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LAS VACACIONES DE LA DUQUESA

de Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

  

LAS  VACACIONES DE LA DUQUESA

 

(Sainete)
 
De: Raimundo Francés
 
bea45azul@yahoo.com  
 
Duración aproximada: 90 minutos
 

Sainete en dos actos para cinco personajes: El abuelo, don Leopoldo Pizarro y Pizarro, antiguo duque de Pisuerga, doña Consolación, su hija viuda, ahora, duquesa de Pisuerga, Piedad y Verónica, ambas, hijas de la duquesa, y Jacinta, la doncella “y chica para todo”.

 

Escenario: Lo normal de un salón o sala de estar, adornado si es posible con algún que otro cuadro antiguo (O imitación).

 

Vestuario: Clásico. El abuelo, vestirá con bata elegante, portará gafas y un bastón.

 

Presentación: La duquesa se encuentra sentada en su sillón, a la derecha, vista desde el patio de butacas. En el sofá, enfrente, Piedad, la hija mayor, y en una butaca, a la izquierda, Vero, la pequeña. Detrás del sofá, la sirvienta, Jacinta, que aparece planchado... y sudando la gota gorda, tan solo de ver la montaña de ropa que le espera. Don Leopoldo, el abuelo, está siempre sentado en el sofá, junto a su nieta Piedad. No habla nunca. Pero oye muy bien y hace los gestos oportunos que corresponden a la situación.  

 

La duquesa, como otras, hace alardes de señora noble y distinguida que reclama todo lo que por su alcurnia le corresponde, pero en realidad no tiene donde caerse muerta. Se acerca la época estival, y en la reunión familiar se habla de las futuras vacaciones. Doña Consolación está ojeando un folleto publicitario de una agencia de viajes.

 

(Nota: El grupo deberá ajustar y sincronizar con pruebas en los ensayos el tiempo de que dispone el actor que representa al abuelo para sus apariciones con disfraz. Estando dentro un ayudante preparado con las distintas vestimentas, y actuando el actor con rapidez y destreza, sería cuestión de apenas un par de minutos. En cualquier caso, mientras hace aparición este actor con su atuendo, las actrices pueden seguir en lo suyo, incluso la duquesa, que puede hacer tiempo ojeando la revista)

 

ACTO PRIMERO

 

SE ABRE EL TELÓN

 

 

DUQUESA -  ¡Bueno! Veamos a donde podemos ir de vacaciones este año.

 

JACINTA - ¡Uy, qué bien! ¡Qué ganas tenía yo ya de ir de vacaciones, señora duquesa! Porque una, con tanto trabajo, se merece una, un descansito, ¿verdad?

 

DUQUESA - ¿Y a ti quién te ha pedido la palabra?   

                                

                                    (Don Leopoldo, se frota las manos y hace gestos de estar contento)

 

JACINTA - ¡Uy! Perdone, señora duquesa. Es que, como ya se acerca el verano... y las calores. ¿Ha visto usted señora duquesa como estoy sudando? (Pasándose la mano por la frente)

 

PIEDAD - ¡Claro, Jaci! ¿No vas a sudar, si llevas ahí planchando desde que salió el sol?

 

DUQUESA - ¡Bueno! Es mejor que os calléis, si queréis que vayamos de vacaciones. Además, A Jacinta no le entran esos sudores porque esté planchando, que es su obligación; lo que pasa es que con la menopausia, entran esos vapores de vez en cuando, ¿verdad, Jacinta?

 

JACINTA – Si usted lo dice, señora duquesa. (Aprovechando que la duquesa no la mira a la cara porque está ensimismada con el folleto, Jacinta le hace un gesto con el dedo medio como insinuando ¡Por aquí!)

 

DUQUESA – Es que ni siquiera me habéis dejado empezar a leer lo que nos ofrecen este año las compañías de viajes. Veamos. ¡Mira! ¡Qué interesante! ¡Escocia!

 

                           (A esto, don Leo se levanta con su bastón, dando pasos cortitos pero ligeritos y sale del escenario como si fuese a su dormitorio)

 

PIEDAD - ¿A dónde irá el abuelo ahora?

 

JACINTA - ¿A dónde va a ir, señorita Piedad? Al servicio. Que desde que está así con la próstata, me llevo todo el día limpiando el cuarto de baño. Don Leopoldo apuntaría muy bien cuando iba de cacería al coto de los señores, pero lo que es ahora, ¡Qué mala puntería tiene, coño! ¡Uy! ¡Perdón!

 

           (La duquesa la mira como recriminándole con la mente esa grosería. Piedad oculta su risa con la mano. Nadie dice nada en cinco segundos)

 

DUQUESA - ¡Bueno! ¿Qué os parece Escocia? Un país muy interesante y muy histórico, ¿verdad? Y muy digno para una familia tan distinguida como la nuestra ¿verdad?

 

JACINTA – ¿Allí, en Escocia, señora duquesa, los hoteles son también de esos que tienen lavandería y que devuelven la ropa  ya planchada a los señores clientes?

 

DUQUESA - ¡Pero, Jacinta! ¿Tú no habrás pensado que yo me iba a meter en un hotelito de esos de mala muerte, donde la gente se sirve la comida, y se tiene que hacer las camas, verdad?

 

JACINTA - ¡Por Dios, señora duquesa! ¡Cómo iba yo a pensar eso! ¡Con la categoría que tiene la señora duquesa!

 

DUQUESA – Muy bien dicho. Yo me hospedaré en un hotel de lujo, acorde con mi alcurnia. Con restaurante a la carta, con jacuzzy, gimnasio, salón de té... ¡Y todas esas cosas! ¡Faltaría más!

 

PIEDAD - ¡Mamá! Cualquiera que te oiga podría pensar que te pasas la vida viajando de hotel en hotel.

 

DUQUESA - ¡Calla, niña, con tus ironías! Todavía no me has dicho qué te parece la idea de ir a Escocia.

 

PIEDAD - ¡Claro! ¿Cómo te lo iba a decir, si ni siquiera me has preguntado?

 

JACINTA – Yo, por mi parte, estoy de acuerdo, señora duquesa. ¡Tiene usted mi voto! Además, si dice usted que en el restaurante ese, podemos jugar “a la carta”... Después de comer, una partidita a las siete y media, viene estupendamente. ¿Verdad, señora duquesa?

 

DUQUESA - ¡Calla! ¡Anda, calla! Que a ti, no te he preguntado. A ver, Piedad, ¿estás de acuerdo en que vayamos a Escocia?

 

PIEDAD - ¡Que sí, mujer que sí! ¿Para qué te voy a contrariar?, si al final tenemos que hacer todo, lo que tú mandes.

 

DUQUESA – Pues, entonces, está decidido. Por unanimidad, la máxima responsable de esta familia, decide que vayamos a Escocia de vacaciones.

 

PIEDAD – ¿Por unanimidad? ¿Y a esta niña, no le preguntas? Por lo menos, tendrás que decirle el resultado de la votación ¿no?

 

                           (La niña que tiene las piernas recogidas en su asiento, está ajena a todo, porque tiene los cascos puestos y está siguiendo con las manos el ritmo de una canción moderna mientras mastica chicle y ojea una revista)

 

DUQUESA - ¡Niña! ¡Verónica! ¡Niña, que te estoy hablando!

 

                                (Jacinta, suelta la plancha, se acerca a Verónica, y la zarandea un poco para que ponga atención a su madre)

 

JACINTA - ¡Señorita Vero! Su madre, la señora duquesa, que quiere decirle una cosa.

 

                              (La niña, por fin, se quita lo auriculares haciendo gesto de espantada y poniendo los pies sobre el suelo, mientras que exclama)

 

VERONICA - ¿Qué ha pasado? ¿Se ha muerto el abuelo?

 

JACINTA - ¿Quién? ¿El abuelo? ¿Don Leopoldo? ¡Qué se va a morir! Si su abuelo, don Leopoldo, tiene todavía más cuerda que usted, señorita. ¡Mire! ¡Mire por donde viene el abuelo! ¡Y lo dispuesto que viene para coger el avión el primerito! ¡Anda, que se lo va a perder!

 

                           (A esto, aparece don Leopoldo, con una camisa blanca de chorreras, con una falda escocesa, unos calcetines blancos hasta la rodilla, con zapatos de charol brillantes, con su bastón de la mano derecha, y una  maleta muy fea y muy antigua, de la mano izquierda. Cuando intenta sentarse en su sitio, su hija, la duquesa, lo detiene, cogiéndolo del brazo)  

 

DUQUESA - ¡Mira éste! ¿Pero a donde vas, papá? ¡Ni que hubiese sacado ya los billetes! ¡Anda, anda! ¡Quítate eso! ¡No sea que aparezca tu médico por la puerta y te mande derechito al psiquiátrico! Tú, no te preocupes, que si vamos de vacaciones, tú no vas a quedarte aquí como un perro. ¡Anda, anda!

 

                             (Don Leo, muy serio, se da la vuelta, con su pasito corto y se marcha)

 

VERONICA - ¡Mamá! ¿Se puede saber qué bicho le ha picado al abuelo para que aparezca de esa guisa, tan rara?

 

PIEDAD - ¡Niña! Es que mamá estaba diciendo lo de ir a Escocia de vacaciones, y cuando abuelo la escuchó le faltó tiempo para prepararse. ¡Qué pena!, ¿verdad? Porque estaba muy gracioso el abuelo vestido de escocés. Solo le faltaba la gaita. ¿Alguien tiene una gaita? ¡Ja,ja!

 

VERÓNICA -  Entonces, si vamos a Escocia ¿Tenemos que ir vestidos así?

 

PIEDAD - ¡Anda, niña! ¿Tu estás chiflada, o qué?

 

VERÓNICA – Entonces, ¿Por qué el abuelo iba vestido de esa manera?

 

DUQUESA -  ¡Hija! ¿Cuántas veces te lo tengo que contar? Tu abuelo, cuando era el duque de Pisuerga, que ya no lo es, porque la duquesa de Pisuerga ya soy yo, era el jefe de la oficina diplomática, y cuando recibía a algún alto mandatario de otro país, pues se vestía como ellos, por cortesía. ¿Comprendes? Es que el abuelo ya no carbura muy bien, pero en su memoria tiene muy bien grabadas sus batallitas. ¡Como todos los ancianos!

 

VERÓNICA - ¡Ya, mamá! ¿Y en Escocia hay buenas discotecas en los paseos marítimos, con moviditas y conciertos al aire libre,  como aquí?

 

PIEDAD - ¡Venga, niña! ¿Tú que te has creído que Escocia es Torremolinos?   Allí, en Escocia, hace un frío que te cagas. ¡Y cuando no hace frío, llueve a cántaros y sin parar en siete días!

 

VERÓNICA - ¡Qué asco! ¿Y para ver como llueve vamos a ir de vacaciones a Escocia? ¡Qué rollo! ¿Verdad, Jaci?

 

JACINTA – Pues... verá señorita Verónica. A mí me da igual. Siempre que allí se coma bien, y podamos jugar a la carta, y nos hagan las camas,  y que allí laven la ropa y se la manden planchadita a los clientes... (Limpiándose el sudor)  Porque a este paso, si no termino en Escocia, voy a terminar...  ¡escocía! ¡Que no es lo mismo!

 

VERÓNICA      - No sé por qué, pero a mi me da que en Escocia, yo me iba a aburrir más que Michael Jackson en una feria de ganado. 

 

DUQUESA - ¡Hija! Pero en Escocia hay muchos castillitos, y supongo que habrá grandes templos, y muchos monumentos, y cosas así, ¿no? Todo lo que a ti te interesa saber para tu carrera de turismo. Porque tú decías que querías estudiar turismo para luego dirigir un gran hotel, ¿no?

 

VERÓNICA      - ¡No, mamá! ¡Eso es un coñazo! ¡Yo quiero estudiar la batería!

 

JACINTA – Señorita Vero, si quiere usted estudiar la batería, yo a lo mejor le podría ayudar con la batería de cocina, que está todavía como nueva.

 

DUQUESA - ¡Anda, calla ya, Jacinta! ¡Calla, que vas a terminar de estropearlo! ¡Bueno! Entonces, lo de Escocia, de momento, lo dejamos ¿no? Porque si a esta niña no le gustan los monumentos, y allí siempre está lloviendo, la verdad es que...

 

                          (Todos callan durante unos segundos. A esto, aparece ya el abuelo, con su bata, y se sienta, aunque algo serio)

 

JACINTA – Señora duquesa, con su permiso. El otro día, me dijo mi amiga Conchi, que había ido a un sitio de vacaciones la mar de güay. Es que no me acuerdo del nombre. Era una cosa así que sonaba como a cuando don Leopoldo quiere abrir el cajón de su cómoda para coger las pastillas,  y no puede... ¿usted me entiende?

 

DUQUESA - ¡No, que no te entiendo!

 

PIEDAD - ¡Ah, sí! Tú quieres decir... ¡Cancún!

 

JACINTA - ¡Eso! ¡Eso mismo! Ya le decía yo, señorita Piedad, que era como cuando el cajón de su abuelo se atasca, y, ni se abre, ni se cierra... ¡Cam... cum! ¡Cam... cum! (Haciendo gestos como de tirar de un cajón y luego de empujarlo bruscamente)

 

DUQUESA - ¡Calla, anda, calla! ¡Que lo vas a acabar de estropear! Aunque..., a decir verdad, la idea de ir a Cancún, no estaría nada de mal.

 

                         (A esto, don Leo, se levanta y desaparece de nuevo. La familia, como está acostumbrada a las frecuentes meaditas del abuelo no se inmutan)

 

JACINTA - ¿Ve usted, señora duquesa, que algunas veces se me ocurren ideas muy buenas? ¡Coño, qué manera de sudar! ¡Como siga así, con tanta plancha, en vez de ir al Cancún ese, me voy a pasar el verano entero en el hospital de San Carlos! 

 

DUQUESA – Veamos. Cancún. Quince días, junto al mar, hotel de cuatro estrellas, habitación doble, con baño, pensión completa, piscina,  pista de squash, sala de música con espectáculo de salsa...

 

VERÓNICA - ¡Uy! ¿Has dicho salsa? ¡Qué güay! ¡Musiquita buena, y salsita! ¡Y piscinita! ¡Güay del Paraguay! Mamá, ¿Cuándo nos vamos?

 

PIEDAD – Mamá, piénsatelo bien. Que allí, hace calor, mucho calor, y tendrás que llevarte todo el tiempo en la sombra, y tendrás que ponerte protectores solares, muchos potingues, y cremas anti-mosquitos.

 

DUQUESA - ¿Mosquitos has dicho? ¿Has dicho... mosquitos? ¿De esos que pican y te chupan hasta la sangre sin importarles siquiera que sea sangre azul?

 

JACINTA – Perdone, señora duquesa, pero a mi me dijo mi amiga Conchi, que allí en verano, los mosquitos se van corriendo a la montaña porque los turistas se ponen mucho... ¿cómo se llama eso? ¡Ay!

 

PIEDAD – Repelente, Jaci, repelente.

 

JACINTA - ¡Eso! ¡Repelente! Y como los mosquitos lo huelen, que por lo visto ese repelente huele a perros muertos, pues se van con la música a otra parte.

 

VERÓNICA – (Quitándose uno de los auriculares) ¡Música? ¿Has dicho música? Yo me apunto. ¿Y dónde está eso, mamá? Quiero decir, ¿en qué país musical?

 

PIEDAD – En Méjico, niña. ¿Dónde va a ser? ¡En Méjico! ¡Que no sabes nada de geografía, hija!

 

                                 (A esto, aparece don Leopoldo, todo vestido de mariachi, − naturalmente sin demasiado detalle−  con un gorro mexicano enorme, con su bastón y su maleta)

 

DUQUESA – Pero, ¿A dónde vas hombre de Dios? Pero... ¿por qué te vistes de mejicano para el acto de credenciales? ¡Si, todavía no he sacado los billetes! ¡Anda, anda! ¡Quítate eso, que solo te falta la guitarra! 

 

                                (Se queda quieto, como contrariado y se da la vuelta con su pasito corto, haciendo gestos de disgusto)

 

JACINTA – ¿Entonces, señora duquesa, ya no vamos a Méjico?

 

DUQUESA - ¡Hija, por Dios! ¡Con mi alergia! ¿Cómo vamos a ir a un país de esos? ¡Y con ese calor! Ya tengo bastante con estos sofocos que a veces me pongo ardiendo como una caldera. Esos países no se han hecho para mí.

 

JACINTA - ¡Vaya! Con las ilusiones que yo me había hecho... Allí, en la playita, con mi refresquito, en bañador, debajo de la sombrilla...

 

PIEDAD – Tranquila, Jaci. Tú, tranquila. Que todavía no sabemos cómo va a terminar esta asamblea.  Sigue, mamá, sigue.

 

DUQUESA       - Veamos... Italia... ¡Roma! ¡Uy! ¡Qué precios!          

 

                  (A esto, don Leo, se levanta de nuevo y desaparece)

 

VERÓNICA - (Imitando un anuncio de TV, se levanta y simula un paso de baile andaluz, cantando a la vez : ¡Ole, qué precios! )

 

DUQUESA - ¡Niña, déjate de burlas, que estamos debatiendo algo muy serio!

 

JACINTA - ¡Y que lo diga, señora duquesa! ¡Y que lo diga! ¡Que las vacaciones, son una cosa... pero que bien seria!  Que lo dijo un médico en televisión. Que si no vamos de vacaciones por lo menos un mes al año, le puede entrar a una hasta una depresión de esas. Pero dijo bien clarito que las vacaciones tienen que ser de descanso total, vamos, sin trabajar, ni hacer camas, ni planchar, ni nada de eso.

 

DUQUESA – A ver, a ver... hotel de cuatro estrellas, restaurante italiano...

 

VERÓNICA - ¡Ah, una pizzería! ¡Qué güay!

 

PIEDAD - ¡Calla, niña! ¿Cómo va a  haber una pizzería en un hotel? ¡Como se nota que no has viajado nunca! ¡Igualito que yo! ¡Que he tenido que solicitar un pasaporte nuevo porque en el mío ya no queda sitio ni para poner una coma!

 

DUQUESA - ¡Callaros de una vez, que si seguimos así, nos va a dar aquí el verano, pero el del año que viene! Y todo, porque una quiere dar paso al método ese de la democracia, que siendo una duquesa, no tendría por qué consultar a nadie. ¡Vamos! Fijaros en mi colega, la duquesa de Alba. Ella dice ¡Este año no subo los jornales! ¡Y no los subo! (Pausa)

 ¡Caray! ¡Que ya no se respeta ni la autoridad de una señora duquesa!  

 

JACINTA – Entonces, señora duquesa...

 

DUQUESA - ¿Otra vez? Tú sigue con tu plancha, que mira todo lo que te queda todavía.

 

PIEDAD - ¡Mamá! ¡Déjala hablar!

 

DUQUESA - ¿A quién? ¿A esta? Si esta lo único que quiere es quitarse de trabajar quince días. ¡Que lo sabré yo!

 

PIEDAD – ¡Pues, claro! Lo normal.

 

DUQUESA – Sí, hija, pero si vamos a Roma, sus vacaciones se las tengo que pagar yo.

 

PIEDAD - ¡Hombre! ¡Mamá! ¿Y quien quieres que se las pague... la conferencia episcopal?

 

DUQUESA – ¡Pues, mira! No estaría mal que el vaticano hiciera una obrita de caridad y nos pagase a todos unas vacaciones a Roma. Al fin y al cabo, la visita de una duquesa española le da prestigio a la ciudad. Porque, tú sabrás que cuando una persona de la aristocracia visita una ciudad extranjera, la noticia sale hasta en la prensa y en televisión.  

 

PIEDAD - ¡Anda, vamos, mamá! ¡Baja ya de las nubes! Además, si tú, la única ciudad que has visitado en tu vida es la nuestra, y la de Cartagena, cuando murió la abuela. Y recuerdo, que como allí no te conocía nadie y encima llevabas un velo negro sobre la cara, no te saludó ni el guarda del cementerio.

 

DUQUESA - ¡Calla! ¡Calla, niña! No me traigas malos recuerdos. Que no estoy para esas cosas. Yo, lo que necesito es unas buenas vacaciones.

 

                         (A esto, aparece don Leo, vestido de centurión, o soldado romano, pero con su maleta y su bastón – También puede salir de cónsul, con una corona de laurel, pero es menos impactante)

 

DUQUESA - ¡Pero, papá! ¿A dónde vas ahora, a las Galias?

 

JACINTA - ¡Uy, qué gracioso! Yo creo que don Leo podría trabajar de ‘’extra’’ en las películas americanas ¿verdad que sí, señorita Piedad?

 

PIEDAD - ¡Abuelo, que los carnavales fueron en Febrero, y estamos en Julio! Desde luego, yo no sé si iremos de vacaciones, pero tú ya has viajado unos cuantos kilómetros esta mañana, ¿eh? De Escocia a Méjico, de México a Roma. ¡Ea! Ya estamos en Roma. ¿Y ahora, hacia donde te diriges, abuelo?

 

DUQUESA - ¡Mira! Dejaros ya de tanto cachondeo con el abuelo, que el pobre mío no sabe lo que se hace.

 

PIEDAD - ¿Qué no? ¡Hombre! Por lo menos él está viajando, aunque sea con su imaginación, pero tú, solo sabes mirar muchos folletos, y al final no vas ni al balneario de Lanjarón.  ¡Ay! A ver si me sale un novio y nos vamos juntitos a Benidorm, que me han dicho que tiene un hotel tan alto  que hasta los aviones supersónicos pueden aparcar en la azotea para que  los pilotos se tomen una cervecita.

 

DUQUESA - ¡Anda! Jacinta, acompaña al abuelo y ayúdale a quitarse ese disfraz. ¡Y menos mal que no tiene la espada, porque es capaz de pelearse con las cortinas, imitando a don Quijote!  Este es capaz de acostarse con todo eso encima.

 

VERONICA – Y hasta con la maleta.

 

PIEDAD – Sí, pero la culpa es de mamá, que no para de hablar de vacaciones aquí y allí, y él se ilusiona con nada.

 

VERÓNICA - ¡Claro, mamá! ¡Es que en esta casa, llevamos todos, una vida tan aburrida...!

 

DUQUESA       - ¡Pues, eso es lo que hay! ¡Caramba! ¡Que esta es una casa distinguida, de familia noble y distinguida, sin un real, pero distinguida! Y, deberíais agradecerme que me preocupe de vosotros y de vuestras vacaciones, pero tenéis que comprender que solo podemos ir a un lugar adecuado y con un precio adecuado. Y ahora, vamos al comedor, que son las tres de la tarde.

 

JACINTA – Señora duquesa, ¿sigo planchando o puedo dejarlo para poner la mesa a la señora duquesa y a las señoritas?

 

DUQUESA - ¡Pues, claro, Jacinta! ¡Deja eso ahora! ¡Porque no querrás que sirva yo la mesa, verdad? De alguna manera tendrás que justificar el sueldo que te doy ¿no? ¡Venga, vamos! Después de comer, decidiremos a donde nos vamos de vacaciones.

 

JACINTA - ¡Qué bien! ¡Unas vacaciones! ¡Por fin! (Soltando la plancha de un porrazo)

 

                 (Salen todos del escenario. Verónica haciendo gestos de baile al son de la música que oye con sus auriculares)

 

SE CORRE EL TELÓN

 

(Fin del primer acto)

 

                                             

SEGUNDO ACTO

 

SE ABRE EL TELÓN

 

 

 

Se abre el telón y aparecen en el mismo sitio, Jacinta con su plancha y limpiándose el sudor con la manga. Verónica, con su revista y sus auriculares, Piedad con su libro y comiendo una manzana. Doña Consolación, la duquesa, con una tacita de café y su folleto de viajes. El abuelo, dando cabezadas, sin soltar el bastón.

 

DUQUESA – Estoy viendo aquí un viajito que resulta tentador. Sí señor, muy, muy tentador. ¡Qué lastima!

 

PIEDAD – Mamá, ¿en qué quedamos? ¿Es tentador, o es una lástima?

 

DUQUESA – Pues, hija, las dos cosas. Es... tentador, porque es un viaje baratito, en un hotel con vistas al río, con muchas gondolitas de esas, con restaurantes orientales donde sirven comidas de pocas calorías, y con baños turcos, para quemar esas pocas calorías... ¡En fin! Todo por 300 euros, es un auténtico sollo.

 

PIEDAD – ¿Y por qué es una lástima?

 

DUQUESA – Porque la India está un poquito lejos.

 

                  (A esto, el abuelo hace gestos de haber oído algo y se levanta muy apresurado y dispuesto a salir)

 

JACINTA  - ¿Otra vez don Leo? Tenga cuidadito y apunte hacia adentro, por favor.

 

PIEDAD – Mamá, ¿de verdad que tú irías a la India a pasar dos semanas?

 

DUQUESA - ¡Hija! ¿Y por qué no? El problema es que son muchas horas de avión y tú sabes que yo no resisto muy bien esos vuelos intercontinentales.

 

PIEDAD - ¿Intercontinentales? ¡Ja, ja! ¡Qué risa! ¡Cogedme, que me caigo de risa! ¡Ja, ja!  ¡Pero, mamá, por Dios, si el único aeropuerto que tú has visto en tu vida fue el de la película ‘’Casablanca”!

 

DUQUESA - ¡Hija! ¡Y qué culpa tengo yo de que me den miedo los aviones!

 

JACINTA – ¿Señora duquesa, entonces, tampoco vamos a la India? ¡Qué pena! ¡Con la ilusión que me hacía!

 

PIEDAD - Pero, Jacinta, ¿Cómo vas a ir de vacaciones a la India? ¿No sabes que allí las ratitas están paseando alegremente por todas partes, como si estuvieran haciendo turismo?

 

JACINTA - ¿Ratitas? ¿De esas que tienen pelitos y un rabo muy largo? ¡Uy, qué asco! ¡Por Dios! ¿Y esas ratitas están por todas partes?

 

PIEDAD - ¡Bueno! La gente, allí, en vez de dar de comer a sus niños para que no se mueran, se dedica a alimentar bien a sus amigas, las ratitas.

 

DUQUESA – Oye, hija, ¿Allí es donde también las vacas se pasean por la acera como si fueran transeúntes normales?

 

PIEDAD - ¡Claro, mamá! Pero eso sí, ¿eh?  Para cruzar la calle, lo hacen por el paso de cebra o con el semáforo en verde, ¡que por algo son vacas civilizadas! ¡Vamos... de ciudad! Que no son como esas vacas que se ven en los montes de Cantabria, en Galicia... que van todas así, a su aire, como diciendo: ¡Ea, que todo el monte es mío, y aquí cruzo yo por donde me de la real gana! Es que las vacas españolas, valen para dar leche, pero un poco incívicas son ¿verdad?

 

JACINTA – Señorita Piedad, ¿No era en Bombay  donde están esos esqueletos con turbante que dejan a las serpientes así como tontas, cuando le tocan música con una flauta?

 

VERÓNICA - ¿Música? ¿Has dicho “Bombay”? (Hace movimientos de baile otra vez mientras canturrea la canción de ‘’Bombay, Hawai”) ¡Ay! Si hay música, yo me apunto. ¡Qué guay, Bombay!! Mamá, a mí no me importa ir a ese sitio, ¿eh?

 

PIEDAD - ¿A la India? Pero, si allí, la música es tranquilita, niña. Se trata de la musiquilla melódica de la flauta de los fakires para encantar a las serpientes. ¿Tú qué creías, que allí había discotecas de heavy metal para mover el esqueleto?

 

JACINTA - ¡Uy! Hablando de esqueletos, y de fakires, ¡Mira quien viene por ahí!

 

                             (Aparece el abuelo desnudo, con un enorme ‘’dodoti” con un turbante, su bastón, su maleta y, asomando por el dodoti, una flauta y un móvil)

 

VERÓNICA - ¡Abuelo! ¿Ya te has meado otra vez? ¡A ver si tienes más cuidado, que mamá se gasta toda nuestra fortuna en tus dodotis, y así no vamos a poder ir de vacaciones!

 

DUQUESA – Pero, ¿A dónde vas, infeliz? ¿Es que quieres ir al programa ese de shalakabula o como se llame? ¡Ay! ¡Que buena pareja harías tú así, con la flacucha esa que lleva el programa! ¡Venga, hombre! ¡Que vas a coger un resfriado y no vas a poder ir de vacaciones!

 

                    (El abuelo, de nuevo con gesto de contrariedad, se da media vuelta y se retira)

 

DUQUESA - ¡Anda, Jacinta! Acompaña al abuelo y cuando le quites el dodoti, guárdalo en la cómoda para cuando le haga falta, que está la vida muy cara.

 

JACINTA – Perdone, señora duquesa, pero yo prefiero que eso lo haga usted que es su hija, que yo nunca he visto un hombre desnudo.

 

PIEDAD - ¡Ah, no? Pues, si yo fuese tú, me aprovecharía de esta ocasión. A lo mejor, mi abuelo te pone a cien, incluso podrías perder con él la virginidad. ¡Ja, ja, ja!

 

DUQUESA - ¡Niña, calla! Lo único que falta es que tú animes a Jacinta. Que estas  mujeres de pueblo son muy listas. Y si Jacinta se queda embarazada, es capaz de pedir la mitad de la herencia, y hasta puede reclamar todo el ducado para su hijito, el del pueblo. ¡Vamos! ¡Lo que faltaba!

 

PIEDAD - ¡Pero, mamá! ¿Cómo puedes creer que el abuelo pueda excitar a Jacinta?

 

DUQUESA – No, el abuelo a Jacinta no, pero Jacinta al abuelo, sí. Y ella, todavía está de buen ver. ¡Conoceré yo al abuelo! Donde tú lo ves, que parece un carcamal, es capaz de dejar preñadas a... ¡a todo un harén!

 

JACINTA – Bueno, señora duquesa, como usted me lo manda voy a llevar al abuelo a su dormitorio, pero allí, por si acaso, que cierre la puerta y se cambie él solito, que sabe como hacerlo.

 

                   (Se retira, llevando al abuelo por el brazo)

 

PIEDAD – Oye, mamá. Ahora que no está delante, ¿tú te has creído eso de que Jacinta sea virgen todavía?

 

DUQUESA - ¿Quién? ¿Ésta? ¡Pues, claro! Si cuando entró en esta casa a servir era solo una niña y desde entonces, no ha salido de aquí ni para ir a misa.

 

PIEDAD - ¿Ah, no? Pues, hija, ahora comprendo que esté ansiando disfrutar de unas vacaciones. Mamá, si vamos a la India, o a Rusia, o a donde sea, no vayas a alojar a Jacinta con el abuelo en la misma habitación, ¿eh? Que puede pasar cualquier cosa. ¡Ja, ja!

 

DUQUESA - ¿Qué no? ¡Vamos, niña! ¿No querrás que meta al abuelo con nosotras? ¡Toda la noche llevándolo al cuarto de baño para hacer pis! Y tampoco voy a alojar con nosotras a Jacinta. ¡Con esos ronquidos!

 

PIEDAD – Pues, eso va a ser un problema. Lo mejor es que tengamos cada uno su habitación.

 

DUQUESA - ¿Cómo? ¡Tú debes de estar loca, niña! ¿Una habitación para el abuelo y otra para Jacinta? ¿Pero tú que te has creído, que yo soy millonaria?  ¡Con lo caros que están los hoteles!  ¡Por Dios!

 

                   (A esto, aparece Jacinta con el abuelo, éste vestido normalmente con su bata se sienta)

PIEDAD - ¡Abuelo! ¿Tienes que estar agotado, verdad? ¡Que lote de viajar te están dando! ¡Cómo te envidio!

 

DUQUESA – Bueno. A ver si nos ponemos de acuerdo de una puñetera vez y decidimos el destino de nuestras próximas vacaciones.

 

PIEDAD - ¿Próximas? Eso, si hubiera habido otra antes. Pero yo no recuerdo... Oye, Vero, ¿tú has ido alguna vez de vacaciones en tu vida?

 

DUQUESA – Tú, siempre con tus ironías. A ver, ¿A dónde os gustaría ir?

 

VERÓNICA – Yo, a un lugar donde haya ritmo, y playitas, y un buen cubata de ron fresquito.

 

DUQUESA - ¡Niña! ¿No estarás insinuando que nos vayamos a Cuba, verdad?

 

VERÓNICA - ¡Uy! ¡Qué guay! ¡A cuba! ¡Qué idea has tenido, mamá! Yo quiero ir a Cuba. A lo mejor, allí, me ligo a un cubanito. ¡Con lo guapos que son! ¡Y con lo buenos que están! ¡Y cómo se mueven!

 

DUQUESA - ¡Niña! Cuidado con esa boquita, que esta es una casa muy decente y tú no has sido educada para decir esas vulgaridades.

 

VERÓNICA – Quería decir bailando, mamá. Bailando... ¡Azúcar!

 

                         (A esto, el abuelo se levanta otra vez muy dispuesto)

 

DUQUESA - ¿A dónde vas, papá? ¡Que no se te ocurra ahora aparecer vestido de  Fidel Castro, eh? Que tú eres capaz.

 

               (El abuelo hace gestos con las manos abiertas, mirándose a sus partes bajas, como indicando que necesita hacer pis)

 

DUQUESA - ¡Ah, bueno! Si es para hacer pis, te dejo que vayas.

 

JACINTA – Don Leopoldo, apunte bien. Piense usted en mí, por favor.

 

PIEDAD – Sí. ¡Ja, ja! Como piense en ti, entonces en vez de hacer pis, lo que va a hacer es otra cosa. ¡Ja, ja, ja!

 

 DUQUESA - ¡Mira, Piedad! O dejas de decir cosas indecentes o me voy ahora al casino y os quedáis todos sin vacaciones este año.

 

JACINTA - ¡Ah!, ¿pero este año nada más?

 

DUQUESA - ¡Jacinta! ¿Tú también?  ¡Cuanta insolencia, por Dios!

 

JACINTA – Perdone, señora duquesa. Es que me estaba haciendo muchas... ilusiones.    

 

                    (Piedad y Verónica la remedan cuando dice ‘’ilusiones’’ y pronuncian la palabra al mismo tiempo que ella)

 

DUQUESA - ¿De qué? ¿De ligar con un cubanito también?

 

JACINTA - No, señora duquesa, que yo soy una mujer muy decente. Usted lo sabe. Lo que pasa es que estoy agotada de tanto limpiar, tanto cocinar, tanto lavar...

 

PIEDAD – Y tanto planchar, Jacinta. ¡Dilo, coño!

 

JACINTA - ¡Eso mismo! Por la noche, cuando estoy dormida, estoy en la gloria. Por la mañana limpiando y cocinando estoy como en el purgatorio, y por la tarde, con tanta plancha....

 

PIEDAD - ¡Estás en el mismísimo infierno! ¡Dilo, coño!

 

JACINTA - ¡Eso! Mire, señorita Piedad, mire a donde me llegan los sudores.

 

PIEDAD – Sí, hija, no me lo recuerdes, que solo con verte, me está entrando un calor de muerte.

 

DUQUESA – Bien. Veo que no tenéis mucho interés en ir de vacaciones. Y a este paso, ni a Cuba, ni a ninguna parte.

 

JACINTA – Pues, entonces, no iremos a Cuba, pero aquí, don Leopoldo, yo creo que ya solo le falta el cubatita de ron con tres cubitos de hielo.

 

                    (Aparece de nuevo el abuelo, vestido de cubanito, con un pantalón hasta la rodilla, una camisa amarilla sin mangas, una gran cadena de oro con un medallón enorme, varias pulseras en ambas muñecas, la cara embadurnada de chocolate, un gorro de paja, con su bastón y su maleta)

 

VERÓNICA - ¡Uy, abuelo! ¡Qué guay! ¿Nos bailamos una salsita?

 

          (Poniéndose de pie y empezando a moverse a ritmo de salsa)

 

DUQUESA - ¡Pero, hombre, por Dios! ¿Pero, otra vez? ¡Pero es que este abuelo no tiene remedio!

 

PIEDAD – (Con su libro, sin levantar la cabeza) Abuelo, ¿Qué tal se está en el malecón? ¿Corre fresquito? Porque aquí, hijo, cada vez que Jacinta da un planchazo, me suben unos vapores...

 

DUQUESA - ¡Venga, Jacinta, llévatelo y que se cambie!

 

JACINTA – Señora duquesa, que no paro, que esto, en vez de ser una reunión de vacaciones, se parece más bien a un desfile de modelos.

 

PIEDAD – Sí, es verdad. ¡¡Ja, ja!! Ya solo falta que mamá vea en ese folleto una oferta para ir a Egipto y aparezca el abuelo otra vez, todo vendado como una momia.  Jaci, ¿has visto alguna vez una momia que viaje por su cuenta? ¡Ja,ja!

 

JACINTA – Es verdad, pero una momia con su bastón y su maletita.

 

PIEDAD – Y su pasaporte. ¡Ja,ja!  

 

VERÓNICA – Bueno, mamá, ¿Se puede saber a donde nos vamos de vacaciones, por fin?

 

DUQUESA – Pues, hija, yo, aunque hay muy buenas ofertas, me lo estoy pensando un poco.

 

PIEDAD - ¿Un poco? Pues, mira. Mientras que te lo piensas, poco o mucho, yo me voy a estudiar a mi cuarto que estas oposiciones se presentan duras y aquí, con tanto viajar, tanto trasbordo y tanto facturar maletas, no puede una ni concentrarse. ¡Qué barbaridad! 

 

DUQUESA - ¡Ay, hija! ¡Qué mal ángel tienes cuando te pones así, con tus ironías. Anda, sí, vete a estudiar y a ver si un día apruebas y nos ayudas un poco, que con esta economía que estoy soportando últimamente en esta casa, no vamos a poder ni pasar unos días de vacaciones.

 

                        (Piedad se levanta y se va)

 

JACINTA – Señora duquesa, con su permiso, entonces, si este verano tampoco nos vamos de vacaciones, ¿Me va a dejar usted que le haga una visita a mi tía Patro al pueblo? Es que ella está mayor ¿sabe usted? Además, solo sería tres o cuatro días.

 

DUQUESA - ¡Pero, mujer! ¿Nos vas a abandonar? ¿Así porque sí? Bueno, pero si te vas unos días, te los tengo que descontar, porque tú sabes que nos ganamos el pan con el sudor de tu frente. ¡Bueno! He querido decir con...

 

JACINTA – No, si eso salta a la vista (Quitándose el sudor de la frente) Entonces, ¿Me deja usted que vaya a preparar mi maleta?

 

DUQUESA – Sí, hija. Anda, vete, que os habéis empeñado en dejarme sola, aquí, con mis problemas, que no son pocos. Oye, Jacinta, ya que te vas al pueblo, ¿por qué no te llevas al abuelo?

 

                  (A esto, el abuelo se pone contento y trata de levantarse)

JACINTA – Pero, señora duquesa, usted sabe que don Leo tiene que hacer sus cosas muchas veces, y el cuartito de baño de la casa del pueblo...

 

DUQUESA - ¡No te preocupes, mujer! Tú lo sacas al corral, y así no tienes que limpiar tanto. A él le da igual. Así no tiene que apuntar a ningún sitio.

 

VERÓNICA - ¡Bueno! Me voy, que he quedado con mis coleguitas. Mamá, ¿Te dejo esto? (Señalando a los auriculares)

 

DUQUESA – Vale, hija. Déjalo aquí.

 

                       (Sale Verónica, dando pasitos de baile movidito)

 

JACINTA – (Cogiendo al abuelo) Vamos, don Leo. Este año, usted y yo nos vamos a mi pueblo. Verá como le va a gustar. Allí, comerá huevos de campo y tomate de huerto. Y allí, lo mismo da que salga usted a la puerta vestido de Mariachi que de Fakir . Total, las únicas que lo van a ver haciendo el ridículo son las cabras. ¡Ja, ja! ¡Que bien lo vamos a pasar!

 

DUQUESA – Sí, Jacinta, pero mucho cuidado. Nada de hacer cochinerías. Que después, pasa lo que pasa.

 

JACINTA – No entiendo nada señora duquesa. Por cierto, don Leo, ¿usted ya tiene su maleta hecha, verdad? (Mientras salen del escenario) Lo digo, porque hoy usted ha viajado tanto...

 

( La duquesa queda sola)

 

DUQUESA – Bueno. Otro año sin vacaciones. ¡Que le vamos a hacer! Esto de ser duquesa tiene sus sacrificios. Pero se me está ocurriendo una idea. En el balneario que hay aquí cerca podría darme unos bañitos de leche y de barro, que me vendrían muy bien para rejuvenecer un poquito. Además, los precios no son muy caros y como soy la duquesa y le doy caché al balneario, lo mismo ni me cobran, y encima me regalan un ramo de flores. ¡Que bien voy a estar allí, con los auriculares, escuchando esta musiquita de salsa!  Voy al dormitorio a echar un vistazo al ropero, a ver si encuentro una ropa adecuada para salir de veraneo. Yo siempre lo digo. Las vacaciones, están muy bien, pero baratitas. ¡Qué caray!

 

               (Mientras se va del escenario, lo hace con los auriculares puestos, marcándose unos pasitos de baile muy simpáticos, y el telón se va corriendo lentamente)

 

SE CIERRA EL TELÓN

 

FIN.

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