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SÓLO PARA MAYORES

de  Salvador Enríquez

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

Salvador Enríquez

 

editor@noticiasteatrales.es

  

SÓLO PARA MAYORES

 

Drama en un acto

  

 

 

 

Cuadro de texto: Reservados todos los derechos. El autor o su representante legal, la Sociedad General de Autores y Editores de España, son los únicos encargados de autorizar la representación, lectura pública, adaptación o traducción de esta obra

 


© El autor
 

 

PERSONAJES

 

(Por orden de intervención)

Coro: Corifeo / Jefe de Recursos Humanos

Coreuta 1º / Mujer de Andrés

Coreuta 2º / Mendigo, inmigrante latinoamericano

Coreuta 3º / Mendigo / Director de la Residencia

Juan (Un hombre, de unos 65 años)

Andrés (Un hombre, mayor de 70 años)

Voz (Locutora de radio)

---ooOoo---

Términos del público

 

Sinopsis al final

  

ACTO ÚNICO

Telón abierto y escena vacía, sin escenografía y a oscuras. El fondo es una cámara negra.

ESCENA PRIMERA

(El Coro, formado por cuatro personajes: Corifeo, Coreuta 1º (es una mujer), Coreuta 2º y Coreuta 3º, entra lentamente por la derecha mientras le ilumina un foco lateral desde la izquierda. Aunque nos recuerde el Coro del teatro griego, visten ropas ambiguas, de forma que no se concrete lugar ni tiempo de la acción. Sus movimientos son lentos y ceremoniosos. Los cuatro personajes cubren el rostro con máscaras griegas, pero solo cuando actúan como Coro, al interpretar otros personajes dejarán las máscaras a un lado. El Corifeo lleva una especie de báculo o bastón de mando con el que golpea en el suelo, marcando el ritmo al que caminan, y en ocasiones lo hace de forma imperativa, como dando órdenes)

CORIFEO.- ¿Culpable o inocente?

CORO.- (Interrogando) ¿Culpable o inocente?

CORIFEO.- ¡Hay que decidir!

COREUTAS.- (Afirmando) ¡Culpable o inocente!

(El Coro sigue caminando hasta situarse, cara al público, en el foro del escenario. Desaparece la iluminación lateral y entra luz azul, como de anochecer. Los Coreutas se miran entre sí mientras que el Corifeo permanece estático)

COREUTA 1º.- ¿Culpable o inocente? No lo sé.

COREUTA 2º.- No lo sé.

COREUTA 3º.´- Tampoco lo sé.

CORIFEO.- Es necesario saber, hay que decidir. Es preciso dar una sentencia, las pruebas están ahí, sobre la mesa... él lo mató.

COREUTAS 1º, 2º Y 3º.- ¡No lo hizo! (Dudas) ¡No lo quiso hacer!

CORIFEO.- La intención basta... es suficiente. Debe ser condenado.

COREUTA 1º.- Es un viejo.

COREUTA 2º.- Está en el final de sus días. Más ceca de los dioses que de los hombres.

COREUTA 3º.- Tenía hambre, lo dejaron solo.

CORIFEO.- (Golpeando con el báculo en el suelo) Nuestra obligación es decidir.

CORO.- ¡Pero no condenar!

COREUTA 1º.- Está escrito, es el designio: así debía ser y así fue.

COREUTA 2º.- No se puede ir contra el destino.

COREUTA 3º.- No pudo ir contra su destino.

COREUTA 1º.- Está escrito, es el designio: así debía ser y así fue.

COREUTA 2º.- No quiso hacerlo. No lo habría hecho. Le empujaron  a ello... la necesidad, el desprecio, el abandono...

COREUTA 3º.- La presión de todos.

COREUTA 1º.- La injusticia...

COREUTA 2º.- La desigualdad...

COREUTA 3º.- La violencia...

CORIFEO.- (Golpeando en el suelo con el báculo) ¡Sea! ¡Culpable!

(Baja la luz hasta penumbra. Se retira la cámara negra del fondo y el Coro sale por la izquierda mientras se dejan oír, insistentemente, los golpes del báculo. Con este sonido de fondo el Corifeo y los tres Coreutas vuelven y van colocando los elementos que forman la escenografía. Cuando han terminado los cuatro se dejan caer en sendos sillones, como adormecidos, y entra luz blanca. Desparece el sonido del báculo y vemos la escena que representa el salón de una residencia de ancianos en la zona céntrica de una ciudad importante. Al fondo hay un amplio ventanal que da a un jardín con árboles y flores, cuya cristalera se cubre parcialmente por una cortina que tamiza la luz de la mañana. Varias mesitas de centro están situadas en la escena y sobre ellas periódicos y revistas; junto a ellas cómodos sillones, alguna silla. En una mesa en primer término, a la derecha, están sentados Andrés y Juan. Se escucha el canto de algunos pájaros)

ESCENA SEGUNDA

JUAN.- (Escuchando) Me gusta oír los pájaros. Cantan como sintiendo la libertad.

ANDRÉS.- (Mirando un  papel que tiene en la mano) ¡La libertad!

(Un efecto con “hielo seco” produce en la escena un leve ambiente de niebla)

VOZ LOCUTORA DE RADIO.- (Se deja oír desde un sistema de megafonía general) Transmite Radio Matinal. Son las diez de la mañana. Les ofrecemos seguidamente nuestro primer boletín informativo (Entra una sintonía con música de órgano que dura hasta que desaparece el efecto niebla)

ANDRÉS.- (Se levanta con gesto en enfado) ¡Todos los días igual! No tengo ganas de escuchar noticias... todas son desagradables. (Apaga el sonido pulsando en un interruptor que hay en la pared. Vuelve al sillón. A Juan) Bueno, ¿te lo termino de leer o no?

JUAN.- ¡Que sí, hombre, que sí! Léemelo... ¡qué pesado eres!

ANDRÉS.- (Con enojo) Si no quieres no lo leo... a fin de cuentas... tampoco te ibas a perder nada, pero yo lo escribí con mucho sentimiento ¿sabes?

JUAN.- No me cabe duda...

ANDRÉS.- Es que... tuve necesidad de hacerlo ¿sabes? (Pausa, mirando el papel) Yo... nunca tuve veleidades literarias, mi vida siempre estuvo muy lejos del arte, de la literatura... aunque sí es verdad que a veces acudía a los museos, compraba libros... sobre todos los premios literarios ¿comprendes? ¡Había que estar al día! En la oficina se comentaban esos libros y yo no podía quedar, digamos, al margen... sin poder opinar.

JUAN.- (Con curiosidad) Y... ¿a qué te dedicabas? Si se puede saber... ¡claro!

ANDRÉS.- Pues mira... casi toda mi vida la pasé en una oficina, en una empresa que primero era pequeña, de un solo dueño, de esos que había en tiempos, de los que heredaban el negocio de sus padres y lo seguían ellos... muy paternalistas; desde luego eran seres con rostro. Luego la empresa la compró otra extranjera y ya empecé a trabajar para... ¡no sabía quién! Para una consejo de administración que exigía resultados para los accionistas... ¡Una multinacional! Dueños sin rostros. Te sentías un engranaje, un engranaje más de una maquinaria cuya finalidad era producir para ganar dinero. (Da un vistazo a hurtadilla al papel que tiene en la mano y lo guarda en un bolsillo.)

JUAN.- ¡Son los tiempos! Así son las cosas y hay que aceptarlas. Tan malo era el sistema paternalistas (Sonriendo) cuando el patrono se permitía darte capones, como el capitalista donde el dueño, como bien dices, no tiene rostro. (Resuelto) Y si las cosas son así, si los modos de vida cambian, pues... ¡es necesario aceptarlo! No te puedes poner en contra de todo, no es inteligente ir a contracorriente.

ANDRÉS.- Ya lo sé, pero... añoraba el pasado.

JUAN.- ¡Mala cosa! Añoranza... una forma tonta de amargarse la existencia. (Aparentando optimismo) Mira: para ser feliz, lo mejor es, de vez en cuando, abrir una zanja, grande, inmensa, echar en ella todos los recuerdos y volver a taparla, echarle tierra encima.

ANDRÉS.- (Con cierta ironía) ¿No te parece de mal gusto, o al menos inoportuno, esa alusión a “echar tierra” a nuestra edad?

JUAN.- (Azorado)Bueno... pues llámale como quieras: cubrir, tapar, ocultar...

ANDRÉS.- ¿Tú crees?

JUAN.- ¿Qué si creo lo de... tapar? Naturalmente que lo creo. Lo hice más de una vez y me dio resultado.

ANDRÉS.- Pero el olvido no es bueno. Olvidar es como... como morir ¿no? Morir y resucitar o, mejor, morir y volver a nacer pero con la mente en blanco. Me parece que por olvidar se ha caído en muchos errores.

JUAN.- Entonces... ¿tú crees que conviene reavivar recuerdos? ¿Traer a la mente lo que pasó, para bien o para mal, pero que ya no se puede cambiar? Eso es... ¡una estupidez!

(Señalando al Coro que sigue dormitando en los sillones)

Mira esos: son  felices porque no recuerdan nada. Se conforman con estar... nada más.

(El Coro se revuelven en los asientos)

ANDRÉS.- Pero... yo no quiero eso.

JUAN.- (Con gesto pícaro) ¿Qué quieres entonces? ¿Resucitar tu pasado escribiendo (Señalando el bolsillo en el que Andrés guardó el papel) esas cosas... que no lees a nadie?

ANDRÉS.- (Pensativo) Puede ser, es posible.

JUAN.- Entonces... ¿no me vas a leer... (Señalado al bolsillo) eso?

ANDRÉS.- (Con cierta timidez) ¡Bah! No tiene la mayor importancia... ha sido una tontería comentártelo. Quizá... una presunción.

(A lo lejos suena una campana, como de una iglesia cercana. El Coro se va levantando lentamente, sin dejar ver sus rostros. Al ritmo de las campanadas salen de escena.)

JUAN.- (Aparentemente acepta la negativa de Andrés a leer lo que lleva escrito y cambia de conversación. Señalando el lugar por donde sale el Coro) ¿Lo ves Andrés? Todo lo que necesitan es una campana que les indique cuando se tienen que levantar.

ANDRÉS.- Sí, como el perro de Paulov ¡Es absurdo!

JUAN.- ¿Quieres tomar algo? ¡Venga! Te invito.

ANDRÉS.- Eludes la conversación.

JUAN.- No, eres tú quien no desea seguir.

ANDRÉS.- Bueno, sí... vamos a tomar algo... ¡algo sin alcohol! ¡Te lo ha prohibido el médico! (Ríe con malicia) No lo olvides, porque tú y la pérdida de memoria... lo mismo esas recomendaciones también las has echado a la zanja.

JUAN.- (Inicia la salida por la izquierda) Enseguida vuelvo. (Sale)

ESCENA TERCERA

ANDRÉS.- (Sólo en escena. Va al ventanal y observa el exterior. Vuelve hacia el proscenio y saca del bolsillo del papel. Lee en silencio y sonríe) No está mal... algún día lo leerán ellos y quizá se darán cuenta que... el viejo no estaba tan chocho ni tan lelo como creían. Y no es una venganza, es... dejar memoria... ¡por mucho que (Señalando a la izquierda, por donde salió Juan) ese se empeñe en decir lo de la zanja, lo del olvido... (Se pasea por la estancia mientras habla para sí, como recitando)

ESCENA CUARTA

(Entra el Coro por la izquierda y va hacia la derecha. Andrés no repara en ello. Sigue paseando aunque con cierto nerviosismo, cada vez más acentuado)

CORIFEO.- ¡Fue condenado!

CORO.- ¡Era culpable!

CORIFEO.- ¡Atentó contra un ser humano!

CORO.- ¡Atentaron contra él!

(El Coro sale por la derecha)

ESCENA QUINTA

ANDRÉS.- (Mirando al ventanal) ¡La libertad! Bonita palabra, hermosa idea, pero inútil, me han privado de ella... ¡Pero yo no fui culpable! ¡Yo no lo hice! ¡Lo hicieron las circunstancias! Si no me hubieran puesto en aquella situación... sin salida, sin esperanza...

(Baja la luz blanca y entra una de tonos ocres, amarillentos. Hay una transición. Por la derecha entra el Corifeo / Jefe de Recursos Humanos. La acción cambia y nos situamos en del despacho del Jefe de Recursos Humanos de una importante empresa. Andrés se sitúa en pie, con gesto de sumisión, ante el Corifeo que, mayestático, con el báculo en la mano, adopta una posición de mando. Un foco blanco ilumina a los dos personajes)

CORIFEO / JEFE DE RR. HH.- (A Andrés) Le mandé llamar...

ANDRÉS.- (Nervioso) Sí...

CORIFEO / JEFE DE RR. HH.- En beneficio de la empresa, que somos todos, no olvide a sus compañeros...

ANDRÉS.- (Con la boca seca y las manos sudorosas) Sí, sí...

CORIFEO / JEFE DE RR. HH.- Debe pensar en retirarse, en dejar su puesto, ya sabe... las nuevas tecnologías nos obligan a reducir personal... no podemos trabajar como hace cincuenta años...

ANDRÉS.- (Asustado, aunque lo presentía) Pero.. yo no he hecho nada ¡He sido, soy, trabajador, cumplo... llevo muchos años en la empresa... Usted sabe que apenas he cometido errores en mi trabajo, quizá solo los que humanamente se cometen ¿no?

CORIFEO / JEFE DE RR. HH.- No se trata de que no cumpla o de que cometa errores, se trata de optimizar recursos.

ANDRÉS.- (Sorprendido)¿Cómo? ¿Optimizar... qué?

CORIFEO / JEFE DE RR. HH.- Recursos (Insistente) Optimizar recursos, digo.

ANDRÉS.- ¿Así se llama ahora a ponerlo a uno en la calle? ¿A dejarlo sin trabajo, sin sueldo y sin medios de subsistencia?

CORIFEO / JEFE DE RR. HH.- (Secamente) ¡Así!

ANDRÉS.- ¿Después de tantos años?...

CORIFEO / JEFE DE RR. HH.- No lo he decidido yo, ha sido el consejo de administración, yo soy un simple transmisor de sus órdenes, de sus decisiones. Deseo que lo entienda así.

(Baja el foco y la luz ocre. Iluminación general. El Corifeo sale por la derecha y Andrés vuelve a la realidad)

ESCENA SEXTA

ANDRÉS.- (Nervioso) ¡Me las pagarás!

JUAN.- (Entra por la izquierda con dos vasos en la mano) ¡Ya estoy de vuelta! Me entretuve charlando un poco... (Le ofrece un vaso a Andrés) Toma... ¿Qué te ocurre? Pareces nervioso ¿no te encuentras bien?

ANDRÉS.- Tú también pareces nervioso ¿de qué estuviste hablando?

JUAN.- De nada especial (Transición) ¿Te encuentras bien?

ANDRÉS.- (Como volviendo de una pesadilla) Sí, no, no es nada... (Transición) ¿Tienes algo para beber?... (Tomando el vaso que le ofrece Juan) Dame... me vendrá bien.

JUAN.- Dime, de verdad, ¿qué te ha pasado? Te noto preocupado... estás... sudoroso... tu expresión es de...

ANDRÉS.- (Forzando una sonrisa) ¿De odio tal vez?

JUAN.- (Afirmativo) Tal vez.

ANDRÉS.- (Para sí) ¡Me las pagará!  ¡Optimizar recursos!... (A Juan) Tranquilo, no me pasa nada... en un momento... los recuerdos... ya sabes esas cosas... hicieron que me sintiera algo incómodo, algo mal, pero ya pasó. Es que...

JUAN.- Es que... ¿qué?

ANDRÉS.- Se me dispararon los nervios, intenté controlarlos y...

JUAN.- ¿Y qué?

ANDRÉS.- (Queriendo quitar importancia) Nada... sentí angustia y como un vértigo.

JUAN.- ¿Quieres que avise a un médico?

ANDRÉS.- No, no es necesario (Triste y pensativo) En ocasiones los recuerdos...

JUAN.- ¡Ah! ¡Los recuerdos!... Ya te lo dije

ANDRÉS.- (Sonriendo sin gana) ¡La zanja, la zanja!

(Los dos hombres se sientan, frente a frente, en sendos sillones. Se miran sin decir nada. Parece que quieren eludir la conversación que, inevitablemente, tienen que afrontar)

Tú sabes... (Confidencialmente) ¿Tú sabes que yo no estoy aquí por propia voluntad?

JUAN.- (Con dudas) Bueno, a este sitio se viene... yo diría que por necesidad; necesidad de unos y de otros ¿no? Uno cumple años, se hace viejo... los hijos, los familiares, tienen mil ocupaciones... La solución es una residencia. Pero (Tratando de ser optimista) ¡mira! Es como un hotel ¡un hotel de lujo! (Señalando el mobiliario) ¡Sillones, periódicos, luz, pájaros que cantan!...

ANDRÉS.- Pero... lo mío es diferente. No es porque la familia tenga muchas ocupaciones... ¡que las tiene! Hay más.

JUAN.- ¿Qué es ese más?

ANDRÉS.- Seguro que lo sabes, aquí se sabe todo. Pero tu afán de evitar la memoria... o la prudencia...

JUAN.- En serio, no sé nada. Cuenta si quieres, si crees que con ello te sentirás mejor.

ANDRÉS.- (Tras una pausa) Lo dije: ¡Me las pagarás! ¡Y me las pagó!

JUAN.- (No entiende nada) ¿Cómo?

ANDRÉS.- (Resuelto) ¡Que me las pagó! (Pausa) Un día... en un semáforo, cuando él iba a cruzar para montar en su flamante automóvil, aceleré el mío y...

JUAN.- ¿Es, quizá, lo que tienes escrito en ese papelito que guardas y que me ibas a leer?

ANDRÉS.- ¡No! Eso es otra cosa. Lo de este asunto está escrito en un grueso sumario, en el juzgado, con una sentencia al final que dice: ¡Culpable!

JUAN.- (Dudando) Bueno... la verdad es que algo se contó cuando llegaste... Nos pareció extraño que, junto a tus familiares, vinieran en el coche...

ANDRÉS.- ¡Mi familia! ¡Qué bien suena! Se acordaron de mí cuando ya no hacía falta. (Pausa) Pero... ¡dilo, dilo! Con ellos veían... ¡dos policías! Aunque de paisano, se les nota al vuelo que son policías... es un oficio que, como el de cura, imprime carácter. (Ríe sin gana) Por mi edad no me podían llevar a la cárcel, por eso me trajeron aquí.

JUAN.- (Sin saber qué decir) ¡Ah! Lo siento.

ANDRÉS.- Más lo sentí yo cuando todos, ¡todos!, me consideraron un criminal sin un solo atenuante. Yo sólo tenía un abogado de oficio al que vi dos o tres veces a lo largo de todo el proceso, la familia de él contaba con todo un despacho de juristas.

JUAN.- La desproporción, el mar reparto de oportunidades... (Transición) Entonces... ¿no fue un accidente?

ANDRÉS.- El jurado dijo que no y el juez lo refrendó (Irónico) A los jueces no se les discute, es una norma de la democracia. (Pausa) Aquí no estoy mal, aunque sepa que me controlan, que me vigilan... En aquel tiempo estaba muy solo ¿sabes? ¡Peor que solo! Estaba defraudado de muchas cosas. (Se arrellana en un sillón y que da como ausente)

JUAN.- Entiendo. (Se levanta y va al fondo, ante el ventanal, observa, hace un gesto de resignación y sale por la izquierda)

ESCENA SÉPTIMA

(El Coro, iluminado desde la izquierda, entra por a derecha)

CORIFEO.- ¡Soledad! ¿Qué es eso?

CORO.- Abandono, angustia, vivir en el vacío.

CORIFEO.- ¡Decepción!

CORO.- Frustración, fracaso, dolor en el corazón.

ANDRÉS.- (Se levanta del sillón) Soledad y decepción. Ver que te has equivocado, que la gente, las personas, no son como creías.

CORO.- O como tú querías que fueran.

CORIFEO.- Es malo idealizar.

CORO.- Los ideales se rompen, se hacen realidad.

CORIFEO.- La realidad que ignorabas, que no deseabas ver.

ANDRÉS.- Puede ser. Uno se crea la realidad que necesita, la que le va a hacer feliz, y se convence de que no es una ilusión sino una realidad.

(El Coro inicia el mutis por la izquierda, pero queda en escena el Coreuta 1º que es mujer. Lentamente abandona los gestos mayestáticos de Coreuta para integrarse en la acción. El Coro sale y se apaga el foco lateral. Quedan, frente a frente, Andrés y Coreuta 1º)

ESCENA OCTAVA

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- Puede ser, sí, puede ser que no vivas la realidad y te refugies en ideas edulcoradas, fantásticas, en las que a todos se nos ve hermosos y maravillosos.

ANDRÉS.- Yo no pretendía verte hermosa siempre, sé que los años no pasan inútilmente, dejan huellas, ya lo sé; pero sí deseba que fueras... de otra forma.

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- ¿Cómo? ¿Como tú me imaginabas el día que firmamos aquel documento?

ANDRÉS.- (Con una triste sonrisa) No era... un simple documento, no le llames así: era el acta matrimonial.

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- ¡Qué más da! Siempre fuiste un soñador y te creaste una ficticia realidad. Nunca tuviste los pies en la tierra. Y con esa dura realidad te rompiste la cabeza.

ANDRÉS.- Yo estaba enamorado de ti.

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- El amor se esfuma,  se volatiliza. A la vuelta de los años solo queda un cepillo de dientes sin lavar y el espejo del baño lleno de salpicaduras.

ANDRÉS.- Eres muy dura. Te expresas con una dureza que... me asustas.

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- Es la realidad.

ANDRÉS.- ¿Y los hijos?

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- Ellos... ya lo ves: van creciendo, viviendo su vida, organizándose (Irónica) o desorganizándose. Son nuestros temporalmente, luego, el paso del tiempo hace que comentan sus propias equivocaciones.

ANDRÉS.- Tu ironía me molesta.

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- De mí te molesta todo.

ANDRÉS.- Sí, es posible. Lo que un día fue...

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- Un sueño, una ilusión, un proyecto...

ANDRÉS.- Ahora no existe o está destrozado, hecho añicos... para echarlo al cubo de la basura.

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- Posiblemente el tiempo no es una metáfora.

ANDRÉS.- No, es una cuchilla que cercena todo.

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- Incluso lo nuestro; esta cortado, totalmente cortado. Todo esta echo un puzzle imposible de recomponer.

ANDRÉS.- Por eso lo mejor es...

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- Lo mejor es... sí, separarnos.

ANDRÉS.- Ya lo estamos. El techo de una casa no hace la unión.

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- ¿Qué nos pasó?

ANDRÉS.- Lo que les ocurre a muchos y no lo dicen El amor, la pasión... tienen un límite en el tiempo: un día se agitan y... ¡zas! Te das cuenta que no queda nada. Es cuando te sientes en el vacío, como en un precipicio, al borde, a punto de caer...

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- ¡Pero no caes!

ANDRÉS.- Eso es lo peor: la sensación continua de vértigo, de no tener nada bajo los pies.

(Baja la luz a penumbra. Coreuta 1º sale por la izquierda. Andrés queda pensativo en el centro de la escena, como ausente. Saca del bolsillo el papel que iba a leer a Juan, lo mira, lo lee para sí. La luz sube de intensidad. Por la izquierda entra Juan.)

ESCENA NOVENA

JUAN.- (Mirando a Andrés, con una sonrisa) ¿Ya te sientes mejor? (Señalando el papel que Andrés tiene en la mano) No será... tu testamento ¿verdad?

ANDRÉS.- ¡No! Es... bueno... a ver qué te parece... ¡te mueres de curiosidad! ¿no? (Lee, pero gesticula intentando describir con imágenes la acción) “... Decidió tomar el primer tren al caer la tarde, cuando las luces veraniegas aún restallaban en el cielo con la crueldad de un látigo...”

JUAN.- (Se sienta mientras hace gestos de aprobación) Es bonito eso... sigue ¿quieres?

ANDRÉS.- (A Juan) Si insistes... (Lee de nuevo) “... y observó cuidadosamente su entorno. La locomotora “Diesel” estaba en vía muerta, pero a los pocos minutos tomó movimiento y, tras un espantoso ruido, se desperezó por las paralelas de la vía maniobrando con lentitud...”

JUAN.- (Interrumpe) ¿Todo eso que lees lo has escrito tú?

ANDRÉS.- (Algo orgulloso) Sí, yo lo he escrito...

JUAN.- ¡Eres un buen escritor! Aquí tendrás tiempo de... de escribir más, otras cosas.

ANDRÉS.- (Pensativo. Para sí)  ¡El tiempo! (A Juan) No, nada de eso, nada de buen escritor. Ni siquiera escritor... ¡y ya que me habría gustado! Pero un pájaro no hace primavera ¿sabes? Solo he escritor esto y... alguna otra cosilla... ¡Nada más! Fue una forma de pasar el tiempo, las horas, en aquel... (Se interrumpe) ¿Tú crees que puedo..?

JUAN.- Sí, claro... podrías escribir más. Para eso hace falta tiempo y eso es lo que sobra aquí donde nos encontramos.

ANDRÉS.- (Vuelve a leer) “... parecía un inmenso ciempiés” (Aclarando) Me refiero a la locomotora ¿entiendes?

JUAN.- Sí, si... continúa...

ANDRÉS.- (Lee nuevamente) “...que reptaba camino de no se sabe dónde, a lo mejor le habían asignado una ruta nueva o, quizá, tomaría el camino de siempre, el de todos los días, el cansino y cotidiano: salir de allí para rendir viaje en una ciudad inmensa a muchos kilómetros de distancia de la que estaba. Sus bufidos y pitidos estremecían el espacio; parecía un ingenio poderoso, pero la vida de aquella “Diesel” le pareció al hombre bastante aburrida: siempre el mismo camino, igual paisaje, similar cielo, a los mismos horarios ir y regresar...”

JUAN.- (Resuelto) Total: como nosotros; la “Diesel” como nosotros... siempre por los mismos sitios, idénticos horarios, iguales...

ANDRÉS.- ¡Hasta que un día algo se rompe!

JUAN.- (Continuando la frase) Y deja de funcionar, la llevan, (Recalcando) te llevan al taller o al desguace.

ANDRÉS.- (Sonriendo con picardía) Algo así.

JUAN.- Y dices que lo escribiste...

ANDRÉS.- No te quiero cansar. (Guarda el papel) Otro día te leo el resto y te cuento más... si quieres.

JUAN.- Como quieras, pero... te pregunté que dónde los escribiste... como dijiste que fue para pasar el tiempo... dijiste “en aquel” y no me has explicado más... En aquél ¿qué?

ANDRÉS.- Aquel paso subterráneo

ESCENA DÉCIMA

(Baja la luz nuevamente a penumbra. Por la derecha entra el Coro al que ilumina un foco lateral desde la izquierda. Coreuta 2º y Coreuta 3º llevan al hombro sendas bolsas. Juan se deja caer en un sillón a la izquierda, como adormecido. Andrés queda quieto en el centro de la escena.)

CORIFEO.- (Golpeando con el báculo en el suelo) ¡Es el destino! ¡El implacable destino!

CORO.- ¡Es el destino!

CORIFEO.- De nada vale pelear contra él. Es inmutable.

ANDRÉS.- (Al Coro) Alguna vez pensé, creí, que se podía cambiar el destino, torcer, o enderezar, el camino. Creí en la posibilidad de cambiar el punto final y el camino para llegar a él.

CORO.- ¡Es el destino!

(Corifeo y Coreuta 1º salen con paso mayestático por la izquierda. En escena quedan Coreuta 2º y Coreuta 3º, más Andrés y Juan)

ESCENA UNDÉCIMA

ANDRÉS.- (Murmurando) ¡Maldito destino!

(Coreuta 2º y Coreuta 3º se acercan al proscenio, se sientan en el suelo, iluminados por una luz cenital, y dejan a su lado las bolsas que portan. Se oye ruido de automóviles. Andrés da una vuelta por la escena caminando cansinamente, como perdido, mira a los lados, arriba y abajo, hasta que ve a los dos Coreutas y se acerca a ellos. Los Coreutas ahora son dos mendigos que habitan en un paso subterráneo de la ciudad. Coreuta 2º habla con un ligero acento latinoamericano)

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (Viendo cómo se acerca Andrés) Ahí viene alguien.

COREUTA 3º / MENDIGO.- (Observando) ¡Bah! Es un peatón, uno de los pocos que se atreven a cruzar por aquí.

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- Pues esto (Por el espacio en el que están) está echo para eso, para cruzar la calle bajo tierra y evitar el peligro de los coches.

COREUTA 3º/ MENDIGO- Sí, (Riendo con cierta malicia) pero nosotros les asustamos más. Temen, a veces les damos miedo, nos ven así (Se señala las ropas) Somos distintos a ellos y eso... ¡La diferencia suele asustar!

ANDRÉS.- (Se acerca a ellos) ¡Hola!

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- ¡Hola!

COREUTA 3º / MENDIGO.- ¡Hola! No te decimos buenos días o buenas tardes porque sería una ironía. ¿Qué quieres?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (Bromeando) No nos irás a pedir algo ¿verdad? (Riendo) Somos pobres como las ratas y, como ellas, vivimos bajo tierra.

COREUTA 3º / MENDIGO.- Te podemos dar... miseria... ¡de eso tenemos mucho!

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (A Coreuta 3º) ¡Quita hombre! (Señalando a Andrés) ¿No ves la pinta que tiene? Éste no pide, éste puede dar.

COREUTA 3º / MENDIGO.- (Enfadado) Nadie que pueda dar se atreve a pasar por aquí. Prefieren sortear los automóviles, que son máquinas, antes que a nosotros. Ya te dije que les damos miedo.

ANDRÉS.- (Observándolos) Ni os tengo miedo ni os puedo dar nada. Tampoco voy a pediros... ya sé que no me podéis dar. (Dudando) Bueno, sí; me atrevo a pediros, pero es algo inmaterial. Sólo necesito un espacio, un sitio, ¿puedo estar con vosotros? Nada más, eso es todo lo que necesito por ahora.

COREUTA 3º / MENDIGO.- Pero... si tienes muy buena pinta, buena ropa, buen porte... De aspecto pareces (Riendo) un hombre de bien.

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (A Coreuta 3º) Déjalo, si se quiere sentar con nosotros que lo haga, así cambiamos de paisaje... vemos una cara diferente, nueva.

COREUTA 3º / MENDIGO.- Por mí sí, que se siente.

ANDRÉS.- (Se sienta junto a ellos) Gracias, estoy cansado de caminar por la ciudad... la ciudad es dura, el asfalto se pega a los zapatos... el sol pesa...

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (Saca de su bolsa una botella de vino) Toma, echa un trago, tendrás sed ¿no? Refréscate antes de seguir... (Disculpándose) Bueno, el vino no es que esté fresco, pero al menos humedece la garganta.

ANDRÉS.- (Rechazando la bebida) No, gracias, Ahora prefiero no beber. (Pausa) ¿Antes de seguir, dices? ¿A dónde?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- ¡Tú sabrás! La gente sabe a dónde va.

ANDRÉS.- Yo no, yo no sé qué camino llevo. No tengo a dónde ir.

COREUTA 3º / MENDIGO.- (Con desconfianza) ¡Oye! Tú me pareces un tipo raro, extraño. La gente, como dice éste (Señalando a Coreuta 2º) sabe a dónde va o, al menos, cree saberlo. Me parece muy raro que tú no lo sepas, que digas eso de que no tiene a dónde ir. ¿No serás de esos a los que les gusta... (Con picardía) ligarse a hombres, no?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- ¡Naturalmente! La gente, si no sabe a dónde va... al menos lo suponen; no caminan así... sin rumbo.

ESCENA DUODÉCIMA

(Andrés se levanta y se acerca lentamente a Juan que sigue en el sillón. Un foco ilumina esta parte de la escena de forma que quedan dos espacios: en el proscenio Coreuta 2º y Coreuta 3º y a la izquierda Juan y Andrés con  diálogos independientes)

ANDRÉS.- (A Juan, despertándolo) ¿De qué estuvisteis charlando?

JUAN.- (Distraído) ¿Cómo?

ANDRÉS.- Antes, cuando volviste con los vasos, con la bebida, me dijiste que te habías entretenido charlando.

 

COREUTA 3º / MENDIGO.- (A Coreuta 2º) ¡Pues sí que caminan sin rumbo! Aunque tú los veas pasar con sus maletines, con sus carteras de negocios, o con las bolsas de los grandes almacenes llenas de inútiles objetos, su rumbo es desconocido. No saben a dónde van... porque ignoran de dónde vienen ¿sabes?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- ¿No tienen memoria?

COREUTA 3º / MENDIGO.- ¡La perdieron! Perder le memoria es ignorar el origen y te conviertes en un autómata.

 

JUAN.- (Recordando) ¡Ah, sí! Charlé con... con un compañero, hablamos de cosas... intrascendentes ¡Nada de importancia! Creo que te lo dije.

ANDRÉS.- Sé que, por mi situación, soy punto de atención de muchos de los que estamos aquí; algunos me verán como a un pobre hombre al que la suerte no le sonrió.

JUAN.- ¡Como a tantos!

ANDRÉS.- (Sin escucharle) Pero otros creerán que soy... un criminal... por lo del automóvil, por lo del semáforo.

 

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- ¡Déjalos! ¡Que caminen, que busquen... que intenten recordar!

COREUTA 3º / MENDIGO.- Nosotros estamos a salvo de ello. Nuestro paisaje es éste: un túnel, unas pintadas en las paredes, “graffitis” que hablan de libertar, amor, política...  ¡y los zapatos de quienes se atreven a cruzar por aquí!

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (Riendo con cierta amargura) Sí, es verdad. ¡Menos problemas! Lo bueno de que las cosas nos vayan tan mal... ¡es que nos pueden ir peor!

 

JUAN.- Bien... si insistes... El compañero con el que estuve hablando... me dijo que sabía algo de ti, que siguió el asunto por la prensa...

ANDRÉS.-  Pero sabe la mitad, lo que se dijo en los periódicos, en la sección de “sucesos”: el semáforo, el accidente, el juicio y ¡la condena!

JUAN.- Sí, así es.

 

COREUTA 3º / MENDIGO.- Estamos condenados a vivir, a malvivir, así... en este lugar y de esta forma... sin más solución. ¡Ya no hay esperanza!

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (Triste) Si pudiéramos tener un poco...

COREUTA 3º / MENDIGO.- ¿Un poco de qué?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- De esperanza

COREUTA 3º / MENDIGO.- (Con desprecio) ¡Bah!

 

ANDRÉS.- Después de eso ya nadie se fía de mí. No me permiten el derecho a tener un poco de esperanza.

JUAN.- (Cabizbajo) Sí, así es.

ESCENA DECIMOTERCERA

(La iluminación de funde de forma que ambos espacios escénicos se convierten en uno. Coreuta 2º y Coreuta 3º se levantan y se acercan a Juan y Andrés)

ANDRÉS.- (Con enfado. Repitiendo la frase de Juan) ¡Sí, así es; sí, así es.!...

JUAN.- Perdona, no quise...

ANDRÉS.- ¿Porqué las cosas, la vida, es así y no de otra forma?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- ¡Porque no!

COREUTA 3º / MENDIGO.- Es verdad lo que dice éste. Es cierto.

JUAN.- (Temeroso de haber sido mal interpretado) Yo lo digo... como una frase, sin más intención... (Insiste) Dije “así es”... como una expresión, nada más.

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- Pero está en lo cierto. ¿Tú crees que nosotros (Por Coreuta 3º y por él) viviríamos en este subterráneo si se pudiera cambiar el rumbo de la vida?

JUAN.- No creo. No es forma de vivir.

COREUTA 3º / MENDIGO.- Pues a lo mejor somos más felices que los que caminan por ahí arriba ¿sabes?

ANDRÉS.- Los de arriba tienen mucho: trabajo, casa, familia...

COREUTA 3º / MENDIGO.- (Irónico) ¿Y tú crees que eso les hace felices?

ANDRÉS.- Creo que sí.

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- Porque es lo que tú perdiste, lo perdiste y no te supiste adaptar.

JUAN.- Creemos que la felicidad está en aquello que perdimos.

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (A Andrés) Y no está ahí, precisamente, sino en saber conformarte con lo que tienes.

COREUTA 3º / MENDIGO.- ¡O con lo que no tienes!

ANDRÉS.- ¡Dios mío!

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- Como expresión no está mal.

ANDRÉS.- A veces envidio a los creyentes.

JUAN.- (A Andrés) ¿Tú no crees?

ANDRÉS.- No.

JUAN.- (Sonriendo) Pues a nuestra edad conviene hacerse creyente. Tenemos el final cerca y... ¡a lo mejor es verdad lo del más allá!

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (Con dudas) Yo... bueno, creo porque me lo enseñó mi madre. Ella iba a misa, confesaba y... esas cosas. En mi país esas cosas están, o estaban, extendidas, se respetaban mucho las costumbres.

COREUTA 3º / MENDIGO.- (Apoyando las palabras de Coreuta 2º) ¡Y esas cosas que se ven en la infancia quedan (Señalándose la cabeza) aquí!

ANDRÉS.- (Sin hacerle caso apenas) Ellos, al menos, pueden tener esperanza; tienen un ser supremo al que pueden pedir. En nombre de él aceptan las penalidades como el pórtico de una vida eterna llena de felicidad.

JUAN.- (Sin creerlo mucho) ¡También hablan de un infierno!

ANDRÉS.- (A Coreuta 2º) ¿En tu país dices? ¿No eres de aquí?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- No ¿No lo notaste antes por mi acento, por mi forma de hablar?

ANDRÉS.- Algo, pero...

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- Procuro que no se me note mucho para evitar que me miren peor que a un mendigo; si además de mendigo eres extranjero... ¡es fatal! (Pausa) Soy de allá... del otro lado de la mar, de uno de esos países a los que los ricos europeos van a bañarse en las playas cálidas, a beber ron barato, a imaginar fantasías de todos los estilos... Me vine, hace años más que por ilusión por necesidad ¿sabes?

JUAN.- (Interesado)Buscabas un futuro mejor y... y no lo encontraste ¿no?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- Buscaba futuro, simplemente. Me hablaron mucho y bien de la gran Europa, de su bienestar, de su riqueza... yo era muy joven y pensé que podría participar de ello. Allí no tenía porvenir, as esperanzas se rompían contra las piedras milenarias y los mitos de dioses cubiertos de oro.

COREUTA 3º / MENDIGO.- (Asombrado por la forma de expresarse de Coreuta 2º) ¡Joder! ¡Cómo hablas! Nunca te había oído hablar de... de esa forma tan...

JUAN.- (Continuando la frase) Con esa forma tan literaria ¿no?

COREUTA 3º / MENDIGO.- ¡Eso es! No acertaba a decirlo.

ANDRÉS.- Entonces... a ti tampoco te fueron las cosas bien ¿no?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- No, pero vivo ¿sabes? Después de tantos años intentando encontrar un medio de vida sin conseguirlo, no me voy a amargar pensando que todo me fue mal. Uno se acostumbra, al final aceptas las cosas como son.

ANDRÉS.- Viniste engañado ¿verdad?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (Con dudas) Pues... ¡ya ni lo sé! Nadie me puso una pistola en el pecho para que me viniera, pero... allí todo estaba muy mal... en todos los sentidos: política, económicamente... Sin trabajo, viviendo en una casa cochambrosa, sin posibilidades de salir adelante... pero vine por propia voluntad aunque el engaño estuvo, quizá, en soñar demasiado ¿sabes?

JUAN.- (A Coreuta 2º) Y digo yo... para vivir malamente aquí ¿porqué no te has vuelto a tu país? A fin de cuentas estarías entre los tuyos.

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- Precisamente por eso. ¡No, no!... sería reconocer mi fracaso ¿comprendes? Cuando uno sale de su casa, cuando emigra, quiere regresar situado: con dinero, con automóvil, presumiendo de una cómoda vivienda y de un medio de vida desahogado. ¡Cuando uno emigra es obligatorio triunfar! Reconocer el fracaso ante los demás, ante los que te despidieron con lágrimas y prometiendo oraciones por tu buena suerte, sería hacerlos partícipes de tu fracaso.

COREUTA 3º / MENDIGO.- (Irónico, riendo) Sería decirles que los rezos, las oraciones, no sirvieron para nada.

ANDRÉS.- (Para sí) Sería negar a su dios.

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- Aquí como y duermo; como de lo que me dan, (Señalando a Coreuta 3º) nos dan, en algunos restaurantes cuando cierran, de lo que sobra en la cocina o... en los platos; y dormir... pues no se está mal en el paso subterráneo. Si llueve no te mojas y si aprieta el sol tienes sombra. ¡A todo se acostumbra uno!

COREUTA 3º / MENDIGO.- (Afirmando con énfasis) ¡Al menos tienes libertad! Vas a donde quieres, caminas o te sientas, y regresas a casa a la hora que te da la gana ¡no dependes de nadie y a nadie tienes que da cuentas!

JUAN.- (Concluyente) ¡Ni nadie depende de ti!

COREUTA 3º / MENDIGO.- ¡Pues sí!

ANDRÉS.- ¿Y tu familia?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (Agacha la cabeza con gesto de tristeza) No sé... allí estarán todos. Durante un tiempo los llamaba por teléfono, les decía que iba bien, que tenia un trabajo temporal pero... que eso era de momento, que pronto me iban a hacer un contrato... que al año siguiente planeaba ir para verlos... ¡les mentía! Pero dejé de llamar. Cada vez soportaba menos aquellas mentiras.

COREUTA 3º / MENDIGO.- (Saca la botella de vino y ofrece) ¡Venga! ¡Dejemos temas tan profundos... nos van a poner a pensar sin necesidad. (A Juan) Toma un trago (A Andrés) y tú toma, bebe algo. Esto anima (Juan y Andrés beben) ¡Ánimo! (Alzando la botella) ¡Esto sí es esperanza!

ESCENA DECIMOCUARTA

(Baja la luz. Un foco ilumina desde la izquierda a Corifeo y a Coreuta 1º que entran por la derecha)

CORIFEO.- (Golpeando con el báculo) ¡No hay esperanza! ¡Es el destino!

(Coreuta 2º y Coreuta 3º se unen al Coro)

CORO.- ¡No hay esperanza!

ANDRÉS.- (Repitiendo con insistencia y tono de desprecio) ¡No hay esperanza, no hay esperanza! (Pausa) ¡Debe de haberla, hay que encontrarla!

JUAN.- (Irónico) A estas alturas de nuestra vida... ¡esperanza en el más allá!

(Corifeo golpea con el báculo rítmicamente en el suelo simulando un ritmo cardíaco)

Nuestro corazón ya no está para muchas peleas, no está para resistir fuertes embates ni para buscar eso que tú dices: la esperanza. El camino para llegar a ella será largo y no llegaremos.

(El Coro va saliendo por la izquierda al ritmo de los golpes del báculo. Baja la luz. Juan y Andrés se sientan en sendos sillones, como en la escena segunda, y dormitan)

ESCENA DECIMOQUINTA

(La luz sube lentamente. El ventanal se ilumina haciendo entender que es de día. Vuelve a oírse el canto de algunos pájaros. Andrés se remueve inquieto)

ANDRÉS.- (Despierta sobresaltado) ¡No, no!

JUAN.- (Se despierta por el grito de Andrés y va hacia él) ¿Qué te ocurre?

ANDRÉS.- (Controlando la situación, mira a los lados) Nada, no es nada... tenía una pesadilla, un mal sueño ¿sabes? Ya pasó.

JUAN.- ¿Quieres un vaso de agua? ¡Estás temblando!

ANDRÉS.- Quizá, si... tengo la boca seca.

JUAN.- (Saliendo por la izquierda) Espera, enseguida vuelvo. (Sale)

ANDRÉS.- Sí, por favor.

(Al verse solo saca de nuevo el papel del bolsillo y lo lee a hurtadillas)

Aquellas vías, aquel tren... ¡Malditos sueños! Y todos te llevan a la frustración, al desencanto. (Se frota la frente intentando alejar los pensamientos. Guarda el papel en el bolsillo)

JUAN.- (Entra con el vaso de agua) Toma, bebe, te sentará bien.

ANDRÉS.- (Bebe) Gracias... ¡qué mal sueño!

JUAN.- Y... ¿qué soñabas? ¿Tan trágico era?

ANDRÉS.- (Dudando) En parte sí, era trágico; visto ahora... era una liberación. No sé, no sé decirte.

JUAN.- Callas mucho y deberías comunicarte más. No es bueno engullir, rumiar, todo lo que nos afecta. Al final es como una comida que se agria. El diálogo es bueno, comunicarse con los demás...

ANDRÉS.- (Sonriendo) Entonces... ¿no lo echamos todo a la zanja?

JUAN.- (Sonríe comprensivo) ¡Bueno! Una cosa es olvidar lo triste y otra compartir las inquietudes, los problemas... contarlos. A veces, sacándolos fuera, toman otro cariz, dejan de ser problemas o se suavizan.

ANDRÉS.- Puede que tengas razón. Soñaba que... que llegaban dos guardias y nos echaban de allí.

JUAN.- ¿De dónde?

ANDRÉS.- Del subterráneo. Del lugar en el que vivía con otros dos... digamos con otros dos mendigos, dos marginados, uno de allá, del otro lado de la mar, y otro de... ¡quién sabe de dónde! La gente así no tiene origen ni destino.

JUAN.- ¿Vivías en un subterráneo?

ANDRÉS.- Sí, lo había perdido todo: trabajo, familia, vivienda... y con lo puesto recorría la ciudad hasta que los pies me sangraban. El asfalto de la ciudad es duro, muy duro. (Pausa) Allí los encontré a ellos y me uní. Me dejaron vivir (Sonríe) bueno, lo de vivir es un decir, en el subterráneo con ellos. Nos hacíamos compañía y compartíamos todo: lo que nos daban para comer y los ratos de desesperación y aburrimiento. Durante tiempo aquellos dos hombres fueron mi familia, mis compañeros.

JUAN.- ¿Y los guardias... os echaron dices?

ANDRÉS.- Sí, llegaron una mañana y dijeron que el lugar era insalubre ¿sabes? Que iban a limpiarlo y que nos teníamos que marchar. Solamente quedábamos tres, pero hubo más... ¡hasta doce personas!

JUAN.- No es posible.

ANDRÉS.- (Remarcando la frase) No debe ser posible, pero lo era. Allí había dos vidas: la de arriba, a plena luz del sol, con los lujosos automóviles, las gentes de los negocios... las multinacionales, los bancos, las oficinas como lujosas jaulas; y la de abajo: gentes que ya no esperábamos nada, sólo podíamos dejar pasar el tiempo... ¡Hasta doce hubo allí! ya te digo. Algunos eran toxicómanos, caídos en la droga cuando buscaban evadirse de un mundo que no les gustaba o... porque buscaban un nuevo placer ¡qué sé yo!

JUAN.- ¿Es posible?

ANDRÉS.- Sí, pero la mayoría cayeron por la necesidad de “trapichear” pasa sacar unas monedas con las que comer algo y, a la vez, para pagarse la propia “mierda”: es un círculo vicioso, un círculo infernal del que malamente o con dificultad se puede salir. Al final eran, involuntariamente, delincuentes.

JUAN.- ¡Es tremendo!

ANDRÉS.- Otros eran alcohólicos. Empezaron a beber por ser una costumbre social, siguieron por necesidad física y un día, cuando todo se fue derrumbando, siguieron bebiendo para subsistir. Los había de todos los pelajes, (Sonríe) de diferentes orígenes: había uno que decía que era economista, otro un agente inmobiliario, otro un licenciado en derecho...

JUAN.- ¡Menuda pesadilla!

ANDRÉS.- (Pensativo) Confundo los sueños, las pesadillas, con la realidad. A veces confundo...

JUAN.- Pero... ¿ha sido realmente un sueño o hay en ello algo de realidad?

ANDRÉS.- Salimos en los periódicos, mira... (Busca en los bolsillos y saca un recorte de prensa mientras cae al suelo el otro papel sin que él se dé cuenta) aquí está (Lee) “Madrid 25 de junio... empadronado en un túnel...”

JUAN.- ¿Por quién decían eso, por ti?

ANDRÉS.- Sí. (Guarda el recorte de prensa en el bolsillo)

JUAN.- Pero... ¿empadronado en un túnel?

ANDRÉS.- ¡En algún lugar tenía que decir que vivía! ¿no? y no había mentira en ello. A fin de cuentas era mi vivienda... por llamarle de alguna forma. Cuando protesté diciendo a los guardias que aquella era mi casa y que no me podían desalojar, me contestaron que el padrón se hace para saber cuanta gente hay en una ciudad y, en caso de que haya que localizarte, saber dónde estás, pero que me podían retirar de allí si el lugar era insalubre. (Con desprecio) ¡Querrían que tuviera el lugar como un chalet! No teníamos electricidad ni agua... ¡cómo íbamos a tener aquello limpio! Orinábamos y otras cosas en los retretes de los bares cercanos, donde no siempre nos recibían con agrado, nos lavábamos en una fuente próxima; procurábamos no estar envueltos en roña, pero... inevitablemente había bolsas de plástico con los pocos enseres de cada uno, objetos amontonados... ¡mucha gente tendría su casa así y no la desalojaban!

JUAN.- Pero no están a la vista de todos.

ANDRÉS.- Así es. Lo que molestaba, sin duda, no es que estuviera más o menos sucio, según ellos, sino la mala imagen que daba en una zona de elite.

JUAN.- (Reflexivo) ¡Es jodido!

ANDRÉS.- Mucho, sí, muy jodido. Algunos lo perdieron todo. Los servicios de limpieza retiraron algunas bolsas y las arrojaron el camión de la basura, en ellas había cosas tan entrañables como la foto del hijo de uno de los compañeros.

JUAN.- (Confuso) No comprendo...

ANDRÉS.- Nuestra desgracia no era vernos viviendo de eso modo, sino percibir, tener casi la plena certeza de que no había solución, ninguna perspectiva de cambiar, de salir de aquella situación. Algunos, yo desde luego sí, manteníamos la mínima dignidad. Yo intentaba mirarme al espejo y ver que aún era un hombre cuidado, limpio, de buen aspecto... imaginaba que estaba en paro temporalmente pero que pronto encontraría un trabajo, una ocupación para la que estaba capacitado.

JUAN.- Y... ¿cómo te las arreglabas para disponer de algún dinero? Los gastos mínimos...

ANDRÉS.- Bueno... la primera vez que tuve que hacer algún “encargo” me temblaban las manos, temía que me iban a descubrir.

JUAN.- ¿Qué encargo?

ANDRÉS.- Al otro extremo de la ciudad había un barrio de gente necesitada, aunque no tanto como nosotros ¿sabes? Pero precisaban comprar barato todo lo más elemental: patatas, aceite, fruta... ellos nos hacían los encargos y yo los... digamos que los “distraía” de un supermercado cercano. Lo cobraba a bajo precio, así ellos se beneficiaban y yo ingresaba ese dinero para costearme el jabón, un paquete de tabaco, el bocadillo de media mañana...

JUAN.- (Pensativo) Comprendo... (Tratando de suavizar la situación) En algunos casos está justificado el... ¡eso, el “distraer” algunos productos! ¡En tiempos de guerra cualquier agujero es trinchera!

ANDRÉS.- (Sonriendo con desgana) Sí, eso es... quizá el mal reparto de la riqueza justificaba ante mí esa pequeña delincuencia; la desigualdad, el hecho de que la sociedad, instalada en el bienestar, me excluyera no ya de sus comodidades sino de las oportunidades para rehacer mi vida...

(La luz baja lentamente. Se oscurece el ventanal del fondo. Andrés y Juan salen despacio, pensativos. Andrés lo hace por la izquierda y Juan por la derecha. La escena queda vacía unos instantes)

ESCENA DECIMOSEXTA

(Cuando la escena ha quedado en penumbra entra el Coro por la izquierda iluminado lateralmente. Se oyen pasos rápidos, como de alguien que corre)

CORIFEO.- Es inútil que huyas, los caminos no son rectos, volverás al origen.

COREUTAS.- Son circulares, el principio conduce al final y viceversa. Volverás al lugar de partida.

CORIFEO.- Te encontrarán... todo será inútil.

COREUTAS.- Mejor que no corras, cuanto más lo haces...  ¡más te acercas!

CORIFEO.- ¡Es inútil!

(El foco que ilumina al Coro baja hasta apagarse mientras sube la iluminación general. El Coro sale por la izquierda al ritmo habitual de los golpes que da el Corifeo con el báculo en el suelo. En escena queda Coreuta 3º. El ventanal se ilumina suavemente)

ESCENA DECIMOSÉPTIMA

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- (Observa la escena, busca algo entre los muebles y por los laterales. Observa el exterior por el ventanal. Dirigiéndose a un imaginario interlocutor) Que venga Juan, a ver si él sabe algo. (Ve en el suelo el papel que se le cayó a Andrés en la escena decimoquinta, lo coge y lee para sí haciendo gestos de extrañeza)

JUAN.- (Entra por la izquierda) ¿Me llamaba?

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- Sí, por favor. Usted sabe que Andrés ha... digamos desaparecido. Ya lo están buscando, pero...

JUAN.- (Nervioso) Algo sé, sí... se marchó sin decir nada al parecer.

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- Como director y responsable de esta residencia no puedo decir “se marchó”, debo decir, por duro que suene, “ha huido”.

JUAN.- ¿Huir?

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- Sí, huir, esa es la palabra. ¿Usted conoce la situación de Andrés aquí? (Pausa) Sí, seguro que lo sabe, Andrés le hizo confidencias, mantienen una buena relación amistosa ¿no?

JUAN.- (Con dudas) Sí, pero...

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- No se preocupe, usted no es responsable de nada. Solo quiero que me diga... si sabe... si tiene idea... de que pensara... vamos a decir marcharse de aquí y a dónde pensaba ir.

JUAN.- En absoluto. Es verdad que Andrés me contó cosas... que me habló de su vida, que no ha sido precisamente afortunada, pero nunca me dijo, ni yo entreví, que pensara irse.

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- La situación de Andrés aquí no es la de cualquier residente. Usted lo sabe.

JUAN.- Lo sé. Todos, menos él, estamos aparcados en espera del final; Andrés, además de eso, está vigilado, recluido. Sí, lo sé.

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- (Mostrando el papel) Encontré esto en el suelo. Es como... yo le llamaría un cuento, una narración... ¡y no esta mal escrito! Y al final tiene la firma de Andrés.

JUAN.- ¡Ah!, sí... ese papel lo sacaba de vez en cuando, lo leía a hurtadillas. Me lo quiso leer hace algún tiempo pero luego desistió. Era como si quisiera leerlo y de buenas a primeras sintiera rubor por hacerlo y... lo guardaba. Una actitud extraña: quería pero no quería... no sé si me explico. Finalmente, un día me leyó algunos párrafos después de que yo insistiera. Me gustó lo que dice y cómo lo dice. Habla de un tren, de una locomotora que siempre hacía el mismo trayecto...

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- Sí, de eso habla. Quizá una obsesión por ir lejos, por retirarse del entorno habitual.

JUAN.- (Continuando la frase) Y a veces es imposible ¿verdad?

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- No lo sé, pero no es mi papel entrar en esos terrenos filosóficos.

JUAN.- Pues yo creo que sí, que es imposible. Es imposible porque, aunque creamos lo contrario, no controlamos nuestra vida. Dependes de mil circunstancias que, en un momento, cambian nuestro rumbo sin que reparemos en ello. La vida está hecha de casualidades, construida sobre el azar.

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- Es posible (Pausa) ¿Nunca le habló de que pensara tomar un tren para ir a algún lugar?

JUAN.- No, nunca, ni siquiera lo insinuó.

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- Lo digo porque quizá en este papel estén, sin que nos demos cuenta, los motivos de su escapada. (Mirando el papel) Los trenes, la lejanía... (Deja el papel sobre una mesa)

JUAN.- Yo a veces le aconsejé que es mejor olvidar, que con recordar constantemente no se soluciona nada, pero él mantenía la idea de que la memoria hay que mantenerla. Pretendía, o pretende, ¡porqué hablar en pasado!, poder controlar su vida, decidir sobre su propia vida, sobre su entorno, pero... ¡es imposible! Si lo analizamos fríamente podemos ver que cada situación está condicionada por otras muchas, y cada una de ellas por otras y así... ¡casi hasta el infinito!

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- Es posible. Yo no sería director de esta residencia si no hubiera visto un anuncio en la prensa en el que ofrecían el puesto de trabajo.

JUAN.- Pero no sólo dependió del anuncio, sino de que aquella mañana usted compró el periódico y, precisamente, el que publicaba el anuncio, no otro.

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- (Sonriendo) Es posible, sí, no lo había pensado.

JUAN.- (Concluyente) ¡Y así todo! Andrés no habría hecho algunas cosas si otras no hubieran surgido en su camino. No intento justificarlo, pero...

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- No se preocupe, justificarlo no está en contra de ninguna ley... aunque sean esas leyes las que le recluyeron aquí.

JUAN.- Las leyes las hacen y las aplican los hombres ¿no se pueden equivocar?

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- No sé. Hay garantías al aplicarlas, al juzgar...

JUAN.- Y quienes las hacen y las aplican están condicionados por creencias, por formas de pensar, por propias experiencias...

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- (Tratando de eludir la conversación) Mire, todo eso puede ser interesante pero no es mi papel entrar en ello. Ya se lo dije: mi obligación es encontrar y traer aquí a Andrés... ¡y poder justificar por qué se marchó estando bajo mi responsabilidad!

JUAN.- ¿Qué le preocupa más? ¿la suerte de Andrés, que se cumplan las leyes o... su puesto de trabajo?

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- No me insulte.

JUAN.- ¿Lo ve? ¡Son las casualidades, lo que no controlamos! Si todo esto no hubiera sucedido nosotros dos nos estaríamos hablando; usted no andaría preocupado por la leyes... (Sonriendo) ni se sentiría ofendido.

(De nuevo se dejan oír pasos de alguien que corre)

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- (Escuchando) Sigue huyendo...

JUAN.- (Pensativo) Quizá sea inútil, pero uno tiene derecho a... correr, a irse, a evitar la falta de libertad ¿no?

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- ¿Usted cree?

JUAN.- ¿Quién no lo ha intentado alguna vez? ¿quién no ha deseado poner tierra por medio a algo que ha hecho, a circunstancias de su vida de las que, si no avergonzado, se siente arrepentido?

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- ¡Hay que asumir lo que somos!

JUAN.- Puede ser bonito decir eso, pero no es humano: el ser humano trata, con frecuencia, de rescribir si propia vida, de rehacer su biografía. En ocasiones puede ser por tratar de tapar ciertas vergüenzas, pero muchas veces es por...

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- (Interesado) ¿Por qué?

JUAN.- Porque el tiempo, la distancia de los acontecimientos, nos hace endulzarlos; la memoria es selectiva y lo desagradable o negativo tratamos de cubrirlo con una pátina de romanticismo o, en otros casos, imaginarlo menos... duro. Poner el pasado en positivo es algo muy humano.

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- Pero el problema, ahora, no es un pasado, es gente, una persona: Andrés que ha huido, un hombre que fue declarado culpable por...

JUAN.- (Nervioso, casi gritando) ¡Porque hizo algo a lo que le empujaron!

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- Nadie que yo sepa le empujó a tomar aquel automóvil y lanzarlo estando el semáforo en rojo.

JUAN.- (Grita) Sí, le empujaron todos, Caras sin rostro y sin nombre le debieron llevar a tomar aquella decisión. Unos y otros le arrojaron fuera de la sociedad, del trabajo, de su casa, de su familia... ¿qué salida le quedaba?

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- ¿La venganza? ¿es eso? ¿lo justifica?

JUAN.- Lo entiendo, simplemente. Le comprendo. A veces las circunstancias, los imprevistos, lo que nos rodea... nos lleva a... donde no quisiéramos. ¡Como si fuera un designio de los dioses, nos pone en difíciles trances!

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- (Con cierto desprecio) ¡Los dioses! ¡no me haga reír!

JUAN.- En la antigüedad eran los dioses contra los que el hombre se rebelaba, ahora esos dioses son... el dinero, el poder... ¡Y hay que estar contra esos dioses!

COREUTA 3º / DIRECTOR RESIDENCIA.- ¿Me habla de rebelión?

JUAN.- ¡Quizá! Entiéndalo como quiera.

ESCENA DECIMOCTAVA

(Se hace un breve oscuro y, tras él, en penumbra, aparece en el fondo el Coro, incluido Coreuta 3º. Juan queda en el centro de la escena iluminado por un foco azul, como con luz de anochecer)

JUAN.- (Llamando. Mirando a los lados) ¡Andrés! ¡Andrés! (Buscando) ¡Andrés! ¡Andrés! Soy Juan... tu amigo, tu compañero...

CORIFEO.- ¡Los hombres se rebelan contra los dioses!

COREUTAS.- ¡Los dioses mantienen el poder!

CORO.- ¡Deciden el destino!

CORIFEO.- ¡Es inútil ir en contra! (Golpea con el báculo en el suelo) Todo está engarzado, cada acción depende de otra y los dioses deciden a su conveniencia!

(El foco azul se abre hasta iluminar toda la escena)

JUAN.- (A Corifeo / Jefe de RR. HH) Tú le empujaste a hacerlo, Andrés no quería, no lo deseaba, no quería nada malo contra ti, pero... aquella fase “no podemos trabajar como hace cincuenta años”... ¿recuerdas?  “debe pensar en retirarse”... lo hundió definitivamente.

CORIFEO / JEFE DE RR. HH.- (Abandona su lugar en el Coro y se acerca a Juan. Ahora es el Jefe de Recursos Humanos de la escena quinta) Yo no podía ir en contra de las decisiones de arriba, de mis superiores. Había que prescindir de personal, hacer cambios, incorporar a gente joven, nueva, con criterios de trabajo distintos, más avanzados... ¡trabajadores con títulos universitarios! Yo estaba metido en aquel sistema... ¡como todos! Sin posibilidad de mantenerlo todo igual... ¡Otros eran los que decidían! Yo solamente daba la cara.

JUAN.- (A Coreuta 1º / Mujer de Andrés) ¡Y tú lo pusiste en la calle! ¿lo vas a culpar?

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- (Abandona su lugar en el Coro y se acerca a Juan) No fue así, yo no lo puse en la calle. Él se marchó. Son... las cosas que ocurren... ¡se terminó la pasión, se esfumó el amor!... apenas quedaba un poco de amistad, pero solo la precisa para saludarse al vernos. La convivencia no funcionaba. Es posible que fuera dura aquella solución, pero la única salida era la separación. ¡No éramos la primeros ni los únicos! Andrés debió superar aquello como yo lo hice. Ya se lo dije: a la vuelta de tantos años sólo quedaba un cepillo de dientes sin lavar y el espejo del baño lleno de salpicaduras. La ruptura era irreversible.

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- (Se acerca a Juan, a Corifeo y a Coreuta 1º) En el tiempo que estuvo con nosotros, en el subterráneo, demostró que era una buena persona.

CORIFEO / JEFE DE RR. HH.- Para subsistir no basta con ser buena persona.

COREUTA 1º / MUJER DE ANDRÉS.- Posiblemente. Hay que endurecerse.

JUAN.- (Alarmado) ¿Hay que ser un lobo?

COREUTA 2º / MENDIGO, INMIGRANTE LATINO.- A veces los lobos prefieren meter el rabo entre las patas, aceptan la derrota y... abandonan todo. Creo que eso es lo que hizo Andrés; siempre mantuvo una gran dignidad pero dentro de la más absoluta derrota.

JUAN.- Esas situaciones son las que llevan a menudo al suicidio.

(Se dejan oír pasos lentos, como de alguien que se acerca)

COREUTA 3º / DIRECTOR DE LA RESIDENCIA.- (Deja el lugar del Coro y se acerca a todos. Escuchando) Se oyen pasos. Parece que alguien viene. ¡Lo habrán encontrado! Mejor así.

 

ESCENA DECIMONOVENA

(Por la izquierda entra Andrés con una pequeña caja de madera entre las manos. Va cabizbajo, entristecido. Camina lentamente, casi arrastrando los pies. La luz azul desaparece y entra una en tonos ocres)

ANDRÉS.- (No repara en que hay más gente en la sala. Cree que está solo. No huía, ya me di cuenta que eso era imposible. Por mucho que lo intentemos, es inútil huir de nuestro destino... ¡nos sigue como una sombra! (Pausa) Solamente fui en busca de esta caja, de mi cajita de madera. (Se acerca a la mesa en la que quedó el papel en la escena decimoséptima, lo toma y leen voz alta mientras mantiene la caja bajo el brazo) “Puso junto a él una caja de madera y lentamente, con parsimonia, fue colocando en ella las traviesas, los trozos de vías, los desvíos o cambios de aguja con las conexiones eléctricas; las farolas de la estación a un lado, los automóviles a otro, junto a ellos los vagones de mercancías y la locomotora “Diesel”; finalmente la de carbón” (Pausa) “Con la inexorable marcha del reloj, de un reloj real, no el imaginario de la estación, fue desmontando la maqueta de trenes eléctricos hasta que sobre la mesa solo quedó un amplio tablero con los restos del cableado eléctrico y manchas de arena y césped artificial que, hasta aquella tarde, habían creado la magia de dar vida al juguete”.

CORO.- (Sin cambiar del lugar en el que están situados) Adonde vas solo permiten llevar lo necesario, pero quizá un día puedas volver a montar todo esto.

ANDRÉS.- (Leyendo) “El cielo se había encapotado y en un momento se amorató por el golpe de un trueno. Comenzó a diluviar. El rostro del hombre...” (Pausa), mi rostro, “estaba mojado, los familiares...” (Pausa), mis familiares, “al observarle pensaron que era por la lluvia, esa lluvia caliente y pegajosa de la noche veraniega, pero él...” (Pausa), yo, “sabía que no era eso”.

CORO.- ¡Sólo lo necesario! Ya sabes que aquí tendrás todo lo que precises.

ANDRÉS.- Lo necesario para mí era la caja de madera con los restos de mi maqueta de trenes... ¡es a lo único que ya podía aspirar! (Triste) Lo único que me quedaba. Por eso, con ella abrazada, pasé la puerta de este edificio en cuyo dintel se lee: “Residencia de Ancianos”.

(Deja caer el papel al suelo. Muy abatido, pone la caja en el proscenio)

Esa caja es mi única libertad.

(Baja la luz hasta casi un oscuro mientras que un intenso foco cenital ilumina la caja)

¡La libertad de los sueños!

CORO.- ¡La libertad de los sueños, la libertad de lo imposible!

(Entra de nuevo el efecto niebla de la escena segunda)

VOZ LOCUTORA DE RADIO.- (Se deja oír desde el sistema de megafonía general) Ha transmitido Radio Matinal. Les hemos ofrecido nuestro primer boletín informativo. Son las diez y cuarto de la mañana (Entra una sintonía con música de órgano mientras cae el

TELÓN

Madrid, 2 de septiembre de 2003

Salvador Enríquez

Apartado de Correos 16.187

28080 Madrid (España)

Teléfono + (34) 649 402705

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SINOPSIS ARGUMENTAL

En un breve espacio de tiempo (de diez a diez y cuarto de la mañana) pasan por la mente de un hombre, recluido en una residencia de ancianos, los hechos más importantes de su vida: matrimonio, separación, trabajo, desempleo, convivencia con unos mendigos y, como fondo de todo ello, la causa de su reclusión: haber lanzado su automóvil contra el “Jefe de Recursos Humanos” de la empresa en la que trabajaba.

La reflexión intenta exponer que el ser humano no controla totalmente su vida, sino que depende de otros y de circunstancias ajenas a él. Por mucho que se rebele contra los dioses actuales (dinero, poder...) se verá inevitablemente arrollado por los acontecimientos.

Nota: Los párrafos que el personaje de Andrés lee en diversas escenas corresponden a la narración “En vía muerta” de mismo autor.

El autor

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