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TANATORIO

de CARMEN POMBERO

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

 

TANATORIO

 

Por Carmen Pombero

 

cpleon5@yahoo.es

 

Estrenada por el Bilingual Cultural Center de Los Ángeles (USA)

 

Publicada por el periódico quincenal LA DIAGONAL en abril de 2005.

 

 

 

 

TANATORIO

MUNICIPAL, NUEVO, DE DISEÑO FUNCIONAL Y MODERNO.

 

Una habitación de diseño, amplia, lineal y de cristales opacos. En el centro, en una urna que parece de titanio, descansan los restos del MARIDO.

El silencio es un leve murmullo que se cuela por los respiraderos para traer a esta habitación los velatorios de las salas contiguas.

Junto al cuerpo del difunto se encuentran su VIUDA afligida, una VECINA solidaria, un COMPAÑERO, amigo del difunto que teme ser el próximo… La VIUDA está con los ojos en carne viva de tanto llorar y mira indistintamente al cadáver y a la pared del fondo. Los otros dos personajes hablan en susurros, lanzando furtivas miradas a la Viuda.

En un lugar apartado, el HIJO, la NUERA y DOS AMIGOS JÓVENES, se mantienen al margen de la muerte conversando de cosas triviales.

 

AMIGO JOVEN 1: Poner la hipoteca a un 5 es mucho más rentable

AMIGO JOVEN 2: Aún estoy asfixiado con las letras de la casa de la playa. Ahora, si nos trasladamos a las afueras

AMIGO JOVEN 1: Es otro coche más, con el seguro y sus gastos

VECINA: (AL COMPAÑERO.) El pobre difunto no era fumador… Pero ya se sabe, el humo está en todas partes. Los coches, el Ozono y eso que dicen de los sprays… Al final, un cáncer de pulmón se lo ha llevado.

COMPAÑERO: El maldito tabaco. En fin, una tragedia. Mañana dejo de fumar.

AMIGO JOVEN 1: (A OTRO AMIGO JOVEN 2, SUSURRA.)¿Quieres un cigarro?

(El Amigo Joven 2 asiente. Ambos se levantan haciendo una inclinación a los presentes y salen de la habitación.)

COMPAÑERO: A todos nos llega la hora.

(La Vecina asiente con pesadez.)

HIJO: Mamá, ¿quieres algo?

(La Viuda no contesta.)

VECINA: ¿Habrá café en este sitio? Estamos tan lejos… a saber dónde tenemos que ir para tomar algo caliente.

NUERA: Hay máquinas ahí fuera, en el pasillo.

(El Compañero lanza una mirada a la cristalera. El destello de los dos cigarros encendidos se ve desde los cristales opacos.)

COMPAÑERO: ¿Máquinas? ¿No hay camareros? ¿Un bar?

VECINA: ¿Quién va a querer venir hasta aquí para trabajar? Con lo lejos que está este

sitio. No hay ni autobús. ¿Cómo van a venir la gente de los pueblos para ver a sus difuntos? Yo, porque me he venido con usted, que si no, no puedo acompañar a la pobre viuda.

COMPAÑERO: Desde luego. Está muy mal. Un Tanatorio en la periferia...

(Se oye un grito de dolor lejano.)

HIJO: Es mejor así. Antes, cuando el Tanatorio estaba en la ciudad, se formaban muchos atascos.

COMPAÑERO: Sí… eso es verdad. Porque antes un velatorio era un acontecimiento social. Te reencontrabas con amigos y familiares que no veías desde hacía tiempo

VECINA: La muerte une más que separa.

 

(La Viuda suspira amargamente. Todos la miran.)

HIJO: Mamá, ¿te traigo algo de comer?

VECINA: ¿Y dónde vas a comprar comida?

COMPAÑERO: Si no hay ni un bar para tomar una tapa.

NUERA: Hay una máquina ahí fuera, en el pasillo. Tiene sándwiches, chocolatinas, pipas…

COMPAÑERO: ¿Cómo? ¿Un puestecito de chucherías? Ah, pues eso está bien. Así uno se entretiene

VECINA: (A LA NUERA.) Sí, porque estas cosas se hacen muy largas…

(De pronto, el llanto plañidero de un funeral gitano se escucha violentamente procedente del pasillo.

La Vecina y el Compañero se miran. Luego, intercambian un gesto con la Nuera y el Hijo. Éste último se levanta y encaja bien la puerta para que haya menos ruido.)

VECINA: Ese jaleo de ahí fuera me recuerda a antiguamente, cuando a un velatorio venía más gente y pasabas un rato agradable. Cuando eran en casa del difunto, (A LA NUERA) usted no se acordará porque es joven, las hermanas de la viuda servían unos refrigerios para los asistentes... Era como si fueses a una boda.

COMPAÑERO: Ya no se llevan esas reuniones multitudinarias para acompañar a la familia del difunto, mujer. ¿Ha visto los documentales de Localia? En los países subdesarrollados siguen haciendo unos rituales mortuorios… que en fin, como la que están organizando ahí fuera esos gitanos. Pero nosotros, tenemos más cultura... estamos en Europa.

NUERA: (AL HIJO.) Voy a salir a fumarme un cigarro. Mamá, ¿no quieres nada?

(La Viuda suspira y rompe a llorar. La Nuera la mira. Se queda de pie unos instantes, sin acercarse. Finalmente, como no sabe qué hacer, sale, procurando cerrar bien la puerta para que el llanto de su suegra no salga de la habitación.  Se hace un incómodo silencio entre los personajes.)

VECINA: (A LA VIUDA QUE SIGUE LLORANDO DESCONSOLADA.) ¿Qué vais a hacer con las cenizas?

HIJO: Las íbamos a guardar, pero en casa no tenemos sitio para tantas cosas. Le he dicho a mamá que mejor las tiremos al río.

VECINA: Ah, sí. Eso es muy bonito. Sí, con pétalos de flores

COMPAÑERO: Desde una barca. Queda muy bien.

HIJO: Pero con pocas personas. La gente está muy ocupada para estas cosas. El trabajo, los compromisos y los niños con el cole, el tenis, la informática…

COMPAÑERO: Demasiado estrés. No se puede sobrecargar la agenda.

(El llanto más fuerte  hace que los tres personajes vuelven a mirarse… Al fin, desvían la vista hacia los cristales opacos, como si nada, donde tres destellos de cigarrillos juguetean. Un nuevo grito desgarrador de la Viuda les sobresalta. Se miran de reojo.)

COMPAÑERO: (EN CONFIDENCIA.) Será mejor que la dejemos sola…

 (El Hijo y la Vecina asienten y se levantan. El Hijo abre la puerta con sigilo. El Compañero y la Vecina, con cuidado y aliviados, salen. El Hijo cierra bien la puerta. La Viuda queda sola y su llanto amargo rebota en las paredes.)

 

cpleon5@yahoo.es

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