más importante es que tengamos un criterio único y no caigamos en contradicciones. Es la única manera que podemos luchar contra él.

 

 

 

Escena cuatro

 

 

(La consulta de un neurólogo. Hay algunos posters en la pared con secciones del cerebro humano, una mesa con un ordenador y dos sillas para los pacientes)

 

(En la consulta del neurólogo. Primero pasa la hija. La madre queda fuera)

 

Madre: Buenos días doctor.

 

Doctor: Buenos días. ¿Qué se le ofrece?

 

Madre: Pues vera doctor, mi madre…, la llevo observando desde hace un tiempo y no es la misma. Muchas veces tiene despistes que si fuera uno en particular no me preocuparía pero los despistes cada vez vienen siendo más habituales. Quisiera que usted la viera y me dijera si mis sospechas tienen fundamento o no.

 

Doctor: ¿Qué tipo de despistes tiene?

 

Madre: Son despistes que no son muy lógicos, la verdad. Observo que cada día le cuesta más trabajo hacer las tareas de la casa.

 

Doctor: ¿Como por ejemplo?

 

Madre: La cocina, ya no cocina. La lavadora, no sabe si le está echando detergente o legía a la ropa en lugar del suavizante. Su propio aseo. Cuando ella siempre ha sido una persona que se duchaba dos y tres veces al día, ahora le cuesta bañarse una sola vez cada dos días y por que se la obliga.

 

Doctor: Y ¿desde cuándo viene observando ese cambio?

 

Madre: Desde hace unos dos o tres meses. Una vez vino a mi casa y empezó a hablarme de mi padre como si estuviese esperándolo que llegara del trabajo. Y ya ve usted, mi padre murió hace diez años. Ya no me atrevo a dejarla sola en la casa, quién sabe si se le olvida de apagar el fuego o de cerrar el agua del grifo

 

 

Doctor: y ¿ella qué dice de ese comportamiento?

 

Madre: No quiere aceptarlo, dice que son fantasías mías. Me ha costado una barbaridad que viniese a verlo a usted pero al final ha accedido después de que viera la evidencia de algunos detalles.

 

Doctor: ¿Qué edad tiene su madre?

 

Madre: Ochenta y tres años.

 

Doctor: ¿Sabe usted si en su familia ha habido antecedentes de enfermedades neurológicas tipo Alzheimer o demencia senil?

 

Madre: Sí, Recuerdo cuando yo era niña que una hermana de mi abuela tuvo algo de ése tipo, ya sabe usted, antes se decía que se ha vuelto loco, lo que sí recuerdo es que antes de morir se escapaba de la casa y luego tenían que andar buscándola porque no sabía volver. Pero vamos, yo que era pequeña me acuerdo de eso.

 

Doctor: ¿Ha pasado su madre por algunos momentos depresivos recientemente?

 

Madre: Verá…ella siempre ha demostrado ser una persona mentalmente fuerte pero sí es verdad que desde que murió mi padre hace ya diez años lloraba mucho y lo echaba de menos, es normal después de una vida juntos.

 

Doctor: Al Alzheimer ya se le llama el mal del siglo XXI no en vano se cree que para el año 2050 habrá casi cien millones de pacientes con Alzheimer. Cuando da la cara ya es tarde porque el mal se viene fraguando durante décadas en el paciente. Tendremos que hacerle algunas pruebas, hoy día podemos diagnosticar enfermos con Alzheimer en un porcentaje cercano al ochenta y cinco por ciento de los casos y es de vital importancia diagnosticarlo pronto.

 

Madre: ¿Y ése quince por ciento restante?

 

Doctor: Unas pruebas de contraste de la imagen nos muestran si el paciente tiene dañadas parte de las neuronas de su cerebro y con fármacos que suplan las tareas de las neuronas se puede buscar una reprogramación celular. Tenemos que tener en cuenta lógicamente la edad del paciente. En los casos en los que mediante una prueba de contraste no se puede asegurar que sea una enfermedad de Alzheimer tenemos que pensar también en otras causas que pueden ser tan invalidantes como el Alzheimer, por ejemplo una depresión severa. Pero como le he dicho antes tenemos que empezar por un examen de su madre y la realización de unas pruebas. Ahora si no le importa, la haré pasar y empezaremos tomando un poco el pulso a lo que pasa por la cabeza de su madre.

 

(El doctor le dice a la enfermera que haga pasar a la abuela)

 

Doctor: Haga pasar a la señora, por favor.

 

(Entra la abuela)

 

Doctor: Buenos días.

 

Abuela: Buenos días.

 

Doctor: ¿Sabe usted por qué está aquí, señora?

 

Abuela: Porque mi hija se ha empeñado en que me vea usted.

 

Doctor: ¿Y usted qué piensa de esto?

 

Abuela: Que no es necesario. Yo me encuentro perfectamente pero a mi hija se le ha antojado que usted me vea.

 

Doctor: Le voy a hacer ahora una serie de preguntas que quisiera que usted me contestara, ¿de acuerdo?

 

Abuela: Bueno…

 

Doctor: Dígame ¿en qué año estamos?

 

Abuela: en 2019

 

Doctor: Muy bien. ¿Qué día de la semana es hoy?

 

Abuela: No me acuerdo, ¿domingo?

 

 

 

Doctor: ¿Y del mes?

 

Abuela: ¿veinticuatro?

 

Doctor: ¿Sabe dónde se encuentra usted ahora?

 

Abuela: Qué pregunta pues con usted, en el médico.

 

Doctor: Le voy a decir ahora cinco palabras que usted tendrá que recordar porque se las voy a preguntar después ¿de acuerdo?

 

Abuela: Si

 

Doctor: Ahí van: camión, lápiz, mesa, caballo y pájaro. Repítalas conmigo, por favor:

 

Los dos: Camión, lápiz, mesa, caballo, pájaro.

 

Doctor: Dibújeme aquí estas pirámides como las que tiene en este otro lado.

 

(la abuela se pone a dibujar)

 

Doctor: Repítame los nombres que dijimos antes.

 

Abuela: ¿camión, caballo, pájaro? Y ¿cuál me falta?

 

Doctor: Lápiz y mesa. Dígame ¿cuántos hijos tiene usted?

 

Abuela: Dos

 

Doctor: ¿Podría decirme el nombre de sus hijos?

 

Abuela: Claro. María y… ¿Luis?

 

Doctor: Dígame ahora otra vez los nombres que dijimos anteriormente.

 

Abuela: ¿Cuáles eran?

 

Doctor: Camión…Lápiz…Mesa…Caballo…

 

Abuela: Y pájaro

 

Doctor: ¿Cuántos nietos tiene usted?

 

Abuela: (mirando a la hija) Pues… (no sabe contestar)

 

Doctor: Dígame, ¿se acuerda usted del nombre de sus nietos?

 

Abuela: Luis…

 

Doctor: Vamos aún le faltan nietos

 

Abuela: María (piensa durante un momento), Sofía. Estoy nerviosa no me acuerdo de más.

 

Madre: Laura y Pedro.

 

Doctor: (a la madre) ¿Se desorienta en el espacio?

 

Madre: Sí. Ya no sabe volver sola a casa. Cuando está en la calle tengo que estar siempre con ella.

 

Doctor: ¿Es usted quien está siempre con ella?

 

Madre: Durante el día. Por la noche la dejo acostada en su casa y vuelvo por la mañana a levantarla.

 

Doctor: Señora, no la voy a hacer sufrir más por hoy. Le voy a mandar una prueba de contraste que me ayudará a tener un juicio más cierto.

 

(A la madre) Dígale a la enfermera que le dé cita para dentro de un mes.

 

Madre: Muchas gracias, doctor.

 

Doctor: Nos vemos en un mes. A propósito (a la abuela) ¿qué día me dijo que es hoy?

 

Abuela: (Encogiendo los hombros no contesta)

 

(El doctor le dice a la madre que se siente, la abuela espera fuera

 

Doctor: Verá señora, no quiero engañarla ni entretenerla. Todavía es muy pronto para emitir un juicio clínico como usted comprenderá pero debo advertirle que para estos

  

casos en los que hay una posibilidad bastante elevada, dado el comportamiento, la edad y los antecedentes familiares, que su madre esté empezando a sufrir la enfermedad de Alzheimer. Las pruebas clínicas son muy caras, cualquier resonancia magnética funcional cuesta mucho dinero y sólo sería una de las pruebas que tendríamos que hacer a su madre. Creo que para ser honesto he de aconsejarle que se ponga en manos de un especialista del Sistema Nacional de Salud. En la Seguridad Social cuentan con todos los medios necesarios para estudiar el caso de su madre y las pruebas que le tendrán que realizar no le costarán nada.

 

Madre: Pero es que yo he leído que cuanto antes se diagnostique la enfermedad más fácil será atajar los síntomas.

 

Doctor: Afortunadamente en España tenemos un sistema de salud que es un ejemplo para muchos países y la tratarán los mejores especialistas que no repararán en pruebas que le tengan que practicar. Hágame caso y acuda a la Seguridad Social. Su madre será tratada como se merece y al mismo tiempo se ahorrarán un buen pico que puede costar el tratamiento de esta enfermedad. No obstante, si quiere seguir esta otra vía tendrá que realizarse la prueba que le he prescrito y vuelvan dentro de un mes.

 

Madre: Muchas gracias Doctor pero esta situación empieza a agobiarme un poco. Buenas tardes.

 

 

ACTO SEGUNDO

 

Escena uno

 

(Están en la casa, mismo mobiliario que escena uno de acto primero)

 

Padre: Hola

 

Madre: Hola ¿qué pasó?

 

Padre: Pues nada, que lo que tenía que pasar ya ha pasado.

 

Madre: ¿Cómo que ya ha pasado? ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Te han despedido?

 

Padre: Sí. Me lo han comunicado esta misma mañana. Me ha llamado el Jefe de Personal y me ha dicho que mi nombre está entre los que van a despedir, que han estado negociando con los Sindicatos y han llegado a un consenso sobre los trabajadores que no van a seguir.

 

Madre: ¿Con los sindicatos? Seguro que de ellos no despiden a ninguno.

 

Padre: El despido se hará efectivo en treinta días. Me van a indemnizar con la mayor cantidad posible según la Ley y luego pasaré al desempleo pero vaya, que con eso casi no llegamos a atender todas nuestras obligaciones. ¿Dónde voy yo ahora con la edad que tengo? No sé hacer otra cosa que lo que he estado haciendo en la fábrica. Le dedicas toda tu edad productiva a una empresa y cuando creen que no están obteniendo los beneficios que creen que deben obtener te despiden sin más, no les da rubor. Lo siento mucho, aquí tienes lo que te corresponde, muchas gracias por todo pero si te vi no me acuerdo.

 

Madre: ¿Y no hay posibilidad que reconsideren esa decisión? ¿Qué vamos a hacer ahora? Con todo lo que se nos viene encima, las obligaciones que tenemos todavía, la hipoteca, el coche, luz, teléfono, comunidad y todos los gastos que hay en esta casa. Y para colmo de males, mi madre.

  

Padre: No te agobies ¿vale? Ya nos arreglaremos. Tendremos que reducir gastos pero saldremos de esta.

 

Madre: ¿Cuánto tiempo te queda de desempleo?

 

Padre: Pues con lo que he cotizado me han dicho que me quedarán veinticuatro meses y luego puedo pedir la ayuda familiar.

 

Madre: Pero ¿cuánto te pagarán?

 

Padre: Todavía no lo sé pero me han dicho que durante los primeros seis meses cobraré un setenta por ciento y después un cincuenta hasta que se me agote.

 

Yo espero no llegar a esa situación de cobrar el cincuenta por ciento y poder encontrar trabajo antes pero después de los dos años tendré derecho a la ayuda familiar hasta que me jubile.

 

Madre: ¿Pero qué cuentas son esas? Seis meses cobrando el setenta por ciento y ¿luego te baja al cincuenta? ¿Eso para qué es, para que no te acomodes en el paro y busques trabajo?

 

Padre: Pues me imagino que la idea será esa pero a lo que me refiero es que por lo menos tendremos algunos ingresos garantizados, pocos sí, pero menos es nada.

 

Madre: No me hagas las cuentas pensando en el desempleo y la ayuda familiar, por dios, Eso es como para que no te mueras de hambre pero que tampoco que te la quite. Desde mañana mismo me pongo a buscar trabajo. Buscaré casas donde pueda ir a limpiar, seguro que algo encontraré ¿pero y mi madre? ¿qué hago con mi madre? Cada vez está más impedida y no me fio de dejarla sola, puede hacer cualquier cosa.

 

Padre: Olvídate de ir a limpiar casas de nadie. Tú no le quitas las mierdas a la gente.

 

Madre: ¿Pero qué vamos a hacer? No se me van a caer los anillos por limpiar en la calle. Tenemos que estar por encima

 

de eso. La situación nos obliga y tenemos que sacar los estudios de nuestra hija adelante.

 

Padre: Pero ¿y tu madre? ¿Qué vas a hacer pagar a alguien que cuide a tu madre para irte tú trabajar? Es absurdo, no tiene sentido. Lo que puedas ganar por un lado lo vas a gastar por otro.

 

Madre: Algo tendremos que hacer. Puedo ir al Ayuntamiento para hablar con la Asistenta Social, quizás haya alguna ayuda con eso de la Ley de la Dependencia. Si por otro lado, nuestro hijo encontrase un trabajo podría ayudarnos pero prefiero no contar con él. A él esto le entra por un lado y le sale por el otro. Todo lo que no sea Play y jugar a los marcianitos no tiene sentido para él.

 

Padre: De la Ley de la Dependencia olvídate. Sé que hay muchas solicitudes y están tardando una barbaridad en concederla, tendrás que presentar un montón de papeles y si te la reconocen será dentro de un año o más y ¿qué hacemos mientras tanto?

 

Madre: He oído que no sólo te dan una cantidad de dinero mensual sino que también te pueden poner a una persona para que te ayude en las tareas con el enfermo. Aunque sean tres o cuatro horas me vendría bien, sería el tiempo que yo podría estar trabajando fuera.

 

Padre: No sé, no me parece que te tengas que poner a limpiar, me daría mucha vergüenza y nuestros amigos empezarían a hacer comentarios entre ellos.

 

Madre: Olvídate de eso, no es ningún deshonor. No tienes trabajo, a mí qué me importa que comenten o dejen de comentar, los que importamos somos nosotros y hemos de darle un remedio a nuestra situación.

 

Padre: Podemos intentar renegociar la hipoteca con el banco, a lo mejor nos la amplían o nos dan más plazo.

 

Madre: Ni se te ocurra. ¿Qué banco te va a renegociar la hipoteca? ¿Qué les dirás cuando te pidan el contrato de trabajo, una nómina? Ni hablar. No le van a ampliar el préstamo a quien está en el desempleo.

 

 

Padre: No, la verdad es que llevas razón, sólo estaba pensando en voz alta como intentando encontrar soluciones pero ésa no es la mejor.

 

Madre: Y las pruebas que se tiene que hacer mi madre ¿Cómo se las va a hacer?

 

Padre: Pues está claro ¿no? Si se las hace tendrá que ser por la Seguridad Social, ya si está claro que no podemos costearlas ¿entiendes ahora por qué tu hermano no veía bien esa vía?

 

Madre: Si, la verdad. Cada uno entiende de sus cuentas y nadie es quien para imponerle a nadie unos gastos que no puede asumir.

 

En el fondo las obligaciones de la familia tienen prioridad sobre otros gastos y nosotros también vamos a establecer ese criterio en contra de lo que pensaba yo antes. No hay más que verse en algunas situaciones para entender determinadas posturas. Pero me da pena de mi madre. Lo fácil que hubiera sido tener un diagnóstico rápido y ahora tendremos que esperar a que la llamen, pero es lo que hay, no hay más.

 

 

 

Escena dos

 

(El hijo se encuentra en la casa y sale de su habitación)

 

Padre: Hijo, más te valdría salir a la calle a buscar un trabajo y dejarte de jueguecitos de guerra con marcianos. No sé lo que me da verte ahí desaprovechando el día. Ya no eres un niño y podrías hacer algo para ayudarnos ¿no crees?

 

Hijo: ¿Qué te crees que no busco trabajo?

 

Padre: (Irónico) Si no lo dudo, ya veo cómo lo estás buscando.

 

Hijo: El que tú me veas aquí no quiere decir que no esté buscando un trabajo, lo que ocurre es que los trabajos que he visto hasta ahora no me gustan.

 

 

Padre: ¿Ah, sí? ¿Y qué tipo de trabajo has visto?

 

Hijo: Lo único que me ha salido es de repartidor en una pizzería pero no me gusta. El horario es de noche y sólo trabajaría unas tres horas y también tendría que trabajar los fines de semana.

 

Padre: Y ¿qué trabajo esperas encontrar? ¿De ingeniero o arquitecto o algo así? ¿qué preparación tienes tú? Quisiste dejar de estudiar y no será porque no  se te advirtió, no dejes los estudios y sigue, mira que te vas a arrepentir, pero no tú ya no podías con la carga de seguir estudiando.

 

¿Qué pretendes ahora conseguir una trabajo especializado? ¿Especialista de qué? Hijo, tú no tienes ninguna preparación y ahora tendrás que coger esos trabajos que te parecen tan poca cosa. Tendrás que luchar por conseguir un trabajo entre los que vienen abaratando los costes por que en esta vida está todo inventado, sí inventado y por mucho que te empeñes en verla como a ti te parezca, la vida es como es. Te lo hemos advertido muchas veces tu madre y yo. Prepárate, fórmate que cada vez la vida se pondrá más difícil.

 

Hijo: ¿Ya estás otra vez con lo mismo? ¿Pero qué os pasa a vosotros, es que no me podéis dejar tranquilo?

 

Padre: Hijo, reacciona. Date cuenta de la realidad que te rodea. Plantéate qué es lo que eres y qué es lo que puedes ser. Yo te lo voy a decir aunque sé que no te va a gustar que te lo diga.

 

Lo que eres, hoy día, una persona sin futuro, sin darte cuenta de lo que se te viene por delante. Dime ¿qué sería de ti si tuvieras que vivir solo? ¿Cómo atenderías tus pagos? Hoy por que vives protegido todavía por tus padres pero tienes ya veinte años y hoy por hoy no sabes hacer nada. Mañana no lo tendrás más fácil y tendrás que enfrentarte a la vida. Tendrás una pareja y querrás formar una familia, tener hijos, un techo donde vivir y tu pareja esperará de ti que cumplas con tu parte y no es más que te ganes la vida honradamente y puedas llevar una familia adelante.

 

¿Qué te crees que no te lo van a exigir?

  

Hijo: Ya me estás cargando, siempre con lo mismo. Ya me las arreglaré, si tendré que trabajar ya lo haré pero no voy a trabajar en ningún sitio donde te quieren explotar. Ahora vente y mañana no vengas a esta hora sino que te vienes a esta otra. Que te paguen una porquería y estar siempre pendiente del teléfono si te llaman o no. No voy a trabajar para unos explotadores que lo único que quieren es ganar más y más y encima pagarte una mierda.

 

Padre: Pero si es que la vida es así, no te das cuenta y no hay forma de luchar contra esos explotadores como tú dices pero para poder escoger tienes que tener una preparación que no has querido tener y por eso te verás obligado a tragar por los trabajos con menos cualificación a luchar con otros que como tú tampoco tendrán cualificación y al empresario le dará igual que seas tú o el otro. Cogerá a quien menos le tenga que pagar y siempre habrá alguien que acepte esas condiciones miserables por que necesitará ganar algo de dinero para mantener a su familia.

 

Hijo: Mira, sabes lo que te digo que no te aguanto. No os aguanto ni a ti ni a mamá cuando os ponéis en este plan. Estoy harto de vosotros y te juro que si hoy mismo pudiera irme me iría.

 

(Entra la hija que escucha las voces)

 

Hija: Pero queréis dejarlo ya. Ya está bien, es que tenéis que estar siempre con lo mismo (empieza a llorar) ¿no veis que ya no podéis ni hablar? ¿Que cada vez que habláis salís discutiendo? Papá déjalo ya y que haga lo que quiera hacer. Esta situación tan tensa no se puede tener día sí día también. Os estáis destrozando y estáis destrozando el buen ambiente que hasta hace poco había en esta familia. (el padre se muestra preocupado por la situación).

 

Hijo: Tú cállate también ¿quién te ha dado vela en este entierro? Los tres sois iguales.

 

Padre: (con tranquilidad) Hijo, no nos lo pongas más difícil. De verdad que eres increíble, no me lo puedo creer. Sabes que cualquier ayuda que podamos recibir en estos momentos sería bienvenida. A mí me han despedido, tu madre tiene que andar limpiando por ahí y tú viéndolas venir y sin querer dar

 

 

un palo al agua y lo que es peor, la actitud. Nos han bajado los ingresos y el tema de tu abuela ha sido la gota que ha colmado el vaso. Sólo te pido que seas un poco responsable y arrimes el hombro cuando se te pide. Nada más. Esta casa debe seguir adelante a pesar de todo y tu hermana debe seguir estudiando. Cada uno tiene su papel en esta casa y en la vida. Pero lo único que se te pide es un poco de responsabilidad, por ti y por nosotros, por tu madre, por tu hermana pero sobre todo y por encima de todos, por ti mismo.

 

(El hijo que parece desarmado se retira)

 

(El padre se sienta a una mesa y cruzando los brazos se queda con la mirada perdida).

 

(Se apaga la luz)

 

ACTO TERCERO

 

Escena uno

 

 

Ha pasado un año. El padre sigue sin trabajo, la madre tiene que seguir limpiando en las casas y la hija se dispone a empezar el primer año de carrera universitaria. El hijo trabaja de vez en cuando pero nada serio. La abuela ha empeorado su estado. Ya no puede hacer las tareas básicas de la vida.

 

 

Abuela: (hablando sola, creyendo que habla con su marido) Y a qué hora vas a volver esta noche. No, si no hace falta que me lo digas, ya lo sé vendrás cuando te hayas cansado de estar con tus amigotes. Y te parecerá muy bien, tu mujer en la casa, esperándote y tú divirtiéndote. Vergüenza, eso es lo que te debería dar ¿Qué dices? Háblame alto que no te escucho. Que no vas a venir tarde. No, si eso me lo dices todos los días pero vete tú a saber, que a mí no me engañas. Todos los días me dices lo mismo y siempre me tengo que acostar sin que hayas llegado. Ya, ya que luego te huelo y yo sé muy bien de dónde vienes.

 

Madre: Mamá ¿con quién hablas? Aquí no hay nadie.

 

Abuela: Con quien quieres que hable, pues con tu padre con quién va a ser.

 

Madre: Mamá, papá se murió ya hace mucho tiempo. No te acuerdas.

 

Abuela: Si, sí. Papá se murió hace muchos años. Papá se murió hace muchos años. Por qué me dices eso ahora. Ya lo sé papá se murió hace muchos años.

 

Madre: Anda, vamos a comer. (La ayuda a dirigirse a la mesa) Te he preparado una cosa que te gusta mucho. Adivina qué es. Ya verás, de lo bueno que está te lo vas a comer todo. No vas a dejar nada. ¿Sabes qué es?

 

Abuela: Me lo voy a comer todo. No voy a dejar nada. Pero papá vendrá y tendrá que comer. Me lo voy a comer todo. Me gusta mucho. Me gusta mucho.

Tenemos que dejarle un poco a papá. Ya mismo vendrá. Me gusta mucho. Me lo voy a comer todo.

 

Madre: Si mamá. Pero ahora come tú que tienes que comer algo. Últimamente no comes nada y si no comes te quedarás débil y no te vas a curar.

 

Abuela: Sí, sí tengo que comer mucho que si no me quedo débil y me tengo que curar.

 

Madre: Venga, siéntate (la ayuda a sentarse por que ya está perdiendo la movilidad)

 

Abuela: Me siento aquí. Me siento aquí.

 

(la madre le pone un babero)

 

Madre: Mamá te lo tienes que comer, me lo has prometido ¿verdad?

 

Abuela: Si. Me lo tengo que comer. Papá vendrá más tarde y querrá comer.

 

Madre: Venga mamá, abre la boca (la abuela no abre la boca) abre la boca que se va a caer todo (sigue sin abrir la boca). ¿No quieres comer? Antes me has dicho que te lo ibas a comer todo, anda un poquito. Mamá tienes que comer, no has comido nada en todo el día. Venga, vamos a comer un poco, si comes te daré un premio (le muestra un peluche) Ves este osito, si comes te lo daré para que te lo lleves a la cama. (la abuela abre la boca) Eso es muy bien, así me gusta ¿quieres llevarte el osito a la cama, verdad?

 

Abuela: Sí, es mío. Si como me lo llevaré a la cama. Quiero comer. Si como me lo llevaré a la cama.

 

Madre: Eso es, así, otra cucharada. Muy bien, qué bueno está ¿verdad? Venga una más ¿no quieres más? La última (la abuela no consiente en abrir la boca).

 

Qué poco comes, no sé  cómo te mantienes.

 

 

Anda vamos al cuarto de baño, te limpio los dientes y te acuestas que mañana será otro día. (la ayuda a levantarse)

 

Venga, vamos un pie delante y luego otro, así muy bien, otra vez. (llegan al cuarto de baño) (la abuela se mira sorprendida en el espejo)

 

Abuela: ¿Quién es?

 

Madre: ¿Quién es quién, mamá?

 

Abuela: Esa mujer que está ahí mirándome.

 

Madre: (se da cuenta que es el espejo) Mamá, eres tú. ¿Lo ves? Mueve el brazo, así. Ves cómo eres tú. Te reflejas y todo lo que tú hagas se ve en el espejo.

 

Abuela: Sí. Soy yo. Soy yo. Me está mirando.

 

Madre: Ya te he dicho mamá que eres tú. Venga, vamos a la cama. (la acuesta) (la madre le habla).

 

Anda duérmete que mañana vendré a despertarte y ponerte el desayuno.

 

Verás cuántas cosas vamos a hacer.

 

Abuela: ¿Por qué me engañas? Siempre me dices lo mismo y al final nunca vienes y soy yo quien me tengo que levantar y ponerme el desayuno. Tú nunca vienes. Me tengo que levantar, tengo que esperar a papá.

 

Mamá: Quédate en la cama que enseguida te dormirás. Verás qué pronto amanece y subo a ponerte el desayuno. Te acuerdas cuando éramos niños y nos llevabas al parque a ver los patos. Tú siempre llevabas unos bocadillos y unos zumos y nos lo comíamos allí. Les tirábamos migas a los patos. ¿Te acuerdas verdad? Ya mismo, cuando te pongas buena iremos y les tiraremos migas bueno, la verdad es que ya no hay patos pero ahora hay muchas palomas y nos llevaremos comida y tú se las tirarás.

 

(La madre comprueba que la abuela se ha dormido, se levanta y se marcha)

 

 

Escena dos

 

(Mismo escenario que escena uno Acto primero)

 

Padre: ¿Qué tal? ¿Cómo ha ido?

 

Madre: Cada día va a peor, Ya no me vengo tranquila dejándola sola en su casa aunque sepa que no se levanta en toda la noche. Cualquier noche nos da un disgusto. Deberíamos plantearnos bajarla aquí, con nosotros.

 

Padre: Pero cómo se va a venir aquí. No tenemos espacio, ¿dónde va a dormir?

 

Madre: Pero comprende que no puedo quedarme tranquila dejándola sola en su situación, es capaz de cualquier cosa.

 

Padre: Sabes que si se viniera a esta casa se acabaría la paz.

 

Madre: Otra solución sería que yo me subiera con ella a dormir todas las noches.

 

Padre: ¿Cómo? Irte todas las noches a dormir con tu madre. ¡Por favor!, te pasas todo el día fuera de la casa y ¿estás diciendo que también te vas a ir a dormir a su casa? En esta casa ya no hay orden. Desde que tu madre enfermó se acabó la tranquilidad. Estás las veinticuatro horas pendiente de ella y te recuerdo que también tienes una familia a este lado de tu vida.

 

Madre: Pero ¿qué hago? Estoy sola. Si mi hermano viviera aquí nos turnaríamos pero no puedo hacer más de lo que hago. De verdad te digo que cuando la veo tan vulnerable se me viene el mundo encima. ¿Tú crees que no sé que tengo la casa abandonada? No me hagas sentirme más culpable, por favor (rompe a llorar). Cada vez que la dejo en la cama me vengo con un pellizco en el estómago que no sé ni cómo aguanto. No sé cómo me la encontraré por la mañana cuando voy a prepararle el desayuno, si estará acostada o se habrá caído de la cama.

 

Luego y hasta que venga la señora de los servicios sociales la levanto, le doy el desayuno y rápidamente tengo que salir para el trabajo. Me la bajo aquí para que coma y toda la tarde

 

 

hasta que se acuesta llevándola, trayéndola estando pendiente de ella y ella, pobre mía, sin enterarse muchas veces quién soy yo.

 

Llama a mi padre continuamente, cree que va a venir, llora y llora sin consuelo  como si fuera una niña a la que le han quitado su caramelo y si le dices que no va a venir se convence y a los cinco minutos vuelta con lo mismo. Cuando en una  persona el proceso de su inteligencia va desarrollándose por etapas desde la niñez a la vejez, en ella es al contrario se vuelve una niña desde la vejez. Te juro que no sé por cuánto tiempo más podré seguir aguantando esta situación. Estoy sola pero ya está, esto estaba reservado para mí y lo echaré adelante aunque me cueste la misma vida.

 

Padre: Eh, eh tranquila. Ya te has desahogado pues tranquilízate. Vamos a acostarnos que mañana buscaremos alguna solución.

 

Madre: Mañana no voy a ir a trabajar, no puedo. Necesito salir y pasear, ver gente, respirar algo de aire, dar un paseo por la calle. Necesito despejarme porque me estoy hundiendo.

 

Padre: Basta ya de preocupaciones por hoy.

 

Madre: ¿Cómo que basta de preocupaciones por hoy? ¿Acaso crees que puedo desconectar mi cerebro y apagarlo sin más? ¿Cómo puede uno dejar de preocuparse? ¿Qué pasaría con ella si yo enfermo, si me veo imposibilitada para cuidarla?

 

Padre: Déjalo ya, por favor. Vas a caer mala como no controles tus emociones.

 

Madre: Lo estoy viendo, lo estoy viendo  (salen de escena)

 

 

Escena tres

 

 

(Ya es por la mañana, la madre se dispone a subir a casa de la abuela y la hija se va a la facultad)

 

Madre: Buenos días hija.

 

Hija: Buenos días, mamá. Anoche os escuché hablar a papá y a ti y he estado pensando que quizás debería dejar por un tiempo los estudios y buscar un trabajo no sé, algo que permita que tú dispongas de más tiempo y no estés fuera de la casa. Te podrías dedicar en pleno a la abuela. Tendrías algún tiempo para ti.

 

Madre: ¿Qué estás diciendo? Tú tienes que seguir con los estudios. No se te ocurra pensar algo así. Ya nos las arreglaremos como lo venimos haciendo hasta ahora. Seguirás estudiando, no voy a permitir que dejes los estudios.

 

Hija: Pero no sería un abandono definitivo, sólo quiero descargarte un poco de la presión que tienes y más adelante los volvería a retomar.

 

Madre: Te vuelvo a decir que ni se te ocurra. No vas a cerrarte las puertas del futuro. Este problema lo tenemos que sacar adelante entre todos pero ni se te ocurra volver a pensar en eso.

 

(En estos momentos entra el hijo de la calle)

 

Madre: ¿De dónde vienes a estas horas? No tienes vergüenza.

 

Hijo: (Tiene los ojos rojos, se le nota haber fumado. Dice con retintineo) Buenos días mamá.

 

Madre: ¿Buenos días? Llegas para acostarte cuando los demás nos levantamos para trabajar. ¿Dónde has estado?

 

Hijo: Pues he estado donde he estado…por ahí.

 

Madre: ¿Tú crees normal que te pases toda la noche por ahí como tú dices y nosotros no sepamos nada? ¿Qué respeto tienes tú por esta familia? Nos merecemos un poco de respeto y que no nos trates con desprecio. Pero ¿qué te hemos hecho? ¿por qué actúas de esta manera con nosotros? Tienes un techo, comida  ¿no puedes tú devolver algo? No se te exige mucho, sólo que tu comportamiento con nosotros sea normal. Sólo eso te pido.

 

Hijo: (levantando la voz) Ya estás otra vez con lo mismo. Estoy harto ¿te enteras? Harto de esta familia. Déjame en paz. No te ibas a trabajar pues venga, ya estás tardando.

 

Hija: ¡Cállate y no le hablas así a mamá!

 

Hijo: Tú cállate también ¿quién te ha dado vela en este entierro? (La hermana rompe a llorar)

 

(El padre al escuchar las voces se levanta)

 

Padre: ¿Se puede saber qué es lo que está pasando aquí? ¿Qué voces son esas?

 

Madre: No pasa nada, (con ironía) no pasa absolutamente nada.

 

Padre: ¿No vais a decirme qué pasa?  No, déjame que lo averigüe yo.

 

¿No crees que ya es suficiente? ¿No crees que ya nos estás haciendo suficiente daño? Pero ¿qué tienes contra nosotros? ¿qué se te pasa por la cabeza que vives a tu puto rollo y lo único que haces es ser un puñetero egoísta que no te importa lo que hay dentro de estas cuatro paredes?

 

Madre: Por favor…

 

Padre: No. Ya está bien, ya está bien de que haga lo que le salga de los cojones.

 

Madre: Por favor…

 

Padre: Le importa poco, por no decir que le importa una mierda los problemas que podamos tener, él vive a lo suyo.

 

 

Mírate cómo vienes, los ojos como los traes. Emporrado es lo que vienes ¿qué cuántos te has fumado? A ver, enséñame los bolsillos (el padre intenta registrarle metiéndole la mano en los bolsillos).

 

Hijo: ¿Pero qué haces? Déjame.

 

(forcejean)

 

Padre: Vamos, muestra lo que tienes en los bolsillos. No quieres ¿verdad? No quieres que veamos la mercancía que escondes. Sabes lo que te digo, que te marches de esta casa, ¡largo!

 

Madre: Nooo.

 

Padre: Para qué nos sirve aquí, para dar problemas, eso es lo último que necesitamos.

 

Hija: Yo no quiero que se vaya

 

Padre: (Un poco abatido) Es imposible, lo hemos intentado de una y de otra forma pero no hay manera. Es una fijación lo que tiene contra nosotros que no sé por qué. Esta tiranía no la voy a permitir.

 

Madre: (al padre en un tono más confidencial) Es que no estás viendo cómo viene. ¿Dónde va a ir? Aquí al menos está recogido. (Se muestra enérgica) No se va a marchar de esta casa si no es porque él voluntariamente se quiera ir.

 

Por favor, vamos a dejar las cosas por ahora así. Tengo que subir a ver a la abuela. Tú (a la hija) se te hace tarde para irte a la facultad. Tú (al hijo) ya hablaremos con más tranquilidad y sin alterarnos de todo esto.

 

(el padre, que en el fondo no quiere que se vaya el hijo, muestra su conformidad sin decir nada)

 

(todos se retiran)

  

 

Escena cuatro

 

(la madre se encuentra ahora en casa de la abuela)

 

Madre: (tono serio, casi aburrido) Venga mamá, despierta que hoy hace un día muy bueno. Vamos a ir un sitio nuevo donde vas a conocer gente nueva.

 

Abuela: Ya estaba deseando levantarme. No he dormido nada. Toda la noche he estado dando vueltas por la casa. Ya ves, hasta he ordenado la ropa. Tengo que tener la ropa limpia para cuando venga mi hija por la mañana. Pero usted no le diga nada que si se entera que me he levantado por la noche me regaña.

 

Madre: Si soy yo, mamá y tú sabes que yo no te regaño. Venga, te ayudo a levantarte que tienes que desayunar y luego a la ducha. Hoy vas a conocer a mucha gente nueva.

 

Abuela: No, no quiero levantarme hasta que venga mi hija.

 

Madre: (la ayuda a levantarse de la cama) Venga, te ayudo. Un, dos, tres, arriba, eso es. Ahora vamos a la mesa, ya está puesto el desayuno.

 

Abuela: Si, sí, el desayuno. Yo quiero mi osito, él también quiere comer. Tiene mucha hambre.

 

Madre: Mamá, el osito no necesita comer. Es muy fuerte y no necesita comer.

 

Abuela: Pues cuando venga mi hija le voy a decir que le dé de comer. Tiene hambre.

 

Madre: De acuerdo, mamá. Venga abre la boca. Más grande, así…eso es. Ves qué bueno está (suspira). Otra vez, así muy bien.

 

Abuela: Dale también a mi osito. Tiene hambre.

 

Madre: Mamá, el osito ya te he dicho que no quiere comer.

 

Abuela: Sí quiere comer, tiene hambre. Cuando venga mi hija le dará de comer.

 

 

Madre: Vale, de acuerdo. Le daremos de comer al osito. (Le aproxima la cuchara al osito) Lo ves, no quiere comer.

 

Abuela: Si quiere comer, tú no sabes.

 

Madre: Venga mamá, un poquito más. Abre la boca, tienes que comer un poco más. No has comido nada. Ábrela un poco más. Mamá pero si tienes hay el último bocado, venga trágatelo. Si no te lo tragas no le voy a dar más comida al osito.

 

(la abuela se lo traga)

 

Madre: Venga, la última. Así muy bien. Bueno (pensando para ella) no ha estado tan mal.

 

Ahora vamos a la ducha, ayúdate en mí (la madre toca mojado) mamá ¡pero si te has orinado encima! ¡Por dios!

 

Venga vamos, poco a poco, primero un pie y luego el otro, así, eso es poco a poco.

 

Abuela: Así, poco a poco. Así, poco a poco.

 

Madre: Así mamá. (se le nota en el habla la desazón)

 

(en el escenario se habilitará un espacio que simule una ducha)

 

Ahora a la ducha.

 

Abuela: Si ahora a la ducha. Ahora a la ducha.

 

Madre: Déjame que te quite el camisón. Levanta los brazos.

 

Abuela: No a la ducha no. Que me acabo de duchar. Otra vez no. Ya me he duchado.

 

Madre: No mamá, hoy no te has duchado. Venga, ayúdame.

 

Abuela: Quiero que venga mi hija. Tú sólo quieres ducharme a todas horas. Quiero que venga mi hija.

  

Madre: Mamá, si soy yo. Anda, no lo hagamos más difícil, que tienes que ducharte y luego nos vamos a ir a la calle a dar un paseo.

 

Abuela: Si, a la calle. Con mi osito.

 

Madre: Eso es, ves que bien, así. Ahora a secarte, ¡qué bien hueles¡ Así me gusta que estés limpia y huelas bien.

(la viste).

 

 

Escena cinco

 

 

 

(Padre y madre hablan de lo ocurrido esta mañana)

 

Madre: A mí me molesta tanto como a ti su actitud pero no podemos echarlo de la casa.

 

Padre: ¿Qué te crees que no me arrepiento de lo que digo?  Pero es superior a mí, cuando veo el desprecio con que nos trata, te juro que desearía se fuera por ahí y que se enfrentara a la vida ¿cuánto iba a durar?

 

Madre: Pero ésa no es la forma. No quiero que lo vuelvas a echar de la casa. Tienes que tener paciencia. Tarde o temprano madurará. Debes tener calma y no enfrentarte a él. Se crece ante nosotros, no sé, será porque siempre estamos sobre él, será porque cree que nosotros no tenemos otro objetivo que él.

 

Padre: No te entiendo, ¿cómo que no tenemos más objetivo que él?

 

Se crece porque cree saber más que nadie.

 

Madre: No me malinterpretes, lo que quiero decir es que él ve como a su enemigo a quien siempre le está corrigiendo, a quien siempre le está llamando la atención por esto, por lo otro. Puede ser hasta normal,

 

Padre: ¿Qué puede ser hasta normal? Yo quisiera no tener que desarrollar este papel y también quisiera tener un hijo

 

responsable que se preocupe de su futuro, de formarse, de querer buscar una chica con la que querer compartir su vida. ¿Crees que me gusta tener la actitud que tengo con él? ¿Crees que a mí me gusta estar con él así, todo el día? bueno todo el día es un decir porque por aquí no aparece ni para un recado.

 

Madre: Me imagino que no pero también hay que entenderlos. ¿Qué salida les podemos ofrecer en esta sociedad? Ninguna. Los hemos acorralado. Sin darnos cuenta pero los hemos acorralado.

 

Poco a poco los hemos ido recluyendo en su santuario que es su habitación y con tal de que nos dejen tranquilos se lo hemos permitido, es más nos ha parecido mejor que estén ahí sin molestar, sin ninguna intención, pero aislados de las relaciones familiares. En su cuarto lo han  tenido todo. Se comunican con el exterior a través de Facebook, WhastApp, Instagram… Es curioso “redes sociales” lo que en teoría tendría que servir para comunicarse más les hace tener más relaciones con el exterior pero son opacos para la  familia ¿qué sabemos hoy de los chicos? Sí de acuerdo, lo que ellos quieran contar pero no me refiero a eso, me estoy refiriendo a que cuando se meten en sus cuartos ya no los podemos controlar.

 

Padre: ¿Qué quieres que te diga?, que cuando lo veo permanentemente encerrado en su cuarto me parece que algo falla y de eso no podemos echarle la culpa sólo a la sociedad sino a nosotros mismos por no haberlo sabido parar.

 

Madre: Pero no se puede permitir que lo de esta mañana se vuelva a repetir. Te lo pido por favor, no vuelvas a echarlo jamás de la casa. No me lo perdonaría nunca. 

 

Esta situación nos está afectando de una manera que no nos hemos dado cuenta pero yo al menos necesito descansar un poco de todo este stress que me está produciendo la enfermedad de mi madre. Llevo más de un año sin parar de atenderla día a día. Me levanto, voy a su casa, la levanto, la ducho, me voy al trabajo, me meto en la casa y así un día y otro y otro. No puedo más. No sé qué más puedo hacer.

 

Padre: He oído hablar de los centros de día para personas con Alzheimer, quizás la podríamos llevar a alguno.

 

Madre. No podemos pagarlo, apenas llegamos a fin de mes.

 

Padre: Pero podríamos pagarlo con la pensión de viudedad de tu madre.

 

Madre: ¿Con la pensión de mi madre? ¿Qué crees que diría mi hermano?

 

Cuando entra una enfermedad como esta en una casa en la que hay que manejarle hasta la economía al enfermo, empiezan las suspicacias.

 

Padre: Pero él se ha desentendido del tema económico de tu madre. Nosotros no podemos costear un centro con nuestros ingresos para que tu madre esté atendida durante el día.

 

Madre: Y eso sin contar los temas legales. ¿Cómo vamos a disponer del dinero de mi madre si la pensión se la ingresan en la cuenta? No tenemos ningún poder que nos habilite para poder hacer reintegros de su cuenta. Nunca nos habíamos planteado nada por el estilo.

 

Padre: Pues tendremos que iniciar un procedimiento judicial para incapacitarla. Hasta ahora no lo habíamos pensado pero ya se hace obligatorio. Si queremos pagar la mensualidad del centro de día no queda otra que hacerlo a través de la pensión de tu madre. Con nuestros ingresos no nos lo podemos permitir.

 

Madre: Sí, pero eso tarda mucho tiempo aunque está claro que algo tenemos que hacer, yo ya no puedo más. Me siento desfallecer cada día más, con menos fuerzas para atender mi propia casa. Estoy hundida psicológicamente por no poder dar más de mí y cuidar de mi propia madre. He perdido completamente mi independencia. Ya no tenemos vida social. Apenas duermo y siento como cada día la ansiedad se va apoderando de mi vida. Necesito descansar o yo misma voy a caer en una depresión. Mi madre me necesita ahora más que nunca.

 

Padre: Está claro que tenemos que buscar ayuda. Esto va a terminar contigo.

 

(la madre se dirige al público)

 

Madre: Me empieza a aterrorizar el volver a casa a enfrentarme cada día con esta situación. Luchar contra un mal que borra los recuerdos, que anula por completo la personalidad y qué puedes hacer tú sino darle todo el amor que puedas, pero cada vez la cuesta es más alta, se prolonga más y más, no ves el final  y esta presión termina por pasarte factura y te doblega (empieza a llorar) ¿por qué no tengo yo la capacidad de dar todo lo que ella espera de mí? Siento emociones contradictorias. Es mi madre y sólo me tiene a mí. Seguro que ella lo hubiese hecho pero yo no puedo, no puedo. Dios mío que prueba tan cruel me has puesto por delante. ¿ Por qué me he tenido que convertir en la madre de mi madre? Yo la quiero y sin embargo no estoy a la altura. No estamos nunca preparados para esto. Nadie ve la cruz que llevo encima, es invisible, pero me ha minado la moral de tal forma que no puedo cumplir con la persona que me dio mi ser. No soy nada. Soy egoísta, ella espera de mí mi cariño, mi comprensión pero soy incapaz de dárselo. Quisiera tener la ayuda de alguien, de mi hermano, pero no, estoy sola en esto. No puedo exigir más de los que me ayudan, mi esposo, mi hija y por qué no decirlo también mi hijo pero no les puedo pedir más de lo que dan. Esto me corresponde a mí sola, a nadie más.

 

 

ESCENA FINAL

 

(La abuela se dirige al público)

 

Abuela: El Alzheimer nos arrebata nuestro ser, se apodera de nosotros, nos enajena. Esta representación que acaban ustedes de presenciar es una ficción que no se aleja mucho de la realidad y que sufren no sólo pacientes sino que muy a menudo y de otra forma muy diferente también sus cuidadores. Son ellos los grandes olvidados de este mal.

 

Se estima que en el año 2050 habrá en el mundo cien millones de enfermos de Alzheimer y otro tanto de personas dedicados a cuidarlos. Actualmente en España hay ochocientos mil enfermos de Alzheimer de los que el 90% de los casos son atendidos en sus propios domicilios por cuidadores, en su gran mayoría familiares, quedando en un segundo plano sus situaciones personales, sociales, económicas.  

 

El cuidador de un enfermo con Alzheimer sufre de forma paralela la enfermedad al convivir con una persona a la que está viendo perder en vida. Es muy fácil que estos familiares se encuentran solos y sus frustraciones pasan a menudo inadvertidas. Es la otra vertiente de esta enfermedad, la del síndrome del cuidador quemado.

 

Agotamiento físico, emocional, rabia, frustración, ansiedad, depresión. Estos son rasgos comunes en los cuidadores de enfermos de Alzheimer.

 

Esta enfermedad tan ingrata para la que hoy todavía no se ha encontrado cura desgasta a los que rodean al enfermo y a menudo sufren paralelamente a ellos síntomas que no en pocos casos terminan en un desgaste emocional y depresión.

 

La medicina trata con los medios que hoy existen al enfermo de Alzheimer pero casi siempre nos olvidamos de sus cuidadores. Con esta representación  queremos tenerlos siempre en nuestros corazones y cuando conozcamos a alguno les demos un beso. Un beso para ellos no pasa inadvertido.

 

Septiembre 2019

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