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SOLO ROSAS

de  Guillermo Gallego

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

 SOLO ROSAS

 Guillermo Gallego

 ggallego@30deagosto.com.ar

Personajes:

ISABEL – 38 años

MERLINA – 17 años

EMA  - 17 años

 

 Habitación de un hospital. Una cama. Una silla. Una mesita.

 

Apenas entra un rayo de luz por la ventana. Sobre la mesita hay medicamentos, una jarra

 

con agua, un vaso. Merlina está sentada en la silla junto a la cama, viste ropa de dormir y

 

una manta le cubre las piernas. Un gorro tejido a mano oculta su cabeza calva. Sus manos,

 

en el regazo, entrelazan un rosario mientras su mirada calma cae sobre la cruz que acaricia

 

suavemente con el pulgar derecho. Sus movimientos son lentos, el cuerpo pesa demasiado.

 

De pronto, Isabel, su madre, aparece en escena. Es una mujer con apariencia de ejecutiva,

 

delicadamente vestida, lleva lentes, una agenda en la mano. Solo una luz recortará su

 

figura cada vez que aparezca. Su presencia provocará un cambio de actitud en Merlina,

 

sugiriendo un viaje hacia atrás en el tiempo. Siempre la tratará como a la pequeña niña

 

que fue hace algunos años nada más.

 

 

ISABEL: Un día serás grande, tal vez entonces entiendas por qué te digo todo esto.

 

MERLINA: ¡Claro! Lo de siempre. Ya voy a ser grande; mientras tanto soy muy pequeña. Las

 

cosas pasan cerca, los momentos con amigas pasan cerca, la vida pasa muy cerca mío,

 

pero yo… sigo esperando a ser grande.

 

ISABEL: No seas tan dramática. Todo tiene su tiempo, Merlina. Ya verás, cuando seas una

 

mujer, que no es bueno quemar etapas en tu vida. Aún sos joven, pero con los años

 

comprenderás que tu mamá tenía razón.

 

MERLINA: ¿Y vos? ¿Comprenderás algún día que ya soy adolescente? y que tengo ganas de

 

vivir mi vida, hoy! ¿Que ya no puedo seguir esperando ese dichoso día, simplemente

porque no quiero esperar? Quiero ir en busca de cada momento, necesito descubrir las

 

cosas por mí decisión de hacerlo. Estoy harta de esperar, esperar, y que siempre decidas

 

qué hacer con “mi vida”.

 

ISABEL: No discutamos hoy. Es tarde. (Desaparece)

 

PAUSA

 

MERLINA: Te extraño más que nunca. Si pudieras contradecirme una vez más. Si pudieras

 

privarme por enésima vez de mis adolescencias. (Pausa) Necesito tanto un reto tuyo.

 

En off se escucha la voz de Isabel, mientras en el rostro de Merlina se dibuja una tibia

 

sonrisa.

 

ISABEL: ¡No Merlina! Hoy te quedás en casa. ¡Te importan más tus amigos que tu familia!

 

MERLINA: ¿Si supieras cuanta falta me hacés? Si estuvieras hoy, mamá!

 

La luz aumenta sensiblemente y en la puerta aparece Ema, trae una pequeña cajita en sus

 

manos.

 

EMA: (Desde la puerta. Sonriente.) Hola!

 

MERLINA: Hola!

 

EMA: ¿Cómo estás?

 

MERLINA: Bien.

 

EMA: Dijeron que mañana podrás irte a casa.

 

MERLINA: Si.

 

EMA: ¿Contenta?

 

MERLINA: Da igual.

 

EMA: No es lo mismo. Vamos a estar todo el tiempo juntas.

 

MERLINA: No quiero que estemos todo el tiempo juntas.

 

EMA: Yo sí.

 

MERLINA: Mentira.

 

EMA: Está bien, mentira. Sin peleas. Te traje algo.

 

MERLINA: ¿Qué es?

 

Ema se acerca y deja la cajita sobre las piernas de Merlina, esta cuelga el rosario en el

 

respaldo de la cama y abre la caja descubriendo las cartas que se han escrito con su amiga.

 

MERLINA: Mis cartas…

 

EMA: Y las mías.

 

MERLINA: (Cerrando la caja) ¿Para qué me traés esto? No me gusta. No las quiero ver. ¿Qué

 

pensás? ¿Que me divierte volver a leerlas?

 

EMA: Las leí anoche, una por una, fecha por fecha.

 

MERLINA: Yo no puedo. No quiero leerlas. ¿Para qué?

 

EMA: No sé. Para no olvidar. Hay tantas cosas lindas en ellas.

 

MERLINA: No sirve. Entendé que no sirve. (Pausa.) Los recuerdos son eso, recuerdos, pasado.

 

No sirven para nada. No cambian nada, ni ayudan a nada.

 

Ema busca una de las cartas en la cajita, la encuentra y la va a abrir.

 

MERLINA: ¿Qué hacés?

 

EMA: Quiero que leas esta carta que escribiste.

 

MERLINA: No tengo ganas. ¿Por qué hacés esto ahora?

 

EMA: Me parece que hay cosas que tenemos que seguir compartiendo. No hay razón para que

 

todo cambie tanto.

 

MERLINA: ¿Que no hay razón?!

 

EMA: No, no hay razón! Y ya sé lo que vas a decir, ni lo digas. Leé esta carta por favor.

 

MERLINA: No! Me hace mal volver atrás. A veces los recuerdos aparecen solos, sin que yo los

 

llame. Duelen. Lastiman aún más.

 

EMA: Por favor.

 

Pausa

 

MERLINA: (Abriendo la carta) Que idiotez.

 

EMA: (Arrancando la carta de las manos de Merlina) Mejor la leo yo.

 

MERLINA: Mejor.

 

EMA: (Se aleja y lee.) ¿Qué me hizo conocerte tanto? ¿Qué me hizo buscar tan dentro tuyo?

 

¿Acaso ya sabía lo que encontraría? Seguramente sí. La última parte de mi cuerpo la

 

tenías escondida. Estaba en vos…

 

MERLINA: ¿Hace falta…?

 

EMA: …en tu cuerpo…, en tu mirada… en tu voz… en cada beso que me das… en cada

 

abrazo… en cada palabra. En tus caricias, que alteran el calor de mi piel.

 

MERLINA: ¿Soy importante para vos?

 

Pausa

 

EMA: ¿Qué?

 

MERLINA: ¿Soy importante para vos?

 

EMA: Ya lo sabés.

 

MERLINA: Decílo, ¿Soy importante para vos?

 

EMA: Sí.

 

MERLINA: Entonces no sigas. (Ema intenta continuar.) Necesito agua para tomar mi pastilla.

 

EMA: Claro! Ya no importa nada de lo que dice esta carta. ¿Verdad?

 

MERLINA: (Se levanta y sirve agua de la jarra.) Es obvio que ya no importa. ¿O no ves que todo

 

es diferente?

 

EMA: Nada cambia. Sólo si una quiere que cambie.

 

MERLINA: (Rompe en una falsa carcajada.) ¡Por supuesto! ¿Viste como yo cambié

 

absolutamente todo? ¡Ahora sí las cosas son como las soñé! ¡Por fín! (Toma la pastilla,

 

deja el vaso sobre la mesita y se sienta.)

 

EMA: Siempre igual. Todo lo llevás por el camino que querés.

 

MERLINA: (Sarcástica) ¡No! ¡Pero si es cómo vos decís! Siempre deseé que mi madre estuviera

 

dos metros bajo tierra! Es más: recé tanto para que me guiara desde el cielo! Claro! Para

 

que no estuviera cerca mío! Para no tener que verla y escucharla cada día! Y, sí!

 

Porque sus cuentos y sus besos de todas las noches me irritaban y me enojaban! Y porque

 

me molestaba tanto que mis visitas al médico fueran siempre con ella al lado,

 

 conteniéndome…

 

EMA: Bueno basta!

 

MERLINA: (Continúa con el  ironía.) Menos mal que ya no está, porque seguramente todas

 

las noches la tendría acá, sentada al lado mío, pegada a mí como siempre. ¡Un estorbo! Es

 

verdad: ¡Una gran suerte la mía!

 

Silencio. Ema lee la carta para sí.

 

MERLINA: ¡Dejá de leer esa mierda! O mejor, si tantas ganas tenés de revolver el pasado,

 

andate! Andá y hacelo en otro lado. En el pasillo, en la calle, en la habitación de al lado,

 

si querés. ¡Pero acá no! Acá la vida es real. Lo poquito de vida que queda en esta

 

habitación es real. ¿Entendés? ¡La novelita terminó!

 

EMA: La…

 

MERLINA: Si, la novelita. ¿Soy cruel no?

 

EMA: Muy.

 

MERLINA: No, soy realista, Ema. El presente puede ser cruel, yo no.

 

Ema dobla la carta hasta dejarla bien pequeñita, la aprieta en su puño y sale. Merlina

 

queda en silencio, agarra el rosario lo mira y lo tira con intención sobre la cama, en donde

 

ha quedado la cajita con las cartas, saca un puñado de ellas y las pone sobre sus piernas.

 

Abre una y lee algo para sí. Hace lo mismo con otra y con otra, hasta que a una la aprieta

 

contra su pecho.

 

MERLINA: ¡Siquiera me hubieras dado un poquito mas de tiempo!

 

Aparece Isabel, ya no lleva en su mano la agenda, tampoco los lentes.

 

ISABEL: …ese chico que te miraba tanto… no lo conozco, o sí?

 

MERLINA: Ni siquiera sé de quién hablás.

 

ISABEL: No te hagas la distraída. El rubiecito que estaba a la derecha, cerca de la ventana. No

 

me digas que no te diste cuenta de cómo te miraba.

 

MERLINA: Es Ariel, mamá. Nada que ver. Lo conozco bien, somos amigos. Y no me miraba

 

porque le gusto, eh! Si es eso lo que te preocupa.

 

ISABEL: No dije que me preocupara. Es lindo. Además tiene cara de buen chico. Y el interés

 

con que te miraba…

 

MERLINA: No tiene interés en mí. Es rubio, lindo, muy buen chico, pero no tiene interés en mí.

 

Y yo tampoco tengo interés en él ni en ningún otro chico.

 

ISABEL: Nunca puedo entenderte, Merlina.

 

MERLINA: Mirame, mamá. Si me observaras bien, o si me prestaras más atención… tal vez

 

podrías entenderme.

 

ISABEL: Trato, pero…

 

MERLINA: Lo que pido es que mires más allá de mi cuerpo, mamá. Y que entiendas la vida con

 

mis ojos, no con los tuyos.

 

ISABEL: Lo he intentado. Más de una vez traté de que me contaras tus cosas, nunca conseguí

 

nada. ¿Cuántas veces te he visto con algún amigo? Jamás logré que me cuentes algo.

 

MERLINA: Espero que algún día puedas comprenderme. ¡No siempre es todo celeste y rosa!

 

La luz que ilumina a Isabel se apaga mientras ella sale de escena.

 

MERLINA: (Sonríe) - No te diste cuenta de lo que estaba diciendo, mamá. O tal vez no quisiste

 

saberlo, ya que siempre miraste para otro lado. ¿Mejor así? Puede ser.

 

Silencio. Lee para sí. Pausa.

 

MERLINA: Fue tan difícil. No saber que es lo que pasa. Tanta confusión. ¿Por qué necesitaba

 

verla? ¿Porqué tanta ansiedad de que me llamara? Esperar y esperar la hora del cole…

 

sabiendo que estaba ahí, y que volveríamos juntas a nuestras casas.

 

Se para y camina con alegría reviviendo el momento. De pronto cambia.

 

MERLINA: Y en ese momento… el dolor de saber que algo estaba mal. Todo se oscurecía de

 

golpe. Me transformaba. Me negaba a lo que me estaba sucediendo por primera vez en la

 

vida. (Pausa breve) Si hubieras podido hablarme tan solo una vez de esos sentimientos.

 

(Se sienta al borde de la cama) Te necesité tanto… me sentí tan sola, tan confundida. Creí

 

tener el mundo en contra. Toda esa ansiedad se ahogaba siempre con el sentimiento

 

del error, de sentir que todo se vaciaba, como aquellos castillitos de arena que se iban con

 

el agua del mar. (Pausa) Me hiciste demasiada falta. (Respira profundo como si junto con

 

el aire cambiara su realidad. Sonríe. Agarra el Rosario) Pareciera que estoy recordando

 

tanta vida. Si fueran cien años. Cuarenta. Treinta. No, nada de eso mamá… nada de

 

eso… Te fuiste rápido, y tu florcita parece que también se irá… más rápido aún. Dicen

 

que no, pero yo sé que sí. Otra de las cosas que aprendí, a conocer de la gente. Creo que

 

lo aprendí de vos. Estoy segura que lo aprendí de vos. Cuando me decías que papá se

 

había enojado.

 

En la puerta se asoma Isabel y le habla como si dijese un secreto.

 

ISABEL: Cuando alguien esconde algo muy importante, no hace falta que hable; si te fijas bien,

 

está en sus ojos. (Desaparece)

 

MERLINA: Tenías razón, en la mirada de las personas está la verdad. Decimos tantas cosas sin

 

hablar y tan solo con una mirada.

 

De pronto en la puerta aparece Ema, tiene puesta una nariz de payaso.

 

EMA: ¿Te acordás?

 

Merlina la mira sorprendida por unos segundos, se para y a modo de presentación circense

 

se dirige al Público como cuando eran pequeñas.

 

MERLINA: ¡Señoras y señores! ¡Niñas y niños del vecindario! Tengan ustedes muy buenas

 

Tardes. (Realiza movimientos exagerados) Les damos la bienvenida al maravilloso

 

mundo del circo. A partir de este momento ustedes podrán disfrutar del carisma, la

 

alegría, y el… ingenio del payaso: “Emalindo”. Con ustedes el mejor payaso de la

 

ciudad!

 

Ema corre con dificultad al centro del escenario como si fuese a hacer su rutina frente al

 

público.

 

EMA: ¡Hola! ¡Hola! ¡Hola! ¡Soy el payaso Emalindo! Y me pusieron así porque soy e-ma-lindo

 

del barrio. (Ríe a carcajadas). ¿Merlino?

 

MERLINA: Si Emalindo. Dígame.

 

EMA: ¿Usted sabe porqué los niños no van a la escuela los domingos?

 

MERLINA: ¿Porqué los niños no van a la escuela los domingos?

 

EMA: No, no, no! Yo le pregunté a usted! ¿Porqué los niños no van a la escuela los domingos?

 

MERLINA: Bueno, la verdad que no lo sé Emalindo.

 

EMA: Porque “los domingos no hay clases” Merlino! (Ríe a carcajadas. Le tira una bofetada a

 

Merlina y esta gira en sí misma.) Otra.

 

MERLINA: ¡No! ¡Basta!

 

EMA: Si, si. ¿Usted sabe que mi papá y mi mamá tienen un hijo más grande que yo?

 

MERLINA: Si, si, ya lo sé, Emalindo.

 

EMA: Y ¿Usted sabe que mi mamá y mi papá tienen un hijo más chico que yo?

 

MERLINA: Si, si, también lo sé, Emalindo.

 

EMA: Y ¿Usted sabe cómo me llaman en mi casa, mis papás y mis hermanos?

 

MERLINA: La verdad que no lo sé, Emalindo. ¿Cómo lo llaman en su casa?

 

EMA: Y… “el del medio”, Merlino! (Ríe a carcajadas. Le tira una bofetada a Merlina y esta gira

 

en sí misma.) Otra.

 

MERLINA: ¡No, no! ¡Basta!

 

EMA: Sí, sí, la última! ¿Usted sabe porque los grandes ya no creen en los Reyes Magos?

 

MERLINA: No, no lo sé.

 

EMA: Porque ellos han dejado de jugar, y entonces nadie les regala más juguetes! Ni los Reyes

 

ni Papá Noel.

 

MERLINA: (Despidiendo al payaso) Gracias Emalindo. ¡Muchas gracias! Una vez más nos ha

 

traído la alegría al circo. ¡Hasta la próxima!

 

Merlina va hacia la cama y se coloca una de las sábanas a modo de capa de mago. Ema de

 

espaldas al público se quita la nariz de payaso y se dirige al centro para presentar al “mago

 

Merlino”

 

EMA: ¡Niñas y niños! ¡Señoras y señores! La alegría del Circo continua. Y ha llegado la hora de

 

las brujas y los conejos. El momento esperado por grandes y chicos. A partir de este

 

instante, mamá y papá sujeten muy fuerte a sus pequeñitos hijos! Es posible que en algún

 

descuido, aparezcan volando por el aire. Porque ha llegado… el Mago Meeerliiinooo!

 

Merlina hace su entrada abriendo su capa y cubriéndose el rostro con ella. Luego con la

 

mano izquierda saca imaginariamente una botella del interior de la capa.

 

MERLINA: ¿Ve usted esta hermosa botella que tengo en mi mano?

 

EMA: Claro! Mago Merlino.

 

MERLINA: Muy bien! (Muestra imaginariamente la varita que tiene en su mano derecha) Con

 

mi varita mágica la haré desaparecer delante de sus propios ojos!!

 

EMA: ¿De verdad? No le creo.

 

MERLINA: Mire bien. (Hace algunos movimientos con la varita, mientras sostiene la botella

 

posada sobre la palma de su mano izquierda) Botella, botellita, desaparece con mi varita!

 

(Golpea la botella con la varita haciendo un giro con su palma izquierda) ¡Y la botella, ha

 

desaparecido!

 

EMA: ¡Increíble! No lo puedo creer, Mago Merlino.

 

MERLINA: Y ahora, con mi gran capa mágica haré desaparecer delante de la mirada de todo el

 

público presente…

 

EMA: ¿Qué?

 

MERLINA: (Mirándola fijamente) A usted!

 

EMA: No es verdad, mago Merlino. Ese truco nunca lo he visto.

 

MERLINA: Es la primera vez que lo voy a realizar.

 

EMA: ¿Y yo que tengo que hacer?

 

MERLINA: Nada. Simplemente quedarse parada y sin moverse, porque puede ser altamente

 

peligroso.

 

EMA: (Poniéndose rígida) Muy bien. ¿Así?

 

MERLINA: Perfecto. Quieta.

 

Merlina realiza varios movimientos con la sábana y la coloca sobre la cabeza de Ema

 

cubriendo todo su cuerpo. Tras una pausa que evidencia una profunda emoción en ella, la

 

abraza fuerte permaneciendo unos segundos en silencio. La suelta y corriendo se sienta en

 

un rincón de la habitación abrazada a sus piernas.

 

Aparece Isabel.

 

ISABEL: ¡Merlina! ¡Cuántas veces te he dicho que no lleves los trajes para jugar en esa casa

 

abandonada!

 

MERLINA: (Escondiendo la cabeza entre sus rodillas.) Queríamos jugar al circo.

 

ISABEL: Esos disfraces son para jugar aquí. Ya lo sabés. No me gusta que se estropeen. Mucho

 

menos el de princesita. ¿Te olvidás lo que nos costó conseguirlo? Media ciudad

 

recorrimos con tu tía.

 

MERLINA: A Ema le gusta ese.

 

ISABEL: Ema, Ema! Siempre Ema! Mirá que tenés compañeritas eh! Pero no! Siempre Ema. No

 

me gusta. Revelde… no tiene buenos modales.

 

MERLINA: Ella me quiere.

 

Isabel desaparece.

 

Ema, que no ve a Merlina pero imagina lo que sucede, camina por la habitación cubierta

 

con la sábana.

 

EMA: Mago Merlino! Estoy desaparecida! No puedo ver nada! Mago Merlino! Por favor

 

hágame aparecer de nuevo! Mago Merlino! (Se detiene en silencio, se quita la sábana)

 

Qué buen truco Mago Merlino.

 

Ema ve a Merlina, se sienta a su lado.

 

Silencio.

 

EMA: ¿Cuántos años pasaron?

 

MERLINA: Muchos. Demasiados.

 

Silencio.

 

EMA: Dijeron que hay una luz.

 

MERLINA: Ninguna luz.

 

EMA: Podría ser que si.

 

MERLINA: ¿Cuantas veces hubo una luz? No quiero más!

 

EMA: Ya sé.

 

Silencio

 

MERLINA: ¿Trajiste?

 

Silencio

 

EMA: No pude. Mañana.

 

MERLINA: Mentira! ¿Por qué me hacés esto?

 

EMA: ¿Vos pensás que es fácil para mí? No es tan simple. No puedo! (Se para) Y no quiero!!

 

¿Te dás cuenta? No quiero! Si pudiera hacer que todo esto fuera una película de mierda!,

 

un cuento…! O un horrible sueño!! No sé! ¡¡Alguna de tus estúpidas mentiras!!

 

MERLINA: Es por mí que te lo pido. Porque ya no puedo más! No resisto más! Tengo miedo

 

cuando estoy sola! Tengo miedo cuando me trago una de esas pastillas! Tengo miedo

 

cada vez que tengo sueño! Por favor! Basta! No quiero sentir miedo! No soporto más el

 

dolor!

 

Silencio. Ema busca entre las cartas. Encuentra una y se la da a Merlina.

 

EMA: Leamos esta.

 

MERLINA: (Leyendo) Es la última que escribiste.

 

EMA: Sí.

 

MERLINA: No me hagas leerla. No quiero.

 

EMA: Solo una vez más.

 

MERLINA: (Escapando de la situación) Me alcanzás agua?

 

Ema va hacia la mesita y, sin que esta acción sea demasiado visible, saca algo de su bolsillo

 

y luego sirve agua en el vaso, toma la mitad y se lo da a Merlina.

 

MERLINA: Gracias. (Toma el resto del agua)

 

EMA: La leemos?

 

MERLINA: Mejor no.

 

EMA: Si hay algo que puede darnos felicidad, son las cartas que nos escribimos. Nos dijimos

 

cosas muy lindas en ellas. Fuimos sinceras. No volveré a escribir nada igual.

 

MERLINA: Quizás sí. Nunca se sabe.

 

Ema siente un intenso dolor en el vientre que trata de disimular.

 

EMA: Nunca más. Podés estar segura que no lo haré jamás.

 

MERLINA: Necesito ir al baño. (Se levanta con dificultad, Ema la ayuda. Se toma el vientre) Me

 

duele mucho. (Cae de rodillas)

 

Ema se arrodilla junto a ella acusando cada vez más dolor. Se miran, sonríen. Se besan.

 

Ema cae dormida en el regazo de Merlina que también se duerme mirando la carta que

 

aún tiene en su mano. La luz baja lentamente y se escucha en off la voz de Ema.

 

EMA: …una vez más dormiremos juntas, porque te amo, sos mi alma y no voy a dejar que

 

sueñes sola. Quiero estar con vos, toda mi vida, siempre. No existe otra manera: si te vas,

 

me voy con vos.

 

 

Oscurece lentamente.

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