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¡UNA BUENA PRIMITIVA!

de  Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

¡UNA BUENA PRIMITIVA!

 

(Entremés) 

Original de: Raimundo Francés

  bea45azul@yahoo.com

 

Duración: 20 minutos

 

Loli llega a casa cansada y se sienta junto a Pepe para discutir con él un asunto muy serio del que acaba de enterarse. Toma una revista de la mesita y simula leerla.  Pepe simula leer la prensa y apenas hace caso de ella... al principio. Tanto en la revista como en el periódico, ambos disponen del guión. Se tratan apenas sin mirarse, con indiferencia y eso les permite ir leyendo su parte del guión sin gran dificultad. Lógicamente, la situación de cada uno y la forma de sujetar su ejemplar impide que el público pueda ver el interior. Supuestamente, Loli está de frente y Pepe de costado pero al ser el periódico bastante grande es imposible ver la hoja del guión pegada a la del periódico. 

 

El autor se permite imitar literalmente el lenguaje del sur para así imprimir mayor gracejo a la obra, que ha sido escrita para actores supuestamente andaluces.

 

LOLI          - ¡Pepe! ¿Sabes de lo que me acabo de enterar?

 

PEPE – De que Zapatero se va de la política y se va a meter en un convento de franciscanos.

 

LOLI - ¡No, qué va! Es una cosa mu seria.

 

PEPE – Po, más serio que eso, ya...

 

LOLI          - Verás, es un poner... ¿eh? Tú imáginate que a mí me toca una buena primitva, como tres millones de euros o una cosa así, ¿no?

 

PEPE – Perdona, Loli, pero eso es una cosa muy difícil de imaginar. Yo, por más que lo intento...

 

LOLI - ¡Bueno, hombre! Es un poner. Verás, es que me acabo de enterar de que si, por ejemplo, la primitiva la he puesto yo, po, a ti... ¡vamos, que a ti no tengo por qué darte ni un euro asqueroso!

 

PEPE - ¿Ah, sí? ¡No me digas! ¡Po, vaya notición! ¡Vamos, que yo creo que esta noche pa poder dormir me voy a tener que tomar una tableta entera de valerianas! ¡Mira que tiene esta también...!

 

LOLI - ¡En serio, Pepe! Que me lo ha dicho el muchacho ese que es muy amigo de  nuestro hijo, ese que era guardia civil de tráfico.

 

PEPE – Y como te lo ha dicho un guardia civil de tráfico, ¡Ea! Tú ya te lo crees y tó, ¿no?

 

LOLI – Pepe, que ese muchacho sabe un montón de tó.

 

PEPE – Sí, pero ese sabe de poné multas y de parar a la gente en la carretera pa hacerle la prueba del alcohol y toas esas cosas, pero, ¿De primitiva? ¿Qué coño sabe ese chaval de primitivas, joé?

 

LOLI - ¡Po eso me ha dicho, Pepe! Que yo a ti no tengo por qué darte un duro. ¡Bueno! Que si yo te quiero dar una limosnita pa que te tome unas cañas, hasta ahí puedo llegar, pero...

 

PEPE - ¡Mira, Loli, lo primero es que no se puede ir por ahí perdiendo el tiempo escuchando las pamplinas que te diga un guardia civil, por mucho guardia que sea. Y lo segundo es que si tú ganas alguna vez una primitiva de esas, po, naturalmente, tó lo tuyo es mío, igual que to lo mío es tuyo, ¿o no?

 

LOLI – No, Pepe, pero estas cosas de los juegos, eso, aunque tú no te lo creas, eso es aparte ¿eh? ¡Vamos, que yo sé que esta casa es mía aunque tú la pagaras, y que el coche tuyo es tan mío como tuyo, y to eso, pero las primitivas... no sé yo qué decirte!

 

PEPE - ¡Es que no me tienes que decir ná, so tonta! ¿Tú no sabes que tó lo que tenga uno de los dos forma parte de los bienes gananciales? ¡Vamos, me vas a dar tú a mí lecciones, que yo he sío policía de oficinas más de veinte años!

 

LOLI – Sí, Pepe, pero ten en cuenta que si yo juego a la primitiva, es con mi dinero ¿eh? Que no juego con el dinero de tu sueldo.

 

PEPE - ¡Anda, anda! ¡No digas más chuminás! El dinero que tú llevas en el monedero ese asquerosos que te compraste en Ceuta, es dinero que ha salío del mismo sitio, es decir, de mi pensión.

 

LOLI - ¡Po no! No te vayas tú a creer. Que este dinerito que yo me gasto en la primitiva es un dinero que me saco yo de mis ahorros cuando voy a la plaza a comprar, porque tó el mundo no sabe ahorrar en la compra. Y luego, de lo que me gano en el bingo en las amas de casa que muchas veces me gano hasta tres euros.

 

PEPE - ¡No digas más tonterías ya, Loli! ¿O es que el dinero que tú te llevas a las amas de casa no es dinero mío también? Al final, tó es lo mismo.   

 

LOLI – Sí, Pepe, es lo mismo, pero no es igual.

 

PEPE - ¡Bueno, mira! ¿sabes lo que te digo? Que me estás dando la mañana y al final pa  ná, porque ni a ti te va a tocar la primitiva ni a mí la quiniela, ni ná de ná.

 

LOLI – No, si yo lo decía, por si acaso. Porque tú sabes que a mí me puede tocar un día de estos y a mí me gusta estar enterá, que después vienen los compromisos y las tonterías, y a cada uno lo que es suyo.

 

PEPE - ¡Y dale! ¿El otro día no tuviste que pagar una multa al ayuntamiento porque te pilló el gachó aquel tirando la basura a las tres de la tarde? ¿Y con qué dinero lo pagaste? Po, con el mío. ¡natural! Por eso, criatura, métete en la cabeza que si tú algún día eres millonaria, que no lo creo, po, seremos ricos los dos. Ya lo dijo el cura: Pa lo malo y pa lo bueno. ¡Y no hay más que hablar!  

 

LOLI -  Po, perdona, pero yo no estoy mu convencía.

 

PEPE - ¡Ah, todavía no?  ¡Mira que eres dura! (haciendo aspavientos de cachondeo) ¡Mauricia la dura, que se cree que  le va a tocar la primitiva porque detrás de la puerta tiene una herradura!

 

LOLI – Pepe, no te cachondees, que tú sabes que en esta vida pasan muchas cosas raras.

 

PEPE – Sí, claro, como que a mucha gente que le toca una primitiva o un quinielón, al poco tiempo le viene un ruinón. Fíjate las cosas raras que pasan en esta vida.

 

LOLI – Tú lo dices por lo del sacristán ¿no?

 

PEPE – El sacristán, el pobre Pepe el del quince, y muchos más. Así, que es mejor que me dejen como estoy, así, tranquilito, con mi pensión decente, que me llega a lo justito, y que no me den más.

 

LOLI – No, si por eso te lo digo, por si toca algo gordo, es mejor que me toque a mí, y así, a ti no te tengo que dar ná.

 

PEPE - ¡Mira, Chati, ya no sé cómo te lo tengo que decir! ¡Que tú no tienes por qué hacer caso de las tonterías que diga el guardia ese de los cojones! Que tó lo que te venga a ti, me viene a mí también, que pa eso somos un matrimonio, y además de los de antes, no de los de ahora, que esos, ni son matrimonios, ni son ná.

 

LOLI – Eso lo dices tú ahora, porque te crees que no vamos a tener un golpe de suerte, pero...

 

PEPE - ¡Ni peros, ni membrillos! Que si te toca algo, la mitad es mío y punto.

 

LOLI – Po, yo estaba pensando en llamar a mi primo, al que está en notaría, a ver si él sabe algo de eso. No es por ná, Pepe, pero es que es mejor estar preparao, por si las moscas.

 

PEPE - ¡Mira que tiene! ¡Anda, mujer, anda! ¡Llama a tu primo, si así te quedas más tranquila! ¡Verás como te dice lo mismo que yo! Que lo que es de uno, es de los dos.

 

LOLI – Bueno, vale. Lo voy a llamar pero tú no te pongas de mal humor, que yo a ti te conozco.

 

PEPE - ¿Yo, de mal humor? En to caso, lo que me va a entrar es una risa que me voy a desparramar por el suelo, pa que no vayas escuchando por ahí tó las chalauras que te cuenta la gente. ¡Vamos, por Dios!

 

LOLI – (Tomando el móvil que estaba sobre la mesita y marcando)

¡Hola, primo, cómo estás?  Nosotros bien, bien. Pepe, con sus achaques de siempre, pero por lo demás, vamos tirando. Mira primo, que te llamo porque tú sabes que yo, toas las semanitas juego una primitiva ¿no? Como casi to el mundo. Pero es que me ha dicho un amigo de tu primo Fernando, que estuvo en la guardia civil, que si a mí me toca una buena primitiva, que ese dinero es mío solamente, vamos, que quiero decir, que no le tengo que dar na a nadie. ¿Tú sabes si eso es verdad? ¿Cómo? Sí, pero cuando yo digo a nadie, me refiero que a mi marido, quiero decir a Pepe, tampoco le tengo que dar ni un céntimo ¿no?

 

¡Hombre, ya! Pero es que tú estás hablando de una obligación moral de buena esposa, primo, pero aquí no estamos hablando de moralidad ni leches de esas, aquí se trata de aclarar si el premio es mío na más o es de los dos.

 

¿Ah, sí? ¿Lo ves? ¡Si ya lo decía yo que ese muchacho guardia civil me parecía a mí que se sabía lo que decía! ¡Toma ya! ¡Anda, anda! Primo, por favor, te voy a pasar con Pepe para que se lo digas a él, hombre, que se ha cabreao porque dice que por cojones, ese dinero es de los dos.

 

                    (Pasa el móvil a Pepe)

 

PEPE - ¡Mira, picha, a mí no me cuentes historias de esas de las que tú escuchas en esa notaría de mierda! Que tú, ni eres abogao, ni eres juez, ni sabes na más que de archivar las hipotecas en un armario, que no sabes de otra cosa. A tu prima le puedes decir misa, pero a mí, no me convences.

 

Po, yo no estoy de acuerdo. ¡De eso nada!  ¡Vamos, a mí eso me lo tiene que decir el juez, o un ministro del gobierno!  Bueno, po ya veré si lo llamo, que yo todavía conservo mis amistades por esas alturas. ¡Vale, vale, anda sigue trabajando que te vas a eslomar, que trabajas menos que el Risita! ¡Adios, cojones!

 

LOLI - ¿Qué te ha dicho? ¡A que te ha dicho que ese dinero es mío y na más que mío!

 

PEPE - ¿Pero, qué dinero, Loli de mi alma?

 

LOLI - ¡Joé, el dinero que me puede tocar en la primitiva! ¡Los millones!

 

PEPE - ¡Que no, hombe, que no puede ser! Que tu primo no tiene ni idea de lo que está hablando. Además, mira, para que no me des más el coñazo, ahora mismo voy a hablar con un amigo mío que es abogao, y verás tú como ese te va a quitar to esas tonterías de la cabeza.

 

    (Cogiendo de la mesita una especie de agenda donde toma el número para llamar)

 

¡Vamos a ver! Vicente, ¿dónde estaba el teléfono de Vicente? Aquí está.

 

LOLI – Si, pero tú le dices que hable alto pa que yo lo pueda escuchar también, ¿eh?

 

PEPE – Sí, mujer, no te preocupes que te vas a llevar un chasco, que se te va a quitar las ganas de jugar más en tu vida.

 

LOLI – Eso ya lo veremos.

 

PEPE - ¡Vicente! ¡Hombre, Vicentito, perdona que te moleste chico, que yo sé que tu tiempo vale oro, pero es que tenía necesidad de consultar una cosa con un experto y un buen abogao como tú, y me acordé de ti. Verás, Vicente, voy a ser muy breve, porque el asunto no es pa darle muchas vueltas, pero es que solo quería asegurarme pa que mi mujer se quede ya tranquila. Mira, que un chalao le ha dicho en la calle que si ella acierta una primitiva de mucha pasta, ese dinero es pa ella solita.

 

¡Ya! ¿Cómo? No, hombre, si ya eso lo sé. Lo que yo te pregunto es que si a uno de nosotros nos toca una morterá, ese dinero es como un bien conyugal ¿no? Quiero decir que debe de ser del matrimonio completo, ¿no? 

 

¿Cómo? ¡Pero, Vicente! ¿Eso cómo va a ser? O sea, que mi mujer tiene un golpe de suerte de esos, y se convierte en una asquerosa millonaria, y yo, aquí, que me las den toas. Como si fuera un mendrugo de pan mohoso tirao por la calle. Perdona, Vicente, pero eso a mí no me entra.  Ya. Ya, ya. Vale, vale. Bueno, gracias y me alegro mucho de oírte. Ya sabes donde tienes un amigo. Adiós, adiós.

 

LOLI - ¿Qué te ha dicho al final que no lo he entendío muy bien?

 

PEPE – No, que dice que bueno, que esto de las loterías es una legislación muy especial, que bueno, que si me toca a mí una quiniela de muchos millones, pues que ese dinero es pa mí y no tengo por qué repartirlo con nadie. Vamos, él ha empleao unas palabras más técnicas, pero al final quiere decir lo mismo. ¡Vamos, que el dinero es mío y na más!

 

LOLI – Si, pero... ¿Y si a la que le toca los millones de la primitiva es a mí?

 

PEPE – Sí, pero mi amigo Vicente se ha referido a mí. De ti no ha dicho ná. Ten en cuenta, que en este país, todavía el cabeza de familia sigue siendo el hombre.

 

LOLI – Sí, cojones, pero si me toca a mí y no a ti, entonces, el dinero es mío y no es tuyo.

¿Acaso no es igual?

 

PEPE – Bueno, es igual... ¡pero no es lo mismo! ¡Verás, a ver si me entiendes...!

 

LOLI – No, si yo ya te entiendo. Tú, como siempre, el machista de la casa. O sea, que si me toca a mí, el dinero es de los dos, pero si te toca a ti, el dinero es tuyo, ¿no?

 

PEPE – Más o menos.

 

LOLI – ¡Tócate los huevos! Po, como me toque a mí un premio gordo de esos, te vas a quedar mirando pa el techo, como un gilipollas, porque esta que está aquí, a ti, ni una gorda.

 

PEPE – ¿Bueno, Loli, y tó esto, a qué viene, joé? ¡Con lo bien que nos hemos llevao siempre tú y yo, y ahora, por una primitiva de mala muerte, la que estás formando! 

 

LOLI -  Sí, pero hay que ser previsor. Porque, por si tú no lo sabes, a una amiga mía le ha tocao una pasta gansa y le han dicho que la única ganadora es ella, y que si quiere, le puede hacer un regalo a sus hijos, pero no tiene obligación con nadie.

 

PEPE - ¿Y ella, qué ha hecho?

 

LOLI – ¿Po, qué va a hacer? Le ha dao un poco a los dos hijos pa que terminen de pagar la hipoteca, y el resto pa ella.

 

PEPE - ¿Y al marío... no le ha dao ná?

 

LOLI - ¿No te lo estoy diciendo? Es que ella es la que jugó, y el premio se lo dan al que lleve el boleto, y punto. Y ella puede abrir una cuenta pa ella sola o gastarse el dinero como le salga de las ingles, pero el marido, de chófer na más.

 

PEPE - ¡Toma ya! Po eso, no me gusta a mí mucho ¿eh? Porque tú, es un poner ¿no? 

Tú imagínate que te toca un pedazo de premio de esos y necesitas un chófer, tú sabes que yo ya desde que me dio lo que me dio, yo no puedo conducir.

 

LOLI – Ya lo sé. Pero por ahí hay mucha gente que ha trabajao de chófer. Yo le hago un contrato de tres meses, como las de Carrefour y después, al paro, que ya me buscaré otro, porque tú sabes que el gobierno te da un dinero cada vez que contrates a alguien.

 

PEPE - ¡Desde luego! Loli, tú últimamente te estás volviendo un poquito materialista ¿eh? Tú antes no eras así.

 

LOLI - ¡Hijo, es que el dinero cambia a las personas, y eso no se puede remediar! Y tú no sabes la de vueltas que le tengo que dar a la cabeza pa poder ahorrar dos euros y gastármelos en una primitiva, que tú nunca me das un euro pa jugar. Estaría gracioso que después, si me tocara, te tuviera que dar a ti la mitad. ¡Eso ni de coña!

 

PEPE – Es que estás hablando como si ya te hubiera tocao. Pero, menos mal, que te vas a morir con las ganas.

 

LOLI – No se sabe, porque ahora mismo voy al despacho a poner la de esta semana y a ver si he tenío suerte con la de la semana pasá, porque antes, cuando me encontré al guardia civil, pisé una mierda así de grande, y me parece a mí que si no soy millonaria ahora mismo, poco me falta ya, que una tiene sus presentimientos.

 

PEPE – ¡Po, sabes lo que te digo? Que, después de cómo te has portao hoy conmigo, como te haya tocao algo, por aquí no vuelvas ¿eh? ¡Que yo no quiero ná con gente como tú!

 

LOLI – (Ya poniéndose el abrigo para marcharse) ¡Hombre, eso no hace falta que me lo digas! Si me tocao, es cuando ya te puedes ir a la residencia a que te pongan de comer y a que te laven los calzoncillos, y a que te planchen los pantalones, y tó lo demás. Porque yo, del banco, me voy del tirón pa Marbella, y cuando vuelva, no va a hacer falta que nos separemos, porque de todas formas, aunque me encuentres por la calle no me vas a reconocer.

 

PEPE – Sí, hija, sí, vete ya, anda. A ver si te toca dos millones de euros y te vas ya por ahí, que no te vea más. (Vuelve a su periódico sin mirar a Loli)

 

LOLI - ¡Bueno! Hasta luego, o hasta nunca. ¡Quién sabe! Pero, yo creo que va a ser hasta nunca.

 

PEPE – Vale, vale, adiós. Pero no te olvides ¿eh?

 

LOLI – ¿Que no me olvide de qué, desgraciao?

 

PEPE – No, que digo, que no te olvides lo que le pasó al sacristán un año después de la primitiva, y lo que le pasó a Pepe, el del “15”, pocos meses después de la quiniela.Tú eso nunca lo olvides, que eso suele pasar. ¡Agonía! ¡Que tó lo quieres pa ti! ¡Agonía! ¡No te digo…!

 

¡Vamos, con lo feliz que se vive con el dinero justito, pa comer, pa una cervecita, pa un viajito con el Imserso! ¡Igualito! ¡Anda ya! A ver si te resbalas por la escalera y te das un crismazo y vas a tener que disfrutar del dinero metía en un hospital de por vida.

 

LOLI - ¡Envidioso, que eres un envidioso!

              (A esto, se marcha Loli y a los pocos segundos se oyen unos porrazos como si alguien se hubiese caído por las escaleras. Pepe suelta el periódico y se levanta asustado acercándose a la puerta)

 

PEPE - ¡Loli! ¡Loli! ¿Qué te ha pasao? ¿Te has partío la cabeza? ¡Mira que te lo dije! ¡Que no se puede ser tan agonía! ¿No ves que no hay bien que por mal no venga? ¡Loliiiiiii!

 

                                          FIN 

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