Para ir al BUSCADOR, pulsa en la imagen

 

NOTICIAS TEATRALES
Elaboradas por Salvador Enríquez
(Optimizado para monitor con resolución 1024 X 768 píxeles)

PORTADA

MADRID

EN BREVE

PRÓXIMAMENTE

LA TABLILLA

HERRAMIENTAS

EN PRIMERA LA SEGUNDA DE MADRID ENSEÑANZA LA CHÁCENA

AUTORES Y OBRAS

LA TERCERA DE MADRID

ÚLTIMA HORA DESDE LA PLATEA
DE BOLOS CONVOCATORIAS LIBROS Y REVISTAS NOS ESCRIBEN LOS LECTORES
MI CAMERINO   ¡A ESCENA! ARCHIVO DOCUMENTAL   TEXTOS TEATRALES
  ENTREVISTAS LAS AMÉRICAS  

 

TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE EN EL AIRE

de mónica ogando

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

Todo lo sólido se desvanece en el aire

 de Mónica Ogando

 monicaogando@yahoo.com.ar

 Mención III Concurso Nacional de Teatro de Humor Biblioteca Hueney, Neuquén, Argentina, 2004 

 

PERSONAJES

 

Ángela  (30 años)

Élida (35 años)

Úrsula (38 años)

 Sábado por la tarde, aunque en la sala de baño finlandés no existe una dimensión real del tiempo. Una espesa bruma de vapor que por momentos parece despejarse levemente y otra vez vuelve a crecer por los efectos del aparato dedicado para tal fin. Excesivo calor húmedo. Un delicado aroma de eucaliptus. Nada es demasiado tangible en este lugar, todo adquiere una consistencia etérea. Algo tendrá, porque a pesar de todo fascina e invita a quedarse. En medio de la paradójica densidad y liviandad del vapor, dos formas femeninas: ÁNGELA, a lo largo del tercer escalón, en bombacha y con una pequeña camiseta, una toalla alrededor del cuello, las rodillas recogidas en sus brazos, mira un horizonte imaginario. ÉLIDA, en una bata, ocupa el segundo escalón: inquieta, algo fastidiada, cambia de posición buscando estar menos incómoda.

 

1.

 

ÉLIDA:          ¡Terrible!.. Hoy está más fuerte que otras veces, ¿no?

 

ÁNGELA:      ¿Sí? Yo hoy no lo siento mucho...

 

Silencio. ÉLIDA, incómoda, baja al primer escalón. Se acomoda.  Entra ÚRSULA, envuelta en un toallón. En la densidad del vapor no advierte la presencia de ÉLIDA y tropieza con ella.

 

ÚRSULA:      ¡Ay! ¡Perdón! Ni te vi...

 

ÉLIDA no contesta. Se pasa al segundo escalón.

 

ÚRSULA:      (desorientada, mirando hacia el lado contrario de ÉLIDA): ¿Estás bien? Te juro que ni te vi. No sé muy bien cómo es esto, nunca vine, hoy es la primera vez...

 

ÉLIDA:          No te preocupes. Todo bien. A veces pasa...

 

Silencio

 

ÚRSULA:      Pensé: juego  de café ya tengo... ¿para qué quiero otro? Si no estaban los apoyavasos... ¡peor! Así que me envalentoné. Total... ¿qué se pierde?

 

ÉLIDA:          ¡Ah! No te puedo creer... ¿vos también juntaste puntos?

 

ÚRSULA:      ¡Radiotaxis Del Plata!

 

ÉLIDA:          Ah, no... Yo por la tarjeta del Disco...

 

ÚRSULA:      Mirá vos... Yo como viajo bastante... Viste que con Radiotaxis Del Plata enseguida acumulás, ¿no?  La competencia...  Por un lado mejor, si no jamás se me hubiera ocurrido... Si no probás, no sabés... Por lo menos esto lo usás para vos, ¿no? No es un apoyavasos... (breve pausa)  Hice bien ¿no?

 

ÉLIDA:          Sí, sí,  está bueno. Yo también elegí así... Pero ahora vengo por mi cuenta... Cuando caí en que me enganchaba en todas las ofertas solamente para juntar puntos... Es ridículo. Ahora vengo, pago el abono y listo, al final te conviene más.

 

ÚRSULA:      Ah, vos ya sos habitué.... Pero entonces ¿vos qué decís? ¿Se banca bien esto? ¿Aguantaré?

 

ÉLIDA:          Sí, sí...  Hoy está insoportable, pero no, te hace bien... Si resistís al final te das cuenta de que vale la pena... No es frivolidad, no... Realmente una lo necesita... Hay que permitirse.

 

ÁNGELA:      A mí al principio me daba miedo. Como que alguien me agarraba del cuello y yo no podía verlo. ¡Me agarraba un cuiqui! Igual me la aguantaba porque sabía que era bueno. Al final ahora me encanta. Me parece como que estoy respirando  un sueño... como flotando en una nube, es lindo, me gusta. ¿No es como que salís de la lámpara de Aladino?

 

ÉLIDA:          Te desintoxica,  te abre los poros... Eliminás retención de líquidos...  Es expectorante, te saca todo...  (Pausa) Son quince minutos... Si te ponés  a pensar a veces aguantás tantas cosas peores por mucho menos...

 

ÚRSULA:      Y bueno... Habrá que probar, entonces... Las cosas que hay que hacer para estar bien...

 

ÁNGELA:      Igual mejor es una hora.

 

ÚRSULA:      ¿Cómo una hora?

 

ÁNGELA:      Sí, con quince minutos no hacés nada. Mi cosmiatra me dijo.  No es que te haga mal... Algo siempre es mejor que nada, pero...  Una hora es mejor...  Ahí  sí que ves resultados.

 

ÉLIDA:           Esa no la sabía. Sé que algunos opinan que es mejor quedarse cinco minutos, darse una ducha fría y volver,  y así en tres veces... O todas las que puedas... Yo creo que sí, lo importante es estar siempre. De algún modo,  pero  estar. Vas y volvés... Vas y volvés,  pero siempre estás...

 

ÁNGELA:      Mejor, mejor todavía es todo de un tirón, pero cambiando de escalones... Yo igual siempre  voy derecho al tercero...

 

ÉLIDA:          Pero  es preferible adaptarse de a poco... Si vas con todo el calor de golpe no es bueno, te puede hacer mal. (A ÚRSULA)  A  vos te conviene quedarte ahí donde estás un rato, así primero te aclimatás...

 

ÚRSULA:      ¡Ay! Si por lo menos hubiera música, algo, no sé... (pausa) ¿Ustedes en qué piensan cuando están acá?

 

ÁNGELA:      Yo cierro los ojos y me imagino cosas... En todo lo que va a venir después cuando me vaya... Me gusta dejarme llevar, como cuando era chica, yo miraba tele y me imaginaba que todo lo que aparecía en el televisor yo podía agarrarlo y tenerlo conmigo... Petete, por ejemplo,  me acuerdo que cada vez que aparecía Petete yo tocaba la pantalla del televisor. Y acá cierro los ojos y es como que puedo hacer eso. Que todo lo que me gusta está ahí y lo puedo tomar con la mano... Como si fuera Hansel y Gretel pero sin la bruja, solamente lo lindo, la casita de chocolate.

 

ÉLIDA:          Para mí estar acá es como celebrar un ritual, es como una ceremonia... Si pudiera ser más rápido dejaría de tener sentido... Me gusta que sea así, es una lentitud muy misteriosa... Como estar en otra dimensión, como encontrar la clave de un enigma. Algo casi metafísico.

 

ÁNGELA:      Aparte te ocupás de vos, es como que te conectas con vos misma. Por ejemplo, si tenés una esponjita como ésta (muestra una esponja vegetal) te la pasás así y te sacás  todas las células muertas. Y te queda la piel lisa, tan suave... (se acaricia la pierna). Además es mejor para depilarte.

 

ÚRSULA:      Uh... Sí, depilada hay que estar siempre. Nunca sabés.

 

ÉLIDA:          Y pensar que es algo cultural, ¿no? Incluso en Occidente... Sé que en algunos pueblos dejarse el vello es signo de buena estirpe...

 

ÚRSULA:      ¿Pero realmente los tipos se fijan en eso o nos parecerá  a nosotras? (breve pausa) Igual... ¡La verdad! La obsesión por estar ultra depilada es el primer día. El segundo, a lo sumo... Después que ya entraste en confianza...  ¡má' sí, qué me importa! ¿O no?  (ÁNGELA ríe)

 

La máquina dosificadora echa más vapor. Aumenta el calor. Silencio.

 

ÚRSULA:      Che, yo no sé si voy a aguantar. Si ven que me desmayo avisen. (se afloja el toallón)

 

ÁNGELA:      Vas a poder. Vas a ver que podés. Te acostumbrás. Pensá en lo que viene después.

 

ÚRSULA:      Tenés razón. Eso de pensar en algo lindo cuando tenés que aguantar, algo te ayuda.

Silencio.

 

ÁNGELA:      Es verdad que hoy está más fuerte que otras veces... (Se quita la toalla alrededor del cuello.  A través de su camiseta, la exuberancia de sus pechos contrasta con su figura menuda)

 

ÚRSULA:      Ah... Vos sí que tenés ¿eh? (gesto de tetas) Bien de vedette.

 

ÁNGELA:      Ay, gracias.... Yo ya sé que se nota.

 

ÚRSULA:      ¿El qué?

 

ÁNGELA:      Yo no estaba acomplejada, eh... Pero me convenció. Si a él le gustan así... Un gusto es un gusto. No soy la única.

 

ÉLIDA:          Ah...

 

Largo silencio.

 

ÁNGELA:      Yo no estaba acomplejada, era un gusto que quería darle. Tiene derecho... Si yo le pido que vaya al gimnasio para bajar esos rollitos que tiene, él va... ¿cómo le iba a decir que no?.

 

ÚRSULA:      Está bien, no te disculpes... No tenés por qué.

 

ÁNGELA:      Fue idea de él. Antes, cuando nos fuimos a vivir juntos yo era así: (gesto de “chata”). Tanto insistirme... Me mostró una revista que leía el padre de chico. Una Rico Tipo. ¿Viste las chicas Divito? Así quería. Un recuerdo del padre, imagináte, no se le puede negar... Algo así, que viene con tanto sentimentalismo... Pero yo no estaba acomplejada ¿eh?  Total, hay tantas que se las hacen... ¿por qué no le iba a dar el gusto, no?...

 

ÉLIDA:          Si a vos te sirve... está muy bien. A mí también me gustaría cambiar, pero nunca me decido. Ni con la tintura. Este es el color mío, solamente para tapar las canas me tiño. Qué me cuesta cambiar, pero no, siempre sigo con el mismo.

 

ÚRSULA:      Y yo,  con estos muslitos de pollo... (se cachetea las caderas) Una lipo tendría que hacerme. Por un lado me gustaría, por el otro ¿para qué, no? Al susodicho le gustan así. (lo imita cantando) "Fuerte de caderas, es mi puchunguita"

 

ÉLIDA:          Qué cosa lo que decís, no... Me deja pensando: ¿De quién es el cuerpo al final? ¿Tuyo o de quien se lo apropia? Es para pensar, ¿no?. Porque a mí también. Yo siempre odié esta nariz de tobogán que tengo, si no fuera por la anestesia ya me hubiera hecho la cirugía hace rato, pero... A mi marido le encanta. Dice que tengo un perfil muy particular, muy interesante. Afroeuropeo. 

 

ANGELA:      A mí también me parece que te queda bien.

 

ÉLIDA:          No sé. Cosas de él. Es raro, porque a veces la mirada del otro te va cambiando y vos capaz que ni te das cuenta. Pasa mucho cuando estás en pareja, ¿no?

 

ÁNGELA:      Algo así  leí en una novela una vez. Dos amigos hablando de sus mujeres. Uno le cuenta al otro: "Cuando la vi por primera vez me parecía fea. Después cuando la empecé a conocer más me parecía hermosa. Ahora me parece que es así como tiene que ser."

 

ÚRSULA:      ¿Será tan así? Bueno, igual era una novela.

 

ÉLIDA:          Yo creo que sí, algo de eso tiene que haber. (pausa) ¿Vos hace mucho?

 

ÁNGELA:      ¿Qué cosa?

 

ÉLIDA:          (a Ángela, dando por sobreentendido)   Y...

 

ÚRSULA:      Y, ¿qué va a hacer? Que te hiciste las tetas...

 

ÁNGELA:      No, poco. (pausa) Un mes.

 

ÚRSULA:      ¿Y? ¿Qué dice tu consorte? Se dio el gusto, nomás? Estará como perro con dos colas...

 

Ángela sonríe levemente

 

ÚRSULA:      Ah, bueno, la que calla otorga... (breve pausa) Dale, compartí tu experiencia con tus compañeras de...

 

ÁNGELA:      (intimidada) Sí, le gustaron.

 

ÚRSULA:      Me imagino. Una luna de miel.

 

ÉLIDA:          Es bueno renovarse. Verse de otro modo. Más cuando tenés el motivo.

 

Largo silencio

 

ÚRSULA:      ¿Cuánto hace ya que estamos?

 

ÉLIDA:          Ya ni sé. Perdí la cuenta.

 

ÚRSULA:      ¿No se fijaron qué hora era?

 

ÉLIDA:          La verdad se me pasó.

 

ÚRSULA:      Uy, ¿y ahora cómo vamos a saber cuándo nos tenemos que ir?

 

ÉLIDA:          Ya nos vamos a dar cuenta. No vamos a aguantar tanto...

 

ÚRSULA:      Sí... No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.

 

Silencio largo.

 

ÁNGELA:      (ensimismada) Cuatro.

 

ÚRSULA:      ¡Qué!

 

ÁNGELA:      Sí... Cuatro noches solamente.

 

ÚRSULA:      ¿De qué estás hablando?

 

ÁNGELA:      Mi novio. Que se fue, ya no vive más conmigo.

 

ÉLIDA:          ¿Se fue?

 

ÚRSULA:      ¿Cómo, y las tetas...?

 

ÁNGELA:      Sí. Ni una semana dejó pasar. ¿Para qué me insistió tanto? Todavía tenía los puntos para sacarme.

 

ÉLIDA:          ¡Todavía tenías los puntos!

 

ÁNGELA:      Y... sí.

 

Largo silencio

 

ÚRSULA:      (intentando aflojar el silencio tenso)  Con tantas promociones que hay, ¡tener los puntos y no poder canjear el premio! (Se tapa la boca, reparando su falta de tacto. A Élida, por lo bajo) Perdón. Me desubiqué, ¿no? Soy una bocona. (En tono normal) ¿qué era lo que te hacía esto con las toxinas?

 

ÁNGELA:      ¡Y lo peor es que es más enana, más chata y más flaca que yo!... Imagináte cómo me sentí!

 

ÉLIDA:          Es así. Las experiencias malas tienen que servir para algo. Sin humillación nunca se aprende realmente. Es duro pero es así.

 

ÁNGELA:      Lo que más bronca me da es que se fue y se le empezó a dar todo, pero todo ¿eh?  En un mes se le dio todo lo que estuvo esperando casi toda su vida.

 

ÚRSULA:      Ah,  es un clásico. A una amiga también le pasó. El marido, el ex marido, ¡hincha de Racing! Fanático total. Fanático, fanático, ¿eh? De familia. ¿Y vos podés creer, che,  que le pide el divorcio y al día siguiente Racing sale campeón? ¡Racing campeón!  ¡No, el sueño de toda su vida se le viene a dar justo cuando le pide el divorcio a mi amiga! ¿Vos podés creer? ¡Hasta esa suerte tuvo!

 

ÁNGELA:      ¡Eso! Es como que sentís que te roban la suerte, ¿no? Cuando te separás, las cosas que tenés, mal que mal se reparten de común acuerdo, ¿no? Pero la suerte... La suerte no, la suerte se la llevan toda junta... Es un saqueo, no te dejan nada. Yo te juro que no soy resentida, no me gusta... Pero ¿por qué todas para él? ¿Y yo, qué?

 

URSULA:      Resentir, te resentís igual. Siempre, aunque no quieras. Mientras tanto aguantás. Con todo es igual. Mirá, ¿ves que acá tengo más hinchado? (señala su tobillo) Tocá... (Ángela toca) ¿Sentís cómo me late? Parece una esguince, pero no. Me querían enyesar, pero al final los médicos se dieron cuenta: tengo un músculo de más.

 

ÉLIDA:          ¿Un músculo de más? ¿Puede ser eso?

 

ÚRSULA:      Sí, un músculo de más. En la resonancia me salió. Claro, como tengo más fuerza no me doy cuenta, y hago el doble de esfuerzo... Yo no me doy cuenta, pero el cuerpo sí... llega un momento en que el cuerpo dice basta y ahí agarráte Catalina.

 

ÉLIDA:          Es que es tan difícil, antes compartías gastos, de un día para otro tenés que afrontar todo sola... No, no es nada fácil.

 

ÁNGELA:      Sí, nosotros los gastos los repartíamos por igual. Hacíamos un fondo común y de ahí sacábamos, aunque fueran cosas personales sacábamos todo de ahí, todo a medias. (Breve pausa, refiriéndose a las tetas) En esto también, él pagó la mitad, en ese sentido no le puedo reprochar nada.

 

ÉLIDA:          Está bien, es lo que corresponde... Después de todo fue él el que te pidió... No era solamente para vos... Es como un bien común.

 

ÚRSULA:      (A Ángela) Vos sí que tenés suerte. Para mí no hay manera más clara de demostrar afecto que la plata. ¡La verdad, che! Ahí realmente  te demuestran que te quieren. ¿Quién se pone en gastos con alguien que no le interesa? ¿Conocés a alguien? No. Mirá: eso de que el dinero no puede comprar amor... Sí, claro. El dinero no compra amor. El dinero es amor.

 

ÉLIDA:          La plata es importante, pero en una pareja hay otras cosas también. Hay que buscar el equilibrio entre el tedio y la pasión. Cuando lo encontrás es buenísimo. Ahí está el secreto de una pareja perdurable.

 

ÁNGELA:      Ah, ¿sí? Mirá vos, a mí nunca se me hubiera ocurrido.

 

ÉLIDA:          Sí, sí... Yo lo entendí cuando me separé.

 

ÁNGELA:      Ah... Entonces vos también...

 

ÉLIDA:          Sí, sí.... Lo malo es que hasta que lo encontrás a ese equilibrio muchas veces se te pasa la vida. En ese sentido no sé hasta qué punto es negocio. A mí me costó entender... Toda adversidad tiene su ventaja, ¿viste que siempre dicen que toda crisis debe plantear un nuevo desafío? Y bueno...

 

URSULA:  No me digas que no hay un abuso... Resulta que ahora con esta cuestión de la mujer independiente ahora los hombres son los más feministas. No me digas que no... Por ejemplo, a mí me gustaban los tipos de antes, esos que te invitaban a tomar un café, y además te lo pagaban... ¡Ahora no, cambió todo! Los hombres están en la onda liberal ahora... Para que  no te ofendas te dejan pagar a vos... ¡Ah! Y eso no es nada... Está bien, yo entiendo que puedas "invitar" vos,  ¿no?  Pero hay una cosa que sigo sin entender: si el mozo te ve que sos vos “mujer” la que le está pagando con un billete de cincuenta pesos... El  vuelto ¿me podés explicar por qué el vuelto se lo da al tipo?

 

ÁNGELA:      ¡Sí, sí, es verdad!

 

URSULA:      ¡Qué querés que te diga!  Yo la verdad te prefiero un machista pero que me pueda con algún gesto, alguna atención...  No te digo un perfume francés, pero un Bon o Bon, un Cabsha, ¡algo!  Bien que les gusta que estés perfecta, todo pipí cucú, pero querida, parece que para la gran mayoría el levante es gratarola, eh... ¿De quién es la culpa? De una, de quién va a ser. Cuanto menos exigís menos te dan, no hay vuelta que darle.

 

ÁNGELA:      ¿Vos vivís en pareja?

 

ÚRSULA:      No, querida, con la experiencia ajena me alcanza y me sobra. Mirá: vos tenés que ver el lado bueno, no hay mal que por bien no venga. Por una lado mejor, ¡que se vaya! Aprovechá el momento. Haceme caso. Olvidate. Divertite. A rey muerto, rey puesto. Pero siempre cama afuera, ¿eh? No reincidas porque no va.

 

ÁNGELA:      Sí, sí... Yo trato, por lo menos... No me gusta mirar atrás.

 

ÚRSULA:      Tenés que conseguirte uno que te atienda bien... No hace falta que lo tengas que tener todos los días... Poco pero bueno. ¡Mirame a mí!  La verdad en eso soy afortunada... Yo no digo todos los días porque se vuelve rutina, pero día por medio... Ah, día por medio es lo ideal. Pero tiene que ser bien sublime... Soberbio, eh, eso, sobeeeerbio, con todos los chiches.

 

Largo silencio

 

ÉLIDA:          (a ÁNGELA) Y bueno, pero por lo menos ya las tenés...

 

ÁNGELA:      ¿Qué cosa?

 

ÉLIDA:          (gesto de tetas)... Ya las tenés. Para el próximo que aparezca, por lo menos...

 

ÚRSULA:      ¡Claro! Ahora son todas  tuyas. Que no te venga a reclamar la mitad el caradura.

 

ÁNGELA:      ¿Y qué se yo si al próximo le gustan así? Hay tipos que no les gustan las tetonas...

 

ÚRSULA:      Mirá, vos no te hagas drama por eso. En una mina las tetas son la identidad... ¿viste que los tipos dicen que las minas se diferencian por las tetas? ¿Nunca escuchaste?

 

ÁNGELA:      No, nunca.

 

ÉLIDA:          No, la verdad, que yo tampoco.

 

ÚRSULA:      Sí, los tipos siempre andan diciendo eso.  Que una mina puede tener buen culo, pero ahí ya no hay tanta variedad, en eso se parecen más o menos todas... Las tetas no... las tetas son todas distintas en cada mujer. Y sí, algo de eso debe haber... Yo por ejemplo no tengo mucho, no son nada que digas ah... Pero tengo una mancha de nacimiento acá ¿Ves?... (señala en su pecho izquierdo) Ahora no se me nota tanto, es apenitas un tono más que la piel. De chica sí se me notaba más, pero a medida que te van creciendo la mancha se te aclara... Para mí es como una escarapela de mi historia sexual. Es como decir "esta es Ursulita". Sí, en las mujeres, las tetas son algo que viene con mucha personalidad.

 

ÉLIDA:          ¿Sabés que sí? No había reparado en eso, pero sí... (pequeña pausa) Yo tengo un tatuaje. (descubre rápidamente su pecho izquierdo y se vuelve a tapar)

 

ÚRSULA:      Mirála vos, tan armadita que parecés... ¿A ver cómo es?

 

ELIDA:          No, ya está. Un corazón con dos caballitos de mar adentro. Idea de él. Cuando cumplimos el primer año se le ocurrió.

 

ÁNGELA:      Si es así,  con ese criterio, entonces ya perdí. ¿Qué puedo tener yo de personal ahora?

 

ÚRSULA:      ¡No, mujer! Mirá: a partir de hoy... ¿cómo te llamás vos?

 

ÁNGELA:      Ángela. Lita, bah... Todo el mundo me dice Lita.

 

ÚRSULA:      Lita ¿vos no te ofendés si te hago una pregunta?

 

ÁNGELA:      ¿Qué? Decíme.

 

ÚRSULA:      No te lo tomes a mal... ¿A vos no te molestaría...? No quiero que me tomes por una desubicada o algo peor.

 

ÁNGELA:      ¡Qué! ¿Qué me vas a decir, que estás tan así?

 

ÚRSULA:      Es un segundo nada más. Lo que pasa que yo... ¿sabés que siempre tuve curiosidad? Me muero por saber... ¿Cómo se sienten al tacto?

 

ÁNGELA:      ¿Qué?

 

ÚRSULA:      ¿A vos te jodería mucho? Es un segundo, una curiosidad que siempre tuve...

 

ÁNGELA:      ¡Qué decís!

 

ÚRSULA:      Nada. Perdonáme, me fui al carajo, ¿no? Olvidáte, no tiene nada que ver.

 

ÁNGELA:      No.

 

Breve pausa

 

ÉLIDA:          (a ÁNGELA) Tiene razón. Es un segundo, es algo técnico, no es para tanto. ¿Nunca te hiciste un palpamiento de mamas con una ginecóloga, una ginecóloga mujer?. Es lo mismo. (Élida contiene su expectativa)

 

ÁNGELA:      (duda, persuadida) Sí, pero...

 

ÉLIDA:          Si lo pensás dos veces te das cuenta de que es una pavada. Pero bueno, si no querés, no querés.

 

Silencio largo

 

ÁNGELA:      Bueno, está bien. (Elida se acerca más para apreciar la escena)

 

ÚRSULA:      Permiso, eh.  (toca) Ah, sí. Es otra cosa. Más turgente. Pero al mismo tiempo, bastante real. (Risa nerviosa de Ángela. Ursula se aparta) Mirá, Lita. A partir de hoy estas son tus tetas y punto. Tenés que apropiártelas. Actitud es lo que hay que tener en la vida. Es fundamental. Todo es una cuestión de actitud. Los tipos lo perciben, ¿eh?. Si no... ¿cómo podés entender que en un momento ninguno te da pelota y al día siguiente salís a la calle y sentís que todos te quieren coger? Vos sos la misma, la actitud es lo que te cambia.

 

ÁNGELA:      Sí, sí, si yo ahora pienso como vos... Antes, el primer día me sentía patética, pero la verdad que no. ¿por qué? Si tenía todo el tiempo para mí, podía salir a cualquier hora, no tenía que avisar a nadie ...   

 

ÉLIDA:          Tener tiempo para vos no tiene precio. A mí también me pasó cuando me separé. Al principio estaba tan contenta con manejar mis propios tiempos que no sabía qué hacer. Me la pasaba dando vueltas... Las horas se me pasaban como si nada... (breve pausa) No me aburría, eh.

 

ÁNGELA:      Hoy tengo una cita.

 

ÚRSULA:      ¿Ves? Eso es actitud... ¿Dónde lo conociste?

 

ÁNGELA:      No, una agencia.

 

ÉLIDA:          ¡¿Te animaste?! Yo alguna vez pensé... pero no... Nunca.

 

ÚRSULA:      ¡Ah, no! No, a mí no me gusta, si tengo que buscar prefiero salir a la aventura, pero me muero si me tienen que presentar y todo eso... Es muy artificial.

 

ÁNGELA:      Agencia, agencia no es,  en realidad es una socióloga... (duda) Una asistente social. Organiza reuniones con gente más o menos con los mismos intereses... Yo la verdad que tengo ganas de ir al grano. No quiero perder tiempo. Chatear no sirve, a veces puede ser que encuentres a alguien interesante, pero cuánto tiempo te lleva... Le conté más o menos lo que andaba buscando y bueno...

 

ÉLIDA:          ¿Y? ¿Te consiguió? ¿Qué te pareció, tiene seriedad?

 

ÁNGELA:      No, bastante bien... Un abogado. Cuarenta y dos años... Divorciado, sin hijos...  Y no es pelado. Bah... Tiene como una pequeña  entrada pero no se le nota mucho, disimula bien... No, la verdad que bien. Dice que en sus ratos libres se dedica a la filatelia.

 

ÚRSULA:      (bromeando) ¿Y eso es bueno o malo?

 

ÁNGELA:      (sonriendo dulcemente) No, bueno. Me gustó eso. De chica yo también juntaba estampillas, ahí ya tengo un tema de conversación... Las de España me aburrían un poco, todas con la cara del rey, solamente cambiaban los colores. Un aburrimiento total, pero igual había que tenerlas. Cuanto más se viera el sello mejor. Y despegarlas del sobre... Había que saber... Había que hervir la pava y con el vapor de a poquito se despegaban. Este sería un lugar ideal para despegar  estampillas.  (breve pausa) Un poco flaco, eso sí...

 

ÚRSULA:      Pero flaco ¿cómo? Yo por ejemplo, no me jode que sea flaco pero tiene que tener pierna, culito firme... Bien plantado.

 

ELIDA:          Ah, no, yo al revés... Si tengo que sacrificar algo sacrifico cualquier cosa menos la espalda, toda esta parte de acá (señala la parte pectoral)  Flaco puede ser, pero con caja, armado. Igual todo es teoría, ¿no? En la práctica después todo es relativo. A mí a veces me puede parecer que un hombre me encanta pero al rato, ¡zas! siempre aparece algo. Por ejemplo, yo una vez, antes de conocer a mi ex conocí a uno que me encantó... ¡Las manos! Porque yo al tipo lo primero que le miro son las manos, es otra cosa que me tiene que gustar, tienen que ser finas, dedos largos... Si veo que tiene dos masacotes... ¡ay, no! ¡Fue!  (risas de Ángela y Ursula) No, este que te digo era divino... Una seducción... Escorpiano debería ser. Todo muy lindo... Hasta que me dice que es vegetariano. Justo. Si hay una cosa que yo no paso es el tipo que te come lechuga. A mí el tipo que come lechuga no me gusta.

 

ÚRSULA:      ¡Ay, a mí tampoco! ¿Te lo imaginás en la cama? (parodia una solemne voz masculina) “Preciosa, ¿qué te parece si tenemos un coito frugal?" (gesto masculino de pelvis hacia adelante)  (Parodia orgásmica voz femenina) ¡Ay, sí, sí, como me calienta que no le pongas tanta sal! Así, livianito es mejor... (ríen todas)  Che, ¿cómo será sentir que se te para? (ríen todas)  ¡En serio! A mi me gustaría ser tipo para saber qué se siente. Tiene que pesar más, ¿no?

 

ÁNGELA:      (riendo) ¡Qué loca!

 

ÉLIDA:          (divertida) Nunca se me ocurrió, pero sí, teóricamente tendría que pesar más. Por el torrente sanguíneo, claro. Seguro.   (Ríen todas)

 

Silencio. La máquina dosifica más vapor.

 

 

2.

 

ÁNGELA:      (a ÉLIDA) ¿Así que vos estás libre también?

 

ÉLIDA:          Sí... No... Qué se yo.

 

ÚRSULA:      ¿Cómo es eso, che? ¿Sí o no? Confesá...

 

ÉLIDA:          Es tan difícil de explicar...

 

ÚRSULA:      Un amante. Sos de las mías...

 

ÉLIDA:          No es una relación muy común. En la teoría estamos separados pero...

 

ÚRSULA:      Mmm... Reencuentros con el ex. Típico.

 

ÉLIDA:          Siempre me está recordando que estamos libres, que me tengo que buscar un tipo. Yo no sé si él está con alguien. Supongo que no. Si tiene la verá durante la semana; sábado y domingo lo pasamos juntos.

 

ÁNGELA:      ¿Cuánto hace ya?

 

ÉLIDA:          Y, que nos separamos, tres años... Conviviendo estuvimos ocho.... Ocho años de convivencia y contando con la separación en el medio ya llevamos once juntos.

 

ÁNGELA:      Bastante. El triple que yo.

 

ÚRSULA:      Acostumbramiento. Yo también lo pasé.

 

ÉLIDA:          Ah, vos también, entonces.... ¿no era que nunca habías convivido?

 

ÁNGELA:      Sí, cama afuera dijiste...

 

ÚRSULA:      Bueno, pero poco tiempo... Yo tenía veinte años. Una niña. (pausa) Por lo menos como experiencia me sirvió para saber cómo es.  Teníamos un perro. Bah, de los viejos de él, porque era la casa de los padres, habíamos construido arriba. Chiquito, marca perro, pero no sabés qué hermoso, a  mí encantan los perros. (breve pausa)  No llegamos a cumplir un año... ¡Un maniático! Y, único hijo, imagináte... Era imposible...

Así que me mudé a un departamento de un ambiente, pleno centro... Yo estaba que caminaba por las paredes, imagináte, toda mi vida viviendo en la provincia,  casa con fondo... Me agarraba una claustrofobia... Un día dije: “bueno, ya que extraño al perro voy y lo llamo”.  Total yo con los padres había quedado en buenas relaciones, me querían mucho igual. Y ahí retomé un tiempo. Otra vez con él. Pero ya no daba para más. Al mes lo atropelló un auto... (pausa) Al perro. Fue el detonante.

 

ÉLIDA:          No, yo no creo. Al principio sí,  pensaba:  “y bueno es lo que hay”... Pero no. Conocer, conocí otros hombres, sí, después de la primera separación, pero... Nada. Qué querés que te diga, cuanto más conozco a los hombres... más quiero a mi ex.

 

ÁNGELA:      (sorprendida y divertida) ¡No!

 

ÉLIDA:          Sí, sí, yo  por lo menos tengo la valentía de decirlo... Sí es así...  ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que un ex sea un ex, eh? Les pasa a muchas, eh, no soy la única... Hasta las calles, fijate Scalabrini Ortiz... Nunca va a ser Scalabrini, siempre va a ser Canning, y así con todo...

 

ÁNGELA:      (riendo) Está bien, pero decime la verdad, ¿nunca te atrajo otro?

 

ÉLIDA:          Sí, si. Atracción sí. Y cómo... (pausa). Yo todavía vivía con él, con mi ex... Un compañero de un curso de inglés. Profesor de dibujo, tenía las manos tan finas... Yo estaba como loca... Nunca me había pasado... Era volver a tener quince años. Desde el primer momento, se dio una cosa muy... ¿cómo te puedo decir?  Muy mágica... no sé... ¿viste cuando sentís que hay algo que fluye, que está, que es como que se impone?  No hablábamos tanto, pero... Había un código, como un rapport muy fuerte... Se notaba, todos se daban cuenta. Y al mismo tiempo era como que él me intimidaba...  Capaz que me lo encontraba y... No se rían, pero me ponía colorada, no sabía qué decir... ¡Me sentía tan ridícula! (ÚRSULA ríe) ¡No te rías!

 

ÚRSULA:      Perdoname, me hiciste acordar una cosa. Dale, seguí.

 

ÉLIDA:          No, y qué se yo... Evidentemente las cosas ya no estaban funcionando con mi ex... (aclarando) Con el que me estoy viendo ahora... Por un lado yo me alejaba de él, pero al mismo tiempo algo me retenía, no me dejaba reaccionar. Culpa. O melancolía, no sé. A lo mejor una mezcla. Yo pensaba en los primeros tiempos, cuando nos conocimos... Da un poco de melancolía... Algo que parecía tan sólido.... De pronto se convierte en nada... Más leve que una sombra. Yo pensaba: ¡que le guste otra mujer! Necesitaba eso...  alivianar la culpa...

 

ÁNGELA:      Ay... Pobre...

 

ÚRSULA:      ¿Por qué no lo encaraste? Yo que vos...

 

ÉLIDA:          ¿Encararlo? ¿A mi ex? (pausa) No, no estaba segura. Me daba miedo, tenía miedo de lastimarlo... ¿y si me salía todo al revés? ¿Y si me arrepentía?  Es tan difícil esta edad... A los veinte tenés que fracasar porque si te enganchás con el primero  no tenés mundo... A los cuarenta también, ya viviste la experiencia, como muestra un botón, al contrario, fracasar a los cuarenta te renueva, te energiza. Pero a los treinta... ¿A los treinta qué haces? Te corta todo. Socialmente no tenés lugar. Si él decidía por mí estaba todo bien, pero jugarme yo... Capaz que me quedaba sin el pan y sin la torta. Sí... Por eso siempre seguía histeriqueando con el de dibujo, era como tener una ilusión... Él también me histeriqueaba, eh, no iba de frente, no... Lo justo como para que no se cortara esa cosa mágica, pero no, nunca pasaba nada... Y sin embargo... había un rapport, una conexión muy fuerte...

 

ÁNGELA:      Pero esas cosas pasan... Andá a saber, qué se le pasó por la cabeza, si tuvo miedo...

 

ÚRSULA:      O no, a lo mejor fue nada más que una conexión como vos decís, una conexión muy fuerte, pero que no tiene que por qué terminar en nada. Una vez me pasó, en un viaje, un tour que hice a Mendoza... Sola viajé, ¿viste esas agencias que te venden todo el paquete? Micro, estadía, excursiones, todo... Justamente, en una de estas excursiones conozco a un tipo.... Un tipo bárbaro, che,  Juan se llamaba, venía con el contingente... Nos pusimos hablar, ¡como si nos conociéramos de toda la vida! Una conexión terrible... Toda la onda, pero erotismo cero ¿eh? Como hombre a mí no me movía un pelo, era como mirar una estampita de San Cayetano.

 

ÁNGELA:      Mmmm... Eso lo decís vos, pero andá a saber qué pensaba él... Mi hermano dice que cuando un tipo se acerca a una mujer para hablarle...

 

URSULA:      No, éste no, no creo, nada que ver... Mirá si lo habré sentido así que cuando nos despedimos en la terminal de Retiro no pude con mi genio, se lo tuve que decir: "Mirá, Juan, yo no sé si a vos también te pasó, pero yo siento que nosotros tuvimos una conexión tan fuerte, pero tan fuerte, que para mí es como si hubiéramos cogido con toda la furia. Ojo, por favor no te lo tomes a mal, ¿eh?  Yo no te curtiría ni loca."  (Ríen Ángela y Élida)

 

ÁNGELA:      ¿Y él qué te contestó?

 

ÚRSULA:      No, nada... Se quedó mudo, en seguida cambió de tema. (Pensativa) Me parece que no entendió nada.

 

ÁNGELA:      Pero claro,  capaz que el tipo sí te quería levantar y vos ni lo registraste... Capaz que te iba a pedir el teléfono y vos vas y le salís con eso... ¡Cómo no se va a quedar desconcertado con lo que le dijiste!

 

ÉLIDA:          Igual no fue mi caso...

 

ÁNGELA:      ¿Por?

 

ELIDA:          No, la histeria del mío no era gratis... Después entendí por qué no pasaba nada... La conexión pasaba por otro lado... Mirálo vos al profesor de dibujo, qué bien se la tenía guardada...

 

ÚRSULA:      Casadísimo. Siempre lo mismo, che. Todos los tipos son unos cagones... Hasta que no se aseguran otra mina no se juegan...

 

ÉLIDA:          ¡Ojalá!... ¡Peor! (pausa) Gay.

 

ÚRSULA:      ¡No! ¿Puto?

 

ÉLIDA:          Sí... ¿Y qué podés hacer en estos casos? No podés hacer nada. Es así... A mí me parecía una cosa, pero no, para él era otra...  Menos mal  que me quedé en el molde... ¿mirá si yo hubiera hablado? ¡Qué papelón!

 

ÁNGELA:      ¡Ay! Qué desilusión...

 

Silencio.

 

ÚRSULA:      Dejá que lo agarre yo a Dibu... ¡sabés cómo cambia de opinión!

 

ÉLIDA:          ¡Qué decís!

 

ÁNGELA:      (a ÉLIDA) Es tremenda...

 

ÚRSULA:      Sí, ¿qué tiene? Andá a saber con qué mina habrá estado para que no le gusten las mujeres... Si no conoce cómo va a saber.

 

ÉLIDA:          Qué tiene que ver... Es innato.

 

ÚRSULA:      Qué innato... Mirá: lo importante es que no sea pasivo. Mientras que no sea pasivo todo se puede arreglar... Yo qué sé si alguna vez no habré estado con un puto. Hay tantos que tienen una doble vida...

 

ÉLIDA:          ¿Qué es tener una doble vida?.

 

ÚRSULA:      ¿Por qué lo decís?

 

ÉLIDA:          Siempre tenés una doble vida. ¿Cómo hacés para olvidarte y empezar otra vez de cero?

 

ÚRSULA:      No te olvidás pero aprendés a soportar eh. Me lo vas a decir a mi.

 

ÁNGELA:      ¿Vos?

 

ÚRSULA:      Sí, así como me ves, yo también. Porque los tipos no se bancan verte tranquila. Como que te envidian que vos estés bien y ellos no. A ellos les encantaría que las minas siempre estén con eso de no seré feliz pero tengo marido. Sola y feliz, no... ¡cómo! Escuchá la última del susodicho: ¡¿Vos podés creer que ahora me quiere traer a los engendros a mi casa?!... ¿Yo qué tengo que ver? (breve pausa) Claro, ahora es al revés, te quieren enganchar con esto del padre tierno y responsable, qué conmovedor... (imitándolo) "Ah, lo que pasa es que vos a mis hijos no los querés integrar a nuestra vida".... ¡Soy tu amante, querido, enteráte! ¡Qué le vas a decir a los pibes, que soy la maestra particular! ?

 

ÉLIDA:          ¿Cómo, cómo? ¿La mujer sabe todo?

 

ÚRSULA:      Qué se yo, pero más bien que la mujer se imagina, ella también debe tener lo suyo. ¡Qué hipócritas! ¡Encima que no aportás ni con un kilo de azúcar! ¡Todavía me quiere usar de niñera! Porque es un garronero, querida... Todo yo lo tengo que poner. ¡Ah, y encima soy yo la egoísta! ¡Y me pone a los hijos para defenderse! No, escuchá esta: (lo imita con afectación) "vos no sabés lo importante que es para ellos viajar en ascensor, siempre vivieron en un country, no son chicos de capital, pero claro, total qué te importa, vos no sabés lo que es tener un hijo". ¿Qué querés, que le instale un pelotero en el living para los monstruos? Hay que joderse, eh... No, te juro que es de locos ¿vos podés entender?

 

Risas de Ángela y Élida.

 

ÚRSULA:      Sí, ustedes se ríen pero las quiero ver...

 

ÁNGELA:      ¡Es que es divertido!... Nunca escuché algo así, es muy loco...

 

ÉLIDA:          Reíte vos también... Hace bien reírse de uno mismo, por lo menos hacés catarsis. ¿Viste que ahora está esto de la risaterapia? Todo se resuelve con la risa... Es bueno reírse un poco, es bárbaro. Yo por eso trato de reírme lo más seguido posible.

 

URSULA:      Te hacen creer que vos sos la única... La pasión, y qué se yo cuánta cosa ¿para qué? Si vos no le pediste nada, ¿para qué te quieren hacer el novio?

 

ÉLIDA:          Por eso digo que la pasión sola no es nada. Es el equilibrio entre el tedio y la pasión lo que sostiene a una pareja, ya sean amantes, concubinos o esposos. Es así, un juego dialéctico.

 

ÚRSULA:      Te juro que me revienta, me pone reloca. ¿Yo le prohíbo algo, le puse alguna condición? Decime: ¡qué le pedí! (breve pausa)  ¡Ah, no! ¡Y encima te usan de psicóloga! Se invierten los roles, resulta que la mujer lo disfruta toda la semana y yo el rato que lo veo tengo que soportar cómo me llena la cabeza de problemas... Claro, es así,  las mujeres casadas se quejan de la falta de diálogo con los maridos...  y  las amantes de esos mismos maridos nos quejamos de sus excesivos monólogos...  ¡Pero andate nomás con la idiota de tu mujer que te aguante! Ah, eso sí, a ella bien que la mantiene... No la quiere,  no se calienta pero bien que la banca, eh... ¡mirá vos qué bien que la hace la mosquita muerta! ¡Pero andate con tu mujer imbécil, y no me jodas más! ¿Para qué me tuvo que decir que viajaba por  negocios? ¡Qué negocios, se fue con la mujer! ¡Me mintió! ¡Para qué, con qué necesidad, me querés decir!

 

ÁNGELA:      Y bueno...

 

ÚRSULA:      ¡Y bueno, nada! Esta noche llega. Vas a ver, cómo me va a tener que escuchar..

 

ÉLIDA:          Está bien que te saques la bronca, pero vos también... Las querés todas para vos...  No podés... Si tenés buena cama... Bueno...

 

ÚRSULA:      ¡Qué voy a tener buena cama! Si...

 

Breve silencio

 

ÁNGELA:      Ah...

 

ÉLIDA:          ¡No me digas que no se le p (conteniéndose) Una... (buscando la palabra)  Una ¿disfunción?

 

ÚRSULA:      Él dice que yo le exijo demasiado, que no lo entiendo...

 

ÉLIDA:          ¿Siempre fue así?

 

ÚRSULA:      No, al principio no, al principio estaba tan bien...

 

ÉLIDA:          Bueno,  son épocas ¿no?

 

URSULA:      Sí, pero yo pienso que soy yo, que es mi culpa... Si no le pasa nada conmigo es porque en realidad el coge bien con la mujer, y si entre ellos el sexo está bien lo demás... Lo demás siempre se puede arreglar...

 

ÁNGELA:      Bueno... También puede pasar que...

 

ÉLIDA:          Sí, que además de vos tenga otra.

 

Breve  y tenso silencio

 

ÁNGELA:      Pero igual es una suposición. (Intentando cambiar bruscamente la tensión) ¿Por qué no hablamos de cosas positivas? A ver: ¿qué programa tienen hoy?

 

ÚRSULA:      Si es por eso hablá vos, que alguna ilusión ya tenés con ese que te consiguieron de la agencia...

 

ÁNGELA:      Sí... La verdad... ¡me muero por conocerlo!.

 

ÉLIDA:          ¿Cómo, no era que ya lo conocías?

 

ÁNGELA:      Por foto. Hablar no hablé nunca. La socióloga me buscó del archivo y me preguntó si me gustaba. Me dijo que era el que mejor se adecuaba a mi perfil.

 

ÉLIDA:          ¡No!... ¿Una cita a ciegas? (breve pausa) Eso es lo que me hace falta a mí.

 

ÚRSULA:      Ah... menos mal que cuanto más conocés a los hombres...

 

ÉLIDA:          ... más quiero a mi ex.  Sí... (Breve pausa. Comienza a quebrarse) Es un hijo de puta. Anoche me llamó.  Me dijo que quiere terminar definitivamente el muy hijo de puta. Que quiere terminar de una vez por todas, que no podemos seguir así, que tenemos que rearmar nuestras vidas ¿pero quién se cree que es? (Llora)

 

ÁNGELA:      Bueno. Calmáte, no te pongas así...

 

ÉLIDA:          ¡No quiero calmarme! ¡Once años estuvimos juntos!

 

ANGELA:      Pero si dijiste que en los últimos tres se habían separado...

 

ÉLIDA:          ¡Es igual! ¡Qué, yo voy a perder todo de la noche a la mañana ahora! (burlándose) "Quiere tener una posibilidad de ser feliz" ¿Qué, ahora se le dio por ser feliz al idiota? ¡Pero quién se cree! Como si en la vida todo fuera felicidad... Ahora porque se le cruzó la primer boluda ya quiere terminar todo... ¿Sabés cuánto va a durar? (Llora más intensamente)

 

ÁNGELA:      (acercándose a ÉLIDA, con ternura) Bueno...  Mirá como estás... (ofreciéndole una parte de su toalla) Secáte, tonta, que total acá las lágrimas se te evaporan... (le toma las manos, en actitud de consuelo) Tenés lindas manos vos, ¿eh?

 

ÉLIDA:          (recuperándose) Gracias. (mirándola a los ojos) Vos también... mirá que hermosa  piel que tenés (le toca la mejilla. Breve pausa, con tristeza) Pensar que mi mamá me decía: “ustedes sí que van a estar siempre juntos. Son tal para cual”. Pobre. Si nos pudiera ver ahora. (breve pausa) ¿Qué pensaría si nos viera hoy, a lo que llegamos...?

 

ÁNGELA:      Igual es muy poco tiempo todavía...

 

ÉLIDA:          Sí.  (breve pausa) Lo peor es que se me mezclan cosas raras. Cuando estábamos en los dos primeros años, por ejemplo me acuerdo que estábamos tan bien que yo sentía angustia... Tenía miedo de que algún día le pasara algo feo. ¿Qué iba a hacer yo si él me faltaba? Yo pensaba en las dos personas que más quería... ¿qué pérdida podía ser más insoportable?  Y sin embargo...  Todo sigue como si nada hubiera pasado, eso es lo más terrible. Esa languidez, ese fluir tan tedioso... Nos quedamos en el tedio solamente.

 

ÁNGELA:      Vas a ver que ya se te va a pasar. Necesitás tiempo, nada más. Que pase el tiempo.

 

ELIDA:          A veces quiero que pase el tiempo... Lo más rápido posible. Olvidarme... Otras veces no, si nada cambiaría con eso... Mejor acostumbrarse a que siempre va a ser todo así... Que todo siga lento... Asumir que una ya no va a ser la misma persona de antes... (breve pausa) No sé que es mejor...

 

ÁNGELA:      Yo tampoco sé... ¿Quién puede saberlo? (se quedan ambas una al lado de la otra, hombros caídos).

 

 

3.

 

ÚRSULA:      (que ha contemplado la conversación de Élida y Ángela sin acercarse a ellas, ensimismada en su pensamiento) Los tipos son cagones... No se juegan.

 

ÁNGELA:      ¿Por qué lo decís?

 

ÚRSULA:      Por todos.  Hablo en general.

 

ÁNGELA:      Por algo lo dijiste.

 

ÚRSULA:      No...

 

ÁNGELA:      ¿No serás vos la que no quiere jugarse?

 

ÚRSULA:      ¿Yo?  Si yo soy frontal, no me gustan las cosas a medias...

 

ÁNGELA:      ¿Estás segura?

 

ÚRSULA:      ¿Qué, me estás cuestionando?

 

ÉLIDA:          No te cuestiona, está bien lo que te dice. A lo mejor vos lo ponés en un lugar.... que no sé...¿vos hacés terapia?

 

ÚRSULA:      ¡Qué terapia! Nunca fui, soy virgen de terapia. No necesito. ¡Hay una fascinación con los psicólogos! La gente va para que el psicólogo le diga que lo que le pasa es normal, que lo único que tiene que hacer es aguantar y sufrir... Para eso estoy yo, no necesito que nadie me diga nada. Ah, no, pero ahora la última es ir al psiquiatra. Si vas al psicólogo está bien, pero si vas al psiquiatra y te medica, es mejor todavía...

 

ÉLIDA:          Bueno, hay otras cosas que te pueden servir a lo mejor. Algunos libros... "Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus"... ¿Lo leíste? Ese te puede ayudar.

 

ÚRSULA:      (con burla) ¿ ¡Qué,  autoayuda!?

 

ELIDA:          (avergonzada)  Sí, pero ese es bueno, ¿eh? Yo lo leí. Dice cosas que te pueden servir...

 

ÚRSULA:      Yo no necesito leer nada. Lo que yo necesito es... (pausa) Qué se yo lo que necesito yo... Por un lado me muero por estar con él, pero llega y quiero que se vaya... No lo soporto...

 

ÁNGELA:      ¿No será que tenés miedo?

 

ÚRSULA:      ¿Miedo yo? No...

 

ÁNGELA:      Sí, miedo a que las cosas no te salgan como pensás. A mí me pasa... Dejé pasar tantas cosas...

 

ÉLIDA:          Es cierto. Si vas al fracaso, que por lo menos sea con iniciativa. No hay peor cosa que el fracaso pasivo.

 

ÁNGELA:      A vos este hombre te hechizó, no me digas que no.

 

ÚRSULA:      ¿Sabés cuántas veces dije nunca más? Ya perdí la cuenta...

 

ÁNGELA:      ¿Y él qué te dice?

 

ÚRSULA:      No sé, a mí me parece que quiere estar conmigo... Pero no sé, tampoco me lo dice. Tampoco hace nada para cambiar su situación.

 

ÉLIDA:          Pero a vos: ¿te gustaría vivir con él?

 

ÚRSULA:      Lo que no me gusta es que tenga mujer, después no sé... Además ¿sabés lo que debe ser aguantarse a los pibes? Te tiran la casa abajo y encima no podés decir nada porque la madre no sos.

 

ÉLIDA:          Tenés que hacerte una listita con todo lo que te gustaría y todo lo que te jodería de estar con él. Dos columnas: en una "Qué amo" y en otra "Qué odio" Ahí vas a poder comparar y en seguida te vas a dar cuenta qué es lo que querés. O un cuestionario tipo encuesta, por ejemplo. "Me gustaría estar con él"  1. Todos los días.  2. Los fines de semana.  3. Cuando tengamos ganas los dos.  4. Cuando yo tenga ganas.  5. No sabe no contesta.

 

ÁNGELA:      (riendo) ¡Mirá si va a hacer todo eso!

 

ÚRSULA:      Yo no me voy a animar. ¿Qué hago si me dice que no? ¿Qué pasa si me arma un escándalo? Para mí no quiere cambiar, está bien como está, tiene toda la vida organizada así...

 

ÁNGELA:      Pero si vos no te animás nadie lo va a hacer por vos.

 

ÚRSULA:      Ay, habla la superada!  Es fácil hablar cuando se tiene pájaro en mano, ¿no?

 

ÁNGELA:      ¿Qué pájaro?

 

ÚRSULA:      El de la foto, el de la agencia. Algo es mejor que nada, ¿no?

 

ÁNGELA:      Es mentira.

 

ÚRSULA:      ¿Cómo mentira?

 

ÁNGELA:      Nada... No sé, las veía a ustedes dos, tan seguras... Algo tenía que tener yo, ¿no?

 

ÉLIDA:          Entonces el de la foto no existe...

 

ANGELA:      Sí, existir, existe... En el banco de datos de la socióloga... Lo vi en Cupido Net, esos sitios de buscar pareja... Pero no, nunca fui,  nunca arreglé nada... Estuve chusmeando nada más. De todos los que vi era el que más me gustaba. Pescado Rabioso se llama... El nick, Pescado Rabioso, los nombres verdaderos no aparecen, solamente la edad, los gustos personales... Le gusta coleccionar estampillas. Lo bajé a mi fondo de pantalla, cada vez que enciendo la compu lo tengo ahí. Y es verdad que no es pelado, eh.

 

ÚRSULA:      Entonces vos tampoco hacés nada esta noche...

 

ÁNGELA:      Si fuera por mí, me alquilaba una película, pero no. La video se lo llevó él.

 

Silencio.

 

ÉLIDA:          ¿Y si nos vamos las tres a algún lado? Podemos ir a tomar algo por ahí, no sé.

 

ÚRSULA:      O  bailar mejor, ¿por qué no nos vamos a un boliche? (A Ángela) En una de esas te encontrás algún Pescado.

 

ÁNGELA:      Sí, ¿por qué no?

 

ÉLIDA:          Un lugar que tenga ambiente para todas las edades, que no quedemos desfasadas... Pinar de Rocha me acuerdo que era así. Hace poco lo volvieron a abrir.

 

ÚRSULA:      (estallando en carcajada) ¡Te quedaste en la década del ochenta vos! ¡Pinar de Rocha!

 

ÁNGELA:      Podríamos ir, ¿no?

 

ÉLIDA:          ¡Ay! ¿Qué me pongo? Yo no sé cómo hay que ir a estos lugares ahora, hace tanto que no voy...

 

ÚRSULA:      ¿Qué te importa? Vos ponéte lo que a vos te guste... (breve pausa) Che, ¿cuánto nos queda con esto?

 

ÁNGELA.      Ya tendríamos que ir saliendo, en dos minutos se cumple la hora.

 

ÚRSULA:      ¿Ya? ¿Tan rápido?

 

ÉLIDA:          Y eso que yo nunca me había quedado una hora...  Siempre me pasa lo mismo. Ya me conozco. Apenas entro me paso mirando el reloj cada treinta segundos... Después de un rato me digo: "no puede ser, ¿para qué vine entonces si ya estoy pensando en irme?" Entonces le voy encontrando la vuelta... Es raro, pero me adapto tan bien que me cuesta creer que en algún momento me haya parecido terrible.

 

ÁNGELA:      A mí también. El primer día me daba miedo. Me parecía que me agarraban del cuello  y me querían ahogar y que nadie podía salvarme... Ahora no. Es lindo estar así acá, flotando en este vaporcito ¿No es como que...

 

ÚRSULA:      (Interrumpiéndola) ... ¡Como que salís de la lámpara de Aladino! Sí...Ya lo dijiste cuando llegué.  (pausa) Tienen razón. Hice bien en probar. (A Élida) Cuando entré no podía ver nada. Después la vista se me acostumbró y justo ahora que puedo ver más claro tengo que irme. Qué picardía.... Realmente es una lástima.

 

ÉLIDA:          Sí... Una lástima.

 

La máquina dosificadora aumenta su caudal. Los cuerpos de Ángela, Élida y Úrsula se funden en una densa nube de vapor.

 

APAGÓN

 

monicaogando@yahoo.com.ar

 

 Fin. VOLVER A TEXTOS TEATRALES

Si quieres dejar algún comentario puedes usar el Libro de Visitas  

Lectores en línea

web stats

::: Recomienda esta página :::

Servicio gratuito de Galeon.com