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UNA “SIMPLE” OPERACIÓN

de  Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

UNA “SIMPLE” OPERACIÓN

 Entremés

Original de: Raimundo Francés

 bea45azul@yahoo.com

 Duración aproximada: 15 minutos

 

Dedicatoria: A un viejo conocido, M.P.C., el auténtico “Mago” de la Poesía, que a un mismo poema  de mala muerte, es capaz de sacarle tres premios, en tres pueblos distintos,  sin que nadie se dé ni cuenta. ¡Eso es arte!

 

El autor se permite simular literalmente el lenguaje del sur para así imprimir mayor gracejo a la obra, supuestamente escrita para actores andaluces.

 

Como siempre, Puri se encuentra recostada en su sofá, leyendo su revista, cuando entra Pepe con cara de preocupado, ya que regresa de una consulta médica con noticias no muy agradables.  

 

PURI -  ¡Ojú, Pepe, hijo! ¡Qué cara traes chiquillo! ¿Ahora vienes de ver al médico?

 

PEPE - ¡No me hables, Puri! ¡No me hables…, que vengo descompuesto!

 

PURI - ¡No me digas! ¿Qué te ha echao, tres meses de vida, o qué?

 

PEPE - ¡Peor!

 

PURI - ¿Un mes na más?

 

PEPE - ¡Peor que eso!

 

PURI - ¡Hijo, por Dios! ¡No te vayas a morir hoy mismo! ¡Aguanta un poquito! Dame por lo menos hasta el sábado, que me de tiempo a ir a El Corte Inglés a comprarme algo en negro,  que el vestío ese que le pedí prestao a tu hermana es feísimo, y va una a un entierro y parece que la muerta es una.   

 

PEPE -  ¡Anda ya, Puri! ¡No digas más chuminás! ¡Que parece que estás deseando que la palme! ¿Yo te he hecho a ti algo, joé?

 

PURI - ¡Hombre! Es que como vienes así, con esa cara desencajá, y acabas de ver al médico, yo pensé...

 

PEPE – Es que me ha dicho el médico que me tienen que operar.

 

PURI - ¡Ay, hijo, menos mal! ¡Ya me habías asustao! ¿Y por eso vienes tan preocupao?

 

PEPE - ¡Hombre! ¡Si te parece, voy a venir cantando por alegrías! ¡Mira que tienes cojones!

 

PURI – ¡Pero, Pepe! Si hoy se opera mucha gente, hombre. Si eso hoy, no tiene importancia.

 

PEPE - ¿Qué no tiene importancia? ¿No digo yo? A lo mejó, pa ti, eso de operarse es como... ¿cómo diría yo?  ¡Como tomarse un cortao de máquina!

 

PURI - ¿Eso? ¡Eso no es , hombre! ¡Tú mírame a mí! ¿No estoy yo operá hace ya dos años? ¿Y qué? Aquí estoy, como si ná.

 

PEPE – Sí, pero no vayas tú a comparar una operacioncita de ná, de cataratas de esas, que eso es... como limpiarte las gafas y salir corriendo pa tu casa, porque has dejao puesto el puchero,  ¡con una operación en la cabeza!

 

PURI - ¿En la cabeza? ¿Qué es lo que te ha dicho el médico, que tú no estás bien de la cabeza o qué? No, si al final, yo voy a llevá razón, que mira que te lo vengo diciendo...  

 

PEPE – ¡No! Yo, de loco, , ¿eh? , ¡que tú enseguìa te vas por la vía de Tarifa! ¡Que parece que estás deseandito de meterme en un psiquiátrico! Lo que pasa, es que el médico estuvo viendo en una pantallita toas las pruebas que me hicieron,  y me dijo: Lo que tiene usted se arregla con una simple operación.

 

PURI - ¿En la cabeza?

 

PEPE – Eso le pregunté yo: “Doctor, ¿dice usted que me tienen que operar en la cabeza?” Y el tío va, y me dice: “¡Hombre! Si lo que tiene usted está en la cabeza, no querrá usted que le operemos de las almorranas, ¿no?”

 

PURI - ¡Coño! ¡Qué fuerte! ¿Y esa operación cómo es? ¿Se puede saber?

 

PEPE – Ahí está la cosa. Yo le pregunté al médico: ‘’Oiga, doctor, ¿y cómo es la operación?” Y me dice: ”Es una operación muy simple. Le hacemos un orifico y ahí le colocamos un tornillo”.

 

PURI - ¿Un agujero? ¿Un boquete en la cabeza?  ¡Uy, por Dios! ¿Y tú qué le dijiste?

 

PEPE – ¡Hombre!, ¿Qué le iba a decir? “Mire usted doctor, es que yo he venío aquí  pa que usted me vea y me cure, no pa que me arregle el espejo del coche”.

 

PURI – ¡Mu bien dicho! Es que estos médicos, yo no sé que se han creío. ¡Vamos, que se creen que la cabeza de uno es una freidora pa hacer buñuelos, o  algo así! ¡No te digo!  Oye, Pepe, y el boquetillo ese, será mu chiquitito... mu chiquitito,  ¿no?

 

PEPE -  Ocho centímetros.

 

PURI - ¡Ah, ya, me creía...! ¿Ocho qué? A ver, repíteme eso último que no me he enterao.

 

PEPE – Ocho centímetros de boquete, y siete milímetros de diámetro.

 

PURI - ¡Pepe, coño! ¿Pero ese médico qué se ha creío? ¡Joé, ni que tu cabeza fuera el tabique de la cocina!

 

PEPE – No, pero dice que eso es una operación sin importancia. ¡Tiene huevos la cosa!

 

PURI – ¡Qué barbaridad!  Oye, Pepe, y ese boquete... ¿cómo lo hacen? Porque, supongo que no te lo harán con un destornillador de estrella,  ¿no?

 

PEPE – ¡No, qué va! Lo hacen con un taladro.

 

PURI - ¿Con un taladro? ¡No me digas! ¿Con un taladro así, como el trompo ese que tú tienes en el garaje, el que tú usaste para colgarme la lámpara del comedor?

 

PEPE - ¡Hombre! No es exactamente como ese, pero vamos... que es mu parecío. Eso es como un taladro, normal y corriente, con su broca, con sus pilas. ¡En fin, un taladro de los quirófanos, que tiene que está esterlizao, y ya está!

 

PURI - ¿Y dices tú que funciona con pilas? Po eso es mu peligroso, ¿no? Porque tú te imaginas, que te meten toa la broca esa de los ocho centímetros, y en ese momento, se gasta la pila, que tú sabes que esas cosas pasan muchas veces,  ¿y ahora qué?

 

PEPE - ¡Puri, por Dios! No me vayas a quitar ahora las pocas ganas que tengo de operarme. Ya yo me acordaré de llevar un par de pilas de repuesto en el monedero, por si acaso.

 

PURI - ¡Ah, ya!  Entonces, te hacen el boquete ese, con el taladro, y después te meten ese pedazo de tornillo, y después...

 

PEPE – Después, po ná, que te ponen la tuerca con su arandela, pa que no se salga, y ya está.

 

PURI - ¿Ah, sí? Pero digo yo, que una miajita de grasa o de lubrificante le echarán, ¿no? Porque tú sabes que si a los tornillos no se les pone un poquito de tres en uno, eso se puede oxidar, y si se te oxida a ti el tornillo ese... ¡a ver qué pasa después! La antitetánica, la antirrábica, y to esas cosas, ¿no?

 

PEPE - ¡Mira, Puri! ¿Por qué no te callas? ¡Es que como me sigas hablando así, voy a trincar la puerta, voy a salir disparao,  y no me va a encontrar ni el teniente Colombo!

 

PURI - ¡Hombre, que no es pa tanto! Yo lo digo porque toda la vida de Dios a los tornillos se les ha echao un poquito de aceite. Yo me acuerdo de que mi padre lo hacía siempre en el taller.

 

PEPE – ¡Sí, hombre, sí! ¡A ver si tú te has creío que el cerebro mío es una rueda de repuesto, cojones!   

 

PURI – Entonces... ¿No le echan ?

 

PEPE - ¿Qué le van a echar, Puri? ¿Tú no sabes que los tornillos que se meten en los cuerpos humanos son de plata? ¡Tú fíjate en los futbolistas! ¡Ahí, no se escatima en material, mujé! ¿No ves que lo paga el seguro?

 

PURI - ¿De plata? ¡Uy, po mira, po no sabía yo eso! ¿Pero de plata, plata... de la buena?

 

PEPE – ¡Tócate los huevos! Si te parece, va a ser de la que venden en la tienda esa de los chinos que han puesto ahí en la esquina. ¡Mira que tiene...!

 

PURI – Po mira, es que si es así, se me estaba ocurriendo una cosa.

 

PEPE - ¡Ojú! ¡Malo, malo! Como a ti se te ocurra una cosa... espera un momentito, que me voy a poner bien la corbata y me voy a echar una miajita de colonia, porque aquí hoy puede ocurrir una desgracia... irreversible. Por lo menos que me entierren un poquito arreglaíto, que después son las habladurías.   

 

PURI – No, hombre. Verás, es que estoy pensando, que si el tornillo ese es de plata, cuando te lo metan y le pongan la tuerca pa que no se salga con el movimiento, después, supongo que te pondrán un taponcito, pa que no se vea, ¿no? Porque tú sabes que la gente es mu curiosa y mu entrometía,  y van por ahí siempre preguntando: A ver, Pepe, ¿se puede ver? Pero si le ponen el tapón...

 

PEPE - ¿No te digo? ¡Pero, Puri! ¿Tú qué te has creío, chochete? Tú, fíjate bien. ¿Yo qué es lo que tengo aquí, del cuello pa arriba, una cabeza, o un barril de “Fino Arroyuelo”, joé?

 

PURI – No, verás. Es que cuando tú... quiero decir, cuando te den de alta, si tu coges un destornillador y te sacas el tornillo ese de plata, y te pones uno de aluminio, o uno galvanizao, de esos que tú tienes en el garaje, ¿no?, y me das a mí el de plata, yo me podía hacer unos pendientes... porque tú sabes que yo siempre he soñao con unos pendientes de plata, y estoy viendo que como siga la cosa así, me voy a morir con las ganas.

 

PEPE - ¿Unos pendientes? ¿Con mi tornillo de la cabeza? ¡Ea! ¡Ya está! ¡Ya habló mi mujer! Te cambio un tornillo por otro igual, pero de hierro galvanizao, y encima te regalo una arandela. ¡Como si estuviéramos en el mercadillo de Puerto Real!  ¡Pero, Puri, por Dios! ¡Un poco de más respeto con mi cabeza, coño! Que lo único que me pasa, es que ahora me dan unos mareíllos porque no estoy yo en lo mío. ¡Pero na más!

 

PURI – No, Pepe, si yo siempre te lo decía: Pepe, a mi me parece que a ti te falta un tornillo. ¿Lo ves? Al final, yo llevaba razón. Lo que pasa es que los hombres, son tós mu cabezotas y no quieren reconocer sus faltas.

 

PEPE - ¿Y a ti? ¿A ti no te falta de ? Porque vamos, algunas veces me da la sensación de que a ti te falta el motor entero. Porque tú, ni carburas, ni ná de ná, que ya, ni lavas la ropa, ni me quieres hacer de comer, ni me planchas las camisas, que te llevas tó el santo día leyendo, y fumando más que un condenao a muerte en la cárcel de Alcatraz.

 

PURI – ¡ Mira! Como me sigas insultando, el condenao a muerte va a ser quien yo me sé, porque voy a coger la sartén de ocho raciones y te voy a dejar la cabeza, que no te van a servir de ni los tornillos de plata, ni los de oro, ¡ni aunque te pongan ahí dentro... una joyería!

 

PEPE – Bueno, Puri, no te pongas así, mujer. Deja la sartén tranquila, joé, que todavía no la hemos estrenao y la vas a estropear antes de hacer la paella. Mira, tú no te preocupes, que yo le voy a decir al médico que no me quiero operar, que me deje como estoy, y ya la palmaré el día que la tenga que palmar, que ya lo decía mi pare, que en gloria esté: Cada gallinita, que muera con su pepita.

 

PURI - ¡Vale! Por mí, como si te quieres tirar de cabeza por el puente Zuazo. Y ahora, anda, vete al estanco a comprarme tabaco que se me ha acabao, que me estoy poniendo mu nerviosa. Que una está aquí to el día, hecha una esclava, y no tiene una derecho ni a unos pendientes decentitos,  ni de ná.  

 

PEPE – Vale, vale. Te voy a traer el tabaco. Ahora mismo vengo, ¿eh?

 

 (Mientras Pepe se marcha, se va corriendo el telón,y Puri se queda haciendo un monólogo)

 

PURI - ¡Esto hombres, s que no tienen solución! ¡Hay que ver como se ponen por un tornillito de mala muerte! Con la de cajas que tiene mi marío abajo, llenas de tornillos de toas clases, y ahora que es la ocasión de aprovecharlos pa algo... yo me quedo sin pendientes de plata, ni tengo dinero, ni de ná.

 

 ¡Pero, vamos! Que como este tenga cojones de operarse, que al final se operará, yo a este le doy el cambiazo, un día, cuando esté dormío. ¡Vamos! ¡Po anda que no sé yo mu bien manejar un destornillador! De algo me va a servir toas las horas que yo me llevaba ayudando a mi padre montando las bicicletas. Ahora mismo me voy a bajar un momentito al garaje, y verás como yo encuentro un tornillo de ocho centímetros, más o menos. ¡Y si no, le pongo dos de cuatro, que es lo mismo! ¡Si será por tornillos...!                         Se corre el telón

                                                            FIN    

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