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  PATER, MATRIS

de carmen pombero

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

 

PATER, MATRIS

 

Por Carmen Pombero

 

 cpleon@vodafone.es  y  cpleon5@yahoo.es

 

 

 

 

Accésit en los Premios Maria Teresa León para Autoras Dramáticas 2001. SGAE, ADE, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (Instituto de la Mujer) y Fundación Autor.

Segundo Accésit en el V Concurso de Textos Teatrales Miguel Romero Esteo para Jóvenes Autores Andaluces. Centro Andaluz de Teatro y Consejería de Cultura.

 

 

 

PERSONAJES:

 

BERTA

MARISA

OSCAR

 

HELENA

JOAQUÍN

ANDRÉS

BÁRBARA

 

                  

MUJER 1

MUJER 2

UN HOMBRE

 

  

 

EJEMPLO I

 

 

Una luz azul entra en escena por una calle de la derecha. Desaparece.

Por la izquierda, una luz del mismo tono azulado metálico se filtra tímidamente. Desaparece.

Dos luces, una a cada lado, buscan su espacio en el escenario. Aparecen tres luces más.

Entra tema musical, mezclado con sonidos de coches, gente que habla, un claxon agresivo, unos niños que juegan, un teléfono, el cual nadie descuelga…

El escenario queda bruscamente a oscuras.

 

Suena una ambulancia…Otra, a lo lejos. Se pierde su sirena. Bullicio. Ruido de camillas que se desplazan a gran velocidad. Máquinas. Un corazón que palpita. Una respiración…

 

Los sonidos se funden, haciéndose perceptible sólo un cardiotocógrafo que reproduce los latidos de corazón de un feto.

 

 

VOZ DEL DOCTOR.- ¿Desde cuándo tiene fiebre?.

 

La luz azulada aparece otra vez por una calle de la derecha para iluminar el borde izquierdo del escenario. Oscar, un hombre de unos treinta y cinco años bien vestido, sujeta a su hijo Pablo, un bebe de nueve meses. Frente a él, un pediatra de guardia hace la historia clínica del niño. Ambos están de pie sobre una plataforma metálica de color gris claro, separados el uno del otro por una mesa metálica roja de gran altura, que casi no permite que se vean el uno al otro.

 

 

OSCAR.- ¿Desde cuándo?.

 

DOCTOR.- ¿Desde anoche…? .

 

OSCAR.- Pues… no sabría decirle.

 

DOCTOR.- ¿Amaneció así esta mañana?.

 

OSCAR.- (Piensa por unos instantes.) Verá usted, eso lo lleva mi mujer.

 

DOCTOR.- ¿Lo de la fiebre?.

 

OSCAR.- Sí.

 

  

DOCTOR.- (Anota en la hoja del historial clínico.) Entiendo. Fiebre desde ayer.

 

OSCAR.- Sí, desde ayer.

 

DOCTOR.- (Pausa.)¿Son ustedes primerizos?.

 

OSCAR.- Sí, sí.

 

DOCTOR.- (Anota otra vez.) Fiebre desde esta mañana. ¿Tos?.

 

OSCAR.- (Pensativo.) Toser… La verdad, yo no le he escuchado toser.

 

DOCTOR.- Quizás algo leve...

 

OSCAR.- Pues... eso, quien mejor lo sabe, es mi mujer.

 

DOCTOR.- ¿Lo de la tos?… Bien, probemos otra cosa. ¿Come con normalidad o está desganado?.

 

OSCAR.- No, no. Que yo sepa, no. Quiero decir que...

 

DOCTOR.- (Anota.) No come bien.

 

OSCAR.- No estoy seguro de la respuesta.

 

DOCTOR.- Esto no es un concurso.

 

OSCAR.- Sí, tiene gracia, ¿eh?.

 

DOCTOR.- ¿Vómitos? ¿Fatiga?.

 

OSCAR.- No, no. (Piensa.) Aunque ahora que lo menciona, tal vez esté desganado. No sabría decirle con exactitud.

 

DOCTOR.- ¿Podría darme alguna respuesta concreta?.

 

OSCAR.- ¿Cómo de concreta?.

 

DOCTOR.- Del tipo sí o no.

 

OSCAR.- Me gustaría. Siento no serle de más ayuda.

 

DOCTOR.- Está bien. ¿Gases?.

 

  

OSCAR.- No, no tengo.

 

DOCTOR.- El niño...

 

OSCAR.- ¡Oh, sí! Discúlpeme. Estoy nervioso, ¿sabe? Nunca se me había puesto el niño malo estando mi mujer ausente.

 

DOCTOR.- Bien, entiendo. No se preocupe.¿Gases?.

 

OSCAR.- No me he fijado en... ya me entiende... en si el niño... En fin. No he olido nada extraño.

 

DOCTOR.- Si le aprieta con suavidad el estómago y llora, es que tiene gases.

 

OSCAR.- ¡Oh!. ¿De veras?. Lo cierto es que no le he tocado mucho. Todos estos temas…

 

DOCTOR.- Le comprendo. Pero debe usted entenderme a mí también. Necesito hacerle la historia clínica a su hijo para poder saber lo que tiene. En caso contrario, no podré ayudarle.  ¿No hay manera de localizar a su esposa?.

 

OSCAR.- Imposible. Está de oposiciones.¿Es grave, doctor?.

 

DOCTOR.- No sé. Desconozco los síntomas.

 

OSCAR.- Lo siento. Lo siento de veras. Pero como ya le he dicho...

 

DOCTOR.- Sí, sí. Lo lleva su mujer.

 

OSCAR.- Yo trabajo todo el día, y...

 

DOCTOR.- Claro. Por supuesto.

 

OSCAR.- Se le ha ocurrido, precisamente ahora, lo de las oposiciones.

 

DOCTOR.- Está bien. Intentémoslo.¿Duerme bien?

 

OSCAR.- ¿Dormir? No, no. Llora mucho, como si tuviese pesadillas. Yo estoy agotado. No rindo en el trabajo.

 

DOCTOR.- Bueno, ahora podrá imaginarse lo que es esto para su mujer. Bien, entonces... no duermen bien ninguno de los dos.

 

OSCAR.- Correcto. Ninguno de los dos.

 

  

DOCTOR.- ¿Se ha fijado si llora más con alguna postura en concreto? ¿O mientras come, tal vez?.

 

OSCAR.- Vaya... tendría que hacer memoria. ¿Me da un poco de tiempo? Son dos preguntas en una.

 

DOCTOR.- Dios... ¿Expulsa bien los gases después de las comidas? ¿Ríe o está triste?.

 

OSCAR.- ¿Qué tienen que ver la risas? No sabría decirle.

 

DOCTOR.- Oiga, no quiero ser descortés pero ¿vive usted con su hijo o con la vecina de enfrente? ¿No puede darme ninguna respuesta que ponga algo de luz sobre esto?.

 

OSCAR.- Lo cierto es que mi mujer...

 

DOCTOR.- Sí, ya me lo dijo antes. Está de oposiciones.

 

OSCAR.- Me encantaría tener más tiempo libre...

 

DOCTOR.- ¿Qué me dice usted de la caquita del niño? ¿Alguna vez le habrá cambiado los pañales?.

 

OSCAR.- Pues ahí si que me ha pillado usted. Eso es totalmente cosa de mi mujer…

 

 

La luz azul y el sonido de fondo desaparecen lentamente.

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA I

 

 

Entra tema musical de Nicola Hughes.

La luz se filtra sobre el centro del escenario en tonos cálidos, dejándose caer sobre la casa de Berta y Marisa.  De la vivienda sólo se nos muestra un sillón con apariencia  de puzzle, hecho a base de figuras geométricas y lleno de cojines de colores, una mesita baja con forma de cubo y de cristal azul, sobre la que hay varias revistas de diferente temática (salud, moda, bebes, suplementos de periódicos, etc.) Por último, una extraña lámpara de pie, realizada en aluminio y metacrilato, que emite unos sicodélicos haces de luz. Debe estar estropeada, porque parpadea intermitentemente. Hay cajas por todas partes y el contenido de algunas de ellas yace esparcido por el suelo.

 

 

MARISA.- ¡Maldita lámpara! ¡Esto es una discoteca, joder! ¡Berta! (Entra en escena por el lateral derecho) ¡Berta!.

 

 

Marisa es una mujer de unos treinta años, de mediana estatura y aspecto atlético. Desaparece la música.

 

 

MARISA.- (Deja sobre la mesita más revistas y cajas y se acerca a la lámpara en un intento de resolver el problema eléctrico.) ¿Por qué le hice caso, Dios mío?. Yo sabía que estos artefactos con línea moderna no valían para nada. “¡Pero sí es muy contemporánea!”, me dijo. ¡Cómo si lo contemporáneo sirviese para algo! (El problema parece no tener solución.)  ¡Al diablo! (Se gira hacia la mesa y abre uno de los paquetes.) ¿Qué es esto?. (Habla mientras saca una gran variedad de velas de formas extrañas con imágenes insertadas de bocas y ojos.) ¡Beeeeerta! Sí cree que voy a permitir que convierta mi casa en un túnel del terror, está equivocada. Esto es obra de otro de sus amigos artistas. (Coloca las velas nuevamente donde estaban y abre otra caja.) ¡Ah, no! ¡Esto sí que no! (La caja está llena de pequeñas piezas de cristal.) ¡Pero se ha vuelto loca! ¡Con el coñazo que es luego limpiar los muebles con esta mierda de chismes! ¡Dios, esto va a ser una pesadilla!. ¡Beeerta!  Pero, ¿dónde se ha metido? (Sale por la izquierda.) ¡Berta!.

 

 

Por la derecha, aparece Berta, también de la misma edad que Marisa. Tiene una cara amable y su aspecto físico inspira cierta fragilidad. Está embarazada de unos cinco meses.

 

 

BERTA.- (Sonríe con amabilidad al tiempo que deposita más cajas sobre la mesa.)  ¿Por qué grita tanto esta mujer? ¡Ni que hubiese un incendio (Abre una de las cajas que acaba de depositar sobre la mesa.) ¡Oh, son preciosas! (Saca unas fotografías enmarcadas en cristal y madera que muestran ecografías tratadas por ordenador.)

¿Dónde las pondremos? Creo que aquí, en el salón, quedarán estupendas. ¿A ti qué te parece? (Muestra las fotografías a su vientre, como si el bebe pudiese verlas.) ¿Verdad que son preciosas? De mayor podrás tener un recuerdo de cómo eras de feto. ¿No es maravilloso? ¡Ojalá yo también hubiese podido tener un recuerdo así! Pero es que, en mis tiempos, la técnica no estaba tan avanzada. Tú, amor, tendrás todo lo que yo no tuve. ¡Hasta tu propio diario! (Pausa.) Quiero decir, mi diario sobre estos nueve meses contigo. Pero, en cierta forma, es tu diario. ¡Te voy a poner música! (Sale por la derecha y entra a escena nuevamente.) ( Se hace audible otro tema de Nicola Hughes.) Quiero que aprendas a distinguir la buena música y que empieces a amarla, como yo.

 

 

MARISA.- (Entra por la izquierda, con más cajas.) ¿Dónde estabas? Llevo un rato llamándote. ¿Por qué has puesto la música tan alta? (Deja las cajas en el suelo.)

 

BERTA.- Es para que la niña la oiga.

 

MARISA.- Berta, tienes un vientre, no una pared de hormigón. Acabarás por dejarnos sordas.

 

BERTA.- La música, para sentirla, tiene que estar a un volumen elevado.

 

MARISA.- Eso te lo acabas de inventar.

 

BERTA.- No, es cierto.

 

MARISA.- Pues entonces, cielo, yo no quiero sentirla. (Sale por la derecha y baja el volumen de la música.) (Entra otra vez.)  Tenemos que hablar sobre el contenido de tus cajas.

 

BERTA.- ¿Qué pasa con las cajas?.

 

MARISA.- Berta, están llenas de chismes.

 

BERTA..- ¿De chismes?. No lo creo así.

 

MARISA.- ¿Y qué me dices de esto? (Abre la caja de las velas y saca un puñado de ellas.)

 

BERTA.- Son velas.

 

MARISA.- ¿No me digas? ¿Hay que tomarse algún tipo de ácido para adivinarlo o con un porro es suficiente?.

 

BERTA.- ¿Por qué te metes con las cosas que hacen mis amigos?.

 

MARISA.- No me estoy metiendo con ellas, Berta. Pero creo que con dos o tres es suficiente. ¡No cincuenta!.

 

BERTA.- Cada una tiene un significado.

 

MARISA.- ¿De veras? Pues para mí que todas tienen forma de “chochos”.

 

BERTA.- Precisamente.

 

MARISA.- Así que eran eso. (Berta asiente con la cabeza y Marisa examina las piezas con atención.) ¿Cómo se llamaba la obra? ¿”Los coños del mundo”?

 

 

 

 

 

BERTA.- Algo parecido.

 

MARISA.- Y, ¿qué me dices de todas estas cositas de cristal?.

 

BERTA.- Son lágrimas.

 

MARISA.- ¿Se le ha muerto algún ser querido al artista para tener que hacer tantos miles de lagrimitas? ¿O representan su malestar por el mundo?

 

BERTA.- Sí, claro, Marisa, se siente solidarizado con la crisis de Oriente Próximo.

 

MARISA.- ¿De veras?.

 

BERTA.- No seas mema. No te pienso explicar el sentido de las lágrimas y ni se te ocurra volver a empaquetarlas. Son piezas de Javier Velasco, el mejor...

 

MARISA.- ¡Pues tu amigo no se puede hacer una idea de lo que será limpiar la estantería que van a ocupar sus lagrimitas!.

 

BERTA.- Yo la limpiaré...

 

MARISA.- ¿Y dónde piensas colocar todos estos cachibaches? No tenemos tantos muebles.

 

BERTA.- Colgadas. Se me ha ocurrido crear un espacio multidisciplinar, de manera que esto no será sólo un comedor o una sala de estar, sino como... una galería de arte.

 

MARISA.- Lo que me temía. Un túnel del terror. Estoy segura de que andaré todo el santo día chocándome con los jarrones colgantes.

 

BERTA.- No hay jarrones.

 

MARISA.- Lo que sea, Berta. Me chocaré igualmente. ¿Qué me dices de la lámpara? No hay manera de que alumbre. Perece un faro.

 

BERTA.- Es así.

 

MARISA.- No puede ser así. No es útil una lámpara que emite señales cifradas.

 

BERTA.- Tranquila, solucionaré el problema de alguna forma para que no te vuelvas loca.

 

MARISA.- Y ciega.

 

 

 

 

 

 

 

Pausa brusca. Ambas desempaquetan objetos. Marisa,cada vez que se topa con alguna otra pieza artística, la vuelve a guardar con disimulo. Por su parte, Berta, no para de sacar libros y apuntes de cuando Marisa estudiaba la carrera.

 

BERTA.-  ¡Vaya! Cuantos apuntes...

 

MARISA.- Sí. Económicas es una carrera en la que se acumula mucho material.

 

BERTA.- Y todavía lo conservas todo... todo.

 

MARISA.- Conservarlos es una utilidad.

 

BERTA.- La decoración también es algo útil. Te ayuda a no creer que vives en un derribo.

 

MARISA.- Entiendo.Tratas de decirme que en la casa hay sitio para tus chismes pero no para los míos...

 

BERTA.- (Con amabilidad.) Estás histérica.

 

MARISA.- No estoy histérica.

 

BERTA.- Saltas por todo.

 

MARISA.- Lo de los apuntes me lo has dicho con ironía.

 

BERTA.- No es cierto.

 

MARISA.- Sí lo es.

 

BERTA.- ¿Qué te pasa?.

 

MARISA.- Nada. Estoy nerviosa.

 

BERTA.- ¿Es por el trabajo?.

 

MARISA.- No. Me va muy bien.¿Por qué?.

 

BERTA.- No sé. Yo me sentiría tan insatisfecha con un trabajo así...

 

MARISA.- Bueno, es que a ti no te gustan las matemáticas y a mí...

 

BERTA.- Sí, ya sé que a ti te chiflan esas cosas raras. Entonces, ¿es por la mudanza?.

 

 

 

 

 

 

 

MARISA.- (Se sienta en el sillón.) De repente, tengo miedo.

 

BERTA.- (Se sienta junto a ella y le acaricia el pelo.) Vaya, al fin una respuesta.

 

MARISA.- Tener nuestra propia casa... Se me hace todo enorme.

 

BERTA.- Pero ya vivíamos juntas.

 

MARISA.- También eso. No sé, dormíamos juntas de vez en cuando y de repente tu cepillo de dientes empezó a formar parte del mobiliario de mi cuarto de baño.

 

BERTA.- ¡Joder! Parece que te obligué a vivir conmigo.

 

MARISA.- Me siento egoísta por lo que te voy a decir, pero, antes era diferente. Vivíamos en mi casa, mi espacio, decorado a mi manera, con mis cosas, a mi modo. Impregnado de mi personalidad.

 

BERTA.- Lógico. Era tu casa.

 

MARISA.- Ahora, es diferente. Este es el espacio de las dos, con tus cosas y las mías, decorado a nuestro modo, impregnado de nuestra personalidad...

 

BERTA.- Marisa, todo cambio implica una primera fase de desconcierto e incomodidad. 

 

MARISA.- Encontrar el punto medio no es fácil...

 

BERTA.- Llevamos un año viviendo juntas y otros tres de relación...

 

MARISA.- ...no termino de sentirme cómoda.

 

BERTA.- ... ¿de veras crees que ahora vamos a tener problemas de convivencia?.

 

MARISA.- No, de convivencia no. Es más una cuestión de identidad...

 

BERTA.- ¡Tonterías! Te digo que es un desconcierto pasajero.

 

MARISA.- ...se me ha perdido la mía.

 

BERTA.- (Pausa larga.) Si quieres, pongo las cosas de Javi en mi estudio.

 

MARISA.- ¡Oh, Berta!. Pero si a mí también me gusta su obra. No hace falta que hagas eso. Sería genial que el salón tuviese señas de identidad de las dos.

 

 

 

 

 

 

 

 

BERTA.- Está bien. Ya veremos la manera de encontrar el famoso punto intermedio.

 

MARISA.- (Se levanta agobiada.) ¡Me siento una egoísta¡ ¡Yo, intentando hacer del espacio de las dos el mío propio!.

 

BERTA.- No seas exagerada. Atraviesas una crisis de pánico.

 

MARISA.- Pero, ¿y si no es sólo eso? ¿Y si no estoy preparada ni para ser madre?...

 

BERTA.- Marisa, estás preocupada, eso es todo.

 

MARISA.-... ¿ni para vivir contigo?...ni para...

 

BERTA.- ¡Ni que fueras tú la embarazada!.

 

MARISA.- Lo siento, lo siento.

 

BERTA.- Si cometes un error no serás la primera, ni la última.

 

MARISA.- Trataré de tranquilizarme.

 

BERTA.- Mira, cuando terminemos la mudanza y todo esté en su sitio, será diferente.

 

MARISA.- ¡Estoy deseando terminar esta maldita mudanza!.

 

BERTA.-  Tranquila. Todo saldrá bien. Estoy segura.

 

MARISA.- Tal vez necesite algo de tiempo para aclimatarme.

 

BERTA.- Estamos juntas, ¿no? Eso es lo importante.

 

MARISA.- Todo esto se me vino encima de golpe. Tengo que asimilarlo.

 

BERTA.- Llevábamos tiempo preparando lo de la niña...

 

MARISA.- Sí, sí. Pero... ¡Ya es real!

 

BERTA.- Bueno, menos mal que te has dado cuenta en el quinto mes de embarazo.

 

MARISA.- Yo...

 

BERTA.- Podría haber sido peor y darte cuenta de que ya es real cuando tuvieses que llevarla a la guardería. (Pausa.) ¿Sabes que pienso? Escribiremos lo que acaba de suceder en nuestro diario para la pequeña.(Rebusca su libro de notas entre las revistas que hay sobre la mesa.)

 

 

 

 

 

MARISA.- No creo que haya que contárselo todo.

 

BERTA.- ¿Estás loca? Hay que compartirlo todo con ella.

 

MARISA.- ¿Qué pensará la niña de mí cuando lo lea?.

 

BERTA.- Todo lo que nos suceda a ti y a mí forma parte de la vida de las tres. No pensará nada malo.

 

MARISA.- No me gustaría que me cogiese manía...

 

BERTA.- Tiene que saber los problemas a los que nos hemos enfrentado en esta fase de nuestras vidas.

 

MARISA.- Está bien. Pero, ¿podrías plantearlo en tu diario de una manera...positiva?.

 

BERTA.- (Acercándole el diario.) Expónlo tú como creas.

 

MARISA.- (Se retira.) No, yo no. Escríbelo tú.

 

BERTA.- Pero...

 

MARISA.-  Se me da muy mal escribir.

 

 

Berta le responde con una sonrisa.

La luz se funde.

 

 

 

 

 

 

 

                                               EJEMPLO II

 

 

Un cenital deja visible la esquina izquierda del escenario. Oscar está situado sobre la plataforma metálica. Frente a él, la mesa alta le queda algo retirada. Tiene a su hijo en brazos, envuelto en sábanas. El aspecto de Oscar es algo desaliñado. Ya no lleva la chaqueta y se ha remangado las mangas de la camisa. Está despeinado y la corbata se mueve de un lado para otro, como si ésta fuese la materialización de su inquietud. Toda la escena está acompañada por un sonido chirriante.

 

 

 

 

 

 

OSCAR.- Bien. No me voy a poner nervioso. Sólo está cagado hasta los ojos. Sí, es de un color marrón claro. Creo que esto no debe significar nada malo. (Mientras hablaba, ha ido dándole vueltas al niño, sin saber muy bien que hacer.) Bien, no me voy a poner nervioso. Ya te he quitado la caquita muchas veces. Sólo que antes no estabas malo. Pero no debe haber ninguna diferencia si la caca es normal... La pregunta es, ¿será normal esta caca de apariencia pastosa? (Coge unas toallitas que hay sobre la mesa y con cierta torpeza provocada por el asco, le limpia el culito al niño.) ¡Dios! (Se gira en una y otra dirección buscando donde arrojar la toallita sin soltar a su hijo hasta que, finalmente y con algo de esfuerzo, deja al niño sobre la mesa.) Tú, de aquí no te muevas, sólo voy a girarme para tirar esto. (Cuando se separa un poco, Pablo rompe a llorar.) Está bien, está bien. No me voy. (Intenta mantenerse cerca de la mesa, pero su nerviosismo se lo impide) Cálmate... Me estoy pringando de mierda. Cariño, tengo que tirar la toallita. (Hace un nuevo intento, pero el niño llora otra vez.) De acuerdo. Te diré lo que haremos: a la de tres yo tiraré la toallita al suelo. Sólo me separaré un segundo. ¿De acuerdo?. Bien: uno, dos y tres. (Se separa por unos instantes para dejar la toallita en el suelo y regresa al lado del bebe rápidamente.) ¡Ja, ja! ¡Ya estoy aquí! ¿Ves? No ha sido para tanto. (Se sujeta con fuerza a la mesa.) (Con más esfuerzo aún, recupera a su hijo.) Tranquilo, hijo. Ahora la cremita. Ya pronto habremos terminado, te daré de comer y a la camita. (Busca la crema.) ¿Por qué lo digo todo en diminutivo? La caquita, la toallita, la cremita... Parece que soy David el Gnomo, ¿no te parece? Eso es cosa de tu madre y tu abuela. ¡Mi niño es un machote! ¡Jo, ja, ja! (Grita como Tarzán.) Se acabaron los diminutivos. La crema, la toalla y la caca. Entonces decíamos... ¡Ah, sí!. La crema. Bueno, hijo, me volveré a separar de ti un momento para coger la crema, abrirla y ponértela. Preparados, listos... ¡Ya! (Repite la acción de la vez anterior.) ¡He vuelto! ¡Papi está aquí con la super cremita anti ronchitas de culito! (El niño hace pucheros.) No, no. No vayas a llorar. ¡Si sólo es una crema! Esto no duele. Mira (Se echa un poco de crema sobre el brazo.) ¡Ves! No hace nada. No pica. No escuece... Nada. (Le pone la crema y se la extiende con delicadeza.)  ¡Ya está! ¡Haces pucheros por tonterías!. (Coge al niño entre sus brazos y lo mece al tiempo que tararea una canción.) Bien, ya estás más relajado, ¿verdad?. (Pausa) Ahora, el pañal. Esto si que me gusta. Es como... (Deja a Pablo sobre la mesa.) No sé. Es como... Sí, como envolver un regalo. Sí. Un regalo en las rebajas de unos grandes almacenes. Podría ser un libro, o un

electrodoméstico. De pequeño me encantaba empaquetar cosas. Pensé en ser enterrador. Por lo de empaquetar fiambres. ¡Ja, ja, ja! Ya sabes, por…Bueno, tú no entiendes el chiste, claro. (Ha cogido los materiales necesarios sin dejar de hablar.) Pero podemos jugar a que yo soy el dependiente de unos grandes almacenes. (Cambia el tono de voz.) Sí señora, ahora mismo le preparo su batidora. Un momento, por favor. Estas batidoras nos están dando un resultado estupendo. No se arrepentirá, se lo aseguro. (Levanta las piernas del niño, para colocar el pañal bajo él.) Además las tenemos de oferta y con un año de garantía. ¿Es para regalo? (Se maneja con bastante torpeza) ¿Lo quiere con un lazo rojo? Si lo desea, le puedo poner una tarjeta de felicitación. (Cierra el pañal.)  Aquí lo tiene señora. Ya se la puede llevar a casa. ¡Que disfrute de su batidora! (Se desmorona sobre la mesa tras el esfuerzo.)

 

Desaparece la luz.

 

 

 

 

 

ESCENA II

 

 

El centro del escenario se ilumina. La lámpara sigue su incesante parpadeo, pero ahora, más espaciado. Por su parte, el sillón-puzzle ha cambiado en la distribución de sus piezas geométricas. Un columpio cuelga desde el techo a la derecha del sillón. Berta está sentada en el sillón con una de las cajas llena de cintas de vídeo y cuentos infantiles sobre sus rodillas. Suena un tema de Ute Lemper.

 

 

BERTA.- No me lo puedo creer. (Saca un cuento con las pastas azules y rosas.) Otro de princesitas. Esta es la del cisne. (Le habla al vientre.) Verás, cielo, se trata de lo de siempre. Una princesa estupenda y maravillosa, que paga los errores de su padre, el rey. ¿Cómo?. Cayendo en el hechizo de un cabrón. (Pausa.) ¡Ups!. Lo siento. De un mago malo y perverso, que para putear a su padre, la convierte en cisne de día y de noche es ella misma, pero sólo bajo la luz de la luna. O sea, que cuando no hay luna, a joderse. Se queda con la forma de pato. ¿Qué te parece?. Pero hay una solución. El príncipe guapo y perfecto, que la ama desde niña, debe jurarle amor eterno. Ya sabes, del de para siempre, por los siglos de los siglos, etc...

 

 

Aparece una luz por un lateral del escenario. Marisa pasea con una libreta en la mano.

 

 

MARISA.- Querida hija, aún sin nombre... ¿Qué pudo contarte? Me gustaría saber qué decirte, qué escribirte... Lamento no tener más facilidad de palabra... para ti.

 

BERTA.- (Busca otra vez dentro de la caja.) Tras muchas aventuras y peripecias, lo consigue. Rompe el hechizo, heredan los reinos, se casan y debemos suponer que tienen hijos y se querrán para siempre. Pero conociendo a los reyes, ella tendrá ya muchos cuernos.

 

MARISA.- (Rompe la hoja.) Así no puedo empezar un diario.

 

BERTA.- (Encuentra una cinta de vídeo. ) Otra. Esta va de un rollo multirracial, pero igual que cualquier otro cuento. Una india que se enamora de un blanco. Por supuesto, eso no puede ser, y otra vez lo mismo: deberán luchar contra viento y marea. Al final, lo del amor eterno. Pero cielo, en verdad te digo, que nada es para toda la vida. Y si crees que hay un príncipe azul, vas bien. Eso, ni en sueños. Así que trata de no idealizar demasiado.

 

MARISA.- No sé como empezar a escribirte, si te digo la verdad. Supongo que en estos momentos debo estar inmersa en un mar de dudas. Aunque no creo que esto sea algo que deba expresarte a ti, precisamente a ti. Pese a que tu madre insista en que lo tienes

 

 

 

 

 

que saber todo. Hay cosas que mejor callarse y esperar a ver que pasa... (Se detiene a releer lo que acaba de escribir y lo rompe.)

 

BERTA.- (Rebusca en la caja.) ¿Qué te decía yo? No me extraña que tus primas hayan salido tan cursis. ¡Con este material, qué se puede esperar! Este cuento va de otra pobre muchacha. Pero es que esta es pobre, pobre. De las que tampoco tiene un duro. Eso sí, cose divinamente y suerte que el príncipe perfecto de todos los cuentos debía andar mal con su sastre, que se fue al pueblo a buscar uno...

 

MARISA.- ¡Hola hija! Al fín te escribo. Ya era hora, ¿no?... (Rompe la hoja.) ¿Pero de qué voy? ¿De la madre guay y alternativa?. (Sale de escena.)

 

BERTA.- Y allí que conoce a la muchacha... (Suena el teléfono.) ¡Vaya! El teléfono. (Deja la caja en el suelo y busca por todas partes el aparato.) Con este lío... (Al fin encuentra entre las cajas el teléfono inalámbrico con forma de corazón y  de color morado.) ¿Diga? ¡Ah, mamá! ¿Qué tal? Sí, aún. La mudanza no termina nunca. (Intenta poner un poco de orden.) No, no te preocupes. No cojo nada de peso. (Pausa.) Sí, me han llegado. Sí, muchos cuentos y eso. También, también ropa. De primera postura y de todas las demás. Claro que las usaré. Sííí... aunque sean rosas. (A la vez que hablaba, ha mirado en las cajas y saca de una de ellas varios conjuntos de ropa para bebe de color rosa. Los mira con cierto inconformismo y se los enseña a su vientre negando con la cabeza. Los mete nuevamente en la caja.) No, mamá... es sólo que... Mamá que la niña vista de rosa no significa... El color no condiciona para esas cosas. A mí me vestías de rosa. (Pausa.) ¡Cielos, mami! La Biblia no dice nada de eso. No mamá. María Magdalena era una puta, no es lo mismo. (Pausa.) Sigo sin entender la comparación. (Pausa más larga.) Pero cuando decía lo de mujer perdida no se refería a eso. (Escucha) ¿Dónde? Vamos, en qué versículo. ¿Eso? (Pausa.) Hola papá. Me alegro de que hayas cogido el otro teléfono, así podrás escuchar lo que mamá acaba de decir de María Magdalena y yo. (Escucha.) ¿Qué tenemos que ver la una con la otra? Buena pregunta. (Pausa más larga.) Mamá, interpretas la Biblia como te da la gana. Además, si tú nunca has ido a misa, ¿pero qué diablos te ha entrado ahora?.. (Pausa.) Sí papá, yo también lo creo. Mamá, él tiene razón, debe ser lo del nido vacío ese. Ya todos nos hemos ido de casa y necesitas seguir realizándote de alguna forma. (Escucha.) (Interrumpiendo.) Papá, ¿por qué no la sacas más a menudo? Así no se comerá tanto la cabeza conmigo. ¿No podéis apuntaros ya a lo del Inserso? (Brusca.) ¡Ya veremos! Porque la bautice no se librará tampoco de ser lesbiana, mamá. Lo tenemos que pensar. Aún no hemos decidido sobre ese tema. Puede que esperemos a que ella decida. (Pausa.) ¡Mamá! ¡Con dos años aún no tiene capacidad de decisión para esas cosas! ¿Cómo se va a plantear la existencia de Dios? Con dos años, se planteará si llegará al water para hacer pipí y se caerá por el agujero o, si mejor, se mea en los pañales. (Pausa larga.) No llores. Sí, estás llorando. Lo noto mamá. Sí, lo noto. En tu manera de disimular que no lloras. (Finge.) ¡Ah! Creo que tengo una contracción. Sí, sí, voy a sentarme. Vaya, no me llega el cable del teléfono. Tendré que seguir de pie... Bueno, no quiero colgarte en medio de una conversación tan destructiva... Si no te importa...

 

 

 

 

 

 

Me echaré un rato. El médico me ha dicho que no me den disgustos. Estos temas me alteran mucho. (Se agarra el vientre.) ¡Ah! Mamá, te dejo. Sí, sí. Estoy bien. Yo también te quiero. Adiós, adiós. Besos papá. (Cuelga el teléfono.) Lo siento, cielo. He tenido que hacerlo. La abuela se pone muy pesada. Sobre todo ahora, con la menopausia. (Se sienta y regresa a su labor anterior.) Bueno, ya hemos decidido que esta caja no es muy educativa. ¡Por lo menos alguna cintita del National Geografic! Tendré que empezar a comprar las colecciones que salen de oferta en los kioscos cada dos por tres. Sólo compro los números de lanzamiento. Son los que mejor salen de precio, porque luego, se ponen a subir y dejan de ser una ganga.

 

 

La luz baja de intensidad, mientras Berta continúa su labor de descifrar el contenido de las cajas. La música desaparece de escena.

 

 

 

 

 

 

ESCENA III

 

 

Una luz cae sobre el lado derecho del escenario. En este espacio, se encuentra Marisa con una pareja de amigos, Andrés y Bárbara. Ambos rondan los cuarenta. Los tres embalan cosas para la mudanza. Durante la escena, Bárbara y Andrés empaquetan haciendo caso omiso a Marisa, como si  fuesen  ellos quienes se mudan.

 

 

BÁRBARA.- Cuando decidimos tener a Ismael, no sabíamos lo que se nos venía encima. Por supuesto, todo el mundo te advierte, pero la realidad es mucho peor.

 

ANDRÉS.- Se te va un dinero.

 

BÁRBARA.- Si sólo fuera eso...

 

ANDRÉS.- Un millón al año, decía una revista el otro día...

 

BÁRBARA.- A mí me parece exagerado.

 

ANDRÉS.- Haz las cuentas. (Deja las cajas en el suelo y saca una calculadora.)

 

BÁRBARA.- (Se ríe.) ¡Cómo se nota que es economista!.

 

ANDRÉS.- Pañales. Ya verás lo que se mea el niño...

 

 

 

 

 

BÁRBARA.- La niña.

 

ANDRÉS.- ¡Qué más da! Va a mear lo mismo.

 

BÁRBARA.- ¡Qué suerte la tuya! Las niñas son más buenas.

 

ANDRÉS.- La comida. (Suma.)

 

BÁRBARA.- ¿Hasta cuándo le dará Berta el pecho?.

 

 

La luz que aún dejaba visible a Berta desaparece.

 

 

MARISA.- Queremos el máximo...

 

BÁRBARA.- Es una lata. Al principio queremos darle el máximo de tiempo posible, pero acabas cansada de tenerlo enganchado a la teta todo el santo día.

 

ANDRÉS.- No le hagas caso, os ahorraréis mucho en comida.

 

BÁRBARA.- Eso no tiene nada que ver. ¡Ojalá no se le retire pronto! ¿Te acuerdas de María? A ella se le retiró prontísimo.

 

MARISA.- Nos han dicho que...

 

BÁRBARA.- Sí, sí...

 

MARISA.- Extraeremos la leche, para que no se retire...

 

BÁRBARA.- ¡Oh! Esos chismes que extraen la leche duelen una barbaridad.

 

ANDRÉS.- ¡La ropita! Crecen a una velocidad que ni te enteras.

 

BÁRBARA.- Recuérdame que os pase la ropa de Ismael. Aunque sea de chico... No os importa, ¿no? Total...

 

MARISA.- En absoluto.

 

ANDRÉS.- Recoge toda la ropa que puedas. Ahorraréis mucho.

 

BÁRBARA.- Está obsesionado. Como se ha tenido que quitar de muchos caprichos... (Ríe.) ¿Verdad, cariño? Con lo que nos gustaba viajar...

 

 

 

 

 

 

 

ANDRÉS.- ¿Tenéis cuna?.

 

MARISA.- Aún no...

 

ANDRÉS.- ¿La sillita para comer?.

 

MARISA.- Bueno, hemos visto una...

 

BÁRBARA.- Hay una en la tienda de hogar de la calle Alveida que se convierte en pupitre. Es ideal. Así tendrás dos muebles en uno.

 

ANDRÉS.- Sí, eso es todo un ahorro. También de espacio. Lo peor es, que cuanto mayor se hacen, más gastan. Porque luego vienen todas esas chuminadas para el colegio...

 

BÁRBARA.- ¡Oh! Es cierto. ¡Qué caros están los libros!.

 

ANDRÉS.- ¡Los libros!... y papá dame para unos botines nuevos, unos pantalones para salir los sábados por la noche, dinerito para salir con los colegas.

 

BÁRBARA.- Las niñas son peores para eso. No hay manera de decirle que no hay más dinero para ropita nueva. Con lo que les gusta tontear...

 

ANDRÉS.- Ni te cuento lo de salir por las noches.

 

BÁRBARA.- No el niño, claro, sino nosotros. (Se ríe.)

 

ANDRÉS.- La canguro te sale más cara que el cine y la cena.

 

BÁRBARA.- ¡Aunque sean cinco a comer!. (Ríe estrepitosamente.)

 

ANDRÉS.- Al final, acabas por alquilar una película en casa.

 

BÁRBARA.- ¿A vosotras os gustaba mucho salir? Berta siempre está hablando de cine.

 

MARISA.- Sí...

 

ANDRÉS.- Pues olvídalo. Tendréis que quitaros de muchas cosas.

 

BÁRBARA.- En fin, cielo, prepárate.

 

ANDRÉS.- Nosotros, precavidos, esperamos a tener la casa pagada. ¿Vosotras tenéis....

 

MARISA.- Dimos sólo la entrada...

 

 

 

 

 

 

BÁRBARA.- ¡Pero vuestro piso es una ganga!. (A él.) Es una vivienda de esas protegidas para marginados.

 

ANDRÉS.- De protección oficial.

 

BÁRBARA.- Lo que sea, pero es una ganga.

 

ANDRÉS.- Es una suerte. Porque con lo caro que sale un hijo...

 

 

La luz se suaviza.

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA IV

 

 

Berta, está sentada en el sillón, escribiendo con un tema de Anna Caram de fondo. Las piezas del puzzle han sido dispersadas, formando tres módulos separados. La lámpara está apagada o rota y las cajas rodean por completo a Berta.  Marisa continúa visible, tratando de deshacer lo que sus amigos han empaquetado mal.

 

 

BERTA.- Sin lugar a dudas, es mucho mejor que éstas las coloquemos en un álbum de fotos. No merece la pena enmarcar algo tan pequeño. No luce y ya bastante pareces una lombriz. Mírate. ¡Eres enanísima! (Le muestra una de las fotos al vientre.) Pero no te apures. Sois todos iguales. Mira (Repite la acción con las ilustraciones de una revista.) Así que no temas. En unas semanas crecerás una barbaridad.

 

 

Entra luz en el espacio de la izquierda. El cuerpo de Oscar aparece desparramado boca abajo sobre la plataforma metálica de la izquierda, que se encuentra desprovista de mesa alguna. Su aspecto es bastante más desaliñado que en el Ejemplo anterior. Suena el balbuceo de un bebe procedente de un pequeño altavoz que tiene casi pegado a la oreja. Durante toda la escena, Oscar estará soñando en voz alta.

 

 

OSCAR.- (Sin abrir los ojos, medio dormido.) ¿Hola, sí? (Se incorpora bruscamente.) ¿Dígame? (El balbuceo termina.) Está bien. (Se desploma, cayendo boca abajo.)

 

 

 

 

 

 

BERTA.- (Ha cogido el diario.) (A la vez que escribe.) Hoy he pensado en tu nombre. Al verte en la ecografía, se me hizo difícil imaginarte como un ser humano, que dentro de poco correrá por los pasillos de esta casa. Para entonces serás una persona, individual y necesitarás un nombre…

 

OSCAR.- Lo siento, lo siento. (Se gira, volviendo la espalda a público.) Ya te lo dije. No es nada.Un ruido sin importancia.

 

BERTA.- Un nombre... Algo que será tuyo para siempre...

 

OSCAR.- No, no voy a bajar a ver quien es porque seguro que no hay nadie.

 

BERTA.- No es una elección facil. Pensar en un nombre que sea especial...

 

OSCAR.- ¡No hay ninguna luz! La farola siempre estuvo ahí. La farola, la calle, los árboles… ¡No parpadea! (Pausa.) Tal vez sólo está estropeada…

 

BERTA.- Parece una tarea simple y sin embargo lo siento como una gran responsabilidad.

 

OSCAR.- (Se mueve y otra vez queda boca abajo.) No te muevas tanto. Así no hay quien…(Se mueve varias veces, intentando encontrar la mejor postura.)

 

BERTA.- Se trata de tu “yo”...

 

 

La luz que continuaba dejando visible a Marisa desaparece.

 

 

OSCAR.- (Sigue soñando.) Me estoy asfixiando. No puedo respirar.

 

BERTA.- Mientras creces en mi vientre, también pienso en otras muchas cosas “responsables”...

 

OSCAR.- Tampoco puedo moverme. No sé lo que tengo. Creo que estoy paralizado. (Parece alterarse.) ¡Socorro! ¡Socorro!

 

BERTA.-  contradicciones... Siento que estoy aquí para ti, tú estás aquí por mí. Pero, quizás sea lo contrario, yo estoy aquí por ti.

 

OSCAR.- Sí, sí, son ellos. No me cabe la menor duda. Se fueron por la derecha. Estaban armados y me lanzaron un rayo petrificador.

 

 

 

 

 

 

 

 

BERTA.-  ¿Qué clase de mundo puedo ofrecerte?…

 

OSCAR.- (Se relaja.) Gracias, gracias. Esperaré los refuerzos. No deben tardar mucho en llegar.

 

BERTA.- Me gustaría darte respuestas, pero ni siquiera las tengo para mis propias preguntas.

 

OSCAR.- (Suena otro balbuceo.) ¡Mi hijo! ¡Tienen que salvarle!¡Por Dios hagan algo!

 

BERTA.- Y sin repuestas, tendrás que seguir adelante.

 

OSCAR.- (Se incorpora violentamente.) ¡Socorro! Está allí. ¡Es que no le ven? ¡Se hunde, se hunde!.

 

BERTA.- Yo te cuidaré siempre y tú me cuidarás a mí...

 

 OSCAR.-  ¡Oh, sí! No me había fijado. Sí, no hay agua. Pero parecía… ¿no?...yo juraría que…

 

BERTA.- ...no debes tener miedo a vivir, a sufrir...

 

OSCAR.- (Pausa) Sí, sí, no les volveré a molestar. Creí que había agua. De cualquier forma, atrapado sí que está, ¿no?.

 

BERTA.- ... porque siempre estaré a tu lado...

 

OSCAR.- (Pausa.) No, para nada pretendía ...Sólo que, aunque no se ahogue, ustedes van a salvarle, ¿verdad?.

 

BERTA.- ... en este mundo en el que las dos tenemos que aprender...

 

OSCAR.- Yo no puedo hacer nada. Me han paralizado ¿Mi mujer? (Se gira.) ¡Se la han llevado!.

 

BERTA.- ... y en el que tú tendrás que enfrentarte a tus propios retos...

 

OSCAR.- (Suena un llanto.) ¡La sirena! ¡Tenemos que buscar un refugio! Vamos.

 

BERTA.- ... con la esperanza de crear algo nuevo, que pueda reparar el daño que otros hicieron…

 

OSCAR.- El efecto ha pasado. ¡Oh, sí! Es genial El efecto ha pasado. Ya puedo moverme. (Cae profundamente dormido, mientras el llanto continúa.)

 

 

 

 

 

 

BERTA.- ...debes creer en ti.

 

OSCAR.- Ya voy, ya voy. ¡Cariño, llaman a la puerta! Cielo, ¿puedes abrir? Estoy en el baño. (Se gira.)

 

BERTA.- Tienes que creer...

 

OSCAR.- (Tras una larga pausa.) Sí, sí. Qué pesados.

 

BERTA.-  ... y no tener miedo a soñar… (Cierra el diario y desaparece su luz.)

 

OSCAR.- (Se incorpora con brusquedad.) ¡Joder! (Coge en sus manos el aparato del que salen los sonidos y cae en la cuenta de que soñaba mientras su hijo lloraba.) ¡Ya voy, ya voy! Tranquilo, hijo mío. (Sale corriendo del escenario.)

 

 

El espacio de Oscar continúa bajo la luz. Desaparece la música.

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA V

 

 

Entra un tema musical de Nanjwanimri. Marisa está sobre el columpio, envuelta en una tela azul que cuelga, mientras un ventilador apunta  hacia ella. Su pelo y la tela ondean bajo el aire que desprende el aparato. Helena, una amiga de ambas, le toma unas fotografías. Berta tumbada en el sillón boca arriba, mira al techo.

 

 

HELENA.- Ruth…

 

BERTA.- Adriana…

 

MARISA.- Gloria…

 

BERTA.- Es un nombre cristiano.

 

MARISA.- Y el que dijo Helena es judío.

 

HELENA.- Y el de ella romano, no te jode...

 

 

 

 

 

(Pausa.)

 

BERTA.- (Se incorpora como si hubiese visto a un fantasma.) ¡Medea!…

 

HELENA.- ¡Casandra!…

 

MARISA.- (Con cierta inseguridad.) Jazmín.

 

(Berta y Helena la miran con cierta desaprobación. )

 

HELENA.- ¿Pronunciado como la flor o con “y griega”?

 

MARISA.- (Insegura de su repuest.a) Yazmín.

 

(Berta y Helena se miran inconformes con la idea.)

 

BERTA.- Es nombre de compresa.

 

MARISA.- Pero si es árabe...

 

BERTA.- Bien. Pues de compresa árabe. (Comienza a ordenar las cajas que invaden el espacio, distribuyendo el contenido de éstas.)

 

 

Oscar aparece sin la camisa. Se le ve agotado. Se sienta en la tarima metálica, mientras observa un termómetro que sostiene en las manos. Suspira y cae hacia atrás.

Helena cambia de posición el ventilador y envuelve a Marisa en un tela de color gris claro.

 

 

 

MARISA.- ¿Cómo que te ha dado ahora por hacerte fotógrafa?.

 

HELENA.- (Mientras busca el mejor encuadre para las fotos.) Ya ves, porque me aburro como un hongo.

 

MARISA.- No es mala idea lo de las flores…

 

BERTA.- (En tono despectivo.) Sí claro, Margarita.

 

HELENA.- Orquídea…

 

BERTA.- Gardenia, que es más horroroso aún.

 

MARISA.- Rosa.

 

 

 

 

 

BERTA.- ¿No lo dirás en serio? Si te parece, le ponemos Flores, a secas.

 

HELENA.- ¿Flores secas?.

 

BERTA.- Cactus. ¡Pues si que sois las dos de gran ayuda! Hay que pensar en un nombre con el que se sienta identificada y no en uno que sirva para que sea el hazmerreír del colegio.

 

HELENA.- Entonces, ¿tampoco valen nombres tipo Amanecer o Alba?.

 

BERTA.- ¡No!.

 

MARISA.- Alba es bonito.

 

BERTA.- ¡Marisa por Dios!.

 

MARISA.- No hace falta que te pongas así. (Pausa incómoda.) ¿Crees que esto funcionará?.

 

BERTA.- Estoy segura.

 

MARISA.- Está bien.

 

HELENA.- ¿Tenemos que escuchar esta música?.

 

BERTA.- Por supuesto. Forma parte de todo. Hay que crear un clima especial para inspirarnos. Poner un nombre que será para toda la vida requiere su magia.

 

HELENA.- ¿Tenéis algo de beber?.

 

BERTA.- En la nevera.

 

 

Helena sale de escena. Oscar se levanta de un salto.

 

 

OSCAR.- ¡Joder!.

 

 

Sale de escena por el mismo lugar que antes.

 

 

MARISA.- Podríamos ponerle nombres familiares.

 

BERTA.- ¿Cómo?.

 

 

 

 

 

MARISA.- Sí. Mi abuela, por ejemplo, se llamaba Leonor.

 

BERTA.- No me gusta. Además paso de nombres familiares. Prefiero ser algo más original.

 

MARISA.- Leonor es bonito.

 

BERTA.- Me parece curioso que quieras ponerle un nombre en memoria de tu abuela cuando aún no le has dicho a tus padres que vas a tener una hija conmigo.

 

MARISA.- (Con brusquedad, deja de mecerse en el columpio.)Ya hemos hablado de eso. Ellos no lo entenderían.

 

BERTA.- Los míos tampoco. Pero si se toma una postura ante la vida hay que defenderla.

 

MARISA.- Ya te dije que se lo diría pronto.

 

BERTA.- ¿Cuándo? ¿En la Primera Comunión de la niña? Les invitarás y dirás: “por cierto, ésta es nuestra hija. ¡Oh! ¿No os lo había dicho? Soy lesbiana”.

 

MARISA.- ¿Te pasa algo conmigo? Arremetes contra mí a la primera oportunidad.

 

BERTA.- Es sólo que no entiendo determinadas actitudes tuyas. Parece como si todo esto fuese algo pasajero en tu vida.

 

MARISA.- Vamos a dejarlo.

 

BERTA.- Sí, como siempre...

 

 

Entra Helena con un vaso de vino blanco. Lo coloca sobre la mesita y se tumba en el sillón.

 

 

HELENA.- Bueno, sigamos. ¿Qué tal nombres de ciudad?.

 

BERTA.- ¿Te refieres a Boston, Helsinki o Washington?.

 

HELENA.- No son nombres muy femeninos.

 

BERTA.- Entonces Croacia, Servia,Bosnia.

 

HELENA.- Bueno, son más femeninos, pero algo conflictivos.

 

 

 

 

 

 

MARISA.- (Tímida, se vuelve a mecer en el columpio.) París…

 

HELENA.- Hablo de algo más romántico… Rodas, Verona…

 

BERTA.- ¿Y si nos lo inventamos?…

 

HELENA.- Sí…

 

 

Oscar entra en escena con el pequeño altavoz en las manos. Sin soltarlo, se deja caer sobre la tarima, mientras da vueltas intranquilo. Se coloca el altavoz cerca de una oreja, luego de la otra. Se abraza a éste…

 

 

HELENA.- Laia...

 

BERTA.- Seina...

 

HELENA.- Ula.

 

BERTA.- Anra.

 

HELENA.- Nem...

 

BERTA.- Venia...

 

HELENA.- Estel...

 

BERTA.- Amrés...

 

(Ambas miran a Marisa, que aún no ha dicho ningún nombre.)

 

MARISA.- No se me ocurre nada. Yo no soy tan creativa como Berta y tú.

 

BERTA.- Eso es una tontería, Marisa.

 

MARISA.- Es la verdad. Ninguno de mis nombres os gustaban.

 

HELENA.- Cariño, es que lo de Yazmín...

 

MARISA.- (Baja del columpio contrariada.) Lo de Yazmín y todo lo demás.

 

BERTA.- Pero, Marisa, ¿no te irás a enfadar por esto?.

 

MARISA.- No sé qué tenemos en común.

 

 

 

 

 

BERTA.- Yo... no entiendo nada.

 

MARISA.-  Ni tan siquiera en la elección de un nombre coincidimos.

 

BERTA.- Pero... ¿qué dices?

 

MARISA.- Quizás deberíais ponerle el nombre entre tus amigos artistas y tú.

 

BERTA.- Tú y yo somos las madres. El nombre y todo lo concerniente a la niña es cosa de las dos.

 

MARISA.- ¿De verás?... Fue idea tuya, Berta. (Se marcha.)

 

HELENA.- Y esta niñería, ¿a qué ha venido?

 

BERTA.- (Visiblemente afectada.) No lo sé. Lleva unos días muy rara.

 

HELENA.- Yo sabía que esto no podía salir bien (Se incorpora y ayuda a Berta con las cajas.)

 

BERTA.- ¿Cómo?

 

HELENA.- Se nota a leguas que no lo tiene claro.

 

BERTA.- ¿Lo de la niña?

 

HELENA.- Lo de la niña y todo. ¡Vamos, si me doy cuenta hasta yo! No me dirás que tú no te has percatado...

 

BERTA.- Sólo está inquieta.

 

HELENA.- Berta, se siente mal. Desplazada, fuera de lugar.

 

BERTA.- Es una crisis pasajera. Deja las cajas, las estás colocando mal.

 

HELENA.- No tenéis mucho en común, eso es cierto.

 

BERTA.- Llevamos un año viviendo juntas. (Le acerca un sujetador realizado en látex.) Toma, cuelga esta pieza junto al columpio

 

 

HELENA.- Y os peleábais. (Observa con extrañeza la pieza.) ¿Estás renovando tu vestuario?

 

 

 

 

 

 

 

BERTA.- Nos peleábamos como cualquier pareja. ¿Por qué ahora va a ser diferente?

 

HELENA.- Porque este paso es más definitivo y serio, con una tercera persona de por medio. Marisa no tiene claras muchas cosas. Lleva dos vidas paralelas: tu mundo homosexual y su mundo heterosexual. Te oculta a su familia, a casi todos sus amigos... Eso no es muy normal.

 

BERTA.- Yo soy su primera relación homosexual. No es fácil salir del armario y reconocerlo públicamente. Hay que estar preparada.

 

HELENA.- Marisa no es una niña. Para mí la cosa está clara: es una cuestión de identidad propia. Marisa no la tiene y ahora con la niña... Nosotros lo teníamos claro. No podíamos perder nuestra identidad por culpa del niño. Te chupa la sangre, creerme. Y eso aterroriza a Marisa. Aparte....

 

BERTA.- (Sigue la conversación con total desgana) Exageras.

 

VOZ EN OFF MARISA.- (Como si fueran sus propios pensamientos en voz alta.) Pero Helena tiene razón. Algo de independencia te quita.

 

HELENA.- Mucha.

 

VOZ EN OFF DE MARISA.- Y de identidad.

 

HELENA.- Toda

 

BERTA.- ¡Qué tremendista! Depende de cómo te lo montes.

 

VOZ EN OFF DE MARISA.- Pero es que ya no será lo mismo.

 

HELENA.- Nunca más.

 

BERTA.- ¿Se puede saber por qué lo tuviste?.

 

HELENA.- Ya sabes, por la edad.

 

BERTA.- Puedes tener hijos a los cuarenta y no sucede absolutamente nada.

 

HELENA.- ¡Ja! Eso es sólo en Hollywood, que se funden la pasta en médicos especialistas. Carlos y yo nos organizamos muy bien. Cuando él sale yo no y viceversa. Así no dejamos al niño sólo.

 

BERTA.- ¿Y cuándo salís juntos?.

 

 

 

 

 

 

 

HELENA.- Nunca. Total, para lo que nos aburrimos…

 

BERTA.- El niño notará enseguida que no sois felices. Tienen un sexto sentido para esas cosas.

 

HELENA.- Bueno, le queremos mucho. ¿sabes? Yo quería intentar salvar lo nuestro.

 

BERTA.- No se salva una relación en ruinas teniendo hijos.

 

HELENA.- Él no quería… fui yo la que insistí.

 

BERTA.- Ya. Me parece horrible y egoísta.

 

HELENA.- No seas estrecha. No soy la única que tiene un niño por esas razones. Pinché el preservativo y punto. No salvó lo nuestro, pero el niño nos tiene entretenidos. ¿Y vosotras?.

 

BERTA.- Yo... No sé, me apetecía ser madre. Sentí que era el momento.

 

HELENA.- ¿Y Marisa?.

 

BERTA.- Pues ella... No lo sé.

 

HELENA.- Ya, fue idea tuya. ¿Quién es ahora la egoísta?...

 

 

Fundido de luz.

 

Oscar, sin poder conciliar el sueño, decide ir a dormir a la habitación del niño. La luz desaparece de su espacio y del columpio.

 

El tema musical finaliza.

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA VI

 

 

Las luces invaden el escenario procedentes de diferentes calles de manera intermitente y espaciada, conforme aparecen los personajes. Marisa está sentada en el sillón. Joaquín, su hermano (el doctor que atendió a Oscar en el Ejemplo I) está de pie, tras ella y se mueve de un lado a otro, enojado. Como si le ayudara en la mudanza, entra y

 

 

 

 

sale con cajas que vacía esparciendo su contenido sobre la mesa o el sillón sin orden alguno. Marisa, sin atreverse casi nunca a levantarse, ordena las cosas en la medida de lo posible.

 

 

JOAQUÍN.- ¿Pero te has vuelto loca? ¿Qué clase de mundo le vas a ofrecer?¿A qué clase de vida harás que se enfrente?.

 

MARISA.- Yo...

 

JOAQUÍN.- ¡Vais a traer al mundo a un desgraciado!.

 

MARISA.- (En voz baja) Desgraciada.

 

JOAQUÍN.- ¡Las actrices se hacen lesbianas y ahora, todas a imitarlas!

 

MARISA.- No es una cuestión de modas...

 

JOAQUÍN.- La sociedad no está preparada para esto. Por más que las estrellas de Hollywood quieran imponerlo como moda.

 

MARISA.- (En un susurro) Yo no creo que... Es sólo que ahora sí nos atrevemos a...

 

JOAQUÍN.- ¿A qué? Dudo que sepas lo que quieres...

 

Marisa ahoga un suspiro.

 

JOAQUÍN.- ¡Toda la vida has tenido novios! ¿Qué te ha pasado?.

 

MARISA.- Yo siempre... En el fondo...

 

JOAQUÍN.- ¡Pues sería muy en el fondo!.

 

MARISA.- Joaquín...

 

JOAQUÍN.- Papá no se lo puede creer. No quiere ni oír hablar del tema. ¿Cómo has podido ocultar algo así? ¡Pensábamos que sólo erais compañeras de piso!.

 

MARISA.- Al principio, sí.

 

JOAQUÍN.- ¡De cinco meses! Ya es inevitable...

 

 

Barbara y Andrés aparecen por la derecha, con más cajas.

 

 

 

 

 

 

BARBARA.- ¿Qué me dices de cuando se os ponga enferma? Si Berta no puede ir a llevarla al Hospital, ¿quién se supone que es ella?, ¿una amiga?.

 

ANDRÉS.- ¿Y qué hay de la pensión de viudedad si una muere? ¡Con lo difícil que es mantener una familia!.

 

 

Ambos se ponen a desempaquetar el contenido de las cajas y colocar el mismo donde les va pareciendo.

 

 

JOAQUÍN.-  Pero, ¿qué es esto, un programa de sobremesa? ¿Quién les ha dado vela en este entierro? Esto es una convesación privada entre mi hermana y yo.

 

ANDRÉS .- Lo de las parejas de hecho sí que no sirven para nada. No son rentables.

 

JOAQUÍN.- (A Marisa) ¿Son amigos tuyos?.

 

MARISA.- Sí...

 

BARBARA.- Los niños son muy sensibles a estas cosas. Imagina que vaya al colegio a recoger a la niña diciendo que es su padre. ¡Qué trauma!.

 

ANDRÉS.- Sin papeles en regla, todo se complica. ¿Qué me dices de un préstamo hipotecario?

 

BARBARA.- Claro que la ausencia de la figura masculina se podría ver reflejada en su lugar en los primos, tíos, abuelos... Pero nada de eso es comparable con un padre.

 

JOAQUÍN.- (A Barbara y Andrés, que se han inmiscuido en la conversación y se han sentado a cada lado del sillón, mirando al público) No me lo puedo creer. ¿Podrían hacer el favor de meterse en sus asuntos?.

 

ANDRÉS.- (Sin oír a Joaquín y emocionado por la conversación) ¡Y los inconvenientes que trae con Hacienda el no estar casado! Casi un 42% más por una simple transacción de patrimonio.

 

BARBARA.- Cuando se eche novio, ¿qué me dices? “Mira cariño, te presento a mis madres”...

 

 

Bárbara y Andrés, junto con Joaquín, continúan la labor de colocar el contenido de las cajas por todo el espacio y sin ningún orden.

 

 

 

 

 

 

 

BARBARA.- Imagínate a nuestro hijo. Con esta clase de ejemplos que estáis dando, será difícil convencerle de que la heterosexualidad es lo natural en el ser humano...

 

JOAQUÍN.- (A Marisa) Tienes que recapacitar.

 

ANDRÉS.- La ley habla de derechos y no de obligaciones.

 

BARBARA.- ¿Qué aportan a la sociedad para que merezcan un tratamiento tan exclusivo?

 

JOAQUÍN.- ¿Cómo?

 

ANDRÉS.- ¡Ya te has ido por las ramas!

 

BARBARA.- ¿Qué?

 

JOAQUÍN.- (A Marisa) Mira, lo único que sé es que los matrimonios, las uniones, han de ser siempre entre un hombre y una mujer. No lo digo yo, lo dice la Constitución...

 

MARISA.- Quizás habría que volver a definir lo que es unión, matrimonio, familia...

 

ANDRÉS.- Si una de las dos se queda en paro, olvídate de ayuda familiar. (A Bárbara) No es como en un hogar normal.

 

JOAQUÍN.- Disculpe, les repito que esto es un asunto de familia...

 

ANDRÉS.- Lo siento...

 

MARISA.- La sociedad no es lo que hace diez años...

 

 

Se ilumina la plataforma de la izquierda. Helena está sentada, leyendo una revista.

 

 

HELENA.- Las leyes de parejas son sólo parches. No es justo que las creencias religiosas o el modelo de familia elegido por alguien le prive de los beneficios civiles y económicos de los heterosexuales casados. ¡Que se casen y punto!.

 

JOAQUÍN.- ¿Otra?...

 

BÁRBARA.- (A Helena.) Imagina las dos sacando a pasear a la niña al parque. ¡Es que no se ve una cosa así! ¡No se ve a dos padres jugando con su hijo al fútbol!.

 

 

 

 

 

 

 

 

JOAQUÍN.- (A Helena) Pero, ¿es que todo el mundo se va a meter en nuestros asuntos?

¡Ni que esto fuera un debate de la dos!... (A Marisa) Lo más importante ahora es el bien de la niña.

 

HELENA.- Exacto, no la discriminación...

 

JOAQUÍN.- ¡Quiere callarse de una maldita vez! (A Marisa) Las pareja homosexuales son diferentes...

 

HELENA.- (Se acerca a Marisa y le ayuda a poner orden en las cosas, pero en realidad, contribuye, sin quererlo, al desorden de los objetos.) Como los negros, judíos...

 

JOAQUÍN.- (A Helena) No me refería a eso. Son más inestables, más promiscuas...

 

HELENA.- Más abiertas, sin prejuicios...

 

JOAQUÍN.- Sin principios morales...

 

HELENA.- Pero si con el paso del tiempo hemos convencido a nuestros hijos de que ser negro no es ser diferente, entonces...

 

JOAQUÍN.- (Se coloca en el centro del escenario) ¡Soy pediatra! Sé lo que digo. Hemos hecho informes de cómo afectaría esta situación al desarrollo del niño...

 

HELENA.- Es el mismo rollo que nos soltasteis cuando la Ley del Divorcio...

 

MARISA.- Lo importante es que la niña crezca en un ambiente cordial y rodeada de amor...

 

BÁRBARA.- Sí. El amor de una madre es muy importante.... pero el de dos...

 

JOAQUÍN.- (Gritando) Pero, ¿cómo van a ser normales esos niños? ¡Los homosexuales no llevan una vida normal! No son normales. Los estudios dicen...

 

HELENA.- ¿Pero me quiere decir donde están esos estudios? ¿En qué libros?...

 

BÁRBARA.- ¡Ah! Pues le importaría darme uno, me gustaría leerlo...(A su marido.) Me interesan estos temas de actualidad.

 

HELENA.- Me gustaría saber en qué se basan para llegar a esas conclusiones. Nunca se ha debatido seriamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

JOAQUÍN.- Los foros, señorita...

 

HELENA.- Creo que científicamente, nadie ha demostrado hasta ahora que los niños adoptados o engendrados por homosexuales salgan peor o mejor...

 

BÁRBARA.- No, pero seguro que salen maricas cuando sean mayores.

 

JOAQUÍN.- Con problemas de autoestima a causa de la marginación social.

 

ANDRÉS.- Marisa, este señor es un experto. ¡Un pediatra!.

 

HELENA.- ¿Qué representatividad tienen unos cuantos pediatras?.

 

MARISA.- Helena...

 

HELENA.- Se necesitan leyes y estudios más complejos para un nuevo sistema de familia más complejo...

 

BÁRBARA.- (A Marisa) ¿Cómo le diréis lo del padre?.

 

HELENA.- Le enseñarán una probeta y le dirán “Este es tu padre”.

 

JOAQUÍN.- Claro. Las soluciones son más numerosas y fáciles que los problemas...

 

ANDRÉS.- Yo ya me he perdido en este debate.

 

JOAQUÍN.- ¡Esto no es un debate! ¡Es un discusión de familia! Y ustedes, que no se de dónde han salido, se han metido por medio.

 

ANDRÉS.- Estábamos aquí antes.

 

BÁRBARA.- Propongo establecer un turno de palabra y unos puntos concretos.

 

ANDRÉS.- Con propuestas...

 

HELENA.- Vale.

 

JOAQUÍN.- Pero, ¡qué carajo! ¡A callar todo el mundo! (A Marisa) ¿Estás segura de lo que vas a hacer?.

 

BARBARA.- ¿Eso es un punto o una propuesta?

 

ANDRÉS.- Es mucha responsabilidad. Un hijo te cambia la vida.

 

HELENA.- Ese no debería ser el punto uno.

 

 

 

 

 

JOAQUÍN.- ¿Estás segura de que eres lesbiana?.

 

BARBARA.- Lo de la seguridad en ser madre es más importante.

 

HELENA.- ¡Queréis dejarme decir mi punto uno!

 

ANDRÉS.- Yo creo que aquí hay dos conceptos claros a debatir...

 

JOAQUÍN.- ¡A callar!.

 

ANDRÉS.- Oiga, esto nos afecta a todos. Yo también soy padre de familia.

 

HELENA.- ¿Puedo hablar?.

 

JOAQUÍN.- Las relaciones afectivas en el niño...

 

BÁRBARA.- Hay que debatir un orden de prioridades: el lesbianismo por un lado y la maternidad por otro....

 

HELENA.- ¿Me dejan hablar?...

 

ANDRÉS.- Y lo de los inconvenientes civiles y fiscales...

 

JOAQUÍN.- El conflicto sicológico, el trauma...

 

HELENA.- Marisa, ¿estás segura de que quieres a Berta?...

 

 

Marisa no sabe qué contestar. Todos la miran esperando la respuesta. En ese momento suena un teléfono, que rompe el tenso silencio que invade el escenario. Oscar aparece por la izquierda y ocupa la plataforma en la que  había estado Helena.

La luz desaparece lentamente para dejar sólo a Oscar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA VII

 

 

Una luz de calle ilumina a Oscar mientras habla por teléfono. Su aspecto es muy desaliñado. En una mano lleva el teléfono inalámbrico y en la otra sujeta con fuerza el intercom.

 

 

OSCAR.- (Su voz suena tierna y llena de esperanza) ¡Hola cariño! ¿Cómo estás? ¿Qué tal los exámenes? (Pausa) ¡Vaya! Eso es genial, ¿no? Me alegro muchísimo. Entonces, es casi seguro que pasas al siguiente? (Pausa) Genial. No sabes cuánto te quiero... ¿Cómo?...Deberías ser más positiva, mi amor. Eres muy inteligente, que no te quepa la menor duda. Eres la mejor... ¿El niño? Bien, bien, me las arreglo estupendamente. No tienes que preocuparte por nada. Sí, sí, está formidable. Si, las noches las pasa bien. No, no llora. Es muy tranquilo. No te preocupes, no extraña nada. Soy su padre, ¿cómo me va a extrañar? Siiiii, como bien. ¿la caquita? Pues... marrón... marrón clara. No, es como... como la de cualquier niño. ¿Gases?... No, ¿por qué?...(Escucha.) Preocúpate sólo de los exámenes. Te dije que podrías confiar en mí en cuanto al niño se trataba. Sé lo importante que es esto para ti. Quiero que estés concentrada. (Pausa larga) ¿Estás bien?...¿Cansada? Lo entiendo, son muchas horas de examen...y seguro que aún andas resentida del viaje y...(Escucha y se levanta) ¿De qué? (Extrañado) ¿De tu vida?...¿Pero de tu vida conmigo o de tu vida en general?... ¿Por qué lloras? (Silencio tenso, pero él sigue sin perder la calma) ¿Distancia? ¿Tiempo? Pero si ya estás lejos...y desde hace dos días... Bueno, sí sólo son 100 km., pero...¿necesitas más distancia? No sé, dime tú, ¿como cuántos kilómetros son necesarios? Quizás estés muy tensa por los exámenes y eso te haga pensar de manera negativa... (Sorprendido pero con total calma) ¿No hay ningún examen? ¿Quieres decir que... Pero, yo te vi estudiar... ¿Qué? ¿Qué fue un error? ¿Yo? ¿Pablo?...¡Toda tu vida! Vaya, eso es mucho, sí. (Suspira) No, no sé que decir. Te has inventado un exámen para estar lejos de nosotros y pensar...Podría continuar, pero, sabes, creo que tengo anginas. Fiebre o algo así. Sé que nos casamos muy jóvenes, pero...¿Cómo?...Bueno, sí, es lo único que se me ha ocurrido decirte, es que... es cierto, tengo anginas, no me encuentro bien... (El niño llora y su llanto se hace audible por el intercom) Sí, esto... (Empieza a ponerse nervioso, mientras se mueve inseguro hacia la habitación y tapa el intercom para que su mujer no lo oiga) Bueno...¿un ruido? Sí, tengo la tele puesta...(Hace ruidos sobre la tarima para ahogar el llanto del niño.) No te oigo bien.... Los vecinos, ya sabes, creo que están de mudanza... Esto...tómate todo el tiempo que necesites. No, no tienes que... Necesito ir al baño... Sí, sé que no es el momento, pero con esta noticia... (Aleja el teléfono y hace más ruido.) No sé, se me ha soltado el estómago. Bueno...Llama cuando quieras o de vez en cuando, no sé. Un beso...Yo, esto...Bueno, te quiero. Cuídate...

 

Oscar cuelga el teléfono y se sienta pensativo.

 

 

 

 

 

 

 

OSCAR.- ¡Joder!

 

Como si se despertara de un sueño, coge el intercom y se lo pone en la oreja.

 

OSCAR.- Ya voy, ya voy. ¡Tranquilo!

 

 

Sale corriendo del escenario.

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA VIII

 

 

La luz invade el espacio central del escenario. El sillón de tres módulos y figuras geométricas está separado en dos partes. Al centro dos de ellas, ocupados por Berta, que escribe en el diario y el otro por un montón de cajas vacías. Algo más retirado, un tercer módulo, donde Marisa ordena unos libros.

La lámparano parpadea.

 

 

MARISA.- Tendremos que decirle que no se lo cuente a todo el mundo, porque hay gente a la que podría no gustarle, ya sabes... mejor que diga que soy una amiga.

 

BERTA.- No tienes la lepra, ¿sabes?.

 

MARISA.- Me refiero a no crearle traumas.

 

BERTA- ¡Traumas!.

 

MARISA.- A causa de la discrimnación...

 

BERTA.- No somos la familia modelo pero, ¿cuál es hoy en día el modelo?

 

MARISA.- Ella no entenderá eso y sus amigos del colegio, menos.

 

BERTA.- Los niños tienen menos prejuicios que los adultos.

 

 

 

 

 

 

 

 

MARISA.- ¿Y si pregunta por su padre biológico?.

 

BERTA.- Una probeta.

 

MARISA.- Pero algún día querrá saber.

 

BERTA.- Pero la respuesta seguirá siendo “una probeta”. No tengo ni pajolera idea de quien es el padre, ¿lo comprendes? Un tipo que se hizo una paja en un frasco y se la dio al  hospital, Marisa, no hay más.

 

MARISA.- Esa respuesta es muy fría.

 

BERTA.- Está bien.

 

MARISA.- No hay que ser tan brusca...

 

BERTA.- Su padre no es una probeta ni el producto de una paja en el water de un hospital. Su padre es un donante anónimo.

 

MARISA.- Bueno...

 

BERTA.- ¿Mejor?

 

MARISA.- Sí, creo que sí. Pero me preocupa la marginación que pueda sufrir, ¿sabes? Por esos es mejor que yo quede en un segundo plano. Una amiga, una prima.

 

BERTA.- ¿También quieres que ella te diga la “tita Marisa” en lugar de “mama”?.

 

MARISA.- Bueno, si hay dos madres, podría confundirse, ¿no crees? No es lo habitual.

 

BERTA.- ¿Qué es lo habitual?

 

MARISA.- bueno, lo normal...

 

BERTA.-¿Lo normal?.

 

MARISA.- Un padre y una madre...

 

BERTA.-  Creo que como lesbiana he hecho una apuesta muy fuerte en la vida.

 

MARISA.- Lo sé. Yo no pretendo...

 

BERTA.- La libertad es o no es. Una vez que se ha apostado por la libertad, no se le puede poner condiciones, y no se las voy a poner a la vida de mi hija.

 

 

 

 

 

 

MARISA.- No la tomes conmigo, quiero lo mejor para la niña.

 

BERTA.- Los nuevos modelo de familia, Marisa, son una realidad que ya está en la calle.

 

MARISA.- Yo no veo esto como un pecado.

 

BERTA.- Pues lo parece.

 

MARISA.- Me preocupa la niña. La marginación legal que vamos a sufrir nosotras y ella. El dinero, los derechos...

 

BERTA.- ¡Pues que no nos fuercen a seguir siendo marginales! Me siento tan natural como la propia naturaleza.

 

MARISA.- Yo también, no hace falta que me lo grites. (Pausa incómoda.) Esta bien. No he dicho nada. Sólo expresaba mis dudas e inquietudes.

 

BERTA.- Estás llena de dudas, Marisa.

 

(Pausa tensa.)

 

BERTA.- Sigues nerviosa.

 

MARISA.- ¿Nerviosa?.

 

BERTA.- Enfadada.

 

MARISA.- ¿Enfadada?.

 

BERTA.- Histérica, triste, rara. Lo que sea Marisa.

 

MARISA.- No.

 

(Pausa larga.)

 

BERTA.- Antes nunca discutíamos.

 

MARISA.- Lo sé. Yo nunca te daba demasiadas opiniones personales...

 

BERTA.- ... y propias... Yo no te lo impedía.

 

MARISA.- Sí te dije que no sabía si era buena idea lo de la niña.

 

(Pausa.)

 

 

 

 

 

BERTA.- ¿Por eso nunca escribes en el diario?.

 

MARISA.- No me sale.

 

BERTA.- No te sale.

 

MARISA.- No, no sé que decirle.

 

BERTA.- También es tu hija.

 

MARISA.- ¿Lo es?.

 

BERTA.- Es nuestra hija, de las dos.

 

MARISA.- ¿Nuestra?.

 

BERTA.- ¡Joder, Marisa! ¡Esto parece un acertijo con tantas preguntitas!.

 

MARISA.- Tengo mis dudas...

 

BERTA.- ¿Sobre qué?.

 

MARISA.- Sobre todo...

 

BERTA.- Lo imaginaba...

 

MARISA.- No estoy preparada...

 

BERTA.- Uno se prepara si quiere preparase. Es como un examen. La vida es un examen para el que hay que estudiar.

 

MARISA.- Quizás aún no me sienta segura para...

 

BERTA.- Yo también soy una persona con sus inseguridades. Intento que nadie manipule por ello mi manera de pensar.

 

MARISA.- No se trata de los demás. Se trata de quién soy yo...

 

BERTA.- Sí, se trata de los demás. Si cometes un error, no serás la primera, ni la última...(Pausa) Pero no me vuelvas loca, porque no estás segura para escribir en el diario, no estás preparada para venir al ginecólogo, sólo la primera vez viniste a la revisión, las restantes siempre hubo una excusa mientras yo te esperaba... Has mentido sobre tus inclinaciones sexuales a tus novios durante años. Me has ocultado a tu familia hasta el último momento... Y ahora me pregunto ¿qué has estado ocultándome a mí?

 

 

 

 

 

 

MARISA.- Lo que me ocultaba a mí misma...

 

BERTA.- ¿Cuál es entonces la respuesta a este dichoso acertijo?...

 

 

Marisa la mira sin responderle. La luz se funde con un hilo luminoso procedente de una calle lateral.

 

 

 

 

                                              

 

 

ESCENA IX

 

 

Oscar aparece por un lado del escenario y lo atraviesa con calma. Está vestido con ropa deportiva y le da el biberón a su hijo, al tiempo que tira de un carrito lleno de todo lo necesario para atender a un bebe. Se le ve moverse con cierta desenvoltura.  Durante toda la escena, Oscar se mueve de un lado para otro con el niño y el carrito, realizando diversas acciones.

 

OSCAR.- Vamos, cielo. Quiero que te lo bebas entero. Así, perfecto. Estás hecho todo un campeón. ¡Cada día estás más grande. Y con el bibi, te pondrás fuerte y gordo y serás todo un hombrecito.

 

Entra luz por diversas calles laterales, al tiempo que comienza a sonar un tema de Gloria Gaynor. Marisa lleva un portátil y el teléfono móvil en la otra mano. Viste de manera diferente y su aspecto físico parece cambiado.

 

 

MARISA.- (Marca un número de teléfono con nerviosismo.) Esto... (Cuelga.) (Pasea por el escenario y al momento vuelve a marcar.) Yo... (Cuelga.) (Se detiene y vuelve a marcar.) Esto... ¡Hola! ¿Qué tal? (Cuelga y vuelve a pasear.) (Hablando en voz alta.) Hola. Sólo llamaba para saber como estabas. Bueno... llámame... si quieres o si te apetece... En fin, si necesitas algo, llámame. (Se detiene y coge el teléfono en un nuevo intento de telefonear y soltar la frase que acaba de ensayar.)

 

 

Se ilumina el centro del escenario. Dos mujeres están sentadas en el sillón, que vuelve a formar una sola pieza. La luz de la lámpara parpadea y ya no hay cajas por el suelo. Todo el espacio está invadido por las piezas de los artistas amigos de Berta que llenaban las cajas de la Escena I y que cuelgan.

 

 

 

 

 

 

Las dos mujeres hablan mirando al público, como si los espectadores fuesen sus interlocutores.

 

 

MUJER 1.- Yo, por cesárea. Fue horrible. Una pesadilla. Treinta y dos horas dilatando.

 

MUJER 2.- El mío fue bien. Pero tuve una lumbalgia que me retuvo tres meses en cama. Fue un parto natural… pero en el hospital.

 

MUJER 1- Para que sea natural tiene que ser en casa.

 

MUJER 2.- Eso depende.

 

MUJER 1.- La epidural es lo ideal. Lo mejor es que ni te enteres.

 

MUJER 2.- Natural, natural, que todo sea natural.

 

MUJER 1.-  Con los peligros que eso tiene...

 

MUJER 2.- Pero antiguamente...

 

MUJER 1.- Antiguamente...¡Antiguamente la mitad se moría! ¡Menos mal que ya no hay antiguamente!.

 

 

Aparece Berta, que se tumba en el suelo para hacer unos ejercicios de respiración. Se encuentra en estado muy avanzado y se comporta como si las dos mujeres no estuviesen en su casa.

 

 

MUJER 2.- ¿No sabes lo que le ha pasado a Marina? Todo iba bien y de pronto, rubeola.

 

MUJER 1.- ¿Qué me dices? ¿Y qué hará?.

 

MUJER 2.- ¿Qué harías tú? Está casi de tres meses.

 

MUJER 1.- ¡Yo me muero! Pero es que nos creemos que tener un niño es muy fácil. ¡Con la de cosas que pasan!...

 

MUJER 2.- Ana, por ejemplo. En el último momento, una hemorragia interna. Y su hermana, placenta envejecida. Tuvo un parto durísimo. Tampoco dilataba.

 

MUJER 1.- ¡Es que dilatar no es fácil!.

 

 

 

 

 

 

Berta altera la respiración  y se comporta como si fingiera unas contracciones, que trata de dominar mediante ejercicios.

 

 

MUJER 2.- Lo peor son las contracciones. ¡Y dicen que no duele!.

 

MUJER 1.- Yo me rajé de arriba abajo...

 

MUJER 2.- Me dolían muchísimo...

 

MUJER 1.- Diez  puntos, o una cosa así. Vamos, muchos...

 

MUJER 2.- Decían que era por no haber ido a las clases de preparación al parto...

 

MUJER 1.- Tardaron en darme el alta por culpa de los puntos.

 

MUJER 2.- Pero es que yo fui a unas clases especiales que impartía una naturópata, con un nuevo método basado en tu propio bioritmo.

 

MUJER 1.- Se me infectaron.

 

MUJER 2.- Encantadora.

 

 

Oscar y Marisa tropiezan.

 

 

OSCAR.- Lo siento.

 

MARISA.- No, al contrario. Discúlpeme.

 

OSCAR.- Le daba el biberón al niño y...

 

MARISA.- Hablaba por teléfono y...

 

OSCAR.- No miré por donde iba...

 

MARISA.- No me fijé por donde iba...

 

OSCAR.- Lo siento.

 

MARISA.- Lo siento.

 

(Ambos se sonríen.)

 

 

 

 

 

 

MUJER 1.- Yo fui a las clases de preparación de toda la vida, las del hospital.

 

MUJER 2.- Muchas veces, todo consistía en encontrar tu propia respiración controlando tu propio peso...

 

 

Berta se concentra, suspira soltando el aire de golpe y cambia de posición.

 

 

MUJER 1.- Todo el tiempo era un simulacro del parto.

 

MUJER 2.- Ejercitabas la mente...

 

MUJER 1.- Contracciones...

 

MUJER 2.- ...la concentración...

 

MUJER 1.- ...empuje...

 

MUJER 2.- el equilibrio.

 

 

La luz desciende.

 

 

MARISA.- Un niño precioso.

 

OSCAR.- Gracias. Su portátil también es muy bonito.

 

MARISA.- ¡Oh! Vaya, pues gracias.

 

OSCAR.- No, verá, es que, precisamente, buscaba uno nuevo y...

 

MARISA.- Este tiene muchas prestaciones...y no pesa nada. ¿Quiere cogerlo?

 

OSCAR.- ¡Oh! No. No quiero...

 

MARISA.- No es ninguna molestia...

 

(Oscar se mueve con torpeza, sin saber como coger el portátil sin que el niño se le caiga.)

 

MARISA.- Será mejor que yo...

 

OSCAR.- Sí.

 

 

 

 

 

MARISA.- ¿Me permite?

 

OSCAR.- Si no es molestia...

 

MARISA.- Por supuesto que no.

 

(Marisa coge en brazos al niño y Oscar queda con las manos vacías.)

 

MARISA.- Si no le importa...

 

OSCAR.- ¡Oh! Vaya, lo siento.

 

(Oscar coge el portátil, liberando a Marisa una de las manos para poder sujetar al niño con soltura.)

 

 

OSCAR.- No pesa nada.

 

MARISA.- Sí, es cierto. ¿Qué tiempo tiene?.

 

OSCAR.- ¿Cómo?.

 

MARISA.- El niño.

 

OSCAR.- ¡Oh! Yo me refería a el...

 

MARISA.- ¡Oh! Creí que me hablaba del niño...

 

OSCAR.- Ya va para trece meses...

 

MARISA.- Es precioso.

 

 

Se intensifica la luz del centro del escenario. Berta continúa con sus ejercicios de respiración. Está sola.

 

 

BERTA.- (Desesperada, coge el inalámbrico y marca un número.) ¡Helena! Ya no puedo más. No consigo sacármelo. ¿Qué va a ser? ¡El ajo! Me metí un ajo en la vagina para fortalecer mis defensas y ahora no me lo puedo sacar. (Pausa.) Fue idea de mi ginecóloga. Llevo un rato haciendo falsas contracciones a ver si sale, como tú me dijiste, pero no hay manera... Oye, no tiene ninguna gracia ¿sabes? Si no me lo saco pronto, me dará fiebre. Sí, te escucho. Está bien. (Sin soltar el teléfono, se baja las bragas y se coloca en cuclillas, introduciéndose los dedos.) No lo encuentro. Debe

 

 

 

 

 

 

haberse ido lejos. ¡Ya, ya lo busco! ¿Qué te crees que hago? ¿Hurgarme la nariz? No está. ¡Pues que no está significa que no está! (Busca una nueva posición.) Espera, espera. Ya lo veo. ¡Joder! ¡Se va a meter en el fondo del todo! ¡Está a punto de entrar en el útero! Te lo juro. ¿Qué hacemos? Tengo que ir al médico o mi hija morirá... No exagero. Si me da fiebre... Está bien. Lo intentaré de nuevo. Pero esta vez, será mejor que finja las contracciones sentada. ¡A ver si de esa forma funciona mejor y baja de una vez el maldito ajo!.

 

 

(Oscar y Marisa continúan sonriéndose.)

 

 

OSCAR.- Es precioso. ¡Qué maravilla de máquina!.

 

MARISA.- ¡Qué bueno es!.

 

OSCAR.- Es muy manejable...

 

MARISA.- ¿De veras?.

 

OSCAR.-...me sería muy útil un aparato de estos.

 

MARISA.- ¡Oh! Comprendo. Puedo decirle donde...

 

OSCAR.- Sería genial.

 

MARISA.- Bien.

 

OSCAR.- Bien.

 

 

La luz les abandona lentamente.

 

 

BERTA.- ¡Vaya! Ahora llaman al timbre. Te dejo, Helena. Luego te llamo. (Baja del sillón en el que se había subido para sacarse el ajo.) ¡Está abierto! (Joaquín entra con un pequeño paquete.) ¡Ah! Hola, ¿qué tal? Creí que eran los de la tiende de muebles que venían a traerme la cuna...

 

JOAQUÍN.- Hola, Berta. ¿Qué tal lo llevas?.

 

BERTA.- Muy bien, muy bien.

 

JOAQUÍN .- Ya te queda poco...

 

 

 

 

 

 

BERTA.- Casi nada.

 

JOAQUÍN.- Te he traído algunas cosillas que te vendrán bien después del parto.

 

BERTA.- Gracias, muy amable. ¿Quieres tomar algo?.

 

JOAQUÍN.- No gracias. Acabo de salir de guardia. Sólo pasaba a ver como estabas. Si necesitas cualquier cosa...

 

BERTA.- Muy amable, pero estaré bien. (Berta nota como el ajo le sale disparado y se queda en las bragas.)

 

JOAQUÍN.- Bueno, quiero que sepas que lamento lo tuyo y lo de Marisa...

 

BERTA.- Son cosas que pasan... (Empieza a moverse incómoda, temerosa de que el ajo se le caiga rodando por los suelos.)

 

JOAQUÍN.- Quizás sea lo mejor.

 

BERTA.- Supongo. (Aprieta los muslos.)

 

JOAQUÍN.- ¿Te encuentras bien?

 

BERTA.- Sí, sí.

 

JOAQUÍN.- Verás, ella no tenía nada claro y a la larga quien sufre es la niña.

 

BERTA.- Desde luego.

 

JOAQUÍN.- Si necesitas ir al baño...

 

BERTA.- No, no. Gracias.

 

JOAQUÍN.- Siempre he pensado que lo primero es el bienestar de los pequeños.

 

BERTA.- Estoy de acuerdo.

 

JOAQUÍN.- Me alegro de que coincidamos en ese punto...

 

BERTA.- (Con didimulo, trata de introducir el ajo.) Creo que no coincidimos del todo, pero no es el momento de dicutir sobre ello.

 

JOAQUÍN.- Quiero que sepas que no hemos influído en la decisión de Marisa...

 

 

 

 

 

 

 

BERTA.- No lo dudo.

 

JOAQUÍN.- Ha sido una decisión personal....

 

BERTA.- Y propia.

 

JOAQUÍN.- Ella siempre tuvo novios...

 

BERTA.- (Con disimulo, trata de coger el ajo.) Sí.

 

JOAQUÍN.- Pero tras muchas relaciones frustradas, lo primero en pensar uno es que sus inclinaciones...

 

BERTA.- Es una manera de verlo, pero en la cama esas cosas se notan...

 

JOAQUÍN.- Supongo...

 

BERTA.- Y le aseguro que Marisa se lo hacía de puta madre.

 

JOAQUÍN.- Ya, en fin...

 

BERTA.- Es lesbiana, no le quepa la menor duda.

 

JOAQUÍN.- (Brusco, deja los paquetes sobre la mesa.) No te molesto más. Si necesitas algo...

 

BERTA.- Gracias.

 

JOAQUÍN.- Me marcho.

 

BERTA.- Sí. Está bien. Ya sabe donde está la...

 

JOAQUÍN.- Sí, conozco la salida.

 

BERTA.- Disculpa si no te acompaño, es que...

 

JOAQUÍN.- No te preocupes. Nos vemos.

 

BERTA.- Hasta pronto.

 

JOAQUÍN.- Cuídate.

 

BERTA.- Lo haré. Descuida.

 

 

 

 

 

 

 

Joaquín sale. Berta se desploma en el sillón y se baja las bragas para tirar el ajo a la basura. La luz desaparece de escena.

 

 

 

 

 

 

 

                                               ESCENA X

 

 

Una luz azul entra en escena por una calle de la derecha. Desaparece.

Por la izquierda, una luz del mismo tono azulado metálico se filtra tímidamente. Desaparece.

 

Dos luces, una a cada lado, buscan su espacio en el escenario. Aparecen tres luces más.

 

Entra tema musical, mezclado con sonidos de coches, gente que habla, un claxon agresivo, unos niños que juegan, un teléfono, el cual nadie descuelga…

 

El escenario queda bruscamente a oscuras.

 

Suena una ambulancia…Otra, a lo lejos. Se pierde su sirena. Bullicio. Ruido de camillas que se desplazan a gran velocidad. Máquinas. Un corazón que palpita. Una respiración…

 

Los sonidos se funden, haciéndose perceptible sólo un cardiotocógrafo que reproduce los latidos de corazón de un feto.

 

 

 

 

 

 

 

EJEMPLO III

 

 

Marisa entra en escena por la derecha, con un ramo de flores y una caja de bombones. Tiene el teléfono móvil en la mano. Con cierta torpeza, coloca la caja de bombones bajo el brazo y el ramo de flores entre las piernas.

 

 

 

 

 

 

 

MARISA.- (Marca un número de teléfono.) Esto... ¡Hola! ¿Qué tal? Me he enterado de que ya has tenido a la niña. (Cuelga el teléfono.) Comunica...

 

 

Se ilumina la plataforma de la izquierda. Oscar cambia los pañales a su hijo sobre la alta mesa, con gran soltura, mientras le cuenta un cuento.

 

 

OSCAR.- Entonces el mago perverso le dijo a la princesa “Tu padre me expulsó del reino y juré vengarme. Ahora, ha llegado mi gran momento. Serás mi prisionera hasta que aceptes casarte conmigo.” (Oscar tira el pañal sucio a la vez que desenrosca el tubo de la crema.) “Y para asegurarme de que no intentas huír, te convertiré en cisne y sólo a la luz de la luna, podrás recuperar tu forma humana.”

 

 

MARISA.- (Marca un número de teléfono.) Comunica...

 

 

OSCAR.- Afortunadamente, el valiente principe, que siempre estuvo enamorado de la princesa, se enteró de los perversos planes del mago, y salió al encuentro de su amada. (Le coloca la crema a la vez que prepara el pañal limpio.) Y junto con un pequeño séquito de valientes arqueros, se adentró en el espeso bosque para buscar a su amor y liberarla del malvado mago.

 

 

Un hombre entra en escena, lleva en una mano varios paquetes de clínex y en la otra una ristra de ajos.

 

 

HOMBRE.- Hola. ¿Unos clínex?.

 

MARISA.- No gracias.

 

HOMBRE.- ¿Ajos?.

 

MARISA.- ¿Ajos?.

 

HOMBRE.- Clínex, ajos... Tengo de todo.

 

MARISA.- No gracias.

 

HOMBRE.- Cómpreme usted unos ajos, que no tengo para comer. No robo, ni mato. Soy un hombre honrado que se gana la vida. No lo quiero para drogarme, que es para comer...

 

 

 

 

 

 

MARISA.- Pero es que no necesito ajos. Además tengo que hacer una llamada importante y...

 

HOMBRE.- Llevo durmiendo en la calle varios meses. Tengo frío y hambre. ¿Unos clínex?.

 

MARISA.- Ya tengo. Siempre llevo en el bolso porque en los servicios públicos nunca ponen papel higiénico.

 

HOMBRE.- Unos pocos más no le vendrán mal. Que no es para droga, se lo juro. Una ayudita, por caridad.

 

MARISA.- (Descuelga el teléfono, volviéndole la espalda al vendedor ambulante.) ¡Sigue comunicando!

 

OSCAR.- (Le pone el pañal limpio al niño con cuidado y delicadeza.) Y el príncipe, que era muy valiente y hábil en el arte de la espada, desenfundó su arma y le dijo al mago: “Perverso patán, la princesa nunca será tuya. Es a mí a quien ama y jamás será tuya...

 

MARISA.- Todavía está usted aquí. Ya le he dicho que no necesito nada.

 

HOMBRE.- ¿Ajos?.

 

MARISA.- Pero, ¿para qué?.

 

HOMBRE.- Con las espinacas van muy bien. O un gazpacho. Se usan para todas las comidas.

 

MARISA.- Ya. (Marca un número de teléfono.) Ya me da señal. Déjeme sóla. Es una llamada importante.

 

OSCAR.- (Ha finalizado la tarea  y tiene al niño en brazos.) Y así le venció, tras una dura pelea y se marchó veloz al encuentro de su amada para salvarla del hechizo.

 

MARISA.- ¿Cómo que no lo coge?...

 

HOMBRE.- ¿Clínex?.

 

MARISA.- Pero, ¿aún sigue aquí? ¡No me gustan los ajos y tampoco los clínex!.

 

HOMBRE.- Soy un hombre honrado que vive y duerme en la calle, sin tener para comer...

 

MARISA.- ¿Quiere un bombón?.

 

HOMBRE.- Bueno...

 

 

 

 

MARISA.- Si quiere el dinero para comer y no para droga, lo mismo le dará que le dé bombones en lugar de unas monedas.

 

HOMBRE.- Bueno, supongo que sí...

 

MARISA.- (Abre la caja de bombones y se guarda el móvil.) Es inútil, sabe. Creo que no quiere hablar conmigo.

 

HOMBRE.- (Coge un bombón.) ¿Su novio?.

 

MARISA.- No... Mi “ex”.

 

HOMBRE.- (Cogiendo otro bombón.) Entonces, si es “ex”, es normal que no quiera hablar con usted.

 

MARISA.- ¡Acabamos de tener una hija!.

 

HOMBRE.- Vaya. ¿Y él no ha ido a verla al hospital?.

 

MARISA.- Soy yo la que no ha ido al hospital. Pero entiéndame, me hubiese encantado ir, si me hubiese avisado de que ya estaba de parto.

 

HOMBRE.- ¿Usted? ¿Quién no le avisó? (Coge dos bombones más.)

 

MARISA.- ¿Usted qué cree? ¿Debería haberme presentado sin más? ¿Sin avisar? Lo correcto era esperar a ver qué quería que hiciera...

 

HOMBRE.- ¿Él?

 

MARISA.- Ella.

 

HOMBRE.- Las relaciones de pareja son muy complicadas... (Coge tres bombones.)

 

MARISA.- Me gustaría ver a la niña... bueno. También es mía, ¿sabe?.

 

HOMBRE.- Por supuesto.

 

MARISA.- Me tragué todo el proceso previo. Los trámites burocráticos, el dinero, la preparación, las pruebas. ¡Todo!

 

HOMBRE.- No es justo. (Vuelve a coger bombones.) Bonitas flores.

 

MARISA.- Sí... ¿Las quiere?

 

 

 

 

 

 

 

HOMBRE.- Es usted muy amable.

 

MARISA.- Véndalas en lugar de esos ajos. Le dará mejor resultado.

 

HOMBRE.- Puede ser. Me los dio una señora, para que me sacara unos durillos. El negocio de los clínex va muy mal.

 

MARISA.- No me extraña. Hoy en día todo el mundo tiene clínex. (Saca el móvil y mira a ver si alguien le ha llamado.) Nada. Ni una llamada para decirme que todo salió bien. Sabe que la he llamado. Pero no quiere saber nada de mí.

 

HOMBRE.- Estará resentido por algo. Déle tiempo.

 

(Pausa.)

 

MARISA.- ¿Sabe cual es la respuesta al acertijo?.

 

(Marisa coge una flor y comienza a desojarla.)

 

HOMBRE.- ¿Qué acertijo?.

 

MARISA.- Cometí un error.

 

HOMBRE.- ¡Va! No será usted la primera, ni la última! (Coge tres bombones seguidos.) ¡Joder!... Están buenos los bombones.

 

MARISA.- Coja todos los que quiera. Yo también cogeré uno. Creo que no voy a ir con ellos a ninguna parte.

 

 

La luz desaparece lentamente.

 

 

OSCAR.- Y así vivieron felices, tuvieron muchos, muchos preciosos hijitos y comieron perdices...

 

 

La luz desaparece, a la vez que se ilumina la zona central .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA XI

 

 

Berta abre regalos sentada en el sillón. Helena se pasea hacia la cuna, que está situada donde antes estaba el columpio. Hay paquetes de regalos por todas partes

 

 

HELENA.- Esta lámpara está rota.

 

BERTA.- Es así.

 

HELENA.- ¡Ah!. (Se choca con una de las piezas de arte que cuelgan.) Lo bueno de estos colgajos es que estarán a salvo de la niña. Pero para los adultos, tu salón es una Gynkana.

 

BERTA.- A mí me gusta así.

 

HELENA.- A mí también. Si queda muy mono. Y es hasta práctico. No tienes que andar quitando chismes del mueble para limpiar el polvo.

 

BERTA.- Lo hice pensando en eso.

 

HELENA.- (Se dirige de nuevo a la cuna y la mece.) ¿Cómo se va a llamar? Podrías llamarla Marisa.

 

BERTA.- Sí, claro.

 

HELENA.- ¿No le has telefoneado?

 

BERTA.- No. Esto ya no es asunto suyo.

 

HELENA.- Pero si ella lo pagó todo.

 

BERTA.- No es una cuestión de dinero.

 

HELENA.- Eso le debería dar ciertos derechos.

 

BERTA.- Tonterías. Los derechos no se miden en estos casos por cuantías económicas.

 

HELENA.- A mí me gusta Casandra.

 

BERTA.- Ella tomó una decisión. No lo tenía claro y prefirió retirarse.

 

HELENA.- Aunque tiene cara de llamarse Ruth.

 

 

 

 

 

BERTA.- Además, ya no sabía si me quería.

 

HELENA.- ¿Qué tal Laia?.

 

BERTA.- Tal vez nunca me quiso, ¿sabes?.

 

HELENA.- ¡Verona! No, Rodas. Es un nombre con mucho carácter. Rodas lo pasó muy mal. Una ciudad llena de sufrimientos...

 

BERTA.- ¿Me escuchas?.

 

HELENA.- Sí.

 

 

Helena se dirige a Berta y le ayuda a desempaquetar los regalos y a buscarles un lugar.

Las luces invaden el escenario procedentes de diferentes calles de manera intermitente y espaciada.

Dos mujeres aparecen por la derecha, con varios paquetes de regalos. Hablan a público, como si éste fuese su interlocutor.

 

 

MUJER 1.- Yo le quité el pecho pronto.

 

MUJER 2.- Yo le mantuve el pecho durante dos años.

 

MUJER 1.- Eso no alimenta.

 

MUJER 2.- Es lo que más alimenta.

 

MUJER 1.- No me ponía nada de peso con el pecho.

 

MUJER 2.- Le mantiene fuertes las defensas.

 

MUJER 1.- Y la leche preparada que venden en las farmacias, viene muy bien.

 

MUJER 2.- Por supuesto, nada de leche prefabricada. Los alimentos han de ser siempre naturales.

 

 

Entra Andrés con unos paquetes de regalos. Habla a público como si fuese su interlocutor.

 

 

ANDRÉS.- Lo mejor es que le des el pecho el máximo de  tiempo posible. Te ahorrarás un dinero en comida.

 

 

 

 

 

MUJER 1.- Y ahorras tiempo en preparar comida.

 

ANDRÉS.- ¡Ya verás lo que se te va en comida! Y no hablemos, de las papillas.

 

MUJER 2.- Cuando empieces con las papillas, prepáraselas tú. Así estarás segura de lo que come.

 

MUJER 1.- Hay unas papillas que venden en las farmacias que son estupendas.

 

ANDRÉS.- ¡Cómpralo todo en supremercados, nada de farmacias!. Son más baratos.

 

MUJER 2.- Esa comida enlatada es una porquería. Como lo que tú prepares, no hay nada.

 

ANDRÉS.- Y si se lo preparas tú misma, mejor. Eso es lo más barato de todo.

 

 

Berta y Helena terminan de poner un poco de orden en la casa.

 

 

BERTA.- Espero que dejen ya de regalarme cosas inútiles que sólo ocupan espacio.

 

HELENA.- ¿Qué te han regalado tus padres?.

 

BERTA.- Mi familia sólo me regala cosas que me lleven por el buen camino. Ya sabes, ropa color rosa, chismes que te hacen la vida más inútilmente cómoda, etc.

 

HELENA.- ¿Y tu hermana?.

 

BERTA.- Alguna cosa para intentar manipular mi personalidad y la de la niña, como cuentos y libros para ser la madre políticamente correcta.

 

HELENA.- ¿Y la familia de Marisa?.

 

BERTA.- Igual que mi familia, llevan mejor que sea una madre soltera que una madre lesbiana.

 

HELENA.- Por supuesto. Eso evita explicaciones difíciles para la niña cuando vaya al colegio.

 

 

Las dos mujeres y Andrés han desempaquetado los regalos y los están colocando donde mejor les parece.

 

 

 

 

 

 

MUJER 1.- Estas cosas son muy útiles. Son cómodas y prácticas. (Instala un aparato que sirve para cambiar al niño, bañarlo y peinarlo, con todos los accesorios necesarios.)

 

ANDRÉS.- Con esto ahorraras mucho dinero y espacio. ¡Los niños son un gasto tremendo! (Instala un aparto que es trona para comer, pero que se convierte en pupitre para escribir.)

 

MUJER 2.- Yo lo usé con mi hija y me vino de maravilla. (Abre una caja con un pequeño mueble lleno de compartimentos.)

 

ANDRÉS.- Esto es ideal para cuando empiece a andar.(Saca una correa para sujetar a la niña por los hombros y que es extensible.) Permite que vaya lejos, pero siempre sujeta.

 

MUJER 1.- Esto es ideal para cuando empiece a andar. (Monta un parquecito.) Permite que te deje hacer las faenas mientras juega, pero sin escaparse y revolverlo todo.

 

MUJER 2.- Esto es ideal para cuando tengas que ir de compras al centro. (Saca una especie de mochila para que la niña se sujete a la espalda de la madre.) Así podrás moverte libremente.

 

 

La luz desaparece, dejando sólo visible los objetos.

 

 

HELENA.- ¿Y Marisa? ¿Te ha enviado algo?.

 

BERTA.- Sí, algo. Por ahí andará.

 

HELENA.- ¿Algo especial?.

 

BERTA.- Algo útil.

 

 

La luz abandona la escena. Suena un teléfono.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA XII

 

 

VOZ EN OFF DE OSCAR.- ¿Diga? ¡Hola! ¿Qué tal? Me alegro de oírte. Sí, sí...

 

 

La luz de la plataforma se ilumina. Oscar tiene al niño en brazos, que está dormido y con la mano que le queda libre está empaquetando el intercom apoyado en la mesa metálica roja,  de escasa altura.

 

 

OSCAR.- Todo marcha muy bien. ¿Qué tal te va a ti en tu nueva casa? ¿De veras? Eso es fantástico.

 

VOZ EN OFF DE BERTA.- ¿Diga? ¿Qué tal? Bien, bien. Gracias. Sí, sí. Todo va muy bien. La niña es buenísima. ¿Y tú?

 

 

La luz central se ilumina. Berta tiene a la niña en brazos, dándole el pecho.

 

OSCAR.- El niño está enorme. Se porta muy bien. No, no extraña. Si lo vieras como se lleva a todo el mundo de calle. Me paran para mirarlo y decirle cosas, y él se queda tan pancho, riéndose.

 

BERTA.- Me alegro. Eso es fantástico. De veras, me alegro por ti.

 

OSCAR.-  ¿A qué hora vendrás a recogerlo para pasar el fin de semana con él?.

 

BERTA.- Lo siento, eso no es posible.

 

OSCAR.- Perfecto. No, no lo olvidaré. Si quieres quédatelo allí. Yo ya no uso el intercom para nada.

 

BERTA.- Ya lo hemos hablado. No creo que tengas ningún derecho, Marisa.

 

OSCAR.- No, tranquila. Es que instalé el estudio en su habitación y una camita pequeña en mi cuarto. Así puedo estar junto a él todo el día.

 

BERTA.- Ya te dije que no habría fines de semana alternos...

 

OSCAR.- ¿En Navidad? No sé, como tú veas. Podemos pasar la Nochebuena en casa de tus padres, si lo deseas. Así podrás estar con el niño un poco más de tiempo...

(El niño lloriquea.)

 

 

 

 

 

 

BERTA.- No tengo inconveniente en que vengas a visitarla, ya lo sabes....

 

OSCAR.- Sí. Me parece bien que te lo quedes tú ese fin de semana. Al fin y al cabo pasa conmigo todo el año...

 

BERTA.- ¿Una tarde para dar un paseo? ¿Las dos solas?.

 

OSCAR.- Por cierto, la última vez que lo tuviste se quedó en tu casa uno de sus chalecos.

 

BERTA.- No. La niña es muy pequeña para estar a solas contigo...

 

OSCAR.- ¿Cómo te va en el nuevo trabajo?.

 

BERTA.- Mañana tengo un día muy ocupado.

 

OSCAR.- A mí me va muy bien. Mucho papeleo que arreglar todo el día...

 

BERTA.-  ¿Pasado?. No tampoco.

 

OSCAR.- No, me las arreglo bien, pedí la reducción de jornada...

 

BERTA.- Mejor te llamo yo cuando tenga un hueco para que vengas a ver a la niña.

 

OSCAR.- (Habla mientras va abandonando la escena.) No me importa que en Navidades te lo quedes un poco más de lo acordado...

 

BERTA.- Puedes venir a visitarla a casa., por supuesto, pero te tendrás que adaptar a mis horarios, ¿sabes?.

 

VOZ DE OSCAR.- Tendré que dejarte. El niño está inquieto. No, no. Creo que tiene gases.

 

 

La luz se retira de su espacio.

 

 

BERTA.- No estás en condiciones de exigir mucho. No, no es mi intención hacerte sentir una pordiosera.

 

 

La luz se retira de su espacio.

 

 

VOZ DE BERTA.- Al fin y al cabo, es mi hija.

 

 

 

 

 

EJEMPLO IV

 

 

VOZ DEL JOAQUÍN.- ¿Desde cuándo tiene fiebre?.

 

 

Una luz azulada aparece  por una calle de la derecha, para iluminar el borde izquierdo del escenario. Oscar sujeta a su hijo Pablo. Frente a él, Joaquín hace el historial clínico del niño. Ambos están de pie sobre la plataforma metálica de color gris claro, separados el uno del otro por la mesa.

 

 

OSCAR.- Desde ayer.

 

JOAQUÍN.- (Anota en la hoja de historial clínico.) Fiebre desde ayer.

 

OSCAR.- Sí.

 

JOAQUÍN.- ¿Tos?.

 

OSCAR.- No.

 

JOAQUÍN.- Quizás algo leve...

 

OSCAR.- No. No tose nada.

 

 

La luz azul desciende y se funde con un tema musical de Nicola Hughes, al tiempo que la zona central se ilumina. Marisa está sentada en el centro del sillón puzzle. La lámpara parpadea. Escribe en un diario, en voz alta.

 

 

MARISA.- Ya ves, al final, yo también escribo un diario para ti, aunque lamento que no sea cuando me lo demandaba tu madre Te preguntarás quién soy yo para acercarme a ti ahora, después de tanto tiempo. Francamente, no lo sé. Tu otra madre, una amiga suya, una extraña...

 

JOAQUÍN.-¿Come con normalidad?.

 

OSCAR.- No. Está desganado.

 

JOAQUÍN.- (Anota.) No come bien.

 

 

 

 

 

 

MARISA.- Berta y yo llevábamos juntas cuatro años cuando tu naciste a la vida. Un día, ella quiso tener un bebe por inseminación artificial. Al principio, yo no me mostré muy ilusionada. Pero para Berta fue una cuestión personal y, finalmente, naciste...

 

JOAQUÍN.- ¿Vómitos o fatiga?.

 

OSCAR.- No, salvo con los líquidos. Parece que no le sientan bien.

 

 JOAQUÍN.- Está bien. ¿Gases?.

 

OSCAR.- Sí. Muchos.

 

MARISA.-  Un día descubrí que estaba llena de dudas y mi relación hacía tiempo que no funcionaba...

 

JOAQUÍN.- ¿Expulsa bien después de las comidas?.

 

OSCAR.- No, le cuesta mucho. Es muy ansioso comiendo y lo hace muy deprisa.

 

DOCTOR.- Es normal en esta edad.

 

MARISA.- Mantenerme junto a ella, sólo por ti, me parecía un acto de cobardía del que al final, tú serías la mayor perjudicada. Tu madre no lo asimiló como yo esperaba...

 

JOAQUÍN.- ¿Ha estado destemplado o con fiebre?.

 

OSCAR.- Sólo unas décimas, a media tarde y por las noches. Durante las mañanas se comporta como si nada...

 

MARISA.- Fue duro para mí tener que mendigar una paseo contigo, pasar un rato juntas y poco a poco las visitas fueron restringidas... 

 

JOAQUÍN.- ¿Lo nota triste? ¿Juega con normalidad y ríe?.

 

MARISA.- Ir a juicio no serviría para nada, yo saldría perdiendo y quién sabe si a ti te señalarían con el dedo...

 

OSCAR.- No. Está más triste, efectivamente. Varios niños de la guardería han estado enfermos la última semana. Me lo ha contado su maestra...

 

MARISA.-  Así que tuve que contentarme con estar siempre ahí, pero a la sombra...

 

OSCAR.- Y en el bloque, al menos tres acaban de pasar la gripe. Juegan todos juntos en el jardín de mi urbanización...

 

 

 

 

 

 

MARISA.- Y así te vi de lejos, en tus primeros pasos, en tus primeras palabras, en tu primer día de colegio, con aquel vestido verde tan bonito...

 

JOAQUÍN.- ¿Cómo son las heces del niño?.

 

 

Pausa. La luz desciende y desaparece la que aún ocupaba el espacio de Oscar.

 

 

MARISA.- No sé quién soy, pero sí quién me gustaría ser para ti... una amiga más.

 

 

Desaparece la luz y sólo queda la lámpara, con su parpadeo intermitente.

 

 

MARISA.- En mi defensa, sólo puedo decirte, querida Adriana, que si un día cometes un error, no serás la primera, ni la última.

 

 

 

 

FIN

 

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