Para ir al BUSCADOR, pulsa en la imagen

 

NOTICIAS TEATRALES
Elaboradas por Salvador Enríquez
(Optimizado para monitor con resolución 1024 X 768 píxeles)

PORTADA

MADRID

EN BREVE

PRÓXIMAMENTE

LA TABLILLA

HERRAMIENTAS

EN PRIMERA LA SEGUNDA DE MADRID ENSEÑANZA LA CHÁCENA

AUTORES Y OBRAS

LA TERCERA DE MADRID

ÚLTIMA HORA DESDE LA PLATEA
DE BOLOS CONVOCATORIAS LIBROS Y REVISTAS NOS ESCRIBEN LOS LECTORES
MI CAMERINO   ¡A ESCENA! ARCHIVO DOCUMENTAL   TEXTOS TEATRALES
  ENTREVISTAS LAS AMÉRICAS  

 

SE BUSCA CHICA EN 48 HORAS

de  Mª Luz Cruz

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

 

SE BUSCA CHICA EN 48 HORAS

 Mª Luz Cruz

mluzdramaturga@hotmail.com

Reservados  los derechos, para  la puesta en escena  sin el previo consentimiento de la Autora o de la  solicitud a SGAE.

 

  

Comedia juvenil

Personajes: 9 femeninos, 4 masculinos

Duración: 60 minutos aprox.

 Sinopsis: Es lunes por la mañana en una agencia publicitaria. Todavía sus empleados  no se han quitado de encima  la resaca del fin de semana, cuando son  sorprendidos por un cliente  muy alterado. Todo ese alboroto se debe al descontento que ha provocado la chica  que envió la agencia, para la presentación de su nueva crema de belleza.

 El cliente les dará un ultimátum de cuarenta y ocho horas para que busquen una sustituta. Después del correspondiente anuncio en los periódicos,  en la agencia se darán cita  para el casting  todo tipo de personajes,  hasta encontrar a la chica perfecta.

 

 

PERSONAJES    

 

Silvia,    Roberto,   Javier,  Sr. Ambros,      

Srta. Román,     Nuria,    Elvira,   Margarita,  

Asesora,   Clara,   Raquel ,  Daniel,    Susana

 

 

El escenario, está dividido en dos zonas de una agencia publicitaria. En la zona de la izquierda, hay la parte de la oficina, y en la derecha la parte de fotografía, por las paredes hay fotos publicitarias. Consta de tres puertas, una central doble, la puerta de la derecha es la del director y la de la izquierda, la de entrada y salida al exterior.

También puede ser de forma sencilla, con elementos movibles y unos cuantos carteles de anuncios.

 

En escena se encuentra Silvia  sentada en el borde de la mesa leyendo una revista

 

 

1º ACTO

SILVIA.- (Con la revista)  Estos sí que se pegan la gran vida, no como una que tiene que  levantarse cada  mañana   para venir aquí  ¡Con lo bien que se debe estar  en el Caribe!

 

Por la puerta principal entra Roberto, viste con ropa moderna y lleva un maletín.

 

ROBERTO. - Hola  ¿Qué, cómo has pasado el fin de semana?

 

SILVIA.- Muy bien, he estado fuera con unas amigas.

 

ROBERTO.-  ¿Ha llamado alguien?

 

SILVIA.- (Con intención)  Sí, la señorita… Román…

 

ROBERTO.- ¿Qué quería?

 

SILVIA.-  No lo sé,  quería hablar contigo, supongo.

 

ROBERTO.-  ¿Para qué?

 

SILVIA.- Ni idea,  no ha querido decírmelo.

 

ROBERTO.- Pues, si quiere algo ya volverá a llamar. (Se retira a  su despacho.)

 

 Por la puerta principal llega muy sofocado y directo a la mesa de Silvia el señor Ambros,

 

AMBROS.- (Dando un golpe en la mesa) ¡Les doy cuarenta y ocho horas!

 

SILVIA.-  (Asustada) ¡Qué susto! ¿Para qué? ¡Roberto, Roberto!

 

ROBERTO.- (Saliendo del despacho) ¿Qué pasa? Tranquilícese, señor Ambros.

 

AMBROS.- ¡Cómo voy a estar tranquilo! ¡Creo que está bien claro, que les doy cuarenta y ocho horas para que  busquen otra chica para la presentación de mi producto, ni un minuto  más!

 

ROBERTO.- ¿Y podemos saber  por qué nos da el ultimátum de cuarenta y ocho horas?

 

AMBROS.- ¿Y todavía preguntan, por qué?  Después de la millonada que me cobraron  por aquella chica…

 

SILVIA._  Ah, pues era monísima…   (Para ella) Que tío más quisquilloso.

 

AMBROS._ (Tartamudeando) Sería moni....moni... monísima, pero poco inteligente y una con una cara  más dura…

 

ROBERTO.-   ¿No le fue bien?

 

AMBROS.- (Sigue alterado)  ¡Pues no!  ¡Aquel mueble de lujo, resultó ser un  trasto viejo!

 

ROBERTO.- ¿A qué mueble se refiere?

 

AMBROS.- No trate de disimular conmigo.

 

SILVIA.- ¡Cuente, cuente! ¿Qué pasó con el mueble? Nos tiene impacientes.

 

ROBERTO.- (Haciéndole gestos para que se calle)   Silvia…

 

AMBROS.- Qué va a pasar, que todo fue un desastre. Esa chalada,  se bebió varias copas de champán, antes de salir a presentar mi producto. ¿Supongo que no hace falta que les  cuente los detalles?

 

SILVIA.- Sí, sí, cuente, cuente.

 

ROBERTO.-  (Haciendo gestos) Silvia… ¡a callar! Por favor señor Ambros, por qué no nos  cuenta  todos los detalles y así podremos tomar las medidas oportunas   con esa chica.

 

AMBROS.- A ver si es verdad  que toman algún tipo de medida,  contra esa plaga de irresponsables que corre por ahí y  se hacen llamar modelos.

 

ROBERTO.- No tenga ninguna duda de que así lo haremos.

 

AMBROS.-  Esa tarada, como les he dicho, se tomó varias copas que estaban preparadas para el brindis de presentación de mi nuevo producto.  Ya saben cómo son esas cosas, hay que cuidar hasta el último detalle.

 

SILVIA.- ¿Y qué pasó?

 

ROBERTO.- Siga, siga.

 

AMBROS.-  Tienen ustedes la facultad de cortar todas las conversaciones. ¿Puedo seguir sin que me interrumpan?

 

SILVIA.-  Sí, claro, claro.

 

ROBERTO.- Desde luego, señor Ambros.

 

AMBROS.- Con el cuento de que había discutido con su novio y lo estaba pasando muy mal,  se puso como una cuba, y no se le ocurrió otra cosa, que en   lugar de ponerse en la cara “mí  fabulosa, mí genial, mi especialísima crema de belleza” ¡Mí mejor producto! cogió' la mayonesa, que estaba sobre la mesa  para acompañar las carnes  ¡y para qué les voy a contar… ¡

 

SILVIA.-  (Con curiosidad) Sí, sí, cuente.

 

ROBERTO.- Siga, siga.

 

AMBROS.- ¡Me puso que creía que me daba un ataque! Esa chalada se puso a echarles mayonesa en la cara a todas las señoras. Salían todas histéricas, ¡gritando socorro, socorro que nos unta!

 

SILVIA.- (Riendo) Que gracia.

 

AMBROS.- ¡Sí, mucha! ¡No diga tonterías!

 

SILVIA.- ¿Pero las untó o no las untó?

 

ROBERTO.- Silvia…

 

SILVIA.- (Hace el gesto de cerrar la boca) ¡Chitón!

 

AMBROS.- (Muy alterado)  Ya lo creo que lo hizo.

 

ROBERTO.- Lamentamos de veras todo lo ocurrido. Lo mejor es que no se preocupe más del asunto que ya lo haremos  nosotros por usted.

 

AMBROS.- ¡¿Qué no me preocupe?!  Qué le parece si usted se pasa la vida buscando un producto que sea fuera de lo normal, y cuando lo ha conseguido… ¡cualquier mequetrefe se lo tira por los suelos en un minuto! ¡¿Cómo se pondría?!

 

SILVIA.- ¿Dice que era fuera de lo normal? ¿No hará daño a la cara?

 

AMBROS.- ¡Señorita, me cree usted capaz de estropear una cara!

 

SILVIA.-  Perdón, perdón, no, no claro.

 

AMBROS.- Aunque si le soy sincero, en aquel momento me dieron ganas de hacerlo.

 

 Entra Javier el fotógrafo de la agencia con un aire muy moderno

 

JAVIER.- ¡Buenos días, troncos!

 

Todos le contestan

 

SILVIA.- Oye, tú,  ¿qué horas son estas de llegar?

 

JAVIER.-   Es que uno ha tenido una mala noche.

 

ROBERTO.- ¿No te has encobrado bien?

 

JAVIER.-  No, que va,  al contrario. Salí por ahí  con unos amigos y me he pasado la noche de  juerga, ya  me  entendéis…

 

SILVIA.- Ya…

 

AMBROS.- ¡Bueno ya está bien!  ¡A ver si deja de  farolear  y  nos demuestra que es el mejor con la cámara de fotos!

 

JAVIER.- Pero bueno, ¿qué le pasa a éste? (Roberto lo coge del brazo y lo aparta)

 

ROBERTO.-  A ver si   te callas un poquito…

 

JAVIER.-  ¿Quién se ha muerto para tanto silencio?

 

ROBERTO.-  (Disimulando) Es muy guasón.

 

AMBROS.- (Subiendo el tono)   ¡Así va todo en esta empresa!

 

JAVIER.- ¿Si quiere le enseño las fotos tan fabulosas que hago? Silvia, enséñaselas.

 

AMBROS.-  Ya conozco sus fotos y espero que las próximas sean mejor que las últimas, que eran una verdadera birria.

 

JAVIER .- Que tonterías  está diciendo esas fotos  eran preciosas... Además, todo estaba muy claro.

 

ROBERTO.-  Tiene razón señor Ambros, en esas fotos estaba todo bien  claro.

 

AMBROS.- ¡Sobre todo eso, estaba todo muy claro, menos mi producto!

 

JAVIER.- (Con pitorreo)  Tampoco hay que ser egoístas, y hay que dejar que los demás vean la luz.

 

AMBROS.- ¡Qué bobadas dice este chico! ¿Para qué cree que vengo a una agencia de publicidad?

 

JAVIER.- ¡Y yo que sé!... Los hay que quieren que el chico o la chica se vean más que el producto, otros que el montaje sea milagroso y una mayoría  sólo quieren que su producto  se vea  en pantalla panorámica.  Pero lo que menos  les preocupa, es dar una imagen real de lo que  anuncian.

 

SILVIA.- (Apartándole)  Te has vuelto loco, no ves que tenemos un problema, y gordo.

 

AMBROS.- ¡No aguanto más estas tonterías! ¡Pero qué clase de agencia es está! ¡Porqué les pague la mitad del dinero del anuncio por adelantado, que si no...! (Hace el gesto de marcharse)

 

ROBERTO.-  (Agarrándole la chaqueta) Señor Ambros, no se lo tome así, Javier sólo  le está gastando una broma, ¿verdad, Javier?  

 

AMBROS.- (Dándole un manotazo) ¡Suélteme caramba! ¡Para bromas estoy yo!  ¡La osadía de este chico rebasa los límites de mí paciencia! ¡Ya saben, cuaren­ta y ocho horas, ni una más!

 

SILVIA.- (A Javier)  Mira lo que has montao.

 

JAVIER.-  ¿Si queréis me quito el cinturón y me azotáis entre los dos?

 

ROBERTO.-  ¡No te vendría nada mal! ¡Ya está bien, Javier…!

 

JAVIER.-  Menudo lunes, empezamos bien la semana.

 

AMBROS.-  (En la puerta de entrada)  ¡Ya lo saben, cuarenta y ocho horas! Además, no crean que  voy  a confiar en ustedes.

 

ROBERTO.- Entonces, ya nos dirá cómo nos lo montamos…

 

AMBROS.-  El confiar en ustedes me ha salido caro, así es que pienso venir acompañado de  mi  asesora  cuando se  haga ese  nuevo  casting.

 

ROBERTO.-  No tenemos costumbre  de que este el cliente delante de las pruebas de selección.

 

AMBROS.- Pues conmigo la va a tener que implantar esa costumbre.  ¿Les ha quedado bien claro?

 

ROBERTO.- Sí, sí,  muy claro, clarísimo.

 

AMBROS.- Pues ya lo  saben,  dentro de cuarenta y ocho horas me tienen aquí. Quiero que sepan que si ustedes no cumplen su palabra, les demandaré por incumplimiento de contrato,  por incompetentes y por daños y perjuicios y alguna cosa más saldrá.

 

JAVIER.- ¿Nada más?

 

AMBROS.-  ¡A la chica de mi anuncio no se le ocurra ponerle los pelos de colorines! (Subiendo el tono en el oído A Silvia)  ¡Está claro!

 

SILVIA.-  ¡Sí, sí que no soy sorda!

 

AMBROS.- ¡Ahora lo comprendo todo, aquí no hay ninguno que esté normal! ¡Me marcho, pero ya saben...!

 

 AMBROS  se retira por la entrada principal

 

SILVIA.- Menos mal que se ha marchado,  casi me deja sorda.  Bonita manera de dar los buenos días…

 

SILVIA.- Que exagerada eres.

 

JAVIER.- Esperar que este no ha sido el único que no estaba contento con el spot. Esperar que os cuente.  Me encuentro a la señora Román, que me ha puesto la cabeza como un bombo de la lotería, quejándose de que sus bambas no se apreciaban bien, luego que el chico era muy poco atractivo, y no sé cuántas cosas más.

 

SILVIA.- ¿Y tú qué le has dicho?

 

JAVIER.-  Qué le voy a decir... Le he preguntado, si quería que se viera más el chico o sus dichosas bambas.

 

ROBERTO.- ¿Y ella qué  ha respondido?

 

JAVIER.- ¡Qué va a responder, que le interesaba más el chico!  Se puso hecha una fiera,  (Imitándola)  y su perrito, también. Yo,  a partir de mañana vengo a trabajar con casco, aquí nunca se sabe lo que te vas a encontrar al llegar.

 

ROBERTO.-  Creo que te estás pasando.

 

SILVIA.- Yo estoy contigo Javier, ese sonao primero se ha metido conmigo y después y… 

 

JAVIER.-  Donde yo trabajaba  antes de  no pasaba estos sustos, me pagaban menos , pero en tranquilidad lo ganaba. Esos clientes no vale la pena tenerlos.

 

ROBERTO.- Has olvidado que somos una empresa nueva, y que  tenemos que dar las gracias a  esos clientes y otros peores  porque de momento son los que nos dan de comer.

 

JAVIER.- Corremos muchos riesgos, y cobramos muy poco para tanto riesgo.

 

ROBERTO.- Y menos que cobraremos, si en cuarenta y ocho horas no encontramos una chica que le guste a ese zumbao.

 

SILVIA.- Yo tengo una prima que  quiere independizarse  y como necesita dinero…

 

JAVIER.- Mira que bien, ésta ya quiere enchufar a su primita.

 

JAVIER.- Menos pitorreo, que yo sólo lo he dicho por ayudar. Yo creo que vamos a tener que poner anuncios hasta en las farolas,  porque si tenemos  que buscar una chica que le guste a ese…  

 

ROBERTO.- ¡Esa es la idea!  Tenemos que poner un anuncio en varios periódicos.

 

No acaba de decir la frase  y entra  la señorita Román, muy elegante y con perrito pequeño, en los brazos

.

ROBERTO.- (Con una gran sonrisa, le coloca una silla invitándola a sentarse) Buenos días, señora Román, que alegría verla por aquí.

 

JAVIER.- Qué tío más cursi.

 

SILVIA.-  Cállate que se forma otra vez.

 

ROBERTO.- ¿Cómo es, que tenemos el privilegio de tenerla hoy aquí? Con su permiso le cojo a Lulú. (Le coge el perrito y se lo da a Silvia)

 

Srta. ROMÁN.- Sí, sí, claro  (Cursi)  Robert, lamento mucho tener que darte una mala noticia.

 

JAVIER.-  Yo ya os había avisao.

 

ROBERTO.- Tranquila señora Román ¿Ha pasado algo con el anuncio?

 

Srta. ROMÁN.-  Robert, no, no...  Aquel spot no tenía vista,  estaba vacío, ausente de mensaje.

 

JAVIER.- De vacío nada, estaban sus bambas en medio.

 

Srta. ROMAN.- Por favor Robert. ¿Es necesario que los empleados interrumpan a cada momento?

 

ROBERTO.-  Tienes razón, tranquila Sra. Román (Se levanta) ¡Ya podéis esfumaros ahora mismo!

 

SILVIA.-  ¿Y…a dónde nos vamos?

 

ROBERTO.- ¡Dónde sea, por ejemplo a Pernambuco!

 

JAVIER.- (Riendo) Eso está un poco lejos, ¿no?

 

ROBERTO- ¡Que os larguéis de una vez!

 

Srta ROMAN.-  (Coqueteando) De verdad, Robert, no era necesario que fueras tan severo con  ellos.

 

ROBERTO.- No se preocupe más señora Román.

 

Srta. ROMÁN.- ¡Por favor Robert! Llevamos algún tiempo tratándonos y la verdad, me gustaría que me llamases por mí nombre.

 

ROBERTO.-  Ah, eso está muy bien,  pero es que yo no sé su nombre.

 

Srta. ROMÁN.- Perdona Robert, pensé que lo sabías. . .  Aurora, mi nombre es Aurora.

 

ROBERTO.- ¡Qué bonito, como el amanecer!

 

Srta. ROMÁN.-  (Coqueteando) Adulador…  Robert,  detesto hablar de negocios, me deprime muchísimo y a Lulú (Por el perro)  también.

 

ROBERTO.-  ¡Ah! Pues nada, nada, lo dejamos para otro día.

 

Srta. ROMÁN.- Robert, me gustaría pero no puede ser. Verás, Robert, el spot no tuvo el efecto que yo deseaba.

 

ROBERTO.- ¿Por qué?  Si quedó muy bien.

 

Srta. ROMAN.- Lamento decir que no estoy de acuerdo contigo y créeme que lo siento muchísimo.  El problema es que aquel chico, no tenía gancho, era poco musculoso y nada  atractivo.

 

ROBERTO.- No estaba mal, Aurora.

 

Srta. ROMAN.- Insisto, no estoy de acuerdo contigo. Robert, ya sabes que yo nunca me he quejado de nada.

 

ROBERTO.- (Para él) No claro, es la primera vez que trabajamos juntos… Y a este paso será la última.

 

Srta. ROMAN.-  De verdad,  Robert,  no quiero de ponerme pesada. Bueno, ya sabes que hoy en día lo más importante es el físico y...

 

ROBERTO.- (Con doble intención)  Sí, sí ya lo veo... Pues nada, nada,  no es cuestión de que Lulú se deprima, ni tú, tampoco. Buscaremos en nuestros archivos a todo un musculitos   para anunciar esas “maravillosas bambas”. Pero sobre todo que sea muy atractivo, si además  tenemos la suerte de que es inteligente, pues mucho mejor, y si no , como eso no es muy importante, ya lo iremos solucionando sobre la marcha..  ¿Qué te parece, Aurora?

 

Srta. .ROMAN.- ¡Eres genial, Robert...! Sabía que lo entenderías y tratarías de buscar la solución correcta.  Gracias, gracias.  Bueno, Lulú y yo tenemos muchas cosas que hacer, si te parece bien volveré dentro de dos o tres días para ver a ese chico.

 

ROBERTO.- Sí, yo te llamaré por teléfono para concretar la entrevista con él. (Llamando) Silvia, trae a Lulú que la Srta. Román se marcha.

 

SILVIA.-  (Le da el perrito) Aquí, tiene. Es más mono…

 

Srta.- ROMAN.- Verdad que sí…

 

ROBERTO.-  (La acompaña a la puerta de salida) Bueno, lo dicho, trabajaremos para que ese chico sea un adonis.

 

Srta. ROMAN.- Estoy convencida de que así será. (Se retira)

 

JAVIER.- (Saliendo) ¿Qué ha pasado?  ¿Estaba muy enfadada?

 

SILVIA.- Yo la he visto muy calmada.

 

ROBERT.- Que cotillas sois.

 

JAVIER.- Solo nos interesamos por el negocio.

 

ROBERTO.- Ya… No ha pasado nada, que no le gustó el chico del anuncio que le hicimos de sus bambas.

 

JAVIER.-  ¿Te  ha dicho por qué?

 

ROBERTO.-  Porque  según ella, el chico era poco atractivo.

 

JAVIER.- (Con intención) Vaya, hombre, hemos fallado en lo más importante.

 

ROBERTO.- Ya ves. Silvia, envía un e-mail a  la edición de los periódicos de mañana  que pongan un anuncio, que diga... Se busca chica joven, agraciada y desenvuelta, no es necesario experiencia para una "Gran oportunidad"

 

SILVIA.-  ¡Sobre todo eso "gran oportunidad"

 

 

Oscuro

 

 

2º Acto

 

El mismo decorado con algún adorno más, por ejemplo un gran bote de de crema, colocado en un pedestal.

 

Se encuentra en escena  Roberto  y Silvia.

 

ROBERTO.- Silvia, ¿Han llegado las chicas del anuncio?

¿Están también seleccionado el grupo

 

SILVIA.-  Sí,  están fuera esperando.  (Se escucha voces que provienen de fuera) ¿No las oyes?

 

ROBERT.- Sí, menudo griterío. ¿Hablaste con la academia de baile de enfrente?  Porque es mejor estar prevenido por si algo sale mal.

 

SILVIA.- Sí, hable con los dueños y les explique bien clarito  lo que tenían que hacer, me  dijeron que  no nos preocupásemos y que lo dejásemos de su cuenta, que nos iban a sorprender. 

 

ROBERTO.- A ver si es verdad. Pero ahora será mejor que les digas  a esas chicas que pasen, las miraremos bien antes de que venga el señor Ambros , no sea que alguna tenga los pelos verdes…  y se forme otra vez.

 

SILVIA.-Tienes razón.

 

Silvia se acerca a la puerta de entrada.

 

SILVIA.- (Saca la cabeza)  Ya podéis pasar.

 

Entran  todas gritando y empujándose unas a otras, entre ellas hay un chico también.

 

NURIA.- ¡Eh, sin empujar que yo he llegado la primera...! (Dudando) Creo.

 

RAQUEL.- (Dándola un empujón) Por eso, como no estás segura, déjanos pasar a las demás.

 

MARGARITA.- ¡Ay, que daño… ! Tened cuidado,  que me vais a romper un brazo.

 

DANIEL.- Chica,  si que eres delicada, que no te hemos tocado…

 

RAQUEL.- ¡Eso digo yo!

 

CLARA.- Hay que tener cuidado, porque le podéis romper un brazo o la clavícula, y eso es muy doloroso.

 

MARGARITA.- ¿Lo has comprobado tú?

 

DANIEL.- Mira ésta, por qué no has dicho la cabeza.

 

ELVIRA.- ¡Bueno tío, déjate de tanto rollo y entrar de una vez!

 

(Entra Susana corriendo)

 

SUSANA.-  (Llega corriendo y sofocada) ¿Llego tarde?

 

RAQUEL.-  Si es para ser la primera, desde luego que sí.

 

CLARA.- Yo creo que ha llegado a una hora apropiada,  con respecto a la hora  en el anuncio no ponía una hora con exactitud, todo eran aproximaciones.

 

NURIA.- Yo creo  que ponía aquí. (Dudando) Me parece.

 

DANIEL.-   Ésta no se entera de nada.

 

MARGARITA.- ¿No me harán daño?

 

ELVIRA.- 0ye chica, que esto no es el dentista, sólo es una prueba.

 

NURIA.- ¿Una prueba? ¿De qué?

 

Todos se ríen.

 

SILVIA.- ¡Bueno , pasáis de una vez ¡

 

Todas entran empujándose y tratando de ser las primeras.

 

ROBERTO.- ¡Venga,  que no tenemos todo el día para pasar! Chicos,  chicos no hemos pedido.

 

DANIEL. _ Yo a Raquel no la dejo sola.

 

SILVIA.-   Tranquilo, que no nos la vamos a comer.

 

DANIEL.- Yo de aquí no me voy.

 

ROBERTO.- Déjale pasar, no tenemos tiempo que perder con escenitas de celos. Pero no te acostumbre.

 

SILVIA.-  Venga,  colocaos en fila.

 

RAQUEL.- ¿India?

 

ELVIRA.- Lo que faltaba  ahora, colocarnos en fila india, ni que estuviésemos en la cola del paro…

 

NURIA.- ¿Qué dicen, que en la fila hay una india? ¿Dónde?

 

SUSANA.- ¡Chica! Pareces un poco dura de oído.

 

ELVIRA.- Que te coloques bien           

 

NURIA.- Vale, vale…

 

ROBERTO-  Silencio, hacer el favor de bajar la voz.  Ahora  Silvia, os entregará un número a cada una de vosotras ¿Entendido? ¿Lo habéis entendido?

 

NURIA.- ¿Y qué hacemos con el número?

 

ELVIRA.- (Con pitorreo)  Tía, que te parece si te lo guardas para un sorteo.

 

MARGARITA.-  Yo creo que es para saber el turno que tenemos cada una. ¿No…?

 

CLARA.- Lógicamente, el turno se realizará de acuerdo a como hayamos  venido ¿supongo?

 

ROBERTO.-  Supones bien.  Por favor, Silvia, dale los números  de una vez, antes de que venga ya sabes quién… ¡Me están poniendo nervioso con tanto griterío!

 

Silvia saca  unas cartulinas grandes con los números y los reparte.

 

NURIA.- Yo soy la primera, me parece.

 

RAQUEL.- ¡Ya empezamos!

 

SUSANA.-  Y yo la última.

 

MARGARITA.- Yo he llegado la segunda.

 

ELVIRA.- ¡De eso nada, monada, la segunda es mí menda turrón de almendra!

 

SILVIA.- ¡Bueno, ya está bien, los daré como a mí me dé la gana!

 

CLARA.- Seguro que hay alguna con enchufe.

 

SUSANA.- Yo, desde luego no.

 

SILVIA.- ¿Alguna de vosotras tiene la costumbre de pintarse los pelos de colores? Si es así, que lo diga ahora y sino que calle para siempre.

 

ELVIRA.- ¡Jo tío, esto parece un juicio!

 

SUSANA.- Qué grandes son estos números

 

DANIEL. -  Para verlos mejor.

 

CLARA.- Esta respuesta es de un famoso cuento de Caperucita...

 

ELVIRA.-  (La corta) Cuento el que tienes tú. Por quién nos tomas ¿De dónde crees que venimos, de la época de las cavernas?  Lo sabemos todos  que esa frase pertenece  al cuento de Caperucita y el lobo.

 

CLARA.- Perdonad, yo creía que no lo conocíais.

 

SUSANA.- Cómo no lo vamos a conocer, si ese cuento  es más antiguo que el ir a pie.

 

MARGARITA.- A mí  me lo leía mí mamá.

 

DANIEL.- Y a mí, mi abuelo… ¿Qué te parece?

 

NURIA.- Pues yo..., yo no lo recuerdo.

 

RAQUEL.-  Lo raro sería que tú recordaras algo.

 

ELVIRA.-  (Con pitorreo) Pobrecita, no se acuerda, que triste, un día  gris en la historia de la humanidad, a nosotros que más nos da.

 

RAQUEL.-  Qué risa.

 

(En ese momento entra el señor Ambros y su asesora, una mujer muy poco agraciada, viste totalmente antigua, con un traje de chaqueta gris. Tiene una pequeña sombra  de vello sobre el labio superior a modo de bigote)

 

AMBROS.- (Seco)  Buenos días.

 

(La asesora hace un gesto con la cabeza, sin hablar)

 

ROBERTO.-  (Sorprendido) Buenos días, señor Ambros  y compañía.

 

(Silvia aparta a las chicas hacia un lado y ellos pasan por medio)

 

SILVIA.- (Aguantando la risa) Buenos… buenos días

 

DANIEL.- ¿Quién será este tío para tanta reverencia?

 

AMBROS.- Les presento a mí asesora.

 

ROBERTO.- Mucho gusto. (Le tiende la mano  y ella no responde)  Señor Ambros, ¿Si le parece bien  empezamos con  la primera chica?

 

AMBROS.- ¿Te parece bien que empecemos? (Dirigiéndose a la asesora, ella  mueve la cabeza afirmativamente) Sí, cuanto antes empecemos con este suplicio antes acabaremos. 

 

ROBERTO.- Visto así…

 

SILVIA.- Roberto, ¿Llamo a Javier? (Sale)

 

ROBERT.- Sí,  llámalo que vamos a empezar enseguida.

 

AMBROS.- ¡Espero que ninguna tenga los pelos verdes!

 

ROBERTO.- No, no se preocupe ya nos hemos asegurado de eso.

 

AMBROS.- Ya veremos…

 

Entra Silvia acompañada  de Javier

 

ROBERTO.- Por favor, siéntense (Dirigiéndose al señor Ambros)

 

AMBROS,-  (Seco) ¿Podemos empezar  de una vez?

 

ROBERTO.- Sí, sí, claro.  (A las Chicas) Señoritas, el número uno puede acercarse, las demás por favor esperen fuera.

 

Ambros y la asesora se sientan en unas sillas. Todas  las chicas se retiran y  queda Nuria ,jugueteando  con  la cartulina del número. Lleva una blusa mal abrochada y un calcetín de cada color.

 

SILVIA.- Sí,  esperar fuera pero calladitas…

 

ROBERTO.- (A Nuria)  Por favor señorita,  acérquese.

 

NURIA.-  ((Despistada, jugando con la cartulina del turno) ¿Me lo dice a mí?

 

ROBERTO.- ¡Pues claro, a quién va a ser!  Díganos su nombre.

 

NURIA.-  (Sorprendida) ¿El mío?

 

ROBERTO.- ¡Naturalmente! Venga, que no tenemos todo el día.

 

AMBROS.- ¡Madre mía, de dónde habrá salido ésta!

 

NURIA.- Bueno,  bueno, ya se lo digo…

 

ROBERTO.- Silvia,  apunta señorita...

 

NURIA.- Me llamo Nuria ¿Los apellidos también?

 

ROBERTO.- No, no hace falta, si llegamos a un acuerdo ya no los darás.

 

NURIA.-  ¿Un acuerdo? ¿Qué acuerdo?

 

ROBERTO.- ¡Sobre el spot naturalmente!  Luisa, dale un retoque a esta chica.

 

SILVIA.-  (Agarrándola de un brazo)  Ven aquí monada, que te voy a poner hecha un cromo.

 

AMBROS.- ¡No se le ocurra ponerle los pelos verdes!

 

SILVIA.-  (Con intención) Ya sé  que usted le  tiene alergia al verde…

 

ASESORA.- (Sin abrir boca hace un gesto, dando a entender que es una descarada)

 

AMBROS.-  (Dirigiéndose a la asesora) Sí, ya lo sé.

 

NURIA.-   (A Silvia) Oye, ¿por qué me has llamado cromo?

 

SILVIA.-Tú no hagas caso.

 

JAVIER.- Ponla guapa, que luego no dan buena imagen  en las fotos  y me las cargo yo.

 

ROBERTO.- Bueno, coge el  bote de crema que empezaremos con la prueba. Javier, prepara la cámara que vamos a empezar.

 

(Todos están distraídos y Nuria juguetea  con el bote e  intenta arrancar la etiqueta)

 

JAVIER.-  ¡La cámara está preparada!

 

AMBROS.- (A Roberto) Oiga, ¿esta chica no tiene muchas pecas? A ver si va a parecer que mi crema produce manchas en la piel.

 

ROBERTO.- No se preocupe  por eso,  con una buena capa de maquillaje las tapamos todas   y no la dejamos ni rastro de las pecas.

 

AMBROS.- A ver si se van a  pasar y va a parecer que lleve en la cara una capa de engrudo…

 

ROBERTO.- Que cosas tiene usted…señor Ambros…

 

SILVIA.-  (La da un grito y le quita el bote de golpe) ¡Qué haces, destrozando el bote!

 

NURIA.-  ¡¡Ah, que susto!  Yo…

 

JAVIER.- ¡Chica, que lo tiras! ¡Ese bote hace  más bulto que tú!

 

ROBERTO.- ¡Ya está bien la broma! ¡Cómo se te ocurre tirar de la etiqueta!

 

NURIA.-  Me  dicen  que coja el bote y ahora me riñen.

 

ROBERTO.- ¡Claro que te he dicho que cogieras el bote, pero no que arrancases  la etiqueta, o es que no te has dado cuenta  que esa  es la marca de la crema!

 

NURIA.- No me grite que no me entero.

 

AMBROS.- ¡Me está poniendo negro!

 

SILVIA.- Bueno, bueno,  un poco de calma  que la estáis poniendo nerviosa.

 

NURIA.- De verdad repítamelo otra vez, le prometo que lo haré bien.

 

AMBROS.- ¡No necesitamos promesas, sino  hechos! ¿Verdad? (Dirigiéndose a la asesora, que mueve la cabeza, afirmativamente)

 

ROBERTO.- Silvia, dale el bote de crema  de una vez.

 

NURIA.- ¿Y qué hago con ella?

 

ROBERTO.- La coges, y muy sonriente dices, “crema Ambrosía , un poquito cada día”

 

NURIA.-  Yo no la gasto nunca.

 

ROBERTO.-  Bueno, aquí de lo que se trata   es de anunciar la crema, y hacerlo bien ¡y punto!

 

SILVIA.-Venga,  que te doy un retoque  y al ataque.

 

NURIA.- Lo intentaré, repítamelo.

 

ROBERTO.- ¿Otra vez?

 

NURIA.-  (Aturdida) Sí, intentare recordarlo, pero es que todos hablan mucho y muy deprisa  y es muy difícil entenderlo todo.

 

AMBROS.-  (Levantándose de la silla) ¡Vamos a ver si es verdad que al menos lo intenta!

 

ROBERTO.- Tienes que decir, “crema Ambrosía un poquito cada día.”

 

NURIA.- (Nuria hace un gesto de no entender nada, y se dirige a la asesora) Señora,  ¿tiene un pañuelo de papel?

 

ROBERTO.- Oye, oye, ¿dónde vas?

 

AMBROS.-  (Seco) ¿Para qué quiere un pañuelo?

 

NURIA.- Para quitarle un poquito de hollín, que tiene en el bigote.

 

ASESORA.- (Sin decir palabra  sólo con los gestos empieza a protestar)

 

AMBROS.-  (Apartándola de golpe) ¡Señorita, cómo se atreve! (La asesora le habla al oído)

 

NURIA.-  Bueno, bueno, yo sólo quería quitárselo.

 

AMBROS.- ¡No cogeré una chica que está llena de pecas y que lleva un calcetín de cada color, como si no estuviera normal!

 

JAVIER.- Ya estaba viendo  yo  esto  se iba a liar.

 

SILVIA.-  (Por Nuria) Normal, con éste despiste…   Aunque a mí  este tío me cae gordo, y su asesora  también.

 

ROBERTO.-  (Trata de calmarlo) No se ponga nervioso, señor Ambros.

 

AMBROS.- ¡No trate de convencerme, déjeme en paz! ¡Menos mal que he venido acompañado por mí asesora si no...!

 

ROBERTO.-  Bueno, pues nada, no se lo tome así.  (A Nuria)  Chica, lo siento.

 

NURIA.- ¿Dónde me siento?

 

ROBERTO.- ¡Esto es el colmo! ¡En ningún sitio! ¡Mejor dicho sí, en el autobús que te lleve de   camino a la luna, que es donde todavía estás tú! 

 

NURIA.-  (Dudando) ¿Me voy?

 

AMBROS.- No le han dicho que sí, qué quiere que se lo digan por señas… Esta chica es tonta o lo finge muy bien.

 

NURIA.- Bueno, bueno ya me voy. . . ¡Qué genio! No sé porque  se ha puesto así si yo no he hecho nada.

 

JAVIER.- (Con doble intención) Pues ese es el problema que no has logrado hacer bien nada de nada, guapa…

                 

    Nuria se retira  despistada equivocándose de puerta y  vuelve a pasar otra vez.

 

SILVIA.- No ha  dao una la pobre… ¿Llamo a la segunda?

 

ROBERTO.- Sí.  Y esperemos que  sea un poco más despierta.

 

SILVIA.- (Abre la puerta)  ¡Ya puede pasar la segunda!

 

(Entra Elvira, viste con ropa de alguna tribu urbana, lleva puestas unas gafas de sol oscuras y masca chicle)

 

ELVIRA.- (Tirando la cartulina del número)  ¡Hola troncos!

 

JAVIER.- ¡Bravo, está es de las mías!

 

ROBERTO.- Muchas confianzas se toma, ya veremos como acaba esto.  Silvia,  apunta el nombre de esta chica.

 

ELVIRA.- ¿Podemos empezar de una vez? Llevo un mes ahí fuera. Apunta colega, mi    

      menda se llama Elvira.

       

AMBROS- Hay que tener paciencia y saber esperar.

 

ELVIRA.- Ya he tenido paciencia, pero no  estaría mal que dijeran algo de vez en    

    cuando, sería un detalle,  porque llevo toda la mañana esperando.

        

  ROBERTO.- ¡Ahora no querrás que te contemos la Biblia en verso!

 

SILVIA.- ¿Le doy un toquecito?

 

ELVIRA.- ¡Paso de esas carrocerías!

 

SILVIA.- Chica, que sólo quiero ponerte ¡guay!

        

   ELVIRA. - Tía, no me comas el coco, que yo solo he venido a una prueba y no a que    

      me  pintes como a un indio.

 

ROBERTO. - Bueno chica, tienes que dejarte poner un poco de color en la cara, tenemos que  comprobar que perfil das en la cámara.

 

ELVIRA.- ¿Qué quieres ponerme como a un cromo?  ¡Menudo rollo! Si yo no estoy equivocada,  esto prometía ser ¡dabuti!

 

AMBROS.- ¡No sé a qué ha venido usted aquí, esto es algo muy serio! ¿Verdad? (Dirigiéndose a la asesora)

 

(La asesora mueve la cabeza como siempre afirmativamente.)

 

ELVIRA.- ¡Eh tío, que yo no he venido a ningún funeral, vale! 

 

AMBROS.- ¡Ni tampoco a una fiesta!

 

ELVIRA.-  ¡A ver si no voy a poder ni respirar!

 

JAVIER.- ¡Eso colega, no te cortes un pelo!

 

SILVIA.- Esto…esto se está liando.

 

(La asesora empieza a gruñir, levantándose y sentándose alterada)

 

AMBROS.- ¡Respire todo lo que quiera pero empiece de una vez.

 

ELVIRA.- Colega, que le pasa a este par que parece que muerden.  Si tienes problemas búscate algún hobby, por ejemplo hacer bolillo.

 

ROBERTO.- ¡Bueno, ya está bien!

 

ELVIRA.- ¡Eso digo yo, que ya está bien! Como broma no está mal.

 

ROBERTO.- Silvia, dale el bote de crema, y  tú, (A Elvira)  mucha alegría al pronunciar la frase.

 

ELVIRA.-  (Con recochineo) ¿Cómo esa señora de alegre? (Por la asesora) 

 

ROBERTO.- Tienes que decir... Crema Ambrosía un poquito cada día.

 

ELVIRA.- Poco venderán esta crema.

 

ROBERTO.- ¿Por qué dice eso?

 

ELVIRA.- Por qué va a ser, porque si es un poquito cada día, con las medidas tan descomunales que tiene este bote puede durar la tira. ¡Vamos que puede hasta fermentar!

 

ROBERTO.- ¡Deja de preocuparte por el bote y empieza de una vez!

 

ELVIRA.- ¡Bueno tío, qué te pasa! A mí no me cuentes tu vida.

 

JAVIER. - Esta, no se corta un pelo.

 

 ROBERTO. - ¡Te das cuenta de lo que estás montando!

 

ELVIRA. - (A Javier) Colega, qué le pasa a este tío, que parece que muerde. Oye, si tienes  problemas  búscate algún hobby, por ejemplo ¡hacer bolillo!

 

 ROBERTO.- ¡Aquí la que tiene un problema eres  tú, que no te  sabes  comportar!

 

 ELVIRA.- ¿Acaso me vas a enseñar tú?

 

 ROBERTO. -¡No te vendría nada mal!

 

 JAVIER.- Bueno, tranquilitos, ¿Vale? Ya está bien de enfados, a ver si conseguimos empezar.

       

 SILVIA. - Eso, vamos a calmamos todos. (A Elvira) Mira, con mucha alegría tienes      

     que decir , Crema Ambrosia un poquito cada día.

 

 ELVIRA. - ¿Cómo ese tipo de alegre? (Señalando a Ambros)

 

  AMBROS - ¡No resisto más, ya está bien la guasa!

 

ELVIRA.-  (Riéndose)  Para guasa esto. Y la  que no resiste más soy yo. Ya he dicho que es demasiado  café, mira como tiene este tío los nervios. (Haciendo gestos de untar la crema) Crema ambrosia…crema ambrosia… Esto sí que tiene guasa, ¿anunciar esta crema, yo? Con el tufo que hace. ¡Apártame ese bote de mi jeto que la voy a potar!  La salida es por ahí, ¿verdad?

 

AMBROS.- ¡No resisto más, ni mi asesora tampoco! (A la asesora)  ¿Verdad?

        

ELVIRA.- ¡Asesora, con ese mostacho!  La salida es por ahí, ¿verdad?

     

 JAVIER. - Sí, tía sí.

 

 AMBROS. - ¡Me gustaría saber, a qué has venido?

 

 ELVIRA.- ¡Desde luego a ver tu careto no! He venido a distraerme un rato, porque hoy  me  habéis pillao con la agenda en blanco. ¡Vale tío!

 

 ROBERT.- ¡Lárgate ahora mismo, que tienes un morro!

 

 ELVIRA.- (Saliendo) ¡Yo tengo morro, pero  vosotros tenéis un careto, y de los nervios..., ni te  cuento! ¡Tío lo  vuestro es de atar! (Se retira) 

 

(La asesora  empieza a protestar)

 

AMBROS.- ¡Esto es inaudito, que cara más dura!

 

ROBERTO.- Tranquilo señor Ambros,  todavía  hay muchas.

 

SILVIA.- ¿Sigo llamando? ¡Esto va rápido!

 

JAVIER.- Con un poco de suerte, acabaremos antes de las diez.

 

SILVIA.- (Abriendo la puerta)  ¡La siguiente, ya puede pasar!

 

MARGARITA.- (Con mucha timidez)  Soy yo.

 

SILVIA.- Pasa, no tengas miedo, que aquí no nos comemos a nadie. Dime tu nombre.

 

MARGARITA.- Buenos días a todos, me llamo Margarita. (Todos la contestan la asesora mueve la cabeza)

 

ROBERTO.-  Ahora Silvia te dará un retoque. ¿Estás preparada?

 

MARGARITA.- Bueno, pero… ¿no me hará daño?

 

SILVIA.- ¡Chica, que sólo quiero ponerte guapa!

 

MARGARITA.- (Con una media sonrisa)  Mi madre... ya me dice que soy muy guapa.

 

SILVIA.-  Pero como aquí no está tu mamá para decírtelo pues...

 

ROBERTO.-  No  te pongas nerviosa que aquí hay que estar tranquilita. Javier resáltale la melena rubia. Silvia dale el bote de crema.

 

AMBROS.- (Dirigiéndose a la asesora) ¿Te gusta la melena rubia?)

(La asesora mueve la cabeza negativamente)

 

MARGARITA.-  (Tímidamente) Oiga, ¿esta crema no será peligrosa? Yo soy muy joven y no necesito cremas.

 

 AMBROS.- ¡Señorita, cómo se atreve a decir esa bestialidad!

 

MARGARITA.- (Aturdida se dirige a la puerta)  Por favor, no me grite,  se enfade, no me grite más que me pongo muy nerviosa.

 

ROBERTO.- Cálmate, cálmate un poco, y ven para acá.

 

MARGARITA.- (Recelosa)  Ya voy, pero que no se enfade ese señor. (Por Ambros)

 

JAVIER.- ¡Esta todavía está en la cuna con su mamá!

 

SILVIA- Pues tendremos que tener cuidado que no se nos caiga… Bueno, tranquilita y a coger el bote de crema, ¿vale?

 

MARGARITA.- (Con los ojos llorosos) Vale…

 

ROBERTO.- A ver si vale de verdad.  Ahora tienes que decir, crema Ambrosía un poquito cada día.

 

MARGARITA.-  (Untándose toda la cara con la crema) Crema tu tía un poquito cada día.

 

AMBROS.- (Subiendo el tono) ¡Crema tu tía, crema tu tía! ¡No la quiero ver más aquí!

 

MARGARITA.-  (Gimoteando) ¡Por favor no me grite, no me grite que me pongo muy triste!

 

AMBROS.- ¡Con tanto lloriqueo me gustaría saber para qué  ha venido aquí esta pava! 

 

MARGARITA.- (Acercándose tímidamente al oído de la asesora) Señora, perdone, pero tiene usted un poquito de bigote aquí encima que le afea muchísimo (Haciendo el gesto)

 

(La asesora se altera sin decir palabra solo con los gestos y Ambros como siempre la calma)

 

AMBROS.-  ¡Esta chica es el colmo,  se atreve a  asesora a mi asesora! ¡Quiero que desaparezca de mi vista ahora mismo! 

 

ROBERTO.-  Anda, torpe, desaparece rápidamente de aquí antes de que… 

 

MARGARITA.- Yo únicamente quería ayudarla, por si ella  no lo había visto.

 

AMBROS.-  (Levantándose) ¡Fuera, fuera!

 

MARGARITA.- ¡Ay, que me pega, que me pega!

 

JAVIER.- ¡Otra menos!

 

 Margarita sale corriendo asustada.

 

SILVIA.-  ¿Ya puedo llamar a otra?

 

ROBERTO.- (Muy nervioso)  ¿A ti qué te parece? ¡Desde luego que sí!

 

SILVIA.- Bueno, hombre, bueno, que yo no tengo culpa de que no demos una.

 

AMBROS.- Que razón tiene, de momento no han dado ni una.  Ande, llame a otra  y esperemos  que haya más suerte que hasta ahora, porque menuda panda…

 

 (Entra una chica con aspecto de intelectual. Viste sobria, con gafas y lleva un libro)

 

ROBERTO.- Silvia, ya sabes…

 

CLARA.- ¡Un momento! Tengo por norma, hablar siempre con el director o la persona que encargadas de realizar está prueba ¿Es alguno de ustedes?

 

JAVIER.- ¡Los tienes a todos en pleno!

 

CLARA.- ¿Quién es el director?

 

ROBERTO.- Yo, ¿qué es lo que pasa?

 

CLARA.- Quiero que quede constancia, de que pasaré esta prueba por dura que sea, porque es importantísima para mis estudios.

 

AMBROS.-¿ Está usted estudiando arte dramático o publicidad?

 

CLARA.- (Casi ofendida)  No, no, no, nada de eso, yo estudio ciencias exactas y filosofía y letras, y por las noches doy clases de chino.

 

ROBERTO.- Eso está muy bien, pero yo no le veo ninguna relación con éste anuncio.

 

AMBROS.- Ni yo tampoco, ¿y tú?  (Dirigiéndose a la asesora, que responde negativamente con  moviendo la cabeza)

 

CLARA.- Pues está muy claro, la parte económica, la emplearé para comprarme una tuba, ¡que es la ilusión de toda mi vida! y además, representará una experiencia más para añadir a mí currículum vite ¿Lo  han entendido?

 

ROBERTO.- Sí, sí, claro. Con  tu dinero te  compras la tuba o un trombón, con él  tú puedes hacer lo que te venga en gana.

 

JAVIER.- Si llega a conseguirlo… que lo veo difícil…

 

CLARA.- Por favor, les agradecería que no me hicieran perder más el tiempo, porque tengo una clase de música.

 

ROBERT.-  Sí,  empecemos ya.

 

CLARA.- Para mí el tiempo es muy valioso.

 

AMBROS.- Y para nosotros también, ¿verdad? (LA asesora mueve la cabeza como siempre)

 

SILVIA.-  Bueno, le doy el retoque ¿O qué?

 

ROBERTO.- Sí, dáselo.

 

SILVIA.- (Tratando de quitarle las gafas) Vamos, quítate las gafas.

 

CLARA.- ¡De ninguna manera! Las gafas son un elemento indispensable en mí personalidad.

 

JAVIER.- ¡Chica, que nadie trata de quitártela!

 

CLARA.-  Como usted no es el director, no tengo porque darle ningún tipo de explicación.

      

JAVIER.- Tampoco esperaba ninguna o sea que…

 

CLARA.- Me gustaría hacer una aclaración  antes de dejar que esta joven me maquille. (Refiriéndose a Silvia) 

 

ROBERTO.-  Ya me parecía a mí  que iba todo muy… Bueno, hazla, pero rapidita.

 

CLARA.- Tengo por norma, no ponerme en la cara ningún producto sin conocer antes su composición.

 

JAVIER.- ¡Lo que te digo! Todo el tiempo que hemos adelantado con las otras, lo vamos a perder ahora dándole explicaciones a ésta.

 

AMBROS.- ¡Sólo me faltaba eso tener que darle  la formula ahora!

 

CLARA.- (Insistente)  Yo sin conocer la composición de esta crema no puedo romper mi norma, podría tener algún componente perjudicial para mi epidermis.

 

AMBROS.- ¡Ay, madre mía!   Usted, (A Silvia) es mejor que no le ponga nada porque aun tendríamos la mala pata de que le produjese  alergia.

 

CLARA.- Este señor, sea quien sea, tiene una buena capacidad mental, ha captado muy bien mi explicación.

 

AMBROS.- ¡Quiere dejarse de tanta filosofía barata y empiece de una vez!

 

CLARA.-  (Mirando a Ambros) La delicadeza es un don, que no todos tienen el privilegio de poseer.

 

SILVIA.- Ésta se queda sin tuba.

 

ROBERTO.- Bueno Silvia, dale el bote de crema y tú (A Clara)  preste mucha atención. Coges el bote y dices, crema ambrosía un poquito cada día.

 

CLARA.- Esta frase, ¿para qué es?

 

ROBERTO.- ¡A ti que te parece! Es  para invitar a comprar la crema a señoras y señoritas.

 

CLARA.-  No incitaré a nadie a comprar esta crema sin conocer antes su composición.

 

AMBROS.- ¡Bueno ya está bien, otra vez con eso! Tanta composición se me a descompuesto el cuerpo! Y a ti también ¿verdad? (La asesora mueve la cabeza afirmativamente)

 

CLARA.- ¿Tiene usted molestias en el vientre?

 

AMBROS.- ¡Esta tía es tonta o lo finge muy bien!

 

ROBERTO.- Mejor será que se marche, antes de...

 

CLARA.-  ¿Así, sin darme ninguna explicación?

 

ROBERTO.- Tardaríamos muchos en darte una explicación que estuviera a tu altura    

    ¿Entiendes?

 

CLARA.-  Bien, ¡tomo nota!

 

SILVIA-  ¡Se quedó sin tuba!

 

JAVIER.- ¡Se fue a tomar nota!

 

CLARA.- Antes de salir, me gustaría darle un consejo a esta señora. (Por la asesora)  Hay unas cremas que por su composición  eliminan el vello superfluo. (La asesora gruñe y Clara se retira tan tranquila con el libro bajo el brazo)

 

SILVIA.- 0s comunico que ya van quedando menos…

 

ROBERTO.- Menuda noticia.

 

AMBROS.-  A ver si acabamos de una vez, porque lo estoy pasando peor que cuando me operaron de la vesícula.

 

JAVIER.- Tampoco hay que exagerar…

 

AMBROS.- Este chico es un insolente.

 

SILVIA.- (En la puerta) Pasa.

 

RAQUEL.- (En la puerta)  Si no pasa Daniel, yo tampoco.

 

SILVIA.- Robert, ¿al chico le dejo pasar?

 

ROBERTO.- Déjalo, que pase, ya no vendrá de uno.

 

DANIEL.-  A ver que la van a hacer.

 

SILVIA.-  Tranquilo,  que no nos la vamos  a comer…

 

AMBROS.- ¡Déjese de tanta pamema y empiecen!

 

SILVIA.-. Que antipático es el pobre.

 

RAQUEL.- ¿Podemos empezar de una vez! ¡Llevamos un mes ahí  fuera!

 

ROBERTO.- Chica, hay que tener paciencia y saber esperar.

 

RAQUEL.- ¡Ya hemos tenido paciencia,  pero todo tiene un límite y nuestro límite se ha agotado cuando la última chica ha salido diciendo que la han echado sin darle ninguna explicación!

 

AMBROS.- i Ahora, no pretenderá que le contemos la Biblia en verso! (A la asesora )  ¿Verdad?

 

(La asesora mueve la cabeza afirmativamente)

 

DANIEL.- Pues hombre, no estaría mal que dijeran algo ¡Llevamos toda la mañana  esperando!

 

RAQUEL.- ¡Déjalo no vale la pena!

 

JAVIER.- ¡De toda la mañana nada, que hemos ido muy rapiditos!

 

AMBROS.- ¡Y a este paso, se les pasan las cuarenta y ocho horas y ya saben...!

 

ROBERTO.- Sí, sí, ya lo sabemos…no hace falta que nos lo recuerde que ya lo tenemos en cuenta…  Javier prepara la cámara.

 

JAVIER.- Ya está preparada hace rato.

 

ROBERTO.- (Dirigiéndose a Daniel)  Tú, te quedas aquí calladito. Y tú, (A Raquel)  mucho entusiasmo al pronunciar la frase, crema  ambrosía un poquito cada día. (Silvia le da el bote de crema)

 

RAQUEL.-  Que incomodo es este bote.

 

AMBROS.- ¿Por qué dice eso?

 

 RAQUEL.- Porque para abrirlo hay que llamar casi a los bomberos.

 

SILVIA.-  Cuidado con lo que dices que no está el horno para bollos.

 

DANIEL.- Lo malo es que se ponga rancia.

 

SILVIA.- Menudo rollo.

 

AMBROS.- ¡Bueno señorita, deje de preocuparse por el bote y empiece ya!

 

RAQUEL- Yo sólo quería ayudar, pero ya veo que...

 

AMBROS.- ¡Ni  la necesitamos ni  le hemos pedido su ayuda! ¿Verdad?

(La asesora mueve la cabeza afirmativamente)

 

RAQUEL.- ¡Bueno, bueno! Uf, que olor más raro hace esta  crema.

 

DANIEL.- ¡No se te ocurra ponértela, podría salirte un sarpullido!

 

ROBERTO.- (A Raquel) Creo que te estás pasando un poco, con tantos peros y tanta charla. Venga, empieza ya.  Me imagino que no hace falta que te diga que tienes que poner una cara la  sonriente y mucho  entusiasmo ¿Entendido?

 

RAQUEL.- ¡.A ver si no va a poder una ni respirar!

 

AMBROS.- ¡Respire todo lo que quiera, pero actúe  de una vez!

 

DANIEL.- ¡Sin gritar, que todavía no hemos cobrado nada!

 

JAVIER.- Mucho  cuidado con lo que habláis...

 

RAQUEL.- ¡No queremos callar, aquí sólo hacen  que exigir!

 

AMBROS.- ¡No querrán  que se  les pague por adelantado!

 

RAQUEL.- ¡No pretendemos eso, pero hemos perdido toda la mañana!

 

ROBERTO.- (Tratando de aguantar el tipo) Calma, calma, vamos a tranquilizarnos un poco y…

 

SILVIA.- Sí, el tiempo corre en nuestra contra.

 

AMBROS.- De eso pueden estar seguros.

 

RAQUEL.- Yo, desde luego, no pienso ponerme esto en la cara, el olor que tiene me da angustia  y me estoy mareando.

 

AMBROS.- ¡Bueno, ya está bien! ¡Esta chica se han pasado el rato criticando mi crema! ¡Estoy más que harto, y mí asesora también! ¿Verdad? (La asesora como siempre mueve la cabeza afirmativamente)

 

DANIEL.- ¿Su asesora? ¿Su asesora de qué?

 

RAQUEL.- Eso digo yo. ¿No será de belleza con ese bigotazo?

 

SILVIA.- ¡Ya se formó!

 

JAVIER.-  Eso ya lo sabía yo.

 

SILVIA.- Era normal.

 

AMBROS.- (A Roberto) Dígales  a ese par que salgan de mi vista  porque si se lo digo yo...se lo voy a decir de otra manera.

 

ROBERTO.-  ¡Está claro!

 

RAQUEL.-  Clarísimo,  (Riéndose) Mira como tiemblo ¡Ya nos vamos!

 

DANIEL.-  (Riéndose) Y tú, quédate con tu asesora y tu crema, ¿Verdad?

 

RAQUEL.- Su asesora, su asesora, menuda asesora tiene.

 

Los dos se retiran riendo a carcajadas.

 

AMBROS.- Menos mal que se han ido, porque si tardan un poco más  no respondo de mis actos.

 

JAVIER.- Esto empieza a ponerse difícil.

 

SILVIA.-  ¿Sigo llamando?

 

ROBERTO.-  (Cabreado) ¡A ti que te parece!

 

SILVIA.- (En la puerta) ¡La siguiente!  No quiero asustaros pero sólo queda una.

 

AMBROS.- Pues dígale que pase... ¡A ver si tenemos suerte y es la definitiva!

 

SILVIA.- A ver si es verdad.  Ya puedes pasar.

 

(Entra  Susana  lleva la ropa llena de propaganda por todas partes, tiene aspecto de anuncio andante)

 

SUSANA.- (Dando un salto) ¡Hola, como están ustedes!

 

Todos se  quedan sin palabras la  mirándola.

 

SUSANA.-  Les he preguntado qué cómo están ustedes… Ahora  ustedes tienen que contestar ¡¡Bien!!

 

AMBROS.- ¡Ay mí madre, la que faltaba!

 

SILVIA.-.Robert,  ¿qué, le doy el retoque?

 

ROBERT.-  (Con cara de asombro) Sí, sí, claro.

 

JAVIER.- Ya empezamos.

 

SUSANA.- (Empieza a cantar corriendo de un lado a otro de la estancia) ¡Oh, toque, toque, toque guau! Ven, estoy muy bien informada de los anuncios.

 

SILVIA.- Mira que bien, así lo sabrá todo

 

AMBROS .- ¡A ver si es verdad que está al día!

 

SUSANA.- Los anuncios, es lo que más me gusta de la tele, los conozco todos.

 

SILVIA.- (Muy sorprendida) ¿Todos, todos?

 

SUSANA.- Sí, sí, todos ¿Quieres qué te cante algunos? (Empieza a cantar) ¡Scotex es mucho papel!  ¡Las comidas han cambiado y con Apis mejorado!

 

SILVIA.- ¡Qué gracia, esto es como el que se aprende la guía telefónica!

 

AMBROS.- ¡Bueno sigamos, que tenemos que ir a comer! ¿Verdad?

 

SUSANA.- ¿Con don Simón? (Canturreando) ¡Las dos, las dos, nos vamos a comer, mamá qué has hecho hoy arroz, con Sos, con Sos siempre me sale bien!

 

ROBERTO.- ¡Ni con don Simón, ni con doña Simona! ¡Usted señorita déjese de anuncios y empecemos de una vez, vale!

 

SUSANA.- Cómo quiere que me olvide, si  esta prueba es para uno.

 

SILVIA.-  Y tiene razón, ¿lo has olvidado?

 

ROBERTO.- Con la mañanita que llevamos... ya no sé ni lo que tengo que recordar.

 

AMBROS.-  ¡Pues procure no olvidarlo, porque le queda muy poco tiempo de las cuarenta y ocho horas. ¿Verdad? (La asesora mueve la cabeza)

 

SUSANA.-  (Muy entusiasmada) ¡Bueno! ¿Empiezo, qué tengo que decir? Conozco todos los anuncios.  ¡Me lo sé todos!

 

JAVIER.- ¿Todos, todos?

 

SUSANA.-  Sí,   Los de antes y los de ahora.

 

SILVIA.- Esto es como el que se aprende la guía telefónica.

 

ROBERT.- Nos conformamos con que sepa lo que tiene que saber, nosotros sólo queremos una chica nueva.

 

SUSANA.- (Cantando a voz en grito)  ¡Tenemos chica nueva de vecina, que se llama Faralá y es divina, inteligente ama a la gente, yo soy así!

 

AMBROS.- ¡Usted qué pretende, decirnos todas las marcas menos la de mí crema!

 

SUSANA.- Como no me han dicho nada.

 

AMBROS.- ¡Dígaselo de una vez!

 

ROBERTO.- Tranquilo señor. . (A Susana) Tú, déjate de anuncios que nos tenemos que ir a comer. 

         

SUSANA.- ¿Con don Simón?

 

AMBROS.- ¡Ni con don Simón ni con doña Simona!

 

ROBERTO.- Ven aquí. ¿Ves este bote de crema? Pues  tiene que decir , crema Ambrosía un poquito cada día.

 

SUSANA.- Ya lo he entendido. (Canturreando y metiendo el bote delante de la cámara de fotos) ¡Crema Ambrosía un poquito cada díaaaa!

 

JAVIER.- ¡Cuidado que me tiras la cámara!

 

AMBROS.- ¡Nadie le ha dicho que cante! ¿Verdad?

 

(La asesora como siempre mueve la cabeza negativamente)

 

SUSANA.- ¡Hombre, que sin música no vale nada!

 

ROBERTO.- (Mirando para arriba) Señor, sólo te pido algo normalito, para tener un poco de felicidad…

 

SUSANA.- ¡Felicidad! (Cantando) ¡Felicidad, es  maravillar con kinder sorpresa y quién sabe  que hallar!

 

AMBROS.- ¡Tú, ya lo has hallado, la puerta, no aguanto ni un minuto más a esta  chiflada!

       

SUSANA.-  ¿Por qué está usted tan enfadado? ¿Quiere que le cuente un chiste?

 

JAVIER.- Sí, cuenta, cuenta.

 

ROBERTO.- ¡No,  sólo nos faltaba eso!

     

SUSANA.- Bueno, pues tú te lo pierdes. (Dirigiéndose a la asesora) Señora, si quiere un consejito, hay que depilarse ese bigotito.  Me voy ¿Verdad?

 

 AMBROS.- ¡Cállese de una vez!  (El señor Ambros se altera muchísimo)  ¡Esta mañana he  aguantado  de todo pero esto ha llegado demasiado lejos! ¿Verdad?

 

SILVIA.- Márchate  y rapidito, antes de que….

 

SUSANA.- (Canturreando) ¡Ya me voy, ya me voy de tu lado para no volver más , porque ya me agotaste la paciencia, y ya verás como cuando vaya que mal vas a estar...

 

AMBROS.-  ¡Adiós chalada, que pareces un anuncio andante!

 

SUSANA.- ¡Adiós  maniático!

 

SILVIA.- Os comunico que fuera no hay ninguna chica más.

 

AMBROS.-  ¿Qué quiere decir con no hay ninguna más?

 

 JAVIER.- Pues está muy claro, que no hay ninguna más.

 

ROBERTO.- Señor Ambros, tiene que comprender que había muchas chicas y...

 

AMBROS.- ¡Qué quiere decir, qué no hemos sabido escoger entre ese grupo de chifladas! ¿Verdad? (La asesora refunfuña)

 

JAVIER.- Hombre, no se puede ser tan puntilloso…

 

AMBROS.- ¡Usted se calla que nadie le ha pedido su opinión! ¿Verdad?

 

JAVIER.- ¡Pero yo se la doy, soy así de generoso!

 

AMBROS.- ¡Me río yo de su generosidad!

 

JAVIER.- ¡Eso es lo que tiene que hacer, reír!

 

ROBERTO.-  (Lo coge aparte) Deja de provocarle y ¡cállate de una vez!

 

 La asesora  hablando a Ambros al oído.

 

AMBROS.- Sí, ya, ya lo sé, tienes mucha razón, son todos ellos unos irresponsables  ¿Verdad?

 

SILVIA.- Con tanta verdad, me está poniendo negra. A este par  no hay quien los entienda.

 

JAVIER.- A estos quién los va entender. Robert,  ya empiezo a recoger.

 

AMBROS.- Tiene usted mucha prisa, y que yo sepa seguimos igual que
        cuando llegamos aquí! ¡O sea sin nada de nada! ¿Verdad?

 

        (La asesora da a entender que tiene mucha cara)

 

En ese momento llega la señorita Román con su perrito.

 

Srta.ROMAN.- Buenos días. Que alterada salía esa chica

 

ROBERTO.-  Buenos días, Aurora.

  

SRA.ROMÁN.- Robert, he venido para ver si ya está solucionado lo de mi spot.

 

SILVIA.- Madre mía, lo que  faltaba, esta cursi  con su perrito.

 

JAVIER.-  ¡Ahora sí que se forma de verdad!

 

ROBERTO.-  Bueno, verás Aurora…

 

 AMBROS.-  (A Roberto) Oiga,  no olvide que nosotros estamos primero. ¡No se desentienda de nosotros dejándonos aquí plantados! ¿Verdad?

 

SILVIA.- Este, ni plantado agarraría, ni con  el mejor de los abonos.

 

Srta. ROMAN.- Robert ¿Qué le pasa a ese señor, que está tan sofocado y a esa señora tan poco agraciada?

 

ROBERTO.-  Tranquila Aurora,  tú no te preocupes de nada.  Aurora, te presento al señor Ambros y a su asesora.

 

 Srta. ROMÁN.-  (Le tiende la mano) Mucho gusto.

 

AMBROS.- Igual digo (Hace un gesto como de besarle la mano, la asesora le da codazo)

 

ROBERT.-  Veras, Aurora, el señor Ambros es el dueño de una compañía de cosméticos, muy importante y está aquí para anunciar su crema.

 

Srta. ROMAN.- Ah, muy bien, que interesante, ¿Y cómo se llama esa crema?

 

AMBROS.- Ambrosia.

 

Srta. ROMAN.-  Muy lógico, de Ambros, ambrosia. Pero esa crema yo no la he oído nunca, y es raro porque estoy muy puesta en eso de la belleza.

 

AMBROS.- No la ha oído porque todavía no ha salido a la venta, por eso estamos aquí, pero ya lo veo casi imposible.

 

Srta. ROMÁN.- Imposible, ¿el qué?

 

ROBERTO.- Pues, que le pasa como a ti  con tus bambas, que no acabamos de encontrar a la chica adecuada.

 

AMBROS.- Porque no había ni una que fuera normal.

 

ROBERTO.- Como nuestra experiencia nos decía que algo así podía pasar, pues nosotros habíamos pensado en un anuncio conjunto. Silvia, ya sabes lo que tienes que hacer.

 

Silvia se retira por la puerta.

 

Srta. ROMAN.- ¿Un anuncio conjunto?

 

AMBROS.- ¿Qué quieres decir con eso de conjunto?

 

ROBERTO.- Es  un nuevo concepto en el marco de la publicidad, y hoy en día se ha puesto muy de moda. Veréis, se unen dos marcas  o dos productos  que no tienen nada que ver el uno con el otro  y se crea un spot con un slogan  pegadizo y se monta como un pequeño musical. ¿Qué les parece?

 

Srta. ROMAN.- No sé qué decir, si es tan novedoso como dices…  

 

AMBROS.- ¡No entiendo nada...! ¡Desde luego no quiero que mi crema de la imagen de que huele a pies!

 

ROBERTO.-  De ninguna manera señor Ambros .Es un sistema muy novedoso  y muy original que  estamos seguros de que les gustará.

 

AMBROS.- ¡Eso espero si no...!

   

Entra Silvia

 

ROBERTO.- Silvia, ¿ya está preparado el conjunto de baile?

 

SILVIA.- Sí, esta todo apunto, cuando tú digas  empiezan.

 

ROBERTO.- Diles  que en dos minutos pueden empezar.

 

SILVIA.- (En la puerta) Dos minutos y empezáis.

 

ROBERTO.- Por favor Aurora, señor Ambros y compañía, siéntese cómodamente, Javier prepara la cámara que esto empieza ¡ya!

 

Los tres se sientan en un lateral, se oscurece un poco el escenario con algún tono de fondo, se escucha una música pegadiza y salen por el centro las chicas del castin, en medio de ellas está el chico. Visten todas ellas, con unas falditas y unas camisetas iguales, llevan un bote de crema AMBROSIA en la mano, y el chico calza unas zapatillas deportivas muy llamativas, con el nombre PISOTÓN  pegado en los laterales.

  

 Con una coreografía sencilla bailan un pequeño número musical. Terminada la música y el baile, se escucha una frase publicitaria con una voz de mujer muy sugerente.

 Un chico tan seductor, que gasta deportivas el Pisotón, que  hacen correr un montón, no podría enamorarse de una chica que  no utilizase “crema Ambrosia un poquito cada día”.  Deportivas  “El Pisotón y crema Ambrosia”  les desean un feliz día…  

 

Acabada la frase se retiran bailando, por la puerta del centro, sube la intensidad de la luz y  la asesora corre gritando tras ellos.

 

ASESORA.- ¡¡Ambrosio, yo también quiero correr con las zapatillas el Pisotón!! ¡Ambrosio, me voy detrás de él  a firmar el contrato! ¡Ambrosio,  no te preocupes por mí volveré sola!

 

JAVIER.- Caray, con  la que no hablaba… 

 

ROBERTO.- ¿Qué les ha parecido?

 

AMBROS.- Me cuesta creerlo, pero parece que ha acertado usted... ¡Ya era hora! A mi asesora he podido comprobar que le ha gustado mucho, y a mí,  después de la semanita que me han dado,  parece algo diferente. La verdad, me ha sorprendido y mira que yo para sorprenderme…

 

Srta. ROMAN.- Robert, estoy entusiasmadísima, aunque yo,  siempre he confiado en ti ¡Eres  genial! Bueno ya tengo que marcharme  que es la hora del ágape  de Lulú y...

 

ROBERTO.-  Ah, pues a Lulú  no hay que hacerle  esperar para comer, pobrecillo. Cuando esté todo el papeleo preparado  les llamaré para firmar los contratos ¿Les parece bien a los dos?

 

AMBROS.- Por mí  sí, quiero terminar con esto cuanto antes.

 

Srta. ROMAN.- Esperare impaciente tu llamada, Robert

 

(Robert les acompaña a la puerta de salida y  los  dos se retiran)

 

SILVIA.- ¡Por fin se ha terminado!

 

JAVIER.- ¡Espero que las fotos salgan bien!

 

ROBERTO.- Más te vale, porque después de la mañanita que hemos tenido...

 

JAVIER.-  Lo que les pasa a los clientes es que no saben bien  lo que quieren.

 

ROBERTO.- Ya lo creo que lo saben,  que su producto se vea  como algo  especial, por extraño que este sea. Bueno, vámonos a comer que ya es hora.

 

SILVIA.- (Bromeando) ¿Con don Simón? ¡Tranquilos que es broma! Marcharos vosotros tengo que recoger mis cosas, ya cerraré yo.

 

JAVIER.-  Yo me largo que estoy muerto. Menuda mañana ha sido toda un record.

 

ROBERTO.- Yo también me voy que tengo un dolor de cabeza…

 

Roberto y Javier se retiran por la puerta principal  y Silvia se queda recogiendo.

 

SILVIA.- (Dirigiéndose al público) Pues ya han visto ustedes lo que es la publicidad. El anuncio, se ha convertido en todo un arte, a veces, el arte de hacer real lo irreal, lo clásico, lo normal, como se dice comercialmente, "no vende" ¡Pero no importa lo anuncies,  porque todo se puede comprar y todo se puede vender, sólo hace falta una buena "publicidad"!

 

Silvia coge su bolso, las luces bajan de intensidad  y antes de retirarse.

 

SILVIA.- ¡Ah,  no se les olvide, el anuncio para ser efectivo, tiene que ser, muy espectacular.

 

 

Oscuro  y telón

 

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

Si quieres dejar algún comentario puedes usar el Libro de Visitas  

Lectores en línea

web stats

::: Recomienda esta página :::

Servicio gratuito de Galeon.com