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UN PAPEL ASIGNADO

de   Mª Luz Cruz

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

UN PAPEL ASIGNADO

   Mª  Luz Cruz

 mluzdramaturga@hotmail.com

www.mariluzcruz.com

 

Reservados  los derechos, para  la puesta en escena de esta obra sin el previo consentimiento de la Autora o de la  solicitud a SGAE.

 

Comedia

Personajes: 4 femeninos, 5 masculinos.

Duración:  90 minutos aprox.

 Sinopsis: Camilo  es un hombre que se ha hecho así  mismo.  Ha pasado de ser un comercial de  conservas a disfrutar de una  generosa fortuna. Su riqueza pone en jaque a cuantos le rodean, y  utilizan  todo tipo de  artimañas por estar cerca de ella. Aunque las excentricidades del solterón de Camilo los lleguen a desconcertar,   eso no será suficiente para  hacerles desistir en su empeño por  sablearle con cualquier exótico negocio. Desde el avispado amigo,  hasta la queridísima hermana. Tampoco  el personal de servicio  quiere ser menos y de la misma manera intentan subirse al carro de la fortuna. Todos asedian a Camilo dispuestos a idear cualquier estupidez por disfrutar de su  dinero.

 

REPARTO

Tomás                Adela           Camilo

Katerina          Anselmo         Dolores

Miguel           Carmelita        Reinaldo

 

DECORADO

  Es una gran casa. En el centro del foro hay una cristalera  con vista y salida al jardín, a ambos lados hay pasillos. En el lateral de la izquierda del actor se encuentra la puerta principal y en el derecho alguna puerta. Sillones cómodos, mesitas, plantas, esculturas, cuadros, en uno de ellos habrá pintada una gran sardina. La decoración  correspondiente  a un hombre  de buena posición económica  pero algo excéntrico y no con demasiado gusto..

    Sería conveniente que hubiera algún desnivel  o elemento decorativo, para facilitar el saltito de Camilo.

    Katerina podría  simular algún acento.

 

 

1 º ACTO

 

Al abrirse el telón  Tomás sentado en un sillón leyendo cómodamente el periódico, por el lateral derecho  entra Adela con los productos de la limpieza.

 

ADELA.- (Muy eufórica) ¡Buenos  días, Tomás.!

 

TOMAS.- (Sin levantar la vista del  periódico) Buenos días.

 

ADELA.-  (Se coloca a su lado) ¿Qué, hay algo interesante?

 

TOMAS.- (Sin levantar la vista) Más o menos como todos los días, no gran cosa. Violencia por un tubo, crisis, mi equipo ha perdido en su casa y las acciones siguen a la bajan. Le voy a decir  a mi sobrino, que tiene un ojo para esto de la  bolsa… que parece de cristal.

 

ADELA.-  Yo, cuando agarro una revista en mis manos, lo primero que miro es el horóscopo.

 

TOMAS.- Eso son todo un atajo de mentiras.

 

ADELA.-  Sí, sí, mentiras... Dame esa página y verás.  Yo soy acuario, ¿y tú?

 

TOMAS.- No sé,  libra, me parece.  Yo no miro  nunca esas tonterías.

 

ADELA.-   Yo sí, déjame  el periódico  que voy a mirarlo. (Tirando para quitárselo)

 

TOMAS.-  Deja el periódico que lo vas a romper.

 

ADELA.- Que no, hombre, que no…

 

TOMAS.- Que te quede esto bien clarito,  aunque el señor no lo lee nunca, aun así, no le gusta que se lo trasteen.

 

ADELA.-   Pues tú… Venga,  si sólo  quiero esta hoja,  no hace falta que me des todo. (Tira de la hoja y se le caen al suelo todas por separado)

 

TOMAS.- ¡Déjate de horóscopos y coloca las hojas bien  enseguida, que  como salga el señor nos va  a dar  horóscopo a los dos!

 

ADELA.- Perdona,  que ha sido sin querer. (Recogiéndolas del suelo) ¡Qué lío de hojas! ¡Aquí está! 

 

TOMAS.- ¿El qué?

 

ADELA.- ¡Qué va a ser, los astros! (Leyendo) Esta semana, estará llena de acontecimientos inesperados, conocerás gente nueva. En el transcurso de la semana  recibirás la visita de alguien de tu entorno que alterara tu rutina.  Salud, buena, dinero, malo. Cómo saben que de dinero nada de nada.

 

TOMAS.- Todos eso son cuentos chinos. Recoge el periódico que está a punto de salir el señor y  como vea todo esto tirado por  aquí nos  monta la de San Quintín de buena mañana.

 

ADELA.- (Levantándose del suelo y mirando un cuadro) ¡Mi madre, que cosa más  horrorosa!

 

TOMAS.- Pues eso no es nada, comparado con lo que yo he visto en esta casa. Ya te irás acostumbrando. ¡Y recoge!

 

ADELA.- ¡A sus órdenes! ¿No será ninguna cosa rara? Porque  yo en las casas que he trabajado todo era de lo más normal.

 

TOMAS.-  Tranquila. Que esta casa también es normal, dentro de lo que cabe, claro. Si  te cuento esto es para que te hagas una idea.  Una de esas cosas raras, fueron unas sardinas arenques pegadas en un cartón  y colgadas como cuadro en la pared.

 

ADELA.-  (Muy sorprendida) ¿Unas sardinas?  ¿Y dices que eran arenques?

 

TOMAS.- Sí, ¿qué pasa con las sardinas arenques?

 

ADELA.-  No, nada, a las sardinas no les pasa nada. (Pensando en voz alta)  Unas sardinas arenques, sardinas arenques, que cuadro de mal gusto, (Arrugando la nariz) y que olor…  Lo que  es muy raro,  es que gustándole esas extravagancias la casa esté tan normalita.

 

TOMAS.- Se la decoró una empresa,  y le costó un dineral.  Se llevaban cada disgusto…

ADELA.-   Ya, ya me imagino. (En plan de cotilleo) ¿Tiene mucho dinero?

 

TOMAS.- (Regañándola) Eres tú muy curiosa…

 

ADELA.- Oye, que  sólo lo pregunto por saber si tengo seguro el sueldo  a fin de mes.

 

TOMAS.- Descuida, que el señor no ha dejado de pagar  a nadie a fin de mes. El señor es un hombre de los que se han hecho  a  sí mismos.  (Con intención) Claro, que así le ha salido…

 

ADELA.- Estoy pensando en las sardinas.  ¿Y cuánto tiempo tuvo esas sardinas colgadas en la pared?

 

TOMAS.- Hasta que el olor no se podía aguantar más, entonces reconoció que no era un buen cuadro.

 

ADELA.- (Sin salir de su asombro) Ah, ya…  ¿Y por qué colgó unas sardinas y no un paisaje como todo el mundo?

 

TOMAS.- Porque un amigo suyo que es  jeta y  que viene  mucho por aquí, se lo vendió diciendo que era una obra de arte  de un artista en alza. Y como el pobre  tiene dinero pero no entiende un pito de arte, pues se lo creyó.

 

ADELA.-  Madre mía,  hay que ser tonto para creer eso.  Pues vaya gente más rara que corre  por aquí.

 

TOMAS.- Ya, ya, la irás conociendo.

 

ADELA.- ¿Y sabes si se ha levantado ya?

 

TOMAS.- Creo que sí.

 

Mientras ellos están distraídos hablando, muy silencioso se acerca Camilo con un chándal de color llamativo y  le  da un praspié por detrás de la pantorrilla  a Adela.

 

ADELA.-  ¡¡ Ah... que me caigo!!  ¿Qué  pasa? ¡¡Pero qué burrada es esta!!

 

CAMILO.- ¡Bravo, no se ha caído!

 

ADELA:-  ¿¡Me gustaría saber por qué me ha dado una patada por detrás!? ¿Qué quiere  romperme la crisma?

 

CAMILO.-   (Muy contento) Tomas, ¿te has fijado? No se ha caído, eso dice mucho en su favor.

 

ADELA.- ¡Ya lo creo que dice, que estoy entera de milagro!

 

CAMILO.-  Esta es la prueba de fuego que tiene que pasar todos mis empleados, para saber cómo están de reflejos.

 

TOMAS.- Señor, Adela, está fuerte, recuerde las cuatro últimas, no pasaron la prueba  cayeron en redondo al suelo. 

 

CAMILO.- Vaya si lo  recuerdo, eran cuatro  enclenques ¡Menuda se formó! (Riendo como un energúmeno)  Fue un desmadre,  Ji, ji, ji  como se pusieron.

 

ADELA.- ¿Prueba?  ¡Menuda prueba, para romperse la crisma! (A Tomás) ¡Tú, ya podías avisar!

 

TOMAS.- Oye, que la que yo pasé fue peor.

 

ADELA.- Poco tiempo voy a estar en esta casa.

 

Camilo se coloca  delante de la cristalera y empieza a hacer gimnasia.

 

CAMILO.-  (Empieza a hacer gimnasia) Uno dos, uno dos.  No te enfades, mujer.   Hay que estar fuerte y alimentarse bien, como yo. Hoy por ejemplo, quiero para desayunar  sopas de ajo y sardinas en escabeche.

 

TOMAS.- ¿Sopas de ajo, está seguro, señor? Ya sabe que luego le repiten.

 

CAMILO.-  Pero es lo que me apetece y no me voy a privar.

 

TOMAS.-  No, claro, faltaría más…

 

ADELA.- ¡Viva la cocina de la abuela!

 

TOMAS.- ¿Las sardinas de lata?

 

CAMILO.- Sí. Y trae el abridor que  yo mismo  me las abriré,  me hace mucha ilusión y me recordará tiempos pasados. Mientras me lo preparas saldré al jardín a ponerme en forma.  (Se retira por la puerta del jardín)

 

ADELA.-  (A Tomás) Que tío más raro, tiene fijación con las dichosas sardinas.

 

TOMAS.-   Es un poco excéntrico y como tiene dinero se lo puede permitir. Es que fue comercial de conservas y le gusta rememorar tiempos pasados.

 

ADELA.-  Pues ya es ser un tonto redomado. (Intrigada) ¿Y vendiendo conservas  le ha dado para tener todo esto?

 

TOMAS.- Por lo visto era muy bueno en lo suyo y supo ampliar horizontes.

 

ADELA.-  Pues  tuvo que ampliarlo mucho, ¿eh?

 

TOMAS.- Sí, y además supo invertir, y  luego también  tuvo un golpe de suerte  y le tocó un buen pellizco con  los juegos de azar...  Vamos, que es un hombre que ha nacido de pie, como se

   dice en mi pueblo.  Pero eso no es de tu incumbencia.

 

ADELA.-  Vaya…vaya… ¿No será peligroso?

 

TOMAS.- No, mujer, es totalmente  inofensivo.

 

Suena el timbre de la puerta.

ADELA.- ¿Quién será?

 

TOMAS.-  Puede ser  cualquiera,  que vendrá como siempre  a pedir.

 

Tomás abre la puerta y entra directo Anselmo, es el típico ejecutivo agresivo, con la indumentaria propia de estos personajes,  traje, gafas, móvil, maletín, y moreno de rayos uva.

 

TOMAS.- Viene usted muy temprano, ¿no…?

 

ANSELMO.-   Sí, el negocio  que quiero proponerle a Camilo no puede esperar.

 

TOMAS.- (Con doble intención)  Claro,  porque podría empezar a oler.

 

ANSELMO.-  ¿De qué olor estás hablando?

 

TOMAS.-   (Disimulando) No, nada del menú de hoy.

 

ANSELMO.- ¿Dónde está ese lechuguino?

 

TOMAS.-  ¿Se refiere al señor?

 

ANSELMO.- Sí, a quién va ser…

 

TOMAS.- El señor  está en el jardín haciéndose un hombre.

 

ANSELMO.- ¿Ya ha desayunado?

 

TOMAS.-  No, ¿Por qué  me lo pregunta?

 

ANSELMO.-  Para que sean dos desayunos en lugar de uno, porque  con las prisas tampoco he desayunado yo.

 

TOMAS.-  ¿A usted también le pongo sopas de ajo y sardinas en escabeche?

 

ADELA.-  Es lo que ha pedido el señor… Cocina de pueblo.

 

ANSELMO.- (Con cara de asco) ¿Sopas de ajo?  ¡Ni pensarlo!  Déjalo, ya desayunaré por ahí,  no voy a volver al despacho  con ese perfume. Voy a  buscarlo (Sale corriendo al  jardín) Este tipo de personas, por mucho dinero que tengan  no saben apreciar la buena mesa. Este  lechuguino  en su puñetera vida será  un gourmet.  Sopas de ajo, sopas de ajo, ¡qué asco!

 

ADELA.- Madre mía, cómo corre, parece que le han puesto un cohete en el trasero.  ¿Quién es este tipo?

 

TOMAS.-  El de las famosas sardinas. Vendrá a  venderle otra de sus obras de arte.

 

ADELA.- Menudo cara.   Bueno, voy  a limpiar dentro.

 

TOMAS.-  Sí, ves… porque…Yo voy a la cocina a preparar el desayuno, que ya ha empezado el desfile.

 Los dos se retiran  por la puerta de la derecha.  Entran  Camilo que viene haciendo gimnasia y Anselmo detrás de él.

 

CAMILO.-  ¿Qué haces aquí? 

 

ANSELMO.- ¡Camilo… Camilo! 

 

CAMILO.- Sí, soy yo.

 

ANSELMO.- Sí, ya  sé que eres tú. Por cierto, ¿te has hecho algo nuevo? Te veo, no sé, algo diferente.

 

CAMILO.- Más interesante, y mejor plantao, ¿verdad?

 

ANSELMO.-  (Disimulando) Sí, algo más o menos. 

 

CAMILO.- Eso se debe a este nuevo chándal que me han vendido, por lo visto, casi tiene poderes mágicos.

 

ANSELMO.-  Si tú lo dices… 

 

CAMILO.- ¿A qué has venido tan temprano?

 

ANSELMO.- Si he venido tan temprano, Camilo, es porque no podía esperar más. Tengo que proponerte un negocio ¡estupendo!

 

CAMILO.- Pues venga,  cuenta, cuenta. (Sigue con la gimnasia de un lado para otro)

 

ANSELMO.- (Detrás de él agachándose y levantándose al mismo tiempo que lo hace Camilo)  Escucha bien. Como tienes una casa tan grande, más que grande yo diría exagerada y en un lugar… menudo lugar, ¡privilegiado! En todo un cruce de caminos y paso obligado de las muchas rutas culturales que están  ahora de moda.

 

CAMILO.- Que rutas, que rutas…

 ANSELMO.- Pues muchas: La del camino de Santiago, la del  vino,  la de Don Quijote, la de la plata,  la de Santa Teresa… Bueno, si sigo, estamos hasta mañana nombrando rutas. Verás, pues justamente por todo eso he pensado que podrías convertir esta casa en una posada.

CAMILO.- ¿Una posada?

 

ANSELMO.- Déjame acabar, no seas impaciente. Sería algo así como una posada pero con todo lujo. Una posada con la particularidad de que tú  podrías ir vestido de Don  Quijote, la sirvienta de Dulcinea del Toboso  y el mayordomo, que está más gordito, de Sancho  Panza. ¿Qué te parece?

 

CAMILO.- (Muy pensativo)  ¿Quieres decir? Oye,  no es mala idea,  pero no sé, no sé...

 

ANSELMO.- ¿Qué es lo que no sabes? Esto sería más o menos como un parador, pero a precios más modestos, más populares, ya me entiendes... Algo más económico, para  un turismo  casi mochilero.

 

CAMILO.-  No, si no es eso lo que me preocupa.

 

ANSELMO.-  ¿Entonces, qué es?

 

CAMILO.-   En este momento, lo que más me preocupa es la estatura.

 

ANSELMO.-  ¿La estatura? ¿La estatura de quién?

 

CAMILO. - ¡De Don Quijote, hombre de Don Quijote! (Pensativo) Porque creo yo que el tal Quijote ese, era un poquito  más delgado  que yo, ¿no...? ¿No estaré un poco fondón? Mírame bien, que últimamente estoy comiendo mucho.

 

ANSELMO.-  Mucho y mal.

 

CAMILO.-  Ya, ya lo sé.  Me pierde mojar  pan,  no lo puedo remediar, y lo intento con todas mis fuerzas, pero me flaquean. A ver si voy a tener  que ser yo Sancho Panza y eso no, ¡ni hablar!

 

ANSELMO.- (Sorprendido) Por favor, eso de ninguna manera, tú tienes que ser  Don Quijote. Y… Sí, bueno, él era algo más huesudo que tú, pero con un poco más deporte, y ese chándal milagroso que tienes,  en dos o tres días pierdes todas las reservas acumuladas.

 

CAMILO.-   Pues  tienes razón.  Pero… ¿Y la altura? ¿Qué me dices de la altura?

 

ANSELMO.- Eso no te debe de preocupar, créeme, no tiene ninguna importancia. Se  pone dentro de  la armadura  una  plataforma y  solucionado  el problema, que eso ni se nota.

 

CAMILO.- ¿No...?

 

ANSELMO.- Claro que no, prácticamente todos  los actores de cine llevan plataforma.

 

CAMILO.- ¿Seguro?

 

ANSELMO.- ¡Pues claro, Camilo! ¿Qué te crees  que el tal  Tom Cruise ese y el Dustin Hoffman son gigantes? Pues no, no lo son. Los hace gigantes las plataformas, en la  realidad son casi enanos.

CAMILO:-  (Con cara de memo) Vaya,  vaya, con ese par, menudos tramposos. ¿Y si me la pego?

 

ANSELMO.-  Te recogemos y  no pasa nada, además un tropezón lo tiene cualquiera. 

 

CAMILO.- (Pensativo) Sí, claro.

 

ANSELMO.-  Camilo, ya sabes lo  de moda que se ha puesto lo típico y hay que aprovechar la ocasión. Te aseguro que  enseguida que me surgió la idea  pensé en ti, me dije, este chollo no se lo puede perder un negociante como mi amigo Camilo.

 

CAMILO.-  (Con doble intención)  Menos mal que pensaste en mí para un chollo así. Estoy dándole vueltas a lo del disfraz, ¿no pareceré uno de esos que se disfrazan de noche?

 

ANSELMO.- ¿Quieres decir un drag queens?

 

CAMILO.- Sí, esos, esos. No vayas a pensar que soy un mojigato pero ya sabes cómo se las gasta la gente, te ve vestido de  cualquier cosa  y ya empiezan a cuchichear.

 

ANSELMO.- (Convenciéndole) Que barbaridades estas diciendo. No, hombre, no. Si tú iras vestido de toda una leyenda. Nada más y nada menos que de Don Quijote (Haciendo la comedia) Ya, ya lo veo, posada del hidalgo  don Camilo Cornejo.

 

CAMILO._  Tienes razón, suena bien, ¿eh? (Con mucha ceremonia)  El hidalgo Don Camilo. 

 

ANSELMO._ (Haciendo la comedia) Camilo, no olvides el apellido. Mira, escucha. Posada del hidalgo  don Camilo Cornejo. Porque no hay que olvidar en este caso, el apellido, que teniendo otra C se recuerda muchísimo mejor.

 

CAMILO.-   Tienes razón con dos ces que bien suena. Posada de don Camilo Cornejo. Sí, sí me gusta, me gusta. Pero no sé qué dirán mis empleados y  Katerina...

 

ANSELMO.-  ¿Tus empleados? Tus empleados que digan lo que quieran, eso poco te tiene que importar. Y por Katerina, no te preocupes, que te dirá todo lo contrario  se pondrá  tan contenta que dará saltos de alegría.

 

CAMILO.-  Yo no estoy muy seguro, pero si tú lo dices…

 

ANSELMO.- Ya lo verás. (Tratando el tema con mucha importancia) Camilo, tú ya sabes que estas cosas hay que hacerlas a lo ¡grande!

 

CAMILO.- Sí, claro ¿qué  quieres decir?

ANSELMO.- Que se tiene que hacer un estudio de marketing, luego una buena  promoción en  televisiones, revistas, radio y demás,  y eso vale una pasta.

 

CAMILO.-  Bueno ¿y qué? Lo que se necesite se hace ¡Tenemos que dar el bombazo!

 

ANSELMO.-¡ Bien dicho, así se habla! (Le suena el móvil) ¿Si…? ¡Ah, eres tú! Estoy en casa de Camilo. Sí, sí. ¿Qué…? ¿Qué también está interesado? Ahora mismo se lo estaba comentando a él.  No, no, de  eso no hagas nada,  que se espere.  Ya, ya, pero Camilo está primero, ¿Te queda claro? Está bien, vale, vale,  hasta luego. (Cierra el móvil)  Es mi socio, que tenemos un cliente interesado en algo muy similar, pero tú, tranquilo,  que la exclusiva de esto es toda tuya.

 

CAMILO.-  Si, sí,  no  quiero que en esto meta las narices nadie. Ya me he puesto nervioso, no perdamos tiempo,  ¿De cuánto te hago el cheque?

 

ANSELMO.- (Sorprendido)  Así… me has pillao un poco... Como te he dicho hay  que hacer un  buen estudio de marketing primero.

 

CAMILO.- Pues hazlo, pero rápido.

 

  ANSELMO.- Esta bien,  me pones en un  aprieto, pero si tanto interés tienes, lo haré a ojo de buen cubero.  Para los primeros papeleos, yo creo que con unos cincuenta mil euritos  podremos empezar a planear, a preparar los primeros diseños.

 

  CAMILO.- (Muy entusiasmado) Nada, nada. Ahora mismo te lo hago para que empiecen con los dibujitos. (Camilo saca de un cajón el talonario y al mismo tiempo suena el timbre de la puerta)

 

ADELA.- (Desde dentro) ¡Voy yo,  Tomás!

 

Entra Katerina directa al salón

 

KATERINA.- (Con superioridad) Buenos días.

 

ADELA.- (Se coloca delante de ella para frenándole el paso) Buenos días. Usted dirá,  ¿por quién pregunta...?

 

KATERINA.- ¡Cómo que por quién pregunto! ¿Usted no sabe quién soy yo?

 

ADELA.- (Con tono burlón) Si usted no me lo dice, yo,  de momento no soy adivina.

 

KATERINA.- (Seca) Para tu información, soy la señorita Katerina, futura señora de  toda esta casa.

 

ADELA.- (Con retintín y moviendo los dedos) Usted perdone, como vienen tantos pidiendo...

 

KATERINA.-  ¡Espero que para otro día lo tenga bien presente!

 

ADELA.- (Burlona) Lo intentaré... lo intentaré...

 

Adela se retira por la misma puerta.

 

KATERINA.- ¿Quién ha traído a esa mona?

 

CAMILO.- Si hay una mona es cosa de Anselmo, yo de eso no sé nada de nada.

 

ANSELMO.- ¿De qué mona estás hablando?

 

KATERINA.-  ¡De la asistenta, de quién va a ser!  (Besándolo) Buenos días, cariñín. (A Anselmo) ¿Y tú qué haces aquí?

 

ANSELMO.- He venido a proponerle un negocio estupendo a Camilo.

 

KATERINA.- (Cogiéndole de los  mofletes) Dime, Camilín , ¿de qué negocio se trata?

 

CAMILO.- ¡Anselmo ha tenido una gran idea! Como esta casa es tan grande,                                                                 quiere convertirla en una posada.

 

KATERINA.- ¿Una posada?

 

CAMILO.- (Con mucha ilusión) Sí, y espera cariño, que  eso no es lo más importante. 

 

KATERINA.- ¿Ah, no… todavía hay más?

 

CAMILO.- Mira, lo importante  es, que para darle un aire más... original, yo,  tendría que ir vestido de Don Quijote, la sirvienta de Dulcinea del Toboso y el mayordomo  de Sancho Panza ¿Qué te parece?

 

KATERINA.- (Girando  los brazos como si fueran hélices) ¿Y yo quien soy, “los molinos de viento”?  ¡Mientras esa mona hace de Dulcinea!

 

CAMILO.- Catalina, ¿Estás celosa?

 

KATERINA.- ¡No me llames Catalina, sabes que no soporte ese nombre!

 

ANSELMO.- ¿Por qué? Se parece mucho al tuyo.

 

KATERINA.- ¡Tú siempre tan oportuno! Pues no creas que voy a consentir que mi futura casa, se convierta  en el Corral de la Pacheca y mi futuro marido, sea el centro de todos los chistes.  ¡Eso ni lo sueñes!

 

CAMILO.- Cariño, a mí me había parecido un gran negocio.

 

KATERINA.- A ti, cariñin, todo te parece un gran negocio. Menos mal que aquí estoy yo para defender lo nuestro.

 

ANSELMO.- Bueno, Camilo, ¿el cheque me lo das o no?

 

KATERINA.- ¡Pero bueno, no te he dicho que no hay negocio! ¿A cuánto ascendía esta vez el soplo?

 

CAMILO.- No mucho, cincuenta mil euritos.  Katerina, no hables así de Anselmo, él sólo quiere  lo mejor para nosotros.

 

KATERINA.- ¿Has dicho cincuenta mil euros? ¡Vaya! Esta vez el soplo ha subido más que la vez anterior, la de las sardinas.

 

ANSELMO.- ¡Katerina, me estás ofendiendo! Tú no sabes lo que miro yo por Camilo.

 

KATERINA.-   Seguro, ya lo veo…

 

ANSELMO.- ¡Camilo, di algo o me marcho!

 

CAMILO.-  Parece que a Katerina  no le gusta mucho.

 

ANSELMO.- Camilo, por culpa de esta mujer te vas a perder un gran negocio. ¡No sé cómo la puedes aguantar!

 

CAMILO.- (Risueño) Porque estoy enamorado y...

 

KATERINA.- (Riendo) ¡Ja, ja, ja , menudo negocio el tuyo! 

 

Anselmo muy enfadado, se dirige a la puerta de salida y se cruza con Adela que sale con el plato de sopa.

 

ADELA.- ¡Cuidado, la sopa!

 

ANSELMO.- ¡Pues apártala!

 

ADELA.- Señor,  le traigo su plato de sopas de ajo. ¿Se las pongo en la mesa?

 

KATERINA.- ¡Chica! ¿A ti que te parece? Ya puedes retirarte,  es que no ves que estoy  hablando con el señor… ¡Vamos, rápido, rápido!

 

ADELA.-  (Encarándose con ella) ¡Si quiere me compro unos patines, para correr a cien por hora! ¡Será posible!   (Se retira haciendo gestos)

 

CAMILO.-  Qué sopita más rica,  me la voy a comer tooooda...

 

KATERINA.- (Retirándole el plato) Cómo puedes comer de buena mañana  sopas de ajo y con este tiempo.

 

CAMILO.- Cariño, porque me gustan muchísimo y me recuerdan a mi madre.

 

KATERINA.- (Con zalamerías) Camilo, cielito, escucha bien lo que te voy a decir.  Tú, pensabas darle a ese zángano los cincuenta mil euros, pues ese cheque me lo das a mí  y yo te demostraré lo bien que puedo gastarlo, perdón, quiero decir emplearlo. Mucho mejor que ese caradura. 

 

CAMILO.- Catalina, le has cogido manía Anselmo.

 

KATERINA.- ¡No me llames Catalina, caramba!

 

CAMILO.- Perdón, perdón, cariñito.

 

KATERINA.- Camilo, ¿te has hecho algo en el pelo?

 

CAMILO.- Sí, sí, lo has notado, ¿verdad? Me lo he oscurecido un poco. ¿A qué me sienta mejor?

 

KATERINA.- (Disimulando) Bueno, sí, puede ser. Dejemos todo eso y hablemos de lo que nos interesa a los dos. Camilo, yo no le he cogido manía  a Anselmo, lo que pasa es que cada vez que viene...¡ te pega un sablazo! Como la vez anterior , la de las sardinas. ¿Ya no lo recuerdas?

 

CAMILO.-  Sí, claro que lo recuerdo y si no lo recordaba ya estás tú  aquí para recordármelo.  Me divertí muchísimo, viendo cómo se consumían, día… tras día, y observando las caras que ponían  todos los que venían.

 

KATERINA.-  Como para no ponerlas.  (Haciéndole una caricia) Camilín, no hablemos más ni  de sardinas, ni de ese caradura y hablemos de nosotros, cariñito.

 

CAMILO.- Mi gatita dirá...

 

KATERINA.- Miau…miau…

 

KATERINA.- ¿Qué es lo que quiere esta gatita?

 

KATERINA.- (Sin penárselo) ¡A ti y a un deportivo rojo! Camilo, ya sabes lo bien que me sienta el color rojo. No hay más que verme.

 

CAMILO.- (Bromeando) A mí, lo que me gusta es quitártelo.

 

KATERINA.- Cómo eres Camilin… (Ronroneando)  He estado pensando…, que desde que me compraste el barquito y los pendientes de diamantes, ha pasado casi un mes.

 

CAMILO.- ¿Un mes? ¿Tan poco?

 

 KATERINA.-  ¿Poco?  Camilín, voy a tener que  pensar que te estás volviendo un tacaño.

 

CAMILO.- ¡No, eso no, soy cualquier cosa menos eso! (Tratando de despistarla)  Mira, mira Catalina, lo que he aprendido  a hacer.

 

KATERINA.- Otra vez con el nombrecito… Me lo voy a tener que tatuar                                                                                                        en la frente, para que no se te olvide.

 

CAMILO.- Perdona gatita.

 

KATERINA.- Tu gatita te perdona, (Zalamera)  Miau... miau...

 

Camilo , pone música de redoble de tambores, se sube en lo alto de una silla o en el desnivel de la entrada y salta con posición como en el circo.

 

CAMILO.- Dime,  ¿qué te ha parecido? ¡Es un salto mortal!

 

KATERINA.- (Sigue la comedia disimulando la idiotez de Camilo) ¡Es precioso cariño, precioso!  Pero ten cuidado podrías lesionarte.

 

CAMILO.- No te preocupes, estoy bien entrenado. Lo vi el otro día en un programa de la televisión, lo hacía un perro muy pequeño, pero muy bien entrenado, como yo.

 

Katerina está aguantando hasta la respiración cuando   Tomás pide permiso para entrar.

TOMAS.-  (Entrando muy despacio) ¿Se puede, señor?

 

KATERINA.- Cariño, estábamos hablando de cosas muy importantes. ¿Recuerdas? ¿No se puede esperar ese cretino?

 

CAMILO.- Ka, Ka...terina tranquila, que el cretino sólo quiere dejarme el desayuno.  Pasa, Tomás.

 

TOMAS.- (Entra con una bandeja en la trae  una lata de sardinas el abridor y una manzana)  Señor, le traigo la lata de sardinas y el abridor ¿Todavía no se ha comido la sopa?

 

CAMILO.- (Titubeando)  Ka…Katerina que no me deja.

 

KATERINA.- (Katerina con la cabeza dando a entender que es tonto de remate) Cariño, tienes que procurar alimentarte mejor y no con unas tristes  sardinas y unas sopas de ajo.

 

CAMILO.- Ya te lo he dicho,  que me gustan a muchísimo,  y  comiéndolas  no hago mal a nadie.

 

KATERINA.- Pero un hombre de tu posición  tiene que tener una dieta más sana y menos ofensiva para los demás.

 

CAMILO.- ¿A quién ofendo yo comiendo sopas de ajo? El ajo es muy bueno para la sangre y para el reuma.

 

KATERINA.- Sí, no lo dudo pero también es un repelente para apartar a los demás.

 

CAMILO.-   Ya será menos. Y mira así no se pegan tanto.  (Intentando meter la cuchara en el plato)

 

TOMAS.- Señor, ¿qué ha pasado con el señor Anselmo? Se ha marchado diciendo que era una loba y no sé cuántas cosas más. Señor, ¿a qué loba se refería? También ha dicho que volvería  cuando no estuviera esa... estropea planes...

 

KATERINA.- ¡Bueno Tomás, ya nos has dado suficientes explicaciones! ¡Vamos retírese!

 

TOMAS.- ¿Me retiro señor?

 

CAMILO.-  Sí, sí márchese antes de que...

 

Suena el timbre de la puerta

 

KATERINA.- ¡Vamos, ya puede ir a abrir!

 

TOMAS.- (Levantando las manos) ¡Voy volando, (Con retintín) señora...!

 

KATERINA.- Camilo, estos sirvientes no tienen ningún respeto.

 

CAMILO.- Sobre todo  a ti, cariño. ¿Quién puede ser esta vez?

 

KATERINA.- Eso digo yo, quién será ahora.  Camilo, en esta casa  no se puede tener una conversación seguida.

 

CAMILO.- Catalina, ¿Será alguien que vendrá  pidiendo?

 

KATERINA.- ¡Otra vez con el nombre!   Eso me temo,  que sea alguien pidiendo.

 

Entra  Dolores la hermana de Camilo muy afligida.

 

DOLORES.- (Mirando a Katerina no con demasiada simpatía)  Buenos días.

 

CAMILO:- ¿Qué haces aquí de buena mañana y con esa cara?

 

DOLORES.- Referente a mi cara, Camilo, siempre he tenido la misma, de venir tan temprano, es que… me gustaría  hablar a solas contigo.

 

KATERINA.- Bien, me voy (Se hace un silencio)  Muy finamente me estáis echando de esta casa.

 

CAMILO.- (Tartamudeando)  Ca...Ca...Ca...

 

DOLORES.- ¡Camilo! ¿Estás tartamudeando?

 

CAMILO.- He querido decir, Katerina. (A Katerina) Cariño,  no te marches. Dolores, Katerina,  es… como si fuera yo mismo.

 

KATERINA.-  Gracias, Camilo, eres un sol.

 

DOLORES.-  No quiero ser pesada Camilo, pero prefiero hablar a solas contigo.

 

CAMILO.- ¡Qué manía! (A Katerina) Por favor, cariño, ¿te puedes esperar en  la cocina?

 

KATERINA.-  (Se acerca  a la puerta de salida) ¡Camilo, por quién me has tomado, donde me voy es de esta casa!

 

CAMILO.-  (Detrás de ella)  Cariño, no te lo tomes así.

 

DOLORES.- ( Llamándolo con insistencia)  ¡Camilo, hermano, se nos está haciendo tarde!

 

CAMILO.- (Suplicándole) Por favor Cata, perdón Katerina, no lo tomes así, ya sabes la  influencia que ejerce mi hermana sobre mí, como es la mayor, pues siempre me ha podido.  Si te parece bien quédate en el recibidor. (Tirando del bolso )

 

KATERINA.- ¡Camilo, yo no soy tu sirviente! ¡Por favor, Camilo, no te agarres al bolso que me lo vas a romper!

 

CAMILO.- Quédate... quédate... en ¡la cocina! Sí, eso, en la cocina.

 

KATERINA.-  (Muy ofendida) ¿En la cocina? ¡Lo que  voy a hacer  es salir ahora mismo de esta casa!

 

CAMILO.- (Insiste con el  bolso) ¡Perdona cariñin! Te llamaré luego por teléfono.

 

KATERINA.- ¡No sé si lo cogeré, adiós!  (Da un portazo y se retira)

 

DOLORES.- Camilo,  ¿vienes de una vez?

 

CAMILO.- ¡Ya  estoy aquí,  pesada! Mira lo que has formao, tú y tu manía de estar solos.        

 

DOLORES.- Camilo, no quiero meterme en tus cosas pero esa mujer no te conviene.

 

CAMILO.- Me haces gracia, no quieres meterte pero ya te has metido,  ¿Por qué no me conviene?

 

DOLORES.- Te trata como a un guiñapo.

 

CAMILO.- Eso lo dirás tú. ¡Dolores, estás hablando de Catalina!

DOLORES.- ¿De quién?

 

CAMILO.-  He querido decir Katerina.  Bueno, no me des más la tabarra y dime, ¿a  qué has venido?

 

DOLORES.- Primero a verte, y después a...

 

CAMILO.-  Y después, a...a…a... ¿A qué? (Se pone a hacer flexiones de un lado a otro)

 

DOLORES.- Camilo, tú ya sabes  la cabeza que tiene tu sobrino para todo.

 

CAMILO.- (Moviéndose de un lado a otro  de la habitación haciendo  flexiones) Te felicito hermana.

 

DOLORES.- ¿Por qué?  Si hoy  no es mi santo, ni nada parecido.

 

CAMILO.-  Por haber dado  a luz un hijo con la cabeza cuadrada.

 

DOLORES.- Camilo, siempre estás de broma y esto es serio, ya estás peor que Andrés.

 

CAMILO.- ¿Peor que nuestro hermano Andrés?

 

DOLORES.-  Pues sí. Camilo, siempre has sido  algo raro,  pero hoy,  te veo más raro todavía.  Y mira que de los dos hermanos que tengo el más normalito eres tú.

 

CAMILO.- Hermana, a lo mejor necesitas gafas. Acaba rápido, que tengo que seguir haciendo  “gimnasia”.

 

(Dolores detrás de Camilo agachándose y levantándose al mismo ritmo que él)

 

DOLORES.- ¡Hermano!

 

CAMILO.- ¿Qué....?

 

DOLORES.-  A tu sobrino le han concedido una beca, para estudiar en los Estados Unidos de América, y ya sabes lo importante que es  eso para nosotros.

 

CAMILO.- Dolores, te felicito de nuevo, tú ya sabes que yo nunca he tenido cabeza para los estudios. Pero a ver ¿dónde quieres ir a parar?

 

DOLORES.- ¡Camilo, por favor, quieres parar de una vez, tengo que hablar contigo!

 

(Camilo, se vuelve a subir a la silla y se tira, agarrando el bolso de Dolores  que está a su lado y le rompe el asa)

 

DOLORES.- ¡Por Dios, Camilo! ¡Un poco de formalidad, esto parece el famoso robo del tirón!

   ¡Mira como me has dejado el bolso hecho un trapo! ¡Déjate de tonterías y ten un poco de formalidad que ya no eres un niño!

 

CAMILO.- (Riendo a carcajadas)  Si te lo hubieras colgado en el otro brazo no se habría roto...ji,ji,ji  pero  en este, se ha roto, chata, se ha roto ja ja...

 

DOLORES.- ¡Camilo, estás  hecho un tarugo!

 

CAMILO.- ¡Lo que estoy es hecho un atleta, mira, mira! (Intenta sacar bíceps y aprieta el brazo de Dolores)

 

DOLORES.- ¡Camilo, ya está bien,  a este paso voy a salir de esta casa  con muletas! ¡Quieres parar de una vez y escucharme, me estás poniendo nerviosa!

 

CAMILO.- (Canturreando) ¡Ay, Dolores, Dolores! ¿Dónde te duele?

 

DOLORES.- Camilo, te voy a ser sincera y no me voy andar por las ramas, necesito dinero para tu sobrino.

 

CAMILO.- ¿Para qué?

 

DOLORES.- Camilo, si no has perdido la memoria  a parte del sentido común, te he dicho que ha tu sobrino, le han concedido una beca para estudiar en los Estados Unidos de…

 

CAMILO.- (Cortándola) ¡De América! Ya lo has dicho.

 

DOLORES.- Deja que acabe.  El dinero lo necesito para el viaje y pequeños gastos de allí.

 

CAMILO.- ¡Menuda beca! Vamos, para darse la vida padre  a costa del tío Camilo.

 

DOLORES.-  (Haciendo la comedia)  Está bien, si es eso lo que piensas de nosotros, me voy ahora mismo de esta casa, pero ya puedes pagarme el bolso que me acabas de romper con  la tontería  esa del  saltito.

 

CAMILO.- ¡Para dolorida! Con razón te pusieron Dolores ¿De cuánto te hago el cheque?

 

DOLORES.-  Tú mismo, pero recuerda que en América todo es a lo grande, ya sabes. (Solemne)   Camilo, hermano,  quiero que te des cuenta  de lo importante que es esto para nosotros.

 

CAMILO.- Me lo imagino, poder fardar  con  todas tus amiguitas, contándoles  que tu hijo está estudiando en América, porque aquí no hay nivel para una cabeza como esa…   (Con retintín) ¿Verdad hermanita?

 

DOLORES.- Camilo, nunca sé si hablas en serio o en broma.

 

CAMILO.-  (Como la cosa más natural) Tengo un cheque  hecho ¿Te van bien cincuenta mil euritos? 

 

DOLORES.- (Cambia hasta de color)  ¿Cincuenta mil euros?  ! Me va, me va! ¡Sabía que podía contar contigo hermanazo!

 

CAMILO.-  Claro, como siempre. (Moviendo el cheque)   Adiós posada…

 

DOLORES.- ¿Qué dices?

 

CAMILO.- Nada, nada, cosas mías.

 

DOLORES.- ¿Te encuentras bien Camilo?

 

CAMILO.- Claro que sí.

 

DOLORES.- Te encuentro tan raro…

 

CAMILO.- Yo creo que al final vas a necesitar gafas.

 

Suena el timbre de la puerta, Adela sale a abrir y  entra al momento.

 

DOLORES.- Bueno, dame un beso, atleta.

 

ADELA.- ¿Se puede,  señor?

 

CAMILO.-  ¡Adelante, pase, que pase  el que sea que sigue la fiesta!

 

ADELA.-  (Para ella) Que rarito es el pobre. (A Camilo)   Señor, un mensajero ha traído esta carta.

 

DOLORES.-  ¿Una carta?   Ay,  Dios mío, qué  será, que será…

 

ADELA.- ¿Le doy algo de propina,  señor?

 

CAMILO.- (Coge la manzana  que hay en la mesa y se la tira) Toma,  dale  una manzana, que se la coma por el camino.

 

ADELA.- ¿Una  manzana?

 

DOLORES.- (Con autoridad)  ¡Sí chica! Ya has oído a mi hermano, con tanta crisis no están los tiempos para dar nada.

 

ADELA.- (Con retintín)  Bueno… bueno… Seguro que me la tira a la cabeza.

 

CAMILO.- Pues te agachas, así no te da.

 

ADELA.- (Relatando se retira) Madre mía, que cara tiene, una manzana.

 

DOLORES.- Vamos,  ábrela rápido,  antes de que me marche, date prisa.

 

CAMILO.-  Que impaciencia.  Esta carta no sé  de quién es.

 

DOLORES.- (Quitándosela de golpe) Trae, te la leeré yo, me pones nerviosa. “Llegaré esta tarde stop, ganas locas de verte, stop, besos y abrazos, Reinaldo.

 

CAMILO.-  Que ahorrativo en palabras. ¿Dónde dice que está reinando?

 

DOLORES.- ¡Qué hablas de reinar!

 

CAMILO.- (Pensativo)  Yo no conozco a ningún rey (Tira la carta) Será una equivocación.

 

DOLORES.- Yo me voy,  como siempre en esta casa no hay quien se aclare, es todo siempre tan raro.

CAMILO.-  Yo también me voy  de cabeza a la ducha  que  estoy sudando (Coge la mano de Dolores y se la pasa por la frente)  Mira,  toca, toca.

 

DOLORES.- (Le da un manotazo) ¡Déjate de tonterías!

 

Dolores se retira por la puerta principal y Camilo sale corriendo como si hiciera footing por la otra puerta.

                                                                OSCURO

 

 

 

 

 

 

 

 

 Al encenderse la luz Adela está arreglando el salón y entra Tomás.

 

TOMAS.- Adela,  hay un joven que pregunta por ti.

 

ADELA.- Si es muy guapo, guapísimo, es mi novio.

 

TOMAS.- Yo de eso no entiendo,  algo  raro sí parece.  Si lo ve el señor...

 

ADELA.- Pues si que es puntilloso. ¿Qué pasa,  no puedo ver  a mi novio?

 

TOMAS.- Poder, lo puedes ver cuando quieras, pero  en tus horas libres.

 

ADELA:- Bueno, bueno… ¡ni que estuviera en un convento de clausura! Además, él también tiene un montón de visitas,  porque yo tenga una...

 

TOMAS.-  Él puede tener las que quiera para eso es el señor. Yo ya te he avisado.

 

Están hablando y entra Miguel es un chico joven de aspecto fuerte, lleva una indumentaria que parece sacado de una película de acción.

 

MIGUEL.- Bueno, ¿qué pasa? Llevo una hora esperando fuera.

 

ADELA.-  Ya está bien Tomás, hacerle esperar una hora. 

 

TOMAS.- ¡Qué dices  de una hora, si acabas de llegar! Voy a la cocina porque, si no...

 ( Se retira)

 

ADELA.- Miguel, ¿qué haces aquí?

 

MIGUEL.- He venido  a ver cómo era la casa y que tal te trataban.

 

ADELA.- Pues la casa ya la ves, muy bonita y del  trato no me puedo quejar, el señor está completamente tarado, pero...

 

MIGUEL.- (Alterado) ¡Ah, pues eso no! ¡Yo no te dejo trabajar con un tipo así! Que estos  taraos,  no sabes nunca por dónde te pueden salir!  ¡Que no se le ocurra acercarse a ti! (Apretando los puños) ¡Si te hace daño lo machaco! ¡Porque yo, estaré en el paro, pero ese no se burla de ti!

 

ADELA.- ¡Ya está bien Miguel, como te pones! Si el pobre no me ha hecho nada de nada.

 

MIGUEL.- ¡Eso, tú defiéndelo!   ¿Es joven, o un viejo  maniático?

 

ADELA.-  (Nerviosa) Ni una cosa ni otra, de mediana edad.

 

MIGUEL.- (Sigue alterado) ¡Ya está, los más pícaros! ¡Tú no le des confianzas! Estos empiezan regalándote un botecito de colonia barata ¡y automáticamente, se creen con derecho a todo! (Apretando los dedos) ¡Y eso sí que no, porque yo me lo cargo!

 

ADELA.- ¡Ya está bien, cómo te pones por nada! No voy a poder ni respirar. Además,  tiene novia.

 

MIGUEL.- ¿Novia? ¡Con más años que Matusalén!  ¡Lo que te digo! Adela... Adela...

 

ADELA.- Por favor,  tranquilízate. Miguel, yo creo que tienes mucho tiempo libre y le das mucho al coco. (Con cautela) Miguel,  lo que tienes que hacer es buscar un empleo.

 

MIGUEL.- ¿Qué... cómo...? ¿Y perder la antigüedad en el carné de paro? ¡Ni hablar! ¡Eso ni pensarlo! (Tratando de convencerla) Mira, Adela, tú ya sabes bien que no he encontrado nada adecuado a mis aptitudes.

 

ADELA.- (Con cara de bobalicona)  Tienes razón, como eres tan listo, y todos los trabajos son tan insignificantes y con una paga de risa.

 

MIGUEL.- Y tan de risa, cobro más estando en paro que trabajando. Con lo que me pagan en esos trabajos no me llega ni para pagar la habitación de la pensión. Adela, ¡estoy más asqueao…!

 

ADELA.-    Tranquilízate un poco, que todo se arreglará.

 

MIGUEL.- Es muy fácil hablar. El paro se acaba y me veo en la calle.

 

ADELA.- ¡No, no eso no lo voy a consentir yo! ¿Quieres que hable con el señor para que te proporcione un empleo?

 

MIGUEL.- ¡Ni se te ocurra!  Conque trabaje uno de los dos con ese tarao, ya hay bastante, alguno de los dos tendrá que estar normal  ¡digo yo!

 

ADELA.- Sí, claro, no había caído en eso,  tienes razón cariño. Tengo una idea ¿Por qué no le pedimos un préstamo y le decimos que es para comprarnos el piso? Y se lo pagamos poquito… a poquito...

 

MIGUEL.-  ¡Yo no le pido a ese tío, ni un vaso de agua!

 

ADELA.- Tranquilo, hombre,  que ya se lo pediré yo.

 

MIGUEL.- Ah, bueno, eso es otra cosa.

 

ADELA.- ¿Quieres tomar algo?

 

MIGUEL.-  Vaya, ya es hora  que me ofrezcas algo.

 

ADELA.- ¿Quieres una menta que tienen, que el amor aumenta?

 

MIGUEL.- ¡Déjate de mentas, que  eso son  bebidas de viejas!  La menta se la guardas para él, que yo de amores estoy bien servido.

 

ADELA.- (Zalamera ) Eso espero...

 

MIGUEL.- (Sin hacerla ni caso) Anda, ponte un whisky y  que sea del bueno.

 

ADELA.- (Coge la botella del mueble y le sirve en un vaso)  (Se pone a escuchar) Parece que viene el señor.

 

MIGUEL.-  Pues yo no quiero verle.

 

ADELA.- Si es mejor que no te vea, podría enfadarse (Tratando de quitarle el vaso) Dame el vaso y escóndete detrás del sofá.

 

MIGUEL.- ¡Deja el vaso en paz!

 

ADELA.- Venga date prisa.

 

MIGUEL.- Ya voy… ya voy… no empujes.

 

Entra Camilo mientras ellos dos  corren a esconderse detrás del sofá. Camilo se sienta en uno de los sillones.

 

ADELA.-  Corre escóndete, qué nos ve, que nos ve.

 

MIGUEL.-  ¡Que no empujes, joder! Que tío más raro, parece idiota.

 

ADELA.- Cariño,  lo es.

 

MIGUEL.- Ah,  claro. Ya no me acordaba.

 

(Camilo se ríe a carcajadas mirando una revista)

 

MIGUEL.- (Sacando la cabeza por detrás del sofá) Mira, el idiota se ríe solo. ¿No será peligroso?

 

ADELA.- No. Me ha dicho Tomás, que tuvo unas sardinas pegadas en un cartón y colgadas como cuadro en la pared, figúrate.

 

MIGUEL.-  (Mosca)  ¿Quién es ese Tomás, otro lunático?

 

ADELA.- No, hombre, no.  Tomas es el que te ha abierto la puerta y es un poco de todo, está entre secretario  y  mayordomo.

 

MIGUEL.- Ah, bueno,  parece normal.

 

ADELA.- Y es normal.

 

MIGUEL.- Oye, muy pronto has contestado tú. ¡Qué no te haga nada porque lo trituro!

 

ADELA.- Te estas volviendo un celoso y un agresivo. Desde que has dejado de fumar te pareces a “TERMINATOR”.

 

MIGUEL.- Como no me voy a poner furioso, si los fumadores estamos casi perseguidos como delincuentes.

 

Camilo coge una campanita  y empieza a llamar a Adela.

 

CAMILO.- (Llama a Adela con la campañilla) ¡Adela, Adela!

 

MIGUEL.-  Que sistema más primitivo. ¿No tiene nada más moderno para llamar?

 

ADELA.- Sí, pero no le gusta.

 

MIGUEL.- Lo que te digo, este tío es raro, raro.

 

CAMILO.- ¡Adela, Adelita!

 

MIGUEL.- Calla, que te llama otra vez ese zumbao.

 

ADELA.- Que bruto eres.

 

CAMILO.- ¡Adela, Adela! (Canturreando)  Si Adelita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por mar...

 

MIGUEL.- ¡ A este me lo cargo yo! ¡Este tío no tiene que seguirte a ti a ninguna parte!

 

ADELA.-  Por favor, cálmate que es solo una canción. Casi es mejor que vuelvas a fumar porque estas de un humor de perros.

 

MIGUEL.- ¡Porque me revientan estos abusos!

 

ADELA.- Pero que abusos ni  que narices. Márchate con mucho cuidado, que yo saldré de aquí  como pueda.

 

MIGUEL.- (Sale agachado) Acuérdate del préstamo, no te quedes corta, que los pisos están muy caros.

 

ADELA.- Pero si no lo vamos a comprar…

 

MIGUEL.- Pero eso el no tiene que saberlo, ¿está claro?

 

ADELA.- Síííí… muy claro.  Procura que no te vea, que de eso me encargo yo. Nos vemos el fin de semana,  (Le da un beso) Adiós cariño.

 

MIGUEL.-  Anda déjate de besos que te está llamando.  Y  ya sabes, duro con él.

 

Miguel se retira agachado, Adela hace ver que entrado por la puerta, viene como si llorase con un pañuelo en la mano.

 

ADELA.- (Haciendo la comedia de gimotear)  ¿Me llamaba señor?

 

CAMILO.- Sí, ¿dónde estabas metida?

 

ADELA.- En mi habitación.

 

CAMILO.- ¿No estarías rezando?

 

ADELA.- No señor. ¿Por qué lo dice?

 

CAMILO.- Porque va a ser, porque tuve una cocinera hace dos años, que se pasaba el día metida en su cuarto rezando, al final, después de tener una paciencia de santos la despedí.

 

ADELA.- Pobrecilla ¿Por qué…?

 

 CAMILO.- Porque a esa beata, con tanto rezo, nunca  se le ocurrió pedirle  al Señor, que al menos un día, no se le achicharrara el puchero. Luego me enteré que era lo que tenía esa  santurrona.

 

ADELA. ¿Y qué era?

 

CAMILO.-  Era un sueño profundo que le provocaba  el vino que se bebía en la cocina.

 

ADELA.-  Vaya con los rezos.  Por eso no tiene que preocuparse porque  mí no me gusta el vino.

 

CAMILO.-  ¡Mejor para ti!  Esa mojigata, en un mes  acabo con las provisiones de tres años.  A ti  te pasa algo  ¿qué es?

 

ADELA.- (Gimoteando)  Nada, señor.

 

CAMILO.- ¡Cómo que nada! Si pareces una fuente con el grifo escacharrao.

 

ADELA.- No puedo contárselo.

 

CAMILO.- ¿Por qué?

 

ADELA.- Me da vergüenza.

 

CAMILO.- ¿Vergüenza? ¿De qué? Que soy un adulto, no un niño, ya cerraré los ojos.

 

ADELA.- Si cierra los ojos se la puede pegar.

 

CAMILO.- ¡O me lo cuentas o te despido! No quiero secretos en mi casa.

 

ADELA.- Bueno, bueno, ya se lo cuento, recuerde que usted me ha obligado. (Haciendo la comedia)  Vera, Miguel y yo nos habíamos comprado un piso y...

 

CAMILO.- (Cortándola)  ¿Quién es ese Miguel?

 

ADELA.- Mi novio… Bueno, como le estaba diciendo. Ahora mi novio se ha quedado sin empleo, y ya sabe usted como son los bancos, como no podemos pagarlo nos lo quieren quitar (Gimoteando, haciendo comedia)  Por eso estoy así, ya ve que problemón tengo.

 

CAMILO.- Qué me vas a contar a mí de los bancos  No se casan con nadie.

 

ADELA.-  Ya lo creo, que no, ni con las cajas, por muy de ahorro que sean.

 

CAMILO.- Con los bancos estamos todos divociaos. Si es por el empleo, yo puedo proporcionarle uno.

 

ADELA.- (Saliendo del paso)  No,  no,  no se moleste.

 

CAMILO.-  Nada de molestia, es casi una obligación.

 

ADELA.- No se lo tome tan a pecho.

 

CAMILO.- ¡Déjate de tanta monserga! Vamos a ver, ¿tú novio sabe podar?

 

ADELA.- No.

 

CAMILO.- ¿Algo de cocina?

 

ADELA.- Tampoco, ni freír un huevo.

 

CAMILO.- ¿Y de cuadras?

 

ADELA.- Nada de nada.

 

CAMILO.- ¿Y de coches?

 

ADELA.- Sí, pero es un peligro al volante.

 

CAMILO.-  Vaya. (Agotando las ofertas) ¿Y... de perros?

 

ADELA.- (Tratando de que abandone) No insista, ya le he dicho que no se molestara.

 

CAMILO.- Tu novio sabe muy poquito...

 

ADELA.- Casi nada, como están joven...

 

CAMILO.- ¡Pues búscate otro novio!

 

ADELA.- Señor... no puedo.

 

CAMILO.- ¿Por qué?

 

ADELA.- Porque  yo… yo... le quiero.

 

CAMILO.- Ah, ya.

 

ADELA.- Señor, yo  quería pedirle, si usted me haría un préstamo para pagar al banco.

 

CAMILO.- (Disimulando)  Un préstamo… un préstamo... ¿Lo necesitas pronto?

 

ADELA.- Sí, ya sabe cómo son los bancos, no esperan.

 

CAMILO.- Qué me vas a contar  a mí que yo  no sepa.

 

ADELA.-  ¿Usted?

 

Entra Tomás

 

TOMAS.- Señor, la señorita Katerina está en la puerta, ¿le digo que pase?

 

CAMILO.- Sí, rápido, puede coger  un buen mosqueo.

 

Tomás sale.

 

ADELA.- Señor, y de lo nuestro ¿qué?

 

CAMILO.-  Ahora no,  lo nuestra va a tener que esperar, ya hablaremos en otro momento.

 

ADELA.- Pero ya sabe lo que hemos dicho de los banco, qué no esperan, ¿Lo recuerda?

 

CAMILO.- Tranquila Adelita, tranquila. 

 

KATERINA.- (Entrando) ¡Camilo! (Mirando a Adela con antipatía)  Perdón,  ya veo que molesto...

 

CAMILO.- Pasa, Cata, perdón, “Katerina”

 

KATERINA.- He venido para ver qué pasaba, como no me has llamado por teléfono.

 

CAMILO.- Lo siento, no he podido, no he tenido ni un momento de respiro.

 

KATERINA.- (Vuelve a mirar con antipatía a  Adela) Ya, ya lo veo...

 

ADELA.- (Le devuelve la mirada) Señor, ¿me retiro?

 

CAMILO.- No sé, como quiera.

 

ADELA.- ¡Entonces me quedo!

 

KATERINA.- ¡Será posible tanto descaro!

 

Muy sofocado y colocándose bien la ropa entra Tomás, detrás de él Reinaldo, un tipo muy sonriente, le da un empujón a Tomás  y le aparta de la puerta.

 

REINALDO.- (Empujándolo) ¡Quita, quita, aparta de aquí! Yo solo me presentaré. (Desde la puerta muy teatral, directo hacia Camilo) ¡Camilo, Camilo, soy Reinaldo!

 

CAMILO.- (Al verlo disparado, se aparta) ¿Dónde dice que está reinando?

 

KATERINA.- No sé, Camilo.

 

REINALDO.- ¡Camilo, no has cambiado nada!

 

CAMILO.- Pues tú has cambiado mucho, porque yo no tengo ni idea de quién eres.

 

REINALDO.- ¡Soy Reinaldo! Recuerda Camilo, tu amigo de la infancia.

 

CAMILO.- ¿De qué infancia?

 

KATERINA.- ¡De la tuya, Camilo!

 

CAMILO.- Ah, claro.

 

REINALDO.- (Llamándola) Pasa, Pitusa.

 

La tal Pitusa, que en realidad se llama Carmen, al igual que Reinaldo, da un empujón  a Tomás  y entra en el salón. Viste de cualquier tribu urbana,  lleva los pelos de colores y varios piercing.

 

CARMELITA.- (Da un pisotón a Tomás) Aquí me tienes viejo.

 

REINALDO.- Vamos, vamos, preséntate.

 

CARMELITA.- (Con música como si diera un telegrama)  Vale,  ahí va eso. Soy Carmen para lo colegas Carmita, hija de Reinaldo Cuevas, y vivimos en Monte la Reina número trece. 

 

ADELA.- No podía ser otro.

 

CAMILO.- ¡Borre lo de trece, soy muy supersticioso!

 

CARMELITA.-  Tranquilo, tranquilo, tío, si lo prefieres te lo diré así,  doce más uno que  es nuestro número.

 

CAMILO.-  No lo nombre.

 

ADELA.- ¿Ha dicho Carmelita? Las descalzas son de mi tierra.

 

CARMELITA.- Yo no voy descalza,  ¿O no lo ves…? Llevo mis  buenas botitas con plataforma y todo...

 

TOMAS.- Por el pisotón que me ha dado, parecen patas de elefante.

 

REINALDO.- ¿Verdad que es una joya?

 

TOMAS.-  Sí, en bruto.

 

REINALDO.- Vaya, vaya, Camilo, estás igual, la misma carita que de niño.

 

CAMILO.- Pues sí que tienes buena memoria.

 

KATERINA.- (Cogiéndole la cara)  Camilo, cariño ¿Te has emocionado?

 

CAMILO.-  Emocionarme... emocionarme... esa no sería exactamente  la palabra.

 

KATERINA.- (Cogiéndolo del brazo)  ¿Cuál sería, sorprendido?

 

CAMILO.- Sí, esa se acerca mucho más.

 

REINALDO.- ¿Cómo   te lo has hecho, para mantenerte tan joven?

 

CAMILO.- No discutiendo con nadie.

 

REINALDO.-  ¡Hombre, no será por eso!

 

CAMILO.- Pues no será por eso.

 

REINALDO.- ¡Qué alegría has tenido siempre  puñetero!

 

CAMILO.- Y en ocasiones así, tengo  bastante más.

 

REINALDO.- (Abrazándolo) ¡Dame un abrazo! ¿No le vas a ofrecer a tu amigo de la infancia ni una copa?

 

KATERINA.- Camilo, estás como petrificado.

 

CAMILO.- Intento hacer memoria.

 

KATERINA.- Vamos a sentarnos. Tomás, sírvenos unas copas.

 

REINALDO.- Yo quiero un whisky, ¡ que no sea de garrafón!

 

TOMAS.- (Con mala cara) De ese  en esta casa no  se gasta.

 

REINALDO.- Bueno hombre, no pongas esa cara de estreñido,  que es broma.

 

KATERINA.- Que bromista es, ¿eh, Camilo?

 

CAMILO.- Sí, ya lo veo, ya.

 

REINALDO.- Bueno, bueno, Camilo, ya me enteré que te tocó la primitiva. Menudo pellizco cogiste ¡Eh, pillastre!

ADELA.- (A Tomás) ¿Le tocó la primitiva?

 

TOMAS .- Chisss, calla.  Él ya tenía su dinerillo, pero ya sabes aquello, de que dinero llama a dinero y como lo llama... pues se vino con él.

 

KATERINA.- Y... ¿usted cómo lo sabe?

 

REINALDO.- Estas noticias corren rápido y en los pueblos ya se sabe...

 

KATERINA.- Pero... si él no ha ido a ningún pueblo.

 

REINALDO.- (Echándole mucho cuento) Pero ya ve usted cómo la vida vuelve a juntar a dos viejos amigos de la infancia.  El jardinero que tuviste la temporada pasada, es del pueblo y hablando con él, me comento que había estado de jardinero en casa de un tal Camilo y preguntando, preguntando, resultó ser  ¡mi gran amigo Camilo!

ADELA.-  Lo de “gran “será una broma, porque el señor es más bien chiquitín.

REINALDO.-  Qué cosas tiene esta chica, que simpática y que mona.

 

KATERINA.- (Con retintín) Muy mona... y muy curiosa también  ¿Vienen ustedes para muchos días?

 

ADELA.-  Sí, díganlo, porque yo tengo que preparar las habitaciones.

 

CARMELITA.- Eso nunca se sabe depende de...

 

KATERINA.- ¡Camilo! No dices nada, te has quedado muy callado.

 

CAMILO.-  No sé qué decir, porque tampoco conozco ese pueblo.

 

KATERINA.- Es normal que no lo conozcas, que yo sepa, tú nunca has estado allí.

 

CAMILO.- (Como si hubiera descubierto algo) ¡Pues es verdad, será por eso que no lo conozco!

 

REINALDO.- Bueno, bueno, Camilo, ¿supongo que esta señorita tan guapísima y tan elegantísima, será tu...?

CAMILO.-  Novia, sí mi novia.

 

REINALDO.- ¡Camilo! Siempre tuviste buen gusto pero esta vez te has superado a  ti mismo.

KATERINA.- Camilo, ¿has tenido más novias?

 

CAMILO.- Bueno, novias... novias...

 

REINALDO.- No seas modesto, Camilo  ¿Recuerdas aquella que era  un poco gordita?

 

CAMILO.- (Tratando de disimular)  Pues, no, no la recuerdo.

KATERINA.-  Cuente, cuente.

 

REINALDO.- Por favor, Katerina, tutéame.  Camilo, que mujer más agradable te llevas.

 

KATERINA.- Por favor... que me voy a sonrojar.

 

CARMELITA.- Viejo, ¿lo vas a contar?   Que esto me interesa.

 

ADELA.- (Con retintín) ¡Bueno, a este paso nos dan las uvas!

 

TOMAS.- Si nos dan también el champán, vale la pena quedarse.

 

REINALDO.- ¡Este Camilo, sigue igual de pillín! Verás, Katerina, ¿Supongo que puedo tutearte? Se te ve tan joven y tan  moderna que…

 

KATERINA.- Sí, sí, desde luego, faltaría más.  

 

REINALDO.- Como te decía, Camilo ahí donde le ves, ¡ha sido un conquistador…!  (Riendo) Ja, ja, ja! Camilo, ¿recuerdas aquella  chica tan simpática que llevaba gafas de culo vaso?

 

CAMILO.- ¿Eh...? Así, de repente, si no me das más datos.

 

REINALDO.- Cómo la has podido olvidar, si estaba loquita por ti. Ahora me estoy   acordando de aquella otra  que tenía los dientes de conejo. ¿Cómo se llamaba?

CARMELITA.- ¡Madre mía, menuda fauna!

 

KATERINA.- (Levantándose en plan novia engañada) ¡Camilo, ya está bien! Todo esto no me lo habías contado.  Esto quiere decir, ¿qué yo para ti sólo soy una  más?

 

CAMILO.- Katerina, no digas esas cosas, tú para mí eres lo más importante, lo pasado, pasado está. (Camilo se acerca al borde del escenario, dirigiéndose al público)  Me está gustando  esto de ser un Don Juan, será que normalmente no me  como un rosco… Y no por falta de ganas.  Aunque,  menudos mamarrachos ha mencionado.

 

ADELA.- (A Tomás) Mi novio tenía razón, tendré que tener cuidado con este pájaro.

 

TOMAS.- Lo debe llevar muy escondido, porque yo no le he notado nada de Don Juan, más bien

   diría que es un poco tímido.

 

ADELA.- Sí… sí... Yo por si acaso, me mantendré apartada de él.

 

CARMELITA.- Bueno, papi. Será mejor que nos marchemos, se está haciendo tarde para buscar el hotel.

 

KATERINA.- ¡Camilo! ¿No consentirás que tu amigo de la infancia se marche hoy?

 

CAMILO.- ¡No claro!  Os podéis quedar esta noche, ya os marchareis mañana por la mañana a primera hora.

ADELA.- (Con insolencia) ¡Bueno! ¿Se deciden de una vez?

TOMAS.-  Díganme algo por favor, pero ¡ya!

 

KATERINA.- (Va directa a ellos) ¡Qué impertinencia! Esas habitaciones, ya tendrían que estar preparadas, en vez de estar aquí curioseando.

 

TOMAS.- Bueno, bueno, no hay que ponerse así por tan poca cosa.

KATERINA.- ¡Venga a trabajar! (Para ella) Panda de vagos…

 

ADELA.- (Retirándose) Esta, no se ha casado y ya empieza a mandar, pues cuando se case no nos va a dejar ni respirar.

 

Adela y Tomás se retiran

 

KATERINA.- ¿Su señora no ha venido con ustedes?

 

REINALDO.- De tu Katerina, de tú, ¿recuerdas?

 

KATERINA.- Perdona, es la costumbre, cuando te han educado así... ¿Viene tu señora o no viene con vosotros?

 

REINALDO.-   Mi mujer... nos dejó hace cinco años.

 

CARMELITA.- Sí, mi vieja nos dejó.

 

KATERINA.- Vaya, es una lástima, pero no te preocupes tu mamá se marchó a un mundo mejor.

 

CARMELITA.- ¡Ya lo creo, se marchó con un pintor veinte años más joven que ella! Nos dijo que quería vivir aventuras.

 

REINALDO.- ¡Y vaya si las vivió! La primera aventura, fue la salida del pueblo a palos.

 

CAMILO.-    ¿Por qué?

REINALDO.- Ese buen pájaro, cobró un dineral por pintar el ayuntamiento.

 

CAMILO.- ¡Y no lo pintó!

 

REINALDO.- ¡Claro que lo pintó, hasta las obras de arte!

 

CAMILO.- (Riendo)  Entonces, era un pintor de brocha gorda.

 

KATERINA.- Pues claro Camilo. No te enteras de nada. Será mejor que llames a Tomás para que les enseñe sus habitaciones.

CAMILO.- (A voces) ¡Tomás, Tomás!

 

KATERINA.- No hay manera de que te modernices.  Camilo, el timbre que te han colocado es para llamar al servicio,  para que dejes de gritar como si estuvieras  en el monte llamando a las cabras.

 

CAMILO.- Os habéis empeñao en ese chisme, pero a mí me sigue gustando más la campanilla, ese aparato me pone dolor de cabeza.

 

KATERINA.- ¿Y la campanilla no?

 

CAMILO.- No.

 

KATERINA.- Bueno, pues llámalo con la campanilla. Camilo, que va a pensar tu amigo Reinaldo...

 

REINALDO.- Tranquila, conozco el chorro de voz de Camilo y me alegra  mucho saber que lo sigue manteniendo.

 

CARMELITA.- Papi siempre me ha contado lo bien que actuaba en la función del colegio, y todo gracias a su chorro, de  voz, claro.

 

CAMILO.- (Llamando al timbre)  Ay que ver, que buena memoria tiene este hombre.

 

TOMAS.- (Entrando) Ya me tienen otra vez aquí. (Con retintín) Ustedes dirán…

KATERINA.- Esas habitaciones, ¿están ya preparadas?

 

TOMAS.- Sí, ya están preparadas. ¿Me llevo el equipaje? ¿Dónde están las maletas?

 

REINALDO.- En el coche, pero sólo hemos traído una.

 

TOMAS.- Mira que bien, poco peso llevaré.

 

CAMILO.- ¿Cómo es que traéis tan poco equipaje?

 

CARMELITA.- Cuando se va  a la aventura, no se necesita más.

 

KATERINA.- Ah, pero ¿vosotros también queréis vivir aventuras?

 

REINALDO.- ¡A nadie le amarga un dulce!

 

KATERINA.- (Riendo) ¡Cómo es este hombre!

 

CAMILO.- Vamos a tener que vivir todos a la aventura.

 

KATERINA.- ¿Cómo dices Camilo?

 

CAMILO.- Nada, nada.

 

CARMELITA.- Troncos, estoy reventada y tengo ganas de ver toda la casa.

 

TOMAS.- No me extraña con esos zancos.

 

KATERINA.- Venga Camilo, enséñales toda la casa, ¡qué es preciosa!

 

CAMILO.- Tampoco es para tanto.

 

REINALDO.- Camilo, eso no me lo creo, porque el jardinero me dijo que menuda casa tenía mi amiguito...

 

CAMILO.- (Con retintín)  Bueno…Bueno… Pero si tu Carmela está cansada… lo mejor para el cansancio es descansar y mañana por la mañana ya veréis la casa antes de marcharos.

 

TOMAS.- ¡Eso, eso! Ya la verán mañana  antes de la marchase.

KATERINA.- ¡Camilo! ¿No consentirás que tu “gran amigo” se marche mañana?

 

REINALDO.- (Levantándose) Si seguimos con tanta cháchara llega la navidad. (A Katerina)  Usted primero, ¡guapísima! 

 

KATERINA.-  Caray, muchas gracias

 

CAMILO.- (Se queda solo) Muchas   confianzas se toma el tal Reinaldo.

                                                        

 

 

                                                                  Oscuro

 

 

                                                             2º Acto

 

Sale Camilo por uno de los laterales en  albornoz.

 

CAMILO.-  (Llamándolo con la campanilla) ¡Tomás, Tomás!

 

TOMAS.- (Saliendo) ¿Qué le pasa que está tan alterado?

 

CAMILO.- Que no encuentro mi chándal nuevo.

 

TOMAS.- Creo que lo llevaba puesto su “gran  amigo”.

 

CAMILO.- ¿Reinaldo?

 

TOMAS.- Sí, el mismo.

 

CAMILO.-  ¿Y por qué se  pone mi ropa?

 

TOMAS.- No lo sé, pero me lo imagino.

 

CAMILO.- Pues si te lo imaginas, dímelo.

 

TOMAS.- Como sólo trajeron una maleta, porque la intención era  quedarse una noche y ya llevan casi   una semana pues se habrá quedado sin ropa...

 

CAMILO.- ¡Pues  ha decidido saquearme el armario y ponerse mi chándal preferido! Y tú, ¿por qué le has dejado que coja  ese chándal?

 

TOMAS.- Yo no he sido, se lo ofreció la señorita Katerina.

 

CAMILO.- ¡O sea que Catalina!  Me va a oír.

 

TOMAS.- Seguro, con todo el griterío que está dando, seguro.

 

Entra Reinaldo por el jardín con el chándal de Camilo.

 

REINALDO.- Camilo, ¿qué te pasa? Menudos pulmones gastas.

 

CAMILO.- Veo que llevas puesto  mi chándal.

 

REINALDO.- ¿No te molestará? Me lo dio  Katerina y no quise hacerle el  feo de no cogerlo.  Además, dice que me sienta mejor a mí que a ti.

 

CAMILO.- ¿Eso te ha dicho? Pues, debe tener  paja metida en los ojos,  porque  sólo hay que verte.

 

REINALDO.- ¡No, hombre, no ¡ Ya  conoces  lo bromista que soy.  

 

CAMILO.- Ya me he dado cuenta, ya.

 

REINALDO.- Estaba deseando verte.

 

CAMILO.- Pues yo que quieres que te diga...  ¿Para qué querías verme? Dilo rápido que estoy muy ocupao.

 

REINALDO.- He estado hablando con Katerina, de eso de la cadena de supermercados y   he  visto que está muy interesada.

CAMILO.- ¿Sí?

 

REINALDO.- Sí, sí.  Camilo ¡qué mujer! Yo, por una mujer así soy capaz de atravesar el Atlántico  a nado.

 

CAMILO.-  ¿De verdad?

 

REINALDO.-  Sí,  además, se la ve tan inteligente.

CAMILO.-  ¿Tú crees?

 

REINALDO.-  Te digo esto porque las mujeres así tan... suelen ser algo tontas, pero a ella  se la ve tan sagaz, que la verdad, te tengo envidia. Te hago este comentario, porque la he visto muy interesada en  saber  todos los pormenores sobre ese negocio.

 

CAMILO.- Ya me parece raro, porque cada vez que viene Anselmo a proponerme algún negocio ella pone el grito en el cielo.

 

REINALDO.-  Sí, algo me ha comentado sobre ese tal Anselmo. Será que no lo ve muy claro y eso te tendría que agradar, porque demuestra que es una mujer que mira por tus intereses, por lo visto, el negocio del supermercado  sí le interesa, porque me ha hecho muchas preguntas, y eso quiere decir algo, ¿no…?

 

CAMILO.- Seguro.

 

REINALDO.-  Deberías de escucharla cuando te aconseja,  a fin de cuentas,  es un bien para  los dos.  

 

Suena el teléfono, sale Tomás y lo coge.

 

TOMAS.-  Señor...

 

CAMILO.- Sí, sí cógelo tú.

 

REINALDO.- ¿Por qué no  lo coges tú?

 

CAMILO.-  No me gusta que me molesten  de buena mañana con nada.

 

TOMAS.- Señor, llaman del banco.

 

CAMILO.- Lo cogeré en el despacho, será  para ofrecerme alguna inversión.

 

REINALDO.-  Ah, si es para ofrecerte algo voy contigo para aconsejarte  (Los tres se retiran por el lateral derecho)

 Por el  lateral  izquierdo entra Adela y Miguel.

 

ADELA.- Pasa, aquí hablaremos más tranquilos  ¿Cómo es que has venido otra vez?

 

MIGUEL.- ¿Me estás echando? (Subiendo el tono) ¡Esto me pasa  a mí por idiota!

 

ADELA.-  Miguel, por favor no te pongas así, sólo te he hecho una pregunta.

 

MIGUEL.- ¡No te pongas borde que cojo la puerta y me largo!

 

ADELA.- Desde luego, no se puede hablar contigo.

 

MIGUEL.- Encima me dices eso, tú, que ni siquiera me pones un cubata, mientras estos ricachones se hinchan a caviar y a langosta. ¡Esto lo tendrían que ver los del gobierno, para que luego digan que nos quejamos de vicio!

 

ADELA.- ¡Miguel, estás desvariando!

 

MIGUEL.- ¿Desvariando, yo?

 

ADELA.-  En este momento sí,  porque  el señor no come de esos caprichos.

 

MIGUEL.-  Entonces, ¿qué come ese tarao?

 

ADELA.- Sopas, sopas de ajo.

 

MIGUEL.- ¿Te quieres quedar conmigo? ¡Sopas de ajo!

 

ADELA.- Sí, pero muchas, muchas y sardinas en lata.

 

MIGUEL.-  Me da igual lo que coma esa zumbao. A mí, por lo menos, sácame ese queso y  ese jamón   de pata negra, aunque estén pasaos de moda...

 

ADELA.- Ahora no puedo, el señor está apunto de venir.

 

MIGUEL.- (Subiendo el tono) ¡O sea  que ni siquiera me pones un cubata! Adela… me estás obligando a hacer un disparate.  ¡Esta situación  no se puede aguantar más!

 

ADELA.- (Asustada) ¡Miguel por favor, no digas eso ni en broma! Me pongo enferma sólo de pensar que quieres ¡suicidarte!

 

MIGUEL.- (Mirándola fijamente y moviendo la cabeza)  ¡Pero bueno, tú estás loca ¡ ¿Un tipo con esta cara va a querer suicidarse? ¡Hui, hui, hui...! Me parece a mí, que el trabajar con ese tarao se te está pegando.

 

ADELA.- (Subiendo el tono)  ¡Miguel, déjate de bromas, que estoy muy nerviosa! A ver, ¿por qué has dicho eso? ¡Explícate!

 

MIGUEL.- ¡Eh… sin gritar! Que yo soy un actor, en paro, pero actor.  Mira, Adela, te voy a ser sincero, yo, estoy perdiendo una oportunidad ¡buenísima!

 

ADELA.- (Dándole unos golpecitos en la espalda) ¿Te ha salido un empleo? ¡Hombre, haber empezado por ahí!

 

MIGUEL.-  (Alteradísimo) ¡Pero qué empleo ni que narices!  ¡Sólo piensas en el  empleo, hay cosas más importantes que un triste empleo! Además, no querrás que coja, cualquier papelucho que un desaprensivo  me quiera dar.

 

ADELA.- Por algo hay que empezar, no te van a pedir que hagas  ¡“Casablanca” que ya está negra del tiempo que hace que se rodó!

 

MIGUEL.- ¡Eso no te lo consiento! Tú, mejor que nadie sabes que yo tenía un papel, era corto, pero era un buen papel ¡y tú me lo chafaste al presentarte allí!

 

ADELA.- (Casi tartamudeando) Ya lo creo que era corto, salías un minuto. (Haciéndole una caricia) No te pongas así, chatito y cuéntame que es esa oportunidad  tan buena, que me tienes impaciente, anda  chati,  perdona. 

 

MIGUEL.- (Le da un empujón)  ¡Déjate de cuento, ahora me haces la pelota!  Adela, yo voy a tener que tomar una determinación.

 

ADELA.- ¿Sobre qué?

MIGUEL.- Seguro que no tienes el dinero para el piso, ¿verdad?

 

ADELA.-  Ya se lo he pedido, pero como ha venido un amigo de la infancia y su novia que es un cuervo, pues… no he podido acabar la conversación.

 

MIGUEL.- ¡Esto lo sabía yo! ¡Yo desde luego no aguanto más! Quiero que sepas, que te presiono con el dinero porque necesito marcharme de la pensión.

 

ADELA.- ¿No te dan bien de comer?

 

MIGUEL.- No, no es eso.

 

ADELA.- ¿No te cambian las sábanas?

 

MIGUEL.- Tampoco es eso.

 

ADELA.- Bueno, pues tú dirás, porque no es cuestión de pasarnos la tarde adivinando.

 

MIGUEL.- Te lo voy a decir.

 

ADELA.- Dilo ya de una vez, llevamos  media hora jugando a las adivinanzas.

 

MIGUEL.- (Dándose importancia) No quería decírtelo, pero no me dejas otro remedio. Para que lo sepas, la dueña de la pensión  está loca por mis huesos.

 

ADELA.- (Montando un zapateado) ¿Qué...? ¿Cómo?   ¡Será fresca!  ¡Cómo me la eche a la cara va a saber  quién soy yo! ¡Si la pillo la destrozo! ¡No tengo bastante trabajo que encima tendré que cuidar de ti! 

MIGUEL.- ¡Eh, no te pongas nervi, que yo se cuidarme solito!

 

ADELA.- Por lo que me estás diciendo parece que no ¡Menuda fresca! No se puede uno fiar de nadie.

 

MIGUEL.- (Subiendo el tono) ¡Pero bueno chica! A ver qué culpa tengo yo de ser igual que el Antonio  Banderas ¡Dime que culpa tengo yo! Sólo me he limitado a exponerte una situación.

ADELA.- ¡Menuda situación!  ¡Tú crees, que yo puedo trabajar con este panorama!

 

MIGUEL.- ¡Ese es tú problema! Por tu culpa me quede sin empleo, ya sabes que tenía posibilidades de llegar alto.

 

ADELA.- Eso es verdad, tenías que subirte a lo alto de aquella escalera ¡y bum dejarte caer!

 

MIGUEL.- Para eso soy el doble de ese tío. Además, a ver, ¿qué tiene  ese tipo que no tenga yo?

 

ADELA.- Pues,  un trabajo, varias casas, unos buenos cochazos y mucho dinero.

 

MIGUEL.- Pequeñeces, hoy en día lo más importante es el físico y  él es mucho  más feo que yo.

 

ADELA.- (Zalamera)  Eso es verdad, tú eres mucho más guapo, más alto y más fuerte.

 

MIGUEL.- ¡Eso ya lo sé yo! La prueba la tienes  en la dueña de la pensión.

 

ADELA.- (Alterada) ¡No me la nombres, Miguel, no me la nombres!  (Más tranquila)  Miguel,  el señor me ha ofrecido un trabajo para ti en las caballerizas. Yo creo que eso podría gustarte.

MIGUEL.- ¿De qué se trata, de montar los caballos?

 

ADELA.- No, es para limpiar las cuadras.

 

MIGUEL.- (Dando un grito)  ¡¿Qué…?!¡Un tío con este físico y limpiando mierda de caballo!¡ Para que pegue cualquier enfermedad de esas que están a la orden del día! ¡La peste equina o cualquier otra, hay tantas! ¡Ese tío y tú os habéis vuelto locos! 

 

ADELA.- (Tapándose la nariz) Hay no, que asco, que asco, no me gustaría.

 

MIGUEL.- ¡Lo ves, es muy fácil hablar! Sabes lo que te digo, que te dejes de tanto rollo. Este tío tiene que tener pasta larga. (Mirando la casa) No está nada mal la choza.

 

ADELA.- Es muy bonita.

 

MIGUEL.- ¿Qué carro tiene?

 

ADELA.- Tiene varios.

 

MIGUEL.- Normal, estos tíos siempre tiene varios, mientras los demás vamos de peatón.

 

ADELA.- Eso es verdad.

 

MIGUEL.- Pues claro que es verdad.

 

ADELA.- ¡Qué has hecho con el dinero que te di el otro día?

 

MIGUEL.- ¿Con esa miseria? Qué querías que hiciera, ir a la peluquería y comprarme ropa. Si quiero encontrar un empleo tendré que dar buena imagen. Tú, lo que tienes que hacer, es apretarle  al tío este las tuercas para que te suelte la pasta y todo se habrá solucionado. No ves que te trata como a una esclava, Adela por aquí, Adelita por allá... Si está todo el día igual. 

 

ADELA.- Sí, ya tengo ganas de que todo se solucione de una vez por todas. Nuestra relación  así no puede continuar.  Ya empiezo a estar hasta las narices.

 

MIGUEL.- (Con chulería) Y yo también.

ADELA.- Será mejor que me marche a la cocina, antes de que me llamen. ¿Vienes?

 

MIGUEL.- Que remedio,  al menos me darás un vasito de agua… Ya porque otra cosa no me das.

 

ADELA.- Ya te he dicho que ahora no puedo, que están a punto de salir.

 

Adela y Miguel se retiran  por el pasillo y entran por el jardín Camilo y Carmelita.

 

CARMELITA.- Camilo, tío, tienes una casa guapísima, es de lo mejorcito que he visto.

 

CAMILO.- Pues usted, ha debido de ver muy poquito...

 

CARMELITA.- (Con doble intención)  Por favor, Camilo, tutéame, puedo ser tu sobrina o...

 

CAMILO.- (Un poco mosca) Mi sobrina... ¿o  qué?

 

CARMELITA.- Nunca se sabe...

 

CAMILO.- ¿Qué es lo que no se sabe?

 

CARMELITA.- (Acercándose intimidándolo) Yo Camilo, te encuentro un hombre alucinante, eres el tipo de tío con que toda mujer sueña.

 

CAMILO.- (Separándose) ¡Caramba, carambita! No tenía ni idea que era tan fascinante, (Coge un jarrón  de metal y se mira en el) ¿Qué tendré de un tiempo a esta parte que todas me encuentran “tan” irresistible?

 

CARMELITA.- (Con una sonrisita el comentario se le escapa) ¡Qué va a ser, que tienes mucho pasta, tío!  (Trata de arreglarlo) Bueno, ya me entiendes...

 

CAMILO.- Lo importante es que lo  entiendas tú, guapita.

 

CARMELITA.-   Tío, ¿qué quieres decir?

 

CAMILO.- Nada, nada, monina.

 

CARMELITA.- (Acercándose a él provocativa) Lo que más me gusta de ti, es tu sentido del humor.

 

CAMILO.- (Apartándose) ¿Sí...?

 

CARMELITA.- Desde luego que sí...

 

CAMILO.- Mira que bien.

 

CARMELITA.- No te apartes, ven aquí…  ¿Te doy miedo?

 

CAMILO.- No, es que quiero que corra  el aire.

 

CARMELITA.- Esta bien,  miedoso, está bien… Mi viejo, también tiene un gran sentido del humor, aunque ahora lo ha perdido un poco.

CAMILO.- ¿Ahora? ¿Por qué, tiene algún problema?

 

CARMELITA.- No, claro que no, quiero decir desde que  mi vieja se fue.

 

CAMILO.- Pero eso no es  de ahora, recuerdo que dijisteis que se largó  hace cinco años  con aquel pintor de brocha gorda.

 

CARMELITA.-  Por favor Camilo, no metas el dedo en la llaga.  El pobre se quedó muy chungo,  yo creo que por eso se volcó con tanto interés en el mundo de los negocios.

 

CAMILO.- Vaya, pues por lo visto le dio fuerte. Pero bueno, ahora que no nos venga con la nostalgia que aquí estamos todos muy alegres  para empezar a contar penas.

 

CARMELITA.-  Tío, todos… todos...

 

CAMILO.- ¿Eso no lo dirá por mí? Yo soy un hombre muy alegre, como unas castañuelas.

 

CARMELITA.- Claro que no. Camilo, ¿recuerdas que hemos quedado en tutearnos?

 

CAMILO.- ¡Ah, sí! Pues venga, dime que has querido decir.

 

CARMELITA.-  No te enfades, lo que quiero decir es que tu mayordomo es un  estúpido y  un antipático.

 

CAMILO.- Ah, se trata del pobre Tomás. Pues tú no le has visto cuando le dan los ataques.

 

CARMELITA.-  No me asustes, Camilo ¿Le dan ataques?

 

CAMILO.- Sí, a ratos y a días.

 

CARMELITA.- Menos mal  que me lo has dicho, ya le había yo notado algo rarito.

 

CAMILO.- ¡La mirada! Seguro que le has notado  algo en la mirada.  Lo que tienes que hacer cuando le mires es tratar de disimular, si se da cuenta de que le estás mirando se puede formar  la de San Quintín el Amargaó.

 

CARMELITA.- ¿Quién era ese, un amigo suyo?

 

CAMILO.- No, otro que también lo pasaba mal.

 

CARMELITA.- Ya.  Tendré que tener mucho cuidado. ¿Es muy peligroso?

 

CAMILO.- Depende...

 

CARMELITA.- Que valiente eres, Camilo, tío.

 

CAMILO.- No mucho, sólo un poquito.

 

CARMELITA.- No seas modesto, tienes mucho valor, tener una persona que le dan ataques.  (Acercándose) Ya decía yo que eras un tipo  muy guay.

 

CAMILO.- Lo peor es cuando le da por morder, lo demás no tiene tanta importancia.

 

CARMELITA.- ¡Madre mía que miedo, me estás asustando! No me acercaré mucho a él por si acaso...

 

CARMELITA.- (Acercándose con coquetería)  Claro, que estando tú no consentirás que me haga nada.   Papuchi tiene mucha razón.

CAMILO.-  ¿Ahora es papuchi? ¿Sobre qué tiene razón papuchi?

 

CARMELITA.- Dice  que siempre fuiste un Quijote  en busca de grandes batallas.

 

CAMILO.-  Vaya, ya salió otra vez el Quijote, por lo visto todos quieren convertirme en Quijote. Menudo  chiste, suena a novela barata.

 

CARMELITA.-  Venga, tío, que es cierto.

 

CAMILO.- Estoy pensando, si tu papi hace tantos años que no me ve, ¿cómo puede suponer eso?

 

CARMELITA.- Aparte de que recuerda tu carácter perfectamente, el carácter que tenías de niño, además, tiene mucha imaginación y mucha psicología para conocer a las personas.

 

CAMILO.- Sí, ya lo veo.  (Con doble intención) Debe tener una gran imaginación y psicología a distancia…

 

CARMELITA.- Gracias a su psicología puede hacer grandes negocios, como el de la cadena de supermercados ¿Te ha hablado de ello? Porque yo te lo puedo contar. 

 

CAMILO.- No te esfuerces, ya me lo ha contado.

 

CARMELITA.- Para mí, el  poder hacer algo por ti, no supone es ningún esfuerzo, al contrario.

 

CAMILO.- No te molestes que me lo ha contado con todo lujo de detalles, volvérmelo a contar  sería demasiado. 

CARMELITA.- (Coqueta) ¿Qué te parece si hablamos de nosotros?

 

CAMILO.- ¿De nosotros? Yo no tengo nada que contar.

 

CARMELITA.- No digas tonterías. Cómo no va a tener nada que contar un tío tan interesante  como tú.

 

CAMILO.- No tengo ganas, mejor dicho ahora no es el momento.

 

Entra Katerina y Reinaldo por la puerta del jardín.

 

KATERINA.- ¡Menos mal que te encuentro! Llevamos una hora buscándote.

 

CAMILO.-  Menos mal,  salvado. ¿A mí, para qué?

 

KATERINA.- Camilo, cariño, Reinaldo quería saber si has madurado  lo del negocio que te ha propuesto.

 

CAMILO.- ¿Cuál?  En estos cinco días me ha propuesto tantos que...

 

KATERINA.-  Que despiste tienes, cuál va  a ser.  El de la cadena de supermercados.

 

CAMILO.- ¡Ah, ese!

 

KATERINA.- Tienes que entender, que ya no puede esperar más.

 

CAMILO.- Todavía no lo he madurado, está un poco verde.

 

REINALDO.- ¡Verde, si  eso negocio  está ya más maduro que un  higo!

 

CAMILO.- Si tú lo dices... A mí, como no me gustan los higos...

 

REINALDO.- Camilo, no hace falta que te gusten, eso sólo era un ejemplo, para que te des cuenta de lo seguro que estoy  de ese negocio.

 

CAMILO.- Mejor para ti, porque a más tocarás

 

REINALDO.-  Katerina , parece que Camilo no lo entiende.

 

KATERINA.- Camilo, cariño, Reinaldo no quiere presionarte pero tienes que decidirte ¡ya! Yo creo que es un negocio estupendo.                     

REINALDO.- Camilo, todos mis negocios son grandes negocios.

 

CARMELITA.- Papi, siempre hace grandes negocios, los pequeños no le interesan.

 

CAMILO.- Yo soy más modesto, a mí, eso de la cadena de supermercados... no sé, no sé, me suena a cadena perpetua.

 

KATERINA.- ¡Cómo que no sabes?  ¡Pues claro que nos interesa! Porque con lo de la primitiva y con lo que ya tenías, tienes una gran fortuna y a tú, lógicamente  tendrías la mayor parte.

 

CAMILO.- (Riendo) ¡Cómo miras por el negocio, Katerina ¡ No creas que la fortuna es tanta,  no olvides que estamos en crisis, y  ya sabes que todo ha subido  mucho.

 

REINALDO-  ¡No digas tonterías! Sólo tienen que ver esta casa cualquier pelagatos  no la puede tener.

 

CAMILO.- Tienes razón, tiene que llamarse ¡Camilo!

 

REINALDO.- Que guasón estás hoy, Camilo.

 

KATERINA.- ¿Te encuentras bien?

 

CAMILO.- Nunca me he encontrado mejor.

 

CARMELITA.- (Mirándolo fijamente) Ya lo creo que  sí, ¿verdad?

 

CAMILO.- Pues claro, que manía.

 

REINALDO.- Entonces, ¿en qué quedamos?

 

CAMILO.-  A mí, eso de los supermercados no me hace ni chispa de gracia, como trabajé  en uno.

 

REINALDO.-   ¿De qué, de jefe?

 

CAMILO.- No, de repartidor.  Me gusta mucho más lo de la posada.

 

REINALDO.-  ¿Posada, qué posada?

 

KATERINA.- Una tontería que le ha metido en la cabeza un amigote suyo. Figúrate si será tontería que tiene que ir vestido de Don Quijote.

REINALDO.-  (Riendo a Carcajada) ¡Tú, de Don Quijote?

 

CARMELITA.- No te imagino con una armadura.

 

KATERINA.- ¿Verdad que no? Con el atractivo que tiene así, quiere taparlo poniéndose una armadura.

Entra Adela

ADELA.- Señor, ¿ponemos la mesa?

 

KATERINA.-  (Con autoridad) ¡Pues claro, ya puedes ponerla! Pero primero nos sirves un vermut aquí.

 

REINALDO.- (Haciendo otra vez la gracia) ¡Qué no sea de garrafón!

 

CARMELITA.-  Tío, otra vez con esa broma... Estoy  hambrienta ¿Qué hay de comer?

 

ADELA.- De primero consomé  y de segundo no sé.

 

CAMILO.- ¿No han llamado a la puerta?

ADELA.- No.

 

CAMILO.- ¿Seguro que no?

 

KATERINA.- Estas algo pesado con la puerta,  ¿esperas a alguien?

 

CAMILO.- A mi hermana.

 

KATERINA.- A tu hermana, ¿para qué?

 

CAMILO.- Es una sorpresa.

 

CARMELITA.- ¡Qué bien, que bien, con lo que me gustan a mí las sorpresas! (Mirando a Tomás)  Bueno, algunas…

 

CAMILO.- Esta os gustará a todos.

 

Entra Tomás con una bandeja

 

TOMAS.- Señor el vermut.

 

KATERINA.- Espero que el consomé no tenga grumos como el otro día.

 

ADELA.- Lo estamos intentando, pero siendo de sobre ya se sabe.

 

REINALDO.- ¿De sobre?

 

CARMELITA.-  Cuidado Papá con el mayordomo (Moviendo la dentadura) que muerde.

 

Suena el timbre de la puerta.

 

CAMILO.- ¡Ya está aquí  mi hermana!

 

DOLORES.- (Entra directa y muy enfadada)  ¡Madre mía, cuanta gente!

 

DOLORES.- Camilo, me gustaría hablar a solas contigo.

 

KATERINA.- Ya empezamos...

 

CAMILO.- Puedes hablar  tranquilamente, a ellos también puede interesarles.

 

DOLORES.-  Insisto, no creo que deba decirlo  aquí delante de toda esta gente.

 

KATERINA.- ¡Nosotros no somos gente!

 

DOLORES.- ¿Ah, no?  ¿Entonces que sois los muebles?

 

KATERINA.- ¡Camilo! No voy a consentir más insultos. (A Dolores)  Te recuerdo que somos unos amigos y yo su futura esposa.

 

(Camilo empieza a toser, tratando de disimular)

DOLORES.- Camilo, ¿podemos hablar en privado?

 

CAMILO.- ¡No! Déjate de tanto misterio y suelta lo que tengas que decir de una vez.

 

DOLORES.- Que conste que tú has insistido. Lo que tengo que decir es un poco delicado.

 

CAMILO.- ¡Es igual pesada, dilo de una vez!

 

DOLORES.- ¡Está bien, tú lo has querido! He venido porque el cheque que me diste el otro día no está correcto.

 

KATERINA.-  (Enfadada) ¡Entonces! ¿el cheque se lo llevo ella?

 

DOLORES.- Camilo, dile a esta mujer que mida sus palabras.

 

CAMILO.- A ver, ¿qué tenía ese cheque?

 

DOLORES.- ¡Qué va a tener, la firma! En el banco me dijeron que el cheque era correcto, pero que la firma no lo era. Camilo, el otro día te encontré muy raro pero no pensé que tuvieras la desfachatez de hacerme pasar  tan mal rato, no sabes el bochorno que he pasado cuando el director del banco me ha hecho entrar en su despacho y me ha preguntado de dónde había sacado este cheque.

 

CAMILO.- Normal,  como que la firma es  la mía.

 

DOLORES.- Entonces,  ¿dónde está el problema?  

 

CAMILO.- El problema está,  en que yo no soy Camilo.

 

DOLORES.- ¡Tú te has vuelto loco de remate!

 

CAMILO.- Dolores, nunca he estado más cuerdo. ¿Verdad Tomás?

 

TOMAS.- Tiene razón su hermano, como bien ha dicho, él, no es Camilo, si no su hermano gemelo.

 

DOLORES.- ¡Qué juego estúpido es este! ¿Por qué le preguntas a Tomás?

 

KATERINA.- ¡Él qué sabe de todo esto?

 

CAMILO.- Él precisamente lo sabe todo. Tomás, ha sido el único que se ha dado cuenta. Lleva mucho tiempo con Camilo y como es el que está más cerca de él le fue fácil notarlo.

 

TOMAS.- Era fácil, su hermano es  un excéntrico pero ya me conozco muy bien sus excentricidades y las suyas me vinieron de nuevas, por eso era  tan fácil.

 

CAMILO.- Por eso intentó hacerme chantaje con contarlo todo, pensó que tenía un capital que a medida que pasaban los días se iba revalorizando, pero entre Tomás y yo pudimos llegar a un acuerdo. Tomás, como puedes ver tu capital ha perdido su valor.

 

TOMÁS.- Qué le vamos hacer, esto es como la bolsa, no se puede ganar siempre.

 

DOLORES.- ¡A ver, a ver ,a ver si yo lo entiendo! ¿Estás diciendo que tú eres Andrés?

 

CAMILO.- Sí Dolores, tanto te cuesta  de entender.

 

DOLORES.- ¡No puede ser!

 

KATERINA.- ¡Explícate!

 

DOLORES.- Primero, Andrés, está de viaje por asuntos de su trabajo, segundo,  Andrés, ni viste como tú ni hace el tipo de  tonterías que haces tú y por último, ¿por qué demonios estás viviendo en su casa y usando sus  cheques?

 

KATERINA.- ¡Eso quiero saber yo! ¿Dónde está Camilo? El verdadero, claro.

 

ADELA.- ¡Vaya lío más gordo esto no me lo pierdo yo!

 

CAMILO.- Nuestro querido hermano, está haciendo un crucero con una rubia despampanante.

 

KATERINA.- ¡Pero que locuras está diciendo  este impostor!

 

ADELA.- ¡Menuda  vida se pegan cuando hay dinero…!

 

CAMILO.- Eso mismo pensaba yo, pero ahora he podido comprobar ese antiguo  refrán,  que dice,  “que no es oro todo lo que reluce”.

 

REINALDO.- ¿Qué quiere decir,  que Camilo no tiene dinero?

 

CAMILO.- Tranquilo Reinaldo, no te alteres, que yo te  aseguro  que Camilo tiene mucho dinero y también muchos problemas.

 

KATERINA.- ¡Y  también una novia, yo!

 

CAMILO.- No estés tan segura, después de lo que yo he visto, no creo que le queden ganas de novia.

 

CARMELITA.- ¿Qué ha visto “don” Camilo?

 

CAMILO.- Tranquila guapita, que ni soy Camilo, ni me gusta eso de don.

 

REINALDO.- Entonces, si no es Camilo ¿qué pinta usted en esta casa?

 

CAMILO.- Algo más que tú.  Es muy sencillo, yo siempre estaba haciendo bromas con mi hermano, referente a su dinero y a la vida que se pegaba, entonces  decidió, para que yo pudiera comprobarlo por mí mismo y él darse unas buenas vacaciones,  sin tener parásitos alrededor, como somos idénticos pensó que podríamos cambiar nuestros papeles por unos días ¿Me entendéis, verdad? Como veis yo sólo me he limitado a hacer “Un  papel asignado”

 

KATERINA.- ¡Siendo  un impostor!

 

REINALDO.- Nosotros, con este tipo no sé qué hacemos aquí.

 

CAMILO.- Aquí, no demasiado, pero fuera  os dedicáis a embaucar  al que podéis.

 

KATERINA.-  ¡Qué barbaridad está diciendo!

 

CAMILO.- Con mucho gusto Tomás os lo contará, ¿verdad Tomás?

 

TOMAS.-  (A Katerina) Toda su preocupación era  que no se supiera su nombre, pero  lo supe por pura casualidad cuando se dejó el bolso.

KATERINA.- ¡Esto es indignante, mirando mis cosas!

 

TOMAS.- Usted no se llama Katerina, sino Catalina Sampietro.

 

CAMILO.- Tomás, dame el privilegio de continuar yo. Eres hija de un famoso estafador también más conocida por la rusa, que al igual que tu padre escogiste la misma carrera y para más colmo, operas con este tal Reinaldo y su hija, que naturalmente tampoco es su hija.

 

KATERINA.- ¡Este hombre tiene el cerebro afectado, se ha vuelto completamente loco!

 

CAMILO.- Catalina, no hace falta que disimules más. A mi hermano te fue fácil engañarle con su buena fe  y tantos moscones a su alrededor no se dio cuenta ¡pero a un pájaro como yo que ha corrido lo suyo no se le escapa una! Catalina, yo  vi enseguida el jueguecito que te traías  por eso  seguí el cuento.

 

KATERINA.- Nosotros...

 

CAMILO.  Si queréis un buen consejo, yo en vuestro lugar prepararía  lo más rápido posible las maletas y cogería el primer avión para Alaska, antes de que...

KATERINA.- ¡Os dije que esto no me olía bien, que notaba algo raro en  este tipo!

 

REINALDO.- (Saliendo)  ¡Quién podía suponer que este tipo no era Camilo! Bien nos ha tomado el pelo.

 

CARMELITA.-  A mí, llego a decirme cada burrada… que si a este tío (Por Tomás) le daban ataques, que mordía y unos cuantos rollos más.

 

TOMAS.- Señor, se ha pasado un poquito...

 

CAMILO.- Puede, pero solo un poquito.

 

CARMELITA.- Yo me largo  de aquí lo antes posible.

 

DOLORES.- ¡Ya me dirás que hago yo con este cheque!

 

CAMILO.- Querida hermana, imagínate que te lo han dado sin fondos, hoy en día eso está muy de moda.

 

Suena el timbre de la puerta

 

Reinaldo , Katerina, y Carmelita,  muy deprisa se retiran por  a la puerta de salida y se cruzan con Miguel.

 

TOMAS.-  Yo abriré, que todavía no ha terminado la juerga.

 

DOLORES.-  Yo me espero,  a ver si  es Camilo.

 

CAMILO.-  Tú no te rindes ¿eh, hermanita? (Con doble intención)  A lo mejor con un poco de suerte...

 

 Entra Miguel.

 

ADELA.-  (Sorprendida) ¿Otra vez aquí?

 

MIGUEL.-  Adela, ¿no me presentas?

 

ADELA.- (Con retintín) Sí hijo, sí.  Este, es el señor,  que no es el señor,  esta es su hermana, que sí es su hermana, aquí el mayordomo y esos que han salido  corriendo,  eran unos amigos que no eran tan amigos… ¿Satisfecho?

 

MIGUEL.- Adela, ¿te estás quedando conmigo?

 

ADELA.- ¡Precisamente eso es lo que no quiero hacer!

 

MIGUEL.- ¡Tú estás majara perdida! Yo venía...

 

ADELA.- No sigas, no sigas, déjame adivinarlo.  Tú,  venías como siempre a pedir. Pero  mira lo que hace ver el estar enamorado,  ahora que me he quitado la venda de los ojos, ya no te veo, ni tan alto, ni tan fuerte, ni tan guapo (Haciendo la balanza)  Pero para compensar todo eso, sí te veo un gandul, un pasota y un cara  ¿Cómo te ha sentado eso muchacho?

 

CAMILO.- Así se habla, eso es llamar al pan, pan y al vino,  vino.

 

ADELA.- Te aconsejo, que te largues con esos tipos a Alaska  antes de que te de ¡una patada en el trasero! (Se la da)

 

MIGUEL.- ¡Estas cómo una cabra!  ¡Te arrepentirás! 

 

ADELA.- ¡Seguro, de no haberlo hecho antes!

 

Todos se retiran, Adela y Tomás por la puerta del interior y Miguel y Dolores  por la puerta de salida,   se cruzan con Anselmo que entra disparado.

 

ANSELMO.-  (Entrando) ¡Camilo, escucha, venía a proponerte un negocio estupendo!

 

CAMILO.- Anselmo, has llegado tarde, la función ha terminado.

 

ANSELMO.- ¿A sí…? ¿Por qué?

 

CAMILO.- Porque esta farsa  ha terminado. Lo mejor que puedes hacer es marcharte con toda esa peña, que salen ahora mismo para Alaska.

 

Anselmo se retira y  Camilo  se queda solo  en el escenario.

 

CAMILO.- Estimado público, recojan esta recomendación: Cuando hay una gran fortuna de por medio, lo mejor, es buscarse un hermano gemelo, pero si no tienen ninguno a mano, abran bien los ojos o ¡háganse fabricar un clon!

TELON

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