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PASIONES Y MORDAZAS DE SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

de HÉCTOR SANTIAGO

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

CICLO:  LOS RITUALES DE LA LIBERTAD

(VIII)

 

PASIONES Y MORDAZAS DE SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

MONÓLOGO

UN ACTO

HÉCTOR SANTIAGO

santiago725@verizon.net

 © Héctor Santiago 1997        

Derechos Reservados 

ESTRENADA POR LA COMPAÑÍA INSTITUTO ARTE TEATRAL INTERNACIONAL (IATI) EN EL FESTIVAL DE MONÓLOGOS AMERICAN THEATRE OF ACTORS NEW YORK MAYO 8, 1997

Y EN EL TEATRO STANISTABLAS MÉXICO, D. F. ENERO 12, 2000

 

INTERPRETADO POR: VERÓNICA SANTOYO

 

DIRECCIÓN: MANUEL MARTÍN

ESCENOGRAFÍA Y UTILERÍA: HÉCTOR SANTIAGO

PERSONAJES: SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ.

 

ACCIÓN: CONVENTO DE LAS GERÓNIMAS.

ÉPOCA:     MÉXICO 1665.

 

SE ESCUCHAN CAMPANADAS Y CANTOS GREGORIANOS. SE ABRE EL TELÓN. EN LAS PENUMBRAS HAY UN CATAFALCO ENTRE CUATRO VELAS DONDE BAJO UNA TELA NEGRA YACE JUANA MUERTA. HAY UN BANQUILLO Y UNA MESA CON LIBROS, MANUSCRITOS, HOJAS, PLUMA, TINTERO, UN ESPEJO DE MANO, ETC. HAY UNA GRAN CRUZ, UNA CORONA DE ESPINAS, UN CORAZÓN CON PUÑAL, MÁSCARAS LATIGOS, ETC. BAJO LA TELA EL CUERPO SE RETUERCE, INESPERADAMENTE SE SIENTA, SE QUITA LA TELA. LLEVA UNA MÁSCARA ESQUELETICA. SE LEVANTA.

 

JUANA:  (Como el Ánima, al catafalco.) ¡Soy tu ánima Sor Juana Inés de la Cruz! La Huesuda me ha dado el poder de la palabra para que te defiendas y saber si irás al infierno o al paraíso. Así que cuéntalo todo, ¡habla! (De espaldas se quita la máscara. Ahora es Juana niña.)

JUANA-NIÑA:   Nací el doce de noviembre de mil seiscientos cuarenta y ocho en Neplanta en el valle de México. A los tres años todo me interesaba: "¿por qué no pesa el aire, cómo hay nieve en un volcán caliente, por qué pican los chiles?" (Como la Madre.)

JUANA-MADRE:  ¡Ay, Juana que me vuelves loca! ¿Por qué no eres como tus hermanas? ¡Es hora de costuras! Cuando te cases tendrás que repasarle las ropas a tu esposo. (Juana niña.)

JUANA-NIÑA:   ¿Me repasará él a mí las faldas?

JUANA-MADRE:  ¿De dónde sacas esas ideas? Mira a tus hermanas que obedecen y aprenden para el matrimonio.

JUANA:  ¿Y si no me caso?

JUANA-MADRE:  ¡Tontuela! La mujer está hecha para el hombre; es su obligación acompañarle, servirle y obedecerle.

JUANA:  ¿Qué me espera si no lo hago? (Madre.)

JUANA-MADRE:  ¡Volverme loca! ¿Qué haré contigo Juana?

JUANA-NIÑA:  (pateando el piso como una niña malcriada.) ¡Quiero ir a la escuela!

JUANA-MADRE:  Eres muy niña, pero con tal de que no me atormentes te dejaré ir acompañando a tu hermana. (Juana niña salta de alegría.)

JUANA-NIÑA:   Me quedaba en una esquina como una sombra por miedo a que me sacaran, y un día... (Alza la mano.) ¡Maestra dice mi mamá que me enseñe a leer! (Se persigna.) ¡Mentí en mi afán por saber!

JUANA-MADRE:  (Toma el espejo, le habla.) ¡Eres taimada Juana! ¡Has engañado a tu maestra y a tu madre! ¿Ves lo que te está dando el aprender? ¡Te vaticino malos tiempos!

JUANA:  ¿Qué me iba en sólo saber espumar el chocolate? (El espejo hacia al público.)

JUANA-MADRE:  Antes que tú todas las mujeres lo han hecho sin quejas. Es tu destino...

JUANA-NIÑA:  De cuatro años ya leía y contaba. Pero en mi casa...

JUANA-MADRE:  ¿Juana Ramírez qué voy a hacer contigo? No me ayudas en la casa; siempre escribiendo, leyendo, con más preguntas que antes.¡Te mandaré con tu abuelo a Panoyan!

JUANA NIÑA:  (Triste.) De cinco años mi madre me dejó ir... (Va a la mesa, alegremente lee un libro.) ¡Cuántos libros tenía mi abuelo! Nunca me prohibió leerlos. De sus criadas aprendí el nahual y de sus esclavos negros aprendí a hablar como ellos. (Mira al catafalco.) Tres años más tarde... (Campanadas fúnebres. Grita.) ¡Abuelo! (Corre al catafalco y llorosa abraza la tela negra.) ¡Mi primer encuentro con la Huesuda! Regresé para encontrarme a mi madre embarazada de un tal Don Diego. ¿Y mi padre? ¡Tenía un año cuando abandonó a mi madre! (Escribe contrariada.) ¡Sí, sí, soy bastarda! No estaba casado con mi madre, como tampoco lo estaba Don Diego. (Tira la pluma.) ¡Soy hija bastarda e hijastra bastarda! (Se arrodilla, al cielo.) Debo confesar que por eso nunca hablé de mi padre. Mintió mi madre llamándome en el registro bautismal "hija de la Iglesia". Mentí yo jurando que era "hija legítima". (Corre a la mesa y oculta un libro bajo la tela negra.) Quería mi padrastro que no estudiara para que ayudara en las cosas de la casa. (Se pone un sombrero de hombre o capa y hace como si se atuzara los bigotes.) ¡Me cortaré el pelo, me vestiré de hombre y me llamaré Don Juan Saens de Curi para que me mandes a la universidad!

JUANA-MADRE:  (Mirando miedosa a la cruz o al público.) ¡Allí no admiten mujeres!

JUANA-NIÑA:  ¡Quiero ser hombre!

JUANA-MADRE:  ¡Ay, Juana, que eso es delito de Inquisición!

JUANA-NIÑA:  Si la universidad es sólo para los hombres entonces como hombre entraré en ella.   (Se lo quita. Triste.) ¡Empecé a pelearme con mi padrastro y viendo que peligraba su hogar, mi madre escogió entre la hija y el marido; a los ocho años me mandó con mis tíos a México! (Toma un pequeño atado.) ¡Adiós para siempre Neplanta, que no te he de ver sino con los ojos de la muerte!

JUANA:  (Como una campesina mira la ciudad asombrada.) ¡México la ciudad virreynal! (Se pone coquetonamente un rebozo) Bajo el ala de mis tíos me vi hecha una mozuela. (Fascinada revisa las cosas en la mesa.) Ellos me permitieron lo que otros tanto me habían negado. (Alza un libro y da alegres vueltas por el escenario.) ¡Aprendí latín, música, filosofía, astronomía y otras cosas! Mi conocimiento fue de los libros porque no tuve maestros. (Saca el libro bajo la tela negra.) ¡Comencé a escribir poemas! (Lee.) En dos partes dividida

           tengo el alma en confusión:

           una, esclava a la pasión,

           y otra, a la razón medida.

           Guerra civil, encendida,             

           aflige el pecho importuna:

           quiere vencer cada una,

           y entre fortunas tan varias,

           morirán ambas contrarias

           pero vencerá ninguna.

JUANA:  Rebosaba la casa de mis tíos del todo México, atraídos por mi fama e ingenio los curiosos y letrados que me discutían... (Sonríe pícara.) ¡Hidalgos que hablaban de mi hermosura! (Al espejo.) ¡No hay hombre que soporte que la mujer sea más inteligente! Los que te rondan sólo atraídos por tu belleza ya saldrán huyendo por tu sabiduría. (Redobles de tamborines. Reverencia.) Tenía dieciséis años cuando me invitaron al palacio de los Virreyes. Al otro día... (Lee una hoja.) ¡Yo, Doña Leonor Carreto, Virreyna y Marquesa de la Mancera, nombro a Juana Ramírez mi principal dama de compañía! (Recorre el escenario mirándolo.) ¡Vaya Juana, viviendo en palacio! ¡No está mal para una "papagaya ilustrada, escribaneja y loca" como me llaman! La Virreyna fue la madre que no tuve, éramos inseparables. ¡La quería mucho! (Puede abrazar y cantarle a una máscara o algo que la simbolice.)

Angel eres en belleza

y ángel en la sabiduría

porque lo visible

sólo de ser ángel

te distinga.

Reina de las flores eres

pues el verano mendiga

los claveles de tus labios

las rosas de tus mejillas.

Aunque mal se me veía, por su apoyo nadie me criticaba abiertamente que siendo mujer buscara el conocimiento, y lo peor: ¡que escribiera! Más por detrás los envidiosos y censores me llamaban... (Lee en una hoja.) "¡Escribaneja, pajarraca letrada, mal ejemplo que aun pierde más a las mujeres!"  Quise ser hombre tratando de romper el monopolio del conocimiento, ahora deseo ser más mujer que nunca para como mujer ser respetada. Protestaban los hombres…

JUANA-HOMBRE: ¡Ya nos tienes cansados con tu odio contra las hombres!

JUANA:  Yo no odio a los hombres; ¡lo que amo a las mujeres!

JUANA:   Fray Núñez de Miranda el confesor de la Virreyna, enemigo jurado de las mujeres, que apoyó el llamado "Recogimiento de malas mujeres", para el cual se construyó un albergue que era en  realidad una cárcel disfrazada de misericordia, donde cazaban a las mujeres como animales y contra su voluntad las metían allí para no salir más nunca, pensó que mejor sería encerrar en un convento tanta sabiduría y belleza. (Como un Núñez decrépito, por todo el escenario como persiguiéndola.)

JUANA-NÚÑEZ:  ¿Qué hace una muchacha como tú expuesta a las tentaciones de la corte? ¿No sabes que ya el ser mujer te hace pecadora? (Señala o le muestra la máscara del diablo.) ¡Este que ves tan inocente no sabes lo que le hace a las almas condenadas! ¡Los diablillos con pinzas ardientes te arrancarán la lengua, te cortarán la piel en tiras, te freirán en aceite hirviendo, los monstruos más espantosos te devorarán las entrañas, te arrancarán los ojos! (Juana está aterrada. La lleva a la cruz.) ¡Hija mía tu lugar es en el claustro.) ¡Entra al convento Juana, entra al convento!

JUANA:  Nada más distante me imagino que el ser monja, me causa una profunda repulsión castigar mi cuerpo, atormentar mi belleza con ayunos y no sé cómo podré meter mi libertad entre rejas.

JUANA-NÚÑEZ:  ¡No he de ser yo quien permita que el Señor te pierda! Pondré toda mi energía en separarte del mundo. (Bendiciéndola.) ¡La vocación se trabaja! (Juana.) ¿Tendré que apartarme de mis libros? (Núñez.) ¡Será el Señor quien responda tan delicado asunto!

JUANA:  Convenció a los virreyes, a mis tíos, a mis amigos, a la corte. (Tapándose los oídos. Desesperada, por todo el escenario como perseguida.)

JUANA-NÚÑEZ:  ¡Entra al convento Juana!

JUANA:   Mucho se habla si tenía o no vocación. (Toma una hoja blanca y la pone en su cabeza.) ¡Que la paloma del Espíritu Santo se posó en mi cabeza y me llenó de gracia! (Tomando el sombrero o capa.) ¡Que despechada de amores renuncié al mundo! (Lee.) ¡Que por ser bastarda y no tener dote no podía casarme! ¡Que me perseguía el recuerdo de mi madre concubina y esclava... (Resoplando hace como si trabajara en la casa.) ¡Juana, lava, barre, cose, cocina, cuida los niños, atiende a tu marido. (Se detiene exhausta. Va al catafalco.) Eres mexicana en una corte de españoles, pobre, sin familia, sin hidalguía. ¿Qué harías cuando tu protectora la Virreyna se marchara? (Alegre revisa los libros.) ¡En el convento la Iglesia guarda el conocimiento al que los laicos no tienen acceso! (Susurrándose.) ¡A Juana monja no le criticarán lo que a Juana mujer!

JUANA:  (Descalzándose.) Entré al convento de las Carmelitas Descalzas. (Se arrodilla a fregar el piso) ¡Pan y agua, dormir poco, trabajar mucho, rezar bastante, trabajos rudos, dormir en el piso! (Tose, se arrastra pesadamente hasta el catafalco donde se acuesta.) Me enfermé y la Virreyna me sacó. Pero Fray Núñez no quería perderme. (Se levanta como Núñez.)

JUANA-NÚÑEZ:  ¡Conseguí un negociante que deseando que se le perdonen los pecados, dio tres mil pesos para pagar tu entrada al convento de las Jerónimas, orden de clausura pero sin rigores".

JUANA:   (Se calza.) Por segunda vez pude elegir si tomaba los hábitos. (Toma el espejo y se mira.) ¡Juana que no has nacido para ser monja!  ¡Confesar debo mi natural aversión al matrimonio, que no me veo, no, no me veo. (Vira el espejo hacia el público.) Ni me agrada ser segundona en la casa, ni que me llamen "sexo débil", ni ser otra Ramírez mendigando un hombre que me acepte, ni concebir hijos que el mundo llame "bastardos", ni vivir en la oscuridad de la ignorancia... Tampoco los hábitos se me hacen familiares. (Se erotiza tocándose los senos.) El capullo de mi cuerpo demandas satisfacciones, vivo en el infierno de la carne enceldada, me asaltan sueños mojados, tengo la piel viva, la cadera ancha, los pezones duros, ávida estoy de besos. Es mi naturaleza que grita. (Orgásmica.) ¡Ay, que me acorrala el cuerpo! (Va a la mesa y abraza sus escritos.) ¡No puedo dejar de escribir, es un vicio, una llaga viva, la razón de mi ser! (Por todo el escenario.) ¡Necesito la luz! (Encuentra las velas, las mira meditando.) ¡Ya veo que no hay muchos caminos! (Se mira en el espejo.) ¡Lo siento Juana! (Campanadas jubilosas, canto ritual. Se pone la tela negra como un largo velo.) Febrero veinticuatro de mil seiscientos sesenta y nueve; a los veintiún años la novicia Juana Ramírez toma el velo. (Estira la tela negra frente a ella y la va subiendo lentamente hasta ocultarse.) ¡No tendrás familia, ni amigos, ni posesiones! (Detiene la tela. Indecisa.) ¿Lo has pensado bien Juana Ramírez? ¡Vas a enclaustrar a la mujer! (Tras una lucha interior se decide. Cierra los ojos y se cubre.) ¡Para el mundo acaba de morir Juana Ramírez! (Se descubre.) ¡Dios se apiade de su esposa sor Juana Inés de la Cruz! (Corre a escribir frenéticamente, corre a arrodillarse y persignarse, escribe, se arrodilla: todo chaplinescamente. Se detiene cansada.) Desde que me levanto con los maitines hasta que me acuesto, mis obligaciones de monja sólo me dejan unas escasas horas para escribir y estudiar. ¡Acorto rezos, ni mastico la comida, no medito; así gano otra hora. Más es de madrugada que robo el mayor tiempo, so pena de quedarme ciega, pues me ilumino apenas con una vela, así no atraigo atenciones y que se me prohíba escribir de noche. Pero aun el tiempo libre no me era tan libre. (Como la Monja.)

JUANA-MONJA:  ¡Ay, hermana, por Dios, el cielo nos libre! ¡El Diablo andaba por la tapia rondando a las novicias!

JUANA:  ¿Cómo sabían que era el Diablo? ¿No sería por el rabo? (Tapa la sonrisa con su mano.) ¿Tanto alebrestar no sería más porque era hombre que porque era el Diablo? Nos culpan a nosotras de ser las malas, pero nunca escuchas decir: "¡la diablesa, la diablesa!" Esa pobre se queda en el infierno atizando el fuego, cocinando las tortillas, espumando el chocolate, limpiando el metate y cosiéndole las capas a su diabólico marido. Dime hermana: ¿sin en realidad somos tan mala qué necesitamos para serlo? ¡A los hombres! Ellos son los principales diablillos que nos tientan y después nos acusan de perderlos. Rece para que podamos atrapar a ese diablillo que nos importuna. ¡A ver si le podemos cortar el rabo! (A un hombre en el público.)  Hombres necios que acusáis

                                      a la mujer sin razón,

                                      sin ver que vos sóis la ocasión,

                                      de lo mucho que culpáis.

JUANA:  (Muestra satisfecha los manuscritos.) ¡Pese a todo escribía! Y fray Núñez...

JUANA-NÚÑEZ:  ¡Se me está acabando la paciencia Juana! (Juana.) Su Reverencia, yo le admiro su camino de santidad, le respeto como mi confesor y mucho le agradezco como amigo, pero me han llegado rumores de que me llama... (Lee una hoja.) "¡Monja desmonjada cortesana, amundanada, plumífera, imitadora de hombres, limosnera de lisonjas!”.

JUANA:   Aunque podía defenderme preferí callar con resignación por el cariño que le tengo. No sé por qué me ataca con tal saña.

NUÑES:  (furioso.)  ¡No guardas las reglas del convento, no te preocupas de tu Esposo, usas la pluma para escribir cosas profanas, no te flagelas, no llevas cilicio, no ayunas, te bañas, matas los piojos! ¡Hija en el dolor está la salvación! ¡No leas más, no escribas más!

JUANA:  Si no estudio cómo entenderé al mundo.

JUANA-NÚÑEZ:  ¡Mal te va en ser una monja arrogante y desobediente!

JUANA:  ¿Olvida el Reverendo Padre que la abadesa Sor Esperanza me impuso absoluto silencio, y me prohibió que estudiara o escribiera? Lo acepté rigurosamente durante tres meses de tormento en que ya no fui más Juana. A la cocina me envió. ¡Más no me prohibió que usara el mundo de escuela! ¿Qué pudiera contar de los secretos naturales que descubrí cocinando? Del frío que expande, el calor que contrae, el huevo que fríe en manteca y despedaza en almíbar, vi que cada insecto prefiere una flor en especial, que el vuelo de los pájaros...

JUANA-NÚÑEZ:  (Tapándose los oídos.) ¡Basta! No conviene el conocimiento a la ignorancia que deben tener las mujeres. San Pablo decía: "Callen en la iglesia las mujeres". ¿Y tú cómo te callas? ¡Con el locutorio lleno de visitantes! (Le agita los manuscritos.) ¡Hecha una pajarraca de tinta y embrollos! (Persignándose.) ¡Hasta teatro escribes! ¡Vade retro Satanás! (Patea con furia los manuscritos.) No sólo has continuado escribiendo y estudiando pese a mis prohibiciones, sino que apenas has escrito unos cuantos poemas a tu Esposo y María, y son pálidos y malos. ¿Qué dirán los que se enteren que una monja escribe poemas de amor? ¡Precisamente en medio de la campaña para rescatar a las mujeres perdidas, tú, una monja, atiza el fuego que quiero matar! Habrás de decirme la verdad so pena de castigo ¿Es cierto que has competido en justas poéticas? ¿Quién firmó los poemas premiados con el nombre de Don Juan Saens de Curi? (Juana mira al piso en silencio.) ¿Qué haces metida en campo de hombres culteranos? ¡Dicen que tu celda está llena de libros, instrumentos musicales, aparatos de ciencia, un telescopio, mapas, letras de todas partes del mundo, dibujos y cientos de manuscritos. (Juana.)  No todo lo que hago es profano: mis villancicos se cantan en las iglesias de Puebla, escribí un breviario para monjas, himnos a María, autos sacramentales.

JUANA:  (Destapa la mesa y mira las hojas.) Es cierto que escribí sonetos a viejos decrépitos llamándolos jóvenes, a los tontos llamé cultos, a las feas hermosas, escribía cartas de amor; pero lo  hacía porque me los pagaban muy bien y no me convertí en una monja harapienta que vivía de limosnas.

JUANA-NÚÑEZ:  ¡Se me acabó la paciencia Juana! (Señala hacia afuera.) ¡Abandónalo todo, enciérrate en tu celda!

JUANA:  Mi corazón se rebela a ser mudo, vivo en la punta de mi pluma sufriendo ataques, críticas y celos, a los que debo ser muda por ser mujer y monja. Cuando tomé el velo no sabía que otra cruz me esperaba: ¡mi perseguida habilidad! (Implorante al público.) ¿No ven que me desgarro entre mi imperante necesidad de aprender y la mordaza de este hábito? ¿No ven que escribir es una locura insalvable, un extraño vicio, una pasión incontrolable? (Abre las brazos en cruz.) ¡Estoy en el medio mientras a cada lado sufren la poeta y la monja!

NÚÑEZ:  ¡Toda ciencia es vanidad excepto la dirigida a Dios!

JUANA: ¡No me obligue a escoger fray Núñez!

JUANA-NÚÑEZ:  ¡Renuncia al mundo!

JUANA:  (Se puede cubrir con el velo. Toma el corazón y lo abraza o lo prende al hábito.) Con gran dolor de mi corazón le ruego que se vaya de mi vida. ¡Ya encontraré otro confesor! ¡Adiós! (Tratando de detenerlo.) ¡Fray Núñez! (Mira al público.) Afuera la envidia engordaba: "¿Una monja que escribe?" "¡Bah, pajarraca literata!" (Redoble de tamborines. Reverencia.) Cuando más asfixiada estaba, entró en mi vida la nueva Virreyna Doña María Luisa Manrique y Lara a la que llamé Filys. ¡Han dicho que la amó en su pasión la poeta! (Escribe.)

                                            Este amoroso tormento 

                                             que en mi corazón se ve,

                                             se que lo siento, y no sé

                                             la causa porque lo siento.

                                             Muero (¿quién lo creerá?) a

                                             mano de la cosa que más quiero,

                                             y el motivo de matarme

                                             es el amor que le tengo.

JUANA:  ¡Han dicho que la amó en su pasión la hembra! (Se acuesta boca abajo en el catafalco y se erotiza lesbianamente.) Ven, pues, mi prenda amada;

                                       que ya fallece mi cansada vida

                                        de esta ausencia pesada;

                                         ven, pues: que mientras tarda tu venida,

                                         aunque me cueste su verdor enojos,

                                         regaré mi esperanza con mis ojos. (Levantándose.) ¡Bah, tanto se ha hablado! ¡Amores de cortesía, de monja solitaria, de abatida buscando protección, de mujer a mujer… ¿Pero quién sabe lo que hay en el corazón de Juana? (Toma la pluma para escribir.) La realidad es... (Mira al público. Suelta la pluma.) ¡Simplemente amó! (Desesperada la busca.) ¡Filys, amada mía, razón de mi ser, inspiración! (Triste.) ¡Se marchó! (Al catafalco.) ¡Ah, Juana, sin familia, ni amores, ni quien te entienda! (Toma un libro y lo muestra al catafalco.) Ella te publicó en Madrid tus obras completas. (Lo abraza orgullosa.) ¡Te llamaron "fénix mexicana, décima musa".

JUANA-NÚÑEZ:  (Lo bota al piso.) ¡Poemas de amor de una religiosa circulando por todo el mundo, monja mundana, esto es el colmo!

JUANA:  Un día me atreví con unos amigos a comentar el sermón de un famoso jesuita, Fray Vieyra, que decía que Cristo murió sin pedirnos nada, lo critiqué abiertamente pensando que estaba equivocado, y Cristo murió precisamente para exigirnos muchas cosas. Se levantó gran protesta porque a las monjas nos estaba prohibido opinar de teología, ¡y muchas menos criticar a un fraile! Con tanto escándalo la noticia llegó hasta el obispo de Puebla, que me ordenó que lo escribiera. (Toma la pluma.) Lo haré por obediencia pero su Eminencia no lo debe enseñar a nadie. (Descubre el libelo, se asombra.) No sabía que me odiaba y tenía rencor con los jesuitas y decidió en mí humillarlos; lo publicó sin mi permiso y le añadió su respuesta que firmó con el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz, acusándome por mujer, mala monja, poeta atrevida y teóloga sacrílega. Me defendí escribiendo sobre mi vida, mi niñez incomprendida, explicando mi sed de saber, y mi eterna lucha contra los ataques y las críticas. Todo con tanto peso que el obispo no me pudo rebatir. Pero ya había corrido por todo México el panfleto, fui sermón de misa dominguera, las multitudes gritaban ante el convento: "¡Monja hereje! ¡Que se la lleve la Inquisición!" (Aterrada se esconde detrás del catafalco.) ¡Y Lysis mi protectora no está aquí! ¿Y ese silencio? (Mira al público.) ¡Nadie viene a visitarme porque tienen miedo! ¡Mis hermanas no me hablan, la abadesa me repudia, los obispos me condenan! (Se mira en el espejo.) ¡Si mi fama me salvara! (Aparta el espejo.) ¡Bah, fama, puñal de doble filo! ¡Luchando a brazo partido conseguí lo poco que ahora se vuelve contra mí! ¿Qué ha sido mi vida sino un extraño destino de anhelos y renuncias? (Se mira en el espejo.) Deseaba una familia... (Espejo al público.) ¡Siempre has sido una recogida en casas ajenas! (Mirándose.) Con ansias de amar y ser amada... (Espejo al público.) ¡Al celibato condenaste tu cuerpo! (Mirándose.) Ansiosa de libertad... (Espejo al público.) ¡Te encerraste en un convento! (Mirándose.) Sedienta de estudiar... (Espejo al público.) ¡Los dogmas te limitaron! (Mirándose.) Defendí el razonamiento... (Espejo al público.) ¡En un mundo de insanos alucinados! (Mirándose.) Luché por el derecho de las mujeres... (Espejo al público.) ¡En un mundo que las odiaba! (Mirándose.) ¡Disfrutaba del hablar! (Espejo al público.) ¡Y me impusieron el silencio! (Mirándose.) Ansiaba ser reconocida en México... (Espejo al público.) ¡Y la gloria me llegó de España! ¡Estoy sola, atacada por todos, señalada por los fanáticos... ¿Qué puedo hacer? (Mirándose se toca el rostro.)

                                  Miró Celia una rosa en el prado

                                  ostentaba feliz la pompa vana                              

                                  y con afeites de carmín y grana                                                              

                                  bañaba alegre el rostro delicado:                                       

                                  y dijo -goza sin temor del Hado,

                                 el curso breve de tu vida lozana,

                                 pues no podrá la muerte de mañana              

                                 quitarte lo que hubieras hoy gozado;                                                                                               

                                 que llega la muerte presurosa

                                  y tu fragante vida se te aleja,                                       

                                  no sientas el morir tan bella y moza;                           

                                  mira que la experiencia te aconseja                           

                                  que es fortuna morirte siendo hermosa

                                  y no ver el ultraje de ser vieja.

JUANA:  (Camina desesperada y encuentra la cruz.) ¡La Iglesia! Si soy la monja que ellos quieren no podrán destruirme. (Escribe.) ¡Perdóneme Fray Núñez mi insolencia de mala monja, regrese a mí y escuche mi confesión. (Toma unas hojas.) ¡Más de seis cartas y veinte emisarios le envié! ¡Su silencio me desesperaba! (Grita al público llorosa y cae de rodillas.) ¡Fray Núñez lo necesito! (Mira hacia la mesa.) ¡Gracias por haber venido! No lo importunaré más con mis locuras de papel y tinta frustrada. ¡Lo confesaré todo! (Al público.) Mi primer pecado fue haber nacido; no sabía que me esperaba un mundo tan desigual. Mi segundo pecado fue ser mujer; con ello me acarreaba la cruz de mi desgracia, llevando la roja granada entre las piernas que atraía la voracidad de los hombres. El tercero fue ser escritora -O escribaneja como me llaman-. En el papel me vería crucificada, corona de espinas serían las palabras y del costado me brotaría la tinta.

JUANA-NÚÑEZ:  ¿Has obrado bien, te sientes satisfecha, has cumplido con la Santa Madre Iglesia, has guardado tus votos?

JUANA:  (De rodillas va a la mesa, toma el látigo, se desnuda el torso y de espaldas se flagela.) Me han llamado sabia y soy una ignorante, mis escritos no valen nada, soy la más pecadora, la más abyecta, la más baja, soy más indigna que los piojos, menos valiosa que una letrina, más sucia que el fango, infame Y descreída. Tanto que lo luché y ahora el entendimiento no basta para salvarme. (Rueda por el piso como posesa.) ¡Ay, Señor mío, Señora Iglesia, ay, el mundo detestable! (Se arrastra hasta la cruz.) ¡Sólo tú puedes salvarme! Estoy dispuesta a deshacerme de mis libros, instrumentos de música, aparatos científicos, los muebles de mi celda, los regalos que me han hecho, las joyas, el dinero, entregaré mi esclava a mi hermana María... (Se arrastra al catafalco. Toma la tela negra y va a la mesa donde echa en ella todas las cosas y ata el bulto.) Dejé mi celda vacía. ¿Está contento Fray Núñez?

JUANA-NÚÑEZ:  ¿No se te olvida algo Juana? Recuerda que un obstáculo para tu salvación esa diabólica pluma.

JUANA:  Prometo no escribir más nunca. (Puede quemar una hoja en las velas.)

JUANA-NÚÑEZ:  ¿Renuncias al mundo Sor Juana?

JUANA:  No saldré más nunca al locutorio, no contestaré más cartas. (Se abraza a la cruz.) Sin familia, ni protectores, ni mis escritos, ¿qué me queda? ¡Ay, sólo tu mi Esposo, Señor mío, Cuerpo divino! ¡En ti depositaré el amor por Lisys! ¡Seré una monja silenciosa, limpiaré letrinas, haré ayunos, me flagelaré, llevaré cilicios, no me bañaré, no mataré los piojos ni las chinches!

JUANA-NÚÑEZ:  ¡Ay, hija qué feliz me haces! (Al público.) ¡Sor Juana no corre sino que vuela hacia la santidad! Renuncia santamente a lo que fue la mala razón de su vieja vida. ¡Adiós Juana, nos veremos en el cielo!

JUANA:  (Exaltada abre los brazos al cielo.) ¡Ha vuelto a nacer Sor Juana Inés de la Cruz! (De espalda, como si fueran las voces del eco.) ¡Juana, Juana, Juanaaaa! (Buscando por todos lados.) ¿Quién me llama? ¿Quién así me molesta el sueño? (Lo mismo de espalda.) ¡Escribe Juana, escribe! (Huyendo como perseguida.) ¡No, no, he renunciado a la pluma! (Persignando la mesa.) ¡Aléjate tinta maldita que eres mi sangre! ¡No me atormentes pluma que eres la lanza en mi costado! ¡Vade retro hoja en blanco que me crucificas! Soy Juana la monja y no la literata. ¡Déjenme en paz! (Se tapa los oídos y grita.) ¡Oh, mi Dios! (Cae de rodillas al piso cubriéndose el rostro. Lentamente mira al público como enajenada.) "Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón"... "Ven pues mi prenda amada que ya fallece mi cansada vida"... "Ser mujer, ni estar ausente, no es de amante impedimento"... ¡Ay, qué desgracia! ¡La que en tinta y pluma nace termina en literata! ¡Escribiré! (Va a la mesa, escribe urgentemente aunque mirando sigilosa hacia todas partes.) Pensé que en estos años de silencio me dejarían tranquila los verbos y sonetos, pero no me dejan dormir llamándome a toda hora, en sueños, pidiendo sitio en esta cabeza. (Termina de escribir y mirando las hojas va al centro.) ¡Mi primer poema después que me impusieron las mordazas! (Lo abraza en su pecho amorosamente. Mira afuera con miedo.) ¡Pero sigo en el convento encarcelada! ¡Dios mío!, ¿y si encuentran estas hojas? (Retrocede espantada.) ¡Los ojos de la Inquisición andan bajo esos velos en los pasillos! ¡Ay, estas hojas me queman las manos! ¿Qué haré? (Camina urgentemente pensativa.) ¡Debo esconderlos! (Busca desesperada.) ¡Debajo de las losas del piso de la celda! (Se arrodilla como si arrancara una losa, pone las hojas y las cubre.) Si algún día me levantan las mordazas los sacaré a la luz del sol, para que vean que la escritora no murió; sólo estuvo encarcelada.

JUANA:  (Se tambalea enferma.) ¡Es la Peste que entró al convento y mata a mis hermanas! Todo México quiere que salve a la monja después que crucificaron a la poeta, el obispo me ofreció mandarme para otro convento. Mis hermanas necesitan que las atienda y lo haré sin miedo. ¡Mi destino es ser monja! (Toma la máscara de la muerte y el espejo, mirándolos alternadamente. Indecisa.) Si salgo... Si me quedo... ¡La vida... ¡La muerte...¡Estoy tan cansada, ha sido tan dura la lucha, tan espinoso el largo camino... (Pensativa hasta que encuentra la respuesta. Grita.) ¡De estos muros no salgo! (El espejo al público.) ¡Es un sacrificio inútil! (Mirándose) ¡Mira quién habla: Juana la escribaneja! ¡Tú estás muerta hace mucho tiempo! Te mataron con el silencio, la pluma quebrada, el libro secuestrado, los poemas prohibidos. (Le hace la señal de la cruz al espejo.) ¡Vade retro Juana! Eres un fantasma de mi pasado que quiere volver a perderme de nuevo, pero no podrás que ya el arrepentimiento es largo. ¿Sabes cuántas ideas y poemas he tenido que combatir en todos estos años en medio del silencio, pidiéndome que les de vida? (Pisotea una pluma.) Mi conversión es sincera. (Al espejo que cubre con la mano.) ¡Huye Juana, no respires los males aires, no toques a las enfermas, no laves a las muertas... (Amorosamente acaricia al espejo y lo pone sobre la mesa.) ¡Mi pobre Juana Ramírez, ahora es Sor Juana Inés de la Cruz la que decide! En cada hermana que se muere en mis brazos; me muero yo, cada extremaunción es la mía, en ellas cierro los ojos, en ellas me compongo la mortaja, en ellas me llevo a la cripta. ¡No le arrebato ninguna pluma al mundo porque la pluma ya fue arrebatada! (Campanadas fúnebres. Se tambalea visiblemente enferma, va dificultosamente y se acuesta en el catafalco.) ¡Era las tres de la madrugada del diecisiete de abril de mil seiscientos noventa y cinco cuando se apagó el verbo... (Muere entre la creciente música del Hosanna que se escucha.)                                                             

 

                                                             FIN.                                                   

 

                                                             NEW YORK, MARZO 2, 1997

                                                             NEW  YORK, MARZO 13, 1997

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