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¡VUELVO ENSEGUIDA!

de Raimundo Francés

Esta obra ha sido cedida por el autor para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización se inserta al final del texto su dirección electrónica.

 

¡VUELVO ENSEGUIDA!

 

(Sainete)

 

De: Raimundo Francés

bea45azul@yahoo.com

 

(Sainete en dos actos para cuatro personajes femeninos)

 

Es jueves. Casilda, una chica de profesión Enfermera que vive sola con su madre llama a una señorita profesional de la agencia inmobiliaria para que venga a ver su casa que está en venta, según se ve en el cartelito de la fachada. También llama a una amiga que vende una olla a presión de fabricación alemana para que celebre una reunión de ventas, también en su casa. Cita a las dos el mismo día y a la misma hora, a las nueve de la mañana. Cuando llegan las dos, Casilda alega que tiene que salir con urgencia a buscar unas medicinas para su madre, dejándolas allí esperando, con la anciana.

 

Escenario: Imitación de un salón con el mobiliario de rigor, mejor algo antiguo. Debe contener un sofá y al menos dos sillas y una mesa de comedor.

 

Vestuario: La anciana, una especie de bata para estar en casa. Casilda, vestida de calle pues se dispone a salir. Las dos invitadas, con un traje de chaqueta porque vienen de ‘’trabajo’’ y cuidan su imagen de presentación.

 

La anciana aparecerá en escena en una silla de ruedas. Puede ser de tipo convencional, de las que conducen las personas auxiliares. También será necesario disponer de una aspiradora que en un momento dado se pondrá a funcionar, aunque solo durante un minuto para no agobiar al público.

 

 

ACTO PRIMERO

 

 

Se abre el telón.

 

Han llamado a la puerta.  Casilda está haciendo un breve monólogo antes de abrir. Luego, abre y aparece la chica de la agencia.

 

CASILDA   ¡Menos mal! La primera ya está aquí, y ha sido puntual. Espero que la otra también lo sea. ¡Voy! ¡Un momento!

 

¡Hola, buenos días! Usted debe de ser la señorita con la que hablé, de la agencia de inmobiliaria, ¿verdad?

 

TOÑI   Sí, señora, soy yo. Tenga mi tarjeta. Mi nombre es Antonia Garrido, pero me dicen Toñi. ¿Se puede pasar?

 

CASILDA ¡Claro, hija! Pase, pase. No olvide que usted está en su casa.

 

TOÑI Sí, todavía sigo en SU CASA, de momento.

 

CASILDA ¿Cómo dice?

 

TOÑI Pues eso, que sigo trabajando en la agencia “SU CASA”.

 

CASILDA ¡Ah, ya! Perdone, es que no sé en qué estaba yo pensando.

 

TOÑI Supongo que esta es la casa que usted quiere vender, ¿no es así?

 

CASILDA Sí, hija. Esta es. Y conste que la vendo con dolor de mi corazón porque siempre perteneció a la familia y ahora es mía. ¡Bueno! Quiero decir que es mía y de mi madre, que ahora se la presentaré. Espere aquí, que la voy a traer al salón. Es que ya es mayor, ¿sabe?

 

TOÑI Ya. No se preocupe. ¡Vaya! ¡Vaya usted! Tranquila, que tengo toda la mañana.

 

CASILDA ¿Ah, si? ¡Ay que bien!

 

                                   A esto, Casilda sale del escenario en busca de su madre. De pronto, suena el timbre de la puerta. Toñi se pone a mirar por todas partes porque no sabe qué hacer. Se muestra indecisa.

 

TOÑI   ¡Señora! ¿Señora? Están llamando a la puerta. ¿Señora?

 

                                   Al ver que siguen llamando a la puerta, se decide a abrir. Entonces, aparece Amparo, con ímpetu, cargada con una caja grande y su bolso a la bandolera. Como si estuviese en su propia casa, se adentra, suelta la caja en el suelo y pone su bolso encima de la mesa.

 

AMPARO ¡Buenos días! ¡Ay! Vengo chorreando de sudor  hasta los pies. ¡Casilda, si yo no tuviese esta pensión tan asquerosa que me ha dejado mi difunto marido, no estaría aquí, cargando este tiesto para poder ganarme 30 euros miserables! ¡Casilda! ¿No está Casilda?

 

TOÑI Si se refiere usted a la señora de la casa, ella ha ido a la habitación de su madre.

 

AMPARO ¡Ah, ya! Usted debe de ser una de las amigas de Casilda, ¿no?

 

TOÑI ¿Quién, yo? ¡Que va! Yo soy Agente de la propiedad inmobiliaria y he venido a esta casa para peritarla. ¿Quiere usted una tarjeta? Tenga, por si algún día necesita de nuestros servicios.

 

AMPARO Gracias. Ahora cuando me ponga cómoda, le daré una de las mías. Es que yo me dedico a vender ollas de fabricación alemana, ¿sabe usted? El mes pasado vendí catorce, y este mes voy ya por siete, pero todavía me queda el día de hoy, y otra reunión que espero hacer el jueves que viene.

 

 Es que Casilda, a la que conocí la semana pasada, me ofreció su casa hoy para hacer una reunión con algunas amigas de su peña rociera, ¿comprende?  Por cierto, ya deberían estar aquí, porque quedamos a las nueve.

 

                               A esto, aparece Casilda con la madre en la sillita de ruedas.

 

CASILDA ¡Hola, Amparo! ¡Buenos días! ¡Ya sabía yo que tú eras puntual!  Mamá, te voy a presentar. Mira, esta es Amparo, la mujer que conocí el otro día en el chalet de Maribel, y que viene a dar una charla a otras cuatro vecinas, para lo de la olla.

 

AMPARO ¿Cómo está usted?

 

TERESA ¿Cómo quieres que esté hija? Aquí, en esta silla, hecha una pobre inútil.  

 

CASILDA No le haga caso Amparo. Que ella está muy bien. Y goza de buena salud. Lo que pasa es que le gusta quejarse de todo.  Mamá, esta es la señorita Toñi, la chica de la inmobiliaria que viene a ver la casa.

 

TOÑI Encantado, señora. Siento que venda usted esta casa tan... tan pintoresca.

 

TERESA Sí. Muy pintoresca, pero es un coñazo de casa. Tantas habitaciones, todas tan grandes, tan lejos una de otra, tan sucias porque para limpiarla hace falta una contrata, y tantos muebles, y tantas lámparas, y tanta vajilla cogiendo polvo. ¡Qué asco! ¡Como para no venderla!  ¡Y encima, la levantan a una a las ocho de la mañana!

 CASILDA Pero, mamá, ¿no me dijiste que tú también querías estar presente en la reunión de la olla alemana?

 

TERESA Sí, pero ¡coño, no tan temprano! ¡Ni que fuera esto una reunión de la ONU!

 

AMPARO Oiga, Casilda, ¿Y las amigas? ¿No iban a asistir cuatro de sus amigas?

 

CASILDA Sí,  mujer, ahora vendrán. Es que estarán dando de desayunar a los niños, o estarán terminando de maquillarse y de ponerse guapas, que usted sabe cómo somos las mujeres, que para ver una olla exprés, nos ponemos como si fuésemos a una boda exprés. Además, a esta hora punta suele haber mucha caravana y a lo mejor tienen que repostar gasolina.

 

AMPARO Ya, lo digo porque ya pasa de las nueve y tengo que explicar muchas cosas.

 

CASILDA Usted no se preocupe mujer, que hay tiempo para todo. Lo mejor es que para tomar fuerzas, se preparen ustedes un cafetito y se lo tomen aquí con mi madre. Y luego, pueden ustedes ocuparse cada una de lo suyo, Amparo, de la reunión, y usted señorita de ver bien la casa y de tomar nota de todos los detalles importantes para explicarlo bien a sus clientes.

 

TOÑI ¿Pero es que usted no va a estar aquí?

 

AMPARO ¿Pero, no iba usted a estar presente en la reunión de la olla?

 

CASILDA Sí, mujer. Lo que pasa es que tengo que salir un momento a sacar de la farmacia de la esquina un medicamento que es vital para mi madre. Anoche se acabó el último comprimido y tengo que ir ahora que está abriendo la farmacia. Pero vuelvo enseguida.

 

AMPARO Entonces, ¿la esperamos?

 

CASILDA No, no hace falta, que yo ya conozco la olla. Ustedes pueden empezar sin mí, pero cuando vuelva me incorporo, porque no creerá que me voy a perder ese reloj y ese abanico que me va a regalar por ser la anfitriona ¿verdad?

 

AMPARO No solo eso. Además, si usted me compra esta vez la olla, se ahorrará el cincuenta por ciento.

 

CASILDA Y si mi madre le compra otra, también se ahorraría el cincuenta por ciento, ¿no?

 

AMPARO Por supuesto. Al fin y al cabo, ella es la dueña de la casa.

 

CASILDA Entonces, si yo me ahorro el cincuenta y mi madre el otro cincuenta, nos da una olla gratis y nosotras nos la repartimos para las dos.

 

AMPARO Bueno, eso tendría que consultarlo. Pero todo se hablará.

CASILDA Vale. Me marcho. Señorita, usted, como si estuviera en su casa. ¡Ay, perdón! Que usted trabaja para la agencia ‘’Su Casa”, ya me lo ha dicho antes.  

 

TOÑI Gracias, no se preocupe, que no le voy a causar ninguna molestia.

 

AMPARO Y por mí, tampoco se preocupe que esta casa la cuidaré como si fuese la mía propia.

 

CASILDA Y de paso, cuiden mientras de mi madre, por favor, que a veces pide un vasito de agua para tomarse alguna pastillita.

 

AMPARO Por favor, Casilda, faltaría más. Vaya tranquila a la farmacia.

 

CASILDA Bueno, si me retraso un poquitín, no se alteren ni llamen a la policía. Es que el medicamento de mi madre lo fabrican en Australia, y es muy especial, y a veces tengo que acercarme a otra farmacia de esas tan grandes a buscarlo.

 

TOÑI  Usted haga lo que tenga que hacer, que lo importante es la salud de su madre. Nosotras estamos aquí y nos hacemos cargo de todo. Incluso si hay que dar a su madre un vasito de agua con alguna pastillita.

 

CASILDA Ya sabía yo que podía confiar en ustedes. Me voy. Vuelvo enseguida. ¡Ah, Amparo! No se olviden de que en el frigorífico hay de todo, por si les apetece tomar un refrigerio o alguna cosilla.

 

AMPARO Es usted muy amable. Muchas gracias. A lo mejor, una coca-cola a las amigas asistentes.

 

CASILDA Coca cola, o güisqui, o helado de turrón, champán... lo que les apetezca.

 

TOÑI Gracias, señora, pero no será necesario.

 

CASILDA Hasta luego. Mamá, quédate tranquila que estás en buenas manos. Y yo, estoy de vuelta en unos minutos.

 

                         Sale Casilda del escenario y las dos visitantes se miran un momento sin saber qué hacer. A la abuela le falta tiempo para hablar.

 

TERESA   ¡Me estoy meando!

 

TOÑI ¿Cómo dice, señora?

 

TERESA ¡Que me meo!

 

AMPARO Bueno, y si se mea, ¿qué pasa?

TERESA Pues, supongo que alguna de ustedes me tendrá que llevar al baño, ¿no? Ya que están ustedes aquí...

 

TOÑI Señora, es que yo no tengo mucha práctica, ¿comprende? La verdad es que yo solo he venido a ver esta casa porque llamaron a mi oficina diciendo que usted quería venderla, ¿no es cierto?

 

TERESA Sí, eso es cierto. Pero antes de venderla, tengo que mear.

 

AMPARO Déjelo. Ya yo me encargo, que yo tengo más experiencia. Mi padre era mutilado de guerra y yo tuve que llevarlo al baño miles de veces. Y mi padre pesaba más que esta señora.

 

                           Cuando Amparo se acerca a la buena anciana para conducirla al baño, ella, sin mirarla, y de mala manera, le grita.

 

TERESA ¡Ya no hace falta!

 

AMPARO ¿Cómo dice?

 

TERESA Que ya se me han pasado las ganas.

 

AMPARO ¿Ah, sí? Bueno, pues mucho mejor. Creo que mientras vienen esas “Marías”, me voy a preparar un cafetito. ¿Quiere usted uno señorita?

 

TOÑI No, gracias. Acabo de desayunar en la cafetería de enfrente.

 

TERESA ¡Oiga! ¡Póngame la tele!

 

TOÑI ¿La tele? ¡Ah, sí, la tele! ¿Quién tiene el mando?

 

TERESA  ¡El mando lo tengo yo!

 

TOÑI ¿Lo tiene usted? Entonces, si lo tiene usted, ¿por qué no conecta la tele?

 

TERESA Porque lo tengo aquí debajo.

 

AMPARO ¿Debajo? ¿Debajo de donde?

 

TERESA Pues, ¿de donde va a ser? Debajo del culete.

 

TOÑI Pues, señora, yo usted lo cogería, que lo tiene más cerca. Porque usted acciona las manos muy bien, que la hemos visto rascarse la cabeza dos veces.

 

TERESA Sí, las manos, sí puedo moverlas, pero no puedo levantar el culete. ¿Es que no se han dado cuenta de que estoy paralítica de cintura para abajo?

TOÑI Señora Teresa, no pretenderá usted que yo le meta la mano ahí debajo, ¿verdad?

 

TERESA ¿Usted quiere vender mi casa, sí o no?

 

TOÑI Pues..., sí.

 

TERESA   Entonces, acérquese y coja el maldito mando de la tele que está debajo de mi culo, ¡coño!

 

TOÑI   Señora, es que...

 

AMPARO Déjelo, señorita, ya me encargo yo.

 

                             Amparo le mete la mano y saca el mando despacio, con solo dos dedos, con la mano extendida,  poniendo cara de asco, e intenta dárselo a Toñi.

 

TOÑI ¿A mí?  ¿Y por qué me lo da a mí? (También poniendo cara de asco)

 

AMPARO Es que yo no se cómo funcionan estas cosas. En mi casa, es mi marido el que lo entiende. Además, como yo no veo la tele porque me llevo todo el día vendiendo ollas de fabricación alemana, pues...

 

TOÑI Es que huele... huele muy mal. ¡Vamos, huele fatal!

 

                      (La abuela esconde la cara para disimular la risa)

 

AMPARO ¿A qué huele?

 

TERESA ¡A ‘’meao”! ¿A qué quiere usted que huela?

 

AMPARO Pero, señora Teresa, ¿No quería usted ir al baño a hacer pis allí?

 

TERESA Sí, pero no querrá que me lleve toda la mañana esperando a que me ayude, ¿no?

Cuando yo diga que me estoy meando, ustedes me tienen que llevar corriendo. Me tienen que levantar en brazos, sentarme en la taza, luego me tienen que lavar, me tienen que cambiar el dodoti, sentarme en la sillita y traerme al salón a ver la tele. ¡Lo normal!

 

AMPARO ¡Pues, vaya! Y, si tenemos que llevarla la próxima vez que se esté meando, ¿le importa decirnos donde está el cuarto de baño?

 

TERESA Pues, es muy fácil. ¿Ve usted ese pasillo tan largo que hay ahí? Solo tiene que llegar hasta el fondo, luego, otro pasillo a la izquierda, luego enfrente hay una puerta, se atraviesa ese patio interior y a la derecha está el cuarto de baño.

AMPARO (Rascándose la cabeza como viéndolo un poco complicado) Ya entiendo. Oiga, en esta casa no habrá ningún radar, ¿verdad? Lo digo por lo de los puntos, no me vayan a quitar el carné por exceso de velocidad.

 

TERESA ¡Bueno, qué pasa! ¿Me va a poner la tele o qué? 

 

AMPARO Primero tendré que ir y lavar esta cosita, ¡no?

 

TOÑI No, Amparo, le aconsejo que no lave ese aparatito. Es mejor que lo limpie con un pañito humedecido en un poco de alcohol.

 

AMPARO ¡Vale! Supongo que habrá un poco de alcohol en el botiquín del cuarto de baño.

 

TERESA Sí, aquí de esas cosas no falta nada. Y si no lo encuentra, en la nevera creo que queda un poquito de vino tinto en un tetrabrick.

 

AMPARO ¡Bueno, ya encontraré algo! Con su permiso.

 

                                (Amparo sale del escenario hacia un cuarto de baño)

 

TERESA   ¡Quiero desayunar!

 

TOÑI   ¿Desayunar?  ¿Y quien le da a usted el desayuno?

 

TERESA Pues, ¿Quién va  a ser? Usted misma.

 

TOÑI   ¿Yo? Señora, perdone pero yo...

 

TERESA ¿Usted no quiere encargarse de la venta de mi casa?

 

TOÑI Pues...yo... si es posible, si.

 

TERESA   ¡Pues, claro que es posible! Pero antes me tiene usted que dar el desayuno, ¡caramba! ¿No está usted viendo que estoy en una silla de ruedas?

 

TOÑI Es que yo tenía que ver la casa totalmente, medir los huecos, ver las instalaciones, y todo eso es muy entretenido, ¿comprende?

 

TERESA ¡Ande, ande! Que eso se hace en un cuarto de hora. Ahora, usted se va a la cocina, me prepara un buen desayuno y luego me lo da porque yo no me puedo valer por mí misma. ¡Ya quisiera!

 

                            (Ahora aparece Amparo)

 

AMPARO   ¡Bueno, señora Teresa! Ya está limpio el aparatito este. ¡Tome señorita! Ya puede ponerle las noticias.

 

TERESA   ¡Qué noticias! ¡Por Dios! Noticias de esas de bombas, de tiros, de niños muertos, de eso no quiero ver nada que se me quitan las ganas de desayunar. A mí me pone el programa de Juan Imedio, que con ese por lo menos me río un poco.

 

AMPARO Pero, señora Teresa, es muy temprano. Ese programa lo pasan más tarde. Ahora hay noticias, saber vivir y dibujos animados.

 

TERESA   Pues, a mí no me ponga tonterías de esas. A mí me pone algo gracioso. Mire a ver si están poniendo un capítulo del inglés ese con cara de espantado.

 

AMPARO   ¡Oiga, señora Teresa! ¿Sabe usted si la farmacia está muy lejos de aquí?

 

TERESA   ¡No tengo ni pajolera idea! Yo llevo años sin salir de casa y ahora, según dicen, en esta zona, donde antes había una farmacia o una frutería o una ferretería, hay una agencia de inmobiliaria. ¿Por qué lo pregunta?

 

TOÑI Es por su hija, que se está tardando un poquito, ¿no cree?

 

TERESA   ¿Mi hija? ¡Ah, sí! Es que seguramente no encuentra aparcamiento. Dicen que está la ciudad cada día peor. ¡Ay, con lo bien que estaba mi ciudad hace años! 

 

AMPARO Pero, no creo que su hija se tarde mucho. Ella sabe que la estamos esperando para la reunión.

 

TERESA   Sí, pero ustedes vayan a lo suyo, ¡eh¡ Que algunas veces mi hija dice que va a un supermercado que hay ahí enfrente a comprar café y aparece a las dos de la tarde.

 

AMPARO Pues, espero que hoy no necesite café. Yo, por si acaso no me lo voy a hacer no sea que le falte. ¿Usted no tomará café, a su edad, verdad señora Teresa?

 

TERESA Yo, sí. ¡Y bien cargado!

 

AMPARO ¡Coño! ¿Y no le sube la tensión?

 

TERESA ¡Qué tensión, ni qué leches! A mí, lo único que me sube es la factura del teléfono. Cuando llamo al médico de guardia, me cuesta más la llamada que si le hiciera una visita privada a su consulta. (Imitando la voz de una grabación) “Un momento, que enseguida le atenderemos. Diga usted su nombre completo. Ahora diga usted su número de afiliación. Ahora díganos su DNI. Ahora diga su dirección completa. Ahora diga su número de teléfono y si tiene móvil dígalo a continuación. Ahora díganos el motivo de su llamada. Ahora, conteste a nuestras preguntas.  ¿Se trata de una enfermedad crónica? Si es afirmativo pulse asterisco, si la respuesta es no, espere a la siguiente pregunta. ¿Es la primera vez que ha notado esos síntomas?  Si la respuesta es positiva pulse asterisco. Si es negativa espere a la siguiente pregunta. ¿Algún miembro de su familia ha padecido o padece su enfermedad? Etc.”

 

  Y cuando ya parece que ha terminado ese cuestionario que es más largo que un viaje a Murcia en Avión, porque dicen que hay que pasar primero por Manchester, entonces, la vocecita esa de mierda te dice: ‘’Ahora le repetimos todas sus respuestas para asegurarnos de que no ha habido error”.  Un día me sentí muy malita y cuando empezaron las preguntas, pedí un taxi, me llevó al hospital, me observaron, me trataron y el mismo taxi me trajo a casa. Cuando llegué todavía estaba la vocecita haciendo las últimas preguntas.

 

AMPARO ¡Qué barbaridad! Muchas veces me he preguntado si los médicos serán accionistas de la telefónica.

 

TOÑI   Señora, ¿si le preparo el desayuno, me dejará usted que pase y vea la casa?

 

TERESA Sí, pero antes tendrá que cambiarme y ponerme una bata limpia.

 

TOÑI ¿Yo? Pero, ¿no cree usted que esas cosas las debiera hacer su hija?

 

TERESA ¡Mi hija? ¡Ja, ja!  Mi hija debe estar ahora nadando los cien metros libres.

 

AMPARO ¿Cómo dice usted?

 

TERESA Que mi hija está en la piscina, que le toca los jueves.

 

AMPARO ¿Pero, cómo? ¿No iba a por unos medicamentos a la farmacia?

 

TERESA ¿Qué medicamentos ni que puñetas? Estará en la piscina con sus amigas, y luego se irá al mercadillo del jueves a comprarse unos trapitos, y después se irá al mesón a tomarse unas cañas y unos montaditos, como siempre.

 

TOÑI   ¡Jo, qué jeta!

 

AMPARO ¡Jo, qué fuerte, no? ¿Y ahora qué hacemos? Entonces, lo de la reunión...

 

TERESA ¡Bueno! Si usted quiere hacer la reunión para nosotras tres, a lo mejor esta señorita le compra una olla de esas.

 

TOÑI ¿Yo? No, señora, a mí no me interesa comprar ninguna olla, que yo vivo con mis padres y en casa la única que cocina es mi madre, y ella tiene de todo.

 

AMPARO Pues, en vista de lo ocurrido, yo me voy a tener que marchar, que tengo que preparar una reunión para esta tarde.

 

TOÑI Yo también me tengo que marchar. Ya veré la casa en otro momento. Pero, de momento, ya tengo una idea y podemos ir haciendo una valoración estimativa. Señora, siento mucho no poder ayudarle, pero su hija seguramente le enviará alguna asistenta, porque usted tendrá una asistenta ¿no?

 

TERESA ¿Asistenta? ¡Pero si nosotras estamos arruinadas, por Dios! ¡Cómo íbamos a pagar una asistenta! Mi pensión apenas me llega para pagar la factura de telefónica y mi hija se lo gasta todo en cirugía estética, en ropita nueva, en potingues, en el gimnasio, en la piscina, en cervecita, y lo que le queda se lo juega en el bingo.

 

AMPARO Pues, deberían ustedes hacer algo, ¿no?

 

TERESA ¡Vender la casa! ¿Le parece poco? Menos mal que esta casa vale una fortuna y con eso podremos ir tirando unos años.

 

TOÑI ¿Una fortuna? ¡Pero si esta casa está para reformarla entera! ¡Pero, si es la casa más vieja y más antigua que he visto en mi vida!

 

TERESA Sí, pero tiene que valer mucho dinero. Es que seguramente mi hija no se lo ha dicho, pero yo se lo diré si me promete ser prudente y no hablar de ello. Es un secreto.

 

TOÑI Usted dirá.

 

TERESA Es que esta casa, así a simple vista, es un viejo chozo, pero es enorme y perteneció a la familia real antes que a mis padres.

 

TOÑI ¿En serio? 

 

TERESA ¡Como se lo estoy diciendo! Aquí es donde el padre del monarca se reunía con sus amiguetes a jugar la partidita y a dar rienda suelta a sus instintos con las fulanas que se traía de Portugal. ¡Vamos! Nosotras tenemos una habitación ahí, que está cerrada y ni siquiera hemos lavado las sábanas de la cama porque no queremos que se pierda el olor a... usted sabe...‘’a la realeza”.

 

También sabemos que se la dejaba a otros nobles para que pasaran aquí unos días de descanso. Lo que ocurre es que esto solo lo saben algunas instituciones del estado y algunos personajes de la nobleza, que darían un dineral por poseer esta casa.

 

TOÑI Todo eso es muy interesante. Entonces, ¿usted cree que esta casa se podría vender por medio millón o algo así?

 

TERESA ¿Cómo dice? ¿Medio millón? ¡Pero, por favor, si medio millón me dan solamente por la cómoda de caoba que tengo en mi dormitorio! ¡Por Dios y la virgen santa!

 

TOÑI Perdone señora, quiero decir de euros.

TERESA ¿Y cuanto es eso en pesetas?

 

TOÑI Unos ochenta y tres millones.

 

TERESA ¿Nada más? ¡Ande, ande! Se nota que usted todavía no tiene mucha experiencia en valoración de buenas viviendas! Yo levanto el teléfono ahora mismo y le aseguro que me sale un cliente que me daría por ella más de cinco millones de los euros esos.

 

AMPARO ¡Coño! ¡Qué barbaridad!  Oiga, señora Teresa, ¿no tiene usted ganas de hacer pis? Si quiere la puedo llevar al baño un momentito.

 

TERESA Pues, ahora que lo dice, me están entrando ganas otra vez, porque a mi edad no sé que es lo que me pasa que debo de tener los muelles bastante flojillos.

 

AMPARO ¡Vale! Pues, la llevo y cuando usted termine me da un grito y vuelvo a cambiarla. Oiga, Toñi, usted no se me mueva de aquí que tenemos que hablar.

 

                                      (Sale Amparo con la abuela y Toñi aprovecha para hacer una llamadita)

 

TOÑI   ¡Buenos días, jefe! Sí, todavía estoy aquí pero ya le contaré. Creo que tenemos aquí la operación del año. Cuando le lleve los datos, no se lo va a creer. Me va a tener que subir el sueldo.  Y no se olvide de respetar mi comisión. Luego nos vemos. No se a qué hora podré volver pero antes de que usted cierre la agencia, estaré ahí con un negocio a la vista que le va a quitar el sueño. ¡Hasta luego, jefe!

 

                                      (Aparece Amparo)

 

AMPARO ¡Oiga, Toñi! Bueno, es mejor que nos tuteemos, que ya llevamos casi media vida conviviendo, ¿no?

 

TOÑI   Sí, mujer, al fin y al cabo somos dos personas jóvenes.

 

AMPARO Verás, es que tengo una curiosidad. Si tú te encargas de vender esta casa en cinco millones de euros, ¿Cuánto te ganas?

 

TOÑI Pues,  un seis por ciento por una parte y un cuatro por la otra. Lo que dice el convenio.

 

AMPARO Bueno, yo no soy muy buena en matemáticas, pero como yo también me gano un diez por ciento cuando vendo una olla, me hago las cuentas de que la olla vale cinco millones y ... (hace como que opera en un papel encima de la mesa)  ¡Coño! ¡Qué barbaridad! ¡Qué burrada! O sea, que, si tú vendes esta casa te ganas una cosa así como quinientos mil euros de los de ahora, que es como ochenta y tres millones de pesetas...

 

TOÑI Verás, en realidad eso se lo lleva la agencia, pero a mí me dan un porcentaje de esa cantidad que no está nada de mal. Unos dieciséis millones, creo yo.

AMPARO ¡Joder! ¿Tú tienes idea de la cantidad de ollas que yo tendría que vender para ganar ese dinerito? Pues tendría que llevarme como unos treinta años vendiendo ollas, luego morirme, volver a nacer y llevarme otros treinta años vendiendo. ¡Oye! ¿Tú no crees que deberías reservarme a mí una parte de esa comisión tuya? Al fin y al cabo, las dos estamos juntas en esto, ¡no?

 

TOÑI ¡Pero, Amparo, por favor! ¡Esto es mi trabajo y no el tuyo! Tú no tienes ninguna relación con mi agencia, y no tenemos por qué compartir nada contigo. ¡Estaría bueno!

 

                              (A esto se oye la voz de la abuela)

 

TERESA ¡Ya he terminado! ¡Que alguien venga a limpiarme y a cambiarme el dodoti!

 

AMPARO (Con cara de especialista en eso de la extorsión) ¡Ya sabes! La señora te está esperando para que la limpies. No te tardes porque podría tener un accidente doméstico, y tú serías la responsable.

 

TOÑI ¿Yo? ¡Pero si has sido tú quien la ha llevado!

 

AMPARO Sí, hijita, pero, si te vas a llenar las manos de dinero, antes te las tienes que llenar de mierda ¿no? Porque siempre se ha dicho que una cosa trae la otra. Así, que ¡andando!

 

TOÑI Bueno, Amparo, y si te hago un regalito, te encargas tú de...

 

AMPARO ¿Un regalito de cuantos ceros?

 

TOÑI   Pues, ¿qué te parece tres mil euros?

 

AMPARO ¡Seis mil!

 

TOÑI ¡Jo! ¡Esto suena a chantaje!  ¡Bueno, vale! Seis mil.

 

AMPARO ¡Eso está mejor! ¡Ya nos vamos entendiendo! ¡Ea! Vamos a limpiar a la abuela que por seis mil euros esto es como cuando limpiaba a mi difunto padre.

 

                                 (Sale del escenario a limpiar a la abuela y aparece con ella al cabo de unos segundos. Mientras, Toñi, llama a su casa)

 

TOÑI   ¡Mamá! ¡Mira! A lo mejor no voy a comer. Es que estoy cerrando una operación de mucho dinero. Creo que ya me voy a poder comprar el pisito ese para irme a vivir con mi novio. Ya te contaré. ¡’Ta luego, mami!

 

                                 (Aparece Amparo arrastrando la sillita con la abuela)

 

AMPARO  ¡Bueno! Pues las señoras de mi reunión deben de estar muy ocupadas con sus cosas y no han podido venir.

 

TOÑI Entonces, doña Teresa, usted y yo podemos ya firmar un precontrato, o un contrato provisional para yo vender esta casa, ¿verdad?

 

TERESA La verdad es que no me importaría, pero hay un pequeño problema.

 

TOÑI ¿Problema? ¿Cuál?

 

TERESA Pues, que como yo soy ya un poco mayor, aunque soy la dueña de esta casa, los papeles están a nombre de mi hija. Ella es la que tiene que hacer el trato.

 

AMPARO ¡Bueno!, pero su hija está decidida a que Toñi se haga cargo de la venta de esta casa, ¿verdad?

 

TERESA Supongo que sí, pero mi hija es un chocho loco. Quiero decir, muy voluble. Igual, cuando vuelva, viene diciendo que ya no quiere vender la casa, porque cuando llega y ve estas habitaciones tan abandonadas, la ropa sin lavar, el suelo sin ver una fregona desde hace dos meses, el polvo de los libros y todo esto por medio, se desmoraliza y le entran ganas de mudarse y declararla la casa en ruina para derribarla después. Y es una pena ¿verdad?

 

AMPARO Entonces, doña Teresa, si nosotros le damos un buen limpiado a la casa, lo ordenamos todo bien, lavamos las cortinas, los manteles, las sábanas, limpiamos los cuartos de baño y arreglamos completamente el jardín de atrás, ¿usted cree que su hija se animaría a enseñarla para venderla?

 

TOÑI ¿Cómo enseñarla? Querrás decir, a firmar el contrato conmigo, ¿no?

 

TERESA ¡Seguro! ¡Vamos, si se encuentra la casa como una patena, estoy segura de que se anima y le encarga a usted que le busque un cliente, antes de que se ensucie otra vez!

 

AMPARO   ¡Eso está hecho! Pues, ya sabes, Toñi, ¡manos a la obra! Al fin y al cabo, si no hay reunión de olla, es mejor aprovechar el tiempo. Y tú, Toñi, limpiando toda la casa, sus muebles, sus lámparas y sus muebles, la conocerá mucho mejor para poder enseñarla después a los distinguidos clientes que vendrán a comprarla.  Entre las dos vamos a dejar esta vieja y sucia casa que no la va a conocer ni su padre. ¡Bueno, perdón!

 

TOÑI ¡Qué le vamos a hacer! ¡Todo sea por un buen negocio! Quiero decir, todo sea por ayudar a dos personas que no pueden mantener esta casa como merece.

 

TERESA ¡Ay, qué buenas son ustedes! ¡No saben cómo se lo vamos a agradecer! Quiero decir, cómo esta casa se lo va a agradecer. En el office hay de todo, detergente, cepillos, dos fregonas, una aspiradora de las grandes... ¡vamos, de todo! Yo mientras, me distraigo un poco viendo la tele y voy supervisando el trabajo.

                            (Las dos visitantes salen del escenario como hacia el interior de la casa haciendo gestos de tener un gran negocio a la vista, mientras que la abuela se entretiene con las teclas del mando haciendo gestos de risa disimulada, y se va bajando el telón) 

 

                                          FIN DEL PRIMER ACTO.

 

 

 

 

 

SEGUNDO ACTO

 

Se sube el telón y aparece Amparo, como cansada, limpiando el polvo de unos muebles simulados, y a Toñi con una aspiradora, también agotada, con una mano en la zona de los riñones, como si estuviera sufriendo un dolor de lumbago.

 

A esto, se abre la puerta de entrada y se cuela Casilda con un par de bolsas de ‘’El Corte Inglés’’ y se expresa muy contenta.

 

CASILDA ¡Uy! ¡Qué bien! ¡Así da gusto! ¡Hay que ver como está la casa! ¡Si parece otra! Pero, ¿Por qué os habéis molestado?

 

AMPARO ¡No, qué va! ¡Si no es molestia! Es que verás, la estábamos esperando, pero como se estaba retrasando un poquito, hicimos la reunión, sus amigas me compraron una olla cada una y hemos quedado para la siguiente reunión en casa de una de ellas, la semana que viene. Y como era temprano y viendo que usted no llegaba y como su madre está como está, así, la pobre, pues dijimos, ¡vamos a hacerle las labores del hogar entre las dos! Total, un día por ti, y otro día, por mí. ¿Verdad, Toñi?

 

CASILDA Pues, me parece muy bien. Siento haber tardado. Es que en la farmacia de la esquina se había agotado ese medicamento tan especial y anduve buscándolo por toda la ciudad. Al final, tuvieron que encargarlo urgentemente a Barcelona. Y preferí esperar a que llegara en lugar de volver a la farmacia. Y llegó por fin, hace media hora.

 

TOÑI ¡Qué raro! ¿Y por qué medio se le envían, por avión?

 

CASILDA Sí, claro. Es igual que el envío de órganos para un trasplante. Porque, la rapidez es la que salva al paciente. Si yo no le diese a mi madre esta pastillita hoy, pues podría morir sin remedio.

 

AMPARO ¿Ah, sí? ¡Que fuerte, no?

 

TOÑI   Y el servicio ese tan urgente por helicóptero... ¿Quién lo paga, la seguridad social?

 

CASILDA ¡No, hijita! Eso lo pago yo, naturalmente, pero como una puede... ¡Todo sea por la salud de una madre!

 

AMPARO ¡Y que lo diga!

 

CASILDA   ¡Oiga, señorita, qué limpia ha quedado esta alfombra! Se nota que usted está acostumbrada a limpiar alfombras, verdad?  ¡Qué limpio está todo! ¡Si parece una casa nueva!   A propósito... ¿dónde está mi madre?

 

AMPARO ¿Su madre? Pues, la hemos ayudado a hacer sus necesidades, la hemos duchado, le dimos el desayuno, le hemos cambiado el dodoti cuatro veces, luego le dimos el aperitivo, y después le dimos sus pastillitas y cuando estaba viendo el programa de Juan y Medio, se quedó dormidita como un bebé.

 

CASILDA ¡Coño! ¡Qué efectividad! ¡Qué dinamismo! ¡Cuanta energía! Entonces, hoy tampoco ha venido la enfermera.

 

AMPARO ¿Qué enfermera?

 

CASILDA Pues, la chica que viene todos los días a las diez a atender a mi madre y mirarle la tensión, curarle los pies, y todo eso.

 

AMPARO No, oiga, pues no ha venido. A lo mejor es que la muchacha se ha puesto malita con la regla.

 

CASILDA Pues, seguramente ha sido eso. Porque eso sí, esa chica, aparte de ser una gran profesional que pone muy bien las inyecciones, es muy responsable y no ha faltado jamás. Pero, de haberlo sabido, yo habría buscado una sustituta. Pero, es que una no puede estar en todo. ¡Son tantas cosas! Mi madre, la compra, las consultas médicas, la limpieza de la casa todos los días... ustedes comprenden.

 

TOÑI (Sacando la bolsa llena de polvo, con retintín) ¡Se nota, señora, que usted limpia la casa todos los días, se nota!

 

CASILDA ¡Bueno, hija! Todos los días no, pero al mes, dos o tres veces, seguro, ¡eh!

TOÑI ¡Ay, qué cansada estoy!

 

AMPARO ¡Yo, también!

 

CASILDA Pues, nada. Se sientan ustedes un poquito que les voy a preparar un cafetito con unas pastitas.

 

TOÑI Señora, es que ya  a estas horas, un café... Mejor no se moleste.

 

AMPARO   Es verdad, doña Casilda, mejor no se moleste, que ya solo queda hablar lo del contrato y nos vamos. ¡Bueno! Quiero decir, lo del contrato de la venta de la olla. Porque usted es la que firma el pedido y todo lo que sea para su madre, ¿verdad?

 

CASILDA Sí, yo lo firmo todo. Incluso la venta de esta casa. A propósito señorita, ¿ha tomado nota de todo?

 

TOÑI De todo. Y si no tiene inconveniente, he sacado algunas fotos de la chimenea, de esos cuartos de baño tan grandes, del jardín, con sus plantas, su estanque, su merendero, de todo eso que les gusta a los posibles clientes. ¡Oiga! ¿Es cierto que esta casa perteneció a la familia real?

 

CASILDA ¿A la familia real? ¡Ah, sí! ¡Claro! El rey, no este, el otro, venía aquí a descansar en verano cuando el pobre podía tomarse dos o tres días de vacaciones. Es que, usted sabe que los reyes con tanto trabajo, tantos viajes y todo eso, nunca se toman vacaciones.

 

AMPARO (Sin mirar a nadie y con un tono de burla) Pues sería el otro, porque este, cuando no está en el yate está en la nieve y cuando no está en la nieve ni en el yate está en el extranjero de vacaciones.

 

TOÑI Señora, y no es ponerme pesada, pero, ¿tiene ya pensado cuanto va a pedir por esta casa?

CASILDA Pues, la verdad es que no lo sé. Por eso la he llamado a usted, porque ustedes son profesionales y saben más que yo de eso. ¿No tendrá usted así, una idea, así por encima?

 

TOÑI Pues, su madre decía que ella pediría por lo menos cinco millones.

 

CASILDA ¿Nada más? Jolín, yo sabía que esta casa está para el derribo pero no sabía que diesen tan poco por ella.

 

AMPARO Doña Casilda, ¿Le parece poco cinco millones de euros?

 

CASILDA ¡Ah, ya! Es que me parecía muy barata. Oiga, hija. Y usted que es profesional, ¿Cuánto puede ser eso en pesetas?

 

TOÑI Pues, aproximadamente unos 800 millones de pesetas.

 

CASILDA ¡Ah, ya! Entiendo. (Levantándose de un salto) ¿Cómo ha dicho?

TOÑI Pues, no lo sé seguro pero si pertenecía a la casa real, sin duda que darán por ella ese dinero.

 

CASILDA Ya. Ya veo. Porque, eso de que esta casa fue un día del rey es lo que le da valor ¿verdad?

 

TOÑI ¡Claro, señora!

 

CASILDA Es lógico. Aunque si en vez de haber pertenecido a la casa real hubiese sido de un inspector de la RENFE, seguramente valdría mucho menos ¿verdad?

 

TOÑI ¡Lógicamente! En ese caso, no valdría más de cincuenta mil euros, es decir, unos ocho millones de pesetas.

 

CASILDA ¡Jo, qué pena! Quiero decir, qué pena no encontrar un cliente de esos extranjeros que son coleccionistas de casas que han pertenecido a la nobleza, ¿verdad?

 

TOÑI Pero, de eso no se preocupe señora, que hoy por Internet se encuentran esos clientes, así, a mogollón.

 

AMPARO Doña Casilda, aquí lo importante es convencer a su madre para que se decida a vender la casa ya antes de que se caiga abajo. ¡Vamos! ¡Debería convencerla para que se anuncie hoy mismo!

 

CASILDA No, si yo por mi... Lo que pasa es que conseguir que se venda en esos ochocientos millones como dice esta señorita, va a ser un poco difícil.

 

AMPARO ¡Que no, mujer! Que por vieja que esté la casa, siempre sale un jilipollas con millones que por presumir paga por eso lo que se pidamos... ¡Bueno! Quiero decir, lo que usted le pida.

 

CASILDA ¡Ya! Bueno, ya veremos.

 

                            (A esto, suena el teléfono)

 

CASILDA Quien coño llamará a estas horas, sabiendo que la gente necesita echar su siesta

Después de comer. Seguramente serán los de Vodafone que hasta te despiertan de madrugada para ofrecerte un móvil.

 

                             (Se levanta y toma el teléfono)

 

CASILDA   Dígame. ¡Ah! Muchas gracias por ofrecerme sus servicios, pero ya me he comprometido con otra agencia y le he dado la exclusiva. De todas formas, déjeme su teléfono y si la operación no sale bien con esta agencia, le aseguro que les llamo. ¡Vale! Adiós, adiós, buenas tardes. Es que como se enteren por ahí que una quiere vender su casa, no sé que ocurre, que enseguida te llueven las llamadas. Pero, como usted verá, Toñi, yo le he sido fiel, y mantengo mi compromiso con usted.

 

TOÑI Gracias doña Casilda, cuando usted diga, firmamos los papeles.

 

CASILDA Es que hoy estamos todas muy cansadas, y además, debo hablar con mi madre. ¿Qué le parece mañana, sobre las nueve? Estaremos aquí, esperándola.

 

TOÑI ¡De acuerdo! Tiene usted razón. No está bien que la agobie más por hoy. Además, mañana incluso podría traer a mi primer cliente. Seguro que tenemos algún interesado en nuestros ficheros.

 

CASILDA ¡Estupendo!

 

AMPARO Doña Casilda, si no le importa, yo quisiera venir también mañana a traerle la olla de fabricación alemana que su madre amablemente me ha comprado. ¿Qué le parece sobre las nueve?

 

CASILDA Por mí, no hay problema. Así, nos vemos todas, otra vez, igual que hoy, y nos tomamos otro cafetito.

 

TOÑI Pues, no se hable más. Hasta mañana, doña Casilda, y que tengan las dos un buen día. Muchas gracias por haberme atendido y por concederme su confianza. Estoy segura de que no se arrepentirá, porque va a hacer un buen negocio con ‘’SU CASA’’.

 

CASILDA Estoy segura. Adiós, y un millón de gracias por haberme dejado la casa tan limpia y tan ordenada. En realidad no debieron...

 

AMPARO ¡Por favor, doña Casilda, no nos de las gracias! Si ha sido todo un placer, ¿verdad Toñi?

 

TOÑI ¡Por supuesto! Hemos pasado un día estupendo.

 

                           (Ambas salen del escenario haciendo gestos de estar muy contentas ante el gran negocio de su vida)

 

CASILDA   Mamá, ya puedes salir.

 

                           (Aparece la anciana caminando normalmente y  riéndose a carcajadas)

 

CASILDA Mamá, no te rías más, que entonces sí que te vas a mear pero de verdad.

 

TERESA ¡Hija, es que esto ha sido para mearse! Es que si lo cuento a mis amigas no se lo creen. Ja, ja!

 

CASILDA ¡Bueno! Ya podemos llamar al secretario del juez de Madrid. Deja de hacerme reír ahora que tengo que ponerme muy seria.

 

                            (Toma el teléfono y marca)

 

CASILDA ¡Oiga! Mire, soy Casilda, la dueña de la casa de Santander. ¡Bien! ¿Y usted?

Verá, era para decirle que ya está la casa totalmente limpia, habilitada y ordenada. Puede decirle al señor juez que, ya está a su disposición. La llave la tiene la señora de la casa de al lado. Ella se levanta muy temprano.

 

 ¡Ah, si! Mañana me puede ingresar el resto de los quinientos mil euros. Fíjese, que la contrata de limpieza por un repasito de nada esta mañana me ha cobrado 900 euros. ¡Es que la vida está...! ¡Bueno! Lo dicho, dígale a su señoría que mi madre y yo le enviamos un saludo afectuoso, que aquello que no le sea útil puede mandar a retirarlo. ¡Ya verá su señoría como no se va a arrepentir de haber adquirido esta casa para sus vacaciones. ¿Cómo? ¿Qué si pueden ocuparla sobre las siete de la mañana para que el personal de servicio vaya preparando la cocina y los suministros? ¡Claro! ¡Como si quieren ocuparla esta misma noche! Ya es del señor juez. De acuerdo, muchísimas gracias. Adiós, adiós.

 

                                    (Cuelga el auricular)

 

¡Ay que ver, mamá, la protección que tienen estos jueces que llevan los casos de terrorismo, de droga y esas cosas tan serias! Dice ese hombre que antes de que llegue el personal de servicio, a las cinco de la mañana tienen que estar aquí ya los doce guardaespaldas.

 

¿Te acuerdas cuando volvimos el año pasado, cuando los vecinos nos pidieron que no vendiésemos la casa a ese juez porque cada vez que venía a pasar el mes de vacaciones la calle estaba llena de policías y cuando ellos volvían del supermercado los cacheaban y les registraban enterito el carro de la compra?

 

TERESA ¡Ja, ja!  Qué lástima no estar por aquí con una videocámara para poder grabar las caras de algunas. ¡Ja, ja!

 

CASILDA ¡Bueno! Ya hice todas las gestiones esta mañana. He sacado los billetes y ahora solo queda terminar de hacer las maletas y ¡Para Canarias, a nuestro pisito en la playa a disfrutar de ese clima el resto de nuestra vida! Por cierto, ¿sabes si esas dos petardas me lavaron los vestidos?

 

TERESA ¡Claro, hija! Lo han lavado todo y lo han planchado todito, incluso los paños de cocina y tus bragas.

 

CASILDA Pues, ve preparándote que tenemos que estar en el aeropuerto a las 5.30.

 

TERESA Oye, me estoy preguntando qué se te ocurrirá el año que viene.

 

CASILDA ¡Cualquier cosa! Ya estoy pensando en dos asistentas del hospital que están en una ONG y se me está ocurriendo un plan.

 

TERESA ¡Qué lista eres, hija! Se ve que ha salido a tu madre.

 

CASILDA Mamá, ¿te puedes imaginar a estas dos idiotas cuando aparezcan mañana sobre las nueve, muy dispuestas, y se acerquen a la casa con su cliente, con la llave en la mano, y la calle llena de guardaespaldas?  ¡Ja, ja, ja! Uno de los policías le preguntará: ¡Oiga! ¿A dónde van ustedes?

 

Y Toñi, ya un poco nerviosa y sorprendida, les dirá: ¿Y ustedes qué hacen aquí?  Mi empresa tiene la exclusiva y venimos a enseñar la casa a estos señores. Si hay alguien aquí que está sobrando son ustedes, que son de la competencia.

 

TERESA ¡Ja, ja! Y el policía les dirá: Señorita, ¿usted está chiflada o la ha dejado su novio?   ¡Ja, ja, ja!

 

CASILDA Y ella le contestará: ¡Pero, oiga! ¡Entrometido! ¿Quién es usted para hablarme así? Le repito que nosotros tenemos la exclusiva y hemos llegado antes. Haga el favor de apartarse, si no quiere que llame a la policía.  ¡Ja, ja!

 

TERESA Y el policía dirá: Si, sí, no hace falta que llame a la policía, porque nosotros somos la policía, ¡Idiota! ¡Ustedes a donde van a llegar antes es a la cárcel como no desaparezcan de aquí inmediatamente!

¡Les vamos a dar treinta segundos!”

 

 ¡Ja, ja, ja!

 

CASILDA ¡Ja, ja! Y cuando Toñi se ponga ya en sus trece, el policía le tendrá que enseñarle la pistola, y a Toñi y a sus acompañantes les va a faltar calle para correr. ¡ja, ja, ja!

 

¡Vamos, madre, que esta noche dormimos en Tenerife, ja, ja, ja!

 

TERESA Casi, dime la verdad, ¿has visto alguna vez nuestra casa tan limpia y ordenada? ¡Pero, si se podría comer en el suelo, jolines!

 

CASILDA Llevas razón, madre. Es increíble lo que puede hacer la gente por ganar dinerito fácil.  

 

                         (Ambas, salen del escenario riéndose a carcajadas)

                              

SE BAJA EL TELÓN

 

FIN

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