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QUÉ SORPRESA

de Adrián Di Stefano 

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de estas obras requiere el permiso del autor, así como abonar los correspondientes derechos al autor a o la entidad de gestión que él indique, a tal fin se inserta en cada texto su dirección electrónica. Para leer las obras y, en su caso, guardar o imprimir, pulsa en el TÍTULO.

 

QUÉ SORPRESA

de Adrián Di Stefano

adriandistefano@gmail.com

 

Personajes por orden de aparición:

LEONOR

ELIZABETH, SU HIJA

ROBERTO o GABRIEL, EL NOVIO, después RICKY.

AURELIO, EL MAYORDOMO

 

LA ACCIÓN TRANSCURRE EN UN AMPLIO LIVING COMEDOR EN LA CASA DE LEONOR Y SU HIJA ELIZABETH. EL MOBILIARIO DE BUEN GUSTO NOS IDENTIFICA UN BUEN PASAR, AUNQUE DEMASIADO PULCRO Y MUY METICULOSO. SILLÓN DE DOS CUERPOS Y UNO INDIVIDUAL CON SU CORRESPONDIENTE MESITA; BAR, IMPORTANTE BIBLIOTECA, LÁMPARAS Y ADORNOS MODERNOS. ENTRADAS POR DERECHA E IZQUIERDA DEL ESPECTADOR, QUE COMUNICAN EL AMBIENTE CON LA SALIDA A LA CALLE, BAÑO, HABITACIÓN DE SERVICIO, BAÑO, DORMITORIO Y COCINA. AL INICIARSE LA ACCIÓN, EL ESPACIO SE ENCUENTRA VACÍO Y EN PENUMBRA MIENTRAS SUENA EL TELÉFONO. SE CALLA Y VUELVE A SONAR A TIEMPO QUE ENTRA LEONOR DEL BAÑO VISIBLEMENTE MOLESTA Y ARREGLÁNDOSE LA ROPA. ES EVIDENTE QUE FUE INTERRUMPIDA EN SU LABOR. SE TRATA DE UNA MUJER MADURA PERO DE MUY BUEN ASPECTO. DISTINGUIDA Y ELEGANTE Y DE MUY BUEN PORTE Y PRESTANCIA.

 

LEONOR.- Pero será posible que no te dejan ir al baño ni tan siquiera. ¡Hola!... ¡Hola!... Pero porque no te dejás de jorobar. Si llamás hablá y sino no llamés. Y de paso podés aprovechar a usar el dedo para otra cosa… (SUENA SU CELULAR QUE CUANDO LO QUIERE ATENDER SE LE CAE. LO LEVANTA Y HABLA PERO SE CUENTA QUE ESTÁ APAGADO. LO VUELVE A PRENDER) ¡Hola!... Ahora te callás por acá… Hablá… Qué va a hablar si se me apagó al caerse. Hoy todo me está saliendo espléndido. Con un poco de suerte se me termina de romper el celular, así me decido a cambiarlo por algo que funcione como corresponde. Todo por dejar que mi hija elija por mí. Para ella lo mejor, para mí lo que va dejando ella. Pero ni se imagina la sorpresa que se va a llevar esta vez… (SE FIJA EN EL CELULAR QUIEN HABÍA LLAMADO) Fuiste vos mi amor quien llamaste y yo que te gritaba pensando que eras el o la imbécil que llama y no contesta. Bueno, menos mal que se me cayó y no lo atendí porque me lo hubiera agarrado con él. (MARCA UN NÚMERO EN SU CELULAR. ESPERA LO QUE SE SUPONE ES EL MENSAJE DE UN CONTESTADOR) Bueno, imagino que estarás ocupado. Cuando puedas llamame. Estaba en el baño y por eso no te pude atender. ¡Te dejo un beso! (ENTRA ELIZABETH DE LA CALLE CON UNOS CUANTOS PAQUETES. ES EVIDENTE QUE SOLO LA DIFERENCIA DE SU MADRE, UN CARÁCTER EXPLOSIVO E IMPULSIVO. AUNQUE TAMBIÉN EN ESO PUEDE PARECERSE A SU MADRE)

ELIZABETH.- ¿A quién le dejaste un beso? Lo único que falta es que te busques un novio. Asumí tu edad y ayudame con estos bártulos que se me van a caer y ni quiero pensar en tener que comprarlos de nuevo.                                                                                                                                     

LEONOR.- Espero que no hayas usado mi tarjeta.

ELIZABETH.- Imposible. Sobre pasaste tu límite. (APOYAN TODOS LOS PAQUETES SOBRE LA MESITA, MENOS UNO QUE SE LO QUEDA ELIZABETH) Este no. Es para mí y no lo comparto.

LEONOR.- Ya me imagino lo que debe ser. ¿Cómo es eso que sobre pasé el límite de mi tarjeta? Porque, que yo recuerde hace rato que ni la uso.

ELIZABETH.- La debe haber usado el amante a quien le mandaste un beso… (SALE POR EL BAÑO)

LEONOR.- Yo no tengo amante. Tus amantes te deben usar la tarjeta. Y lo que es peor, usan la mía.

ELIZABETH.- (EN OFF) ¿Cómo sabés que son más de uno?

LEONOR.- ¿Son más de uno?

ELIZABETH.- (EN OFF) No, mamá. No tengo amantes. ¿Llamó alguien?

LEONOR.- El o la estúpida de siempre que llama y no responde. ¿Te vas a quedar esta noche o salís?

ELIZABETH.- (EN OFF) Esta noche invité a alguien a cenar aquí. ¿Se queda hoy Aurelio?

LEONOR.- Si le pido que se quede, sí. ¿Y yo estoy invitada a la cena o me tengo que ir?

ELIZABETH.- (ENTRANDO) Por supuesto… que te tenés que ir.

LEONOR.- Gracias por estar invitada. Y seré curiosa: ¿qué festejamos?

ELIZABETH.- No festejamos nada. A lo sumo festejo yo algo privado y como corresponde lo comparto con vos que sos mi madre.

LEONOR.- ¡Qué amabilidad de tu parte! Pero debo advertirte mi querida, única e irrepetible hija, que esta noche la que está de festejo soy yo.

ELIZABETH.- Y seré curiosa: ¿estoy invitada o me tendré que rajar?

LEONOR.- Cómo te pensás que no lo voy a compartir con mi hija. Estás invitada y te podés quedar. (SUENA EL TIMBRE DE LA CALLE) Y ahora, como corresponde me tenés que ayudar. Seguime que no voy a poder sola. (SALE MUY DIGNA POR LA PUERTA DE CALLE. LA HIJA SE QUEDA OBSERVÁNDOLA ENTRE CURIOSA Y DESCONFIADA. RELOJEA SU CELULAR Y ANTES DE SALIR)

ELIZABETH.- ¿Y no me llamó?

LEONOR.- (EN OFF) Dale, no te demores. (ELIZABETH SALE. SUENA EL TELÉFONO. VUELVE A ENTRAR LEONOR CON MUCHOS PAQUETES QUE AL QUERER ATENDER SE LE TERMINA CAYENDO) ¡Hola!... Otra vez… Andá a llamar a la prostituta de tu abuela. (CORTA. ENTRA ELIZABETH)

ELIZABETH.- ¡Mamá!... ¿Y si es alguien que te escucha y vos no escuchás?

LEONOR.- ¡Que aprenda a hablar! Mirá lo que me hizo hacer. (VA LEVANTANDO LOS PAQUETES Y LOS PONE SOBRE EL SILLÓN. MENOS UNO QUE SE LO QUEDA) ¡Este no! Es para mí y no lo comparto.

ELIZABETH.- ¿Qué compraste? ¿No habrás usado mi tarjeta?

LEONOR.- ¡Caradura! (LLAMANDO HACIA LA COCINA) ¡Aurelio! Vení que te necesito. (ENTRA AURELIO. MUCAMO MUY RECONCENTRADO EN SI MISMO Y QUE PARECIERA SER MUDO YA QUE TIENE LA PARTICULARIDAD DE NO HABLAR) Llevame esto para adentro y dejalo sobre la mesada que yo después lo acomodo. (AURELIO LE TIENDE LA MANO PARA TOMAR EL PAQUETE QUE LEONOR MANTIENE CON ELLA) ¡No! Este lo llevo yo y no va a la cocina… (AURELIO SALE POR COCINA)                                                                                                                                      

ELIZABETH.- ¿Digo yo; y si le pedís a Aurelio que también lleve estos paquetes a la cocina?

LEONOR.- ¿A la cocina? Pensé que te lo llevabas.

ELIZABETH.- Pensaste mal. Porque hoy cenamos en tu casa y como no quiero ponerte en gastos sos mi invitada con la única condición que después…

LEONOR.- ¡Lo pague yo!

ELIZABETH.- Algunas veces no te equivocas. Decile a Aurelio que lo lleve a la cocina.

LEONOR.- (LLAMANDO HACIA LA COCINA) ¡Aurelio! (ENTRA AURELIO) Llevá también esto a la cocina. (AURELIO LE EXTIENDE EL BRAZO A ELIZABETH POR EL PAQUETE QUE ELLA TIENE CONSIGO)

ELIZABETH.- ¡No! Este paquete se queda conmigo. (AURELIO SALE)

LEONOR.- Digo yo; ¿y a qué se debe este honor que me dispensás en invitarme a cenar en mi casa?

ELIZABETH.- Porque te voy a dar una gran sorpresa.

LEONOR.- No podemos negar que somos madre e hija y nos une una gran semejanza. Precisamente yo también tenía toda la intención de invitarte a cenar porque te quería dar una gran sorpresa. La única diferencia es que te iba a invitar en serio. No como vos que de invitación no tenía nada.

ELIZABETH.- La intención es lo que manda. Y mejor sentate porque ni te imaginás lo que te voy a anunciar.

LEONOR.- Vos también sentate porque después de tu sorpresa, viene la mía y si no lo hacés te vas a caer de espaldas. (AMBAS SE SIENTAN. ENTRA AURELIO. LAS DOS SE QUEDAN MIRÁNDOLO NO ENTENDIENDO PORQUÉ ENTRÓ) Aurelio, ¿pasa algo? (AURELIO LA MIRA A LAS DOS Y SALE) Aurelio tiene esas cosas. Entra cuando no lo llaman y sale cuando tiene que entrar. Y no logro que diga una palabra. Eficiente como pocos pero enigmático. Bueno, te escucho.

ELIZABETH.- ¿Qué me venís reprochando desde hace un tiempo bastante largo?

LEONOR.- Que te está faltando una pata.

ELIZABETH.- Mejor dicho dos.

LEONOR.- Y sí. Aunque no te vendría mal que tenga una tercera.

ELIZABETH.- No seas grosera mamá.

LEONOR.- Tu oreja es la grosera. Yo me refería a un jovato con bastón pero con una suculenta cuenta bancaria.

ELIZABETH.- Bueno, te hice caso mamá y al final creo que encontré lo que estaba buscando.

LEONOR.- ¡Qué bien! Yo también te cuento que al final decidí no hacerte caso.

ELIZABETH.- Así que… ¿A qué te referís?

LEONOR.- No, hijita mía. Te concedo el honor de contarme qué fue lo que hiciste para demostrar que me hiciste caso.

ELIZABETH.- Formalicé con mi pareja actual y esta noche lo vas a conocer.

LEONOR.- Pero qué coincidencia. Yo también…

ELIZABETH.- ¿Vos también qué?

LEONOR.- Estoy en pareja y te lo voy a presentar.

ELIZABETH.- ¿Me estas jodiendo?

LEONOR.- No, hija. No te ibas a creer que yo me iba a vestir santos.

ELIZABETH.- No. Seguramente te ocuparías de desvestirlo.

LEONOR.- Con toda seguridad. Siempre me intrigó saber que hay debajo de una sotana.

ELIZABETH.- Desde que tu marido se hizo cura.                                                                                                                                

LEONOR.- ¡Menos mal que una vez al menos se equivocó! (POR SU HIJA) Y mira lo que salió.

ELIZABETH.- No te tires contra mi padre.

LEONOR.- Si al menos no hubiera acertado de una, hubiera ensayado muchas otras veces y de paso me divertía un poco. ¡Pero no! La embocó de una y si te visto no me acuerdo.

ELIZABETH.- No exageres, mamá. No me pidas que te recuerde que tenía mi pieza pegada a la tuya. Y bien que te la pasabas gritando.

LEONOR.- Porque estaba lleno de cucarachas.

ELIZABETH.- ¡Claro! Y de garrapatas. No lo dejabas en paz.

LEONOR.- Pero si lo único que le pedía era un poco de amor. Y él me mandaba al supermercado. O me traía él las galletitas.

ELIZABETH.- Lo cansaste mamá.

LEONOR.- Ahora decime que se hizo cura porque yo lo acosaba.

ELIZABETH.- Se hizo cura porque se hizo cura y ahora prestame atención.

LEONOR.- Venir a cambiarme por una hostia…

ELIZABETH.- ¡Mamá!

LEONOR- Con las hostias que yo le daba…

ELIZABETH.- ¡Mamá!

LEONOR.- Recuerdo un día, me pidió que lo cacheteara en el…

ELIZABETH.- (EXPLOTANDO) ¡Mamá!

LEONOR.- Perdón, es que me acordé y me entusiasmé. Te escucho.

ELIZABETH.- Conocí a una persona adorable.

LEONOR.- ¡Yo también!

ELIZABETH.- Mamá, podés esperar. Es joven, muy atractivo. Simpático, entrador, honesto y sincero.

LEONOR.- Igual que el mío.

ELIZABETH.- ¿Qué?

LEONOR.- Parecido a tu tío.

ELIZABETH.- Bueno, y lo invité a cenar para que lo conozcas.

LEONOR.- ¿Aquí?

ELIZABETH.- Claro, qué mejor.

LEONOR.- Ponemos un plato más. Porque yo también invité a cenar a un hombre que conocí que precisamente lo puedo citar de la misma manera y con los mismos atributos que el tuyo y te lo voy a presentar aunque no lo puedas creer, hoy.

ELIZABETH.- Me podías haber avisado.

LEONOR.- Claro, porque yo iba a saber que vos tenías la misma intención. (LLAMANDO HACIA INTERIOR) ¡Aurelio!

ELIZABETH.- Con vos es imposible. Naciste para complicarme la vida.

LEONOR.- Te recuerdo que de no haber nacido yo, vos no estarías acá.

ELIZABETH.- Al menos, no me habría dado cuenta. (ENTRA AURELIO)

LEONOR.- Agregá un plato más a la mesa. (AURELIO HACE UN GESTO COMO DICIENDO “¿QUÉ MESA?”) Aurelio, va a preparar una mesa para cuatro personas. Antes eran tres pero se agregó un convidado de piedra, y veremos cuál de los dos es papel o tijera… (LEONOR SE RIE DE SU PROPIO CHISTE MIENTRAS AURELIO PERMANECE INMUTABLE DANDO LA SENSACIÓN QUE NO ENTIENDE NADA) ¿Te acordás, piedra…? No me hagas caso. Y esmerate porque esta noche parece que nos vamos a llevar más de una sorpresa (SUENA TELÉFONO Y LEONOR ATIENDE) ¡Hola!... Sí, ya le paso… (DÁNDOLE EL TELÉFONO A ELIZABETH)                                                                                                                                 

Para vos, y apurate que estoy esperando una llamada… ¡Ah, no! Ahora que recuerdo a mi cebolla le di el número de mi celular para evitar que cuando llame lo atiendas vos y me lo quieras robar. Si estás más tiempo acá que en tu casa. Y con tal de no limpiar en la tuya invitas a cenar a tu zapallo acá.

ELIZABETH.- ¿Qué te parece si me das el teléfono para pueda hablar?

LEONOR.- ¡Y hablá!

ELIZABETH.- Pero es que el teléfono lo tenés vos. (SE LO DA)

LEONOR.- Tanto lío porque no puede hablar porque yo tengo el teléfono. ¿No podés hablar igual? (LE DA EL TELÉFONO. SALE POR DORMITORIO. AURELIO QUEDA ESPECTANTE UN MOMENTO)

ELIZABETH.- ¡No, mamá!... (AL TELÉFONO) ¡Hola!... Amor, ¿cómo estás? (SE APARTA)

LEONOR.- (VUELVE A ENTRAR) ¡Ya está Aurelio! Seguí con lo tuyo y cuidá que no se mezclen las cosas que te di. (VUELVE A SALIR. AURELIO SALE POR COCINA)

ELIZABETH.- Si, claro. ¡Esperándote!... ¡No, no traigas nada! Yo traje todo… Por supuesto. No… ¿Cómo?... No hay problema que hayas llamado acá. Es la casa de mi madre que ya la vas a conocer. Si… es re joven y atractiva… ¡Dale, mentime que me gusta! Bueno, ¿cuánto tardás?... ¡Ah, estas en la otra cuadra! Apurate que bajo a abrirte… Di, ya sé que no te di la dirección, me olvidé. Por eso salgo a abrirte. ¡Dale!... (CUELGA. COMO HABLANDO HACIA INTERIOR) ¡Ma!... salgo a  recibirlo a Roberto.

LEONOR.- (EN OFF) ¡Qué nombre más repetido!

ELIZABETH.- Pero él es único, imposible ser tomado por otro. Ya vas a ver. Y te vas a llevar una sorpresa que ni te imaginás.

LEONOR.- (EN OFF) La sorpresa te la vas a llevar vos. (SALE ELIZABETH A TIEMPO QUE ENTRA LEONOR) ¡Cómo tarda Gabriel! Lo voy a llamar (BUSCANDO EL TELÉFONO) ¿Dónde dejó el teléfono? (TOMA SU CELULAR) Lo llamo con el celular. ¡Hola!... ¿Gabriel?... ¡qué vos rara tenés!... ¿Cómo?... Está bien pero no te demores. Mirá que te estoy esperando. Y quiero que conozcas a mi hija… Dale, mentime que me gusta ¡Zalamero! A pesar de ser muy joven tengo una hija bastante grandecita…. ¡Salí!... cuando me decís esas cosas me dan ganas de comerte a besos… ¿Cómo?... Bueno, dale pero apurate que te quiero… (HABLANDO PARA SÍ) Se cortó. (HABLANDO HACIA INTERIOR) ¡Aurelio! (ENTRA AURELIO) ¡Por favor, esmerate esta noche! Quiero agasajar a una persona especial. Ya lo vas a conocer. No te das una idea la sorpresa que te vas a llevar. (AURELIO INMUTABLE) ¿Qué ponés esa cara? ¿Acaso no puedo yo conquistar a un buen mozo? ¿Dónde viste una mujer de mi edad con este aspecto? Bueno, tampoco “mi edad”… ¡Cuidado la cara que ponés! ¿Podrías estar de acuerdo con lo que digo, no? (AURELIO INMUTABLE) ¡Ah, cierto que esa es la cara de cuando estás de acuerdo! Así que no digas nada. Tu cara me dice que tengo razón. Seguí con lo tuyo y acordate de tenerme bien fresco preparado el champagne para el brindis (AURELIO SALE. HABLANDO PARA SI, POR EL PAQUETE QUE SE HABIA GUARDADO ESPECIALMENTE) Voy a guardar esto en un buen lugar pero que lo tenga bien a mano en el momento oportuno (SALE POR DORMITORIO. ENTRA ELIZABETH CON ROBERTO. HOMBRE DE ASPECTO JUVENIL PERO CUARENTÓN. SE LO NOTA ANSIOSO E INQUIETO)

ELIZABETH.- Pasá, no tengas miedo que mi madre no muerde.

ROBERTO.- No es eso. Me hablaste tan bien de tu madre que estoy ansioso por conocerla. Pero no fue buena idea venir a su casa a cenar. No fue ella la que me invitó y es su casa.                                                                                                                                         ELIZABETH.- Es mi madre, no es una extraña.

ROBERTO.- Pero igual. No es tu casa.

ELIZABETH.- La mía es muy parecida. Tenemos un estilo muy especial y en eso salí totalmente a mi madre. Hasta con los mismos adornos. Tal vez con disposición distinta, pero por lo demás, todo parece igual. Por otra parte, lo va a ser cuando no esté.

ROBERTO.- ¡Eh, ya la estas matando a la vieja!

ELIZABETH.- Mirá que no es vieja. Parece mi hermana. A veces no saben si yo soy mayor.

ROBERTO.- Dale, exagerada. No quieras arreglarla que yo no le voy a contar nada. Si vos aparentas menos años de los que tenés. ¿Puedo pasar al baño?

ELIZABETH.- Esperá porque me parece que está mi madre. (LLAMANDO HACIA INTERIOR) ¿Ma, estás en el baño?

LEONOR.- (EN OFF) ¡Sí! (SU VOZ SUENA RARA COMO SI TUVIERA ALGO EN LA BOCA)

ELIZABETH.- ¿Qué te pasa?

LEONOR.- (EN OFF) ¿Por?

ELIZABETH.- ¡Por tu voz!

LEONOR.- No, nena. No estoy haciendo fuerza. Tengo unas hebillas en la boca. Dame unos minutos y salgo.

ROBERTO.- Che, que no se apure por mí, que puedo esperar.

ELIZABETH.- Es que debe estar ansiosa por conocerte.

ROBERTO.-  Bueno, y yo intrigado por conocerla a ella. Me hablaste tanto, y tan bien que en una de esas te reemplazo.

ELIZABETH.- Tonto, donde vas a encontrar a otra como yo.

ROBERTO.- Saldrás a ella. Pero ni en broma podría estar con otra y menos con tu madre.

LEONOR.- (EN OFF SONANDO CON LA VOZ CAMBIADA) Ya podés pasar. Salgo por el dormitorio.

ELIZABETH.- No es por mí. Roberto quiere pasar al baño.

LEONOR.- (EN OFF) ¡Qué confianzudo! Recién lo conozco y ya quiere usar mi baño.

ELIZABETH.- ¡Mamá!

LEONOR.- Es una broma. Roberto no le hagas caso. Podés usar todo lo de mi casa. A mí también. Menos a Aurelio que tiene la palabra vedada.

ROBERTO.- (A ELIZABETH) ¿Qué, no le permiten hablar? ¿Quién es Aurelio?

ELIZABETH.- El valet de la casa. Nunca emitió sonido alguno. Es muy eficaz pero debe ser mudo. Sordo al menos no es.

ROBERTO.- ¿Puedo pasar al baño?

ELIZABETH.- Claro. (ROBERTO SALE POR BAÑO)

LEONOR.- (ENTRANDO) ¿Dónde está ese churro?

ELIZABETH.- ¡Mamá! No me hagas quedar mal.

LEONOR.- ¿Cuándo te hice quedar mal?

ELIZABETH.- ¿Querés que te enumere la cantidad de candidatos que me espantaste?

LEONOR.- ¡También los escrachos que me trajiste! Una colección propia de Fredy Kruger. Checos, viscos, narigones, vagos y ninguno con cuenta bancaria. Uno solo como la gente te pedía.

ELIZABETH.- Bueno, ahora te lo traje, así que no me lo espantes.

LEONOR.- Si vale la pena me lo quedo.                                                                                                                            

ELIZABETH.- Vos sos capaz. Pero compartirlo no. Si me lo sacas en buena ley, quiere decir que no estaba enamorado de mí. Y doy un paso al costado.

LEONOR.- Tonta, como se te ocurre que me voy a enganchar con alguien que entró a esta casa de tu mano.

ELIZABETH.- Mamá, los hombres son tu debilidad. Y ante la presencia de un hombre no respetas ni a tu propia hija.

LEONOR.- Estas diciendo una estupidez. ¿Dónde está?

ELIZABETH.- En el baño. Entró cuando vos saliste.

LEONOR.- ¿Y qué está haciendo?

ELIZABETH.- No lo sé. No le iba a preguntar.

LEONOR.- Le tenías que haber preguntado. Si iba a hacer lo primero, pasa. Pero si es por lo segundo que se aguante. Que la madre sufre de ansiedad, angustia e histeria compulsiva.

ELIZABETH.- Mamá, basta. Que te va a oír. Ahora viene y quiero que se lleve una buena impresión.

LEONOR.- Pero ahora, cuando se decida a venir, porque es evidente que lo primero que hizo en mi casa es una ca…

ELIZABETRH.- (CORTÁNDOLA) ¡Mamá!

LEONOR.- Bueno, no tiene nada de malo. ¿O vos no vas al baño? Pero eso de decir: “Señora, me ca… (ELIZABETH LE TAPA LA BOCA) en usted”. Si al menos él lo reconociera que se mandó una flor de ca… (LE VUELVE ELIZABETH A TAPAR LA BOCA)

ELIZABETH.- ¡Basta!

LEONOR.- Esta bien, basta. No tenés sentido de humor. Ahora la que se tiene que ir sin conocerlo, al menos por ahora, soy yo. Vuelvo en seguida. Ya tiene que estar por llegar Gabriel. Ese es un hombre que no necesita ir al baño en cuanto llega a una casa. Porque, ¿sabés que se llama Gabriel, no?

ELIZABETH.- Me estoy enterando.

LEONOR.- Gabriel, porque así se llama, no Roberto como el tuyo.

ELIZABETH.- ¿Y qué tiene Gabriel que no tenga Roberto?

LEONOR.-  Repetilo: ¡Gabriel! Suena fuerte, varonil.

ELIZABETH.- ¿Y acaso Roberto, no?

LEONOR.- Sacale el “ro” y queda “berto”.

ELIZABETH.- Pero el “ro” lo tiene puesto, entre otras cosas.

LEONOR.- ¡Ah! Así que la señorita sabe qué otras cosas tiene puesto. Quisiera ver qué “otras” cosas tiene puesto. En cambio mi Gabriel…

ELIZABETH.- ¿Acaso la señora… “señora”, sabe que otras cosas su Gabriel, tiene puesto?

LEONOR.- No me torees que soy tu madre, y toda una señora.

ELIZABETH.- Precisamente, me tenés que dar el ejemplo. Y si yo siguiera tu ejemplo…

LEONOR.- ¿Acaso no fui un ejemplo?

ELIZABETH.- Mamá, ponete un paño frio y bajá los decibeles y andá a buscar al que trae algo puesto.

LEONOR.- ¿Y qué? ¿El tuyo no vino con algo puesto?

ELIZABETH.- ¡No, vino en bolas!

LEONOR.- ¡Qué boquita! (LLAMANDO HACIA COCINA) ¡Aurelio! (ENTRA AURELIO) Yo ahora voy hasta la puerta. Si suena el teléfono atendé vos, porque si atiende ésta es capaz de cualquier cosa… ¿Entendiste? Y le decís que yo estoy abajo                                                                                                                                 esperando y le das la dirección de la casa… (AURELIO IMPASIBLE) No, claro; no le digas nada. Pero atendé… (AURELIO NI SE INMUTA) No atiendas nada, pero

acercate y controlame lo que le diga ésta… y después me contás. (SALE. AURELIO IMPASIBLE. LEONOR VUELVE A ENTRAR) ¡No me contás nada! (LEONOR SALE)

ELIZABETH.- Ya la conoces. Andá nomás. (AURELIO SE QUEDA PARADO MIRANDO EL TELÉFONO. AMBOS SE MIRAN. AURELIO DISIMULA. ELLA DESCUELGA EL TELÉFONO) ¿Así está bien? Andá Aurelio que no pienso atender. (AURELIO SALE A TIEMPO QUE ENTRA ROBERTO)

ROBERTO.- Perdoná la demora, pero no lo pude evitar.

ELIZABETH.- Sos casi de la familia, así que no está mal que te manejes como en tu casa.

ROBERTO.- Esta no es tu casa

ELIZABETH.- Como si lo fuera.

ROBERTO.- ¿Tu madre?

ELIZABETH.- Fue a esperarlo a su novio. Está por venir. Me lo quiere presentar.

ROBERTO.- Qué coincidencia ¿Así que vivís en el mismo edificio que tu madre y ella está esperando a su novio?

ELIZABETH.- Si, ella vive en este piso y yo en una de arriba. Son semipisos.

ROBERTO.- ¿No te molesta si salgo un momento. Me olvidé de comprar penchorros y tengo miedo que me cierre el quiosco.

ELIZABETH.- ¿A comprar qué?

ROBERTO.- ¡Eli! ¿No vamos a festejar acaso?

ELIZABETH.- ¡Ah! Cierto que lo llamabas así. Ya te dije que tengo hora con el ginecólogo. No quiero que uses más eso.

ROBERTO.- Bueno, a mí me fastidia lo mismo. Y además están muy caros. Y encima algunas marcas me irritan y tengo que buscar los importados.

ELIZABETH.- No puedo creer que hasta en eso no se pueda ser nacionalista.

ROBERTO.- A quien no cambiaría por ninguna extranjera es a vos.

ELIZABETH.- ¿Por mi madre tampoco?

ROBERTO.- Ella es industria nacional y mirá la descendencia.

ELIZABETH.- ¡Tonto! Apurate que va a venir mi madre y si te cruzas con ella decile que la cena ya debe estar lista.

ROBERTO.- Eli, no la conozco a tu madre.

ELIZABETH.- Te vas a dar cuenta y cuando la veas vas a decir: “es ella”. Si cuando venís no estoy, es que voy un momento a mi departamento a buscar algo. Te lo quiero mostrar antes de la noche y sin que lo vea nadie más que vos. Un misterio compartido en secreto pero a la vista de todos sin que se den cuenta.

ROBERTO.- ¡A la pelota! (SE BESAN) ¿Un anticipo? Mirá que me está subiendo la bilirrubina!

ELIZABETH.- Que no se te baje. (SE BESAN NUEVAMENTE Y ROBERTO SALE. LLAMANDO HACIA LA COCINA) ¡Aurelio! (AURELIO ENTRA DE GOLPE) ¿Me estabas espiando? (AURELIO NIEGA CON LA CABEZA) Eso espero. Una cosa es que seas bocón… bueno, bocón no. ¡Pero que espíes, no! ¿La cena ya está lista? (AURELIO ASIENTE) Mantenela en el horno, que no se pase que mamá todavía no volvió y yo voy hasta el departamento a buscar algo. Si viene antes decile que yo vuelvo en seguida. (SALE. AURELIO QUEDA IMPASIBLE. ELIZABETH VUELVE A ENTRAR)¡No le digas nada! (SALE. AURELIO QUEDA SOLO. VIENDO QUE NADIE LO OBSERVA SE SIENTA EN EL SILLÓN, LUEGO EN EL OTRO. SE RECUESTA. PRENDE EL EQUIPO DE MÚSICA. SE PONE A BAILAR. SE MIRA EN EL ESPEJO Y SE ARREGLA EL PEINADO. SALE VUELVE A ENTRAR CON UN PEINE. SE PEINA Y BUSCA EN EL APARADOR ALGO. LO ENCUENTRA. ES UN PERFUME. LEE SU ETIQUETA Y HACE GESTO DE COMPLACENCIA. TODAS LAS ACCIONES LAS HACE SIN DEJAR DE MOVERSE AL RITMO DE LA MÚSICA. ESCUCHA VOCES EN OFF Y SALE POR LA COCINA DEJANDO PRENDIDO EL EQUIPO. ENTRA LEONOR CON UNA CONVERSACIÓN QUE SE SUPONE YA VENÍA EMPEZADA FUERA DE ESCENA.

LEONOR.- Seguro mi hija puso esta música. No puede estar en silencio. En eso no sale a mí, que prefiero el silencio y la voz de mi amado solamente golpeándome en mis oídos. Pasá. ¡Ponete cómodo!… (ENTRA ROBERTO, AHORA LLAMADO GABRIEL VESTIDO CON EL MISMO PANTALÓN PERO CON OTRA REMERA Y UN PEQUEÑO BOLSO, QUE COLGARÁ EN EL PERCHERO)

GABRIEL.- ¡Qué parecida!

LEONOR.- ¿Qué?

GABRIEL.- No, digo qué parecido a un departamento que conocí y me resulta por eso muy familiar.

LEONOR.- Ni que hubieras conocido al departamento de mi hija, es muy parecido. Salió a mí en el buen gusto. Y no me extrañaría que buscara a un churro como lo busqué yo. Por otra parte me gusta que te sientas como en tu casa. En una de esas te mudás pronto.

GABRIEL.- No, está muy cerca.

LEONOR.- ¿Cerca de tu casa? Mejor. Podemos estar unos días acá y otros días allá.

GABRIEL.- ¡Eh!... ¡Ah!... Sí, claro. Unos días acá y unos días allá. Va a ser muy complicado porque se llega a descubrir. Hay que ser prudentes.

LEONOR.- Y claro que se va a saber. No vamos a estar ocultándonos. Por algo te quiero presentar a mi hija. Vivimos muy cerca.

GABRIEL.- Acordate que te pedí por un tiempito discreción. Y me prometiste que la ibas a tener.

LEONOR.- Nada más que a mi hija. Es algo que me lo debo y nada más que a ella por el momento. Es más, ya la llamo.

GABRIEL.- ¿Tu hija vive cerca?

LEONOR.- en otro piso.

GABRIEL.- ¿Y ahora en dónde está?

LEONOR.- Seguro que en la cocina con Aurelio, ayudándolo a preparar la cena.

GABRIEL.- ¿Qué cena?

LEONOR.- Vamos a cenar. Te preparé algo muy especial y de postre, ni te imaginás la sorpresa que te vas a llevar. Lo compré pensando en vos y está prohibido negarse.

GABRIEL.- Pero, Leonor. Hoy no me puedo quedar a cenar. Me comprometí con mi Jefe. Y creo que de esta cena depende mi ascenso.

LEONOR.- Pero te dije que te invitaba a cenar. No voy a presentarte a mi hija y te vas a ir. Llamalo y decile que no podés ir. Y, ¿dónde se reunían?

GABRIEL.- En el restaurant de la esquina. Me preguntó en donde quería y para no retrasarme le propuse este lugar para que fuera cerca de acá.

LEONOR.- Bueno, cenás acá y allá te pedís algo liviano diciéndole que estás haciendo dieta. ¿A qué hora lo citaste?

GABRIEL.- (MIRA OSTENSIBLEMENTE SU RELOJ CON UNA EVIDENTE INTENCIÓN DE SALIR DEL PASO) ¡A las diez!     

LEONOR.- ¡Perfecto! Es temprano. Son las ocho. Cenamos temprano.

GABRIEL.- ¿Cómo las ocho? Yo tengo las nueve y media (MIRANDO NUEVAMENTE SU RELOJ) ¡Está parado!

LEONOR.- ¿Desde la mañana? ¡Hum! ¡Te duró mediodía! ¡Buenísimo! Hasta tenemos tiempo para el postre… (LO ACORRALA Y LO BESA) Hoy va a ser hasta con la emoción del apuro.

GABRIEL.- Pero está tu hija y me dijiste que también está el valet.

LEONOR.- Si, Aurelio. Pero él no dice nada. Puede oír y ver, pero como no puede hablar, no cuenta nada. Y además es de confianza.

GABRIEL.- ¿Y si nos saca una foto?

LEONOR.- ¿A quién se la va a vender? ¿Qué importancia puede tener que dos seres se amen? Ya te dije que es de mi absoluta confianza. Y si querés, le doy franco esta noche y listo. Un aperitivo de entrada, vas a la cena, y volvés para el postre de postre. Un esfuerzo doble merece una cena doble. Acá y con tu jefe. Y yo mientras te espero, me preparo, me produzco y otra que ascenso. El puesto de gerente es tuyo.

GABRIEL.- ¡Ojalá! Pero con un ascenso alcanza.

LEONOR.- Esta vez va a ser un ascenso doble. Y no sabés la sorpresa que te vas a llevar. Esperá que llame a mi hija y a Aurelio.

GABRIEL.- ¿No me permitís que pase al baño mientras? Es evidente que algo que comí ayer me cayó mal.

LEONOR.- ¿Vos también?

GABRIEL.- ¿Qué?

LEONOR.- No, solo que a veces llaman la atención las coincidencias. Dame un segundo que voy yo. Quiero ver cómo lo dejó el otro, que seguro no es como vos.

GABRIEL.- (DESCONFIANDO) ¿Qué otro?

LEONOR.- (SIN IMPORTARLE LA PREGUNTA, SIGUE CON SU OBSESIONADA SEDUCCIÓN) ¡Sos único, irrepetible! Y justo me tocó a mí solita. No sabés lo emocionada que estoy. Esta vez la superé a mi hija. ¿A ver si ella puede conseguir uno igual a vos? ¡Imposible! (SALE. QUEDA SOLO GABRIEL SUMAMENTE PREOCUPADO)

ELIZABETH.- (EN OFF) ¡Mamá! ¿Está ahí?

GABRIEL.- (TOMANDO CONCIENCIA DE QUIEN ES) ¡Es ella! ¡No lo puedo creer! ¿Y ahora qué hago?

ELIZABETH.- (EN OFF) Dame un segundo que ya voy.

LEONOR.- (EN OFF) ¡Gaby, dame un segundo que ya voy! Menos mal que entré yo antes que vos.

GABRIEL.- (TOMANDO RÁPIDO SU CELULAR. MARCA Y HABLA) ¡Hola!... ¡Tito! Me tenés que salvar. Me tenés que hacer un favor. Me metí en un quilombo descomunal… Si, ya sé… no me des ahora un consejo… Si, otra vez. ¿Y qué querés que haga? No lo puedo evitar. ¡No!... No puedo salir con una a la vez. ¡Nunca pude! ¡Es más fuerte que yo!... ¡Callate! Y escúchame. El caso es que esta vez son madre e hija y las dos sin darme cuenta me quieren presentar a la otra como su nueva pareja… ¡Sí!... ¿Pero cómo iba a saber que era la hija de la madre o la madre de la hija? Y estoy en la casa de la madre de la hija… ¡Y claro!... ¡No va a ser la madre de la tía! Y tengo a una en el bañó y a la otra en la cocina…. En el living… De la casa de la madre… Pero tarado, si fuera el living de mi casa no te estaría llamando desesperado…. ¡No! Todavía no me vieron juntas. Por eso estoy vivo. .. Es que la puerta de calle está cerrada con llave y son de esas cerraduras que se abren con la llave. ¿Quién habrá el imbécil que las inventó?... ¡Claro! Y cuando sale la madre no me ve acá y me busca y me encuentra

abajo, ¿qué le digo? ¡Me perdí! Dale, no sé, venite… Decí que sos bombero, que se está incendiando la cuadra… ¡Hacé algo!... ¿Y qué se yo cual es la dirección? Me trajo primero la hija que me encontró en la esquina; después la madre que la crucé en la esquina. .. Sí, en la misma esquina. ¡No, al mismo tiempo, no! Y viven en el mismo edificio… ¿Cómo van a vivir en la esquina? Podrían pero no… Corto que ahí viene la vieja… ¡No, imbécil, está muy fuerte, igual que la hija! (CORTA. ENTRA LEONOR)

LEONOR.- Ya podés pasar.

GABRIEL.- Menos mal, no aguantaba más. (SALE AL BAÑO A TIEMPO QUE ENTRA AURELIO)

LEONOR.- ¿Me querés decir dónde está mi hija? (ENTRA ELIZABETH)

ELIZABETH.- ¡Eh! Acá estoy. (A AURELIO) ¿No le dijiste que fui hasta mi departamento? (AURELIO IMPÁVIDO) ¿Por qué estás tan alterada? Ni que fueras a presentarme a tu prometido.

LEONOR.- Si, es por eso. Aurelio, ¿qué esperás? (AURELIO IMPÁVIDO)

ELIZABETH.- ¡No lo trates mal que él no tiene la culpa!

LEONOR.- Si yo no lo traté mal. Aurelio, ¿te traté mal? (AURELIO IMPÁVIDO) ¿Ves? Esa cara quiere decir que no.

ELIZABETH.- Pero si tiene la misma cara para todo.

LEONOR.- No, yo conozco sus expresiones. Subió una ceja y pestañeó dos veces. Eso quiere decir que está contento. Si estuviera enojado subiría la oreja izquierda como aquel personaje de Viaje a las Estrellas.

ELIZABETH.- Mamá, le contestaste mal. ¡Pedile disculpas!

LEONOR.- Bueno, discúlpame Aurelio, pero hoy estoy muy nerviosa. ¿Ves que está diciendo: “no es nada señora”? ¡Gracias Aurelio! ¡Sos muy amable! (AURELIO CONTINUA IMPASIBLE) Andá Aurelio. Que en cuanto llegue el Roberto de ésta, entramos a cenar.

ELIZABETH.- Linda manera de referirte a tu hija. (AURELIO SALE) Bueno, ¿Y dónde está?

LEONOR.- Tú Roberto no lo sé, se lo habrá tragado la tierra.

ELIZABETH.- No, fue a buscar algo muy importante y como de costumbre lo usan tanto que debe estar faltando. Me refiero a donde está tu Gabriel que lo quiero conocer. Me hablaste tanto de él, que quiero ver en qué se parece a mí Roberto.

LEONOR.- En algo se parece. Está en el baño. Parece que a nuestras parejas le provocamos lo mismo. Y no lo voy a estar apurando. El tuyo se tomó sus buenos momentos. El mío tiene todo su derecho porque está en la que puede llegar a ser su propia casa.

ELIZABETH.- Ya lo estás instalando acá. ¡Qué descaro! Como verás yo al mío no lo hice entrar a mi casa

LEONOR.- Claro, porque lo hiciste entrar en la mía. Y ahora resulta que mi baño está siendo probado por los hombres de las mujeres. Y los dos no hacen más que mandarse en mi propia casa una flor de…

ELIZABETH.- ¡Mamá! No te olvides que uno de ellos es tu prometido. No hables así de él que te puede escuchar.

LEONOR.- ¡Tenés razón! ¿Me habrá escuchado? (SE ACERCA AL BAÑO) ¿Le habrá pasado algo? No se lo escucha. ¿Le pregunto si está bien?

ELIZABETH.- Dejalo tranquilo. Se va a poner nervioso y si no se lo escucha es porque está concentrado en cómo salir del trance.

LEONOR.- ¿Qué trance? Está haciendo lo que todo el mundo. (SE ACERCA AL BAÑO NUEVAMENTE) ¡Gabriel! ¿Todo bien?

GABRIEL.- (EN OFF, CON VOZ DISTORCIONADA) ¡Si, todo bien! Ya salgo.

LEONOR.- Debe estar haciendo fuerza y por eso su voz.

ELIZABETH.- ¡Mamá! Voy un  minuto a la cocina para que no me vea acá cuando esté saliendo del baño. (SALE POR COCINA. ENTRA GABRIEL CON CARA DE CIRCUNSTANCIA CREYENDO QUE VA A ENCONTRARSE CON AMBAS Y DE ESA MANERA SER DESCUBIERTO)

LEONOR.- ¿Y esa cara?

GABRIEL.- ¡Yo…! (MIRA HACIA TODOS LADOS) ¿No está?

LEONOR.- ¿Quién?

GABRIEL.- Tu hija…

LEONOR.- Está en la cocina. La sorpresa que se va a llevar cuando te vea tan guapo. Ni se lo espera. Entro un minuto a mi dormitorio a cambiarme este corpiño que me está apretando. Salvo que me lo quieras arrancar vos (SE LE ACERCA INSINUANTE) Hoy estás más lindo que nunca. Y ella se cree que su adorado está mejor que vos. ¡Imposible! ¡No hay otro igual!

GABRIEL.- Leonor, que puede entrar tu hija.

LEONOR.- ¡No te vayas eh! Es más, no me voy a poner corpiño para que te pongas cachondo y te tengas que aguantar delante de mi hija. (SALE. SE ESCUCHA LA VOZ DE ELIZABETH ANTES DE ENTRAR)
ELIZABETH.- (EN OFF) Está bien, Aurelio esperá que le pregunto a mamá. (RAPIDAMENTE SACA DE SU BOLSO LA REMERA QUE USARA CUANDO ES ROBERTO Y SE LA CAMBIA)

ROBERTO.- (HABLANDO PARA SÍ) ¡Apurate que ya entra!

ELIZABETH.- (SORPRENDIDA) ¡Roberto! ¿Cuándo llegaste?

ROBERTO.- Recién, tu mamá me abrió.

ELIZABETH.- ¿Por qué estás tan agitado?

ROBERTO.- No sabés lo que tuve que correr para encontrar un quiosco abierto y que tenga mi marca preferida. Parece que todos los quioscos estaban en mi contra. El que a mí me gusta lo encontré en el quiosco que está más lejos.

ELIZABETH.- Pero hubieras traído cualquiera. Da lo mismo.

ROBERTO.- No, para esta noche tan especial, el mejor. Bueno, y corrí para no retrasarme.

ELIZABETH.-  (SE LE INSINÚA) ¡Ay, como te quiero! ¡Sos único! ¡Inigualable! Y mi madre cree que el de ella es especial y mejor.

ROBERTO.- Ely, que está tu madre en el dormitorio. Sabés que me olvidé de traer algo en el apuro.

ELIZABETH.- ¡Nada, no hace falta nada!

ROBERTO.- Pero, cómo voy a venir con las manos vacías. Salí con esa intención y concentrado en lo importante, me olvidé de lo que iba a traer. Dejame ir a buscarlo. Está abierto el restaurant de la esquina.

ELIZABETH.- No hace falta. Esperame un momento que le tengo que preguntar algo a mi madre. (SE ACERCA AL DORMITORIO) ¡Mamá, podés venir que llegó el momento!

LEONOR.- (EN OFF) Ya voy. Esperame que se me trabó este condenado corpiño y no lo quiero romper.

ELIZABETH.- ¡Apurate! Y dice Aurelio…

LEONOR.- (EN OFF) ¿Qué dijo? ¿Habló?

ELIZABETH.- No mamá. Me miró fijo y me di cuenta que me preguntó, ¿si a lo que está preparando le pone el condimento mejicano o no?

LEONOR.- (EN OFF) ¡No, nena! ¡Me encantaría, pero como vienen los hombres, hoy no es aconsejable!

ELIZABETH.- (MUY MIMOSA) ¡No te vayas a ir, eh! Y si mi madre sale antes que yo vuelva, no le sonrías mucho que es capaz de querer seducirte creyendo que esa sonrisa es complaciente. Tiene una debilidad por los hombres guapos. Y como ella es muy atractiva, no quiero que te entusiasmes.

ROBERTO.- Ely, no estoy para bromas. Me tiene muy tenso saber que voy a ver a tu madre.

ELIZABETH.- ¿Tenso? ¡Hum! Eso me gusta. Mantenete así. Que cuando te ponés tenso, nada te afloja. Solo esperame un poco. Que no sabés la sorpresa que te tengo preparada. (SALE. A TIEMPO QUE SE ESCUCHA LA VOZ DE LEONOR QUE ESTÁ POR ENTRAR)
LEONOR.- (EN OFF) ¡Mi cielo! (RAPIDAMENTE ROBERTO VUELVE A CAMBIARSE CON LA REMERA DE GABRIEL. ENTRA LEONOR) ¿Y mi hija?

GABRIEL.- En la cocina. Leonor, estoy muy incómodo.

LEONOR.- Pero si ella solo está preocupada porque me va a presentar a su prometido. ¿Te crees que va a reparar en vos? ¿Por qué estás tan agitado?

GABRIEL.- Porque estoy algo descompuesto. Y precisamente, no es momento para que ambas presenten a sus prometidos. Yo debo tener una cara…

LEONOR.- Bueno, él también. Así que no te preocupes que no es a ella a quien tenés que impresionar con tu cara. Y hoy lo que menos me interesa es tu cara.

GABRIEL.- No me lo hagas más difícil. Que ya tengo ms nervios destrozados por la cena con mi Jefe. (SUENA SU CELULAR) ¡Hola!... No, de maravillas… ¿Qué?... ¡Cómo no!...

LEONOR.- ¿Es tu Jefe?

GABRIEL.- ¡Eh!... ¡Ah!... ¡Sí!... ¡Cómo no, señor! Si, ya voy para allá, estoy muy cerca. Es más, ya estoy saliendo (CORTA LA COMUNICACIÓN Y GUARDA SU CELULAR) Se adelantó y ya vino.

LEONOR.- Pero Gabriel, ¿y ahora qué hacemos con la cena?

GABRIEL.- Coman ustedes, que yo seguro llego a los postres. (SE ESCUCHA LA VOZ DE ELIZABETH)

ELIZABETH.- (EN OFF) ¿Mamá, estás ahí?

LEONOR.- Claro, ¿qué estás haciendo?

ELIZABETH.- (EN OFF) Ayudando a Aurelio a poner la mesa.

LEONOR.- Vení nena.

GABRIEL.- Laura, dejame irme antes que llegue. Así me conoce cuando vuelvo y no cuando me voy.

LEONOR.- Esperame que voy a buscar la llave al dormitorio (SALE POR DORMITORIO. ENTRA ELIZABETH POR COCINA. ANTES RAPIDAMENTE ÉL SE CAMBIA DE REMERA)

ELIZABETH.- ¿Roberto, y mi mamá?

ROBERTO.- En el dormitorio.

ELIZABETH.- ¿Qué quería? ¿Y su novio no llegó?

ROBERTO.- No, tal vez no venga. Se está haciendo tarde.

ELIZABETH.- ¿Tarde? Pero si no son ni las nueve.

ROBERTO.- Pero en esta zona es muy peligroso andar solo a estas horas.

ELIZABETH.- No exageres Roberto. Acá al lado está el departamento de policía.

ROBERTO.- Con más razón. Salen a recorrer y dejan vacía la comisaría. Por eso se escapan tanto los presos.

ELIZABETH.- ¿Por qué estás tan transpirado?

ROBERTO.- ¡Eh!... ¡Ah!... Porque no me siento bien. ¿No te parece que tenemos que dejar para otro momento presentarme a tu madre? Mirá la cara de enfermo que tengo.

ELIZABETH.- Conociendo a mi madre, no te va a mirar la cara. Voy rápido a la cocina. Decile a mi madre que lo llame a su novio y le diga que se apure.

ROBERTO.- Le digo que se apure… (ELIZABETH SALE A TIEMPO QUE ÉL SE CAMBIA DE REMERA) a traer la llave (ENTRA LEONOR)

LEONOR.- ¡No las encuentro! ¿Vos no las viste?

GABRIEL.- ¿Cómo que no encontrás las llaves?

LEONOR.- ¡Y no encontrándolas!

GABRIEL.- ¿Y ahora cómo salgo?

LEONOR.- ¡Será que te tenés que quedar! Sabés que no me gusta que salgas (SE LO DICE EN FORMA INSINUANTE).

GABRIEL.- Leonor, no me puedo quedar. ¡Me va la vida!

LEONOR.- No es para tanto. Si ya tenés un ascenso siempre que estás conmigo. ¡Y cómo te crece!

GABRIEL.- Leonor, no es broma. Es la última oportunidad de no ser descubierto.

LEONOR.- ¿Qué?

GABRIEL.- ¡Eh!... Que no tengo título universitario que se necesita para el puesto que estoy buscando.

LEONOR.- ¿Mi hija está en la cocina?

GABRIEL.- Sí, y apurate que ya va a venir.

LEONOR.- ¿Quién?

GABRIEL.- ¡eh!... Me imagino que su novio y no quiero que me vea acá. No queda bien que yo me vaya en cuanto él llega. Parece como un desprecio.

LEONOR.- (HABLANDO HACIA INTERIOR) ¡Nena! ¿Tenés tus llaves ahí?

ELIZABETH.- (EN OFF) ¡Sí!

LEONOR.- ¡Me las traes!

GABRIEL.- ¡No!...

LEONOR.- ¿No, qué, Gaby?

GABRIEL.- ¡Que no la hagas venir!

ELIZABETH.- (EN OFF) Vení vos que no puedo soltar lo que tengo en las manos.

LEONOR.- (CON INTENCIÓN) ¡Nena, que va a venir tu novio!

ELIZABETH.- (EN OFF) ¡Mamá! Vení a buscarlas.

LEONOR.- Ahí voy. (A GABRIEL) ¡No te vayas, eh!

GABRIEL.- ¿A dónde voy a ir? (LEONOR SALE POR DORMITORIO. ÉL TOMA SU CELULAR Y MARCA) ¡Hola!... ¿Dónde estás? ¿Y qué hacés que no venís?... ¡Y qué se yo en donde estoy! ¡Pero veni igual! Me tenés que salvar. Gritá desde la calle: incendio, terremoto, tsunami. Ahí vienen las olas. Van a venir las dos juntas y me matan. Me cortan en pedacitos. Sabés lo que cuido a uno de ellos… ¡No, señor! Lo cuido porque no lo expongo en cualquier lado… Y lo peor que esta vez tienen razón en estrangularme… ¡No puedo!... Está cerrado con llaves y esperá que oigo ruidos… (SE OYE LA VOZ DE ELIZABETH QUE VIENE. SE SACA LA REMERA Y SE PONE LA MISMA. HABLA PARA SÍ) No, salame; te pusiste la misma. (SE CAMBIA NUEVAMENTE DE REMERA)

ELIZABETH.- (EN OFF) Voy yo.

LEONOR.- (EN OFF) Nena, te lo quería presentar yo. Esperate ahí. No sueltes lo que tenés entre manos. Para que veas que soy solidaria.

GABRIEL.- (CAMBIÁNDOSE DE REMERA) ¡Pónganse de acuerdo! Que me estoy volviendo loco.

ELIZABETH.- No, mama. Ya lo solté. Voy yo. (GABRIEL VUELVE A CAMBIARSE DE REMERA)

GABRIEL- ¡Pero la p…!

LEONOR.- (EN OFF) ¿Y se cortó? ¿Estabas batiendo huevos? ¿O se bajó la levadura? ¡Voy yo…! (GABRIEL CAMBIA DE REMERA)

ELIZABETH.- (EN OFF) Quedate ahí que voy yo…

GABRIEL.- ¡No, no está pero ya está!... Ni me acuerdo qué color era para quien. ¡Qué sea lo que Dios quiera! ¡No, a él no lo invoco porque debe estar muy enojado conmigo. ¡Mefisto, ayúdame que por un tiempito estoy con vos!

ELIZABETH.- (ENTRANDO) ¡Roberto! ¿Qué le pasa a mi madre? ¿A quién me quiere presentar si el que está acá sos vos?

ROBERTO.- ¡Era el color!

ELIZABETH.- ¿Qué?

ROBERTO.- No, que no me acordaba de qué color era tu camisa. ¿Trajiste la llave?

ELIZABETH.- ¿Si, pero adonde querés ir?

ROBERTO.- A comprar buscapina. Ya sabés que venía mal pero me empezó a doler mucho el estómago y lo único que me calma es la buscapina. Yo conozco mi cuerpo y te había dicho que venía mal.

ELIZABETH.- Esperá que te traigo que sé dónde los guarda mi mamá en su baño.

ROBERTO.- ¿Encima se los vas a sacar a tu mamá?

ELIZABETH.- Tiene colección. No entiendo por qué tiene tantas. Se debe hacer puré de buscapinas. (SALE POR DORMITORIO)

LEONOR.- (EN OFF) ¿Ya le abriste? (ÉL SE CAMBIA NUEVAMENTE DE REMERA) ¿Y, qué te pareció? No me vas a decir…

GABRIEL.- ¿Qué?

LEONOR.- ¡Mi hija!

GABRIEL.- Fue a tu baño. Fue a buscar una buscapina.

LEONOR.- No las guardo ahí. Están en la cocina. ¿Eran para vos? Ya te las traigo.

GABRIEL.- No, esperá…

LEONOR.- (ACERCÁNDOSE A LA ENTRADA DEL DORMITORIO) Nena, ¿qué haces ahí? No me revuelvas nada. Y el paquete que está sobre mi mesita de luz no lo toques.

ELIZABETH.- (EN OFF) Mamá, ¿Dónde dejaste las buscapinas? ¡Ah, de paso aprovecha a conocer!...

LEONOR.- (CORTÁNDOLA) Están la cocina. ¿Por qué la buscas en el baño?

ELIZABETH.- (EN OFF) Porque siempre las tenés acá. Dame un segundo… ¿Lo viste?

LEONOR.- Pero te dije que no está ahí.

ELIZABETH.- (EN OFF, CREYENDO QUE SE REFIERE A ROBERTO) ¡No, claro, está ahí con vos!

LEONOR.- (SIEMPRE CREYENDO QUE SE REFIERE AL ANALGÉSICO) No, está en la cocina.

ELIZABETH.- (EN OFF) ¿Y qué hace en la cocina?

LEONOR.- Mirá la pregunta que me haces. (A GABRIEL) Voy a buscarlo.

ELIZABETH.- (EN OFF) Ya salgo.

LEONOR.- Ya vengo. Quiero que la sorpresa de verte sea total. (SALE POR COCINA)

GABRIEL.- ¡Sorpresa! Yo quiero las llaves para rajarme. ¿Qué me pongo ahora? ¿A quién se le va a ocurrir entrar ahora? (SE QUEDA EN CUEROS. ENTRA ELIZABETH)

ELIZABETH.- ¡Roberto! ¿Qué haces así? ¿Te vio mi mamá así?

ROBERTO.- Todavía no. Menos mal.

ELIZABETH.- ¿Y por qué te sacaste la remera?

ROBERTO.- Porque no me diste tiempo a ponérmela.

ELIZABETH.- ¡Eh!...

ROBERTO.- Se me metió una avispa en el pecho y no me la pude sacar.

ELIZABETH.- ¿Una avispa? ¿Y dónde está?

ROBERTO.- No sé. Salió volando. Me vio tan grande que se asustó. Y lo peor es que soy alérgico a las avispas. ¿No tenés un repelente?

ELIZABETH.- Si, pero primero tomá la buscapina.

ROBERTO.- No, ya se me pasó. Además eso lo va a traer tu mamá y si no te apurás la avispa va a tener avispitas y se va a llenar toda la casa. Para mí que estaba embarazada. ¡Tenía una panza! Yo le calculo fácil cien avispas bebes.

ELIZABETH.- ¡Roberto! ¿Qué estás diciendo?

ROBERTO.- Yo sé lo que te digo. Dame la llave que abro la puerta, apagamos las luces y abrimos la puerta de calle. Seguro al ver todo oscuro; mejor dicho, al no ver nada, van a otro lado a buscar luz. Y yo evito brotarme todo.

LEONOR.- (EN OFF) ¿Nena, estás ahí? ¿Y qué te pareció? ¿Tenía razón?

ELIZABETH.- ¿A qué te referís?

LEONOR.- (EN OFF) Aurelio, ayudame con esto.

ELIZABETH.- (LE DA LA LLAVE) Tomá. Y apagá la luz que voy a la cocina. Y por las dudas te traigo el repelente. (SALE POR COCINA)

ROBERTO.- (HABLANDO CONSIGO MISMO) ¡Decime que tengo las llaves conmigo! ¡Decime que me puedo ir! ¡Gracias Mefisto! ¡Sos un genio! Me parece que me voy a tomar unas vacaciones morales. Un año sabático de buenas acciones. Después te recompenso (HABLANDO COMO A ALGUIEN SUPERIOR. SE DIRIGE A LA ENTRADA AL DEPARTAMENTO Y SALE. ENTRAN ELIZABETH CON UN REPELENTE EN LA MANO Y LEONOR)

LEONOR.- ¿Por qué está todo oscuro?

ELIZABETH.- Apagué la luz porque había una avispa y al abrir la puerta de calle seguro salía en busca de luz (PRENDE LA LUZ) Bueno, te presento a…

LEONOR.- Te presento a… (LO DIRÁN AL MISMO TIEMPO)

ELIZABETH.- ¿Dónde está? No volvió…

LEONOR.- ¿Qué? ¿Lo viste y salió?

ELIZABETH.- Roberto dejó salir a la avispa.

LEONOR.- Pero el que estaba acá era Gabriel.

ELIZABETH.- ¡No, mamá! Era Roberto y pensé que ya lo habías visto.

LEONOR.- Yo pensé que ya habías visto a mi Gabriel. Ni que fuera la misma persona.

ELIZABETH.- En la cocina estuviste bebiendo de nuevo.

LEONOR.- Ni una gota. Hoy menos que nunca. Bien despierta.

ELIZABETH.- entonces, asómate y fíjate por la puerta de la entrada al edificio y vas a ver a Roberto asustado por la avispa.

LEONOR.- Una avispa no puede asustar a nadie. Salvo que tu Roberto sea una mariposa.

ELIZABETH.- ¿Qué tiene que ver una mariposa con una avispa?

LEONOR.- Son parecidas. Las dos llevan un gusano dentro. Y aunque vivan un día no se quejan porque se pasan el día con el gusano dentro.

ELIZABETH.- Vos debes haber sido avispa en otra vida. Tenés la idea fija.

LEONOR.- No, mariposa porque deslumbro, me poso pero no pico. Me bebo el néctar de una flor y anuncio la llegada de la primavera.

ELIZABETH.- ¡Mamá! Lo que había acá era una avispa. Con este repelente si no se fue lo voy a espantar y correte si no querés que te salpique a vos también.

LEONOR.- Tanto lío por una avispa.

ELIZABETH.- Roberto es alérgico.

LEONOR.- Tu Roberto me parece que es más fallado que un simple gusano. Pero como el que estaba acá era Gabriel ni le debe haber molestado la avispa. Porque es un verdadero hombre íntegro y fiel. No hay otro igual. Ni él se parece a sí mismo. Imposible cambiarlo por otro. Y si salió habrá sido porque tocaron el timbre que nosotras no oímos porque Aurelio no paraba de hablar. No, pará de hablar de tu Roberto. Que Gabriel le fue a abrir porque vos le diste la llave. Y decime qué te pareció.

ELIZABETH.- Mamá, el que estaba acá no era tu Gabriel, sino Roberto lo que es bien distinto y la llave se la di a él.

LEONOR.- No te pases que aunque seas mi hija, a éste lo defiendo con uñas y dientes. Y el diente se lo pongo yo solita.

ELIZABETH.- Es imposible con vos. La avispa por lo visto ya no está, así que llévate esto, (POR EL REPELENTE) llamalo a tu Gabriel, prepará los últimos detalles de la mesa que busco a Roberto y vuelvo.

LEONOR.- (LLAMANDO HACIA ADENTRO) ¡Aurelio! (ENTRA AURELIO) Llevate esto para adentro y estate listo que voy a buscar a alguien que entre.

ELIZABETH.- ¿Adónde vas a ir? Aurelio, llevala para adentro (AURELIO CONTINÚA IMPASIBLE)

LEONOR.- Te recuerdo que Aurelio es mío.

ELIZABETH.- ¿Tuyo? ¿Y desde cuando es de tu propiedad?

LEONOR.- ¡Desde que lo pagué!

ELIZABETH.- Mamá, pero ¿qué es un esclavo tuyo?

LEONOR.- Lo pagué en una agencia. Y me mandaron lo mejor y así me costó. Y encima no habla, lo que quiere decir que solo me escucha y no me contradice. No como vos que viniste de regalo y me saliste mucho más cara.

ELIZABETH.- Yo no te pedí venir. Ni mi padre lo quería. Así que solo fue culpa tuya. Así que ahora te la aguantás. A mí y a mi prometido que no lo elegiste vos sino que yo lo incorporé al staff. Y te lo aguantás como yo me voy a tener que aguantar al tuyo (AURELIO SIGUIÓ TODA ESTA DISCUSIÓN OBSERVANDO IMPÁVIDO A UNA Y OTRA)

LEONOR.- Lo importante es saber quién vino primero. Yo estoy antes que vos y mi Gabriel vino antes que tu Roberto. Así que nos corresponde el privilegio de la prioridad y te recomiendo que prestes mucha atención porque la sorpresa que te vas a llevar ni te la imaginás.

ELIZABETH.- ¿La sorpresa sabés quién es el único que se la va a llevar? ¡Roberto! Cuanto te vea.

LEONOR.- ¡No, Gabriel cuando te vea a vos! El único acá que no se va a sorprender es Aurelio y si se sorprende, al menos, no va a decir nada.

ELIZABETH.- Es lo único en que estamos de acuerdo.

LEONOR.- Y, ¿qué esperás, Aurelio? (AURELIO SIGUE INMUTABLE)

ELIZABETH.-No, ¿qué esperamos nosotras?

LEONOR.- A tu Roberto que ya debería haber venido. Lindo plantón. Debut y despedida me parece. No nació el hombre que me haga esperar. Aunque sea un coso tuyo.

ELIZABETH.- Te recuerdo que Roberto no es ningún coso. Y en todo caso el que sí te hace esperar es tu Gabriel, porque a mí, Roberto, no me hace esperar.

LEONOR.- Me lo imagino, sí; ¡rapidito, sencillito y al pie!

ELIZABETH.- ¡Mamá, no seas grosera!

LEONOR.- En cambio el mío… el tiempo que se toma… No como tu padre que se apuró con vos y después violín en bolsa.

ELIZABETH.- Mamá, ¿podemos terminar esta conversación?

LEONOR.- ¡Aurelio! Da tu opinión; ¿quién tiene razón? (AURELIO INMUTABLE) ¿Viste? Subió la ceja izquierda. Me dio la razón. (A AURELIO) Podés ir nomás para cocina que ya vamos… ¡Aurelio! ¿Sacaste la torta del horno? (AURELIO HACE GESTO DE DESAGRADABLE NEGACIÓN) ¿Y qué esperás? No le vamos  a ofrecer una torta quemada. (AURELIO SALE) Lo único que falta; que por culpa de tu coso, la avispa y el avestruz que sos vos, se nos queme la torta.

ELIZABETH.- La culpa en todo caso la tiene tu Gabriel que si no llegó será por algo. ¡Andá Mamá! Fíjate qué pasó con la torta.

LEONOR.-  Acompañame al menos. Que quien salió y va a volver a entrar es Gabriel solo al menos que haya encontrado a alguien con cara de Roberto que venga con él.

ELIZABETH.- Apurate mamá. (SALEN AMBAS. LUEGO DE UNA BREVE PAUSA SE ASOMA SIGILOSAMENTE ROBERTO/GABRIEL CON CARA DE DECEPCIÓN Y ANGUSTIA)

ROBERTO.- ¡Mefisto, me engañaste! ¿Me ilusionaste para qué? ¿Por qué no evitaste que se me rompiera la llave en la cerradura? A mí me tiene que pasar todo. ¿Y ahora qué hago? ¡Si una ventana diera a la calle! Y la otra llave no la encuentran. ¿Dónde se habrá metido? Y lo peor es que aunque la encuentren no va a servir porque se me rompió dentro de la cerradura. Espero que vengan de a una. Al menos Diosito me sigue ayudando. Se ve que me quiere recuperar para él. ¡Te prometo que si salgo de ésta, no juego más con dos! (COMO MIRANDO HACIA UN SER SUPERIOR HACIA ARRIBA) ¡No, con tres tampoco! De a una… por día. Nunca más dos en un mismo día… Bueno, pará; no pidas tanto de golpe. Prometo lo que puedo cumplir.

ELIZABETH.- (EN OFF) Ya vengo mamá. (ROBERTO RAPIDAMENTE SE CAMBIA DE REMERA PARA PONERSE LA QUE HABITUALMENTE USABA CON LEONOR)

ROBERTO.- (HABLANDO PARA SÍ) ¡Rápido!...

ELIZABETH.- (ENTRANDO) ¡Roberto! ¿Te cambiaste de remera?

ROBERTO.- ¡Eh!... ¡Ah!.. ¡Si!... La otra estaba toda transpirada.

ELIZABETH.- ¿Se fue la avispa?

ROBERTO.- ¡No!... Se me rompió la llave dentro de la cerradura.

ELIZABETH.- ¡Uh! Y la llave de mi mamá no la encuentro. Esperame que voy a revisar bien su habitación. Y no te asustes si vuelve la avispa.

ROBERTO.- La vi en el pasillo y por eso acá cerré la puerta. Pero aunque la encuentres la llave… (ANTES DE TERMINAR LA FRASE SALE ELIZABETH) vas a necesitar a un cerrajero. No me escuchó. Me vio con la otra remera y no se dio cuenta. ¡Pero qué imbécil! Para qué me preocupé tanto en cambiarme de remera, si era lo mismo. Si me veían juntas no iba a importar el color de la remera. Lo que iba a importar era el color de mi cara después de los cachetazos que me iban a dar.

LEONOR.- (EN OFF) Nena, oime una cosa (RAPIDAMENTE ROBERTO SE CAMBIA DE REMERA INSTINTIVAMENTE)

ROBERTO.- (HABLANDO PARA SÍ) ¡Pero qué hago!

LEONOR.- (ENTRANDO) Gabriel, ¿dónde te habías metido? ¿Te cambiaste de remera?

GABRIEL.- ¡Eh!... ¡Ah!... ¡Sí!... La otra estaba totalmente transpirada, porque me siento mal y siempre por las dudas llevo una de repuesto.

LEONOR.- ¿Mi hija te vio?

GABRIEL.- No, creo que está en el dormitorio, buscando la llave de la calle.

LEONOR.- ¿Y la otra llave?

GABRIEL.- Se me rompió en la cerradura.

LEONOR.- (HABLANDO PARA ADENTRO) ¡Nena, podés venir! No hace falta que busques la llave.

GABRIEL.- Dejala buscar la llave. Yo mejor espero en la puerta por si entra o sale alguien.

LEONOR.- Hay que llamar a un cerrajero para que saque el resto de la llave que se rompió y el portero a esta hora no atiende.

GABRIEL.- ¿Y entonces qué hacemos?

LEONOR.- (INSINUANTE) Le digo a mi hija que nos espere en la cocina y en un descuido aprovechamos a seguir buscando la llave por toda la habitación. Debajo de la cama, en la alfombra. En una de esas no encontramos la llave pero encontramos otra cosa mejor. Total la llave ya no nos va a servir de mucho. En cambio si encontramos alguna otra cosa, seguro que sí nos puede servir.

GABRIEL.- Leonor, ¿qué podemos encontrar que nos pueda servir en lugar de la llave? ¿Una ganzúa?

LEONOR.- (CADA VEZ MÁS INSINUANTE) No precisamente. Puede que no sea para sacar nada. Sino para poner algo.

GABRIEL.- ¿Pero qué se puede poner si no hay espacio para nada más?

LEONOR.- No te creas. Siempre se puede hacer un esfuerzo y encontrar la forma en que pueda entrar algo más. Mientras tanto ella puede llamar al cerrajero y lo espera en la puerta mientras Aurelio le hace compañía.

GABRIEL.- Leonor, serenate un poco y dame el número del cerrajero de esta zona que yo lo espero abajo. Ustedes no se preocupen. Esperen acá.

LEONOR.- No tengo ningún cerrajero conocido y a estas horas no encontrás a nadie. Presiento que tendremos que pasar la noche juntos pero no pienso compartirte con mi hija. Ella en todo caso que se distraiga con Aurelio ya que yo no tengo la culpa que su novio no haya venido.

GABRIEL.- Leonor, no me puedo quedar acá. ¿No tenés algo para meter dentro?

LEONOR.- ¡Yo no, pero vos sí!

ELIZABETH.- (EN OFF) Mamá, ¿estás ahí?

LEONOR.- (HABLANDO PARA ADENTRO) ¡Sí!... (EN VOZ BAJA) ¡Y muy bien

Acompañada! (VOLVIENDO A HABLAR FUERTE) Pero no vengas. Esperame ahí que quiero mostrarte algo. Ya voy. (EN VOZ BAJA) Dale, aprovechemos que estamos solos.

GABRIEL.- ¿Leonor, qué te pasa?

LEONOR.- ¡Qué no me pasa! Esta situación me excitó mucho.

ELIZABETH.- (EN OFF) Mamá, ¿estás bien? ¡Te oigo rara!

LEONOR.- ¡Si, nena! Muy bien pero dame un minuto y estoy con vos. (LO ACORRALA A GABRIEL) Cada vez te veo más grande.

GABRIEL.- Leonor, va a entrar tu hija.

LEONOR.- Ya no importa nada. Me aguanté demasiado. Pero llegué a un punto de ebullición que estoy que exploto. (COMIENZAN A GIRAR POR TODO EL ÁMBITO)

GABRIEL.- Vamos a terminar mal.

LEONOR.- ¡Al contrario! Vamos a terminar muy bien. Dale, apurémonos (SE SACA LA CAMISA Y AL ALCANZARLO LO OBLIGA A SACARSE LA REMERA) Sacate la remera.

GABRIEL.- Leonor, que me sentía mal.

LEONOR.- Yo te voy a hacer sentir muy bien. (LEONOR SIGUE INTENTANDO DESVESTIRLO)

GABRIEL.- Los pantalones no.

LEONOR.- (LE SACA LOS PANTALONES Y ELLA LA POLLERA) Los pantalones sí.

ELIZABETH.- (EN OFF) ¿Qué pasa mamá? ¿Por qué tanto alboroto?

LEONOR.- Esperame ahí, por favor.

GABRIEL.- Andá vos. Va a venir y no vas a saber qué decirle.

LEONOR.- Apagamos la luz y listo. (ACCIONA EL INTERRUPTOR Y APAGA LA LUZ) ¿Dónde estás? ¡No te me escapes!

GABRIEL.- Prendé la luz, Leonor… ¡Ay!...

LEONOR.- No grites, que solo calculé mal.

ELIZABETH.- (EN OFF) ¿Qué pasa, mamá?

LEONOR.- Nada nena. Se me quemó la lamparita y Aurelio la va a cambiar. No vengas que te podés golpear.

ELIZABETH.- (EN OFF) Roberto, ¿está ahí con vos?

LEONOR.- ¡No!

ELIZABETH.- (EN OFF) ¿Y dónde está?

LEONOR.- No lo sé… (EN VOZ BAJA) ¿Dónde estás que no te veo? ¿Dónde te metiste?

GABRIEL.- ¡Y prendé la luz! Y déjame salir.

LEONOR.- Para eso primero tenés que entrar. Y te aseguro que no te dejo salir.

ELIZABETH.- (ENTRANDO AUNQUE AL ESTAR TODO OSCURO NO SE LA VE) ¿Dónde estás mamá?

LEONOR.- ¡Nena, te dije que no vinieras!

ELIZABETH.- Mamá, llamá a Aurelio para que traiga una bombita. (PAUSA SILENCIOSA) ¿Dónde estás?

LEONOR.- Acá, pero no encuentro mi ropa.

ELIZABETH.- ¿Tu qué? Llamá a Aurelio.

LEONOR.- (MUY DESPACIO) ¡Aurelio!

ELIZABETH.- Así no te escucha.

LEONOR.- (CON VOZ FUERTE) ¡Aurelio! ¿Y cómo nos enteramos que entró?

ELIZABETH.- Pedile que zapatee.

LEONOR.- ¡Aurelio, si estás ahí zapateá!… No zapatea. ¡No está!

ELIZABETH.- ¿Roberto no estaba acá con vos?

LEONOR.- ¡No! Roberto no. Estaba… está mejor dicho, Gabriel.

ELIZABETH.- Mamá, Gabriel no vino.

LEONOR.- Roberto no vino, Elizabeth.

ELIZABETH.- ¿Ah, no? ¿Y entonces quién vino? (ACCIONA EL INTERRUPTOR Y PRENDE LA LUZ) ¡La luz estaba apagada!

LEONOR.- ¿Ah, sí? ¡Entonces el que vino es…! (ENTRA AURELIO. AL VER A GABRIEL QUE AL IGUAL QUE LEONOR ESTÁN EN ROPA INTERIOR EXCLAMA)
AURELIO.- ¡Ricky, mi amor! ¿Qué haces acá? (Y SE PRODUCE EL)

    APAGÓN FINAL.

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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