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¡UNA BODA ES UN COÑAZO!

de  Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

¡UNA BODA ES UN COÑAZO!

 Entremés

 Original de: Raimundo Francés

bea45azul@yahoo.com

 

Duración aproximada: 20 minutos

 

Pepe y Puri llegan a casa de regreso de una boda. Por la tarde se casó un sobrino de Puri y la fiesta ha durado hasta las cuatro de la mañana. Están reventados, y además vienen disgustados porque nada ha salido como ellos esperaban. Puri, se sienta de golpe, con dolor en los tobillos.  Pepe, de pie, empieza a quitarse la corbata, el chaleco, la chaqueta, los zapatos, preparándose para acostarse. 

 

PURI - ¡Ay! ¡Ay, que dolor traigo en los pies! ¡Si yo no me ponía tacones desde que salía el día del Corpus cuando yo tenía dieciocho años! ¡Ay, qué tortura!

 

PEPE - ¿A mí? ¿A mí me lo vas a decir? ¡Vamos! ¡A quién se le ocurre comprarse unos zapatos nuevos pa’ ir a una boda! ¡Nada más que a mí! ¡Tengo el juanete  “revenío”, que me he llevado toa la noche encogido como un bacalao! ¡Qué dolor más grande! ¡Encima de lo que me han costado los jodidos zapatos!

 

PURI - ¡Hombre! ¿Y yo? ¿Qué pasa con mi vestido? ¿Es que ya no te acuerdas de lo que me ha costado este vestido?

 

PEPE - ¿Que si me acuerdo? ¡Tú habrás querido decir lo que voy a tener que pagar yo cuando llegue el recibo de El Corte Inglés! ¡Una pasta!

 

PURI - ¿Tanto?

 

PEPE - ¡Hombre! ¡Tú me dirás!  Entre el traje tuyo, el mío, los zapatos, los tuyos, esa pamela tuya, que me recuerdas a doña “Croqueta” cuando va a las carreras de caballos, mi corbata de seda natural, y los “colguijos” esos que llevas puesto, me parece a mí que nos vamos a tener que llevar un año entero a sopa de ajos.

 

PURI - ¡Hombre, Pepe, no hay que exagerar!

 

PEPE - ¿Exagerar? ¿Y el regalito para el niño? ¡Lo que faltaba!

 

PURI - ¡Pepe, por Dios! ¡Qué menos que un regalito!

 

PEPE – Sí... pero... ¡cuatrocientos euros? Que yo te decía:  “Puri, con doscientos euros va que chuta, y tú, que no, que  cuatrocientos, que es tu sobrino, y que una boda es solo una vez en la vida”. ¡Tiene guasa la cosa! ¡Lo que yo digo...!  ¡A sopa de ajos!

 

PURI – Es que si le ingresas solo doscientos, la gente después va diciendo que eres un miserable, que si a tu sobrino le regalas doscientos euros, si fuera el hijo de un vecino, le ingresabas ... dos euros pa’ un café.

 

PEPE - ¡Encima eso! Antes, te preparabas un sobrecito con dinerito dentro, y con disimulo se lo metías al novio en el bolsillo... ¡y ya está!  Ahora no. Ahora hay que ingresarlo en su cuenta corriente. ¡Toma ya!

 

PURI - ¡Hombre! Es que en un bolsillo, se le puede perder.

 

PEPE - ¡Anda ya! ¡Los bancos, que lo quieren controlar todo! Cualquier día hasta las limosnas a los pobres y las propinillas a los camareros las vamos a tener que ingresar en una cuenta corriente. ¡No te digo!

 

PURI – ¡Es que si por lo menos, lo hubiéramos pasado medio bien, ¡pero hay que ver qué boda, joder, si aquello parecía una aventura de los hermanos Max! Lo único bueno que se va a quedar pa’ la historia es que los dos estábamos la mar  de guapos, vamos... que hoy los dos íbamos... ¡de dulce! Ya lo verás en las fotos.

 

PEPE – Sí, claro. De dulce... ¡y sobre todo...de chocolate ! Que los dos niños aquellos me han puesto el pantalón que parece un cuadro de Picasso! Los gemelos esos... ¡qué malos son los hijos de la gran... Bretaña! En vez de niños, parecían Lucifer y Satanás.

 

PURI – Es que los niños se tienen que entretener con algo, Pepe.

 

PEPE – ¡Sí, pero no conmigo, joder! ¡Venga a moverme la silla, uno por la izquierda, el otro por la derecha, y yo en medio! ¡Y poniéndome las manos encima con las manos llenas de chocolate y de porquerías!  Y la madre, cotilleando y fumando, no era capaz de decirles nada a los niños. ¡Vamos! ¡Como si la boda de tu sobrino fuera una guardería! ¡Qué coñazo, hijo!

 

PURI - ¡Mira que te lo dije, Pepe! Es que a las bodas hay que ir tempranito, que después te dejan los sitios peores. Y ese sitio donde nosotros estábamos era el rincón, donde nadie se quiere sentar. Sobre todo, porque cuando el camarero va llevando las bandejas, a ti siempre te llega lo peor; ¡eso, si te llega algo!

 

PEPE - ¿Qué me va a llegar hombre? Si la madre de los demonios esos, que era una gorila de ciento ochenta kilos, cada vez que se acercaba el camarero con una bandeja, la tía soltaba el cigarro, sacaba las dos manos, que eran como las garras de una excavadora, y   se lo llevaba todo. ¡Y encima, la hija puta se reía, como si aquello fuera un desfile de carnaval!

 

PURI – Por eso te digo, Pepe, que a las bodas hay que ir tempranito, que después, los últimos se quedan sin nada. Y además, les toca el peor sitio. Ya lo dice el refrán, “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”

 

PEPE – Sobre todo, si delante hay una ballena como la que me tocó a mí.

¿Y pa’ qué tan temprano, coño? ¡Ni que una boda fuera una función de Lina Morgan! ¿Y pa’ qué tanto correr? ¿Pa’ comerse dos gambitas, que eran como dos camarones chigüatos, una croqueta de sobre, más fría que un muerto, y dos coca-cola más calientes que el meao’ de una burra?

 

PURI – Bueno... tan caliente no estaba.

 

PEPE -   ¡Y después, aguante usted el ruido aquel, que parecía aquello una caseta de feria! Me hace gracia la gente que va diciendo por ahí que en las bodas se pasa muy bien. ¡Sí, por los cojones!

 

PURI - ¡Hombre! Yo comprendo que lo de la comida está muy mal. Porque eso de traer unos entremeses a las diez de la noche, un primer plato frío, que ni es un primer plato ni nada, a las doce y cuarto, y el segundo plato a las tres menos cuarto de la madrugada... ¡eso no hay quien lo aguante!

 

PEPE –  ¡Ni quien lo aguante ni quien se lo coma! Y de la tarta, no me hables. Cuando yo vi aquel cachito de tarta, el último que quedó pa’ mí, toda despachurrá’, llena de coca-cola, de ceniza de puros, y yo creo que tenía hasta baba de niño chico, a mí me entró unas ganas de devolverlo todo, que no me podía aguantar. ¡Vamos!, que tuve que hacer un esfuerzo pa’ no dar allí el numerito.

 

PURI - ¡Hombre! Es que esta boda no ha salio muy bien que digamos, pero ¡bueno! Es que él es mi sobrino, Pepe, y como tú comprenderás...

 

PEPE - ¡Ni sobrino ni leches! Ya lo decía mi amigo Vicentito, que no va a ninguna boda, que solamente fue a la suya, y porque ya se había comprometido. Dice que lo mejor de las bodas es, no coger ni la invitación, que él nada más que ve una invitación de boda con los aritos y le sale urticaria.   

 

PURI – Bueno, hombre, todo se hace por la felicidad del nuevo matrimonio, pa’ que empiece bien su nueva vida, que mucho les queda a los dos que pasar en esta vida. Que ahora viene la hipoteca,  la cocina, los muebles... y después vienen los niños, los problemas del trabajo... tú sabes. La vida de un matrimonio, que más que un camino de rosas es un valle de lágrimas. ¡Pobrecillos!

 

PEPE – Si, sí. Pero no te creas tú ¿eh? Que ahora, no es como antes.

 

PURI - ¿Ah, no? Los matrimonios son siempre matrimonios, y todo lo tienen que pasar juntos. Ya se lo dice el cura: Ya sea en la prosperidad o en la cola del paro.  

 

PEPE – Si, pero no es como tú dices. Porque, mira, la hipoteca se la pagan los padres, los muebles se los pagan los suegros, la cocina se la ponen los padrinos, y cuando vienen los niños, se los dejan a los abuelos, o sea, que toda la carne al mismo gancho.

 

PURI – Todo lo que tú digas, pero no me dirás que casarse hoy es... como adquirir un compromiso muy serio. Y además, eso ya, es unirse para toda una vida. Que tú sabes que la pasión se pasa el primer año...

 

PEPE - ¿Tan pronto?

 

PURI - ... y después queda... pues eso, el cariño verdadero. Digo yo...

 

PEPE – Mira, Purita, tú a mí, de eso no me discutas. Yo lo que sé es que hoy hemos pasado un día de mierda, con dolores de todas las clases,  de hambre, de fatiga, de agotamiento, de aguantar a niños chicos mas malos que un miura, de tragar  más ruido que en una discoteca, y encima, todo eso me ha costado más de mil quinientos euros. ¡Manda huevos, la cosa! ¡Con lo contenta que va la gente a las bodas!

 

PURI - ¡Vale, Pepe, vale! ¡No me lo repitas más veces!, que me voy a entristecer, y tú sabes, que yo ya estoy muy sensible y por una tontería de nada, caigo en depresión.

 

PEPE - ¡Bueno! Pero a mí por favor, no me lleves más a una boda. Que las bodas no se han hecho para mí. Que yo estoy muy tranquilito aquí en mi casa, con mi mujer, con mi siestita, mi peñita, mi partidita de dominó... en fin. Que pa’ pasar un mal rato siempre hay tiempo. Y además, que estos ratos malos salen ya por un ojo de la cara. ¡Que no, Puri! ¡que no me compensa!

 

PURI – De acuerdo, Pepe. Ya no vamos a más bodas, aunque es una pena que toda esta ropa no le saquemos partido,  ¿eh? Porque, ya que nos hemos gastado este dinerito...

 

PEPE – Pues te la pones cuando vayas de excursión o para ir a misa los domingos, ¡coño! Que siempre estás con eso de  “Ay, pepe, hoy, es que no sé ni qué ponerme” ¡Pues, ya tienes algo!

 

PURI – Bueno, pues, lo mejor que podemos hacer es tomarnos los dos un par de valerianas y acostarnos, y mañana será otro día.

 

                            (A esto suena el teléfono móvil que está encima de la mesa)

 

PURI - ¡Uy! ¿Qué querrá ahora mi hermana Elvira?  ¿Será que se nos ha olvidado algo en la boda?  Pepe, ¿tú no te habrás dejado allí la gorra, no? Porque tú se la dejaste al amigo de mi sobrino para que hiciera la colecta de la corbata ¿no?

 

PEPE -  Sí, pero cuando me la quiso devolver, le dije que para como estaba ya la gorra, que me la pusieron toda echa una mierda, que se la quedara de recuerdo.

 

PURI - ¡Pues eso va a ser! Bueno le diré que la tire a la basura. (Al teléfono)   ¡Dime, Elvira! ¿No habrás paso nada malo, verdad? ¿Es que has tenido que llevar otra vez a mamá a urgencias? ¡Claro! Es que eso de ver a un nieto casado es muy fuerte para su edad. Con la emoción, yo lo entiendo.

¿Cómo? ¡Ah, que mamá se encuentra bien! ¡Menos mal! Ya me había yo preocupao. Entonces, ¿para qué me llamas a estas horas, para lo de la gorra de Pepe?

 

¿De Alejandro? ¿No habrán perdido el avión, no? Porque mira que yo se lo dije, que se fueran con tiempo que los aviones no esperan. Y menos, los que van para Canarias.

¿Cómo? ¡Hija, qué me estás diciendo? (Hace gestos de preocupación dando una pausa)¡Jó! ¿Pero eso, cómo puede ser?  

 

PEPE - ¿Pasa algo Puri? 

 

(De nuevo hace gestos de preocupación y desencanto manteniendo una ligera pausa) ¡Uy qué disgusto más grande, no? ¡Ay, Elvira, hija! ¡Qué pena más grande! ¡Quién lo iba a decir? ¡Hija, qué pena me da de ti! Esta noche te vas a tener que tomar un par de tilas, bien cargaitas, porque vamos... ¡ no es pa menos! Cuando se lo diga a Pepe, no se lo va a creer.

 

PEPE – Puri, ¿qué ha pasao? ¿Se ha caído el avión? ¡Mujer, no me tengas así, que me estás poniendo un poco nervioso, que eso es ya, lo que faltaba para el duro!

 

PURI – (Todavía al teléfono) Bueno, hija, tú no te hundas, así porque sí. Tú sabes, que eso se supera y cuando pase el tiempo, verás como las aguas van a su sitio. Ya lo verás, que te lo digo yo. ¡Anda, hija, a ver si puedes descansar aunque sea un ratito, y mañana voy a verte y acompañarte un ratito! Un besito muy fuerte. (Suelta el móvil en la mesa)

 

PEPE - ¿Tú me vas a contar lo que ha pasado o voy a tener que esperar a mañana para leerlo en la prensa? ¡Joder! ¿No estás viendo como estoy temblando?

 

PURI – Que no Pepe, que no ha habido ningún accidente. Que es algo peor.

 

PEPE - ¿Peor? ¿Peor todavía que un accidente de avión? ¡Hija!, como no sea un terremoto en Tenerife y se haya llevado por delante a tu sobrino, a la recién casada, y a dos mil criaturitas más...

 

PURI – Te lo voy a contar, pero te va a costar trabajo creértelo.  Anda, siéntate, que esto es una desgracia que puede pasar, pero que no pasa todos los días.

 

PEPE – (Se sienta lentamente) ¡Venga, que ya estoy sentado! Pero cuéntamelo despacito, no me vaya a dar un jamacuco de esos. Que yo ya estoy mayorcito para esas impresiones tan fuertes.

 

PURI -  Verás, es que resulta, que mi sobrino y la novia... bueno, quiero decir, la mujer, ya en el taxi iban discutiendo. Tú sabes... lo que pasa. A lo mejor era por una tontería, pero iban ya un poco así...

 

PEPE - ¡Y el taxi se quedó sin gasoil...!

 

PURI – No, verás. Al llegar al aeropuerto, incluso estuvieron a punto de volverse, pero al final, embarcaron. Cuando iban en el avión, seguían discutiendo, pero... ya, mucho más fuerte. Tanto, que tuvo que salir el comandante.

 

PEPE - ¡Y dejó el avión volando solo...!

 

PURI – No. Verás.  A ella la puso al final del todo, al ladito del water clock,  y  a mi sobrino se lo tuvo que llevar a la cabina.

 

PEPE - ¿A la cabina? ¿Qué le iba a dar, un cursillo?

 

PURI - Es que la gente estaba muy alterada, y dicen que aquello parecía como un ataque terrorista.

 

PEPE - ¡Coño! Eso es grave, ¿eh?  Bueno, supongo que ya en Canarias, como pasa siempre, en la cama, ya la cosa cambiaría un montón, ¿no? Porque tú sabes, que las parejas discuten mucho pero al final, en la camita, calentitos... catapún chimpún.

 

PURI - ¡Que va! Cuando llegaron al hotel de Tenerife, resulta que los estaban esperando para darles una fiesterita de bienvenida, como hacen con todos los recién-casados, con su champán, su mariachi, todo. Pero al final los tuvieron que mandar a dos habitaciones separadas porque aquello parecía una pelea de gatos. ¡Vamos, que tuvo que intervenir hasta el guardia de seguridad!

 

PEPE - ¡Coño!  ¡No me lo digas! ¡Qué fuerte, no? Pero bueno, sangre no hubo entonces,  ¿no?

 

PURI - ¡Hombre, Pepe, qué morboso eres hijo!

 

PEPE – Puri, tú sabes que cuando se hace eso por primera vez lo normal es que haya sangre, ¿no? Pero, claro, si durmieron por separado la primera noche, van a tener que esperar a la segunda.

 

PURI - ¡Anda, ya, hombre! ¡Pero si mi sobrino llevaba ya viviendo con la novia cerca de diez años, cojoneras! ¿Tú que te crees, que eso se rompe, y después se le pone uno nuevo el día de la boda, como si fuera el repuesto de un coche? ¡Tienes unas cosas...!

 

PEPE - ¡Bueno, mujer, pero vamos... que no es para quitarse el sueño, no? Mañana, se levantan ya fresquitos, con un poquito de resaca, pero después de una ducha y un carajillo de anís, como si no hubiera pasado nada. ¡Y a disfrutar la luna de miel! ¡Como todo el mundo!

 

PURI – ¡Pero, qué luna de miel ni que leches! ¡Que se van a separar, Pepe!

 

PEPE - ¿Otra vez? ¿Pero no los separaron esta noche en el hotel pa que durmieran bien la borrachera, cada uno?

 

PURI – Que no me entiendes. Que mi sobrino y su mujer, se van a separar. Que vienen derechito de vuelta, para divorciarse.

 

PEPE – Pero... ¿Cómo divorciarse? ¿Tú que estás, de cachondeo o qué? ¿Tú te has fijado en la hora que es? ¿Es que tú no puedes dejar los chistecitos para mañana?

 

PURI - ¡Pepe, coño, que te estoy hablando en serio! Que les ha faltado tiempo para mandar un fax al juzgado pidiendo cita para mañana. O sea, para hoy.

 

PEPE - ¿Qué me estás diciendo? ¿Que tu sobrino se ha casao esta tarde, bueno, ayer tarde, y mañana, mejor dicho, hoy, ya se va a separar? ¿Pero tú sabes lo que tú estas diciendo, chiquilla?

 

PURI – Eso mismo digo yo. ¿Tú has visto una cosa igual en tu vida?

 

PEPE – Hombre, yo he visto muchas cosas raras, porque tú sabes que yo me he llevado cuarenta años de administrativo en el Ayuntamiento, pero vamos, no te creas tú que eso pasa muy a menudo, ¿eh? Vamos, yo diría que la boda de tu sobrino va a salir hasta en la prensa, y yo, si fuera tu sobrino, lo registraba en el libro ese de Ginés.

 

PURI – Será el de los Guiness, ¿no? El de los record. En este caso, la boda más corta del mundo.

 

PEPE – Bueno, eso. ¡Que más da! ¡Por eso lo digo! Que va a ser una boda de ida y vuelta.

No veas tú, cuando vaya mañana para el juzgado, bueno, mejor dicho, esta tarde, y la gente que estaba en la boda los vea por la calle. Le van a preguntar, seguro, ¡Chiquillo! ¿Pero tú no estabas de viaje de novios en Tenerife? ‘’Sí, es que nos hemos vuelto hoy pa divorciarnos” A más de una... se le va a caer hasta la gotita, de tanto reírse.

 

PURI – Hay que ver cómo está el mundo, eh, Pepe. Ayer, casados, tan felices, tan enamoraos,  con tanta fiesta, tanto jolgorio...

 

PEPE – Tantos niños jodiéndome la marrana...

 

PURI – Y hoy, dentro de un rato, separados, divorciados, cada uno por su lado, como si no hubiera pasado nada... como si tal cosa...

 

PEPE – Como que estoy pensando que esto a mí me huele un poco a chamusquina.

 

PURI - ¿A chamusquina? No te entiendo, Pepe.

 

PEPE – No, verás. Es que hoy los jovencitos estos, son muy listos, porque para eso ven tanta tele. Y se aprende mucho en la tele. Sobre todo, se aprende la maldad. Tú, imagínate que ellos viven muy bien, pero sin casarse. De momento, necesitan una buena pasta, y como no quieren trabajar ni hacer horas extraordinarias ni nada, pues, se les ocurre lo de la boda de los cojones.

 

 Los gastos de la boda, y la orquesta, y todo eso, los pagan los padres, los suegros, los padrinos... Y con los regalos, que hoy no son regalos sino impuestos revolucionarios, la cuenta corriente se les pone en tres o cuatro milloncitos, que les vienen de perlas. Después viene todo este montaje, como María Jiménez y Pepe Sancho, que ya se han casado y se han divorciado por lo menos catorce veces.

 

PURI – Sí, Pepe, pero esa gente lo hacen porque son famosos y después cobran por las exclusivas.

 

PEPE - ¿Y tú qué te crees que ha hecho tu sobrino, chochete? ¿Te parece poca exclusiva?

Mañana mismo ya están otra vez en su apartamentito, viviendo a gustito, como Ortega Cano,  pero con tres  milloncitos para disfrutarlos y, ¡al verte paisano! ¡Que la vida es pa’ vivirla!

 

PURI - ¡Eso! Y mientras, mi hermana, el marido, los consuegros, los hermanos, y todo el mundo llorando, como si se hubiera muerto alguien. ¡No hay derecho!

 

PEPE - ¡Claro! ¡Lo que no hay derecho es un jorobado! Pero, ¿sabes lo que te digo, Puri?

Que mañana mismo, mejor dicho, estar tarde, me voy derechito a ver a tu sobrino, y ese me devuelve a mí los cuatrocientos euros. ¡Vamos, si me los devuelve! Y como no me los devuelva, ese va a salir en la prensa y hasta en la tele, pero no va salir de exclusiva, va  a salir porque va a ser la víctima de un asesinato. ¡Vamos, que se cree tu sobrino que se va a cachondear de don José Quintana! Que otra cosa no tendré, pero sí tengo muchas canas.

 

PURI - ¡Hijo, Pepe! ¡Que bien te salen esos pareaos! Tú deberías haber sido poeta.

 

PEPE – ¿Bueno, nos acostamos ya de una puñetera vez, o qué?

 

PURI – Sí, pero antes, pon el despertador, para que no se te olvide de ir a ver a mi sobrino esta tarde, ¿eh?

 

PEPE - ¡A mí que se me va a olvidar! Oye, Puri, y hablando de devolver, ¿tú crees que si a esta ropa de los dos, le damos un lavadito bien dado, y después vamos y la devolvemos a El Corte Inglés? Porque tú sabes, que en el Corte Inglés se puede devolver hasta la tarta que te hayas comido en la boda, que allí no te ponen pegas...

 

PURI - ¡Anda, anda, Pepe! Ya hablaremos cuando se nos pase el disgusto. ¡A la cama, coño, que van a dar las cinco, y como sigamos así, nos vamos a tener que ir al bar de la esquina a desayunar!

 

PEPE - ¡Pues mira, no sería mala idea! Yo nada más que me tengo que poner la corbata y tú te pones unos zapatos, y cuando abra el bar, somos los primeros.

 

PURI - ¡Eso! Y cuando nos vea Antonio, el del bar, con lo cachondo que es, ya te lo puedes imaginar.

 

PEPE – Es verdad, cuando nos vea a estas horas y tan emperifollaos, lo primero que va a decir es: ¡Vaya! ¡La pareja feliz! ¡De bodas, eh? ¡Qué bien se lo pasa la gente hoy! ¡Tan guapos! Con sus comilonas, sus bailecitos sin parar, sus cachondeos, su tartita buena, su champán, ¡Ea! Y a las seis de la mañana, hartitos de disfrutar, al bar de Antonio, a tomar el cafetito con churros, que Antoñito está ya empezando el currelo, porque a Antoñito nadie lo invita a una boda.

 

PURI - ¡Qué sabrá Antoñito! Mira, Pepe, lo mejor es que nos vayamos a la cama, que yo te conozco, y como le cuentes a Antonio lo que ha pasado, con lo cachondo que es, a mediodía lo va a saber todo el pueblo, y mi hermana Elvira lo va a pasar muy malamente, que en este pueblo hay mucha envidia, y la gente se alegra de todo lo malo que te pasa.

 

PEPE – Llevas razón, Puri, vamos a dejar el café con churros para otro día, que no está el horno para bollos. ¡A la cama! ¡Que a mí no me hace falta ir a Tenerife!

 

                           (Se agarran por la cintura y salen del escenario, hacia el dormitorio, quejándose el uno al otro, de lo cansados que están, y de los dolores de pies, mientras se va cerrando el telón)

 

PURI - ¡Ay, Pepe! ¡Qué me duelen estos pies!

 

PEPE – Lo que yo te digo, Puri. Que una boda es un coñazo. Que yo no entiendo para qué se casa la gente... Si yo no sé para qué se llevan una maleta al viaje de novios, porque antes de abrirla... ¡ya se han divorciado!

                      

                                   FIN

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