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Una tragedia argentina

de Daniel Dalmaroni

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

UNA TRAGEDIA ARGENTINA

 

de Daniel Dalmaroni 

danieldalmaroni@gmail.com

 Personajes:

HUGO, 50 años

SUSANA, 45 a 50 años

MARIO, 42 años

ROY, 25 años.

VIETNAM, 23 años

 

 

 

 

La escena:

Muy pequeña cocina de una casa de clase media. Hay una mesada, una cocina, una heladera, lavarropas, secarropas. Por un pequeño ventiluz entra la poca luz natural. Hay tubos fluorescentes en el techo y en una de las paredes, sobre la mesada. También hay una mesa y unas sillas que ocupan casi toda la cocina. La familia transita por ella con incomodidad, se chocan los muebles, tiran objetos al piso o sobre la mesa. Constantemente. En la mesada y en la mesa hay una gran cantidad de cuchillos, cuchillas, tijeras, tenedores, que irán tomando y dejando alternativamente durante toda la pieza.

 

  

ESCENA I

 

(Hugo está parado frente a Mario. No hablan. Silencio espeso. Pasa Susana de una punta a la otra de la cocina, en el camino toma un objeto de la mesada. Mario la mira cuando se va. Susana sale. Pausa)

 

HUGO.- (Que ha visto a Mario mirar a Susana, dice, como al pasar) ¿Qué mirabas?

 

MARIO.- El culo de Susana.

 

HUGO.- (Se ríe) No, en serio., ¿Qué mirabas? ¿Tenía el pantalón descosido?

 

MARIO.- No. Le miraba el culo. Es formidable.

 

HUGO.- (Sorprendido, pero divertido por la “ocurrencia” de Mario) ¿Qué? No, en serio, boludo. ¿Qué le pasa al pantalón de Susana?

 

MARIO.- Nada. Nada. (Pausa. Hugo lo mira) Dejalo ahí.

 

HUGO.- Ah, bueno.

 

(Pausa larga)

 

HUGO.- (Que se ha quedado pensativo) Mario. No, la verdad. ¿Le pasa algo al pantalón de Susana?

 

MARIO.- No. Te dije que nada.

 

HUGO.- Pero algo le mirabas.

 

MARIO.- Te dije que sí, Hugo.

 

HUGO.- ¿Qué?

 

MARIO.- El culo. El culo, te dije.

 

HUGO.- ¿El culo de Susana? Pero... el... el... el culo... el culo ¿en qué sentido? No te entiendo. (Pausa) ¿Te gusta el culo de Susana?

 

MARIO.- Sí.

 

HUGO.- (Que se ha puesto nervioso, pero no llega a dar crédito de lo que escucha) No entiendo. ¿Qué pensás cuando se lo mirás?

 

MARIO.- Pensaba cómo me gustaría hacerle el culo.

 

HUGO.- Esperá. No seas grosero, nabo. Decime la verdad. Te estoy hablando en serio.

 

MARIO.- Yo también te hablo en serio.

 

HUGO.- ¿Cómo que me hablás en serio? (Reaccionando. Toma una cuchilla) ¡Vos sos un hijo de puta! Te querés acostar con tu cuñada.

 

MARIO.- Pará, pará. ¿Quién dijo eso?

 

HUGO.- ¡Sos un hijo de puta! (Lo tajea sin querer en un brazo. Se trata de un pequeño tajo, superficial)

 

MARIO.- Pará, pará. ¿Qué hacés?

 

HUGO.- Perdoná. No me di cuenta. Tomá. (Le alcanza una servilleta de papel con la que Mario se seca la sangre) Pero sos un hijo de puta.

 

MARIO.- Pará. ¿Yo qué dije?

 

HUGO.- ¿Qué dijiste? ¿Qué dijiste? Que te querés encamar con Susana.

 

MARIO.- ¿Yo dije eso? Pará. Reconstruyamos la situación.

 

HUGO.- ¿La situación? Te pesqué mirándole el culo a Susana.

 

MARIO.- Sí.

 

HUGO.- Te pregunté qué hacías.

 

MARIO.- Sí.

 

HUGO.- Me dijiste que mirándole el culo.

 

MARIO.- Sí.

 

HUGO.- Te pregunté por qué.

 

MARIO.- Sí.

 

HUGO.- Me dijiste que te gustaba.

 

MARIO.- Dije que tenía un culo formidable.

 

HUGO.- Es lo mismo, para el caso.

 

MARIO.- Está bien.

 

HUGO.- Te pregunté qué pensabas cuando se lo mirabas.

 

MARIO.- Sí.

 

HUGO.- Me dijiste que pensabas en hacerle la cola.

 

MARIO.- Sí.

 

HUGO.-  ¿Sí? ¿Insistís? Te querés encamar con ella. ¿Por qué lo negás?

 

MARIO.- No dije eso. No te preocupes, no voy a intentar nada.

 

HUGO.- Pero querrías.

 

MARIO.- No es así.

 

(Entra Susana nuevamente)

 

HUGO.- ¿Sabés que me vengo a enterar que este hijo de puta te quiere coger?

 

SUSANA.- Sí, ya sé.

 

HUGO.- ¿Cómo?

 

SUSANA.- Que ya me di cuenta.

 

HUGO.- Pará. ¿Acá el único boludo soy yo? ¿Cómo que ya sabías?

 

SUSANA.- Me vive mirando el culo. Me clava la mirada en el culo.

 

HUGO.- ¡Ustedes son dos hijos de puta!

 

SUSANA.- Cuidá el vocabulario, querés. Ojito. Respeto, che.

 

HUGO.- ¿Mi hermano se quiere encamar con vos, vos lo sabés y está todo bien?

 

SUSANA.- Que él quiera tener algo conmigo no significa nada para mí. Es un problema de él. Si además, es un tarado bárbaro.

 

MARIO.- ¿Cómo? ¿Yo, un tarado?

 

SUSANA.- Y un pervertido, que no sólo me mirás a mí, sino a tu sobrina.

 

HUGO.- ¿A la nena también te la querés coger?

 

MARIO.- Yo no me quiero coger a nadie. (A Susana) Pero, ¿cómo que soy un tarado?

 

SUSANA.- Ah, lo de pervertido no te jode. Lo de tarado, sí.

 

MARIO.- ¿Hermano, me está insultando tu mujer y vos no decís nada?

 

HUGO.- (A Susana) Susana, pará un poco. Se quiere encamar con mi mujer y mi hija. De tarado no tiene nada. (A Mario) ¡Sos un hijo de puta!

 

MARIO.- Ustedes están locos. ¿No decía Susana recién en la mesa que había que sacar las cosas afuera, las cosa que tenemos ocultas, mordidas, atragantadas, secretas?

 

SUSANA.- (A Hugo, por Mario) Éste me mira porque soy linda y vos, en lugar de estar orgulloso, te ponés como loco.

 

MARIO.- Además, te hacés el loquito conmigo y con tu hijo te hacés el gil.

 

HUGO.- ¿Qué pasa con Roy? ¿Qué pasa?

 

SUSANA.- Eso ¿qué pasa?

 

MARIO.- Lo evidente pasa.

 

SUSANA.- No te hagás el enigmático.

 

HUGO.- Hablá. Digamos lo que haya que de decir. Todo. Lleguemos hasta el hueso. Al fondo.

 

MARIO.- El chico se trasviste todas las noches y ustedes lo siguen tratando como si nada.

 

HUGO.- ¿Qué decís?

 

SUSANA.- ¿Se qué?

 

MARIO.- Se trasviste.

 

SUSANA.- Difamador.

 

APAGÓN breve

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA II

 

 

(Susana, Hugo y Mario parados alrededor de una silla en la que está sentado Roy, un joven de 25 años vestido y maquillado como una mujer)

 

HUGO.- A ver... empecemos de nuevo. Roy, ¿desde cuándo te gusta la ropa de mujer a vos?

 

SUSANA.- (Llora) No lo puedo creer.

 

MARIO.- Lo importante no es si le gusta lo ropa de mujer. Tu hijo es gay, Hugo.

 

HUGO.- (A Mario) Sos un animal. (A Roy que permanece callado) No lo escuches a tu tío. Tranquilizate. Decíme... vos... aparte de que te gusta vestirte de mujer...¿te gustan los hombres o esto es como una especie de vocación artística... como una forma de expresión... como esos tipos que se  visten de algo y hacen de estatuas en la calle Florida?

 

MARIO.- Es gay, Hugo.

 

HUGO.- (A Mario) ¡Ya te escuché! Ahora callate un rato, querés. (A Roy) ¿Ubicás de lo que te hablo? Digo que tal vez te guste ser estatua... bah, hacer de estatua... vestido de mujer. Yo me acuerdo que lo de las estatuas empezó con algunos que se maquillaban de blanco y se ponían una sábana encima y nada más y ahora están muy producidos, con trajes de época y cosas por el estilo. ¿Querés ser actor vos o mimo en las plazas o algo así?

 

SUSANA.- (Sigue llorando) ¡Nuestro hijo es trolo, Hugo! ¡Hay que asumirlo! Trolo, gay...

 

MARIO.- (La interrumpe) Marica, pederasta, mariquita, mariposa, invertido, puto...

 

HUGO.- ¡Callate, querés! (A Roy, calmo) Decime, ¿es una etapa, se te va a pasar, es como un desafío? (Brutal)  ¿¡Qué carajo!? ¡Decía algo, puto de mierda! (Le pega un cachetazo a Roy, que casi no acusa recibo) APAGON breve

 

 

ESCENA III

 

 

(Misma situación que la escena anterior. Roy habla amaneradamente, muy femenino)

 

ROY.- ¿Se acuerdan cuando me mandaron a la escuelita de fútbol, a los ocho años? Bueno, fui los primeros días, pero después no. Después me hice amigo de un chico que vivía a la vuelta del club, un chico rubiecito, pequeño, dulce, muy dulce.

 

HUGO.- (A Susana) ¿Vos viste lo que hay que escuchar? ¿Chico dulce, dijo?

 

ROY.- Jugábamos a las escondidas en un galpón que tenía el padre en el fondo de la casa. Había sido una carpintería, pero el padre había muerto y la habían cerrado. A ninguno de los dos nos gustaba el fútbol y preferíamos rajarnos del club para ir a su casa, al galpón. Un día jugábamos a las escondidas y yo me había escondido en una heladera vieja que no usaban. Él me encontró allí y en lugar de ir a cantar piedra libre, me empujó, juntos caímos al suelo y me besó. Me besó en la boca.

 

HUGO.- ¿Yo escuché mal o dijo que el chico dulce lo besó en la boca? ¿En el barrio de la Boca o en la boca? ¿En los labios, nene?

 

SUSANA.- (Que no para de llorar) Callate.

 

MARIO.- (Se manosea levemente la entrepierna) En la boca, dijo, Hugo. En la boca.

 

ROY.- Yo primero escupí, me dio asco que me besara. Pero él empezó a tocarme entre las piernas...

 

HUGO.- Suficiente para mí. Cortala ahí nomás.

 

SUSANA.- ¿Te hiciste gay a los ocho años? (Rompe en nuevo llanto. Toma una tijera)

 

ROY.- El chico es judío. Yo tenía curiosidad por los judíos. Por cómo eran los penes de los judíos.

 

HUGO.- ¿Los penes de los judíos?

 

MARIO.- Sí, dijo “los penes de los judíos”.

 

HUGO.- ¿Qué hay con los penes de los judíos? Están circuncidados. Eso es todo.

 

ROY.- Yo tenía curiosidad. Como sería eso de tener el pene cortado. Qué tan distinto sería al mío.

 

HUGO.- ¿Y para eso te metiste con el pibe rubiecito? No hubieras dejado de ir a la escuelita de fútbol y te fijabas en las duchas.

 

ROY.- Me atraen los judíos.

 

SUSANA.- (Sigue llorando) Te atraen los tipos. Serán judíos, pero son tipos, Roy. (Sin querer tajea apenas a Roy en la cara con la tijera que llevaba en la mano) Ay, disculpá.

 

ROY.- ¿Qué me hiciste?

 

HUGO.- Dejá esa tijera ahí.

 

SUSANA.- (A Roy) Te dije que me diculpes. (A Hugo) ¿No puedo agarrar una tijera en mi propia casa? (A Roy) Fue sin querer. Me distraje con esto de que te atraen los judíos. (Le alcanza un repasador para que se lo ponga en la cara) Tené.

 

ROY.- (Mientras se cubre la herida con el repasador) Tanto que me bauticé y me circuncidé yo también.

 

HUGO.- ¿Sos judío, ahora? (Grita) ¡Puto y judío!

 

MARIO.- Aún no explicó lo de la ropa de mujer.

 

HUGO.- ¿Qué importa si se lo empoman vestido de mujer o con un disfráz de Batman?

 

MARIO.- Yo quiero detalles.

 

ROY.- Tiempo después jugábamos a la mamá y al papá y él me propuso que le sacáramos ropa a la hermana y que yo hiciera de la mamá...

 

(Entra Vietnam, visiblemente embarazada)

 

VIETNAM.- (A todos) Hola. (A Roy) ¿Qué hacés todavía vestido así? Te dije que mi remera azul no te la prestaba. Sacátela.

 

SUSANA.- ¿Vos sabías, Vietnam?

 

VIETNAM.- (A Mario) Dejá de mirarme así, vos, degenerado. Me sacás una radiografía cada vez que me mirás. ¡Pajero!

 

MARIO.- Y vos mirá cómo te vestís, con ese vestido tan corto... tan corto... (se queda mirándola extrañado) y... con...con... esa... esa... ¿panza?

 

SUSANA.- ¿Qué panza?

 

HUGO.- ¿Qué panza? ¿Qué panza?

 

VIETNAM.- Bueno, pensé que ya se habían dado cuanta. Bueno. Nada. Sí, tengo panza. Estoy de seis meses.

 

HUGO.- Vietnam, hija... ¿De seis meses de qué?

 

SUSANA.- (Llorando, pero a los gritos) ¡De embarazada!

 

MARIO.- (Se le acerca y se tropieza con algún objeto o mueble. Se queja) ¡Pero carajo!

 

SUSANA.- (Mientras mira inquisitiva a Mario. A Vietnam) ¿De quién?  Expliquen.

 

MARIO.- ¿A mí qué me mirás?

 

SUSANA.- Porque sos un degenerado.

 

MARIO.- Si el primer sorprendido fui yo.

 

HUGO.- (Que no puede creerlo y no deja de mirar la panza de su hija) ¿Embarazada, en serio, nena? (Le pega un cachetazo a Vietnam, que casi no acusa recibo)

 

VIETNAM.- Sí, papá. Embarazada. Seis meses. Bueno. Nada. Pensé que ya se habían dado cuenta.

 

SUSANA.- ¿Si no decís las cosas cómo querés que nos demos cuenta?

 

HUGO.- Puta. Puta. Tengo una hija puta y un hijo puto.

 

MARIO.- Puto y judío.

 

VIETNAM.- Ninguna puta. ¡Ojito!

 

SUSANA.- Y un hermano degenerado. (Se tropieza. Se fastidia) Correte, querés. (Pausa) Basta. No quiero más sorpresas. No quiero más sorpresas en esta familia. No quiero más sorpresa en el día de hoy ¿No les parece suficiente?

 

HUGO.- No. Pará. Quiero saber todo. Todo. ¿Alguien tiene algo más que decir?

 

SUSANA.- Basta. ¿Para qué? Terminala. No te va a hacer bien.

 

HUGO.- (Insistente) ¿Alguien tiene algo más para confesar en esta familia?

 

MARIO.- (Sentado en un costado) Tengo cáncer.

 

APAGÓN breve

 

 

 

ESCENA IV

 

 

SUSANA.- ¿Cáncer? ¿Dónde? ¿De qué?

 

MARIO.- De próstata.

 

HUGO.- ¿A los cuarenta años?

 

MARIO.-  Cuarenta y dos.

 

SUSANA.- Es por el exceso de actividad sexual.

 

HUGO.- ¿Cómo?

 

SUSANA.- El cáncer de próstata se da en mayores de cincuenta. Cuando se da en menores de cincuenta es por exceso de actividad sexual.

 

VIETNAM.- ¿Éste con exceso de actividad sexual?

 

SUSANA.- Entonces es por la masturbación. Exceso de masturbación. El cáncer de próstata en menores de cincuenta es por exceso de actividad sexual o por exceso de masturbación. Lo leí hace tiempo. Los primeros síntomas no se perciben porque no hay dolor ni nada visible, pero después, al tiempo, la próstata se les empieza a hinchar. De un tamaño parecido al de una pelotita de ping pong se transforma de golpe en una cosa como una de tenis y después como una de... de... bueno, enorme. Y un día explota.

 

MARIO.- (Cabizbajo) Estás diciendo pavadas. Es todo lo contrario. La masturbación no tiene nada que ver. Y nada explota, Susana. Dejá de decir pavadas.

 

SUSANA.- (A Mario) ¿Yo, pavadas? Jamás en mi vida dije una sóla pavada, Mario. Jamás. (A los demás) Les juro que explota. Lo leí. Lo leí. (Pausa) Ahí es cuando se mueren.

 

HUGO.- (Angustiado) Y... y... ¿qué vas a hacer?

 

SUSANA.- (Terminante) Se va a morir.

 

VIETNAM.- Por exceso de actividad sexual... No está mal...

 

SUSANA.- Esperen, esperen un cacho. No nos vayamos por las ramas con el tema de la próstata de éste.

 

HUGO.- (Furioso) ¿Se va a morir y vos decís que nos estamos yendo por las ramas?

 

SUSANA.- Nadie se va a morir ahora.

 

MARIO.- (Resignado) Tiene razón Susana. Estoy en tratamiento.

 

SUSANA.- Con más razón. Mientras él está en tratamiento podemos hablar de lo que hay que hablar. Insisto: no nos vayamos por las ramas. Acá hay cosas sin aclarar. (A Roy) Vos que sos puto y te quedaste en una explicación de cuando tenías seis años.

 

ROY.- Ocho.

 

SUSANA.- Bueno, es lo mismo, para el caso. Y no corrijas a tu madre. (A Vietnam) Y vos... vos...

 

HUGO.- ¿Quién carajo es el padre de mi nieto?

 

MARIO.- (Mira a Susana) Eso. Despejemos dudas.

 

VIETNAM.- ¿Les parece que eso es importante, ahora?

 

HUGO.- Claro que es importante. Vas a tener un hijo dentro de un mes...

 

VIETNAM.- (Lo interrumpe) Tres meses, papá. Si es prematuro, dos. Pero no uno. (Se choca con Mario) ¿Qué hacés vos acá? Movete para allá, dale.

 

HUGO.- Da lo mismo. Da lo mismo. Si no tiene padre, un mes o tres no alcanzan para conseguirle uno.

 

VIETNAM.- Nadie quiere conseguirle un padre. Tiene padre. (Se choca con una silla. Se enfurece. Toma una cuchilla) La puta madre... (A Susana) ¿Podés correrte para allá?

 

SUSANA.- Bueno. Digamos su nombre, entonces.

 

VIETNAM.- Pablo.

 

ROY.- (Alarmando. Toma un cuchillo) ¿Qué Pablo?

 

VIETNAM.- Pablo.

 

SUSANA.- Eso, ¿qué Pablo?

 

HUGO.- ¿Qué Pablo?

 

MARIO.- ¿Pablo? (Se manosea levemente la entrepierna)

 

ROY.- ¿Pablo? (Le tajea apenas a Vietnam una pierna)

 

VIETNAM.- Cuidado, animal.

 

ROY.- Ay ¿qué hice? Perdoname.

 

VIETNAM.- Está bien. (Toma una servilleta de papel y se la pone en la herida que es bastante superficial)

 

ROY.- Dijiste Pablo. ¿Mi Pablo?

 

VIETNAM.- (Irónica) Tu Pablo, tu Pablo. Eso de que es tu Pablo...

 

APAGÓN breve

 

  

ESCENA V

 

 

(Misma situación que la escena anterior)

 

HUGO.- (Se choca con el lavarropas. Se enoja. Toma un cuchillo) ¡A ver si se corren un poco! ¿Quién carajo es Pablo?

 

MARIO.- Parece que el chico dulce que besó a los ocho años a tu hijo adentro de una heladera.

 

ROY.- ¿Eso es verdad, Vietnam?

 

VIETNAM.- Fue un descuido. (Roy llora aniñadamente. Pausa) Bueno. Nada. En el fondo la culpa es tuya.

 

MARIO.- ¿Un descuido? ¿Lo besa en la boca a éste adentro de una heladera y a vos te hace un hijo por descuido?

 

ROY.- La heladera estaba desconectada.

 

MARIO.- (Lo mira sorprendido por la aclaración) ¿Y?

 

ROY.- Quiero decir... que... que decir que me besó en una heladera, suena horrible... poco romántico... (A Vietnam) ¿Cómo un descuido?

 

HUGO.- Callate, querés.

 

VIETNAM.- (A Roy) Es culpa tuya.

 

HUGO.- ¿De él? ¿De Roy? Si él es puto ¿qué tiene que ver con tu embarazo?

 

ROY.- ¿Mi culpa?

 

SUSANA.- Explicale a tus padre, Vietnam, querida.

 

VIETNAM.- (Por Roy) Este tarado empezó usando la ropa de la hermana de Pablo, pero después fue creciendo y como la hermanita de Pablo es petisita, chiquita, la ropa no le entraba más. Bueno. Nada. Que entonces se empezó a poner la mía. Primero alguna calza, una remera. Pero después se entusiasmó, el muy puto, y me sacaba los corpiños, las tangas, las medias y hasta los cosméticos.

 

ROY.- Vos me la prestabas.

 

SUSANA.- (Abre la heladera y come cualquier cosa que encuentra con desesperación. Habla con la boca llena. Apenas se le entiende) Terminemos la fiesta en paz.

 

VIETNAM.- Primero me la robabas, después te la empecé a prestar. Me dabas lástima.

 

ROY.- ¿Lástima? Nunca me dijiste que era por lástima. Me decías que te gustaba tener una hermana en lugar de un hermano.

 

MARIO.- A los putos se les dice cualquier cosa.

 

ROY.- (A Mario) Bruto.

 

HUGO.- Volvamos a este chico Pablo.

 

MARIO.- El dulce. (Se manosea levemente la entrepierna)

 

HUGO.- Callate, porque me voy a olvidar de que te estás por morir, vos.

 

VIETNAM.- Nada, que Pablo se acostumbró tanto a mi ropa que un día me vio vestida igual a Roy y me empezó a seducir. Y el pibe es... bueno... es...

 

HUGO.- Dulce.

 

VIETNAM.- Sí, dulce.

 

HUGO.- Y te embarazó.

 

ROY.- Sos lo peor, Nam.

 

SUSANA.- (Mientras sigue comiendo, casi con la boca llena de comida) Te embarazó el novio de tu hermano que se viste como si fuera tu hermana.

 

HUGO.- Tengo una familia de perversos, degenerados... (No sabe qué más decir, por fin dice) ...drogadictos.

 

MARIO.- (Sorprendido) Es prescripción médica.

 

HUGO.- ¿Qué?

 

MARIO.- Es prescripción médica. A veces me paso un poco, pero... bueno... los dolores son intensos.

 

SUSANA.- (A Mario) ¿Te drogás?

 

MARIO.- Son remedios.

 

VIETNAM.- Con razón andás siempre tan sacado.

 

HUGO.- ¿Sos drogadicto?

 

MARIO.- (Grita) Dije que es por prescripción médica. (Toma una cuchilla. Le tajea sin querer un brazo a Hugo. Es un tajo superficial)

 

HUGO.- Pará, hermano. Me lastimaste.

 

MARIO.- Perdón. (Hugo toma un repasador y se lo pone en la herida. Pausa) En el Centro de Recuperación de Adicciones me dicen que estoy dentro de valores normales. Comprenden mi situación.

 

SUSANA.- ¿Vas a un Centro de Recuperación?

 

MARIO.- Sí, es un lugar muy serio. Pertenece a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

 

HUGO.- Mormones.

 

MARIO.- Sí.

 

HUGO.- (Insiste) ¡Sos drogadicto! ¡Y mormón! Sos un degenerado, que te querés coger a toda la familia. Perverso. Mormón perverso. (A todos) Manga de degenerados.

 

VIETNAM.- No exageres, papá. Además, vos no hablés... esto debe venir de familia.

 

HUGO.- ¿Cómo?

 

SUSANA.- ¿Cómo de familia?

 

VIETNAM.- Me refiero al abuelo.

 

SUSANA.- Respetá la memoria de mi padre.

 

VIETNAM.- No me refiero a tu papá, sino al abuelo Emilio, a la historia del papá de estos dos (por Hugo y Mario)

 

SUSANA.- Basta, Vietnam. No es así como se dicen las cosas, nena.

 

HUGO.- ¿Qué pasa con papá?

 

SUSANA.- Terminemos la fiesta en paz, Nam.

 

MARIO.- Eso. ¿Qué pasa? (Se tropieza con una silla. Se enoja. Toma una tijera grande) ¡Esta cocina de mierda!

 

HUGO.- ¿Qué historia?

 

MARIO.- La de nuestro padre. Se ve que hay una historia para contar. Que la cuenten.

 

SUSANA.- ¿No les parece suficiente? APAGÓN breve.

 

  

ESCENA VI

 

 

(Misma situación que la escena anterior)

 

HUGO.- ¿Qué pasa con papá? ¿Qué pasa?

 

VIETNAM.- Eso, contá mamá. ¿Qué pasó con el papá de ellos dos? (Se tropieza con la mesa. Toma una cuchilla. A Mario, violenta) ¡Dejá de mirarme el culo, vos, que se te va a hinchar más la próstata! (Le pega un cachetazo a Mario, que casi no acusa recibo)

 

MARIO.- ¿Yo que hice? (Se sienta a la mesa y tira objetos que había sobre ella) ¡La puta madre!

 

HUGO.- Papá murió cuando éramos chicos. Fue un gran hombre. Era veterano de guerra. Además era un genio.

 

MARIO.- Había inventado un idioma nuevo. Un idioma universal. Como el esperanto, pero más fácil.

 

VIETNAM.- (Falsamente interesada) ¿Y qué hacía con ese idioma?

 

HUGO.- Era una mezcla de chino, japonés, inglés, catellano y una serie de voces aborígenes americanas. Nunca pudo editar la gramática y el diccionario de ese idioma, pero daba clases. Iba casa por casa y daba clases.

 

VIETNAM.- Exacto. Casa por casa.

 

MARIO.- Ganaba guita con eso. Y murió. Lo arrolló un carro cuando él iba en bicicleta a visitar a una de sus alumnas. Lo operaron, pero murió. (Breve pausa) Idiolecto universal.

 

HUGO.- ¿Cómo?

 

MARIO.- ¿Te acordás que le había puesto “idiolecto universal” al idioma ese?

 

HUGO.- Había tomado las palabras más sencillas de cada idioma. Es decir, aquellas palabras que, en principio, tenían un solo significado. No varios. Que no se prestaban a equívocos. Pero las palabras de cada idioma no se escribían como en su idioma original. La escritura estaba adaptada a la forma más exacta a la representación de los sonidos de ese idioma.

 

MARIO.- ¡Cómo te acordás! Claro, yo era muy chico.

 

HUGO.- A mí me lo contaron. Me lo contó mamá.

 

MARIO.- Para mí era un kilombo. No entendía nada.

 

HUGO.- Para mí también.

 

VIETNAM.- (Harta de escucharlos) ¿De qué hablan? ¡Basta de pavadas!¡Qué tarados! ¿Así que era un genio y lo atropelló un carro? ¿Lo operaron? (Sigue con la cuchilla en la mano) Un genio. ¿Lo arrolló un carro? ¿Ustedes lo vieron?

 

HUGO.-¿Qué querés decir?

 

MARIO.- Eso. ¿Qué querés decir? (Susana mete la cabeza adentro de la heladera)

 

VIETNAM.- Contemosló, mamá, de una vez por todas. Si lo tenemos mordido, oculto desde hace años...

 

HUGO.- ¿De qué hablan?

 

VIETNAM.- Tu papá no murió. El abuelo vive. Tiene como noventa años, pero vive. Está internado en un neurosiquiátrico. Violaba adolescentes. Bueno. Nada. Daba clases del idioma ese que decía que había inventado y se violaba a las adolescentes que tenía como alumnas. Un degenerado. (Por Mario) Como éste. Y eso no es todo. (Se da vueltas para señalar a Mario y con la cuchilla le tajea un brazo)

 

MARIO.- (Dolorido, tomándose el brazo que sangra) Pará... ¿Qué hacés? (Se pone un repasador en el brazo para contener la sangre)

 

VIETNAM.- (A  Mario) Perdoname. No me di cuenta.

 

HUGO.- ¿Qué decís?

 

VIETNAM.- Lo juzgaron, al abuelo. Pero lo declararon inimputable cuando le contó al juez lo del idioma que había inventado. Bueno. Nada. Le hablaba al juez en ese idioma y lo trataba de inculto por no saber hablarlo. Y lo internaron de por vida en un loquero. Allí está, cerca de Cañuelas. Internado, papá. Internado. No murió ni fue un genio, ni nada.

 

HUGO.- ¿Qué pavadas inventás? ¿De dónde sacaste eso? Tuvo un accidente. Lo operaron y no sobrevivió. De eso estoy seguro.

 

VIETNAM.- ¿Por qué estás tan seguro? Eras chico.

 

HUGO.- Doné un riñón. (Pausa)

 

SUSANA.- Hugo... tu mamá... nunca quiso que ustedes supieran la verdad. Quería que tuvieran la mejor imagen de tu padre. Inventó lo del accidente...

 

HUGO.- (Enfático) Dije que doné un riñón. Vos lo sabés. Ustedes lo saben.

 

(Pausa. Todos se miran. Detenidos)

 

SUSANA.- ¿No te digo que tu madre nunca quiso que supieran la verdad? Cuando inventó lo del accidente, quiso que la mentira fuera perfecta, que tuviera aspectos inobjetables. Ahí apareció la idea del riñón.

 

HUGO.- Tengo la cicatríz.

 

SUSANA.- Sí.

 

HUGO.- ¿Querés decir que me hicieron un tajo y listo?

 

SUSANA.- Mirá, en aquellas época, yo no te conocía, pero cuando tu mamá me lo contó, antes de morirse, me explicó que lo del riñón era cierto.

 

HUGO.- ¿Me sacaron el riñón en serio?

 

SUSANA.- Parece que sí.

 

MARIO.- Esto es una locura.

 

VIETNAM.- ¿Quién dijo que no lo fuera?

 

SUSANA.- (No del todo decidida) Todo el mundo lo sabe menos vos y Mario. Yo te lo hubiera querido decir, pero...

 

HUGO.- ¿Papá vive? Y mamá...

 

SUSANA.- (Seria) No, no. Tu mamá está muerta en serio. A esa la ví yo morirse.

 

HUGO.- Iba a decir que mamá nos engañó a todos.

 

MARIO.- Me duele.

 

HUGO.- A mí también me duele.

 

MARIO.- Me refiero a mi brazo.

 

HUGO.- (A Susana) ¿Vos lo supiste desde siempre?

 

VIETNAM.- Si ella lo va a visitar desde hace años.

 

HUGO.- ¿A quién? ¿A papá?

 

MARIO.- ¿Cómo? ¿Vos lo ves?

 

SUSANA.- Nam, Callate. Tranquilicemonos.

 

VIETNAM.- ¿No querían toda la verdad de una vez por todas? ¿No la querían?

 

SUSANA.- No es el modo, nena.

 

VIETNAM.- ¿Y cómo es el modo, mamá?

 

HUGO.- Eso digan toda la verdad.

 

MARIO.- ¿Hay más?

 

SUSANA.- Ya es suficiente. Insisto: terminemos la fiesta en paz.

 

VIETNAM.- Ella visita al abuelo desde hace años. Hace más de veinticuatro años.

 

SUSANA.- Detenete ahí, Nam.

 

VIETNAM.- ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene ya?

 

HUGO.- (Enfático) Hablen.

 

SUSANA.- (Decidida) Está bien. Está bien. ¿Querés la verdad? ¿Quieren toda la verdad en esta casa? ¿La quieren?

 

HUGO.- (A Susana) Decí lo que haya que decir.

 

VIETNAM.- (Se adelanta) Yo no soy tu hija.

 

HUGO.- (A Vietnam) ¿Cómo?

 

SUSANA.- (A Hugo) Es tu hermana.   

 

 

APAGÓN breve

 

  

ESCENA VII

 

 

(Misma situación que la escena anterior)

 

VIETNAM.- Hermanastra o media hermana, para ser más precisos.

 

HUGO.- ¿Hermana de quién?

 

VIETNAM.- De los dos.

 

SUSANA.- De ustedes.

 

HUGO.- Pará, pará. ¿Quiénes ustedes?

 

MARIO.- ¿Nuestra hermana?

 

SUSANA.- Sí.

 

VIETNAM.- (A Hugo) Media hermana de vos y de Mario. (Roy llora)

 

HUGO.- (Se levanta de la silla, sigue con el cuchillo en la mano. Al levantarse y acercarse a Vietnam con violencia, le tajea el cuello sin darse cuenta) Explíquense.

 

VIETNAM.- (Dolorida y sangrando por el cuello) ¿Qué hacés, animal? Me lastimaste. (Toma un repasador y se lo lleva al cuello para contener la sangre)

 

HUGO.- Perdoname. Lo hice sin querer. (A Susana y Vietnam) Dije que me explicaran. ¿Me están jodiendo? (Como iluminado. Sonríe muy nervioso) Ustedes me están jodiendo. Me están jodiendo desde hoy. Esto es todo una joda. ¿Qué hacen? ¿Teatro vocacional en el Club de acá a la vuelta y están practicando?

 

VIETNAM.- ¿Qué teatro?

 

HUGO.- (Por Roy) ¿Por eso éste está vestido así? ¿Les faltan minas y le dieron un papel de mina a él?

 

SUSANA.- No, Hugo. No.

 

VIETNAM.- ¿De qué hablás? ¿A vos te parece que esto puede ser teatro?

 

SUSANA.- (Decidida a explicar) Hace años empecé a visitar a tu papá. No sabía que se trataba de él. Lo conocí casi por casualidad.

 

HUGO.- ¿Cómo?

 

VIETNAM.- Explicá todo, mamá.

 

SUSANA.- Una amiga del Templo me dijo que en lugar de ir casa por casa predicando podíamos ir a Hospitales y centros de salud y matar varios pájaros de un tiro.

 

HUGO.- ¿Qué Templo? ¿De qué hablás?

 

SUSANA.- Cuando era Testigo.

 

HUGO.- ¿Qué? ¿Cuándo?

 

SUSANA.- Veinticuatro años, más o menos. Empecé a recorrer hospitales.

 

HUGO.- ¿Testigo?

 

SUSANA.- Sí.

 

HUGO.- ¿Testigo de qué? (Breve pausa) ¿Vos sos Testigo de Jehová?

 

SUSANA.- Era. Hasta hace un tiempito. (Pausa) Así que fui al neurosiquiátrico donde está internado tu papá. Yo no sabía que era él. Emilio me empezó a comprar la revista “El Atalaya” y a interesarse por los Testigos y la palabra de Dios. Desde que había ingresado al centro de salud mental había empezado a leer la Biblia. Se había transformado en una especie de evangelizador dentro del loquero. Decía que era Evangelista Pentecostal y predicaba entre los internos. Pero le interesaban las religiones en general y me compraba la “El Atalaya”. Yo iba todas las tardes.

 

HUGO.- (Que no puede dar crédito a lo que escucha) ¿Todas las tardes? ¿Predicabas? ¿Vendías la revista “El Atalaya”?

 

SUSANA.- Sí. Todas o casi todas las tardes. Era invierno. Tu papá resultó un tipo encantador, charlatán, seductor. Me hablaba en idiolecto. Me decía frases románticas al oído. Era muy encantador.

 

HUGO.- (A Mario) ¿Vos escuchás lo mismo que yo? (A Susana) Seguí porque no entiendo bien, todavía. ¿Qué pasó con el viejo de mierda? (A Mario) ¿Cómo sabía que era frases románticas si no le entendía un pomo?

 

SUSANA.- ¿Ahora es un viejo de mierda? Más respeto, che.

 

VIETNAM.- Es un degenerado. Violador y evangelista. (Toma la tijera que tenía en la mano y sin querer le hace un tajo en  el pecho a Hugo)

 

HUGO.- (Se queja, con dolor) Ah, ¿qué hacés? Sangre. Sale sangre. Duele. (Susana le alcanza una servilleta y se la pone al pecho para parar la sangre)

 

VIETNAM.- Disculpá. Bueno. Nada. Que no me di cuenta.

 

SUSANA.- Y de esa relación nació Vietnam. Recién ahí me enteré que era tu papá. (Roy llora más intensamente)

 

HUGO.- ¿Qué? ¿Vietnam es hija de mi papá? Pará, ¿qué decís?

 

SUSANA.- ¿Por qué te creés que insistí tanto en bautizarla así a la nena?

 

HUGO.- (Pausa. Piensa) Pero, papá era veterano de la Segunda Guerra Mundial. (Roy llora intensamente)

 

SUSANA.- “Veterana” para una nena quedaba horrible y “Segunda Guerra”, peor. Bueno, al fin de cuentas “Vietnam” también fue una guerra, ¿no?

 

VIETNAM.- Un degenerado el viejo. (Por Mario) Éste salió a él. (Se ríe) A papá. (Por Roy que sigue llorando) ¿Y a este trolo qué le pasa?

 

HUGO.- (Que ha permanecido callado sujetando el repasador a la herida. A Susana) ¡Vos sos una hija de puta! (Se levanta, se tropieza, toma un tenedor que hay sobre la mesa y se lo clava en el estómago a Susana sin darse cuenta)

 

SUSANA.- ¡Con cuidado! ¿Qué hacés? Me lastimaste. (Se queja de dolor, toma una servilleta y se la lleva al estómago para parar la sangre)

 

HUGO.- (Muy nervioso) Perdoná. No quise hacerte daño. (Pausa)

 

SUSANA.- Duele.

 

HUGO.- Perdoná, dije. Fue sin querer.

 

(Pausa)

 

SUSANA.- Pero la crié como si fuera tuya.

 

HUGO.- Calláte, querés.

 

SUSANA.- En serio. La crié como si fuera tuya. Y el abuelo nunca se enteró que era de él. Durante los primeros años me preocupaba que se pareciera demasiado a Emilio.

 

HUGO.- Si es mi padre.

 

SUSANA.- Eso mismo me dijo una amiga cuando Vietnam tenía unos ochos años. Ahí me tranquilicé. Pero antes, estuve a punto de hacerle una cirugía estética. Me costaba encontrar el justificativo. Porque es tan linda la nena. Pero, como te decía, después me tranquilicé. Qué tonta que había sido. Una, a veces, obsecionada por los remordimientos no se deteniene a pensar en las cosas más simples y sencillas, ¿no? Y al final me tranquilicé.

 

MARIO.- Te relajaste. (Se manosea la entrepierna)

 

SUSANA.- Calláte, vos.

 

HUGO.- Estoy mareado. No entiendo bien. Estoy como mareado.

 

SUSANA.- ¿Podemos tranquilizarnos?

 

HUGO.- (A Susana) Todo lo que estás diciendo no puede ser...

 

SUSANA.- Nunca me sentí peor por tener razón, Hugo.

 

HUGO.- Ayúdenme a reconstruir un poco esto. (Por Vietnam) Vos sos la hija de mi padre. Es decir, mi hermanastra. O media hermana, mejor dicho. Pero a la vez sos la hija de mi esposa, es decir mi hijastra.

 

VIETNAM.- Vas comprendiendo, papá.

 

HUGO.- (Grita) No me digas “papá”. (Le pega un cachetazo a Vietnam, que casi no acusa recibo. Corre algunos objetos de la mesa. Toma cuchillos, tenedores y tijeras con las que personifica a cada miembro de la familia y arma el árbol genealógico. Por cada miembro que nombra va colocando un cubierto. Los va clavando en la mesa. Por Susana) Y vos sos mi esposa, pero además sos la mujer de mi padre y la madre de mi hijo y de mi hermanastra. Es decir, mi madrastra. (Por Mario) Y vos sos mi hermano, pero además el hermanastro de mi hermanastra y cuñado de mi esposa y madrastra. (Cae sentado en una silla, agobiado)

 

SUSANA.- Visto así, suena muy complicado, pero...

 

MARIO.- Callate, querés. (Pausa. Mira a Roy que ha permanecido callado todo el tiempo, con la cabeza gacha. A Hugo, también utilizando los cubiertos que arman el árbol genealógico) Y el único hijo que tenés es este puto de mierda, que encima parece mudo. (Le pega un cachetazo a Roy, que casi no acusa recibo, aunque sigue llorando levemente) Pero además, no te olvides que nuestra hermanastra nos va a dar un hijo con el novio de tu hijo. Ese niño va a ser nuestro sobrino y nieto de tu esposa. Por si fuera poco, Vietnam es media hermana de Roy, pero además es su tía. (Roy levanta la cabeza, mira a Mario. Mario le tajea el pecho cerca del hombro, con la tijera que tiene en la mano. Roy se queja)

 

ROY.- ¿Qué hacés? Me hiciste mal.

 

MARIO.- Fue sin querer.

 

ROY.- Me duele.

 

MARIO.- Perdoná.

 

HUGO.- (Dolorido, sin el mismo interés que antes) Esperá. Me perdí. No entendí eso de que Vietnam es la tía de Roy.

 

(Vietnam toma un repasador y se lo alcanza a Roy. Roy contiene la sangre con el repasador. Todos han quedado malheridos. No lo demuestran demasiado ni dicen nada al respecto, pero han quedado malheridos)

 

MARIO.- (Dolorido) A ver si me seguís... es hija del abuelo de Roy: es la tía. Pero es la hija de la madre de Roy: es la media hermana.

 

VIETNAM.- (A Mario por Hugo) Te faltó decir que tiene un padre pentecostal, una esposa testigo de Jehová, un hijo judío y un hermano mormón, que se droga y se está por morir de cáncer.

 

HUGO.- Estoy sangrando mucho. Mucho, me parece.

 

VIETNAM.- Yo también.

 

SUSANA.- Yo no puedo casi respirar.

 

HUGO.- Estoy perdiendo mucha sangre. (Se lleva las manos a los ojos) La vista...

 

MARIO.- A mi me duele mucho. Mucho. (Busca en sus bolsillos) Las pastillas. ¿Dónde están las pastillas?

 

VIETNAM.- (Que también sangra) ¿Alguien puede llamar a una ambulancia? A la emergencia médica. ¿Alguien puede llamar? (Nadie se mueve. Pareciera que no pueden hacerlo. Vietnam se desespera) No quiero perder a mi hijo.

 

MARIO.- Mi sobrino.

 

SUSANA.- Mi nieto.

 

ROY.- El hijo de mi novio.

 

HUGO.- Perdí mucha sangre. Se me nubla la vista. Ay... la vista... (Pausa espesa) Tengo gingivitis.

 

SUSANA.- ¿Qué decís?

 

VIETNAM.- ¿De qué habla?

 

HUGO.- Gingivitis. Y hongos en los pies y en la parte superior de la espalda. (Señala) Como por acá. (Pausa) Les mentí a todos cuando les dije, hace años, que el mate me daba acidez. Es sólo que no me gusta el mate. (Pausa) A los diez años le robé las figuritas a un compañero de colegio. (Pausa) Soy ateo. No es que no me gustaría creer en Dios. Les juro que me gustaría creer en algo como ustedes. Me gustaría tener fe. Pero no puedo. No me sale. No puedo creer. (Pausa) No sé qué más decir. (Pausa) No sé. Honestamente, no sé qué más decir. (Pausa) No veo. No puedo ver.

 

SUSANA.-No entiendo.

 

MARIO.- ¿Qué dice?

 

VIETNAM.- Una ambulancia, por favor. Que alguien llame.

 

HUGO.- (A Vietnam) ¿Vos quién sos? Decime.

 

VIETNAM.- ¿Cómo quién soy?

 

HUGO.- (Toca a Susana) ¿Y vos? ¿Quién sos?

 

SUSANA.- Susana, Hugo.

 

HUGO.- (Que parece que ha perdido la visión) Te pregunté quién sos. (Hugo toca a Roy y pregunta, refiriéndose a él) ¿Y esta mujer quién es?

 

MARIO.- Hermano.

 

HUGO.- ¿Qué hermano? ¿Quiénes son ustedes?

 

SUSANA.- (Desesperada, a Vietnam) Rezá. Vos que sos católica, rezá. Rezá, hijita.

 

VIETNAM.- (Vietnam comienza a rezar el “Ave María”. Lo reza en voz baja y va subiendo muy de a poco a medida que finaliza la pieza. Los demás parlamentos de Hugo y Susana se producen por encima del rezo de Vietnam) “Dios te salve María, llena eres de gracia. El señor es contigo...

 

HUGO.- (Por Vietnam) Callen a esa chica.

 

VIETNAM.- Bendita tu eres entre todas la mujeres y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús...

 

MARIO.- Una ambulancia, un médico, la emergencia, algo. Llamen algo.

 

HUGO.-(Por Vietnam) Callen a esa chica. Cállenla. (Nadie logra hacer nada. Larga pausa)

 

VIETNAM.- Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y...”

 

SUSANA.- (A Mario, muy dolorida, como todos los demás) Mario, ¿por qué tuviste que decirle que me mirabas el culo? ¿Por qué tenías que decírselo? ¿Por qué?

 

VIETNAM.- (Que justo ha terminado la oración) ...y en la hora de nuestra muerte, Amén.

 

(Todos agonizan, va bajando la luz hasta que se produce el APAGÓN FINAL)

 

 

 

Daniel Dalmaroni – e-mail: danieldalmaroni@hotmail.com -- Tel. (011) 4383-4775

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