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VAGOS DE OFICIO

de Víctor Antero Flores

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

VAGOS DE OFICIO 

(Teatro)

 Víctor Antero Flores

 victor_afz@hotmail.com

 


 

PERSONAJES

 

SUSANA: Joven como de 28 años, actrz de teatro vestida de pordiosera.

REBECA: Amiga de Susana. Rubia, Actriz de 30 años.

HERMENEGILDO: Vago y actor, viste traje raído y viejo. 38 años.

EL BOTE: Vago y actor. 50 años, gordo, desharrapado.

EL COMINO: Papelerito adolescente.

EL CUICO: Policía del barrio. 35 años.

LA FICHA: Prostituta de barrio. 26 años. Vulgar y descarada.

EL VICUÑO: Tratante de blancas. 40 años. Viste de pachuco y tiene acento argentino.

EL PUÑAL: Compinche del Vicuño. Ebrio crónico. Desharrapado, de 20 años.

LA CAGUAMA: Pordiosera de esquina, grande y gorda, con mucha ropa y faldones encima, de 45 años. En realidad es el violador. Debe ser interpretada por un hombre.

UN HOMBRE: Vestido con un traje negro y lentes oscuros.

DOÑA FEDRA: Viejita, vestida siempre de chal, con escapulario Biblia y rosario.70 años.

 

 

PRIMER ACTO

 

ESCENA I

 

Al abrirse el telón aparece una plaza con árboles, bancas, faroles, dos toneles de basura juntos y al fondo se ven edificios. En una banca La Caguama, cargada de bultos, pide dinero. El comino pregona sus periódicos. Pasa el policía. La Ficha, quien estaba recargada en un farol, lo ve venir y se mueve hacia él. Despistadamente le da un billete al policía y sigue hasta salir de escena.

 

CAGUAMA: ¡Y qué pasó, mi Cuico! ¿P´acá no hay?

CUICO: Mira Caguama, sigue así y te voy a arrestar por vagancia.

CAGUAMA: Cual vagancia, si la calle es de todos.

 

Sale el policía. La Caguama saca una cerveza, da un trago y se echa a dormir. Entran en escena Susana y Rebeca. La primera va vestida como pordiosera, pero no del todo. Rebeca viste un trajecito de ejecutiva. Se ven apuradas.

 

REBECA: ¿Estás segura de que quieres hacer esto? Dicen que el violador atacó por aquí la última vez.

SUSANA: (Insegura) Ya estoy aquí, no me puedo echar para atrás.

REBECA: Ay, está bien que quieres conocer el modo de vida de estas gentes, pero con un ratito que estés puedes tener una idea...

SUSANA: No. Voy a ganarme ese papel. La audición es en una semana y necesito aprovechar todo el tiempo.

REBECA: ¿Pero dónde dormirás?

SUSANA: (Viendo a La Caguama) Donde lo hacen ellos. En una banca, bajo un árbol.

REBECA: Pero es invierno. ¿Y el frío?

SUSANA: De alguna manera ellos se lo quitan. Eso es lo que quiero aprender. A sobrevivir.

REBECA: (Acomodándole el chal raído que lleva a los hombros) Estás loca. ¿Y si te pasa algo? ¡Y si alguien te ataca!...

SUSANA: Ay, mírame, quién querría atacarme. Parezco una indigente. Qué podrían obtener de mi.

REBECA: (Le mira la entrepierna) Mmmmh.

SUSANA: No, no, no. Quién quisiera violar a una vieja fodonga como ésta.

REBECA: Mira que los hay con malos gustos. Además ni siquiera te has quitado tu maquillaje de diario.

SUSANA: ¡Ay, Dios mío! Sabía que algo se me olvidaba!

REBECA: (Saca de su bolsa una crema y papel. Le limpia la cara a restregones. Luego saca otro bote y le pinta manchones de grasa en el rostro y brazos) ¡No te digo! No vas a encajar, te van a descubrir... y todo por querer ese méndigo papel de mendiga. Ni que fuera tan importante.

SUSANA: Para mí sí lo es. Es mi catapulta hacia Bellas Artes.

REBECA: Yo creo que vas a seguir persiguiendo papelillos en las obras subsidiadas por instituciones que nada saben de teatro. (Cambia a un tono menos regañón) ¿Y de perdido te van a pagar bien por ese papel? Porque por andar de teatrera, te estás quedando en los puros huesos.

SUSANA: ¡Ya, cállate!. Pareces mi mamá. No sé qué tanto dices si tú también eres actriz.

REBECA: Sí, pero no estoy loca como tú.

SUSANA: Bueno. ¿Ya quedé bien?

REBECA: Pues más o menos.

SUSANA: Entonces es hora de que me dejes aquí. No sería bueno que te vean conmigo. Recuerda que la gente debe creer que soy una pordiosera.

REBECA: ¿A qué horas vengo por ti?

SUSANA: No. Me voy a quedar de perdido tres días en este barrio.

REBECA: ¡Ay, me da miedo por ti! Pero es tu bronca. Llámame si necesitas algo.

SUSANA: No, mejor date tus vueltecitas, así como si pasearas, allí me checas de lejos.

REBECA: Sí, me doy la vuelta por la noche y por la mañana. A ver si amaneciste...

SUANA: Ta´ bueno (la abraza) Adiós, manita.

REBECA: (Indecisa y preocupada). Ya me voy. (Se pone unos lentes oscuros y sale de escena).

 

 

ESCENA II

 

Susana ve cómo se aleja y mostrando miedo voltea hacia todos lados. Ve a La Caguama y se acerca a ella. Sigue dormida. Se sienta junto a ella y luego de pensarlo un poco la sacude.

 

CAGUAMA: ¡Orale, órale! Buscate otra banca o te... (Levanta la botella con intención de golpearla pero se arrepiente) ¡Mira lo que hiciste!

SUSANA: ¿Qué hice?

CAGUAMA: Estuve a punto de reventarte mi caguama en la cabeza y se me tiró la cervecita. Eso es pecado.

SUSANA: Golpearme es pecado, ¿verdad?

CAGUAMA: No, desperdiciar el alimento. ¿Y qué es lo que quieres, por qué me molestas?

SUSANA: Es que soy nueva aquí.

CAGUAMA: Se nota.

SUSANA: Quiero saber qué puedo hacer para poder comer.

CAGUAMA: Uh, m´ijita, aquí se hace de todo. Mira, yo pido limosna, como la mayoría. (Amenazante) ¡Nomás que este es mi lugar! Si quieres ve a pedir a otra plaza. A ver si encuentras lugar, porque los limosneros somos muy canijos.

SUSANA: Sí, si, sólo quería saber. ¿Y se gana mucho limosneando?

CAGUAMA (Se ríe) ¿Me veo como millonaria? No, apenas tienes pa´ los pocos lujos que ves aquí. Una buena cerveza y un par de tacos al día, más lo que puedan darme cuando pido en las casas. Una garrita, unas chanclas y si hay suerte, puedo encontar cosas bonitas en la basura. (Le muestra un collar) Mira, éste lo recogí en las bolsas de una casa grande.

SUSANA: (Tragando saliva) ¿Y qué más se puede hacer?

CAGUAMA: Pos´ lo que quieras, nomás que se te prenda el foco. Que si no, mmmh te va como a La Ficha.

SUANA: ¿La Ficha?

CAGUAMA: Una piruja que quiso trabajar de papelera, pero un día un señor le ofreció buena lana por pasarle las noticias hasta su oficina.

SUSANA: ¿Y qué le pasó?

CAGUAMA: Pos´ se las pasó. Y yo creo que le gustó porque se quedó en el oficio. Tú no te ves tan vieja ni tan fea, tal vez puedas hacerla como La Ficha. Tu nombre artistico podría ser: La Corcholata. Aunque quién sabe si eso le guste a La Ficha, es rete brusca.

SUSANA: Ay diosito. Ya le estoy sacando.

CAGUAMA: No le saque, no le saque.

SUSANA: Pero este barrio no es peligroso, ¿verdad?

CAGUAMA: No, es muy tranquilo. Solamente hay dos o tres muertitos los fines de semana. Pero eso es por las cantinas de allá a la vuelta.

SUSANA: Ay. Y para dormir ¿cómo le hace? De seguro pasan muchos borrachos y drogadictos por aquí.

CAGUAMA: Bah, esos loquillos no hacen nada. Por lo menos no a mí. Qué les puede interesar una vieja gorda y garrienta como yo. En cambio tú... Si te ve El Vicuño a lo mejor te agarra una nalguita... o quién sabe. Ese sí es muy atrabancado con las muchachas.

SUSANA: ¿Es el violador?

CAGUAMA: No, no te digo que es el Vicuño.

SUSANA: Necesito encontrar un buen lugar en dónde dormir.

CAGUAMA: Ya lo encontrarás. Prueba durmiendo en una banca y si algo te pasa, pues a la próxima noche buscas otro lugar.

SUSANA: No hay un refugio para indigentes aquí.

CAGUAMA: Ah no, eso sí, ésta es una plaza muy respetable.

SUSANA: No, me refiero a que si hay un lugar donde duerma la gente de la calle.

CAGUAMA: Pos´ hay unos tejabanes de cartón allá, pero ya están todos ocupados. A lo mejor si buscas una buena caja de cartón te den chace de poner tu covacha.

SUSANA: Y si no, ¿puedo dormir aquí con usted?

CAGUAMA: ¿Conmigo?, no m´hija, yo soy independiente. No me gustan los arrimados. Además quién sabe qué mañas puedas traer... No, si hay unas bien lagartas. (Se levanta desconfiada de Susana) No vaya a ser la de malas y salgas ratera o agarrona, más vale sola... Me voy a trabajar.

 

La Caguama sale pregonando limosna.

 

 

ESCENA III

 

Susana queda sola en la plaza. Ve cómo se retira La Caguama y comienza a imitar su caminar y los ademanes que hace al pedir limosna. Hermenegildo Galloso y el Bote aparecen tras unos árboles. Hermenegildo la ve compasivo y le hace señas al Bote  para que observe lo que hace Susana. Se esconden tras los árboles.

 

SUSANA: Una caridad por favor... No ese no es el tono. Una caridad por el amor de Diosito... Está mejor. Una caridad por el amor de Diosito...

 

Pasa el hombre de negro.

 

SUSANA: Señor, me da una... (la ignora y sale rápidamente). (Decepcionada sigue haciendo la imitación de La Caguama para sí misma cuando entra el Comino).

COMINO: ¡El Occidental! ¡El Occidental!

SUSANA: Una limosnita por el amor de Diosito.

COMINO: (La ve extrañado) ¡Chale!

SUSANA: Qué, ¿no?

COMINO: (Sale pregonando) ¡El Occidental! ¡Últimas noticias, ataca el violador otra vez a una señorita!

 

Hermenegildo Galloso y el Bote observan divertidos.

 

HERMENEGILDO: Mira, compadre. Una palomilla herida que cayó del cielo. Ah, mira cómo lucha contra la tempestad de la pobreza.

BOTE: Se ve que es principiante.

HERMENEGILDO: Está recién caída del cielo.

 

El hombre de negro regresa, se detiene, saca un cigarrillo y mientras lo enciende observa meticulosamente a Susana.

 

SUSANA: Una limosnita por el amor de Diosito.

 

El hombre sigue observándola, da una vuelta a su alrededor analizándola. Susana se incomoda.

 

SUSANA: Una limosnita...

 

El hombre sale, sin dejar de observarla.

 

SUSANA: Por lo menos hubiera dicho que no.

 

Salen a descubierto Hermenegildo y el Bote. El primero lleva un bastón al brazo. Se acercan a Susana.

 

SUSANA: (Al verlos) Una limosnita por el amor de Diosito.

HERMENEGILDO: No, no, no, pequeña...

SUSANA: Bueno, por lo menos usted sí es sincero, no que aquél otro...

HERMENEGILDO: Perdón, no le negué su limosna. Lo que le quiero decir es que esa no es una buena forma de limosnear. No hay que decir Diosito. Diga: Por el amor de Dios. Enaltezca al Creador, quítele lo infantil. Así hay más identificación con los clientes.

SUSANA: ¿Y usted quién es? ¿El profesor de los vagos?

HERMENEGILDO: Más o menos. Me llamo Hermenegildo Galloso, a sus órdenes...

SUSANA: Gracias. Yo soy Susana Cabrera.

HERMENEGILDO: Mucho gusto. Yo ejerzo el mismo oficio que usted.

SUSANA: (Sospechando que fue descubierta) ¿Que yo? ¿Cuál?

HERMENEGILDO: El de pedigüeño profesional.

SUSANA: Ah. ¿Y cómo es que un limosnero, como usted, hable de esa manera?

HERMENEGILDO: Disculpe si he sido grosero.

SUSANA: Lo dicho. Es usted muy educado. ¿Por qué habla como profesor?

HERMENEGILDO: Porque lo fui. Pero ya ves, pequeña, la desgracia me alcanzó y ya tengo diez años en las calles.

SUSANA: Qué triste. (Se fija en el Bote) ¿Y el señor, quién es?

BOTE: (Acercándose) Yo me llamo El Bote. Y soy alumno, aquí del profe.

SUSANA: Qué feo nombre.

BOTE: Bueno, no es mi verdadero nombre,  me llamo Juan, pero todos me dicen El Bote.

SUSANA: ¿Por qué? Espere, déjeme adivinar. Vive en un bote.

BOTE: Casi le atina. Es porque pareciera que vivo en el bote (Susana no entiende). En el bote, tambo, a la sombra,... ¡en la cárcel!

SUSANA: Ay, y por qué. No parece mala persona.

HERMENEGILDO: Por borracho.

BOTE: No me ayude, profe. Lo que pasa es que, pues le pego mucho a la botella y hay veces que me dura como tres meses la peda...

HERMENEGILDO: La borrachera, Bote. Recuerda que hay una mujer presente.

BOTE: Pos no me acuerdo si en la última peda hubo una mujer. Pero usted no se fije, aquí el bote está para ayudarla.

SUSANA: Pues gracias.

HERMENEGILDO: Y un servidor, faltaba menos. La hemos visto desde hace un rato y nos dimos cuenta que es nueva en el negocio. ¿Qué cosa fue lo que llevó a tan hermosa mujer a caer en estas calles?

SUSANA: (Dudando) Pues, es muy largo de contar.

HERMENEGILDO: Cuente, cuente.

SUSANA: Pues es que yo era... Enfermera, eso. Y un día el doctor con el que yo trabajaba quiso aprovecharse de mí.

HERMENEGILDO: Qué monstruo.

BOTE: Qué cabrón.

HERMENEGILDO: Ese no es un problema tan grande.

SUSANA: ¿Ah, no? Bueno... es que... ¡El infeliz lo logró! Me agarró del cuello, me amenazó con un cuchillo, me tiró en la mesa de operaciones y allí fue donde el desgraciado... (Finje llorar).

HERMENEGILDO: Y seguramente, no pudo superarlo.

BOTE: Se agüitó.

SUSANA: (Más emocionada) Y todavía falta. Cuando terminó me tuvo amarrada a la mesa por varios días y solamente iba cuando se le ofrecía saciar sus bajos instintos. Me daba de comer basura.

HERMENEGILDO: Pérfido, vulgar, maníaco.

BOTE: Perro, rata, gandalla.

SUSANA: Y aún hay más. Después de eso invitó a todos sus amigos. Todos tenían cara de violadores. Se me echaron encima como chacales hambrietos.

HERMENEGILDO: ¡Qué horror!

BOTE: ¡Que gacho!

SUSANA: Y...

HERMENEGILDO: A poco aún hay más.

SUSANA: (Se da cuenta de su exageración) No. Porque en ese momento pude hacerme de un cuchillo y rompí mis ataduras y en mi escapatoria les di varias cuchilladas a esos desgraciados. Tuve que irme a la calle por vergüenza y porque ese doctor me está buscando en todos lados.

HERMENEGILDO: Pues llegó a lugar seguro. Aquí tendrá buenos amigos.

BOTE: Buenos cuates.

HERMENEGILDO: Nosotros la cuidaremos, ¿verdad Bote?

BOTE: Sí , profe. Nos da gusto que haya venido, señorita. Este barrio es muy tranquilo.

SUSANA: Sí, ya me dijeron, sólo hay dos o tres muertitos por noche.

HERMENEGILDO: Eso es en la zona de las cantinas. Nosotros le diremos cómo moverse por el vecindario sin problemas.

BOTE: A menos, claro, que se tope con el violador...

HERMENEGILDO: ¡Cállate, Bote! No ves que la niña tiene un trauma con esas cosas. Discúlpelo.

SUSANA: Está bien. Ya me habían hablado de ese violador. Y a propósito, hoy vi a un hombre que me pareció sospechoso.

HERMENEGILDO: Si, vimos cómo no le quitaba la vista de encima. No debe pedirle dinero a esos que se le queden viendo, pueden ser peligrosos.

BOTE: Si lo ve de nuevo, mejor corra y díganos a nosotros.

HERMENEGILDO: Para venir en su ayuda.

BOTE: No, para correr a otro lado.

HERMENEGILDO: ¡Bote! Es por demás con este vago. Señorita, la invito a dar un recorrido por el barrio. Será muy grato para mí enseñarle todos nuestros rincones.

SUSANA: No sabe cuánto me va a ayudar con eso.(Comienzan a salir).

BOTE: ¿En serio?.

HERMENEGILDO: Ya verá cómo se adapta rápidamente.

 

Salen.

 

 

ESCENA IV

 

Entra La Ficha, luego el Vicuño, el Puñal y luego doña Fedra.

 

VICUÑO: Allí está La Ficha, che. Tranquilo, no aceleres el paso. Si nos ve llegar así puede sospechar que ya nos enteramos. Le tenemos que caer sorpresivamente.

PUÑAL: Sí, Vicuño.

 

Avanzan hacia La Ficha. Doña Fedra se pone a esculcar en los botes de basura.

 

VICUÑO: Hola Paloma.

FICHA: No digas mi nombre aquí, idiota. Ya sabes que no me gusta que la gente lo sepa.

VICUÑO: ¿Cuál gente? ¿El pelele este (empuja al Puñal) y la vieja esa que come basura? Esto no es gente, che. ¿Y qué pasó? ¿Cómo va el negocio?

FICHA: Mal, ya te dije que casi no hay clientes.

VICUÑO: Sí, hace una semana que no me entregas más que cuatrocientos pesos. Antes eras mejor  pagadora.

FICHA: Bueno, pues qué quieres. Lo poco que saco es para comer...

VICUÑO: Yo decido cuánto te toca de las ganancias, no tú. Yo administro tu dinero, pibe. Yo controlo la calle.

PUÑAL: Y yo le ayudo.

VICUÑO: Tú te callas, guanaco idiota. Mira Ficha. Tú sabes que en este barrio manda el Vicuño, che. Y el Vicuño pega fuerte cuando le pegan, roba cuando le roban y mata cunado le da la gana. Me han dicho, las pirujas del Rayito, que tú le andas pasando unos pesos a los hermanos González.

FICHA: ¡Pendejadas! ¡Qué voy andar yo con ellos y más aquí, jalando en tus calles, Vicuño.

VICUÑO: ¿Dices que es mentira?

FICHA: Simón Perez.

PUÑAL: Más vale que digas la neta, porque el Vicuño sospecha que ya no le pasas lana por dársela a los González.

VICUÑO: ¡Tu cállate, che! Cuando yo diga: bacinica, entonces sales debajo de la cama y opinas. Mientras, cierra boca, cierra boca, pibe. Entonces, nenita, ya sabes. Pásame el dinero y asunto arreglado.

FICHA: Nomás que caigan clientes.

VICUÑO: A mí eso no me importa. Tú me lo pasas puntualmente a las siete, che.

FICHA: (Imitándolo) Pero si no hay no te paso ni madre, che.

 

El Vicuño la sujeta con fuerza, el Puñal le ayuda.

 

VICUÑO: Serena, sirena. Yo creo que necesitamos reconfirmar tus votos de lujuria, vamos al callejón.

PUÑAL: ¿Puedo quedarme con el postre, jefe?

VICUÑO: No estaría mal, a ver si te dejo algo.

 

Doña Fedra, quien había visto el encuentro, saca un bastón y lo levanta contra los dos agresores.

 

DOÑA FEDRA: ¡Ay, Válgame Virgen de la Purísima Concepción, suéltenla, bárbaros! ¡Violadores!

VICUÑO: (Sacando una navaja, sin soltar a La Ficha) Entrele viejita, che. La invitamos al negocio.

DOÑA FEDRA: (Deteniéndose) ¡Sagrado Corazón de Jesús! ¡Eres un asesino! Pero caerán sobre ti las siete plagas del señor. ¡Vulgar pecador!

PUÑAL: Pues conque no le caiga la chota, no hay tos. Al cabo que ya estamos acostumbrados a los otros vicios, ¿verdad jefe?

VICUÑO: Sí, che. Y la vamos a invitar.

DOÑA FEDRA: ¡Jesús! ¡Voy a llamar a la policía para que los encierre! ¡Policía...!

VICUÑO: ¡Alto allí, o disparo!

 

Doña Fedra queda paralizada del miedo.

 

DOÑA FEDRA: ¡Santísimo Niño de Atocha!

PUÑAL: Pero si no tenemos pistola.

VICUÑO: ¡Cállate, Puñal! (A doña Fedra). Mire viejita, si usted raja, yo le rajo la barriga, y luego vendo sus tripas como cuerdas para guitarrón.

PUÑAL: ¡Ahí viene el Cuico!

VICUÑO: (Suelta a La Ficha) Ya saben las dos, che. A la primera que hable, le doy a guardar este fierrito. (Muestra y esconde la navaja).

 

Sueltan a La Ficha y se colocan tras los botes de basura.

 

CUICO: (Entrando) A ver Vicuño, ya te vi con una navaja.

VICUÑO: (Toma algo de la basura y se pone a cortarlo con la navaja) (Teatral) No mi Cuico, che. Es nuestro nuevo trabajo, ¿verdad Puñal?

PUÑAL: Sí, ahora semos pepenadores.

VICUÑO: Esta es una herramienta de trabajo, che. Hay que limpiar y seleccionar la mercancía para entregarla  los recicladores.

CUICO: Pero vi que amenazabas aquí  a doña Fedra y la Fichita.

VICUÑO: Nomás se las enseñaba. La señora es mi nueva clienta.

DOÑA FEDRA: Santo Dios, ¿yo?

CUICO: ¿Y qué es lo que iba a comprar, señora?

DOÑA FEDRA: Señorita, aunque le cueste...

PUÑAL: Pues nos pidió un kilo de huesos y bofe para perro.

DOÑA FEDRA: ¿Yo?

PUÑAL:  Simón. ¿Entonces qué? ¿Se los envuelvo pa´ llevar o se los come aquí?

DOÑA FEDRA: ¡Jesús misericordioso, pero qué pelado!

CUICO: Tendré que decomisar tu navaja, Vicuño.

VICUÑO: ¡Pero cómo! Soy un trabajador honesto, soy un contribuyente, che. Pago mis impuestos... ¿O qué, la Fichita no ha contribuído?

CUICO: (Carraspea) Ejem. De ella no tengo queja. Está bien, pero no quiero verlos sospechosos. Y recuerden que todos los trabajos que realicen aquí pagan impuestos. Es la única forma de vivir tranquilos con el sitema. Ya saben, puedo hacer una redada.

VICUÑO: No habrá ningún problema, che.

 

 

ESCENA V

 

Entra el Comino corriendo y seguido por el hombre de negro.

 

COMINO: ¡Cuico, cuico, mire, ese señor me quiere robar!

HOMBRE: Detente.

CUICO: ¡Conque abusando de un menor!

COMINO: No deje que me robe.

HOMBRE: Cuál robar, sólamente te quiero dar tu feria.

CUICO: Deténgase usted, qué se trae con el niño, explíqueme.

HOMBRE: Yo sólo...

COMINO: Callese. Usted me quiso robar. Yo estaba vendiendo mis periódicos cuando apareció este y me jaló de un brazo, me dijo que fuera con él a no sé dónde, pero me le zafé a patadas.

HOMBRE: Déjeme le explico, oficial. Yo le compré un periódico al niño y no tenía más que un billete grande. Lo único que quería era que me acompañara a una tienda para que me lo cambiaran por monedas chicas.

COMINO: ¡Sí cómo no! Si yo sí veo la tele. ¡Tengo mucho ojo, mucho ojo!

CUICO: Me cae que usted quiso abusar de este menor.

HOMBRE: No, señor. El niño ese está paranóico. Soy inocente.

COMINO: Inocente la madre Teresa.

CUICO: Vámonos a la delegación.

HOMBRE: Ni madres.

 

El hombre sale corriendo, el Cuico lo sigue. Entran Susana, Hermenegildo y el Bote.

 

COMINO: ¡Agárrelo, jefe!

SUSANA: Y ése que salió corriendo, ¿quién era?

COMINO: Parece que es el violador.

BOTE: ¡En serio!

COMINO: En serio, Bote. El méndigo ya me había agarrado de la mano.

HERMENEGILDO: ¡Pedófilo! Ojalá y lo agarren.

COMINO: Voy a ver si lo pesca, ahorita vuelvo. (Sale)

SUSANA: Qué miedo. Me pareció ver que era el mismo hombre al que le pedí limosna.

HERMENEGILDO: Bueno, uno está expueto a estas cosas al vivir en la calle. Y a propósito de vivir, ya le mostré las calles más importantes del barrio, ahora aquí le muestro a los personajes que les dan vida: el Vicuño, al Puñal, a La Ficha y a doña Fedra.

SUSANA: (Al Vicuño) Cómo está, Cuñado.

VICUÑO: Pero pibe, ¿qué acaso nos conocemos?

SUSANA: ¿No es usted el señor Cuñado?

HERMENEGILDO: Vicuño, Susanita, Vicuño.

SUSANA: ¿Y por qué habla usted con ese acentito? ¿Es usted argentino?

PUÑAL: Niguas. Lo que pasa es que de chiquito vio una película donde los pandilleros hablaban así, y le gustó tanto que se le pegó.

VICUÑO: Cállate, idiota.

SUSANA: (Al puñal) Y usted quién es.

PUÑAL: Soy el Puñal.

VICUÑO: Eso es evidente, che.

PUÑAL: Soy el secretario del Vicuño.

BOTE: Allí donde los ves, son la mafia del barrio. No te acerques a ellos.

SUSANA: No se ven tan malos. (A La Ficha)  ¿Y esta señorita?

DOÑA FEDRA: ¡Señorita yo! Esta magdalena no puede portar la aureola de la virtud de nuestra santísima madre.

FICHA: ¡Pues no me andaba defendiendo hace rato!

HERMENEGILDO: (A Susana) Ella es La Ficha, nuestra trabajadora social.

DOÑA FEDRA: Era mi deber como cristiana defenderte. Y por lo mismo debo inducirte al buen camino, así tenga que recordarte tus terribles pecados capitales.

FICHA: ¡Y usted muy santa, pinche viejita acartonada y reseca! Se cree con derecho a juzgar sólo porque dejó que se le apolillara el negocio.

DONA FEDRA: ¡Ave María Purísima!

HERMENEGILDO: (A Susana) Ella es doña Fedra.

BOTE: Nustra purísima virgen del bajío.

DOÑA FEDRA: Bola de pelados. Me voy a la iglesia, para escuchar misa y no sus barrabasadas.

PUÑAL: No se arrugue, acuérdese de nuestro trato, señorita.

DOÑA FEDRA: Ustedes deberían ir a misa, para que aprendan a tener miedo de Dios.

VICUÑO: Pos yo ya iba para sacerdote, che. Me daba por las misas. Mi madre decía que yo era misógino y misántropo. Nomás me faltó irme de misionero, che, pero no me animé.

DOÑA FEDRA: ¡Jesús! No soporto a estos pelados y a... una corriente. (Sale rápidamente).

HERMENEGILDO: (Diciéndole a Susana y apuntando a doña fedra) Esa señora...

SUSANA: Señorita.

HERMENEGILDO: Bueno, ella se lo perdió. Pero, esta señorita es más religiosa que el mismo Papa.

FICHA: Ya se me están poniendo todos muy católicos. Mejor me voy a otra calle.

BOTE: Pásale mamacita. A ver cuándo me dejas darte un repegón del camarón..

FICHA: Pues más vale que te pongas en forma, porque la otra vez me quedaste mal... (Saca una navaja y se la muestra). Yo también tengo con que picar, y camarón que se duerme, se lo lleva la corriente. O sea yo.

BOTE: (Se esconde tras Hermenegildo) ¡Ay mamacita!

HERMENEGILDO: Bote, me decepcionas.

VICUÑO: Espérate Palomita. Recuerda nuestro trato. Más tarde paso para hacer la reconfirmación de votos. Y a lo que te resulte en nueve meses, le ponen el Vicuño Junior.

FICHA: Y si tienes tanta suerte, a lo que te resulte mañana le pones penicilina. (Sale)

SUSANA: Lástima que se fue. Necesito un lugar donde pasar la noche y ella podría haberme ayudado a conseguirlo.

VICUÑO (Acercándose) Ese no es problema. Creo que podré acomodarte en mi negocio.

SUSANA: Gracias.

HERMENEGILDO: Atrás, Chacal. (Interpone su bastón adoptando una posición quijotesca). Este hombre es un tratante de blancas.

PUÑAL: Ah, se la está haciendo de bronca, jefe.

VICUÑO: Mira, Che. El negocio es con ella, no con vos. Así que permíteme hacer mis negocios, o...

BOTE: (Saca una botella de sus ropas y la levanta) ¡O si no qué!

SUSANA: (Separándolos). No peleen, señores. No  hay necesidad. Además yo no quiero hacer negocios con usted señor Vicaño.

VICUÑO: ¡Vicuño! Y quítate, palomita porque aquí van a saltar plumas. (Saca su navaja).

 

Pelean el Vicuño y el Puñal contra Hermenegildo y el Bote. Hermenegildo desarma al Vicuño con el bastón usándolo como si fuera espada y le propina varios golpes, el bote queda tirado en el piso, luego de que en varios lances el Puñal le rompe una botella en la cabeza.

 

SUSANA: ¡Policía, Policía! Ay. Me los matan. No se peguen más. ¡Allí viene el Policía!

 

El Vicuño y el Puñal salen corriendo.

 

 

ESCENA VI

 

HERMENEGILDO: ¿Bote, estás bien?

BOTE: Estoy bien... estoy bien madreado.

SUSANA: Ay. Pensé que esto ocurría sólo en las cantinas.

HERMENEGILDO: (Ayuda al Bote a levantarse). Sólo fue un altercado sin importancia y para proteger el honor de esta damisela aquí presente.

SUSANA: Pero no había necesidad de recurir a la violencia.

HERMENEGILDO: Es la única manera de hacer entender a esos mequetrefes.

BOTE: Es la única forma de amansar mulas.

HERMENEGILDO: ¿Donde está el policía?

SUSANA: Fue mentira, lo dije solamente para asustar a esos dos. (Lamentándose) Ay, no sé si pueda soportar esta vida. Es tan... miserable.

HERMENEGILDO: (Comprensivo) Ya, ya. Estará bien.

SUSANA: Es que la vida es muy dificil aquí.

HERMENEGILDO: Y dónde no lo es.

SUSANA: No sé pedir limosna, no sé qué voy a comer, no sé dónde voy a dormir, hay un violador suelto y unos maleanteas que quieren prostituirme.

BOTE: No es para tanto, esos no son problemas, son cosas de todos los días.

HERMENEGILDO: Seque esas lágrimas y confíe en Hermenegildo Galloso. Le voy a mostrar que no es tan mala esta vida. Tenemos nuestras formas de divertirnos. Podemos darnos algunos lujos que no cualquiera los pueden tener.

SUSANA: ¿Cuáles?

HERMENEGILDO: ¿Le gustaría ir a bailar?

SUSANA: ¿A dónde?

HERMENEGILDO: ¡Cómo que a dónde! A la discoteca de moda en estos barrios, el Salón Versalles.

SUSANA: ¿A bailar?

BOTE: Sí, a bailar, pero con la cuenta.

SUSANA: Con qué dinero.

HERMENEGILDO: Confíe en mí, le he prometido que vamos ir a bailar al mejor lugar de la ciudad.

SUSANA: Tengo miedo, y si ocurre otra pelea...

HERMENEGILDO: No ocurrirá, se lo prometo. Y como veo que esos malandros no volverán, me retiro.

SUSANA: ¿Se van?

HERMENEGILDO: Sí. Ahora debo ir a atender unos negocios, me pesa dejarla sola en esta plaza. Le aconsejo mejor que se acerque a la iglesia, con suerte y las monjitas le darán algo de comer y estará segura unas horas mientras llega el momento de nuestra pronta reunión. Nos vemos en este lugar a las siete.

SUSANA: (Insegura) Aquí a las siete.

HERMENEGILDO: Sin falta. Ahora con su permiso, estimada amiga. Vámonos Bote.

BOTE: Con su permiso Señorita.

 

 

ESCENA VII

 

Susana queda sóla un instante y entra Rebeca apresuradamente.

 

REBECA: ¿Cómo estás Susana? .

SUSANA: Bien, aunque algo desubicada y asustada.

REBECA: Vine a ver cómo estás. No pude aguantarme más tiempo Vi a esos dos vagos hablando contigo.

SUSANA: Esos no son de peligro, se hicieron mis amigos. El más grande se llama Hermenegildo y fue maestro hace años.

REBECA: Pue se ve más o menos guapo bajo esas ropas viejas y esa barba descuidada, pero no te cofíes, la calle es peligrosa.

SUSANA: Si tu supieras. Por aquí no se habla más que del violador, y vieras cuánta violencia hay por estos lugares. Hay dos tipos temibles, a uno le dicen al Cuñado o algo así; al otro le dicen el cuchillo, creo. Fíjate que Hermenegildo y el Bote tuvieron que defenderme de esos malhechores a golpes.

REBECA: ¡Qué miedo! Mejor vente conmigo y olvídate de hacerle a la limosnera. De todos modos puedes obtener el papel para la obra, no eres tan mala actriz.

SUSANA: No, no, no, ya me entró la curiosidad. Fíjate que Hermenegildo me invitó a bailar al lugar de moda en este barrio.

REBECA: ¡A bailar! ¡Ay no, ten mucho cuidado, no te vaya a bailar la bolsa u otra cosa!

SUSANA: No pienses así. Además no estaría mal ver cuál es la forma de cortejo entre los vagos. Chance y en la bailada se me aviente. Aunque no creo que sea muy aventado, es demasiado educado, no se atrevería nunca a darme un pellizco. Me serviría mucho conocer la forma de amar de estas gentes. Y Hermenegildo no es feo, tiene algo atrayente... No estaría mal algo de amor al estilo de la selva.

REBECA: ¡Qué! ¡Guácala!  Estás loca.

SUSANA: Hace mucho que nadie me pellizca.

REBECA: Y esperas que un vago te haga el favor. (Le entrega una pistola) Mira ten, por si la necesitas.

SUSANA: ¡No, quítate! Yo no uso armas, no, qué horror, se me puede ir un tiro.

REBECA: Por si las dudas. Qué tal si te quiere violar.

SUSANA: Pues como dicen: cuando la violación es inminente, lo mejor es aflojar el cuerpo.

REBECA: Susana, hasta parece que andas urgida. No, toma la pistola y no discutas (La pone entre sus ropas). No te vaya a violar o quién sabe si tú te dejes, pero no hay que darle chance de que a él se le vaya un tiro contigo y dé en el blanco.

SUSANA: Hay, qué nervios. Ya me pusiste histérica. Ahora me acompañas a la iglesia, quisiera encomendarme a San Martin de Porres y a San Francisco de Asís. Estoy muy nerviosa. (Jala a Rebeca fuera de escena)

REBECA: Mejor vámonos a la casa.

SUSANA: ¡Que no!

 

Salen.

 

 

SEGUNDO ACTO

 

ECENA VIII

 

Atrio de una iglesia con muros de piedra. Se ve la puerta de entrada. Hay un muro pequeño como de medio metro de alto, que al extremo derecho y cubre una cuarta parte del atrio, este muro sostiene las rejas que suben un par de metros. La Caguama está sentada, recargada en el muro con todos sus bultos tomando de una botella. Entra el policía cansado y sofocado.

 

CUICO: Caguama, no has visto pasar por aquí a un sospechoso.

CAGUAMA: No.

CUICO: (Tomando aire). Va vestido de negro y lleva unos lentes oscuros.

CAGUAMA: No.

CUICO: Creo que es el violador.

CAGUAMA: Pues allí me lo saludas.

CUICO: ¿Qué no te da miedo? Dije que puede ser el violador.

CAGUAMA: Bah.

CUICO: Te vale, ¿verdad? Mientras uno avienta el bofe tratando de servir al pueblo tú te burlas y no cooperas.

CAGUAMA: Tú nomás me sirves pa dos cosas.

CUICO: ¿Pa´ cuáles?

CAGUAMA: Pa´ nada y pa´ pura fregada.

CUICO: No te quieras pasar de lista. Ofendes a un policía y te puedo cargar por ofensas a la autoridad.

CAGUAMA: Pues cárgame. A ver si puedes. Además ¿qué me vas a hacer? ¿Me vas a dar una mordida? No tengo dinero. Me llevas al bote, mejor. Allí puedo pasar la noche y hasta me dan unos tacos.

CUICO: Y ora tú, ¿por qué andas tan valentona?

CAGUAMA: Pues ya ves.

CUICO: Ah, ya veo. Ya sabes que no permito que tomen bebidas acohólicas en la vía pública.

CAGUAMA: Mira, mira, mira. ¿Y de aquí a cuando eres tan leído? Esta es la iglesia. Es tierra santa. No me puedes cobrar tu mordida por uso de suelo.

CUICO: ¿Ah, no? A ver, déjame ver que tiene esa botella.

 

El Cuico le jala la botella pero La Caguama la esconde.

 

CAGUAMA: ¡Sáquese, es agua bendita!

 

El Cuico le quita la botella y le da un trago.

 

CUICO: Agua bendita. ¡Esto es tequila!

CAGUAMA: ¡Milagro, es un milagro!

 

La Caguama trata de recuperar su botella, más no lo logra.

 

CUICO: Queda confiscada.

 

 

ESCENA IX

 

Entra el Comino corriendo.

 

COMINO: ¡Qué pasó Cuico! ¿Agarraste al violador?

CUICO: No. Se me escapó.

COMINO:  Uh, ¿no que muy chido? ¡Y qué voy a hacer si me quiere agarrar otra vez!

CUICO: Pues escápate de nuevo.

COMINO: ¿Escaparme?, como si fuera tan fácil.

CUICO: Bueno, pues qué quieres, soy el único policía que cubre esta colonia.

COMINO: Porque quieres. Bien podrías llamar refuerzos, pero te quieres llevar todas las mordidas tú sólo...

CUICO: ¡Cállese, muchacho cabrón!

COMINO: ¡Ya, ya, no te esponjes!

CUICO: Bueno, nomás no andes de hocicón.

COMINO: Pues de eso trabajo, no ves que soy periodista.

CUICO: Ya cállate. Tengo muchas cosas en qué pensar. Ese violador está atacando en mi zona. El jefe de policía me encargó vigilar estas calles, pero ni siquiera me dieron una bicicleta para corretear a los sospechosos. Debo ser inteligente para resolver este caso...

COMINO: No pos´ ya estuvo, apenas si terminaste la secundaria.

CUICO: Ah que periodista este. Le voy a florear el hocico. Ahora déjame seguir pensando. Un dato importante es que el violador ha violado a puras mujeres jóvenes...

COMINO: Entonces ya me salvé.

CUICO: Lo raro es ¿por que quería llevarte a ti?

COMINO: No me veas así, Cuico, estoy chavo pero me veo bien hombre.

CUICO: No pos´ si. Posiblemente ese hombre no sea el violador. Tal vez es un nuevo criminal. Un robachicos... O peor aún, un pervertidor de menores. Pero no hay antecedentes de eso. Por lo pronto es el único sospechoso que tenemos. No se le había visto antes por estos lugares, de seguro no vive por aquí. Sí, ha tomado este sector para cometer sus delitos, lejos de su casa. Tal vez es un político. Esos nomás andan viendo qué pepenan, ¿o no?...  No, esos viven nomás agarrándose de las greñas. Este hombre es silencioso y tiene tiempo para violar, eso quiere decir que tiene resuelta su situación económica, debe ser un trabajador efímero o todo un magnate adinerado...

COMINO: Así te enseñaron a hablar en la academia o nomás estás fantocheando con tus palabras domingueras.

CUICO: ¡Cállese!

CAGUAMA: Ya no veas tele, Cuico. Nomás andas repitiendo las pendejasdas que salen allí. (Se ríe)

CUICO: ¡Y tu qué sabes, vieja cochina!

CAGUAMA: Yo sé, yo sé.

CUICO: ¡Qué sabes!

CAGUAMA: Yo sé como puedes encontrar al violador:

CUICO: ¿Cómo?

CAGUAMA: Pues buscándalo, güey. (Ríe estrepitosamente).

COMINO: Y no te claves, Cuico. Ni que te gustara tanto tu chamba.

CUICO: ¡Ya te dije que te calles! ¡Y tú también Caguama! O le bajan a su Pedro Infante o les doy su Madrazo Pintado.

COMINO: Pues te mandamos a chiflar a tu mauser.

CUICO: (Queriendo atraparlo). Mira güerco baboso...

 

El comino se le escapa, subiéndose al enrejado.

 

CAGUAMA: Con razón se te peló el violador. Te mueves como si tuvieras emorroides.

CUICO: ¡Almorranas...! Digo.... ¡A la fregada! Por eso no avanzamos en seguridad pública, si el pueblo se burla de la autoridad.

CAGUAMA: Nomás lo que es.

CUICO: La mala fama nos la hacen ustedes con sus cosas, pero ya verán, encontraré a ese violador.

 

El Cuico sale.

 

CAGUAMA: Me lo saludas. (Se dirige al Comino). Ya bájate de allí, Comino, no te vayas a romper la maceta. Ven y ayúdame.

COMINO: (Acercándose). ¿A qué?

CAGUAMA:. A levantarme.

COMINO: Pues a ver si puedo. (La ayuda a levantarse).

 

Doña Fedra aparece saliendo de la iglesia y se queda escuchando la conversación.

 

CAGUAMA: Ese Cuico es puro pájaro nalgón. No es capaz de encontrarse a sí mismo, está cabrón que encuentre al criminal ese.

COMINO: Y ya en serio, Caguama. ¿Quién crees que sea el violador?

CAGUAMA: Pues ha de ser un desconocido que agarró este barrio para clavar a gusto.

COMINO: Lo mismo dijo el Cuico.

CAGUAMA El Cuico es un idiota. Está suponiendo puras tarugadas... (Teatral) O tal vez no esté tan idiota. Supongamos que él es el violador.

COMINO: ¡Chale, si ese está bien güey! No se atreve ni a cantársela a Lola, la de los abarrotes.

CAGUAMA: Tal vez eso es lo que quiere aparentar. Parecer tonto, para cubrir su verdadera personalidad

COMINO: (Pensando un poco y luego muy seguro). No. La neta pa´ mi qué no es. Lo que yo pienso es que el mero mero violador era el méndigo ese que correteamos hace rato.

CAGUAMA: Ese nomás era un mirón. Pero piensa, supón, a lo mejor es don Hermenegildo. Ya ves que tiene poco aquí, unos meses nada más y qué pronto se ha hecho muy conocido. Todo mundo lo conoce. ¡Y cómo es modosito y disque educado el condenado! Pura pinta. Ha de ser bien cochino.

COMINO: Si, verdad. Pero él dice que fue maestro.

CAGUAMA: Maestro del crimen.

COMINO: Y esa señora que llegó hace poco, anda muy juntita con él

CAGUAMA: Pobrecita, tanta confianza que le está agarrando, a ver si no la perjudica.

COMINO: Pues tampoco creo que sea el violador.

CAGUAMA: Por qué.

COMINO: Porque no tiene cara de violador

CAGUAMA Las mosquitas muertas son las peores.

 

 

ESCENA X

 

Doña Fedra se acerca exaltada por lo que escuchó.

 

DOÑA FEDRA: ¡Ave María Purísima! Pero que acusaciones hacen. El violador es el terrible hombre ese que se hace llamar el Vicuño.

COMINO: Ese bato sí es bien gacho.

CAGUAMA: Es un asesino.

DOÑA FEDRA: Y su compañero, ese pelado es un...

COMINO: Puñal.

DOÑA FEDRA: ¡Cómo!

COMINO: Le dicen el Puñal.

DOÑA FEDRA: Bueno, ese, es un encubridor. Sabe lo que hace su jefe y no da parte a la policía.

CAGUAMA: Pues si la da, se la parten.

DOÑA FEDRA: ¡Jesús milagroso! Yo estoy aterrada con esos hombres. Voy a ir a la sacristía, para ver si alguien me acompaña a mi casa. Ya se está haciendo de noche y no vaya a andar el diablo por estos callejones.

 

Entra La Ficha, contoneándose.

 

FICHA: Pues quien sabe, el diablo a veces anda de día.

DOÑA FEDRA: Santa María Magdalena, apiádate de esta...

FICHA: Dígalo, digalo. De esta putita. Que al cabo eso es lo que soy. No como usted... señorita. Que por andar de rezandera se quedó con las ganas.

DOÑA FEDRA: ¡Por el amor de Dios, qué vulgar! Qué hace una mujer de estas en la iglesia.

FICHA: Pues aquí es donde se consiguen los mejores clientes, señorita.

DOÑA FEDRA: ¡Santo Patrono Santiago, esto es intolerable yo me voy!

 

Sale doña Fedra.

 

CAGUAMA: ¿Tan mal anda el negocio mamacita?

FICHA: No. Como dije, los güeyes que vienen a la iglesia al darse golpes de pecho son los que más pagan.

CAGUAMA: Y los pescas aquí.

FICHA: No, Nomás los veo. Sí ya tengo mis clientes. Ellos me hacen una seña y yo los espero en el hotel.

COMINO: Pos yo ya me voy. Voy a ver si el padre Joaquín me compra el periódico. Si no acabo para las ocho, me los va a cobrar mi jefe. Ahí nos vidrios Caguamis.

CAGUAMA: Adiós.

FICHA: Adiós chiquito.

COMINO: Adiós, Fichita. Si estuvieras más chica te invitaba a salir.

FICHA: Si estuvieras más grande te invitaba a entrar.

 

Sale el Comino.

 

CAGUAMA: Cómo eres, Ficha. Lo vas a pervertir.

FICHA: Pues que vaya aprendiendo.

CAGUAMA: No le hagas a la trabajadora social.

FICHA: ¿Y de qué estaban hablando con la monja esa?

CAGUAMA: Del violador. Pero son puras pendejadas eso que dicen. Fíjate que el Comino sospecha de don Hermenegildo y del Cuico.

FICHA: ¿Del Cuico? ¡Pero si está bien güey!

CAGUAMA: Lo mismo digo.

FICHA: El que sí me tiene con cuidado es ese don Hermenegildo. Fíjate que se me ha arrugado dos veces cuando le dije que le daba cachucha.

CAGUAMA: Pero ese ni lana tiene.

FICHA: Pero me cuadra. Se ve más macho que el Vicuño y el Puñal juntos.

CAGUAMA: Pues de esos sospecha doña Fedra.

FICHA: Esa vieja ni los conoce. El Vicuño es capaz de todo, menos de violar.

CAGUAMA: O´ra sí, ya me salió respetuoso el pandillero ese.

FICHA: No, es que a veces no puede.

CAGUAMA: ¿No puede? ¿No puede qué?

FICHA: Allí donde lo ves de macho, nomás se pone nervioso por algo y nomás no paraguas.

CAGUAMA: ¿Es impotente?

FICHA: Simón Pérez.

CAGUAMA: (Mostrando mayor seriedad). Y entonces ¿no te da miedo andar por allí, de noche con un violador desconocido suelto?

FICHA: No.

CAGUAMA: No, pos a ti ya para qué te da miedo. Si ya es cosa de todos los días. ¿Pero no te da miedo, en serio? Dicen que golpea y apuñala a las que se le resisten, que va vestido de negro y que tiene una cara horrorosa. Naríz bubosa, ojos saltones, pelón y con las jetas floreadas.

FICHA: Con una cara así ya lo hubieran agarrado.

CAGUAMA: Es una máscara, así se disfraza.

FICHA: Pues no me da miedo. Si quiere coger, primero que pague. Y si lo que quieres es matarme, pos con esto le doy su vuelto (Saca una pistola de su bolsa).

CAGUAMA: Ay, chiquita. ¡Guarda eso que allí viene alguien!

 

Entra el hombre de negro, mira inquieto a La Ficha mientras pasa de largo y sale por el extremo derecho del escenario.

 

CAGUAMA: Míralo, ese es el sospechoso.

FICHA: Pos´ vamos a ver si éste amaciza. Ahorita vengo, voy a hacerle la lucha.

 

La Ficha sale siguiendo al hombre.

 

 

ESCENA XI

 

Entran Susana y Rebeca.

 

SUSANA: Gracias, por comprame estas donas, Rebeca.

REBECA: Deberías desistir de esto.

SUSANA: No empieces...

CAGUAMA: Todavía anda por aquí. Yo pensaba que ya había jalado para otro barrio.

SUSANA: Pues pensé en eso, pero ya tengo cosas que hacer aquí.

CAGUAMA: Pos´ qué bueno. Los vagos de aquí necesitamos compañía, debemos estar unidos, uno cerca de otro. A propósito, ¿ya encontró en dónde dormir?

SUSANA: No, no.

CAGUAMA: Pos´ si quere yo le hago un cacho en mi cama. Nomas ya sabe, no agarre y si huele feo...

SUSANA: No, no huelo feo.

CAGUAMA: ¡Déjeme terminar! ...Y si huele feo, no se preocupe, soy yo. (Se carcajea). O al menos que quiera irse con su amiga, se ve bien vestida y decente.

SUSANA: No, no, ella es solamente una señora que me dio una limosna.

REBECA: Si, le regalé unas donas.

CAGUAMA: ¡Unas donas! ¡Y qué, p´acá no hay! (Le extiende la mano).

REBECA: (Temerosa abre su bolsa, saca unas monedas y se las da). Sí, cómo no, tome. Yo prefiero dar las limosnas afuera de la iglesia y no adentro.

CAGUAMA: (Como sospechando). Qué rarita es usted.

SUSANA: (A La Caguama). Oiga, ¿y dónde duerme usted?

CAGUAMA: Allá en Cartolandia.

REBECA: ¿En Cartolandia?

SUSANA: Creo que se refiere a las casa hechas de cartón. Hay unas al final de esas calles.

CAGUAMA: La más grande es la mía, pero usted tendrá que conseguir su caja de cartón para ampliarla, bueno si quiere su propia recámara. Pero en invierno es mejor dormir todos juntitos, así como los gatos.

SUSANA: Entonces, ¿puedo pasar esta noche con usted?

CAGUAMA: Claro, claro.

 

Rebeca le recrimina con la mirada y le hace señas.

 

CAGUAMA: Ahora déjenme me voy. Las monjas reparten atole por la puerta de atrás y a ver si me prestan el baño de la iglesia. Además tengo que arreglar su cama. Y usted señora (A Rebeca), que Dios le dé más y venga más seguido a esta iglesia.

 

Sale La Caguama.

 

REBECA: No puedo creer que seas tan confianzuda.

SUSANA: Es que necesito ese papel. Esa obra promete una gran entrada en taquilla y la atención de otros productores. Si no lo hago bien lo pierdo y si no me lo dan, jamás podré consagrarme como actriz. Necesito más contratos, hacerme popular, ganar mucho dinero...

REBECA: Ay, ya estás chiflada (Le pone la mano en la frente). ¿O tienes calentura? ¿Cuánta gente vive de hacer teatro? Dime.

SUSANA: Muchos.

REBECA: Pero esos muchos son el cinco por ciento de la población teatral del país.

SUSANA: Pues yo quiero ser parte de ese cinco por ciento.

REBECA: Está bien, ya no trataré de convencerte. Te convencerás tú sola cuando comiences a pasar frío, hambre, soledad y con todo y eso no te den el papel.

SUSANA: Ya no digas más. Ya no quiero oírte. No sé qué es peor, esperar aquí escuchándote o allá en la calle. Es más. No me voy a aguantarme aquí todo el tiempo, como encerrada,  acompáñame a conocer el otro lado del barrio mientras llega la hora de ir con Hermenegildo.

REBECA: No... que... cual. Yo no voy. Si quieres ve tú. Yo me regreso a mi casa.

SUSANA: Como quieras. No me importará recorrer esos feos callejones casi oscuros yo sola. Posiblemente encuentre más amigos y menos violadores. Además no te necesito, esto debo hacerlo sola. Recuerda que no me conviene que me vean con alguien tan bien vestida como tú. Regresa mañana si te place, yo ya me voy.

REBECA: Entonces, adiós.

SUSANA: Adiós.

 

Susana sale.

 

 

ESCENA XII

 

Rebeca está en camino a salir cuando escucha que le chistan. La puerta de la iglesia se entreabre y una mano le hace señas de que se acerque a ese lugar.

 

REBECA: ¿Quién es? ¿Padre?

 

En cuanto se acerca la mano la sujeta fuertemente y la jala hacia dentro de la iglesia. Se escuchan ruidos de pelea y gritos de ella. Primero se niega y luego se convence de que le gusta, grita con jadeos de satisfacción.

 

REBECA: ¡Aaaay! ¡No, no, no, no... espérese! Quítese la máscara. ¡No, no, no... No, no... No, no, no, no te detengas, no te detengas, no te detengas...!

 

Momentos después es arrojada por la misma puerta, con su vestido mal puesto y desaliñada. Sonríe palcenteramente como recordando, voltea a ver la puerta, se arregla un poco, se da cuenta de su imagen y de lo que le sucedió, se muestra apenada y luego horrorizada.

 

REBECA: ¡Ay, ay! ¡Policía, auxilio, me violaron! ¡Ay, no es posible, Auxilio, auxilio!

 

Rebeca sale corriendo.

 

 

ESCENA XIV

 

Transición de tiempo, se hace de noche. Se escucha el sonido de un automóvil que llega, y el de la portezuela que se abre y se cierra. Comienza a alejarse.

 

FICHA: ¡Idiota!

 

Entra La Ficha enojada. Va gritándole a alguien.

 

FICHA: ¡Estúpido, pendejo, querías agarrar de a gratis, verdad! Muy manotas... Decías que me pones casa. ¡A ver quién te cree tus mentiras! ¡Baboso! ¡Y guárdate tu frijolillo, no andes dando penas con tus menudencias! (Para sí misma). Lo que me faltaba, un mendigo traumado. (Saca un cigarrillo y lo enciende). Muy malo, vestido de negro y todo. Que ya ha violado a varias... ¡Puras jaladas!

 

Se abre la puerta de la iglesia y sale el violador, vestido de negro, con sombrero y una máscara grotesca. Las sombras lo esconden. La Ficha no lo ve hasta que está junto a ella. El le tiende la mano.

 

FICHA: Préstame trescientos pesos y te enseño la ciudad, guapo.

 

El violador la toma por la mano y la estira. La luz le da en el rostro y La Ficha ve la máscara.

 

FICHA: Conque el violador (Saca la pistola). Toma...

 

No logra disparar, el violador le arrebata el arma y la arroja fuera. Luego golpea a La Ficha y pelean, ruedan por el piso, Le hace girones el vestido.

Entra Doña Fedra y horrorizada ve la escena.

 

DOÑA FEDRA: ¡Jesús!

 

La Ficha logra arrancarle la máscara y se detiene un momento.

 

FICHA: No, no es posible, eres... eres...

 

El violador, al cual no debe el publico verle el rostro saca un puñal y apuñala a La Ficha en el estómago.

 

DOÑA FEDRA: ¡Ahhh,  no es posible, eres , eres...! ¡Jesús santísimo!

 

Doña fedra sale corriendo, el violador sale tras ella poniéndose la máscara.

 

 

TERCER ACTO

 

ESCENA XV

 

De noche. Callejón. Parte trasera de una discoteca. El muro es alto, descuidado, tiene una ventanilla alta y está pintarrajeado con aerosol. Tiene una leyenda que dice "Salón Versalles, pa´ la raza". Hay varios tambos de basura, un par de sillas desvencijadas.

Entran Susana, Hermenegildo y el Bote.

 

HERMENEGILDO: Así que ya conociste el otro lado del barrio.

SUSANA: Si, pero no me gustó. Está muy sucio y despoblado.

HERMENEGILDO: Pues ahora vas a conocer la mejor parte: nuestra zona dorada, la Quinta avenida de Nueva York en Cartolandia. Aquí bulle el requesón y el jocoque de la sociedad. Bien venida al Salón Versalles.

SUSANA: ¿Es aquí?

HERMENEGILDO: Hemos llegado.

SUSANA: Pues entremos.

HERMENEGILDO: Ya estamos dentro. (Llama a su compañero chasqueando los dedos) ¡Bote!

BOTE: (Saca una servilleta y se la pone en el brazo a modo de mesero). ¿Servicio completo, señor?

HERMENEGILDO: Ya lo sabes.

 

El Bote toma uno de los tambos de basura y lo voltea al centro del callejón, saca un mantel de otro tambo y dispone ambas cosas en forma de mesa. Coloca las sillas allí. De sus ropas saca platos, vasos y cubiertos desechables, igualmente una botella de tequila. De otro bote saca unas velas, las pone al centro y las enciende.

 

BOTE: (Toma a Susana del brazo y la encamina a la mesa). Por favor madam. (Retira las sillas para ella y Hermenegildo).

SUSANA: ¿Pero aquí?

HERMENEGILDO: Es el mejor lugar del Salón. Allá dentro está muy oscuro, bailan todos apretujados y está lleno de humo y olores inapropiados. Además hay mucho ratero y pelantufos prosaicos. Podrían molestarnos. Esta es el área reservada para la gente decente. ¡Bote, el menú por favor!

BOTE: (Saca una resortera). Toda nuestra carne es fresca y del día. Les recomiendo los filetes de Roedoris di Cloacus, Felinus mauyante y canis correus...

HERMENEGILDO: No, no. Trae los paltillos especiales. Los caros.

BOTE: (Saca de sus ropas dos pastelillos comerciales en bolsitas de celofán y los pone en sus respectivos platos). Ah, pastelillos con crema chantillí y relleno de tres leches.

SUSANA: ¿En serio, son de tres leches?

BOTE: Simón. Leche de burra, leche de cabra y leche de puerca.

HERMENEGILDO: No creas nada.

SUSANA: No, si todo esto es muy emocionante. Pero. ¿en dónde está la música?

HERMENEGILDO: No desesperes, que este restaurante tiene servicio completo. ¡Bote, llame al músico?

BOTE: Al instante.

 

El bote se pone la servilleta a manera de turbante, saca de sus ropas un violín y comienza a tocar una melodía romántica.

 

SUSANA: ¡Bote, es usted una cajita de monerías!

BOTE: Todo se lo debo a mi profe.

HERMENEGILDO: Lo tiengo bien amaestrado. Pero ahora a lo nuestro. Susana, usted nunca ha pensado en casarse.

SUSANA: Sí, pero espérese, no se me aviente tan rápido.

HERMENEGILDO: Para qué dar tanto rodeo. Usted me gusta y me gustaría hacerla mi mujer.

SUSANA: No sea tan aventado. Primero deberíamos conocernos mejor.

HERMENEGILDO: Claro. Es más, me ocuparé en darte la educación que necesitas. Porque mi esposa no puede ser una callejera desharrapada, harapienta, inculta, desobligada....

SUSANA: Ya párale. No estoy tan peor.

HERMENEGILDO: Perdón, es que me apasionan las historias melodramáticas. Esta historia, la nuestra, me gusta para que sea la versión mexicana de La Doma de la Bravía de Shakespeare. Usted, la pobre vagabunda que ha caído en el mal camino, con un carácter natural y salvaje; y yo el sabio profesor, que en una acción de amor, le enseña a ser una dama.

SUSANA: Qué amable. Pero no me gusta Shakespeare.

HERMENEGILDO: ¡Conoces a Sakespeare!

SUANA: Pues algo. Siento decirte que mi cultura es buena y poco tienes que enseñarme.

HERMENEGILDO: Qué maravilla, tenemos algo en común.

SUSANA: Sí, ¿qué?

HERMENEGILDO: A Shakespeare.

SUSANA: Pero te dije que a mí no me gusta.

HERMENEGILDO: Pero lo conoces y eso ya es algo en estas inhóspitas selvas ignorantes. Y es aquí donde las almas gemelas de encuentran, es en estos arrabales malolientes donde nace el amor, así puro y casto...

SUSANA: ¿Casto?

HERMENEGILDO: desinterezado, desligado del materialismo recurrente del torbellino de la globalización. Así te amo, Susana. Como se quiere en las penurias. En donde no hay nada, excepto tú y yo.

SUSANA: Pos bueno. Pero te advierto que yo estoy acostumbrada a otro tipo de vida.

HERMENEGILDO: Te acostumbararás a este. Apenderás el oficio de los vagos, a pedir limosna, a hurgar en la basura, a regatear las tortas, a no ser ultrajada, a defenderte de los villanos, usarás cuchillo y aprenderás a volarte algunas cosillas insignificantes cuando el hambre arrecia. El hambre es canija.

SUSANA: ¿Hurgar en la basura? ?¿Pelear a cuchilladas? ¿Robar?

HERMENEGILDO: Gajes del oficio.

SUSANA: No podría tomar el papel de ama de casa...

HERMENEGILDO: Ese es. La calle es tu casa.

SUSANA: Bueno yo tengo una...

HERMENEGILDO: ¡Tienes casa! ¡Si tienes casa, qué haces en la calle!

SUSANA: No, no, no. Quiero decir que yo tengo una caja de cartón allá en Cartolandia. Podemos usarla como cimientos de nuestro hogar.

HERMENEGILDO: Pero estás decidida a vivir conmigo.

SUSANA: Bueno, no sé, tengo miedo. Creo que debo confesarte algo, pero no sé si deba.

HERMENEGILDO: ¡No! Dejemos las confesiones amargas y temas tristes a un lado. Esta es nuestra noche. Vamos a disfrutarla. ¡Bote, que toque la banda, vamos a bailar!

BOTE: A la orden profe.

 

 

ESCENA  XVI

 

El Bote toma una vieja escoba y usándola como garrocha abre la ventanilla por donde emerge a medias una música tropical.

 

HERMENEGILDO: Me concede está pieza.

SUSANA: Concedida.

 

Mientras bailan, Hermenegildo intenta apretar más contra sí a Susana. Esta al principio se resiste, pero luego cede y quedan bien juntos.

 

SUSANA: Me aprietas.

HERMENEGILDO: Aflójale.

SUSANA: Aflójale tú.

HERMENEGILDO: A qué.

SUSANA: A tu abrazo, me estás clavando el llavero.

BOTE: El profe no usa llavero.

HERMENEGILDO: Silencio, Bote, este es mi ligue.... digo mi romance.

BOTE: Pos´ diga ligue, al cabo y que es lo mismo.

 

Entran el Vicuño y el Puñal. Quedan viéndolos al extremo del escenario.

 

PUÑAL: Mira, Vicuño, quién viera al profesor tan educado y arrimándole el camarón a la señora.

 

Susana y Hermenegildo se separan sorprendidos.

 

VICUÑO: (Burlándose) No seas... Puñal, no seas grosero, che. Las cosas no se dicen de esa manera. Simplemente, el señor le estaba presentando sus credenciales a la dama.

PUÑAL: Pero si yo lo ví, le estaba dando unos rosendos marca diablo.

BOTE: ¡Y a ustedes, quién los invitó! Este club es privado.

VICUÑO (Sacando una pistola). Sí, pues me acabo de conseguir este boleto, che.

BOTE: (Servil. Tomando el papel de mesero). ¿Qué se les ofrece a los señores? ¿Desean ver el menú?

VICUÑO: Lo que yo deseo es bailar con esa señorita.

HERMENEGILDO: (Blandiendo su bastón). Nunca dejaré que un plebeyo ofenda el nombre de mi Dulcinea.

BOTE: Profe, el señor trae boleto.

HERMENEGILDO: (Se detiene al ver la pistola). Ah, caray.

SUSANA: ¡Ay, ya van a pelear de nuevo! (Se acerca al Vicuño) No hay necesidad de esa arma, señor. Bailaré con usted esta canción.

 

El Vicuño se guarda la pistola y baila con Susana.

 

PUÑAL: No que no le bajan la vieja.

BOTE: Pues con la fusca cualquiera puede, méndigos....

PUÑAL: Cierra el pico o te lo sello de un cachazo.

BOTE: A poco tú también traes pistola.

PUÑAL: Y cargada, nomás deja que el Vicuño me la preste y verás...

BOTE: No que es tuya, para qué se la pides al Vicuño.

PUÑAL: Que me preste a la señora, Bote, a la señora. Nomás que me la preste.

HERMENEGILDO: ¡Ahora verás!

BOTE: (Sujetándolo) No le haga profe. Para qué se arriesga a que le hagan un tercer ojo.

VICUÑO: (A Susana) Pues usted dirá, preciosa. Soy un fenómeno.

SUSANA: No puede guardarse su pistola en otro lado, se me encaja en la pierna.

VICUÑO: La fusca la tengo en la sobaquera. Verdad que soy un fenómeo, pibe.

 

 

ESCENA XVII

 

Entra Rebeca apresurada.

 

REBECA: ¡Susana, Susana!

SUSANA: (Safándose). ¡Rebeca, qué te ocurrió!

HERMENEGILDO: ¿Conoce a esa señorita?

BOTE: (Impresionado porque Susana pueda tener relación con Rebeca) ¡Chale!

REBECA: (Llega hasta Susana) ¡El violador, Susana, el violador!

SUSANA: ¿Qué? ¡Lo viste!

REBECA: El violador, Susana. Me... me... ¡Mira cómo me dejó!

SUSANA: ¡Qué te hizo, te violó!

REBECA: Ay pues no sé. Sólo recuerdo que alguien me invitó a entrar a la iglesia y... (Gozosa) Ay, ay Diosito, pero qué cosa. ¡Qué hombre!

VICUÑO: Le gustó a la gatita.

REBECA: Digo, ¡qué hombre más horrible!

VICUÑO: Usted podría ser una de mis discípulas. Ya está caladita...

HERMENEGILDO: Cállese. No ve que es una dama en apuros.

PUÑAL: Pues parece que le gustaron esos apuros.

VICUÑO: (Empuja al Puñal) Silencio, Puñal. Ya sabes que a la hora de hacer negocios tú tomas el papel de mascota y yo el del amo. La señora no pasó ningún percance, solamente una experiencia provechosa.

REBECA: ¡Supongo que necesito ayuda! El violador me atacó, aunque... no sé si realmente me hizo algo malo.

SUSANA: ¿Te desmayaste?

REBECA: No, si estuve bien consciente todo el tiempo.

HERMENEGILDO: ¡Me pueden explicar qué es esto! Susana, ¿Conoces a esta señora tan elegante? (Viéndola mejor) Bueno, ya no tanto.

SUSANA: Es amiga mía.

VICUÑO: Qué buenas amistades, che. Si me presentas más amigas como esta te prometo que haremos el mejor negocio de Cartolandia.

PUÑAL: Y me deja entrenar a una, jefe.

VICUÑO: (Lo empuja) No, baboso. No hay que darle margaritas a los puercos.

BOTE: Explíquenos bien, ¿qué le ocurrió, señorita?

REBECA: (Lo corrige) ¡Ahora señora, por favor! (Sufrida). Pues sí, ese hombre, abusó de mí.

HERMENEGILDO: Esto debe saberlo la policía, tenemos que levantar un acta. Y tú Susana, luego me explicarás tu amistad con esta señora.

SUSANA: Sí, pero primero que llamen a un policía.

 

 

ESCENA XIX

 

Entra el Cuico.

 

CUICO: Qué relajo es este.

BOTE: ¡Órale, y desde cuándo tan puntual! El Chapulín Colorado no atiende tan rápido a sus llamados.

CUICO: Ay, señor policía, violaron a mi amiga.

POLICÍA: ¿A cual?

REBECA: A mí. Pero no estoy muy segura de que haya sido violación.

CUICO: ¿Por qué?

REBECA: Porque dicen que para considerarse violación debe de haber sido forzada la persona y la verdad yo...

VICUÑO: Lo invitaste a pasar, che.

REBECA: Pues ya ven como dice el refrán: cuando la violación es inminente, lo mejor es aflojar el cuerpo.

PUÑAL: Y lo aflojó.

CUICO: Silencio. Y dígame, ¿no atentó contra su vida con un puñal u otra arma?.

REBECA: No. ¿Por qué?

CUICO: Es un hombre muy sagaz. Les tengo una mala noticia. Hace unas horas alguien mató al Ficha. Suponemos que fue el violador. Fue algo muy feo, pobre Fichita, tanto que la estimábamos.

 

Consternación general, con exclamaciones de horror.

 

BOTE: (Llorando) La Fichita. Era nuestra única trabajadora social, la única que daba muestras gratuitas...

 VICUÑO: No irán a pensar que fui yo, sólo porque era su patrón. Yo estuve con el Puñal todo el tiempo.

CUICO: ¿Y por qué piensas que te vamos a señalar como sospechoso?

VICUÑO: Porque los envidiosos me han señalado como criminal, pero no, sostengo que soy un comerciante honesto.

 

Entra La Caguama, cargando un montón de morrales.

 

CAGUAMA: Pobre muchacha, pero que más le podía traer esa vida.

CUICO: (A Rebeca). ¿Puede describir al violador, señora?

REBECA: Pues, guapo no era. Además iba todo vestido de negro. Eso es lo que recuerdo.

CUICO: Seguro es el mismo que trató de llevarse al Comino. ¡Tú, Caguama, siempre estás en la iglesia, no viste algo?

CAGUAMA: No, yo me fui temprano porque las monjas no reparten atole temprano y acá la palomita se va a quedar en mi casa.

SUSANA: ¡No, ni loca, después de lo que pasó! ¡Yo me voy a mi casa!

HERMENEGILDO: ¡Exijo una explicación! (Adopta un tono más coloquial). Primero me dices que estás en la calle, que te violo un doctor y sus amigos, que te escapaste, que te buscan, tienes una amiga bien vestida y ahora te quieres ir a tu casa! A mí no me dejas con la duda! Hace rato nos estábamos enamorando uno a otro y ahora te quieres olvidar de todo. ¿Quién eres?

SUSANA: (Apenada) Soy una actriz. Vine aquí para aprender las costumbres de la gente que vive en la calle y ganarme un papel en una obra.

BOTE: No hay derecho. El profe ya estaba bien clavado con usted, Susanita.

HERMENEGILDO: Me siento como engañado...

CUICO: Ya, ya, ya. Párenle. Necesito saber si alguno de ustedes estuvo cerca de la iglesia alrededor de las diez de la noche.

REBECA: Yo fui atacada... digo sorprendida como a las ocho.

 

 

ESCENA XX

 

Entra doña Fedra, sin ser vista, pálida y ojerosa, se mueve con dificultad e intenta decir algo entre balbuceos.

 

SUSANA: A esa hora me fui yo. Pero la señora esa tan rezandera... doña Fedra, esa se quedó para hablar con el sacristán.

PUÑAL: Cuando esa viejilla se entere de que en su sacrosanta iglesia ocurrió un asesinato, va a colgar los tenis.

BOTE: Es tan católica que seguramente morirá con el Jesús en la boca.

 

Doña Fedra se lleva las manos al pecho y se golpea con fuerza, como queriendo hacer reaccionar a su corazón.

 

DOÑA FEDRA: (Se queja mientra se va doblando poco a poco). ¡Ay cabrón!, ¡Ay chingado!, ¡Ay cabrón!, ¡Ay chingado!... (Finalmente cae muerta con un puñal en la espalda).

CAGUAMA: ¡Azotó la res!

 

El Cuico, Hermenegildo y el Bote se acercan a ella..

 

CUICO: Está muerta.

CAGUAMA: Ya se había tardado.

CUICO: Fue herida hace varios minutos. Apenas logró  llegar a este lugar.

HERMENEGILDO: Seguramente sorprendió al violador mintras atacaba a La Ficha y por eso la ejecutaron.

BOTE: Bueno, se fue austeramente, sin conocer los placeres de la vida.

CUICO: Todo esto está muy raro.

VICUÑO: No me veas a mi, Cuico. Yo estaba aquí con vos, nene.

PUÑAL: A mi ni me vean, yo estoy muy pedo para poder hacer esas cosas.

 

Se escuchan los gritos del Comino y luego entra corriendo seguido por el hombre de negro quien lo atrapa, lo toma de los pies y lo sacude boca abajo.

 

COMINO: ¡Auxilio, que me agarra! ¡Quítenmelo! ¡Ay, déjeme, déjeme!

HOMBRE: Estate quieto (Se da cuenta de la presencia de los otros). Estate quieto o ya no juego contigo al volantín.

CUICO: (Saca la pistola y le apunta) ¡Quieto!

 

El hombre levanta las manos. Susana, el Vicuño, el Puñal, Hermenegildo y el bote sacan sus pistolas. La Caguama se retira a los botes de basura como no queriendo ser vista.

 

CUICO: ¡Y ustedes por qué están armados!

PUÑAL: Es que la inseguridad está bien gacha, jefe.

CUICO: No, si ya lo veo. ¡Guarden sus armas! Sólo yo puedo traer una.

BOTE: No, si ya dicen que no hay nada más peligroso en este mundo que un pendejo bien armado.

 

Guardan las armas

 

CUICO: (Al hombre de negro) ¡Suelte a ese niño!

HOMBRE: (Lo suelta y se ve nervioso). Sí señor, pero no dispare. Mire, yo soy el padrino del niño.

COMINO: Ni madres. Usted es el violador y el asesino de esta señora y de La Ficha.

HOMBRE ¡Yo! ¡No! Mire oficial todo este lío es porque el niño me vendió un periódico y no tenía feria, pero cuando usted me correteó no pude recuperar mi billete de quinientos pesos con el que le había pagado, solamente quería recuperarlo de las manos de este ladroncillo.

CUICO: ¡Y quién es tan tonto para pagar con un billete de quinientos! Esos no se ven por aquí mas que por la televisión. ¡Usted es el violador!

HOMBRE: ¡No!

COMINO: Sí lo es y además es robachicos.

CAGUAMA: ¡Tiene cara de pervertido! ¡De seguro el se echó a la vieja come basura!

CUICO:  Además usted viene alcoholizado.

HOMBRE: ¡Mentira!

CUICO: A ver, sópleme.

HOMBRE: Qué, ya nos llevamos tan grueso.

CUICO: No me alburee. (Voltea con el Comino). A ver, Comino, ¡tomaste ese billete!

COMINO: Niguas, yo no soy ratero.

 

El hombre trata de escapar, pero Hermenegildo lo agarra del cuello con su bastón y lo regresa.

 

HERMENEGIDO: Detente.

CUICO: Que no escape.

 

La acción es continua, el hombre se les escabulle y se realiza una batalla campal en todo el escenario. Corretiza, golpes, lucha, gritos. El Vicuño quiere golpear a Hermenegildo y Susana salta sobre éste. El Puñal le tira de golpes al Bote pero le pega al Cuico. Este atrapa por error al Bote. El hombre de negro trata de esconderse tras La Caguama quien lo avienta; el Comino le da de puntapés. Los personajes entran y salen en confusión por el escenario. El Bote atrapa al Puñal, quien atrapa a Susana quien atrapa al Vicuño quien atrapa a Rebeca y Hermenegildo la detiene junto con el Bote, el hombre de negro y el Cuico; hacen una masa humana. Llega La Caguama y los empuja a todos. Finalmente el Cuico atrapa al hombre.

 

CUICO: Confiéselo. Usted es el asesino y violador.

HOMBRE: No lo soy. Acaso tengo pinta de asesino. El que sí lo parece es aquél pachuco.

SUSANA: El señor Caño.

VICUÑO: (Con voz apagada y mueca de dolor). Vicuño,... señorita. Y yo no soy... el asesino, pero... lo supongo.

CUICO: Y por qué no lo decías antes.

VICUÑO: Porque... no lo sabía.

CUICO: Y quién supone que es.

VICUÑO: Seguramente... el que mató a La Ficha... y la vieja, es el mismo... que me mató a mí.

 

El Vicuño cae al piso con un cuchillo clavado en la espalda. Susto general. El Bote y Susana lo revisan.

 

BOTE: Muerto el perro se acabó la rabia.

SUSANA: Eso quiere decir que el el señor Cuña... Vicuño no era el violador.

BOTE: Entonces, el cupable de todo esto, está entre nosotros.

CUICO: Usted mató a este hombre.

HOMBRE: No, a mí que me registren.

CAGUAMA: Esto sí se está poniendo feo. Mejor ya raje, señor. Pá que se hace. No les digo que este tiene cara de asesino. Y mejor ya me voy antes de que a alguien se le ocurra sacarme las tripas.

CUICO: No nos iremos de aquí hasta que resolvamos el caso.

COMINO: Ya estuvo que pasé mi pubertad en este callejón El Cuico está bien güey..

CUICO: Si no es el asesino, entonces dígame quién canijos es usted y qué diablos hace por estos barrios a donde no pertenece.

HOMBRE: Soy productor de teatro. Me enteré de que varios actores andaban en este barrio disfrazados de pordioseros para ganarse un papel en mi extraordinaria obra que pronto estrenaré. Me di la vuelta por estos rumbos para verlos. Un actor capaz de vivir como un vago para obtener un papel es un actor comprometido con su oficio. Pensaba darles el trabajo.

HERMENEGILDO: (Presentándose al hombre) Hermenegildo Galloso, para servirle. Muchísimas gracias, señor productor. Qué bueno que le gustó nuestra caracterización.

BOTE: Ha sido un gran esfuerzo el nuestro. La verdad ya no aguantábamos viviendo aquí. La proxima semana pensábamos regresar a nuestras vidas, pero qué bueno que llegó usted antes.

SUSANA: ¡Pero, ustedes dos!... ¡Par de mentirosos!

HERMENEGILDO: Tanto como tú, Susanita.

HOMBRE: ¿Ustedes dos son los actores? Jamás lo hubiera sospechado. Pero a esta señorita la descubrí desde el pricipio, con su "me da una caridad por el amor de Diosito". Les prometo, señores que obtendrán el papel.

SUSANA: ¿Y yo? Estuve haciendo un gran esfuerzo.

HOMBRE: Ya veremos.

CAGUAMA: ¡Ora sí, está cabrona la cosa! Ya no sé ni quién soy yo. A lo mejor soy la presidenta de México y ni cuenta me he dado.

COMINO: ¡Y a lo mejor yo soy Andrés García!

BOTE: Pero cómo supo que estábamos en esta calle haciéndonos pasar por vagos.

HOMBRE: Me lo dijo la asistente del director del teatro Central, Rebeca. (La señala).

SUSANA: ¡Rebeca!

REBECA: No me digas nada, estoy pasando por una crisis... recuerda que me violaron.

SUSANA: Chismosa.

REBECA: Tenía miedo por ti.

SUSANA: Y ya ves, y fuiste tú la que se ganó el premio.

CUICO: (Autoritario). Primero, antes de que vayan a hacer su teatro, tienen que salir libres de culpa. Nadie nos vamos de aquí hasta descubrir al asesino de estos dos.

PUÑAL: (Lloriqueando). Ta´ güeno, ya no aguanto el cargo de conciencia, yo fui.

BOTE: ¡Tú eres el violador!

REBECA: ¡Tú, ay no, que asco, qué hice!

PUÑAL: No, yo nomás me escabeché al Vicuño. Es que ya me tenía harto con sus burlas y ofensas. Por eso aproveché la confusión para darle a guardar ese fierrito. (Al cuerpo) Allí está tu puñal, tanto que te gustaba decirme así, pos ora te lo tragas todito... che.

CUICO: (Lo esposa junto con el hombre de negro) Bueno, pues estás arrestado.

HOMBRE: Por qué me esposa junto a este asesino.

PUÑAL: Nomás no me diga Puñal y no le hago otra boca en el estómago, si soy buen borracho.

CUICO: Los dos se van conmigo a la delegación. (Recapacita) ¡Cuáles dos... todos! ¡Vámonos, tienen que dar su declaración!

COMINO: Pero yo estoy muy chico.

HOMBRE: Vete acostumbrando a las rejas, raterillo, hijo del Rafles..

 

El Cuico jala a los dos reos y sale amedrentando al Comino, Rebeca y el Bote. El Comino se detiene un momento, saca el billete de quinientos, lo disfuta un momento y se lo guarda en el zapato. La Caguama se va atrás de los botes de basura, queriendo pasar desapercibida.

 

 

ESCENA XXI

 

Susana estaba a punto de salir pero es detenida por Hermengildo con su bastón.

 

HERMENEGILDO: Un momento. Tú y yo tenemos un cita pendiente.

SUSANA: No me hables, me engañaste.

HERMENEGILDO: Y tú a mí.

SUSANA: Bueno, sí. Pero no sé por qué siento tanto coraje. Todo esto que ha pasado. Nuestras dos farsas. Creo que me estaba metiendo mucho en el papel.

HERMENEGILDO: Pues creo que debemos darnos tiempo, comenzar de cero y tratarnos tal y como somos. Después de todo, tenemos algo en común... (Prosigue divertido) y no es Shakespere. Me pregunto como te verás con ropa decente y bien arreglada.

SUSANA: Me pregunto cómo serás en realidad.

HERMENEGILDO: ¿Nos presentamos de nuevo?.

SUSANA: Susana Cabrera.

HERMENGILDO: Mucho gusto. Hermenegildo Galloso.

 

Susana le tiende la mano, pero el la jala hacia sí y la besa.

 

CUICO: (Desde afuera) Ustedes dos, píquenle que allí viene la perrera o los trepamos a la fuerza.

HERMENEGILDO: Cuando se aclare todo esto... (Hace señas imprecisas, dando por dicho que se conocerán mejor).

SUSANA: Lo sé, lo sé... vamos.

 

Susana y Hermenegildo Salen. La Caguama se queda sola. Se acerca al proscenio, se sienta en el piso y comienza a hurgar en sus costales.

 

CAGUAMA: Qué bueno que en mí ni se fijan. Ni quién quiera ir a la carcel. Enredosos. Deberían tomar las cosas con más naturalidad. Siento que el barrio se esté quedando solo, tan solo como una tumba. Muertitos es lo que queda. A ver si ya vienen a recoger a estos dos antes de que empiecen a apestar. De por sí la vieja olía a puritito tejón. (Cambia la voz a la de hombre). Méndiga viejita hedionda, cómo se tardó en morirse, ya se me hacía que rajaba. Y la pobre Ficha, si no hubiera sido tan rejega... me gustaba, y a ella también le gustaba... no, no le gustaba, le encantaba. Ahorita estuviera satisfecha, como la Rebeca. (Se quita la peluca). Esa güerita va a volver, va a volver. Le gustó a la desgraciada. (Saca el taje negro del costal y la máscara del violador). Esa va a volver por más. Nomás que a mi, no me gusta repetir. (Se pone el traje negro). La única con la que no se me hizo,  fue la Susana, ya la estaba preparando. Cómo se me antoja. Se me antoja mucho. Pero esa ya no vuelve. (Se pone la capa negra) Ya nos veremos de nuevo. (Cínico). No me puedo quedar con el antojo, tiene que ser mía, explorarla, incursionarla a gusto. Es natural darme mis gustos, no sé por qué lo ven tan mal. (Se levanta). Creo que es hora de cambiar de barrio. El Cuico es un inutil, pero es muy metiche, puede tropezarse conmigo. Creo que La Caguama se va a ir a un barrio mejor. Chance y le atino al de Susanita. Cómo se me antoja, la desgraciada. (Se pone la máscara y comienza a reír. Toma sus bultos y sale apresurado). ¡Cómo se me antoja!

 

      TELÓN

 

20 de mayo de 1999

 

® "Vagos de oficio" es una obra registrada a través de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), como parte del compendio "Cuatro Mundos". No. de registro: 03-2001-020610572100-14

 

Víctor Antero Flores Zertuche

 

Priv. Ramos Arizpe #14

zona centro

CP 25000

Saltillo, Coahuila, México.

Tel. (84) 14-99-29

E-mail   victor_afz@hotmail.com

 

Fecha de nacimiento: 23 de diciembre de 1967.

Licenciado en ciencias de la comunicación, egresado de la Universidad Autónoma de Coahuila en 1992.

Periodista desde 1993 en varios periódicos y revistas de Saltillo Coahuila. Cuentista y articulista de las secciones política y cultural. Así también productor de videos industriales y culturales, fotógrafo profesional, actor y dramaturgo. Director de un programa de televisión, guionista y locutor para una estación de radio cultural.

Encuadernaciones publicadas:

-"El desván y otros relatos". Monografía publicada en la revista Historias de Entreten y Miento del Consejo Editorial Coahuilense.

-Monografía poética en la revista Acento, de Saltillo.

-Mención honorífica en el Concurso Nacional de Cuento "Julio Torri" de 1999, con el cuento "El Fósil". Incluido en el Libro "Julio Torri ganadores y menciones honoríficas".

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