Para ir al BUSCADOR, pulsa en la imagen

 

NOTICIAS TEATRALES
Elaboradas por Salvador Enríquez
(Optimizado para monitor con resolución 1024 X 768 píxeles)

PORTADA

MADRID

EN BREVE

PRÓXIMAMENTE

LA TABLILLA

HERRAMIENTAS

EN PRIMERA LA SEGUNDA DE MADRID ENSEÑANZA LA CHÁCENA

AUTORES Y OBRAS

LA TERCERA DE MADRID

ÚLTIMA HORA DESDE LA PLATEA
DE BOLOS CONVOCATORIAS LIBROS Y REVISTAS NOS ESCRIBEN LOS LECTORES
MI CAMERINO   ¡A ESCENA! ARCHIVO DOCUMENTAL   TEXTOS TEATRALES
  ENTREVISTAS LAS AMÉRICAS  

 

EL PRESIDIARIO ES UN SER MUY DECENTE

de  ROGELIO SAN LUIS

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

“EL PRESIDIARIO ES UN SER MUY DECENTE”

Farsa de humor en dos actos, original de

ROGELIO SAN LUIS

rogeliosanluis@yahoo.es

PERSONAJES

CARCELERO

CELSO

RAFAEL

NURIA

ACTO PRIMERO

(Se alza el telón. Lados, público. La escena vacía. En el centro del foro, amplia celda con una cama en cada lateral y los pies frente al público. Está cerrada. En el primer término del lateral izquierdo, una puerta. En el segundo izquierdo del lateral derecho, otra puerta. Demás cosas que exijan la acción. Se escuchan fuertes golpes procedentes de la derecha. Por la izquierda y barriendo con una escoba,                                                                                                              entra CARCELERO. Cincuenta años, sencillo, amable y bondadoso. Serio, disciplinado y correcto. Humilde uniforme y gorra de plato. Canta y salta.)

CARCELERO.-“¡¡Bailemos el bimbón!! ¡¡Bimbón!! ¡¡Que causa sensación!! ¡¡Bimbón!!”.

(Desde dentro.)

CELSO.-¡¡Carcelero!! ¡¡No molestes!!

(Deja de saltar.)

CARCELERO.-¡Perdona, Celso!

(Cesan los golpes. Por la derecha entra CELSO. Cuarenta y dos años. Alto, fuerte, optimista. Alegre y sociable. Viste pantalón y camisa remangada.)

CELSO.-¿Cómo tengo que decirte que no me gustan las molestias cuando trabajo? ¡Compórtate como un carcelero ejemplar!

CARCELERO.-A veces… Somos tan débiles…

(Deja la escoba.)

CELSO.-La cárcel, y lo deberías saber, es un lugar muy serio. Ponerse a cantar y bailar…

CARCELERO.-Es que tus golpes…

CELSO.-¡Era lo que me faltaba oír! ¡Censurar la labor de un honesto presidiario!

CARCELERO.-¿Se puede saber lo que estás haciendo?

CELSO.-¡Y te atreves a preguntármelo! ¿Acaso me vas a privar la libertad para realizarme?

CARCELERO.-¡Llevas muchos días así! Lo hago por tu bien. Tanto trabajo… ¡Te puede hacer daño!

CELSO.-¿A mí? ¡Ja, ja, ja! Tengo unas facultades…

CARCELERO.-¡Dímelo, por favor!

CELSO.-Para que se lo cuentes a todos… Si quedase entre nosotros dos…

CARCELERO.-¡Te juro que será nuestro secreto!

CELSO.-¿De verdad?

(Le estrecha la mano.)

CACELERO.-¡Palabra de honor!

CELSO.-En este caso…

CARCELERO.-¿Qué es? ¿Qué es?

(Se miran. PAUSA.)

CELSO.-Esta cárcel, y te hablo con la experiencia de llevar dentro unos años, no está mal. ¡Se puede decir que es perfecta!

CARCELERO.-¡Muchísimas gracias!

CELSO.-Cuando hagan el próximo concurso de presidios, no me sorprendería que ganase el primer premio.

CARCELERO.-¡Sería maravilloso! ¡Mi consagración profesional!

CELSO.-Pero adolece de algo tan importante y necesario…

CARCELERO.-No creo.

CELSO.-¡No te enteras! ¿Es que no echas nada en falta?

CARCELERO.-¡La verdad…! Yo… ¡La considero un lujo para el delincuente!

CELSO.-Es imposible conversar contigo. ¡Te empecinas en tus ideas! Sueño en la prisión del futuro. ¡Una joya! ¡Un canto a la felicidad! ¡Su mejor monumento!

CARCELERO.-¿Cuál sería?

CELSO.-Le falta… Le falta… ¡Un túnel para fugarse!

(Sorprendido.)

CARCELERO.-¡¡Es cierto!!

CELSO.-Y eso… ¿Te enteras? ¡Lo estoy haciendo yo!

(Contento.)

CARCELERO.-¡¡Muchísimas gracias!!

(PAUSA.)

CELSO.-Todo preso sufre tanto entre cuatro paredes…

CARCELERO.-Pobrecito. Me da tanta pena…

CELSO.-Al principio, se resigna. ¡Es como si el mundo le cayese encima! Unas depresiones… Después… ¡Qué remedio! Se acostumbra. Desea volver a ser libre cuanto antes. Sueña que se olvidaron de cerrar la puerta. Despierta triste. Le gustaría tener una pistola y matar al carcelero.

CARCELERO.-¡¡No!!

CELSO.-Finalmente, intenta pensar un plan para huir. ¡Un túnel a la calle sería lo mejor! Se pone a hacerlo. Lo que cambia… ¡Ha nacido la ilusión de volver a tener libertad! ¡Todo le sonríe! ¡Hasta la cárcel le parece un paraíso! ¿Le vamos a quitar esa dicha?

CARCELERO.-¡De ninguna manera!

CELSO.-Es tan duro ese trabajo…

CARCELERO.-Me lo imagino.

CELSO.-¡Te lo digo yo! ¿Es humano hacerle trabajar como un esclavo? ¡Tiene sus derechos!

CARCELERO.-¡No lo vamos a explotar!

CELSO.-Así que lo termine, todo va a ser distinto en este penal. ¡Será el principio de una vida nueva! ¡Todos los presidios con una puerta al mundo! ¡Y una azafata a la puerta deseándole mucha suerte!

CARCELERO.-¡Qué emoción!

CELSO.-¡Un gran avance!

(Se miran contentos. PAUSA.)

CARCELERO.-Podría ver, si no te molesta, cómo va tu trabajo.

CELSO.-No es ninguna molestia. ¡Vamos a verlo! Y…

CARCELERO.-¿Decías…?

CELSO.-¡No se te ocurra escapar!

(Mutis de los dos por derecha. UN MOMENTO. Entran. Muy serio.)

CARCELERO.-Un buen trabajo. ¡Es muy artístico!

CELSO.-¿Te gusta?

CARCELERO.-¡Me encanta!

CELSO.-Así el condenado puede elegir. ¿Le gusta estar encerrado? ¡Se queda! ¿No le gusta? ¡Se va!

CARCELERO.-¡Claro!

CELSO.-Además hay gases, fuego… ¡Un incendio! ¿Puede escapar? ¡Imposible! Todos son cerrojos. Pero si existe un pasadizo secreto… ¡No muere abrasado!

CARCELERO.-¡Qué alivio!

CELSO.-La vida sin pensar en los demás, no tiene objeto.

CARCELERO.-¿Te falta mucho para terminarlo?

CELSO.-Dentro de unos días… ¡Procederemos a la inauguración!

CAECELERO.-¡Qué bien! Lo que tú no sepas…

CELSO.-¡Haremos una alegre fiesta! Banderitas, discursos, un vino español, invitaremos a chicas a bailar. Si viniese el Director General de Prisiones…

CARCELERO.-Tanto como eso…

CELSO.-¡Da realce!

CARCELERO.-Pero yo… ¡Pierdo el empleo!

CELSO.-¡Tonterías! Se pone una puerta. ¡Precisamos estar seguros! Con la cantidad de imputados elegantes que andan sueltos… ¡Qué miedo!

CARCELERO.-¡Te juegas la vida y te dejan desnudo!

CELSO.-Yo me encuentro más seguro aquí que en la calle o en mi casa. Hay tantos delincuentes…

CARCELERO.-¿Piensas fugarte?

CELSO.-De momento… ¡No soy tan valiente!

CARCELERO.-Aunque tu delito…

CELSO.-¡Soy inocente!

CARCELERO.-¡Eso decís todos!

(Alterado.)

CELSO.-¿¿Se puede saber de qué me acusan??

CARCELERO.-¡¡Asesinaste a tu abuela!!

CELSO.-¡¡Es una injusticia!!

CACELERO.-El juez…

CELSO.-¡¡Fíate de ellos!! ¡¡La Justicia hace tiempo que quitó la venda de sus ojos!!

CARCELERO.-Tú mismo confesaste…

(Sereno.)

CELSO.-No puedes imaginarte lo mucho que quería a mi abuela.

CARCELERO.-¡Hombre! Hay cariños que matan.

CELSO.-Cada vez que hablo de ella, ¡me emociono! ¡¡Era una mujer perfecta!!

CARCELERO.-Eso tengo entendido. ¡Quitarle la vida…!

CELSO.-Tenía, eso sí, un defecto: ¡Ciento diez años!

CARCELERO.-¡Qué suerte! Siempre deseé tener una, pero como las dos murieron antes de nacer yo… ¡No procedía desenterrar a una de ellas!

(Feliz.)

CELSO.-Estaba tan llena de vida… ¡Era maravillosa! Se levantaba temprano, hacía gimnasia, corría por el monte, se bañaba en el mar, ayudaba a los necesitados. Era tan culta y refinada. ¡Tenía diez carreras universitarias! Seguía estudiando… Leía por el día, tocaba el piano por la noche. Hacía tiempo que estaba viuda y quería casarse. ¡Se había enamorado! Trajo su pareja a casa. Desde aquel día…

CARCELERO.-¿Su novio era mayor que ella?

CELSO.-¡Qué va! Muchísimo más joven…

CARCELERO.-Hoy día para el amor, la diferencia de años…

CELSO.-Tenía tanto dinero. La familia no quería que viviese tanto tiempo. ¡Deseaban heredarla! Y con un marido para normalizar su situación…

CARCELERO.-La gente es de un egoísmo…

(Triste.)

CELSO.-Le decían… ¡Nada de bodas y de que adoptéis un hijo! ¡Podéis dejarlo huérfano y nosotros…! Le gustaría tanto pasear el cochecito con el bebé… ¡Estás loca! ¡Completamente loca! ¡Lo que se le va a ocurrir a esta vieja! Vivir tanto para comportarse así. ¿Es que los años no te han enseñado? Con lo bien que te hemos tratado siempre. ¡Qué falta de consideración! ¡Muérete! ¡Desaparece del mundo! ¡No te queremos ver más! La trataban como una apestada. ¡Lloraba! Lágrimas y más lágrimas. Ella que siempre necesitó el cariño de todos. Callaba, callaba, callaba.

CARCELERO.-Tratan a los ancianos… ¡No hay derecho!

CELSO.-Ella se marchó de casa y fue a vivir con su pareja. La localizaron enseguida los suyos. ¡Qué deshonra para la familia! ¡Vivir amancebada! ¡No te van a enterrar en tierra sagrada! ¡Déjela usted ahora mismo o diremos que la ha raptado!

CARCELERO.-¡Qué calumnia!

CELSO.-Su hombre no era decidido. ¡Temía que lo denunciasen! Si yo no le hice nada; una amistad honesta. No vayan a creer que me dedico a secuestrar mujeres y violarlas. Pueden hablar con mi padre espiritual. ¡Se llama don Jacinto!

CARCELERO.-¡Todavía quedan buenas personas en el mundo!

CELSO.-¡La despedida! Estaban tan unidos los dos… Exclamaron… ¡Carolina! ¡Leandro! Se abrazaron fuertemente. Los dejaron un instante. Bueno… Hay que irse. ¡Qué problema! ¡¡No podían separarlos! Tiraban, tiraban… Ay, que me duele. Tan fuerte, no. ¿Qué hacemos con ellos? Llevar los dos a casa…

CARCELERO.-Cuando el amor es tan fuerte… ¡Es algo inseparable!

CELSO.-Querían operarlos. ¡Una locura! No eran siameses.  Pensaban. No se ponían de acuerdo. Yo creo que con una sierra… ¡Qué dispararte! ¿Y si los ponemos a remojo para que ablanden? ¡Una estupidez! Al fin se decidieron… Si localizamos a un mecánico… Como tiene tantos aparatos…

CARCELERO.-Por probar…

CELSO.-Lo llamaron por teléfono. Trajo un martillo. ¿Qué va a hacer usted? La pareja lloraba. ¡Con el martillo, no!

CARCELERO.-Es un gran peligro.

CELSO.-Les dio suave unos golpecitos… ¡Santo remedio! Y se separaron.

CARCELERO.-Lo que no sepa un buen técnico… A mí una vez con el frigorífico…

CELSO.-¡No me cuentes historias!

CARCELERO.-Perdona.

CELSO.-La trajeron llorando a casa. ¡Qué cantidad de lágrimas! Yo creo que se podría practicar la pesca submarina si echabas un besugo.

CARCELERO.-¡Pobre mujer!

CELSO.-Ya no lloraba más; sus ojos quedaron secos.

(Llora.)

CARCELERO.-¡Qué tristeza tan grande!

CELSO.-Por favor… ¡No llores!

CARCELERO.-Estoy tan triste…

(Llora.)

CELSO.-¡Y yo! ¡Me has contagiado!

CARCELERO.-¡No te pongas así!

(Dejan de llorar)

CELSO.-Después… ¡Algo inexplicable!

CARCELERO.-Las hay que nacieron…

CELSO.-Comenzó a encoger, encoger, encoger…

CARCELERO.-¡Qué gasto de ropa!

CELSO.-Le pusieron la de una nieta. Siempre es un ahorro. Si la vieras… Pequeñita, pequeñita y con una cara de viejecita. Tan linda…

CARCELERO.-¡Una muñeca!

CELSO.-¡La familia feliz! Sigue, sigue encogiendo. ¡Así no te incineramos!

CARCELERO.-¡Qué insensibles!

CELSO.-Ya no encogió más. Los demás contrariados. ¡No la vamos a llevar a la escuela! ¡O que trabaje en un circo! Esta mujer no nos crea más que problemas. Lo único bueno… ¡Un ataúd de niño es más económico! ¿Y si crece? ¡Recemos el rosario para que no ocurra!

CARCELERO.-Aún queda gente piadosa.

CELSO.-Ella seguía igual. Le gustaba tanto la vida… ¡Reía dichosa! Se incomodaban con mi abuela. ¡Muérete! ¡Viciosa! ¡No haces más que cumplir años! ¡Nos vas a enterrar a todos!

CARCELERO.-¡Lo merecían!

CELSO.-Tanto como eso… ¡Le hacían la vida imposible! Cada vez que me acuerdo…

CARCELERO.-¿Qué fue?

CELSO.-Vivíamos en un décimo piso. ¡Con ascensor!

CARCELERO.-Tantas escaleras…

CELSO.-La bajaban en él hasta el portal y la dejaban sola. Hacían que el ascensor no funcionase. Perdía la autoestima. Tenía miedo. Iba subiendo. Los vecinos protestaban, la cogían en brazos. ¡Los vamos a denunciar! ¿No comprenden que es un tratamiento para que desarrolle? Si es así…

CARCELERO.-Eran comprensivos…

CELSO.-Pero así que llegaba a casa… ¡Inaudito!

CARCELERO.-¿La dejaban en el tejado?

CELSO.-¡La bajaban nuevamente al portal para que subiese sola! ¡Estaba agotada!

CARCELERO.-Una vez… ¡Pasa! Pero tantas… ¡Un martirio!

CELSO.-Le daban veneno. ¡Es un caramelo! Pagaba a un taxista para que la llevase a un restaurante. Era tan lista…

CARCELERO.-De lo contrario… Como a los ancianos no les hacen la autopsia…

CELSO.-¡La humillaban! Esta pistola, la cuerda, un cuchillo… Si quieres suicidarte… ¡No pienso! ¡Y como voy a mejorar! ¡¡No se te ocurra!!

CARCELERO.-¡Cuanta vitalidad!

CELSO.-La ataron por los pies a la ventana. Se fue acostumbrando. ¡La vista es maravillosa! La gente la admiraba. ¡Qué artista! ¡El mejor espectáculo de mundo! ¡Procede de París!

CARCELERO.-¡Es una infamia!

CELSO.-Dormía de noche. ¡Hay que levantarse! Duchas de agua fría. Dormía nuevamente. ¡Arriba! ¿Otra duchita? Estornudaba. Llamad al médico. ¡Precisas un verdugo!

(Enojado.)

CARCELERO.-¡¡Por los clavos!!

CELSO.-¿Qué clavos?

CARCELERO.-No sé. Se dice así.

(PAUSA.)

CELSO.-¡Cuánta tortura! Se acercó desolada a mí. ¿Quieres hacerme un favor? Si está en mi mano… ¡¡Mátame! Abuela… ¡Mátame! Hazme este gran favor. ¡Esto es insufrible!

CARCELERO.-Y tú por heredar…

CELSO.-Le puse las manos al cuello. ¿Te molesto? ¡Aprieta! ¡Más! ¡Más!  Ay… no veo… Calló al suelo…

CARCELERO.-¡¡No!!

CELSO.-Exclamó… ¡Gracias!

CARCELERO.-¡Qué educada!

CELSO.-¡Murió! Llegaron todos. Me llamaron asesino. Lloraban. Con lo que la queríamos; era tan buena. Me denunciaron.

CARCELERO.-Actuar así…

CELSO.-Llegó la policía. Se fueron al banco a por el dinero. Sus llantos crecían. ¡Le había testado a su novio cuando iba con el taxista!

CARCELERO.-¡Hizo muy bien!

CELSO.-Regresaron mucho más tristes; pensaba que ahora era de verdad. ¡Qué gente! La policía me llevó a la comisaría para declarar. ¿Se considera un asesino nato? ¿Yo? ¡Qué va! Me lo pidió la muerta. Era víctima de las torturas de la familia. Y para que no sufriese… Ustedes harían lo mismo.

CARCELERO.-¡Muy bien contestado!

CELSO.-El juicio. ¡Nunca había visto otro igual! Acudieron todos los familiares vestidos de luto. Comentaban en voz baja. Perder la herencia era bastante, pero pagar los gastos de prevaricación… ¡Lo que vamos a tardar en estar libres del crédito!

CARCELERO.-Te digo que están los asuntos jurídicos…

CELSO.-Comenzó el juez… ¡Puede retirarse el abogado! Protesté: ¡Es que le he pagado para que me defendiese! Se fue. Compréndalo, señor acusado, tiene que defender a un millonario. No va a estar yendo y viniendo. ¡Podría confundirse! Los juicios simultáneos…

CARCELERO.-¡No hay Derecho!

CELSO.-Únicamente hablaba el fiscal. Y el juez… Estoy de acuerdo, tiene usted razón, opino lo mismo, esto está clarísimo, páseme sus apuntes… Con la venia…

CARCELERO.-Si yo te contara lo que oí de la mayoría de las causas… ¡No me lo ibas a creer!

(Decidido.)

CELSO.-¡¡Sí!! ¡¡Sí!!

CARCELERO.-¡Me alegro que coincidamos!

CELSO.-Llegó el turno del juez. ¡Un momento que tengo que acicalarme! Polvos en la cara. Colonia, un perfume… Solo le faltaba pintarse los labios…

CARCELERO.-¡No son ellos! Se maquillan.

CELSO.-Mire usted, señor acusado o como se llame, su delito es muy grave. ¡Le juro…! ¡No responda! Lo que ha delinquido… La venerable anciana era la alegría de la casa. Les ha quitado lo que más querían y matarla sádicamente por no acceder a sus abyectos deseos… ¡No es verdad! ¡¡Cállese!! La familia, tan ejemplar, merece estar recompensada por su herencia. Les ha originado tantos gastos… Puedo condenar y condeno a veinte años de cárcel y a pagarles la herencia con sus intereses en los que cobraré una comisión para huérfanos que la ética me obliga a omitir por ser algo confidencial. Encendió un puro. ¡Se levanta la sesión!

CARCELERO.-¡Es indigno!

(Se miran. PAUSA.)

CELSO.-Voy a dar un paseo.

CARCELERO.-¿Así?

CELSO.-¡Siempre con tus exigencias!

(Mutis por la derecha. Coge la escoba. Para sí.)

CARCELERO.-¡Qué buena persona es!

(Mutis por la izquierda. UN MOMENTO. Por la derecha entra CELSO. Viste un elegante traje de presidiario. Presuntuoso. Para sí.)

CELSO.-Con este traje, voy a tener un éxito con ellas… Pensarán que nado en millones.

(Por la izquierda, sin la escoba, entra CARCELERO.)

CARCELERO.-¡Qué bien te encuentro!

CELSO.-Muchísimas gracias.

CARCELERO.-¡Pareces una persona!

CELSO.-Ponerlo en duda… ¿Te animas a salir conmigo?

CARCELERO.-Lo haría de buena gana. Ya sabes que si ven al preso y carcelero juntos… La gente murmura… Unos comentarios… Que si tienes privilegios; que si yo recibo propinas…

CELSO.-Eso prejuicios… Como quieras. ¡Me voy!

CARCELERO.-¡Pórtate bien! Luce el uniforme con dignidad.

CELSO.-Siempre lo hago.

CARCELERO.-¡Regresa temprano!

CELSO.-No te preocupes.

(Le da la mano.)

CARCELERO.-Hasta luego, Celso.

CELSO.-Adiós, carcelero.

(Simula abrir un cerrojo. Mutis por el proscenio derecho. CARCELERO simula cerrar el cerrojo. Para sí.)

CARCELERO.-Tener que arreglarle todo mientras él se divierte…

(Mutis por la derecha. Por el proscenio izquierdo entra RAFAEL. Veinte años. Alto, delgado, elegante. Agradable, locuaz, alegre. Muy bien vestido. Va, de puntillas, hasta el centro del proscenio y se dirige al escenario. Voz baja.)

RAFAEL.-Señor carcelero, carcelero. ¡No oye! Para ocupar un puesto de tanta responsabilidad…

(Alza la voz.)

Señor carcelero, señor carcelero.

(Desde dentro.)

CARCELERO.-¡Un momento!

RAFAEL.-Lo que usted desee.

(Por la derecha entra CARCELERO. Va hasta el centro del proscenio.)

CARCELERO.-¿Quién es usted? ¿Qué desea?

RAFAEL.-Rafael, distinguido carcelero. ¿Se acuerda de mí?

(Molesto.)

CARCELERO.-¿¿Otra vez??

RAFAEL.-No se altere; no se ponga usted así. Me dijo que cuando fuese mayor… Y me falta tan poco…

CARCELERO.-Cuando llegue el momento… ¡Perdona! Estoy tan ocupado…

(Mutis por la izquierda. Se vuelve hacia el público. Para sí.)

RAFAEL.-Tenía, en aquel tiempo, diecisiete años. ¡Me faltaba uno para ser mayor de edad! El tiempo pasa tan rápido, pero a mí me tardaba… Desde niño, deseaba ser un prisionero. ¡Era mi vocación! Me gustaba tanto… Ay, estar seguro entre rejas y alternar con lo mejor de la sociedad. En la calle todos los delincuentes son muy peligrosos. ¡Y hay tantos! Se olvidan de encerrarlos. Y los que están es como alternar con la aristocracia.

Era muy pequeño y me acercaba hasta aquí para ver si me dejaban entrar. Por lo que más quiera, señor carcelero, ábrame la puerta un momento. Dicen que es precioso. Me contaron que hay celdas maravillosas; un dormitorio tan confortable… Unos baños lujosos con ducha. Refresca tan bien; le das a un botón y eliges la temperatura adecuada. No tienes que esperar a que se caliente. Unos trajes confeccionados por los mejores sastres. Los hay de gala para los domingos y festivos. Salas para hacer amistades con gente distinguida. Esposas elegantes para que te den la mano gánsteres ilustres. Una bola negra y dura para que no puedas correr y agotarte. Algo así es como alcanzar el paraíso. ¿Se puede pedir más?

El tiempo corría; las hojas del calendario volaban cariñosas como si su sonrisa te desease un venturoso futuro. Ya era mayor. ¡Ya había cumplido los dieciocho años! La edad me había hecho cambiar de opinión. ¿Yo en la cárcel? Con lo bien que se vive fuera… ¡La juventud es mía! Tenía un éxito con las chicas… ¡Cómo me buscaban! Hola, Rafael. Te veo muy solo. ¿No tienes pareja? De momento… algunas amigas. ¿Nada más? Pues desde ahora mismo, no te vas a apartar de mi lado. Bueno… Lo dices tan resignado… ¿Es que no te gusto? ¡Me cogió como si me prendiese! Era tan distinta a experiencias anteriores… Tan apasionada… ¡Y tenía tiempo para estar bebiendo todo el día! Eres distinto, amor. Siempre te veo como si tuvieses un hermano gemelo. ¡Sois dos! Pasó un año… Mis padres me habían hecho un seguro de vida. Tuve que dejarla. ¡No creo que fuese suficiente para mis pompas fúnebres!

Así que quedé libre, volví a estar con mis amigos. ¡Estaban cambiadísimos! Llevaban unas vidas tan inmorales. Estafas, robos a mano armada, grandes fortunas. Les aconsejaba… Antes no erais así. Por ese camino vais a acabar en la cárcel. ¡Y se reían! Dice que terminaremos en la cárcel. ¡Ja, ja, ja! Como se nota que no tienes buenas amistades. Al día siguiente, me cogió una chica por el cuello. ¡Tú no te escapas de mi lado! Era tan cariñosa… ¡Cuánto nos queríamos! Tenía, eso sí, un defecto que no me agradaba. ¡No le gustaba vivir en casa! Siempre, todo el día y noche, en la calle. Hagamos vida de hogar. ¿Yo? ¡Ni lo sueñes! Quiero ser libre como un pájaro. Unas relaciones tan extrañas… Las once de la mañana… ¡Vamos a los servicios de aquella cafetería! Al atardecer… ¿Te apetece en aquel lugar que están construyendo? Hay trabajadores… Preocuparte de eso… Accedía… Los obreros nos animaban y aplaudían. Así, así. ¡Muy bien! Venid con más frecuencia. Dormíamos en un banco de piedra. ¡Me despertaba a cualquier hora! Se enfadaba… ¡No haces más que dormir! Como tengo sueño… ¡Me apetece! Nos pueden ver, cariño. ¡Deliras! Están todos durmiendo. Un día, otro día; tanta libertad… Le presenté a un vagabundo. Si te sirve esta. Engañar a un amigo… ¡Me haces un favor! Acabaron entendiéndose. Este señor es mejor que tú. ¡Un artista! Enhorabuena.

Volví a vivir con mis padres. En casa, no estaba mal; pero salir a la calle… ¡No lo soportaba! Volvieron mis recuerdos de antes. ¡La vocación había renacido en mí!

(Se vuelve de espaldas al público. Por la izquierda entra CARCELERO y va al centro del primer término.)

CARCELERO.-¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Qué es de tu vida? Te conozco desde hace tanto…

RAFAEL.-¡Y yo a usted! ¡Ya tengo veinte años! ¡Soy mayor de edad! ¿Podría conocer la cárcel? Una pequeña visita. ¡Me hace tanta ilusión!

(Simula descorrer el cerrojo.)

CARCELERO.- Pasa, por favor.

(Entra y CARCELERO cierra el cerrojo.)

RAFAEL.-¡¡Cierre!! ¡¡Cierre bien!! Hay tantos ladrones…

CARCELERO.-¡No me hables de eso! No te lo puedes imaginar…

(Señala a la derecha.)

Aquí están los servicios…

RAFAEL.-A ver, a ver…

(Mutis de los dos por la derecha. UN MOMENTO. Entran por el término.)

¡Son de lo más elegantes!

CARCELERO.-¡Qué buen gusto tienes!

(Señala y abre la puerta del foro.)

Las celdas…

RAFAEL.-¡Una maravilla del mundo!

(Cierra la puerta del foro.)

CARCELERO.-¡Es para sentirse orgulloso!

(Señala a la izquierda.)

Aquí está mi mesa de trabajo y el almacén. No creo que te interesen.

RAFAEL.-¡Me fascinan! Quiero conocer todo. ¡Es el sueño de mi vida!

CARCELERO.-Pasa.

RAFAEL.-¡Muchísimas gracias!

(Mutis de los dos por la izquierda. UN MOMENTO. Entra CARCELERO por la izquierda.)

CARCELERO.-Pasa, pasa.

(Por la izquierda entra RAFAEL. Viste un traje de presidiario, esposas y una bola negra en el pie. Anda con dificultad.)

RAFAEL.-¿Qué le parece?

CARCELERO.-¡Un gran presidiario! Hoy ya no existen así.

(Entusiasmado.)

RAFAEL.-¡El uniforme! ¡Las esposas! ¡La bola dura! ¡¡Es el sueño de mi vida!!

(Se sientan en dos sillones.)

CARCELERO.-¿Te encuentras bien así?

RAFAEL.-¡Soy un privilegiado!

(Hablan contentos entre ellos. Por el proscenio derecho entran CELSO, que viste de presidiario y coge de la mano a NURIA. Treinta años. Guapa, alta, atractiva. Agradable, sensible, soñadora. Viste finamente provocadora.)

CELSO.-¡Ya hemos llegado a mi casa!

(Se suelta.)

NURIA.-¡Este edificio es la cárcel!

CELSO.-¡No es ninguna vergüenza! Tengo que estar aquí unos años más.

NURIA.-¿Solo unos años?

(Lo abraza contenta.)

¡Qué honrado eres!

(Quedan así y ajenos a todo. Dichoso.)

RAFAEL.-¡Qué tranquilo me encuentro aquí!

CARCELERO.-¡Es un lugar tan seguro!

RAFAEL.-Porque fuera… ¡No sé cómo la gente se acostumbra!

CARCELERO.-¡Un verdadero infierno!

(Siguen hablando. Se separan.)

NURIA.-¡Me hace tanta ilusión estar en la cárcel!

CELSO.-¡Fuera es un mundo inmoral!

(Van al centro del primer término.)

¡Carcelero!

NURIA.-¡Me emociona!

(Se levanta.)

CARCELERO.-¡Voy!

(Serio y para sí)

RAFAEL.-¿Quién será?

CELSO.-¡Soy Celso!

(Simula descorrer el cerrojo.)

CARCELERO.-¡Adelante!

(Entran NURIA y CELSO mientras CARCELERO corre rápido el cerrojo. RAFAEL, que se levanta, y CELSO reaccionan aterrorizados.)

CELSO.-¡Qué miedo! ¡¡Un presidiario!!

RAFAEL.-¡¡Este preso puede ser muy peligroso!!

NURIA.-Tampoco es para ponerse así…

(Presentando.)

CELSO.-El carcelero, Nuria. Carcelero, una chica que acabo de conocer.

(Besa su mano.)

CARCELERO.-A sus pies, señorita Nuria.

NURIA.-¡Qué galante, señor carcelero!

(RAFAEL y CELSO se miran muy serios y temblorosos. PAUSA.)

CELSO.-¿Usted…?

RAFAEL.-¿Qué hace usted aquí?

(Al CARCELERO.)

NURIA.-Los dos son muy curiosos.

CARCELERO.-¡No os asustéis! ¡Parecéis niños!

CELSO.-Hay tanto juez irresponsable.

RAFAEL.-Puede venir de polizón.

CARCELERO.-Podéis estar totalmente tranquilos. ¡Los dos sois de lo mejor de la sociedad!

NURIA.-Eso he pensado tan pronto le vi.

CARCELERO.-Rafael, te voy a presentar a Celso. ¡Un santo varón! Tuvo un juicio en el que no le dejaron llevar a su abogado. ¡Prohíben defenderse!

CELSO.-¡Una injusticia!

CARCELERO.-Celso, este joven es RAFAEL. Sueña con ser presidiario; vestirse como lo veis. Lo hago para animarlo, pero mientras no lo condenen por algo…

(CELSO y RAFAEL se abrazan felices.)

CELSO.-¡¡Amigo!!

RAFAEL.-¡¡Colega!!

(Se separan.)

CARCELERO.-Aún no lo eres, Rafael. Hasta que te detengan por algo…

(Lo besa en las mejillas.)

NURIA.-No pierdas las esperanzas, Rafael. Tu vocación es muy arraigada

(La besa en las mejillas.)

RAFAEL.-¡Muchísimas gracias, Nuria!

CARCELERO.-Rafael… Si haces el favor, tienes que dejar todo lo de presidiario y volver a la selva.

(Llora.)

RAFAEL.-¡Qué desgracia la mía! ¡Qué pena tan grande!

(Mutis, caminando con dificultad  por la izquierda.)

NURIA.-¡Pobre chico!

CELSO.-¡Sufre tanto!

CARCELERO.-Es lo que siempre me digo. ¡El no ser indigno produce depresión!

(Se vuelve.)

RAFAEL.-Es que yo… ¡No sé cómo se hace! Si me dieseis una idea…

CARCELERO.-No creo que un carcelero sea el más indicado.

NURIA.-Yo, como comprenderás, no pertenezco al hampa.

CELSO.-Amigo… ¡Estoy aquí por un error!

RAFAEL.-¡Nunca he visto unas personas tan decentes!

(PAUSA.)

CARCELERO.-Comete algún delito insignificante… Algo sin importancia. ¡Una tontería de nada!

CELSO. Para que vean que aquí, aparte de la leyenda negra que tenemos, vean lo bien que funcionan las leyes.

NURIA.-Porque como cometas algo grande… ¡Te consideran un gran señor y, de premio, te dan un puesto destacado.

RAFAEL.-¡Eso nunca! Mi reputación ante todo… Pero ahora… ¡No me viene nada a la imaginación!

NURIA.-¡Acude a bibliotecas! Hay tanta literatura negra…

CELSO.-Ve al cine. Ponen muchas películas policíacas…

CARCELERO.-Coméntalo con alguna amistad. ¡Estoy seguro que tiene experiencia!

(Resignado.)

RAFAEL.-¡Todos son problemas!

(Mutis por el término.)

NURIA.-¡Mucha prisa tiene! Es tan joven…

CELSO.-Pero muy sensato. Con lo que hay por ahí…

CARCELERO.-Cuanto antes, mejor. ¡Se está más protegido en la cárcel que en una guardería infantil!

(Se miran serios. PAUSA.)

Qué éxito tienes con las mujeres! Es muy guapa la señorita Nuria.

NURIA.-Tutéame, carcelero. Entre una sociedad de buenas costumbres como nosotros…

CELSO.-Es lo que procede. Ay, tan pronto la vi… ¡Estuve a punto de desmayarme por la emoción!

NURIA.-Yo… Al verlo tan elegante. ¡Ese traje que fascina! Pensé que había encontrado al hombre de mi vida.

CARCELERO.-¡Qué buena pareja hacéis!

CELSO.-¡Y ella tiene tantas cualidades…! Ya lo ves... Se encuentra felizmente aquí como si hubiese nacido en la cárcel.

CARCELERO.-No es porque sea mi amigo, Nuria, pero Celso es de lo mejorcito que existe. Has encontrado un tesoro en él. ¡No se le nota que haya sido condenado! ¿Dónde os conocisteis si no es curiosidad?

CELSO.-La vi en un bar. Decente, por supuesto.

CARCELERO.-¡No lo dudo!

(Como si recordasen.)

NURIA.-Él se acercó a mí. No dudé en decirle. ¿Me invitas a una copa?

CELSO.-¡Todas las que quieras!

NURIA.-¡Qué galante!

CELSO.-¡Camarera! Dos copas de pipermín.

(Como si cogiesen las copas. Al ser imaginario.)

NURIA.-Gracias, chica.

CELSO.-Muy amable.

(Simula pagar.)

Toma y quédate con el resto.

(Simulan beber.)

NURIA.-¡Riquísimo!

CELSO.-¡Bebida de dioses!

(Se miran atraídos. PAUSA.)

NURIA.-A mí esto me pone…

CELSO.-Me siento tan bienaventurado…

(Simulan dejar las copas.)

NURIA.-No vienes nada por aquí.

CELSO.-No tengo tiempo. Actualmente, estoy en la cárcel.

NURIA.-¡Lo intuía! No hay nada más que mirarte la cara. ¡Eres un ser perfecto!

CELSO.-Por lo que veo… ¡No tanto como tú!

NURIA.-¡La virtud es adorable! Y como somos buenos psicólogos…

(Le coge la mano.)

CELSO.-¿Puedo cogerte la mano?

NURIA.-Ya lo has hecho. Es la primera vez que me sucede. ¿Puedo fiarme de ti?

CELSO.-Como si estuviese en los altares.

NURIA.-¡Qué alegría! Hay hombres tan atrevidos…

(Se sueltan.)

CARCELERO.-¡Qué historia tan romántica!

(Por la izquierda entra triste RAFAEL. Dejó traje de presidiario, esposas y bola negra. Viste como antes.)

RAFAEL.-Lamentándolo mucho… ¡Os tengo que dejar! No sé si volveré a veros.

CELSO.-¡No te entregues!

NURIA.-¡Sé más optimista!

CARCELERO.-¡Demuestra que eres un canalla!

RAFAEL.-Hoy día hay tanta competencia… Elegí una carrera muy difícil.

(Le besa en las mejillas.)

NURIA.-Te deseo mucha suerte.

(Le da la mano.)

CELSO.-El mundo es de los audaces.

(Simula descorrer el cerrojo y le da la mano.)

CARCELERO.-Ya sabes donde tienes tu casa.

RAFAEL.-No creo. ¡Rezad por mí!

(Sale por el centro del primer término y hace mutis por el proscenio izquierdo. Simula correr el cerrojo.)

CARCELERO.-¡Pobre chico!

NURIA.-¡Me da tanta pena!

CELSO.-¡Cuando se nace sin dotes naturales…!

(Se miran serios. PAUSA.)

CARCELERO.-¡Qué tristes son las despedidas!

(Nostálgica.)

NURIA.-¡Tanto…! Dímelo a mí.

(Preocupado.)

CELSO.-¿Es que piensas marcharte?

NURIA.-Salimos a dar una paseo nada más.

CELSO.-¡No tengo piso! Como estoy en la cárcel…

NURIA.-¡Me haces unas proposiciones! En los días de mi vida… ¡Soy una mujer casta!

CARCELERO.-Tienes razón, Nuria. Los penales no son para actos frívolos. ¡No lo iría a consentir! Podría… darte una celda y mañana te vas después del desayuno.

NURIA.-Qué bien. ¡Me gusta la idea! Ay… Pasaré una noche tan pura y tan bien protegida.

CELSO.-¡A mí esto…! Y yo que creía… ¡No se puede jugar con uno!

CARCELERO.-Con tu permiso, Nuria, voy a prepararte la celda. Puedes pasar el cerrojo.

(Mutis por la derecha. Se miran. PAUSA. Pasean rápidos y confusos por el ancho del escenario. Para sí y sin mirarse.)

CELSO.-¡El cerrojo!

(Contenta.)

NURIA.-¡Nadie podrá entrar!

(Incomodado.)

CELSO.-¡Jamás lo abrirá!

NURIA.-¡No hay nada como un mundo honesto!

CELSO.-¡La prostitución no existe entre estas cuatro paredes!

NURIA.-¡Aquí la vida es hermosa!

CELSO.-¡Fuera esta corrompido por el vicio!

(Se paran y se miran. PAUSA.)

NURIA.-Pues…

CELSO.-Yo…

NURIA.-¿Te encuentras a gusto?

CELSO.-La verdad…

(Soñadores.)

NURIA.-Nos conocimos en aquel bar.

CELSO.-Había mucha gente de moral dudosa.

NURIA.-¡Me gustaste tanto!

CELSO.-¡En mí también nació el amor!

NURIA.-No sabía que vivías en la cárcel.

CELSO.-Cada uno…

NURIA.-¡Me gustaría estar siempre a tu lado!

CELSO.-Los dos prisioneros el uno del otro.

NURIA.-Descubrir la felicidad en este lugar de existencias blindadas.

CELSO.-¡Nadie entre tú y yo!

NURIA.-¡Ni el aire que se cela y quiere acariciarnos!

CELSO.-Qué guapa eres.

NURIA.-Y tú tan atractivo.

CELSO.-¡Te quiero!

NURIA.-¡No puedo vivir sin ti!

(Se abrazan.)

CELSO.-¡Amor mío!

NURIA.-¡Mi vida!

(Se besan. UN MOMENTO. Por la derecha entra CARCELERO.)

CARCELERO.-Nuria, ya tienes preparada la celda. Cuando gustes.

(Sorprendido.)

¡Pero…! ¿Vosotros?

(La pareja sigue igual. Alza la voz.)

¡¡Nuria!! ¡¡Celso!!

(La pareja se separa asombrada.)

CELSO.-¡Tú…! Aquí hemos descubierto el amor que no muere.

NURIA.-No los bajos instintos que se compran y desaparecen en un instante como un delito de pérdida de tiempo. ¡Maldito dinero que nos degrada!

(Va al foro. Abre su puerta y se ve la celda de dos camas.)

CARCELERO.-¡Amigos! ¡Vuestra celda nupcial está servida!

(CELSO y NURIA se miran dichosos.)

CELSO.-¡Preciosa! ¡¡Está en todo!!

CARCELERO.-¡El lecho os espera!

NURIA.-¡¡Qué detallista es!!

(Corren hasta las camas. NURIA se acuesta en la de la izquierda y CELSO en la de la derecha.)

 ¡Cuánto confort!

CELSO.-¡Esto es un lujo!

CARCELERO.-¡¡Felicidades, Nuria!!

NURIA.-¡Muchísimas gracias!

CARCELERO.-¡¡Feliz estancia, Celso!!

CELSO.-¡Haré lo que se pueda!

NURIA.-Hablas con tan poco entusiasmo…

CELSO.-Es la emoción, cariño.

CARCELERO.-¡Buena noche!

CELSO y NURIA.-¡Eso esperamos!

 (CARCELERO va lento hacia la izquierda. CELSO y NURIA se miran extrañados. Se sientan, al unísono, en sus camas. Voces altas.)

¡Carcelero!

CELSO.-¡Es urgente!

(Va rápido hasta la puerta de la celda.)

CARCELERO.-¿Qué os sucede?

CELSO.-¡La puerta!

NURIA.-¡Encarcélanos, por favor!

CARCELERO.-Perdonad.

(Cierra la puerta. Mutis por la izquierda. UN MOMENTO. Entra CARCELERO por el término. En una mano, bandeja con dos copas y en la otra, cubo con botella de champán. Va hasta la puerta de la celda.)

¿Se puede?

(Molestos.)

CELSO.-¡¡Un momento!!

NURIA.-¡¡Ahora…!!

CARCELERO.-Es un segundo.

(CELSO, en pijama y NURIA, con un provocativo camisón, abren la puerta. Emocionados.)

CELSO y NURIA.-¡¡Oh!!

(CELSO coge la botella de champán y NURIA la bandeja con las copas. Cierran la puerta. Por el proscenio izquierdo, se ve a RAFAEL. Va hasta el centro del proscenio. CARCELERO descorre el cerrojo en el centro del primer término. A seres imaginarios y con unas esposas. Felicísimo.)

RAFAEL.-Muy agradecido, señores policías. Ya sé el camino. ¡Pueden marcharse! ¡¡Lo he conseguido, carcelero!! ¡¡Lo he conseguido!!

(Corriendo el cerrojo.)

CARCELERO.-¿¿Cómo ha sido, Rafael?? ¿¿Cómo ha sido??

RAFAEL.-¡¡Alquile un autobús!! ¡¡Hice un agujero en el Banco de España!! ¡¡Los guardias dormían!! ¡¡Lo dejé desnudo!! ¡¡Fui con el autobús a la comisaría!! ¡¡Me entregué!!

(Se abre la puerta del foro que dejan abierta. Por el término, entran CELSO y NURIA. Visten como antes. Cada uno, con una copa llena de champán. Contentos.)

CELSO y NURIA.-¡¡Bienvenido, Rafael!!

CARCELERO.-¡¡Desvalijó el Banco de España y se culpó!! ¡¡Una ética…!! ¡¡Podría nadar en millones!!

RAFAEL.-¡¡Imposible!! ¡¡El dinero no era de curso legal!!

(Rápidamente cae el

TELÓN

ACTO SEGUNDO

(Se alza el telón. La escena continúa igual que al final del primer acto. Sorprendidos.)

CARCELERO.-¿¿Cómo??

NURIA.-¿¿No tenían valor??

CELSO.-¿¿Eran falsos??

RAFAEL.-¡Totalmente!

CELSO.-¿Te diste cuenta?

CARCELERO.-¿Viste algo extraño?

NURIA.-¿Te llamó alguna cosa la atención?

RAFAEL.-¿Con las prisas…? ¡Nada! Vosotros no sabéis lo difícil que es hacer un agujero en el Banco de España. ¡Acabas agotado! Poner la mercancía en el autobús… Preocuparme de que despertasen los guardias. ¡Deseaba hacer algo grande! Hay tanta inmoralidad… Al llegar a la comisaría y ver la foto del torero Manolete en los billetes, empecé a sospechar.

CELSO.-Tu reacción es normal.

NURIA.-Demostraste tener un buen ojo clínico.

CAMARERO.-Te dije  que una cosa sencilla; algo que te abriese las puertas de este presidio. ¡Conseguir que te considerasen un ser muy decente! Pero tu gran gesta… ¡Es digna de pasar a la historia del hurto!

(Se queja.)

RAFAEL.-¡Ay!

CARCELERO.-¿Qué te sucede?

RAFAEL.-Me duelen mucho las muñecas; me oprimen. Estas esposas… ¿Podrías hacerme el favor de quitármelas?

CARCELERO.-¡Lo haría de buena gana! Ya sabes que somos como de la familia. Pero… ¡Te has convertido en un hombre altamente peligroso! Lo tuyo… ¡No ha nacido un profesional como tú!

(Triste.)

RAFAEL.-¡Tener que soportar este dolor…! ¡Verme humillado! ¡No he robado nada! ¡Lo devolví!

CELSO.-¡Quítale las esposas!

NURIA.-No ha cometido ningún delito. ¡Con gente como él, tendríamos una sociedad de lo más digna!

CARCELERO.-Vosotros no sabéis cómo actúan en la comisaría. ¡Su juicio dará la vuelta al mundo! ¿Pensáis que creen en los billetes falsos? ¡Ni hablar! Están convencidos de que llevó los de verdad y los cambió por los que entregó.

RAFAEL.-¡¡No es cierto!! ¡¡Soy inocente!! Las esposas… ¡Un poquito nada más!

CELSO.-Carcelero… ¡Apiádate de él!

NURIA.-¡No le hagas sufrir más!

(Le quita las esposas y las guarda en su bolsillo.)

CARCELERO.-¡Está bien! Te las quitaré, pero ten mucho cuidado con lo haces. ¡Podría perder mi brillante carrera!

(Contento.)

RAFAEL.-¡Muchísimas gracias, carcelero.

(Alza las manos.)

¿Veis? ¡Mis manos están libres! Y al fin… ¡Al fin! Un hombre honrado puede vivir en la cárcel y estar libre de un mundo pernicioso! 

NURIA.-¡¡Esto hay que celebrarlo!

CELSO.-¡Más copas, carcelero!

(Le entrega su copa a ella. Mutis de CARCELERO por la izquierda y CELSO por el foro. Extrañado.)

RAFAEL.-¿Vosotros…?

(Sonriendo coqueta.)

NURIA.-Je… je… El amor…

RAFAEL.-Si os molesto… ¡Me voy!

NURIA.-Por favor… Nada de eso.

(Por la izquierda entra CARCELERO con dos copas al mismo tiempo que por el foro entra CELSO con la botella. Le da una copa a RAFAEL. Se la llena.)

CARCELERO.-Toma.

RAFAEL.-Gracias.

(Llena la copa de CARCELERO.)

CELSO.-Todo para ti.

CARCELERO.-Se agradece.

(CELSO deja la botella sobre una mesita y coge su copa de una mano de ella.)

NURIA.-¡¡Brindemos!!

CELSO.-¡¡Por la llegada de Rafael!!

RAFAEL.-¡¡Por el mundo limpio que teníamos!!

CARCELERO.-¡¡Por la felicidad que hemos encontrado aquí!!

(Beben un poco y siguen con las copas en las manos.)

RAFAEL.-La verdad, Nuria y Celso, veros vestidos así y las copas de champán… ¡No lo entiendo!

CARCELERO.-Es tan fácil… Celso, como sabes, puso su uniforme de presidiario para dar un paseo. No lo voy a tener encerrado todo el día.

RAFAEL.-¡Me parece de lo más normal!

CELSO.-Al verme libre, entré en un bar que las malas lenguas dicen que es un lugar para perderse…

(Felicísima.)

NURIA.-¡Y me conoció a mí!

(Sorprendido.)

RAFAEL.-¿¿A ti?? ¿¿Alternas allí?? Una tía mía…

NURIA.-¡¡No es eso!! Respeto a tu tía, pero yo entré por casualidad. Como apenas existen de los otros…

CELSO.-Comenzamos con una casta amistad… Me trajo aquí… ¡Qué sosiego encontramos!  ¡Y nació el amor!

RAFAEL.-¡Eso es maravilloso! ¡¡Enhorabuena!!

NURIA.-¡Muy agradecida!

CELSO.-Muchas gracias, Rafael.

CARCELERO.-Les dejé la celda nupcial y les llevé una botella de champán. Inmediatamente. Llegaste tú.

RAFAEL.-Mi idea no es destruir una pareja.

(Todos van bebiendo tragos pequeños.)

CELSO.-No tiene importancia.

NURIA.-No vamos a convertir la noche de bodas en una urgencia.

(Se sientan en sillas.)

CARCELERO.-Cuando hay un buen tema de conversación…

RAFAEL.-¡Es cierto!

CELSO.-¡Qué extraño es lo de los billetes!

NURIA.-¡A mí ya no me sorprende nada!

CARCELERO.-Si hay los del torero, ¿qué había antes?

CELSO.-¡Eso me pregunto yo!

RAFAEL.-¡Los canjearían!

NURIA.-¡No seáis ingenuos! ¡Las cajas estaban vacías!

CARCELERO.-¿¿El banco sin dinero??

CELSO.-¡¡No creo!!

RAFAEL.-¿¿Quién iba a cogerlos?

NURIA.-¡Una bellísima persona!

CELSO.-¡Siendo así…!

RAFAEL.-También pudo llevarlos y, sin prisas, poner los que llevé.

NURIA.-No deja de ser una posibilidad.

CARCELERO.-¡Qué tiempos! ¡Yo no dejo mis ahorros en un banco!

RAFAEL.-¡Están más seguros en la cárcel!

CELSO.-¡No producen intereses!

NURIA.-¡Tanto como eso…! ¡Te dan más estampitas!

(PAUSA.)

RAFAEL.-¿Qué harían con el dinero en la comisaría?

CARCELERO.-Lo correcto… Sería devolverlos al banco para tener la conciencia tranquila. ¡Son sus legítimos  propietarios!

CELSO.-¿Si son falsos para qué los quieren? No los van a poner a circular. La gente sospecharía tarde o temprano.

NURIA.-¡O se acostumbraría! Una novedad para los coleccionistas. ¿Acaso creéis que los de verdad son auténticos? ¡No les cuesta trabajo que la máquina los haga reales!

RAFAEL.-¡Qué mala suerte! Para una vez que me arriesgo para consumar el robo del siglo…!

NURIA.-¡Se te adelanta otro!

CELSO.-¡Deberían ponerte en libertad!

CARCELERO.-¡Yo sin un certificado…! ¡No le abro la puerta!

RAFAEL.-¡Ni yo quiero! ¿Voy a perder mi ilusión de ser un prisionero? ¡Es el sueño de mi vida!

NURIA.-Cuando es tan arraigada tu vocación…

CARCELERO.-¡Disfruta de ella!

CELSO.-No vas a hallar nada más edificante.

(Terminan de beber el champán y se levantan.)

RAFAEL.-¡Qué rico el champán!

CARCELERO.-¡Estaba de lo más sabroso!

NURIA.-¡Ideal en nuestra noche de bodas!

CELSO.-¡Y una conversación tan apropiada!

(Hace mutis por el foro)

RAFAEL.-¡Cuánta prisa!

(Por el foro entra CELSO con la bandeja, coge la botella y le entrega ambas cosas.)

CELSO.-Toma, carcelero.

CARCELERO.-Gracias, amigo.

(Todos van poniendo las copas en la bandeja.)

NURIA.-Ha sido una velada muy grata.

(Mutis por la izquierda de CARCELERO con todo.)

RAFAEL.-Así que una nueva vida.

CELSO.-¡La que nunca muere!

NURIA.-Nos encanta la eternidad.

(Por la izquierda entra CARCELERO sin lo que llevó.)

CARCELERO.-Ven, Rafael. Te voy a mostrar tu celda.

(A la pareja.)

RAFAEL.-¡Sed felices!

CELSO.-Eso esperamos en esta noche mágica.

NURIA.-La hemos esperado durante tanto tiempo.

(Mutis de CARCELERO y RAFAEL por la derecha. Le muestra apasionado el foro.)

CELSO.-Amor mío… ¡Adelante!

(Muy sensual.)

NURIA.-¡Qué emoción, vida mía!

(Mutis corriendo por el foro. Se disponen a cerrar la puerta.)

CELSO.-¡¡Cerremos cuanto antes!!

NURIA.-¡¡Es algo tan íntimo!!

(Cierran la puerta. Por la derecha entra rápido, CARCELERO. Para sí.)

CARCELERO.-¡Es la hora de los enamorados!

(Mutis por la izquierda. Baja la luz y se abre sola la puerta del foro. CELSO está sentado en el lateral izquierdo de la cama izquierda y NURIA está sentada en el lateral derecho de la cama derecha. Están muy serios y se miran fijamente. UN MOMENTO.)

CELSO.-Cuéntame de tu vida.

NURIA.-Es… La de una mujer normal.

(Se levanta incomodado.)

CELSO.-¡¡Y yo qué sé cómo es la vida de las mujeres normales!!

(Se levanta incomodada.)

NURIA.-¿¿Es que tampoco sabes cómo es la vida de un hombre normal??

CELSO.-¡¡Es distinto!!

NURIA.-¡¡Es igual!!

CELSO.-¡¡No te consiento que me alces la voz!!

NURIA.-¡¡Ni yo tus gritos!!

(Se sientan y se miran fijamente. UN MOMENTO.)

CELSO.-No sé por qué estamos aquí.

NURIA.-Ni yo tampoco.

CELSO.-Me habías gustado.

NURIA.-Y tú a mí.

CELSO.-Nos atraía tanto este momento.

NURIA.-Siempre lo había soñado.

CELSO.-¿Ahora no?

NURIA.-No sé.

CELSO.-Tus cambios…

NURIA.-¿Es que tú no los tienes?

CELSO.-No te lo discuto.

NURIA.-A mí me sucede igual.

(Confuso.)

CELSO.-Veo algo en ti…

(Preocupada.)

NURIA.-¿¿Qué…??

CELSO.-Como si sospechase…

NURIA.-¡Me calumnias!

CELSO.-¡Perdona! No es que te rechace, pero…

NURIA.-¡Dudar de mí…!

CELSO.-Tengo sueño.

NURIA.-¡Y yo!

(Quedan profundamente dormidos en sus camas. UN MOMENTO Por la izquierda y somnoliento, entra CARCELERO. Para sí.)

CARCELERO.-Este trabajo de noche… Es agotador. Tengo que poner el despertador para vigilar cómo van mis internos; que se encuentren seguros. ¡Hay que preocuparse por ellos! Dormía tan bien… Y ahora parece que soy un sonámbulo.

(Mutis por la derecha. Hablan dormidos.)

CELSO.-Es como si intuyese…

NURIA.-¿Por qué? ¿Por qué actuaría así?

CELSO.-¡Dímelo!

NURIA.-¡No recuerdo!

(Por la derecha entra igual CARCELERO. Para sí.)

CARCELERO.-¡Pobre, Rafael! Es la primera noche que pasa en una celda. No dormía; estaba inquieto. Tuve que acostarme con él y cantarle una nana. Ahora duerme tan relajado…

(Entra en el foro.)

Los enamorados duermen después de su primera noche de pasión. ¡Me alegra verlos tan felices! Sus sueños son contagiosos. ¡Cómo los envidio!

(Se acuesta con CELSO.)

Déjame un sitio, hombre.

(Dormido.)

CELSO.-¡No molestes, Nuria!

(Sale y se acuesta con NURIA.)

CARCELERO.-Solo es dormir un poco, Nuria. Confía en mí.

(Dormida.)

NURIA.-¡No insistas, Celso!

(Sale y se sienta en un sofá de la celda. Para sí.)

CARCELERO.-¡Qué poco comprensivos son! Me sigue invadiendo el sueño. Aquí…

(Queda también dormido. UN MOMENTO. Todos dormidos.)

NURIA.-No se me va de la cabeza.

CELSO.-¿Qué te sucede, Nuria? ¿Qué te sucede?

CARCELERO.-¿Te ha ocurrido algo?

NURIA.-¡No soy digna de convivir con personas tan excelentes como vosotros!

CELSO.-¡¡Cuenta!!

CARCELERO.-¡¡No te inhibas!!

NURIA.-Yo fui una prostituta. Es decir, cobraba por…

CELSO.-¡Lo entiendo! Me lo imaginaba.

CARCELERO.-No tiene nada de particular. Es mucho más honrado que otros modos de ganarse la vida.

NURIA.-¡Solo lo hice una vez!

(Burlón.)

CELSO.-¡Bueno…!

CARCELERO.-¡Eso no es nada! Una equivocación la tiene cualquiera.

NURIA.-Estaba en el paro. ¡Necesitaba trabajar! Por más que buscaba… ¡Nada! Tenía hambre, muchísima hambre. ¿Qué es más moral? ¿Dedicarse a la prostitución cuando se tiene el estómago vacío o morir casta por inanición?

CELSO.-¡No trabaja la que no quiere!

CARCELERO.-¡Si hubiese trabajo! Unos nadan en la abundancia y otros viven en la miseria

NURIA.-Si me pasó con mi único cliente. Le salían billetes de verdad por todos sus bolsillos. Le dije: El dinero por adelantado. ¡Me puso encima de la mesilla de noche una cantidad insignificante! ¿Iba a entregar mi amor como si cobrase una limosna? ¡Me rebelé! ¡Era una injusticia! ¡¡Le cogí todo su dinero!! Toma, la mitad para ti y la otra mitad para mí. Salió corriendo y me denunció. ¡Era un señor importante! ¡Muy influyente! Lo conocía de vista por verlo todos los días en la televisión. Cuando se acercó a mí, tenía pensado pedirle un autógrafo.

CELSO.-¿O sea que las relaciones entre tú y él?

NURIA.-¡Nada de nada!

CARCELERO.-¡Es la única que queda!

NURIA.-Me llevaron a la cárcel a otra penal. Me condenaron a varios años. ¡Perdí mi libertad! En los momentos libres, trabajaba para hacer un túnel y fugarme.

CELSO.-¡Una gran idea! De eso entiendo…

CARCELERO.-¡No me comprometas, Celso!

NURIA.-¡Deseaba conocer al amor de mi vida! ¡Por eso salí a buscarlo! Vi a uno vestido de presidiario y tan atractivo…

CELSO.-¡Gracias! Quieren que pase esos modelos.

NURIA.-¡No lo pensé dos veces! ¡¡Estoy más tranquila en la cárcel que en un mundo inmoral!

CARCELERO.-Tendrás que volver al presidio de antes. Claro que si hago las diligencias oportunas… ¡Te quedas aquí!

NURIA.-¡No sé cómo agradecértelo!

CARCELERO.-En todo lo que pueda ayudar…

CELSO.-Nuria… ¡Vive siempre con nosotros!

(Se levanta dormida.)

NURIA.-¿Entonces…? ¿Me quieres?

(Se levanta dormido.)

CELSO.-¡Con toda mi alma!

(Se levanta dormido.)

CARCELERO.-Si molesto…

(Apasionados y dormidos.)

CELSO.-¡¡Nuria!!

NURIA.-¡¡Celso!!

(Sin despertar.)

CARCELERO.-¡Esta pareja…!

(Se abrazan y besan fuertemente igual.)

CELSO.-¡Mi vida!

NURIA.-¡Eres todo para mí!

(Así y dispuesto a marcharse.)

CARCELERO.-Debo respetar algo tan íntimo.

(PAUSA. Se separan. Continúan lo mismo.)

CELSO.-Ahora…

NURIA.-¡Sí!

(Se sienta dormido en el sofá.)

CARCELERO.-Tengo un sueño tan profundo…

(Queda así. Se separan.)

CELSO.-Duermo tan a gusto…

NURIA.-Hacía tiempo que no dormía tan bien.

(Van a sus camas y duermen. La escena permanece así. UN MOMENTO. Comienza a verse la luz del día. Va creciendo hasta iluminar todo el escenario. UN MOMENTO.  Van despertando ilusionados.)

CELSO.-Este sueño…

NURIA.-Es tan bonito soñar…

CARCELERO.-Hay sueños…

(Están lúcidos y se miran. PAUSA.)

CELSO.-¿Dónde está la verdad?

NURIA.-¿En la realidad o en lo que somos conscientes de soñar?

CARCELERO.-No sé.

(Se levantan.)

NURIA.-La realidad siempre es amarga.

CELSO.-Con la ficción, creamos la verdad.

CARCELERO.-¡Gran dilema en el que nace la esperanza!

(Mutis por la izquierda. Se miran. PAUSA.)

NURIA.-Así que hiciste un túnel como yo.

CELSO.-¡Sí! Es tan bonito… Nunca lo usé y aquí estoy tan contento. ¿Quieres que te lo enseñe?

NURIA.-Otro día. ¡Qué más da! Todos son iguales como una puerta a nuestro mundo interior.

CELSO.-Y si me encuentro bien en él…

NURIA.-¡Yo me fugué entre sus sombras!

CELSO.-Lo sé. Si te apetecía…

NURIA.-¡Necesitaba encontrarte! ¡Sabía que aparecerías! Ahora tengo miedo a que me vuelvan a enviar a aquella cárcel.

CELSO.-¡No lo consentiría! Vivir sin ti…

NURIA.-Hacer un túnel es fácil. No les parece mal, lo encuentran decorativo; pero usarlo para marcharte… ¡No lo toleran! Me encuentro tan angustiada…

(Por la izquierda entra serio CARCELERO.)

CARCELERO.-Nuria…Tengo que participarte…

NURIA.-¿Qué…? ¡Dime!

CARCELERO.-Hablé con la superioridad. ¡Muy amables, por cierto!

CELSO y NURIA.-¿¿Y…??

CARCELERO.-Puedes quedarte aquí.

(Mutis por la derecha. Se abrazan dichosos.)

CELSO.-¡Siempre juntos!

NURIA.-¡Nada nos apartará!

(Se separan.)

Deseaba decirte. ¡Me da tanta vergüenza!

CELSO.-¿Por ser una prostituta frustrada?

(Extrañada.)

NURIA.-¿Quién te lo dijo?

CELSO.-No recuerdo. Tal vez un día conversamos…

NURIA.-¡Es posible!

CELSO.-Prostituirse porque te lo pide el estómago y no el sexo… ¡Es para que te impongan la Medalla del Trabajo!

NURIA.-Los ricos son tan mezquinos…

CELSO.-¡Hiciste bien en rebelarte! Echarte las migajas como a un perro…

 NURIA.-Ahora sabes tanto de mí…

CELSO.-Cuando te llena tanto lo que amas… Te veo insegura.

NURIA.-Lo estoy. Esperaba este momento y lo temía tanto…

(Se miran serios. PAUSA.)

CELSO.-Al no tener nunca relaciones… ¡Ahora comenzaremos nuestra vida!

(Asustada.)

NURIA.-¡¡No!!

CELSO.-Deja los temores. Es algo inocuo.

NURIA.-Es que yo siempre he soñado…

CELSO.-¿Lo puedo saber?

NURIA.-¡Me detesto por sentirme marginada!

CELSO.-¡Te equivocas! Eres muy virtuosa.

NURIA.-¡Virtud! ¡Virtud¡ ¡Virtud! ¿Es una palabra que sirve para algo?

CELSO.-No creo que sea un valor que se cotice mucho.

NURIA.-Y yo quiero ser como las demás. Como lo he deseado siempre. ¡Una mujer honrada!

CELSO.-¿Todavía más? ¿Acaso pretendes alcanzar la santidad?

NURIA.-¡No es eso!

(Se aproxima.)

CELSO.-¡Ven a mí!

(Se aparta.)

NURIA.-¡Así no!

CELSO.-Cuando te tranquilices…

NURIA.-Me apetece tanto ser tuya. ¡Entregarme llena de amor!

CELSO-¡Es tan sublime amarse en una cárcel!

NURIA.-¡Hoy es un sitio como otro cualquiera! Qué más da. Tú no conoces los anhelos de una mujer que ha nacido en la pobreza.

CELSO.-Si quieres que te sea sincero… ¡No!

NURIA.-¡Somos iguales que las otras! ¡Tenemos los mismos derechos! La vida entra en ti y crees que las demás casas son iguales. Te mandan a pedir a ellas y te das cuenta de que no es cierto. ¡Son tan hermosas! Te abre la puerta una doncella uniformada. Sientes que el olor es distinto. Te asombras por los lujosos muebles.

CELSO.-Desgraciadamente, siempre ha sido así.

NURIA.-¡Y yo quería huir honradamente de esa miseria!

CELSO.-Honradamente… No te digo que sea imposible. Siempre hay alguna excepción.

NURIA.-Eres niña y lloras porque la muñeca que te echaron los Reyes no es como la de las ricas. ¡Está sucia y le faltan los brazos y piernas. ¡Sabes que es imposible trasplantarles estos miembros y ninguna, de las muchas crías, te va a donar uno hasta que tengas un juguete de verdad para lavarlo.

CELSO.-Hacer un quirófano para muñecas…

NURIA.-Llega la adolescencia. También piensas en tu príncipe azul. Te gustaría vivir ese milagro. Los sentimientos que crean fantasías oscuras y le dices no al mendigo que te quiere. Creces y nada ha cambiado. Te gustaría ser la elegante novia o la pareja ideal del hombre que te hará navegar por nubes de felicidad.

CELSO.-¡Ya lo has encontrado!

NURIA.-Y yo te quiero, Celso, con la misma fuerza que tú a mí…

(Se acerca a la puerta.)

CELSO.-En ese caso…

(Preocupada.)

NURIA.-Si pudiésemos…

(CELSO cierra la puerta. Por la derecha entran CARCELERO y RAFAEL.)

CARCELERO.-Ya ves a Celso y Nuria. ¡Viven intensamente su amor!

RAFAEL.-Me gusta ver felices a mis compañeros de prisión. ¡Son inmejorables!

CARCELERO.-Anoche estabas cuando tuve que cantarte la nana…

RAFAEL.-¡Me ayudaste tanto! Era la primera vez que dormía en un presidio.

CARCELERO.-Pensé que estabas traumatizado.

RAFAEL.-¡Todo lo contrario! ¡Me inundaba la ilusión!

CARCELERO.-Perdona que me haya acostado contigo para tranquilizarte.

RAFAEL.-¡Gracias! Tu ayuda me serenó mucho.

CARCELERO.-¿Has dormido bien?

RAFAEL.-¡Hasta que me despertaste para desayunar!

(Se abre la puerta del foro. Entran ilusionados CELSO y NURIA. Visten el uniforme de presidiarios y cierran la puerta. CARCELERO y RAFAEL los miran sorprendidos. PAUSA.)

CELSO.-Hola…

NURIA.-Aquí estamos.

RAFAEL.-¡Felicidades, pareja!

CELSO.-Gracias, Rafael. Pero…

NURIA.-¡Todo a su tiempo!

CARCELERO.-Como no os expliquéis mejor…

CELSO.-Carcelero, tenemos que pedirte un pequeño favor.

NURIA.-¡Ay, nos hace tanta ilusión!

CARCELERO.-Si está en mi mano…

CELSO.-Deseamos, por poco tiempo, salir al mundo.

NURIA.-Encontrarnos con la libertad que hemos perdido.

CARCELERO.-¡Imposible! Este es un penal muy serio.

RAFAEL.-Déjalos, carcelero, por un par de horas… ¡No es nada!

NURIA.-Qué comprensivo eres, Rafael.

CELSO.-¡Da gusto hablar contigo!

(Pensativo.)

CARCELERO.-Así que queréis dejar la cárcel un poquito…

NURIA.-¡Sí! Confía en nosotros; volveremos pronto.

RAFAEL.-Yo de ti, carcelero, les daría toda clase de facilidades. No hay más que mirarles a la cara. ¡Son tan nobles!

CARCELERO.-Nuria, Celso… Pensad un poco. ¡Sabéis hacerlo! Estoy destinado para dirigir este presidio. Os fugáis… ¡Y me quedo sin empleo!

NURIA.-Lo que una tiene que oír… ¡Fugarnos!

CELSO.-Si quisiéramos hacerlo… ¡Lo haríamos por el túnel que mi trabajo me costó hacerlo! ¡Y sin tu ayuda!

(Contento.)

RAFAEL.-¡Tienen un túnel! A esta cárcel no le falta nada. ¡Qué avanzada es!

CARCELERO.-Vosotros, estoy convencido, queréis ir a bailar a una discoteca y presumir con vuestro uniforme de gala.

RAFAEL.-Por un día…

NURIA.-No te niego que los dos podríamos finalizar la noche, dale que te pego, bailando. Aunque nuestra intención es otra.

CELSO.-¡Algo grande! ¡Encantador! La gran huella que abrirá nuestro anhelante futuro.

CARCELERO.-¿Se puede saber qué es?

CELSO.-¡Celebrar nuestra despedida de solteros!

NURIA.-¡Algo muy grande para una pareja enamorada!

RAFAEL.-¡Lo es! Déjalos, jefe. ¡Es una sola vez en la vida!

CARCELERO.-¿Y si vamos todos? ¡Me anima tanto esa despedida!

RAFAEL.-¡Yo me apunto! Lo vamos a pasar… ¡Qué noche!

(CELSO y NURIA se miran serios. PAUSA.)

CELSO.-La verdad…

NURIA.-Comprended…

(Animados.)

CARCELERO.-¡Si hay que pagar a escote…!

RAFAEL.-¡Por un día…! ¡Somos de confianza!

CELSO.-Es una cosa muy íntima.

NURIA.-Tan personal.

(Serio y decidido.)

CARCELERO.-¡Está bien!

(Va al centro del primer término y simula descorrer el cerrojo.)

Podéis iros. Espero que los dos os sabréis comportar. Ya sois mayorcitos ¡Pasadlo bien!

RAFAEL.-¡Gozad de una amable despedida!

CELSO.-¡Muchísimas gracias!

NURIA.-¡Qué gentiles sois!

(CELSO y NURIA se cogen del brazo y hacen mutis por el proscenio derecho. CARCELERO simula correr el cerrojo.)

CARCELERO.-¡Me gusta verlos tan felices! Sería un cargo de conciencia tenerlos prisioneros.

RAFAEL.-No hay nada como hacer dichosos a los demás.

CARCELERO.-Algún día te gustará alguna y también celebrarás tu despedida de soltero.

RAFAEL.-No pienso en eso. Mi novia actual es la cárcel. ¡Y me encuentro tan a gusto en ella!

(PAUSA.)

CARCELERO.-¡Me da una gana de seguirlos!

RAFAEL.-¿Para vigilarlos? Dudo que haya problemas.

CARCELERO.-¡No! ¡Para celebrar la despedida con ellos!! ¿Te ilusiona?

RAFAEL.-¿A mí? ¡Muchísimo!

CARCELERO.-¡No lo pensemos más!

(Va a centro del primer término y se dispone a descorrer el cerrojo.)

Descorro el cerrojo y… ¡Libres todos!

RAFAEL.-¡Me gusta la idea!

(Desiste.)

CARCELERO.-Pensándolo bien… No creas que me gusta actuar así. Llega un condenado y, al no ver a nadie, recupera la libertad.

RAFAEL.-Jugar con estas cosas…

(Alegre.)

CARCELERO.-¡No lo pensemos más! Así es distinto. ¡Escapemos por el túnel que hizo Celso!

RAFAEL.-¡Qué grandes ideas tienes! Lo que no se te ocurra a ti…

(Mutis corriendo de los dos por la derecha. UN MOMENTO. Entran por el proscenio izquierdo y van al centro del término. Preocupados.)

CARCELERO.-¡Olvidé la llave del cerrojo! ¿Dónde la dejaría?

RAFAEL.-La verdad. No sé. Habrá que buscarla. Hay días que son un error que amanezcan.

(Mutis de los dos por el proscenio izquierdo. UN MOMENTO. Entran por la izquierda.)

CARCELERO.-La tenía en el bolsillo. Con los nervios… Ahora… ¡Ya no los localizaremos!

RAFAEL.-Dejémoslos. Aquí. Se pasa tan bien…

(Mutis de los dos por la derecha. UN MOMENTO. La escena se va iluminando hasta alcanzar una visión esplendorosa. Por el mismo término, entran ilusionados CARCELERO y RAFAEL.)

CARCELERO.-Siento que algo grande se avecina.

RAFAEL.-¡Es el presidio que muestra su cara de grandeza.

CARCELERO.-¡Es hermoso poder vivir entre sus nobles paredes!

RAFAEL.-Su calor de hogar hace que un mundo de maleantes huya de sus mapas.

CARCELERO.-¡Esperemos!

RAFAEL.-¡Ha nacido el instante!

(Sorprendidos.)

CARCELERO.-¡Se abre sola la puerta de la calle!

RAFAEL.-¡Nunca he sentido algo tan sublime!

(Procedente del proscenio derecho, entra solemne CELSO. Viste un elegante chaqué. Camina ensimismado hasta el centro de la escena. Entusiasmados.)

CARCELERO.-¡¡Celso!!

RAFAEL.-¡¡Qué elegante estás!!

CELSO.-¡Ah! Sois vosotros. Lo que me alegra veros. Me encuentro tan nervioso…

CARCELERO.-¿Qué te ocurre…?

RAFAEL.-Si en algo podemos ayudarte…

CELSO.-No creo. Es algo muy personal. Nunca lo había hecho. ¡Me voy a casar!

(Le dan contentos las manos.)

CARCELERO.-¡¡Enhorabuena!!

RAFAEL.-¡¡Que seas muy feliz!!

CELSO.-¡¡Muchísimas gracias, carcelero y Rafael!! ¡Cuánto tarda mi novia! Si se fugase con otro…

RAFAEL.-¡No creo!

CARCELERO.-¡Tendríamos que denunciarla!

CELSO.-Pienso si organizó todo esto para alcanzar su libertad.

(Tristes.)

CARCELERO.-Es algo muy posible.

RAFAEL.-Hoy día… ¡No puedes fiarte de nadie!

CELSO.-Yo vestirme así y verme engañado. Si me llega a hacer esto, ¡la mato!

CARCELERO.-¡No te pierdas!

RAFAEL.-¡Es algo que le sucede a tantos…!

CELSO.-La quiero tanto. ¡Estoy tan enamorado! ¡¡No puedo vivir sin ella!!

(Grita.)

¡¡Nuria!! ¡¡Nuria!! ¿¿Dónde estás??

(Se miran serios. UN MOMENTO. Voces bajas.)

RAFAEL.-No responde.

(Desolado.)

CELSO.-No.

(Saca una lupa y mira el suelo.)

CARCELERO.-Hay que seguir las huellas.

(Procedente del proscenio izquierdo, entra solemne NURIA. Viste un elegante traje de novia blanco. Camina ensimismada hasta el centro de la escena. Entusiasmados.)

RAFAEL.-¡¡Ha llegado!!

(Guarda la lupa.)

CARCELERO.-¡¡Se cierra sola la puerta de la calle!!

(Se abrazan emocionados.)

CELSO.-¡¡Nuria!!

NURIA.-¡¡Celso!!

(Se separan Le dan la mano.)

CARCELERO.-¡Felicidades, bellísima novia.

NURIA.-Muy agradecida, carcelero.

RAFAEL.-¡Te deseo toda la dicha del mundo!

NURIA.-¡Qué amable, Rafael.

(CELSO le ofrece el brazo a NURIA que lo coge. Se oye fuerte la Marcha Nupcial de Mendelssohn. Caminan lentos y solemnes hacia la puerta del foro. CARCELERO y RAFAEL les echan flores. Cesa la música. Se abre sola la puerta del foro. Ahora es una elegante habitación con una sola cama y los pies frente al público. CELSO coge en brazos a NURIA y ella se agarra a su cuello. Entran. Voces bajas.)

RAFAEL.-¡Qué buena pareja hacen.

CARCELERO.-La naturaleza guardó las medidas de los dos.

(Mutis de los dos por la izquierda. Él la deja en pie. Se separan.)

CELSO.-¡Al fin solos!

NURIA.-¡Solo existimos tú y yo!

(Se miran alegres.)

CELSO.-¿Recuerdas cuándo nos conocimos?

NURIA.-Si parece que ha sido hoy. Estaba en la barra de aquella cafetería tan distinguida. ¡No dejabas de mirarme! Disimulé y bebí un traguito de la consumición. Sin prisas, encendí un cigarrillo.

CELSO.-¡Qué hermosa te encontré! Deseaba seducirte como a tantas. ¡Me acerqué a ti con suficiencia! Surgió la conversación que repetía a todas.

NURIA.-Eran palabras que se perdían en el viento.

CELSO.-¡Eras distinta! Había, dentro de ti, algo que me llenaba y no quería perderte.

NURIA.-¡Así fue!

CELSO.-Me atraes tanto.

NURIA.-¡Y tú a mí!

(Van a abrazarse. Rápidamente se cierra la puerta. Va bajando la luz. UN MOMENTO. Ahora crece como si fuese el principio del día que está naciendo. Por el foro entran decididos CELSO y NURIA. Visten igual de novios. Cierran la puerta.)

CELSO.-El día quiere ser una hoja luminosa más del calendario.

NURIA.-Un día que, al ser él, nos tendrá prisioneros en sus horas.

CELSO.-¡Fue extraordinaria nuestra primera noche!

NURIA.-¡Nos sentíamos tan libres!

(PAUSA. Voces bajas.)

CELSO.-La gente duerme plácidamente. ¡Es el momento!

NURIA.-¿Qué pretendes?

CELSO.-¡Volver a la libertad que tanto ansiamos! ¡Ser únicamente los dos!

NURIA.-¡Yo también quiero estar siempre a tu lado!

CELSO.-No sé si me atreveré. Tú ya estás acostumbrada a fugarte por el túnel que hiciste, pero el mío está sin estrenar. ¡Me falta valor!

NURIA.-No temas, mi amor. Es algo muy sencillo. ¡Te ayudaré! Es cruzar entre sombras hasta ir viendo la luz del mundo que pide nuestra presencia.

CELSO.-No lo pensemos más. ¡Vamos!

(Se cogen de la mano.)

NURIA.-¡Adelante!

(Mutis de los dos por la derecha. Penumbra. Voces bajas.)

VOZ DE  CELSO.-No veo.

VOZ DE NURIA.-Sigue.

VOZ DE CELSO.-Yo creo que he hecho el túnel mal.

VOZ DE NURIA.-Me encanta. Has tenido muy buen gusto.

VOZ DE CELSO.-Es que si me olvidé de poner la salida…

VOZ DE NURIA.-No creo.

VOZ DE CELSO.-¿Faltará mucho?

VOZ DE NURIA.-Si tú no lo sabes…

VOZ DE CELSO.-Somos como dos ciegos que vamos buscando la luz.

VOZ DE NURIA.-Falta poco. Un esfuerzo más.

VOZ DE CELSO.-No me dejes. Perderme en estas sombras sin principio ni fin.

VOZ DE NURIA.-No te desanimes.

VOZ DE CELSO.-Si retrocediésemos.

VOZ DE NURIA.-Nunca.

VOZ DE CELSO.-Qué largo es.

VOZ DE NURIA.-Tuviste que trabajar…

VOZ DE CELSO.-Parece…

VOZ DE NURIA.-Sí.

(Aumenta ligeramente la luz.)

VOZ DE CELSO.-Veo algo.

VOZ DE NURIA.-Nos vemos.

VOZ DE CELSO.-¡Es como volver a tener ojos!

(Luz normal.)

VOZ DE NURIA.-¡Hemos creado la luz!

(UN MOMENTO. Contrariados, por la derecha entra RAFAEL y por la izquierda, CARCELERO.)

CARCELERO.-¡¡No los veo!!

RAFAEL.-¡¡Se han fugado por el túnel que él construyó!!

CARCELERO.-Ha pasado tiempo desde que se fueron. Habrán llegado a otro país. ¡Nadie los encontrará! ¿Y ahora…? ¿¿Qué voy a hacer??

RAFAEL.-¿Es que no lo sabes?

CARCELERO.-Sí, pero me cuesta tanto dar ese paso…

RAFAEL.-¡Debes hacerlo! Tienes una responsabilidad. Está bien que los trates con afecto; puedan salir a pasear, pero convertir la cárcel en un lugar para hacer excursiones sin volver… ¡Debe tener buena reputación! ¡¡Decídete!!

CARCELERO.-¡Qué miedo! Tendré que participarlo a la superioridad.

(Mutis por la izquierda. Para sí.)

RAFAEL.-Han escapado. La gente tiene tan mal gusto. Si este lugar no es para cambiarlo por nada. ¿Qué van a encontrar fuera? ¡El rostro de un mundo agresivo! ¡Las imágenes de seres mezquinos y miserables! Es como si el poder se aliase con ellos y la cárcel dejase de ser un paraíso perdido. Los que deberían estar aquí consiguen liberarse y, de este modo, han hecho de este lugar un balneario. No hay personas indignas que estén preparando guerras, ambiciosos que roban y se hacen ricos, asesinos terribles que logran su porvenir con la muerte que siega tantas vidas. ¡Asco¡ ¡Asco me da convivir con una sociedad cuya moral ha dejado de palpitar! ¡¡Me horroriza estar con ellos!! ¡¡Son muertos de una enfermedad éticamente incurable!!

(Por la izquierda, entra llorando CARCELERO.)

CARCELERO.-¡Qué triste estoy!

RAFAEL.-¿Te han expulsado por incompetente?

CARCELERO.-¡Muchísimo peor! Me obligan a elegir. ¡Necesitan personalmente mi respuesta!

RAFAEL.-¿Decirles…?

CARCELERO.-Si prefiero seguir trabajando en otro penal sin la jefatura que tengo ahora o quedar aquí como prisionero sin cobrar.

RAFAEL.-¡Yo no lo dudaría!

CARCELERO.-¡Ni yo!

RAFAEL.-En ese caso… ¡Seremos compañeros!

(Extrañado.)

CARCELERO.-¿Tú y yo?

RAFAEL.-¡Naturalmente! Vendrá el nuevo jefe… ¡Una delicia! Y si es tan bueno como tú…

CARCELERO.-Estoy de esto… ¡Cuento los días que me faltan para jubilarme! Siempre, siempre encerrado en este trabajo con los prisioneros… Llega un momento que también te crees un condenado más.

RAFAEL.-Me estás decepcionando. ¡Qué poca vocación! ¡¡No hay un lugar mejor este!!

(Se miran serios. PAUSA.)

CARCELERO.-Tengo que irme.

RAFAEL.-¡Suerte!

(Descorre el cerrojo.)

CARCELERO.-Descorreré por última vez el cerrojo. ¡No te olvides de correrlo!

RAFAEL.-¡No te preocupes!

(Se abrazan.)

CARCELERO.-¡Adiós, Rafael!

RAFAEL.-¡Ya sabes que aquí tienes tu casa!

CARCELERO.-¡Ahora es toda tuya! ¡Disfrútala!

(Mutis de CARCELERO por el centro del primer término. Se miran y saludan. Mutis por el proscenio derecho. RAFAEL corre el cerrojo y hace mutis por la izquierda. UN MOMENTO. Entra por este término. Luce un traje de presidiario, esposas y una bola negra en el pie que le obliga a caminar con dificultad. Va al centro de la escena. Para sí.) 

RAFAEL.-Todos nacemos encadenados por un mundo exterior que nos oprime, persigue y anula como si encontrásemos, entre sus rejas, nuestra propia nada. Huimos de él; intentamos liberarnos. Soñamos ser libres en nuestra propia cárcel. Ya estamos en ella; ya se ha cumplido nuestro gratificante destino. Estoy solo. ¡Todos estamos solos! No hay puntos cardinales en nuestro inexistente caminar. La prisión que elegimos es nuestra meta; la blindada trinchera que nos protege. Estamos vivos y el peligro no existe. Hemos huido de la triste realidad. Nos invade el silencio más y más como si la ausencia de voces fuese nuestro único diálogo. Pero esta estancia sin palabras no puede ser nuestro final. ¡Nos rebelamos! Nos observamos en una existencia sin espejos. Vemos nuestro interior y nos agarramos a él. Siempre lo hemos hecho como el niño que inventa fantasías. Ellas huyeron y el tiempo nos ha hecho madurar. ¡Hemos descubierto la imaginación! La que crea la riqueza de nuestro maravilloso mundo interior. ¡Somos nosotros! ¡Estamos libres! Y sentimos, en nuestra felicidad, que cada ser pinta su eterna primavera. La tuya, la mía, ¡la nuestra!

(SILENCIO. Lentamente cae el

TELÓN

 La Coruña, 2 de diciembre de 2.015

FINAL DE “EL PRESIDARIO ES UN SER MUY DECENTE”.

 

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

Si quieres dejar algún comentario puedes usar el Libro de Visitas  

Lectores en línea

web stats

::: Recomienda esta página :::

Servicio gratuito de Galeon.com