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PRESIDENTE, DOBLE DE RIESGO

de  Adrián Stefano

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica. Para leer las obras y, en su caso, guardar o imprimir, pulsa en el TÍTULO.

 

“PRESIDENTE, DOBLE DE RIESGO”

 De Adrián Stefano

 adriandistefano@gmail.com

 

Personajes:

El Presidente

Gervasio, su Asesor.

Leopoldo, el doble (Hecho por un mismo actor)

Alfonsina, su mujer.

 

LA ACCIÓN TRANSCURRE EN DOS APARTADOS DEL DESPACHO PRESIDENCIAL. EN UNO DE ELLOS EN UN COSTADO DE LA ESCENA, HAY UN SILLÓN GRANDE CON DOS SILLONES DE UN CUERPO Y UNA MESITA, CON MUEBLES Y ADORNOS DE ESTILO. ENTRADAS Y SALIDAS QUE COMUNICAN CON DISTINTOS ÁMBITOS. EN EL OTRO ESPACIO UNA MESA DE TRABAJO CON SILLAS Y MUEBLES AFINES. LOS ÁMBITOS SE ILUMINARÁN POR SEPARADO. AL INICIARSE LA ACCIÓN, SE ENCUENTRA EL PRESIDENTE EN EL ESPACIO DE LOS SILLONES LEYENDO LOS PERIÓDICOS, CON SU BATA Y BEBIENDO UN LIGERO DESAYUNO. ENTRA GERVASIO, SU ASISTENTE, CARPETA EN MANO.

 

ESCENA I:

 

GERVASIO.- Buenos días, señor Presidente.

PRESIDENTE.- Buenos días, Gervasio. Novedades?

GERVASIO.- Todas. Por dónde empiezo?

PRESIDENTE.- Lo soñé o es verdadero?

GERVASIO.- Le respondo, señor?

PRESIDENTE.- No! Ubicó a mis hijos?

GERVASIO.- Lo están esperando, junto a su esposa. Cómo pasó la noche, señor? Durmió bien? No se ha afeitado del todo bien, señor.

PRESIDENTE.- Tuve una pesadilla. No dormí bien y debería usar anteojos. Tengo una barba muy rebelde. Le contesté todas sus preguntas Gervasio?

GERVASIO.- Si, señor. Le están saliendo muchas canas. No le sientan bien y se ve algo desprolijo.

PRESIDENTE.- Gervasio: tacto, delicadeza. No cuesta nada no ser vulgar.

GERVASIO.- No ser sincero, señor?

PRESIDENTE.- De cuánto tiempo dispongo?

GERVASIO.- No mucho, señor. Pegada a la reunión, lo espera la prensa extranjera y no conviene demorarlos.

PRESIDENTE.- Ya vuelvo.

GERVASIO.- Lo sigo, señor. Y vamos ganando tiempo.

PRESIDENTE.- No, Gervasio. Espéreme acá. Lo que voy a hacer lo puedo hacer solo. Cómo está el día?

GERVASIO.- Destemplado, señor.

PRESIDENTE.- Regalos?

GERVASIO.- Los suyos o los míos?

PRESIDENTE.- Claro, hoy es el día de todos los padres. De todos… Lo ubicó?

GERVASIO.- Si, señor.

PRESIDENTE.- Y?

GERVASIO.- Es usted!

PRESIDENTE.- Parecido, Gervasio. (SALE. SIGUE LA CONVERSACIÓN EN OFF)

GERVASIO.- Con sutiles diferencias. Pero retocadas no se van a notar. Hasta el hablar es el mismo. Corregido por supuesto.. No creo que sea conveniente que se enfrente de golpe. Es un impacto tremendo y puede ser contraproducente..

PRESIDENTE.- (EN OFF) Qué sugiere?

GERVASIO.- Prepararlo. Puede llevar un tiempo, pero creo que es lo más conveniente. Mientras tanto vamos ganando tiempo. (TOMANDO UNO DE LOS PERIÓDICOS) No puedo creer el titular de este diario, señor! Son muy descarados. Están sobrepasando todos los límites y se están aprovechando del mal uso de la libertad. Saben del poder que tienen y se les está yendo la mano, señor. (ENTRA EL PRESIDENTE YA SIN SU BATA)

PRESIDENTE.- No es ninguna novedad. No voy a entrar en el terreno de las desmentidas. Deje que escriban lo que quieran. Mientras tanto prefiero obrar en caliente. Esta idea me da vuelta en la cabeza y no quiero desaprovechar mi ansiedad. Ustedes dudan y yo después pago las consecuencias. Me siento muy lejos del pueblo y ya no quiero más eso. Me quiero escuchar a mi mismo desde el llano. No es falta de confianza a ustedes. Pero o esto se termina o termino yo. No hay más tiempo.

GERVASIO.- Lo puede hacer mientras tanto.

PRESIDENTE.- No puedo. No me dejan. No se animan. Nadie dice lo que piensa y la opinión de los medios es extrema. No se andan con medias tintas. Y no sirve el comentario premeditado y perverso. Siempre hay algo en juego y soy parte de él… iba a decir “negocio”, del hecho. Y hoy es el día del padre… y mientras tanto, gobierno desde lejos, desde muy lejos. Me siento tremendamente lejos de la gente.

GERVASIO.- Señor…

PRESIDENTE.- No me interrumpa, Gervasio… Perdón, ya lo hizo y por cierto tiene razón.

GERVASIO.- Se hace tarde. En el Salón Blanco lo esperan y de ahí vamos ligero hasta…

PRESIDENTE.- Y mi esposa y mis hijos?

GERVASIO.- En el trayecto…

PRESIDENTE.- Gervasio, cuando esto termine…

GERVASIO.- Cuando esto termine?...

PRESIDENTE.- Digo, que algún día habrá de terminar. En el llano y como amigos que somos… no me haga caso…Cómo se llama?

GERVASIO.- Leopoldo.

PRESIDENTE.- Familia?

GERVASIO.- Viudo con dos hijos.

PRESIDENTE.- Qué regalos tuvo, señor?

GERVASIO.- No lo sé, señor.

PRESIDENTE.- Usted, Gervasio.

GERVASIO.- Me confunde, señor.

PRESIDENTE.- Antes me leía el pensamiento.

GERVASIO.- Me sorprendió y hoy estoy muy preocupado. Las noticias no son buenas y hoy es el día…

PRESIDENTE.- De todos los padres. Y yo renuncio…

GERVASIO.- Señor!...

PRESIDENTE.- Renuncio a mis regalos. Qué pensaba, Gervasio? Que se los den a él. Entrégueselos a Leopoldo. Ya que es mi doble merece al menos un reconocimiento. Que por algo se empieza. Voy al baño y salimos.

GERVASIO.- Ya fue, señor. No hay tiempo.

PRESIDENTE.- Antes, no me dio tiempo. Lo hago responsable de los peligros que corro. Tengo bien la corbata?

GERVASIO.- El pañuelo, señor (SE LO CORRIGE)

PRESIDENTE.- Pañuelo no tengo. (TOMA UNO DE UN MUEBLE) Este está limpio.

GERVASIO.- Debería haberse maquillado.

PRESIDENTE.- No insista con eso…

GERVASIO.- Los cordones, señor.

PRESIDENTE.- Qué tienen?

GERVASIO.- Se los va a pisar. Y no se puso los gemelos.

PRESIDENTE.- No los encontré.

GERVASIO.- Yo sí, señor (SE LOS ENTREGA)

PRESIDENTE.- No me los voy a poner ahora. No veo la hora de verme desde afuera. Bueno, a poner cara de presidente. (SALEN. SE ILUMINA EL OTRO ESPACIO. ENTRA LEOPOLDO SEGUIDO DE GERVASIO. LEOPOLDO ESTA VESTIDO IGUAL QUE EL PRESIDENTE).

LEOPOLDO.- Estoy muy nervioso… (SU HABLAR ES DISTINTO AL DEL PRESIDENTE. SU MODO DE GESTICULAR Y MOVERSE TAMBIÉN)

GERVASIO.- Tranquilo. En intimidad, el señor Presidente es muy distinto. Lo va a sorprender.

LEOPOLDO.- Es que usted ya debe estar acostumbrado. Pero yo en la vida me iba a imaginar que hablaría con el Presidente. No sabe las cargadas que me tuve que comer por ser parecido a él. Cuando cuente…

GERVASIO.- Leopoldo! Tengo que pedirle la más absoluta discreción. En realidad… Además de sus dos hijos, su núcleo familiar y sus amigos: cómo se compone?

LEOPOLDO.- Amigos muy pocos y hace rato que no los veo. Y familiares solo en los velorios. Antes al menos había casamientos. Y como los divorcios todavía no se festejan y casamientos ya no hay, las reuniones familiares ya ni para fin de año. Eso sí, cuando vivía la vieja todo era distinto… perdón, lo estoy aburriendo.

GERVASIO.- Ya va a tener tiempo de contarlo, Leopoldo. En cuanto esté delante de él, no se condicione, ni se muestre distinto de lo que es. Lo que más le interesa al señor Presidente, es conversar con alguien de igual a igual, con una persona simple como si fuera uno más. No vea en él a ningún ser especial ni sobrenatural y muéstrese tal cual es.

LEOPOLDO.- Es muy fácil decirlo pero no es un tipo cualquiera; es el Presidente. Y le podrán dar con un caño pero cuando lo tenés delante se te arrugan las medias… perdón!

GERVASIO.- No; nada de perdón. Por ahora así es usted. Hable y compórtese como habitualmente lo hace.

LEOPOLDO.- Y cómo es? Debe medir como dos metros.

GERVASIO.- Igual que usted.

LEOPOLDO.- Pero uno lo ve gigante. Siempre me pregunté cómo serán estos marcianos en la intimidad. Porque siempre los ves con saco y corbata y bien peinados. Yo digo: los vientos nos despeina a nosotros nada más? Nunca tienen cara de haber pasado una mala noche. A uno solo lo vi algo resfriado una vez, pero parece que no fueran de carne y hueso. Y ni hablar de verlos emocionados. Estos, miran alguna vez alguna película de esas que te emocionan? Yo me imagino al señor Presidente sonándose la nariz para disimular que está llorando… Me parece que se me está yendo la mano. Digo: no me puedo sacar el saco y la corbata? No estoy acostumbrado y me siento todo apretado.

GERVASIO.- No. Ya se acostumbrará. Lamento que el señor Presidente no pueda aprovechar esta conversación. Le aseguro que la estaría disfrutando.

LEOPOLDO.- Y qué le digo cuando lo vea?

GERVASIO.- Déjese llevar por su intuición y solo responda a su instinto; como lo está haciendo ahora.

LEOPOLDO.- No se ofenda pero no es lo mismo. Usted es muy piola.

GERVASIO.- Él también lo es.

 LEOPOLDO.- Además está acostumbrado a ser cordial. Eso que llaman la diplomacia.

GERVASIO.- Él también lo es y esta también acostumbrado. Mire, Leopoldo, le aseguro que él va a estar más nervioso que usted aunque lo disimule.

LEOPOLDO.- Y voy a estar con él, así de frente a frente sin nadie al lado?

GERVASIO.- Solo yo.

LEOPOLDO.- Y no tiene miedo que yo sea medio loco? Cómo se llama eso que tienen: el protocolo y los guardaespaldas…

GERVASIO.- Leopoldo: se más de su vida que usted mismo. Me disculpa un momento?

LEOPOLDO.- Haga! (GERVASIO, SALE) Esto se parece a esas cámaras ocultas que se hacían y después la pasan por la tele. Total, es tan fácil divertirse con un imbécil como yo. Es lo que digo siempre: están de un lado los imbéciles y del otro los corruptos. O sos lo uno o sos de lo otro. No hay término medio. Afanás o te afanan. Dónde está la cámara? Ahora son tan chiquitas que no las encontrás ni de casualidad. Un alfiler o un mosquito electrónico. O el micrófono. Lo deben estar grabando todo. Y bueno, ya está. Total, qué pierdo? Soy un poco famoso y algo de guita puedo lograr. Ahora que si es cierto todo esto! En cuanto lo tenga adelante al Presidente, lo voy a volver loco con reclamos. Total, ya que soy igual no se va a enojar consigo mismo. Y me va a escuchar. Le voy a cantar las cuarenta. No voy a perder la oportunidad. Se me para aquí, señor Presidente y me escucha bien atento y sin chistar y no me interrumpa. El pueblo necesita ser escuchado y arremánguese y nada de peros…

PRESIDENTE.- (EN OFF) Lo escucho, Leopoldo…

GERVASIO.- (ENTRANDO) El señor Presidente!... (SE PRODUCE UN APAGÓN)

 

ESCENA II:

 

CUANDO VUELVE LA LUZ ESTÁ GERVASIO CON LEOPOLDO, RECRIMINÁNDOLE YENDO DE UN LADO A OTRO)

LEOPOLDO.- Pero, cómo no me avisó! Yo hablando de él y se me aparece de golpe…

GERVASIO.- Va a tener que acostumbrarse a su forma de ser. Y le pidió expresamente que no se cuide, que precisamente quiere escucharlo a calzón quitado.

LEOPOLDO.- Pero cómo le voy a hablar a calzón quitado al Presidente. Usted quiere que me fusile un pelotón de alcahuetes que seguro debe tener.

GERVASIO.- David! Yo estoy a su lado y no soy ningún alcahuete.

LEOPOLDO.- Perdón, señor. Pero no me refería a usted sino a los aduladores que debe tener y que con tal de acomodarse son capaces de cualquier cosa. O me va a negar que los hay y de a montones.

GERVASIO.- Bueno, pero no lo diga tan abiertamente.

LEOPOLDO.- (COMO IMITANDO EL DECIR DEL PRESIDENTE) “Me presento formalmente; Ezequiel Gutiérrez, padre de dos hijos, casado y por ahora su Presidente…” No me va a salir nunca. No puedo hablar como él. Habla muy bien y yo soy muy bruto.

GERVASIO.- Y porqué no le contestó?

LEOPOLDO.- Porque me dejó mudo. Verlo así de golpe. Me pareció que medía como dos metros. Impresiona! Y además porque creí que todo era una broma. Solo atiné a decirle que se mandaba muchas macanas…

GERVASIO.- Si; estuvo un poco grosero, pero se dio cuenta que lo que no le gustó fue que le pidiera disculpas después y no precisamente lo de las macanas? Eso es precisamente lo que quiere escuchar de usted. Pero para la próxima evite quedarse embobado.

LEOPOLDO.- Qué? Va a haber una próxima?

GERVASIO.- Unas cuantas próximas! No me va a negar que no es idéntico a usted?

LEOPOLDO.- Es cierto. No lo puedo creer. Claro, que si yo me aparezco de golpe en una conferencia de prensa de esas que debe hacer y hablo se pudre todo… Perdón!

GERVASIO.- David, deje de pedir perdón por todo.

LEOPOLDO.- Si, claro. El que tiene que pedir perdón por todos los líos que hace es él y no yo. Señor Gervasio, discúlpeme pero con él me voy a meter en muchos líos. Yo soy muy bestia y no me puedo controlar. Digo lo que pienso y eso puede ser muy peligroso. No quiero ir en cana por ser sincero. No entiendo como hacen ustedes para pensar una cosa y decir otra y encima poner cara de estar convencidos de lo que están diciendo y convencer al que lo está escuchando.

GERVASIO.- Él ya está advertido de esto. Ya sabe que no solo fue buscado por su parecido sino también por su desgarrada inteligencia. Y le aseguro que a él le va a encantar su sinceridad. Estaba muy ansioso por conocerlo y aunque le cueste aceptarlo le va a hacer muy bien escucharlo.

LEOPOLDO.- Bueno, espero que no me haya hecho caso. A mi solo se me ocurre que patee el tablero. Después de todo no me va a decir que no tengo razón. Si cuidándose tanto, con protocolo como dicen ustedes y cuidando las formas nos va tan mal, tuve razón al decirle que los mande a todos al diablo y se deje llevar por su intuición. Una vez mi padre me dijo que todo lo que no me animaba a hacer delante de él por algo sería. Y cuando se fue para arriba soné; porque a partir de ese momento me iba a ver las veinticuatro horas al día, todos los días de mi vida.

GERVASIO.- Y se dio cuenta que le hizo caso.

LEOPOLDO.- A mí, porqué?

GERVASIO.- No escuchó lo que pidió para la reunión que iba a tener?

LEOPOLDO.- No!

GERVASIO.- Que pusieran cámaras para luego de las fotos de cortesía. Y esa reunión debía ser privada, secreta y muy riesgosa. No quiso guardarse nada. Y eso no estuvo bien. Ni siquiera se pudo llevar a cabo ya que los medios de prensa no estaban preparados.

LEOPOLDO.- Y yo tuve la culpa?

GERVASIO.- Digamos que sí. Pero el Señor Presidente no habló de culpas sino de agradecimiento. Leopoldo, me disculpa un momento. Necesito despertar al Señor Presidente.

LEOPOLDO.- Pero déjelo dormir un poco más. Mire si va a hacer una siesta de cuarenta minutos. (GERVASIO SALE) Si yo fuera Presidente duermo lo que tengo que dormir. Para eso soy el Presidente. Ustedes no tienen límite para las exigencias. Póngase esto, diga aquello, la mano derecha, el pié izquierdo. Pero todo lo tienen que estructurar?... y me dejó hablando solo nomás. Después que me venga a decir que me buscaron por mi… qué dijo de

desarmada inteligencia?... Estos tipos mienten como loco. Y pensar que estamos en manos de ellos. Mejor me callo la boca. En este cuarto debe haber seguro cámaras y micrófonos. (CAMBIA LA LUZ. ENTRA EN EL OTRO ESPACIO GERVASIO A TIEMPO QUE LEOPOLDO CRUZARÁ LA LINEA PARA TANSFORMARSE EN EL PRESIDENTE)

GERVASIO.- Señor, no puede tomar esa decisión.

PRESIDENTE.- No insista, Gervasio. Tendrán que acostumbrarse a un nuevo estilo de manejar las cosas. Mientras yo esté al frente del Gobierno no voy a admitir que se dude de mis decisiones.

GERVASIO.- Pero esta vez fue muy lejos, señor. Y le advertí que no iban a estar preparados.

PRESIDENTE.- Pero, por qué debe ser todo en privado? Estamos tomando decisiones públicas que involucran a millones de personas. De nuestros aciertos o nuestros errores depende la felicidad o el infortunio de mucha gente. Lo deberían saber.

GERVASIO.- Dele tiempo. Y gradualmente vaya cambiando los modos y las formas. Pero no de golpe.

PRESIDENTE.- Hay cosas que no deben esperar, Gervasio. Se nos pasa el tiempo y ayer ya es tarde cuando el mañana es tan pronto. Qué estará haciendo Leopoldo? Se dio cuenta que en las cosas más simples están implicadas las cosas más importantes de la vida?

GERVASIO.- Señor, van a decir cosas terribles y va a tener que contestarlas todas.

PRESIDENTE.- Invite a todas los que hablen a una conferencia pública conmigo que yo después enumero quienes de ellos no aceptan la invitación a dialogar en público.

GERVASIO.- Señor; no es mejor que sea con alguien de su equipo, conmigo o alguien de segunda línea?

PRESIDENTE.- No, por qué? Me gusta el reto. Y en vivo. Y si no vienen los medios nacionales lo harán los extranjeros. Al menos, aquellos que no tengan nada en juego.

GERVASIO.- Señor, discúlpeme que insista pero no nos podemos arriesgar a una reunión sin invitados. Y ante un boicot generalizado es muy limitado el medio del que dispone para informar la verdad de lo ocurrido. Perdone la franqueza, señor; pero la madeja es muy espesa y va a ser muy difícil desentrañarla. No, de una manera tan expuesta y frontal. Hay códigos, señor, que no los puede enfrentar y vencer sin dejar en el camino un tendal de vendavales.

PRESIDENTE.- Gervasio, se acaba la paciencia de la gente y nosotros perdemos el tiempo buscando la forma y el modo de no fastidiar a quienes nos fastidian. Alguna vez podré dejar esta tediosa disyuntiva: haga lo que haga va a estar mal.

GERVASIO.- Hay prioridades, señor; y en la elección de lo más urgente no se debe equivocar.

PRESIDENTE.- Pero no puedo dejarme llevar por mi instinto?

GERVASIO.- No, señor. Debe obrar con inteligencia.

PRESIDENTE.- La mía o la de ellos? Porque no son más inteligentes y parece que lo fueran. Y ustedes de tanto cuidarme para cuidarse, se están olvidando de quienes realmente nos pueden cuidar a todos juntos. Gervasio, quiero hablar con Leopoldo… (ENTRA ALFONSINA, SU ESPOSA)

ALFONSINA.- Alguna vez podrías hablar conmigo…

PRESIDENTE.- Alfonsina!

GERVASIO.- Los dejo solos, señor.

PRESIDENTE.- Gracias, Gervasio. Es un momento… (GERVASIO SALE)

ALFONSINA.- Por qué estás con esa cara?  A ver una sonrisa…

PRESIDENTE.- Lográs lo que nadie! (LE SONRIE Y LA BESA) Cómo están los chicos?

ALFONSINA.- Extrañándote. Últimamente estás más tiempo con Leopoldo que con nosotros. Ayer estuve hablando con él y me hizo reír mucho. Si lo hubiera hablado con vos creo que lo matás.

PRESIDENTE.- Qué te dijo?

ALFONSINA.- Que obligues a todos los argentinos que tienen plata afuera que la traigan o que se vayan. No está mal, no? Cuántos se quedarían? Y que los países nos ayuden. Después que nadie pueda ser dirigente más de cinco o diez años de su vida. Y muchas cosas más. Además me dijo que se puede engañar a un ignorante, pero a un profesional, se lo puede engañar?

PRESIDENTE.- A qué se refería?

ALFONSINA.- A que un tipo inteligente o un profesional no puede hacerse el distraído. Viendo el ritmo de vida en una semana de una persona si no alcanza para saber si está obteniendo dinero por otros medios non santos! Si no tuvo un cambio de vida notable desde su ingreso a la administración pública! Y que no le tire de la lengua, porque ese pensamiento era solo la punta de un aisberg. Me sorprendió su sabiduría.

PRESIDENTE.- Es la famosa sabiduría popular? Qué bien me hace escuchar eso…

ALFONSINA.- Ezequiel, no me gusta lo que hacen con Leopoldo.

PRESIDENTE.- Ya te lo expliqué. A mí tampoco, pero tampoco puedo ir en contra de la corriente. Me están obligando.

ALFONSINA.- Pero el riesgo lo corre él.

PRESIDENTE.- Yo también planteé lo mismo, pero me dicen que hay un orden de prioridades y que no tengo opciones. Y que como dije de entrada que sí, no podía cambiar de opinión.

ALFONSINA.- Aunque no estés de acuerdo cuando te das cuenta de lo que hiciste?

PRESIDENTE.- No discutamos Alfonsina. No me hace bien… (ENTRA GERVASIO) Señor!...

PRESIDENTE.- Ya voy Gervasio. Alfonsina, decile a los chicos que les tengo preparada una sorpresa.

ALFONSINA.-  Andá! Yo sé lo que ellos están esperando escuchar. (LE DA UN BESO Y SALEN GERVASIO Y EL PRESIDENTE. QUEDA SOLA ALFONSINA) Y me olvidé de decirle porqué vine… Pero será posible que yo misma me condicione cuando estoy con él. No veo la hora de volver al llano… (ENTRA LEOPOLDO CON LA MISMA ROPA QUE EL PRESIDENTE) Volviste? Qué suerte, porque te tenía que decir…

LEOPOLDO.- No señora, soy yo, Leopoldo! Discúlpeme que haya entrado así de repente. Pero el señor Gervasio me pidió…

ALFONSINA.- No, tranquilo Leopoldo. Soy yo quien no tenía que estar acá. Pero vaya que no puedo creer haberme confundido yo también. Cada vez los veo más parecidos. Si no te escuchara hablar, juraría que es él.

LEOPOLDO.- Si me esmero, hasta puedo hablar como él. Me está saliendo muy bien. También, me tiene como cinco horas al día, repitiendo siempre lo mismo. Hasta hablo cuando estoy durmiendo. Claro, que de entre casa me gusta mantener mi lenguaje. Cómo los extranjeros que mantienen su idioma y no dejan de hablar mientras no estén en público. Y a veces hasta en público también apelando que al no conocer su lenguaje pueden decir cualquier disparate. De todas maneras el señor Gervasio, me insiste en que no hable más como yo, sino que hable en todo momento como él.  Y que también debería empezar a pensar de otra manera.

ALFONSINA.- A pensar también? No afloje Leopoldo. El pensamiento es su única arma que no podrá nadie manejar. No la exponga ni la arriesgue. No hay nada que valga más la pena que la independencia de pensamiento.

LEOPOLDO.- No se ofende si le digo algo?

ALFONSINA.- No Leopoldo, por supuesto que no.

LEOPOLDO.- Me parece que desde que yo llegué ante su marido es él el que está cambiando su modo de pensar.

ALFONSINA.- Y buenos dolores de cabeza que les habrá dado a todos. Gervasio, el otro día me contó lo que tuvo que esforzarse para explicar su conducta. Y lo que es peor, es que está confundiendo a todos. Y le aseguro que como tiene mucha prensa en contra, y manipulan la información, no saben que decir.

LEOPOLDO.- Sabe que tiene razón. Con toda una corriente en contra, cómo hace para remar en contra de la corriente? Si hasta yo mismo me creía lo que leía. Pero porqué no corta por lo sano? Mire: mi padre sufrió de cáncer. Andá a saber desde cuando lo tenía y ni sabía que estaba. Hasta que un día por un dolor como cualquiera, fue al tordo, claro, que por la obra social. Entonces le mandaron no sé cuántos análisis y cosas raras para hacerse. Y como vos no entendés nada, cuando este coso le dijo lo que tenía, qué lo vas a contradecir si para vos lo que ellos leen es chino básico. Y como el médico está arreglado con el que controla, quien a su vez está arreglado con el laboratorio y éste con el Hospital; entonces, de ese dolorcito  tuvo que operarse para extirparle el tumor, que era chiquito e insignificante. Y como seguro le dejaron un cacho pa que vuelva a crecer, y así lo operaban de nuevo, ese cachito creció y se ramificó y cómo mi viejo no quiso saber más nada de operarse ni nada de nada. Cuando ese cáncer estaba todo ramificado, ya no se lo pudo sacar más de encima. No sé si comprende la comparación. (ENTRA GERVASIO)

GERVASIO.- Leopoldo, no es tiempo de viejas historias…

ALFONSINA.- Viejas, Gervasio? Historias? Esto es exactamente lo que está ocurriendo aquí y nadie da en la tecla. Y alguien sin estudio ni preparación, sencillo y claro, es tan directo, que nos asusta.

GERVASIO.- Perdone, Señora que no esté de acuerdo. Una cosa son los dichos y otra muy distinta los hechos.

LEOPOLDO.- Pero, por qué no prende la tele? Haga esa cosa del zapping y escuche como hablan los que saben. Y si saben tanto, porqué no se preocuparon porque no empezara el desarreglo? Ahora quieren corregir lo que ellos provocaron.

GERVASIO.- No es tan sencillo. En política…

ALFONSINA.- La política no tiene la culpa Gervasio. El problema es ético y moral. Y hasta que eso no se arregle, nada sirve de nada.

LEOPOLDO.- Que no tenga miedo che! Quién no se da cuenta que hay muchos intereses de por medio. Cuando yo lo conocí, cambié mi opinión de él. La gente lo debe conocer en pantuflas y calzoncillos. Sin versiones ni maquillajes. La única manera de enfrentar al poder, el otro “poder”, es desnudándose. Cuando la gente lo vea desnudo, lo van a aplaudir. Hasta que no lo haga, va a estar desnudo, pero de otra manera. Y totalmente expuesto y desprotegido… (GERVASIO Y ALFONSINA SE MIRAN. PAUSA) Dije algo de malo?

GERVASIO. Vamos, Leopoldo! El Señor Presidente lo está esperando.

LEOPOLDO.- Hasta luego, señora. Cada vez me gusta más usted. Supo elegir el coso este. (LA SALUDA Y SALEN. QUEDA SOLA ALFONSINA, PENSATIVA. ENTRA EL PRESIDENTE, SE LE ACERCA Y LE DA UN BESO. ELLA SE SORPRENDE)

PRESIDENTE.- No te asustes que soy yo! (SE PRODUCE UN APAGÓN)

 

ESCENA III:

 

CUANDO VUELVE LA LUZ HAY UNAS ALFOMBRAS LEVANTADAS EN EL DESPACHO PRINCIPAL. ENTRA EL PRESIDENTE Y SE SORPRENDE. EN EL OTRO ÁMBITO ESÁ GERVASIO EN PENUMBRA CON UNAS CARPETAS. LA LUZ QUE ILUMINA EL DESPACHO INMEDIATAMENTE CAMBIA Y SE ILUMINA EL OTRO ÁMBITO AL QUE INGRESA EL PRESIDENTE.

PRESIDENTE.- Gervasio! Qué está haciendo esa gente en mi despacho y qué hace la alfombra levantada?

GERVASIO.- Cambiando la alfombra, señor. Hoy estaba previsto; ayer le avisé.

PRESIDENTE.- Pero si no estaba rota ni gastada.

GERVASIO.- Pero sobraba plata del presupuesto, señor y había que gastarlo en esa área antes de fin de año. Le confirmé que lo íbamos a hacer y estuvo de acuerdo.

PRESIDENTE.- Pero no había necesidad de hacerlo y cuando me lo comentó no sé en qué estaría pensando. Porqué toman por válidas mis respuestas apuradas?

GERVASIO.- Siempre lo hicimos, señor; y no todas las decisiones de cambio las toma usted. No creo que deba ocuparse del cambio de la alfombra o la pintura.

PRESIDENTE.- Gervasio, pero gastan plata que no tenemos.

GERVASIO.- Pero está previsto en la partida del presupuesto.

PRESIDENTE.- Claro, todo es cuestión de partidas. Y lo que no está previsto no se contempla?

GERVASIO.- Siempre fue así, señor.

PRESIDENTE.- Pero hay que cambiarlo. No siempre estuvimos como estamos ahora. Dónde está el Ministro de Economía?

GERVASIO.- En su oficina.

PRESIDENTE.- En su despacho?

GERVASIO.- En su empresa. Cada tanto la visita.

PRESIDENTE.- La suya propia? A la que renunció!

GERVASIO.- Cuando asumió. Es lo que corresponde.

PRESIDENTE.- Pero la sigue manejando desde afuera.

GERVASIO.- Sigue siendo suya y de su familia.

PRESIDENTE.- Claro, es incompatible con la función pública y por eso renunció. Renunció a figurar al frente…

GERVASIO.- Señor…

PRESIDENTE.- Sí, ya sé, Gervasio. Pero están estirando de la cuerda y cuando se corte nos va a salpicar a todos. Dónde está Leopoldo?

GERVASIO.- En clase de oratoria, señor.

PRESIDENTE.- Qué venga, lo necesito.

GERVASIO.- Vaya despacio, señor; aunque estemos apurados.

PRESIDENTE.- Vaya, Gervasio, vaya. O se cambia todo o no se cambia nada. Yo también… No! O más que ninguno. Cómo me pesa esta soledad. Tengo la sensación que estoy más solo que nunca. (GERVASIO SALE. ENTRA ALFONSINA)

ALFONSINA.- Es un papelón. Me podías haber avisado que no eras vos el que iba a esa inauguración. Cuando me preguntaron no supe qué decir.

PRESIDENTE.- Perdoname, se me pasó. No me imaginé que te ibas a encontrar con alguien de prensa.

ALFONSINA.- Tampoco me dijiste que ibas a cambiar la alfombra. Últimamente no me estás participando de nada.

PRESIDENTE.- Ni yo estoy participando. Sabés de alguien a quien le podamos regalar la alfombra?

ALFONSINA.- Muchos! Pero no se puede buscar la manera de buscar quién realmente la pueda estar necesitando? Algún Hospital o algún Colegio.

PRESIDENTE.- Me estaba refiriendo a otra cosa. Nuestras amistades tienen todos alfombras y mucho mejores que esta de mi oficina. Aunque estas tengan el valor de haberlas pisado yo. Después de todo, si fuera el sillón en donde estuve sentado sería otra cosa, no?

ALFONSINA.- Bueno, al menos no perdiste el sentido del humor.

PRESIDENTE.- Estás apurada? Esperame que quiero comentarte algo. (SALE DE ESCENA. A TIEMPO QUE EN EL OTRO ÁMBITO ENTRA GERVASIO SEGUIDO EN UN INSTANTE POR LEOPOLDO)

GERVASIO.- Ya le expliqué Leopoldo, nosotros debemos cuidar las formas.

LEOPOLDO.- Pero, señor; me están volviendo loco. Este coso me pidió que no golpee las consonantes, que le dé música a las vocales… Qué música? Qué  no me morfe las eses, que no respire, que no me apure, que el verbo y que no entendí un pomo. Pero digo; importa tanto lo que digo si lo que digo no me

importa?

GERVASIO.- Importa y mucho. Las formas Leopoldo!

LEOPOLDO.- Y los fondos quién los cuida? Por eso no hay guita. De tanto cuidar lo de afuera se olvidaron de cuidar lo de adentro. Y la bolsa es limpia, brilla, pero está “agujereada”. Lo dije bien? Qué es todo este lío? No confían en los bancos y tienen miedo de mandarla pa afuera y la esconden debajo de alfombra?

GERVASIO.- David, están remodelando la oficina del señor Presidente. La alfombra está muy deteriorada y debía cambiarse.

LEOPOLDO.- Cómo lo pisan!... (GERVASIO LO MIRA) Digo, a la alfombra. Vio! Aunque se la ve bien, cuando ya no sirve se la cambia y listo. Aún así debe ser muy dócil y suavecita. Desde que la vi, me daban ganas de sacarme los zapatos para no pisarla. También le van a pintar la cara, digo las paredes?

GERVASIO.- Este edificio es muy viejo y hay que estarle encima.

LEOPOLDO.- No tan encima, que si algo es muy pesado se viene abajo. Si algún día debiera subir a un helicóptero va a tener que hacer acrobacia.

GERVASIO.- El señor Presidente lo llamó, Leopoldo.

LEOPOLDO.- Uh, se pudrió todo. Yo se lo advertí… (CRUZA EL ESPACIO, PERO EL QUE INGRESA EN EL OTRO ÁMBITO ES EL PRESIDENTE)

PRESIDENTE.- Estoy cansado Sina! Desde que llegó Leopoldo tengo algunas certezas que me están haciendo muy mal. Y no las puedo resolver. Ni mis colaboradores más cercanos me están ayudando y cada paso que doy, tengo la sensación que es como estar pisando baldosas flojas en todo momento. Me está salpicando mucho barro y esta vez lo veo con claridad. Y te aseguro que el agua está muy sucia.

ALFONSINA.- Un hombre común no pudo haberte desestabilizado tanto.

PRESIDENTE.- Dijiste bien! Un hombre común tiene lo que nosotros no tenemos. El sentido común. Recién me pasó con una simple alfombra. Desde que estoy acá cuántas veces la renovaron. Una por año… Y para qué? Y antes no me daba cuenta y dejaba hacer. Hoy me pregunté para qué demonios la vuelven a cambiar. Me quejo porque constantemente vuelven a renovar el asfalto, porque no hacen el trabajo de una bien y yo hago lo mismo. Y sospecho de una suerte de beneficiarios que nunca son los que usan ese mismo asfalto y yo solo voy y vengo pisando una y otra vez la alfombra que ni siquiera va a guardar el recuerdo de mis pisadas.

ALFONSINA.- Anulá la contratación. Que no se cambie nada. Fijate el importe de las facturas y revisá todo personalmente. No te va a llevar mucho tiempo y vas a estar ganando mucho tiempo. No cambies la alfombra pisada por vos. Aunque te ofrezcan la mejor. Bajá la vista y confiá en tu instinto. El mismo del que me enamoré y lo sigo estando.

PRESIDENTE.- Gracias Sina! Te dije que me habían gustado los regalos?

ALFONSINA.- (GESTO DE NEGACIÓN) Me di cuenta por tu cara y me alcanzó. No tuviste tiempo para más. Vení, acompáñame a esta reunión. Son todos hombres y vas a distraer a más de uno. (SE PROVOCA UN APAGÓN)

 

ESCENA IV:

 

CUANDO VUELVE LA LUZ, ESTÁN DISCUTIENDO EN EL DESPACHO EL PRESIDENTE Y GERVASIO. EN EL OTRO ÁMBITO ESTA ALFONSINA PENSATIVA EN PENUMBRAS.

GERVASIO.- Usted me preguntó, señor!

PRESIDENTE.- Pero la respuesta no me satisface.

GERVASIO.- No agregué ni quité nada, señor. El comentario fue muy escueto y no es de esperar ningún grado de sensibilidad.

PRESIDENTE.- Llámelo a Leopoldo.

GERVASIO.- Señor, no es aconsejable. Le recuerdo que esta gente no está jugando y hay muchos compromisos en juego.

PRESIDENTE.- Yo tampoco estoy jugando y no me interesa quedar bien con esta gente. No quiero tomar una decisión bajo esta presión.

GERVASIO.- Desde el primer día lo está haciendo.

PRESIDENTE.- Pero cuál es el temor?

GERVASIO.- Hay demasiados intereses de por medio y esa decisión suya puede provocar mucho malestar.

PRESIDENTE.- Más todavía. (CRUZA EL ESPACIO QUE SE ILUMINA A TIEMPO QUE SE PRODUCE LA PENUMBRA EN EL DESPACHO Y SE PROVOCA SU SIMBIOSIS CON LEOPOLDO AL ENFRENTARSE CON ALFONSINA)

ALFONSINA.- No le entiendo Leopoldo!

LEOPOLDO.- Saque cuentas, señora. De uno a mil, cuántos tipos, aunque sean muy poderosos porque tengan mucha mosca, lo están jorobando y lo obligan a hacer lo que no quiere. Diez. O no llegan. Y los otros novecientos noventa, no son mucho más? Si se juntan lo aplastan a los otros diez.

ALFONSINA.- Diez pueden ser acá, pero representan a muchos más que mueven las marionetas de afuera.

LEOPOLDO.- Y que les corten el piolín. Que sea el ejemplo. Si él da el ejemplo lo van a seguir. Y que se enojen lo de afuera. En una playa nudista está más tranquilo el que dice la verdad. Y la verdad es la verdad. Ustedes juegan mucho al truco.

ALFONSINA.- Leopoldo, qué tiene que ver una playa nudista y el truco?

LEOPOLDO.- De tanto tapar y mentir, la verdad termina siendo muy sospechosa, no?

ALFONSINA.- Jacinto Benavente no? (LEOPOLDO CRUZA Y VUELVE A PRODUCIRSE EL MISMO JUEGO ANTERIOR DE LUCES Y ACCIONES)

GERVASIO.- Si, señor!

PRESIDENTE.- No, Gervasio. Ruiz de Alarcón. Qué papelón me hizo pasar. Ni Alfonsina ni yo sabíamos quién era el autor de “La Verdad Sospechosa” y Leopoldo nos corrigió a todos. Y hasta nos recitó el texto de la introducción de la obra de Benavente: “Los Intereses Creados”. Lo recuerda?

GERVASIO.- No presté atención, señor.

PRESIDENTE.- “Que nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta simpatía de la risa”. Cuánto hace que no me río, Gervasio?

GERVASIO.- No lo recuerdo.

PRESIDENTE.- Claro; se puede reír un pobre y un rico. Nadie tiene prohibido reírse y la risa los iguala. Y yo no me puedo reír?

GERVASIO.- Señor, si se ríe cuando va a decir algo serio no le van a creer.

PRESIDENTE.- Tampoco me van a creer si les digo la verdad. Si nadie dice la verdad y todo el mundo cree las mentiras que se dicen. Nunca se mintió tanto como ahora.  

GERVASIO.- Eso lo supo desde un primer momento. Y también sabía que no iba a poder salir a desmentir todo lo que dijeran. La manipulación de la información siempre estuvo al alcance de la mano de los formadores de opinión.

PRESIDENTE.- Pero nunca estuvo tan al servicio de los intereses económicos del mundo. Y estamos dentro de ese mundo en el que se acostumbraron demasiado a dirigirnos los pasos. Y cada paso que doy esta monitoreado por tremendos satélites que sueltan la chicharra del “recalculando” cada vez que me quiero salir del libreto. Quiero improvisar Gervasio! Quiero que un hombre común me aferre al sentido común de las cosas y estoy cansado de ser adulado porque beneficio a todas las generaciones de los aduladores que no sueltan su calculadora para sumar y multiplicar. Quiero enojarme Gervasio! Quiero decir la verdad y a ver si alguien me enfrenta delante de todos, sin darle tiempo a que estudie la respuesta. Quiero aparecerme de golpe al soberbio de turno que entrevista y no dejarlo estudiar el listado que le preparan para que se pueda lucir y dejarme descolocado y no permitirle que me interrumpa o hable encima para confundirme y desestabilizarme. Ser duro con el altanero y respetuoso y considerado con el que es humilde y ubicado. Dígame, Gervasio. En la Universidad le tocó alguna vez participar de una clase en la calle por algún conflicto educativo?

GERVASIO.- Sí, señor. Varias veces.

PRESIDENTE.- Y con el verso de dar clase en la calle para llamar la atención, no se aprovechó a estudiar la filosofía de la calle? Pero no la de la picardía y la viveza, sino la del sentido común. Esa que no te enseñan los libros pero te permite entender los libros. La verdad, Gervasio. Es tan difícil decir la verdad?

GERVASIO.- Señor, nadie le prohíbe decir la verdad. Pero si esa verdad molesta, va a originar muchas mentiras. De la misma manera que de una mentira pueden surgir muchas verdades.

PRESIDENTE.- Eso lo leí en algún libro. No fue en la Sandalia del Pescador de Morris West?

GERVASIO.- Si, señor. (DE LA MISMA MANERA QUE ANTES, EL PRESIDENTE CRUZA AL OTRO ESPACIO Y SE VUELVE A PRODUCIR EL JUEGO DE LUCES Y ACCIONES)

LEOPOLDO.- No, Señora. Eso lo escribió Alejandro Casona en la obra de Teatro “La Barca sin pescador”. El diablo se lo dice a un financista arrepentido y ganado por el amor. Dios es grande, señora. Mire que nos dio conciencia y arrepentimiento para poder tenerla tranquila.

ALFONSINA.- Tranquila a quien?

LEOPOLDO.- A la conciencia. Usted viene haciendo lío, y un día dice: basta! Se acabó y no da más vueltas. Y listo. Asume sus errores y el día del juicio la pasa un poco mal. Pero todo pasa. Y esta bueno que el camino tenga un final feliz aunque esté lejos. Así te bancas el sufrimiento. Dele, señora. Dígale que la corte.

ALFONSINA.- Si fuera tan sencillo, Leopoldo. No sabe lo que daría porque al menos me escuche.

LEOPOLDO.- La escucha, señora. Se lo aseguro. Lo veo en sus ojos cuando la mira. Se ve que la admira.

ALFONSINA.- A mí?

LEOPOLDO.- Usted es más enorme que él. Se lo digo yo que soy chiquito. Si me dejaran a mí. Un ratito nomás. Madre mía, “Si yo fuera Presidente!”.

ALFONSINA.- A ver, qué haría Leopoldo?

LEOPOLDO.- De todo! La primera medida. En lugar de “un peso, un dólar”; la consigna es “un peso, una vida”. A ahorrar mangos para salvar muchas vidas. Materia obligada en la Escuela: el honor! El que no la pasa, afuera de la política. Un nuevo equipo de futbol: Patria! Para los campeonatos de potreros y la hinchada solo compuesta por funcionarios públicos.

ALFONSINA.- Me hace reír, Leopoldo. Tengo que reconocer que ingenio no le falta. Pero no lo van a tomar en serio.

LEOPOLDO.- Ya lo sé, señora. Porque podré ser el doble de un Presidente, parecerme a él y hasta hablar como él. Pero nunca voy a pensar como él ni acceder a lo que él accede. Mire por debajo de esta lujosa ropa. Me ve bien? Hay que ser rico para ser elegido, para que sean más ricos a costa de los que lo elijen. Un pobre no existe. Qué puede saber si no logró hacer nada para salir de su pobreza.

ALFONSINA.- No es así, Leopoldo. Y usted lo sabe. Se olvidó antes de enumerar uno de los dones más preciados: la nobleza. Y usted y la gente como usted la tiene.

LEOPOLDO.- No le molesta si le digo algo?

ALFONSINA.- No!

LEOPOLDO.- Sabe que si usted es más linda sin maquillaje. La vio bien su marido?

ALFONSINA.- Últimamente no puedo ser egoísta. No tiene mucho tiempo para mirarme. Y no puedo sumarle otra presión.

LEOPOLDO.- Vio que a mí me escucha. Le voy a decir que se tome vacaciones de ojos al menos y los descanse mirándola a usted. Le va a dar más paz que el mejor paisaje.

ALFONSINA.- Gracias David. Es usted muy galante y hago de cuenta que me lo dijo él. Me están esperando mis hijos. Lo voy a saludar y lo veo en otro momento. (SALE DE ESCENA. QUEDA SOLO LEOPOLDO QUE SE QUEDA EN SILENCIO COMO PREPARADO PARA DECIR UN DISCURSO. CAMBIA LA LUZ Y SE ILUMINA EL OTRO ÁMBITO, A TIEMPO QUE LEOPOLDO CRUZA AL OTRO ÁMBITO)

GERVASIO.- Señor, lo que me pide es inapropiado. No sé qué decir. En realidad en este caso están esperando que usted dé una explicación. Insisto, no tengo problema en salir, pero no sé qué decir.

PRESIDENTE.- Que vaya Leopoldo.

GERVASIO.- Señor; discúlpeme, pero esto es muy serio. No tengo necesidad de aclararle cual fue el motivo que nos llevó a buscar un doble suyo. Y no es éste el caso, señor.

PRESIDENTE.- Llámelo, es el único que me puede ayudar.

GERVASIO.- Pero, señor…

PRESIDENTE.- Llámelo, Gervasio; es una orden!

GERVASIO.- Bien, señor. (ENTRA ALFONSINA SIN SER VISTA POR EL PRESIDENTE.- Dónde quedaron los festejos? Qué pronto se terminó la fiesta. Por dos minutos de gloria toda esta pesadilla eterna.

GERVASIO.- Su señora, señor!

ALFONSINA.- (YENDO A BESARLO) No te enojás si te digo algo? Cuando vas a descansar un poco? Leopoldo diría: siempre estás ocupado. –que reuniones, que etiquetas, que protocolo! Qué “laburo” te fuiste a buscar! Cuánto falta para que termine el mandato?

GERVASIO.- Señora, hay reelección y el señor Presidente ya está trabajando para eso.

ALFONSINA.- Pero cuánto hace que asumiste?

PRESIDENTE.- Menos de un año.

ALFONSINA.- Y si en lugar de…

GERVASIO.- Señora…

PRESIDENTE.- Tiene razón Gervasio. No acabo de sentarme y ya quiero sentarme de nuevo y no es eso un papelón. Vamos! Salga y grite a los cuatro vientos: Queremos el poder por siempre! Seamos sinceros una vez. Una sola vez. Hay funcionarios que ya perdí la cuenta desde cuando están atornillados al poder.

GERVASIO.- Solo es aprovechar la oportunidad.

PRESIDENTE.- Oportunidad? Y por qué no se reparte un poco. Siempre concentrada deja de ser oportunidad para convertirse en obscenidad. Jugar con el destino de la gente no es aprovechar la oportunidad, sino menospreciar a la gente y valerse de esa misma gente para alimentarse a sí mismo. A ver: qué dicen las estadísticas de mí? Qué porcentaje me quiere? Cual no me quiere? Las estadísticas se arman con seres de carne y hueso.

GERVASIO.- Las estadísticas mandan, señor. En todo. La competencia es feroz, diaria. Hoy va a estar arriba por un rato y un rato después estar abajo. En todo, señor. Y no hay vueltas. Aunque no quiera y proteste, como suele hacerlo, es inevitable. Y muchos trabajan para que usted esté arriba y otros muchos para que no lo esté.

PRESIDENTE.- Salga usted, Gervasio. Dígales lo que quieren escuchar. Cuál es el problema? Tres palabras, dos de ellas mentira, pero dichas con esfuerzo y seriedad. Y se acabó el problema. Al menos el de hoy. Y al día siguiente lo que venga y así lo mismo todos los días. Hable mucho, confúndalos. Van a retener el final y ni se van a acordar del principio. Y cuando esté… cuando no se pueda aguantar el olor nauseabundo, entones qué?...

GERVASIO.- Alguien en su lugar, va a mezclar y dar de nuevo.

ALFONSINA.- Salí a la calle Ezequiel. No mandes a nadie. Menos a Leopoldo. Es la primer mentira que no te van a perdonar…(EL PRESIDENTE CRUZA DE ESPACIO A TIEMPO QUE CAMBIA LA ILUMINACIÓN)

LEOPOLDO.- A ver: saque pecho señor. (LO HACE COMO IMITÁNDOLO) Dónde está su autoestima? Mire qué grande es! Acaso este país no está entre los diez más extensos del mundo? Somos pocos, es cierto. Pero valemos! Y si hace un censo afuera, hay cráneos desparramados por todo el mundo. Y bien destacados. En cualquier cosa. Y nuestros buenos tipos que se rajan, usan los dientes y las manos para apretar y laburar. Y los malos tipos de afuera que vienen acá, tienen colmillos y garras para afanar y disfrutar. Y dónde se ha visto que las mismas empresas que están quebradas tienen a sus empresarios ricos con consultoras y fundaciones que opinan y saben lo que tiene que hacer para no hacer… Vos te imaginás che Leopoldo, si vos fueras Presidente? Me rajan en seguida con el despelote que hago. A ver vos, Ministro de no sé qué: sos rico? Bueno, entonces laburá gratis y no cobres el sueldo. Baja el gasto! Laburá medio día y el otro medio día rajá para tu empresa. Y guay de vos, si me entero que algún amigo o familiar tuyo se aprovecha de tu puesto o tu empresa se beneficia con algo. A ver, dónde hay un pobre que sepa lo que él? Vos? Vení; laburá medio día y cobrás algo razonable, pero el otro medio día contrólamelo a éste para que cumpla con lo que le pedí. A dar el ejemplo todo el mundo. (EN EL OTRO ÁMBITO GERVASIO, SALE DE ESCENA. A TIEMPO QUE INGRESA EN DONDE ESTÁ LEOPOLDO)

GERVASIO.- Leopoldo, debo recordarle que su función aquí no es opinar ni ser consejero. Le ruego se limite a contestar lo que se le pregunta y no más opiniones. El Señor Presidente lo está esperando. Quiere hablar con usted.

LEOPOLDO.- Perdón señor. Pero de tanto estar encerrado, la cabeza me explota. No me dejan ni salir a tomar aire.

GERVASIO.- Tiene razón Leopoldo. Todos estamos demasiado tiempo encerrados… (LEOPOLDO CRUZA EL ESPACIO EN DONDE ESTA ALFONSINA)

ALFONSINA.- Me olvidé de comentarte que en la última reunión de prensa estuviste espléndido.

PRESIDENTE.- No fui yo. Fue Leopoldo. A veces pienso que estoy de más.

ALFONSINA.- Hace falta que te recuerde porque estás en donde estás. Para algunas cosas se nace y las copias nunca fueron mejor que su original. Leopoldo me divierte con sus salidas. Y no deja de tener razón en muchas cosas que dice. Pero llevarlas a la práctica en un mundo tan controvertido no es tan sencillo. Podés modificar cosas internas pero no van a influir en la relación con el poder mundial. Ahí todo va a seguir siendo igual. Y lo sabés.

PRESIDENTE.- Pero si nací para ser líder, porqué no puedo serlo. Porqué no me dejan. En mis últimas presentaciones, no me dijiste nada. Ni vos ni nadie. Y no paro de recibir felicitaciones por la presencia de Leopoldo en mi lugar. Recién me volvieron a ver cómo era yo, cuando no fui yo. Como si estuvieran pidiendo a gritos una mentira para tomarla como una verdad. Hubo que hacerlo para que se quedaran tranquilos.

ALFONSINA.- Vení, acercate. (SE ABRAZAN) Mirame a los ojos. Te crees que lo abrazaría a él por vos. No! Ni yo ni nadie. Te queremos a vos. Te necesito y te necesitamos. Sabés lo que debe haber disfrutado estar en tu lugar. Y vos ni te das cuenta. Volvé a enamorarme. Aunque a esta altura ya no lo necesito porque jamás dejé de amarte, me podrías sorprender. Volvé a enamorarlos.

PRESIDENTE.- Si fuera tan sencillo. Nada quisiera más que vivir enamorando y viendo a la gente feliz. Y ni hablar el hacerte feliz a vos y a los chicos. Pero este poder no se disfruta, se sufre. Y provoca una adicción insoportable de la que no se puede salir. Ayer lo miraba a Leopoldo y le envidiaba su inocencia, su irresponsable pero al mismo tiempo saludable actitud de no importarle lo que piensan los otros y solo diciendo su verdad. Y después hablando de cosas que seguramente no pensaba ni se las creía pero como un verdadero actor, provocando la atención de los que lo escuchaban. Y lo que me hizo reír cuando al termino explotó diciendo: “hay que tener sangre de pato para ser político o actor”. Me dio la sensación de estar riéndome de mi mismo. Y no estuvo mal la comparación con los actores. Solo que pareciera que nosotros nos creemos nuestra propia mentira. Me encasillé en este personaje. Y perdí mi propia personalidad? Y cuanto más me sigue la gente, más me tengo que escapar y alejar? Me estoy volviendo un ermitaño y cuando más me envidian más me quieren destruir y entonces me vuelvo más duro, insensible y huraño. Desde arriba todo se ve más claro pero estoy tan elevado que no puedo bajar. Una vez me dije: “si yo fuera Presidente” lo que haría. Y ahora lo soy y no lo hago.

ALFONSINA.- Yo una vez me dije: “si me pudiera casar con este tipo”. Y me casé. Y lo volvería a hacer. Y lo soñé y lo viví. Y de tanto pensarlo lo logré. Pensate Presidente y selo. Y que te siga el que pueda. Nada nos pertenece eternamente. No nos vamos a llevar nada. Así como vinimos nos vamos a ir. Y si marcás un camino te vamos a seguir.

PRESIDENTE.- Si pudiera nombrarte mi asesora.

ALFONSINA.- No necesito títulos. Los mejores consejos siempre vendrán en las sombras, de quienes te quieren de verdad y sin obligación de retribución alguna. Una vez vi una película que me impactó. Un chico dejaba de hablar y todos los demás del mundo lo seguían. Reaccionando contra las bombas nucleares. Vos te imaginás si todos se unieran en contra de algo que no están de acuerdo. Cómo parás eso? Y los dirigentes se aprovechan de la desunión. Porque unos pocos gritan un poco y al rato se les pasa. Y más si quienes dirigen la protesta reciben algo a cambio. Y los del montón. Los que sufren las consecuencias de aumentos, ajustes, abusos de autoridad e injusticias, a desahogarse leyendo o escuchando discursos de rebeldía, pero nada más. Como si todo estuviera preparado y bien cuidado en una magnífica puesta en escena, en donde más allá de las peleas y disputas de poder, todo se reparte escalonadamente y nadie queda fuera de esa prebenda. Algo va a pasar Sina, y cuando algo pase, qué nos va a pasar? Vamos a caer todos. Justos y pecadores. Y yo en qué bando estoy?

ALFONSINA.- Todos somos pecadores, pero no seas injusto con vos mismo.

PRESIDENTE.- Pero es que no puedo más. Desde que llegó Leopoldo, me estoy mirando a mí mismo y quiero ser él mismo. Y no puedo. Y esa impotencia me está matando. Te juro que hay momentos en que me gustaría desaparecer y que él ocupe mi lugar.

ALFONSINA.- Se te está yendo la mano. Ya te dije que ni yo ni nadie te cambiarían y a un clon tuyo le faltaría tu alma. Te podrá copiar e imitar, pero jamás igualar.

PRESIDENTE.- Estoy muy cansado y necesito descansar. (ENTRA GERVASIO, CON UN VASO DE JUGO)

GERVASIO.- Todos lo estamos Señor Presidente. (LE DA EL VASO QUE EL PRESIDENTE COMPARTE CON SU SEÑORA)

PRESIDENTE.- Gracias Gervasio.

GERVASIO.- Suspendí todas las reuniones y Leopoldo ocupó su lugar en la sesión de fotos.

PRESIDENTE.- Pero yo... Gracias Gervasio. Tómese el día de descanso. Por hoy basta. Nos vamos todos a descansar.

ALFONSINA.- No puedo creer haberte escuchado decir eso. Y Leopoldo?

PRESIDENTE.- Que también se tome un día de descanso...

GERVASIO.- Señor!

PRESIDENTE.- Gervasio, no podemos adueñarnos de la vida de una persona. Tiene idea de la magnitud del daño que estamos haciendo. Nosotros elegimos esto, pero a él lo elegimos nosotros por una cuestión de estado. Y no le dimos opción. Y lo matamos en vida. Desapareció de su vida. Y me siento responsable de ese crimen. Que vuelva al llano. Él puede y que lo disfrute ya que puede. Un hombre al menos, me va a agradecer que le permita recuperar su libertad.

GERVASIO.- Su decisión es irreversible?

PRESIDENTE.- Con absoluta seguridad.

GERVASIO.- Como usted diga. De todas maneras no cambia mucho. Él no dejó de ir por usted a cada banquete y reunión protegida por los lugares en que se llevaban a cabo. Y usted no dejó de ir a todos los lugares más riesgosos de su integridad.

PRESIDENTE.- Si? No me di cuenta…

GERVASIO.- Al principio decidíamos por usted cuando lo reemplazaba. Después no nos dejó hacerlo, señor.

PRESIDENTE.- Bueno, algo me permito decidir después de todo.

ALFONSINA.- Me permitís que sea yo quien se lo comunique?

PRESIDENTE.- Si Gervasio no se molesta?

GERVASIO.- De ninguna manera, señora. Entiendo que así lo desee. (ALFONSINA BESA AL PRESIDENTE Y SALE)

PRESIDENTE.- Qué hora es, Gervasio?

GERVASIO.- Las cinco de la tarde, señor.

PRESIDENTE.- Lo invito a merendar. Elija el lugar, y no se ande con chiquitas.

GERVASIO.- En San Isidro, hay un hermoso lugar en la barranca...

PRESIDENTE.- En la Boca hay un bolichón al que solíamos ir con mis compañeros de la secundaria cuando nos... y nos encontrábamos con las del Liceo. Y había una rubia de pelo muy corto que me tenía loco. Nunca me dio corte. Después me enteré que se casó y al muy poco tiempo se accidentó y... (ENTRA ALFONSINA EN EL OTRO ÁMBITO A TIEMPO QUE EL PRESIDENTE CRUZA DE ESPACIO EN SIMBIOSIS CON LEOPOLDO)

ALFONSINA.- Leopoldo, tengo una excelente noticia para usted.

LEOPOLDO.- Y yo después le quiero compartir un pensamiento que estuve elaborando en silencio en todos estos días y sobre el que llegué a una conclusión. Y la primera que la va a oír es usted. Pero si me promete no contarle nada a su marido.

ALFONSINA.- Epa, que intriga y curiosidad me clava. Entonces usted me va a decir primero su comentario y después como postre viene la buena nueva que le tengo preparada.

LEOPOLDO.- Sabe que desde que llegué a esta gran casa, fue cambiando mi opinión sobre muchas cosas. Pero por sobre todo fui empezando a descubrir algunos hechos relacionados con el destino de las personas. Desde chico esto me quemó la cabeza. Por qué venimos, hacia donde vamos y por qué hacemos lo que hacemos? Y cuál es el sentido de nuestras vidas cuando la vida pareciera no tener ningún sentido. Y la mía no la tenía. Y desde que estoy acá, me di cuenta del valor que tenía mi vida, y que el precio a pagar lo valía. Y aunque le debo confesar que extraño la simpleza de mis días, la tranquilidad del aburrimiento y el descanso de los días, ojalá no tenga que volver a esa vida. Me acostumbre a saberme valer. Y de tanto pretender darle consejos al Señor Presidente, solo me los estaba dando a mí mismo. Es más fácil dar consejos, que asumir los propios errores. Y al enfrentarme con usted, con Gervasio y con el mismísimo señor Presidente nada menos que de mi país, lo que aprendí. Encerrado aquí fui más libre que ninguno. Y al ver la calle entre barrotes, no siento que me separen de la libertad. Me permiten serlo. Ahora lo entiendo a su marido. Fue elegido para esto y solo le falta darse cuenta que puede ser el mejor de los payasos. Pero usted me iba a decir algo.

ALFONSINA.- (PAUSA. SE PRODUCE UN SILENCIO) No sé si es mejor callar cuando lo que una va a decir no es lo más apropiado. Lo dejo solo Leopoldo. La vida nunca deja de depararte muchas sorpresas. Y es bueno que así sea. Si hay un destino marcado, es bueno no saber cuál es. La incertidumbre le pone condimento a nuestras vidas. Y siempre que llovió paró. La vida nos premió con la vista para poder ver el sol. Y con el oído para escuchar la palabra y nuestros sentidos que le dan sentido a nuestro ser. Si algún día tuviera que alejarse, lo voy a extrañar Leopoldo.

LEOPOLDO.- Yo también a usted. (ENTRA GERVASIO MUY AFECTADO).

GERVASIO.- Señora, puede venir un momento. Ha ocurrido algo muy inesperado.

ALFONSINA.- Pasó algo?

GERVASIO.- Necesito hablar con usted en privado. Le ruego me acompañe.

ALFONSINA.- Perdón Leopoldo. (SALEN ALFONSINA Y GERVASIO. QUEDA SOLO LEOPOLDO QUE SE SIENTA ESPECTANTE)

LEOPOLDO.- No sé porque… Cuál sería la buena noticia que no me dijo la Señora del Presidente? Porqué no aprenderé a callar. No estaría ahora mordiéndome los codos de curiosidad. (CAMBIA LA LUZ AL OTRO ÁMBITO EN DONDE ENTRAN ALFONSINA SEGUIDA DE GERVASIO. ELLA AL HACERLO SE SIENTA ABATIDA. ÉL LA ACOMPAÑA EN SILENCIO)

ALFONSINA.- Pero cómo fue? No pudieron hacer nada?

GERVASIO.- No, señora. Le aseguro que lo intentaron todo. Pero fue tan contundente que no les dio tiempo a nada. Aún no se hizo público.

ALFONSINA.- Porque?

GERVASIO.- Porque necesitábamos hablar con usted.

ALFONSINA.- (SE MIRAN EN SILENCIO) Es por lo que me imagino?

GERVASIO.- Si, señora. Es este el momento más difícil y una noticia así seguramente va a complicar aún más la situación. Y le aseguro que no le estoy exagerando nada. Las consecuencias podrían ser terminales y no me refiero solamente al aspecto político. Socialmente la figura de su esposo apaciguaba hasta a los sectores más vulnerables y los otros, los más poderosos no perderían la oportunidad para avasallar sin escrúpulos.

ALFOSINA.- Qué sugiere?

GERVASIO.- Lo que usted está pensando.

ALFOSINA.- Justo cuando… No lo puedo creer. Ni siquiera me está dando tiempo Gervasio para poder… Mis hijos donde están?

GERVASIO.- Aún no saben nada. Le ruego me disculpe lo inoportuno de mi planteo, señora. Sinceramente…

ALFONSINA.- Tranquilo Gervasio. Lo entiendo como lo entendí siempre a Ezequiel. Llámelo y por favor, déjeme sola con él. (GERVASIO SALE. AL QUEDAR SOLA CIERRA SUS OJOS Y SE RECOGE EN SUS BRAZOS. ASÍ LA ENCUENTRA LEOPOLDO QUE CRUZA EL ESPACIO)

LEOPOLDO.- Me mandó llamar Señora? Perdón, si estaba descansando.

ALFONSINA.- No, Leopoldo.

LEOPOLDO.- Le ocurre algo señora?

ALFONSINA.- Leopoldo, necesito pedirle un gran favor.

LEOPOLDO.- Lo que usted me pida.

ALFONSINA.- Hoy le iba a decir, que quedaba en absoluta libertad. Que este calvario había finalizado.

LEOPOLDO.- Calvario? Nunca dejé de estar en libertad. Me costó acostumbrarme, pero me termino gustando y ahora no sé si…

ALFONSINA.- Es que ahora…

LEOPOLDO.- Ahora qué? No me asuste señora. (PAUSA TENSA)

ALFONSINA.- No puedo…

LEOPOLDO.- La puedo ayudar en algo.

ALFONSINA.- En mucho. A mí y a todos. (ENTRA GERVASIO)

GERVASIO.- Señora. Le ruego me disculpe la interrupción. Pero debemos tomar una decisión urgente. (SE MIRAN GERVASIO Y ALFONSINA. Y AMBOS MIRAN A LEOPOLDO, QUE PARECIERA ENTENDER LA SITUACIÓN. A TIEMPO QUE SE PRODUCE EL APAGÓN FINAL).

 

TELÓN.

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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