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VENDEDORES DE MIEDO

de JESÚS HUMBERTO FLORENCIA

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta en al final del texto su dirección electrónica.

 

 

VENDEDORES DE MIEDO

(DRAMA INFANTIL)

por:   JESÚS HUMBERTO FLORENCIA

fzavar_7@hotmail.com 

a Fátima Florencia

porque sabrá enfrentar sus miedos

 PERSONAJES:

 1. FOLO

2. LUZAZUL

            3. EL EMPERADOR BERNARDO BERRINCHE TERCERO, alias

DON AUGUSTO DISGUSTO NOGUSTO Y ASUSTO

 4. LOS JINETES JALADOSDELOSPELOS DEL JAMÁS SONREÍR,

mejor conocidos como: LOS VENDEDORES DE MIEDO

5. ALGUNOS ADULTOS

Un ambiente espacial. Luego, un efecto musical nos advertirá que algo va a ocurrir:

            VOZ DE FOLO: Un científico loco, perverso y sanguinario, acababa de inventar un aparato que aniquilaría a la humanidad: ¡La máquina de las cosquillas, cosquilludas y cosquilleantes! (Un títere desgreñado lleva en sus manos una pluma. Folo asoma la cabeza.) ¿Quéee? ¿Una pluma? ¿Tan sólo una pluma insignificante?

            EL CIENTÍFICO (Indignado): Yo preferiría que lo llamaras, “Delicado instrumento tecnológico, mafufológico e ilógico para la aplicación constante, delirante, desesperante y martirizante de la cosquilla que cosquillea en la parte cosquilleante que cosquillea con consquilludo cosquillidesiquilibrio. Advertencia: no incluye baterías.”

            FOLO: ¿Y para qué sirve?

            EL CIENTÍFICO: Imagínate que quisieras salir temprano de la escuela y no puedes hacerlo porque precisamente acabas de entrar a tu salón de clases. ¿Cómo le harías para lograr tu propósito? (Malvado.) Sencillo: Debes dirigir mi invento hacia la víctima de tu preferencia y listo, la plumita le provocará tantas cosquillas; cosquillas por aquí, cosquillas por allá, que ni cuenta se va a dar cuando te salgas del salón.

            FOLO: A mí se me hace que no vale la pena seguirte imaginando. (Se concentra.) Así que... ¡Desaparece!

            EL CIENTÍFICO: ¡Nooo! Yo soy una buena imaginación... Te puedo servir para una historia de espionaje, es más, me ofrezco para ser el villano en... (Sale de escena.)

FOLO: Empecemos de nuevo. (Ocultándose para escuchar su voz.) Hace muchos años... (Se asoman unos títeres vestidos con armaduras y montados en corceles) el mundo vivía sin conocer la tristeza, hasta que una noche... ¡Aparecieron los Jinetes Jaladosdelospelos del Jamás Sonreír! Y eran muy desalmados. ¡Ah! Pero no estaban solos. Iban comandados por el Emperador Bernardo Berrinche Tercero. (El Emperador es parecido al Científico.)

            EMPERADOR: (Emberrinchado) ¿Pero por qué me traen aquí? Tan a gusto que estaba en mi cama. De todas maneras, aunque se enojen conmigo, a mí no me gusta la leche con nata, y no me comeré la sopa, y no me voy a bañar, y además... ¡Me seguiré metiendo el dedo en la nariz para sacarme los mocotes! (Lanza una carcajada)

            VOZ DE FOLO: ¡El Emperador Bernardo Berrinche Tercero era muy malo! Era tan malo que, ayudado por sus jinetes, se robó la Felicidad.

            EMPERADOR: (Con berrinche) ¿Y por qué tengo que hacer eso?

            VOZ DE FOLO: Entonces se desató una tremenda batalla para recobrar la Felicidad. (Se libra la lucha entre los títeres.) Pero no había uno solo de los súbditos de la Felicidad que tuviera confianza en sí mismos, por lo que, al final de la contienda, los que ganaron fueron Los Jinetes Jaladosdelospelos del Jamás Sonreír... (Aparece Folo entre el público.) ¡Ah! pero con lo que no contaba el méndigo Emperador, era que un gran guerrero salvaría a las personas de la amargura que los invadía.

            EMPERADOR: (Con burla) ¡Uy, sí! ¡Mira qué miedo le tengo! A ver, ¿quién es el héroe que se siente tan salsa como para enfrentarse al Emperador Berrinche Tercero?

            FOLO: ¡YO! ¡El  Superhéroe Más Fabuloso del Mundo! (Toma en sus manos al muñeco que representa al Emperador.)

            EMPERADOR: ¡Por favor, no me hagas daño!

            FOLO: ¿Vas a devolver la Felicidad a sus verdaderos dueños?

            EMPERADOR: (Aterrado) Sí, sí, lo que tú digas.

            FOLO: Por cierto, ¿en dónde se metieron los Jinetes Jaladosdelospelos del Jamás Sonreír? (Los Jinetes no se hacen esperar, pero ahora ya no son muñecos, sino personas que rodean a Folo.) No me lo digan. ¿Acaso le temen al Superhéroe Más Fabuloso del Mundo?

            EMPERADOR: ¿Tú qué crees? (Los Jinetes atrapan a Folo.) Y ahora, ¿me puedes decir cómo piensas salir de este problema?

            VOZ DE MUJER: ¡Folo! ¿en dónde te metiste?

            UN JINETE: ¿Escuchó eso, mi berrinchísimo Emperador?

            FOLO: ¿Qué les parece si mejor aquí le paramos? Mi mamá me está llamando.

            EMPERADOR: ¿Y tú qué dijiste? Ya que vas perdiendo, te quieres salir del juego. ¡Jinetes! Amarren fuertemente a ese niño y luego arrójenlo al calabozo de los niños que manchan sus calzones.

            LOS JINETES: (Asustados) ¡¿Quééé?! ¡Guácala! ¡Qué horror! ¡A mi no me gustaría pertenecer a ese grupo de chamaquitos!

            UN JINETE: ¿Al calabozo de los niños que manchan sus calzones? No haga eso, mi Emperador. No sea cruel.

OTRO JINETE: Los calzones manchados son apestosísimos.

            FOLO: ¡Déjenme en paz! Por favor; yo no me llevo así con ustedes.

            EMPERADOR: ¿Tienes miedo? (A los demás) ¿Escucharon? El Superhéroe Más Fabuloso del Mundo tiene miedo. (Burlón) ¡Uy, qué pena! Pero te vamos a echar al calabozo. (Maléfico.) ¡Y llevarás los calzones manchados por toda la eternidad!

            VOZ DE LA MAMÁ: ¡Folo! ¿no oyes que te estoy hablando? Mira que si no vienes en este momento me voy a enojar contigo.

            FOLO: Bueno, muchachos. ¡Ni modo! ¿qué les parece si dejamos sus bromitas para otro día? (Sale corriendo)

            UN JINETE: ¡Tras él! No permitan que se escape.

            EMPERADOR: ¡Esperen un momento, señores! Déjenlo que vaya con su familia.

            LOS JINETES: Su majestad. Excelentísimo amo de los berrinches. Nunca antes en la historia de los Jinetes Jaladosdelospelos del Jamás Sonreír se nos ha escapado nadie.

            EMPERADOR: (Con berrinche) Cómo es posible que sean tan tontos. Pongan mucha atención en la conversación de los humanos...

            LA MAMA: ¿En dónde te habías metido? Me tenías muy preocupada.

            FOLO: Es que... es que me iban a aventar a un pozo y luego, y luego...

            LOS JINETES: ¡Debemos ir por ese niño! Nos va a delatar.

            LA MAMÁ: Ojalá alguien me ayudara a no asustarme cada vez que sales de casa.

            EMPERADOR: ¡Asustada! ¡Eso me encanta! El miedo me llena de energía; me vuelve poderoso, invencible.

            LA MAMÁ: Todos los días pienso que algo malo te podría suceder. (Salen)

            EMPERADOR: ¿Oyeron?

            LOS JINETES: Sí, pero no entendimos nada.

            EMPERADOR: (Con un notorio berrinche.) A ver, tú. Acércate. (Uno de los Jinetes se aproxima y le planta una bofetada.)

            EL JINETE: Pero por qué me pegó; yo siempre he sido bien buena onda con usted.

            EMPERADOR: Tu dolencia me hace sentir enooormemente feliz, porque eso quiere decir que ustedes ya son reales. (Los Jinetes se miran extrañados.) Ahora quiero que ustedes me golpeen.

            LOS JINETES: ¡¿Quééé?! No, imposible. Cómo cree. Ni maiz. De ninguna manera.

            EMPERADOR: ¡Es una orden! (Uno se decide y le pega suavemente, pero el Emperador se burla. Animado, el Jinete le vuelve a pegar una y otra vez hasta que el resto de sus compañeros se le unen.) ¡Basta! ya estuvo suave. Tampoco, no se manden.

            UN JINETE: ¡Oh! ¿ya ve? ¿Entonces quién lo entiende?

            OTRO JINETE: Yo mejor me regreso por donde vine.

            EMPERADOR: ¡Perfecto! ¡Váyanse! Pero antes quisiera que me respondieran a una simplísima pregunta: ¿De dónde provienen todos ustedes? (Se origina una gran confusión.)

            LOS JINETES: (Angustiados) ¡No lo sabemos!

            EMPERADOR: Es muy sencillo, caballeros. Ustedes son el producto de los  miedos de un niño y de sus padres. ¿Comprenden? (Los Jinetes niegan con la cabeza.) ¡Si el niño que iban a arrojar al calabozo no hubiera sentido miedo, ninguno de nosotros existiría!

            UN JINETE: ¿O sea que fuimos inventados por el escuincle que se acaba de ir?

            EMPERADOR: Para ser más exactos, nacimos gracias a sus temores.

            UN JINETE: ¿Entonces, por qué lo quiso arrojar al calabozo de los escuincles apestosotes? Encerrado el chamaquito, uno por uno desapareceríamos.

            EMPERADOR: (Haciendo berrinche) ¡Ojalá los hubieran inventado con un poquito de inteligencia! Lo que yo intenté hacer, fue que el rapaz sintiera miedo, mucho miedo.

            OTRO JINETE: ¡Y entre más miedo, mejor!

            EMPERADOR: ¡Correcto! Si conseguimos que la gente sea, cada día, cada hora, cada instante, un poco más temerosa...

            LOS JINETES: Nosotros nos iremos multiplicando.

            OTRO JINETE: Bueno, ¿pero no cree que ya somos demasiados Jaladosdelospelos? Además, ¿para qué queremos que las personas sientan miedo?

            EMPERADOR: Señores, si conseguimos que la gente sea miedosa, la gente nos entregará su voluntad. Un individuo aterrado hará lo que yo le ordene. Y lo mejor de todo es que puedo ser el dueño de la humanidad. ¿No les parece maravilloso?

            UNA VOZ: ¡NO!

            EMPERADOR: ¿Quién fue el alfeñique que tuvo la osadía de contrariarme?

            LOS JINETES: (Luego de culparse entre ellos, prefieren señalar al público.) Ellos fueron. (Es cuando sale de su escondite una niña, se trata de Luzazul.)

            LUZAZUL: Fíjense que yo no les tengo miedo.

            EMPERADOR: Ah; se trata de una pequeña e insignificante niña.

            LUZAZUL: Ni tan insignificante, porque soy más grande que tú. (Presurosos, Los Jinetes corren hacia Luzazul, pero chocan contra una especie de muro invisible.)

            UN JINETE: ¿Ahora qué vamos a hacer, Su Berrinchísima Excelencia? Esa niña es maga. (Se escucha el sonido del viento, aunado con el posterior rompimiento de cristales. Al normalizarse el ambiente, descubriremos que uno de los Jinetes ha desaparecido.)

            LOS JINETES: (Asustados) ¡Una maga! ¡Una bruja! ¡Una hechicera! ¡Sálvese quien pueda! (Corren hacia todas las direcciones.)

            EMPERADOR: ¡Qué maga ni qué ocho cuartos! Lo que sucede es que esa mocosa nos ha estado espiando y conoce mis planes. Pero eso no es lo peor de todo... (Con berrinche) ¡Sino que ya no podemos hacerle sentir miedo!

            LUZAZUL: Además, ahora mismo les diré a todos que se cuiden de ustedes. LOS JINETES: ¡Ayúdenos, señor! ¡Estamos perdidos!

            EMPERADOR: Te ordeno que te detengas, escuincla de porra.

            LUZAZUL: ¿Cómo me dijiste? (Molesta.) ¿No me digan que se creyeron el cuento de que podrían gobernar a las personas?

            EMPERADOR: ¿Y por qué no? (Señalando al público) Observa a toooda esa gente, y en especial a los adultos. No es por nada, pero son mis mejores, ¿clientes? No, preferiría llamarlos, mis súbditos. Por el miedo, harán lo que yo les ordene.

            LUZAZUL: A mí se me hace que al Emperador Bernardo Berrinche Tercero no le falta uno, sino todos los tornillos. Date cuenta de que es imposible que alguno te haga caso, sobre todo porque no existes.

            EMPERADOR: (Intrigado) A ver, explícate. ¿Cómo sabes que no existo?      LUZAZUL: Hace un ratito, yo vi que los Jinetes Jaladosdelospelos te dieron de trancazos y ni siquiera te despeinaron; tu cuerpo es como el de una caricatura. Para mí que todavía te encuentras en la imaginación de Folo.

            EMPERADOR: Parece que la mocosa no es nada tonta. Debo confesar que acertaste. Pero no dudes que tendré el poder muuuy pronto, y cuando eso suceda, no habrá una sola persona que no experimente miedo por mi.     

LUZAZUL: Si Folo te inventó con sólo imaginarlo, también puede desaparecerte.

            EMPERADOR: (Lanza una sonora carcajada.) ¿De casualidad no te sabrás otro chiste como ése?

            LOS JINETES: (Motivados por la risa de su jefe) ¡Ay, por favor! No nos hagas eso.  Uyuyuy, qué será de nosotros. Mira que estamos temblando.

            EMPERADOR: Desilusiónate, niña, porque nadie salvará a la humanidad de sentirse miedosos. Simplemente porque sus miedos son más fuertes que sus esperanzas.

            LUZAZUL: (Desconcertada) Es que yo... Digo, ellos (El público)... ¿Cómo puede ser posible que el miedo de las personas sea más fuerte que sus ganas de vivir?

            EMPERADOR: Pues a veces así sucede, queridita. Ahora bien, una vez enterada de cómo marchan las cosas, ¿te das cuenta que la humanidad ya no tiene salvación?

            LOS JINETES: (Cada Jinete completará las frases.) ¿Y qué piensas hacer, -niñita, -para impedirlo? - Desde hoy - tenemos - la situación - controlada. El mundo nos - pertenecerá, así (truenan los dedos.) de rápido. - Y todo gracias - (En coro.) ¡al miedo!

            LUZAZUL: Se les olvida que yo no les temo y que ahorita mismo voy a contarles a mis amigos lo que ustedes piensan hacer; y ellos se lo dirán a sus cuates y a sus vecinos, y éstos a sus hermanos, a sus primos, y así de rápido, (Como no puede tronar los dedos, son los Jinetes los que le echan la mano) ustedes se irán de nuestras vidas. (Sale corriendo.)

            UN JINETE: Alcancémosla. No la dejemos ir. (Por más que corren, no consiguen moverse de su lugar.)

            EMPERADOR: Olvídenla. Tenemos asuntos más importantes que andar persiguiendo escuinclas latosas.

            UN JINETE: Su Berrinchesca Señoría. Ella nos puede delatar y sus tan sabios e inteligentes proyectos se vendrían abajo.

            EMPERADOR: ¿Y quién le creería a una niña? ¿eh? Hoy en día, los adultos están más ocupados con sus asuntos que, de ahí nos valdremos para empezar a dominarlos. Atemorizándolos, sus hijos serán igual o peor de miedosos que sus padres.

            UN JINETE: Déjeme ver si comprendo: Y cuando los hijos crezcan y a su vez tengan hijos, les enseñarán a sus hijos los temores que aprendieron cuando ellos eran hijos.

            EMPERADOR: ¡Así es!  ¿No les parece maravilloso? (Señalará al público) Y cuando ellos, tan sólo sean un grupo de insignificantes y atemorizados seres, entonces dejarán de salir a la calle...

            UN JINETE: ¡Y ya no querrán estudiar, ni construir, y ni siquiera divertirse!

            OTRO JINETE: Tampoco querrán tener sueños, ni mucho menos pensar.

            OTRO JINETE: Y en sus casas, estarán imposibilitados para limpiar, cocinar, o reparar los aparatos que se les descompongan.

            OTRO JINETE: Tendrán miedo de conocer a otras personas, y sobre todo...

            TODOS LOS JINETES: ¡Tendrán miedo hasta de ellos mismos!

            EMPERADOR: Para entonces, mi apariencia será como la de cualquier mortal. Y cuando ese día llegue... ¡Cada uno obedecerá lo que mi voz les ordene!

            UN JINETE: Pero... ¿cómo le vamos a hacer para que los adultos sientan miedo?

            EMPERADOR: Para que las personas sientan pánico, horror, susto, alarma, sobresalto, terror y espanto, es preciso que primero se los vendamos.

            LOS JINETES: ¡¿Quééé?! ¿Venderles el miedo?

            EMPERADOR: ¡Desde luego! La gente compra, aunque ignore para qué le sirve.

            UN JINETE: Pero... ¿Comprarán el miedo?

            EMPERADOR: Sí, ustedes no se preocupen; ya verán que los ingenuos les caerán solitos y sin buscarlos. Pero antes, deberán disfrazarse. (Se trata de gabardinas, pelucas, bigotes, anteojos, todos de colores chillantes.) Rápido, que el tiempo apremia. Cuanto más vendan, más poderoso seré. Y cuando llegue mi oportunidad, las personas ya no querrán convivir con nadie; se volverán apáticos e inseguros; preferirán que sea otro en que haga el trabajo por ellos, que piense por ellos, que viva por ellos, y ese alguien seré yo, el Emperador Bernardo Berrinche Tercero. (Los Jinetes ya están listos.) Bueno, en marcha. De ustedes depende el éxito de nuestra empresa. (Salen.)

[Aparece un muñeco mupet con la forma de FOLO.]

            FOLO: El Súper Héroe Irterespacial está perdiendo todas sus fuerzas. Pero, ¿qué hice mal? ¿Cómo podré salvar a la humanidad? (Aparece un muñeco mupet semejante a Luzazul.) ¿Y por qué me siento con tanto miedo?

            LUZAZUL: Pues porque dejaste escapar a los vendedores de miedo.

            FOLO: Ah, eres tú. No me molestes. Prefiero jugar conmigo mismo.

            LUZAZUL: No me salgas ahora con que prefieres estar solo.

            FOLO: No entiendo nada de lo que me estás diciendo, Luzazul. ¿Quién se aleja de los demás? No lo sé. ¿Tú lo sabes? Yo tampoco. ¿Quiénes son los demás? ¿Qué es quedarse solo? No lo sé. ¿Tú lo sabes? Yo tampoco. Así que mejor nos vamos cada quien para su casa y que los problemas se soluciones por sí mismos.

            LUZAZUL: Tienes miedo.

            FOLO: No es eso. Es que... ¡mejor te invito a sentarnos a ver televisión! ¿quieres?

            LUZAZUL: ¡Lo que pasa es que tiemblas de miedo!

            FOLO: ¡¿A quién le dices miedoso?! Bueno, un poco. Pero no se lo cuentes a nadie.

            LUZAZUL: ¿A quién se lo puedo contar si todos se comportan como tú?

            FOLO: Es que el mundo tiene cara de que nos quiere lastimar... Mejor vámonos. Los de allá enfrente nos quieren hacer un mal de ojo, o algo peor, o..., o...

            LUZAZUL: ¡No! A mí no me gusta tenerle miedo a nada.

            FOLO: (Se escuchan grillos y corre a esconderse.) ¿Escuchaste? ¿Qué fue eso?

            LUZAZUL: (Preocupada.) No, pero antes lo sabía.

            FOLO: Corramos... Escondámonos antes de que nos encuentren.

            LUZAZUL: (Temerosa.) ¿A dónde nos escondemos? (Sonido del mar.) Se supone que esos ruidos no deben espantarnos, pero... (Ruido de aves.)

            FOLO: ¡Vámonos, antes de que sea demasiado tarde!

            LUZAZUL: Espérate. Hay algo que no termina de convencerme. Todavía no entiendo el motivo por el que debamos estar asustados.

            FOLO: Allá tú, pero no tengo la intención de permanecer en este sitio cuando, lo que está por venir, finalmente llegue para asustarnos. (Al público.) ¡Corran! Antes de que llegue, lo que todavía no sé qué es, pero que está a punto de llegar! ¿Pero qué esperan? No se queden en sus asientos, huyan.

            LUZAZUL: ¿Y por qué nos vamos a esconder?

            FOLO: ¡Date cuenta que muy pronto van a llegar y nos harán daño!    LUZAZUL: ¿Quiénes?

            FOLO: (Recapacitando.) No lo sé.

            LUZAZUL: ¿Te das cuenta? Yo también me estaba asustando por cualquier cosa. ¿Pero cómo podemos tenerle miedo a algo que no se sabe cuál es su forma?

            FOLO: Es que el miedo nos obliga a ver cosas que no existen, y nos hace pensar que todo nos saldrá mal.

            LUZAZUL: Sí, pero ahora debemos avisarle a la gente lo que está ocurriendo. Sólo que hay un pequeño problema. Mira cómo nos ha dejado el miedo. Ya no somos humanos.

            FOLO: Te veo, me veo. Pero no entiendo de qué me hablas.

            LUZAZUL: Nuestro aspecto, ya no es como el de antes.

            FOLO: Pero seguimos siendo los mismos.

            LUZAZUL: Dejamos de ser personas. El miedo nos va convirtiendo lentamente en muñecos. Y no creo que se pueda hacer algo para evitarlo.

            FOLO: ¿Dices entonces que nos convertimos en muñecos? ¡No inventes! (Entra la mamá de Folo, quien desde luego aún es humana.)

            MAMÁ: ¿En dónde ese escuincle que no lo encuentro en ninguna parte?

            FOLO: ¡Ey! Aquí estoy.

            MAMÁ: Si no fuera porque de repente he sentido mucho miedo de alejarme de mi casa... Pero de cualquier manera, debo seguirlo buscando.

            FOLO: Pues ya no sigas buscando y mírame.

            MAMÁ: ¿Qué haré? ¿Me regreso, o le pido a otra persona que lo haga por mi? Ay, no lo sé. Si no tuviera tanto miedo... (Sale.)

            FOLO: ¡Mamá! ¡no te vayas! (A Luzazul) ¿Te diste cuenta? Pasó junto a nosotros y no nos vio. ¿Y ahora qué hacemos?

            LUZAZUL: No lo sé. (Salen.)

            [Entran dos adultos. Aún conservan su cuerpo humano, pero el maquillaje -o sus máscaras-,  les darán la apariencia de juguetes. Igualmente, su pelo se ha teñido de colores. Llevan una caja.]

            ADULTO I: (Riendo.) ¡Pero qué gracioso se ve!

            ADULTO II: (Igual.) ¡Y usted no se queda atrás!

            ADULTO I: (Sin contenerse.) Disculpe la pregunta, ¿qué lleva adentro de esa caja?

            ADULTO II: ¡Muy buena pregunta! Recientemente adquirí una ganga finísima, exquisita, baratísima, rebajadísima y monísima.

            ADULTO I: ¡Mire qué casualidad! Mi compra es igual de finísima, exquisita, baratísima, rebajadísima y monísima.

ADULTO II: (Serio.) No es posible. Usted se encuentra en un terrible, espantoso, pavoroso, escalofriante y sombrío error. El vendedor que me la vendió, dijo que mi ganga era exclusivisimisimisima.

            ADULTO I: (Molesta.) ¡Ignorante! No hay objeto tan bello, hermoso, divino, encantador y delicioso que se parezca al que llevo en mi caja.

            ADULTO II: ¡Mentira! Nadie y mucho menos usted, posee una pertenencia tan chidísima, padrísima y bien chipocludísima como la mía.

            ENTRE AMBOS: Lo que yo compré no se parece a nada en el mundo. Lo que usted compró es una imitación. Lo que yo compré es mío, mío, mío. No, es mío, mío, mío. Lo que yo compré es miedo. (De las cajas, sacan un espejo. Luego de mirarse en ellos, permanecerán en su sitio, llorando.) Mi miedo es más grande que el suyo. Pero mi miedo es más bonito. Y mi miedo más elegante. Eso es lo que usted cree, mi miedo es... es..., es... ¡Mi miedo es miedoso!

            SEÑORA: En fin, a lo que yo venía era a preguntarle si no ha visto a mi hijo.

            SEÑOR: (Compungido) No señora, no lo he visto.

            SEÑORA: Ese niño ya me tiene preocupada.

            SEÑOR: Hablando de preocupaciones, ¿no ha visto a mi hija?

            SEÑORA: No señor, no la he visto.

            SEÑOR: Su clase de danza comienza a las cinco de la tarde.

            SEÑORA: ¿A su hija no le gusta ir a esa clase?

            SEÑOR: ¡Claro que le gusta! Pero decidí no permitirle que aprenda esas tonterías.

            SEÑORA: ¿Y por qué?

            SEÑOR: Porque es muy peligroso; al dar una vuelta puede caer al suelo y lastimarse.

            SEÑORA: Creo que tiene razón.

            SEÑOR: El mundo está lleno de peligros. Si van a la biblioteca, un libro se les puede caer encima, y en el cine, una palomita de maíz los puede descalabrar.

            SEÑORA: Si juegan con sus bicicletas, podrían marearse; y si estudian, se les seca el cerebro. ¡Qué horror! 

            SEÑOR: (De la caja, extrae un muñeco con la forma de un Jinete Jaladodelospelos. Aunque lo manipule, será el muñeco quien en realidad hable.) Siempre he pensado que los niños carecen de opinión. Son nuestros hijos y tiene la obligación de obedecernos.

            SEÑORA: (Mismo procedimiento que el Señor.) ¡Pero qué inteligente es usted! (Aparte.) Aunque tengo la impresión de que esa idea ya la escuché antes.

            SEÑOR: Así soy yo. (Aparte.) Lo que no sabe es que esa idea le pertenece al famosísimo filósofo Don Augusto Disgusto Nogusto y Asusto. Luego les platico de él.

            SEÑORA: ¿Y podré ser igual de inteligente?

            SEÑOR: ¡Desde luego que sí! Sólo siga mis consejos.

            SEÑORA: ¿Cuáles consejos?

            SEÑOR: Un hijo no debe pensar ni opinar, ya que para eso, siempre habrá alguien que lo haga por ellos.

            SEÑORA: Bueno, muchas gracias por sus consejos, pero ya me tengo que ir. No vaya a sucederme algo malo.

            SEÑOR: Por mi parte, seguiré buscando a mi hija.

            SEÑORA: (Dirigiendo al muñeco a su propio oído.) Ese tipo no me inspira nada de confianza.

            SEÑOR: (Igual.) Esa señora no me inspira nada de confianza.

            [Se dedican una última sonrisa forzada, se despiden y salen. Los Vendedores de Miedos se relacionan con el público.]

            LOS VENDEDORES: ¡Muy buenos días tengan todos ustedes! Bienvenidos al Centro Comercial de Miedos, en donde aquello que busca, en especial, sus miedos favoritos, estamos seguros de que sí los encuentra. Mi tarjeta. (Las tarjetas tienen caras chistosas.)

            UN VENDEDOR: Sí, mire, como una promoción, como una propaganda, les venimos a ofrecer, hoy, en exclusiva, como único día, todo lo que ha soñado...

            OTRO VENDEDOR: ...y que de niño nunca pudo obtener. ¿Lo recuerda?

            OTRO: Pero no se preocupe. No se esfuerce demasiado.

            OTRO: Si no lo recuerda, nosotros le proporcionaremos un recuerdo miedoso.

            OTRO: Vinimos a entregarle el mundo a sus manos.

            OTRO: De seguro que le encantaría ser el dueño del mundo.

            OTRO: Pero si no lo quiere, contamos con una amplia variedad de mundos para usted solito.

            OTRO: ¡Deje de trabajar!

            OTRO: Que otros lo hagan por usted.

            OTRO: ¿El amor? Sirve para vender discos, flores y chocolates, ¿o no?

            OTRO: Nada más tiene que pensar en sus intereses.

            OTRO: Y sus intereses son los nuestros.

            OTRO: ¿Quiere dejar de tener las calamidades que le suceden a todos los humanos?

            OTRO: ¡Ándale, me interesa! (Tratará de justificarse.) A mí ni me miren. (Señala a alguien del público.) Lo dijo el señor.

            OTRO: ¡Perfecto! Deseo comprar todos los miedos que tengan. (Dirigiéndose al público.) Lo felicito, mi amigo, ha hecho la compra de su vida. (Le entrega una caja de color, como la de los adultos de la escena anterior.)

            OTRO: Para que sus sueños se hagan realidad...        

            OTRO: Tan sólo acompáñenos. [Cada uno de los Vendedores de Miedos elegirán a un adulto y/o a un niño para subirlo al escenario. Entonces, ya sea por medio de muñecos de cartón o por un teloncillo de fondo, se descubren las figuras multiplicadas de cientos de Vendedores de Miedos.]

            UN VENDEDOR: (A su cliente, o sea, a la persona que subió) Es una auténtica promoción. Sin enganche y por menos de lo que usted imagina, será dueño de un original Temor automático, 4 puertas, 700 velocidades. Sólo tiene que firmar. (Le muestra papel y pluma).

            OTRO VENDEDOR: (A su cliente) Con la seguridad de que ningún pelafustán interferirá en su vida privada, aquí le ofrecemos 4 hermosas paredes útiles para aislarse de los demás. Por un poco de miedo de su parte, las paredes serán suyas. Sólo tiene que firmar. (Aparecen Folo y Luzazul, de ser posible entre el público, ahora como muñecos.)

            LUZAZUL: Parece que ya no podemos hacer nada.

            FOLO: ¡Mira! Todos lo adultos están comprando miedo.

            UN VENDEDOR: (A su cliente) Inseguros Temor Interminable le ofrece una amplia gama de miedos. Sea cuidadoso, precavido y desconfiado. Nosotros le ayudamos. No tiene por qué creer en los demás. Sólo firme y...

            FOLO Y LUZAZUL: ¡No, no firmen!

            EL VENDEDOR: ¿Habló alguien? Me parece que no.

            OTRO VENDEDOR: (A su cliente) Invierta en miedo. El miedo es la única propiedad que no se devalúa. ¡Qué mejor futuro para sus hijos que una existencia con miedos! Sólo los miedos crecen sus tasas de interés con el paso del tiempo. La mejor herencia es el miedo, porque tiene una duración de por vida,.

            FOLO: (Luego de un largo bostezo.) Parece que me está entrando un sueño que... (Bosteza.) que ya no aguanto más.

            LUZAZUL: Despabílate, Folo. No te puedes quedar dormido.

            FOLO: ¿Cómo de que no? Ahorita vas a ver que sí puedo.

            LUZAZUL: Debemos llamar a un súper héroe para que nos defienda.

            FOLO: Olvídalo, Luzazul. Los súper héroes nada más existen en mi imaginación. (Bosteza.) Por más que lo intentes, nunca vendrán a ayudarnos. (Se recuesta.)

            LUZAZUL: Entiende; si te duermes, podrías quedar convertido en un muñeco por el resto de tu vida.

            FOLO: (Sin interés.) Luego me avisas cómo terminó todo, ¿sí? (Ahora es Luzazul la que bosteza. Mientras tanto, un vendedor entra con una muñeca.)

            EL VENDEDOR: ¡Muy bien hecho, señora! Desde este momento, el porvenir de usted y el de su familia quedarán en nuestras manos. Por tan sólo, -no, nada de dinero, nuestro trabajo es desinteresado-, con un poco de miedo de su parte, es más que suficiente.

            FOLO: (Reaccionando un poco.) ¿Ya viste esa muñeca? Se parece a mi mamá.

            OTRO VENDEDOR: (Al público) Produzcan miedos y si de casualidad desconoce la manera de adquirir su miedo propio, no importa, contamos con expertos que saben más de una manera para producirles un miedo incontenible. Además, nosotros podemos llevárselos hasta su domicilio.

            LOS VENDEDORES: Sólo firme aquí. (Cada uno muestra un contrato.)

            UN VENDEDOR: Ha llegado el momento esperado. He aquí la presencia de nuestro jefe. Un aplauso, por favor...

            EMPERADOR: (Vestido como un rey, y ya como humano.) Permitidme que me presente; yo soy Don Augusto Disgusto Nogusto y Asusto para servirles. ¡¿Qué tal, carnalito?!  ¿cómo te va? ¡Cuánto tiempo sin verte! (Recupera su caracterización.) Desde el adulto más engrandecido, hasta el más pequeñín de las personas que hoy nos acompañan, sean todos y cada uno de vosotros bienvenidos a mis terruños. Hoy es un día maravilloso, porque si no fuese por vuestros miedos, vuestros temores, ¡y vuestros pánicos!, yo jamás hubiese existido.

            FOLO: Debemos hacer algo.

            LUZAZUL: Sí, pero qué. En el estado en el que nos encontramos no podemos enfrentarnos a Los Vendedores de Miedos.

            FOLO: Tengo una idea. Pero necesito de tu ayuda. (Le habla al oído.)

            EMPERADOR: Os aclaro que a partir de hoy, vuestras insignificantes personas me pertenecen. Apetezco que ninguno será otra cosa que un monigote. (Muestra a la muñeca con la forma de la mamá de Folo.) Agradezcan que exista su servidor; yo, don Augusto Disgusto Nogusto y Asusto, para alimentarme con vuestras voluntades; yo os daré órdenes, y de esa manera, podré venderles todo lo que se me ocurra: Hoy me compran miedo, mañana comprarán rencores, guerras, dolor y apatía. ¡Seré el Emperador más poderoso del universo!

            LUZAZUL: Es una idea maravillosa. La mejor manera de contrarrestar la fuerza del enemigo, es con sus propias artimañas.

            EMPERADOR: ¿Sabéis una cosa? No merecéis seguir siendo humanos. ¡Os mando que firméis los documentos que mis vendedores os presentan! Y con mucho gusto os autorizaré que seáis mis juguetes particulares.

            FOLO: (A un vendedor.) ¿Será verdad que el miedo es un gran negocio?

LUZAZUL: (A otro vendedor.) Me han dicho que debo comprar todo el miedo que pueda, porque mañana aumentará de precio.

            FOLO: (A otro vendedor.) ¿Por qué conformarse con ser un simple vendedor? Si compraras todo el miedo que pudieras adquirir, seguramente que llegarías a ser como el mismísimo Emperador Bernardo Berrinche Tercero que tanto admiras.

            UN VERDEDOR: ¿Te parece? Yo creo que no estaría nada mal que comprara un poco, aunque sea unos cuantos porcentajes de valioso miedo.

            LUZAZUL: (A otro vendedor.) Yo que tú, aprovecharía esta oportunidad para comprar todo el miedo que estuviera a mi alcance. ¡Qué tal si se acaba! No se vale, todos tenemos derecho de comprar algo de miedo.

            OTRO VENDEDOR. (Emocionado.) ¡Sí, sí, sí, tienes razón! ¡Pero cómo no me di cuenta desde un principio! ¡Ey, vengan acá! Debo participarles de una grandiosa idea.

            OTRO VENDEDOR: ¡Y yo también! Dejen todo lo que están haciendo y pongámonos de acuerdo. (Antes de firmar, los vendedores sueltan a sus clientes.)

            EMPERADOR: (Berrinchudo) ¡Pero por qué me complican la existencia! Os creéis muy muy, ¿no? (Corre para atrapar a Folo y Luzazul.) Ahora, ya nadie me puede vencer, y mucho menos, los que han perdido su naturaleza humana, como vosotros. (Pero suelta a sus presas.) ¿Qué me está pasando? Mi fuerza y mi poder se desvanecen.

            LOS VENDEDORES: Compro. No, de ninguna manera, yo compro. No seas gacho, véndeme un poco de tu miedo. ¿Y por qué no me vendes tu miedo? ¡Aaah, qué! Tú tienes demasiado miedo, bien puedes venderme la mitad de tu parte. Compro, quiero todo el miedo que tengas. Ándale, véndemelo.

            EMPERADOR: No hagan eso. (Comienza a desvanecerse.)

            UN VENDEDOR: No sea egoísta, Su Berrinchísima Majestad, yo también quiero tener miedo, y convertirme en un multimillonario en las empresas de miedos.

            OTRO VENDEDOR: Es más, ¿qué le parece si le compro la mitad del miedo que posee en su corazón? ¡Qué digo la mitad, mejor todo el miedo que tenga en su cuenta bancaria!

            OTRO VENDEDOR: Le propongo un gran negocio que no podrá rechazar: Le vendo el miedo de todos los Jinetes Jaladosdelospelos a buen precio. ¿Hacemos negocio?

            EMPERADOR:¡Nooo! (Abandona a los muñecos que representan a Folo y a Luzazul.) ¿Qué han hecho? No lo puedo creer, que un par de escuincles chamagosos, hayan sido más inteligentes que yo. ¡Qué desdicha! Están aprendiendo a no tener miedo. ¿Qué sucederá con nosotros, los que vivimos del miedo de los demás? (Cae al suelo perdiéndose entre sus ropas. Solo queda un bulto sin forma.)

            VENDEDORES: ¿En dónde se ha metido nuestro Emperador? ¿Será que nosotros le provocamos su destrucción? Si no tuviéramos miedo, tal vez lo averiguaríamos.

            UN VENDEDOR: ¿Acaso habrá desaparecido para siempre el gran Emperador Bernardo Berrinche Tercero?

            OTRO VENDEDOR: ¿Habremos eliminado a los niños que sabían nuestro secreto?

            FOLO: (Nuevamente como un niño.) ¡Aquí estoy! ¡Pudimos vencer a nuestros miedos!

            LUZAZUL: Te lo dije. Ahora necesitamos decirles al resto de los niños y de los adultos, que se pongan bien abusados para que no los sorprendan los vendedores de miedos.

            EMPERADOR: (Surgiendo de entre sus ropas, nuevamente en forma de muñeco.) ¡Imposible! Los humanos son miedosos por naturaleza.

            LUZAZUL: A veces sentimos miedo, pero también entendimos que el miedo no debe obligarnos a vivir escondidos de todo lo que nos rodea.

            EMPERADOR: No les creo. Tarde o temprano vendrán a mí para pedirme un poquito de miedo, y entonces yo llenaré el mundo de terror y pánico. Ya lo verán.

            FOLO: Demostrémosle al Emperador Bernardo Berrinche Tercero, que no le tenemos miedo.

UN JINETE: Mejor vámonos, señor. Esto se está poniendo feo.

            EMPERADOR: (Berrinchudo.) De ninguna manera. (Se dirige al público.) Díganle a esos ilusos cuál es el sentimiento más importante del mundo. (Entre Luzazul, Folo y su mamá, ya en forma humana, responden que no tienen miedo.) ¡Aléjense de mi presencia! (Tratando de unir a la gente en un llamado a no tener miedo, hasta los Jinetes gritan con los niños.) No se atrevan a repetir esas horribles palabras. No las soporto, no. No puedo más... ¡Si creen que me han derrotado, pues se equivocan! Tarde o temprano volveré. Sé que en un rincón de sus corazones, sienten un poco de miedo. En fin. Esperaré que el momento llegue, y cuando así suceda, conocerán la magnitud de mi furia. (Tras una orden, los Jinetes se llevan al Emperador.) Nada más esperaré un descuido de su parte y van a ver de lo que el miedo es capaz.

            FOLO: Pues aquí lo estaremos esperando.

            LUZAZUL: Y cuando eso suceda, segurito que nos encontrará más fuertes y convencidos de que todos los problemas y todos los miedos se pueden resolver.

            FOLO: A ver, ¿quién me quiere comprar un poco de confianza?

            LUZAZUL: Se las vendemos a buen precio. Sólo basta que usted lo quiera.

            LOS ADULTOS: Barato. Es una oferta permanente y hecha especialmente para usted. Si no sabe cómo se utiliza, pregúntele a su corazón. Confianza, en paquete le sale más económico. Nada más atrévase a vivir y sabrá lo sencillo de utilizar su confianza. En la compra de un millón de confianzas le regalamos otro millón. No acepte imitaciones, compre la original, la auténtica, confianza. Diga no a la piratería. La confianza es inimitable, insuperable, y está completamente al alcance de su mano. (Así vendiendo se despiden.)

Ciudad de México, junio del 2003

fzavar_7@hotmail.com

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