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NOTICIAS TEATRALES
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UN PERIÓDICO EN BLANCO

de  Salvador Enríquez

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

 

Salvador Enríquez

editor@noticiasteatrales.es

 UN PERIÓDICO EN BLANCO

Comedia en un acto

 –  Teatro infantil –

(De jóvenes para niños)

Cuadro de texto: Reservados todos los derechos. El autor o su representante legal, la Sociedad General de Autores y Editores de España, son los únicos encargados de autorizar la representación, lectura pública, adaptación o traducción de esta obra.


 

 

 

© El autor

 Estrenada el día 6 de mayo de 2000 en el Teatro del Museo del Ferrocarril de Madrid, por la Compañía Espacio 3000, con arreglo al siguiente

REPARTO

(Por orden de intervención)

 

María Fantasía.................... Eva Sánchez

Pepe Realidad..................... Agustín Galiana

Vendedor de periódicos.....  María Ferrara

Director del periódico........ Susana Lois

 

Dirección: Víctor Contreras

 

Términos del público

 

 Descripción de los personajes

 

María Fantasía:

Una chica muy viva, es compañera de colegio y vecina de Pepe Realidad y son muy amigos. Es muy fantástica, sueña cosas que cree que son realidades y... a veces es así.

 Pepe Realidad:

Compañero de colegio, amigo y vecino de María Fantasía. Es muy realista pero en ocasiones se deja llevar por la fantasía de María. Le gusta soñar, aunque distingue entre sueño y realidad.

 Vendedor de periódicos:

 Es un tipo avispado que, aunque solo es vendedor de periódicos, por los años de experiencia se conoce casi todos los trucos del oficio de periodista y discute con el Director del periódico.

Director del periódico:

Prototipo del hombre activo, siempre a la caza de las noticias y del éxito de su diario. A veces se pone triste por tener que dar malas noticias.

 Importante: Tanto María como Pepe deben llevar en el vestuario (cuello, puños y piernas) algo blanco para que sea lo único que se vea de ellos en las escenas con luz negra.

 

 

Acto único

            La escena representa una plaza pública popular en cualquier ciudad. En primer término izquierda hay una farola que estará dotada de un foco de luz negra, dirigido hacia el centro del telón de fondo, y que se usará en su momento. Tras ella y un poco centrado, hay un mostrador que se usará para vender periódicos; en el lado opuesto y en primer término un banco. El telón de fondo, formando un suave ciclorama, reproduce un paisaje urbano con las casas que conforman la plaza: balcones, ventanas y un local comercial con el letrero siguiente: “Periódicos”, justo detrás del mostrador.

            Es importante que algunas líneas verticales y horizontales de las que forman parte de la pintura estén trazadas en color blanco, muy disimulado, ya que serán las únicas que se vean al usar la luz negra. Estas escenas con luz negra deben representar una especie de “laboratorio” o “sala de magia” donde María y Pepe harán sus experimentos.

            Al alzarse el telón la escena está oscura. Se oye la música de un pequeño xilófono. Sube la luz lentamente y vemos a María Fantasía y a Pepe Realidad, sentados en el suelo en primer término. Pepe Realidad tiene en las manos un libro de antiguas canciones infantiles y María Fantasía es quien las interpreta en el xilófono.

              MARÍA FANTASÍA.- (Canturreando, mientras lee a hurtadillas la letra de la canción en el libro que sostiene Pepe Realidad)

Al pasar la barca

me dijo el barquero

“las niñas bonitas

no pagan dinero”

              PEPE REALIDAD.- (Canturreando también)

Al volver la barca

me volvió de decir:

“Las niñas chiquitas

no pagan aquí”

              MARÍA FANTASÍA.- (Cantando)

Yo no soy bonita

ni lo quiero ser.

Arriba la barca

uno, dos y tres.

              PEPE REALIDAD.- (Divertido) ¡Venga, ahora los dos!

              MARÍA REALIDAD.- (Cantando)

Al pasar la barca

Me dijo el barquero:

              PEPE REALIDAD.- (Cantando)

“Las niñas bonitas

no pagan dinero”

              MARÍA FANTASÍA.- (Cantando)

Al volver la barca

me volvió a decir:

              PEPE REALIDAD.- (Cantando)

Las niñas chiquitas

no pagan aquí

              MARÍA REALIDAD.- (Cantando)

Yo no soy bonita

ni lo quiero ser

              MARÍA FANTASÍA y PEPE REALIDAD.- (Cantando)

Uno, dos y tres

(Los dos chicos ríen divertidos ante el descubrimiento que han hecho)

              PEPE REALIDAD.- (Señalando el xilófono) ¿Y de dónde has sacado esto? Es divertido ¿no?

MARÍA FANTASÍA.- Estaba en una buhardilla de mi casa. El otro día estuvieron sacando trastos viejos y apareció. Creo que era de mi madre.

(Vuelve a leer en el libro)

¡Mira! ¡mira esta letrilla qué gracia tiene!

(Intentando interpretarla en el xilófono)

Arroyo claro

fuente serena,

quién te lava el pañuelo

saber quisiera.

Me lo ha lavado

una serrana,

en el río de Atocha

que corre el agua;

una lava,

otra tiende

y otra le tira rosas

y claveles.

              PEPE REALIDAD.- (Con aire de suficiencia) ¡Qué tontería! En Atocha no hay río! Y... ¿qué es una serrana?

              MARÍA FANTASÍA.- (Quitándole el libro) ¡Y tú qué sabes! A ver qué dice aquí (Leyendo) Escucha: “Serranas eran las mujeres que habitaban en la Sierra de Guadarrama”; y en Atocha no habrá río ahora, ¡pero pudo haberlo! Es cuestión de imaginarlo ¿eh? ¿no te lo imaginas? En lugar de tantos coches... un río con agua fresquita, con piedras muy limpias, con árboles a los lados...

PEPE REALIDAD.- (Dudando) Pues... sí, sería bonito; pero... sin coche habría que ir andando a todos sitios ¿no?

MARÍA FANTASÍA.- ¡Y qué! También la ciudad sería más pequeña entonces y habría menos accidentes...

PEPE REALIDAD.- Eso sí, pero... sería más aburrido... creo yo.

MARÍA FANTASÍA.- ¡Pues no! Mi madre me ha contado que había más parques, que se podía jugar en la calle y que, según decía la madre de la madre de la...

PEPE REALIDAD.- (Muerto de risa) ¡Bueno! ¡Bueno! ¡Te vas a ir un siglo atrás!

MARÍA FANTASÍA.- Pues eso, que estaban más a gusto los niños y que los mayores... no se ponían tan nerviosos como ahora... ¿sabes una cosa? (Al oído de Pepe Realidad, como si fuera un secreto) que ahora, nada más levantarse, ya están gruñendo: (Imitando a los mayores enfadados)  Buenos días... a ver... ¡el periódico! (Transición) y... ¡zas! Ya están nerviosos, y es que leer las noticias... se les arruga la cara.

PEPE REALIDAD.- Será porque no les gusta lo que leen.

MARÍA FANTASÍA.- (Encogiéndose de hombros) Pues será, pero me gustaría que no fuera así.

(Los dos se levantan y van haciendo mutis por la izquierda mientras canturrean):

PEPE REALIDAD y MARÍA FANTASÍA.-

Al pasar la barca

me dijo el barquero

“las niñas bonitas

no pagan dinero”

(La escena queda sola. Baja la luz blanca y entra azul como de amanecer, que irá cambiando a blanca lentamente. Se oye el ruido de una furgoneta que para. Por la derecha entra el Vendedor de Periódicos cargado con un paquete de diarios. Va hacia su negocio, el que tiene en el telón de fondo el letrero de “Periódicos”, suelta el paquete de golpe y lo abre cortando las cuerdas. De nuevo se oye el ruido de la furgoneta que se marcha. El Vendedor de Periódicos mira hacia ese lado, como si la viera alejarse)

              VENDEDOR.- (Tocándose la cintura, como si le doliera) Los periódicos debían de salir por la tarde... ¡no a estas horas de la mañana! ¡Menudos madrugones me tengo que dar para que cada uno pueda leer las noticias mientras toma el cafetito mañanero! Si lo hicieran por la tarde... yo podría dormir la siesta, ir a por el paquete de periódicos dando un paseo, venir a venderlos tranquilamente... ¡pero nada!  Por eso tengo que estar aquí al amanecer, para... en cuanto llega el paquete ¡zas! coger los periódicos. Si no estoy, el repartidor  sigue y... ¡adiós mi negocio ese día! (Vuelve a llevarse las manos a la cintura con gesto de cansancio) ¡Cada día más temprano! (Dirigiéndose al público mientras extiende la prensa sobre el mostrador) y... ¿sabéis por qué? Pues porque con tantos ordenadores las noticias llegan antes, llegan... ¡visto y no visto! (Riendo) No como antes que las hacían (Señalando las letras de una página) letra a letra... así (Haciendo que teclea) como en una máquina de escribir...

              DIRECTOR.- (Entra por la derecha) Esa máquina se llamaba linotipia (Transición) ¡Ah! y buenos días!

              VENDEDOR.- Buenos días... ¿cómo dice que se llamaba?

              DIRECTOR.- (Silabeando) Li-no-ti-pia.

              VENDEDOR.- ¡Ah! (Asombrado) ¡Claro, como usted es el director del periódico... sabe de todo!

              DIRECTOR.- ¡No! No por ser el director, sino por estudiar ¿O te crees que las cosas no hay que estudiarlas?

              VENDEDOR.- (Con gesto de fastidio) ¡Ya estamos! ¡Ya estamos con el asunto de los estudios! (Transición) Sí, sí... naturalmente. Pero yo no estudié ¿sabe? Yo nací... casi vendiendo periódicos; mis padres también los vendían y yo heredé el negocio. Pero con los años, observando y hablando con unos y con otros, he aprendido mucho. ¡Claro que usted, como ha estudiado, sabe más que yo! Por eso sabe lo de la... ¿Li-no-ta-pia?

              DIRECTOR.- (Gritando) ¡Linotapia, no! ¡Li-no-ti-pia! Linotipia.

              VENDEDOR.- (Con gesto de gran extrañeza) Pues si era tan difícil hacer un diario como el nombrecito de la máquina... ¡no me extraña que hubiera que estudiar!

              DIRECTOR.- Y... ¿sabes una cosa? Quienes trabajaban con esa máquina tenían que tomar leche con frecuencia.

              VENDEDOR.- (Riendo) ¿Para ponerse fuertes?

              DIRECTOR.- ¡No! ¡Y hablo en serio! Es que como tenían cerca el plomo que estaba fundiendo para formar las líneas de letras, podían contraer una enfermedad: ¡el saturnismo!

              VENDEDOR.- (Asombrado) ¿Sa-tur... qué?

              DIRECTOR.- (Silabeando) Sa-tur-nis-mo. Es una enfermedad que se produce por ingestión del plomo, y es altamente tóxico ¿sabes? Puede producir deterioro de la memoria, problemas de audición y del equilibrio y... ¡hasta disminución de la inteligencia!

              VENDEDOR.- (Con gesto de duda) Pues... me lo creo porque usted me lo dice, pero... me temo que mucha gente toma plomo, porque eso de la disminución de la inteligencia... (Ríe).

              DIRECTOR.- ¡Todos los días se puede aprender algo! ¿Ves?

              VENDEDOR.- Pero yo creía que eso de sa-tur-nis-mo ¿se dice así?

              DIRECTOR.- Así, muy bien.

              VENDEDOR.- (Continúa con la frase anterior) Que eso tenía que ver con Saturno... ¡que yo también sé algo! ¡eh! (En tono de vieja cantinela colegial) Júpiter, Urano, Plutón y Saturno... es un planeta... ¡el de los anillos!

              DIRECTOR.- ¡Ya! ya veo que estás enterado... ¡eso está muy bien! (Transición) A lo que íbamos... que antes, hacer ese trabajo, era más complicado que ahora, sí; o por lo menos más laborioso. (Pausa y transición) Bueno, vamos, dame mi diario. (Le da unas monedas).

              VENDEDOR.- (Dándole un periódico, se resiste a tomar las monedas) ¡No! Usted no paga. A periódico lo invito yo. Además... es que... no lo entiendo, si usted es el director... ¿para qué quiere leer ahora el periódico? ¡Ya sabrá lo que dice! ¡Lo habrá leído antes que nadie! Lo habrá visto en la redacción ¿no?

              DIRECTOR.- (Se sienta en el banco) Pero me encanta repasarlo aquí, en esta plaza, en este banco, con el fresquito de la mañana... Me recuerda la plaza de mi pueblo cuando era niño... (Con picardía) cuando (Señalando el periódico) aún se hacía ¿con...?

              VENDEDOR.- (Sonriendo) Li-no-ti-pia ¿sí?

              DIRECTOR.- ¡Sí señor! (Como descubriéndole un misterio. Señalando con los brazos las imaginarias medidas de la linotipia) Mira... era una máquina enorme, así... muy grande...

              VENDEDOR.- ¿Como un ordenador antiguo?

              DIRECTOR.- ¡No! ¡Como mil ordenadores! En ella se iban copiando las noticias que salían escritas por el teletipo... las letras se fundían en plomo... así se hacían unos moldes a los que luego se les daba la tinta y (Juntando una mano con otra a modo de prensa) se imprimían. (Con aire de añoranza y a un tiempo de suficiencia) Hoy es diferente, las cosas han cambiado mucho. Ahora...

              VENDEDOR.- (Le interrumpe) Ahora ¡los ordenadores lo hacen todo!

              DIRECTOR.- ¡Hombre..! ¡Tampoco es eso! Si no existe el corresponsal, el periodista, el articulista... el ordenador no hace nada. Pero es verdad: ahora todo nos llega en forma de “bit” por línea telefónica o por satélite...

(Por la izquierda aparece María Fantasía y se queda escuchando bajo la farola, sin que repare en ella el Vendedor ni el Director) 

todas las noticias entran en un gran ordenador y los periodistas preparan las páginas en los monitores; ahora es más rápido y más limpio.

              MARÍA FANTASÍA.- (Se acerca al puesto de periódicos. Se dirige al Vendedor) Que dicen mis padres que me dé el periódico. (Le da unas monedas).

              VENDEDOR.- (Dándole el diario) Toma.

              MARÍA FANTASÍA.- (Observa y hace que lee algunas páginas del diario. Mirándose los dedos. Al Director) ¿Decía usted que ahora todo era más limpio?

              DIRECTOR.- ¡Ah! ¿Me habías escuchado?

              MARÍA FANTASÍA.- (Creyendo que ha hecho mal en escuchar) Pues... sí... como hablaba fuerte...

              DIRECTOR.- (Se levanta del banco y va hacia María Fantasía) No te preocupes, lo que decía no es ningún secreto; además, así habrás aprendido algo... (Observándola) Tú vives por aquí ¿verdad? Te veo con frecuencia y creo que te llamas Fantasía ¿no?

              MARÍA FANTASÍA.- (Riendo) Sí, eso me dicen los amigos, pero mi nombre es María; es que a mí... me gusta imaginar cosas ¿sabe? Por eso al oírle decir que ahora todo es más limpio... quise imaginar que era verdad.

              VENDEDOR.- (Reprendiéndole) ¡Niña! ¿Vas a dudar de lo que dice el Director?

              MARÍA FANTASÍA.- (Resuelta) Pues... sí (Enseñando los dedos) dígame si no es para dudar. Limpio y ¡mire cómo se me ponen las manos de la tinta!

              DIRECTOR.- (Al vendedor) No le riñas, es bueno que escuche y aprenda. (A María Fantasía) La tinta... sigue siendo tinta... mientras que se imprima en papel.

              MARÍA FANTASÍA.- Tampoco es tan limpio lo que cuentan. (Mostrando la primera página del periódico) Mire: ¡solo dan malas noticias! ¿Es que no hay nada bueno que contar?

              DIRECTOR.- (Tratando de justificarse) Bueno... se publica lo que ocurre, las cosas que pasan...

              MARÍA FANTASÍA.- Pero... ¿no pasa nada bueno que se pueda publicar?

              DIRECTOR.- (Algo desconcertado) Pues...

              MARÍA FANTASÍA.- (Con gesto de suficiencia y picardía) ¡Ya! Como yo me ponga a buscar... seguro que encuentro algo. (En tono de broma) ¡Le voy a quitar el puesto de director!

              DIRECTOR.- ¡Esta chica..!

              PEPE REALIDAD.- (Aparece por la derecha y se acerca al puesto de periódicos. Al Vendedor) ¡Hola! Déme el diario. (Le paga y toma un ejemplar. A María Fantasía) ¡Hola!

              MARÍA FANTASÍA.- ¡Hola, Pepe! ¿Qué... a tiznarte las manos?

              PEPE REALIDAD.- ¿Cómo? ¿Qué dices?

              MARÍA FANTASÍA.- (Aireando el periódico con enfado) ¡Que todo esto está sucio! (Enfadada) ¡Que no me gusta nada!

(El Director se retira y se sienta en el banco a leer. El Vendedor se sitúa tras el mostrador y sigue colocando periódicos. Ambos están ajenos al diálogo entre María Fantasía y Pepe Realidad)

Mira... mira las noticias que dan... (Señalando los titulares) guerras, peleas entre políticos, un hombre pega a su mujer, una mujer abandona a su hijo... un tifón arrasa media ciudad... ¡No me gusta!

              PEPE REALIDAD.- (Tratando de calmarla) Bueno, María, no te pongas así... En realidad los periódicos cuentan las cosas que pasan y... eso es lo que ocurre ¿me explico? ¡A mí tampoco me gusta!

              MARÍA FANTASÍA.- (Con sorna) Sí, claro que te explicas. ¡No me extraña que en el colegio te llamen “Pepe Realidad”! Tú lo ves todo tal como es... ¿no piensas que se puede cambiar? ¿qué podemos hacer que todo esto sea mejor?

              PEPE REALIDAD.- (Tímidamente) Pues... no sé...

              MARÍA FANTASÍA.- (Irónica) Tú dirás: “es que en realidad” ¡Déjete de realidades y sueña un poco!

              PEPE REALIDAD.- ¡Yo sueño cuando duermo! Si eres mi amiga lo debes de ser... con todas las consecuencias. A ti te llaman “María Fantasía” y yo... ¡no te lo echo en cara!

              MARÍA FANTASÍA.- Es que tener fantasía es bueno... (Con cierta ternura) Puedes creer que apruebas el curso, que todos tus amigos te quieren, que... el mundo es mejor y que (Al oído de Pepe Realidad) estas cosas (Por el periódico) no ocurren. Si lo deseas con mucha fuerza... ¡lo consigues! (Mirando al Director y al Vendedor) A estos mayores hay que darles un escarmiento.

               PEPE REALIDAD.- (Con prevención) No han hecho nada malo, ellos no... ¿de qué van a escarmentar?

              MARÍA FANTASÍA.- Yo no digo que lo malo lo hagan ellos, ni el señor que vende los periódicos ni el director del diario; pero sí te digo que nosotros, los niños, no tenemos culpa de nada y esto ¡hay que arreglarlo!

              PEPE REALIDAD.- ¿Cómo?

              MARÍA FANTASÍA.- Tengo una idea.

              PEPE REALIDAD.- ¡Otra fantasía!

              MARÍA FANTASÍA.- Verás, escúchame. (Se acerca a Pepe Realidad y le cuchichea al oído).

              PEPE REALIDAD.- (Sonriendo) ¿Sí? ¿Y tú crees que se puede hacer?

              MARÍA FANTASÍA.- ¡Ya lo creo! Verás, nosotros vamos y... (Le sigue hablando al oído).

              PEPE REALIDAD.- (Muerto de risa) ¡Sí! ¡Está muy bien!

(El Vendedor se retira lentamente hacia la izquierda hasta salir de escena, pero deja los periódicos en su sitio. El Director se levanta del banco, dobla el periódico, lo pone bajo el brazo y sale lentamente por  la derecha. Empieza a bajar la luz de escena. María Fantasía y Pepe Realidad se sitúan en el centro del  foro, justo ante el telón de fondo. Baja totalmente la luz y simultáneamente entra el foco de luz negra que deja ver solamente las líneas marcadas en blanco en el telón y los apliques blancos en el vestuario de los dos actores. Entra una suave música, pegadiza y alegre, aunque algo misteriosa; puede ser alguna composición oriental con platillos y crótalos. La sensación debe ser la de un extraño y curioso laboratorio. Esta escena debe de ser breve para no cansar, puede durar unos 20 o 30 segundos, durante los cuales los dos actores gesticularán de forma que sus movimientos sean perceptibles por el público.

En este espacio de tiempo los actores habrán cambiado los periódicos que dejó el Vendedor sobre el mostrador por otros, pero totalmente en blanco.

 Se apaga la luz negra y se hace un brevísimo oscuro en el cual Pepe Realidad y María Fantasía salen de escena y vuelve la luz blanca. La escena está sola.

              VENDEDOR.- (Entra por la izquierda, va al puesto y mira con asombro los periódicos que hay en el mostrador) ¿Qué es esto? (Alza un ejemplar y se ve que está totalmente en blanco) ¿Qué ha pasado? ¡Se han ido las noticias! ¡Han desaparecido las letras! ¡Este periódico está en blanco! (Remueve en el montón de diarios, los muestra y se ve que todos están en blanco) ¡Todos, todos sin noticias!

              DIRECTOR.- (Entra por la derecha como asustado. Se acerca al Vendedor) ¡Es asombroso! ¡Puede ser mi ruina! ¿Has visto los periódicos de hoy?

              VENDEDOR.- ¿Qué si los he visto? ¡No! ¡he visto el papel... el periódico no, ¡el periódico no trae noticias!

              DIRECTOR.- ¡Ha sido tremendo! ¡No me lo puedo explicar! Esta noche... (Trata de respirar hondo, se ahoga) Esta noche...

              VENDEDOR.- ¡También será mi ruina! (Señalando los periódicos) ¡Esto no lo puedo vender... nadie lo querrá... ¡como no sea para envolver..! (Transición) Pero... diga, diga... esta noche ¿qué pasó?

              DIRECTOR.- (Se sienta en el banco haciéndose aire en la cara con un papel) Pues que... los teletipos dejaron de funcionar, sólo salía un mensaje diciendo que estaban fuera de servicio.

              VENDEDOR.- Bueno, pero los ordenadores...

              DIRECTOR.- Los ordenadores peor... ¡si yo te contara!

              VENDEDOR.- ¡Cuente, cuente!

(Por la derecha entran María Fantasía y Pepe Realidad sonriendo con picardía)

              DIRECTOR.- Los ordenadores se limitaron a sacar en la pantalla un aviso, que nadie sabe quién lo ha puesto; un aviso misterioso. (Gritando) ¡Y justo cuando estaba llegando la última noticia de la guerra en..!

              MARÍA FANTASÍA.- (Con picardía, al Director) ¿Una guerra?

              DIRECTOR.- ¡Sí! ¡La noticia que tenía que ir en primera plana!

              PEPE REALIDAD.- (Al Director) Y... ¿qué decía el aviso?

              DIRECTOR.- Que el sistema se había caído.

              VENDEDOR.- (Con asombro y gesto de ingenuidad) Y... si se había caído ¿por qué no lo levantan?

              PEPE REALIDAD.- (Aparte, a carcajadas) ¡Qué bruto! (Al Vendedor) En los ordenadores, cuando el sistema se cae... ¡no es que se dé con la nariz en el suelo! Es que ha dejado de funcionar.

              MARÍA FANTASÍA.- (Irónica y fingiendo desconocer lo que ocurre) Bueno, pero... ¿los satélites? (Al Director) ¿No dicen que ahora las noticias llegan por satélite? ¡Vaya, vaya con los mayores; pobrecitos, se han quedado sin noticias!

              PEPE REALIDAD.- (Al Vendedor) ¡Ah! Que mis padres no quieren hoy el periódico. (Inicia el mutis por la izquierda).

              VENDEDOR.- (A María Fantasía y Pepe Realidad, amenazándolos con la mano en alto) ¡Dichosos niños! ¡Os voy a dar..! Encima de bromas.

              PEPE REALIDAD.- (Mientras sale corriendo por la izquierda) ¡No me pegue que ya no es noticia! (Sale).

              MARÍA FANTASÍA.- (Haciendo mutis detrás de Pepe Realidad) ¡No se enfade, hombre! (Sale)

              VENDEDOR.- (Al Director) Esos dichosos niños... ¡me ponen malo con sus risitas!

              DIRECTOR.- (Levantándose de un salto) Y a mí me pone malo... ¡todo! Cuando me he dado cuenta de lo ocurrido he salido a la calle, he recorrido la ciudad, todos los quioscos de prensa, para comprobar si a los demás les había pasado algo así y...

              VENDEDOR.- ¡A todos! ¡A todos! ¿No ve que en mi mostrador no tengo ningún diario con letras? ¡Todo es papel en blanco!

              DIRECTOR.- Pues le gente está asustada, creen que ha sido un virus informático y que se les puede contagiar.

              VENDEDOR.- (Ingenuo) ¿Y eso es verdad? ¿Nos puede ocurrir algo? A mí eso de los virus me asusta... ¡aunque sean informáticos!

              DIRECTOR.- (Enfadado) ¡No seas bobo! Esos virus no atacan a las personas... ¡pareces tonto!

              VENDEDOR.- ¡Pues a mí sí que me ha atacado! Ya me contará qué gano yo sin vender nada...

              DIRECTOR.- (Se sienta en el banco)¡Y yo! Nosotros, en el periódico, tampoco podemos cobrar la publicidad que es lo que nos mantiene. ¡Menudos se podrán el administrador y el contable!

              VENDEDOR.- (Sentándose en el banco junto al Director) Bueno... yo creo que deberíamos tranquilizarnos y pensar. Alguna solución habrá ¿no?

              DIRECTOR.- (Tratando de serenarse) Sí, lo mejor será pensar... analizar porqué ha ocurrido esto y no dejarse llevar por el pánico. (Se queda pensativo) A lo mejor la culpa es nuestra...

              VENDEDOR.- ¿Usted cree? ¿Nosotros culpables? (Se queda unos segundos pensando) Quizá haya sido el castigo de algún virus por (Dudando) ¡por dar siempre malas noticias!

              DIRECTOR.- (Algo más sereno) Pero... mira... no sé cómo explicarte, cómo justificarme; yo no me invento las noticias, ni tampoco los periodistas que trabajan en la empresa. Ellos escriben lo que ven, lo cuentan como es, como ha ocurrido y... ¡nada más! En todo caso la culpa, si hay que buscarla, será de quien provoca la noticia: de quien declara una guerra, de quienes fabrican armas, de quienes inducen a la violencia. Nosotros somos el espejo de la sociedad en la que estamos.

              VENDEDOR.- ¡Pues es una sociedad que, ahora que me doy cuenta, no me gusta! (Pensativo) No me gusta a mí ni a... (Salta como movido por un resorte) ¡Ya lo tengo!

              DIRECTOR.- (Asustado) ¿Qué tienes?

              VENDEDOR.- ¿No recuerda que ayer, cuando María Fantasía y Pepe Realidad vinieron a por los periódicos comentaron, entre ellos, que no les gustaba algo? ¡Sí, lo recuerdo muy bien! Hablaban entre ellos y les oí decir a los dos estas frases: “no me gusta”, dijo la chica; “a mí tampoco me gusta”, contestó el chico.

              DIRECTOR.- (Pensativo) ¿Eso dijeron? Puede ser una travesura, pero a mí me está dando que pensar...

              VENDEDOR.- ¿Qué piensa?

              DIRECTOR.- (Se levanta del banco y pasea nervioso) Pues... ¡que a lo mejor ellos tienen razón!

            VENDEDOR.- (Se levanta y va a su puesto de periódicos) Ellos tendrán razón, pero... ¿qué hago yo con todo esto?(Señalando los periódicos en blanco) ¿Qué hago yo con todo este papel en blanco?

              DIRECTOR.- (Con gesto de haber encontrado una feliz solución) ¿Sabes qué vamos a hacer? Pues ¡escribir en ellos todo lo que se te ocurra y que se trate de buenas noticias! Yo también lo haré; a lo mejor así damos ejemplo y enseñamos a los demás.

              VENDEDOR.- ¿Se trata de no escribir lo malo? ¿De esconderlo?

              DIRECTOR.- ¡No! Eso sería censura; se trata de contarlo todo, como debe ser, pero destacando lo bueno. (Tratando de explicarse) Verás... por ejemplo: en lugar de titular: “Un perro muerde a un niño”, contamos: “Un perro salva a cinco personas de los escombros de un hundimiento”, en lugar de poner con grandes letras: “Los chicos jóvenes no dejan dormir a los vecinos del tal barrio por el ruido que hacen”, destacar más: “Hay cientos de chicos que estudian, pintan, que van al teatro, pero como no hacen ruido ¡nadie habla de ellos!” Pues nosotros sí, nosotros vamos a hablar de ellos.

              VENDEDOR.- (Entendiendo la propuesta) ¡Estupendo! Así cada uno hacemos nuestro periódico y contamos lo que más nos gusta... ¡para que aprendan los demás! ¡a ver si así toman nota y aprenden!

              DIRECTOR.- ¡Vamos a predicar con el ejemplo!

              VENDEDOR.- Pero... sin callar la verdad ¿no?

              DIRECTOR.- ¡Naturalmente! La verdad hay que decirla, pero... sin cargar las tintas en lo negativo. Así, a lo mejor, cuando apenas le demos aire a lo malo... la gente se cansa de hacer estupideces y todos vivimos mejor.

              VENDEDOR.- (Dudando) Y... ¿no le parece mucha ilusión?

              DIRECTOR.- Sin ilusiones no se consigue nada. ¡Venga! ¡A trabajar en el nuevo periódico!

              VENDEDOR.- ¡Cada uno nuestro periódico! ¡Yo voy a escribir ahora mismo! (Se apoya en su mostrador y se dispone a escribir)

              DIRECTOR.- Y.. ¿qué vas a contar lo primero?

(Por la izquierda aparecen María Fantasía y Pepe Realidad con el viejo libro de canciones y el xilófono. Observan, sin ser vistos, al Vendedor y el Director)

              PEPE REALIDAD y MARÍA FANTASÍA.- (Tocan muy suavemente el xilófono y cantan):

  Al pasar la barca

me dijo el barquero

“las niñas bonitas

no pagan dinero”

              VENDEDOR.- (Al Director) Pues yo voy a escribir sobre... ¡déjeme pensar!

              DIRECTOR.- A mí ya se me ha ocurrido! (Toma un periódico en blanco y se dispone a escribir) ¡Ya lo tengo! (Escribiendo) “Dos niños se enfadan por las malas noticias y nos dejan sin periódicos... nos ha dado una buena lección a los mayores!

              PEPE REALIDAD y MARÍA FANTASÍA.- (Canturrean y sonríen sin ser vistos):

Al pasar la barca

me dijo el barquero

“las niñas bonitas

no pagan dinero”

              VENDEDOR.- (Escuchando la música del xilófono) ¿Esa música? ¡Que bonita! ¿no?

              DIRECTOR.- (Habla mientras escribe) Sí, es una canción antigua, de niños, una canción infantil...

              VENDEDOR.- (Rascándose la cabeza y feliz por haber tenido una idea para escribir) ¡Ya está! ¡Ya tengo una idea! ¡Los niños! (Escribe) ¡Menuda lección nos han dado los críos con eso de...

              DIRECTOR.- ¡Eso ya lo he pensado yo! ¡Me has copiado la idea!

(Ríen al observar que han coincidido en la misma idea. María Fantasía y Pepe Realidad ríen mientras observan la escena. Ella sigue tocando el xilófono cuya música entra ahora por los altavoces de sala. Todos saltan de alegría al ritmo de la música y cae el

 

TELÓN

Madrid, octubre 1999/enero 2000

 Salvador Enríquez

Apartado de Correos 16.187

28080 Madrid (España)

 

Teléfono y Fax: + (34) 91-3667058

 

e-mail editor@noticiasteatrales.es

Web: http://salvadorenriquez.galeon.com

          http://www.cervantesvirtual.com/portal/AAT/Enriquez/

  

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