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NOTICIAS TEATRALES Publicación creada el 6-8-2002 / Esta es la edición de 15-11-2018

 

NOTICIAS TEATRALES
Elaboradas por Salvador Enríquez
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DESDE LA PLATEA

 

Índice de comentarios

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ONLY THE SOUNDS REMAINS. ORIENTE EN EL REAL

Por Francisco Mejorada Jiménez

ALARDES DE TONADILLA, LA ESENCIA EN PEQUEÑAS DOSIS, EN LA SALA TRIBUEÑE

Por Francisco Mejorada Jiménez

UNA GRAN KATIUSKA EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA

Por Francisco Mejorada Jiménez

FAUSTO DE ESTRENO EN EL REAL

Por Francisco Mejorada Jiménez

FEDERICO GARCÍA LORCA EN SU VIAJE A LOS ÁNGELES

Por Pedro J. Ortiz Pedraza - Universidad del Turabo (Puerto Rico)

COMEDIA AQUILANA. SOBERBIO RETABLO RENACENTISTA. COMPAÑÍA NAO D´AMORES. COPRODUCCIÓN CNTC. 37 FESTIVAL NACIONAL DE TEATRO VEGAS BAJAS

Por Francisco Collado

CONTRA LA DEMOCRACIA. EL GRAND GUIGNOL COMO ESTÉTICA. COMPAÑÍA TEATRO DEL NOCTÁMBULO. 37 EDICIÓN DE TEATRO “VEGAS BAJAS”

Por Francisco Collado

LOS AÑOS RÁPIDOS, ÉXITO QUE SIGUE EN EL TEATRO DEL BARRIO

Por Nunci de León

VENUS: CUANDO EL AMOR SE ACABA… ¿ES PARA SIEMPRE?

Por Nunci de León

PREMIÈRE, EL CAMPANAZO DE VERÓNICA MEY

Por Nunci de León

LA SENCILLEZ DE UNOS DIÁLOGOS DIFÍCILES

Por Teresa L. Sweet

TIERRA BAJA. LA METAMORFOSIS DE HOMAR. ES ORUGA, MARIPOSA Y LOBO

Por Titania

EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE: UN MISTERIO RESUELTO CON EMOCIÓN

Por Titania

LAS PRINCESAS DEL PACÍFICO

Por Nunci de León

Ding Dong: ¿se puede pasar?

Por Nunci de León

RIGOLETTO EN MEDINACELI

Por Francisco Mejorada Jiménez

CYRANO DE BERGERAC. UN CYRANO CERCANO Y HUMANO. - 34 FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE ALCÁNTARA

Por Francisco Collado

LOS ABSURDOS TEATRO: ¡A PROTESTAR A LA GRAN VÍA!

Por Nunci de León

POR LOS PELOS: USTED PUEDE ELEGIR A SU ASESINO...

Por Titania

EL CABALLERO DE OLMEDO. NOVIEMBRE TEATRO - LA SOBRIEDAD COMO ESTÉTICA

Por Francisco Collado

VIRIATO. VERBO PRODUCCIONES. NOCHES DE VERANO - EL PODER DEL SÍMBOLO

Por Francisco Collado

24 HORAS MINTIENDO HOMENAJE A LA REVISTA MUSICAL

Por Francisco Mejorada Jiménez

UNA LUCIA DE LAMMERMOOR CON GRANDES VOCES

Por Francisco Mejorada Jiménez

BRASITA PERRO CHAGUALO: UN BUSCAR CON SENTIDO

Por Nunci de León

THE GLOBE Y SHAKESPEARE SE TRASLADAN A MADRID

Por Titania

DIARIO DE UN LOCO DE NIKOLÁI GOGOL. PABLO BIGERIEGO. SALÓN DE LA RESIDENCIA UNIVERSITARIA HERNÁN CORTÉS (BADAJOZ)

Por Francisco Collado

CATALINA MÍA: EL ARROZ COMO ALIMENTO DE UNA PASIÓN

Por Nunci de León

DIE SOLDATEN EN EL TEATRO REAL

Por Francisco Mejorada Jiménez

Enigma de Stefano Massini en el Teatro Arena del Sole

Por Magda Ruggeri Marchetti

 

ONLY THE SOUNDS REMAINS. ORIENTE EN EL REAL

En ocasiones se hace difícil juzgar una ópera cuando se estrena en un teatro con un enorme escenario y la estructura es de un formato reducidísimo, que además en su esencia es intimista, casi de meditación. Nos referimos a la obra, Only the sounds remains, una composición de Kaija Saariaho, quizás la más premiadas de la composición del siglo XXI.

El director artístico, Peter Sellars la aborda con una realización escénica realmente notable, jugando con un paño transparente y un impresionante juego de luces y sombras, que algunos calificarán de excesivamente estática, pero el libreto de Ezra Pound y Ernest Fenollosa, no da más de si, ya que en  la primera de las obras Always strong, escrita en ingles, solo participan dos personajes y en la segunda Feather Mantle, igualmente en ingles, tres, una de ellas bailarina, acompañados musicalmente por un cuarteto coral de cuatro miembros y uno musical de otros cuatro, en el que se utilizan instrumentos especiales derivados de Japón dirigidos por Ivor Bolton.

Cuando nos encontramos en obras en que la evocación del pasado une personajes, unos de la realidad y otros de la ficción, inevitablemente nos viene a la mente el realismo mágico que aquí se adorna de un espiritualismo muy marcado, como corresponde a las filosofías orientales, en este caso el Japón, origen de las dos obras.

Para ello parece más apropiado un teatro más reducido, de cámara, tanto por los componentes musicales como por la invitación a la meditación a la que sugiere la obra, por música y por libreto, muy poético, que casi nos recuerdan  a algunos de los versos de Byron o Verlaine, quizás estos menos etéreos. La música, perfectamente ajustada al libreto, dentro de una línea atonal e interpretada vocalmente por el contratenor Philipe Jaroussky y el barítono Davone Tines introduce en la reflexión y al alejamiento de este estilo de vida tan material. El primer cuento el sacerdote budista añora la presencia de un soldado a través del laúd de este. Vemos como se entremezcla la añoranza del pasado con la inmaterialidad de la música.

El segundo cuento nos sitúa en el presente que vive un pescador, un hombre del pueblo, al encontrarse unas alas de plumas, que le reclama un ángel y para recuperarlo tiene que bailar. En este caso la relación realidad y ficción no es deseada, solamente casual, la desaparición del ángel dejara una huella sonora que acompañara al pescador toda su vida.

En ambos cuentos la música es lo que permanece, como ese polvo de estrellas con el que el compositor americano, Hoaghy Carmichael dejaba al protagonista de una canción Stardust, en el que solo quedaba la música como recuerdo de un amor. Sin duda una antecedente a considerar, de esta obra.

La dirección de Bolton es brillante, con cuatro excelentes  instrumentistas y un coro también de cuatro, voces, algo inferior pero muy valorable. Los cantantes protagonistas ya mencionados, Philipe Jaroussky y Davone Tines, muy bien  aun con la pega de que por necesidades de la escenificación, se soporten en grabaciones, con lo cual se distorsiona la calidad general de la representación. Buen trabajo el de la bailarina Norah Kimball-Mentzos-

En resume se puede decir que si bien es una obra muy valorable, sutil en lo musical, y el texto aunque este quizás con una poesía desacostumbrada por estos lares, algo repetitiva y premiosa, no nos parece apropiada para un teatro como el Real. El poco público que llegó al final, lo aplaudió con decisión pero sin demasiado entusiasmo.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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ALARDES DE TONADILLA, LA ESENCIA EN PEQUEÑAS DOSIS, EN LA SALA TRIBUEÑE

 

La ventaja de ciudades como Madrid, es que existe una variedad de espectáculos que van desde muy pequeñas producciones, casi caseras, a grandes teatros con montajes espectaculares. Haremos referencia a un teatro del que ya hemos comentado algunas veces, el Tribueñe, con poco mas de 100 butacas ofrece una variedad de obras, espectáculos musicales y de todo tipo de una calidad media alta. Es el caso de Alardes de tonadillas que se representa todos los domingos a las 7 de la tarde.

Cuando se va a ver un espectáculo con este título, indefectiblemente se espera una sucesión de canción española de las más clásicas, de las que despectivamente llamaban “mi arma” a las intérpretes, a pesar de ser verdaderas joyas del escenario. Pues no, no es eso. Nos encontramos con un soberbio espectáculo, con un desarrollo histórico estudiadísimo, que abarca desde las tonadillas de judíos anteriores a nuestro Siglo de Oro, hasta lo que consideraríamos actual, Capote de grana y oro, Espigas y amapolas, Antonio Vargas Heredia, Suspiros de España y un largo etcétera, con un cuidado desglose por regiones españolas, acompañado de un excelente vestuario y una iluminación que da realce  al espectáculo.

El “culpable” de esta maravilla, es el gran director artístico Hugo Pérez de la Pica, profesional concienzudo que no deja nada al azar, y va desde un comienzo de aquellas antiguas y deliciosas tonadillas, hasta un  final, amable, con la emoción de los recuerdos, en forma de fotos de homenaje a tonadilleras actrices, desde la Fornarina, Raquel Meyer a Rocio Jurado pasando por La Piquer, Juanita Reina y un  rosario de interpretes que harían emocionar al maestro Quiroga, a Rafael de León, o a Perelló.

El elenco de este gran espectáculo lo conforman, el bailarín Alberto Arcos y la bailaora Raquel Valencia, realmente sensacionales, con la garra que requiere este tipo de música, y las cantantes Candelaria de la Serena, Helena Amado, Badia Albayati y Ana Peiro acompañadas por Tatiana Studionova. El texto declamado de continuidad, corresponde a José Luis Sanz. No quiero dejar de señalar una versión emocionante por la sensibilidad y el acercamiento al sentido de la canción, de Helena Amado en Antonio Vargas Heredia. En el resto, el nivel general es muy bueno.

El público entusiasmado, y algunos repetían, reconociendo que lo que se vio en el escenario era algo especial, de una calidad realmente alta.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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UNA GRAN KATIUSKA EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA

 

Se inaugura la temporada del teatro de La Zarzuela con  Katiuska, ópera prima del maestro Pablo Sorozábal en una producción del Teatro Arriaga de Bilbao, Teatro Campoamor de Oviedo, Teatro Calderón de Valladolid y el Teatro Español. La dirección escénica corre a cargo de Emilio Sagi.

La experiencia de Sagi en La Zarzuela, gran renovador de este genero que luego directores como Olmos y Bieito han continuado, avalaba a priori una interesante producción de esta excelente creación lirica del gran músico vasco. No defraudó. El maestro asturiano, dio ese toque de calidad estilística en clave cinematográfica, reduciendo gran parte del libreto en su parte hablada, hasta convertirla casi en una ópera corta, pues la música tiene categoría suficiente para considerarla como tal.

La presentación de la posada bordeada de ruinas, con un escenario enmarcado e inclinado, simbolizando ese caos que ha provocado la revolución, sirve de referencia escénica, con el toque de calidad de Daniel Bianco, para toda la obra. Un magnifico juego de luces y contraluces aportan ese sello cinematográfico, con el que Sagi nos sumerge en el mas clásico cine de Hollywood con un relato escénico muy de la Hollywood de la primera mitad del siglo XX. Como contrapunto una magnifica conversión de esa sórdida posada en un escenario de cabaret parisino, que desgrana los sueños de aquellos que quieren huir a la ciudad de la luz.

El elenco, de auténtico lujo, da realce a esta producción. El  Pedro Stakof de  Carlos Álvarez realmente extraordinario, potencia en una voz realmente brillante y matices de calidad en el fraseo. La Princesa de Ainhoa Arteta con un despliegue de su gran voz, que si quizás nos aleja de la clásica tímida Katisuka, sirve para crear un personaje nuevo de princesa que se tiene que enfrentar a la realidad de un mundo cambiante Buenos los pianos de la donostiarra El conocimiento de Sagi de la zarzuela, le lleva a  elegir como príncipe a un gran tenor actual Jorge de León, pletórico de voz, adecuada para ese enfrentamiento con Pedro Stakof, que  Sorozábal concibió. El grupo cómico, muy contenido, sin excesos estuvo magníficamente interpretado por un grupo de auténticos veteranos, Milagros Martín como Olga, Enrique Baquerizo, un impagable Amadeo Pich, obsesionado por cobrar las medias vendidas a la casa Imperial. Muy bueno el Coronel Brunovitch de Antonio Torres  y esa Tatiana que Amelia Font recreó como posiblemente pocas cantantes-actrices hayan hecho en una Katiuska. Emilio Sanchez igualmente brillante en el papel de Boni.

En su buen nivel habitual el coro de La Zarzuela

Un lujo la dirección musical de Enrique Garcia Calvo, una figura mundial, que nos deleitó con toda clase de matices de esa deliciosa partitura que nos sirvió el maestro Sorozábal. En resumen, una gran representación, que pone a la zarzuela en el nivel que le corresponde, cosa que afortunadamente estamos viendo en los últimos años y esta vez  de nuevo de la mano de ese gran director que es Emilio Sagi.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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FAUSTO DE ESTRENO EN EL REAL

 

Llega al Teatro Real de Madrid la ópera Fausto,  con música de Charles Gounod y libreto de Jules Barbier y Michel Carre, basado en la obra de este último,  Faust y Marguerite y por supuesto en la obra homónima de Goethe.

Existen en la concepción de la obra diferentes matices, en especial en lo que Alex Ollé nos presenta, a través de un argumento basado en la creación de un homúnculo, en este caso un computador, al que se le quiere dotar de humanidad, como reflejo de los deseos de Fausto de salir de su mundo frio de laboratorio a explorar el mundo de la libido, del eros freudiano, que libera el inconsciente ante el exceso del superego. El pacto con Mefistofeles, de alguna forma, el soporte de su inconsciente, le hace conocer otro mundo lleno de placeres, que toma forma en una mujer de la que se enamora perdidamente Marguerite, con quien tiene un hijo ilegítimo que ella mata y por el que es condenada. Fausto quiere liberarla con la ayuda de Mefistofeles, pero ella se niega y finalmente va al cielo mientras Fausto, cumpliendo el pacto con Mefisto  va a servirle al infierno.

La obra, es un clásico arquetípico de la busca de la juventud para encontrarse con los placeres no vividos, que en este caso se centran en una computadora. Esta intención se va perdiendo a lo largo de la obra, pues la propia fuerza del mito creado por Goethe arrastra la concepción del montaje, que eso si, se ve salpicado por algunas escenas de matiz humorístico, junto con una escenografía sobrecargada, al estilo de Ollé y que en ocasiones cuesta identificar en su relación con el argumento. Muy llamativas las enfermeras en el coro de soldados, nos recordaron las chicas de  Colsada, en su aspecto y su coreografía.

Buena dirección orquestal por parte del alemán Dan Ettinguer. Un buen conocimiento de la partitura y sobre todo, sirviendo un prefecto apoyo a la compleja escenografía, con atento cuidado a los cantantes. Fausto tiene muchas influencias musicales, y a pesar de que Gounod trata de hacer una música francesa de referencia, no puede evitar las  alemanas. Ettinguer las sabe interpretar magníficamente.

El elenco, con tintes de alta categoría, se desenvolvió bien. El Fausto de Piotr Beczala fue correcto, siempre con los incomodos cambios de color característicos de este cantante, pero con unos matices en el centro de la voz, de gran calidad y unos agudos correctos, pero con un color diferente al de ese centro y una parte baja bastante floja; como actor, bastante convencional. Bien Luca Pisaroni en sus cambiantes facetas dentro de la personalidad de Mefistofeles, con una voz bella aunque algo falto de enjundia. La Marguerite de Marina Rebeka bien, a pesar de que la canción de Las Joyas, uno de los caracteristicos momentos de lucimiento para una soprano en todo el repertorio operístico, fue un poco acelerada y perdió brillantez. Por lo demás una buena voz y una mejor interpretación actoral. El resto notable especialmente, en mi opinión, Stephane Degout como Valentín, gran voz y gran presencia escénica.

Muy bien el coro, en su gran nivel habitual, con un magnifico  Coro de Soldados, protegidos por las Chicas de Colsada.

El publico satisfecho en las voces, no tanto en la escenografía.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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FEDERICO GARCÍA LORCA EN SU VIAJE A LOS ÁNGELES

 

Este pasado sábado, 6 de octubre de 2018, el Grupo de Teatro Sinergia y el Teatro Frida Kahlo, en colaboración con Chapman University, presentaron a Apasionaria Producciones en la obra de teatro Federico, en carne viva, del autor granadino José Moreno Arenas. La obra, cuya trama se centra en los últimos días del también dramaturgo granadino Federico García Lorca, nos presenta a un Poeta, a Lorca, con aire humano, quien, alejado del mito, se desplaza en espíritu sobre el escenario del Teatro Frida Kahlo, en Los Ángeles. Entre sombras y luces, Federico narra en poesía y prosa, drama y comedia, los recuentos y encuentros de un nuevo y joven amor: Juan Ramírez de Lucas, el rubio de Albacete. Por casi un siglo el dedo de los biógrafos señalaban a Rafael Rodríguez Rapún, colaborador de Federico en La Barraca, como su último amante. Ahora sabemos que no.

Las cartas y los recuerdos de Federico fueron bien guardados por Ramírez de Lucas y nos llegan ahora para hacernos también confidentes de quien deja constancia de ser su último gran amor. A la luz de estas misivas de amor, nos relata el Poeta las situaciones que se dieron a raíz de que este doblara la edad al joven Juan. Federico decide seguir los dictámenes del corazón y se plantea partir hacia México ese verano del ’36 con Juan; pero Juan no gozaba de la mayoría de edad, pues contaba con apenas diecinueve años. Pese a las múltiples y serias advertencias que recibió Federico de no ir a Granada –la situación política y social que existía en la España de la época se agravaba por momentos y era especialmente peligrosa en la ciudad de la Alhambra–, viaja a su tierra y espera noticias de Juan, que se ha trasladado a Albacete, al domicilio familiar, para obtener el permiso de su padre. Pero Juan nunca llegó para irse a México junto a Federico.

Es en estos últimos momentos de esperanza y drama en los que se inspira el Maestro Moreno Arenas para que sintamos “en carne viva” los postreros días de Federico. El espíritu de Lorca brilla e inunda el espacio escénico y su esencia llega como un regalo hasta los espectadores: la pieza teatral se transforma en un acto performático en el que García Lorca nos hace testigos, cómplices y –hasta mejor– confidentes de su mundo. Moreno Arenas, en su ingenio poético, incorpora con acierto las voces de aquellos personajes que nacieron del tintero del Poeta, criaturas lorquianas que conversan y embrujan la atmósfera del Frida Kahlo. Son presencias necesarias que terminan convirtiéndose en alter egos del propio Poeta. Lo descubren y lo desnudan; y con sus interacciones –voces volátiles que provienen de los paisajes y atardeceres de la vega y tienen sus ecos en las alamedas, pozos y ríos– llegamos a conocer el alma de un hombre completamente enamorado. Juan, el rubio de Albacete, se convierte en una especie de Pepe, el Romano, personaje ausente de esa magna obra que es La casa de Bernarda Alba. Ambos –Juan y Pepe–, sin que aparezcan en escena, son los auténticos protagonistas. A García Lorca y a Moreno Arenas solo les basta con utilizar la palabra y la técnica poética para hacerlos presentes y personajes principales de sus respectivas obras. Me pregunto entonces: ¿en quién se inspiró Federico García Lorca para crear a Pepe, el Romano: en Juan Ramírez de Lucas o en Rafael Rodríguez Rapún? Y también: ¿en quién se inspiró José Moreno Arenas para crear el personaje ausente de Juan?

Excelente propuesta de José Moreno Arenas, bien dirigida por Elena Bolaños y mágicamente interpretada por Rubén Carballés, quienes nos visten/desnudan de blanco transparente a un hombre que ama el teatro sobre todas las cosas, que vive para la comedia imposible, que se sensibiliza con sus personajes, que busca la inmortalidad “bajo la arena” y que muere por vivir la pasión de un amor joven y a la vez tardío.

Federico, en carne viva podría ser subtitulada El hombre que habitó dentro del mito. En definitiva, es una nueva entrega, original y rigurosa, para continuar conociendo más y admirando más a Federico como hombre –que diría José Moreno Arenas– y también como mito –que dirían otros–. En conclusión, como nuestro Poeta. Lorca, Lorca, que te quiero Lorca.

Los Ángeles, sábado, 6 de octubre de 2018.

 

 Obra: Federico, en carne viva (adaptación para un solo personaje)

Autor: José Moreno Arenas

Compañía: Apasionaria Teatro

Directora: Elena Bolaños

Ayudante de Dirección: Adelardo Méndez Moya

Intérprete: Rubén Carballés

Voces: Cathryn O’Donnell, Angelica Garcia, Nicole Williams y Jesenia Castro

Vídeos: Matthieu Berthelot

Vestuario: Cristina Simón

Atrezo: Frida Kahlo Theater y Grupo de Teatro Sinergia

Iluminación y Sonido: Matthieu Berthelot y Rubén Amavizca

Diseño del Espacio Escénico: Elena Bolaños

Fotografía / Diseño Gráfico: berth99

Comunicación / Prensa: La Andaluza Creativa

Producción: Apasionaria Producciones

Lugar: Frida Kahlo Theatre, de Los Ángeles (California - USA)

Fecha: 6 de octubre de 2018

 

Pedro J. Ortiz Pedraza - Universidad del Turabo (Puerto Rico)

Director de escena, actor, productor

 

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COMEDIA AQUILANA. SOBERBIO RETABLO RENACENTISTA. COMPAÑÍA NAO D´AMORES. COPRODUCCIÓN CNTC. 37 FESTIVAL NACIONAL DE TEATRO VEGAS BAJAS

 

No cabe duda que los programadores del Festival Nacional de Teatro Vegas Bajas saben lo que se traen entre manos. Ofertar una joyita como la Comedia Aquilana de Torres Naharro, además en versión original; sin adaptaciones desde castellano renacentista; es una empresa altruista (a la par que osada) y algo para agradecer desde la perspectiva del espectador. Todo en esta propuesta de Nao D´amores es una gozada estética y reivindicativa acerca de esa etapa, solapada por el barroco, derramando la riqueza del verbo áureo y la música de la época. Es por esto que se valora mucho más la dedicación y esfuerzo de esta compañía, dedicada a la época renacentista (en lo musical y la dramaturgia). El espectador avezado se asombrará, descubriendo que toda la gama de personajes que, luego serán explotados hasta la saciedad en el siguiente periodo histórico, ya están presentes en las páginas del dramaturgo extremeño.

El engaño, el enredo amoroso, el criado socarrón, los desencuentros de los amantes, todo está ya perfilado y dispuesto para que la siguiente generación teatral se empapara de estos precedentes y desarrolle el teatro del Siglo de Oro. Habitados del espíritu del pintor italiano Giuseppe Arcimboldo, los actores se visten con los esbozos florales manieristas de este autor. Deborah Macias ha realizado unos diseños apabullantes donde se puede jugar con la pareidolia y la ilusión óptica.

El texto del dramaturgo torreño surge con naturalidad apabullante ¡Así se dicen los versos! Las inflexiones vocales, los ritmos, el tempo, las intervenciones musicales, todo ellos constituye un soberbio retablo barroco para uso y abuso del agradecido espectador.

Ana Zamora ha buceado, con respeto y fervor, en la Comedia del Arte. Si aquella utilizaba máscaras carnavalescas, ésta juega con el vestuario floral, conserva los recursos mímicos y sustituye las acrobacias por la danza. El resto es común a su génesis italiana: las vicisitudes de los enamorados, la oposición familiar, la intriga. El personaje del criado remeda el italianesco Arlequín. La criada Dileta, bien pudiera inspirarse en la confidente Colombina. No hay duda de las influencias del teatro visto por Naharro en la Roma de León X, con rasgos de las representaciones “villanescas”, anticipando el género barroco de la comedia palatina. El verso está pulido con respeto, buscando la mayor comprensión para el público.

La obra se desarrolla sobre una impactante escenografía de Ricardo Vergne, una mimesis de las escenografías que portaban las compañías italianas, algunas con una cortina como único decorado.

Bartolomé Torres Naharro publicó su primera versión de la Comedia Aquilana en los talleres del impresor Marcello Siber, sobre el 1520, para representación privada (cortesana). Quizás fue escrita en Nápoles o en Sevilla, escrita por encargo. Esta comedia “a fantasía” pude basarse en un acontecimiento de carácter legendario, como fueron las visitas secretas de Fernando de Aragón, disfrazado de criado, a Isabel la Católica en la corte de Valladolid. Como curiosidad reseñar que cuando murió Don Juan, el heredero, el humanista Ramírez de Villaescusa publicó una imaginaria lamentación donde la joven viuda; tal y como hace Felicina en la Jornada V; considera la muerte mediante, soga, despeñamiento, espada o fuego. La falta de referencias sobre el acompañamiento musical de la obra original, no ha sido problema para la sección musical de la compañía, que ha utilizado danzas, canciones populares y melodías como La Spagna (Danza Alta) del sevillano Francisco de la Torre (basada en el bajo compuesto por Josquin) La danza alta era interpretada por instrumentos de vientos agudos y brillantes: cornetos, sacabuches, chirimías. A la manera de los ministriles, las tres músicas se sitúan en uno de los extremos del escenario en contraposición con los actores sentados en el vértice opuesto, formando parte del argumento con gestos y movimientos.

El trío femenino peina diversos géneros; según la información de Alicia Lázaro en el dossier de la compañía. Desde la cadencia gentil de la pavana a las reminiscencias mudéjares del Caldibi Castellano (Calbi Arabi), la villanelle; un género de boga en el Cinquecento; la reconstrucción del romance del buen rey Don Bermudo o Pavana/Saltarello/Piva “Veneziana”, de Juan Antonio Dalza, que escribía sus partituras en forma de suite (esta es una de las obras más hermosas de la función). La agrupación musical extrae un sonido de gran fidelidad histórica, consiguiendo fusionarse con el texto renacentista casi sin percatarnos de ello, haciendo uso de instrumentos de la época: viola de gamba, órgano renacentista y diversas tesituras de flauta de pico. Comedia Aquilana es un soberbio ejercicio renacentista, una pieza de orfebrería rescatada del prebarroco, para uso y disfrute de los espectadores contemporáneos. No sólo esto es lo que hay que agradeces a los componentes de Nao D´amores (esa divulgación lúdica y certera de la etapa cultural más arrinconada), sobre todo hay que agradecer el “como”. Hay que celebrar el exquisito concepto de la parodia, la fluidez del verbo, el control de la gestualidad, el placer estético de su propuesta, el respeto por la instrumentación y la concepción musical de la época. Comedia Aquilana es un hermoso bodegón renacentista.

Función comentada: 12 de octubre de 2018. Puebla de la Calzada. Badajoz

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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CONTRA LA DEMOCRACIA. EL GRAND GUIGNOL COMO ESTÉTICA. COMPAÑÍA TEATRO DEL NOCTÁMBULO. 37 EDICIÓN DE TEATRO “VEGAS BAJAS”

 

Contra la Democracia forma parte del corpus creativo de Esteve Soler, que subvierte la percepción que tenemos de las cosas y su interpretación, llevada a los límites. Tres obras en formatos de sketches, por desgracia, coyunturales y más cercanos a la realidad de lo que nos gustaría. Como hilo conductor y amalgama de la las historias los actores van introduciendo en una urna, tras su lectura, citas de grandes pensadores sobre la democracia y el funcionamiento de la sociedad. Sobre cada pieza flotan diversas influencias y referencias de las que han bebido. Desde el teatro del absurdo, que se puede peinar en el episodio de los vecinos que han olvidado contar, a el Grand Guignol anímico donde los padres tratar de hacer un ERE familiar con su hijo, el bretchiano ejercicio de eliminar la cuarta pared en el episodio de la mujer afgana, o esa distopía donde los padres tienen un  insecto-larva. Contra la Democracia es un contundente puñetazo en el plexo solar de la sociedad. Un texto y un montaje para nada complacientes, duros, ásperos, limítrofes. Un notorio ejercicio de incorrección política cum laude.

La sensación en el epílogo de esta negrísima propuesta, es de una incomodidad señera. Uno de esas invitaciones que consiguen que el espectador se remueva intranquilo y carraspee en determinadas escenas casi indigeribles. Un enorme esperpento contemporáneo con mucha mala baba, certero y profético. La compañía arriesga en un montaje difícil, nada complaciente y peligrosamente extremo. Un chute de adrenalina dramática directamente en vena. Ejercicio actoral, que se desenvuelve en una impactante escenografía distópica de Mónica Tejeiro y apoyado por la iluminación expresionista de Daniel Checa, en un difícil juego de personalidades que se solapan. Es para quitarse el sombrero. La brevedad de las transiciones, las personalidades tan distantes, la disgregación casi esquizofrénica de las voluntades, la versatilidad en el lenguaje gestual y la declamación llevan, detrás, muchas horas de insomnio y gargantas como papel de lija. Es lo que tiene el oficio, que lo difícil parece sencillo. Memé Tabares hace gala de un amplio espectro dramático.

Navega por el esperpento con soltura para dar un salto mortal desde una velada mujer afgana; a la que debe interpretar tan sólo con el verbo; pasea por un costumbrismo del absurdo con esa mujer en pijama, que el vecino despierta a deshoras. Hay muchas tablas detrás de esa presencia escénica, de ese verbo modulado, de ese control de un fatum, aparentemente incontrolable. José Vicente Moirón no le anda a la zaga. La declamación, plena de matices, la proyección de voz;  especialmente en el scketch de la mujer afgana; clara e intensa, el lenguaje corporal, en su justa medida. Es a Marina Recio a quien le toca la parte más oscura y áspera de este espejo deformado. Dos difíciles instantes que maneja con naturalidad y mesura, pese a lo terrible de la situación del último cuadro con el rey Leopoldo II de Austria. Los roles de Gabriel Moreno le sientan como un guante, cambiando de registro con pasmosa naturalidad. Por esta obra planean, sin duda, las sombras de Kafka, Pirandello o las pesadillas de Poe. La dirección de Antonio C. Guijosa es certera y esforzada.

Los buñuelianos personajes adquieren vida, habitan, palpitantes, una realidad no tan paralela, arropados por una magnífica selección sonora (impagable ese Bang, Bang de Nancy Sinatra). Contra la Democracia es una hoja afilada (y necesaria) cortando la textura social que nos constriñe y encarcela. Un bisturí undenground , una oscura parábola, penetrante y cercana. Esta paleta cromática es sostenida  por el sólido elenco de esta compañía, que nos muestra el calidoscopio de un mundo desolador y desolado, pero sin adoctrinamientos ni dogmatismos. Apoyado en desnudez de la palabra. Un espectáculo osado, demoledor y necesario que remueve conciencias y solicita respuestas del espectador.

Función comentada: 14 de octubre de 2018. Puebla de la Calzada. Badajoz

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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LOS AÑOS RÁPIDOS, ÉXITO QUE SIGUE EN EL TEATRO DEL BARRIO

 

Los años rápidos es una pieza dramática que -me atrevería a asegurar- tiene una carpintería perfecta, pues se inicia con una comicidad de alto calado (aquí la gente ríe identificada con el padre, que tiene una cultura muy compartida por la intelectualidad de los 60 y que es un perfecto inútil y, para colmo, bebe) y se estremece con el papel guardián de la madre, una madre durísima, casi de Bertold Brecht, una madre que la mayoría también reconoce como suya. Luego viene una parte central terrible, es la que corresponde a la generación de los hijos, ya adultos, que se despedazan como fieras porque de pequeños se amaron. Justamente por eso. Y como colofón, llega un prodigio de superposición de planos en que las dos generaciones -la una muerta, la otra no- tratan de encontrar una grieta por donde recobrar algunas migajas de lo perdido para reconciliarse. No hay enemigos externos, ni siquiera un régimen al que echar la culpa, son ellos mismos los opresores y los oprimidos, aunque los prejuicios no se cultivan solos…

Ahora bien, y siguiendo con el tema carpintería fina, lo que se te echa a la yugular como espectador son las canciones: románticas unas, decadentes otras, memas las más… que ya no te dejan escapatoria porque son clocadas a la traición y no queda otra que rendirse.

La obra habla de seres humanos y los 4 actores están soberbios, los amas. ¿Cómo puede ser que uno se identifique con los cuatro, tan distintos y distantes?

Y el tema, que va desgranándose en pinceladas, no lleva ni mucho menos a donde esperabas: que si el choque generacional, que si la postguerra, que si las ideologías… Nada de eso, el tema-tema te deja ya sin respiración. Para ser primerizo, Secun de la Rosa ha dirigido muy bien su propia obra. Sorpresa total.

 

Texto y dirección: Secun de la Rosa

Reparto: Cecilia Solaguren, Sandra Collantes, Pepa Pedroche, José Luis Martínez

Docto Mequetrefe y Chariny producciones

Teatro del Barrio (Calle Zurita, Lavapiés)

Todos los fines de semana del 12 al 28 de octubre (12, 13, 14, 20, 21, 27 y 28 de octubre, a las 20h00'; domingos a las 19h 00’

 

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VENUS: CUANDO EL AMOR SE ACABA… ¿ES PARA SIEMPRE?

 

Venus es la ópera prima como dramaturgo de Víctor Condedirector de obras como The Hole 2Olvida los tambores o Pegados (Premio Max al Mejor Musical 2011). Pero por encima de todo, Venus es una ensoñación, y más aún a la hora en que yo la vi, o más bien la contemplé: las 23 horas de un sábado de puente. No sé si oí, vi o soñé las frases que se decían allí, tan preciosas, con sus interrogaciones sin resolver, directas e indirectas, insolubles, así como la música tan divina que en directo las acompañaba, ataviados los cinco personajes con estupendos trajes, muy bien peinadas ellas, en medio de una escenografía de terraza o de bar muy tranquilo, un bar donde siempre hay sitio para ti y que invita a sentarte un momento y a pasar a otra cosa porque el tiempo se va.

Pero no te echa, te vas tú y vuelves, todo vuelve, y ellos se reencuentran, su sitio sigue disponible aunque haya estado operativo para otros. 

Por cierto, ¿me enteré de algo? ¿Me pierdo cosas íntimas de esas que le van al cotilleo o al espíritu de facción? ¿Se están echando algo en cara? Seguramente. Tal vez murmuran, pero no gritan aunque sí susurran. Mucho. Y se besan. Nadie parece salir herido.

Venus habla de las cosas que no se dicen, del amor perdido y la posibilidad de volver a vivirlo. Como en la película Sin fin de los Hermanos Alenda, Venus habla también de las segundas oportunidades y de cómo vemos las cosas de distinta forma a través de la perspectiva de los años y del paso del tiempo.

Pone como ejemplo a Venus y Marte de cuya unión nació Cupido el travieso, con sus carnes sonrosadas y sus flechas. Venus sufrió un duro castigo por parte de los otros dioses, celosos y vigilantes, pero la cuestión es si le mereció la pena afrontarlo.

 

Texto y dirección: Víctor Conde

Reparto: Ariana Bruguera, Carlos Gorbe, Paula Muñoz, Antonio Hortelano, Carlos Serrano-Clark

Vania Produccions

Producción: Carles Roca y Ana Guarnizo

Teatros del Canal. (c/ Cea Bermúdez, 1, Madrid), del 12 al 27 de octubre

Función comentada: Sábado 13 de octubre a las 23h

 

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PREMIÈRE, EL CAMPANAZO DE VERÓNICA MEY

 

Producida por Good Plays, Première, ópera prima como autora y directora de la actriz Verónica Mey,  quien reflexiona en ella, a través de una peripecia muy cinematográfica y de trasfondo moral, sobre las ambiciones humanas, particularmente las referidas a jóvenes actores y los vacíos existenciales que la ambición por llegar genera, y el precio que estamos dispuestos a pagar por conseguir los sueños. “Qué estaría usted dispuesto a hacer”, o “Hasta dónde estaría usted dispuesto a llegar”, son las preguntas nada retóricas quela obra invita a formularse.

El argumento, nadie mejor que una actriz de éxito como Verónica Mey  para contarlo: “La noche del estreno de su primera película, Jara cree que ha tocado el cielo. Toda la sala puesta en pie la aplaude sin cesar. Después de la fiesta de rigor, donde es presentada como la más firme promesa del panorama cinematográfico español, se lanza a la espiral de una noche interminable acompañada por su novio Nico, también protagonista de la cinta, su amiga Miriam  y su inseparable amigo Mateo, director de arte en ciernes. Pero cuando llegan a casa de Jara para continuar la velada, una inesperada revelación les enfrentará a una realidad que no pueden obviar y que cambiará sus vidas para siempre.”

¿Qué quedará de ellos, de sus sueños y de su amistad al final de la noche?  En una danza nocturna de lo más reveladora y a veces  macabra, van saliendo verdades, unas dramáticas, otras crueles como la vida misma y en medio de ellas, asistimos a un renacer a la vida que es un sálvese quien pueda. El resto será desmayo, y un agarrarse a lo que queda de ellos mismos para seguir adelante.

En Première se demuestra que los sueños no tienen por qué ser los mismos para todos. De ahí que, junto a los sueños de gloria de la protagonista y de su manager Mateo, capaces de todo por triunfar, su amiga María se sienta feliz con algo tan alejado de los escenarios y de toda gloria cinematográfica como es el campanazo con que asesta de golpe a Jara. Esa será la sorpresa, la primera de todas cuantas ofrece la obra y que te deja sin aliento pero que irá a más cuando Nico la secunde a ella y no a Jara.

En la vida estas cosas pasan.

De ahí que el sentido de la ambición se reparta según los sueños de cada cual. Algo que los contagiosos  “na-na-na” de “Rumore” de Raffaela Carrá contribuyen muy bien a subrayar.

 

Título: Première

Dirección y dramaturgia: Verónica Mey

Reparto: Verónica Larios, Manu Hernández, Raquel Meleiro y Jordi Gimeno

Producción: Good Plays

Teatros Luchana de Madrid, hasta el 11 de noviembre de 2018

Función comentada: 14 de octubre de 2018

 

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LA SENCILLEZ DE UNOS DIÁLOGOS DIFÍCILES

 

Con el título genérico de Diálogos difíciles / Difficult Dialogues se nos ofreció un curioso y certero montaje de tres pulgas dramáticas del dramaturgo español José Moreno Arenas.

Tras la bienvenida ofrecida por el Dr. John Boitano y una interesante introducción de la doctora Polly J. Hodge, Cathryn O’Donnell (en el papel de Mother) y Ashton Miramontes (en el de Son) abrieron el fuego con Shame. La destreza y buen quehacer de la actriz, poseedora de una voz, una dicción y una presencia escénica más que notables, transmitieron a la perfección la reversión de valores planteada desde el texto, para estupefacción de su compañero de escena, que no puede evitar el desenlace oportuno.

Le siguió El encuentro / The Encounter, en el que Antonio Abarca (en el papel de Diálogos), en clave de descarada ironía, reivindicó el valor y la necesidad del diálogo, a través de un “espanglish” pintoresco, ante la frustración saturada de Alejandro de Anda (Muditos).

El corazón / Heart, de acuerdo con la línea marcada por el texto anterior, permitió a Jackie Palacios (estupenda Mujer) desarrollar su exuberancia verborreica para pasmo y obligada reacción de Zacharias Estrada (que encarnó al Hombre).

Como digno colofón, Cathryn O’Donnell y Ashton Miramontes volvieron a interpretar sus personajes del inicio, en este caso en castellano, en La pena.

Todo ello dirigido con atinada vitalidad por Tamiko Washington, en un ejercicio estupendo de praxis de convivencia –sea desde la combinación, sea desde la alternancia– de dos lenguas diferentes en el idioma universal que es el teatro.

La elección y regiduría de actores y actrices resultaron logrados y permitieron transmitir al espectador toda la gama de sentimientos, sensaciones, ideas y planteamientos que se suceden en los textos.

De igual modo, las pulgas seleccionadas y sus traducciones –todas ellas excelentes, en atención tanto al espíritu como a la letra– conformaron un espectáculo más que digno, ora divertido, ora doloroso, cargado de guiños, de matices y de versatilidad. Asistimos a la representación de la sencillez de unos diálogos difíciles.

El acto concluyó con un entretenido e interesante coloquio entre el autor, la directora y los intérpretes, por un lado, y el público, por el otro.

En resumen, un acontecimiento teatral de relevancia, plural, múltiple (en formas y en contenidos) y generoso, que puso de manifiesto la ya conocida pericia de Moreno Arenas, el acierto y la sabiduría de la directora de escena, el talante de los intérpretes y la validez de una propuesta seguida y aplaudida por un público entregado.

 

Espectáculo: Diálogos difíciles / Difficult Dialogues. Incluye las obras: Shame, El encuentro / The Encounter, El corazón / Hearth y La pena.

Autor: José Moreno Arenas

Compañía: Grupo de Teatro de Chapman University

Directora: Tamiko Washington

Intérpretes: Cathryn O’Donnell, Ashton Miramontes, Antonio Abarca, Alejandro de Anda, Jackie Palacios, y Zacharias Estrada

Coordinadora: Polly J. Hodge

Producción: Wilkinson College

Lugar: Sandhu Conference Center (Chapman University, Orange, California)

Fecha: 3 de octubre de 2018

 

Teresa L. Sweet - Wilkinson College / Chapman University - (Orange, California, USA)

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TIERRA BAJA. LA METAMORFOSIS DE HOMAR. ES ORUGA, MARIPOSA Y LOBO

 

Homar llama a la puerta y pide permiso para entrar en el escenario. Es la Nuri, quien con su candidez nos introduce en la historia, nos presenta a sus protagonistas. Se transforma en Marta, que vestida con su traje de novia, nos impacta al abrirnos su corazón, se odia por formar parte de ese mundo corrupto, aunque no sabe cómo enfrentarse a él, cómo escapar de él... Se encarna en el pastor, el ingenuo, el soñador Manelic... Es el amo de los ríos y los pájaros, es Sebastián. 

Sus voces, sus entonaciones, sus gestos, sus ademanes, son Homar. Metido en sus monólogos o duplicado en sus diálogos, nos va narrando los hechos, recreando las conversaciones, dibujando los personajes que vemos crecer ante nuestros ojos.

Sentimos la fascinación por el texto poético, bucólico, tierno, trágico de Ángel Guimerá. Un clásico de la literatura catalana visitado en nuestros días.

Entendemos el empeño de Homar y la complicidad de Pau Miró. Agradecemos, aplaudimos el furor, el fervor con el que exploran la historia, para revelarnos, matizarnos los personajes, vistos con la mirada de estos tiempos.

La puesta en escena pide pasar inadvertida. Homar se acerca al público vestido de oscuro, en un escenario casi desnudo. Al fondo un cortinaje blanco que cubre, las hojas secas, la pared de piedra del molino.

Sin embargo la música tiene un papel protagonista en el relato. Se funde con los soliloquios, y amalgama las escenas, los personajes. Especialmente la canción “Lloro”, creada, y primorosamente, delicadamente, interpretada por Silvia Pérez Cruz, quien nos dice los versos, con el pesar, el sentimiento de Marta.

Conmovedor el desenlace en blanco, a pesar del fondo en negro. El pastor ha matado al lobo y puede regresar a la tierra alta, donde la nieve purifica los ojos que miran, las almas que aman.

PD: Tierra Baja fue estrenada en Temporada Alta. Ha visitado  La Abadía,  y sigue su gira. No se la pierdan.

 

TIERRA BAJA Y LLUÍS HOMAR

Reparto Lluís Homar

Autor  Àngel Guimerà

Adaptación  Pau Miró - Lluís Homar

Dirección Pau Miró

Escenografía y vestuari  Lluc Castells

Iluminación  Xavier Albertí - David Bofarull

Sonido  Damien Bazin - Lucas Ariel Vallejos

Música y voz  Sílvia Pérez Cruz

Caracterización Eva Fernández

Asesor de dramaturgia Xavier Albertí

Ayudante de dirección  Oscar Valsecchi

Ayudante de escenografía y vestuario  José Novoa

Coordinación técnica y técnico de sonido Oscar Villar

Construcción de escenografía  Taller d’escenografia Jordi Castells - Pascualin Estructures y Escenografies Moià

http://www.teatroabadia.com

 

Titania  

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EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE: UN MISTERIO RESUELTO CON EMOCIÓN

 

El teatro se queda a oscuras… Una música de suspense, al estilo Hitchcock, nos introduce en la representación.  En la oscuridad presentimos, oímos el crimen. Se hace la luz. Sobre el escenario, descubrimos a nuestro protagonista, abrazando a un perro. Es Wellington el perro asesinado. Christopher tiene quince años, la mente pletórica de lógica aplastante y matemáticas, pero no está dotado para las relaciones emocionales, interpersonales.

Nuestro joven necesita conocer la verdad, él no sabe mentir, y decide resolver el misterio, averiguar quién es el asesino, y escribe un diario donde nos narra cómo avanzan sus investigaciones.

Su terapeuta, intérprete activa, y observadora, pone voz al relato que acaba convertido en libro, y que se representará, ante nuestros ojos, como obra de teatro, a pesar de que Christopher se resiste, porque cree que el Teatro no es real, no es verdad.

El actor protagonista encarna a su personaje con toda su alma, con todo su cuerpo… Gira y esconde los ojos, tensa los músculos de la cara, los dedos de las manos, y de los pies, se contorsiona, para expresarnos, trasladarnos sus tormentas de ideas, o batallas emocionales…

Su peculiar personalidad pone a prueba la paciencia de quienes le rodean, que aplastados por el peso de su propia frustración, estallan, contaminando su vida con enfrentamiento, conflictos...

El resto de los actores aparecen, desaparecen por el foro, se cruzan, interactúan con el protagonista, e intercambian roles, haciendo avanzar la acción con profesionalidad, solvencia, y tiento.

La batuta de dirección lleva el ritmo de la puesta en escena con agilidad e ingenio.

El escenario aparentemente desnudo, de repente se puebla de luz y de vida.

La cuarta pared se convierte en la pantalla donde Christopher expone sus incógnitas o planteamientos.

Le acompañamos en sus viajes imaginarios o reales, vitales… Surcamos el espacio, inmenso, hermoso, silencioso. Descendemos al suburbano, arrollados por la vorágine del opresivo mundo subterráneo.

Llegados a la conclusión de la trama, despejadas todas las ecuaciones, como broche final, Christopher nos invita a un Epílogo donde nos explica el Teorema de Pitágoras… Tengo que advertirles, sin ánimo de arruinarles el desenlace, que el público se mantuvo pegado a su butaca, y aplaudió emocionado.

 

PD: La Joven Compañía que nació para dar oportunidades a los nuevos valores, ha crecido a lo largo de estos años, y con la experiencia de sus montajes. Se ha hecho adulta. En esta ocasión colabora con producciones privadas,  para llevar a las tablas, una obra, que llega avalada por el éxito de público y crítica en Nueva York y Londres.

 

EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE

Basada en la novela de Mark Haddon.

Autor de la adaptación: Simon Stephens

Dirección escénica: José Luis Arellano García

Con: Álex Villazán, Marcial Álvarez, Lara Grube, Mabel del Pozo, Carmen Mayordomo, Anabel Maurín, Boré Buika, Eugenio Villota, Alberto Frías y Eva Egido

Adaptador del texto: José Luis Collado

Escenografía: Gerardo Vera

Iluminación Juanjo Llorens

Vestuario y ayudantía de escenografía Silvia de Marta

Música Luis Delgado

Videoescena Álvaro Luna

Coreografía Andoni Larrabeiti

Caracterización Sara Álvarez

Ayudantía de dirección Andoni Larrabeiti y Dani Villar

 

https://www.grupomarquina.es

 

Titania  

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LAS PRINCESAS DEL PACÍFICO

 

vienen precedidas por el éxito apoteósico desde que estuvieran en el Teatro Lara, donde estas dos princesas del Pacífico obtuvieron un éxito tan arrollador que apenas deja percibir al neófito los valores objetivos u objetivables de la obra, pues sus seguidores ríen y hasta anticipan con sus risas lo que ya saben de cada paso.

Ellas todo lo confían a la palabra y al gesto, las acciones discurren a través de lo que oímos y a veces hay que estar muy atentos para columbrar qué pasó allá en altamar, donde parece que también se la han jugado. Las catástrofes se suceden, pero ellas tienen a la palabra como aliada y consiguen salir indemnes donde otros sucumbirían para seguir retozando con las desgracias ajenas.

Tal vez sea este carisma de personajes del Sur (que insinúan más que dicen, que sugieran más que hacen -la acción está ambientada en Cádiz- retando incluso al mismo Dios en el que sin duda creen), lo que en un momento dado estremece, puesto que obliga a leer entre líneas.

Mientras, la acción avanza y se anticipa en palabras barrocas y sabias, como el bajel que recorre el Pacífico

Tía y sobrina –reza el programa de mano- han creado un monstruo en el que reflejarnos. La fortuna en forma de premio, un fantástico crucero con el que nunca habrían soñado, las pone de una patada en el mundo exterior, cerca de nosotros. Ellas dos llevan tanto tiempo juntas y apartadas  de la sociedad, que se habían vuelto invisibles, pero desde allí nos han estado mirando y riéndose de nuestras desgracias para sentirse acompañadas.

 

Título: Las princesas del Pacífico - Compañía La estampida (un espectáculo creado por José Troncoso, Alicia Rodríguez y Sara Romero)

Compañía: La Dirección: José Troncoso

Reparto: Alicia Rodríguez y Belén Ponce de León

Del 8 al 23 de septiembre 

Teatro del Barrio

Función comentada: 9 de septiembre de 2018

 

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Ding Dong: ¿se puede pasar?

 

Ding Dong es considerada la mejor comedia de Georges Feydeau, quien, para muchos, es el creador de un género tan francés como el vodevil. Estamos, en efecto, ante un juguete cómico de lo más atrevido y desenfadado, donde las puertas de entrada a escena se han sustituido por toboganes, de ahí la sensación de piscina que el escenario provoca, y la idea de frescura que todos ellos producen.

Entre los personajes, reinan los hombres y mujeres de alcurnia y apellidos de raigambre, mezclados con arribistas y acreedores, dispuestos a cantar unas verdades –las de los otros- y a ocultar las suyas propias, ya que por algo han decidido lanzarse a escena desde toboganes de lo más lenguaraces.

No hay duda de que en los ciernes de Ding Dong está el teatro clásico, al que se une el teatro del absurdo, con un juego de situaciones equívocas que se adapta perfectamente a las diferentes épocas que ha recorrido en sus miles de representaciones hasta llegar a la etapa actual. Pero lo que en ella prima es un relato juguetón sobre la confusión de la “guerra de sexos, ideal para un espectáculo de Cena y teatro al aire libre.

Todo ello, en manos de TeatroLab Madrid, con un amplio reparto muy bien entrenado bajo la dirección de Gabriel Olivares, convierte el Patio del Galileo en un espacio interpretativo abierto, con clara inspiración en las pinturas galante de Fragonard, si bien los blanquísimos toboganes han acabado por sustituir a los coloridos columpios.

 Autor Georges Feydeau

Versión Gabriel Olivares, Andrés Acevedo y Alejandro Cueva

Dirección Gabriel Olivares

Ayudante de dirección Maije Guerrero

Reparto Andrés Acevedo / José Felix Romero, Eduard Alejandre / Juan Ortega, Teresa Alonso / Ariana Bruguera, Alejandro Cueva/ Abraham Arenas, Alba Loureiro, Mar Mandli / Sonia Sobrino, Javier Martín, Luis Visuara.

Espacio: Terraza del Galileo

Fechas y horarios: Del 2 de julio al 1 de septiembre de 2018. De lunes a sábados 21:30 horas

 

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RIGOLETTO EN MEDINACELI

 

Medinaceli, ciudad inmersa en una historia que se remonta a los asentamientos celtiberos de 200 años a. Cristo, que posteriormente fue tomada por los romanos en el 152 a. Cristo y posteriormente por los árabes en el año 711, para después ser conquistada por los cristianos. Esta larga y accidentada historia ha dejado restos de diversa índole, desde un arco romano  del siglo II y diversos mosaicos también de la misma época, hasta un palacio renacentista del siglo XVII, sin olvidar la puerta árabe y el castillo, que fuera alcazaba en origen.

Es en este palacio, propiedad de los Duques de Medinaceli, donde se celebra el festival lírico que lleva el nombre de esta ilustre ciudad y que este verano ha alcanzado su V edición.

Son tres días los que componen esta aventura lírica, el primero de ellos se dedica a la entrega de premios de un concurso de canto internacional, que tiene lugar en el mes de julio y que corre paralelo al propio festival. Esta entrega va acompañada por un recital de los ganadores y un coctel para los asistentes. El segundo dia, llamemósle “la fiesta grande”, se representa una ópera y por último el tercer dia, hay un acercamiento de la lírica a los niños en un formato de teatro infantil.

Este punto fuerte del que hablamos, la ópera, este año ha sido dedicada a Rigoletto, una de las obras capitales de Giuseppe Verdi y libreto de Francesco Maria Piave, basado en la obra de Alejandro Dumas, El rey se divierte. La representación la presenta la compañía, Producciones Telón. La dirección artística es de Ignacio Garcia, actualmente director del Festival de Teatro Clásico de Almagro y la musical de Francisco Antonio Moya, al frente de la Orquesta Filarmónica de La Mancha.

La escenografía apuesta por una mezcla de elementos sólidos de corte abstracto y proyecciones de video, que entremezclados permiten cambiar los escenarios en función de la evolución de la obra. El vestuario conserva el clasicismo de la obra y la iluminación es excelente. La utilización del palacio en el piso superior, en el cuarteto del último acto convirtió ese final, duro, durísimo, de la obra en algo mágico.

La orquesta, una de las mejores de España aportó un toque de calidad con matices extraordinarios y unos solistas, auténticos virtuosos. La dirección respetuosa con los cantantes, supo  interpretar en conjunción con ellos el espíritu de esta obra.

El elenco, de lujo, cantantes emergentes, capaces de rivalizar con los que se pasean por teatros de primera fila. Un Rigoletto muy bien interpretado por Manuel Mas dramáticamente y con unas buenas facultades canoras, aunque su figura no sea muy compatible con la del Bufón. Bien Olena Sloia con una cercanía física y vocal a la que nos proponen Verdi y Piave, que aprovecha para hacer una convincente interpretación de Gilda. De excelente se pueden calificar las voces y las interpretaciones de Cristian Díaz como Sparafucile y Alejandro von Buren, dando vida a Marullo, con unas voces destinadas a triunfar en los grandes coliseos operísticos. Muy bien la Maddalena de Sandra Fernández. Sobre el Duque de Mantua interpretado por el mexicano Fabián Lara,  ganador del V Concurso Internacional de Canto Un futuro DEARTE, solo se puede decir que fue excelente apuntando unas maneras y una voz auténticamente prodigiosa, que nos retrotrae al primitivo Marcelo Álvarez. La resolución del Bella filia del añore del cuarteto, una autentica piedra de toque para tenores, fue realmente sorprendente. El resto dentro de un buen nivel muy equilibrado

El público aplaudió de pie, con entusiasmo el saludo de todos los componentes de esta representación. Un éxito para la organización de este festival que tiene que luchar por mantener este nivel, incluso alcanzar metas de nivel internacional, al que está entrando por un concurso que año a año se acerca e incluso supera otros de más renombre.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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CYRANO DE BERGERAC. UN CYRANO CERCANO Y HUMANO. - 34 FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE ALCÁNTARA

 

Este Cyrano dibujado por José Luís Gil se nos antoja humano y cercano. Una aproximación valiente, arriesgada para este mítico “negro” sentimental que pone su palabra al servicio del amor ajeno y su espada al propio servicio. En un París lleno de espadachines, este soldado-poeta pasea su pasión (y su frustración) a lo largo de más de dos horas que están bien estructuradas y no pesan sobre el espectador.

Emocionante y bien resuelta la escena del balcón, de hermosa estética, con lucimiento de los protagonistas. Cyrano (José Luís Gil) le envía sus versos al oído al amante Christian (Álex Gadea) para que este transmita a Roxana (Ana Ruiz) su amor oculto en un momento lleno de plástica, embrujo y enredos. Notable también le escena de la lucha del protagonista con el petimetre aristócrata, un verdadero juego dramático con escenas de esgrima intercaladas con los diálogos de uno de los mejores pasajes de la obra. Aunque a Cyrano se le da mejor la esgrima del verso que la otra.

El Director Alberto Castrillo-Ferrer ha intercalado números musicales que dotan de dinámica al conjunto y sirven como oasis dramático, números que sirven para mostrar el buen hacer de los protagonistas en este género. Hay un uso adecuado de la escenografía (Alejandro Andujar y Enric Planas), una gran estructura que al mismo tiempo es taberna, teatro, balcón o monasterio, con uso adecuado del maping en instantes que recrean pendencias o una carta escrita que crece sobre la pared.

Rocío Calvo se desenvuelve en sus diversos personajes, dotándolos de vida y humorada con enorme vis cómica. Ciertamente José Luís Gil le ha echado un par de narices a esta ansiada versión del antihéroe rostandiano, obteniendo una visión intensa, divertida y plena de ingenio. Así se dicen los versos, así se proyecta la voz. Así se hace teatro. No le va la zaga Ricardo Joven (Pastelero Ragueneau) con amplio registro y dominio o un sorprendente Alex Gadea (Christian). La bella Roxana (Ana Ruiz) desarrolla una mujer que pisa fuerte, creciéndose en el tramo final, si bien se podría mejorar el tempo y la musicalidad en algunas frases. Carlos Heredia y Javier Ortiz, completan un elenco plural y eficiente. La música (David Angulo) tanto en su vertiente diegética, que se desarrolla cercana al musical, como la no diegética, con amplios espacios sonoros, es de gran belleza y cumple con certeza. Un hermoso poema sobre la belleza oculta y la apariencia en un mundo que, al parecer, no ha cambiado demasiado.

34 Festival de Teatro Clásico de Alcántara (Cáceres) 6 de agosto de 2018

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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LOS ABSURDOS TEATRO: ¡A PROTESTAR A LA GRAN VÍA!

 

Uno se asombra de que todavía se pueda decir algo nuevo sobre ciertos temas. ¿Y qué temas son éstos? Ay, pues los temas corrientes de la gente corriente. Pero entonces es cuando surge la pregunta más honda: "¿Y qué pasa con Vicente?"

Tras su paso por el Teatro Lara y camino a Ciudad Rodrigo donde llevarán a cabo uno la ocupación del Patio central de Los Sitios, uno de los espacios nocturnos, es decir golfos de la Feria, han calentado motores en el madrileño Teatro Alfil, donde nunca habían estado antes, Algo de lo que se sienten muy orgullosos. Y no por no haber estado antes sino por estar ahora, que este templo madrileño del humor supone la consagración de cualquier faceta innovadora en la senda de Ionesco, Jardiel, Mihura y tantos otros sabios que dio el pasado siglo mientras todos esperábamos a Godot.

Pero una cosa es decirlo y otra lograrlo. Conectar con el público, hacerle reír aunque no tenga ganas, aunque ni siquiera esté atendiendo porque tiene cosas más acuciantes en el magín, y a pesar de ello arrancarle unas risas del todo espontáneas, a eso me refiero.

Una cosa de lo más grata es que cuando parece que el espectáculo ya ha empezado, e incluso va demediado, es que está a punto de empezar. Primera sorpresa. La sorpresa final también va en ese sentido, cuando la secuencia asertiva es cortada en seco por un timbre ¡del teléfono móvil, cómo no! Giro fatal. Ahora bien, la parte central nos ha tenido en un verdadero tobogán de aspectos inexplorados de nuestro diario discurrir.

Porque según su ideario particular como Compañía, "puede que el rasgo más apasionante del ser humano sea su capacidad para ser absolutamente incongruente, pero, sin duda, el segundo y aún más inquietante, es su incapacidad para darse cuenta de ello. Al fin y al cabo, los errores nunca son culpa nuestra. Todos ellos se deben a ese colectivo tan omnipresente como enigmático que es… la gente. Un colectivo en boca de todos, pero absolutamente inaprensible. La gente tal, la gente cual, es que la gente, menuda gente… ¡joder con la gente!"

¿Y por qué hay que ir a protestar a la Gran Vía? Ah, por algo será, algo habrá hecho esta pobre alma cautiva.

 

A PROTESTAR A LA GRAN VÍA, de Alfonso Mendiguchía.

Dirección: César Maroto.

Reparto: Patricia Estremera y Alfonso Mendiguchía.

Producción: Los absurdos teatro

Espacio: Teatro Alfil, Malasaña, Madrid

Fecha de la función comentada: 17 de agosto de 2018

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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POR LOS PELOS: USTED PUEDE ELEGIR A SU ASESINO...

 

Como público asistimos a la trastienda de un crimen, en una peluquería genuinamente reconstruida.

Conocemos al dueño, jacarandoso, juguetón, que no se corta un pelo... A una atractiva peluquera que exhibe sus curvas y encantos para conseguir propinas... Y a los clientes, tres hombres y una mujer que acuden a cortarse, recortarse y peinarse.

Los diálogos descabellados, se suceden y enlazan, arrancan las carcajadas, a la vez que nos dibujan el perfil de los personajes.

La acción nos sumerge en un lavado con refrescantes risas, y avanza hasta que se descubre el cadáver de la famosa pianista que  vivía en el piso de arriba, y de la que sólo hemos conocido sus interpretaciones al piano. Por cierto  Rachmaninov.

El comisario nos anuncia que la finada ha sido apuñalada con unas tijeras de peluquero o peluquera. Nos informa que la policía tiene cuatro sospechosos: el dueño que odiaba a la víctima, su piano y su música. La peluquera que ha descubierto el cuerpo...  Una cliente habitual, una señora del Barrio de Salamanca, muy muy rica… Y un cliente que en realidad no lo es… Presentimos, desconfiamos que todos esconden secretos que tendremos que descubrir, desentrañar, desenmarañar...

No podemos revelar nada más... Sólo que el público, que ha sido testigo de todo lo que se ha visto y oído en el escenario va a interpretar un papel protagonista… Todos a una,  van atando cabos, haciendo deducciones, recordando detalles que ayudan al comisario a reconstruir los hechos.

Cuando los sospechosos mienten, el público les desmiente, se encaran, se chivan… A riesgo de ser intimidados por arrojar sospechas sobre ellos…

Estas charlas, entre platea y escenario, exigen a los actores interactuar con los espectadores, improvisando réplicas raudas, ligeras, agudas… Las raíces de Imprebís… En esta ocasión a Carles Castillo y Carles Montolieu, bien y largamente curtidos  en estos desafíos, se han unido Rafa Alarcón, Marta Chiner,   Juan Gea y Lola Moltó… actores con una brillante  carrera a sus espaldas, aunque nuevos en las artes  de Imprebis… Puedo adelantarles que todos triunfan como funambulistas en su  paseo por la cuerda floja de las improvisaciones...

El respetable premia con risas y palmas sus frases, o sus morcillas rellenas de la actualidad madrileña: Las bicis que atropellan a los peatones, los taxis que colapsan la ciudad, la ola de calor, las comidillas sobre izquierdas y derechas… Las alusiones al Valle, o a hacerse un Cifuentes...

Santiago Sánchez dirige con brío, con ritmo este desenfadado juego policíaco, salpimentado con canciones que garbosamente cantan y bailan los actores... Sabe muy bien que hacer reír es algo muy serio.

A tono con el thriller les confieso que soy culpable... He formado parte del grupo que elige al asesino.  Mas  no puedo desvelarles el desenlace. No deseo arruinarles la diversión... Por los pelos... les sugiero  que busquen, encuentren a su asesino en los Teatros del Canal, en compañía de Imprebís.

 

POR LOS PELOS

De Paul Pörtner

Dirección: Santiago Sánchez

Reparto: Rafa Alarcón, Carles Castillo, Lola Moltó, Carles Montoliu, Juan Gea, Marta Chiner

Producción: L’Om Imprebís / Olympia Metropolitana con la colaboración de Marco Aldany

http://www.teatroscanal.com

 

Titania  

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EL CABALLERO DE OLMEDO. NOVIEMBRE TEATRO - LA SOBRIEDAD COMO ESTÉTICA

 

Parquedad en la propuesta de este “caballero” presentado por Noviembre Teatro. Sobriedad en los modos y maneras, en el movimiento escénico y la escenografía. Esta versión del clásico amatorio está apoyada fundamentalmente en el poder mágico del verbo lopevegano, en el lance verbal y el manejo de las pasiones universales por encima de épocas y periodos históricos. Y en la reconocida autoridad del director con los clásicos. Bien mirado, este predestinado (que de noche le mataron, al caballero) podría situarse en rincones que todos conocemos, de la más rabiosa actualidad, ofrecernos el retruécano de su espejo invertido para que los personajes se nos aparezcan como vivos y palpitantes. No ha cambiado mucho el orbe desde que el Fénix de los Ingenios escribiera esta maravilla casi necrófila, donde se nos hace spoiler desde un principio. Desgraciadamente, la humana envidia, el recelo hacia el que es diferente y la incapacidad de procesar la frustración forman parte de la textura de nuestra enfermiza sociedad. No hay más que echar un vistazo al terruño que habitamos donde el desprecio al que piensa diferente puede terminar en baile de navajas y la envidia ocupa un amplio territorio en el mapa genético.

El maestro madrileño jugó en su texto con los tópicos y el oscurantismo de una época donde la dama que no llega a nupcias tiene como salida el convento. El contrapunto cómico de una propuesta de sobriedad vocacional, castellana y áspera, lo aportan el sorprendente control de ritmos de Tello (Arturo Querejeta); el criado pícaro y barbián; y la “celestinesca” Fabia. Un dechado de trapacería y alcahuetería que borda la actriz Charo Amador. El director (Eduardo Vasco) juega en algunos instantes con la rotura de la cuarta pared, humaniza al personaje sentándolo en el borde del escenario para declamar ese verso claro y certero que se gastaba el áureo madrileño. La tragedia de Don Alonso flota en el aire olmedano como algo inasible e inatrapable, como un fatum funesto, teñido de luto. Y es más triste porque Daniel Albadalejo recrea un personaje que juega en la cercanía, que proyecta empatía (amén de proyectar la voz con pericia) y al que no le deseamos ningún mal.  

Hay un certero equilibrio entre los instantes solemnes (algunos casi enlutados) y las aportaciones cómicas. La tragicomedia no se encorseta, no chirría. Incluso cuando las “innovaciones” pasan por añadir a la clásica balada mortuoria (Que de noche le mataron... al caballero. Gala de Medina, la flor de Olmedo) palmeos “jondos” y de verdeluna  (casi un premonitorio coro griego) o acompañan los recitados con una guitarra eléctrica. Ora suave y melancólica, en leves arpegios y acordes insinuados, ora rockera, con fúnebre predestinación en sus cuerdas. Pese a estos enriquecedores añadidos la propuesta es de lo más ortodoxa. Y esto se agradece. Respeto por la génesis literaria, respeto por la fatalidad en el verso inabarcable, respeto por el mensaje desasosegador de la única tragedia de Lope de Vega, que bebe de influencias tardomedievales (esa alcahueta fernandorojiana) y legendarios (la historia del caballero en una canción popular) y con elementos de la Comedia Nueva. La austeridad y el minimalismo como arma en la expresionista iluminación (Miguel Ángel Camacho) y en la escenografía. No se precisa nada más. Lope sabe proyectar su intensidad en la dramaturgia, sin excesivos cambios espaciales. Ya las tormentas humanas sostienen la armazón dramática con suficiente intensidad en la candidez de Doña Leonor (Elena Rayos) o la pasión lúdica y las maniobras de la enamorada Doña Inés (Isabel Rodes), en plena ebullición amatoria. Correcto e intenso Fernando Sendito, en el envidioso Don Rodrigo que se crece en la declamación según avanza el personaje y su compinche Don Fernando (Rafael Ortiz). Resaltar las intervenciones de José Vicente Ramos en el rol de un padre, levemente despistado. Antonio de Cos recrea en sus dedos la intensidad de los instantes, pasando de músico al personaje del Rey. La colocación de los micrófonos hacía que se perdieran levemente los instantes en que los actores no miraban al patio de butacas. Hermosos los diseños de Lorenzo Caprile, para un vestuario que envuelve en un aura funesta y trágica. Quizás sea de los escasos casos en que el público acudía a la obra sabedor del desenlace (uno de los primeros spoilers de la historia) de este drama barroco. Ciertamente, así se dicen los versos, así se vive la dramaturgia en medio de la conceptual escenografía de Carolina González. Con naturalidad y flujo. Con elegancia, fluidez y certeza. Destacar la cita que se hace en la obra a los personajes de Fernando de Rojas en “La Celestina”. Un drama que al final deja un cierto sabor amargo. No andamos tan lejos de esta aciaga enemistad  atemporal entre Medina y Olmedo.

Fecha de la función comentada: 21-7-2018

Espacio: Castillo de Niebla (Huelva)

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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VIRIATO. VERBO PRODUCCIONES. NOCHES DE VERANO - EL PODER DEL SÍMBOLO

 

Una estética conaniana es la opción de Maite Álvarez para introducir al espectador en un mundo bárbaro, tan sólo primitivo en lo externo, donde las falcatas iberas hacían temblar a los romanos portadores de gladius. Nura (Paca Velardiez) y el corifeo (José F. Ramos), se encargan de secuenciar en canon las lamentaciones que nos hablan de los horrores (y errores) que los humanos siguen cometiendo por ambición e ignorancia. La Música, compuesta por “La Octava”, es incidental y apoya en todo momento la intensidad del verbo, ya sea en forma de obsesiva percusión tribal, en atonales acordes o en notas largas y sostenidas que potencian la sensación del fatum inexorable que acecha al protagonista.

El texto de Florián Rey es un alegato contra la estulticia humana. Contra los repetidos errores del hombre, la ambición y la codicia que sustentan todas las guerras. Viriato (Fernando Ramos) no es un arquetipo. Se mueve en el terreno de la duda, comete errores y sabe que éstos tienen consecuencias. Se agota, se rinde. En definitiva es terriblemente humano, y el actor lo levanta presentándonos un antihéroe atrapado entre las intrigas y telarañas del poder. La petición de Viriato es admirable y digna de encomio “El tiempo de la sangre debe concluir”, pero al mismo tiempo peca de inocencia y desconocimiento de la especie humana. La dirección de Paco Carrillo otorga un aire clásico, con referencias al teatro helénico en lo contextual. Las vivencias humanas son similares, ya sean los arquetipos servidores de dioses elaborados, animales sagrados o del bondadoso Endovellico. La minimalista escenografía se apoya en un juego de elementos que se articulan y se utilizan plásticamente, unos maderos que forman parte de la fisícidad de los personajes y son reflejo de sus emociones. Emociones extremas como el bélico y mágico Olíndico (excelente Pedro Montero), un líder religioso panceltibérico del que apenas se sabe nada, salvo que murió a manos de un legionario cuando intentaba matar al cónsul con su lanza de plata. Apreciable el resignado y valiente Astolpas de Jesús Manchón. Brioso el alegato reivindicativo de Tóngina (Ana García). Exactos los altibajos que produce la traición en el espíritu, solventados por los actores Manuel Menárquez (Minuro) y su compinche Audax (David Gutiérrez), ambos con correcta y nítida proyección vocal. El Cepión de Juan Carlos Tirado es un artero y taimado imperialista al que el actor dota de un cierto toque histriónico, irónico y cínico.

Si hay algo que destacar de este Viriato es su cercanía, su humanidad, llena de dudas y contradicciones. Su alejamiento del mito, escindido del héroe homérico, ajeno del testimonio de virtudes guerreras escrito por Diodoro Sículo, que lo hacen cercano y casi cotidiano. Se echa de menos el extraordinario coro de la ESAD (Premio Ceres) que debutara en las piedras milenarias de Mérida. También es discutible que este Auditorio sea el más apropiado para una obra de estas características, con textos profundos y meditativos. Estos son acompañados de ruidos de motocicletas, voces y diversas molestias procedentes el exterior, situación que no se produce en un concierto por la potencia de los equipos. “Roma no paga traidores” Esa es la condena para los dos felones que le quitan la vida (en realidad tres). Pero el mundo real es distinto. Roma sigue pagando traidores, la mayoría de ellos con fondos del erario público.

Fecha de la función comentada: 11-7-2018

Auditorio Municipal Ricardo Carapeto (Badajoz)

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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24 HORAS MINTIENDO HOMENAJE A LA REVISTA MUSICAL

 

España a mediados del siglo XIX se une a la moda europea, fundamentalmente  francesa e inglesa y americana de un tipo de espectáculo que toma varias formas vaudeville, el cabaret, el music hall  entre otros,  espectáculos dramáticos y satíricos enfocados al entretenimiento, con matices caricaturescos, con números musicales unidos  por un hilo argumental.

En España, la obra 1864-1865 con libreto de José María Gutiérrez de Alba y música de Cristóbal Oudrid, es el punto de partida de la revista musical española, a la que seguirían multitud de obras hasta nuestros días, con la lógica evolución en temas y formas musicales, con la influencia inicial de sainetes, y casticismo a las influencias americanas e inglesas.

El Teatro de la Zarzuela, ya sin riesgos de extrañas y poco explicables fusiones con el Teatro de la Ópera, recupera una obra del afamado maestro Alonso, autor de conocidas zarzuelas como, Las Leandras, calificada inicialmente como revista musical, La Parranda, La linda tapada y La Calesera. Hablamos de 24 horas mintiendo, con libreto de Francisco Ramos de Castro y Joaquín Gasa, estrenada en Logroño en 1947 y en la actualidad, en versión libre de Alfredo Sanzol, Toda la revista, que de eso se trata, tiene un argumento simplón, revisado como ya hemos dicho, pero en clave de comedia, sainete o como quieran verlo los espectadores, divertida y muy bien montada por Jesús Castejón con todo el alarde de plumas y sombreros de copa imprescindibles en una revista que se precie. Personalmente, es una opinión, me hubiera gustado  que los diálogos fueran los originales, por aquello de conocer la verdadera esencia de una época, en que se hacían filigranas para sortear la censura y lo que era la España del 1947, en sus diálogos, modismos y todas esas cosillas que lleva aparejada una obra cuando  se estrena. Con la nueva versión se incide en los tópicos de la corrupción y otros de actualidad, lo que hará que en el futuro también haya que cambiarlos.

El elenco funcionó de maravilla, con un inefable Jesús Castejón y una soberbia Gurutze Beitia capaces de afrontar los números musicales como los dramáticos. El resto en la misma línea en la que resaltaríamos a la soprano Estíbaliz Martyn como Totó, que bailaba, cantaba y actuaba con una absoluta solvencia, aportando un aire fresco a la obra, aunque la partitura estuviera algo baja para su voz, preparada para grandes empresas.

Gran triunfador de la noche fue Enrique Viana, en la figura de mayordomo creado para él, que en el libreto original es una criada. Todos los que hemos seguido su carrera sabemos que tiende a repetir siempre el mismo papel, pero con una gran eficacia, tanto dramática como vocal, capaz de hacer una nueva Carmen Miranda, y de intentar sonidos líricos que tan bien conoce.

Los números musicales, muy inspirados como corresponde a un maestro como Francisco Alonso, capaz de hacer grandes zarzuelas como componer Maitechu Mia en menos de una hora.

La coreografía de Nuria Castejón, excelente, siempre en un nivel altísimo capaz de afrontar music-hall americano como Lady be good y obras de revista española, como Luna de miel en el Cairo.

La orquesta de la Comunidad de Madrid, dirigida por Carlos Aragón, supo imprimir ese sello característico de un género que no tiene nada que envidiar al music-hall y que en esa magnífica escenografía de Carmen Castañón, en un montaje realmente soberbio, podría competir con lo que hemos visto  en ciudades como Londres o Nueva York.

El público salió sonriendo y aplaudiendo el acierto del Teatro de la Zarzuela de recuperar obras de ese género musical, muy afines al género chico, que divierten con una calidad realmente notable.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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UNA LUCIA DE LAMMERMOOR CON GRANDES VOCES 

 

No cabe duda de que en las últimas décadas, los directores de escena son los que han adquirido más importancia en el mundo de la ópera, en detrimento de aquellos que se la juegan en cada representación, que son los cantantes y la orquesta y que son especialmente los primeros, los que salvan en definitiva una mala escenografía y en general dirección artística. Es lo que sucede con la Lucia de Lammermoor que se representa en el Teatro Real, en una producción de la English National Opera, con dirección musical de Daniel Oren y escénica de David Alden que traslada la obra a la época  victoriana, originalmente situada por el libretista Salvatore Cammarano allá por el siglo XVII en Escocia, inspirada en una novela de Walter Scott. La idea de este traslado no modifica la esencia de la obra, lo que ya es valorable, pero sí la interpretación escenográfica con innecesaria borracheras, absurdas entradas de los personajes por ventanas y la existencia de un  escenario dentro de la casa donde se desarrolla parte de la obra, entre ellas la  locura de Lucia. En fin, aportaciones  para dar un sello propio del director.

La vacuidad de esta escenografía queda compensada por el elenco, muy homogéneo en calidad, que empieza desde una formidable Lucia, interpretada por la cantante americana Lisette Oropesa pasando por Javier Camarena, cada día en mejor forma que hizo un excelente Edgardo, algo agotado al final, en la función en la que estuvimos pero en una línea de primer nivel. También destacaron Artur Rucinski como el torturado hermano, con un  canto realmente notable y un gran dominio de la voz  y Roberto Tagliavini, que se ha ganado el ser uno de los favoritos cantantes del Teatro Real en un convincente Raimond Bidebent. Todos ellos formaron parte del sexteto ‘Chi mi frena en tal momento’ que emocionó al público con el consiguiente bis. Si a esto añadimos el entusiasmo que provocaron los cantantes, refrendado por aplausos y bravos, nos remitimos al principio de esta crítica, las voces con un buen soporte orquestal, levantan una función que normalmente no hubiera tenido más trascendencia, con una escenografía oscura, sórdida y que aporta poco a la obra. En lo referente a la interpretación dramática nada que objetar, aunque el personaje de Edgardo tenía una apariencia algo ridícula  dentro del contexto general.

La orquesta muy bien dirigida, con un buen conocimiento de Donizzeti y una interpretación muy personal, en la que tuvo el efectismo muy en boga de la armónica de cristal en la escena de la locura, que le confiere una magia especial y ahonda en la dureza del momento.

El coro muy bien, colaborando en la brillantez del sexteto-concertante, que tanto gustó y con razón al público. Seguro que eso es parte de lo que se llevará el público de recuerdo, de una función realmente magnifica, con un elenco muy equilibrado y una interpretación general de lo mejor que se ha visto en el Teatro de la Ópera de Madrid

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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BRASITA PERRO CHAGUALO: UN BUSCAR CON SENTIDO

 

Encerrados en un sótano, dos inmigrantes ilegales trabajan en un taller clandestino haciendo zapatos. Y esos zapatos darán mucho juego. Porque uno va a ver esta función más que nada por ver de qué va el título, Brasita. Perro chagualo, que ha traído a España, de gira por Europa, la compañía argentina La Joda Teatro, título que no le impide dar intensos Workshops allá por donde quiera que van -Málaga, Madrid y Barcelona, ciudades que están recorriendo en su gira española- sobre cómo “buscar adentro” a fin de aquilatar al máximo conceptos como “creación escénica, actuación, improvisación, montaje colectivo, escritura y motor físico.

Pueden con todo porque para eso han venido a esta gira con muchas ganas, y así, el lenguaje de las palabras, que las usan, y mucho, tanto como el de los gestos, hay que aprender a descifrarlo mediante un glosario adjunto al boleto de entrada. Pero nadie se lo miró ni tampoco hace falta, que ya ellos lo repiten cuanto haga falta y con sus gestos se encargan de que entiendas muy bien cómo se puede pasar de ser Brasita, un pringao en el más genuino sentido de la palabra (sin papeles ni contrato, más infeliz que un cubo capaz de dejarse ilusionar y llevar al huerto durante años) a Perro chagualo, también pringao, pero ya desengañado y rabioso.

Luego resulta que, ya glosario en mano, brasita es el habitante de un país imaginario, Braliguay, inexistente como él mismo, que medio lo es en este mundo hasta que decide dejar de serlo, dejar de ser tonto para ser sólo desgraciado. Y al fin y al cabo, todos han –y hemos- sido engaños para seguir viviendo porque papelito falsamente amoroso por aquí, iPhone 8 más falso que falso por allá, “trabajamos para vivir, vivimos para morir.”

Argumento: “Encerrados en un sótano, dos inmigrantes ilegales trabajan en un taller clandestino haciendo zapatos. Vinieron de Braliguay, un país perdido en algún rincón de Latinoamérica, donde dejaron su familia y su historia. Su lengua y costumbres parecen sintetizar la cultura latina en un mestizaje colorido, lúdico y esperanzador que les permite sobrevivir al encierro y el destierro.”

Y como a juego con el sentir esclavo que cambia con el desengaño, a la música de las máquinas (ofensiva, puro hierro al principio), le sucede una música bellísima que evoca países perdidos e identidades inencontrables.

La técnica de ambos actores es la muy depurada del clown que se disfraza y que imposta, que llora y ríe cuando puede, de víctima a victimario y que, a través del musical se vuelve danza y mimo para comunicar netamente algo que no deja lugar a interpretaciones. 

Y no sobran las palabras, muy al contrario pues, aunque no se las entienda, ellas son pura música liberadora y esclava que unifica a toda Hispanoamérica: chela, bicha, pan, panahá… O la sublime culiao. O tal como reza el título Brasita Perro Chagualo.

 

BRASITA, PERRO CHAGUALO se representa dentro del III Ciclo de Teatro Argentino de El Umbral de Primavera

Actores: Flavio Bosco y Damián le Moal

Dramaturgia y Técnica: Emmanuel Burgueño

Dirección: Emilia Benítez

Música: Al Ho

Compañía: La Joda Teatro

Producción General en Gira: Sofía Urosevich

Fecha de la función comentada: 30 de junio de 2018

Espacio: El Umbral de Primavera (Primavera, 11, Lavapiés)

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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THE GLOBE Y SHAKESPEARE SE TRASLADAN A MADRID

 

Así nos imaginamos el Globe de Shakespeare. De esta forma nos imaginamos las obras de Shakespeare, creadas, cocinadas, aderezadas, servidas a su público por el propio autor.

La troupe de titiriteros hace su aparición tocando y cantando alguna composición popular. Paseándose, mezclándose, bromeando con la concurrencia que celebra la música, y sigue el ritmo.

El respetable, o quizá no tanto, en aquellos tiempos en que William escribía para encandilar a los más comunes mortales, es invitado a elegir su obra favorita entre El mercader de Venecia, La fierecilla domada o Noche de Reyes aplaudiendo, jaleando con entusiasmo, puesto que el grupo más ruidoso, fogoso, se llevará el gato al agua...

Declaramos que ese fue nuestro caso, conseguimos que nos interpretaran El Mercader de Venecia, para revivir con ellos (en estos días) los prejuicios, el rechazo, el resentimiento, la animadversión frente al diferente, al extraño, al extranjero  

En la "ficción” como saben, al final triunfan la honestidad, la ética, frente a la intolerancia, la injusticia, la insolidaridad...

Subrayamos que gracias al arte y la sabiduría de las ingeniosas mujeres, aparentemente subyugadas, dominadas por padres y maridos.

La trama, los versos, los sesudos parlamentos, o los agudos juegos de sentidos y palabras, flotaron sobre las Tablas, hasta alcanzar nuestros oídos, y entendimientos, a lomos de voces bien moduladas, cantarinas, con perfecta pronunciación... Un placer escuchar cada palabra, y entenderles...

Excepto en el caso de la burla que hacen de un pretendiente español, que no sabe mucho inglés y pronuncia aún peor, “arrrrastrrrando alarrrgarrndo lasss sssilabassss”

Son un grupo exiguo, actores veteranos, experimentados, y jóvenes bien dotados de talentos, perfectamente entrenados, que interpretan todos los roles, con donaire, inteligencia para hacernos reír, y emocionarnos.

Mujeres que se meten en los zapatos, tanto de hombre como de mujer, que dejan la escena para volver en otro papel, de otro sexo, de otra edad (eso no podemos imaginar que ocurriera en los tiempos de Willy)… Hombres que cambian de aires, ademanes y timbre cuando regresan a escena con otro carácter.

El decorado es una fachada de madera avejentada, (que podemos imaginar parecida a la pared con que el Globe original, escondía sus bambalinas), con puertas por donde hacen su entrada, o sus mutis los protagonistas.

El vestuario es intemporal, intersexual. Unos ropajes que llevan actores y actrices en todos sus papeles... Basta con añadir algún adorno, para transformar, disfrazar al personaje.

Tras el fueron felices, y comieron perdices, los cómicos se despiden con otra tonada...

El fervor del público, vuelve a irrumpir en escena, a tomar protagonismo, al premiarles con vivas, bravos y palmas Los actores agradecen aclamaciones, ovaciones, y hacen mutis por el foro, para continuar su gira global.

Un regalo para la vista y los oídos de los Teatros del Canal.

 

THE MERCHANT OF VENICE

Bassanio Luke Brady

Old Gobbo / Duke / Lorenzo / Prince of Arragon Steffan Cennydd

Jessica / Prince of Morocco Cynthia Emeagi

Shylock Sarah Finigan

Gratiano Colm Gormley

Antonio / Launcelot Gobbo Russell Layton

Nerissa Rhianna McGreevy

Portia Jacqueline Phillips

Director: Brendan O’Hea / Diseñador: Andrew D Edwards / Compositor: Bill Barclay / Coreógrafa: Siân Williams /

http://www.teatroscanal.com

 

Titania  

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DIARIO DE UN LOCO DE NIKOLÁI GOGOL. PABLO BIGERIEGO. SALÓN DE LA RESIDENCIA UNIVERSITARIA HERNÁN CORTÉS (BADAJOZ)

 

Pablo Bigeriego ha elegido un difícil texto, por lo que tiene de acercamiento a la insania y por sus referentes históricos, amén de ser un texto áspero y nada complaciente con la galería, excepto en leves apuntes. La certera descripción de la esquizofrenia que el escritor ruso vierte en su cuento, es trasladada por el actor en un “tour de force” al mundo de las tablas, sin perder nada de su potencia genésica. Bigeriego se introduce en el alma del funcionario Axenty Ivanovich Poprishchin y en su descenso “ad inferos” de la locura. Un ocaso paulatino, irremediable, con el espectador como acompañante inerme. Un descenso cada vez más acompañado de tintes delusivos e ideas erotomaniacas y referenciales.

Un viaje a ninguna parte que el actor comienza en el registro de un funcionario crítico y satírico (como toda la obra de Gogol), para a continuación evolucionar con el personaje, no sólo síquicamente, sino también desde la fisícidad. Poprishchin (Bigeriego), va perdiendo paulatinamente su seguridad inicial, navegando a la deriva, divagando, hasta alcanzar las cotas de desesperación del epílogo: ¡Madrecita, salva a tu pobre hijo! ¡Vierte unas cuantas lágrimas sobre su cabeza enferma! “Diario de un Loco no precisa en su traslación al teatro de una escenografía impactante. Bastan una silla, una mesa y un perchero, ya que la verdadera arquitectura se desarrolla dentro de la mente del protagonista, en base al verbo y a la expresión corporal. Este dietario hacia la locura pone a prueba al actor, exigiendo versatilidad y virtuosismo. La obra es considerada como una profecía del ascenso de los totalitarismos, encarnados en un empleado casi invisible que aboca a la megalomanía. Encarcelado en medio de un trabajo y una época, donde la dignidad va unida al cargo, no a la persona que lo desempeña. Parábola pesimista de una sociedad con delirios de grandeza, que en la voluntad de cambiar el mundo, termina extraviándose. “Diario de un Loco”, solicita amplitud de registro. Pablo Bigeriego cumple con creces el esforzado rol del enajenado. Cultiva los matices, tanto expresivos como declamatorios, lleva el personaje a extremos de lucidez dentro de su delirio,  hace cercano su sufrimiento y el paisaje humano del malogrado burócrata Poprishchin. Define certeramente la lucha entre la percepción de la realidad desarticulada, amenazante, y los deseos del protagonista. Estos con frecuencia aparecen mediante el empleo de la sinécdoque y la yuxtaposición. La desintegración del paisaje narrativo es utilizada, por única vez en la obra de Gogol, mediante el uso de la primera persona. Pertenece este cuento a la obra “Cuentos de San Petesburgo”, donde el autor se emplea a fondo (como en todo el ciclo de sus novelas peterburguesas) sobre el Imperio Ruso. Para ello utiliza el arma de la sátira y los monólogos de este antihéroe que comienza su periplo vital con: “Hoy ha tenido lugar un hecho extraordinario”. Gogol es un maestro del realismo social. Conoce como camuflar bajo el humor, la denuncia, nada grata. Embestir contra la férrea censura de la época. Un texto tan extraordinario que, en el breve espacio de la obra, se nos muestra vividamente el desarrollo del cuadro clínico del protagonista. Estamos ante un texto es ácido, con apuntes satíricos que circundan la identidad y el amor, dos pilares básicos del alma humana. Bigeriego expone con precisión el paisaje humano del  desdichado funcionario ucraniano, su deformación, su juego de espejos. Muestra la explosión de su mente ante la sociedad que lo encasilla y lo somete; crucificado en sus propios maderos; sin otra salida que la locura.

Con certera progresión nos hace descender progresivamente al deterioro del “loco” y su mundo distorsionado, donde lo excéntrico se yuxtapone con lo ordinario, la grandeza con lo mezquino, lo trágico con la comicidad. El actor consigue hacer desfilar por nuestros ojos a todos esos personajes que no están en la escena: el Director, su amada, incluso los perros que hablan, síntoma de su latente desvarío. Un loco bastante más humano que el resto de los ausentes personajes. Llega este atormentado  monólogo a la RUHC después de su estreno en la Sala Aftasí. Poprishchin consigue habitar en la piel del espectador. Un espectador que podrá reconocer el homenaje e Espronceda  y su “Canción del Pirata” con un poco de atención: “A un lado el mar, al otro Italia, allá lejos se pueden ver las cabañas de Rusia.” o a “La Vida es Sueño” de Calderón de la Barca: ¿Qué quieren de mí, mísero que soy?, por no mencionar “El Coloquio de los Perros” de Cervantes. La obra crece a partir de la entrada del diario número 9, donde el humor adquiere un aspecto alucinatorio. Numerosos aplausos del público, que llenaba el salón de la RUHC.

Quino Díez (voz en off), Koke Rodríguez, encargado del sonido y la iluminación y Jorge Moraga, dirige la obra y ha diseñado el cartel.

 

Francisco ColladoFrancisco Collado 

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CATALINA MÍA: EL ARROZ COMO ALIMENTO DE UNA PASIÓN

 

Todo es pura pasión desde el principio en Catalina mía. Cuenta la historia de una niña, Catalina (Carmen Muñoz), que no puede parar de bailar (flamenco) ni para comer. Tanto que su instructor-cuidador-entrenador (Indalecio Séura) ha de darle el arroz en la boca a cucharadas -grandes cucharadas, como a los niños desganados, para que traguen de una vez- con engaños, aprovechando el hueco que para ello le dejan los brazos, los hombros o la cabeza de Catalina. Nada.

Ella no repara ni cuando el suelo se le llena de arroz, cosa que a otros frenaría, y coge carrera cuando le quitan ya del todo el peinador. Adiós arroz, entonces, ya sólo baile y pasión desatada.

Jamás había visto bailar así flamenco ni no flamenco, de esta manera tan libre y a la vez pausada, arrebatada pero pautada, muy medida. Es flamenco contemporáneo.

A Catalina mía sus tacones de flamenca la llevan de un paso a otro como si ella fuera una autómata. La autómata Catalina, carente por completo de voluntad, danza como si no hubiera más en el mundo, tal es el poder de lo que le arrebata el alma y el ánimo, el hambre y toda sed, la curiosidad incluso, ni ve ni oye. Su entrenador la entretiene con historias de Catalina: Catalina la Grande de Rusia, catalina de Médicis, fábulas alusivas al carácter de las catalinas que pasaron por el mundo dejando muestras de un carácter férreo... Ella, ni caso (que si quieres arroz, Catalina)". hasta que él, por fin, ha de acompañarla en su flamenco con un dúo fabuloso que la contorsiona y la exprime, que la atrapa y la lanza de nuevo hasta convertirla en una especie de novia antigua y trágica sembrada de arroz, pero está ya crudo, no comestible, para que ella se lo guise como y cuando quiera. Descansa Catalina.

“Estamos ante una fantasía que narra un recorrido en el tiempo real e imaginario alrededor del personaje de Catalina. Historia, intrahistoria, imaginación, tradición y contemporaneidad son elementos que juegan y se entremezclan en el viaje. Creación de un universo propio surgido sin pretensiones, en el que los intérpretes conviven y se relacionan entre ellos y con ellos mismos como una necesidad de vivir su arte.” Así reza  

 Un extracto de esta pieza obtuvo el Primer Premio de Coreografía en el XXVI Certamen de Coreografía de Danza Española y Flamenco de Madrid.

Dirección: Carmen Muñoz.

Intérpretes: Carmen Muñoz e Indalecio Séura.

Iluminación: Olga García

Vestuario: Carmen Sánchez “La Genara”

Fotografía: Rogelio Cano

Fecha: 10 de junio de 2018

Espacio: Sala Mirador (Dr Fourquet, Lavapiés, Madrid)

 

    Nunci de León    Nunci de León  

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DIE SOLDATEN EN EL TEATRO REAL

 

Vuelve Bieito con la violencia, marca de la casa, que ya exhibió en Wozeck, y en Carmen, esta vez aumentada y corregida, en autenticas fiestas salvajes protagonizadas por la soldadesca y con toda clase de abusos, siguiendo las pautas del autor, Zimmermann, en su obra Die Soldaten, una feroz crítica de una sociedad en la que esa soldadesca, dirigida por sus jefes, auténticos dominadores de una sociedad que se pliega a su poderío y a su posición social,  comete toda clase de barbaridades y abusos. No olvidemos que todo ello, alcohol, drogas  y desenfreno, es para que estos mismos bárbaros no sean conscientes de lo que les espera en el campo de batalla. La alta sociedad en la que los poderosos se ven inmersos, desprecian y maltratan a la clase dominada, para desprenderse de ella cuando ya no les sirve para sus placenteros fines. Todo ello lo aprovecha Bieito para recrear un espacio escénico tan duro como impresionante y espectacular, que si bien es doloroso, no deja de crear un gran impacto en el público. Para ello sitúa a la orquesta en un andamiaje dentro del escenario, en el que todos los personajes que si bien se pretende que se vean atrapados en ese andamiaje, en el transcurso de la obra pasan a primer plano. Los cantantes responden actoralmente con una calidad realmente sorprendente, pensando además que la partitura vocal, totalmente atonal y complicada, radicalmente alejada de lo que podríamos denominar la ópera clásica, no ayuda al desarrollo dramático.

La parte musical, como ya hemos apuntado, se encuentra en otro plano muy diferente a lo que el público habitual en un teatro de ópera está acostumbrado a oír, y en ello incluimos a las atonalidades de Berg en Woceck uno de los antecesores de esta obra, aunque sin duda el primer antecesor en esta temática, del cual parece todo el mundo olvidarse, es Rigoletto, que inicialmente se titulaba  El rey se divierte, donde la clase socialmente superior, en este caso cortesanos, se reían y maltrataban a la clase subyugada, eso sí, con un lenguaje menos duro y efectista. ¿Cómo no encontrar parangón con la fiesta con la que se inicia la obra en el abuso de esa clase dominada, hasta llegar a la muerte de la inocente protagonista?

Entre Die Soldaten y Rigoletto han pasado poco más de cien años, 1851 a 1965 y la libertad escénica amén de la permisividad en los libretos, las convierten en obras aparentemente diferentes y no digamos en las  formas musicales, de una tonalidad dentro de los cánones más absolutos, a una atonalidad acompañada de una interpretación orquestal basada en la percusión, en un supuesto apoyo a la acción. ¿Se puede hablar de dodecafonismo? Quizás parcialmente, acompañado de ligeras intervenciones de jazz. Lo que sí es cierto es que este tipo de óperas cambian la estructura de lo que el público, no solo conservador, sino medianamente abierto espera de un teatro dedicado a la lírica, ya que esta palabra desaparece en función de un teatro acompañado de sonidos desprovistos de ese esperado lirismo. Algún espectador lo describía como un teatro cantado, con ruido de fondo. No queda la menor duda que la intervención de la orquesta en este apoyo musical, dirigido con maestría por Pablo Heras Casado ha sido realmente notable.

De los intérpretes principales difícil destacar especialmente a alguno, pues todos componen un grupo más bien coral, en el que es muy difícil saber si lo que cantan es correcto o no.

El público, a excepción de alguna deserción en el descanso, acogió con escaso entusiasmo el final de la obra, con esos aplausos que suenen a compromiso acompañados de algunos “bravos” de los, sin duda, partidarios de este tipo de obras modernas, mas basadas en la imagen teatral, que en esa música que uno llevaría en el coche.

 

   Francisco Mejorada Jiménez  Francisco Mejorada Jiménez  

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Enigma de Stefano Massini en el Teatro Arena del Sole

 

Escrita en 2009 por Stefano Massini, con el explicativo subtítulo “nada significa nunca una sola cosa”, esta obra es obligada para quien, interesado en la realidad social de la Alemania del Este antes y tras la caída del Muro, haya visto la muy posterior Atlas des Kommunismus de Lola Arias, también recensionada en esta sección de Noticias Teatrales. Mientras la última presentaba el mosaico de perplejidades, temores y esperanzas de personas reales en variadas circunstancias de edad, profesión y origen, Enigma se concentra en dos personajes imaginarios pero emblemáticos, maduros y coetáneos. Ambos alemanes del Este, están unidos por una tercera presencia invisible, pero de corporeidad determinante de casi todo: la larga sombra de la STASI, el servicio secreto de la DDR. El título Enigma se enriquece además con la pertinente evocación del sistema de encriptación militar germano en la II GM.

La trama consiste en un diálogo en un apartamento berlinés dos décadas después de la caída del Muro, pero el desarrollo muestra que nada es lo que parecía y los protagonistas se van desenmascarando en un suspense creciente que atrapa al espectador. Ni Ingrid Winz se llamaba así en realidad, ni su accidente de tráfico bajo la lluvia cerca del domicilio de Jakob Hilder, nombre falso también, que la recoge y trae a casa, es casual, ni ambos son lo que aparentan ante el otro. Es un juego de muñecas rusas que se van abriendo a lo largo de los nueve “segmentos” -anunciados por una proyección al fondo- y el espectador debe ir ordenando para componer el cuadro real. Profesora de historia ella, matemático experto de anagramas y juegos logicos él, pero no solo eso. Como en las propias historia y sociedad de la vieja Alemania oriental, la apertura de los archivos secretos ha sacado a la luz la captación de un sexto de los habitantes como informadores que espiaban a sus conciudadanos y entre sí. La atmósfera que emerge es alucinatoria y asfixiante, como solo podía resultar del maquiavelismo de un estado policial realizado con la precisión científica alemana, pero tampoco se puede reducir a una colección de sujetos innobles, pues las actitudes individuales respondían a menudo a la de simples engranajes resignados de un sórdido sistema donde la desconfianza y la necesidad de adaptarse eran requisito de la supervivencia. Para todos la reunificación no fue solo una cesura, sino una duradera herida abierta que en cada individuo ha transcendido el cadáver de lo que fue antes, pero dejando un poso imborrable de “Ostalgie”.

La escenografía esencial, inmutada en todo el espectáculo, reproduce un modesto apartamento de un solo espacio con la huella de las estrecheces de la vida del Berlín Este: anticuado y escueto mobiliario con pobre librería, mesa de trabajo desordenada, cama, diván, rincón de cocina y una calefacción crónicamente insuficiente para el clima berlinés. Ottavia Piccolo -popular también como actriz cinematográfica- y Silvano Piccardi, ambos con gris y anodino vestuario de época, bordan unos personajes que hacen virtuosismo de la indignación contenida, de la mesura y la circunspección necesarias en su empeño detectivesco. Ayudado por una impecable y profesional dicción, el lenguaje, calibrada y permanentemente ambiguo, somete constantemente a prueba la capacidad descifradora del espectador. Descubriremos que ha llegado a manos de Ingrid el expediente de la propia STASI sobre el informador encargado de espiarla, y ahora quiere abordar a la persona a modo de ajuste de cuentas y catarsis liberadora. Jakob conserva a su vez la información sobre ella, aunque ya no recordaba su fisonomía. La obra se cierra con ambos de pie, mirando mudos al espectador mientras sostienen los respectivos expedientes en las manos.

El espectáculo, de una hora y cinco minutos de duración, es breve pero intenso. El público, que ha seguido en silenciosa concentración el creciente suspense compartiendo la carga del pasado de aquella sociedad, también se siente finalmente liberado y prorrumpe en aplausos que llamaron por cuatro veces a los dos actores.

Dirección: Silvano Piccardi.

Escenografía: Pierluigi Piantanida

Luces: Marco Messeri

Músicas originales: Mario Arcari

Producción: Arca Azzurra

Teatro y Ottavia Piccolo

Bolonia, 19 de mayo 2018

 

Magda Ruggeri MarchettiMagda Ruggeri Marchetti 

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