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SIMPELEN, A MI PESAR

de Ana A. Millás Mascarós

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

SIMPELEN, A MI PESAR

ORIGINAL DE.

Ana A. Millás Mascarós

 

anamillas@hotmail.com

 

PERSONAJES

ELENA - Mujer de unos cuarenta años, muy bien llevados, dinámica y vital. Está casada. Su trabajo como redactora jefe en una importante revista de tirada nacional, le ha permitido no perder su independencia.

JULIA  - Amiga íntima de Elena. Se conocen de toda la vida. Está soltera y sin compromiso.

PEDRO - Marido de Elena. Seis años más que ella, pero la diferencia de espíritu es mucho más acusada. Todo lo que a ella le divierte a él le aburre soberanamente. Es el dueño de una empresa inmobiliaria.

LUIS   - Personaje invisible.

 

DESCRIPCIÓN DE ESCENA  

          El lugar escénico es un ático amueblado con mucho gusto. A las claras se puede comprobar que no hay niños, pues todos los detalles están cuidados al máximo, y los objetos que decoran el salón son muy valiosos

En el lateral derecho, y e primer termino, una mesa de diseño vanguardista, con dos sillas del mismo estilo. En el otro lateral, un sofá de cuero negro de dos plazas, y haciendo juego, un sillón de esos que tienen incluidos masaje relajador. En la pared del fondo, que queda libre, un mueble de salón, donde se encuentra el teléfono, naturalmente inalámbrico.

El acceso desde la calle se efectúa por la puerta del recibidor, que se encuentra en el lateral izquierdo.

Puerta de la cocina. Más que puerta que no hay, es un gran arco, en donde se incluyen además de la entrada una moderna barra americana. Esta situada en el lateral derecho.

Puerta al dormitorio principal. Por el foro, se encuentra al lado del mueble del salón.

          Época actual. Derecha e izquierda, las del actor.

ACTO ÚNICO

(Antes de abrir el telón, se escucha el timbre de la puerta sonando con carácter festivo. Desde el recibidor, precipitadamente, entra ELENA en el salón. Detrás de ella lo hace Julia)

 

ELENA -¡Por fin has llegado!… ¡Ya era hora!

JULIA  - ¿Qué pasa? ¿Dónde está el fuego?

ELENA - Por suerte no hay ningún incendio, si no a estas horas me encuentras hecha un “churrasco”.

JULIA  - Es una forma de hablar, como cuando me llamaste por teléfono parecía que  la cosa era de vida o muerte...

ELENA - ¡Ya! Y por eso has tardado dos horas en venir…

JULIA  - ¡Mujer, que exagerada! (Mira el reloj de pulsera) Exactamente ha sido poco más de...  media... hora... ¡No puede ser! ¡El reloj se debe de haber estropeado! ¡Son casi las seis!... ¡Es imposible!...

ELENA - Lo tuyo es de impresión, Julia. Te llamé poco antes de salir de la redacción, serían cerca de las cuatro...  Por poco llega antes Tomás.

JULIA  - ¡Bueno, ya está bien de sermones! Cuando me llamaste estaba sin arreglar… Una tiene que cuidar su imagen, porque la primera impresión es lo que cuenta… Además ya estoy aquí, que es lo que importa... Y hablando de imagen, te veo un poco borrosa... (Parpadea exageradamente como si no pudiera ver con claridad) Y hablando de imagen, te veo un poco borrosa… (Mientras dice la última frase busca dentro de su bolso, hasta encontrar una cajita de esas en las que se suelen guardar las lentillas de contacto) ¡Vaya, me había olvidado de ellas!

ELENA - (Aparte) Sí, hija, sí, haces bien en cuidar la “primera” imagen porque lo que es la segunda... (A ella) ¿Qué haces ahora?

JULIA  - (Hace mil y una filigranas para conseguir ponerse las lentillas en su lugar, o sea en los ojos, al hacerlo su gesto es de desagrado) ¡Ay, “mona”! No me acabo de acostumbrar a estas modernidades... Eso de tener un cuerpo extraño dentro de mí, me resulta desagradable...

ELENA - (Aparte) ¡Así te va, guapa! No te comes un rosco ni por Navidad…

JULIA  - (Acabando con el ritual necesario para colocarse bien las lentillas) ¿Decías?

ELENA - (Disimulando) Tan sólo que para estar impecable hay que sufrir, y tú últimamente estás que rompes, muñeca...

JULIA  - Mis sacrificios, y dinero me cuesta, no creas… Este mes llevo gastado la mitad del sueldo en cremas y potingues... Y antes del verano pienso hacerme un “lifting facial”...

ELENA - (En tono burlón) ¿Y qué piensas estirarte?... ¿El pelo?

JULIA  - ¡Búrlate, tú búrlate! Pero a partir de los cuarenta las mujeres decaemos mucho... Por lo que hemos de ir con cuidado y no escatimar esfuerzos para cuidar nuestro cuerpo antes de que la piel pierda toda su juventud...

ELENA - Al ritmo que llevas, cuando cumplas cincuenta no vas a salir del quirófano... Vas a tener que fijar tu residencia habitual en uno de esos centros que frecuentan los famosos, para tratar de alisarse la piel… Y por supuesto dejarás de reírte radicalmente, para evitar arrugarte...

JULIA  - ¡Calla! A veces resultas muy desagradable

ELENA - La vida es para disfrutarla, Julia. Todo lo que te hace feliz es sano y funciona mejor que cualquier potingue... ¡La arruga es bella!... Y hay que saber llevarla con dignidad... Se pueden tener cincuenta años por fuera y treinta por dentro… Y es más, te puedo asegurar que, ese milagro no lo obra ninguna crema por más “retinol, ceramidas u oxígeno puro” que contenga... Julia, por si no lo recuerdas, tenemos la misma edad, y yo nunca he sido una esclava de mi propia imagen...

JULIA  - Dices eso, porque a ti siempre te han salido bien las cosas...

ELENA - ¡Vaya, ahora resulta que mi vida siempre ha sido color de rosa! Pues siento decepcionarte, pero tengo que decirte que los problemas también llaman a mi puerta, y mucho más a menudo de lo que te imaginas...

JULIA  -  ¿Quieres decir que...

ELENA - Sí, Julia, aunque no te lo creas yo también me meto en líos... Es más, si te cuento lo que me ha sucedido hace bien poco no te lo creerás... Es digno del argumento de una película…

JULIA  - (Curiosa) Si no me lo cuentas ni siquiera lo sabré...

ELENA - Si lo hubiese planificado no me habría salido tan redondo... (Julia, haciéndose un poco la desentendida comienza a ojear una revista) La verdad es que si una pitonisa llega a predecirme lo que me iba a ocurrir, con lo escéptica que soy, me produce hasta un ataque de risa... (Julia continúa cotilleando la revista) ...No creas, al principio me lo tomé a broma. Pero resulta que va en serio, muy en serio... (Se da cuenta de que su amiga está absorta) …¡Oye, Julia si no te interesa lo que trato de contarte me lo dices!...

JULIA  - (Con tranquilidad) No he dejado de escucharte, pero te enrollas más que las persianas y siempre té pasas más de media hora haciéndome el prólogo del asunto que vas a tratar y que, de momento, no conoces mas que tú, porque yo todavía no tengo ni idea de qué va...

ELENA - Tú siempre tan impaciente.

JULIA  - ¡Encima “pitorreo”!... Sabes de sobra que no soy nada curiosa. Así, que si no quieres contarme nada no padezcas que yo no te voy a preguntar... Cuando tengas ganas ya me lo contarás... (Vuelve sobre la revista)

ELENA - ¡No, seas suspicaz! Si te he llamado es precisamente porque quería ponerte al corriente de todo lo que me ha sucedido. Necesito contárselo a alguien...

JULIA  - ¡Y has pensado en mí!

ELENA - ¡Julia, ya vale! Tú eres mi mejor amiga, y lo que quiero decirte no se lo puedo contar más que a una persona íntima...

JULIA  - ¡Me estás asustando!

ELENA - ¡No, mujer, no tienes por qué! El tema es delicado, e incluso trascendental, pero no hasta el punto de que tengas que preocuparte por mí...

JULIA  - ¡No entiendo nada!

ELENA - Ahora té explico... ¿Recuerdas que hace unos cuatro meses fui a mi revisión anual con el ginecólogo?...

JULIA  - (Asustada) ¿Estás bien? ¿No tendrás ningún tumor de esos que nos afectan sólo a  las mujeres?...

ELENA - ¡Quieres callar, y escucharme! Estoy muy bien, por dentro y por fuera...

JULIA  - ¿Entonces?

ELENA - ¡Eso es lo que trato de contarte, pero no me dejas!... Como ya te he dicho estoy muy bien, por lo visto tan bien que sin pretenderlo, he ligado...

JULIA  - (Como una metralleta) ¡Has ligado! ¿Cómo ha sido eso?... ¿Y con quién?... ¿Qué tiene que ver el ginecólogo en todo esto?

ELENA - Precisamente es él quién tiene que verlo todo en esta historia...

JULIA  - ¿Quieres decir qué...?

ELENA - ¡Eso exactamente, el ginecólogo se ha fijado en mí!...

JULIA  - ¡Venga ya, claro que se ha fijado en ti! Como que te habrá visto más tiempo sin ropa que con ella...

ELENA - ¡No seas ordinaria!

JULIA  - ¡A ver si no es la pura verdad...!

ELENA - Sí, pero yo no lo había visto a él en cueros, y también me agradó...

JULIA  - ¿Quieres decir que a ti también te ha hecho “tilín”?

ELENA - (Soñadora) “Tilín” “Talan”… todas las campanas del campanario repicaron cuando le conocí...

JULIA  - (Extrañada) Pero, “mona” ¿tú dónde fuiste, a la seguridad social o a Lourdes? Porque que yo recuerde las dos tenemos el mismo ginecólogo… Y el hombre tendrá más de los cincuenta, y además está bastante pasadito...

ELENA - ¡Tienes razón! Fui al mismo de siempre, pero éste no era él... Se trataba de un joven que estaba haciendo una sustitución, porque el otro, el titular, estaba de vacaciones...

JULIA  - ¡Ah, ya me extrañaba a mí! Total, en resumidas cuentas, aparte de hacerte el reconocimiento anual, te agenciaste por el mismo precio con un ligue... ¡Dos por el precio de uno, como en las rebajas! No está nada mal...

ELENA - ¡Mujer, dicho de esa forma suena fatal!

JULIA  - ¿Y qué piensas hacer?

ELENA - No lo sé, por eso quería contártelo. Normalmente estas cosas no me suelen pasar...

JULIA  - ¡Ni a ti ni a la mayoría, bonita! ¿Y qué opina Tomás del asunto?

ELENA - ¿Pero, tú estás bien de la cabeza? A él no le he dicho nada...

JULIA  - ¡Uy, uy, uy! Esto tiene todas las trazas de ir muy en serio.

ELENA - ¡Ya te lo dije antes! Te crees que si solo hubiese sido una simple atracción física, como cuando ves un hombre por la calle e interiormente te dices ¡Joder, que bueno está! Y ahí queda la cosa, estaría yo ahora diciéndote nada... Este chico, Julia, me ha dejado fuera de juego... Me siento como una colegiala… (Pausa) Nos hemos visto varias veces más y...

JULIA  - Pero, Elena ¿cuantas veces has ido al ginecólogo?

ELENA - ¡Nada más una, boba! Pero después me lo encontré en otro sitio… ¿Te acuerdas que me apunté a un curso de dibujo y pintura?

JULIA  - Sí.

ELENA - Pues, coincidencias de la vida, allí estaba él...

JULIA  - ¿Aprendiendo a dibujar?

ELENA - ¡No, mujer! Resulta que el profesor de dibujo es amigo suyo, y aquella tarde fue a esperarlo a la salida porque...

JULIA  - ¡Uy, qué tierno! ¡Oye, Elena, has pensado que a lo mejor le van los dos bandos! Ya sabes “carne y pescado”…

ELENA - ¡Eres insufrible!... Mira que te gusta liar las cosas... ¡Bueno! El caso es que habían quedado para irse juntos de fiesta, para celebrar una despedida de solteros, de una de las chicas de la academia, que también es amiga de ellos y novia de uno de sus amigos...

JULIA  - ¡Me he perdido, vaya lío! (Irónica) Aún como sólo yo lío las cosas…

ELENA - (Harta de las interrupciones de su amiga) Abreviando… Ellos iban a ir a una fiesta, a la que yo también estaba invitada...

JULIA  - (Con cara de no entender todo lo que ha escuchado) ¡Ya!

ELENA - (A la suya) En un principio pensé en no asistir, porque aquella despedida no tenía para mí ningún aliciente...

JULIA  - Pero, como ya tenías aliciente, o sea el ginecólogo, fuiste… ¡Qué pillina!

ELENA - (Sin prestar oído a sus comentarios) Llamé a Tomás, y le dije que había cambiado de parecer y me iba a la cena que habían organizado los novios...

JULIA  - ¿Y Tomás no estaba invitado?

ELENA - ¡Claro que sí! Pero, ya sabes que a él estas cosas le cargan. Eso, unido a que no conocía a los novios, y a que últimamente no le hace ni pizca de gracia salir con mis amigos, le decidió a hacer sus propios planes... Organizó una timba de póquer con sus amigotes, y yo...

JULIA  - ¡Te fuiste con los de la fiesta!

ELENA - (Fastidiada)¡Caray, Julia después dirás que no te he explicado todos los detalles!...

JULIA  - ¡Ay, chica! Al paso que vas todavía estarás en la fiesta, cuando la pareja de recién casados ya tenga descendencia... (En tono de burla) Sobre todo si se casaron de “penalti”...

ELENA - (Fastidiada) ¡Vale, Julia dejémoslo estar!

JULIA  - Sí claro, ahora déjame con la miel en la boca... Anda sigue...

ELENA - (Sin hacerse de rogar) Verás, el caso es que acudimos al lugar de la cena en coche... Yo subí en el de Luis...

JULIA  - ¿Quién es Luis?

ELENA - (Con cara de resignación) El ginecólogo...

JULIA  - ¡Vaya, si tiene hasta nombre...!

ELENA - ¡Quieres no ser sarcástica! (Un gesto de Julia, le indica que esta le pide perdón) Pensé que no se acordaba de mí... Pero una vez estuvimos dentro del coche, cambio de actitud y empezó a hablar... Me dijo que se alegraba mucho de volver a verme, y que había sido una grata sorpresa coincidir de una forma tan inesperada... Me confesó que desde aquel día, en su consulta, había pensado varias veces en mí...

JULIA  - ¿Con ropa o sin ella?

ELENA - (Le lanza una mirada fulminante, que hace que Julia arrepentida haga señal de pasarse una cremallera por los labios) ...Y que se había desesperado pensando en que quizás jamás volveríamos a vernos... Se sinceró diciéndome que le gustaría disponer de la oportunidad de conocerme mejor... Me quede de piedra… Durante unos segundos fui incapaz de articular ni palabra, me había quedado casi muda...

JULIA  - ¡Pues ya es raro, porque por lo general hablas hasta por los codos!

ELENA - ¡He dicho casi, guapita! Esa fue mi reacción lógica, porque resultó una verdadera sorpresa que él se hubiese fijado tanto en mí... ¡Imagínate con la de mujeres que verá cada día!... En fin, pasamos todo el viaje, hasta que llegamos al restaurante, hablando de nuestras respectivas vidas... Después de cenar nos fuimos todos de “marcheta” al Romaní, a una de esas discotecas que están tan de moda... Yo cada vez me encontraba más a gusto con su compañía... (Soñadora) Había encontrado a mi alma gemela. Tiene las mismas aficiones que yo, leer, ir al teatro, jugar al tenis... El caso es que, de repente, mientras bailábamos una pieza lenta, me apretó contra su cuerpo y  me besó apasionadamente en los labios... y yo...

JULIA  - ¡Tú, naturalmente, le diste una bofetada!...

ELENA - Te equivocas… Siempre había creído que esa sería mi reacción ante una situación semejante, pero no lo hice... Aquel beso robado, me gustó… Las piernas me temblaban, y me sentía incapaz de resistirme… Así que en vez de oponerme a sus besos, me sumergí de lleno lanzándome, sin miedo a quemarme, entre el fuego de sus labios...

JULIA  - (Incrédula) ¡Elena! ¿Me estás contando un sueño o un cuento chino?

ELENA - ¡No, Julia, todo lo que te he dicho es la verdad! En ese momento a mí también me pareció estar viviendo un dulce y a la vez tórrido sueño... (Continúa describiendo los hechos) Sus expertas manos recorrían con avidez mi cuerpo, acariciándolo, y...

JULIA  - (Rápida) ¡Para el carro! No hace falta que me cuentes tantos detalles, que me estás haciendo los dientes largos...

ELENA - ¡Lo siento! Lo cierto es que envuelta entre las luces de la discoteca me sentí transportada... Hacía mucho tiempo que no me sentía arrastrada por esa sensación pasional tan intensa... En la que los sentidos se nublan de tal forma que te parece estar lejos, muy lejos, de este mundo...

JULIA  - ¡Chica, lo dices como si con Tomás ya no funcionara la cosa!

ELENA - ¡Pero, qué dices! Tomás funciona de primera... pero con Luis todo es diferente más excitante, más ardiente, más candente, más...

JULIA  - (Sofocada) ¡Deja el fuego a un lado, que aquí comienza a hacer calor!

ELENA - ¡No se como explicarlo! Quiero a Tomás, siempre me he sentido bien con él… Es más a pesar de nuestras diferencias puede decirte con sinceridad, que somos felices... Pero, lo que he encontrado junto a Luis me ha hecho perder los papeles… (Pausa) Con él, de nuevo, ha renacido en mí el deseo, la pasión...

JULIA  - ¿Entonces, con Tomás, ya no existe el deseo?...

ELENA - (Categórica) ¡Claro que existe! Por eso me encuentro sumida en un mar de dudas...

JULIA  - ¡Cada vez lo entiendo menos!

ELENA - Julia, por favor, se sincera... ¿Crees que se puede amar a dos hombres a la vez?

JULIA  - ¡Vaya, has ido a preguntárselo a una que, por no tener, no tiene ni tan siquiera un hombre a quien amar! ¡Yo que sé...! Supongo que sí, al fin y al cabo todo es posible en este mundo... Aunque, lo más seguro es que estés confundiendo el amor con otro sentimiento… Probablemente Luis para ti no sea más que un capricho...

ELENA - Eso mismo pensé yo al principio, pero lo nuestro dura ya casi cuatro meses...

JULIA  - ¡Cuatro meses! (Pausa) Y dices que Tomás, ¿no sospecha nada?

ELENA - Estoy segura de que no... Nuestras relaciones continúan siendo satisfactorias...

JULIA  - ¡Chica, vaya suerte la tuya! ¡Unas tanto y otras tan poco! Que mal está repartido el mundo…

ELENA - ¡No exageres, cualquiera que te escuche pensará que no te comes ni una “rosca”!

JULIA  - ¡Ni una, ni media, ni nada! Llevo una buena temporada con carencia, total y absoluta de hombres…

ELENA - ¿Y a qué esperas?

JULIA  - La verdad es, que todavía no he encontrado al hombre ideal...

ELENA - ¡No seas cursi! Esperar encontrar al hombre ideal, es cosa de cuando se tienen veinte años, pero a nuestra edad no se puede ser tan exigente… Máxime cuando, como tú, no se tiene pareja estable...

JULIA  - (Ofendida) Ya la tienes tú por las dos, la estable y la inestable...

ELENA - ¡No me digas que estas celosa!

JULIA  - ¿Quién, yo? Que poco me conoces...

ELENA - ¡Nada más me ha faltado parirte! Te conozco desde que íbamos a preescolar... ¡Ahí es nada!

JULIA  - ¡Pues ya hace tiempo de eso!

ELENA - ¿Y qué es el tiempo? Nada, Julia, nada, tan solo una sucesión de días...

JULIA  - (Con segundas) ¡Sí, pero para unas son más provechosos que para otras!

ELENA - ¡Venga mujer no te mosquees! Además, no sé de que te quejas, cuando estabamos en el instituto llevabas a todos los chicos detrás tuyo... Entonces, era yo la que no se comía un  “colín”...

JULIA  - ¡Eso no me sirve de consuelo! Bien que te resarciste después, cuando llegamos a la universidad...

ELENA - ¡No fue culpa mía! Reconoce, que tú siempre te has mostrado demasiado exigente. A todos les sacabas defectos, aunque no los tuvieran... Ninguno te parecía lo suficientemente bueno para salir con él... (Pausa) Siempre me he preguntado que defecto podía tener aquel chico, que conociste en segundo de carrera... (Julia, se hace la desentendida) Sí, chica, aquel a quien todos apodaban como “el indio”... Era alto, fornido, tenía el pelo negro y largo... ¡Vamos estaba como dicen ahora hecho un “queso”...! Todas las chicas, incluyéndome a mí, estábamos coladitas por él... Sin embargo, sólo tenía ojos para ti... Aún recuerdo el día en que le diste un par de calabazas tan grandes, como la plaza de toros...

JULIA  - (Evasiva) No… no puedo acordarme muy bien de él… Pero seguro que no acababa de gustarme...

ELENA - ¡Menos mal que no te crece la nariz como a Pinocho! Es imposible que no le recuerdes, era de esos chicos que dejan huella, guapo con ganas... ¡Un auténtico “Adonis”! Y no se lo tenía nada creído... (Intentando sonsacarle alguna confidencia) Venga, Julia, dime ahora que no nos escucha nadie ¿qué le encontraste a faltar?

JULIA  - (A la defensiva) ¡No le faltaba de nada!... Todo lo tenía muy bien puesto... ¡Bueno, casi todo!...

ELENA - ¡Che, Julia, qué misterio! (Riéndose) ¿Cómo estás tan segura?

JULIA  - Lo pude comprobar...

ELENA - (Estupefacta) ¡Arrea con la “tiquismiquis”! Pues no dice que lo comprobó... ¡Si que te lo callaste bien, bonita!...

JULIA  - ¡Me dio vergüenza contártelo!

ELENA - ¡Y yo me lo creo! ¿Acaso te piensas que me chupo el dedo?

JULIA  - ¡Está bien! No te lo conté, porque de todas maneras no pensaba continuar con él... Lo nuestro no podía funcionar...

ELENA - (En tono de burla) ¿Por parte de él, o por la tuya?

JULIA  - ¡Naturalmente, de él!... No, no, mía... ¡Basta, ya está bien! Esto parece un interrogatorio… El caso, es que la mayor culpa la tuvo él... No me motivaba nada…

ELENA - ¿Pero que dices? ¡De repente te has vuelto imbécil perdida!

JULIA  - Déjame acabar… No me motivaba nada, su nombre... ¡Ya está! ¡Ya lo he dicho!

ELENA - (Más estupefacta que antes, y lanzándole una mirada fulminante) ¿Estás, segura de que te rige bien la “azotea”?

JULIA  - ¡No me mires así, Elena! ¿No querías saberlo? Pues ya lo sabes... Su nombre le quitaba “morbo” a nuestra relación.... Me... me quedaba totalmente helada, cada vez que haciendo el amor tenía que llamarlo… En ese momento, mi libido se quedaba por los suelos...

ELENA - ¡Esta si que es buena! Creía conocer todas tus aprensiones, pero ésta, aparte de nueva, es además la más estúpida...

JULIA  - ¡Claro, para ti es fácil decirlo! Tú no eras la que tenía que gritar su nombre llegado el “clímax”...

ELENA - ¿Vaya, además eres de las que gritan durante el acto?

JULIA  - Sí, no puedo remediarlo, es un defecto...

ELENA - (En tono de burla) ¡Menos mal que es el único! (Pausa) Julia, a ti té falta un saco de tornillos del diez... Estás de psiquiatra... Ahora resulta, que gritar haciendo el amor es un defecto... Nunca lo había visto de ese modo.

JULIA  - ¡Te lo estás pasando “pipa”! ¿Verdad?

ELENA - ¿Pero qué dices? (Burlándose) Estoy a punto de llorar...

JULIA  - ¡Cuando quieres eres insufrible!

ELENA - No te ofendas, pero tus aprensiones no tienen lógica... Mucha gente grita durante el acto sexual… Y si antes, cuando los nombres de la gente eran menos sofisticados, como Heliodoro, Agripina o Robustiano, la humanidad hubiese dejado de hacer el amor, por ese motivo, el mundo se hubiera acabado hace tiempo... ¡Oye, por cierto!  ¿Cómo se llamaba?

JULIA  - (En voz baja y poniéndose la mano delante de la boca) ¡Ladislao...!

ELENA - ¿Cómo?

JULIA  - (Elevando ahora el tono) ¡¡¡LADISLAO!!!

ELENA - ¡No tienes arreglo! ¡Lo tuyo es de juzgado de guardia!

JULIA  - También estuve saliendo con un “guardia urbano”... Pero aquello tampoco funcionó...

ELENA - ¡No me digas más, seguro que se empeñaba en organizar el tráfico desde la cama!

JULIA  - ¡Búrlate, tú búrlate! Pero cuando íbamos juntos en el coche, y era yo la que conducía, se pasaba todo el trayecto diciéndome... Cuidado no adelantes… No pases de ochenta… Para girar ahora, ponte a la izquierda, y cosas así...

ELENA - ¡Pues menos mal Ya me estaba imaginando que le gustaba tocar “el pito”, hasta cuando hacía el amor...!

JULIA  - ¡El no lo hacía! Pero le gustaba que lo hiciese yo…

ELENA - ¡Ratifico mi opinión! ¡Lo que a ti te sucede no es normal!

JULIA  - (Mostrándose suspicaz) ¿Estás insinuando que yo soy anormal?...

ELENA - ¡No, mujer! Pero, por una vez, se sincera contigo misma, y reconoce que además de presumida, eres un poco egocéntrica... y muy quisquillosa...

JULIA  - ¿Yo, egocéntrica? Mira quién fue a hablar… ¡Doña Perfecta!... ¿Acaso te consideras un dechado de virtudes?

ELENA - Nunca lo he pretendido... Pero yo lo reconozco...

JULIA  - Pues te recuerdo que de los siete pecados capitales, tú has incurrido en la mitad...

ELENA - ¡Vaya, qué bien! ¡Tres y medio! Pues ya me dirás tú quién está libre de pecado...

JULIA  - ¡Muy ocurrente! ¿Tienes respuestas para todo, verdad?

ELENA - ¡Para mi desgracia no! (Pausa) Si te parece, vamos a dejar estar el tema... ¿quieres? (Nueva pausa) Julia, siento mucho haberte dicho lo de antes, perdóname... Tú me conoces bien, y sabes que soy de las  de “Simpelen”, a veces muy a mi pesar...

JULIA  - ¿Qué es eso? ¡Un nuevo partido político al que te has afiliado!

ELENA - ¡No, mujer! La política y yo seríamos del todo incompatibles… Esa palabreja, tan sólo significa... “Sin pelos en la lengua”.

JULIA  - ¡Me habías asustado! No me parece mal que seas sincera, aunque a veces la verdad duele... Quizás tengas razón en tus observaciones...

ELENA - ¡Seguro que no! (Nerviosa, consulta un momento el reloj) ¡Vaya, Tomás, se está retrasando demasiado!...

JULIA  - Pues, antes de que llegue, volvamos de nuevo al tema de tu romance... ¿Cómo crees que se lo tomará él, cuando se entere? Porque, seguro que una vez u otra lo hace, y que conste que no va saberlo por mí... No pienso decirle nada de nada...

ELENA - ¡Ya lo sé!  ¿Crees que si tuviera alguna duda, de que te puedes ir de la lengua hubiese contado nada? Es más, voy a hacerte partícipe de otra confidencia… Y ahora sí que te ruego que seas aún más discreta de lo que eres habitualmente, sobre todo delante de Tomás...

JULIA  - ¡Caramba, piensas contarme un secreto de estado! ¿O qué?

ELENA - Mejor sería decir “un secreto conyugal”...

JULIA  - ¡Hoy, no voy a ganar para sorpresas!

ELENA - (En tono confidencial) ¡Creo que Tomás, me está engañando!

JULIA  - ¡Esto es “Jauja”! Para que luego digan de los culebrones “sudacas”... (Pausa breve) ¿Cómo lo sabes?

ELENA - En realidad, no es la primera vez que lo hace...

JULIA  - ¡Chica, en vuestro caso la realidad supera la ficción! Aunque ahora, gracias a tu “lío” estáis empatados…

ELENA - Se podría decir de ese modo.... Verás… En la primera ocasión te aseguro que me mortificó, y mucho.... Ahora, si te soy sincera, me sirve para no sentirme culpable de nada de lo que yo pueda hacer...

JULIA  - ¡Desde ese punto de vista, tienes razón! Pero, ¿estás talmente segura de que Tomás, te está poniendo los cuernos? ¡Uy, perdón!

ELENA - ¡Tranquila, a las cosas hay que llamarlas por su nombre! (Pausa) Por lo general, a nosotras las mujeres nos toca soportarlos en más ocasiones que a ellos... Aunque para la sociedad, por lo visto, los que únicamente cuentan son los que nosotras les ponemos a ellos... ¡Por ese motivo, siempre son los hombres los “cornudos”!

JULIA - Para que luego digan que no hay diferencias...

ELENA - Esta vez no estoy del todo segura... Quizás, si no lo hubiera sorprendido “in fraganti”, hace cosa de un par de años, ahora tendría mis dudas… Pero, como estoy con la mosca tras la oreja, me inclino por creerle culpable...

JULIA  - ¿Le sorprendiste pegándotela con otra?

ELENA - ¡Bueno, tanto no! Pero lo que vi fue de lo más elocuente… Si quieres, te lo cuento... (Julia, asiente impaciente) Aquel día habíamos quedado para comer juntos en un restaurante del centro... Serían cerca de las doce, cuando me llamó su secretaria para decirme que, sintiéndolo mucho, Tomás no podría acudir al lugar en donde habíamos quedado… Un importante cliente había llegado del extranjero, y se había visto obligado a suspender varias citas, entre ellas la que tenía conmigo... Después de haber colgado el teléfono, estupefacta por la noticia, comencé a pensar... Lo que más me extrañó, fue el hecho de que no hubiese sido él quién me avisase, esa no era su manera de proceder... (Pausa) Exactamente todavía no sé por qué lo hice, quizás fue una corazonada, pero lo cierto es que está me llevó hasta el restaurante en donde debíamos haber comido... Me quede de una pieza cuando, nada más entrar en el local, le vi sentado en un rincón muy discreto acompañado, sin duda, de quien debía de ser su “cliente”, una joven rubia, y de cuerpo despampanante.... Por suerte, Tomás, no se dio cuenta de mi presencia, no tenía ojos más que para ella… En un primer momento me cruzó por la mente la idea de plantarme delante de él, y montarle un numerito… Pero lo pensé dos veces, y no lo hice... Primero quise asegurarme antes de quedar en evidencia... Salí del local, y pacientemente aguardé a que salieran ellos… (Pausa) A cierta distancia les seguí... Iban cogidos de la mano… (Pausa) Cerca de la estación del Norte, los dos juntos, desaparecieron dentro de un hotel...

JULIA  - ¡Tuviste mucho valor!

ELENA - No sé si puede llamársele así alo que hice... Me instalé, en una cafetería al lado mismo del hotel... (Pausa breve) Pasaron casi dos horas largas, hasta que volvieron a salir... Iban abrazados, y se besaron, larga y apasionadamente antes de despedirse...

JULIA  - (Estupefacta) ¡Caramba, que fuerte!

ELENA - En ese momento, juré que me las tenía que pagar… Intenté imaginar la mejor forma de vengarme, pero ninguna de las ideas que maquine, me pareció lo suficientemente aceptable... (Pausa) Al final, me trague la rabia, y opte por esperar; tal vez el tiempo me proporcionara la solución… (Pausa) Un buen día, Tomás, apareció con un gran ramo de flores, y casi llorando, me confesó que había tenido una aventura... Aquello me desarmó... Me juró y perjuró, que todo había acabado, y yo… me lo creí... Me sorprendió comprobar que lo que realmente no podía soportar era el engaño... No me explico cómo, pero toda la ira que había acumulado hasta ese momento se desvaneció por completo... Cuando le dije que juntos, conseguiríamos borrarlo de nuestro pasado, fui sincera...

JULIA  - ¡No sé si sería capaz de perdonar que mi pareja me engañase!...

ELENA - ¡Yo, tampoco lo supe hasta ese mismo instante!

JULIA  - Sinceramente, Elena, ¿crees que él será capaz de entender tú desliz?

ELENA - ¡No lo sé! Me temo, que en cuestión de infidelidades, según quién las comete, el rasero utilizado es distinto...

JULIA  - ¡Vaya un “flash“! Aunque si esta vez él piensa que te va a pillar fuera de juego, va listo... Cuando le digas lo tuyo con el ginecólogo, el sorprendido, sin duda, va a ser él...

ELENA - De todas formas, si al final resulta que lo dos estamos jugando a la misma carta, siempre tendré algo que reprocharle... En caso contrario, espero que no se lo tome por la tremenda, y reaccione como un “Otelo” descolorido e iracundo...

JULIA  - ¡No me explico cómo puedes bromear! Particularmente, a mí estos juegos me parecen peligrosos... Los celos, son unos consejeros demasiado impulsivos, y los crímenes pasionales pueden ser su consecuencia más drástica...

ELENA - ¡Por favor, Julia, no seas agorera!

(Tomás, entra en el salón al, desde la puerta de acceso al recibidor, a punto para escuchar las últimas palabras de Elena. Va vestido con traje de chaqueta. Escondido detrás de la espalda, lleva un ramo de flores, también va cargado con un portafolios y un par de bolsas de supermercado. Todo, excepto el ramo, lo deja al lado del sofá)

TOMÁS -¡Hola! ¿De nuevo estás haciendo tus predicciones habituales, Julia?

JULIA  - (Disimulando) ¡Oh, sí, sí, ya sabes! Yo siempre con mis bobadas esotéricas…

ELENA - (Mirando su reloj) ¡Has tardado más que de costumbre! ¿Ocurre algo?

TOMÁS - ¡Nada, del otro mundo, querida! (Solicito, le ofrece las flores, al tiempo que la besa) ¡Esto, es para mi chica preferida!

ELENA - (Con un gesto de condescendencia, coge el ramo y le lanza una mirada de complicidad a Julia) ¡Son preciosas, Tomás...! ¡Gracias!

TOMÁS - ¡Te lo mereces todo, cariño! Cuando pasé por delante de la floristería, noté como si una mano invisible, me cogiese del brazo y me llévase al interior del local... No pude resistirme...

ELENA - (Con voz afectada) ¡Muy poético! ¡Ya no saben que hacer para vender!

JULIA  - ¿No llevarías puestas unas gafas de esas virtuales?

TOMÁS - ¡Muy aguda, Julia, muy aguda! (Tras recoger las bolsas desaparece por la cocina)

ELENA - (Aparte a su amiga) ¡Qué te decía, Tomás, es un sol! ¡Siempre me está sorprendiendo!

TOMÁS- (Saliendo de la cocina) Lamento de verdad interrumpir vuestra conversación… Sobre todo si hablabais bien de mí... Pero, tranquilas mientras voy a ponerme cómodo podéis continuar... (Mutis por la puerta del dormitorio)

ELENA - ¿Has visto el ramo de flores? (Señalando el ramo) ¡Esto me huele a cuerno quemado!

JULIA  - ¡Elena, no seas niña! Tomás, siempre ha sido muy detallista... Lo he podido comprobar más de una vez… Y si he de decirte la verdad, en más de una ocasión te he tenido envidia...

ELENA - (Sorprendida) ¿Qué quieres decir?

JULIA  - Sinceridad por sinceridad, si Tomás no hubiese sido tu marido... yo... en fin... que a mí siempre me ha gustado, él es “ideal”...

ELENA - (Patidifusa) ¡No, puede ser verdad lo que estoy oyendo!

JULIA  - ¡Por favor, Elena, me ha costado mucho decírtelo, no te burles...!

ELENA - ¡Jamás lo hubiera imaginado!

JULIA  - ¡Pues ya ves, así son las cosas! Nunca me hubiese atrevido a decirte nada, y de no haber sido por todas las movidas que me has confesado, el secreto me hubiese acompañado hasta la tumba...

ELENA - ¡No seas melodramática!

JULIA  - (A la suya, sin hacer caso de los comentarios) Muchas veces la envidia al veros juntos, tan enamorados, me ha corroído... Para mí siempre habéis sido, por encima de todo, buenos amigos... He sufrido mucho, tratando de esconder mis verdaderos sentimientos... ¡Lo siento!

ELENA - ¡Tranquilízate, por favor, no te mortifiques más! La mayoría de las veces nuestra vida no resulta como quisiéramos...

 

(Tomás regresa de nuevo al salón, ya no lleva chaqueta, ni corbata, lleva zapatillas de andar por casa, entra en la escena subiéndose las mangas de la camisa)

 

TOMÁS - No tengo ni idea de lo que os traéis entre manos, pero os encuentro más serias que de costumbre...

JULIA  - Creo que lo mejor será que me vaya… Vosotros tendréis cosas de las que hablar...

ELENA - (Lanzándole una mirada cargada de complicidad) ¡No más de lo habitual...! ¿Por qué no té quedas, y cenamos los tres juntos?

TOMÁS - ¡Buena idea! ¡Quédate a cenar...! ¡Hoy cocino yo! Voy a preparar espaguetis a la boloñesa…

ELENA - (Confundida) ¿A qué viene esta novedad? Otras veces, cuando te lo he pedido, has hecho todo lo posible por eludir la cocina...

TOMÁS - (Sin darle importancia al comentario) ¡Me apetece!... Uno puede cambiar de hábitos alguna vez, ¿no crees, Julia?

JULIA  - (Inquieta) La oferta es muy tentadora, gracias, pero será en otra ocasión... (Se despide de los dos con un cariñoso beso y, rápidamente, hace mutis por el recibidor)

TOMÁS – (Extrañado) ¿Qué le ocurre a Julia?

ELENA - ¡Nada de especial! ¡Ya sabes cómo es ella!

TOMÁS - Porque la conozco, te lo pregunto… La he visto muy diferente… Por lo general nunca tiene prisa por marcharse, y hoy parecía que lo estaba deseando...

ELENA - ¡Estará atravesando una de sus crisis!... Últimamente está obsesionada con su edad, y como solo quedan diez días para su aniversario, seguro que no deja de darle vueltas al tema...

TOMÁS - ¡Pero, si cada día que pasa está más estupenda! (Busca la agenda dentro de su portafolios) Voy a tomar buena nota de la fecha, para no olvidarla… Le mandaré un gran ramo de flores… Quizás, eso consiga animarla...

ELENA - (Aparte) ¡Este todo lo cura con flores!

TOMÁS - ¿Decías, cariño? (Sigue buscando la agenda, ahora en los cajones de la estantería)

ELENA - ¡Nada, cosas mías! Por cierto, ¿cuándo piensas preparar la cena?

TOMÁS - Enseguida, cielo, en cuanto encuentre mi agenda... ¿Por casualidad la has visto?

ELENA - Esta mañana, la metiste dentro de tú portafolios… Seguramente te la habrás dejado en el despacho...

TOMÁS - (Abandonando la búsqueda) ¡Es lo más probable! No seria la primera vez… (Le da un beso en la mejilla) ¿Qué haría yo sin ti? (Muy ufano, hace mutis camino de la cocina)

ELENA - (Aparte, pero en voz alta) Posiblemente buscarte otra. ¡O otras!

TOMÁS - (Desde la cocina) ¡Vaya, ya lo has descubierto!

ELENA - (Sobresaltada, se acerca hasta la cocina) ¿Que he hecho, qué?

TOMÁS - (Saliendo) Sé que te prometí no hacerlo más, pero la tentación ha sido demasiado grande... No me pude resistir…

ELENA - (Intentando dominar su nerviosismo) ¡Siempre te ocurre lo mismo!, ¡Eres muy débil...!

TOMÁS - ¡Lo siento de veras! No me riñas... Estaban a un precio prohibitivo, pero como sé que te encantan...

ELENA - ¿Se puede saber de qué estás hablando?

TOMÁS - ¡De las “ostras”! ¡Sólo han sido una docenita! ¿Cómo lo supiste?

ELENA - (Disimulando) ¡Ah, claro! ¡Las ostras!... Fue fácil… Ya sabes que tengo un olfato muy selectivo...

TOMÁS - Y Para rematar la velada... Contamos también con una botella del mejor cava de reserva que hay en el mercado...

ELENA - (Mosqueada) ¡Estoy realmente sorprendida! ¿Celebramos alguna cosa?

TOMÁS - ¡No me digas que no lo recuerdas! ¡Imposible! Jamás has olvidado un día señalado… Habitualmente el que siempre anda despistado, soy yo...

ELENA - (Pillada en falta, no sabe que responder) Lo lamento, pero esta vez no sé de qué va...

TOMÁS - ¡Al menos, inténtalo!

ELENA - (Con tono de fastidio) ¡Ya te he dicho que no tengo ni idea! Sabes de sobra, que jamás se me olvidan las fechas importantes…

TOMÁS - ¡Está bien! (Pausa) Hoy, hace precisamente dos años que nos reconciliamos, después de mi desafortunado “traspiés”...

ELENA - (Dubitativa) Pues no veo el motivo, por el que tengamos que celebrar algo que acordamos enterrar en el olvido... (Pensativa) Además, si hoy hemos de celebrar ese “evento”… ¿por qué no lo hicimos el pasado año?

TOMÁS – (Resolutivo) Hubiera sido de mal gusto… Estaba demasiado reciente...

ELENA - (Incrédula) ¡Esta si que es buena!... El año anterior no, porque la sombra de la infidelidad todavía estaba latente nada más dar la vuelta a la esquina... Y este año, para que no se olvide del todo, hay que recordar de modo significativo aquel día… Seguramente, porque ahora la prueba ya ha sido superada... ¡Eres increíble, Tomás!

TOMÁS - ¿Noto cierto “sonsonete” en tus palabras?

ELENA -  No creo haberlo dicho de ninguna manera en especial...

TOMÁS - ¡Pues, lo has disimulado muy mal!

ELENA - ¡Sabes de sobra que los disimulos, no son mi fuerte!

TOMÁS - Pareces algo alterada, ¿puedo conocer el motivo?

ELENA - (A la defensiva) ¡No existe ningún motivo en especial! Me encuentro muy bien… Aunque, quizás tantas sorpresas me han desorientado...

TOMÁS - Hagamos un trato… Mientras preparo la cena, tú te relajas disfrutando con un buen masaje en tu sillón de relax...

ELENA - ¡A lo mejor te hago caso! (Mientras él hace mutis por la cocina, ella se deja caer en el sillón) Quizás relajarme me ayude a aclarar las ideas… (Aprieta el mando del sillón en su orden “relax “, y se deja mecer por el beneficioso masaje que ofrece el aparato, según reza la campaña de promoción del mismo) ¡Vaya, que cómodo resulta este artefacto! Hacía tanto que no disponía de tiempo para relajarme, que había olvidado lo bien que se está aquí tumbada... (Aprieta otra opción de las que ofrece el selector) ¡“E.S.”! Esta opción todavía no la he probado… ¡Oh...! ¡Qué bien!... ¡Qué sensación... más... más placentera! Parece como si... ¡No, no puede ser!... ¡No es posible!... (Suspira, mejor dicho más bien jadea con evidente satisfacción) ¡Oh!... ¡Oh!… ¡Qué maravilla!...

TOMÁS - (Desde la cocina) ¿Te sucede alguna cosa, querida?

ELENA - (sofocada y visiblemente alterada) ¡¡No!!... ¡¡No!!... ¡No es nada!! (Rápidamente, desconecta el masaje)

TOMÁS- (Entrando en el salón) ¡Pues, francamente, desde la cocina parecía que estabas en pleno “éxtasis sexual”...!

ELENA - ¡Qué exageración! Sólo estaba relajándome, como me sugeriste...

TOMÁS - Te aseguro que, en lugar de recibir una sesión de relax, más parecía que estabas jadeando de placer…

ELENA - (Burlona) ¡Claro, hombre! ¡Te la estaba pegando con “E.S.”!

TOMÁS - (Siguiendo la broma, busca paseando la vista por el salón) ¿Sí? ¿Y en dónde lo has escondido?

ELENA - No me hace falta esconderlo, lo tienes delante de tus ojos (Señalando el lugar donde está el sillón) Desde hoy te engaño con “ése” de piel negra...

TOMÁS - ¡Vaya bobada, engañarme con un sillón!

ELENA - ¡Parece que té molesta la sugerencia! ¿Quizás te hubiese gustado más que lo hiciese con alguien de carne y hueso?

TOMÁS - Hoy debes de tener el día gracioso… Es una incongruencia que me preguntes si me gustaría más que me engañases con otro hombre... Lo que resultaría del todo ridículo es que lo hicieses con un mueble...

ELENA - ¡Mira que eres raro! Cualquier otro hubiese reído la gracia y en paz, pero para Tomás Cifuentes, las cosas son blancas o negras...

TOMÁS - ¡Vale, Elena, no saques las cosas de su contexto!

ELENA - ¿Qué yo hago, qué? De manera que tú eres quien me propone celebrar tu pasada, y supuestamente olvidada, infidelidad y, porque a mí se me ocurre tener una aventura con el masaje relajador del sillón, soy la que confunde los términos...

TOMÁS - ¡Estás irascible! Intento ser amable contigo y, siempre acabamos teniendo “polca”...

ELENA - Si te soy sincera tus amabilidades me producen “dentera”... Esa idea tuya de remover el pasado me da muy, pero que muy, mala espina...

TOMÁS - Para qué engañarnos…Últimamente, lo nuestro no funciona demasiado bien...

ELENA - Yo no me he quejado...

TOMÁS - Tampoco yo lo estoy haciendo, pero casi nunca estamos de acuerdo en nada... (Pausa) No acierto a explicarme qué ha ocurrido entre nosotros. Tal vez nos hemos dejado invadir por la monotonía, pero lo cierto es que lo único que continuamos haciendo juntos es el amor, en el resto de las cosas cada uno va por libre...

ELENA - A lo mejor ya no eres feliz conmigo.

TOMÁS - ¡No es eso, estoy seguro! Puede que con los años de convivencia nuestras de averiguar es si todavía te quiero, la respuesta es sí... Te confieso que ese sentimiento siempre ha estado presente...

ELENA - ¿Siempre? ¿Incluso cuando tuviste aquella aventura?

TOMÁS - Quizá te parezca imposible, pero incluso entonces.

ELENA - ¿A ella no la querías?

TOMÁS - No con esa clase de amor que te hace compartir la vida con otra persona. Te juro que aquello no fue nada más que sexo...

ELENA - No me preguntes el porqué, pero te creo.

TOMÁS - Jamás te di las gracias por tu comprensión... No sé si yo hubiera reaccionado de igual modo...

ELENA - ¡También te creo! Aunque me molestaría que fueses de esa clase de hombres, tan intransigentes, que sólo saben transformarse en “Otelos” vengadores, incapaces de encontrar ninguna otra solución, que no sea la de descargar su frustración sobre aquélla a quien dicen amar...

TOMÁS - ¡Querida, no hace falta ponerse trascendental! Tú nunca me has dado motivos para sentirme celoso, en cambio yo… ¡Debiste de pasarlo muy mal!

ELENA - ¿A qué viene ahora tanto recordar el pasado?

TOMÁS – (Afligido) Me duele, aunque no me creas, causarte algún daño...

ELENA - ¡Me estás alarmando! ¿Qué ha ocurrido?

TOMÁS - Lo siento, lo siento de veras... Soy incorregible.

ELENA - (Furiosa) ¡Tomás, estás insinuando que de nuevo luzco “cornamenta”!

TOMÁS - ¡Mujer, dicho así...!

ELENA - (Nerviosa) ¿Cómo quieres que lo diga? ¿Te crees que solo vosotros tenéis el privilegio exclusivo de exhibirla? Te aseguro que a la inversa causa el mismo efecto...

TOMÁS - ¡Elena, serénate por favor! Desde que he llegado a casa no has dejado de tirarme de la lengua... de lo contrario...

ELENA - De lo contrario habría pasado cómo la vez anterior, ¿no?

TOMÁS - ¡No te entiendo!

ELENA - (Irónica) ¡Es muy fácil, “cariño”! Lo hubiera sabido todo a “toro pasado”, o al menos eso es lo que tu siempre has creído, porque yo lo sabía todo...  

TOMÁS - ¿Lo sabías?

ELENA - ¡Sí! Lo supe el mismo día en que me dejaste plantada, después de que habías quedado conmigo para comer... Y ahora...

TOMÁS - ¿También lo sabías ahora?

ELENA - Te equivocas, ahora no lo sabía, lo sospechaba, que no es igual... Tantos halagos, tantas “chorradas” me lo hacían presagiar, porque ya me conozco el  “percal”...

TOMÁS - ¡Elena, yo...!

ELENA - ¡No por favor, no intentes decir nada más sobre el tema! No me interesa nada… Estas cosas siempre son iguales...

TOMÁS - ¡Esta vez es diferente!... Verás...

ELENA - (Lanzada) Esta vez lo que es completamente diferente es la situación, porque... yo... (Pausa) ¡Yo también tengo un amante! Y no se trata de un mueble, sino de un hombre más joven que tú, que me hace sentirme especial, que comparte mis aficiones y con el que francamente me encuentro muy bien...

TOMÁS - (Incrédulo) ¡Venga ya! ¿Me estás tomando el pelo?

ELENA - No, Tomás, esta vez no se trata de ninguna broma, lo que te estoy diciendo va muy en serio… Hace tan solo un momento decías no conocer cual seria tu reacción, pues bien ahora se te presenta la ocasión de descubrirlo... (Se sienta en el sofá)

TOMÁS - (Desconcertado, toma asiento en el sofá) ¡No te puedo reprochar nada! Fui yo quien lanzó la primera piedra... ¡No, sé que decir! ¡No me lo esperaba!

ELENA - Tampoco yo, la primera vez... pero ya ves, la vida te da “sorpresas”...

TOMÁS - ¿Qué vamos a hacer, ahora?

ELENA - ¡Eso quisiera saber yo! (Se sienta junto a él)

TOMÁS - ¿Le quieres?

ELENA - (Rotunda) ¡Sí! ¿Y tú a ella?

TOMÁS - ¡Creo que sí, pero!... (El timbre de la puerta suena con insistencia) ¿Estás esperando a alguien? (Elena niega con la cabeza, él va hacia el lateral izquierdo, por donde hace mutis. Continúa hablando desde el recibidor) ¡Qué sorpresa! ¡Vaya, si tienes mi agenda! Me la dejé en tu casa, esta tarde... Pero, por favor, pasa... Es una buena ocasión para que conozcas a mi mujer...

 

(Tomás, entra de nuevo en el salón, en la mano lleva su agenda)

(Se queda quieto junto a la puerta del recibidor y señalando hacia el interior del mismo)

 

Elena, quiero que conozcas a tu rival...

 

ELENA - (Contesta con un fingido aire de indiferencia, que en realidad no siente,  por lo que se gira, curiosa, mirando hacia donde él señala) ¡Espero que sea mejor que yo...!

 

(En el salón sólo están Elena y Tomás, el público nunca llega a ver al misterioso personaje. Ella, Impulsada por un resorte, se levanta del sofá, y estupefacta se queda plantada frente al lindar de la puerta. Rápidamente la escena queda a oscuras, excepto un cenital que incide sobre ella. Elena, continúa negando lo que están viendo sus ojos, primero con gestos y después con palabras. Cosa que hace sin moverse de donde está y sin dejar de mirar hacia la persona, que permanece escondida al amparo de las sombras del recibidor.)

 

¡No!... ¡No es posible!... ¡No es cierto!... ¡No puede ser, que seas tú!... ¡¡¡...Luis...!!!

 

(Junto al desconcierto y la perplejidad de Elena, y antes de que Tomás tenga tiempo de comprender el por qué de la exclamación de Elena, con rapidez se extingue el foco y, como una exhalación, cae el TELÓN)

 

FIN

anamillas@hotmail.com

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