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RATÓN TIERNO PARA GATO VIEJO

de Víctor Antero Flores

 

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

  

RATÓN TIERNO PARA GATO VIEJO

(Teatro)

  Víctor Antero Flores

 victor_afz@hotmail.com

PERSONAJES

MARÍA LUISA: Señora de alta sociedad. 45 años.

JUAN CARLOS: Marido de María Luisa. Abogado de 50 años.

ROLANDO: Hijo de María Luisa y Juan Carlos. 20 años. Estudiante de leyes en una escuela particular.

ANA: Hermana de Rolando. 18 años. Estudiante de administración de empresas en una escuela particular. Fresa total.

JOSÉ: Primo de Rolando y Ana. 20 años, estudiante de preparatoria. De clase social media baja.

ROSALINDA: Sirvienta de la casa. 20 años. Coqueta.

 

Época actual. Interior de una mansión con ricos muebles y adornos de lujo. Sala-comedor  con mesita de centro, Al fondo está la puerta de entrada, hay una escalera lateral a la derecha que lleva a las habitaciones, una puerta de vaivén junto a la escalera que da a la cocina y una puerta de cristal a la izquierda por la que se ve el jardín. En las paredes hay cuadros de paisajes, un espejo de cuerpo completo  y la cabeza disecada de un venado. En un espacio entre la sala y el comedor hay un moderno modular.

María luisa está sentada en el sofá viéndose preocupada en un espejo de mano. Viste conservadoramente, lleva el cabello pintado en tonos otoñales y tiene marcadas arrugas (exageradas) en el rostro. Se estira la piel de los ojos con los dedos y se pone de perfil al espejo. Así cambia de posición varias veces y muestra gran decepción al encontrar arrugas por todos lados.

Ana baja por la escalera. Viste con minifalda y blusa ajustadas, botas altas, y con un peinado de salón. Lleva el control remoto del modular en la mano y apuntándole enciende el aparato. Comienza una música moderna de ritmo candente y en inglés. Ana baja contoneándose como modelo. Llega al espejo y se escudriña tomando exóticas posiciones.

 

MARÍA LUISA: (Molesta y volteando a ver a su hija) ¡Qué haces Ana! ¡Bájale el volumen a ese aparato!

ANA: (Apaga el modular) (Arrogante y con exagerado acento fresa) ¡Uf! Ya andas de pelos otra vez. Te peleaste con papá, ¿verdad?

MARÍA LUISA: (Viéndose nuevamente con tristeza en el espejo) No. Bueno, sí.

ANA: Ay, ustedes siempre se la pasan pelando. ¡Grueso! Así empezaron los papás de la Kikis y ya ves. Nadie la habla ya a esa... (Despectiva) hija del divorcio. ¡Grueso! (Expresa preocupación de pronto y corre hacia su madre y la abraza casi sollozante) Ay, mami. No te vayas a divorciar de papá. No quiero terminar como la Kikis.

MARÍA LUISA: No, hija. No te preocupes. Eso no va a suceder. Lo que pasa es que tu papá ya casi no platica conmigo. Hace muchos años que no me pone atención...

ANA: ¡Ya no te da dinero!

MARÍA LUISA: ¿Dinero? Sí. Lo que no me da es... es... (Comienza a llorar) ¡Es que ya no le gusto! No me trata como antes, se burla de mi forma de vestir, se le queda viendo a Rosalinda y llega tardísimo a dormir.

ANA: ¡Ah, ya no te pela!

MARÍA LUISA: Me tiene descuidada.

ANA: Te tiene pal´ perro.

MARÍA LUISA: Me considera fea.

ANA: O sea, mami. ¡Mira cuantos años tienes!

MARÍA LUISA: ¡Ay, Ana! No soy vieja, solamente que me salieron algunas líneas de expresión.

ANA: Arrugas.

MARÍA LUISA: ¡Ana! (se ve nuevamente en el espejo estirándose el rostro). No, no, no. No son arrugas. Lo que pasa es que el clima me reseca la piel.

ANA: Todas tus amigas se han dado su estiradita cuando se arrugaron. ¿Por qué tu no?

MARÍA LUISA: ¡Porque yo no me he arrugado aún! Lo que pasa es que me la he pasado en la depre tanto tiempo, por culpa de tu padre, que mi expresión no es la misma de hace unos... meses.

ANA: ¡Años!

MARÍA LUISA: Ay, tal vez si me voy unos meses con tu abuela, tu padre me extrañe y cuando vuelva me reciba mejor. Sabes, a veces las parejas se aburren de la rutina, de verse todos los días y hacer las mismas cosas. Eso es lo que le pasa a tu papá. Por eso he pensado en irme de vacaciones, para distraerme... a ver si me extraña.

ANA: Pues quién sabe. Ya ves que cuando el gato no está en la casa, los ratones hacen fiesta.

 

(La puerta de entrada se abre y entra Juan Carlos en traje, con un periódico y el saco al hombro).

 

MARÍA LUISA: (Guardando compostura deja el espejo en la mesita) ¡Tu papá!

ANA: (Corriendo hacia su padre) ¡Papi!

JUAN CARLOS: (Besándola) Hola, hijita. ¿Cómo te fue en la escuela?

ANA: Pues bien. (Insegura) Vimos lo de siempre. Como administrar empresas. O sea, sí. Para eso estudiamos, ¿no?.

JUAN CARLOS: (Fingiendo sorpresa) Ah, qué novedad.

ANA: Bueno, ya me voy.

JUAN CARLOS: ¿A dónde vas?

ANA: Con Carla López. Bye. (Sale)

 

(Juan Carlos va hacia el comedor, pero se percata que su mujer está en el sillón y se detiene).

 

JUAN CARLOS: María Luisa, ¿dónde está Rosalinda?

MARÍA LUISA: (Muy propia) Dónde ha de estar, en la cocina. (insinuando celos) ¿Para qué la quieres?

JUAN CARLOS: (Imitando la modulación de María Luisa) Para qué ha de ser, para que me de de comer.

MARÍA LUISA: (indiferernte) Espérate, ahorita le hablo.

 

(Se levanta y va hacia la puerta de la cocina haciendo todo lo posible por no voltear a verlo. Juan Carlos va hacia el sillón, y se sienta a leer el periódico)

 

JUAN CARLOS: (Para sí mismo) Ay, mujer.

MARÍA LUISA: (Abre la puerta y grita) ¡Rosalinda, ven a servirle al señor! (regresa al sillón y recoge el espejo que dejó en la mesita de centro).

JUAN CARLOS: Mira lo que dice el periódico. Acaba de llegar a la ciudad el cirujano plástico más famoso del mundo.

MARÍA LUISA (Se toca el rostro sintiéndose aludida) ¿y...?

JUAN CARLOS: Nada, aquí dice que es quien les ha dado sus estirones a las personalidades más famosas del cine y la televisión. Por sus manos han pasado desde los rostros más feos del mundo y los ha convertido en los más bellos.¡Así a de cobrar el desgraciado!

MARÍA LUISA: Y ¿a qué vino?

JUAN CARLOS: Va a dar un curso a un grupo de cirujanos. ¡Y lo que dice! Para esto va a hacer una cirugía gratis a una persona que cubra con los requisitos que aquí explica. Necesita una paciente como de cuarenta y cinco años (María luisa se siente aludida y toca las partes de su cuerpo que va diciendo), que padezca flacidez facial, nariz bultosa, papada pronunciada, arrugas de expresión en los párpados, orejas levantadas, labio caído, frente surcada, cuello acartonado, mejillas de buldog (ríe), verrugas saltonas y manchas en en la piel. (Se carcajea). Lo que pide no es una paciente, es el monstruo de Frankenstein. (María Luisa se ve abatida). ¡Ya me imagino a las locas de tus amigas, Teté y la Chacha Gómez haciendo lo imposible por hacerse de gorra su operación anual!

MARÍA LUISA: No sé de que hablas, la Chacha y Teté no se han operado. Se han hecho tratamientos para el cutis, con cremas. Ni que estuvieran tan viejas.

JUAN CARLOS: (Sarcástico) No, si yo no digo eso, solo que a su edad lo que no cuelga, se cae. (Se carcajea)

MARÍA LUISA: ¡Grosero!

JUAN CARLOS: Mira, para que nos hacemos tontos. Yo conozco a sus maridos y ellos me cuentan, con tristeza, lo que hacen y deshacen sus mujercitas.

MARÍA LUISA: Y si se mandan mejorar a sus esposas, por qué han de estar tristes.

JUAN CARLOS: Por las cuentas del hospital, claro. Bueno, debo aclarar que el marido de Teté no se queja, para ellos ese gasto es como ir al cine.

MARÍA LUISA: Pues creo que gana más o menos igual que tu.

JUAN CARLOS: ¿Qué estás insinuando...? ¿Que no te quiero pagar una cirugía plástica porque soy tacaño? El tipo ese es más rico que nosotros. Que viva en una casa igual a la nuestra es nada más porque le gusta ser humilde, no quiere presumir. Además tu no necesitas una cirugía de esas.

MARÍA LUISA: (Emocionada) ¡En serio! ¡Tú crees!

JUAN CARLOS: Sí. Yo pienso que hay que ser sinceros con uno mismo y aceptar que el tiempo pasa. No hay nada mejor que mostrarse tal y como uno es (María Luisa se va desanimando). ¡Para que quieres andar pareciendo lo que no eres! Esas viejas se ven mal, así, actuando como jovencitas sólo porque les estiraron el pellejo. Es mejor darse a respetar por las canas, que la gente vea que uno a vivido y que no por eso es digno de vergüenza.

MARÍA LUISA: (Muy bajo y yendo hacia la mesa del comedor) !Codo!

JUAN CARLOS: (Como que no escuchó bien) ¿Qué?

ROSALINDA: (Entra por la puerta de la cocina con varios platos) Aquí está la comida, ya le voy a servir, señor.

JUAN CARLOS: Qué bien. (Se sienta en la mesa, María Luisa hace lo mismo mostrándose taciturna. Rosalinda comienza a servir).

ROSALINDA: El señor disculpará que la comida se haya tardado, pero como usted no venía, se enfrió y tuve que recalentarla.

JUAN CARLOS: (Mirándola de arriba abajo con disimulo) No, pues si se ve que está buena, está buena.

ROSALINDA: (insinuante) Ay, señor, pues habría de probarla primero, y luego ya me dice que tan buena...

MARÍA LUISA: Rosalinda, trae los refrescos.

ROSALINDA: Si, señora. Usted que quiere agua fresca o...

MARÍA LUISA: Ya sabes que siempre tomo agua sola.

ROSALINDA: ¿Y el señor quiere su refresco...?

JUAN CARLOS: (Mirándole las caderas con disimulo) De cola.

 

(María Luisa finge no velo).

 

(Se abre la puerta principal y entra Rolando intempestivamente con libros en las manos)

 

ROLANDO: ¡Ya vine, que hay de comer! (Avienta los libros en un sillón).

MARÍA LUISA: Vente a comer, Rolandito. (Se dirige a la criada) Rosalinda, sírvele para que se siente, sino se va distraer haciendo quien sabe que cosas en su cuarto y come muy tarde.

ROSALINDA: Pues si come tarde de todos modos le va a tocar recalentado. (Sale)

JUAN CARLOS: ¿Qué dice la escuela de leyes, Rolando?

ROLANDO: (tomando asiento) Estamos haciendo grilla para destituir a dos maestros comunistas.

JUAN CARLOS: ¿Por qué?, ¿qué hicieron?

ROLANDO: Se opusieron a los designios de quienes les pagan.

JUAN CARLOS: ¿Sí, quiénes?

ROLANDO: Pues nosotros, los estudiantes. Puedes creer que se quieren aferrar a que estudiemos los tratados de Marx y Engels. ¡Pues no! Vivimos en una democracia y como jóvenes, somos el futuro de México...

JUAN CARLOS: Ya, ya, ya. A ver, ¿tu y quiénes más se oponen a estos maestros?

ROLANDO: Yo , Peto, Raúl Bean y el Jacobo.

JUAN CARLOS: (Burlón) Ah, yo pensé que eran un movimiento más grande, como el del sesenta y ocho. (Estricto) ¡Pues me dejas de hacer eso y te pones a estudiar!

ROLANDO: ¡Pero...!

JUAN CARLOS: ¡Ah, te opones a los designios de quien te paga la colegiatura!

ROLANDO: No, solo...

JUAN CARLOS:  Yo ya pasé por eso en la escuela de leyes. Lo que han de hacer es buscar menos pretextos para no estudiar.

 

(Se abre la puerta principal y entra Ana)

 

ANA: (Alterada) ¡Papi, mi Chevy no funciona!

JUAN CARLOS: Llévate el de Rolando.

ROLANDO: ¡Y por qué el mío!

JUAN CARLOS: ¡Porque en esta casa yo establecí un régimen comunista y ya!

ANA: ¡Gracias papito!

MARÍA LUISA: Habló Hernán por la mañana.

ANA: ¿Mi tío Hernán?

MARÍA LUISA: Sí. Me dijo que tu primo José viene a pasar dos semanas cono nosotros.

ROLANDO Y ANA (A coro) ¡José!

MARÍA LUISA: Va a venir dentro de dos meses, en vacaciones. Se va a quedar con nosotros.

ANA: ¡Pero por qué! ¿No puede quedarse en un hotel?

MARÍA LUISA: No tiene dinero, por favor. A mi no me gustó la idea, pero no pude oponerme. Tu tío Hernán está perdiendo su  trabajo, le avisaron de su empresa que será despedido, y no puede con todos tus primos, así que los repartirá entre distintos familiares, mientras consigue trabajo.

ROLANDO: Dios, no querrán que se quede en mi recámara.

JUAN CARLOS: Sólo son dos semanas, no escuchaste a tu mamá.

MARÍA LUISA: Sólo es mientras tu tío consigue otro trabajo.

ANA: Y si no consigue.

JUAN CARLOS: Bueno, bueno, es su primo, hace mucho que no viene, ¿por que se oponen tanto a su llegada?

ROLANDO: Tú no lo sabes porque la última vez casi no estuviste en casa.

ANA: Asaltó la despensa, se metió a todos lados, los sorprendí tomando mi ropa íntima y se puso a ver televisión comiendo corn flakes con cocacola y dejó el sillón hecho un asco, ¡grueso!

ROLANDO: Usó mi ropa, mi computadora y mis cosas como si fueran las de él.

ANA: Se viste como naco. O sea, no puedo traer a mis amigas y decirles que es mi pariente.

ROLANDO: Es muy raro, como tonto. No sabe lo que es ir a divertirse a un bar y además pensó que tu jacusi era un escusado grande.

ANA: Se orinó allí.

JUAN CARLOS: (Alarmado) ¡Pero lo limpiaron!

ROLANADO: Nos enteramos de eso hasta el día en que se fue.

JUAN CARLOS: Dios.

ROLANDO: Y no sólo es su comportamiento. También le huelen los pies a...

ANA: A queso, ¡guácala!

ROLANDO: Y lo peor de todo es que sus actitudes no parecen preocuparle.

ANA: Por favor, ni siquiera se da cuenta de que es un naco, casi un chundo y platica con Rosalinda como si fuera de la familia, ¡qué horror!

ROSALINDA: (Entrando con más comida) Pues este José es muy chistoso. Cuenta unos chistes colorados qué... Bueno, nomás me acuerdo y me río.

MARÍA LUISA: (Insinuando que se calle) ¡Rosalinda!

ROSALINDA: Sí señora, ya me iba, sólo le traje la comida a Rolandito. (Insinuante) Espero que le guste el recalentado, como a su papá. (Le sirve) Que quieres, la piernita de pollo o el tuétano. (Piensa un poco) Mejor te doy las piernas y dejo el tuétano para tu papá porque le gusta chuparlo. (Va con Juan Carlos) El tuétano es de ternera, suavecito y sabroso. No como los otros bisteces de vaca vieja y correosa que tiene en el refrigerador. (Juan Carlos sonríe y María Luisa comienza a sulfurarse). Ya debería de tirarlos.

JUAN CARLOS: (Sin caer en el doble sentido) No, creo que los voy a hacer carne seca. Se prestan para eso.

MARÍA LUISA (exaltándose) Pues yo voy a aprovechar que estamos todos aquí, para avisarles que me voy a ir de vacaciones.

JUAN CARLOS: Pero, por qué... así de pronto.

MARÍA LUISA: No, ya lo tenía  planeado desde hace tiempo.

ROLANDO: ¿Y a donde vas a ir?

MARÍA LUISA: A Los Mochis, con mi mamá.

JUAN CARLOS: (Sin darle importancia) Bueno, ¿y cuando te vas?

MARÍA LUISA: Esta semana.

ANA: ¿Y cuando vuelves?

MARÍA LUISA: En uno o dos meses (Sorpresa general).

 

SE APAGA LA LUZ DEL ESCENARIO

(Transición musical de tiempo)

SE ENCIENDE LA LUZ

 

Misma escenografía. Entra Rolando por la puerta principal con libros en la mano y se sienta a leer en un sofá. Ana baja por las escaleras vestida con estrecho y corto vestido de cuero. Lleva el control del modular en la mano, enciende el aparato, se escucha música moderna en inglés y baja contoneándose como modelo.

 

ROLANDO: ¡Ana! Estoy tratando de estudiar, quieres bajarle a eso.

ANA: (Acercándose a él). Y tu quieres dejar de molestar. (Fingiendo glamour) Algún día tendré la oportunidad de ser una top model, por eso debo practicar.

ROLANDO: Desde que se fue mamá hace dos meses, te has puesto muy neciecita.

ANA: Pues claro. ¿¡Quién crees que ha tenido que ocupar el papel de mamá en esta casa!?

ROLANDO: Rosalinda.

ANA: No tonto. El papel de ama de casa sólo puede ser ocupado por alguien con experiencia en la administración. Hay que llevar la contabilidad del gasto, el suministro de alimentos, controlar los ingresos de papá, ver por la limpieza de la casa, delegar responsabilidades a los miembros de la familia, ser un líder en toda la extensión de la palabra. ¡Está grueso!

ROLANDO: En estos dos meses, Rosalinda ha hecho todo eso.

ANA: Pero porque yo se lo ordené.

ROLANDO: (Burlón) Ajá. Todo lo que has hecho es comprar ropa y bajar las escaleras contoneándote.

ANA: Mentira, no es todo lo que hago. También voy a la escuela.

ROLANDO: Pues por eso deberías hacer lo mismo que yo, estudiar. Y ya apaga ese aparato. Mañana tengo examen final de todo este libro, ves, ¡todo este libro!

ANA: ¡Está gruesísimo!

 

(Entra Juan Carlos por la puerta principal. Se nota preocupado mientras lee varios documentos).

 

JUAN CARLOS:  No lo puedo entender. Hay un déficit enorme en mi cuenta bancaria. Muchachos, ¿en qué han estado gastando?

ANA: ¡Ups! Ay, papi. Yo compré unos vestidos...

JUAN CARLOS: Si, si, lo sé. Lo que no entiendo son estos gastos en honorarios a nombre de una asociación que se dedica a obras de caridad. Debe haber algún error. Tendré que ir al banco para aclarar esto.

ROLANDO: ¿Y ya hablaste con mamá? Ella pudo haber hecho el gasto con su tarjeta de crédito.

JUAN CARLOS: Tendré que llamarle. Solamente se ha comunicado un par de veces en estos meses. A propósito, llegó este telegrama (selecciona uno de los papeles), su primo José llega hoy.

ROLANDO: ¡Lo esperaba para dentro de mucho tiempo!

ANA: ¡Ay, no! A ver si lo echan al cuarto de atrás.

JUAN CARLOS: ¡Cómo que al cuarto de atrás! Por favor, es el cuarto de los perros. Como te pones a decir que tu primo merece dormir en ese lugar. No, no, no. José va a dormir con Rolando, aunque les pese.

ROLANDO: ¡Pero papá!

JUAN CARLOS: No se diga más.

 

(Ana hace movimientos y gestos presuntuosos a su hermano. Rosalinda entra  por la puerta de la cocina. José entra silencioso por la puerta principal y no se percatan de su llegada. Viste jeans azules, playera desfajada con estampados; tenis sucios y una cachucha con la visera hacia atrás. Lleva una maleta deportiva).

 

ROSALINDA: Vengo a avisarles que ya está la comida.

JOSÉ: (Apareciendo de pronto) ¡Qué bien! !Qué hay de comer!

 

(Sorpresa y sobresalto general).

 

JUAN CARLOS: ¡José, qué susto me has metido!

JOSÉ: Menos mal que sólo fue el susto, ¿verdad tío?

ROLANDO: Pudiste haber tocado el timbre.

JOSÉ: Bueno, no se esponjen, ya ven como es uno.

JUAN CARLOS: Oye, sí es cierto, ¿cómo entraste si no tienes llave?

JOSÉ: Usé mi tarjeta de crédito.

ANA: ¡Tú!,  ¿tarjeta de crédito?

JOSÉ: Bueno, no es mía. Me la encontré por allí. Además ya está vencida. Pero me sirve para abrir puertas.

JUAN CARLOS: Pero entrar así, sin llamar, con el sigilo de un ratero... es una falta de respeto.

JOSÉ: Qué, ¿no hay confianza?

JUAN CARLOS: Sí, hombre, somos familia. Pero siempre debes de llamar. En fin, nos da gusto que hayas llegado (Hacen muecas Rolando y Ana), olvidemos esto y vamos a comer. Rosalinda, ¿qué hay para hoy?

ROSALINDA: Sopa de verduras con caviar, Champiñones con queso, empanadas de huitlacoche y filete miñón.

JOSÉ: ¡Filete! Yomi, yomi. La única vez que comimos filete en la casa fue cuando papá atropelló una vaca con la camioneta.

 

(Silencio y consternación general)

 

JOSÉ: ¡Era broma! (Todos ríen aliviados).

ROLANDO: Pues vamos a la mesa.

ANA: (A José) ¿Ya te lavaste las manos, primito?

JOSÉ: Sí, primita. Me las lavé el sábado (Ana hace una mueca repugnante mientras caminan a la mesa, José se fija en el vestido de ella). Wow. Nunca creí que algún día te viera tan encuerada, primita.

ANA: ¡Ay! (Escandalizada intenta bajar su minifalda temiendo que estuviera demasiado corta).

 

(Todos voltean a ver a José con reprobación).

 

JOSÉ: Me refiero al vestido de cuero.

JUAN CARLOS:  ¡Ah!

ROLANDO: Bueno, ya. (Se sientan). Rosalinda, sírvenos.

ROSALINDA: Sí. (Sale).

JUAN CARLOS: ¡A, qué caray! Olvide hacer una llamada. Comiencen a comer, voy a la biblioteca (Sale por las escaleras).

JOSÉ: (A Ana) Por fin solos.

ANA: Menso.

ROLANDO: Y ¿qué dice la preparatoria, José?

JOSÉ: Ya voy en mi cuarto año.

ANA: ¿Qué no son solamente dos años?

JOSE: Sí, pero yo ya estoy haciendo mi maestría.

ANA: Uf, ¡grueso!

JOSÉ: ¿Y mi tía, dónde está?

ROLANDO: Se fue de vacaciones a casa de mi abuelita.

JOSÉ: Ah, bueno. Así pasa cuando las señoras se sienten desatendidas por el marido.

ANA: ¡Qué dices! O sea, mi mamá no es de esas señoras.

JOSÉ: No que va, si ya las conozco. Así es mi mamá. En cuanto se siente desatendida por papá se hace la remilgosa, la sufrida y se va con mi agüe. Pero no te preocupes,  al rato se le pasa.

ANA: Pero es que las cosas son distintas en cada familia. ¿Qué no se puede ir alguien de vacaciones sin que la pelusa opine?

JOSÉ: Pues que yo sepa, de vacaciones se va con toda la familia. Al menos que sea la nueva moda en París. Pero te digo que al rato se compone, mientras se le pasa la menopausia.

ANA: ¡Hag!

ROLANDO: ¡Válgame! (Intentando cambiar de tema). ¿Y qué tal el viaje!

JOSE: Dos tres, dos tres. Lo único bueno es que en el camión pasaron una película bien chida.

ROLANDO: ¿Cuál?

JOSÉ: No sé si lo pueda decir delante de Anita. Es una película... de esas feas. (Ríen)

ANA: Ay, sí. Por eso yo no viajo en autobús. Para no soportar esas naquencias. Son para chundos incultos, fachosos, sucios, andrajosos, malhablados...

JOSÉ: Ya estuvo, primita, hasta parece que no me quieres.

ANA: Si sí te quiero...

JOSÉ: Ah.

ANA: Lo más lejos posible de aquí.

JOSÉ: (Finge tristeza) ¡Qué gacha eres!

ANA: No te creas, yo nomás decía. ¡Ay, se me olvidaba que le prometí a Carla López  comer con ella en el Tequito! ¡Pero que tonta, cómo se me olvidó! (Se levanta y va a la puerta) Le dicen a papá que a lo mejor vengo tarde. (Sale)

JOSÉ: (Remedándola) Ay sí, nos vemos en el Tequito, sí en el te quito dinero (A Rolando) ¿Siempre es así?

ROLANDO: Sólo cuando hay visitas.

JOSÉ: Caray. Oye, ahora que no está Ana, mira lo que traje. (Saca unos binoculares de su maleta).

ROLANDO: ¿Y eso?

JOSÉ: Te acuerdas hace dos años, cuando me quede aquí una vacaciones...?

ROLANDO: Cómo olvidarlo.

JOSÉ: Y nos subimos al techo para ver por las ventanas de tus vecinas de la cuadra.

ROLANDO: Eso es cosa de chavos de quince. Además ya no hay vecinas en la cuadra.

JOSÉ: ¿A poco se casaron? ¿O se cambiaron de casa?

ROLANDO: Lo segundo. ¿Por qué no te asomas por esa puerta?

 

(José corre a la puerta del jardín y observa)

 

JOSÉ: ¡Ay güey! ¡Hay un bosque allá afuera!

ROLANDO: Es el jardín. Mi papá compró los terrenos de los vecinos para agrandar la propiedad.

JOSÉ: (Regresa a la mesa) Ya decía yo que desconocía esa barda enorme en la entrada. Hasta le pregunté al taxista si alguien se había traído el muro de Berlín.

ROLANDO: Ay nomás.

JOSÉ: Bueno, a lo mejor si me subo en la barda pueda ver algo. O ya se me ocurrirá qué hacer con estos binoculares. (Observa con estos hacia la cocina) Oye, ¿y Rosalinda todavía duerme donde mismo?

ROLANDO: ¿Qué no la viste suficiente hace dos años?

JOSÉ: Sí, pero ahora se puso más buena, ¿no crees?. ¿A poco tu no la ves? ¿O qué...?

ROLANDO: Qué de qué.

JOSÉ: ¿No le has hecho la lucha? ¿O qué, ya? (Hace señas referentes al acto sexual).

ROLANDO: ¡Por favor! Mira, Rosalinda es la criada, cómo crees que yo...

JOSÉ: Ya vi, como te ve y como le hecha el perro a tu jefe. Si se ve que es bien...

ROLANDO: (Levantándose) ¡Ay, esta Rosalinda como se tarda con la comida! Ni modo, tengo que ir a estudiar con mis compañeros del Tequito. Allí le dices que cuando vuelva me la recaliente.

JOSÉ: Ah, picarón. ¡No te digo!

ROLANDO: (Toma sus libros) Nos vemos luego(Sale).

JOSÉ: ¡Por mi no se preocupen, sé dónde están todas las cosas!

 

(Entra Rosalinda con la comida)

 

ROSALINDA:  Ay. ¡Dónde están todos?

JOSÉ: Por fin solos.

ROSALINDA: Cómo has crecido José. Te estas haciendo todo un... hombre.

JOSÉ: Pues ya ves como es uno.

ROSALINDA: A ver si me cuentas más chistes de esos coloradotes.

JOSÉ: Ya veremos, a ver como te portas.

ROSALINDA: Bueno, ¿y dónde se metieron el señor y los muchachos?

JOSÉ: Se fueron. Pero los noto muy raros. ¿Tu sabes que está pasando?

ROSALINDA: Sí, sí, ven, ven.

 

(Deja la comida en la mesa y lo jala hasta el sillón)

 

ROSALINDA: Te voy a contar, pero chitón, ¿he? (José asiente). Parece que tu tío ya se aburrió de tu tía, y por eso casi no se hablan. Pelean a cada rato. Yo me di cuenta que la señora se siente vieja y fea...

JOSÉ: Por eso mi tío anda poniendo los ojos en otros lados... (la barre con la mirada) y por eso mi tía se fue con la abuela dizque de vacaciones.

ROSALINDA: ¡Míralo, míralo! Pero si no se te pela nada papacito.

JOSÉ: Pues ya ves como es uno.

ROSALINDA: ¡Y espérate! ¡Qué te cuento! Que a la señora se le metió la idea de irse a operar la cara. Con eso de que todas sus amigas ya se dieron su estiradita sintió que se estaba quedando atrás.

JOSÉ: Y cómo no, si otras más jóvenes le pueden estar volando el mandado. Quiere verse joven para que el tío no ande de cabrón.

ROSALINDA: Sí, pero cuando  insinuó lo de la estirada al señor, éste se enojó y le dijo quien sabe cuantas cosas... pos ya ves como es de codo, ¡cuál codo, piedra, piedra, eso es lo que es!

JOSÉ: Entonces todos andan locos porque la tía ya caducó.

ROSALINDA: Pues, en parte.

JOSÉ: Y yo que pensaba que gallina vieja hacía buen caldo.

ROSALINDA: Pues pesa más lo de: ratón tierno para gato viejo.

JOSÉ: Ajá. Qué me da que tu le estás tirando los caníbales a mi tío.

ROSALINDA: No, no, qué va.

JOSÉ: (Con risilla picarona le da picones en las costillas) Ándale dime, al cabo que ya sabes que aquí tienes a tu mero machín.

ROSALINDA: ¡Qué no! Estate quieto.

JOSÉ: Y apoco con Rolando no... si le cierras el ojito, ya te vi.

ROSALINDA: Ay, José, que no.

JOSÉ: Y no me digas que tampoco tienes novio.

ROSALINDA: No.

JOSÉ: Entonces por eso andas tan jacarandosa con mi tío y con Rolando.

ROSALINDA: ¿¡Yo!?

JOSÉ: No te hagas. Yo creo que a ti te cuadra mi tío y te cae gorda mi tía.

ROSALINDA: (Con tímida confianza) Pues, nomás tantito.

JOSÉ: Y bueno qué, chiquitita, ¿pa´ca no hay?

ROSALINDA: ¡No seas llevado!

JOSÉ: Mira, mira, mira. Vamos a hacer un pacto, yo sé que aquí no soy muy bienvenido y a ti te anda por llegarle a mi tío. Qué tal sí yo te ayudo a que mi tío se fije más en ti. Chance y hasta te suba el sueldo, o quien sabe, esta de moda  entre los ricachones ponerle casa chica a sus... novias. 

ROSALINDA: ¡Ya enseñaste el cobre!

JOSÉ: Y a ti se te está empezando a notar, y lo más probable es que te den avión si no te andas con cuidado. Con mi ayuda, podrás volar más alto, chiquita.

ROSALINDA: ¡Pues la neta, sí! Yo quiero que el señor me ponga mi casita y me dé pa´ mis chicles. Y lo que haga con su vieja no me importa, al cabo que ni la usa.

JOSÉ: Bueno, pues yo te voy a ayudar.

ROSALINDA: Pero a cambio de qué.

JOSÉ: Pues... (le ve con deseo). Un besito por cada cosa que yo haga a tu favor y mientras mas vayas ganando... pues me das algún otro cariñito, un apretoncito...

ROSALINDA: Mmmmh, pues qué barato me cobras.

JOSÉ: Verdad que sí. ¿Entonces?

ROSALINDA: ¡Juega!

JOSÉ: Nomás que yo trabajo con el cincuenta por ciento por adelantado.

ROSALINDA: Pero José, ¡cómo has crecido!

 

(La abraza y la atrae hacia sí, Rosalinda no se opone. En eso suena el timbre de la casa y se separan).

 

JOSÉ: ¡Ya regresaron! ¡Vete a la cocina, yo abro!

 

(Rosalinda sale y José abre la puerta. Entra María Luisa exageradamente rejuvenecida, con en vestido muy juvenil, minifalda, Lentes oscuros, peinado a la moda de las jóvenes y con un porte muy candente. Pone en el piso una maleta).

 

MARÍA LUISA: Hola.

JOSÉ: (La mira de pies a cabeza) Wou, Ana no está. Pero si quieres esperarla, yo soy su primo José, mamacita.

MARÍA LUISA: ¡José!

JOSÉ: (Extrañado) ¿Eh?

MARÍA LUISA: ¡Soy tu tía María Luisa!

JOSÉ: ¡Tía! Perdón, pero no la reconocí. Se ve tan... ¡Ah, entonces sí se hizo la cirugía a espaldas de mi tío!

MARÍA LUISA: ¡Pero cómo lo sabes! ¿Ya se enteraron todos aquí?

JOSÉ: No. Todos piensan que usted sigue siendo vieja y fea...

MARÍA LUISA: ¡Cómo!

JOSÉ: Digo, que usted se cree vieja y fea... ¡No! Digo, que usted... mi tío... yo... la gata... el pleito... ¡Chin!  Mire tía, aquí está pasando algo.

MARÍA LUISA: No soy tonta, lo sé. Tu tío se ha fijado en la sirvienta... y en quien sabe que otras jovencitas. Pero lo que me enoja más es que tú también lo sepas. Esta es una casa de locos. Que va a decir la sociedad, mis amigas, las compañeras de canasta. Pronto toda la ciudad va a saber esta tragedia.

JOSE: Ya tía, ya. Mire, usted se ve guapérrima. Esa ya es una gran ventaja. Con esto va a dejar a mi tío lustrando el piso con las jetas. Y la Rosalinda no va a poder salirse con la suya.

MARÍA LUISA: ¡Cuál suya!

JOSÉ: Ups. Bueno pues ya rajé... pero (piensa un momento). ¡Ya! ¡Qué idea! Mire. Mi tío se esta fijando en la gata porque es joven, pero usted ya tomó esta nueva forma que no está nada mal y tan nada mal está que yo no la reconocí. Tal vez lo mismo suceda con mi tío y con mis primos...

JUAN CARLOS: (Entra por las escaleras) ¡Rosalinda, quieres servirme la comida!

JOSÉ: ¡Allí viene el tío! Salgamos, afuera le explico las cosas.

 

(José y María Luisa salen por la puerta del jardín con todo y maleta)

 

JUAN CARLOS: Rosalinda, si se enfrió así déjala, tengo poco tiempo... ¿Rosalinda? ¿Dónde están todos? Válgame, se me fue el tiempo volando con esa llamada. Bueno, por lo menos dejaron la comida sobre la mesa.

ROSLINDA: (Entra. Sugerente). Se le ofrece algo, señor.

JUAN CARLOS: Sí, ya venía a comer.

ROSALINDA: ¿No quiere que se la caliente?

JUAN CARLOS: Pues pensándolo bien... sí.

ROSALINDA: (Inclinándose sobre los platos para que su patrón le vea las piernas). Bueno.

JUAN CARLOS (Abochornado) Rosalinda...

ROSALINDA: (Se acerca hasta quedar muy cerca de él) Mande.

JUAN CARLOS: Mejor no la calientes. Eh, sabes... he... Quiero que me acompañes a comer.

ROSALINDA: No se verá mal.

JUAN CARLOS: ¿Quién nos ve? Además no me gusta comer sólo. Esta no sería la primera vez que mis hijos y mi esposa no me esperan para comer todos, en familia.

ROSALINDA: Se siente solo, ¿verdad?

JUAN CARLOS: Veo que tu sí me comprendes.

ROSALINDA: Pues sí. Ya ve cómo es una.

JUAN CARLOS: Tu compañía hará menos amarga la comida.

ROSALINDA: Y es que todavía no conoce el condimento especial que le puedo poner.

JUAN CARLOS: Bueno, entonces tu me acompañarás siempre que me quede sólo en casa.

ROSALINDA: Bueno...

JOSÉ: (Entra corriendo) ¡Tío, tío, a que no sabe quién llegó!

JUAN CARLOS: (Se separa de Rosalinda) ¡Tu tía!

JOSÉ: Sí. Pero es mi tía Lorwana. Está en el jardín.

JUAN CARLOS: ¡Qué, cuál! ¿Y esa quién es?

JOSÉ: Pues...

MARÍA LUISA: (Entra con paso seguro llevando su maleta) Lorwana Pelufo de Comte. Soy prima hermana de María Luisa.

JUAN CARLOS: La de Francia.

MARÍA LUISA: La misma (Lo saluda de mano).

JUAN CARLOS: Sí, puedo notar cierto aire familiar. María Luisa me habló mucho de ti. Ella decía que nunca vendrías a México.

MARÍA LUISA: Pues ya ves, los negocios me han traído de vuelta. Pensé que habían recibido mi telegrama.

JUAN CARLOS: Pues no. No lo recibimos. Pero eres bienvenida de todos modos, faltaba menos.

MARÍA LUISA: Gracias. Si no les molesta, quisiera descansar un poco. El vuelo fue muy largo.

JUAN CARLOS: Como no (levanta la maleta). Te llevaré al cuarto de vista.

MARÍA LUISA: Eres distinto a como me había contado mi prima.

JUAN CARLOS: ¿Sí?

MARÍA LUISA: Pensé que eras más... viejo.

JUAN CARLOS: Ah, no, que va. Mi mujer tiene ese complejo. A todos nos ve viejos. Pero puedo ver que tú eres muy joven (Maria Luisa lanza una mirada de satisfacción). También pensé que eras algo más... mayor, por lo que me dijo mi esposa, tu sabes.

 

(Avanzan por a escalera).

 

MARÍA LUISA: Bueno, para serte sincera, acabo de cumplir los treinta.

JUAN CARLOS: ¡Jovencísima!, ¡además de que aparentas mucho menos!

MARÍA LUISA: Ay, gracias. Oye y mi prima, ¿dónde está?

JUAN CARLOS: Con su mamá. Decidió tomar una vacaciones. Pronto volverá...

 

(Salen)

 

ROSALINDA: (A José) ¿¡Y esa!?

JOSÉ: No hay peligro. Estuve platicando con ella y descubrí que es livais.

ROSALINDA: ¿Qué es eso?

JOSÉ: ¡Que es lesbiana, machorra! ¡Que le gustan las viejas!

ROSALINDA: ¡En serio!

JOSÉ: ¡Por esta! (Hace la señal de la cruz). Y qué tal mi tío. En cuanto llegó le hablé un poco de... ti. ¿Notaste algo nuevo? La verdad es que él se vio muy emocionado con todo lo que le dije... no, no, no, si nomás me faltó decirle que eres la medicina que le recetó el doctor.

ROSALINDA: Pues sólo puedo decirte que allí la llevas.

JOSÉ: Entonces ¡Ajá! Ya se te está lanzando el viejo.

ROSALINDA: Tienes labia, hijito.

JOSÉ: Bueno, pues entonces lo que es del Cesar, al César. ¡Véngase!

 

(La besa con exagerado entusiasmo)

 

ROSALINDA: (Separándose un poco) Ay, Joselito, ¡cómo has crecido!

 

(Vuelve a besarla)

 

SE APAGA LA LUZ DEL ESCENARIO

(Transición musical de tiempo)

SE ENCIENDE LA LUZ

 

(Está José viendo el busto del venado disecado que cuelga de una pared. Entra Juan Carlos, lo ve con curiosidad y se acerca)

 

JUAN CARLOS: ¿Te gusta, José?

JOSÉ: El venado, tío, el venado.

JUAN CARLOS: Sí, el venado. ¿Pues qué pensabas?

JOSÉ: No, nada. ¿Usted lo mató?

JUAN CARLOS: No es un recuerdo de familia. Un recuerdo un tanto triste. Ese venado terminó con la vida de mi abuelo.

JOSÉ: Su abuelo debió ser un gran cazador.

JUAN CARLOS: No, tampoco. Lo que ocurrió fue que el viejo estaba contemplando al animal, igual como tu lo haces ahora, cuando el adorno se desprendió y le cayó encima.

JOSÉ: (Se aparta). Ay güey, mejor lo veo de lejos.

JUAN CARLOS: ¡A qué muchacho!

JOSÉ: Oiga tío, ¿y cómo ve a mi tía Lorwana?

JUAN CARLOS: Muy guapa, muy guapa.

JOSÉ: Y se parece mucho a mi tía María Luisa, ¿no cree?

JUAN CARLOS: Pues algo, algo.

JOSÉ: Supongo que así debió lucir mi tía hace algunos años.

JUAN CARLOS: Bueno, pues sí. Solamente que tu tía nunca se vistió así. Siempre ha llevado el papel de señora, desde que nos casamos.

JOSÉ: Matan la inspiración, ¿verdad? Mi papá tampoco le hace caso a mi mamá desde que se puso fodonga. Ahora se pasea con varias vecinas de la colonia. ¿Si mi mamá tuviera un poco más de atención para si misma y se pusiera guapa para mi papá...? ¿Usted cree que...?

JUAN CARLOS: Bueno no lo sé...

JOSÉ: Si tuviera lana, mi papá ya la habría mandado a una clínica para que le arrimaran un zarpazo de tigre.

JUAN CARLOS: ¿Qué cosas dices?

JOSÉ: Sí tío. Yo sé que papá quiere a mi mamá, y si estuviera en sus manos la dejaría hacerse la cirugía.

JUAN CARLOS: ¿En la cara?

JOSÉ: ¡En todo el cuerpo! Si dicen que las dejan como modelos, como chicas de preparatoria.

JUAN CARLOS: ¡Adió!

JOSÉ: Es más, yo creo que mejor, las entregan a sus maridos bien macizotas y buenotas, así como mi tía Lorwana... ¡Ups, se me salió!

JUAN CARLOS: No te apures, somos hombres, esas cosas no deben apenarnos. Es difícil dejar de ver a una mujer guapa. Yo también note que tu tía está como quiere.

JOSÉ: Oiga, ¿ y mi tía María Luisa ya se hizo la cirugía?

JUAN CARLOS: Eh... eh... no, no.... si tu tía todavía aguanta.

JOSÉ: Pero no estaría mal que se pareciera, aunque fuera un poco, a la tía Lorwana. Digo, lo digo por usted, tío.

JUAN CARLOS: Cierto, cierto. No estaría mal. ¡A que sobrino este y sus ideas!

 

(Entra Rosalinda con un sacudidor y comienza a limpiar cerca de ellos)

 

JOSÉ: (Notando la presencia de Rosalinda) Entonces, tío. Supongo que usted esta de acuerdo en que los hombres, sobre todo los mayores, necesitan del estímulo juvenil, por parte de las mujeres.

JUAN CARLOS: Pues sí. Es natural que la belleza juvenil sea más atrayente.

JOSÉ: Y que mientras más jóvenes, mejor.

JUAN CARLOS: Bueno, bueno, siempre y cuando no parezcan niñas.

 

(Rosalinda pasa frente a ellos y José le da un pellizco de manera que ella crea que fue Juan Carlos)

 

ROSALINDA: ¡Ay!

JUAN CARLOS: ¿Qué pasó?

 

(Rosalinda le sonríe picaronamente)

 

JOSÉ: ¿Y mi tía Lorwana, no se ha levantado?

JUAN CARLOS: No. Por cierto, voy a avisarle que ya va a ser hora de cenar. (Sale)

JOSÉ: Lograr esto último te va a costar un poco más caro.

ROSALINDA: Calmantes, montes...

JOSÉ: (Abrazándola) Ándale, un rapidín, acá tras el sofá.

ROSALINDA: Nos van a ver. (Se resiste un poco).

JOSÉ: Tenemos un trato. Como ves, mi tío está cada vez más aventado contigo.

ROSALINDA: Ha de ser mal de familia.

JOSÉ: Él es mi tío político, nada que ver. Así que haste pa´ca.

ROSALINDA: (Safándose y corriendo hacia la puerta del jardín) Bueno, nomás un apretoncito, pero aquí no ¿eh? Espérate, espérate...

JOSÉ: (Persiguiéndola y haciéndole cosquillas) Si me espero no te alcanzo... No te hagas la chistosa, ándale, nomás tantito...

 

(Salen al jardín. Entran Ana y Rolando por la puerta principal)

 

ANA: Es la última vez que paso por ti. Me desviaste y Carla ya no quiso acompañarme.

ROLANDO: Es lo menos que podrías hacer por mi. Recuerda que estás usando mi carro. Oye, ¿Qué es eso que traes allí?

ANA: Un sobre a nombre de papá, pero no trae remitente.

JUAN CARLOS: (Desde las escaleras) ¡Muchachos, ¿son ustedes?!

ROLANDO: Sí papá.

 

(Juan Carlos baja seguido de María Luisa)

 

JUAN CARLOS: Vengan para que conozcan a su tía Lorwana. (A María Luisa) Los muchachos son algo distraídos, siempre están en su mundo, tu sabes.

ANA: (A Rolando) ¿Tía Lorwana? ¿La recuerdas?

ROLANDO: Creo que me la presentaron cuando estaba en gestación.

JUAN CARLOS: Saluden, no se le queden viendo así a su tía.

ANA:  Hola.

ROLANDO: Qué onda.

MARIA LUISA: Mmmmh. Los creía más niños.

ROLANDO: La creía más vieja. La verdad pensé que no era mi  tía, sino mi prima Lorwana.

JUAN CARLOS: ¡Rolando!

ANA: Creí que eras de la edad de mamá.

MARÍA LUISA: Pues ya ves.

JUAN CARLOS: Tu tía es mucho más joven que tu madre.

MARÍA LUISA: Algo, algo. La verdad es que me he dado mis arregladitas.

JUAN CARLOS: ¿Te has operado?

MARÍA LUISA: Dos o tres detallitos insignificantes.

ANA: Te planchaste las arrugas, ¡grueso!

JUAN CARLOS: ¡Ana!

ANA: Pues se ve muy guapa, y tu que no dejaste que mi mamá se hiciera lo mismo. Ves de lo que te estás perdiendo.

JUAN CARLOS: ¡Ya!

ROLANDO: Oye, tía, ya me dio curiosidad, ¿cuántos años tienes?

JUAN CARLOS: Rolando, no seas indiscreto.

MARÍA LUISA: No importa, yo no me avergüenzo de mi edad. Tengo cuarenta y cinco.

JUAN CARLOS: Pero tu me habías dicho que tenías treinta.

MARÍA LUISA: Qué, ¿decepcionado?

JUAN CARLOS: No, pero es que... te ves tan...

MARÍA LUISA: Te mentí solo para comprobar que me veía joven.

ROLANDO: Válgame.

MARÍA LUISA: ¿Tienes alguna objeción en contra de mi imagen?

JUAN CARLOS: No, es magnífica.

MARÍA LUISA: ¿Te parece mal que haya recurrido a la cirugía?

JUAN CARLOS: Me parece que fue una excelente idea.

MARÍA LUISA: ¿Crees que una mujer de mi edad no tiene derecho a lucir joven y bella?

JUAN CARLOS: No, que va. Si es la edad más esplendorosa en las mujeres.

MARÍA LUISA: Qué bueno que opines así, espero que no lo olvides.

ANA: Papi, te llegó esta carta.

JUAN CARLOS: A ver.

 

(Está a punto de leer la carta cuanto entra Rosalinda desaliñada y riendo divertida, José la sigue)

 

JUAN CARLOS: ¡José, qué relajo se traen!

JOSÉ: Nada malo, tío, nada malo.

JUAN CARLOS: A propósito, Rolando, ya instalaste las cosas de tu primo en tu recámara.

JOSÉ: Lo hice yo mismo. Pero coloqué mi cama en el otro extremo del cuarto, por si a Rolando le rugen los remos.

ANA: Qué vulgar.

ROLANDO: (Reclamando) ¡Oye!

JOSÉ:  No te apenes, a todos nos pasa. Allí traigo un talco para los pies sudorosos.

JUAN CARLOS: Rosalinda, vete a la cocina.

 

(Juan Carlos lee la carta, José pellizca a Rosalinda mientras pasa de manera que crea que fue su patrón).

 

ROSALINDA: ¡Ay!

JUAN CARLOS: (Alarmado viendo la carta) ¡Esperen, pero qué dice aquí!

 

(Cuando todos se inclinan a ver la carta, José jala a Rosalinda y la besa fogosamente)

 

ANA: (Grita) ¡Secuestraron a mi mamá!

 

(José y Rosalinda se separan temiendo haber sido descubiertos)

 

JUAN CARLOS: ¡Y me piden que deposite diez millones de pesos en una cuenta en Suiza para su liberación!

MARÍA LUISA: (Sonriendo) Qué tragedia.

ROLANDO: Con razón no se ha comunicado con nosotros.

JOSÉ: ¿Y cuál es el plazo?

JUAN CARLOS: Veinticuatro horas.

ANA: (Lloriqueando) ¡Quiero a mi mamá!

MARÍA LUISA: ¿Que vas a hacer, Juan Carlos? ¿Vas a depositar para salvar a tu mujer?

JUAN CARLOS: Diez millones es mucho, no sé si pueda juntarlo.

MARÍA LUISIA: Ah, yo creo que si puedes.

JUAN CARLOS: Todos creen que yo estoy bañado en dinero.

MARÍA LUISA: ¿Bañado?, no. Estas atascado en lana y no eres capaz de soltar una parte por la vida de tu esposa. Pensé que la querías.

JUAN CARLOS: Si sí la quiero.

ANA: (Lloriqueando) Si, la quieres, pero ver de lejos. ¡Ay, mi mamá, quién la salvará!

ROLANDO: Papá, tienes que hacer algo.

JOSÉ: (Al sentir la mirada angustiosa de Juan Carlos) Creo que tiene que hacer algo.

JUAN CARLOS: Esta debe ser una mala broma. Cualquiera pudo escribir esta carta. No hay garantía en este papel. Otra cosa es que hubiese recibido una llamada telefónica, un ultimátum...

MARÍA LUISA: No la recibiste porque la garantía viene en persona, para que se cumplan los requisitos.

 

(Tensión general)

 

JUAN CARLOS: ¿Qué quieres decir?

MARÍA LUISA: Que la carta la escribí yo.

ANA: ¡Tía!

ROLANDO: ¡Tía!

JOSÉ: ¿Tía?

JUAN CARLOS: ¿Lorwana!

ROSALINDA: ¡No manchen!

MARÍA LUISA: Como han de suponer, yo no soy la tía Lorwana.

JUAN CARLOS: ¡Pero que maquinación es esta!

MARÍA LUISA: La mía. Tu esposa se muere si no depositas el dinero. Lo mismo le pasará si yo no salgo sana y salva de esta casa.

JUAN CARLOS: Pero, esto no es cierto.

MARÍA LUISA: Tampoco no era cierta mi edad, y sin embargo la creíste.

JUAN CARLOS: Para ser una broma, es muy mala.

MARÍA LUISA: Bien, entonces saldré por esa puerta y jamás volverás a ver a tu mujer.

ROSALINDA: Sí, mejor váyase, ya nos aburrió a todos...

JUAN CARLOS: ¡Rosalinda, por favor! (Comienza a temblar nerviosamente). Espérate, no te vayas... te daré un cheque (saca su chequera y escribe). Te daré lo que pides, que va, te daré el doble. (Le entrega el cheque). Pero por favor, no dañen a mi esposa...

MARÍA LUISA: ¿Es bueno?

JUAN CARLOS: Tiene fondos. Que va ¡sobran fondos!

MARÍA LUISA: (Se lo guarda en el brasier) Bueno.

ROLANDO: ¿Y mi mamá? Cuando la podremos ver.

ANA: ¡Mi mamá!

MARÍA LUISA (Dejando su actitud fría). Pronto la tendrán de vuelta, hijitos. Juan Carlos, ¿recuerdas el lunar que tiene tu mujer?

JUAN CARLOS: El de... (Señala su trasero).

MARÍA LUISA: ¿Quieres verlo? (se levanta un poco la falda).

JUAN CARLOS: ¿Como? ¿Es que tu...?

MARÍA LUISA: Sí.

JUAN CARLOS: (Se inclina y observa) Sí, es el mismo lunar. (Se incorpora) Entonces... ¡María Luisa!

ROLANDO: ¿Mamá?

ANA: ¿Mamá?

JOSÉ: Mi tía.

ROSALINDA: ¡Señora!

MARÍA LUISA: Sí, yo.

JUAN CARLOS: Pero... pero, qué significa esto, esta farsa tuya... ¡Por qué!

MARÍA LUISA: ¿Por qué no? Tu ya me tenías hasta la coronilla con tus insinuaciones de que me veía vieja. Pero tampoco eras capaz de aceptar que me diera mi estiradita, ¡por codo!, ¿escuchaste?, ¡por codo! Pero ahora que ya aceptaste que tienes dinero, no podrás lloriquear cuando te llegue el resto de la cuenta del  la clínica.

JUAN CARLOS: ¿El resto?

MARÍA LUISA: Oh sí. Convencí al famoso cirujano plástico de que me operara anticipándole la mitad de los gastos. Él accedió y me dijo que transfiriera la suma a una asociación de beneficencia que él maneja.

JUAN CARLOS: ¡Ah, entonces ya entiendo lo del déficit en mi cuenta!

ROLANDO: Pero mamá, ¿por qué no nos dijiste?

MARÍA LUISA: Tuve que hacerlo así, de otra manera tu padre pone el grito en el cielo. Pero ahora, (A Juan Carlos) ¿Qué dices papacito? ¿Vas a insinuarme que tengo surcos en vez de arrugas. Porque si a esas vamos, tu no estás muy juvenil que digamos. La cara ya se te colgó, las orejas se te despegaron como papalotes, la nariz te creció como naranja y se te llenó de puntotes negros, y qué hablar del pelo, te pones montañas de gel para que no se te mueva y te veamos las entradotas que tienes, parecen pistas de aterrizaje...

JUAN CARLOS: ¡Ya, ya, ya estuvo, mi vida! Perdóname. De haber sabido que ibas a quedar tan bien...

MARÍA LUISA: ¡Ja! ¡De haber sabido que iba a quedar tan bien! ¡Eso es lo que te remuerde en la conciencia! Pero te olvidas de los más importante! Mis sentimientos. ¡Soy la mujer que te prometió y a la que prometiste amor, respeto, fidelidad hasta que la muerte nos separe! De haber sabido que las cosas tomarían este curso, no me caso contigo.

JUAN CARLOS: ¿No?

MARIA LUISA: No, ¡Nomás me arrejunto! Así no hay fijón.

JUAN CARLOS: Ay, María Luisa, ¿tú hablando así?

MARÍA LUISA: Pues ya ves, el cambio no sólo es por fuera.

ANA: ¿Pero por qué nos engañaste haciéndote pasar por la tía Lorwana?

MARÍA LUISA: Originalmente no fue idea mía. Cuando llegué a la casa yo pensaba darles la sorpresa, pero me topé con José (Todos miran a l aludido), y él me contó algunas cosas que sucedían aquí y maquinó el plan de que me hiciera pasar por otra para que pudiera convencer a mi maridito para que no le ande echando los perros a otras (Mira a Rosalinda), teniéndome a mi, corregida y aumentada.

JUAN CARLOS: ¿Y lo de la carta del secuestro? Eso sí fue cruel.

MARÍA LUISA: Te lo merecías. Además fue lo único que se me ocurrió para comprobar qué tanto te interesas por mí. ¡Ah, y otra cosa! ¡Me despachas a... (Mira a Rosalinda) esta!, inmediatamente. Dale su liquidación o lo que sea, pero no la quiero en la casa. ¡Qué es eso de querer casa chica, y ocupar mi lugar! (Feroz) ¡Mi hombre es nada más mío y no lo comaparto con nadie!

ROLANDO: ¿Mamá? ¿En serio eres tu? ¿No eres otra? ¿No te operaron el cerebro o o se les fue el bisturí por otro lado?

JUAN CARLOS: Pero, dónde vamos a encontrar otra muchacha de confianza.

MARÍA LUISA: Precisamente lo que no quiero son esas confianzas. ¡Así que vámonos! (Chasquea los dedos).

JUAN CARLOS:  (Saca un gran fajo de dinero) Toma Rosalinda. Ahora la señora manda en esta casa, hazme el favor de ir a recoger tus cosas.

JOSÉ: (Viendo el dinero que recibe) Wou. Con eso completas una casa chica, ¿verdad, Rosalinda? Después paso a cobrarme.

ROSALINDA: ¡Baboso! (Suelta una bofetada, José se agacha y le pega a Rolando. Sale por la puerta del Jardín).

JUAN CARLOS: ¡Y eso qué fue?

JOSÉ: Quién sabe, yo nomás decía.

ANA: Entonces mi primito José fue quien ideó todo.

JOSÉ: No todo. Yo no ideé que mi tía se transformara. Pero sí maquiné el resto cuando me enteré que Rosalinda andaba tras los huesos de mi tío, y que... bueno atentaba contra unión de la familia, que también es mi familia y para que todo quede en familia, pues me arriesgué.

MARÍA LUISA: Solo que se te acabó la movida con Rosalinda a tí también

ROLANDO: ¡Ja! Y luego decías que yo, con la gata. Y mírenlo.

JOSÉ: Yo todo lo hice por salvar a mis tíos de un enredo causado por esa muchacha. Arriesgué mi reputación embarrándome en el lodo.

ANA: ¡Ay primito, estás grueso, grueso!

JOSÉ: Lo mismo dijo Rosalinda...

JUAN CARLOS: Ni hablar. Toda esta intriga ha sido para bien (Se acerca a María Luisa y la abraza) Me he dado cuenta que tengo una esposa... buenísima, un alma de Dios y quiero que me perdone?

MARÍA LUISA: Ya veremos, a ver como te portas.

JUAN CARLOS: Y tú José, también debes perdonarnos si en algún momento te hicimos mala cara.

JOSÉ: Qué va. Además ustedes esperaban al antiguo José y yo ya no soy el mismo de hace dos años. Ahora ya sé que su jacusi no es un escusado. (Todos ríen). Pero lo que no entiendo es porqué Rolando sigue comprando calzones de bolitas de talla chica. Puedo tolerar las bolitas, pero la verdad no me gusta que me aprieten.

 

(Asombro general)

 

JOSÉ: Era broma.

 

(Alivio general)

 

JUAN CARLOS: A que sobrinito este, tan “sinemabargo”.

JOSÉ: Pues ya ven como es uno.

 

 

TELÓN

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

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