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SOMBRAS EN EL ESCENARIO

de  Rogelio San Luis

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

“SOMBRAS EN EL ESCENARIO”

Monólogo en un acto, original de

Rogelio  San Luis

rogeliosanluis@yahoo.es

Estreno, en La Infinito de Madrid, el 18 de mayo de 2015

Intérprete: Krusenka López

Dirección: Luis Fernando de Julián

(En el escenario, chica hermosa de veinte años.)

ELLA.-Señoras, señores. Qué alegría volver a pisar las tablas de un escenario y sentir que el teatro está lleno. Parece que fue ayer cuando actuaba por primera vez. Acabo de pasar unos nervios en mi camerino… Siempre me sucede lo mismo. Me daban ganas de huir, de dejar este mundo de la farándula para siempre, pero hay algo dentro de mí que lo impedía. Es la vocación que me empujaba hasta convertirme en un personaje. Su máscara es mi mejor defensa. ¡Soy libre en mi papel! Pienso que lo de hoy me va a suceder más y mañana, antes de salir a escena, se repetirá.

El público, ustedes, desconocen el sublime proceso de parirse para convertirme en otro ser. Me ven y eso es la grandeza de nuestro arte, soy la que les hago llegar la ficción que me escribió el autor. La interpreto y nos identificamos plenamente. Vivimos juntos el argumento. Estoy segura de que si coincidimos en la calle, finalizada la función, no pensarán en la actriz que ha hecho su trabajo sino en los sentimientos, gestos, palabras, silencios, expresiones, ideas, inexistentes que les he dejado en su interior. Y yo… No puedo disuadirles. ¡Tienen toda la razón! Me he convertido en un texto que acaba sola en las librerías hasta que lectores o intérpretes vuelvan a darles vida. Existir no es caminar hacia una meta, que descubrimos al nacer, sino inventar un trayecto de la mano de la imaginación. Es tan difícil la realidad… ¿Creen que existe? ¿Piensan que estamos vivos? ¿Sabemos por qué habitamos aquí guiados por la lógica? Imposible. ¡Somos el sueño de nosotros mismos!

En este sueño, ustedes me crean como me manifiesto y yo les veo… ¡No puedo distinguir sus rostros! ¿Las luces de la sala? Algo más sencillo. ¡Soy invidente!

(Baja la luz.)

A veces, para consolarme, creo que todos los actores y actrices somos ciegos y la luz, que hay en nosotros mismos es para hacerla llegar al público. Faros que conducen barcos a todos los puertos. Me cuesta tanto engañarme, aunque sea en la mentira incesante de un escenario… Prefiero ser auténticamente yo. Mi historia no es esa. Llegué aquí, a este lugar absurdo, y pronto comprendí que las personas, el mar, estrellas, bosques, flores, la sonrisa de un niño estaban ausentes en mis ojos. No sentí dolor por esa carencia. El que se ve así, desde un principio, ignora la fortuna de los demás y en él palpa el bello jardín para cultivar. Te enseñan, vas aprendiendo y te acostumbras. Un día, era muy pequeña, mis padres me llevaron a una obra de teatro. ¡Qué emoción! Iba a descubrir algo que en mi casa alababan. La gente, que no cesaba de hablar, enmudeció. ¡Me sentí abandonada!

No era cierto. Oía voces en un escenario lleno de sombras para mí. Mi mente se esforzaba para ponerles cara a los cómicos en esta representación infantil. Todos eran animales o seres humanos. Dudaba en la sinceridad de unos y otros. Me hacía gracia que gorilas, leones, tigres, leopardos, elefantes cogiesen a hombres, mujeres, niños y los encerrasen separadamente en una jaula. Los humanos se rebelaban, gritaban. Les decían suplicantes que los dejasen libres para no ver sentenciadas sus vidas para siempre. Los animales hablaban silenciosos y decidieron liberarles. No recibieron ni una palabra de gratitud y se marcharon tristes por esta deshumanización. Los humanos también se fueron con una soberbia que les invadió. Permanecía  feliz un matrimonio que se abrazaba. Duró poco la dicha. Ella le gritaba; le humillaba. Unos gritos… Él le puso un bozal, le pegó y la abandonó. Quedó en el suelo y se puso llorosa a cuatro patas. Apareció un perro y le quitó tiernamente el bozal. Hablaban en voz baja, amorosamente. Caminaron así hasta el silencio. Oía aplausos, comentarios diversos. Salí contenta de la sala con mis padres. ¡El milagro del teatro estaba dentro de mí!

Comencé a leer obras teatrales por Braille. ¡Era como si hubiese creado un maravilloso mundo nuevo! Títulos y más títulos pasaban de las yemas de mis dedos al escenario de mi mente. Iba creciendo y esta cultura aumentaba como si fuese la arquitecta de mi propio coliseo. Ahora era una jovencita y acudía sola a los estrenos. ¡Cuánto me deleitaban! Algunas ya las había leído y ganaban mucho al ser estrenadas. Otras, qué misterio, me gustaba más el recuerdo de su lectura. Desearía cambiarla como la había imaginado; darle mi propia vida. Llegó el momento de trabajar en lo que anhelaba. ¡Sería una actriz!

Me faltaba poco para conseguirlo. El público abarrotaba las butacas. Iba a alzarse el telón. Me encontraba contentísima entre actrices y actores consagrados. ¡Iba a debutar con ellos! Mi papel era tan pequeño. Nada más que una breve frase. La repetía, en voz baja, una y otra vez. Veía en ella algo muy profundo que pasaría a la historia de la dramaturgia con mi nombre. Llegó mi intervención; estaba dentro del decorado. Llevaba una bandeja y caminaba torpemente sin saber dónde me encontraba. Me decidí: Señora, el chocolate está servido. Oí la voz de la protagonista: Doncella, el paragüero está a dieta. Los espectadores reían e hice mutis con la convicción de que mi actuación había sido un éxito.

Tuve que luchar mucho para superarme. Saber moverme entre las tablas como si fuese la seguridad de mi propia casa. Mejoraba, ya era una promesa. Tenía que alcanzar el estrellato. Mi papel de Clara Campoamor…

(Acciona.)

¡Señores! ¡No me convencen la superioridad de sus altas palabras! Nosotras, las mujeres, somos las urnas que los trajimos a la democracia. ¡No lo consentiremos! ¡¡Nuestro voto será igual que el de los hombres!! ¡No pretendernos ganarles! ¡¡Ellos y nosotras somos la misma voz!!

(Confusa.)

Siento… No sé… Es tan extraño… ¿Por qué reacciono así después de haber triunfado? ¿Acaso no lo hice? ¿No he sabido llegar a ustedes? ¿Hacer del palco escénico al público un canal de comunicación? Parece… Las sombras… quieren abrir mis ojos.

(Vuelve la luz de antes.)

¡Les veo! ¡Están ahí! ¡¡Mi luz ha creado su ansiado personaje!!

La Coruña, 5 de julio de 2014

FINAL DE “SOMBRAS EN EL ESCENARIO”.

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