Para ir al BUSCADOR, pulsa en la imagen

 

NOTICIAS TEATRALES
Elaboradas por Salvador Enríquez
(Optimizado para monitor con resolución 1024 X 768 píxeles)

PORTADA

MADRID

EN BREVE

PRÓXIMAMENTE

LA TABLILLA

HERRAMIENTAS

EN PRIMERA LA SEGUNDA DE MADRID ENSEÑANZA LA CHÁCENA

AUTORES Y OBRAS

LA TERCERA DE MADRID

ÚLTIMA HORA DESDE LA PLATEA
DE BOLOS CONVOCATORIAS LIBROS Y REVISTAS NOS ESCRIBEN LOS LECTORES
MI CAMERINO   ¡A ESCENA! ARCHIVO DOCUMENTAL   TEXTOS TEATRALES
  ENTREVISTAS LAS AMÉRICAS  

 

Polvo de Hormiga Hembra

de YOYIANA AHUMADA LICEA

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

Polvo de Hormiga Hembra

Yoyiana Ahumada Licea

laahumada@gmail.com

 

Quiero dar la impresión de algo viviente y duradero

                                               Diario de Nijinsky

A mi madre, única, invencible, escogida doblemente

  

 

PERSONAJES

MAYA: Sin edad definida. Quizá la del cansancio o la tristeza profunda. Delgada, casi enjuta, alguna vez fue bella. Bailarina clásica profesional en declive. En tránsito hacia la muerte. Adicta a la morfina. Enferma de miastenia.

ÉL/HOMBRE: Alto, delgado, hermoso, perdido en el recuerdo de Maya. Una vez fue su presente.

LA MADRE/MADAME GETTÉ: Maestra de baile, gorda, aficionada a los carbohidratos. Bailó con Margot La Fontaine. Soberbia, pizpireta, marimandona. Cree conocer todo lo que necesitan los demás.

EL DOCTOR/MAESE DI SALVATORE: Maestro de baile, severo, castrado y frustrado. Bufo en sus ademanes. Como doctor, frío, distante, cansado de lidiar con el dolor.

LA ENFERMERA/ALUMN/MARGOT: Joven y bella. Como enfermera, eficiente, autómata, cruel.

BAILARINES: dos jóvenes que entran y salen de escena, a lo largo de la pieza


 

 

PRIMER MOVIMIENTO

[En un cuarto de hospital o clínica, una tarde de cualquier día de la época actual. Allí en el medio, una cama rodeada por cuatro espejos-biombo blancos con rueditas sobre un piso de madera, a semejanza de un salón de ensayo de ballet]

[Una vez que el público entra a la sala, se produce un black out. Comienza a sonar una melodía interpretada por un chelo. Un cenital ilumina una gran boca daliniana de la que emana una voz en off distorsionada. Una figura femenina de espaldas sobre la cama se insinúa en la penumbra]

VOZ EN OFF: ¿Por qué... tú? Merodeándome, persiguiéndome, enjaulándome y nunca dejándome estar… Ahora cuando esta soledad no tiene remedio… Quiero seguir muriendo… Vete. Yo, esparcida, polvo de hormiga, te llenaré los pasos...

[Casi en el mismo instante de finalizar el lamento, entra una melodía con la cual la figura de espaldas comienza a moverse. Está cubierta por una sábana de gasa a modo de mortaja. Una luz azul a contraluz produce un efecto extraño. A los lados de la cama de la figura femenina cuatro personajes (EL HOMBRE y LA ENFERMERA, EL MAESE y MADAME GETTÉ), dos a cada lado, repiten los movimientos de la mujer que se reflejan en los biombos-espejo]

MAYA: ¡Resuena dentro de mí, una y otra vez!… ¡Ayyy!… (RESPIRA AGITADA). Este dolor no calla, ¡ay!, ¡este cuerpo estremecido que no hace caso a mi deseo de silencio!... ¿Cuándo vienen por mi? ¿Cuánto más este suplicio?… ¡Soy un grito, un lamento! ¡No quepo en mi navío...! ¡Duele, duele dentro! ¡Enfermera, por favor, más morfina, más!

[A medida que ella habla, los cuatro personajes comienzan una serie de movimientos. Cada uno de ellos toma una inyectadora y la introduce en su vientre como realizando un harakiri. Cantan una extraña canción]

CORO: Maya es ilusión, el velo descorrió, bailarina quiso ser, talento no logró tener. Ahora, allí postrada, parece desahuciada…, piernas-trapo, no puede escapar y sus zapatillas no logró tirar…

[Abren en segunda posición de ballet, se cubren la cara. Las figuras comienzan a moverse con mayor intensidad. Se colocan unas batas médicas y comienza a producirse un murmullo de voces que irrumpe en la habitación]

[Los bailarines rotan el espejo y quedan los biombos. Hablan entre sí un lenguaje extraño. Ignoran a Maya. Aplauden frenéticos. Se quedan haciendo una rutina automática, manejando con gran destreza las inyectadoras, y salen]

[MAYA se retuerce. Se escucha una melodía y hace unos movimientos, intentando salir de su lecho, que es su prisión]

[Entra a escena MADAME GETTÉ, quien, en su alucinación, se confunde con LA MADRE de Maya. Se mueve como una muñeca de las cajas de música. Tiene un moño descomunal y arrastra un largo velo adherido al tutú, que produce un juego visual indefinido, a medio camino entre la imagen de una bailarina y una novia. Se unta los pies con pezrubia, camina hacia Maya, estira su cuerpo, hace una flexión. Le toma la mano y mira su muñeca. Hace el amago de tomarle el pulso. Saca una golosina de su bolsillo y la engulle. Habla con el movimiento]

MADAME GETTÉ (EN UN EXTRAÑO CASTELLANO): Tendré que perfeccionar este movimiento: está sucio…

[Se acerca a Maya, como para hacerle una confesión]

MADAME GETTÉ: Cuando veo la sangre entre los deditos de mis pies, que mana, brota, escupe borbotones de puntitos rojos, me voy emocionando, me emociono, me emocionaré (SUSPIRA). Los latidos de mi corazón van alcanzando un trepidante movimiento.

MADAME GETTÉ (DELIRANTE): Adoro mis zapatillas manchadas de rojo, mis dedos completamente deformados, transformados en juanetes. Cicatrices interminables fraguan mi piel (SUSPIRA Y CIERRA LOS OJOS. RODEA A MAYA). Sudor, hambre, moño apretado, hasta dolerme las sienes, repetir una y otra y otra vez aquel movimiento… Bailar tal vez alar.

[Inyecta a Maya sin contemplación, como si le insuflara vida]

MAYA (BAJO EL EFECTO DE LA MORFINA): Cenizas, maestra, ¿madre?..., nada de cajones oscuros, cenizas, una brasa ardiente que me consuma hasta la nada, cenizas…, y él, ¿podrá fumarme y viajar a través de mí?, y seré recuerdo en su garganta, y abrazaré sus entrañas, tatuándolo por dentro: Polvo de heroína (RÍE TONTAMENTE). No, de antiheroína… Maya: ilusión, morfina y olvido… 

MADAME GETTÉ: ¡Oh! ¿Es cierto? ¿Lo sabría desde siempre? Es mío, de veras es mío, el rol de Giselle ya va siendo mío… Yo, cisne negro; yo, la elegida. Seremos siempre prima ballerina.

MAYA: Maya Plisiétskaia, una mención mínima en un viejo diario, la historia detallada de un fracaso menor... Papel arrugado para envolver verduras o recoger la mierda del perro…

[MADAME GETTÉ detiene su movimiento frenético, y del moño sale una muñequita, también bailarina, con la que empieza a chismosear. Mientras tanto, repite una rutina]

MADAME 1: Uno, dos, autocompasión.

MADAME 2: ¡Ay, mírala en la foto, convertida en profesora, vendiendo leotardos!

MADAME 1: Casóse y tuvo unos niñitos rollizos que la robustecieron y fue llenando su carne de tedio.

MADAME 2: Se lastimó una rodilla, como los futbolistas, qué vulgar, el menisco, seguro que fue el menisco, ¿o se le fracturó el genio?… Mierda, ¡ja, ja, ja!

MADAME 1: Nunca se le avivó…

[Sale. Se queda Maya sola, iluminada por un cenital… Se levanta de la cama. Empieza a moverse con gracia. Se sujeta de los barrotes de la cama, de espaldas, mientras realiza extraños movimientos]

MAYA: Mi abuela Antonia decía: esta niña, en trapecista va a parar, sí señor, guindada de las matas, girando, dando vueltas, piruetas, girando…

[Maya va girando sobre sí]

MAYA: ¡Maya, bájate de ahí! ¡Te vas a romper la crisma…! ¡Qué manía ésa de andar retorciéndose…! Y los pies, en punta, ¿qué es lo que quieres alcanzar?... Las marquesinas, abuela, las luces de Nueva York, también París (PAUSA), claro que te voy a escribir… Sí, ya sé que hay mucha neblina en Londres… Se llama Teatro Colón y queda en Buenos Aires. ¡Claro, abuela!, ¡la ciudad de Carlos Gardel, la del Río de la Plata!... ¿Aquí en Caracas?… Entrevistas, aquí y allá. 

[Entran dos bailarines con cámaras y flashes que enceguecen a MAYA]

MAYA (EN ACTITUD DE ESTRELLA ENTREVISTADA): …Complacida de estar en esta bella ciudad, sí, sí, claro, es la primera vez y no va a ser la última. (TRANCISION) Eso dice mi madre, que el maestro Rudolf Nureyev me bendijo en una función de El corsario cuando estaba en el vientre de ella. Es el destino. Por favor le pido que no cambie, ni una letra, sea fiel a estas palabras, escuche atentamente: a los virtuosos el albur, el sino, quiero decir, el destino los desvela temprano…(TRANSICION HACIA OTRO PERIODISTA) Sí, mi madre me nombró Maya por la Plisiétskaia…

[Salen. Maya se queda. Hace una pausa. Se acuesta en el proscenio boca abajo y rueda sobre sí misma]

MAYA: una y otra vez, esa pirueta… Maestro duelen las puntas, sangran… Maya de honesto origen, de esta tierra de gracia, en el tuétano del tercer mundo… Me aprieta el moño, madre, no me deja pensar. Se me olvida le dibujo, el de los pasos en el suelo…, me voy a quedar boba… Ballet, ¿yo? No, qué va, me quedaba lejos, eso de bailar era para las niñas floridas, las que podían ir a la academia con la nanny, o con una madre dedicada a los oficios del hogar. ¿Y yo? Una más del 70%: familia disfuncional, padre desconocido… fue a comprar kerosene y aquel hueco en el corazón de mi madre… Si me becan, es otra cosa… Y me pasó: la Nena Coronil, el Ballet del Teatro Teresa Carreño, Vicente Nebrada; Nebrada le decían en los Estados Unidos. Doble corchea… Qué te digo la Alonso, Alicia, Paloma Herrera. El American Ballet Theater, hacia allá iba yo, ésa era mi ruta. (EN ACTITUD PENSATIVA) El divino Julio Bocca me aterrizaba: bueno, che, nosotros siempre seremos unos prodigios, ¿viste?, una suerte de fenómenos de circo, de corta vida y escasa trascendencia. Acá sonamos por los escándalos de Maradona con su gordura obscena y sus snifadas de cocaína, golpes de Estado, caudillos revividos, tragedias naturales, balseros… rara avis, Nuevo Mundo, prolífico en problemas, que pa´ eso somos buenos, dice el cuate Carlos Fuentes, no sabemos manejar la caja chica de los dineros nacionales… ¿o eso es de mi propia cosecha?… ¡Ay, qué horror! Me puse lúgubre... Almizclera. Me puse espesa, parezco chocolate de taza, chocolate, endorfinas…, morfina y otra vez el dolor… ¿Por qué no se van todos al carajo?… ¿Es la hora? ¿Será la hora? ¿Y qué importa? Al final todas son iguales, duelen…

[Entra a escena una bellísima mujer, vestida de enfermera con cofia, pero con el tutú y las zapatillas. Trae una caja de chocolate]

ENFERMERA/ALUMNA: Vamos, vamos, estamos a tiempo… ¡Ajá!, sólo la punta de la lengua…

MAYA: Por favor, sólo uno, uno completo...

ENFERMERA/ALUMNA: No, no... Engorda y luego Fernando ya no va a querer hacer el pas de deux contigo.

MAYA: Por favor, uno sólo, uno completo...

[La enfermera saca una ampolleta, la pincha.  La enfermera la ve retorcerse del dolor y se da vuelta. Se coloca en primera posición, en segunda, en tercera, mientras habla la va rodeando, con giros que van in crescendo]

ENFERMERA: Cada vez es más breve, Maya. (TRANSICION) Estoy aquí, soy tu relevo, estoy detrás de ti, soy tu sombra… Ya nadie te mira, no te recuerdan.

MAYA: Me desvanezco.

ENFERMERA: como la edad de la gloria, un aplauso y al olvido… El arte es cruel, no hay rodeo posible, no consiente posposiciones, es breve. Tú no tienes demonio pupette, con musa no se baila, apenas puedes inspirar una coreografía.

MAYA: Pero yo… las calcé, mire, aún recuerdo… Zapatilla de ballet, en color dorado y plateado. Corte en piel, suela de carnaza corrida, forro en tela de algodón, con jareta para mejor ajuste y elástico en el empeine. Disponible en números del 15 al 25.5; yo era 15… Y bailé con Carlos Acosta en el Houston Ballet… Fui Julieta; él, Romeo…

ENFERMERA: Tienes que volverte tu otra…, piruetas hechas a fuerza de tu dolor. Poco a poco te pares a ti misma y te conviertes en la grande, el cisne negro, la zapatilla alada, y das paso a tu doble, y ya a nadie le importas más tú, la tontería de tu historia, quieren a la estrella del camerino, la diva inalcanzable, la otra que te ha asesinado para tomar tu lugar...

MAYA: Yo llegué con retraso a la disciplina y me voy prematura tras los efectos secundarios.

ENFERMERA: No fuimos creados para tales posturas, el ballet es rotundamente antianatómico… ¡Ay, esas posiciones! Dígame la quinta… ¿Quién dijo que podíamos partirnos así? El final es funesto...

MAYA: Sólo Dios puede curarse las heridas y seguir jugando.

ENFERMERA: ¡Ay, querida! Reposa, serás menos inútil... A lo mejor mañana estás más cerca del acto final...

[Por el lado contrario del escenario entran dos bailarines. Maya, como una autómata, eleva los brazos, colocándolos en primera posición. Está bajo los efectos de la morfina]

MAYA: Y ella sí, leve, tan frágil, tan ella, qué ángel, que porque sí en su cuello. Hay plenitud en el movimiento de sus brazos, en su andar, como la belleza perpetua... La veía a través del cristal haciendo su calentamiento a pie desnudo. Ella, etérea, ala quebrada de mariposa, tragando chocolates sin compasión; yo, cosiéndome la boca; ella, tenue; ella, el descuido; ella, el movimiento; ella, la danza; el espíritu.

[Cada bailarín levanta a su pareja. Quedan iluminados como si volaran. Giran los biombos y ella se contrae. Salen]  

[Maya se toca el brazo y se deja caer sobre la cama. Se retuerce e incorpora violentamente]

MAYA: Siempre en tus labios Nijinsky: “Soy un loco con sentido, mis nervios están entrenados”... Aquellas zapatillas goteadas de riesgo hasta deshacerlas. Las olvidaste en un resquicio del salón y se hicieron cartón, lona, suela y pie desnudo… ”Ud. me comprenderá, si me ha visto danzar” -dijo ella. Y era Nijinsky en su boca... Yo no fui suficiente... (SE ARRODILLA). Perdón por el caramelo en las zapatillas, era el que te gustaba, te veía devorarlo, por eso lo puse allí. Era su sitio, ¿no?... No fue vidrio… ¿Tu rabia? la acepto, te castigaron, fue duro y estuviste conmigo detrás, donde no llega la luz del cenital y no se nos ven las mallas rotas… ¿Los trajes enfangados? Fui yo, y no Margarita, a quien acusó mi silencio…

[Aparece una imagen al fondo, proyectada sobre los biombos. Una clase de ballet que recuerda a las bailarinas de Degas]

[Entra a escena una mujer vestida como niña, le toma las manos a Maya y comienzan a hacer una rueda: congelan e imitan el cuadro de Degas]

MARGOT: Quisiera ser una de las niñas del cuadro para no envejecer nunca, ver cómo la procesión va pasando delante de mí, arrullada en brazos… Todos huyen menos yo…

MAYA: ¿Qué hacía allí sin encontrar eso? Nunca supe de lo que hablaba el maestro, ese punto insondable, que jamás pude siquiera rozar... Tú, desgraciada, tú sí fuiste elegida, tu alma sí llegó a gemir...

[Sale de escena y Maya le pone un caramelo en las zapatillas]

 

[OSCURO FIN DEL PRIMER MOVIMIENTO]


 

 

SEGUNDO MOVIMIENTO: ALLEGRO ANDANTE

[Entra un médico caminando en relevé (puntillas). También ejecuta el movimiento de llenarse de pezrubia los pies y va hacia Maya, la toma por los brazos desde atrás, la baja de la cama y la hace abrirse en el suelo]

DOCTOR/MAESE: Para esta carrera hacen falta dos personas, eso es una realidad. Está el que baila y el que ve…, para dar las correcciones, y dice: "Oye, estás haciendo esto mal". (LA MIRA) Sé cuánto me aborreces, sé que me sientes un negrero y tienes pesadillas conmigo. También me culpas por el exceso de trabajo sobre tus extensiones...  Tu lesión en los meniscos, la consideras obra mía... Tus quejas lastiman mis oídos. (TRANSICION) Maya Ortiz, si quieres formar parte de los elegidos, ¡aguanta!

MAYA: ¡Por Dios, ayúdeme a subir a la cama!, ¡tenga piedad!

DOCTOR: Piedad, ja, piedad, ¿y quieres ser una prima ballerina? ¿Sabes, niña, lo que cuesta no ser simple comparsa? ¿Ah lo sabes?

Padecer privaciones... Sin clemencia... ¿Y tú crees que alguien la tuvo conmigo?

MAYA: Quiero yacer para siempre...

DOCTOR: ¿Y la audición para el rol de Giselle? ¡Ay, bisoña! En vez del cisne negro, pareces un zamuro. No, no, no. Una prima ballerina devi svegliarsi presto nella mattina.

MAYA: Dormir, soñar, cesar…partir

[El doctor saca unas cuerdas, la amarra como a una marioneta y la mueve como tal. El doctor se acerca a Maya y le habla sujetando las cuerdas lascivamente]

DOCTOR: Sólo conmigo, tus días, tus pensamientos, yo, tu obsesión, ensayar, una y otra vez, hasta chiflarte. Un verdadero maestro prácticamente vive con el alumno, para el alumno, por el alumno. Yo te he enseñado la vida. Soy un maestro, El maestro. Un mentor convierte las clases de ballet en un acto solitario. Tú te mueves, yo lo siento, tú te dueles, yo me duelo. Tú y yo espectro, uno sólo.

DOCTOR: Caldo de pollo desgrasado, una cucharadita de arroz y pechuga hervida sin sal...

MAYA: Tengo hambre, mucha hambre… Atún y galletas de soda. Atún y agua, atún y atún. Atún y nada… Carne, bistec con papas fritas.

DOCTOR: ¡Horror! ¡Fritura no! Después de todo lo que nos ha costado quitar esos cauchitos, ¡noooo! (TRANSICION) Mucho cuidado. De las carnes, sólo las blancas, y con moderación... Los carbohidratos, ni pensarlos, vade retro, producen calorías vacías que luego cuelgan, del abdomen, de los brazos... ¡Uff, qué asco!

MAYA: Estas alas ya no remontan, no vuelo...

DOCTOR: Voy a tener que ser más estricto…Tenemos que llegar algún lado... ¡Ay, Dios mío! Mira que se lo he dicho 20 veces y no acaba de entender. No, el maestro no dice eso. El preceptor tiene que lograr que entienda, de lo contrario, no está enseñando.

MAESE: Al principio duele, molto, pero luego… se disfruta… se desdibujan los límites…

[La estira con las cuerdas. Ella desfallece del dolor]

MAESE: No soy un perdedor, tú eres mi promesa y, a pesar de ti, voy a triunfar...

[Sale haciendo giros algo enloquecidos. Maya, aturdida, se desliza hasta su cama, respira con dificultad, llora quedamente. La luz baja, y de pronto, a los lados, aparecen dos títeres, un hombre y una mujer, manejados por dos bailarines harapientos. Maya se mira el cuerpo, se huele]

MAYA: Quiero mi perfume, quiero recordarme mujer...

[Los bailarines se acercan por detrás de ella y comienzan a bailar. Ella los aplaude. Ellos saludan]

BAILARINA: ¿Por qué ahora cuando este desamparo no tiene remedio?

BAILARIN: ...Tu amor, merodeándome, vagabundeándome, nocturneándome…

BAILARINA: Vete, no volveré a bailarte, quiero seguir muriendo sin ti.

[Los bailarines salen. Ella se queda y se da vuelta boca arriba]

MAYA: Polvo de hormiga hembra, a eso quedaré reducida... No dejo rastro, no llevo carga..., ni raíz queda de mí…, ni una huella…

[Desde abajo de la cama aparece el hombre]

HOMBRE: Huella la de tu boca en la mía, de la que me colgué...

[Maya se da vuelta]

MAYA: Cobarde…

HOMBRE: Siempre lo supiste, que yo sabía...

MAYA: No eres capaz de asumir tu culpa, ni siquiera eso.

HOMBRE: No la tengo, apenas te amé.

MAYA: Pensándolo mejor, me llevo algo: la certeza de ser una perdedora.

HOMBRE: En eso nos parecemos: ¡yo te perdí!

MAYA: Hace tanto tiempo que no sé dónde estoy...

HOMBRE: Sólo sé estar seguro contigo.

MAYA: Ni conmigo, ni sin ti... Aprendí a ser una sombra, una idea…, una mentira como nosotros. Nunca hubo pacto… ”cuando me abandones…” ¿Trataste?... Saltar y no temer la caída. Esperar púas en vez de nubes, pero lanzarse, sin esperar nada, sólo eso: arrojarse…

HOMBRE: ¿Y cuándo uno no sabe qué hacer con uno?

MAYA: No tengo respuesta a mi demanda. Acaso Dios y todavía no me atiende.

HOMBRE: Pregúntale si alguna vez me amaste...

MAYA: Tráeme una rosa...

HOMBRE: Una lluvia de ellas, pero blancas, siempre rosas blancas.

MAYA: Ahora prueban con árnica, flores de árnica, es hermoso curar el dolor con flores, engañar a la muerte con una celebración, burlarle, ¡aunque ella siempre ríe de última!

HOMBRE: Los médicos me explicaron que no hay cura, pero esperanza...

[ENTRA UNA MELODÍA EXTRAÑA CON SONIDOS DISTORSIONADOS]

MAYA: ¡Shhh!, está sonando la melodía del desencuentro…

HOMBRE: La compuse cuando te vi bailando...

MAYA: ¿Alguna vez lo hice?

HOMBRE: Salía de mi ensayo y te vi., yo no buscaba a nadie y te vi... Estabas descalza, empapada de sudor y de miedo, sola contigo misma, atravesaste el espacio dando giros frenéticos, tenías rabia, arrastrabas una pena, pero eras de verdad; entonces descubrí la danza, el nervio, y quise bailarte, ser danza contigo...

MAYA: Esa tarde crucé la frontera. Aquél no era mi salón de clases, pero decidí romper una regla, aunque fuera sólo una, y, aprovechando un receso, fui hasta donde ella, la elegida, que practicaba. Por un momento fui dueña de su ángel, de su duende, y fue maravilloso perder las zapatillas, liberarme del tutú de mi madre, de las expectativas, de la aprobación de los otros... Entonces fui yo, fui única y creo que ese día, ese único día, mi alma lloró y alcancé a Nijinsky...

HOMBRE: Lo hiciste de nuevo... bailar...

MAYA: La morfina... Nunca dancé...

HOMBRE: ¿Desde cuándo no usas un tutú?... ¡Los odiaba!

MAYA: Una herejía contra mi cuerpo, ¿verdad? Ese desenfreno de tul alrededor de mi cintura, atrapándome a fuerza de anemias...

HOMBRE: ¿Cómo es posible cincuenta y cinco tutús? Ésa es la cuenta que saqué por el álbum que con tanto celo guarda tu madre. Antes del pañal te pusieron tutú...

MAYA: Cada ballet un color distinto...

HOMBRE: Cientos de ojos sobre ti, no podía saberte llena de miradas, dejando de ser mía por dos horas, más las de la estadía en el teatro, los autógrafos, las cenas, las giras, una hora que parecía no acabarse jamás...

MAYA: Tantas horas de rigor, de sometimiento del cuerpo, apenas por un aplauso, una aprobación. Qué desierto, qué languidez, qué poca cosa... qué apenas. Cuánta ansia de ser amada…     

HOMBRE: Pero nos vengamos. (TRANSICION) Todavía me acuerdo la cara de tu madre, mirando la pira: el negro, el blanco, el rojo, el rosado. Fue un sacrilegio soberbio, un olor inolvidable... Ese día anunciaste el fin de las zapatillas. Alcanzarías el cielo desde tus pies desnudos.

MAYA: Mi segundo acto de rebeldía; la muerte será el tercero...

[El HOMBRE se golpea el pecho con fuerza]

HOMBRE: Mea culpa haberme marchado en tu audición a la escuela de danza moderna, fue impúdico, algo de mí se rompió, no soy el mismo desde ese día. Tu imagen recibiendo los aplausos, tus lágrimas no me dejan... Maya, Mayaaa!

HOMBRE: Inalcanzable sobre tus puntas. Respiré cuando las echamos a la basura.

MAYA: Ahora sí iba a bailar plena y feliz, vendría una nueva ansiedad y entonces llegó esta artritis... y comenzó a deformarme… no voy a necesitar ataúd, puedo ajustarme a un pastillero… o una caja de fósforos, quizá quepa en tu cigarro y estaré para siempre en la podredumbre de tus arterias…

HOMBRE: Tu vestido resbalando por tu figura esmirriada, y aunque todos los ojos estuvieran mirándote, sólo los míos sabían de tus oquedades, de tus humedades tras la función; en mis manos tu cabello era libre. Maya, mujer, amada fiera herida; yo, corsario cabalgándote; tú, hada de Giselle. Míos, tus brazos enredados alrededor de mi cuello como un cisne... como el cuello partido de Isadora...

MAYA: ¿Has muerto alguna vez?

HOMBRE: Desde que te fuiste.

MAYA: Yo nací muriendo, presa del miedo. Me atreví y mi cuerpo me negó, empezó a doblarse, a alejarse de mí, a burlarse de mi deseo, a vengarse de tanta tortura. (TRANCISIÓN) Quizá te inventé...

HOMBRE: ¿Eres feliz sin mí?

MAYA: Poco a poco me iré quedando en un gesto... suspendida, será mi consagración, el salto más lejano... La más grande de las piruetas...

[El hombre se le acerca y le toma el cabello, la besa, la huele, se impregna de ella, se frota con deseo sobre ella, la cabalga. Ella está como poseída]

HOMBRE: Olor a hembra, a polvo de hormiga hembra, y yo detrás de ti haciéndote el caminito... Toda la vida siguiendo tu rastro, tratando de entenderte...

MAYA: Olor a piel no tocada, a medicina. Te llamó mi cuerpo que nunca se curó de ti...

HOMBRE: Maya, Maya, quise ser tu mejor aplauso...

MAYA: Hablas. El ayer trae el olvido... Un día tras otro y así vivimos con el vacío... Un mediodía ya no me nombrarán y apenas seré un murmullo. Cada vez que veas un pañuelo, cuello de cisne partido, seré yo, riendo. (TRANSICIÓN) Te estás quedando calvo, buen mozo, viril, sin mí, pero calvo...

HOMBRE: Punzante mueca... Tú, suspendida, sujetada a mi deseo...

MAYA: A tu olvido... Pero se va, una dosis más fuerte de morfina… La muerte me quiere sola y desnuda...

[El hombre la mira. Llora. Él la toma en sus brazos y gira con ella]

HOMBRE: Polvo de hormiga hembra eres y en polvo te convertirás, y yo seguiré tu huella por los siglos de los siglos... (REPITE UNA Y OTRA VEZ LA FRASE)

[Sale de escena con ella en brazos. Baja la luz]


 

 

TERCER MOVIMIENTO: PIANISSIMO MA SCHERZANTE

[MAYA entra en frenética carrera y comienza una danza extraña. Tras ella los bailarines que la reciben de uno y otro lado] 

MAYA: ¡Ay, Isadora! Los tomates de Isadora, tomate en el desayuno, fruto en el almuerzo, tomate en el torrente sanguíneo, tomate en los tuétanos, tomate, ácido úrico... ¿Sabes que Isadora Duncan en un momento de su vida fue tomate? Su madre vendía tomates y por el tomate se descalzó...

[Los bailarines salen y la dejan sola. Camina hacia el proscenio, las luces cambian entra un cenital. Se escucha una melodía triste de fondo]

MAYA: Las túnicas de Isadora. Por ti me inmolé, Isadora. Cuánto admiré tu cuerpo rozada por esos velos etéreos, agitando el aire, quebrando los instantes pétreos del ballet... Y luego aquel echarpe, París, los niños, la rueda, el cuello, ¡el cisne se partió el cuello! ¡No, detente, frena, no saltes!… Demasiada danza… Ojos desprevenidos la suspendieron en el rol de diosa de la muerte.

[MAYA cae hacia delante. Maya se retuerce y comienza a trepar a la cama. Siente dolores. Timbra pidiendo ayuda]

MAYA: Somos un cuerpo que enferma una tarde cualquiera… No me resigno. ¿Acaso es mi culpa que esta columna no quiera sostener la oscura humanidad que soy?... Ni siquiera soy libre para desvanecerme... Hasta para desaparecer vine a pedir permiso...

[Maya se coloca en posición fetal]

MAYA: Quiero regresar a mi casa, a mi cuerpo, a lo mío, a mi... Isadora. Isadora, anúdame a la rueda... Nijinsky, déjame llorar sobre tu pecho desnudo.

[Lentamente cae en un sopor que se ve interrumpido por la entrada violenta de su madre, vestida ridículamente con uno de sus tutús. Entra con el doctor a manera de partenaire. Dan vueltas a los biombos, que vuelven a ser espejos. La madre la toma por detrás]

MADRE: Vamos, vamos, que se te pegaron las sábanas... Arriba, que yo seré la primera lisonja. Ya reservé la primera fila completa, también encargué tremendos ramos. Sí, las flores del camerino, rosas blancas, las que te gustan. Y en la tintorería me dijeron que el tutú negro espejeaba. Con el trabajo que costó conseguirlo… ¡Ay, a veces me indigna pensar el disparate que cometieron tú y ese insensato... bien lejos esté! Espero que más nunca tenga que ver con nosotras.

MAYA: Mamá, basta de plural, ¿quieres?

MADRE: Hija, por Dios, es tardísimo, levántate de una vez, tienes muchas horas de trabajo antes de la función... (CAMINA HACIA EL PROSCENIO Y SE ASOMA, CONSTATANDO LA PRESENCIA DEL PÚBLICO. SALUDA Y SONRÍE. REGRESA). Afuera está todo el mundo, toda la prensa cultural de este país. Sí, el Pardillo, el Pérez, también las cámaras de televisión, porque si no se ve en TV, no pasó, aunque es aburridísimo verlo por TV, hasta el ballet tiene que ser… mediúmnico, meritorio, mediático… muy cultural y eso, pero espectáculo audiovisual... Además, hoy viene el señor Rondero, el empresario de tu gira por el Norte...

MAYA: Mi punto cardinal es la quietud...

[La madre la toma por los hombros y la sacude. Los bailarines saltan, se giran de espaldas a ellas]

MADRE: ¡Ay, no me diga que otra vez tiene una “depre”!. Bueno, eso le da antes de la función, es natural, pero no tanto... ¡Ah, no! Seguro que es por lo que me dijo el maese: que esa pirueta todavía no le sale. No se preocupe, que con unas cuantas horas de ensayo está lista, yo creo que se ha puesto muy floja, no sé, está como frívola, conforme, diría yo... ¡Arriba, dije!, ¡ya!

[Maya queda de espaldas a la cama, se agarra y queda colgando]

MAYA: Mamá, pese a todo, yo te quiero, estoy conforme, porque, bueno, eres mi madre, qué remedio me queda; pero tengo que hablar, una vez, aunque sea una, la última. Se me acabó el intermedio…

MADRE: ¿Qué voy a hacer con usted? ¿Sabe el esfuerzo que costó conseguirle esa beca? Está perdiendo condiciones. Le di mi vida para que se convirtiera en una artista de ballet, las horas de dedicación, los sacrificios para inscribirla en las mejores escuelas... de lunes a domingo, limpiando mierda ajena…

MAYA: Nunca me preguntaste qué quería ser yo. Siempre supiste todo... Supiste, inventaste, asumiste, impusiste...

MADRE: Voy a rezarle tres padrenuestros a la Pavlova y dos avemarías a Plisiétskaia, su patrona, por quien lleva su nombre... Esto no puede ser cierto.

MAYA: Me voy del teatro… Tengo que dejarlo todo listo, no quiero cuentas pendientes, tristezas viejas, y contigo se me está haciendo muy larga, honda...

MADRE: Pavlova nuestra que en el cielo estás, santificados sean tus brazos en movimiento perpetuo.

MAYA: Siempre bailé el rol de otro. No quiero seguir viviendo una vida que no me pertenece… Tú no tenías buenas puntas, yo no tengo tu corazón, ni tu coraje. Yo no tengo tu corazón…

MADRE: ¿Por qué ella está bailando tu papel?

MAYA: Porque así lo quise…

[Maya se voltea y se lanza a los brazos de su madre]

MAYA: ¡No me dejes ir, mamá!, ¡abrázame fuerte! Tengo miedo, ¡déjame gritar que tengo miedo!

MADRE: Con ese miedo no va... ¿Y esas greñas?. Maya, su madre estuvo horas haciéndole el moño... Mire, mire cómo están esos cabellos…

MAYA: Mamá, mi cuerpo no me responde, soy una sombra. Mis piernas de trapo que ya no quieren andar...

MADRE: ¡Ah, no! ¿Dónde está el espíritu de lucha que yo le inculqué? Lo que me decía la abuela: la voluntad del querer sobre la debilidad del sentir. No se le olvide que allá afuera hay un público esperando, que ha pagado por las horas de entrega y el sudor de mi frente... Hay muchas jóvenes, bellas y talentosas, detrás de sus talones. Si pierde un segundo, va a quedar para segundo elenco, sin seguidor, sin ovación, una más del montón... a lo mejor para dar clases en una escuela del Estado, o como coreógrafa del un ballet de televisión...

[Los bailarines se voltean hacia ella. Maya está bañada en llanto]

MADRE: Maya, todos los ojos están puestos sobre usted, ya soportamos sus malcriadeces. Todavía no. Vamos, todos están esperando por esa pirueta...

[La trae hasta el proscenio. Maya cae al piso]

MAYA: Mamá, me muero...

MADRE: Siempre dice lo mismo; ande, saque valor, apriete duro los dientes, y allí abajo, entre el ano y el sexo, usted sabe… El miedo está ahí, no deje que se salga… Usted puede, es su momento. Maya, la gloria la espera allá. Vamos, Maya, ni un paso atrás, su momento final, su consagración, elévese sobre sus pies, Isadora, vuele Maya Plisiétskaia, sea las zapatillas de La Fontaine, los brazos de la Alonso, la pirueta de Nijinsky, alcanza el cielo, vuela Maya, ¡vuela!

[Los bailarines han dejado caer la cabeza. Ella hace lo mismo. Comienza una pieza musical de mucha fuerza. Los bailarines la reciben, la lanzan de un lado a otro, la toman por los brazos y las piernas y la alzan. La colocan en la cama, que hacen girar con frenesí. De pronto, la detienen, sacan sendas jeringas y la cama queda posición vertical. Ella extiende los brazos y queda crucificada. Abajo corre un hilo de sangre]

 

[OSCURO FINAL]

laahumada@gmail.com

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

Si quieres dejar algún comentario puedes usar el Libro de Visitas  

Lectores en línea

web stats

::: Recomienda esta página :::

Servicio gratuito de Galeon.com